Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

martes, 25 de abril de 2017

"Agnes Grey" Anne Brontë

En mi afán por profundizar en el mundo de las Brontë, como ya os anuncié en la reseña de "Shirley", abordo ahora "Agnes Grey". 
Esta es la primera de las dos novelas que escribió la única hermana a la que aún no había leído. Anne Brontë fue la más pequeña de los seis hermanos. Esta novela la publicó en diciembre de 1847. Un año y medio después moría de tuberculosis, la misma enfermedad que ya se había llevado a cuatro de sus hermanos y a su madre. Unos años después moría también Charlotte, la última superviviente, de la misma enfermedad. 
Anne es la menos conocida de las hermanas. Cualquiera conoce "Jane Eyre" o "Cumbres borrascosas", pero no todo el mundo sabe que, tras Charlotte y Emily, a la sombra de sus universalmente famosas novelas, se esconde la figura humilde y dulce Anne. Sus novelas no son tan apasionadas o dramáticas como las de sus hermanas. Si algo define la historia de "Agnes Grey" es su sencillez. 
A pesar de los detalles que se alejan de la vida de la autora, las experiencias que cuenta como institutriz, se acercan mucho a lo que vivió realmente en las casas en las que trabajó.
"Muchos autores, sin embargo, han mostrado cautela a la hora de tomar Agnes Grey como una simple autobiografía de la autora, lo que, por una parte, puede llevar a errores y presuposiciones falsas sobre la vida de Anne Brontë y, por otra, puede quitar mérito artístico a la novela, que quedaría como la mera trascripción de un diario". Esto se dice en el interesante estudio que se hace de la vida y obra de Anne Brontë en mi edición de "Agnes Grey". 
Anne no es Agnes. No coinciden sus circunstancias familiares, más allá de tener un padre vicario y, si bien las familias para las que trabajó se parecen mucho a las que emplearon a Agnes en la novela, tampoco se puede decir que coincidan totalmente las experiencias de ambas.
Los Ingham de la realidad, la primera familia para la que trabajó Anne, inspiraron con toda seguridad a los Bloomfield, la primera familia en la que Agnes trabajó como institutriz. En ambas casas, las institutrices, la real y la ficticia, se encuentran con los mismos problemas: niños mimados a los que no pueden imponer disciplina por verse privadas de autoridad por los progenitores; en ambos casos son tratadas con desdén y se las hace sentir inferiores; en ambos casos las familias tienen más dinero y ganas de aparentar que formación y educación (el señor Bloomfield "era un comerciante retirado, que había ganado una bonita fortuna, pero a quien no podían persuadir de que pagase un sueldo mayor de veinticinco libras a la institutriz de sus hijos"); en ambos casos, finalmente, las dos institutrices, la ficticia Agnes y la real Anne, son despedidas al cabo de unos meses por no saber imponer una autoridad de la que los propios padres las están privando continuamente.
También la segunda casa es similar en las dos jóvenes. Los Robinson, para los que trabajó Anne durante varios años y los Murray en cuya casa también Agnes permaneció ese tiempo. En este caso, la experiencia de Anne es más novelesca que la de su personaje, pues si Agnes se va de la casa por no ser ya necesaria, al crecer las jóvenes que cuidaba, y por cuestiones familiares, Anne se vio obligada a dejar la casa por la indiscreción de su hermano Branwell que, contratado en la misma familia como tutor del hijo, se enamoró de la señora Robinson. La incómoda situación hizo que Anne abandonara la casa y que Branwell fuera despedido poco tiempo después.
Los Robinson de la realidad y los Murray de la ficción, están en un nivel más alto de la escala social ya que son "hidalgos de pura cepa", pero el trato recibido por las respectivas institutrices no será mucho mejor, si bien el sueldo de cincuenta libras duplica el recibido en el empleo anterior.
Anne Brontë
Estamos, por tanto, ante una novela en la que Anne quiso dejar constancia de la vida de las jóvenes institutrices que no siempre encuentran en las familias para las que trabajan la colaboración de los padres a la hora de educar a sus pupilos; que no siempre reciben el trato deferente y respetuoso que merecen y que es imprescindible a su vez, para ser respetadas por los niños y jóvenes a los que educan. "Me sorprendió que llamara a sus hijos señorito y señorita Bloomfield, y aún más que me hablara con tan poca cortesía a mí, su institutriz y una persona totalmente desconocida para él". Eso queda pensando Agnes tras su primer encuentro con el señor Bloomfield, que ni siquiera tiene la delicadeza de presentarse.
En la segunda familia, los Murray, permanecerá más tiempo y tras pelear con dos jóvenes adolescentes volubles, superficiales y vanidosas, terminará por ser apreciada por ellas, sobre todo por la mayor cuando ya no tenga a nadie más a quien acudir.
La novela termina bien, al menos para Agnes que ve cumplidos sus sueños y deseos, a la par que materializa alguno de los de Anne. Lo que Anne y sus hermanas no consiguieron cuando vieron frustrados sus planes de abrir una escuela propia que las liberara de trabajar para los demás, Agnes consigue materializarlo. Y en el colmo de lo que podría ser la dicha para Anne, huérfana de madre desde muy pequeña, Agnes mantiene la suya y con ella emprende la tarea de poner en marcha la escuela. También consigue el amor que Anne no llegó a ver satisfecho si, como se cree, estuvo enamorada del ayudante de su padre, William Weightman, muerto en la juventud, "sin embargo, está claro que el jovial y alegre Weightman nada tiene que ver con el sobrio y comedido Weston" se dice también en el prólogo de la novela, por lo que tampoco en este personaje y su romance con Agnes parece que se refleje demasiado la vida de Anne.

Lecciones (Helen Allingham)

Agnes Grey es una novela sencilla, como decía, de corta extensión (248 páginas), en la que Anne sencillamente pretende mostrar sus experiencias: la dureza de enfrentarse a unos niños, por lo general maleducados y consentidos por unos padres en exceso complacientes y más dispuestos a culpar a la institutriz de sus caprichos que a enfrentarse a ellos y mostrarles disciplina; la soberbia de unas clases que se sienten superiores a las personas a las que ellos mismos encargan la educación de sus hijos y ponen el respeto a su apellido y su familia por encima del respeto que los niños deberían tener a quien se encarga de su formación, dándose el caso paradójico de que es la institutriz la que debe deferencia y sumisión a sus pupilos; el trato muchas veces humillante que jóvenes humildes, cuando no manifiestamente pobres, sufren por parte de sus empleadores, ricos, e incluso nobles, pero con una formación muy inferior.
Se dice también en el prólogo, y quiero terminar así la reseña de esta curiosa novela.
"Posiblemente, una de las grandes diferencias entre Agnes Grey y otras novelas de institutrices sea la voluntad de la protagonista de convertirse en institutriz y de conseguir que esto sea un medio para su realización como persona, y esto es lo que hace que, a pesar de su primer fracaso y de todas las humillaciones por las que tiene que pasar persista en su empeño".

