Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

lunes, 28 de noviembre de 2016

"Mi valle" Mario Santos y Lores Espinosa


Este fin de semana he estado en León y, gracias a una amiga que me avisó (gracias Blanca, de todo corazón), he hecho un viaje al pasado. He viajado a la nostalgia de esos recuerdos que se van, que nunca se van, pero a veces es como si volvieran, no tienen de donde volver, para arañar el alma y dejar un poso de plácida melancolía. Volví a mis veintitrés años, veinticinco, veintisiete… Volví a otra vida en sentido literal.
Corría el año 1984 cuando una mañana de mayo, un muro de 100 metros de altura y 337 metros de ancho amaneció con una enorme pintada en su panza: “DEMOLICIÓN”. El Muro era una presa erigida en 1965 en medio del río Esla a su paso por el término municipal de Crémenes. El muro era la presa tras cuya mole de hormigón el mítico río debía remansarse y acumularse para formar un embalse que sepultaría bajo sus frías aguas nueve pueblos y uno de los valles más ricos de la provincia (de Europa llegué a oír a algún especialista) en lo que a ganadería y pesca se refiere, por no hablar lógicamente de riqueza paisajística y medioambiental. Un valle paradisíaco que amenazaba con desaparecer para siempre de llevarse a cabo los planes que para él, como para otros valles de la provincia antes, se habían decidido. 
Los pueblos (Anciles, Salio, Huelde, Éscaro, La Puerta, Burón, Pedrosa del Rey, Riaño y Vegacerneja), tras casi veinte años de amenaza no cumplida, estaban llenos de vida. Franco había muerto y, creían, con él la manía compulsiva de inaugurar pantanos; gobernaba el PSOE que muchas veces se había mostrado en contra de esas obras grandiosas y grandiosamente destructivas; estábamos por liquidar el siglo XX en apenas quince años y nadie pensaba que tal barbarie se fuera a llevar a efecto.
La gente, los jóvenes sobre todo, vivían en el valle, abrían negocios, seguían con las vacas y el muro era una zona más de juegos para los niños de la zona.
Pero en 1984, el propio gobierno del PSOE, con el pretexto de una moratoria nuclear que paralizaba la construcción de Lemóniz y otras tres centrales nucleares más, cedía al chantaje de las bombas de ETA y dejaba en el limbo del olvido la tan denostada central. Una barbaridad de obra como todas las nucleares, pero con el agravante de estar situada a treinta kilómetros de una población con un millón de habitantes (Bilbao) con pocas facilidades geográficas para su evacuación en caso de ser necesario. Esa moratoria nuclear que salvó Lemóniz del Uranio fue la sentencia de muerte del valle de Riaño. ¿No le veis la relación? Seguid leyendo.
Entre esos días esperanzados y luchadores de mayo del 84 y unos pocos días tristes y derrotados de julio del 87, unas cuantas personas de distinta índole, edad, formación e intereses íbamos a encabezar una lucha épica (David contra Goliat se llega a decir en el documental), romántica y, aunque nosotros no lo sabíamos entonces, abocada a la derrota más vil. 
Surgieron asociaciones para la defensa del Valle: surgió la "Coordinadora para la defensa de los valles amenazados por grandes embalses", la "Coordinadora de Afectados de la Comarca de Riaño (CACOR)"; se escribieron artículos en periódicos y revistas, se hicieron manifestaciones, se celebró la "I Fiesta del capilote"; ya ni recuerdo (era otra vida) en la cantidad de cosas en las que participé (participamos) para intentar salvar la comarca. Nos acusaron de tener intereses secretos y contesté en una carta en el Diario de León que sí que tenía interés, el interés de no ver la comarca inundada porque ese día no iba a tener suficientes lágrimas para derramar.
Riaño (el valle entero) era un paraíso. En primavera se llenaba de capilotes, unos preciosos y enormes narcisos que cada año íbamos a fotografiar en unas praderas que suponían los pastos más ricos que quedaban en la provincia tras haber sido inundados los valles del Luna y del Porma.


Pradera de capilotes
En invierno la nieve lo cubría volviéndolo más bello si cabe.

Yo haciendo pinitos con esquís de travesía
El Yordas, el Gilbo, Peñas Prietas dibujaban un horizonte que jamás podré borrar de mi mente y, como los pueblos estaban sentenciados a muerte por ahogamiento, habían dejado de crecer, no se construía, pero se cuidaban las casas y los pueblos guardaban la fisionomía de veinte años antes:


El pueblo de Riaño
Se intentó todo. Se propuso una alternativa que, con pequeños embalses que no inundaban ningún pueblo y algunas otras medidas de fácil ejecución permitía regar las mismas hectáreas (el pretexto para el despropósito era convertir en regadío zonas de la comarca de Tierra de Campos, al sur de la provincia). 
Los futuros regantes acusaban a los defensores del valle de insolidarios por no querer compartir el agua (qué difícil es compartir el agua cuando para ello tienes que morir ahogado). Se dividió a la provincia (la dividió el interés secreto de la Administración y el Ministro Cosculluela por el pantano) en regantes y defensores de Riaño.
Pero los defensores del valle sabíamos que el agua nunca iba a regar los campos sedientos del sur; sabíamos que la única función del embalse era regular el caudal del Duero en su curso medio-bajo para una serie de centrales hidroeléctricas que la empresa llamada entonces Iberduero tenía instaladas a pie de presa en embalses cerca de la frontera con Portugal. Estas centrales tenían muy baja productividad en las épocas en que el Duero bajaba con poca agua y los embalses quedaban con capacidades del 40% e incluso menos. El embalse de Riaño ha conseguido mantener esos embalses a una capacidad constante superior al 80%. Lo que Iberduero perdía en Lemóniz, lo ganaba (el PSOE se lo regalaba) a costa de la vida de nueve pueblos, una comarca entera, un paraíso más que se pierde en la Tierra. Como si anduviéramos sobrados. 
Va a hacer treinta años que se cerraron las compuertas de la presa (el 31 de diciembre de 1987) y ni una gota del agua de Riaño ha sido vista por los hipotéticos regantes.
El documental se titula “Mi valle”. Ha sido realizado en 2015 por dos jóvenes, Mario Santos y Lores Espinosa y este fin de semana, tercero consecutivo, se ha proyectado en León con la sala llena. 
He vuelto a ver a la guardia civil pegando a los habitantes del pueblo como si de terroristas se tratara.


Una foto que se publicó en periódicos de todo el mundo.

