Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

jueves, 20 de julio de 2017

Los libros y la isla desierta.


Hace unos días apareció en "Encantadora de cuentos", el blog de María Campra, una entrada de esas que llaman "tag", no sé muy bien por qué.
Allí María nos planteaba cinco cuestiones relacionadas con la lectura en una isla desierta. Partiendo de la hipótesis de que te invitaran a pasar un mes de vacaciones en una isla donde, lógicamente, ibas a estar solo porque para eso es una isla desierta, responde a las siguientes preguntas:

*¿Qué libro te llevarías para releer?
Me llevaría "Rayuela" de Julio Cortázar, que hace tiempo que quiero releerlo y, como es tan voluminoso, nada mejor que un mes en una isla desierta. Allí sí que tendría tiempo. Como digo, hace bastante que quiero releerlo porque creo que la primera vez era muy joven. Además lo leí por el método de leer todo seguido hasta el capítulo 56 en que se termina la historia, según consejo del propio autor. De esa forma, tan solo leí una tercera parte del los 155 capítulos del libro. Ahora lo leeréía siguiendo el orden de capítulos que marca Cortázar. Así se leen todos, pero desordenados, u ordenados de otra forma. 

*¿Qué libro te llevarías para leer por primera vez?
"Ulises" de James Joyce. Es uno de mis eternos pendientes. Seguro que en la isla conseguiría centrarme y meterme en la historia. Lo empecé estando embarazada y de reposo absoluto en la cama. Fui incapaz de leer cinco páginas. Me imagino que no era el mejor momento. Pensé dejarlo para después de unos meses en que estuviera más tranquila y preparada para enfrentarme a él, pero se ve que ese momento nunca llegó. Y ahí está pendiente del todo. Ahora, un mes en la isla, seguro que daría para disfrutar con la obra.

*Qué serie te llevarías para no aburrirte?
Me llevaría una serie que tengo hace tiempo abandonada. Se trata de la del detective privado y ex policía creado por el autor estadounidense John Connolly. Amante del jazz, su padre hizo que su nombre y apodos fueran Chalie "Bird" Parker. Son como dieciséis novelas de las que solo he leído cinco. Se trata de un personaje atormentado por un terrible pasado que le persigue y del que no puede dejar de sentirse culpable. Tiene que enfrentarse a tramas en que se mezcla lo real con otros sucesos que se presentan como más inverosímiles, pero sin perder nunca el contacto con lo que podría ser... ¿real?



*Qué libro infantil te llevarías?
No sé si se puede considerar infantil, pero creo que en este formato sí. Yo lo leí como mil veces (exagerando) cuando era niña. Me refiero a la edición de Historias Selección de "Mujercitas". ¿Os acordáis? Tenía una colección enorme. cada cuatro páginas, había una con viñetas, tipo cómic. Y en ese cómic se resumía la historia que se contaba en el resto de las hojas. Historia que ya debía de estar muy resumida pues me han dicho que, concretamente "Mujercitas", no tiene nada que ver con la edición normal. Yo creo que estas ediciones estaban basadas en las películas. Tenía varias de Sissi, Heidi y más que ya no recuerdo.

*Opción libre.
Como opción libre, me llevaría "Cumbres borrascosas" ya que se me han cruzado tantas lecturas que tengo un poco olvidado mi reto personal sobre las Brontë. En un mes, me daría tiempo con este que es de los voluminosos. Me llevaré el ejemplar que he leído siempre, uno viejo, de mi padre, del Círculo de Lectores. Es un libro que he leído como tres veces. Dos, siendo muy joven, más bien adolescente y la tercera ya mayor. Todas ellas lo he disfrutado mucho, pero es de los que temo que ahora puedan decepcionarme. Hay gente que me ha dicho que le ha pasado cuando ha vuelto sobre él ya con unos años. Veremos.

Hasta aquí, el equipaje literario que me llevaría a la isla. Ahora solo falta que me llegue la invitación. Espero que sea una isla de clima privilegiado y que el alojamiento sea cómodo, con buenas tumbonas a la sombra de grandes árboles para poder leer a gusto. Me imagino que no habrá ni fieras, ni molestos insectos, ni bichos venenosos.
¿Y vosotros? ¿Qué libros os llevaréis a la isla cuando os inviten? Por lo pronto, estáis todos invitados a seguir la cadena del ¿tag?