Esta novela entra además en el reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990, concretamente, "Agnes Grey" es de 1847.


domingo, 23 de abril de 2017

Feliz día del libro 2017


Los libros recomendados

Recién llegada de viaje, tengo que agradecer a Revista MoonMagazine varias cosas: La primera que haya contado con mi colaboración publicándome reseñas de forma pertiódica; la segunda que me haya escogido entre sus muchos redactores para participar en esta felicitación del día del libro y la tercera, aunque no menos importante, que me haya dado hecha la felicitación de este día tan señalado para todos los que os acercáis por aquí.
Además, la Revista MoonMagazine, celebra hoy su segundo cumpleaños, por lo que hay doble motivo para acercarse a ella.
En este día del libro 2017, os invito a acercaros a la Revista para saber qué libros recomiendan algunos de los blogs amigos y/o que con ella colaboran. Pinchad en el enlace y os asomaréis a nuestros más destacados gustos lectores.


¿Sabéis, de todos los de la foto-montaje de arriba, cuál es el mío? No dejes de averiguarlo.
¿Quieres saber cuáles son los blogs que recomiendan? Aquí los tienes:

Los blogs que recomiendan
Pues aquí os dejo con nuestros libros recomendados. Espero que los disfrutéis.

FELIZ DÍA DEL LIBRO 2017, FELIZ SAN JORGE PARA LOS QUE LO CELEBREN Y, PARA MIS PAISANOS, FELIZ DÍA DE CASTILLA Y LEÓN (TAMBIÉN LLAMADO SAN VILLALAR)


miércoles, 19 de abril de 2017

Sin reseña I


Como ya he comentado alguna vez, no todos los libros que leo aparecen aquí en este blog. La razón suele ser que no me han motivado lo suficiente como para hablar de ellos. Generalmente, no me gusta hacer comentarios negativos acerca de lo que leo por lo que prefiero que, cuando traigo aquí una historia, al menos haya predominado la parte positiva. Además hacer estas reseñas, o como se quiera llamarlas, cuesta tiempo y trabajo y creo que no merece la pena emplear ambas cosas en un libro que, desde mi punto de vista (siempre desde mi punto de vista) no lo merece lo suficiente.
A veces, las menos, la causa es la falta de tiempo. Se lee más de lo que da tiempo a reseñar y comentar. 
No obstante, he decidido hacer algún comentario breve acerca de los libros que se han quedado sin su entrada en el blog y explicar un poco por qué ha sido así.
Mi idea es hacer una entrada de estas con cinco libros cada vez. Vamos ya con la primera.

"Sarna con Gusto" de César Pérez Gellida.
La primera novela de la serie "Refranes canciones y rastros de sangre" me ha resultado poco fresca, redundante y tramposa. Sé que esta opinión no es muy compartida en el mundo bloguero, pero es lo que hay. 
La primera trilogía, "Versos, canciones y trocitos de sangre" (reseñas 1, 2 y 3)  me resultó interesante, original y entretenida, sobre todo la primera novela y la última. Esta segunda trilogía, creo que sobra. Demasiado similar en cuanto a estructura (una trama que se resuelve y otra que queda en reserva para seguir tirando de ella en la siguiente novela), demasiadas veces Ramiro Sancho de baja o suspensión, demasiada sensación de tirar del éxito de la otra serie antes de que se olvide. En algunos momentos me resultó aburrida, y estuve a punto de dejarla en un par de ocasiones. 
Para terminar de disgustarme, se me ocultó información. Se supone que el lector se va enterando de lo que se descubre a la vez que Ramiro Sancho, pero de pronto me sorprendo viendo que Ramiro sabe cosas que me ha ocultado y eso me parece un recurso facilón y poco acorde con la fama y el éxito del autor.
No creo que siga con la serie, aunque habiéndome enterado de que la acción se traslada a Buenos Aires, tal vez me lo piense.

"La última llamada" de Empar Fernández.
Me gustó menos que la primera novela de la "Trilogía de la culpa" "La mujer que no bajó del avión". Esta tiene algunos detalles que no me han gustado y que no puedo explicar por no desvelar más de lo conveniente. No obstante, el quedarse sin reseña fue más bien porque me pilló en un momento en que no daba para más. Literalmente me fue imposible reseñar todo lo que leí en aquel momento y, además, complicaciones familiares vinieron a interferir más aún en mi tiempo libre y preferí dedicarme a otras lecturas más interesantes. Es por ello por lo que pienso leer la tercera novela de la trilogía, "Maldita verdad"

"La última salida" de Federico Axat
Este también se quedó sin reseña, principalmente, por falta de tiempo, aunque, de haberla hecho, no habría sido muy positiva. Algo en la novela ha hecho que no me haya apresurado a buscar más libros del autor. La trama es compleja y el libro da una serie de vueltas alrededor de ella, retorciéndola y sorprendiéndonos varias veces. Resulta original y, por momentos, asombroso... pero al final tampoco lo es tanto. Además, algo me ha chirriado, y unido a esa falta de originalidad final, ha hecho que no me haya resultado tan redondo como me esperaba por lo que había leído de él. Lo encontré demasiado farragoso y en algunos momentos, sobre todo en la primera parte, me aburrió hasta plantearme dejarlo. No creo que me anime a repetir con Federico Axat.

"El número de la traición" Karin Slaughter.
Este libro que tenía ganas de leer, es el primero de la serie "Georgia", nombre que recibe por el Estado norteamericano en que transcurre la acción. Ha sido un verdadero chasco y es otra novela de la que había leído buenas críticas, pero para mí es un caos total. 
No empezó mal, mucha violencia y tal, pero a mí no me molesta la violencia (literariamente) si está en una historia buena, bien contada y con cuerpo. Aquí se va manteniendo, pero en las últimas cuarenta páginas (de las cuatrocientas que tiene), pierde el norte y toda orientación razonable. Se olvida de cosas que ha escrito antes y las cambia totalmente. Debe de pensar que está dando un giro alucinante a la historia. Claro, así cualquiera. Igual pensaba que los lectores nos olvidamos de lo que hemos leído y nos lo puede cambiar a voluntad. Y eso que yo soy de las que van olvidando mucho, que la memoria no es mi órgano más fuerte.
Para terminar, el final se apresura, como si le hubiera entrado prisa por poner fin a la novela, y se vuelve simple, increíble y hasta un poco infantil.  O sea que un escándalo. Algo bueno: una serie de la que no me tengo que volver a preocupar.

"Media vida". Care Santos
El último premio Nadal me ha resultado muy entretenido, pero muy poco original. Una historia de amigas que se reencuentran tras años sin haberse visto, en la que se mezclan las vidas pasadas de cada una con su situación actual, el encuentro y los secretos escondidos durante mucho tiempo, es algo que han tratado, que yo recuerde ahora y sin buscar mucho en las lagunas de mi memoria, Marcela Serrano, Almudena Grandes y Lucía Etxebarría. Creo que he leído alguna más de la que no me doy cuenta. Más las que haya y yo no conozca, que seguro que alguna hay. Eso, junto con algún detalle en la trama que resulta muy inverosímil y algún error gramatical, hace que me parezca excesivo el premio Nadal para esta novela. Pero desde luego es muy entretenida, de lectura fácil y muy adictiva.

