Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

miércoles, 26 de agosto de 2015

"Ofrenda a la tormenta" Dolores Redondo


Cuando en 2013 apareció "El guardián invisible", la primera entrega de la "Trilogía del Baztan", me llamó poderosamente la atención por una razón muy sencilla y es que yo viví todo un curso escolar en Elizondo, la capital del valle del Baztán, el río que cambia de nombre en Oronoz-Mugaire para pasar a ser el río Bidasoa, nombre mucho más conocido. Precisamente en Oronoz-Mugaire daba yo clases en mi primer curso como profesora de lo que entonces era BUP. 
Se entenderá que una novela policíaca, inicio de una trilogía y ambientada en un valle en el que yo había vivido casi treinta años antes, tenía que atraerme necesariamente.
Comencé a leerla con poca convicción. Tenía que hacerlo por pura curiosidad, pero no confiaba mucho en la calidad del libro. Por eso me llevé una grata sorpresa cuando vi que me gustaba y entonces pensé que decaería en las siguientes entregas, al igual que otras muchas que se inician regular y acaban muriendo de falta de ideas y exceso de redundancia (cómo ciegan los prejuicios). Pero de nuevo me equivocaba. "La trilogía del Baztán" gana con cada nueva entrega. "Legado en los huesos" me gustó más y "Ofrenda a la tormenta", más aún.
Y es que, aparte de transitar por caminos conocidos (yo viví en la calle Santiago, iba a la calle Jaime Urrutia a llamar desde la cabina y compraba urrakin eguiña en la pastelería), la serie recorre los oscuros, húmedos y musgosos senderos de la mitología; lucha contra ella con los más empíricos argumentos de la lógica; como el primer tema de cualquier Historia de la
Elizondo bañado y escindido por el río Baztán
Filosofía que se precie, nos hace viajar del mito al logos, en un recorrido que vuelve sobre sí mismo sin saber en qué lugar quedarse. En las novelas se mezcla la realidad y la mitología en un entramado difícil de desenredar, difícil de comprender los limites que los separan.

Amaia Salazar es una inspectora de homicidios de la policía foral en Pamplona que es requerida para trasladarse a la comisaría de Elizondo, de donde es natural, con el fin de investigar una serie de asesinatos que han comenzado a tener lugar en el Valle. Allí se encontrará, no solo con personajes míticos del imaginario baztanés (el basajaun, el tartalo, la diosa Mari, Inguma), sino con los demonios de su propio pasado a los que tendrá que enfrentarse si no quiere que terminen por cumplir su misión y acaben con ella como llevan intentando toda la vida, como parece que se su destino. Conocerá las causas por las que el mal, personificado en quien menos debería, ha estado persiguiéndola desde la infancia.
También tendrá que enfrentarse a los demonios del presente, los demonios que a todos nos acechan: la pérdida, la contradicción, el desencuentro, la crisis de pareja; esos demonios menos vistosos, menos literarios, pero tan difíciles de conjurar, si no más, que los otros.
El olor a moho y humedad de los bosques umbríos, la sombra protectora, casi infranqueable, de las hayas, la niebla que todo lo cubre de un chal de seda gris y de un misterio sedante y laxo, ponen su entorno a unas historias en las que la mezcla de pasado y presente, de pensamiento lógico y ensoñaciones míticas, de amor a la vida y entrega a las exigencias del mal, se combinan de manera precisa y creíble para dar lugar a un relato verosímil,
Dolores Redondo a orillas del Baztán
agradable de leer y que se prolonga a lo largo de las tres novelas que, de ninguna manera se pueden, ni se deben leer de manera desordenada. En cada una se resucita la anterior, cada una deja pautas que alumbrarán la siguiente. Todas juntas conforman una vidriera donde los colores se difuminan en sus bordes, trazando un continuo que solo entendemos cuando lo miramos de lejos y en su totalidad.

Un acierto muy recomendable para los amantes del género.
  






domingo, 23 de agosto de 2015

Septiembre, mes guerrero



Esta iniciativa parte del blog "Libros que hay que leer" y aunque la novela bélica no es lo que más me gusta, esto es otra cosa. No se trata de reseñar novelas bélicas, sino novelas ambientadas en época de guerra, de cualquier guerra.
Hasta ahora, en este blog, he reseñado ya algunas que total o parcialmente transcurren en momentos de guerra:
"Perfidia" de James Ellroy. Segunda Guerra Mundial.
"Madame Proust y la cocina Kosher" de Kate Taylor. Segunda Guerra Mundial.
"A la sombra del árbol violeta" de Sahar Delijani. Guerra entre Irán e Irak.
"Nos vemos allá arriba" de Pierre Lemaitre. Primera Guerra Mundial.
Pero la iniciativa no trata de lo que ya hemos leído, sino de lo que vamos a leer en el mes de septiembre.
Las bases de la iniciativa son:
  • Leer y reseñar uno o más libros encuadrados en el género entre el 1 y el 30 de septiembre.
  • Si tenéis blog, publicar un post en el que se incluya el banner (si lo ponéis también en un lateral, mucho mejor).
  • Una vez publicado el post, dejad un comentario con el enlace del mismo en el blog "Libros que hay que leer" para que os añadan a los participantes.
  • Actualizar el post con los enlaces de las reseñas que vayáis haciendo.
Por mi parte, aún no sé que libro ambientado en época de guerra voy a leer, pero seguro que encuentro alguno entre los que tengo pendientes y pronto leeréis la reseña.
Va avanzando el mes y ya he leído y reseñado el primer libro ambientado en época de guerra, concretamente en la Guerra Civil española. Se trata de "La puerta pintada" de Carlos Aurensanz cuya reseña podéis encontrar en el enlace.
Tras este libro, me he trasladado de país y de guerra y he leído "Largo domingo de noviazgo" de Sébastien Japrisot. En este caso, se trata de la Primera Guerra Mundial y está ambientada en Francia y el el frente del Somme.




