Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

domingo, 28 de abril de 2019

"La hoja plegada" William Maxwell

"Quizá fuera demasiado orgulloso y demasiado inseguro a la vez. El hecho de que sus piernas fuesen demasiado delgadas para que pudiera llevar bombachos puede que tuviese algo que ver, o el que no dispusiera de ninguna muletilla que emplear. Además, la única vez que había reunido valor para pedirle a una chica que saliese con él, le había rechazado". Lymie Peters no es el chico más popular del instituto. Su torpeza en los deportes y su aspecto poco agraciado lo hacen mantenerse alejado, tratar de pasar desapercibido. Nadie lo quiere en su equipo porque eso es garantía de perder en natación, en baseball o en cualquier deporte. Tan solo destaca en los estudios y su padre está muy orgulloso de las buenas notas que saca.

Estamos en Chicago, después de la Primera Guerra Mundial. Si nos fiamos del calendario situado detrás de la mesa de la profesora en el aula, y no tenemos motivos para no fiarnos, es octubre de 1923. Además se habla de bares clandestinos lo que concuerda perfectamente, teniendo en cuenta que la Ley Seca duró de 1920 a 1933. Pocos datos más se nos dan de la época en que transcurre "La hoja plegada", que bien podría ser otra, porque la historia es bastante atemporal.

La vida de Lymie no es muy alegre. Su madre murió hace años y vive con su padre en un piso desordenado y sucio, cenan en restaurantes cada noche y su padre, que frecuenta los bares clandestinos, vuelve a casa apestando a alcohol y acompañado de mujeres que "llevaban el pelo corto y teñido las más de las veces, fumaban cigarrillos, tenían la voz áspera y seca y sus vestidos siempre dejaban ver las rodillas". Sin amigos, sin madre y con un padre que le quiere, pero que no sabe darle la atención que necesita, la vida de Lyme es bastante solitaria.

Pero eso cambia cuando aparece Spud en el instituto. Spud viene de Wisconsin donde tenía amigos y se sentía en su casa. Aquí es un ser desubicado y resentido. Está resentido contra su padre al que culpa de haberle traído a Chicago. Se siente inseguro ante chicos bien vestidos y chicas que se maquillan; siente miedo de los sarcasmos de los profesores; se siente acomplejado por ser casi pobre en comparación con sus compañeros. Todo ello hace de él una persona violenta que busca peleas, busca en la sangre y en el dolor físico enmascarar las heridas del orgullo magullado... "todo fluyó hacia sus puños. Cada impacto le liberaba de parte de su tristeza acumulada y empezó a sentirse mucho mejor que en la vida real"

Aunque nada de eso le será provocado por Lymie. Tan solo ante Lymie, Spud no tiene miedo ni inseguridad ni resentimiento. Con Lymie no se siente acomplejado. Antes al contrario, es Lymie quien se siente inferior frente a Spud que es fuerte y atlético, y aunque no es muy guapo, su cuerpo parece ser la norma en la que se basan las proporciones del cuerpo humano. Además se le dan bien los deportes, aunque sea un mal estudiante. Lymie se siente atraído hacia él a la vez que temeroso de volver a verse rechazado. La primera vez que Spud le invita a cenar con su familia, Lymie se debate entre el deseo de entrar en la vida de su amigo y el miedo a que no le acepten. Vencerán el deseo y la insistencia de Spud y Lymie se verá formando parte de algo que nunca ha tenido: una familia en la que sus miembros riñen, se burlan unos de otros, se quieren, se acercan la sal, hacen música con el tenedor y los vasos. Un paraíso desconocido para Lymie. Un paraíso que su presencia había contribuido a crear pues todos los miembros de la familia querían mostrar su mejor cara ante el invitado y hacerle agradable la velada. No todas las cenas son así en casa de los Latham, pero todas son cenas familiares, más o menos conflictivas, como las de todas las familias, muy alejadas de las frías, solitarias y corteses cenas que cada tarde comparte con su padre en el restaurante Alcázar.

Todo un mundo se abre ante Lymie con su admisión sin reservas en la familia Latham. Descubrirá la vida que le corresponde a un chico de su edad, la vida que la falta de su madre le ha impedido disfrutar. "Así era como vivía la gente, los chicos de su edad que no tenían que prepararse el desayuno por las mañanas, o lavarse la cara en un lavabo sucio, o irse a dormir por la noche en una cama sin hacer; chicos cuyos padres no bebían más de la cuenta ni hablaban demasiado alto y que no coqueteaban con las camareras". Y todo un mundo se abre con el descubrimiento de la camaradería entre chicos y el fin de su obligada soledad.

"La hoja plegada" es la historia de una amistad. Lymie y Spud se harán inseparables, Lymie será un elemento más de la familia de Spud, cuya madre sentirá la necesidad de cuidarlo, alimentarlo bien y suplir en lo posible a la madre que él no tiene. Pero la diferencia pone de manifiesto la evidencia que antes permanecía oculta. "Para conocer la injusticia del mundo sólo hace falta un poco de experiencia. Para aceptarla sin amargura o envidia se necesita casi la suma de toda la sabiduría humana, cosa que Lymie Peters, a la edad de quince años, no poseía. No pudo evitar darse cuenta de que la balanza de la suerte se había inclinado considerablemente a favor de Spud, y sentirse agraviado por ello. Pero lo que más le reconcomía era que Spud fuese, además, un atleta nato y la encarnación del ideal con el que soñaba despierto a menudo"

Del instituto en Chicago a la universidad en Indiana, los amigos siguen juntos. Lymie vive su vida a través de Spud. Le ata los guantes de boxeo, le espera para tenderle la toalla cuando salen de la ducha, comparten habitación, comparten cama. Lymie acostumbra a meter la mano en el bolsillo del abrigo de Spud,  y a entrelazar los dedos con los suyos. Se han querido ver rasgos homosexuales en la amistad de los dos chicos. No me gusta etiquetar las relaciones ni los afectos ni, por supuesto a las personas que los sienten. Pocas veces aparecen en mi blog las palabras homosexual, heterosexual o bisexual, ni ninguna otra que suponga etiquetar las variadas parejas y los afectos que se pueden establecer entre los seres humanos. En mi blog aparecen personas y los sentimientos que comparten sin hacer hincapié en el sexo de cada cual. Y tal vez el autor ha querido dejar alguna pista acerca del significado de los sentimientos de Spud y Lymie, aunque las pistas son confusas. Spud tiene su novia, Sally Forbes. Lymie permanece solitario, aunque no por voluntad propia, ya que también está enamorado de Sally. Los tres mantienen una profunda amistad y comparten juntos todo tipo de actividades, hasta que la realidad de la vida se va imponiendo con sus suspicacias y sus recelos.

