Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

viernes, 29 de diciembre de 2017

"Renacer de las cenizas" Akiko Mikamo


"Renacer de las cenizas" es una de las novelas que más me ha sorprendido en este año que está a punto de terminar. 
No soy muy aficionada la la literatura japonesa. Esta novela me fue ofrecida para su lectura y posible reseña (cuando se me encarga una lectura no hago reseña si no me gusta) por la propia editorial, Chidori Books. Al ver el nombre del autor (difícil en según que idiomas distinguir el género; luego resultó que era autora) y la portada, que me hizo pensar en aventuras fantásticas de las que tampoco soy muy fan, estuve a punto de rechazar la oferta. Entonces me dio por leer la sinopsis y pensé que tal vez podía interesarme.

"Hiroshima, 6 de agosto de 1945. El joven Shinji Mikamo y su padre disponen todo lo necesario para la demolición de su casa. Nada les hace sospechar que esa mañana se abrirán ante sus ojos las puertas del infierno, pues la bomba atómica estalla a escasa distancia del lugar donde se encuentran. [...] Renacer de las cenizas, historia biográfica real, escrita por una de las hijas del propio protagonista, no solo constituye un fidedigno testimonio que nos aproxima a los extraordinarios acontecimientos que se convertirán en hito indeleble de la historia del siglo XX, sino que también constituye un extraordinario ejemplo de superación personal y perdón, un mensaje de paz y amor para toda la humanidad".

Me gustó mucho más de lo que, en principio, imaginé. La historia de cómo Shingi Mikamo y su padre sobreviven y lo que el joven vivirá a partir de ese momento, me mantuvo enganchada a las páginas de la novela. 
Me gustó porque nada había leído acerca de este tema y este acontecimiento, tal vez el más horroroso acto que los hombres pueden cometer en contra de la vida de sus semejantes. No me atrevo a calificarlo con rotundidad como el más horroroso. No quiero comparar y hablar de peor o mejor cuando de sufrimiento humano se trata y el siglo XX nos dejó demasiado donde elegir.
Me gustó el mensaje de paz con que Shinji fue capaz de educar a sus hijas y que la autora del libro recuerda con las palabras de su padre:
"Akiko, está mal odiar a los estadounidenses. Sí, nos bombardearon, pero ellos no tienen la culpa. Tienes que fijarte en el panorama general que existía en el mundo en aquel momento. Es la guerra lo que hay que condenar. Quiero que crezcas, que aprendas inglés y conozcas otras culturas, y que te conviertas en un puente entre océanos para ayudar a la gente de diferentes orígenes y con distintas creencias a entenderse mutuamente, para que nadie vuelva a sufrir un bombardeo nuclear de nuevo".
Me gustó mucho leer esta novela y, mientras hacía la reseña para la Revista MoonMagazine, la iba recordando y me iba gustando más aún.
Si queréis leer esa reseña completa con todo el mundo de sensaciones que la novela me transmitió, acercaros a:



Allí encontrareis esta, que es mi octava colaboración con la revista. Para quien quiera acercarse a las otras siete, lo podrá hacer en este enlace.
Y ya que estáis allí, perderos un poco entre sus páginas y artículos. En cuestión de cultura está todo, y Txaro Cárdenas, su directora, estará encantada de llevaros a través de sus páginas y enseñaros todo lo que encierran.


martes, 26 de diciembre de 2017

"La cajita de rapé" Javier Alonso García-Pozuelo

Había visto esta novela en varias páginas de las que soy asidua y me había llamado la atención su evocadora portada y las sinopsis que iba leyendo. Pero hubo dos hechos muy seguidos en el tiempo que me arrastraron hacia ella sin que pudiera (ni quisiera) resistirme.
El primero de estos hechos fue verla en la entrada que preparó Txaro Cárdenas y con la que la Revista MoonMagazine participó en la III Semana Negra en la Glorieta que celebró del 21 al 27 de noviembre en el blog "Cita en la Glorieta". En esa publicación Txaro recomendaba algunas de las entradas que los reseñadores habíamos hecho en la revista a lo largo del año sobre novela negra . "La cajita de rapé" la había reseñado en MoonMagazine Inma García Ros el pasado mes de septiembre.
El segundo hecho tuvo lugar dos semanas después. A mediados de diciembre en MoonMagazine, se publicó una entrada en la que se recomendaban once novelas, casi todas policíacas, para regalar o leer estas navidades. Entre esas once novelas estaba "La cajita de Rapé". La publicación de MoonMagazine la podéis ver aquí.
Pues bien, da la casualidad de que el blog, "Cita en la Glorieta", en el que apareció la primera tentación acerca de este libro, es administrado por el propio autor de la novela, Javier Alonso García-Pozuelo quien, lógicamente, se sintió muy gratamente sorprendido al ver que su novela estaba entre las elegidas.
Como ya hacía tiempo que la veía y me atraía con una fuerza de gravedad propia, la tenía apuntada y esos artículos mencionados me dieron el empujón que necesitaba para empezar a leerla.

"Madrid, Villa y Corte, ciudad soñada por artistas y literatos de provincia, por hacendados y capitalistas de provincia, por embaucadores y tahúres de provincia. [...] Madrid, capital de un reino de tercera categoría que siglos ha fue un imperio, ciudad en la que usureros y mendigos de levita, doctores en jurisprudencia y analfabetos, agentes de bolsa, ingenieros y artistas, viven puerta con puerta o, por mejor decir, techo con suelo. Es este Madrid de Isabel II una ciudad de contrastes entreverados. Y el distrito sur de La Latina más si cabe". Y en el barrio de la Latina, al frente de la Comisaría del Distrito situada en la calle Tabernillas 17, como comisario jefe está José María Benítez. Está a punto de conseguir uno de sus sueños, otros muchos se quedaron por el camino, truncados definitivamente. Pero este, ahora, está al alcance de su mano como nunca lo había estado. 
Tabernillas 17 (2017)
La relativamente tranquila vida profesional de Benítez (la familiar es más convulsa, pero ya hablaremos de ella) se ve de pronto sacudida y sacada de sus placenteras rutinas de casi siempre, por un hecho que viene a sacudir a todo el distrito de la Latina y a parte de la gente bien de Madrid. 
Es una fría noche de otoño del año 1861 y se está celebrando la inauguración del despacho de vinos y licores del señor Ribalter. Despacho que puede abrir gracias al préstamo que le ha hecho, en calidad de socio, el banquero Don Juan Miguel de Monasterio. Allí se encuentra invitado José María Benítez, que "medita sobre la cantidad de alcohol que aún le queda por ingerir para poder olvidar el motivo por el que ha asistido a esta celebración". Y es que Benítez, a pesar del ambiente alegre y desenfadado que lo rodea, se ve acosado por el fantasma de la compleja y crispada situación política por la que pasa España. Gobierna el país Leopoldo O'Donnell al mando de Unión Nacional, un partido fundado a raíz de la revolución de 1854 y compuesto por una mezcla incomprensible entre lo más progresista dentro de lo moderado y lo más templado dentro de lo progresista. Se formó así un partido carente de ideología y formado, según Fernando de los Ríos, por "el confuso caos de todos los que se han arrepentido de amar demasiado o a la autoridad o a la libertad".