Hasta aquí esta primera entrada, dando las razones por las que estos libros se han quedado sin reseña en el blog.



domingo, 16 de abril de 2017

"Días sin hambre" Delphine de Vigan

De nuevo en "Días sin hambre", como ya hiciera en "Nada se opone a la noche", la autora vuelve a arañar cada una de nuestras fibras y nos pone ante una historia límite. En esta ocasión, basada en su propia experiencia. Ya lo estaba "Nada se opone...", aunque en ese caso, la experiencia de la autora se diluía en la vida de su madre y en las terribles vivencias que la acompañaron hasta que puso fin a tanto dolor. 
En "Días sin hambre" nos habla, por medio de Laure, el personaje principal, de su infierno, a la vez que su placer, en el mundo terrible pero adictivo, de la anorexia. Podríamos pensar que se trata de una novela sin más, si no fuera porque sabemos que la autora padeció la terrible enfermedad, pero por si algo nos faltaba,
ya en "Nada se opone...", la biografía de su madre, Lucille Poirier, nos decía Delphine: "Días sin hambre es una novela autobiográfica en parte, [...] ninguno de los personajes secundarios existió realmente, la novela contiene una parte de ficción y, espero, de poesía"
Laure, ingresa en un hospital convencida por un médico, el doctor Brunel que se pone en contacto con ella. No sabemos a qué instancias responde el médico cuando la llama; algún familiar, algún amigo asustado al ver el camino sin retorno que Laure recorre sin mirar hacia atrás, mientras se adentra cada vez más en un túnel sin salida ni retroceso, ha decidido intentar poner remedio a tan crítica situación. No sabemos por qué el médico la llama, pero el caso es que la llama y tras mucho resistirse, tras mucho intentar seguir "controlando" su cuerpo y su apetito, "una mañana notó que el frío había llegado hasta la extremidad de sus miembros, a las uñas, al pelo. Marcó el número del hospital y pidió que le pusieran con él.
La muerte latía en su vientre, podía tocarla". Se puso en sus manos y él le salvó la vida.
Para entonces ella ya no podía salir sola. Lo único que le quedaba, de no haber aceptado la ayuda que el doctor Brunel le brindaba, era esperar la muerte, más helada cada vez, más emaciada, más colgada de una droga tan barata que solo hay que dejar de comer para hacerse con ella. Y es que para entonces Laure está a las puertas de la muerte "comida por dentro de tanto no comer".
A partir de ese momento, todos los esfuerzos del personal del hospital se dirigen a conseguir que Laure, treinta y seis kilos y un metro setenta y cinco, engorde; ponga kilos como sea, al precio que sea; que se aleje de la muerte que la ronda, a cualquier precio. Tiene que aprender a comer, a disfrutar comiendo, a no sentir asco de las calorías, de los pequeños acúmulos de carne que van tapizando sus huesos, esos huesos que traspasan la piel y hacen heridas, porque nada protege la cubierta externa del ataque de ese esqueleto cuya función es estar oculto tras carne, grasa, músculos, y que Laure tiene expuesto al contacto directo con la piel a la que agrede sin contemplaciones.
Delphine de Vigan
Le colocan una sonda enteral que, entrando por la nariz, llega hasta el estómago; la sonda deberá conectarse "toda la noche y como mínimo cuatro horas durante el día" a una máquina que le irá suministrando cientos de calorías. No basta con comer. Sin esa máquina proveedora de vida, es imposible revertir los daños que la enfermedad ha ido dejando en ella. Cuando no se come, el cuerpo echa mano de las reservas: grasas, glúcidos; si se sigue sin comer, empieza a catabolizar las propias proteínas. En ese momento, el cuerpo se está comiendo a sí mismo, ha empezado a morir de hambre. Laure tiene que ingerir cuatro mil quinientas calorías al día. No saldrá del hospital hasta haber llegado a los cincuenta kilos, una delgadez extrema teniendo en cuenta su estatura, pero una delgadez que ya es viable, que podrá seguir rellenando en casa hasta llegar a un peso razonable.
El de la supervivencia es quizás el instinto más primario, más inconsciente. Para que podamos salir victoriosos en el intento se ha inventado el dolor, el miedo, el placer, la pasión, el resentimiento, el odio. Sentimientos que sirven a esa gran tarea de los seres vivos que es la supervivencia. Pero a veces sobrevivir es una ardua tarea. A veces sobrevivir es una losa pesada que los seres tienen que llevar sobre sus hombros y con ella trepar una y otra vez la montaña que es el día a día.  Laure sufre. No quiere morir, pero "no quiere curarse porque sólo sabe existir a través de esa enfermedad que la ha elegido". Y es que a veces la vida duele. Duele tanto que la supervivencia se convierte en un castigo. Laurel,  como Delphine, ha tenido que enfrentarse desde muy niña a unas circunstancias extraordinarias: una madre enferma mental que pasa grandes temporadas internada; una vida lejos de París con su padre, un hombre severo que "lo destruye todo, los afectos, los sentimientos", y su madrastra. Laure se siente herida, poco atendida. Los problemas de sus padres y la atención que, justificadamente o no, se dedican a sí mismos diluyen la necesidad que sus hijas tienen de ellos, de su cuidado y protección. Ante una situación así se puede responder de muchas formas, Laure escoge la más perniciosa para sí misma: quiere "hacerles daño, herirlos en lo más hondo, tal vez destruirlos. A su padre y a su madre. Que no se vayan de rositas. Venenosos ambos". Lo más terrible, con todo, es que descubre que da lo mismo. Siguen demasiado metidos en su propio mundo "puede arrojarles a la cara su cuerpo descarnado como un insulto, y todo ese asco que le inspiran los dos, sabe que lo suyo todavía puede durar mucho tiempo, que se dejará la piel sin que ellos se den por enterados"
Mucho entrecomillado, pero es que no encuentro mejores palabras que las de Delphine de Vigan para expresar todo el dolor, el desvalimiento, la decepción, la rabia que lleva a una a dejarse el cuerpo y la vida por el camino en un intento, siempre vano, por controlar algo del entorno: ya que no puede controlar lo que desea de los demás, puede controlar, al menos,  lo que desea de sí misma. Controla lo que come y, mejor aún, lo que puede dejar de comer. Controla tanto que, de pronto, se da cuenta de que ya no tiene nada que controlar. Ha perdido el control y, cuando ya es demasiado tarde, comprueba que se ha vuelto "inaccesible al miedo y a la rebeldía. Se sentía bien. Mucho más ligera. No quería morirse, sólo desaparecer. Esfumarse. Disolverse. Con medio pomelo en el estómago, volaba por las aceras, días enteros en la calle, vaciando su cuerpo".
Puesto que en gran parte se trata de una novela autobiográfica, lo sentido mientra leemos cobra una intensidad mayor si cabe. El atribuirle los hechos a personajes de papel, pura ficción, contribuye a aligerar la carga. Cuando sabes, por el contrario, que todo ese sufrimiento ha encontrado cobijo en el autor de carne y hueso que lo describe, pocas excusas quedan para la indolencia o el alivio. Solo he leído dos novelas de Delphine de Vigan, pero en cada una se escribe a sí misma; se saca los sentimientos más íntimos y los despliega ante nosotros con total impudicia y sin importarle el dolor y el pasmo que nos pueda causar. 
No busquéis a esta autora para entreteneros ni para divertiros; huid de ella los amantes del feelgood. Huid tan deprisa como yo huyo del feelgood. Nada en sus novelas os hará sentiros bien ni reconciliados con el mundo, pero os sentiréis vivos, terrible, dolorosamente vivos; vivos con saña y sin paliativos. 



martes, 11 de abril de 2017

Lecciones para escribir una novela. Novena: El segundo punto de giro principal.