La amistad mantenida a lo largo de los años se ve teñida de sentimientos latentes que la edad adulta saca de su letargo; los celos, las envidias, las inseguridades hacen acto de presencia. Hasta las veladas amenazas presentidas en el pasado parecen materializarse con varios años de retraso. "Se dio cuenta de que había sido una especie de premonición. Todo lo que había pensado que ocurriría entonces estaba ocurriendo ahora. Tan sólo se había equivocado en el momento"

Los amigos empezarán a distanciarse, con dolor pero sin remedio y ello tendrá sus consecuencias en los dos jóvenes, en cada uno de manera distinta, pero ambos tendrán que seguir con sus vidas como todo tiene que seguir, como sigue la vida más allá de las novelas porque "puede que dé la impresión de que reduce su velocidad y está a punto de pararse, pero es sólo porque se prepara para girar una y otra vez, cada vez más deprisa, noche y día, semana tras semana. El final que sigue al principio no es ni un final ni un principio. Cualquier cosa que esté viva debe ser continua. No hay vida que no siga y siga, incluso la vida que se oculta en el agua y en las piedras"

William Maxwell
"La hoja plegada" es la tercera novela que leo de William Maxwell tras "Vinieron como golondrinas" y "Adiós, hasta mañana". En todas ellas habla de niños y adolescentes. En todas ellas los niños han perdido a su madre. Quizás es que escribe para liberarse de la enorme pena de haber perdido a la suya propia cuando tenía diez años, víctima de la mal llamada gripe española, hecho que trata de manera espléndida en la maravillosa y tierna "Vinieron como golondrinas". Recomiendo a este autor a quien guste de las historias sencillas en apariencia, esas que no se prodigan en grandes acontecimientos ni sucesos llamativos, pero en las que subyace la vida por debajo de la aparente cotidianidad, mucha vida.

Esta novela entra en el III reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1980. "La hoja plegada" está publicada en 1945.

Esta novela entra también en el I reto "Cabalgando entre clasicospor estar publicada antes de 1970. 

Título del libro: La hoja plegada
Autor: William Maxwell
Título original: The folder leaf
Traducción: Miguel García Temprano
Editorial: Libros del Asteroide
Año de publicación: 2007
Año de publicación original: 1945
Nº de páginas: 352

miércoles, 24 de abril de 2019

"La melodía de la oscuridad" Daniel Fopiani

"—No sabía que envejecer doliese tanto".
Y sin embargo, Adriano, que aún no ha llegado a los cincuenta, está lejos de lo que hoy se consideraría un ser humano envejeciendo. Lo que envejece en Adriano son las ganas de vivir desde que, siendo sargento en Intxaurrondo, hace ya ocho años, sufrió un atentado que le dejó ciego. Desde entonces, jubilado con honores, languidece en su casa de Cádiz junto a su mujer, Patricia. 

Patricia es maestra de primaria. Patricia "que desde el atentado a su marido había perdido toda la ilusión y, ahora, la propia naturaleza la sentenciaba a deshacerse de todos sus sueños. Que, a pesar de todos sus esfuerzos, se había dejado atrapar por la oscuridad que rodeaba a su marido, dejando escapar los días y los años como el agua entre los dedos de la mano"; Patricia que con casi cuarenta y siete años siente que sus oportunidades de tener un hijo se esfuman. En realidad ya se habían esfumado hace ocho años, con el atentado, porque no solo la vista perdió Adriano aquel día. 

Y así sobreviven como pueden. Patricia pendiente de cada gesto y de cada necesidad de Adriano; Adriano sabiendo que depende para todo de Patricia, pero sin poder evitar que la rabia y el mal humor se manifiesten en toda clase de crueles reproches: "—¡Que no, joder! Te pasas todo el santo día igual. Déjame en paz. Estoy hasta los huevos de tener a una persona constantemente pendiente de mí. ¡Me asfixias!".

Hasta que Adriano recibe una llamada del teniente Román que le hará volver a sentir que la vida late a su oscuro alrededor. Aunque a Patricia se la lleven todos los demonios ante el hecho de que, tras ocho años de silencio sin llamar para preocuparse por la salud de su marido, le llamen ahora con el pretexto de que lo necesitan; aunque eso cree nuevos motivos de fricción en la pareja, aunque Adriano se ponga en peligro y Patricia se sienta más sola y abandonada que nunca. A pesar de todo eso, Adriano se sentirá revivir. 

Un guardia de seguridad ha aparecido asesinado en el Museo de Cádiz donde Adriano trabajó hace muchos años, antes de pasar a ser guardia civil contra el crimen organizado.

En pijama y acompañado por Acho, su perro guía, Adriano se presentará de madrugada en el Museo de Cádiz, donde el cuerpo del guarda de seguridad, con el torso desnudo, estrangulado y despojado de un rectángulo de piel de la espalda, espera ante la estatua de Hércules Farnesio. Las cámaras de vigilancia no han captado nada a pesar de funcionar con normalidad lo que hace suponer que quien cometió al asesinato controlaba perfectamente los puntos ciegos de dichas cámaras. Ahí es donde entra la experiencia de Adriano, que conoce los pasillos del museo casi a la perfección, aunque hace ya mucho tiempo que trabajó en él y por entonces era mucho más joven y conservaba la vista.

Ante la falta de mejores recursos, Adriano se incorpora de forma extraoficial a la investigación, Más aún cuando descubre la pauta que sigue el asesino y que no es otra que recrear los doce trabajos de Hércules. Este en concreto, recrea el primer trabajo, la muerte del león de Nemea al que el héroe tuvo que estrangular por tener una piel tan dura que nada podía atravesarla. Pero, "en realidad, el primer trabajo no solo consistía en matar al león, sino que también tenía que despojarlo de su piel.
—Mentira.
—Eso cuenta la historia.
—Puta mierda. Exactamente igual que a nuestra víctima".

Sí exactamente igual que la víctima, pero lo peor es que, de ser cierta la teoría de Adriano (y pronto se verá que lo es), once víctimas más están esperando su turno para ser sacrificadas. Ello hace necesaria y urgente la colaboración con el teniente Román. Esa colaboración que en principio está llena de suspicacias por parte de Adriano y de necesidad por parte de un despistado Román que no sabe por dónde abordar los hechos, le dará al sargento jubilado una razón para levantarse por la mañana y salir de casa. Poco a poco el entendimiento entre ambos irá haciéndose palpable y la camaradería hará que se olviden los galones. Al fin y al cabo, solo son  "dos hombres adultos, el que más y el que menos había vivido lo suyo. Ya sabían que la vida era un desastre en el que apenas se pueden salvar un par de muebles. El protocolo podía irse a tomar por culo. El teniente necesitaba su ayuda".