O'Donnell funda la Unión Liberal

Así las cosas, O'Donnell ha empezado a recibir andanadas de uno y otro lado, como es natural que le pase a quien intenta hacer equilibrios y mantenerse firme entre dos extremos que difícilmente van a llegar a una armonía llevadera. Los desacuerdos surgidos entre ambas facciones de la Unión Liberal, han llevado al cierre de las Cortes hace ya varios meses. Ahora, a punto de volver a abrirse el Parlamento, se teme que O'Donnell pierda los apoyos que necesita para gobernar. 
Este ambiente de temor y provisionalidad expectante hace que "en las oficinas del Estado se examin[a] con lupa la actitud de todos y cada uno de sus empleados. Y el inspector Benítez, mal que le pese, no es una excepción". No olvidemos que estamos en la época triste y muy literaria de "los cesantes", cuando el trabajo de los empleados públicos dependía de quien gobernara. A Benítez ya lo cesaron los moderados en 1856 y si pudo recuperar su trabajo fue gracias a la Unión Liberal.
Benítez no está disfrutando mucho de la fiesta, pero eso está a punto de perder importancia porque de la fiesta será sacado por Fonseca, su hombre de confianza en la comisaría: "Una desgracia, inspector[...] Se ha cometido un robo en el distrito. En la carrera de San Francisco. [...] Han robado en casa de los Ribalter y una criada del servicio ha resultado muerta".
A partir de ese momento se desencadena toda la investigación que llevarán a cabo por le distrito de la Latina, Benítez y sus hombres. Son estos hombres que apoyan al comisario y en los que confía totalmente, Fonseca, Carmona y Domínguez. A ellos se unirá y se ganará el respeto y la confianza de Benítez el recién llegado, Ortega, nombrado secretario de la comisaría en lugar de Fonseca que era el más adecuado por méritos y posición, y el que Benítez prefería. Pero las decisiones que se cuecen arbitrariamente y al calor de los favores en los despachos mejor amueblados del país, "el nombre del elegido viene directamente del Ministerio de Gobernación", ni son de la incumbencia ni pueden ser modificados por quien depende asimismo de otros despachos igual de bien amueblados y muy relacionados con los anteriores. 
Carrera de San Francisco (2017)
Con un conocimiento extraordinario del Madrid de la época, tanto en lo que se refiere a tema urbanístico y de trazado de calles como en lo referente al clima social de finales del XIX; con un lenguaje sumamente versátil que se adapta con igual acierto a todo tipo de personajes adoptando el vocabulario y los modismos de cada uno de ellos; con una naturalidad que atraviesa toda la novela y la hace fluida y permite que la leamos como si de una crónica de la época se tratara, Javier Alonso García-Pozuelo nos va metiendo en una historia realmente intrigante en la que encontraremos todos los tipos sociales imaginables. Aristócratas y burgueses enriquecidos con sus boyantes negocios; profesionales con sus tertulias de café  elegante que discuten con gran diversidad de opiniones las circunstancias políticas y la próxima apertura de las Cortes; viudas recatadas y bailarinas mantenidas; sicarios y malandrines superando la miseria con cualquier cosa que se les ponga a tiro. 
Y siguiendo a tan variopintos personajes, entraremos en los escenarios más variados del Madrid de 1861, palacios y enormes casas, cafés elegantes y teatros de todo tipo, corralas castizas y pisos húmedos e insalubres.
A la vez que se nos presentan todos los tipos y ambientes creados por una sociedad convulsa, injusta y atrasada, se nos muestra un país que produce escalofríos; un país que parece que nunca cambia más que en las apariencias y lo accesorio mientras mantiene inmutable lo real, lo que forma su esencia más profunda. Y es que más de 150 años después, los inicios del reinado de Felipe VI no son tan distintos de los finales del reinado de su antepasada Isabel II. "España sigue siendo hoy, igual que hace un cuarto de siglo, un país de pandillas, banderías y fanáticos. Un país de ciegos que se apalean entre sí por procurarse un pedazo del presupuesto. Un país en el que, a fuerza de repetirlo, no son pocos los que han terminado creyéndose libres"
Y a todo esto acompañaremos a Benítez en su vida profesional y personal. La primera es motivo de preocupación y de frustración para el policía. Está a punto de ser nombrado Inspector Especial de Vigilancia de Madrid ante la próxima salida del cargo de su actual detentador, Antuñano, debido a una enfermedad muy de la época. Ese puesto es el sueño de su vida, pero las condiciones que le son impuestas para acceder a él son algo a lo que Benítez no está dispuesto a someterse por lo que renunciará al puesto y se resignará a jubilarse en el cargo que ocupa ahora. 
Javier Alonso García-Pozuelo
Su vida privada va a permanecer, en gran parte envuelta en el misterio. Tiene tres hijas, Carlota, su hija casada en Badajoz, de la que tiene un nieto y con la que existe algún problema que tan sólo se insinúa; Matilde, su hija casada de Madrid, de la que está a punto de tener otro nieto y, finalmente, Eugenia, su hija soltera, más rebelde y díscola que sus hermanas mayores. Tiene también un sobrino, que le da las alegrías que le hubiera dado el hijo que no tuvo, y un cuñado que le complica la vida con sus mala cabeza. Y, siempre en el recuerdo, tiene a su mujer, muerta en circunstancias que, tiempo después, siguen doliendo a Benítez con la angustia de la culpa y el remordimiento. Algo pasó en Badajoz, algo que no se nos cuenta y que hace que quedemos esperando la siguiente entrega del comisario Benítez. "Bebe otro trago y deja de darle vueltas al pasado. Vas a cumplir cincuenta y tres. Aún te queda mucha vida por delante. ¿Vas a pasarte el resto de tus días pensando en lo que sería de ti y tu familia de no haber aceptado aquel puesto en Badajoz?"

*Las fotos de la Carrera de San Francisco, donde tuvo lugar el crimen, y de Tabernillas 17, donde estaba la comisaría de la Latina, son de Paloma Celada, Kirke, que se pateó el barrio tras leer la novela y que amablemente me las ha cedido. 



domingo, 24 de diciembre de 2017

Hoy es Nochebuena. Felicidades con relato.


Desde "Cuéntame una historia" quiero desearos una muy feliz Navidad a los que estáis siempre ahí con vuestros comentarios, a los que leéis sin comentar, a los que nos entretenéis, divertís, ilustráis y nos hacéis el mundo un poco más vivible y asumible con cada nueva entrada de literatura, cine, pintura, música o reflexiones personales.
Muchas gracias a todos. Me gustaría hacer una de esas ilustraciones con todos vuestros nombres, pero por desgracia, no me fío nada de mi memoria y sé que sois tantos que alguno se me pasaría. Por eso me conformo, y tendréis que conformaros, con haber hecho la postal de arriba yo misma de principio a fin (salvo pequeños motivos navideños cogidos de la red). 
Como regalo, os entrego también mi último relato que me ha salido con tema navideño.
Un enorme beso a todos.

