Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Feliz y literario 2015



Espero que en 2015 leais más y veais más cine que en 2014 y disfrutéis más de vuestras historias.
Un beso a todos.







domingo, 28 de diciembre de 2014

"El origen de la tristeza" Pablo Ramos

Pablo Ramos es un escritor argentino nacido en 1966 que, como el personaje de su novela, ha vivido el rigor de la realidad: el trabajo duro y la crisis argentina; la escasez y la insatisfacción que conforman una niñez triste de necesidad y desolación; la depresión tras la muerte de su padre que lo llevó a las drogas y a la rehabilitación posterior... y, como escribió un crítico en la sección de Cultura de la revista colombiana "Semana", "hizo literatura con sus naufragios".
De esos naufragios salió una trilogía escrita con parte de su vida y parte de otras vidas, reales o imaginarias (que no dejan de ser igual de reales, aunque no se sepa dónde, cuándo o cómo lo son). 
Hoy quiero hablar de la primera novela de esta trilogía "El origen de la tristeza" publicada en 2003 y que ha llegado a mis manos de casualidad. Las otras dos, que leeré en breve son: "La ley de la ferocidad" (2004) y "En cinco minutos levántate María" (2010)

En "El origen de la tristeza" Gabriel va dejando atrás la niñez; la deja, de hecho en las poco más de cien páginas que tiene el libro; deja atrás la niñez o ella lo deja a él, pero el caso es que el personaje que termina la novela no es el mismo que la empezó. 
La historia está organizada en tres partes. En la primera es amigo de Rolando, un alcohólico cuidador de tumbas y mausoleos del cementerio de Avellaneda en Buenos Aires, en uno de cuyos panteones vive de manera ilegal. Rolando es un adulto y es como su padrino en el paso de la infancia a la adolescencia. Con Rolando conoce las fantasías y realidades de la vida y la muerte y recorre los paseos entre las tumbas y visita a una momia... que le resulta inquietantemente conocida.
En la casa familiar hay asado y en el taller del padre, trabajo y minas desnudas en los afiches de la pared, y Gabriel es un niño de unos once años, no sé si feliz, pero, al menos, inconsciente de lo que se esconde en los vericuetos de la vida de ciertos barrios, de ciertas ciudades, en ciertos países (que al final pueden ser todos); bebe vino y fuma cigarrillos que su hermano le roba al padre y se hace pajas mirando las desnudeces que prometen un futuro de placer desde los muros del taller vacío; ayuda a Rolando y ahorra para comprar un regalo de cumpleaños a su madre embarazada.
Arroyo Sarandí
En la segunda parte, la hermana ha nacido y tiene ya casi un año, Rolando ha desaparecido y no se vuelve a saber de él (se sospecha que pueda estar en la cárcel) y Gabriel es un adolescente con una barra de pibes (panda de adolescentes en lenguaje porteño) de la que es el jefe. Con ella beben hasta caer inconscientes, negocian el precio con las putas y van viendo quemarse los restos de su infancia junto a las llamas inmensas y envenenadas que salen de las aguas podridas del arroyo Sarandí; el arroyo que ha entrado en combustión espontánea y amenaza con llevarse por delante todo el barrio ("Nuestro barrio se llama El Viaducto porque lo atraviesa un viaducto") cuyos habitantes son evacuados de sus casas y llevados a la escuela. En aquella escuela llena de refugiados, Gabriel descubre un olor, un olor fuerte hasta casi provocar el vómito, un olor del que supo "...mucho despues... que ese era el olor de los desgraciados, de las personas que están desamparadas del mundo... En ese momento me pareció que la vida era un hecho triste y feo, sobre todo feo"
A lo largo de esta segunda parte, la realidad va aflorando y, ni toda la inconsciencia de los pocos años, ni la alegría intrínseca de la infancia podrán impedir que se muestre con toda su crudeza en la tercera parte cuando los acontecimientos fluyan inexorablemente hacia lo triste y feo. 
Pablo Ramos
De la mano de estos hechos que huelen a desgracia, en su vida entran dos nuevos adultos: la señorita Florencia y Fernando y ambos serán fundamentales para su entrada en la vida adulta y jugarán su papel, para bien o para mal, en la tercera parte.
Con la señorita Florencia llega la desilusión, la decepción de la mentira, la traición, porque uno ya no es tan niño como para no descubrir las mentiras que solo a los niños se les cuentan, y duele verse tratado como a un crío por quien aprecias y ha fingido apreciarte.
Con Fernando y su breve relación cristaliza todo lo triste y el inicio de la realidad y de la edad adulta. "A Fernando lo conocí cuando pasó lo de mamá... Fernando era músico y homosexual, o sea maricón". Y Fernando es fundamental en su devenir posterior, porque él no miente, él no trata de fingir lo que no es "Él nunca trató de darme una respuesta, lo que hizo fue regalarme un libro, el primer libro que tuve, y que cambió mi vida para siempre"
En la tercera parte, la realidad, lo feo, se manifiesta en una serie de sucesos que sospechamos que no son nuevos. No es que la vida del personaje cambie para mal, que se voltee la rueda de la fortuna y empiece a mostrar su cara más cruel. No, es la vida de siempre con sus miserias y alegrías; con sus escaseces y su resignación de siempre. Es Gabriel el que empieza a ser consciente, el que ya no puede tomarse a risa lo que le rodea, ni consolarse con los desnudos del taller o el vino, los cigarrillos y las putas y es que "...las cosas que nos rodean tienen vida propia porque nosotros tenemos vida, y son capaces de entristecerse cuando nosotros nos entristecemos".
Finalmente el taller, como una metáfora de toda la vida del personaje, con sus almanaques de desnudos en la pared, con la maquinaria parada, sin laburo, se disuelve en las escamas de estaño en las que se funden los peces de colores y la infancia de Gabriel. Un Gabriel que es consciente de que ha llegado al final, aunque no creo que sepa de qué final se trata; un Gabriel que se queda allí, hasta muy tarde, hasta que ya no puede ver, brillando en el agua, el estaño de los peces.