lunes, 17 de julio de 2017

"No llorar" Lydie Salvayre

"No llorar" es una novela escrita en "frañol, un híbrido de francés y español del que la escritora se sirve para reproducir el habla de su madre, protagonista de la novela" (Alex Vicente. El País. Cultura)
Con "No llorar" Lydie Salvaire ganó el Premio Goncourt en 2014. 
Lydie Salvayre es hija de refugiados españoles que huyeron a Francia después de la Guerra Civil. Y sobre la Guerra Civil trata este libro, o más bien sobre dos episodios enmarcados en la Guerra Civil. Ambos empiezan con gran ilusión, con nobles ideas para construir un mundo mejor, más amable, más vivible para todos;  ambos acaban en la más terrible decepción, el desengaño más profundo que se puede sufrir porque es el desengaño de las propias ideas, el ver cómo lo que creíamos justo se nos cae de las manos y se nos deshace en charcos de sangre, resentimiento, odio, e incomprensión.
Dos historias se enredan en esta novela, aunque una de ellas tenga más extensión y ocupe más espacio en la pluma de la autora y en la percepción del lector. Esta, la más extensa, trata de los episodios contados a Sylvie por su madre, Montse, "Estamos en España en 1936. La guerra civil está a punto de estallar, y mi madre es una pobre mala. Una pobre mala es una pobre que abre la boca. Mi madre, el 18 de julio de 1936, abre la boca por primera vez en su vida. Tiene quince años. Vive en un pueblo perdido de la Cataluña alta, donde, desde hace siglos, los grandes terratenientes mantienen a familias como la suya en la más extrema pobreza".
Y la madre abre la boca porque se siente insultada, porque cuando va a casa de los señores para ofrecerse como criada, el señor la mira y comenta que parece muy modesta y eso saca de su interior una rabia que no sabía que tenía allí acumulada, una rabia que se ha ido incubando o incrementando cuando volvió su hermano Josep hablando de un mundo nuevo, y es que, cuando Josep llegó a Lérida en mayo, ese año como todos, para la cosecha de la almendra, encontró algo distinto, una alegría que estallaba en las calles y en las tabernas al conjuro de nuevas palabras como fraternidad, libertad, solidaridad, revolución, comunidad... anarquismo, muera la muerte y viva la libertad. Su hermano no es rojo, es rojo y negro.
Casi ochenta años después, Montse, una anciana de noventa, le contará a su hija Lydie lo acontecido en aquel verano del 36, cuando la revolución fue algo más que una esperanza y mucho menos que una promesa cumplida.
En el pueblo, Josep se enciende de revolución y contagia a todo el mundo su fiebre de libertad en un discurso que pronuncia el 23 de julio. "Al día siguiente, todo el pueblo está en efervescencia. [...] Transcurridos dos días, el entusiasmo se mitiga lentamente. [...] Tres días después, totalmente serenos y rabiosos por haberse dejado llevar por el entusiasmo, los campesinos dejan traslucir sus dudas y sus crecientes inquietudes. [...] Cuatro días después, las reticencias medio formuladas se expresan a voz en cuello. El quinto, todos o casi todos han renunciado". Cinco días escasos han servido para que el pueblo pase de la pasión revolucionaria a la suspicacia y la desconfianza porque es un pueblo donde nada cambia, nada ha cambiado en siglos y nada debe cambiar ahora. Los ricos son ricos y deciden el futuro de los pobres que para eso son pobres y siempre lo serán. Desde que naces, según la familia en que naces, se decide tu destino hasta tu muerte.
Josep decepcionado y traicionado, decide irse a Barcelona para unirse a la columna Durruti y reconquistar Zaragoza y allí lo acompaña Montse. Pasarán unas semanas de verdadera catarsis en las que Josep se irá dando cuenta de muchas cosas. En los días de descanso que se permite antes de alistarse, verá la atrocidad y el despropósito de una guerra que es imposible ganar porque los que la dirigen carecen de experiencia, de armas y de formación militar suficiente (de la más mínima formación militar, en la mayoría de los casos). "Siente que le invade lentamente un malestar. No puede evitar oír, tras los discursos que corren, las prédicas de la propaganda revolucionaria que cubre las paredes de la ciudad y que no tiene nada que envidiar a la catequesis de don Miquel, el cura de su infancia", Las frases altisonantes que él mismo pronunciara hace unos días empiezan a sonarle a catecismo, a palabras mendaces improvisadas para engañar a adolescentes ilusos. Su destino lo sellará la conversación escuchada una noche en la terraza de un café donde dos hombres ahítos de aguardiente celebran entre grandes risotadas los dos sacerdotes que han asesinado esa tarde en que "pensaban que iban a volver de vacío". A Josep se le terminan de caer las pocas ilusiones que le quedaban y decide volver al pueblo.
Lydie Salvayre
Montse resistirá más. Se divertirá como nunca lo había hecho, vivirá la revolución de forma más despreocupada que su hermano, se enamorará una noche y perderá a su amor al día siguiente. Finalmente, también terminará por regresar a la casa paterna y al pueblo. Allí estabilizará su vida como menos hubiera podido imaginarse. Y se sentirá "culpable de estar demasiado cansada y ser demasiado mayor, pensaba, para querer a otro hombre por amor, cuando acababa apenas de cumplir dieciséis años".
En el pueblo asistirán ambos hermanos a las Jornadas de Mayo (de 1937) que supusieron el fin de los sueños revolucionarios cuando los movimientos anarquistas sean barridos por la disciplina sin fisuras y el discurso práctico y perfectamente estructurado de los comunistas. Sin olvidar las acusaciones de traición y connivencia con Hitler y con los nacionales que, de forma injusta y estúpidamente inverosímil, cayeron sobre ellos.
La otra trama argumental que se va entreverando con la anterior se refiere al escritor francés Georges Bernanos y a los hechos que supusieron la génesis de su ensayo "Los grandes cementerios bajo la luna". Bernanos vive en Palma de Mallorca cuando comienza la guerra. Su hijo Yves, con el beneplácito de su padre, viste el uniforme azul de la Falange y se dispone a luchar en la toma de Madrid que se prevé inminente. Él mismo convierte su casa en la Oficina de Prensa de los falangistas en la ciudad mallorquina. Es un hombre conservador, cristiano; un hombre que "tiene las ideas que todo el mundo conoce". Unas ideas que se vendrán abajo cuando asista espeluznado a los crímenes sin justificación, los "paseos" de madrugada, las ejecuciones sin juicio por el hecho de detentar ideas sospechosas... y todo ello legitimado por los representantes de la iglesia que, con el crucifijo en la mano, absuelven los pecados posibles de los ajusticiados y los crímenes seguros de los verdugos. 
También las nobles ideas de Bernanos, como las de Josep en el otro bando, serán traicionadas y él se verá en la situación de denunciarlo aun sabiendo que se pone en contra a muchos intelectuales franceses que han defendido en la prensa las ideas de los nacionalistas españoles. Pero "Bernanos no puede cerrar los ojos ante la evidencia. Y la simpatía que le inspiraba la antigua Falange [...], esa antigua Falange que profesaba en la anteguerra el mismo desprecio hacia el ejército traidor al rey que hacia el clero «dado a componendas y prevaricaciones» y en el que su hijo Yves depositó entusiasmado su simpatía, no puede sustraerse a esa realidad: la depuración emprendida por los nacionales con la inmunda bendición del clero es ciega, sistemática, y comulga con el Terror". Y Bernanos lo contará y se le acusará de connivencia con los comunistas porque los sectarismos de uno y otro lado no entienden ni de matices, ni de reflexiones personales e independientes, ni de conciencias libres. Si no estás conmigo estás contra mí y con mis enemigos. Y se le acusará de catastrofista por parte de esos optimistas que, para no tener que reparar en los sufrimientos, que muchas veces provocan o les son indiferentes, prefieren ver el mundo color de rosa. Aunque tres años después tengan que darle la razón (¿o ni siquiera entonces, camuflados en Vichy, se la darán?). 
Lydie ha contado con testimonios muy valiosos para escribir su novela. Por una parte el relato de su madre que ha vivido setenta años en un pueblo del Languedoc, setenta años que no existen porque han sido borrados por el peso de los recuerdos anteriores. "No persiste en su memoria más que aquel verano del 36, en que la vida y el amor la atornillaron, aquel verano en el que tuvo la sensación de vivir plenamente y acorde con el mundo, aquel verano de juventud total". Por otra, "Los grandes cementerios bajo la luna", el libro en el que Bernanos denunció la impostura, y que Lydie lee paralelamente al relato de su madre. El libro que se fue forjando en las crónicas publicadas con regularidad en la revista católica francesa Sept, dirigida por dominicos (también en la Iglesia hay clases y también los dominicos fueron acusados de cooperar con los comunistas).
Con esos testimonios privilegiados, Lydie escribe una novela original en la forma, aportando a lo escrito sobre la Guerra Civil, esa parte menos trabajada que trata de la desilusión a que son sometidas las ideas cuando se enfrentan con su materialización en la realidad. 
El despertar de los sueños o, lo que es peor, permanecer dormida y anclada en ellos mientras se van transformando en pesadillas es lo que podemos encontrar en estas páginas. "El verano radiante de mi madre, el año lúgubre de Bernanos, cuyo recuerdo quedó hincado en su memoria como una navaja que le abría los ojos: dos escenas de una misma historia, dos experiencias, dos visiones que desde hace unos meses han penetrado en mis noches y mis días, donde, lentamente, reposan como una infusión".