Por otra parte, iremos conociendo la vida de Alceo, porque uno de los aciertos de la novela es que desde el principio conocemos al asesino. El lector sabe más que los policías que investigan. Veremos los ritos a que se somente Alceo, su vida en Rumanía, los antecedentes que han podido llevarle a esa locura de muerte y automutilación. Los pasajes que trascurren en el país natal del asesino, su infancia y adolescencia, su juventud y su huida del país, están magníficamente ambientados y son de lo mejor de la novela. Los pasajes que transcurren entre gitanos nos son relatados con realismo. Ya sabemos o intuimos lo que los gitanos rumanos pueden esperar de su país, un país que, durante muchos años, posiblemente aún en la actualidad, procuró expulsarlos, mandarlos lo más lejos posible. "Más de ciento cincuenta mil rumanos vivían en este tipo de asentamientos ilegales y no existían para las autoridades del país, para su sistema sanitario o para los servicios sociales. No existían porque no tenían ni podían obtener un carné de identidad. Así, de paso, uno de los países más pobres de Europa se ahorraba unas cuantas ayudas sociales. Un limbo legal: un paraíso para los traficantes de armas, las mafias, los gusanos y los sepultureros".

Daniel Fopiani
Y es que con ser mucha la intriga y el suspense creado por la trama negra y los asesinatos, lo más interesante de "La melodía de la oscuridad" está alrededor más que en el centro de los crímenes. En cómo se enfrenta la pareja al atentado que terminó con la vida como la conocían hasta entonces. En cómo se enfrenta Adriano a su fin como persona autosuficiente y con un trabajo en el que era de los mejores, para convertirse en un minusválido, ciego y desfigurado; en las luchas internas de Adriano y Patricia para no dejar traslucir el amor que se tienen y lo importantes que son el uno para el otro; en la culpabilidad de Patricia cuando siente que no es todo lo leal que debería con su marido; en el terror de Adriano ante el hecho de perderla siendo todo lo que tiene y lo más importante que tiene; en la angustia de Román al ver que el caso se le escapa de las manos, que el ascenso que esperaba para pasar su soledad un poco menos mal podría convertirse en una retirada del Cuerpo con más pena que gloria y que "sus superiores estaban preparando la documentación para tramitar la pérdida de aptitud y de confianza"

Y no podemos olvidarnos de Acho, el perro guía entrenado por la ONCE con el alto nivel de inteligencia que tienen estos animales; el perro que cuando estornuda hace "acho" y recibió su nombre de Patricia, amante además de "La torre oscura"; el perro que también tiene su parte en la historia y en cuya palabra perruna se nos cuentan algunos hechos del libro. No, no es un personaje trivial Acho en la trama de  "La melodía de la oscuridad".

A finales de 2017 publiqué la reseña del libro anterior de Daniel Fopiani, "La carcoma" que amablemente me había hecho llegar el autor. La novela obtuvo el premio Valencia Nova de Narrativa en Castellano en 2017. Me gustó mucho la novela. Me gustó la trama, la ambientación rural y un tanto onírica en la sierra de Cádiz; me gustó sobre todo el final. Creo que "La melodía de la oscuridad" es aún mejor, más madura, más compleja. Y no, no constituyen una serie, afortunadamente. Cada una tiene sus personajes, sus lugares, aunque anden alrededor de Cádiz, su grata independencia.

Si "La Carcoma" nos enfrentaba a los problemas sociales de la vida en un pequeño pueblo de montaña, "La melodía de la oscuridad" se adentra en los problemas individuales de los personajes. En esa melodía que los colores como destellos bailan en la oscuridad de Adriano; en la que bailan en pareja la culpa y la locura en la mente trastornada de Aceo; en la que determina la frustración y soledad soportadas por amor de Patricia. Melodías dispares, melodías tristes, melodías oscuras...

Título del libro: La melodía de la oscuridad
Autor: Daniel Fopiani
Editorial: Espasa
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2019
Nº de páginas: 272

lunes, 22 de abril de 2019

"Una maldita historia" Bernard Minier.


"Más vale que se lo diga de entrada: lo que voy a contarle le parecerá increíble. No es una historia banal, se lo aseguro. No, no. Es una maldita historia. Sí, una maldita historia..."
Bernard Minier es un escritor francés de novela negra, autor de una serie policíaca protagonizada por el comandante de la Brigada Criminal de la Policía de Toulousse, Martin Servaz. Yo no he leído ninguna de esas novelas, aunque he visto una serie televisiva, "Glacé", basada en la primera novela de la serie literaria, "Bajo el hielo". 

"Una maldita historia" no está protagonizada por Servaz ni ambientada en el sur de Francia. Se trata de una historia que transcurre en una de las muchas islas situadas en la bahía de Seatle, en el estado de Washington, al noroeste de Estados Unidos. La isla, en concreto, es la isla de Glass, una isla imaginaria que el autor construyó basándose en cuatro islas reales, tres del estado de Washington, isla Orcas, isla San Juan e isla de Whidbey, y otra de la Columbia Británica canadiense, isla de Bowen. Esto lo cuenta el propio autor al final del libro.

En "Una maldita historia" se mezclan en realidad varias historias más o menos malditas. Por una parte tenemos el eje central, el asesinato de una adolescente y su investigación, que nos es contado en primera persona por Henry. Lo cierto es que Henry se lo cuenta a alguien a "este hombre que es mi padre"

Sabremos que Henry vive en la isla de Glass a donde llegó hace siete años con sus madres, Liv y France. Se han mudado muchas veces hasta llegar a ese lugar perdido en el que regentan un bed and breakfast. Henry acude todos los días en ferry al instituto de la isla de Pencey y tiene a sus amigos, Charlie, Kayla y Johnny, y a su novia Naomi. 
Recreación de la isla imaginaria de Glass
Se trata de un escenario idílico. Al menos era idílico, cuando "sentado en el kayak de mar, observo la capa de bruma. Silencio. La luna ilumina las aguas a mi alrededor. Contengo la respiración. Aparece una aleta negra, luego dos, tres, cuatro... hasta once...[...] La orca nómada es el más cruel de los mamíferos marinos, pero el hombre nómada es el más cruel de los mamíferos en general. Es una verdad bien conocida, que yo todavía no había descubierto". Pero está a punto de descubrirla, porque después de esta noche de agosto, "antes del comienzo", viene una noche de octubre, en la que todo un mundo de horrores comenzará a aplastar el idilio de Henry con el mundo.

El asesinato de Naomi hará madurar a Henry y le hará toparse de pronto con un mundo que le empieza a ser hostil. Su mirada perderá la inocencia de la infancia y la primera adolescencia, y adquirirá las suspicacias con las que la vida nos va regalando a medida que crecemos. Perderá la confianza sin paliativos que tenía en sus madres, en sus amigos, en su existencia. Por si algo faltaba, las pistas llevan a la policía a considerar a Henry el principal sospechoso del asesinato y él y sus amigos comenzarán una investigación paralela para demostrar su inocencia. 

En el transcurso de esa investigación los jóvenes irán descubriendo que la isla no es el lugar paradisíaco que todos creen. La basura irá saliendo de debajo de las alfombras y tocará muy de cerca el ambiente familiar de algunos de ellos. Y es que en la isla de Glass no todo es la tranquilidad y la paz que tratan de transmitir. Hay asuntos turbios y un chantajista que pretende sacar beneficio de todo ello.