miércoles, 24 de diciembre de 2014

"Dos días una noche" Jean-Pierre y Luc Dardenne


El cine francés decepciona muy pocas veces y, desde luego, esta no es una de ellas. Es un cine sin pretensiones, ni grandes gestos; no abundan las superproduciones, pero cada año se realiza un montón de películas y, la mayoría, mantiene una calidad muy aceptable. Es un cine que cuenta historias de gente normal, episodios cotidianos, pero muy bien contados y siempre, incluso en historias duras como esta, transmite optimismo, buen rollo, "joie de vivre", en una palabra.
Esta es una película sencilla, que cuenta una historia sencilla, al menos en apariencia: una chica se encuentra, tras un periodo de baja, con que la empresa ha decidido despedirla o pagar una prima de 1000 euros al resto de empleados (una cosa u otra) y, por si fuera poco, deja en manos de dichos empleados la decisión. 
Deberán votar por cobrar una prima bastante sustanciosa o renunciar a ella para que su compañera mantenga su trabajo, y ella tiene un fin de semana (dos días y una noche) para convencerlos uno a uno de que voten por ella, para que pueda mantener su puesto porque tiene dos niños y un marido con un trabajo no muy brillante, no sabemos si muy estable, pero escasamente remunerado; porque si la despiden tendrán que dejar la casa y volver a una vivienda social; porque en este mundo en crisis con un sueldo no se llega a fin de mes, ni se pagan las facturas más perentorias.
Ella aún está afectada por la enfermedad que la ha tenido de baja (no se menciona hasta el final, pero se sospecha un trastorno de ansiedad o una depresión), toma pastillas para resistir y lucha por no llorar, quizás porque si comienza, sea incapaz de parar. 
Y con ese bagaje tiene que ir visitando a unos quince compañeros y pidiéndoles que renuncien a la prima. En ese empeño se va a encontrar de todo: generosidad útil e inútil porque no siempre se puede prescindir de un dinero con el que se cuenta para completar un sueldo más bien magro y, así, hay compañeros que se disculpan, a los que les gustaría ayudarla, pero... ellos también tienen sus problemas y cuentan con el dinero para...; egoísmo y mezquindad de quién quizás menos lo necesita, de quién mejor podría desprenderse de los 1000 euros de la prima, pero es lo que tiene el egoísmo que suele afectar a quién más podría ejercer de altruista y es que es más fácil ser generoso con la precariedad que con la opulencia.
En este mundo en crisis cabe todo: que se despida a los empleados puede ser asumible (también la crisis afecta a los empresarios), pero que se deje en manos de los trabajadores la decisión de despedir a un compañero y poner como alternativa una prima de 1000 euros para el resto, raya en la crueldad mental y es una manera gratuita y mendaz de sacar a la luz lo peor de cada uno, sus mezquindades más íntimas, aquellas miserias que deberían quedar ocultas para siempre.
El papel protagonista es duro y aguanta casi todo el peso de la película y está maravillosa y sobriamente interpretado por Marion Cotillard. Emociona con su trabajo sencillo, pero conmovedor; con su llanto contenido, su manera sencilla de plantear la situación a sus compañeros y aceptar tanto las posturas a su favor, como las negativas, no siempre educadas o amables, a ayudarla. Estremece su mirada herida y su resignación ante cada negativa; enternece su generosidad, su resistencia a turbar la tranquilidad de los demás, a provocar riñas familiares; te parte el alma su derroche de compañerismo final y la integridad de su alma herida, pero nunca vencida. 
Y al final, siempre el optimismo, las puertas abiertas hacia algo mejor que tiene que estar a punto de llegar.
Los hermanos Dardenne siempre tratan en sus películas problemas sociales y siempre los tratan con gran acierto. Se quedaron sin la Palma de Oro en Cannes, de hecho, la película salió del festival sin un sólo premio, pero eso no le quita ningún mérito, ni al filme ni a sus directores. Ya han demostrado con largueza lo que pueden hacer y acumulan premios por casi todas sus películas ("Rosetta", "El niño", "El chico de la bicicleta", por mencionar solo algunas que recuerdo haber visto), incluidas dos Palmas de Oro.
Por su parte, Marion Cotillard se ha llevado el premio a la mejor interpretación femenina en los Premios del Cine Europeo de los que ya hablé en este blog con motivo del premio a "Ida", y desde luego, es un premio merecido. Esta actriz que interpretó a Edith Piaf (Óscar a la mejor actriz en 2007), se deshace de todo glamour y se calza botas baratas y tejanos (únicos, botas y tejanos en toda la película), y los alterna con tres camisetas, y así pasea su problemática por las calles de no se sabe que ciudad belga; con su mirada triste y vulnerable; con su drama a cuestas; con sus decisiones drásticas, pero sosegadas; Tratando de contener el llanto y llenando la pantalla de crisis y dolor. 
Puta crisis. 