viernes, 14 de julio de 2017

"El caso de la mano perdida" Fernando Roye

"Aquella mañana de octubre de 1952, tras cuatro días de servicio, los guardias civiles Ambrosio del Val y Ortega Brito regresaron con un asombroso hallazgo a su cuartel de Santa Honorata, situado entre la segunda y la tercera falla al norte de Sierra Morena". Así comienza "El caso de la mano perdida", la primera entrega de la serie del sargento de la Guardia Civil Carmelo Domínguez.
Asombroso hallazgo desde luego, porque lo que Ambrosio y Ortega han encontrado es exactamente una mano. Una mano seccionada a la perfección de un solo tajo. Ahora solo queda encontrar el resto del cuerpo o un manco reciente. Es decir, el resto del cuerpo vivo o muerto.
El año 1952 en un pueblo de la tercera falla al norte de Sierra Morena, se me antoja lo menos parecido a un lugar y un momento serenos y apacibles. Paradisíaco, sí, pero un paraíso del que sus habitantes han sido expulsados sin tener que abandonarlo. No todos, claro. Hay un conde y un alcalde que viven las mieles de la reciente Victoria. Habrá, no salen pero siempre había, señoritos falangistas vestidos de azul añil amedrentando al personal y disfrutando con ello.
El resto vive, malvive o sobrevive como puede: con la caza furtiva, con la generosidad de algún vecino más desahogado o con los malabarismos domésticos en los que tantas amas de casa de la época se hicieron especialistas.
Carmelo tiene seis hijos que no comen lo suficiente. El médico les ha dicho que tienen que comer carne, pero allí, la carne solo se huele y eso gracias al sustanciero que pasa de vez en cuando. "Manuela y el sustanciero se saludaron. Luego ella le pidió diez minutos de hueso y él sumergió el jamón en la olla, esperando que pasara el tiempo mientras consultaba el reloj". Y es que, diez minutos después, el hueso tendría que ser sometido en otra olla por otros diez minutos y algunos céntimos. La quintaesencia de la miseria.
Ortega Brito y su mujer, Elena, sin embargo, tienen la caza furtiva y como no tienen hijos, tras las insinuaciones de Carmelo, que no deja de ser el jefe, empiezan a compartir con ellos los restos que antes tiraban a los gatos.
Benito y Celia no necesitarán presiones por parte del jefe. Ellos lo harán por pura generosidad y porque la amistad en un reducto tan cerrado como la casa cuartel es un don escaso y preciado que bien vale un poco de longaniza para las lentejas.
Carmelo es un hombre peculiar. Con un ojo negro y otro azul, tiene una mirada que, según interpretaciones, puede pertenecer al diablo. Con ella puede ver cosas que permanecen ocultas para el resto de los mortales. Aunque, tal vez, lo que las mantiene ocultas es la ignorancia de gran parte del resto de los mortales. 
Carmelo tiene una mente deductiva y una inteligencia poco común para la época. Además se fija en señales en las que nadie más repara y que nadie más entiende. Es por eso por lo que, después de ver la mano, supo, por el escalofrío que recorrió su cuerpo, que aquella misma noche alguien había sido asesinado. Y también es por eso por lo que adivinó, mirando un gato en el patio, que una visita importante estaba a punto de llegar al cuartel. "Cuando un gato se lame la cara es porque pronto vendrá una visita. Y hay uno que lo está haciendo en la calle, frente a la puerta del cuartel; como lleva tanto tiempo en el mismo sitio, me he figurado que quien venga tiene que ser toda una personalidad".  Y quien vino no fue otro que el conde de Valdeazores que tuvo que ser recibido por Benito Viedma, un tanto contrariado al ver que la señal gatuna interpretada por su jefe, se había cumplido tal como él había predicho. Y el conde viene a anunciar que el Caudillo de España por la Gracia de Dios va a venir al pueblo invitado a una cacería organizada por el propio conde. Y lo que solicita es que sea el cuartel de la Guardia Civil quien se encargue de la seguridad.
Benito es el ilustrado del puesto. Aficionado a las novelas policíacas que le envía su madre una vez al mes (su sueldo no da para tales dislates), es el único agente que lee. Como además es un recién llegado, es el raro del lugar. Proviene de una familia acomodada, "cristianos viejos y falangistas de pura cepa", lo mismo que la de Celia, su mujer. Pero él no cree en las consignas de Sánchez Mazas, en uno de cuyos mítines se conoció la pareja. Él cree que "la culpa de todos los males no la tienen los judíos, ni los socialistas, ni los comunistas, ni los masones, ni los anarquistas, ni aún menos los campesinos y obreros. La culpa de todo la tiene la ignorancia. Ese es el mal de este país". El mal de siempre; el mal de todos los males. La mala ignorancia que hace a los hombres malos y que, más de setenta años después, sigue muy lejos de solucionarse. En este país y en el resto de la vieja Europa.
Fue su afición a la literatura policíaca (Conan Doyle, Agatha Christie, George Simenon) lo que hizo a Benito ingresar en la Guardia Civil, decepcionando todas las expectativas de su mujer y de sus suegros. Sus padres, como era el último hijo, no habían creado demasiadas ilusiones respecto a él.
En la novela hay dos lineas argumentales que se entremezclan. Por una parte, las investigaciones que Carmelo lleva a cabo para descubrir el cadáver - que él está seguro de que existe - del dueño de la mano. Por otra, la visita de Franco cuya seguridad debería estar preparando el sargento en lugar de correr tras muertos improbables. Pero a Carmelo la visita del Caudillo de España por la Gracia de Dios no es algo que le impresione. Ni siquiera le parece importante, al menos no tanto como sus investigaciones que pronto se enredan con otro asesinato ocurrido años antes.
Creo que la novela es un homenaje a los autores clásicos citados, sobre todo a Connan Doyle. Carmelo, a pesar de que parece creer en hechizos y supersticiones, es sagaz, intuitivo y analítico como Sherlock Holmes, aunque más indolente (o no?). Benito le da la réplica como un Watson, más leído e ilustrado, pero, al igual que el doctor, mucho menos perspicaz y menos proclive a analizar las pistas que se va encontrando. Ni siquiera, a veces, sabe reconocer esas pistas. Es más pragmático, menos imaginativo y dispuesto a dejarse llevar por los indicios.
Fernando Roye
Estamos ante una novela en la que lo importante, no es tanto la resolución del asesinato, como los caminos por los que se transita a lo largo de sus páginas. Sus personajes, su ambientación, sus reflexiones, los acontecimientos que se van sucediendo; todo ello nos envuelve y nos arrastra y hace que la identidad del asesino no capte toda la atención y las expectativas del lector. 
Es además una novela con un fino sentido del humor, un agrio sentido del humor, pero que a algunos, nos reconcilia con algún fantasma y alguna frustración del pasado por medio de una pequeña venganza que nadie pudo nunca materializar. Tendrá que leer la novela quien quiera saber a qué me refiero y andar listo como Carmelo para poder identificarlo.
Esta es la primera novela de la serie (sí ya dije que es una serie. Ya sé que muchos huis de ellas, pero yo, desde luego, me leeré el resto) protagonizada por Carmelo Domínguez. Hay ya una segunda entrega "El alcornoque de los muertos".
Fernando Roye es un autor al que yo desconocía. He sabido de él, gracias a la Editorial "Sinerrata" que me hizo llegar "El caso de la mano perdida", un regalo por el que estoy muy agradecida. Era, además, un regalo sin compromiso. Si no me hubiera gustado, no lo hubiera traído al blog. Pero me gustó y mucho. 
Fernando Roye tiene además otras dos novelas: "Tres ancianos sin ruta" y "I love F-150". Además participa como coautor en un ensayo publicado este mismo año: "El género negro. La globalización del crimen", título sugerente donde los haya para los que amamos el género.
Si más información acerca de la novela, aquí os dejo su enlace en la editorial.


martes, 11 de julio de 2017

Dos nouvelles y un relato


Recientemente he leído dos libros tan cortitos que he decidido hacer la reseña en la misma entrada.
Se trata de dos libros que nada tienen que ver entre sí, salvo su relación, indirecta en ambos, con la Segunda Guerra Mundial.
Se trata de "Paradero desconocido", de Kressmann Taylor, y "Un amor que destruye ciudades", de Eileen Chang.