Por otra parte, un narrador omnisciente nos irá contando otros acontecimientos ocurridos con anterioridad (días, meses o años antes), o simultáneamente, pero a los que Henry no tiene acceso para actuar como narrador. Uno se esos hechos, de esas historias que quedan fuera del conocimiento de Henry, es lo relativo a un poderoso hombre, dueño de una empresa de tecnología que trabaja para la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Este hombre busca a su hijo que perdió antes de que naciera y del que por fin ha tenido una pista.

La historia de Grant Augustine ayudado en la búsqueda del hijo por su amigo de la infancia y hombre para todo, Jay, puede llegar a ponernos los pelos de punta. Tengo una anotación que dice "¿es posible?" en un párrafo que, de serlo, me ha parecido tan estremecedor como revelador: "¿qué nos queda sin embargo de normal cuando nuestras opiniones, nuestras palabras, nuestros arranques de cólera, nuestros diálogos privados, entre familiares y amigos, son interceptados de forma masiva? ¿Qué nos queda de normal cuando la vida de cada ciudadano está expuesta al escrutinio de personas ocultas en la sombra? El equipo empleado por Noah no tenía nada de extraordinario. Hasta el hacker más inepto del planeta habría sido capaz de averiguar sin mayor dificultad la contraseña de una red wifi. Una vez dentro, era como si todas las puertas y ventanas estuvieran abiertas de par en par, como si las paredes fueran de cristal, como si el espía estuviera en la casa, invisible entre los miembros de la pareja, entre familias, personas solteras...". ¿es cierto que con el equipo y los conocimientos adecuados, accediendo a nuestra wifi, se puede acceder a toda nuestra vida? Imagino que parte será, hoy por hoy, ciencia ficción, pero imagino también que no tardará demasiado en dejar de serlo.

Bernard Minier
La novela empezó gustándome mucho y me enganchó, tanto la trama, original y muy intrigante, como la ambientación y los personajes. Pero debo reconocer que, en un determinado momento, un detalle empezó a  cansarme e incluso aburrirme. Se trata de la parte que corresponde a la investigación de los amigos adolescentes. Pensé que el autor, proclive a las historias duras y sin muchas concesiones (por lo que recuerdo de la serie que vi) se la podía haber ahorrado. Solo les faltaba el perro para ser "Los cinco en la isla de Kirrin" (de Glass, quería decir). Cuando la investigación volvía al sheriff Krueger o trataba de otros hechos, volvía a recuperar su interés. 

Finalmente, como siempre, llega el final y me reconcilia con la totalidad de la novela, y me confirma que el autor es tan bueno como yo preveía y como me habían confirmado otros lectores; me reconcilia con lo que me había gustado (casi todo) y con lo que no (el detalle de los cinco en su isla). Y es que el autor, como un experto equilibrista de la narración, da un par de vueltas al trapecio, nos impacta con unos saltos mortales sorprendentes y nos deja atónitos con una vuelta de tuerca totalmente inesperada en la que hasta la increíble actuación de los jóvenes investigadores cobra su razón de ser.

"Una maldita historia" es una curiosa novela de la que ha dicho el propio autor "ésta no es una auténtica novela norteamericana: sí es un auténtico homenaje a la novela norteamericana (y también al cine norteamericano) escrito por un autor francés. Y es sobre todo una novela sobre la adolescencia y el temor a la edad adulta, que siempre comparten rasgos comunes, en cualquier lugar del mundo. En ese sentido sí es auténtica. En ese sentido tan sólo, pese al cuidado con que ha sido escrita". En algo no estoy de acuerdo con el autor. Yo creo que es auténtica en todos los sentidos. Creo que es auténticamente norteamericana.

Tengo que profundizar más en Bernard Minier y en su serie sobre Martin Servaz y la preciosa ciudad de Toulousse. Ya os contaré.

Título del libro: Una maldita historia
Autor: Bernard Minier
Título original: Une putain d’histoire
Traducción: Dolors Gallart
Editorial: Salamandra
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2015
Nº de páginas: 512


viernes, 19 de abril de 2019

Notre Dame de París vs Santa María de Regla de León.

Dos catedrales hermanadas por el desastre
No era mi intención rescatar ahora esta entrada y ojalá no hubiera sentido nunca la necesidad de hacerlo, pero el triste incendio que ha terminado con la imagen de Notre Dame de París que conocíamos hasta ahora,  me ha recordado este otro acaecido hace casi 53 años en la catedral de mi ciudad. 

Yo era muy pequeña cuando en 1966 ardió la catedral de León una tarde de primavera debido a una tormenta. Mis recuerdos son difusos y escasos, como cuento en la entrada. He sido sin embargo muy consciente de este otro incendio que me ha sobrecogido y entristecido más de lo que imaginaba.

He estado seis veces en París. No voy a decir que las seis he entrado en Notre Dame, pero sí que todas ellas me he acercado a sus alrededores, la he rodeado admirando sus pórticos, me he sentado en los jardines del lado oriental y he contemplado su bello ábside, he levantado la vista hacia sus gárgolas intentando distinguir a Quasimodo y he gozado de la estilizada aguja del cimborrio que he visto anodada doblarse y desplomarse como si fuera de cartón.

Casualmente, mi hijo estaba en París, en el Barrio Latino, en el momento del incendio. Estábamos en contacto por Watsapp y me estaba mandando fotos de unas apetitosas crépes que se estaban comiendo él y su novia. De pronto me entra un mensaje de voz: "Te mando un vídeo, que se está quemando algo. No sabemos qué es. Vamos a ver, pero está todo el mundo grabando, todo el mundo asustado". Unos segundos después, me entra otro, esta vez de texto: "Que dicen que es Notre Dame". Empiezo a ponerme nerviosa y pocos segundos después mis nervios se confirman cuando recibo el tercero, también de texto: "Hostia, que sí que es" (he educado a mi hijo lo mejor que he sabido, pero lo de los tacos es muy de familia). 

Pensé que sería cosa de poco y que se sofocaría en cuestión de minutos. El primer vídeo que me mandó mostraba las llamas saliendo por la base de la aguja y ya empecé a verlo negro.



Las imágenes acompañadas por el llanto de la novia de mi hijo, me pusieron de punta hasta los pelos del bigote. No tenía ni idea de lo que iba a llegar a ver a lo largo de la noche. 

A partir de ese momento el cruce de fotos y vídeos fue constante. Él mandaba lo que veía in situ y yo le mandaba fotos de lo que salía por la televisión.

El antes y el después
No voy a insistir en lo que ya todos conocemos. Dejo la entrada que publiqué el 29 de mayo de 2016, justo el día que se cumplían 50 años del incendio de la catedral de León. Sirva de homenaje para las dos catedrales que me son más queridas, hermanadas ahora también en su fatalidad con el fuego.

He modificado muy pocas cosas y todas sin importancia: algún espacio, alguna foto, etc.