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Hoy es Nochebuena, aunque cualquiera diría que lo es desde hace meses. Cada vez el ambiente navideño comienza antes. Faltaba casi un mes y ya encendieron las luces en la ciudad. Y eso no es nada. En los supermercados hace ya semanas que los turrones y mazapanes llenan los estantes, y las bolas, el espumillón y las estrellas aparecen en los escaparates de todo comercio que se precie.
Cuando era un niño me gustaba mucho la Navidad. La celebrábamos en casa de mis abuelos con los tíos y los primos. Nos juntábamos cerca de veinte personas de cuatro generaciones. Hasta que murió mi bisabuela y las generaciones quedaron en tres. Todo eran risas y bromas. Mucha alegría, mucho cariño.
Después del bache descreído y escéptico de la primera juventud, llegó un segundo período. La ilusión de mis hijos hizo renacer en mí la ilusión que había perdido al perder mi infancia. Volvió la magia de la Navidad porque lo que se perdía al desaparecer las generaciones pasadas, se recuperaba con las nuevas generaciones. Mi mujer era una entusiasta de estas fiestas. Adornaba la casa con un gusto elegante. La perfumaba con esencias especiadas que llenaban el ambiente de un olor que solo podía ser pura Navidad volátil. Sonaban suave, pero continuamente los villancicos. Se pasaba muchos días en la cocina haciendo dulces navideños y,  al de los esencieros de especias, se unía el olor de la naranja confitada, la almendra, la ralladura de limón y la miel. Ella misma hacía el roscón la noche de Reyes para que lo tuviéramos reciente para el desayuno. Todos los entrantes, canapés y platos especiales que se comían esos días, los elaboraba ella en la cocina de casa. Nada se compró nunca hecho.
… Se hace tarde. La cena es a las nueve. No me gusta ir allí a pasar la noche, pero hoy hace demasiado frío y los recuerdos serían muy dolorosos para pasarlos en soledad. Además, también me gusta comer caliente de vez en cuando. Hoy es Nochebuena. A ver con qué novedad nos sorprenden esta noche tan especial en el albergue.

Este relato se ha presentado al II Reto "Una imagen, un relato" de la Comunidad de G+ "Escribiendo que es gerundio". El relato tenía que estar relacionado con la imagen que encabeza la entrada.


jueves, 21 de diciembre de 2017

"Un hombre soltero" Christopher Isherwood (1964) & Tom Ford (2010)

Contrariamente a lo que acostumbro a hacer, en esta ocasión he visto la película antes de leer el libro. Tengo este pendiente desde hace mucho tiempo y no estaba entre los prioritarios. No por nada especial, sencillamente van llegando nuevos autores y lecturas y otros se van quedando rezagados. De Christopher Isserwood, el autor de "Un hombre soltero" en su versión literaria, leí hace años "Adiós a Berlín" una de sus obras más conocidas por ser la que sirvió de base para la famosa película "Cabaret" que, dirigida por Bob Fosse, se llevó nada menos que ocho Oscar, de los diez a los que estaba nominada, en la edición de 1972. Oscar a los que hay que añadir siete premios BAFTA y los Globos de Oro. Una película que ya es un clásico y que me imagino que todo el mundo, a poco que le guste el cine, habrá visto al menos una vez. Yo creo que ya han sido tres las veces que la he disfrutado.
Pero no es de "Cabaret" de lo que quería hablar hoy. Cuando "Un hombre soltero", novela, estaba ya, no voy a decir que olvidado, pero sí un poco postergado, se me cruzó la película por delante y me decidí a verla. Colin Firth y Julian Moore eran estímulos suficientes para no dejarla pasar.
La película me gustó tanto, que no pude evitar rescatar el libro de su posición imposible en mi lista de pendientes y ponerlo en primer lugar. 
Pensaba empezar la reseña por la película por ser lo primero que a mí me llegó, pero no he sabido hacerlo por lo que he dado marcha atrás y he decidido empezar por la novela que es, a fin de cuentas, el origen de la historia, de la dura historia que es "Un hombre soltero".
George Falconer es un profesor universitario, ya maduro, que tiene que enfrentarse a la soledad y sacarse adelante a sí mismo con gran esfuerzo cada día. Vive solo en su casa de Los Ángeles, "Es una casa pequeña, bien aprovechada. A menudo se siente protegido por su tamaño reducido. Apenas si hay espacio para sentirse solo. Sin embargo..." sin embargo George se siente absoluta y definitivamente solo porque puede imaginar  dos personas viviendo en esa casa diminuta, puede recordar dos personas afeitándose codo con codo, cocinando, cruzándose en la puerta de la cocina cargados de platos y es ahí, justo en la puerta de la cocina, cada día cuando recién levantado se dispone a desayunar, dónde se abre un abismo ante sus pies y siente que el camino por el que debería transitar ha sido cortado brutal y abruptamente, tan brutal y abruptamente como se cortó su vida cuando, hace ocho meses, Jim, su compañero durante dieciséis años, murió en un accidente de tráfico mientras visitaba a su familia en Ohio. Y George, que ha compartido su vida con Jim durante tantos años, que contaba con seguir compartiéndola idefinidamente (al fin y al cabo, Jim era mucho más joven que él), se encuentra de pronto con la tarea, dura e inesperada, de enfrentarse al resto de su vida sin apoyos, sin más ayuda de la que Jim le proporciona en su propia imaginación donde se resiste a prescindir de él y donde, de manera un poco ingenua, sigue compartiendo con él sus pensamientos e ideas. 
Christopher Isherwood
George vive en Los Ángeles y estamos en 1962. George vive en Camphor Tree Lane, una calle en la que quizás, antes de urbanizarla, crecieran los alcanforeros, antes de los años veinte, cuando se fundó la colonia de residentes que, desde entonces, ha cambiado mucho. Ahora la forman familias felices con niños sanos, que preparan barbacoas conjuntas y se sienten "orgullosos y contentos. Pues hasta el más insignificante de ellos coparticipa en la utopía americana, el reino de la buena vida sobre la tierra".  Una utopía que ha estado a punto de saltar por los aires, pues hace tan solo un mes que Khrushchev ha sacado sus misiles de Cuba y que la población asaltaba los supermercados con la intención de acaparar agua y alimentos. Tal vez por eso, a pesar de su orgullo y satisfacción, los habitantes de Camphor Tree Lane tienen miedo, aunque no se den cuenta. George sí lo nota y se pregunta de qué tienen miedo, y se responde a sí mismo; tienen miedo de lo que desconocen, de lo que puede esconderse más allá de su empeño en ignorarlo pero que antes o después saldrá a la luz y se empeñará en hacerse consciente: la vejez, la muerte, la fealdad, la enfermedad, la soledad... "Entre otras muchas clases de monstruos, piensa George, me tienen miedo a mí, tan poca cosa"
El miedo es un tema recurrente en la novela. El análisis del libro de Aldous Huxley "Viejo muere el cisne", y el coloquio a que da lugar en clase con los alumnos acerca del miedo, de las minorías, de lo desconocido, deja motivos para reflexionar durante horas. "Los nazis no tenían razón al odiar a los judíos. Pero su odio no carecía de causa. Nadie odia nunca sin causa". Y esa causa es el miedo, el temor a lo que esa minoría pueda suponer  de amenaza al modo de vida de la mayoría. Estamos en 1962 y el sueño americano acaba de ser amenazado. Y cuando la estabilidad y los sueños son amenazados, surge el miedo y con él el odio ante lo que se siente como una amenaza, miedo a los negros, miedo a los comunistas, miedo a los homosexuales... 
Miedo a lo diferente, a lo que no entendemos e interpretamos con cautela, con las reservas típicas de lo que nos causa recelo "Los europeos nos llaman inhumanos [...] porque hemos renunciado a su mundo de las diferencias individuales y de la ineficiencia romántica, de los objetos-por-amor-a-los-objetos [...]Dormimos en alcobas simbólicas, tomamos almuerzos simbólicos, nos divertimos simbólicamente... y esto los aterroriza, los llena de furia y aversión, porque no pueden llegar a entenderlo". ¿Miedo también entre americanos y europeos? George, como Isherwood, sabe de lo que habla porque él es inglés
También es inglesa Charley, su amiga y compañera de soledades y pérdidas. Ella se plantea cada poco volver a Inglaterra donde tendría que vivir con su hermana, pero cada vez que se lo plantea, sabe que nunca se decidirá. Sabe que nunca podría volver a ser feliz allí.
La novela, publicada en 1964 y contemporánea por tanto de los hechos que narra, es una reflexión constante sobre el modo de vida americano, ese sueño recurrente, que cada pocos años, más o menos periódicamente, se transforma en pesadilla; que es una pesadilla constante para algunos de sus habitantes menos favorecidos por numerosas circunstancias, a cada uno la suya, que les hacen caer del lado de las minorías amenazantes.
La edición que yo tengo (debolsillo) incluye una entrevista que Winston Leyland le hizo a Christopher Isherwood en 1973 para la revista Gay Sunshine, de la que Leyland era director. Recomiendo no perdérsela porque en ella se nos muestran muchos matices de Isherwood, de su vida en Alemania, de su familia, de su visión del nazismo, de su homosexualidad, de su vida en Estados Unidos...