**************

"Paradero desconocido" de Kressmann Taylor.
Supe de esta novela a raíz de publicar mi reseña sobre "Reencuentro" de Fred Uhlman. Alguien las comparó y como la novela de Uhlman me entusiasmó desde la primera vez que cayó en mis manos, por cierto por indicación de mi hijo, rápidamente me hice con esta.
Acierto total, porque "Paradero desconocido" es otra joya literaria condensada en pocas páginas: 44 en mi ebook, 88 en la edición en papel (según La Casa del Libro).
Es 1932. Martin Schulse, alemán, y Max Eisenstein,  judío norteamericano, son amigos y socios en una galería de arte en California. Schulse, además es pintor. Su amistad está por encima de toda duda: son, más que amigos, como hermanos. Martin decide regresar a Alemania con su familia y Max quedará en California a cargo de la Galería.
"Querido Martin:
¡De vuelta en Alemania! ¡Cómo te envidio! Aunque no la he visto desde que era un niño de escuela, escribir Unter den Linden todavía me conmueve... La amplitud de horizontes de la libertad intelectual, las discusiones, la música, el desenfado de la camaradería".
Así comienza la novela que, a base de cartas entre los dos amigos, nos irá mostrando los cambios que se van produciendo en Alemania en esos meses críticos, entre finales de 1932 y principios de 1934, que vieron subir a Hitler al poder y a Alemania caer en manos de la intolerancia, el racismo y el horror para muchos de sus ciudadanos.
Con el paso del tiempo, Max irá manifestando su preocupación por las noticias que llegan y que van transformando Alemania, de una tierra "democrática, [...] profundamente culta, donde la preciosa libertad política está en sus comienzos", en un lugar hostil en el que se pueden ver episodios violentos contra algunas personas, "gente apaleada, gente forzada a tragar con los dientes apretados un litro de aceite de ricino y a sufrir con las tripas retorcidas horas mortales de lenta agonía".
A la vez que cambia el país, también veremos como cambia Martin. Su carácter liberal, que tanto admiraba Max, se ira tornando en entusiasmo hacia el führer y hacia el orgullo recobrado por Alemania tras las humillaciones derivadas del Pacto de Versalles con que se dio fin, tal vez de manera poco acertada, a la Gran Guerra.
La novela, las cartas intercambiadas entre los dos amigos, va subiendo de tono y, finalmente, se cierra de una forma audaz, sorprendente y haciendo justicia. Una justicia muy poética a la vez que muy real.
Procuro leer mucho sobre la Segunda Guerra Mundial, las atrocidades del Holocausto, la Guerra Civil y la represión posterior... Procuro leer acerca de esos episodios históricos de estúpida e injustificable crueldad por parte del ser humano, de difícil encaje en mi inteligencia y en lo que debería ser, aunque sea todo lo contrario, la lógica de la historia. Intento entender, aunque sé que es imposible. Hay cosas que nunca llegarán a ser inteligibles, pero, al menos, intento intuirlas; que las dudas y el estupor vayan siendo menores cada vez. Este pequeño libro, esta nouvelle, me ha dado más pistas que muchos voluminosos tratados de historia. 
"Paradero desconocido" fue publicado en 1938 por la escritora estadounidense, Katherine Kressmann Taylor quien utilizó el seudónimo de Kressmann Taylor. Parece ser que el editor de la revista en la que se publicó originalmente pensó que era una historia demasiado dura para ser firmada por una mujer (yo opino que pensó que era una historia demasiado buena para que resultara patente que la había escrito una mujer). Semejante papanatismo se solucionó suprimiendo el nombre de pila de la autora.
Un libro más que recomendable que se lee en una tarde y se recuerda durante mucho tiempo.

**************

"Un amor que destruye ciudades" de Eileen Chang.
En mi volumen se recogen la nouvelle que da título al libro, de poco más de ochenta páginas, y un relato, "Bloqueados", de diez páginas.
"Un amor que destruye ciudades" narra la relación entre una joven divorciada, cuyo ex marido acaba de morir, y el que en principio era el elegido para contraer matrimonio con su hermana pequeña. Tras su divorcio, Liusu ha vuelto a la casa familiar donde vive con su madre, con el Tercer y el Cuarto Hermano, la Tercera y la Cuarta Cuñada y con las señoritas Séptima y Octava, sus hermanas pequeñas. Ella es la Sexta Hermana o la Sexta Cuñada, según quien hable.
Estamos en Shangai en 1940 o 1941 y Liusu tiene una situación inestable en casa de sus hermanos que le reprochan el haberla acogido y mantenido después de divorciarse, aun cuando hay un asunto acerca de un dinero de la chica que se ha esfumado no se sabe muy bien cómo (o no lo sé yo que en cuestiones económicas siempre me pierdo). Ahora pretenden convencerla de que vuelva como viuda a la casa de su ex marido "con la cabeza bien alta, a llevar luto y ocuparte del funeral [...] aunque no le diste hijos, tiene sobrinos a patadas, puedes elegir el que más te guste y adoptarlo para continuar el linaje". Pero eso es algo que está muy lejos de las intenciones de Liusu y más cuando conoce a Fan Liuyuan, destinado en principio a la Séptima Hermana, pero que enseguida muestra su preferencia por ella.
Estamos en una China tradicional, en una familia tradicional, aunque algunas cosas son iguales en todas partes en cualquier época. Ella siente que para ganarse el respeto de las demás mujeres debe obtener el amor de los hombres y, aunque no se ha planteado de forma consciente lanzarse a la conquista de Liuyuan, se verá arrastrada hacia él con ayuda de unos amigos que la invitan a Hong Kong donde, sin ella saberlo, aunque en el fondo lo supone, el joven la espera. 
A partir de ese momento, asistiremos a las reflexiones de la joven, sus dudas y suspicacias, sus esperanzas y sus temores. "Resultaba evidente que la deseaba, pero no quería casarse con ella [...] tanto él como los Bai gozaban de cierta reputación, y él no podría permitirse quedar como un seductor [...]Había cuidado todos los detalles para eludir cualquier responsabilidad. De este modo, si la abandonaba más adelante, ella no podría reprocharle nada". Así reflexiona Liusu extrañada ante la actitud respetuosa del joven que, piensa, pretende que sea ella la que se lance a sus brazos.
Entre reflexiones, indecisiones y dudas, el amor o la compañía irán madurando a la vez que Hong Kong cae en manos de los japoneses tras los bombardeos del 8 de Diciembre de 1941.
"Bloqueados" es la historia de un encuentro, en un tranvía bloqueado por esas cosas de la Guerra, una atardecer en Shangai. Allí coinciden dos personas que nunca se habrían encontrado de no ser por esa circunstancia puntual. "Lu Zongzhen, contable del banco Huamao", es un hombre que vuelve a casa con los bollos al vapor rellenos de espinacas que su mujer la ha encargado para la cena. "Wu Cuiyuan, que tenía aspecto de joven señora cristiana, solo que todavía no estaba casada" es una joven profesora de inglés en la universidad que va tranquilamente corrigiendo redacciones. 
El bloqueo del tranvía los unirá y, durante unos minutos, una hora tal vez, vivirán una intensa, sí aunque no parezca posible, una intensa historia de amor.
Eileen Chang
Se ha comparado a Eileen Chang con Jane Austen. Se la ha llamado la Jane Austen china. Sí que la recuerda. Sus análisis de las relaciones de pareja, su crítica a las tradiciones y a una sociedad encorsetada por las costumbres, no pueden dejar de traernos a la mente a la gran autora que diseccionó y criticó con fina ironía y brillantes reflexiones la situación de las mujeres frente al matrimonio,  la familia y la sociedad en general.
Estas dos narraciones fueron escritas por Eileen Chang en 1943. En 1955, la autora emigró a Estados Unidos huyendo de los comunistas. Jamás volvería a China. Murió en 1995. Esta es su única obra traducida al castellano y ha sido un descubrimiento muy interesante que recomiendo.