Este es el final de la segunda unidad dramática que os traje el mes pasado: el desarrollo. El segundo punto de giro es lo que lanza el desarrollo hacia el final, hacia el desenlace que será la tercera unidad dramática.
"Aunque a lo largo del desarrollo podremos haber incluido varios puntos de giro, ninguno de ellos será tan importante como lo son el primero y el segundo. Ambos, cierran un acto y dan paso al siguiente". Esto nos dice Ana Bolox en esta entrega de su curso online que publicó la Revista MoonMagazine en marzo de 2016 y que ahora yo reblogueo, para los que os pueda interesar. 


Veremos todas las funciones que debe cumplir este segundo punto de giro para que sea realmente efectivo y anuncie la llegada del momento de mayor tensión en la historia.
Ya solo quedan otras dos entregas de "Construye tu novela con Ana Bolox", el curso on line que MoonMagazine publicó entre mayo de 2015 y junio de 2016. Se trata de un curso sencillo que puede seguir cualquier principiante, aunque también puede servir de guía para escritores más experimentados. 
En la página de Ana, Ateneo literario, encontraréis más cursos y talleres, y en Revista MoonMagazine, todo lo que podáis imaginar sobre Cultura con mayúscula (teatro, cine, poesía música, novela, novela negra, literatura infantil, gastronomía, etc) y un equipo de redacción de primera, del que tengo el honor de formar parte, liderado por su directora y editora Txaro Cárcenas.


sábado, 8 de abril de 2017

"Marley estaba muerto" Carlos Zanón

Como cualquiera que me siga sabe ya, no soy muy dada a leer libros de relatos y, de hecho, este lo pedí como regalo las navidades de 2015 sin saber que lo era. Desde entonces ha estado en el estante de libros pendientes hasta que, por fortuna, me he decidido a leerlo.
Y digo por fortuna porque este es uno de los mejores libros de relatos que he leído. De esos que he disfrutado de principio a fin. Y sí, no puedo negar que hubiera preferido que todo estuviera integrado en una historia larga, o que se hubiera hecho una historia larga con algunos de ellos, pero soy consciente de que eso es mi limitación y mi problema, y de haberse hecho así, tal vez el libro habría perdido encanto y fuerza.
"Marley estaba muerto" consta de catorce relatos y, como no podía ser de otra manera, están ambientados en fechas próximas a la Navidad, o en la misma Navidad. Contrasta así la fecha feliz por antonomasia de nuestro calendario, con las historias quebradas, los personajes rotos, el dolor y la miseria iluminados por las luces de colores y la estrella en lo alto del árbol que los hace más patentes y descarnados. Las historias de Zanón son una venganza de la realidad más cruda hacia los oropeles y la bonhomía de unas fiestas en las que todos (bueno, vale, no todos, pero muchos) ejercemos de papanatas felices y dispuestos a pasar noches de amor y noches de paz y el claro sol brilla ya...
Aunque a alguno de los personajes de estos relatos le gusta la Navidad, le gusta tanto que siempre vuelve a casa por Navidad, lo malo es que para él Navidad es cualquier momento y aparece por casa montado en un taxi. "Tío Noel Loco podía aparecer cualquier día en nuestras vidas pero nunca en Navidad. Una mañana cualquiera de abril, agosto o noviembre, un taxi paraba en medio de nuestra calle y de él se bajaba Tío Noel Loco disfrazado de Santa Claus".
Hay personajes que atraviesan los relatos apareciendo y desapareciendo, saliendo de unos y entrando en otros, y en todos ellos desgajados de cualquier cosa que se pueda parecer a un espíritu navideño, así sea escuálido y poco aparente. Como Dolores, Dolors Santaolalla, una desastrada y espantosa mujer de la que se aprovechan los hombres el día que cobra la paga de su pensión por minusvalía psíquica. Aunque quizás sea su desbordante imaginación y su ansia de amor la que le hace ver novios a los que acusa de aprovecharse de ella. Como el Turki que pega mucho, pega por gusto y pega por trabajo; pega sobre todo cuando no aciertan su Pregunta"¿Lennon o McCartney?"; pero no le gusta pegar por Navidad y hay quien ya está harto de su pregunta y puede decidir ponerle fin. 
Algunas situaciones bordean el límite de la más pura desesperación. Las lees y la congoja hace un nudo con lo que va quedando de tu alma. Como aquella mujer a la que los hijos "se los habían quitado uno por uno por ser mala madre, signifique eso lo que signifique". Y con esfuerzo sigues leyendo y vuelves a desfallecer de angustia cuando te cuentan de aquella mujer que"no quería despertarse cada día y necesitar morirse" porque no quiere seguir pensando que quizás sus hijos la prefieran muerta, que pueda serles más útil muerta que viva.
Carlos Zanón
Hay familias rotas y familias que se rompen. Hay familias en las que la violencia echó raíces. Hay mujeres maltratadas y abandonadas, y hombres enamorados y abandonados. Y hombres que echan de menos a su familia y la espían por la noche con no muy buenas intenciones y menos mal que hay un perro.
Hay un abogado incapaz de olvidar a Laura, mujeriego impenitente y un poco bebedor, que será bueno a partir de mañana porque al fin y al cabo mañana será otro día y siempre habrá un mañana al que acudir, mientras sea necesario acudir a un mañana.
Hay un Romeo que abandona a Julieta por Ofelia y una Julieta que "piensa que cuando dos personas se enamoran, ambas son conducidas a un momento y un lugar en que saben que han de matarse el uno al otro. Salvo raras excepciones, no lo hacen. Seguir con vida entonces es convertir el vino en agua y hacer del mundo un líquido tramposo que te torna miedoso"
Y hay niños, pasados y presentes; niños robados y niños a los que les roban la infancia; niños que le piden regalos y consejos a un Melchor que huele a cerveza y que guarda una bolsa de deporte bajo el asiento. Y hay una niña capaz de despertar y traer al presente a los espectros de su familia y convocarlos a la mesa navideña porque es muy triste prescindir de ellos, sobre todo en Navidad.
Hay un Yahvé que siente envidia de Elvis Presley por ser mejor padre que él y en venganza crea a los Beatles. Y es que también hay historias con un cierto sentido del humor, humor negro, humor ácido y un poco amargo, pero un poco de humor que nos abre los poros y permite a nuestra piel respirar de nuevo por unos instantes.
Y está Marley, claro, el amigo de Michael Head, pero "para empezar Marley estaba muerto. De eso no cabía la menor duda. Muerto desde hacía siete años. Muerto sobre un colchón que luego hubo que tirar porque nadie quería dormir en él. Muerto como el clavo de una puerta, de un tumor cerebral". Marley paseando por la noche de Barcelona su figura espectral de muerto y aparecido porque es Nochebuena y todas las Nochebuenas fueron siempre la noche de Marley.
El espíritu de Marley le anuncia a
Ebanizer Scrooge la visita de
tres fantasmas
Y lo fueron desde que Dickens nos enseñó que la Navidad es un tiempo de espectros, es el tiempo en que Jacob Marley, muerto exactamente siete años antes, se le aparece a Ebanizer Scrooge para hacerle visitar con los espíritus respectivos sus Navidades pasadas presentes y futuras. 
Las navidades de este libro son amargas. Dejan siempre algo frustrado en el sentimiento de quien lee, reflejo de la frustración de los personajes. No hay sitio para la esperanza. No sabemos como fueron la Navidades pasadas, pero las presentes se presentan tristes, cuando no violentas, y las futuras, no presagian nada mejor. Porque mientras Dickens aún tenía esperanza en que el futuro podría redimir al presente, en este presente que es el futuro de Dickens y de Ebanizer Scrooge ya sabemos,  o sospechamos, todo lo que podemos esperar del porvenir.
Y hay también música, mucha música y muy variada,  en estos relatos. Los ya mencionados Elvis Presley y los Beatles, Neil Young, Edith Piaf, Leonard CohenRoxy Music, Roberta Flack, Manolo Escobar, Tom Jones y hasta "no me llames Dolores llámame Loca"
Antes de leer "Marley estaba muerto", ya había leído "Yo fui Johnny Thunders", su anterior libro que ganó varios premios: el Salamanca Negra 2014, el Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón en 2015 y el Novelpol 2015. También en esta novela había mucha música y no solo en el título.
Pero con todo, lo mejor de estos cuentos no son los temas, variados, pero siempre bordeando, cuando no cruzando,  la tenue linea que constituye la marginalidad; ni el desconsuelo de unos personajes atrapados entre su día a día y los sueños de cada noche; ni las historias, tan reales en su fantasía que estremecen. Lo mejor, como pretendo dejar patente en las citas que aparecen, es la manera que tiene el autor de contarlo. La tensión entre lo que se cuenta y lo que se calla. Una literatura hermosa a pesar de toda la dureza que la impregna, con frases rotundas e imágenes que golpean los cinco sentidos que se ven así espoleados por las palabras y las ideas sin concesiones de un libro que puede reconciliarme con el género del relato.