El documental me ha vuelto a recordar a algunos de mis amigos subidos a los tejados y siendo desalojados a garrotazos; las monedas que echábamos en los camiones que venían para cargar lo que la gente quisiera sacar de sus casas antes de echarlas abajo, porque en Riaño, al contrario de lo que había sucedido en otros embalses, los pueblos fueron reducidos a escombros meses antes de su inundación; me ha trasladado de nuevo a la manifestación a la que acudí en otoño del ochenta y seis (creo que fue la última vez que estuve en Riaño) y en la que coincidimos embarazadas mi prima (su marido es de Riaño), Pastora Vega (la madre de Imanol Arias era de un pueblo del valle) y yo. Afortunadamente para mí, todo el trauma de derribos, desalojos, inundación, y demás desastres me pilló en medio de un embarazo de riesgo y, posteriormente, un parto con un mes de incubadora, depresión postparto y toda una serie de circunstancias que, aunque finalizaron felizmente, me tuvieron lo suficientemente preocupada como para que el fin de Riaño no me doliera más de la cuenta. En gran medida, lo olvidé, lo borré de mi memoria. 
Dos años después, las circunstancias de mi trabajo me hicieron cambiar de ciudad, y con la ciudad cambié tantas cosas que terminé cambiando de vida, y tardé muchos años en pasar por el viaducto cuya carretera sobrevuela las aguas que sepultan el pueblo en el que tantas horas pasamos durante más de tres años.
El documental ha supuesto, al menos para mí, la vuelta a un paraíso robado, el reencuentro con un tiempo perdido, el enfrentamiento con los fantasmas de lo que fue y ya no volverá a ser. Ha sido triste, un poco traumático, aunque menos de lo que esperaba. Era parte de mi pasado que ha viajado en el tiempo, que me estaba esperando en el presente y que, al final, ha conseguido encontrarme.

*Para Ordoño Llamas. In memoriam. Tu espíritu seguirá sobrevolando los picos que dibujan el paisaje de Riaño. Y mi memoria.


Puede que a alguien le parezca bonito, pero eso es solo porque no conoció
el original ni sabe la cantidad de sufrimiento que ocultan sus aguas.
Os dejo, por si os interesa, un pequeño trailer del documental. Es muy cortito y salen un par de personas  conocidas. Os recomiendo que lo veáis porque os ayudará a entender mejor lo que allí sucedió.



viernes, 25 de noviembre de 2016

"La carne" Rosa Montero

"La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias: la de lo que aún no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir". Soledad Alegre tiene demasiadas nostalgias a sus espaldas, aunque más que nostalgias tiene recuerdos de los que le gustaría deshacerse. Por delante no sabe lo que tiene, como no lo sabe nadie.
Soledad, que cree que los nombres pueden suponer algún maleficio para quien los porta, no ha tenido nunca una pareja estable; en la actualidad no tiene ni siquiera familia, al menos no una familia de las que acompañan, de las que suavizan y hacen menos dolorosos los días, meses y años pasados en soledad.
Soledad está entrando en una fase de su vida en la que todo parece que se va liquidando y encima no está mentalmente preparada para ello, está entrando en "el desconsuelo de haber alcanzado los sesenta años, cuando por dentro seguía teniendo dieciséis". Y yo, que aún no tengo sesenta, pero sigo teniendo dieciséis, hasta cierto punto, la entiendo de maravilla.
Triángulo, el centro cultural del que fue directora durante años, ha cerrado y ahora depende de que la contraten para organizar exposiciones. En la actualidad prepara una exposición para la Biblioteca Nacional de cuya directora es amiga. Es una exposición que ha encarado con entusiasmo, en la que pretende hacer un complicado montaje basado en escritores malditos, pero la juventud de la arquitecta de la exposición que, además, se hace íntima del promotor de la misma, le hace perder seguridad y sentirse ella misma como un ser maldito. "Ser maldito es saber que tu discurso no puede tener eco, porque no hay oídos que lleguen a entenderte. En esto se parece a la locura —soltó de repente Soledad—[...] Ser maldito es desear ser como los demás pero no poder. Y querer que te quieran pero sólo producir miedo o quizá risa. Ser maldito es no soportar la vida y sobre todo no soportarte a ti mismo" y con esa intervención repentina Soledad llenó de incomodidad a todos los presentes porque eso también es una característica de los malditos "provocar incomodidad con su mera presencia".
Rosa Montero
Por si fuera poco, en unos días, tiene que asistir a la ópera donde sabe que va a encontrarse con Mario, su amante que recientemente la ha abandonado por su mujer embarazada. Pocas cosas debe de haber más humillantes que el que tu amante te deje por su mujer. Sobre todo cuando estás a punto de cumplir, justo la víspera de la representación de "Tristan e Isolda", sesenta años. "Redondos y pesados como una sentencia".
Soledad decide despertar los celos de su antiguo amante acudiendo al concierto con un joven prostituto, contratado para la ocasión. Pero lo que no puede imaginar es que su relación con Adam se va a convertir en una obsesión que, aparte de hacerla superar el abandono de su amante, cosa que consigue, la va a lanzar al encuentro más cruel con su propia realidad; la va a debilitar y a hacer que se sienta vulnerable, desconocida para sí misma. 
A su edad los recuerdos empiezan a pesar más de lo deseado. En su caso, no lo hacen con la nostalgia que dejan los paraísos perdidos, sino con la culpabilidad y los remordimientos que transmiten los infiernos que desearíamos olvidar; esos infiernos que, de manera inmisericorde, se empeñan en manifestarse con la insinuación de que tal vez fueron encendidos, y mantenidos por nosotros mismos. Su pasado más remoto, su infancia, no es algo de lo que ella desearía ser consciente, pero cada vez lo tiene más presente y, por si fuera poco, ahí está Dolores para recordárselo.
A su edad el cuerpo nos desconoce a base de hacerse el desconocido, no se muestra en el espejo con su aspecto familiar, no funciona en su interior como tiene (tenía) por costumbre. Hay que acostumbrarse a ese nuevo cuerpo díscolo y caprichoso "ese cuerpo mutante que de pronto se plisaba, se ablandaba, se cuarteaba, se desplomaba y se deformaba, a ese cuerpo traidor, en fin, no le bastaba con humillarte: además cometía la grosería suprema de matarte".
Pero Soledad es una mujer fuerte, acostumbrada a luchar con sus demonios, con las contrariedades que el destino va dejando a su paso y, si no a vencerlos, al menos se ha acostumbrado a acallarlos, a hacer que su presencia sea leve como las arrugas que disimula, cada vez peor, también es verdad, a base de maquillaje.
William Burroughs
Es interesante la galería de escritores malditos cuyas vidas y maldiciones se nos relatan de forma breve. Todos verídicos, todos históricos - William Burroughs, Philip K. Dick, Pedro Luis de Gálvez, Guy de Maupassant, María Lejárraga, María Carolina Geel, Anne Perry - excepto uno de ellos, Josefina Aznárez, personaje totalmente inventado por Rosa Montero, cuyo destino se topó un 3 de noviembre de 1893 con la explosión del vapor "Cabo Machichaco" haciéndose un tanto incierto; un personaje al que atribuye una historia ficticia en la que abunda mucho más que en las historias reales del resto de "malditos". Ventajas de poder inventar y fantasear sin las limitaciones que impone la realidad.
Es también un acierto que acerca al lector y lo hace cómplice, el que la autora se dirija a él en un par de ocasiones introducidas ambas por la fórmula "Puede que el lector opine...". Con esta estrategia nos introduce en el relato y además crea, a la vez que desmiente, alguna posible objeción por nuestra parte. 
Dibujo sobre la explosión del
"Cabo Machichaco"
También resulta curiosa su propia introducción como un personaje más de la novela, como la periodista que asesora e informa a Soledad acerca de Josefína Aznárez a la que, tiempo atrás, la periodista "le dedicó un perfil biográfico".
No es la mejor novela de Rosa Montero, no es de lo mejor que he leído en los últimos tiempos, pero es una novela que se lee muy a gusto, muy bien escrita, con frases muy logradas y párrafos tristemente reales con los que (casi) todos nos llegamos a sentir identificados en uno u otro momento.
Es una novela sobre el pasado, sobre los fracasos y las frustraciones del pasado que se nos acercan arrollándonos a una edad en la que la mayor piedad sería recordar solo los triunfos, los aciertos, la aceptación de nuestros amigos y el amor de nuestros familiares más cercanos; una novela sobre la tragedia que supone darse cuenta de que 
"ser viejo era tener un pasado irremediable y carecer de tiempo para enmendarlo"



martes, 22 de noviembre de 2016

"54 Festival Internacional de Cine de Gijón"