sábado, 8 de julio de 2017

"Yo te quise más" Tom Spanbauer

"Hombre casado, profesor de instituto, propietario de una casa en North End, Boise. Llega 1978 y todo cambia. Mi aventura con Bette, quizá sea bisexual; una loca del baile, seguro. Luego, unos años después, soy abiertamente homosexual. En la actualidad, residente del Lower East Side de Manhattan, licenciado por la Universidad de Columbia y autor publicado". Así se describe Ben Grunewald en esta historia en la que nos va contando su vida sin ahorrarnos ninguno de los episodios por los que ha ido pasando. Tiernos, felices, dramáticos, angustiosos, deprimentes... No se nos ahorran ni alegrías ni tristezas en la vida de Ben, una vida en la que me he sumergido sin oxígeno, a pleno pulmón, entregada a lo que me quisiera contar y a cómo me lo quisiera contar.
En este año de descubrir autores y títulos, esta ha sido la última gran sorpresa. No sé hasta donde llega el carácter autobiográfico de la obra. Sé que hay puntos en común entre Sapanbauer y Grunewald: lugar de nacimiento, religión, estudios, trabajo; pero no sé si, más allá de estos detalles puntuales, las peripecias vitales del autor
coinciden o no con las del personaje. No sé si es homosexual, no sé si tiene SIDA. Tampoco me importa. Tal vez un poco de curiosidad que no va más allá y pronto deja de preocuparme. Sea como sea, estoy ante una novela que me ha entusiasmado, emocionado, cabreado, fascinado, enternecido y sobrecogido. 
Ya sabéis que soy una entusiasta. Cuando algo me gusta, me gusta. En mis reseñas (si es que así se les puede llamar) solo pretendo transmitir lo que la novela ha supuesto para mí, cómo ha afectado a mis emociones y sensibilidad. Puede que de esa manera, muestre más de mí misma de lo que deseo o de lo que pretendo, pero he descubierto que es la única manera en que puedo llevar adelante este blog. Los que me vais conociendo, ya sabéis hasta qué punto mis gustos se pueden adaptar a los vuestros.
Pero volvamos a la novela. Los hechos nos son contados por Ben. No sabemos muy bien en qué época, pero lo último que relata es de junio de 2008.  "Todo esto que estoy rememorando no es lo que pasó de verdad, sino lo que yo recuerdo. Es solo ahora, transcurridos los años, después de tanta muerte, tras años y años repasándolo una y otra vez, cuando un sexagenario puede contemplar la misma situación que contempló el cuarentón y ver algo completamente distinto".
Tres son los personajes principales y no desvelo nada si hablo de ellos y su relación porque el propio Ben nos lo cuenta nada más empezar su historia. "Si tres no encuentran a un cuarto, tres se vuelven dos". Eso les pasa a Ben, Ruth y Hank. Las pocas veces que son tres suceden cosas, y como nunca aparece el cuarto, acaban siendo dos. Empiezan por ser Ben y Hank. Un gay declarado enamorado de un chico heterosexual. Dos alumnos de un curso de tres semanas en la Universidad de Columbia. 1985. Hank tiene veintisiete años, Ben, treinta y siete. Se hacen amigos, comparten trabajo de profesores en la Asociación Cristiana de Jóvenes, YMCA (Young Men's Christian Association), hamburguesas a la salida, noches de juerga por los garitos de alterne del Lower East Side, reflexiones ante la placa con el poema de W.H. Auden, en el 77 de Saint Mark’s Place; un poema ante el que se pararán varias veces a lo largo de la novela, pero que solo al final nos será revelado. "Normal que me enamorase de Hank. Seducir al heterosexual lacónico. No necesariamente para tirárselo, sino para sacarlo a la luz. Y no en el sentido de sacarlo del armario, sino de exponer su funcionamiento interno"Unos meses de profunda amistad y luego, reencuentros intermitentes separados por años de ausencia, años de conversaciones telefónicas o de silencio absoluto. Hasta el final.
Después son Ben y Ruth, cuando Ben, solo, enfermo y vulnerable, no hubiera podido sobrevivir sin ella. Hank se ha ido a Florida y Ben está en Portland, Oregón, donde da clases de Escritura Creativa. Ruth es una de sus alumnas. Ella le entregará todo su amor y lo sacará adelante a base de cuidados físicos y mentales. Él la quiere, pero nunca sabrá ni podrá entregarse como ella pretende. "Si ayudas a alguien como Ruth me ayudó a mí pagas un precio. Una ayuda tan a vida o muerte. Los dos pagáis un precio. [...] Por fin, finalmente comprende que no la corresponderás como ella quisiera y, por muy honesta y generosa que sea, por mucho que te haya prometido amarte pase lo que pase, la indignación que siente está justificada y es abrumadora".
Finalmente, quedan Ruth y Hank, juntos y casados, y, en el otro extremo del país. Ben, solo. Ben enfrentándose a las muertes de todos sus amigos en unos años en que el SIDA no perdonaba. Le perdonó a él (al menos hasta donde sabemos) y le condenó con ese perdón a sufrir las condenas de sus amigos. Incluso Hank, aunque no de SIDA, terminó por anunciar su desaparición de manera sorpresiva, cuando Ben se encontró a Dab que "conoce a alguien que conoce a alguien que conoce a Ruth. [...] Apoya una mano en mi hombro.
—Ayer —dice Dab—, Hank Christian murió de cáncer de hígado"
Ya os digo, nada que Ben no nos hubiera adelantado en las primeras páginas de su narración.
Una historia de tres personas que se han amado. De dos en dos y de manera desigual porque uno de los temas fundamentales de esta novela es la desigualdad en el amor. Nunca se ama de la misma forma. Dos se quieren, pero siempre hay uno que ama más que otro o de manera más genuina. Ben amaba más a Hank. Ruth amaba más a Ben. Ruth amaba más a Hank. 
"Yo te quise más" es el título que ilustra la desigualdad en el amor. Esa desigualdad escondida en el misterioso poema de Auden.
Tom Spanbauer
Un par de veces he hablado de que no desvelo nada que no haya contado Ben en las primeras páginas, pero daría lo mismo. Esta no es una novela de la que debamos ocultar la trama para no destripar el final, o el medio, y hacerla con ello menos interesante. El interés de la novela (para quien le resulte interesante; no es una verdad objetiva, por supuesto) es rotundo e incuestionable. No radica en los hechos, sino en como se cuentan, porque "Yo te quise más" es una novela que se circunscribe en lo que ha dado en llamarse "Escritura peligrosa". Tom Spanbauer imparte un curso así llamado en su taller de escritura en Portland, Oregón. A ese taller asistió Chuck Palahniuk, el célebre autor de "El club de la lucha". De hecho, Sapanbauer ha cobrado más fama por haber sido su profesor de escritura que por sus propias novelas. Yo no he leído a Palahniuk, aunque sí he visto la película basada en su novela que, sin entusiasmarme (tampoco es mi género favorito), me parece muy original. Sí he leído esta última novela de su maestro y creo que Spanbauer merece fama y prestigio, en enormes cantidades, por méritos propios. 
Se ha llamado Escritura Peligrosa a aquella que trata temas incómodos y lo hace de una forma cruda y sin paliativos, con un lenguaje sincero que puede llegar a causar vergüenza, incomodidad, temor. Son historias escritas en primera persona, en las que el narrador disecciona su propia vida e indaga en su pasado, en su interior, en sus ancestros; sin piedad para consigo mismo ni, mucho menos, para el lector. "¿El sida me ha afectado a las glándulas suprarrenales? ¿Qué es la demencia por sida y cómo sabes que la tienes? ¿Es mi glándula pituitaria, la Iglesia católica o mi madre o mi padre o mi hermana o el matón del colegio, lo que sea que se ha forzado al máximo?"
No hay lugar para la intriga, no hay trama que ocultar. Desde el principio, se nos ofrece la lista de afrentas que la muerte y la enfermedad le tenían reservada a Ben. Poco queda por descubrir en el contenido; mucho, en la forma.
No me resisto a transcribir este pasaje.
"Después de aquella noche ninguno de nosotros volvió a ser el mismo.
La primera vez que la muerte nos rozó y dejó huella.
La muerte, tan dramática cuando se presenta por primera vez en la juventud.
Durante años fue un charco de sudor en la cama, entre los hombros por la noche.
Joder, hoy la muerte es un par de zapatos viejos junto a la puerta.
Olga, la doble mastectomía.
Yo, la resaca a la mañana siguiente que duró una semana, la seroconversión al sida.
Hank, los tumores que empezaron en la polla, que pasaron a la parte posterior del ojo y luego se instalaron en el hígado. Delicados. Somos muy delicados. Morimos muy fácilmente".
No se nos escatiman enfermedades, dolores, miserias o secreciones de ningún tipo. Tampoco optimismo y ganas de vivir. Tampoco motivos para el éxtasis literario; para la emoción hecha sintaxis; para las ganas insuperables, adictivas, enfermizas casi, de seguir leyendo una página más, un capítulo más. 
Termino con otra cita. Son tantas que tengo que reprimirme. Me ha pasado tantas veces que ya sabéis a qué me refiero.
"Cuando las cosas van mal, cuando las cosas van bien, cuando te ha llovido mierda, cuando estás en la gloria, cuando estás jodido, cuando hace demasiado calor, cuando se te congela el culo, cuando eres viejo y estás enfermo y te duelen los pulmones, cuando se te acelera el corazón, cuando tus oídos suenan como una alarma antiincendios, cuando sudas como un cerdo, cuando te duelen las rodillas, simplemente camina. Sigue caminando".

jueves, 6 de julio de 2017

No me voy de vacaciones.