Foto de César, un fotógrafo leonés del que no hay que decir más. El nombre lo dice todo.
El 29 de mayo de 1966, domingo, mientras la Cultural y Deportiva Leonesa, el equipo de fútbol local, jugaba y ganaba el partido frente al Cartagena, el calor sofocante que se había ido acumulando en la tierra durante todo el día, estalló en el cielo en forma de una de esas tormentas eléctricas que estrangulan el bochorno y son capaces de perturbar la atmósfera con el sonido de los truenos y la luz de los rayos recortándose contra el gris "panza de burra" de las nubes. 

"¡¡La catedral se quema!!" era el grito que se oía en León aquel anochecer de aquel 29 de Mayo de 1966. 

Un rayo, recogido por el pararrayos de la torre, pero devuelto en retroceso por la toma de tierra, prendió en la techumbre de madera de la catedral amenazando con dejar a León expoliada de su perfil característico, ese perfil en el que, a día de hoy, la catedral sigue siendo la mayor altura que se recorta contra el cielo. Parece ser que las llamas tardaron unas dos horas en hacerse visibles. Las primeras notas de alarma sonaron en la misa de ocho, cuando empezó a notarse el olor acre y pastoso del humo.

Yo era muy pequeña, probablemente esa noche no me enteré de nada. Ahora solo recuerdo a mi madre entrando en la cocina y diciendo que se había incendiado la Catedral, pero es muy posible que fuera ya al día siguiente. 

¿Qué más recuerdo de aquel suceso? Solo una cosa: tiempo después, con motivo de alguna celebración, tal vez para las fiestas de San Juan y San Pedro que tuvieron lugar un mes después o tal vez para las Navidades o la Semana Santa siguiente, la confitería La Coyantina - las mejores bombas fritas rellenas de crema que he comido y jamás volveré a comer - hizo un montaje de escaparate
en el que se veía una reproducción en dulce de la catedral y, saliendo de ella, una fila de sacerdotes pequeñitos que llevaban los Tesoros al vecino Palacio Episcopal, recreado también en dulce. Nada más recuerdo. Así quedó grabado en mi memoria el incendio de la Catedral de León.

Dos catedrales ardiendo en la noche. Casi 53 años separan ambas imágenes.
Con motivo del cincuenta aniversario del suceso, han salido publicadas algunas cosas en la prensa local - Diario de León - que me han resultado curiosas y esclarecedoras. 

Hay una frase que dice muy a menudo un amigo de mi padre: "Deja al maestro aunque sea un burro". El maestro, en esta ocasión era Andrés Seoane, cantero mayor y restaurador, tanto de la Catedral como de San Isidoro entre otros monumentos. Pero tenía una ventaja sobre el maestro del aforismo anterior: él no era ningún burro. Por el contrario, sabía muy bien lo que se hacía y se dio cuenta de algo que pocos más aparte de él habrían percibido y que iba en contra de toda la lógica que cualquiera hubiéramos aplicado: a partir de un determinado momento, mandó retirar a los bomberos y dejar que terminara de consumirse la techumbre de madera, porque el derrumbe del templo, que no pudo provocar el fuego, lo hubiera provocado un exceso de agua. 

La razón estriba en la bóveda de la Catedral. Convertida en cenizas toda la cubierta de madera - 3500 metros cuadrados - había que salvar la bóveda de piedra, concretamente de toba volcánica, una roca muy porosa, poco pesada y resistente al fuego. Resiste el fuego, sí, pero lo que no puede resistir es que su estructura porosa se empape de agua, porque entonces el peso se multiplica y el peligro de derrumbe se vuelve muy grande. 

De esa manera, se salvó la Catedral de León, la Pulchra Leonina, de un nuevo ataque del destino, de otro de los muchos que, a lo largo de su dilatada existencia se han ensañado con ella, no todos ajenos a la desidia y mal hacer de quienes deberían vigilar su seguridad.

La piel del topo sobre la puerta de San Juan
El primero de esos ataques tuvo lugar ya durante su construcción, cuando el topo famoso roía y destruía por la noche lo que los trabajadores habían construido por el día. Al final fue atrapado y muerto y su piel aún luce - es un decir - en el interior del templo, sobre la puerta de San Juan. De manera que ese topo de leyenda, si anda por ahí, estará despellejado y así poco daño puede causar a la catedral que hoy luce más bonita que nunca; blanca, limpia, en medio de una gran plaza peatonal, y dejando boquiabiertos a los visitantes cuando, al terminar de subir la Calle Ancha y entrar en la plaza, se la encuentran de repente como una aparición de otro tiempo. A mí, cada vez, me sigue erizando los pelos y acelerando el pulso.


Foto propia de julio de 2015

Foto propia de noviembre de 2014

*Parte de la información ha sido tomada de "El Diario de León" del 1 de mayo de 2016


martes, 16 de abril de 2019

"Estudio en lila" Maria Antònia Oliver

Portada para la reseña en MoonMagazine de David de la Torre.
Se dice que Alicia Giménez Bartlett inauguró la novela negra en la que salía una mujer como protagonista. Su Petra Delicado es la primera mujer policía de la novela negra y criminal española. Nació en 1996 en la novela "Ritos de muerte". Petra Delicado es la primera mujer policía, pero no es la primera mujer protagonista de la literatura policíaca española. 

Ese honor le corresponde a Lonia Guiu, una investigadora privada en los años ochenta en Barcelona. "Estudio en lila", la primera novela en la que aparece Lonia, se publicó en 1985, y su autora, Maria Antònia Oliver, es, según reconoce la propia Alicia Giménez Bartlett, su inspiración para su serie policíaca. 

Once años antes del nacimiento de Petra Delicado, comenzaba una trilogía protagonizada por la primera mujer investigadora de España.

Lonia Guiu, Apolonia, es en palabras del autor del prólogo, Sergio Vera Valencia, "una detective tan feminista que se proclama «detectiva», pero a la vez tan femenina, que colecciona lápices de labios".

La editorial Versátil recuperó esta novela en 2018 para conmemorar el 35 aniversario de la primera aparición en la literatura de Lonia Guiu. Fue en un relato publicado en 1983 en la antología "Negra y consentida".

En "Estudio en lila" encontramos un gran personaje y una gran historia. Si quieres saber más acerca de lo que trata esta novela, escrita en 1985, pero que sigue de plena actualidad, lee la reseña en la revista MoonMagazine:



Título del libro: Estudio en lila
Autor: Maria Antònia Oliver
Título original: Estudi en lila
Traducción: Manule Quinto
Editorial: Versátil
Año de publicación: 2018
Año de publicación original: 1985
Nº de páginas: 239

sábado, 13 de abril de 2019

"El informe Brodeck" Philippe Claudel

"Me llamo Brodeck y no tuve nada que ver.
Necesito decirlo. Tiene que saberlo todo el mundo.
Yo no hice nada y, cuando me enteré de lo que acababa de pasar, me habría gustado no hablar nunca de eso, maniatar mi memoria, tenerla bien sujeta en sus ligaduras para que estuviera tranquila, como una garduña en una jaula de hierro". Pero Brodeck tendrá que hablar, tendrá que recordar, tendrá que contarlo todo o su propia vida podría estar en peligro.