La 54 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón se inauguró el pasado 19 de noviembre y se clausurará el próximo sábado, día 26.
Llegamos a Gijón el día 19 hacia la hora del vermut y nos fuimos el 20 a media tarde. Poco más de veinticuatro horas que dieron para ver tres películas, tomar el aperitivo, comer en dos restaurantes bastante agradables, tomar un chocolate con canela y naranja y degustar una deliciosa botella de sidra en Cimadevilla.
Nunca había asistido a este Festival y me ha gustado mucho hacerlo. Tras estar años, muchos años, sin visitar Gijón, en los últimos tiempos he estado tres o cuatro veces y he de confesar que cada vez me gusta más. 
Llegamos con cielos nublados, amenazando lluvia, pero se mantuvo por unas horas. El paseo marítimo estaba precioso, aunque la gente paseaba con paraguas. Tras caminar y hacer una fotos, tomamos un vermut, comimos de maravilla y nos fuimos al cine.
La primera película no entraba en la Sección Oficial, sino en otra sección llamada Rellumes que comenzó en la Edición 47 del Festival por lo que este es su octavo año. La proyectaron en unos multicines de un centro comercial que ya están cerrados y han reabierto solo para el Festival. 
"La luz incidente" es una película Argentina de 2015. Su director, Ariel Rotter, se dirigió al público mediante un vídeo ante la imposibilidad de presentar la película en persona. Al parecer se trata de una historia acontecida en su familia, antes de que él naciera. Está ambientada en Buenos Aires en los años sesenta y trata de una mujer que, tras quedarse viuda por un accidente y con dos niñas pequeñas, intenta rehacer su vida. La película tiene una preciosa fotografía en blanco y negro. Siempre me ha gustado el blanco y negro, en cine y en foto. Creo que las diversas gamas de grises sugieren mucho más que todos los colores del arco iris y sus mezclas; la luz tiene que suplir lo que no se puede expresar con el color y, si es buena, la imagen se pega a la retina de una manera que no consigue el cromatismo más variado. 

La luz incidente
La historia es mucho más triste de lo que podría parecer a primera vista y nos muestra la historia de una mujer con un pasado trágico, un presente triste y un futuro que se adivina terrible, terriblemente aburrido cuando menos, aunque me imagino que la cosa se le presente más complicada; a ella y a sus hijas.
Al salir del cine aún nos quedaban cuatro horas para la siguiente película. Como no queríamos ir al hotel que quedaba un poco lejos, las repartimos en diversas actividades: un largo paseo por las calles de la ciudad, un agradable chocolate en una cafetería leyendo y charlando acerca de la película, otro paseo hasta Cimadevilla y una botella de sidra fresquita y riquísima. La comida había sido abundante y no teníamos ganas de cenar como en principio habíamos planeado, pero unos culines de sidra no se pueden perdonar.
A las 10,30 comenzaba la segunda película, pero como las entradas están sin numerar hay que llegar pronto o corres el riesgo de tener que sentarte en primera fila o en una esquina perdida donde tu cuello termine contracturado y sufras la película en vez de gozarla. 
Layla M
Esta vez la proyección era en el Teatro Jovellanos ya que se trataba de una película de la Sección Oficial. A las 10 ya estábamos esperando y entramos de los primeros. "Layla M" es una película holandesa que contó con la presencia de su directora, Mijke de Jong y con la actriz principal, Nora El Koussour, para presentarla. Layla es una joven musulmana de origen marroquí nacida y criada en Holanda. Vive en Amsterdam donde su padre tiene una tienda de alfombras. Es una chica normal y buena estudiante. Le indignan las injusticias que se cometen en Europa contra los musulmanes y el trato distinto que tienen (o ella cree ver que tienen) con respecto a los europeos de origen. De familia liberal y poco o nada influida por la religión ella se siente incomprendida y poco a poco se va radicalizando y metiendo en un mundo del que, en realidad, no tiene ni idea. Estremece y pone los pelos de punta pensar en la cantidad de jóvenes, de cualquier sexo, que se verán metidos en ese ambiente y lo que sentirán al descubrir la realidad en la que están atrapados.
El domingo amaneció lloviendo, muy gris y con pinta de no ir a parar en muchas horas. Pasamos la mañana en el hotel leyendo y después nos acercamos al paseo marítimo. Comimos en un restaurante en el mismo  paseo y cuando salimos, milagrosamente, el sol también había salido un poco antes que nosotros. 
Volvimos al Teatro Jovellanos para ver la última película: "Hotel Europa". Pertenece también a la Sección Oficial. Se trata de una película de Bosnia y Herzegovina dirigida por Danis Tanovic que cuenta un curioso episodio ocurrido en unas pocas horas en un hotel de Sarajevo. Se está celebrando el centenario del asesinato del heredero del Imperio Austro húngaro, Francisco Fernando, que tuvo lugar en la ciudad el 28 de junio de 1914 y que inició la Gran Guerra. En el Hotel Europa de Sarajevo tienen lugar varios acontecimientos relacionados con el evento. 
La llegada de un huésped francés, tan importante que lo recibe el propio director del establecimiento, pone en marcha un mecanismo de protección y seguridad que más parece un acto de espionaje. 
En la azotea, se está grabando un programa con entrevistas a distintas personas acerca de los hechos históricos que desembocará en una discusión apasionante entre la periodista y uno de los entrevistados. 
El personal del hotel prepara una huelga, en ese momento crucial, porque lleva como dos meses sin cobrar su sueldo. 
Hotel Europa
Con un ritmo trepidante, marcado por el taconeo de una empleada que recorre todo el edificio a velocidad de vértigo teniendo en cuenta sus enormes tacones, irá avanzando una historia que muestra más entresijos de los que serían convenientes para un establecimiento honrado. Todo terminará por confluir en un final trágico al que conduce, como casi siempre, la serie de casualidades orquestada por algún maligno destino. La película ha sido elegida por Bosnia y Herzegovina para representar al país en la próxima edición de los Oscar.
Tres películas muy distintas y muy interesantes que nos dejaron muy satisfechos y con ganas de volver. Espero que alguna de ellas llegue a las salas comerciales y la podáis disfrutar.