Esta entrada es para deciros que no me voy de vacaciones blogueras. 
Ahora, de vacaciones de verdad en mi trabajo, tengo un tiempo extra que me apetece dedicar a escribir y leer. Algo dedicaré también a pasear, quedar con amigos y familiares y distraer el cuerpo y el espíritu después de meses de trabajo preparando clases y actuando sobre la tarima para solaz de mis alumnos y, tal vez, solo tal vez, algo de provecho científico.
Bajaré el ritmo y puede que me veáis menos por vuestros blogs, sobre todo en lo que a compartir en las redes se refiere (desde hace un par de días, habréis notado que casi no comparto), pero estaré al tanto y procuraré leeros y comentaros. Atenderé principal, aunque no exclusivamente, a las reseñas de libros que me interesen o de películas que me atraigan.
Yo publicaré acerca de los libros que estoy descubriendo este año. La verdad es que está siendo un año muy fructífero en el que estoy conociendo autores increíbles.
A los que os vais de vacaciones, os deseo que las disfrutéis: aquí nos veremos a la vuelta. A los que seguís con la mano pegada al teclado os acompañaré a lo largo de estos meses que espero que sean tan productivos y satisfactorios como prometen.
Saludos a todos.


martes, 4 de julio de 2017

"La ciudad y los perros" Mario Vargas Llosa

Con esta lectura cumplo una deuda que tenía pendiente desde muy joven y completo la lectura de todas las novelas de Mario Vargas Llosa. 
Se trata de un autor que me fascinó con su novela "Conversación en la Catedral", la primera que leí cuando tenía veinte años. Tanto me gustó que después la he releído dos veces más. A partir de esa novela, fui leyendo toda su narrativa, pero, no sé muy bien por qué, "La ciudad y los perros" se negó a entrarme. La empezaba y era como si ante mí se abriera una inmensa llanura árida y salina, tal el desierto de Atacama, imposible de atravesar.
Lo intenté un par de veces más después de la primera y fui incapaz de enfrentarme a tanto chico encerrado en un colegio militar, a esa primera aventura de Cava enfrentándose a sus miedos para robar el examen, dando así comienzo a una historia de niños jugando a ser hombres, con una disciplina propia de hombres, pero con una necesidades y comportamientos propios de los niños que son. "Salió. Aplastado de espaldas contra el muro de la cuadra, se mantuvo unos instantes quieto y sin pensar. Ya no contaba con nadie; el Jaguar también estaba a salvo. Envidió a los cadetes que dormían, a los suboficiales, los soldados entumecidos en el galpón levantado a la otra orilla del estadio. Advirtió que el miedo lo paralizaría si no actuaba". En mis anteriores intentos de lectura el  miedo nos paralizó a Cava y a mí. Yo no pude seguir leyendo y él se quedó, al menos en mi imaginario, paralizado en medio del campo de fútbol sin poder robar el examen.
Pero en esta ocasión, yo seguí leyendo y el miedo no paralizó a Cava, y se hizo con el examen, y algo tan sencillo, una chiquillada, determinaría el destino de cuatro jóvenes cadetes de quinto año y un oficial, en el colegio militar Leoncio Prado de Lima, Perú. Un colegio donde los niños son solo niños que estudian secundaria, no son militares, aunque la disciplina que impera en el lugar sea típicamente castrense y las consecuencias de sus actos sean graves e irrevocables como solo deberían serlo las de los adultos conscientes y responsables.
La novela, que comienza como hemos dicho con el robo del examen, irá hacia el pasado para contarnos, a veces en primera persona y a veces en tercera, las historias de alguno de los personajes. Alternando con esos episodios del pasado, la trama seguirá hacia adelante y veremos como continúa la vida en el colegio a partir de ese hecho inicial que pone en marcha todos los acontecimientos. También esta parte alterna el relato en tercera persona y en primera. La estructura de la novela es compleja, pero todo va encajando. 
Cinco, como decíamos, son las víctimas cuya vida se verá vapuleada por los hechos derivados del robo del examen. No todos en igual medida, no todos con la misma gravedad, porque la situación de partida, el origen familiar, además del caprichoso azar con el que juega el destino, siempre supone una diferencia en las penas con las que los personajes pagan sus deudas. De dos personajes no llegamos a saber demasiado. Porfirio Cava "había nacido y vivido en la sierra, estaba acostumbrado al invierno: era el miedo lo que erizaba su piel" cuando le tocó en el sorteo robarse el examen de química. Pagará las consecuencias con la pena previsible. Muchos de sus sueños se vendrán abajo. Tendrá que salir adelante lejos de todo lo que había imaginado.
El teniente Gamboa se enfrentará a sus superiores porque no concibe traicionar a sus cadetes, ni a la idea de disciplina y honor que ha aprendido en su formación militar; "él amaba la vida militar precisamente por lo que otros la odiaban: la disciplina, la jerarquía, las campañas". Y por fidelidad a su idea de la vida militar que amaba, se verá exiliado a un puesto lejano que asumirá con la grandeza de los seres íntegros y el honor que su condición castrense exige.
El colegio Leoncio Prado, donde estudió
Vargas Llosa y donde transcurre la acción
De los otros tres sabemos más, porque ellos mismos nos van contando su vida, o el narrador en tercera persona lo va haciendo, pero tampoco me voy a extender. 
Alberto, el Poeta, es un hijo de buena familia cuyos padres creen que necesita presión y mano dura para superar unos estudios cuyas notas son la vergüenza de varias generaciones de ilustres antepasados.
"—¿Por qué entraste al Leoncio Prado?
Alberto se rió. Dijo:
—Para salvar el honor de mi familia.
—¿Nunca puedes hablar en serio?
—Estoy hablando en serio, Esclavo. Mi padre decía que yo estaba pisoteando la tradición familiar. Y para corregirme me metió aquí".
Ricardo Arana, el Esclavo, será el más perjudicado en esta historia. Su debilidad le hará caer en la tentación. No soporta el castigo. Nunca lo ha soportado. Salió huyendo de la vida familiar y de la dureza de un padre al que conoció ya con edad para recordar; un padre dispuesto, sin escatimar castigos, a contrarrestar el trato indulgente que Ricardo había recibido en Chiclayo de manos de su madre y su tía; un trato que hará al niño pedir a su madre, años después, "«¿no pueden ponerme interno?»". Y así acabó en el Leoncio Prado para terminar siendo el Esclavo y encontrase de frente con su futuro. 
Alberto y Ricardo son rápidamente identificados, pero hay un tercer personaje que nos va contando su pasado y al que solo al final de la novela pondremos nombre, un tercer personaje que se juntaba con mala gente desde pequeño. La dependencia que su madre desarrolló hacia él, una vez se vio abandonada por el marido, lo agobiaba y lo sacaba de casa con más frecuencia de la deseada. Empezó pidiendo dinero prestado y terminó robando. Los familiares que se hicieron cargo de él al morir su madre, creyeron asegurarle el futuro, a la vez que se libraban de él, metiéndolo en el colegio militar Leoncio Prado.
Todos ellos y alguno más - el Boa, Vallano, Jaguar, Arróspide, el Rulos... - se encontrarán y se enfrentarán a las consecuencias del robo del examen. Algunos ya habían enredado sus destinos mucho antes, aunque tal vez nunca lleguen a saberlo. 
Y los "perros" de tercer años, y los cadetes de cuarto y quinto, y oficiales y suboficiales. Todo un mundo encerrado en el colegio y Lima a su alrededor. Lima es la ciudad del título, la ciudad donde todo tiene lugar; sus distritos: Miraflores, Victoria, Bellavista, Lince; sus calles y avenidas: Larco, Progreso, Costanera; el jirón Huatica y sus burdeles.  
Mario Vargas Llosa
Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura 2010, ganó con esta su primera novela, publicada en 1962, el Premio Biblioteca Breve, de la editorial Seix Barral. También ganó el Premio de la Crítica Española de Narrativa Castellana en 1964.
En esta novela, el autor relata experiencias propias mezcladas con ficción. 
Termino, de la mejor manera que se me ocurre, con las palabras del propio Vargas Llosa en el prólogo de mi edición: "Para inventar su historia, debí primero ser, de niño, algo de Alberto y del Jaguar, del serrano Cava y del Esclavo, cadete del Colegio Militar Leoncio Prado, miraflorino del Barrio Alegre y vecino de La Perla, en el Callao; y, de adolescente, haber leído muchos libros de aventuras, creído en la tesis de Sartre sobre la literatura comprometida, devorado las novelas de Malraux y admirado sin límites a los novelistas norteamericanos de la generación perdida, a todos, pero, más que a todos, a Faulkner. Con esas cosas está amasado el barro de mi primera novela, más algo de fantasía, ilusiones juveniles y disciplina flaubertiana".