jueves, 20 de agosto de 2015

"Contigo en la distancia" Carla Guelfenbein


Hace muchos años que sigo los Premios Alfaguara, concretamente desde que en 1998 se volvió a conceder después de estar en suspenso desde 1972. Nunca me han decepcionado, pero este de 2015, de autora chilena y ambientado Santiago de Chile, ha despertado en mi ánimo una cierta confusión. 
Vera Sigall es una escritora octogenaria que es encontrada en su casa por un vecino, con una grave lesión tras haberse caído (aparentemente) por las escaleras. 
Daniel es el vecino. Tiene cincuenta años menos que Vera. Es arquitecto y vive esperando a que se construya un museo que diseñó para un concurso público. El concurso lo ganó, pero los meses pasan y el proyecto duerme enterrado en algún cajón de algún político. Además Daniel es un amante de la cocina y sueña con construir un restaurante colgado de un acantilado. 
Emilia es una joven estudiante que viaja de Grenoble a Santiago con la idea de hacer una tesis sobre Vera Sigall. Tiene un pasado bastante extraño, unos padres astrónomos, un amigo de toda la vida con el que planea casarse y varios traumas acumulados que le han dejado una extraña secuela física: jamás soporta que nadie la toque. Ella nos cuenta su propia vida y lo que va descubriendo de Vera y su obra a medida que se sumerge en los papeles que la escritora ha cedido a una Biblioteca.
Horacio es un poeta que conoció a Vera en su juventud. A través de él se nos muestra una Vera en la treintena cuando estaba casada y tenía un hijo de pocos años.
Estos tres personajes alternan sus relatos, Horacio y Emilia, en primera persona; Daniel, en segunda persona dirigiéndose a Vera, y esta manera de construir una novela, sin ser original, siempre me ha resultado atrayente: tres personajes colocan su pieza para completar el puzzle final; cada uno tiene su propia historia particular, su historia más o menos tumultuosa y cada uno va aportando su parte, su punto de vista, en la biografía de Vera Sigall, una mujer judía de la que "nadie sabe a ciencia cierta cuántos años tenía cuando sus padres huyeron de la aldea de Chechelnik, en Ucrania, escapando de los pogromos"; una mujer de gran belleza, con un pasado terrible.
Vera es el centro sobre el que está construida la novela, pero a su alrededor giran estos personajes como planetas alrededor de una estrella de la que toman su luz y su energía; Daniel y Emilia lo hacen en el presente, esperando a que Vera despierte y los vuelva a iluminar y a calentar y a
Carla Guelfenbein
dar sentido a sus vidas; Horacio trae sus recuerdos del pasado y esconde secretos que pueden cambiar la vida de otros personajes.

Toda esta trama es bastante atractiva y se lee a gusto, pero mezclados con la satisfacción de estar leyendo una historia interesante aparecen detalles que la empañan, que llegan a eclipsar el placer de la lectura y el equilibrio de la novela. Me refiero a unos personajes desdibujados que no llegamos a comprender porque no están bien diseñados; me refiero a detalles inverosímiles de los que el hecho de montar de la noche a la mañana, en una azotea de alquiler en la que vive un personaje, todo un restaurante con reseñas en los periódicos, no es más que un ejemplo de los varios que aparecen; me refiero a algunas relaciones de pareja que parece que cuelgan de la nada y no sabemos ni por qué se inician, ni por qué se rompen; me refiero a la repetición de ciertas expresiones como "escritora de culto" que creo que solo deben aparecer una vez por novela o puede que una vez en toda la obra de un autor.
La trama policial, surgida tras la sospecha de Daniel de que Vera no pudo caerse, sino que algo o alguien había provocado el accidente, no está mal. No tiene demasiada relevancia, pero sirve para ir introduciendo detalles de las vidas de algunos personajes y creo que está bien resuelta. Sugiere lo que pudo pasar, pero no resuelve nada concreto y puede dejar la duda sin cerrar. Me ha gustado ese final. 
Lo dicho: me ha dejado con una cierta confusión, una cierta sensación de que hay partes que sí y partes que no; partes que he disfrutado leyendo y partes que me han resultado un poco estridentes, aunque creo que el balance final es positivo.



domingo, 16 de agosto de 2015

Rafael Chirbes, In memoriam


Rafael Chirbes
Hay escritores que cuando desaparecen nos dejan sumidos en la estupefacción, en la más descarnada orfandad; despojados de las esperanzas y deseos de volver a disfrutar de su nuevo libro, de volver a sumergirnos en esos mundos por él creados y que de alguna manera nos son necesarios cada cierto tiempo. 