domingo, 20 de noviembre de 2016

Ciclo de lectura Joe Hill


Esta iniciativa se debe al blog "La caverna literaria" y me ha llegado a través de Lourdes ILGR y su blog "El despertar de un libro".
Se trata de leer alguno o algunos (o todos) los libros de Joe Hill.
Joe Hill
Joe Hill es un escritor estadounidense, nacido en Maine. Su verdadero nombre es Joseph Hillstrom King y es el hijo nada menos que de Stephen King, pero como no quiere deberle fama o méritos a su ilustre papá ha modificado su nombre de pila. Teniendo en cuenta lo que me gusta la literatura norteamericana y que no he leído nada de este autor del que sí he oído hablar mucho, no es extraño que me haya apuntado a la aventura.
El objetivo de esta iniciativa es leer y reseñar, desde ahora y hasta el 28 de febrero de 2017, al menos uno de los libros del autor que, hasta ahora son cuatro: El traje del muerto , Fantasmas, Cuernos y Nos4a2  
Las opiniones publicadas hasta el 28 de Febrero serán recopiladas en marzo en una nueva entrada en "La caverna literariacomo balance final del ciclo. Para ello deberemos enviar el enlace de nuestra reseña al citado blog.
Durante este periodo las lecturas se comentarán en Twitter con la etiqueta #CicloJoeHill
Quien quiera unirse a esta iniciativa puede hacerlo en cualquier momento. En "La caverna literaria", siempre nos espera Jesús.
Actualiza con las nuevas reseñas de los libros leídos.
  • "Cuernos"



jueves, 17 de noviembre de 2016

"Florence Foster Jenkins" Stephen Frears

Hacía mucho tiempo que no me reía tanto en una película. Hacía mucho que no disfrutaba tanto en el cine y vaya por delante que es una de las mejores películas que he visto en mucho tiempo.
Florence Foster Jenkins  está considerada la mejor peor soprano de todos los tiempos. 
Florence fue desde niña amante de la música y el canto. Sus padres, que ya debieron imaginarse que carecía totalmente del sentido del ritmo y de habilidad musical, se negaron a sufragarle los estudios a los que ella aspiraba por lo que se fugó y se terminó casando con Frank Thornton Jenkins, de quien se divorciaría al poco tiempo y del que tan solo obtuvo el apellido, una lacra de por vida y la misma desconfianza en sus dotes musicales que ya había recibido de sus progenitores.
Independiente económicamente a la muerte de su padre, empezó a tomar clases de canto y a dar recitales a los que la gente acudía por el espectáculo que suponía su "peculiar" manera de cantar. Al fin y al cabo, las salas de conciertos están llenas de cantantes que lo hacen bien, maravillosamente bien, regular o mal. Pero cuando alguien lo hace tan rematadamente mal como debía de hacerlo ella, se convierte en un motivo adicional más para acudir. La gente se reía, lo pasaba de maravilla, veía una cantante entregada, porque lo que le faltaba en técnica y arte, le sobraba en alma, corazón y entusiasmo. Al parecer, los numerosos trajes que lucía a lo largo de un recital, diseñados por ella misma, eran todo un alarde que añadía glamour e interés al espectáculo. Las caras de burla y complicidad con el público que su pianista, Cosmé McMoon, ponía a sus espaldas, no hacían más que incrementar el divertimento, y las mordaces y crueles críticas de algunos periodistas aún despertaban más la curiosidad del público.
Florence Foster Jenkins
Sus conciertos estaban restringidos a un selecto grupo de admiradores de toda confianza. Su segundo marido y manager, St. Clair Bayfield, se encargaba de decidir a quien daba las entradas y qué críticos tenían acceso a los recitales.
Florence nunca fue consciente de su falta de pericia musical. Se creía una gran estrella y estaba convencida de que las risas se debían a rivales infiltrados envidiosos de sus éxitos.
Con esta historia, porque todo lo contado es escrupulosamente verídico, Stephen Frears ha hecho una película deliciosa. Una película cómica, tierna, emotiva; en la que lloras de risa y sonríes ante la emoción de la tristeza bien contada; en la que hay amor, entrega, admiración, entusiasmo y respeto por el arte.
La película cuenta la última etapa de la vida de la cantante: el tiempo inmediatamente anterior a la consecución de su mayor sueño que tuvo que esperar al 25 de octubre de 1944, cuando contaba setenta y seis años; el periodo que transcurre desde que decide volver a tomar clases de canto, para lo que contrata al pianista Cosmé McMoon, hasta su muerte acaecida un mes después de la fecha, mágica para ella, del citado 25 de octubre.
Meryl Streep y Hugh Grant
No sé cuánto habrá de histórico en los detalles que narra la película. No sé si sería real la relación de afecto, lealtad y cuidados de St Claire hacia Florence (parece ser que la diferencia de edad entre ellos era bastante menor de la que nos muestra Frears), pero en la película enternece hasta la emoción ver como la protege de la cruel verdad, controlando a la prensa, negando la entrada a los recitales a gente desconocida que no se sabe como va a reaccionar, evitando que se entere de las burlas... y todo ello teniendo en cuenta que, a pesar de todo, él vive en un apartamento propio porque su matrimonio con Florence se parece más a una relación fraternal que a un verdadero matrimonio.
No sé hasta qué punto sería cierta la fidelidad incondicional que McMoon termina manifestando por la cantante, pero es gratificante ver cómo el pianista va variando su actitud desde el asombro y la burla iniciales hasta el más afectuoso respeto del final. 
Stephen Frears
No lo sé y además no me importa, como tampoco me hubiera importado que fuera una historia totalmente ficticia, más allá de la curiosidad que le añade el ser un hecho histórico. No me importa porque independientemente de todo ello, la película, sin ser una obra maestra ni lo mejor de su autor (que para mí aún, y seguramente para siempre, sigue siendo "Las amistades peligrosas"), es una gran película.
Meryl Streep hace uno de esos papeles grandiosos a los que nos tiene acostumbrados. Derrocha inocencia, amor por su arte, empatía por los que la rodean, bondad, sentido del humor, y de todo ello nos convence y con todo ello nos emociona. 
Hugh Grant, el entregado St Claire, es el perfecto amigo y manager (dadas las circunstancias, no me atrevería a decir perfecto marido); su preocupación por el bienestar físico y mental de Florence es conmovedora. 
Simon Helberg, un actor de sobra conocido por los que amamos y seguimos la serie "The Big Bang Theory", donde interpreta a Howard Wolowitz, es Cosmé McMoon, el pianista que pasa del estupor a la admiración más profunda, a lo largo de la película. Pianista él mismo y muy buen actor, está quizás demasiado marcado por el personaje que lleva interpretando más de nueve años en la serie. Aunque adecuado para el papel que hace en
Simon Helberg
esta película (me imagino que toca él mismo el piano), matizar un poco los gestos y conseguir que no recuerden tanto a Wolowitz sería de agradecer y positivo para su carrera al evitar un encasillamiento del que le va a costar librarse.