Esta novela entra además en el reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990, concretamente, "La ciudad y los perros" es de 1962. 



sábado, 1 de julio de 2017

Julio 2017


Sonaba el teléfono y he oído el timbre. He cogido el aparato. No me he enterado bien. He dejado el teléfono. He dicho: «Amador». Ha venido con sus gruesos labios y ha cogido el teléfono. Yo miraba por el binocular y la preparación no parecía poder ser entendida. He mirado otra vez: «Claro, cancerosa». Pero, tras la mitosis, la mancha azul se iba extinguiendo. «También se funden estas bombillas, Amador.» No; es que ha pisado el cable. «¡Enchufa!» Está hablando por teléfono. «¡Amador!» Tan gordo, tan sonriente. Habla despacio, mira, me ve. «No hay más.» «Ya no hay más.» ¡Se acabaron los ratones! El retrato del hombre de la barba, frente a mí, que lo vio todo y que libró al pueblo ibero de su inferioridad nativa ante la ciencia, escrutador e inmóvil, presidiendo la falta de cobayas.


 El ambiente en el que nos sumerge esta novela, de la que muchos habréis descubierto ya el título, es el de la más oscura posguerra, en los más negros barrios de un Madrid gris y triste como solo podía serlo el Madrid de 1949. Un Madrid anclado en el silencio de un tiempo silencioso como el hambre, como la tristeza, como la voz muda de la miseria.
Se trata de la única novela completa de Luis Martín Santos. Tenía treinta y nueve años en 1964 cuando un accidente automovilístico terminó con su vida y con su obra. Solo hacía tres años que había publicado "Tiempo de silencio".
Al igual que el autor, el protagonista de la novela, Pedro, es médico. Aunque no trabaja con enfermos, sino con ratas y microscopios, en un laboratorio en el que investiga, o mas bien lo intenta, acerca del cáncer. 
La novela nos introduce en un mundo de contrastes. Los ratones traídos de Estados Unidos y mantenidos en un ambiente luminoso y aséptico se mueren a mayor velocidad de lo que se reproducen y no hay presupuesto para reponerlos; los ratones criados en la chabola del Muecas, entre los pechos de su hijas, con menos luz y menos asepsia, pero con calor humano, sobreviven, y allí tienen que ir Pedro y su ayudante, Amador, a suplicar que les vendan algunos ejemplares con los que continuar sus estudios. 
Estamos en la España de los años cuarenta y Madrid está rodeado de chabolas que empiezan a florecer para cobijar a las gentes que, venidas del campo, pretenden matar su hambre física y moral al cobijo de la gran ciudad y de las posibilidades que ofrece. En una de estas chabolas, sobreviven y se reproducen los ratones a partir de una pareja robada por Amador y regalada al Muecas. 
El contacto entre Pedro y ese mundo desconocido para él, romperá todos sus esquemas, lo pondrá ante retos que nunca hubiera imaginado y le empujará a tomar decisiones que cambiarán su tranquila vida de inquilino de pensión enamorado de la hija de su patrona. Decisiones que arrastrarán en sus caprichosos giros a otros personajes totalmente inocentes y ajenos a las mismas.
Como contraste al ambiente chabolista, Pedro disfrutará del entorno burgués y acomodado de la familia de su amigo Matías, de las fiestas insulsas en las que corre el alcohol y la histeria frívola de la diversión. Entre la miseria de un lado y el derroche del otro, se encuentra el ambiente de la pensión regentada por una viuda y su hija que, víctimas de la guerra y de su azarosa crueldad tienen que alquilar las habitaciones de su casa para subsistir.
La muerte planea sobre esta historia, sale al paso de sus personajes, los golpea directa o indirectamente y los somete a los vaivenes del destino como si de una tragedia de la Grecia clásica se tratara.
Estamos ante una novela de contenido sencillo y de forma muy compleja. Tras esa forma, dicen los críticos, tal vez el autor pretendió confundir y distraer a los censores para poder así camuflar la profunda crítica de la sociedad de la época; una crítica que podría quedar en mera trama novelesca en una lectura superficial y poco atenta, y que también se disfraza bajo la ironía, los juegos de palabras y los distintos lenguajes utilizados según sea el personaje que habla, porque otra característica de la novela son los monólogos mediante los que algunos personajes nos van transmitiendo los hechos.
Es una novela de difícil lectura, para leer despacio, interpretando, sacando conclusiones, descifrando sus largas frases de sintaxis enrevesada.
Se la compara con Baroja y su trilogía, "La lucha por la vida", pero yo la veo más similitudes, en cuanto a personajes y situaciones, con "La Colmena" de Cela, aunque el estilo de esta sea más sencillo y la novela, mucho más fácil de leer. 
También confesaba su autor contar entre sus influencias con Joyce, Proust y Faulkner. No he leído a Joyce (¿seré capaz algún día de enfrentarme al "Ulises"?), pero sí encuentro las reminiscencias de esos personajes del Sur de Estados Unidos retratados por Faulkner y de esa manera de narrar de Proust, con frases complicadas y largas (varias páginas pueden durar las del autor francés),  que se adecua mucho más a "Tiempo de silencio" que la austera sencillez de Baroja.

Las novelas que aparecen en esta sección, "Bienvenido nuevo mes literario", no están recién leídas, pero están leídas. Se trata de novelas que empleo para comenzar cada mes. Por ello comienza la entrada con el inicio del libro. No pretende ser una reseña, sino el comentario sobre una historia que me marcó lo suficiente como para poder hablar de ella aunque haga ya muchos años que la leí. Por ello, espero que me perdonéis si incurro en algún error.