Alguien me dijo hace meses que Rafael Chirbes había sacado nuevo libro, y sentí ese hormigueo, esa emoción acaparadora que me llevó a buscar la obra el día del libro... y a no encontrarla porque Rafael Chirbes no ha vuelto a publicar nada desde que en 2013 nos regaló "La otra orilla" y se regaló a sí mismo el Premio de la Crítica de narrativa castellana y el Premio Nacional de Narrativa. El primero ya lo había obtenido por "Crematorio", junto con "La otra orilla", las dos novelas más conocidas del escritor.
Fue necesario que "Crematorio" se convirtiera en una serie televisiva de éxito para que Chirbes empezara a ser conocido, pero su historia de escritor, y de buen escritor, comenzó mucho antes. Comenzó en 1988 con "Mimoun", libro con el que quedó finalista del Premio Herralde, y siguió con otro puñado de novelas, no demasiadas, en las que fue poniendo bajo nuestra mirada la realidad de una "España de charanga y pandereta [...] esa España inferior que ora y embiste cuando se digna usar de la cabeza"; esa España que tan bien describió Machado en estos versos y que Chirbes nos presentaba sin grandes alharacas históricas, sencillamente, en la piel de unos personajes sencillos y honrados, en unos personajes malvados y retorcidos, tras cuyas peripecias, traiciones y miserias, se iba desvelando el deseo de la "España de espíritu burlón y de alma quieta" que, por mucho que profetizara el poeta, no vemos, ni creo que veamos nacer "del cincel y de la maza".
Rafael Chirbes se ha ido, pero esta vez el escritor deja a sus lectores un poco menos huérfanos. A principios de año saldrá a la venta su, esta sí, última novela "París-Austerlitz". La esperaré con más expectación, si cabe, con más ansiedad al saber que, después de ésta, ninguna más nos llegará.
Gracias por todo Rafael Chirbes. Sit tibi terra levis



"Matar un ruiseñor" Robert Mulligan


Habían pasado solo dos años desde que se publicó el libro del mismo título, cuando se hizo esta película. Como sabéis, acabo de leer la novela, la única novela, de la escritora norteamericana Harper Lee, por la que obtuvo el Premio Pulitzer. Como me gusta profundizar en las historias (en las que me interesan) y verlas en todas sus facetas, y conocer todos sus matices, a continuación vi la película y tengo que decir que tanto la novela como la película, se mantienen en la más absoluta actualidad,
no por el hecho de que la discriminación racial siga siendo práctica habitual en el país más poderoso de la Tierra; no porque sigan siendo necesarias ciertas manifestaciones que aboguen por los derechos humanos y el respeto a todas las personas (que también, por desgracia), sino porque son obras en las que el lenguaje, la manera de contar, los planos, las escenas, etc, se mantienen totalmente vigentes a día de hoy, más de cincuenta años después. 
La novela me gusta, me emociona, es una de las causas de mi afición a la lectura... es muy especial para mi, pero la película es maravillosa. No voy a entrar en si es mejor o peor; no me siento capaz de comparar dos formas tan distintas de narrar. Hay buenas películas que se parecen mucho al libro y hay buenas películas que tienen muy poco que ver con su antecesor de papel. Hay películas que siendo enormemente similares al libro resultan un bodrio. La película y el libro se deben juzgar independientemente pues son cosas distintas. 


María Badham como Scout Finch
Gregory Peck como Atticus Finch














En este caso, da lo mismo que queramos compararlas o no, que tengamos en cuenta que la una se basa en el otro o no; no importa, son dos obras maestras. Pero hay una cosa en que las buenas películas pueden superar a los buenos libros y es en poder ver la interpretación, ver a un actor convertirse en un personaje que, menudo, nada tiene que ver con él. La creación que un buen actor hace de su personaje es algo fascinante y es de eso de lo que quería hablar sobre todo en esta entrada. 
Los actores principales de esta película son Gregory Peck en el papel de Atticus Finch y María Badham en el de su hija Scout. Gregory Peck interpreta a la perfección al abogado de mediana edad, que se casó tarde y tuvo los hijos ya mayor; que se quedó viudo con un niño de cuatro años y una niña de dos y ha empleado toda su vida y energías en cuidar de ellos y en trabajar de la manera más honrada posible porque si no, no sería capaz de mirarlos a los ojos.
Transmite a la perfección la sobriedad de una persona que no derrocha palabras ni gestos; la humildad de quien esconde alguna de sus habilidades sin importarle que ello le reste puntos en el orgullo de sus hijos; el paso vacilante de quién se siente cansado de las trabas que la vida le va poniendo delante, pero jamás lo dejará traslucir delante de ellos. Gregory Peck encarna al Atticus que todos hubiéramos querido como padre, como abogado, como amigo, y lo encarna con toda verosimilitud. Todo en su actuación es creíble, hasta los gestos de ira que, en algún momento se le escapan a un, por lo demás, paciente y templado personaje.

Y qué decir de María Badham en su papel de Jean Louise Finch, Scout. Pocas veces he visto un actor que personifique el espíritu de un personaje como ella. María Badham tenía 10 años cuando hizo su genial interpretación de una niña tan ingenua, como inteligente; tan educada, como nada tímida; tan entrañable que es capaz de conmover con su inocencia a personajes rudos y... no tan rudos. Vestida con su peto vaquero, rodeada siempre de chicos y peleándose como si de uno de ellos se tratara, odia ponerse vestidos y nada más lejos de sus deseos que parecerse a una chica. María Badham es, en el palpel de Scout, más que la hija que todos quisiéramos tener, la niña que todas desearíamos haber sido. Lo dice todo con sus ojillos vivos de ratita lista que cambian de expresión con facilidad; con una arruga de su ceño que nos transmite rabia, reconocimiento, frustración.
Gregory Peck y María Badham no crean los personajes de Atticus y Scout, los sustituyen, se funden con ellos en la simbiosis más perfecta que creo haber visto nunca en el cine. Gregory Peck es Atticus y María Badham es Scout y nunca más podremos imaginarnos a los personajes con otras caras que no sean las de los actores que los interpretaron y los suplantaron a base de meterse en su piel.
Como muestra os dejo una pequeña escena que es en realidad un fundido de dos escenas independientes. Disfrutadlo. Merece la pena.