Estamos en un lugar y en un tiempo que en ningún momento se hacen explícitos. Se nos presenta así una historia eterna y universal por atemporal y desubicada, aunque no tanto. Puede ser la Segunda Guerra Mundial, pero no totalmente (los invasores llegaron "después de haber echado a su emperador"); el lugar podría ser la zona oriental de Francia, antiguamente alemana y donde se hablan dialectos similares al alemán: la zona de Alsacia y Lorena. El caso es que los invasores vinieron del este cruzando una frontera demasiado cercana; el caso es que venían de una zona próxima y que "nuestra región había estado vinculada a ella durante tantas décadas bajo el Imperio que todavía nos sentíamos en ella como en casa".

Hace un año que terminó la guerra y ya hace dos que Brodeck volvió de "el campo". Hace tan solo unos meses que el Anderer (el otro en alemán) llegó al pueblo con el señor Sócrates y la señorita Julia, su asno y su yegua respectivamente, con su amabilidad y sus buenos modales un tanto desconcertantes. Ahora todos los hombres del pueblo reunidos en la taberna de Schloss han asesinado al Anderer. Todos los hombres, excepto Brodeck y alguno más que, como descubriremos más adelante, esa noche no estaban en la taberna. 

Esa noche es la noche del Ereigniës, una palabra del dialecto local que puede definirse como "lo que ha ocurrido"; una palabra para dar nombre a lo que nadie se atreve a dar nombre. Pero, reflexionará Brodeck más adelante "era imposible que, por casualidad, todos hubiesen decidido ir a tomar una copa de vino o una jarra de cerveza a la fonda a la misma hora. Si no faltaba ninguno, era porque se habían citado. Y de esa cita me habían excluido. Pero ¿por qué? ¿Por qué?". Y ¿por qué ahora le piden que escriba todo lo sucedido si él no ha visto nada? ¿Quieren convertirlo en cómplice mediante ese encargo? Todas esas preguntas y muchas más nos irán surgiendo a medida que nos vamos adentrando en esta historia hermosa y cruel como los cuentos de hadas, certera en su paralelismo con el alma humana como la más prodigiosa de las metáforas;  todas esas preguntas y algunas más nos irán surgiendo a medida que Brodeck va compartiendo con nosotros los hechos; los del presente, que llevaron a la muerte del Anderer, pero también los del pasado. 

El pasado se dilata tanto como sus recuerdos. Sin orden, saltando hacia adelante y hacia atrás, nos contará su vida desde que de niño fue recogido por la vieja Fédorine. Fédorine le rescató cuando tenía cuatro años, al inicio de otra guerra. Lo rescató de las ruinas y de la muerte, de una ciudad saqueada y humeante. Fédorine, que ya era vieja entonces, "venía de muy lejos, de muy lejos en el tiempo y muy lejos en la geografía de los mundos. Había escapado del vientre podrido de Europa"

De los recuerdos borrosos de su infancia nos traerá hasta el momento actual. Pasará por su época de estudiante en la capital y los terribles hechos que allí vivió; su enamoramiento de Emélia y su separación; su reencuentro cuando ella ya había sido invadida por el silencio; la venida de los "Fratergekeime -así es como se conoce a los que vinieron aquí a extender la muerte y la destrucción, los hombres que me convirtieron en animal, hombres que se nos parecen, a quienes conocía bien, pues había estudiado en su capital durante dos años"; la guerra con su estancia en "el campo" y su vuelta a casa tras sobrevivir donde la dignidad de otros les había llevado a la muerte. 

Brodeck no murió. Perdió la dignidad hasta convertirse en perro, pero logró sobrevivir y regresar junto a Emélia cuyo recuerdo le dio el valor que le permitió volver a su lado, valor para soportar la vergüenza y la degradación . A veces se necesita más valor para perder la dignidad y vivir sin ella que para morir manteniéndola. La época del campo, convertido en el perro de Scheidegger, es para Brodeck el Kazerskwir, el cráter, "un vacío muy negro y muy profundo [...] al que todavía me arriesgo a asomarme algunas noches".

Tras volver del campo, recupera su vida poco a poco, con sus tres mujeres: Fédorine, Emélia y su hija Poupchette, y, poco a poco se va acercando al momento actual, el momento del Ereigniës, lo que sucedió. El presente le llevará a la investigación para elaborar el informe y nos irá contando los detalles, los hechos en los que veremos cómo se iba fraguando lo que llevaría al desenlace final.

Brodeck es un hombre herido; herido por el pasado y herido por el presente y por lo que del pasado se deriva "Nos hemos convertido en eternas presas [...] Llevamos en nuestro interior el fermento de la decepción y la intranquilidad. Creo que nos hemos convertido, para el resto de nuestra vida, en la memoria de la humanidad destruida. Somos heridas que nunca se cerrarán". Esas heridas provienen de el campo, pero también de los terribles acontecimientos vividos mientras era estudiante; aquella terrible noche tras la que se recogieron sesenta y siete cadáveres de las calles sembradas de cristales, aquella noche que se llamó la Pürische Nacht (¿por qué me sonará tanto a la que le hizo regresar de nuevo al pueblo y abandonar la universidad para siempre. Aquella noche en la que todos los muertos eran Fremdër como él mismo, como todos los pasajeros del tren que unos años después los llevaría a el campo. Y busco el significado de Fremdër y busco otros muchos significados, pero no encuentro la traducción. No sé si es por pertenecer a un dialecto que el traductor de Google desconoce o porque el autor ha inventado un idioma similar al alemán. Tan solo consigo traducir Anderer, el otro.

Philippe Claudel
"El informe Brodeck" nos habla de la condición humana y nos habla sobre todo del miedo; miedo a lo diferente, a lo desconocido, al otro (el Anderer), a los Fremdër; miedo a vernos reflejados tal como somos, a que se nos muestre la maldad de la que somos capaces. El error de el Anderer fue sacar a la luz "las verdades más profundas de la gente", esas verdades que la gente no está dispuesta a mirar de frente. La gran desgracia de el Anderer fue que toda la gente se sintió expuesta y reaccionó en masa contra él, y de todos es sabido que cuando un hombre se ve disfrazado de masa se siente capaz de hacer cosas con las que jamás habría soñado. La masa nos disuelve y disuelve muestras miserias que, unidas a las del resto, parecen menos miserias y enfrentadas a lo diferente se convierten, por obra del miedo y del interés, en pura justicia. "He visto a los hombres en acción cuando saben que no están solos, que pueden diluirse, disimularse en una masa que los engloba y supera, una masa formada por miles de rostros como los suyos. Se alegará que la responsabilidad es de quien los arrastra, los azuza, [...] Es mentira. Lo cierto es que la muchedumbre en sí es un monstruo, un enorme cuerpo que se engendra a sí mismo, compuesto de miles de otros cuerpos pensantes. Y también sé que no hay muchedumbre feliz".