viernes, 7 de abril de 2017

"Ese mundo desaparecido" Dennis Lehane


Esta es otra de mis reseñas que no encontraréis en mi blog. Esta es ya mi sexta colaboración con la Revista MoonMagazine. En este caso se ha publicado en la revista mi reseña sobre la última novela de Dennis Lehane, "Ese mundo desaparecido", tercera de la trilogía sobre los Coughlin.
La primera novela de la trilogía, "Cualquier otro día", tiene como protagonista a Danny Coughlin, un policía de Boston, y está ambientada en Boston entre los años finales de la Gran Guerra y los primeros veinte. Tiene muchos tintes históricos y nos enteramos de algunos hechos que tuvieron lugar en dicha ciudad en aquel temprano siglo XX. En la segunda, "Vivir de noche", el protagonismo pasa a Joe Coughlin, el hermano pequeño de Danny que en la novela anterior era un niño, casi un adolescente, y que ya apuntaba maneras un tanto gangsteriles, maneras que se manifiestan en toda su amplitud en esta segunda novela. La década de los veinte ha pasado el ecuador y Joe empieza a despuntar en la banda de Tommaso Pescatore a quien representa en sus negocios en Tulsa, Florida, y en la isla de Cuba.
En esta tercera novela de la serie "Ese mundo desaparecido", estamos en plena Segunda Guerra Mundial, corre el año 1942 y las cosas se ponen difíciles para un Joe Coughlin de mediana edad, casi retirado de los negocios y viudo con un niño de casi diez años al que cuidar.
Una interesante novela, como todas las de Dennis Lehane, que no solo escribe novela negra de primera calidad, sino que le ha puesto su sello inconfundible a guiones de series de la talla de "The Wire" y "Bordwalk Empire".
Si quieres leer la reseña de esta estupenda novela, visita la Revista MoonMagazine.