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 La película fue dirigida en 2009 por Tom Ford, un hombre curioso y polifacético que ha diseñado ropa para Gucci e Yves Sain Laurent y que, actualmente, compagina la dirección de películas con el diseño de moda para sus boutiques y para las estrellas en la alfombra roja. Una película en la que, técnicamente, se ha alcanzado una rara perfección. Los decorados, el vestuario, la iluminación, la fotografía, los planos, la dirección artística, la música... todo ello en su sitio, sin que sobre ni falte nada, dotado de una belleza inquietante, como inquieta todo lo que se sale de la norma y consigue conmovernos con su exquisita y excelsa elegancia. 
Artísticamente, nada que envidiar a la técnica. Las interpretaciones de Colin Firth y Julianne Moore están a la altura de ellos mismos y poco hay que añadir porque ya todos sabemos de su calidad como actores. Los gestos y cambios de expresión, y las emociones que Colin Firth es capaz de transmitir cuando se le comunica la muerte de Jim, o su monólogo sobre el miedo, en su clase de la facultad, son excepcionales; son escenas dignas de un actor de su categoría.
Por lo que se refiere al contenido, siendo básicamente el mismo de la novela, no deja de tener sus peculiaridades que lo distinguen del libro y, aunque me ha gustado más este, no se puede negar que los matices de los que la película dota a la historia, resultan una revisión sumamente interesante. En esta visión cinematográfica de "Un hombre soltero", la ausencia de Jim y la sinrazón de la existencia que provoca en George, cobran protagonismo. En la novela vemos a George intentando superar la depresión. A pesar de su pesimista visión del mundo, de su soledad amarga y de la pérdida de su amante y compañero, George se siente feliz de pertenecer al mundo de los vivos, otra minoría que, en este caso, se siente superior a la mayoría: ese infinito conjunto de todos los seres que ya no pertenecen a los vivos entre los que se encuentra Jim. George lucha por salir adelante y lo consigue... al menos en la parte que depende de él.
Tom Ford
En la película, la situación de George se nos manifiesta mucho más deprimente. Se ve maduro, siente que le queda poca vida y que esta se le escapa deprisa y con pocos alicientes para seguir enganchado a ella. La ausencia de Jim le dificulta el hecho de asumir su propia decadencia que él ve en aumento, porque además la tarea de enfrentarse solo a ella se le hace insoportable.  

Han pasado ocho meses, pero "durante los últimos ocho meses, despertar ha sido doloroso. La fría certeza de que aún estoy aquí, me invade lentamente" y es que hay pérdidas de las que uno nunca se recupera. Se juega a recuperarse y, por momentos, uno cree que lo consigue, se cree su propio juego y, como los niños que mientras juegan confunden la ficción con la realidad, se llena de optimismo y de siente pletórico de éxito y de curación, pero pronto se deshace el hechizo y, entonces, la caída duele más porque se cae de más arriba, de una nube, no por irreal menos elevada.


Colin Firth y Julianne Moore

George, al principio de la película, nos insinúa que este es su último día de vida. Lo vivirá como siempre, como si fuera un día más. Dará sus clases en la facultad, cenará con su amiga Charlotte que recibió sus lágrimas cuando supo la noticia de la muerte de Jim y que siempre ha estado ahí para recibir su amistad y algún desplante.
Asistiremos a su día y sabremos de su particular visión del mundo que le rodea, pero notaremos, mucho más que en la novela, la influencia que la pérdida de Jim y la depresión tienen en sus reflexiones. Iremos siguiendo su día ayudados por los relojes que van apareciendo en escena y marcando el lento discurrir del tiempo que acompaña al personajes mientras su jornada transcurre.
Pero a medida que vive su día despidiéndose en su interior del mundo y de la gente que le rodea, irá encontrando vida a su alrededor, irá descubriendo la posibilidad de darse una oportunidad y volverá a encontrar un sentido a la existencia y ganas de seguir adelante.
"Unas cuantas veces en mi vida he experimentado momentos de una claridad meridiana, en los que, durante unos breves segundos, el silencio ahoga el ruido y puedo sentir en lugar de pensar. Y todo parece muy definido y el mundo claro y fresco, como si todo acabara de nacer. Es imposible hacer que esos momentos duren. Yo me aferro a ellos, pero se desvanecen como todo. He vivido mi vida en esos momentos. Ellos me transportan de vuelta al presente. Y entonces me doy cuenta de que todo es justo como tiene que ser".