Philippe Claudel ganó con "El informe Brodeck" el premio Goncourt de los estudiantes (Goncourt des lycéens) de 2007. Indago y encuentro una iniciativa que me parece maravillosa y a años luz de lo que se podría hacer aquí: "Cincuenta y dos clases de escolares de entre 15 y 18 años, de los últimos 3 años de secundaria, sin distinción de orientación académica, leerán y estudiarán durante los meses de septiembre y octubre, con ayuda de sus profesores, las novelas que propone la Academia. Tras este período de lectura personal y de intercambio con los escritores, gracias a los encuentros organizados por la Fnac, los alumnos elegirán a tres finalistas durante los debates regionales" (Página web del Lyceo Francés Moliére. 8 de septiembre de 2015). ¿Será pura casualidad que en Francia se lea mucho más que en España?


Título del libro: El informe Brodeck
Autor: Philippe Claudel
Título original: Le rapport de Brodeck
Traducción: José Antonio Soriano Marco
Editorial: Salamandra
Año de publicación: 2008
Año de publicación original: 2007
Nº de páginas: 288

miércoles, 10 de abril de 2019

"El retorno" Dulce María Cardoso

"El tío Zé nos va a llevar al aeropuerto. Papá llegará después. Después de matar a Pirata y de prenderles fuego a la casa y a los camiones. No creo que papá mate a Pirata. Tampoco creo que papá haga arder la casa y los camiones. Creo que dice eso para que no pensemos que ellos se van a reír cuando nos vayamos... Ellos son los negros"

Algunas personas han perdido un paraíso; algunas personas preferían destruir su paraíso antes de que lo disfrutaran los mismos que se lo arrebataban. Algunas personas no son conscientes de que los paraísos que perdemos, a veces, se los hemos robado a otros y aun así, los disfrutamos por siglos.

Rui es un adolescente que ha nacido en Angola. Todo su mundo es Angola, aunque sueñe con las chicas de la metrópoli y sus aretes de cerezas en las orejas. En Angola no hay cerezas ni muchachas como las de la metrópoli. 

Rui y su hermana Milucha nacieron en Angola, para ellos no hay más tierra que esa aunque puedan soñar con otros lugares. Sus padres nacieron en Portugal y emigraron jóvenes. Sus padres ya habían perdido un paraíso. Primero el padre y más tarde, la madre. Para la madre hay dos tierras. En África enfermó y en Portugal... bueno, en Portugal todo era distinto y la madre también era distinta. En África toma medicamentos y tiene momentos en que pierde el control y parece poseída por los demonios de la locura. Para el padre solo hay una tierra: un hombre es de la tierra que le da trabajo y le permite mantener a su familia y mantener la dignidad; un hombre tiene que tener un corazón agradecido. El padre no sueña con Portugal.

Años de convivencia no han creado vínculos entre colonos y colonizados. Entre blancos y negros las distancias son insalvables. Lo fueron siempre, incluso cuando los negros se reían de los chistes de los blancos, incluso cuando las relaciones estaban en su sitio y cada uno ocupaba su lugar, "el negro es perezoso, les gusta echarse al sol como lagartos, el negro es arrogante, si caminan de cabeza gacha, es únicamente para no mirarnos a nosotros, el negro es tonto, no entiende lo que se le dice, el negro es abusivo, [...] el negro es ingrato, [...] podían pasar horas hablando del negro, pero a los blancos no les gustaba perder tiempo con eso, bastaba que se dijera, es negro, y ya se sabía de qué iba el cuento"Ahora, en Portugal ha habido una revolución y en las colonias los negros han perdido el miedo. Ya no caminan con la cabeza gacha, ahora han decidido recuperar su país y las distancias entre ellos y los blancos se han hecho más extensas y más peligrosas. 

Rui nos cuenta el último día pasado en Luanda, y cómo un episodio de última hora hizo que tuviera que dejar al padre atrás y salir hacia Portugal solo con la madre, la hermana y un exiguo equipaje en el que ni siquiera tuvieron tiempo de meter las pocas cosas que habían seleccionado para llevarse.

La llegada a Portugal les hace entender que las madres, a veces, son en realidad malas madrastras de las de cuento de hadas. La madre patria los relega a los cuidados de una avariciosa directora de hotel igual que la madrastra relegó a Cenicienta a la orilla de la chimenea (Sabina dixit). En Estoril, en un hotel de lujo, vivirán hacinados cerca de un año. Los hoteles de lujo pierden su glamour y su boato cuando los huéspedes dejan de pagar las enormes cantidades que el lujo cuesta. Cuando los huéspedes no son turistas adinerados, sino retornados de las colonias, la piscina se cierra, la comida es escasa y mala y hay que hacer grandes colas para conseguirla, las habitaciones se convierten en campamentos y el servicio pierde el respeto y el ansia por agradar y servir. La madre patria tiene problemas más acuciantes que ocuparse del medio millón de portugueses expulsados del paraíso.

En "El retorno" vemos, de la mano de Rui, las diferentes formas de ver la situación entre los diferentes refugiados. Juan Comunista pensaba que "aquellas tierras no nos pertenecían, es justo que se las devuelvan a quienes les fueron robadas". Así que el día que por la televisión se anuncia la independencia de Angola, el 11 de noviembre de 1975, Juan Comunista no se puso una cinta negra sobre la chaqueta. Sí se la puso en cambio Pacaças, "estoy de luto, hoy murió mi tierra, [...] hoy murieron mis muertos y mis hijos perdieron la tierra donde los hice nacer". Dos formas irreconciliables de entender la situación que la autora no pretende reconciliar. No hay juicios de valor en este libro, no hay buenos ni malos ni se juzga ni se adjetiva. La autora solo muestra: nos muestra hechos, sentimientos, formas de ver las cosas, distintos puntos de vista, distintas maneras de enfrentarse a los hechos, pero deja que nosotros leamos los hechos al desnudo, sin decirnos lo que debemos opinar. Aunque cada uno tengamos nuestra propia opinión.

Rui encuentra una terraza a la que nadie sube y se refugia allí para estar en soledad. Allí recuerda y se da cuenta de que los recuerdos alteran las sensaciones y los actos más inocuos de la vida. "No sé cuando dejé de sentir una sola cosa a la vez. Fumar un cigarrillo debía ser solo fumar un cigarrillo. Encender un cigarrillo con el encendedor Ronson Vareflame de papá también debía ser solo eso. No debía ponerme e pensar que es el encendedor con que papá quería prenderle fuego a nuestras cosas. No debía ponerme a ver nuestras cosas ardiendo". Lo que Rui aún no sabe es que los recuerdos que enturbian los actos simples y cotidianos no son el resultado de la pérdida del paraíso, a no ser que la pérdida del paraíso sea la pérdida de la infancia. No es el retorno a la metrópoli y el alejamiento de su Angola natal lo que llena sus actos de nostalgia y ansiedad, sino los recuerdos. Atesorar recuerdos empieza a teñir los actos de melancolía. Añora a su padre, añora su vida anterior, añora a sus amigos, añora su tierra rica en toda clase de cosas que añora en ese país frío, huraño y pobre. En Angola los camiones de su padre cargaban café, sisal, algodón. En Angola había aceite de palma, diamantes, petróleo, "aquí solo hay patatas y coles, cómo se puede hacer dinero solo con patatas y coles".