martes, 4 de abril de 2017

"Shirley" Charlotte Brontë

No conocía nada de esta novela. De Charlotte Brontë leí "Jane Eyre" hace demasiados años como para recordar algo que no sea lo que todo el mundo sabe. Tantos años, que ni siquiera aparece en mi lista de leídos que empecé a confeccionar con diecinueve años. Demasiado tiempo en todo caso.
Me estreno por tanto con Charlotte Brontë tras mucho tiempo despojada de las hermanas de las que, por otra parte, además del libro mencionado, solo leí un par de veces "Cumbres borrascosas". Tarde como decía, pero con muy buen resultado. "Shirley" me ha encantado, me ha sumergido de nuevo en un mundo que conformó mi afán lector en mi adolescencia y juventud. Me ha atrapado de tal forma en la evocación de tiempos pasados (no sólo en la ambientación, sino también en mis recuerdos) que las hermanas Brontë y su mundo se me han metido en la piel y las veréis (lo veréis) mucho por aquí a lo largo de este año.
"Shirley" es la última novela completa de su autora (después empezaría otra que quedó sin terminar, "Emma Brown" de la que tan solo llegó a escribir veinte páginas). Mientras la escribía, tuvo que ver morir a su hermano, Branwell, y a sus dos hermanas, Emily y Anne, en los nueve meses que van de septiembre de 1848 a mayo de 1849. Parece ser que durante esos nueve meses, detuvo la escritura del libro para retomarla tras la muerte de Anne y publicarlo a finales de 1849.
Se trata de una extensa novela en la que de nuevo las mujeres tienen un papel predominante. Dos son las protagonistas del libro, Caroline Helstone y Shirley Keeldar.
Caroline es una joven huérfana de padre y de cuya madre se ignora el paradero, que vive con su tío, el señor Helstone, pastor de la parroquia de Briarfield, un hombre frío que no valora en absoluto a las mujeres, "en el fondo, no soportaba el buen juicio en las mujeres; le gustaba pensar que eran todas todo lo tontas, frívolas, vanas y susceptibles de ser ridiculizadas que fuera posible, porque entonces se convertían realmente en lo que él creía y deseaba que fueran:inferiores, juguetes con los que jugar, con los que llenar una hora de ocio y a los que poder desechar luego". A pesar de todo, Caroline recibe una educación inusual para una mujer de su época. En casa de los Moore, Hortense y su hermano Robert, primos lejanos, aprende francés y lee a los clásicos y a Shakespeare y la poesía de Chenier. Tal vez la poca atención que su tío le presta hace que disponga de suficiente libertad para cultivarse. Su tío la trata con generosidad, como si de una hija se tratara pero con poco afecto, sin muestras de cariño. Eso hace que toda la sed de amor que padece la joven se centre en su primo Robert Moore del que está enamorada, casi sin saberlo.
Shirley es una rica heredera que acaba de instalarse en Fieldhead, su gran mansión, con su vieja institutriz, la señora Pryor. Es una mujer independiente y voluntariosa que no tiene, ni siente, ninguna necesidad de unir su vida a ningún hombre. Es la dueña de la fábrica de tejidos que dirige Robert a quien se la tiene arrendada, así como la casa en la que viven Robert y Hortense.
Y entre ambas mujeres está Robert. De padre inglés, de York, y madre belga, es un extranjero que pretende sacar adelante la fábrica de tejidos que tiene arrendada y de la que vive. Pero estamos en una época convulsa. Las guerras napoleónicas tienen al mundo agitado. Molesta por las Reales Órdenes, según las cuales los países neutrales no podían comerciar con Francia, América, el principal comercio de la lana de Yorkshire, ha cerrado sus relaciones comerciales, lo que está llevando a la ruina a Robert y otros fabricantes. A esa situación viene a añadirse la incipiente Revolución Industrial en la que nuevas máquinas vienen a hacer el trabajo de los hombres, lo que ocasiona miles de obreros sin trabajo. Si a eso añadimos alguna mala cosecha, tenemos el terreno preparado para que los desesperados, que nada tienen que perder porque ya lo han perdido todo, se lancen con sus protestas en busca de lo que se les niega y que constituye su sustento y el de sus hijos. Pero de nada les sirven los incendios de fábricas o los asaltos a las casas de los industriales. Ni se puede detener el progreso, ni parar la Guerra. "La miseria genera odio; aquellos que sufrían odiaban las máquinas que, según creían les habían arrebatado el pan; odiaban los edificios que contenían esas máquinas; odiaban a los industriales a los que pertenecían esos edificios"
Robert, quizás por ser extranjero y llevar poco tiempo en la región, no se siente lo suficientemente ligado a ella por lo que ha mandado al paro a muchos de los trabajadores de su fábrica. Por eso en la parroquia de Briarfield, la persona más odiada entre los obreros es Robert Moore, que encima es medio extranjero; por eso le queman los telares nuevos que compra; por eso ve la ruina acechar su fábrica y su casa y por eso vuelve sus ojos hacia Shirley que, además de hermosa, es lo suficientemente rica como para alejar para siempre el fantasma de la bancarrota.
"Shirley" es una novela, al menos en la primera parte, de denuncia social y análisis de la realidad. Es aterradoramente lúcida la disección que se hace de la situación económica y política, ambas como siempre muy relacionadas, que se dieron en aquellos primeros años del siglo XIX. Una época en la que el progreso surgido de la Revolución Industrial arroyaba en su discurrir imparable todo lo que se le ponía por delante, mayormente los trabajadores a los que las máquinas sustituían, pero  no se puede dejar de inventar nuevas máquinas, no se puede dejar de modernizar las fábricas, no se puede anclar la vida en el pasado y renunciar a lo que nos traen los nuevos tiempos. La eterna contradicción entre lo que viene y lo que, inexorablemente está caduco y herido de muerte; le eterna batalla en la que sucumben los que se anclan al pasado y triunfan los que tienen sueños de futuro. 
Un análisis, interesante y novedoso para la época, sobre todo si tenemos en cuenta que lo hace una mujer, lo que sería extraño si no supiéramos que las hermanas Brontë eran mujeres ilustradas y preocupadas por el mundo que las rodeaba más allá de las parcelas que les estaban destinadas en aquella época.
Pero no queda aquí la crítica y el análisis. La situación de la mujer también se muestra ante nosotros con toda su mezquina realidad. Caroline y Shirley tienen ciertos atisbos feministas, empiezan a vislumbrar que los hombres y las mujeres pueden ser iguales, son conscientes de que ciertos hombres están muy por debajo de ciertas mujeres, pero en términos generales se ve una marcada admiración por los hombres, ellas mismas no llegan a creer en tal igualdad. Así vemos a Shirley deseando encontrar un hombre superior a ella al que admirar como a un dios, porque "agacharse rebaja; alzar la vista es glorioso [...] cuando me siento inclinada a la religión, no hay más que falsos dioses a los que adorar". El feminismo de Shirley se ha quedado en su independencia económica, en dirigir por sí misma sus negocios y propiedades y en negarse al matrimonio con los hombres respetables que le propone su tío. Y no es poco a principios del siglo XIX en plenas guerras napoleónicas.
Caroline, por su parte, pobre y sintiéndose abandonada sin más referente que su tío, quiere trabajar, pero más que un medio para lograr su emancipación, ella ve el trabajo como una ocupación que le llene la cabeza, una obligación absorbente que la impida pensar en otras cosas más dolorosas... puesto que no cree que vaya a casarse, en cuyo caso no se le ocurriría pensar en el trabajo que según Shirley "hace[n] a las mujeres masculinas, groseras y poco femeninas". Eso pensando en profesiones liberales, por supuesto, Caroline solo piensa emplearse como institutriz. 
La novela abunda en personajes y en situaciones muy interesantes y que sirven a la autora para mostrarnos lo que pretende: un mundo cambiante y contradictorio donde los deseos de aliviar la situación de los que están por debajo y no han tenido la suerte de un nacimiento de fortuna, conviven con el empeño de mantener los privilegios y las propiedades a toda costa. "Si los pobres se unen y se lanzan en forma de turba, yo me volveré contra ellos como aristócrata" dice Shirley hablando de las revueltas luditas que se extendían por el país. 
Charlotte Brontë
Se habla más de caridad que de justicia y se pretende acallar con caridad la revolución. Hoy consideramos la caridad como un acto de soberbia y de orgullo anclado en creencias religiosas caducas; hoy somos conscientes de que lo que se llama caridad es una manera de equilibrar con justicia algunos desarreglos injustos. En la novela No hay crítica a la caridad, no se reivindica la justicia en su lugar. Me imagino que a mediados del siglo XIX, no se hacían estas disquisiciones o, al menos, no las hacía la autora. O yo no lo he visto.
Es también, por supuesto, una novela de amor. Caroline ama a Robert. Robert no sabemos a quien ama, o si ama a alguien. Lo mismo pasa con Shirley. Aman hasta los diáconos, alguno con poco acierto. Hay amores correspondidos y amores rechazados, porque como en la vida misma, no siempre amamos a quien nos ama ni nos ama quien es amado por nosotros. 
A partir de un determinado momento, vemos como en la novela va quedando de lado la crítica social y la descripción de vicios y virtudes de la época para dar paso a las relaciones amorosas de los protagonistas que se convierten en la única trama del final del libro. Tal vez (se me ocurre a mí, no tengo ninguna constancia) tras la muerte de sus hermanos, la autora no se vio con ánimos para seguir por esos derroteros y decidió terminar la historia más centrada en el amor. Tal vez eso le resultó más fácil y le permitió culminar la tarea en unas circunstancias en las que cualquier otra persona hubiera abandonado. Afortunadamente, ella no lo hizo.

Persuasión ha sido la lectura conjunta de marzo en el grupo de facebook Los libros de Carmen y amig@s.
Esta novela entra además en el reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990, concretamente, "Shirley" es de 1849.


sábado, 1 de abril de 2017

Abril 2017


1801
Vuelvo ahora de hacer una visita a mi casero, el solitario vecino con quien voy a tener que lidiar. ¡Realmente es hermosa esta comarca! No creo que hubiera podido encontrar en toda la faz de Inglaterra un lugar para vivir más apartado que este del mundanal ruido. Es el edén pintiparado para un misántropo, y el señor Heathcliff*y yo formamos la pareja ideal para compartir semejante desolación. ¡Gran compañero! Lo que seguramente no ha podido imaginarse es la simpatía que despertó en mi corazón cuando descubrí, según me acercaba cabalgando hacia él, el aprensivo replegarse de sus ojos negros bajo las cejas y cómo luego, al escuchar mi nombre, sus dedos se hundían más profundamente en los bolsillos del chaleco, refugiándose allí con celosa determinación.
* he tachado el nombre por si alguien quiere adivinar a qué novela corresponde este inicio. El nombre la delataría sin lugar a dudas.