                         


martes, 11 de agosto de 2015

"Matar un ruiseñor" Harper Lee


Portada de la edición
del Círculo de Lectores
que es la que siempre he leído
Hace ya varios meses hablé de este libro con motivo de un concurso de la Universidad de León, "El libro que me cambió la vida". Allí decía que iba siendo hora de leerlo otra vez y ahora, por fin, lo he hecho. El motivo no ha sido el rememorarlo para aquel concurso, sino la reciente lectura del que se supone que fue escrito antes que éste, perdido y reencontrado de alguna manera misteriosa hace unos meses y recientemente publicado: "Ve y pon un centinela".
Ante la desazón que me dejó la lectura de esta obra; la sensación de haber leído un sinsentido salido de no se sabe dónde, pero sí con qué motivo (aprovechar la fama y calidad de su predecesora (?) para asegurarse unas ventas millonarias, como así ha sucedido), sentí la necesidad de volver a leer "Matar un ruiseñor" y confirmar que es la maravillosa novela que yo recordaba y que nada tiene que ver con la fallida "Ve y pon..." de la que me chirría hasta el título.
De manera que la empecé : "Cuando se acercaba a los trece años, mi hermano Jem sufrió una peligrosa fractura del brazo, a la altura del codo. Cuando sanó, y sus temores de que jamás podría volver a jugar fútbol se mitigaron, raras veces se acordaba de aquel percance. El brazo izquierdo le quedó algo más corto que el derecho; si estaba de pie o andaba, el dorso de la mano formaba ángulo recto con el cuerpo, el pulgar rozaba el muslo. A Jem no podía preocuparle menos, con tal de que pudiera pasar y chutar" y solo con leer este primer párrafo, ya me di cuenta de que mis recuerdos eran veraces, ésta, la maravillosa novela que todos conocemos y la otra... no sé qué es la otra, pero nada que tenga que ver con "Matar un ruiseñor". Tras este comienzo, una se siente arrastrada hacia el final y sigue leyendo y podría terminar la historia de una sentada si no fuera porque su extensión lo impide; una tiene, cuando menos, que comer y dormir (afortunadamente, una está de vacaciones). 
Y es que hay que leer la novela completa, para saber cómo se rompió Jem su brazo. Hay que recorrer todas y cada una de las páginas para ser testigos de la historia que nos cuenta Scout, una niña que tiene seis años cuando empieza, y apenas nueve cuando termina, pero que es en realidad mucho mayor porque nació sabiendo leer The Mobile Register "No podía recordar una época en que no supiera leer los himnos. [...] No podía recordar cuándo las líneas de encima del dedo en movimiento de Atticus se separaron en palabras", lleva toda
Harper Lee. Retrato de
Nicole DeClerck
su vida pegada a los pantalones de su hermano, cuatro años mayor y tiene por padre a Atticus, un hombre al que jamás se le ocurriría no tomarse en serio a Scout y tratarla como si no fuera capaz de entender las cosas. Hay que llegar casi al final para ver salir de su casa a Boo Radley el vecino malvado "Por poco muero el primer año que vine a la escuela y comí nueces... La gente dice que las envenenó y las puso en la parte de la valla que da al patio de la escuela", al que nadie ha visto en años, pero del que se sabe que está en la casa "por la misma razón de siempre: nadie había visto todavía que saliera", el mismo que, como pasa casi siempre, no es lo que parece y resulta que no es tan malo. 

Hay que pasar despacio, entre juegos y clases, en sus carreras para esperar a su padre al final de la calle cada atardecer; por el discurrir sosegado de su vida en el Condado de Maycomb, "más antiguo que el Estado", un Estado, Alabama donde "no hay estaciones bien definidas; el verano flota a la deriva dentro del otoño, y al otoño a veces no le sigue el invierno, sino que se convierte en una vaga primavera que se funde otra vez en verano". 
Hay que ser de piedra para no emocionarse con la historia de Tom Robinson, no con lo que le sucede a él (que también), sino sobre todo con la emoción de los niños ante la injusticia que se perpetra en su persona, con el trauma de unos seres inocentes, educados con la idea, frecuentemente repetida por Atticus, de que la Democracia consiste en algo muy simple: "derechos iguales para todos; privilegios especiales para ninguno"; con el golpe que sufre su ingenuidad y su conciencia ante la injusticia y el descubrimiento de que, a veces, el mundo es un lugar inhóspito y poco amable (El mundo es ancho y ajeno que diría, pocos años después de las peripecias aquí narradas, el escritor peruano Ciro Alegría)  
Tras el juicio de Tom Robinson, Jem, Scout y Dill pierden la inocencia, aprenden que la democracia solo existe para algunos privilegiados cuyo color de piel se encuentra dentro del tono adecuado; que hay hombres malos, borrachos, pendencieros, seres violentos que maltratan a sus hijos, y que "lo único susceptible de darle[s] alguna ventaja sobre sus vecinos más cercanos, era que si le[s] restregaban con jabón de sosa dentro de agua muy caliente, le[s] saldría la piel blanca."
Una escena de la película
dirigida en 1962 por Robert Mulligan.
Hay que tener en cuenta que estamos ante una novela valiente, que está escrita en 1960, cuando la lucha por los derechos civiles estaba en pleno apogeo y la segregación se practicaba con toda naturalidad a pesar de las leyes que la iban prohibiendo; está escrita por una escritora del Sur, y está ambientada en el Sur, en uno de los estados con más tradición segregacionista del país (el boicot contra la segregación en los autobuses tras la detención y condena de Rosa Parks en 1955, tuvo lugar en Montgomery, la capital de Alabama). Parece ser que, en parte, está basada en la infancia de la propia autora y de Truman Capote, amigos y compañeros de juegos desde niños.
Se pueden decir tantas cosas de este libro (y de la película que vi al día siguiente de terminarlo), que no hay espacio suficiente. Ni siquiera las frecuentes referencias a Dios y la Religión, para una persona poco aficionada a mezclar esos temas con el cine, la literatura y la vida en general como yo, le ha restado el más mínimo interés, el más mínimo valor a sus ideas humanistas, a su valiente apuesta por la libertad y contra el racismo, a su sentido del humor fresco, pero un poco amargo. Se pueden decir muchas cosas, pero solo voy a añadir algunas frases especialmente esclarecedoras del espíritu del libro y que me han gustado especialmente.