Esta novela entra además en el reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990, concretamente, "Un hombre soltero" es de 1964.


lunes, 18 de diciembre de 2017

Nueve tipos de personas para los que encontrarás aquí un regalo navideño y literario



Vienen unas fechas en las que lo más típico, aparte de las comilonas (iba a decir infrahumanas, pero en realidad son más bien para superhumanos), lo siguiente más típico son los regalos que se reparten a troche y moche y para los que ya nos falta cabeza, ideas y discernimiento.
Aquí podéis encontrar novelas para regalar a todo tipo de persona y cuando digo todo tipo, creo que pocos me van a quedar por mencionar, por lo que casi digo la verdad.
Vamos con la clasificación. Ya vosotros sabréis a qué tipo corresponde cada uno de vuestros amigos o familiares.
Tipo número 1: la mujer de tu mejor amigo que se queja de que en las novelas negras solo salen detectives alcohólicos y deharrapados, escoria de una sociedad civilizada. Aquí hay novelas con detectives de todo tipo incluso de buena familia, bien vestidos y siempre sobrios. Hasta hay novelas sin detectives.
Tipo número 2: la hermana que se pone estupenda y dice que ella novela policíaca o negra o thriller, ni loca, vamos; ella solo lee "cosas serias". Aquí hay novelas que la convencerán de que la literatura negra y policíaca es una cosa muy seria e interesante.
Tipo número 3: el primo segundo de tu novio, un poco plasta él, que dice que con los problemas que hay en el mundo, es inmoral escribir solo para entretener sin preocuparse de esos problemas. Las novelas que aparecen aquí le demostrarán que además de entretener, nos sumergen en el mundo actual con todas sus miserias y sus grandezas.
Tipo número 4: el amigo amante de la novela histórica que si no le sacas de estos turbulentos y poco atractivos tiempos y le sumerges como poco en el siglo pasado, te dice que todo ha perdido el interés de antaño. Aquí hay historias ambientadas en épocas diversas: siglo XIX, principios del XX, mediados del XX. y en episodios históricos variados.
Tipo número 5: el compañero de trabajo experto y un poco snob, que dice que la novela policíaca que se hace en España es muy mala. La mayoría de las novelas que tenemos aquí, están escritas por escritores españoles que le demostrarán que no tenemos nada que envidiarle a nadie en cuanto a buenos escritores de todo tipo, negra y policíaca incluida, que saben escribir historias de una negritud insoslayable.

 Gente leyendo (André Kertész 1971)

Tipo número 6: para el sobrino que estudia hispánicas, un poco bisoño él, que dice que la novela negra es el refugio de los que no saben escribir y que suele adolecer de muchas faltas en contra la sagrada lengua española. Aquí hay novelas tan bien, pero tan bien escritas, que una se pone a subrayar y no para; hasta poesía en prosa se encuentra aquí.
Tipo número 7: para una tía abuela del novio de tu primo que piensa que la novela negra es frívola, alejada de la realidad y sin el más mínimo atisbo de crítica ni criterio social. Aquí se sorprenderá al leer novelas en las que el autor disecciona situaciones políticas y sociales con la clarividencia de los seres abiertos de mente y la crueldad de quien no contemporiza con nada ni con nadie que no lo merezca.
Tipo número 8: para tu padre que, como mayor, se ha vuelto escéptico y desconfiado y dice que los autores de novela negra solo buscan ganar dinero intentando apuntarse al bestseller de cada temporada. Aquí le podrás demostrar un puñado de buenos autores, que no se han forrado ni, probablemente, se forrarán; sus novelas no son las más vendidas, pero merecerían serlo porque son muy buenas novelas. 
Tipo número 9: el cuñado que no ha leído un libro en su vida y encima ya tiene uno (se lo regalaste tú el año pasado), pero no tienes ni idea de qué otra cosa regalarle este año. Aquí hay un puñado de historias capaz de engancharle desde la primera letra. Aunque tiene que empezar a leer, claro.
Tipo número 10: para tu hermano el mayor que cada vez está más sensible y dice que la novela negra le deprime porque cuenta historias muy duras y él ya no está para sufrir. Aquí es posible que no encuentres nada para él. La vida es dura y hasta la novela negra más divertida y con más humor, le va a poner ante la cruda realidad de algún ser poco favorecido por los astros. Tendrás que consultar otra página, otro género, otro regalo.

Otro al que no debéis regalar novela negra

Y os preguntáis, pero bueno, ¿dónde es "aquí"? Esta mujer no habla más que de lo que vamos a encontrar "aquí" y nadie sabe qué es ese "aquí". Tenéis razón. Quizás debí empezar por ahí, (o por aquí). Bueno, ya. "Aquí" es aquí: 


El recopilatorio que ha hecho MoonMagazine con once novelas que recomendamos en nuestros propios blogs once de sus reseñadores.
"Lo sabes muy bien. En MoonMagazine tenemos absoluta fascinación por la novela negra, el thriller y el policial, y no le hacemos ascos al buen suspense y a las tramas de misterio. 
Nuestros amigos reseñadores también han apostado por la literatura de género en un año que se ha distinguido por un excelente nivel literario, y que, humildemente, también hemos intentado reflejar en las reseñas de MoonMagazine.
Y es a ellos (a nuestros amigos reseñadores) a quienes hemos sondeado para crear esta lista para ti, lector.
Considérala nuestro regalo navideño". (MoonMagazine dixit)
Y el mío.


viernes, 15 de diciembre de 2017

"La uruguaya" Pedro Mairal

"Me dijiste que hablé dormido. Es lo primero que me acuerdo de esa mañana. Sonó el despertador a las seis. Maiko se había pasado a nuestra cama. [...]

—¿Querés que te haga un café?

—No, amor. Sigan durmiendo.

—Hablaste dormido. Me asustaste.

—¿Qué dije?

—Lo mismo que la otra vez: «guerra»".
Pedro Mairal era un autor totalmente desconocido para mí cuando una amiga, que la había visto en "El Cultural" de El País, con motivo de la entrega del premio Tigre Juan en Oviedo, propuso esta novela como lectura para la tertulia del instituto en el que trabajo. No conocía de nada a Pedro Mairal, como digo, pero fue empezar a leer "La uruguaya" y quedar enganchada en su lenguaje porteño, en su historia real y dolorosamente cómica, en sus reflexiones, en esos episodios que se van abriendo ante nosotros y nos van explicando las causas del desastre que poco a poco vamos intuyendo
La novela cuenta un día en la vida del escritor Lucas Pereyra; desde que suena el despertador a las seis de la mañana hasta que vuelve a entrar en su casa, tarde por la noche. Durante todas esas horas ha viajado a Montevideo, ha hecho maravillosos planes económicos y románticos, ha recordado hechos del pasado y ha adelantado episodios futuros. Un día que será como un sueño que poco a poco se va haciendo más real, menos onírico por sombrío y complicado, hasta terminar despertando en una pesadilla que dará lugar a la situación actual de Lucas un año después de los hechos. ¿O será que se ha ido durmiendo y el sueño, que empezó bien, como corresponde a un sueño, se ha ido enturbiando hasta devenir en una pesadilla de la que aún no ha conseguido despertar?
Un año después, Lucas se ha adaptado, ha tenido que adaptarse, a su nueva vida y va encontrando de nuevo la estabilidad de la que huía sin saberlo (aunque quizás sí lo sabía) cuando se fue a Montevideo. ¿O acaso no huía inconscientemente de esa asfixiante situación entre dos que supone compartirlo todo? "Mismo lugar, mismas rutinas, misma alimentación, vida sexual simultánea, estímulos idénticos, coincidencia en temperatura, nivel económico, temores, incentivos, caminatas, proyectos… ¿Qué monstruo bicéfalo se va creando así? Te volvés simétrico con el otro, los metabolismos se sincronizan, funcionás en espejo; un ser binario con un solo deseo. Y el hijo llega para envolver ese abrazo y sellarlos con un lazo eterno. Es pura asfixia la idea". O tal vez no huía y sencillamente pensaba que todo quedaría en la infidelidad puntual, la que se desconoce y no altera la rutina y deja todo como estaba y al matrimonio caminando por la misma vereda, compartiendo huella y futuros desencantos.
Cuando emprendió su viaje aquel día, iba a cobrar quince mil dólares por unos trabajos literarios en España y Colombia. Por cuestiones del cambio de moneda (en Argentina se le hubiera quedado en menos de la mitad), los recibe en Uruguay, donde ha abierto una cuenta, y los pasa a Buenos Aires clandestinamente. Pero también va con la intención de encontrarse con Guerra, una mujer a la que conoció hace un año en un Festival Literario en Valizas; una mujer a la que después de aquel Festival solo ha visto otra vez; una mujer con la que cree que, por fin, podrá culminar el acto de deseo que cada vez, tan solo dos, se ha frustrado entre ellos. 
Lucas cree que esta vez es la definitiva. Por fin podrá coger a Guerra; o coger con Guerra, que nunca he tenido clara la preposición que se utiliza, más allá del océano, para esta expresión tan gráfica de lo que es... coger
Lo malo es que habla en sueños y ha dicho "guerra". O eso cree él que ha entendido Cata, pero, como sabrá más tarde, Cata ha leído su mail, el que mandó a Guerra para decirle que va a Montevideo y que si pueden verse a las dos. Y Cata termina sabiendo que guerra es Guerra y que es una mina con la que se ha citado su esposo en su viaje a Uruguay para proveerse de dinero.