Una película en la que los actores tienen que alternar su faceta cómica con la dramática, algo en lo que Hugh Grant y Meryl Streep ya han demostrado que son verdaderos maestros; algo que aún le queda por practicar a Simon Helberg que, por ahora, se sigue encontrando mucho más cómodo en la comedia, aunque su papel en general resulta totalmente satisfactorio y aporta mucho a los momentos más hilarantes de la película.
Una película que merece la pena, y mucho, como debían de merecerla los conciertos de la terrible soprano Florence Foster Jenkins porque suplía con entusiasmo su falta de pericia y, como ella misma decía, "podrán decir que canto mal, pero no que no canto".
Para que os hagáis una idea de lo que os vais a encontrar en esta película, de la que he tratado de no desvelar lo que merece permanecer en el dominio de la sorpresa, os dejo aquí un vídeo con su interpretación de "La reina de la noche" de "La flauta mágica" de Mozart. 
Comparad con quien queráis. Es digno de ser escuchado.





lunes, 14 de noviembre de 2016

"Patria" Fernando Aramburu

Inspirada por el sonido lúgubre y nostálgico de la txalaparta, por la humedad que destilan esos bosques verdes y colgantes de líquenes, esos bosques color esmeralda de árbol y musgo y gris acero de nubes amenazantes, esos bosques que solo son posibles en las orillas míticas del mar Cantábrico, os voy a contar un cuento.
Erase una vez una tierra húmeda y bella como el bosque que me inspira a la que, en adelante, llamaremos "Patria". En esa bella tierra, como en todo buen cuento, había una bruja. La bruja se llamaba Conflicto y había embrujado a los habitantes de aquel lugar. A todos les había adjudicado un embrujo bueno; un embrujo de amor por su tierra a la que querían defender de la amenaza de un Ogro Malo que vivía en un lugar cercano y trataba de impedir que los habitantes de "Patria" vivieran según sus costumbres; sobre todo odiaba que hablaran su idioma por lo que lo había prohibido. 
Algunos de los habitantes se quedaron con ese embrujo y amaban a su tierra y la defendían de la manera que sabían y podían: algunos, manteniendo vivo su idioma, un idioma muy hermoso y antiguo; otros, tratando de mantener vivas las muy antiguas y queridas tradiciones; otros, intentando transmitir el amor a la tierra entre amigos y familiares que habían venido de fuera y con los que compartían, de buena gana, las cosas buenas de "Patria".
Pero otros habitantes, los menos, fueron maldecidos por Conflicto con otro embrujo, esta vez malo porque se trataba del odio. Odio a todo lo que sentían extraño, ajeno, extranjero. Ellos mismos decidieron el significado de estas palabras. Así, era extraño todo lo que mantenía algún aire que recordara al exterior; ajeno, el que no se expresara en su idioma o se atuviera a sus costumbres; extranjero, todo lo que no cuadraba con sus exactas exigencias, aunque hubiera nacido y crecido en "Patria" y hablara perfectamente su lengua. "Hasta los cinco años yo no hablaba ni jota de castellano. [...]. Joder, ¿no dicen que defienden al pueblo vasco? Pues si yo no soy pueblo vasco, ya me dirás tú quién lo es".
Fernando Aramburu
Estos patriotas (habitantes de "Patria") maldecidos por Conflicto con el estigma del odio, solo entendían la defensa de lo propio anulando lo ajeno; solo entendían la propia identidad enfrentándola al "otro", y de esa manera no dudaban en asesinar, extorsionar, secuestrar, amenazar, señalar y, en una palabra, tratar de eliminar todo lo que no les gustaba. Para ello, por amor a "Patria", eran capaces de los mayores sacrificios. Abandonaban su familia, sus amigos, su novia, su juventud, su vida. Languidecían escondidos en Francia o en pisos de los que entraban y salían con miedo; caían en manos de la policía y terminaban en cárceles alejadas de su amada tierra donde pasaban años mientras veían agotarse su juventud no disfrutada.
Los habitantes que sólo entendían de amor, aquellos a los que Conflicto había privado del odio, empezaron a ser vistos como enemigos por los otros, y se convirtieron, junto a los políticos y guardias de seguridad enviados desde el exterior por el Ogro Malo para mantener el orden, en unas víctimas más. 
Comenzaron unos años muy largos, negros, tristes y violentos. Las hermosas calles de los hermosos pueblos y ciudades de "Patria" se llenaron de sangre, de pintadas amenazantes, de pancartas que exigían esto y aquello, y las gentes pacíficas no se atrevían a manifestar su opinión porque, aunque eran mayoría, poco podían contra el poder de las armas, la violencia y la sinrazón. 
Más te valía no verte señalado en una pintada o en murmullos de iglesia, plaza o taberna, porque de la noche a la mañana te convertías en un apestado; te quedabas sin amigos, nadie se atrevía a hablar contigo y tenías que prescindir de la partida en el bar y de los domingos de bicicleta y huevos fritos con jamón para recuperarse del duro pedaleo. "En el pueblo, donde todos nos conocemos, tú no puedes tener trato con un señalado"Y tenías que contribuir con una parte de lo que habías ganado con tu pequeña empresa de camiones para sufragar las armas y los atentados con los que seguían matando y aun así te llamaban "explotador fascista, hijo de puta, ya puedes hacer testamento" Y una tarde de lluvia, tras dormir la siesta y salir hacia el trabajo, te pegaban cuatro tiros y te dejaban moribundo en una esquina donde tu mujer te descubría nada más asomarse al balcón de tu casa tras escuchar los fatales disparos.
Y como tú, como él, otros muchos, a lo largo del tiempo, fueron desapareciendo en charcos de sangre, en explosiones atronadoras. Algunos, al sentirse amenazados, huyeron de "Patria" o callaron y admitieron, pero otros muchos no se doblegaron. Si algo tiene la mayoría de los habitantes, los  que solo aman y los que también odian, es que son muy tozudos. "Tenéis aquí a un español y os lo podéis cepillar sin problemas cuando vaya a comprar el pan. ¿Que es padre de familia? Pues que se lo hubiera pensado antes de meterse a concejal. ¿Que es buena persona y no ha matado una mosca en su vida? Bueno, pero es de un partido españolista que nos oprime y además aquí hay un conflicto"
Pero pasaron los años, muchos años. Los patriotas aquejados del maleficio del odio decidieron dejar las armas. "El telediario empezó con la noticia que Miren había oído de víspera en la radio. Cese definitivo de la lucha armada. No del terrorismo como dicen esos, que mi hijo no es terrorista".  Y es que Miren tenía un hijo en la cárcel. Muy lejos. En El Puerto de Santa María. La primera vez que lo vio en una manifestación y sospechó que podía haber participado en la quema de un autobús, Miren estuvo a punto de golpear a su hijo con una sartén. Se contuvo porque la sartén estaba llena de aceite hirviendo. 
Pero el maleficio del odio es contagioso y Miren se contagió. Odiaba más que nadie. Visitaba a su hijo una vez al mes y estaba orgullosa porque él no se doblegaba. Su hijo no era de los que se acogía a la reinserción. "Juani me preguntó el otro día si tú también ¿Estás loca? ¿Mi Joxe Mari? Le puse una cara que no creo que me vuelva a preguntar".
20 de Octubre de 2011. ETA anuncia el
fin de la lucha armada
Pero Joxe Mari llevaba demasiados años en la cárcel. Estaba harto, ya no podía más, ya no creía en nada desde que "
comprendió de sopetón, y fue como si le cayera encima el techo de la celda, que se le estaba escapando lo mejor de la vida [...], que había tirado por la borda su juventud". Así que una noche, a punto de acostarse, cuando llevaba ya diecisiete de sus cuarenta y tres años en la cárcel, Joxe Mari se dijo que hasta aquí hemos llegado, y sin comunicárselo a nadie se salió de ETA y durmió como un bendito. 
Faltaban aún unos meses para el anuncio del fin de la lucha y cuando éste se produjo, Joxé Mari sintió que era un asunto que no le incumbía. Una desesperante convicción se apoderó de él y es que "durante largos años él había oscurecido su verdad íntima. ¿Y cuál era esa verdad? Cuál va a ser. Pues que había hecho daño y había matado. ¿Para qué? Y la respuesta le llenaba de amargura: para nada. Después de tanta sangre, ni socialismo, ni independencia, ni pollas en vinagre. Abrigaba la firme convicción de haber sido víctima de una estafa".
Por el otro lado, el Txato hacía ya unos veinte años que había recibido sus cuatro tiros y estaba enterrado en el cementerio de Polloe. Bittori, su mujer, se había ido a vivir a San Sebastián, pero tras el anuncio del cese de las armas quería volver a su casa del pueblo, quería saber quien disparó a su marido y estaba empeñada en que le pidiera perdón. Pero Bittori en el pueblo molestaba. Nada hay más molesto que una víctima que se empeña en mostrarse, en recordarnos que fuimos victimarios, o demasiado cobardes como para defenderla, o lo suficientemente traidores como para olvidar la amistad. "Yo no sé si has caído en la cuenta de que tu presencia en el pueblo causa cierta inquietud [...]. que tú tengas el derecho legítimo de volver a tu casa no quita para que otros vecinos tengan también sus derechos [...]. Por ejemplo, a que se les permita rehacer sus vidas y a darle una oportunidad a la paz". Las víctimas perturbaban el orden, impedían la paz.
Han pasado más años, porque el cuento se prolonga hasta el presente y aún no ha terminado. En "Patria", a pesar de estar en un lugar de clima lluvioso y gris, el sol sale cada vez con más frecuencia porque hasta el clima está cambiando. Conflicto empieza a perder sus poderes, ya casi ninguno le queda. Cada vez más, el embrujo del amor predomina en sus habitantes. El maleficio del odio se va perdiendo, se va amortiguando. Cada vez son menos los que lo padecen y ya casi no pueden articularlo porque los demás han perdido el miedo.
Este cuento tiene muchas probabilidades de acabar en un tiempo breve y de acabar bien. Tal vez hasta podamos decir aquello de vivieron felices y colorín colorado... pero cuánto sufrimiento por el camino, cuánta pérdida, cuánto dolor. 
Más les hubiera valido que la primera bomba lapa colocada bajo un coche; el primer tiro en la nuca salido de un pistola, hubiera estado dirigido a la bruja Conflicto. Puede que el cuento nunca hubiera comenzado; Fernando Aramburu no hubiera podido escribir esta maravillosa e imprescindible novela, este triste cuento que yo he intentado resumir; nadie hubiera disfrutado lo mucho que se disfruta leyendo "Patria", pero la historia de la humanidad en general, y la de este país en particular, se hubiera ahorrado una de sus páginas más vergonzosas e inútiles.