"Los Cunningham jamás cogen nada que no puedan devolver [...] No tienen mucho, pero pasan con ello."

"[...] uno debe mentir en ciertas circunstancias... y en todas las ocasiones en que no puede modificar las circunstancias."
Portada para la edición
del cincuenta aniversario

"Pero, en nombre de los santos montes, ¿por qué habéis esperado hasta esta noche? [...] porque si Boo Radley los mataba se quedarían sin ir a la escuela y no sin las vacaciones"

"[...] hay hombres tan... tan ocupados en acongojarse por el otro mundo que no han aprendido a vivir en éste"

"[...] ¿cómo es posible que uno odie tan terriblemente a Hitler y luego, al mirar a su alrededor, sea tan injusto con personas de nuestra propia Patria?"

"Tanto si Maycomb se da cuenta como si no, estamos rindiendo a Atticus el tributo más grande que podemos rendir a un hombre. Ponemos en él la confianza de que obrará rectamente."

"[...] yo creo que sólo hay una clase de personas. Personas."

"[...] empiezo a comprender por qué Boo Radley ha estado encerrado en su casa todo este tiempo... Ha sido porque quiere estar dentro"

"[...] siempre que un hombre blanco abusa de un negro, no importa quién sea, ni lo rico que sea, ni cuán distinguida haya sido la familia de que procede, ese hombre blanco es basura."





sábado, 8 de agosto de 2015

"El mapa de las estrellas" David Cronenberg


Cuando se tiene todo desde pequeño: dinero, fama, posibilidad de obtener cualquier capricho; cuando no se ha tenido que luchar por nada porque todo se ha obtenido fácil y gratis, es difícil sentirse satisfecho y la búsqueda de la felicidad a veces toma derroteros que, al contrario de lo que se pretende, cada vez alejan más de ella.

Eso es lo que les pasa a los personajes de esta película. Nacieron con más polvo de estrellas que el común de los mortales, nacieron con el polvo de alguna estrella muy especial y ahora sobreviven a base de otro tipo de polvos que esnifan, injieren o ejecutan.
Agatha viene a Hollywood después de una larga ausencia. Allí se reencontrará con el mismo desprecio y abandono que la hizo abandonar la ciudad hace ya siete años. Se encontrará con nuevos desprecios y nuevos abandonos que le harán perderse a sí misma de nuevo.
El matrimonio Weiss, Stafford y Christina viven un total desequilibrio en el que se esconde un secreto muy peligroso en manos de adolescentes inmaduros. Él escribe libros de autoayuda, tiene un programa en televisión y es terapeuta de estrellas descentradas a las que asesora, en unas actuaciones excesivas e histriónicas que hacen sospechar que todo es estafa y más actuación en un mundo donde no solo los actores interpretan sus personajes. Stafford interpreta un papel que le sirve para ganar millones y no está dispuesto a que nada, ni su mujer ni sus hijos, haga descender su cuenta de ingresos. Christina vive por y para la carrera de su hijo adolescente, Benjie, un actor que fue una gran estrella, pero al que nuevos intérpretes, más jóvenes, empiezan a hacer sombra sumiéndole en una inseguridad y frustración que le llevan a excesos de consecuencias inesperadas.
Havana Segrand es una actriz obsesionada con conseguir un papel, el mismo que interpretó su madre en los años sesenta en una película de la que se va a rodar un remake. No es un mero capricho. Con esa interpretación pretende ajustar cuentas con su madre, muerta prematuramente en un incendio y con cuya figura vive obsesionada. Presumiblemente, su madre abusó sexualmente de ella, y digo presumiblemente porque creo que no queda claro si los abusos fueron reales o una pura invención de la desequilibrada Havana. 
Julianne Moore
Havana está interpretada por Julianne Moore de la que ya hablé aquí con motivo de la reseña que hice de "Siempre Alice". Con un papel totalmente diferente, nos demuestra que es un genio de la interpretación. Si allí era una lingüista y profesora universitaria enferma de Alzheimer, aquí es una persona caprichosa y vulnerable, imprevisible e histérica, capaz de adorar y odiar a la misma persona en cuestión de segundos, capaz de pasar de la más desbordante y perturbada alegría a la ira más cruel y devastadora sin solución de continuidad. Y todo ello lo hace Julianne Moore como sólo ella sabe hacerlo, dejándonos helados y emocionados ante tal derroche de talento interpretativo.
John Cusack es Stafford Weiss y también hace una interpretación impresionante del doctor sobreactuado que toma el pelo más que otra cosa a Havana y la convence de que está venciendo a sus demonios; del padre y marido al que no le importa lo que les suceda a sus hijos y esposa, siempre que no interfieran en sus planes basados en la fama y el dinero. 
Una película calificada de muchas maneras: intriga, comedia negra, sátira y que es una mezcla de todo ello, a la vez que mucho más. Es un retrato ácido, poco amable, a veces descarnado, de un mundo que, entre glamour, fiestas y oropeles, esconde mucha mugre, mucha inseguridad y más infelicidad que la que está dispuesto a admitir.