domingo, 21 de diciembre de 2014

"Así empieza lo malo" Javier Marías




"...cuando uno renuncia a saber lo que no puede saber, quizás entonces, parafraseando a Shakespeare, quizás entonces empieza lo malo, pero a cambio, lo peor queda atrás"
Es por estas frases y otras muchas parecidas; es por sus temas recurrentes (porque son temas con los que yo también torturo mi tiempo y mis reflexiones); es, tal vez porque su novela es siempre la misma y trata sobre lo mismo, pero con distintos pretextos para ilustrarlo, por lo que siempre espero los libros de Javier Marías con ilusión y muchas, muchas ganas y para mí, es una fiesta la publicación de uno nuevo.

domingo, 14 de diciembre de 2014

"Ida" Pawel Pawlikowski : 27º Premio del Cine Europeo


"Ida" de Pawel Pawlikowski ha obtenido el 27º Premio del Cine Europeo como mejor Película. También el premio al mejor Guión fue para los autores de esta historia, Paweł Pawlikowski y Rebecca Lenkiewicz; y las mejores Dirección (Pawel Pawlikowski) y Fotografía (Ryszard Lenczewski y Lukasz Zarl, así como el premio del Público. 
En definitiva, "Ida", arrasó anoche en Riga, donde se entregaron los premios, y no me ha extrañado porque cuando vi esta película, hace como dos meses, yo también me sentí cautivada por ella.
La historia es de esas que te sobrecogen y hacen que salgas del cine en silencio y que te moleste que te hablen y te distraigan de su hechizo, de la sensación de introspección que te deja; y tardas en recuperarte de su influjo porque te estás dando cuenta de que has visto una película perfecta (si es que algo puede ser calificado de esta manera en este mundo tan imperfecto; aunque tal vez la propia imperfección del mundo, pone más de manifiesto los valores de la cinta); has visto una película perfecta y eso impresiona un poco.
La historia es, de nuevo, sobre la Segunda Guerra Mundial y sobre los judíos polacos que sufrieron la persecución de los nazis, pero también de sus propios compatriotas polacos. Y se podría pensar que poco se puede añadir acerca de este tema, a estas alturas. Pues se puede. Se puede añadir mucho, solo hay que saber contarlo de otra manera, con otra sensibilidad, ahondando en registros que permanecen velados, escarbando en consecuencias aún no imaginadas, desvelando traiciones tan inhumanas como comprensibles y acompañadas de decisiones heroicas que ponen en peligro la vida que se salvó con la traición (lo mejor y lo peor de los seres humanos en la misma persona, a veces, a la vez. Algo de lo que ya se ha hablado en este blog) 
Todos estos hechos, pasados ya varios años desde la Guerra, los va descubriendo una novicia a punto de jurar sus votos de la mano de una tía que es el único pariente vivo que le queda. 
Pero la historia es más que el relato de unos hechos pasados.
Porque al pavoroso pasado, se une el terrible futuro; porque escarbar en los hechos pretéritos a veces nos enfrenta a nuestros mas dolorosos fantasmas y entonces ya nada queda ileso. Después de conocer ciertos hechos, no se puede salir indemne y el espectador, deseando ser omnisciente, querría meterse en la película e impedir que la sobrina visite a la tía; conseguir que queden ambas en su sitio; que sigan con su vida, la una como juez, la otra como monja; que olviden, que no descubran, que permanezcan a salvo. Pero el espectador solo puede mirar emocionado y ver como la realidad pasa sobre los personajes como una máquina apisonadora, laminando el futuro. 
Con todo, lo más valioso de la película, para mi, no es la historia que cuenta (con ser inmejorable), sino la manera de contarla, con una sobriedad impresionante; con una expresividad en los ojos, en las miradas, en los gestos, que suple con ventaja al diálogo más elaborado que, de esta forma, se hace innecesario (pocas palabras interrumpen un silencio clamoroso de sensaciones); con una fotografía en que los paisajes son de una vastedad y una pureza que sobrecoge el alma y deja los ojos pegados a la pantalla, saturados de tanta belleza; en un blanco y negro que subraya la falta de todo lo que es prescindible (y el color lo es), pero de una calidad en la que se percibe cada matiz de gris, cada sombra, cada claroscuro, la expresión de cada gesto y la intencionalidad de cada mirada.
La vi ya hace un par de meses, pero la impresión que me causó aún permanece en mi (olvidadiza en extremo) y aún me golpea cuando, como ahora, me paro un poco más de lo habitual en su recuerdo.