sábado, 12 de noviembre de 2016

Lecciones para escribir una novela. Cuarta: La situación de equilibrio inicial


En la lección anterior, y tercera de este curso que se publicó en la Revista MoonMagazine, Ana Bolox nos introdujo en una de las tres unidades dramáticas de la novela: el planteamiento. Allí nos hablaba de las funciones y de los elementos de dicha unidad.
Pues bien, el primer elemento es este: 
En esta lección Ana nos habla de como debemos empezar nuestra novela. Y lo hace de una forma que, si no es la más directa, puede que sea la más eficaz: diciendo cómo no se debe empezar; nos hablará de algunos errores que se cometen por parte de los escritores noveles y que pueden hacer que perdamos la atención del lector casi antes de empezar; nos explicará qué es eso de la situación de equilibrio inicial... y estaremos ya en disposición de empezar con nuestra historia.
Aunque solo un poco, porque este comienzo, como bien nos dice Ana, no debe durar mucho y enseguida nos tendremos que acercar a la quinta lección, "el desencadenante", para saber cómo debemos continuar.
En la página web de Ana, "Ateneo literario" encontraréis talleres literarios para distintos géneros de novela.
De nuevo y como siempre, quiero agradecer a Txaro Cárdenas, directora de la Revista MoonMagazine, su amabilidad al darme permiso para publicar en mi blog estas entradas. Muchas gracias, Txaro.
Ahora os dejo en MoonMagazine con Ana Bolox y su cuarta lección.