Tag escrito a mano



No soy muy estética escribiendo a mano. Esto es todo lo que he conseguido. No sé, Kirke cómo conseguiste hacerlo tan lindo. Muchas gracias por tu nominación.



jueves, 6 de agosto de 2015

"La chica del tren" Paula Hawkins


Este libro, si nos fiamos de todo lo oído y leído en las últimas semanas, va camino de convertirse en el libro del verano. Hace varios meses que encabeza la lista de libros más vendidos en el New York Times, sus ventas ya han superado las ventas de salida del "El código da Vinci". Y es que es una novela que engancha. No tanto como "Perdida" con la que se la ha comparado, no sé si con mucho acierto. Es cierto que ambas muestran la historia desde la perspectiva de distintos personajes; que en ambas hay una desaparición; que ambas están indiscutiblemente escritas por mujeres, cosa que se nota desde el principio y se nota mucho (ni para bien, ni para mal, pero se nota una distinta sensibilidad).
Todo eso tienen en común, pero las vueltas y revueltas con las que Gillian Flynn retuerce nuestra imaginación en "Perdida" y que nos van haciendo ver a cada personaje de muy distintas maneras a medida que se sucede la trama, están aquí totalmente ausentes; el final sorprendente e inesperado con que ella nos deslumbra y atrapa, está muy lejos del final mucho más convencional y previsible de esta novela.
Tampoco es muy original el principio. Ya Agatha Christie en "El tren de las 4.50" nos presenta un asesinato observado desde la ventanilla de un tren. No es eso lo que sucede aquí exactamente, pero no he podido dejar de recordar el citado libro a pesar de haberlo leído en mi adolescencia... de la que ya han pasado unos pocos años. 
El mayor valor que tiene "La chica del tren" es el desarrollo paulatino de la personalidad de la protagonista, Rachel, una mujer a la que ciertas circunstancias de su vida han arrojado a un abismo del que no logra salir, antes bien, parece que todo lo que hace para liberarse de su agobiante destino la va empujando cada vez más abajo, cada vez más hondo. 
Rachel viaja todos los días en el tren de las 8:04 desde su casa en Ashbury hasta el centro de Londres en un viaje de cincuenta minutos que entretiene mirando por la ventanilla. .. y bebiendo gin tonic de lata. En un punto del recorrido, el tren se para en un semáforo y desde allí suele ver a una pareja que lleva una vida aparentemente feliz. Rachel los ha bautizado como Jess y Jason y ha inventado toda una serie de circunstancias dichosas en la vida de la pareja. Pero no todo es lo que parece y un viernes Rachel ve algo que indica que tal vez Jess y Jason tienen problemas, tal vez no son la pareja ideal y feliz que aparentaban.
Jess es en realidad Megan y es otro de los personajes cuya historia nos va siendo desvelada, por ella misma, empezando un año antes de los sucesos narrados por Rachel. Megan no es para nada lo que Rachel ha imaginado; es también un personaje con una vida muy complicada, que guarda heridas de un pasado que no ha sido nada amable con ella. Poco a poco, al igual que Rachel, se nos va presentando una persona con muchos más matices de los esperados.
No obstante, no acaban de ser personajes bien definidos, sentimos que hay rendijas por las que se nos escapa parte de su esencia y, en ciertos momentos, acaban resultando
Paula Hawkins
inverosímiles. No obstante lo que se va descubriendo de ellos a medida que la trama avanza, resulta interesante y te mantiene enganchada y con ganas de tener un rato para seguir descubriendo lo que les espera.
El tercer testigo de todo lo que acontece es Anna, la nueva mujer de Tom, el exmarido de Rachel. Es un personaje con menos aristas, mucho más plano, que solo al final adquiere cierta relevancia. Madre y esposa abnegada, mujer un tanto débil que parece que solo sirve de medio para transmitir las paranoias de Rachel, se acaba convirtiendo en una mujer fuerte y decidida.
Una novela entretenida, ideal para las vacaciones, para leer a la sombra de un árbol, en la terraza de un chiringuito de playa, en tardes de calor mientras esperamos a que el anochecer nos indulte del bochorno y nos permita salir a respirar un leve atisbo de brisa. Una novela para no pensar. Tal vez eso ha hecho de ella el bestseller en que se ha convertido. Un entretenimiento indoloro.