Abril es un mes cambiante e inestable. El invierno da sus últimos pataleos antes de ser expulsado definitivamente por la primavera que, por aquí, por el norte, a veces tarda y tarda en conseguirlo y parece que no va a llegar nunca y el invierno se va a enseñorear de nosotros para siempre. Como resultado de tan incierta batalla, los elementos se desatan sobre la tierra de forma anárquica y violenta. Abril es un mes de lluvias y vientos, tormentas y granizos y, a veces también, una nieve tardía y divertida.
Es por todo eso por lo que quiero empezar el mes con una historia de amores tan arrebatados y violentos como el tiempo en abril, unos amores borrascosos como las cumbres en las que tienen lugar. 
Sí, estoy hablando de "Cumbres borrascosas" la única y emocionante novela de Emily Brontë, una de las tres hermanas en cuyo mundo estoy metida y en el que pienso pasar una parte importante de este año. 
La terrible historia que compone esta novela es la de dos familias vecinas, los Earnshaw y los Linton, y le es contada al señor Lockwood por su sirvienta la señora Dean. 
Cuando Lockwood va a visitar a su casero, el hombre que le ha alquilado la Granja de los Tordos, se encuentra con Heathcliff, el casero, y dos jóvenes, Hareton y Catherine, cuya filiación tendremos que ir averiguando a medida que leemos. Tres personajes desastrados, insociables y huraños, cuando no resueltamente hostiles. Nos da pavor imaginar la vida de aquellos tres seres, encerrados en aquella casa que asemeja una ruina y por momentos amenaza con venirse abajo aplastando a sus tristes habitantes y terminando con su desesperada existencia. Tres seres condenados a vivir juntos como si al hacerse la vida imposible unos a otros estuvieran ajustando con el mundo alguna deuda propia o ajena. Como si al hacerse la vida imposible se vengaran unos de otros en nombre propio y en el de los que ya no pueden ni podrán nunca vengarse.
"Cumbres Borrascosas" es la historia de un amor truncado; de un amor que, de haber podido materializarse, quizás se hubiera consumido en sí mismo como tantos otros, pero de un amor que, por haber quedado en el intento, creció hasta consumir todo lo que le rodeaba, hasta envolver con el resentimiento de su frustración las vidas de todos los que, responsables o no, se cruzaron en su camino.
Es la historia de dos familias que son felices cuando empieza la novela, y terminan destruidas. Los tres supervivientes resisten en su espiral de odios, venganzas y resentimientos, pero, finalmente, la esperanza se abre paso en los jóvenes, ajenos, dentro de lo que cabe, a las causas de tanto dolor, inocentes de las circunstancias en las que se han visto envueltos y que han destrozados sus vidas, unas vidas que, tal vez, más allá de la novela, puedan recuperar un cierto brillo.
Esta es la única novela que escribió Emily Brontë. La publicó en 1847 bajo el pseudónimo de Ellis Bell. No fue muy valorada en principio y Emily decidió no escribir más novelas. No sabemos qué hubiera sucedido de haber visto el éxito posterior que tuvo el libro; no sabemos si hubiera cambiado de opinión. El 19 de diciembre de 1848, poco más de un año después de la publicación de "Cumbres borrascosas", moría de tuberculosis, la misma enfermedad que se había llevado a su madre y a sus dos hermanas mayores hacía ya muchos años y que, probablemente, era también parte de la causa de la muerte de su hermano Branwell apenas dos meses antes; la misma enfermedad que se llevaría en tan solo cinco meses a su hermana Anne. Habían de pasar aún seis años para que Charlotte, la única superviviente de los seis hermanos, falleciera también de la misma terrible enfermedad.
Ya sabéis que esto no es una reseña. Han pasado muchos años desde la última vez que leí el libro. Esto no es más que uno de esos inicios de novela con los que empiezo cada mes, excepto enero, desde hace casi dos años. Nunca leo los libros que aparecen en esta sección "Bienvenido nuevo mes literario", por lo que pretender hacer una reseña sería un poco osado. Son libros que he leído hace tiempo, pero que, de alguna manera, me impresionaron lo suficiente como para recordarlos más que otros. La reseña vendrá en unas semanas, no sé cuantas, pero lo que sí sé es que lo voy a releer más pronto que tarde, porque, como os digo, el mundo Brontë me ha atrapado y pienso exprimirlo todo lo que pueda. Os seguiré contando.