miércoles, 28 de junio de 2017

"Vida hogareña" Marilynne Robinson

Lo primero que me llamó la atención de esta autora fueron sus portadas. Sus cuatro novelas tienen preciosas portadas que reproducen pinturas de artistas americanos. En esta en concreto, se reproduce un cuadro del pintor Grant Wood: "Primavera en la ciudad" de 1941. También son de Grant Wood las portadas de "En casa" y "Gilead". Pero fue la portada de "Lila" la que más me emocionó cuando la vi, porque una reproducción del cuadro que luce en ella está desde hace unos años en el salón de mi casa, sobre el sofá. Es una lámina, comprada en un museo, de un cuadro de Andrew Wyeth, "El mundo de Cristina" de 1948. Como seguro que leeré "Lila", en la reseña correspondiente os contaré la historia del cuadro y de cómo me llegó a mí dicha historia que tiene también su aspecto literario.
"Vida hogareña" es la primera novela que leo de la autora, y es la primera novela que escribió Marilynne Robinson en 1980, aunque no llegó a España hasta 2014. Por ella obtuvo el premio Hemingway Foundation y quedó finalista en el Pulitzer. A pesar del enorme éxito que tuvo, tardó veinticuatro años en publicar "Gilead", su segunda novela por la que, finalmente, conseguiría el premio Pulitzer de ficción en 2005.
"Vida hogareña" es una novela tan poética, tan profunda, tan bien escrita, que cuesta creer que sea la primera de la autora. Me ha fascinado, me ha sorprendido, me ha emocionado y me ha supuesto el gran descubrimiento que presagiaron las pinturas "genuinamente americanas" de sus portadas.
"Me llamo Ruth. Me crié con mi hermana pequeña, Lucille, al cuidado de mi abuela, la señora Sylvia Foster y, cuando ella murió, al de sus cuñadas, las señoritas Lily y Nona Foster, y cuando ellas se marcharon, al de su hija, la señora Sylvia Fisher". Así comienza el relato de Ruth, justo antes de pasar a contarnos la historia de sus antepasados desde que se construyera la casa de Fingerbone en la que vivió siempre la familia; la casa que construyeron sus abuelos y en la que vivieron con sus tres hijas; una casa frente al lago, un poco más elevada que el resto de las casas del pueblo, lo que le evitaría sufrir los rigores de las inundaciones que, periódicamente, subían desde un lago enfurecido. Aunque a veces, cuando se juntaban la lluvia y el deshielo de la primavera, el furor era mayor y el agua entraba y cubría el suelo de la planta baja y había que vivir durante varios días en la primera planta, bajando tan solo para cocinar y fregar y, aun eso, calzadas con botas de goma.
En esta novela también el entorno juega un papel importante, rodeando y determinando la vida de los personajes de carne y hueso. "Fingerbone nunca fue un pueblo espectacular. Estaba mortificado por un paisaje desproporcionado y un clima extremo, y más mortificado aún por la conciencia de que la historia humana en su totalidad había sucedido en otra parte". Pero lo que realmente sepultó bajo sus aguas el presente y el futuro de la familia fue el lago atravesado por el puente que recorría el ferrocarril; aquel lago que se tragó el tren en el que viajaba el abuelo de Ruth, mucho antes de que ella naciera. "El tren, que era negro, pulido y elegante, y al que habían bautizado Fireball, había recorrido más de la mitad del puente cuando la locomotora asomó el morro hacia el lago y luego el resto del tren se precipitó tras ella al agua, como una comadreja que se bajara de una roca". El lago que, años después, engulliría el coche con el que su madre había puesto rumbo a un más allá que desafiara su capacidad de enfrentarse a la vida con menos acritud que este mundo de acá que se la hacía hostil y difícil. 
Cuando Ruth tenía unos seis años, Helen, su madre, pidió prestado el coche a una vecina y con él atravesó las montañas desde Seattle, Washington, hasta Fingerbone, dejó a Ruth y a Lucille en el porche de la abuela, que no se encontraba en casa en ese momento, y se lanzó en el coche al lago por encima de un risco.
Marilynne Robinson
A partir de ese momento, las niñas empiezan a vivir en Fingerbone, a donde nunca habían ido, con una abuela a la que nunca habían visto. Durante cinco años vivirán la etapa más estable de su infancia, puede que de sus vidas, al cuidado de su sensata y despistada abuela que confundía a veces el pasado con el presente y rememoraba en sus nietas los años que pasó junto a sus hijas, tras la muerte de su marido, antes de que las tres desaparecieran como arrastradas por un viento inesperado y repentino. Tal vez, piensa Ruth, al repetir con sus nietas los actos que ya hiciera con sus hijas, pretendía descubrir el misterio de cómo las  niñas habían desaparecido. 
Pero "después de casi cinco años, una mañana de invierno mi abuela evitó despertarse". Después de un corto periodo a cargo de los torpes e inseguros cuidados de dos hermanas de su abuelo, por fin aparece Sylvie, la hermana menor de su madre, y tras años de vagabundeo y vida irregular, decide quedarse en la casa de su infancia y dar a sus sobrinas algo parecido a un hogar. 
Pero Sylvie está preparada para todo menos para llevar una vida regular y ordenada. Sylvie es un ser soñador, tal vez es un ser soñado, un ser fantasmal que va llenando la casa de periódicos, latas, cajas. 
Lucille quiere ser una persona normal y decide cruzar la frontera que separa a ambas hermanas del mundo de las personas normales, un mundo en el que Ruth siente que jamás podrá encontrar nada de lo que se le ha perdido, pero un mundo que Lucille añora con la misma fuerza que detesta las excentricidades de su tía. Ruth, por el contrario, prefiere la vida extraña, en su extraño hogar, al lado de su extraña tía Sylvie que "iba a menudo al lago. A veces volvía a casa con peces en los bolsillos. Los enjuagaba bajo el grifo para quitar la pelusa de las agallas, los freía sin quitarles las cabezas y nos los comíamos con salsa de tomate".
Una mujer de la que el pueblo siente la necesidad de defenderse y de defender a Ruth, después de que Lucille, aun siendo más pequeña, se haya sabido defender por sí sola.
Fingerbone es un lugar inventado, pero demasiado parecido a Sandpoint, Idaho, lugar de nacimiento de la autora. Con su lago y el puente para el ferrocarril que lo cruza, Fingerbone es, seguramente, el nombre literario de Sandpoint. Sea como sea, en Fingerbone, un pueblo muy superficialmente arraigado, con sus habitantes siempre bajo la amenaza de tener que abandonarlo (demasiados accidentes, demasiadas catástrofes), se valora demasiado la vida decente, regular y acorde con las buenas y tradicionales costumbres. Tal vez esa posibilidad no remota de que cualquier vecino tenga que marcharse, hace que se valore más lo estable, lo comprensible, la moral al uso. Sylvie y el hogar que ha proporcionado a sus sobrinas no se aprecia como estable, no se alcanza a comprender, no resulta muy moral si tenemos en cuenta que "la moralidad no es más que una forma de reprimir las tentaciones más irresistibles".
Pero el valor de la novela no reside solo en la historia curiosa, tierna y rompedora que nos cuenta. Su gran valor es que es pura poesía, pura reflexión introspectiva, puro enfrentarse al mundo desde dentro, con las únicas armas de uno mismo, sin asideros sociales políticamente correctos. Nada de lo establecido por la ética y la moral de las sociedades al uso, sirve en esta historia. Todo sale de la propia y exclusiva capacidad de Ruth para entender el mundo. 
"Nunca he distinguido con facilidad entre pensar y soñar. Sé que mi vida sería muy distinta si alguna vez pudiera decir: esto lo he sabido por mis sentidos, mientras que eso meramente lo he imaginado"
Para terminar, quiero hacerlo con dos citas que, además de mostrar el lenguaje poético de la novela (eso ya se ha conseguido con las citas anteriores), inciden en lo que, para mí, constituye el tema de la historia: el abandono, la pérdida, la soledad. Una soledad y una pérdida tales, que ni Dios, tras haberlas creado, pudo librarse de ellas.
"La memoria es la percepción de la pérdida, y la pérdida nos arrastra tras ella. Dios en persona se vio arrastrado tras nosotros al remolino que creamos al caer".
"Caín, la imagen de Dios, dio a la sencilla tierra del campo una voz y un pesar, y Dios en persona oyó la voz y se afligió por el pesar, así que Caín fue también creador, a imagen de su Creador".

Primavera en la ciudad
Grant Wood 1942

Vida hogareña ha sido la lectura conjunta de junio en el grupo de facebook Los libros de Carmen y amig@s.

Esta novela entra además en el reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990, concretamente, "Vida hogareña" es de 1980.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...