martes, 4 de agosto de 2015

"Ve y pon un centinela" Harper Lee


En el mes de Enero de este año, hice una entrada en este blog reproduciendo un texto que había escrito para un concurso literario de la Universidad de León. El concurso tenía por tema "El libro que me cambió la vida" y yo hablaba de "Matar un ruiseñor" de Harper Lee. Pocos días después, una amiga me enviaba un enlace a una página web donde se daba cuenta del hallazgo de otra novela de la misma autora, escrita antes que la mencionada, pero ambientada unos veinte años después, con los mismos personajes y y los mismos paisajes de Maycomb, Alabama. La presunta historia es bien sabida porque se le ha dado publicidad hasta el hartazgo. Resumo:
la autora presenta el libro, al editor le gustan sobre todo los pasajes donde la protagonista rememora su niñez y le pide que escriba otra novela centrándose en esa etapa, y así es como surge "Matar un ruiseñor". No se sabe por qué la novela original desaparece, ni se sabe por qué, ni en qué circunstancias aparece ahora, al menos yo no lo sé. Todo lo que he leído es una vaga alusión a que Tonja Carter, la abogada de la autora, encontró la obra.
Harper Lee publicó "Matar un ruiseñor" en 1960, obtuvo el premio Pulitzer en 1962 y nunca volvió a escribir un libro.
"Ve y pon un centinela", la supuesta novela original de la que partió todo, ha batido todos los records en Estados Unidos. Ha vendido más de un millón de ejemplares en su primera semana; es la novela más vendida en su primer día, superando a Dan Brown; ha desbancado en Amazon a "Harry Potter y las reliquias de la muerte" que estaba imbatida y ha arrasado con el insuperable "Grey", que viene detrás de todas sus sombras, como novela más vendida en un día. Y una se pregunta y reflexiona "¿No es mucha casualidad? Menuda mina ha encontrado la editorial. ¿Será todo un montaje?" Dejémoslo aquí de momento; dejémoslo durante unos párrafos. 
Harper Lee
"Ve y pon un centinela" me ha sorprendido y desconcertado. 
Primero: me ha sorprendido porque tras leer "Matar un ruiseñor", en donde pasan tantas cosas; donde se ponen en juego tantos sentimientos, y emociones; una novela que arranca con una fuerza que te arrastra hasta el final (acabo de empezar a leerla, de nuevo), aquí casi no ocurre nada hasta bien avanzado el libro. 
Había leído cerca de noventa páginas cuando estuve a punto de dejarlo. Efectivamente, no pasaba nada, más allá del tonteo insustancial de Jean Louise (más conocida como Scout) con un personaje desconocido, que no aparece en "Matar un ruiseñor": Henry Clinton, al parecer presente durante la infancia y adolescencia de Scout, protegido de Atticus y que jamás oímos mencionar. Pues a lo que íbamos: sus diálogos forzados, sosos y repletos de "cariños" hasta dar grima, me estaban cansando, aburriendo y haciéndome desear botarlo y coger su precuela-secuela y desquitarme de tanta imbecilidad.
Pero perseveré y obtuve una recompensa. No muy grande, es cierto, pero me sirvió para terminar el libro. Un día Jean Louise descubre que sus personas más queridas no son como ella imaginaba, no son lo que siempre le habían hecho creer que eran. Su decepción es enorme y busca explicaciones a algo que no puede entender, ni casi creer a pesar de haberlo visto y oído. Su mundo se viene abajo y es que empieza a sentir que todo aquello que le han enseñado desde pequeña, todo lo que ha creído y en lo que ha basado sus planteamientos éticos y morales se sustenta sobre un falso andamiaje, se desploma como un falso castillo construido con falsos naipes de humo.
A partir de ese momento, en la novela, comienzan a sucederse una serie de conversaciones sumamente interesantes sobre la libertad y el papel que el Estado debe jugar en ella. Una serie de comentarios que son la esencia de la mentalidad americana que se enfrenta a sus propias contradicciones ¿Puede la Corte Suprema emitir una sentencia que reivindica las libertades de una minoría subyugada (anular la segregación racial en los autobuses de Alabama), si para ello debe contradecir la Décima Enmienda de la Constitución que garantiza la capacidad de decisión del pueblo y de los Estados? Scout está indignada con la sentencia "Lo único que se interpone entre nosotros y algún listillo que quiera poner en marcha algo es la Constitución, y la Corte Suprema va y anula alegremente toda una enmienda", pero a la vez se siente satisfecha con su resultado porque "por muy mal que lo haya hecho la Corte Suprema, por algún sitio había que empezar [...] no me gusta cómo lo han hecho, me asusta muchísimo pensar cómo lo han hecho, pero tenían que hacerlo"
También resultan interesantes las reflexiones acerca de la necesidad de que el Gobierno intervenga lo menos posible en la Economía para preservar las libertades individuales. El Gobierno debe olvidarse de paternalismos e intervenciones limitándose a "impedir el delito y preservar los contratos". 
Una escena de la película "Matar 
un ruiseñor"con 
Gregory Peck (Atticus)
 y Mary Badham (Scout)
Segundo: me ha desconcertado porque, realmente, me cuesta mucho creer la historia que nos han contado; me parece muy improbable que este libro haya sido escrito antes que "Matar un ruiseñor"; hay detalles que no concuerdan con esa idea, que hacen que me sea muy difícil creerlo: las repetidas referencias a Dill, el tercer niño de "Matar..." solo se sustentan si antes ha aparecido en otro libro y queremos recordarlo; sin eso, pierde toda entidad como personaje en este supuesto libro original. Lo mismo sucede con Jem, el hermano de Scout, al que parece que se menciona en este libro tan sólo para disculpar su ausencia. Por el contrario, Henry Clinton, tan importante en este libro y, al parecer en la infancia de la protagonista, debió aparecer en "Matar un ruiseñor" si es que fue escrito después. cada vez me siento más tentada a pensar en un montaje oportunista a la vez que millonario en resultados. pero, claro, no voy a tomar partido por ninguna hipótesis.
No quiero profundizar en el análisis por no desvelar detalles de la trama que otros lectores preferirán descubrir por sí solos. Lo único que encuentro coincidente con que este libro haya sido el primero, es su inferior calidad, sus diálogos poco ágiles, sus personajes indefinidos y con reacciones infantiles (Scout parece que sigue teniendo seis años y nos los veintiséis que se le adjudican), y desmesuradas (la bofetada que le da el tío Jack, con sangre incluida, es un despropósito estridente y que no viene a cuento). 
Las interesantes ideas que apunta (y lo son) están incrustadas de manera forzada en una historia que carece de cuerpo y entidad, que no resulta creíble ni verosímil y, si nunca podrá velar el brillo deslumbrante con que nos iluminó "Matar un ruiseñor", tampoco puede erigirse ni en su predecesora, ni en su secuela. Realmente, nada tiene que ver con ella y es mejor, sencillamente, que olvidemos su desacertada existencia.