jueves, 10 de noviembre de 2016

"Tres días y una vida", Pierre Lemaitre

A veces, una sucesión de circunstancias concretas, en un orden concreto, llevan a los acontecimientos a desembocar en algo maravilloso que determinará la felicidad de algunas personas para toda una vida. A veces, otra serie de circunstancias, sucedidas en su propio orden concreto, hace que la vida de otras personas se convierta en un infierno, o se vea irremediablemente interrumpida por la muerte, o ambas cosas, para distintas personas, en distintos grados.
"Tres días y una vida" es una novela muy difícil de comentar. No quiero desvelar su argumento, no quiero que nadie sepa a lo que se enfrenta cuando se enfrenta a esta novela. O sí. Quiero que sepa que se enfrenta a otra novela del gran Pierre Lemaitre; una novela en la que veremos combinada su maestría para el suspense con su habilidad para retratar personajes, psicologías, sentimientos, miedos, culpas, acontecimientos, casualidades...
Antoine Courtin tiene doce años cuando "a finales de diciembre de 1999, una sorprendente serie de sucesos trágicos sacudió Beauval, el más importante de todos, la desaparición del niño Rémi Desmedt.[...] Para Antoine, que estuvo en el centro del drama, todo empezó con la muerte del perro. Ulises"
Beauval era en aquellos años un pequeño y apacible pueblo rodeado de bosques en el que nunca sucedía nada. Lo más trágico a lo que se habían enfrentado sus habitantes eran los despidos de la fábrica de juguetes, «Weiser, Juguetes de madera desde 1921»que cada vez recibía menos encargos al ir siendo sustituidos en los gustos infantiles por las consolas de videojuegos y otros juguetes más modernos. Por eso la desaparición de Rémy, ocurrida la víspera de Nochebuena, supuso una catástrofe que marcó un antes y un después en la vida del pueblo.
Pero, sobre todo, supuso un antes y un después en la vida de Antoine Courtin, el antes y el después de aquella víspera de Nochebuena de 1999.
Pierre Lemaitre
Antoine vive con su madre, Blanche Courtin, en Beauval. El padre puso tierra por medio hace seis años. Cambió de trabajo, de país y de mujer, dejando la dura tarea de cuidar de Blanche en manos de Antoine que "
acabó sintiéndose responsable de ella. Daba igual que fuera exasperante [...] Para él, hacerla aún más desgraciada de lo que la imaginaba era inconcebible". Y así comienzan a tejerse los hechos y casualidades que llevarán a la desaparición de Rémi y al enorme sentimiento de culpabilidad que cambiará para siempre la vida de Antoine, y es que el niño, en lugar de ir con sus amigos a jugar con la consola de Kevin, cosa que su madre le ha prohibido, construye una cabaña en un árbol seguido la mayoría de las veces por Rémi, su vecino de seis años que lo adora. Y un coche atropella a Ulises. Y el señor Desmedt, dueño del perro y padre de Rémi, le pega un tiro para evitarle sufrimientos. Y Antoine se queda perplejo y traumatizado sin entender muy bien la necesidad de tal medida. Y el cadáver del perro languidece "en uno de esos sacos de plástico que se usan para los escombros". Y Rémi no sabe nada porque cree sencillamente que el perro se ha escapado una vez más como hace de vez en cuando. Y todos esos hechos y alguno más que no viene al caso, desembocan en la desaparición de Rémi que pone al pueblo en estado de alerta.
Se convoca la solidaridad ciudadana y se piden voluntarios para buscar al niño y eso hace que "todo el mundo se ufanó interiormente, sintiéndose solidario y generoso", porque pocas cosas hacen que la gente se sienta mejor consigo misma y se deshaga de cualquier sentimiento de culpabilidad o vergüenza que el darle la oportunidad de comportarse honorable y altruistamente. Menos mal que, de vez en cuando, las desgracias ajenas, nos permiten mostrar los magnánimos y compasivos que podemos llegar a ser. 
Y se detiene al primer sospechoso, pero, como bien sabe Antoine, el sospechoso es inocente y pronto será puesto en libertad. Y se desatan los rumores sobre este o aquel, pero quedan en nada porque "el rumor es una salsa delicada, cuaja o no cuaja". Y aquellos que se manejaban no cuajaban.
Pero siguen las casualidades y, tal vez en este caso, ayuden un poco a Antoine y sirvan para paliar su agobiante situación de culpa y remordimiento, porque otro estado de alerta se apodera del lugar, en este caso en forma de tormenta con vientos huracanados y lluvias torrenciales que inundan el pueblo y dejan a buena parte de sus habitantes sin un techo bajo el que cobijarse. Cambian las prioridades. La desaparición de Rémi pasa a ser un problema individual de una familia particular y poco puede frente al drama comunal de todo un pueblo. Ahora la gente ya no necesita ser solidaria para alejar la culpa; ahora su condición de víctima la libera de todo remordimiento y la hace merecedora de la generosidad ajena; ahora, todos han pasado de benefactores magnánimos a víctimas merecedoras de damnificación. "Lo que encogía el corazón no era sólo la imposibilidad de ayudar al señor Desmedt, sino la sensación de que la desaparición de su pequeño, por trágica que fuera, pasaría a segundo plano y, arrinconada por desgracias que afectaban a todo el mundo, nunca volvería a ser un problema colectivo".
Tras aquellos tres días, la vida continua para todos y vuelven otros dos momentos que resumen esa vida a la que alude el título. En un momento crucial de 2011 y, debido a los hechos ocurridos en 1999, Antoine dará un paso más en el camino de hacer de su vida algo cada vez más difícil. La culpa y el miedo le harán romper con su hasta entonces apacible vida de estudiante a punto de terminar su carrera de medicina y de dedicarse a labores humanitarias junto a Laura, la mujer a la que ama. Todos esos planes se vendrán abajo y encontraremos a Antoine en 2015 viviendo la vida que nunca hubiera querido vivir, con quien nunca hubiera querido vivir y realizando un trabajo al que nunca se hubiera querido dedicar. Pero aun en esas circunstancias, con la historia ya finalizada; con una historia que termina mal en una novela muy bien terminada, el autor deja espacio para la sorpresa, la nuestra y la de Antoine, y descubrimos, él y nosotros, que las personas, incluso las más cercanas, guardan sus secretos, enmascaran sus preocupaciones y sus miedos con una vida transcurrida en la aparente tranquilidad que da la ignorancia simulada. 
Recordamos, por si lo habíamos olvidado, que Pierre Lemaitre es capaz de mejorar incluso sus mejores finales.


lunes, 7 de noviembre de 2016

"Adiós, mirlo, adiós" Manuel Cerdá


"Adiós, mirlo, adiós" ("Bye, bye, blackbird", para los amantes de la música), de Manuel Cerdá, es la gran novela del siglo XX escrita en España y en español. A través de su lectura asistimos a la historia de un siglo en el que "ha habido más muertos por violencia que en toda la historia de la humanidad".  
Desde el final de la Gran Guerra, hasta la caída del Muro de Berlín, acompañaremos a Sam Sutherland como testigos de unos hechos que, para orgullo o para vergüenza del ser humano, hicieron la historia de un siglo y prepararon la del siguiente, este en el que nos encontramos, y como de aquellos polvos vienen estos lodos, no tengo mucha confianza en lo que el siglo nos pueda deparar. 
Con una prosa sencilla y fácil de leer, pero muy estimulante, Manuel Cerdá, que además de escritor es historiador, nos va dando claves, nos va dejando pistas y nos va dejando descubrir una historia que, para bien y para mal, es nuestra historia.
Agradezco a Txaro Cárdenas, la directora, editora y alma de la Revista MoonMagazine, su ofrecimiento para hacer la reseña de "Adiós, mirlo, adios" y a Manuel Cerdá el hacerme llegar la novela y el haber sabido transmitir de manera tan valiente un ideario con el que me siento muy identificada.
Si queréis saber más acerca de esta novela, de los acontecimientos que nos narra, de sus personajes, de las relaciones entre ellos y de algunos de los hechos más relevantes del siglo que murió, podéis leer la reseña que he escrito para MoonMagazine. Y si no queréis leer la reseña, pasaos de igual manera por la revista. Txaro os invitará a un café o a un té y lo podréis acompañar de la mejor y más variada cultura.