jueves, 11 de diciembre de 2014

"Nos vemos allá arriba" de Pierre Lemaitre


"A un general le quitas la guerra, que le da una razón para vivir y la energía de un muchacho, y lo dejas hecho un cascajo" Y eso es lo que nos muestra Pierre Lemaitre con esta novela, ganadora del premio Goncourt 2014: una Francia que, tras la Gran Guerra de la que esperaba salir preñada de héroes, gloria y honor, quedó convertida en un cascajo lleno de pícaros, cuando no de criminales; repleta de tullidos, de mutilados en su cuerpo y en su alma; algo que era como un reflejo cruel de la gloriosa victoria con la que se soñaba en los días previos al armisticio que es cuando empieza la trama.
En la novela se contrastan dos historias contrapuestas como las imágenes de un espejo: en ambas aparece la corrupción, la estafa, el afán de lucro, la indiferencia por las víctimas del fraude. Pero qué diferencia entre una y otra imagen. Simétricas, sí, y por eso mismo, inversas.
De un lado, Henri D'Aulnay Pradelle, el noble venido a menos, villano y cobarde desde la cuna, aclamado como un héroe a la vuelta de la Guerra, después de cometer la mayor infamia que se le puede suponer a un oficial responsable de unos hombres maltrechos y agotados, pero felices porque ven que aquello se acaba. Henri D'Aulnay Pradelle, que no contento con su vileza en la Guerra, decide continuarla en la Paz, y ya que no puede jugar con las batallas, comienza a jugar con los muertos de tales batallas. Los episodios son tétricos, mezquinos, miserables. Sería insoportable su lectura, a poca imaginación que se tenga, si no fuera porque a todo esto el autor le da un punto cómico que, si bien los aligera de tensión, pone más de manifiesto lo cicatero de todo el proceso. Y es que, como dice el autor, "para el capitalismo la guerra es un regalo, se sirve de ella antes, durante y después"
Del otro lado, Albert Maillard y Edouard Péricourt, estos sí dos héroes, pero anónimos. Si el segundo le salva la vida al primero, quedando gravemente mutilado, el primero dedicará su vida a cuidar del segundo y proveer todas sus necesidades, incluso la morfina a la que sus terribles heridas le han hecho adicto. Y todo esto desde la pobreza, con trabajos precarios, en las condiciones más adversas porque Francia arengó a sus hijos para que dieran la vida por ella, pero no está dispuesta a mantener a los soldados anónimos que han tenido la mala idea de sobrevivir a la masacre; Francia está dispuesta a enterrar a sus muertos, anónimos y conocidos y a levantarles monumentos en cada pueblo, pero no está dispuesta a cargar con los gastos de tanta supervivencia vergonzante; porque Francia está arruinada tras el esfuerzo bélico y la gloria se ha convertido en miseria y la miseria en desafección hacia sus hijos.
Pierre Lemaitre
Y Edouard decide cobrarse todas las afrentas, las de la guerra y las de la paz porque al contrario que Henri D'Aulnay Pradelle, él sí tiene afrentas y deudas que cobrar.
Edouard es un pícaro del siglo XX porque, de nuevo en palabras del autor, no estamos ante una novela histórica, sino ante una novela picaresca y "la novela picaresca es la novela de la exclusión, es el sálvese quien pueda, es el relato de unos personajes que han de vivir en un mundo que no les quiere"
Pero hay más personajes, presentes y ausentes y voy a hablar solo de tres.