Pedro Mairal

La situación entre Lucas y Catalina está en declive. Él piensa que ella le es infiel, tal vez con un médico de su lugar de trabajo (es la directora de desarrollo de la Fundación Cardio Life). Y ahí es donde Lucas comienza a desbarrar acerca de los médicos, en un genial monólogo tan lleno de ira, resentimiento y caprichoso berrinche como carente de lógica y sentido. Un discurso en el que, como gremio al que pertenece quien cree que se coge a su mujer, los médicos salen muy, pero que muy mal parados. Y si no, juzgad vosotros mismos porque no me puedo resistir a poner gran parte de la reflexión. "Hijos de puta, abusadores matacaballos, carniceros prepagos, sumando comisiones de cesáreas innecesarias, atrasando la operación para después de su semanita en Punta del Este, maltratadores seriales, ladrones del tiempo y la salud, ojalá les llegue un infierno eterno de sala de espera con revistas pegoteadas, aprovechadores parados en su columnata griega, te vas a aplicar la crema en el área pruriginosa, ¡hijo de un camión lleno de putas!, ¡el área pruriginosa!, por qué no decís «el lugar donde te pica», la concha de tu hermana, reverendo sorete grandilocuente…".
Un año después de los hechos, Lucas rememora aquel día, aquel viaje a Montevideo, un preciso momento de su vida en el que se nos cuenta a sí mismo como es , como ha sido y como será en un curioso juego de espejos que reflejan todos los tiempos verbales. No destripo nada, desde las primeras páginas sabemos que su mujer es consciente de su infidelidad o al menos la sospecha; "entonces escribí el mail que vos encontraste más tarde:
«Guerra, estoy yendo. ¿Podés a las 2?»". El peligro de las nuevas maneras de comunicarse es que facilitan mucho los encuentros, los mensajes, las conversaciones... las citas. Pero nos dejan inermes, a poco que nos descuidemos, ante la curiosidad ajena, ante la sospecha. El respeto debido a la intimidad del otro, raramente resiste la desconfianza ante la duda de infidelidad. 
"La uruguaya" está escrita en segunda persona. Lucas habla con Cata y le va contando todo lo sucedido aquel día. Nos lo va contando a nosotros. Se va perdiendo en recuerdos, en anhelos y frustraciones. Nos lo cuenta con un gran sentido del humor; con la grandeza de quienes emplean el sentido del humor para reírse de sí mismos "la vi llegar con pareo, bikini celeste, zapatillas. [...] De día era todavía más guapa. ¿No estaba un poco fuera de mi liga? Pensé que mis chances dependían de meter panza y confiar en mi aura dudosa de escritor argentino. Podía fallar";
con el convencimiento, más que resignación, de que todo lo que se estropeó aquel día en su vida, ya entonces era imposible, ya caminaba por un sendero en cuyo final se presentía la derrota, y los hechos de Montevideo solo fueron el contacto con la pólvora de una llama que se había encendido mucho antes. 
La llama se encendió tal vez en su temprana juventud, cuando decidió jugar a hacerse el descarriado, apostar a la bohemia, "era un lujo más. El hijo sensible de la alta burguesía. Pero el precio de mi bohemia se empezaba a pagar ahora. Era a largo plazo". Y cambió de barrio y privó a su hijo de los lujos que conoció él en su infancia: la nieve, el inglés, Europa, los buenos colegios.
Y, ahora en este año pasado desde aquel martes, ha seguido el resbalar y "no más auto. Maiko en la escuela pública", aunque el niño se ha adaptado a la situación, y ese simplificar, ese desposeerse de cosas, resulta agradable cuando con ellas te despojas del precio vital que cuesta mantenerlas. 
Ha pasado un año y Lucas ha aprendido a vivir de otra manera a conformarse con lo que es capaz de alcanzar. "Entendí que prefería tocar bien el ukelele que seguir tocando mal la guitarra, y eso fue como una nueva filosofía personal. Si no podés con la vida, probá con la vidita".