viernes, 4 de noviembre de 2016

"Total Khéops" Jean-Claude Izzo

El título de esta novela, "Total Khéops", está tomado de la canción del mismo título del grupo marsellés de rap Iam. Allí se habla de Khéops porque suena como "caos" por lo que se podría traducir el título de la novela como "caos total".
En un caos total, y en algunos casos mortal, es en lo que desembocan las vidas de Manu, Ugo, Fabio y Lole, cuatro amigos marselleses de la infancia. Ugo y Manu habían nacido y se habían criado en el Panier. Los padres de Ugo "huían de la miseria y de Mussolini"; la madre de Manu se instaló en el barrio "embarazada de él, con dos de sus hermanos. A José Manuel, su padre, lo habían fusilado los franquistas". Lole llegó más tarde, cuando ellos tenían dieciséis años. "Vivir en el Panier era la vergüenza. Desde el siglo pasado. Era el barrio de los marineros, de las putas. El cáncer de la ciudad. El gran lupanar".
Fabio no era del barrio aunque nació allí. Cuando tenía dos años, sus padres se mudaron a "la Capellette, un barrio de macarroni". Fabio los conoció más tarde y debido al azar, pero la amistad entre los cuatro, aunque separados espacialmente, se ha mantenido con sus más y sus menos a lo largo de los años.
Tal vez el hecho de abandonar el barrio, de salir de ese barrio de putas y marineros, fue lo que salvó a Fabio. Si es que queremos pensar que Fabio se ha salvado por el hecho de ser policía. Si es que seguir vivo y soportando sobre tus hombros las muertes ajenas no es mayor condena que el mero hecho de estar muerto o perdido entre tus recuerdos, los amores que fueron y los que podrían haber sido.
Cuando comienza la novela, Manu, metido en negocios turbios con los personajes menos recomendables de la mafia marsellesa ha sido asesinado y Ugo vuelve para vengarse de quien lo haya hecho. Vuelve de un periplo de muchos años por todo el mundo; una huida que se autoimpuso por causa de Lole, o de Manu, o porque no se atrevió a amar a Lole, o porque fue tan generoso que se la cedió a Manu. Vuelve a vengar a Manu y vuelve perseguido por una orden de detención internacional por tráfico de obras de arte. "Ugo había vuelto por eso. Por el honor. El de Manu. El de Lole. El honor de nuestra juventud, de la amistad que compartimos. Y de los recuerdos".
Los tres amigos fueron inseparables hasta que la mili los separó. Después volvieron  a juntarse, pero no volvieron a ser los mismos. De mangar libros y ropa sabían mucho, de atraco a mano armada, nada.
Fabio se alejó de sus amigos tras el robo a una farmacia con tiroteo y farmacéutico herido. "Al día siguiente me alisté en el Colonial, para tres años. El tipo no estaba ni vivo ni muerto, sino paralítico para siempre. Pedí volver a Yibuti. Fue entonces cuando vi a Ugo por última vez". 
Ahora es policía, es el narrador, es quien comienza la historia tras el prólogo "Me agaché ante el cadáver de Pierre Ugolini. Ugo".
A partir de este momento, Fabio Contale, el policía que llegó a tal de puro colgao, igual que podía haber llegado a asesino o ladrón, se verá envuelto en varias investigaciones a la vez para averiguar quien asesinó a sus dos amigos de la infancia y la desaparición de Leila, una amiga de procedencia argelina a cuya familia conoció por cuestiones policiales y con la que trabó amistad por cuestiones humanas.
Las investigaciones se van enredando y van avanzando por las calles y los barrios de Marsella, 
Jean Claude Izzo
otro personaje fundamental y fascinante de esta novela. Una Marsella a la que "le había podido la tontería parisina. Se imaginaba capital. Capital del sur. Olvidándose de que lo que la convertía en capital era el hecho de ser un puerto. El cruce de todas las mezclas humanas". Una Marsella en donde se siguen dando esas mezclas humanas o, mas bien, una variedad de razas humanas que no se mezclan o se mezclan muy poco. Donde unos, muy homogéneos, y otros, muy variados, viven a ambos lados del muro invisible, pero muy patente, que separa la escasez de pigmentación, de las pieles más oscuras y atezadas; el elevado poder adquisitivo, del sobrevivir cada día como se puede; la educación controlada y en buenas escuelas, de la que da la calle y unos padres que bastante tienen con superar el bache de cada día; la prepotencia de sentirse en su sitio y favorecido por todas las leyes, del miedo al desarraigo, la expulsión y la discriminación.

Una ciudad en la que los que llegaron antes, en los años treinta y cuarenta, españoles, italianos... miran con recelo a los recién llegados. "Sólo sentirán odio por los más pobres que ellos. Y por todos esos que les comerán el pan. Arabes, negros, amarillos. Nunca estarían contra los ricos. Se veía ya lo que iban a ser. Poca cosa. En el mejor de los casos, los chicos, taxistas como su papá. Y la chica, peluquera. O dependienta del Carrefour. Franceses medios. Ciudadanos del miedo"
La Cannebière desembocando en el
Vieux Port de Marsella
Y frente a estos ciudadanos del miedo, asimilados a la clase media baja francesa, aunque nunca del todo integrados, se debaten los llegados más tarde, ciudadanos más oscuros, menos asimilables, sobreviviendo como pueden, creándose paraísos artificiales a base de drogas y alcohol que se sufragan con robos, tráfico, prostitución; y los capos de la mafia que explotan todas esas actividades para enriquecerse a costa de las miserias de los que muchas veces son sus compatriotas; y los que viven en las cités (forma acortada de la expresión cité ouvrière, que se refiere a las periferias de las ciudades francesas donde viven los inmigrantes y donde se da una alta tasa de paro), aquellos que se debaten, desde la infancia, entre lo malo y lo malo, que es lo único que les han dado a escoger.
Pero no siempre fue así. Durante la adolescencia de nuestros protagonistas, cuando eran asiduos de La Cannebière, "árabes ya había unos cuantos. Y negros. Y vietnamitas. Y armenios, griegos, portugueses. Pero eso no constituía un problema. El problema se planteó a raíz de la crisis económica. El paro. Cuanto más subía el paro, más se notaba que había inmigrantes".
La crisis ha sacado lo peor de cada lugar y de cada grupo social. Unos, con miedo a que les quiten lo poco que tienen, se defienden de los que aun tienen menos y se afilian al Frente Nacional (en muchos barrios obreros, los votos se reparten entre le Partido Comunista Francés y el Frente Nacional); los menos favorecidos se defienden con una actitud antisocial en la que cristaliza su protesta ante una sistema que no les da nada y con el que sienten, por lo tanto, que nada tienen que perder. (Parte de esa sociedad olvidada, de esos jóvenes sin esperanza y con poco futuro, serán captados más tarde por otros poderes, por otros intereses y darán lugar a uno de los problemas más acuciantes en que nos vemos hundidos en la actualidad; muchos de esos jóvenes, musulmanes, posiblemente no creyentes hasta el momento, abrazarán la religión con el fanatismo del converso y se servirán de ella, convirtiéndola en arma letal, para intentar hacer saltar por los aires ese sistema que los abandona y luego los olvida. Harán que sea imposible volver a olvidarlos. Pero
Barrio de la periferia de Marsella
para eso aún faltan unos años. Estamos a mediados de los noventa, aún están en pie las Torres Gemelas y en este mundo occidental vivimos felices e ignorantes de lo que se nos viene encima)

En esos barrios, en las cités azotadas por el paro, la droga y la delincuencia, trabaja Fabio, "cada vez menos poli. Cada vez más educador de calle. O asistente social. O algo así". En esos ambientes tendrá que buscar las respuestas a unos asesinatos que no entiende y se encontrará con que hay mezcladas demasiadas cosas. Venganzas del pasado con pasiones del presente; el racismo y la política; la corrupción y el miedo. Y siempre la traición, el engaño, los celos.
Fabio pondrá en juego su vida y estará a punto de perderla, pero finalmente conseguirá encajar todas las piezas y salir vivo. Magullado físicamente, derrotado emocionalmente porque ha perdido demasiado en la aventura, pero vivo.
La novela acaba bien. Al menos todo lo bien que puede acabar cuando sus personajes han sufrido tanto golpe real y figurado, tanto desengaño, tanta muerte literal y metafórica. Pero es que, al final, "en este jodido mundo, seguir vivo era, con todo, la cosa más bella".

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...