Uno es el padre de Edouard, Marcel Péricourt, un rico burgués que siempre rechazó a su hijo, que llegó a desear que desapareciera y dejara de amenazar el buen nombre de la familia con su vida bohemia y sus costumbres depravadas y antinaturales; un hombre que empieza a apreciar a su hijo y a quererlo cuando lo cree muerto y enterrado de incógnito en el panteón familiar; un padre que "sufría porque ya nunca podría convertirse en el padre que no había sabido ser"; un hombre que, a manera de tragedia griega, acaba con su hijo cuando más hubiera deseado recuperarlo. 
Otro personaje es la madre de Albert, un personaje ausente, al que sólo conocemos por las citas que el autor pone en su boca y que nos van retratando a Albert, como un ser indeciso, falto de carácter, incapaz de tomar las riendas de su vida. Y quizás sea su indecisión, y no su altruismo, el que lo convierte en el guardián de Edouard. Al final, es Albert el único que sale bien parado o, al menos, el que sale mejor parado, y es que, quizás, es el único inocente porque a pesar de su pecado, que no es menor, tal vez la causa del mismo haya sido la indecisión, la impotencia, el contagio de entusiasmo.
El tercer personaje al que quiero referirme es Joseph Merlin, el funcionario enviado a inspeccionar el traslado de cadáveres. Un personaje bastante repulsivo ("...la cabeza muy pequeña y un corpachón que parecía hueco como la carcasa de un pollo tras la comida... la cabeza rojiza, frente estrecha y un pelo muy corto que le nacía muy abajo, y que casi se le juntaba con las cejas... vestido como un adefesio... una chaqueta de terciopelo marrón llena de manchas de tinta a la que le faltaban la mitad de los botones), pero honrado e incorruptible hasta límites difícilmente encontrados en ninguna circunstancia, en ninguna otra historia, ni real, ni imaginada. No aparece demasiado, pero sin él, la novela sería otra cosa. No es concebible la trama sin este personaje, y no porque sea fundamental para deshacer la estafa de los cementerios, que lo es, sino porque da el contrapunto necesario a tanta ignominia, a tanta pobreza material y de espíritu, a tanto egoísmo justificado o no.
No quiero dejar de aludir al aspecto folletinesco del libro que por momento recuerda a Dumas o Victor Hugo; el padre que cree muerto al hijo que no lo está; la posibilidad de un encuentro entre ambos amenazando continuamente; la suerte que sonríe al rico mezquino y se burla de los pobres héroes olvidados; la justicia que acaba dejando deudas zanjadas, aunque para ello haya de llevarse por delante a algún personaje (totalmente insalvable, por otra parte).

Para terminar, me gustaría dejar muestra de algunas frases que me han parecido especialmente memorables, empezando por la primera que hace que el libro se te pegue a las manos y te sea difícil separarlo: "Todos los que pensaban que aquella guerra acabaría pronto habían muerto hacía mucho tiempo. Precisamente a causa de la guerra" 
Y algunas más:
"La vida de Edward se desmoronaba porque ya ni siquiera la sostenía el odio. Esa guerra también la había perdido."
"en casa de los ricos todo es bonito, se dijo Albert, hasta los pobres" (ante una guapa criada de la mansión de los Péricourt)
"Labourdin era un imbécil esférico: lo volvieras hacia donde lo volvieras, siempre se mostraba igual de idiota"


 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...