martes, 12 de diciembre de 2017

"Taxi" Carlos Zanón

"Le llaman Sandino, pero ése no es su nombre. Es un mote. Fue una broma y hoy es quizá una capa de mago. Sandino es el recuerdo de una lealtad. De una banda, de un disco triple, de tener diecisiete años. Sandino es una torpeza porque él ya sabía que el tiempo no iba a demostrar que ese disco era mejor que su predecesor".
Pero Sandino se llama Jose (no José) y va necesitando (son cosas que se necesitan con la edad) recuperar su nombre verdadero, el que escogieron sus padres, el que se utiliza para amarle e incluso para odiarle y maldecirle.
Sandino es taxista, tiene una mujer, tiene padres y tiene una abuela a la que incinerar. Pasea su insomnio por las calles de Barcelona y se tumba sobre la arena de la playa de El Prat a ver pasar los aviones nocturnos. Todo con tal de no volver a su casa porque Lola le va a dejar, pero para eso tiene que hablar y no podrá hacerlo si él no está presente para escucharla.
Seguiremos a Sandino en esta especie de road movie por las calles de Barcelona, en su deambular con el taxi a lo largo de seis días. Seis días como las seis caras del disco triple, seis días en los que saltará del trabajo a las ocupaciones familiares, seis días en los que transportará las cenizas de su abuela y las llevará de turismo por Barcelona, mientras trabaja, mientras sale de copas, mientras intenta solucionar los problemas de una amiga y se va metiendo cada vez más y más profundamente en un asunto turbio, peligroso, ilegal. Y en sus propios recuerdos, sus añoranzas, sus miedos y su valor.
Porque "Taxi" es una novela negra, con toda la carga social y humana de la novela negra, pero también con toda su negritud; negra como la suerte que se ha ido labrando Sandino a base de no apreciar lo que tiene ni luchar por lo que desea. Sandino quería ser escritor, pero hace ya muchos años que no escribe. Ahora solo lee, continuamente, en cualquier situación. 
Sus dos abuelos, así como su padre y su hermano, fueron taxistas y él quiso huir de ese estigma, quiso librarse de ese destino al que está abocada su familia, una familia  "que nunca ha tomado parte en revoluciones y contrarrevoluciones. Jamás iniciaron o evitaron guerras, pero han ido a todas y han perdido la mayoría y se han pasado de bando a la primera ocasión para comer caliente en casi todas. Ni épica ni galones". Él, por el contrario, es proclive a todo tipo de rebeldías, tal vez no revoluciones, pero sí rebeldías. Por eso es infiel, por eso huye de Lola. Huye porque cree que va a dejarle y él no quiere que le deje, pero tampoco está muy dispuesto a cambiar de vida, ni a dejar de intentar ligar con "llámame Nat", ni a olvidar a Verónica, su gran amor que huyó de él y de su marido y debe de estar por Madrid escondiendo algo que le robó o que le negó o que le escatimó.


Carlos Zanón

Sandino pasea las cenizas de su abuela y mientras las lleva de acá para allá siguiendo los mandados paternos se encontrará con parte de la historia secreta de esa mujer que no supo querer a nadie, pero tal vez le quiso más que a nada. Y nos veremos envueltos en episodios de vodevil un tanto macabros, pero con tal sentido del humor que estallaremos en carcajadas. "No sé cómo decir esto, [...] para que parezca menos gilipollas de lo que es, pero creo que aquí sólo hay un cuarto de mi abuela". Y como no puede presentarse ante su padre con tan solo un cuarto de su abuela, acudirá a que alguien le ayude a corregir el desaguisado y volveremos a soltar la risa explosiva porque... eso lo dejo para que lo disfrutéis cuando os acerquéis a este libro.
Unas pinceladas de humor e ironía que recorren todo el libro y que hacen más manifiesta y descarnada la situación de todos los personajes que pululan alrededor de Sandino: de su amigo Ahmed que sufre por su hermano al que ve perdido en ambientes y actitudes que teme y no comprende; de su amiga Sofía que ha actuado sin pensar y movida por la avaricia y ahora no sabe como salir del atolladero, bastante peligroso, en el que se ha metido; de su mujer Lola que va dejando atrás sus debilidades de las que parece haberse curado, a la vez que recupera la confianza en sí misma, quizás la misma confianza que le impide seguir soportando las mentiras e infidelidades de su marido y le da fuerzas para seguir adelante viviendo y dependiendo únicamente de sí misma.  
Pero sobre todo se necesita humor para enfrentarse a  la situación de Sandino porque es él el que se está perdiendo por momentos. No sabe cómo enfrentar los errores de Sofía, las angustias de Ahmed, la nueva independencia de Lola, sus propias contradicciones; tampoco sabe qué hacer con Jesús, el nuevo amigo que acaba de adoptar o que se le ha añadido sin que nadie le llamara. Todo en la vida de Sandino se va desmoronando día tras día a lo largo de los seis que nos cuenta la novela. Y es que si "Lola intentó suicidarse dos veces antes de los veinte años. Sandino intentó ser David Bowie o Lord Byron mil veces antes de los veinte años. Ambos fracasaron".
Ahora, Sandino, del que lo mejor es que no se droga y sólo se da a innumerables tazas de café, como le dice Ahmed, vuelve a echar de menos sus aficiones juveniles. Tras prometérselo a Lola, a cambio de que ella terminara con las autolesiones, abandonó todo menos la maría para venir, al cabo de los años, a verse tentado por alguna rayita. Y, sobre todo, se ve tentado por las ganas de huir, de salir pitando y poner entre sus problemas y él todo un mundo y alguna frontera. Terminará el libro en su taxi, viajando y sin poder imaginar que lo que  transporta en su taxi es mucho peor que lo que deja a sus espaldas.
Esta novela está llena de guiños; guiños literarios, guiños cinematográficos, guiños, sobre todo, musicales. Descubro algunos, cine y literatura principalmente, imagino que se me escapan otros. Pero descubro el principal porque me doy cuenta de que el título de algunos capítulos carece del número que sí tiene la mayoría. En su lugar, palabras sueltas en inglés con puntos suspensivos delante y puntos suspensivos detrás. Se me ocurre que tal vez... y las uno "In the space no one can hear you Clash" y veo que tiene sentido. Además hay dos capítulos con cabecera ininteligible, en principio, para mí: EPIC E3X 37037FSLN I.
Indago (mi cultura musical es bastante deficiente; cualquiera más experto en la materia, imagino, no hubiera tenido necesidad, y para los que les pase como a mí, les invito a investigar a su vez; no se lo voy a dar todo hecho) y entonces todo empieza a unirse: todos y cada uno de los títulos en inglés de los capítulos, aquel triple disco que no iba a ser mejor que su predecesor, el mote del protagonista, su situación a punto de estallar sin que nadie le oiga, el último párrafo que me pareció maravilloso y decidí, aun antes de saber en profundidad su significado, que sería el cierre de mi reseña: 
"Un día de éstos lo hará. Un día de éstos, un día del mes de mayo, de cielos azules, cuando tenga mucho dinero contratará un avión de esos de propulsión a chorro y dibujará entre las nubes, a la altura del barrio del Guinardó, Sandinista! para que sepan de su lealtad aún inquebrantable, inútil, absurda y hermosa. Que lo vean todos. Que lo vea Nat y le queme lo no vivido con él".
Pero, finalmente, no va a ser el cierre, porque quiero añadir algo. Carlos Zanón me cautivó en "Yo fui Johnny Thunders" y me enamoró en "Marley estaba muerto". Con "Taxi", y era difícil después de las enormes expectativas, no me ha defraudado ni un poquito, porque "Taxi" es su mejor novela hasta la fecha. Taxi es una de las mejores novelas que he leído este año. Y ya lo pensaba antes, pero ahora me reafirmo: Carlos Zanón llegará lejos en la narrativa española porque es muy muy bueno. A las maravillosas historias que nos cuenta, se une una prosa precisa y preciosa; muy bella, pero sencilla y envolvente, de esa que empiezas a subrayar y no paras. Y por si fuera poco con todo ello, la inmensa cultura musical, cinematográfica y literaria del autor llena las novelas de guiños para quien los quiera o sepa o pueda encontrarlos. Yo ya juego a dar con ellos, con todos excepto los musicales, que una llega a donde llega y nada más.


sábado, 9 de diciembre de 2017

"La Carcoma" Daniel Fopiani.