martes, 28 de marzo de 2017

"El monarca de las sombras" Javier Cercas

En "El monarca de las sombras", Javier Cercas sigue con la labor de forense que ya le achaqué en la reseña de su anterior novela, "El impostor", para clavar su bisturí en unos hechos ocurridos durante la guerra civil y que tuvieron como protagonista a un miembro de su familia, un tío abuelo por parte de madre, Manuel Mena. La historia le había venido principalmente a través de su madre, una extremeña trasplantada a Cataluña que nunca llegó a acostumbrarse a que no volvería a vivir a su pueblo. Siempre vivió pensando que aquella vida de emigración y extrañamiento era temporal y es que para la madre de Cercas "la emigración había significado que de un día para otro mi madre dejara de ser una hija privilegiada de una familia patricia en un pueblo extremeño, donde ella lo era todo, para ser poco más que una proletaria o poco menos que una pequeña burguesa abrumada de hijos en una ciudad catalana, donde ella no era nada". Tal vez por eso, dejándose llevar de la nostalgia y los recuerdos, desde pequeño le había contado a Javier la historia de aquel tío paterno, con el que ella había convivido de niña en casa de sus abuelos, y que murió en el Frente del Ebro en septiembre de 1938 a los diecinueve años, convirtiéndose en un héroe recordado por todos en la familia y en el pueblo, porque además tuvo la suerte de morir luchando por el bando vencedor.
Nos cuenta Javier en el "El monarca de las sombras" que él nunca se había planteado escribir nada de aquello, tal vez por la vergüenza del pasado político de su familia, franquistas los maternos y también los paternos; una vergüenza que entiendo perfectamente porque deriva de lo mismo que hacía que yo me sintiera orgullosa de mi ascendencia republicana, también por los cuatro costados; una vergüenza que es posible que hoy no se entienda por parte de gente más joven, pero que está muy clara para los que tenemos una edad y fuimos jóvenes de izquierdas en la temprana transición que sucedió a la muerte del Caudillo de España por la Gracia de Dios. Claro que no todos los jóvenes de aquellos tiempos sintieron esa vergüenza, los había también orgullosos de todo lo contrario.
Pero uno crece y las vergüenzas adolescentes y juveniles se van atenuando (también los orgullos), y uno empieza a asumir su pasado y el de su familia como algo que no tiene valoración ni a favor ni en contra. Es tu pasado, es de donde vienes y no hay para orgullos ni para vergüenzas que bastante tiene uno con asumir los propios como para encima pretender cargar con los de toda la familia o todo el país.  Tal vez eso fue lo que pensó Javier Cercas cuando decidió investigar acerca de aquel familiar perdido entre la bruma y el humo de una guerra y entre los miles de muertos que dejó aquel frente y aquella batalla en la que también perdió la vida Manuel Mena. 
Javier Cercas no pretendía escribir un libro, tan solo llegó un momento en que sintió la necesidad de dar rienda suelta a algo que siempre le había rondado: "siempre quise saber qué clase de hombre era. O qué clase de adolescente, más bien... Siempre quise saber por qué se marchó a la guerra tan joven, por qué luchó con Franco, qué hizo en el frente, cómo murió".
Manuel Mena
Y comienza a adentrarse en la vida de Manuel Mena y en la vida del pueblo de su familia, Ibahernando, en la provincia de Cáceres, en los tiempos de la República y de la Guerra Civil.
Ibahernando era a principios del siglo XX un lugar pobre de gente pobre, siervos de los aristócratas que detentaban la propiedad de las tierras y que vivían en Madrid. Por esa época, algunos de los campesinos arrendaron tierras a los dueños  y pasaron a ser un poco menos pobres. Eso hizo que el pueblo se dividiera entre los que "tenían" tierras y podían dar trabajo al resto, y ese resto que no tenía nada más que el trabajo cuando lo conseguía. Las familias de Cercas, la materna y la paterna, pertenecían a esos campesinos con tierras y tenían los suficientes recursos como para que las semanas previas a la Guerra Civil pillaran a Manuel Mena en Cáceres preparándose para ingresar en la universidad al curso siguiente. Nunca llegaría a hacerlo, pero aquel curso en Cáceres tal vez fuera decisivo para él y comenzara a fraguarse su leyenda, porque es posible que allí fuera atraído por la ideología falangista en nombre de la cual se alistaría como voluntario unos meses después, concretamente el 6 de octubre de 1936; tal vez en Cáceres "hubiera podido ser atraído [...] por el idealismo romántico y antiliberal, la radicalidad juvenil, el vitalismo irracionalista y el entusiasmo por los liderazgos carismáticos y los poderes fuertes de aquella ideología de moda en toda Europa".
Pero como es habitual en los libros de Javier Cercas, a la vez que nos narra la trama central del libro, en este caso la vida y muerte de Manuel Mena, nos va contando los pormenores de su investigación, de cómo se va gestando la historia y se van descubriendo detalles, de sus entrevistas con familiares, amigos, y demás gente que pueda tener el más mínimo dato que pueda unir pieza más al puzzle que se está construyendo. Aquí es donde la novela-ensayo-biografía del autor adquiere tintes de novela policíaca porque Javier Cercas sabe hacer que la búsqueda de las personas, documentos y cualquiera de los detalles de su investigación, se nos presente como algo intrigante, de una manera que nos engancha y nos hacemos cómplices de sus pesquisas y estamos expectantes de sus resultados.
Los capítulos se van alternando, y si en los pares se nos cuenta la historia de Manuel Mena, Historia reciente de España, en los impares se nos cuenta la historia de una investigación llevada a cabo por un hombre que es escritor y que quiere saber más acerca de sus antepasados y del pueblo del que procede lo que significa querer saber algo más acerca de sí mismo. En su labor de detective de su propia historia se verá ayudado por el director de cine David Trueba, autor de la adaptación a la pantalla de su novela "Soldados de Salamina". "¿De verdad vas a escribir otra novela sobre la guerra civil? Pero ¿tú eres gilipollas o qué?", así le responde el director cuando, en noviembre de 2012, el escritor le pide que le acompañe a Ibahernando para grabar en vídeo una entrevista al que quizás es el último testigo de la infancia de Manuel Mena. Y no obstante será Trueba quien, finalmente, tenga mucho que ver en la decisión de Cercas de escribir un libro con todo lo descubierto.
Y es que lo descubierto por el escritor se aleja de la leyenda transmitida por su madre. Manuel Mena no tuvo una  Kalos thanatos, una bella muerte como la llamaban los griegos, una "muerte perfecta que culmina una vida perfecta" al igual que Aquiles en la Ilíada; no murió en la guerra gloriosa pintada por Velazquez. La muerte de Manuel fue la muerte que Aquiles le relata a Ulises en la Odisea; fue una muerte en la guerra sucia y negra y miserable pintada por Goya. La muerte de Manuel fue, tal vez, la muerte de todos los héroes de guerra si les diéramos la oportunidad de relatárnosla y descubriéramos que sólo en el imaginario de los que les sobreviven existen los héroes; que todos ellos terminan deplorando su muerte y sus heroicidades, que todos ellos terminan viendo en su guerra la guerra sucia y negra y miserable que Goya pintó en "Los fusilamientos del 3 de mayo", o "Los desastres de la guerra" y no la guerra gloriosa que Velázquez pintó en "La rendición de Breda".
Manuel Mena se había equivocado de causa y nadie puede sentirse superior a él le hace ver David Trueba a Javier Cercas. Además, otra cosa que acaba viendo el escritor es que "la historia de Manuel Mena era la historia de un vencedor aparente y un perdedor real; Manuel Mena había perdido la guerra tres veces: la primera, porque lo había perdido todo en la guerra, incluida la vida; la segunda, porque lo había perdido todo por una causa que no era la suya sino la de otros, porque en la guerra no había defendido sus propios intereses sino los intereses de otros; la tercera, porque lo había perdido todo por una mala causa".
Javier Cercas
Finalmente el autor decide escribir "El monarca de las sombras" porque no encuentra otra forma de decirle a su madre lo que ha descubierto; porque no quiere que la historia que quede vigente sea, al final, la que ha escrito la leyenda, la que le ha contado su madre. Quiere sobreescribir la historia sobre la historia escrita por los vencedores y, me imagino, liquidar cuentas con la equivocación de su familia a la hora de escoger el bando por el que luchar. Porque Javier Cercas está convencido de que su familia se equivocó de bando y "no solo porque la República tenía razón (se la daban las urnas), sino porque era la única que podía defender sus intereses" de siervos con tierras, pero siervos al fin sometidos a los verdaderos dueños y señores de esas tierras.
Una novela interesante, muy bien escrita, como no podía ser de otra manera, y con un planteamiento que nos enfrenta a hermosas reflexiones acerca de la vida y la muerte y la forma de llevarlas a cabo. Solo una pega le pongo: creo que el autor se recrea en exceso en algunas batallas que describe en sus más mínimos detalles. Aunque ni siquiera pueda ser una pega más que para mí y gente que, como yo, no sea muy amante de películas y novelas bélicas. He de confesar que me he saltado alguna página en que se describían este tipo de escenas, pero no obstante, me alegro de haberla leído. No me podría perdonar haberme perdido todo lo que nos cuenta y, sobre todo, no me perdonaría haberme perdido el maravilloso relato de Danilo Kiš que David Trueba le cuenta a Cercas; ese que termina "«La historia la escriben los vencedores. La gente cuenta leyendas. Los literatos fantasean. Sólo la muerte es segura»".




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