sábado, 1 de agosto de 2015

Agosto 2015



Hace mucho tiempo, me he acostado temprano. A veces, nada más apagada la vela, mis ojos se cerraban tan deprisa que no tenía tiempo de decirme: “Estoy durmiéndome”. Y media hora después me despertaba la idea de que ya era hora de buscar el sueño: quería dejar el libro que aún creía tener en la manos y matar mi luz; no había dejado de reflexionar sobre lo que acababa de leer mientras dormía, pero esas reflexiones habían tomado un giro algo peculiar: me parecía ser yo mismo aquello de que hablaba la obra: una iglesia, un cuarteto, la rivalidad entre Francisco I y Carlos Quinto. Esa creencia sobrevivía unos segundos a mi despertar: no chocaba a mi razón, pero pesaba como escamas sobre mis ojos y les impedía darse cuenta de que la vela ya no estaba encendida.

Cuesta parar de copiar ante una prosa tan bella y esmerada. Se puede seguir así durante las casi cuatro mil páginas que tiene la novela que nos ocupa. Un hombre adulto recuerda sus noches en el pueblo donde pasaba sus vacaciones, el pueblo que ha añadido su nombre al que lo inspiró, de manera que Illiers se ha convertido en Illiers-Combray por gracia de esta novela; recuerda su ansiedad esperando a que su madre subiera a darle un beso y su temor a que no lo hiciera, cosa que sucedía las noches en que Swan estaba de visita, invitado a cenar.
Coincidiendo con la publicación del mes de Julio, terminaba de leer una novela de la que no sabía nada, pero que me había atraído por su título: "Madame Proust y la cocina Kosher". Entonces decidí hacer la entrada de Agosto con el comienzo de "En busca del tiempo perdido". 
Esta novela la leí hace mucho tiempo y su lectura se prolongó a lo largo de varios años, concretamente desde 1997 hasta 2002. Desde entonces, me quedé enamorada del autor, de su obra y del ambiente que la rodea.
París a caballo entre el siglo XIX y el XX. Un niño que va creciendo, conociendo la música, el teatro, la literatura, el amor; enfermo y delicado desde pequeño, es mimado y sobreprotegido por su madre y su abuela; del Combray de la infancia al Balbec de la adolescencia; del amor infantil por Guilberte Swann, al amor adolescente y juvenil por Albertina. Una novela donde se diseccionan los celos, el amor y la amistad; donde se habla explícitamente de la homosexualidad, tanto masculina, como femenina; donde se nos regalan las más bellas y certeras descripciones de la literatura, tanto de sentimientos, como de paisajes u objetos (destacable la descripción de los espinos blancos en flor); descripciones hechas en una frase que puede durar más de una página, encadenando oraciones subordinadas en una sintaxis que hace que uno desee estar leyendo la mejor de las traducciones posibles.
Una novela en siete volúmenes y cerca de cuatro mil páginas para contar la vida de un personaje (el narrador, que es en gran medida el propio Marcel Proust), de un mundo que evoluciona a gran velocidad (la aristocracia va dejando paso a la burguesía),en una ciudad mágica, París,y en un tiempo fascinante (el cambio de siglo del XIX al XX). 
Toda una vida y un tiempo que se fueron y que son recobrados al final por el sonido de un cuchillo que golpea contra una copa, el leve traspiés al pisar una baldosa floja en el patio de los Príncipes de Guermantes; toda una infancia recobrada por el sabor de una magdalena mojada en té que le trae el recuerdo de otra magdalena, la que le daba su tía Leontie en los veranos perdidos y añorados de Combray.

Las novelas que aparecen en esta sección, "Bienvenido nuevo mes literario", no están recién leídas, pero están leídas. Se trata de novelas que empleo para comenzar cada mes. Por ello comienza la entrada con el inicio del libro. No pretende ser una reseña, sino el comentario sobre una historia que me marcó lo suficiente como para poder hablar de ella aunque haga ya muchos años que la leí. Por ello, espero que me perdonéis si incurro en algún error.







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