Comienzo a leer el prólogo de "La Carcoma" y me llevo la primera sorpresa. Está escrito por Benito Olmo, un autor que ya pasó por este blog, cuando hice la reseña de su interesante novela "La maniobra de la tortuga". No es extraño que a un escritor de novela negra, le haga el prólogo otro escritor, del mismo género o de uno distinto. De hecho, a la mencionada novela de Benito Olmo se lo hacía César Pérez Gellida y, a este, le han prologado sus libros escritores como Jon Sistiaga o  Lorenzo Silva. Lo novedoso del prólogo de "La Carcoma" es que es en sí mismo una pequeña muestra del más puro género negro. Es un relato negro en el que se nos presenta la novela y se nos presenta, incluso, la Editorial, Versatil ediciones, "gente que no se andaba con lindezas, y que si no hubieran tenido la certeza de que aquel tal Fopiani era un caballo ganador, jamás habrían apostado por él". Un presunto diálogo del más genuino género negro entre Benito Olmo y Daniel Heredia.
Ya metida en la novela, con el buen sabor de boca prendido al paladar y la sonrisa de satisfacción dejada por la grata sorpresa del prólogo todavía colgando de los labios, me encuentro con un personaje que "vivía deambulando por las tascas en busca de la cerveza elegida, de la birra milagrosa que le diese la respuesta que tanto necesitaba. Como si la solución a todos sus problemas se encontrase en el fondo de un vaso de tubo. Como si de un sorbo pudiese agarrar al cosmos por los cojones y adquirir sabiduría repentina". Y este personaje es Ramsés Espinosa, un escritor en horas bajas. Ha escrito un par de novelas de éxito y ha conseguido firmar con Black Tower, una prestigiosa editorial muy eficaz en su labor de vender libros; la más eficaz del continente, de hecho. Y ha conseguido un adelanto sobre su tercera novela antes de empezar a escribirla. Claro que si no, no sería un adelanto. 
Lo malo es que, a dos meses de cumplirse el plazo del contrato, no tiene nada que presentar a la editorial; ni una línea ha salido de su mano ni de su cabeza después de año y medio, cuando aún hubiera sido tiempo de aprovechar la fama y el tirón de sus anteriores novelas que, poco a poco van perdiendo vigencia.
Por eso deambula por Cádiz, la ciudad en la que vive, y busca una tasca, una cerveza, un autobús que se lo lleve y le aleje de casa y del ordenador, y de la terrible evidencia que supone enfrentarse al hecho de que no escribe, de que no tienen nada que escribir, de que se le echa el tiempo encima y se verá abocado a la demanda judicial y a la ruina.
Ramsés se siente fracasado en todos los aspectos, no solo en el laboral. Tampoco ha sido capaz de formar una familia como sí ha hecho Juaje, su amigo (casi un hermano) Juan Jesús, que ya tiene un hijo con su novia del instituto y ahora esposa. Y no le sirve de excusa ser dos años más joven porque no tiene ninguna pinta de fabricar en dos años una novia del instituto y una estabilidad de la que siempre ha carecido.
Cuando acepta el ofrecimiento de Juaje de irse a pasar una temporada en la cabaña que éste heredó de un tío en La Carcoma, un pueblo de la sierra de Cádiz, no sabe que las cosas aún pueden empeorar más y que su estancia en el pueblo aún puede abocarle a una situación más penosa, una de esas a las que, por más que lo intentas, no les encuentras la salida, ni la marcha atrás.


La Sierra de Cádiz

Todo comenzará con un número, un 12 requemado sobre la madera del techo del salón. Aunque quizás todo empieza antes, con la disimulada o manifiesta (según los casos) antipatía que parece generar en los habitantes del pueblo; desde el tendero, Don Ernesto, y la dueña del bar, Dolores, hasta el sargento Loredo, el jefe del puesto de la Guardia Civil en el pueblo, que tampoco parece hacerle mucho caso cuando va a poner la denuncia. 
Porque después del 12, justo al día siguiente, hacia el amanecer, apareció un 11 junto a la cortina del baño, y un 10 en la fachada trasera de la cabaña y un 9... y así día tras día. Y Ramsés, después de llamar a Juaje, intenta abandonar el pueblo, pero como una tela de araña de cuyos pegajosos hilos no pudiera deshacerse; como una pesadilla de la que por más que lo intentara no pudiera despertar, algo, alguien, el pueblo al completo, pone todas las trabas posibles para que no lo consiga.
Y, como decíamos, ni siquiera Loredo, el sargento Lodedo de la Gurdia Civil, parece hacerle mucho caso; ni siquiera parece confiar en él. "Amigo, vedá. No sé si me ha visto usted cada de gilipollas o si se piensa que soy tonto porque hablo como un idiota. [...]. Un hombre de su edad y que vive solo, va a pasar los días de vedano a la costa, a Madrid, Barcelona, Mallorca o a Ibiza. Va a un lugar donde pueda disfrutar y pegarse unas fiestas del copón. Aquí no hay nada de eso. De hecho, aquí no hay nada. [...] Sus ojos me dicen que ha venido a buscar algo, solo que no le apetece decírmelo". Desde luego, el sargento Loredo no es tonto, aunque hable como un idiota porque no puede pronunciar la "r".
"La Carcoma" es una novela y es un lugar maldito. La Carcoma es un pueblo habitado por unos personajes malos, inocentes, vengativos, rencorosos, desesperanzados, solos, desconfiados, tristes... hay de todo en La Carcoma, pero todo rodeado de un aura de misterio que, por momentos, lo hace parecer irreal. Como irreal nos llega a parecer el final de la novela que nos deja, de repente confusos y nos hace volver al principio y casi nos la volvemos a leer entera y la confusión se transforma en satisfacción porque además de haber leído una buena novela, vemos que tiene un final aún mejor.
Daniel Fopiani
Con esta novela Daniel Fopiani ha conseguido el Premio Valencia Nova de Narrativa 2017 que concede la Institució Alfons el Magnànim. Dada su juventud (nació en Cádiz en 1990), será toda una curiosidad estar pendiente de la evolución de su carrera literaria. La profesional, también es curiosa para un escritor: es Sargento de Infantería de Marina y confiesa que escribió la mayor parte de este libro navegando por el norte de Europa.
La Carcoma, el mundo inventado por Daniel Fopiani, es como un lugar imaginario habitado por fantasmas hostiles en el que Ramsés ha caído sin habérselo propuesto, al que ha acudido para salir del bloqueo, descansar y poder escribir la novela que ha prometido, pero en el que se irá viendo atrapado sin remedio y sin la menor esperanza de cumplir su objetivo. "No, no se podía caer más bajo Y lo que más le aprisionaba de todos estos asuntos era la certeza contundente de no tener solución para enderezarse. Era demasiado tarde. No sería capaz de escribir nada en el poco tiempo que le quedaba de contrato. No volvería a escribir nada más en la vida. Su existencia había terminado. Solo le quedaba volver a su apartamento y tirarse en el sofá a ver la televisión, dejar pasar los días hasta que su casero le tirase a la calle por impago, hasta que la editorial se le echase encima legalmente". Pero por fortuna...



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