La torre más alta es la Sears Tower (Chicago, julio 2011)
Rui vivirá un año en una habitación con un balcón con vistas al mar que debería ser su casa, pero que no puede sentir como su casa. En ese año descubrirá el sexo, se sentirá adulto y se verá dominado, y un poco agobiado, por la responsabilidad de ser el hombre de la familia empeñado en llevar a su madre y a su hermana a América donde todo es posible. Sueña con América y sueña, en la azotea de sus sueños, cuando ya van a abandonar el hotel para instalarse en una casa pequeña, pero casa al fin, con que quedan 784 días para el último día de 1978. Ese día se subirá a otra azotea más alta; ese día, en esa azotea, quedó en verse con Gegé y Lee, sus amigos de Luanda. Se marcharon antes que él, uno a Sudáfrica, el otro a Brasil. Quedaron en verse el 31 de diciembre de 1978 en lo alto de la Sears Tower de Chicago.

Quedan aún 784 días para que se cumpla su sueño, pero no importa. Se van del hotel. "tal vez lo peor pueda estar aún por venir. [...] Nos vamos del hotel y yo tengo que estar contento y no pensar en otras cosas, el cuarto y el balcón con vista para el mar, no eran parte de nuestra casa, nuestra casa es un cuarto y una sala con las ventanas próximas al techo, nuestra casa no tiene balcón y está lejos del mar, pero es nuestra casa".

Dulce María Cardoso
Al principio de "El retorno", en una nota del traductor, se dice de la autora "Dulce María Cardoso es una autora que utiliza el mínimo posible de signos ortográficos. No encontrará el lector dos puntos ni punto y coma; tampoco signos de interrogación ni exclamación. las comillas también faltan, pues en el flujo de memoria que la autora intenta captar ese signo tipográfico no existe". También algunos tiempos verbales están proscritos en la prosa de esta autora. Todo ello y la peculiar forma de escribir, de memoria, recordando lo escrito previamente en borradores desechados, hace que el relato fluya como si de un monólogo improvisado y repentino se tratara. Parece que Rui está sentado al otro lado de la mesa, con una bica y unos pastéis de nata, rememorando sus vivencias para nosotros. 

Pero puede que esa sensación se deba a que, si bien no es Rui, es la propia autora la que está frente a nosotros, contándonos una etapa de su vida porque aunque Dulce María Cardoso nació en Portugal, pasó su infancia en Luanda. Tenía 11 años cuando se vio obligada a regresar con su familia.“Había triunfado la revolución de los claveles y en ese ambiente, éramos vistos como colonialistas, blancos que habíamos ido allá a explotar a los negros. Yo cogía el tren de Cascais a Estoril para ir a la escuela y recuerdo perfectamente que la gente me decía —con 11 años que tenía— que me fuera a mi tierra, que regresara a Angola a seguir explotando a los negros. La pérdida del hogar y la forma en que fuimos recibidos resultó una combinación explosiva”. (El País 27 de enero de 2019)

Título del libro: El retorno
Autor: Dulce María Cardoso
Título original: O Retorno
Traducción: Jerónimo Pizarro
Editorial: La umbría y la solana
Año de publicación: 2018
Año de publicación original: 2011
Nº de páginas: 248

domingo, 7 de abril de 2019

"Como la sombra que se va" vs "El invierno en Lisboa" Antonio Muñoz Molina


En mi afán por recuperar algunas entradas que se quedaron sin comentarios allá por los primeros balbuceos del blog, publico hoy esta doble reseña comparativa de dos novelas de Antonio Muñoz Molina. Se trata de una de las primeras (concretamente la segunda), "El invierno en Lisboa", y una de las últimas, "Como la sombra que se va", que en el momento de publicar la entrada, en enero de 2015, contaba con unos meses de vida.
No voy a hacer cambios significativos. Dejo el contenido tal como se publicó en enero de 2015 y únicamente he hecho algún cambio en la forma.



Parece que últimamente las historias me vienen a pares. Si en la entrada anterior fue un libro del que salió una película, en esta ocasión es una novela que evoca otra novela, y así, leyendo el último libro de Antonio Muñoz Molina, "Como la sombra que se va", me he visto en la perentoria necesidad de releer, por tercera vez creo, "El invierno en Lisboa". Eran tantas las referencias a la segunda que se hacían en la primera, que no pude resistirme y las he ido leyendo las dos a la vez.
"El invierno en Lisboa" es una novela de finales de los 80 que nos descubrió a un autor desconocido y nos entusiasmó con una historia de jazz y gánsters, de amor y engaño, de música maravillosa y maravillosos cuadros de origen incierto; con peleas sobre la plataforma de un tren y huidas nocturnas; con un músico alcoholizado que "había ingresado casi al mismo tiempo en la mitología y en el olvido" y toca la trompeta maravillosamente, y otro que se ha "librado del chantaje de la felicidad" y toca maravillosamente el piano. Una historia con un aire tan cinematográfico que por sus páginas deambulan Víctor Laszlo e Ilse, despedidos en el aeropuerto de Casablanca, camino a Lisboa, por Rick Blaine en una noche neblinosa; y aparece Laura bajo el umbral de una puerta, a contraluz, con la gabardina y el pelo mojados de una pertinaz lluvia, en una noche también neblinosa. 

Fue una novela que estaba pidiendo a gritos una película y, cuando por fin la hizo José A. Zorrilla en 1990, la película fue un fiasco; a pesar de Dizzy Gillespie que hizo la música e interpretó a Billy Swann; a pesar de actores de la talla de Eusebio Poncela, Fernando Guillén o Fernando Guillén Cuervo; a pesar, sobre todo, de la cinematográfica historia que Muñoz Molina le había proporcionado.

La historia se ambienta en dos ciudades hermosas bañadas por el mar: San Sebastián ("...hay ciudades a las que se vuelve siempre, igual que hay otras en las que todo termina... San Sebastián es de las primeras...") y Lisboa ("...la patria de su alma, la única patria posible de quienes nacen extranjeros").

Es la historia de un amor imposible entre un músico, Santiago Biralbo,  y la mujer de un estafador de poca monta, Lucrecia. A lo largo de la novela, entre ambos solo hay media docena de encuentros (y creo que exagero), algunos más bien inciertos ("Aquí las cosas ocurren de otra manera, como si estuvieran pasando hace años y uno se acordara de ellas" le dice Billy Swann a Santiago Biralbo que cree haberla visto en un tren con el que se cruza el suyo), pero suficientes para que haya celos, engaños, pasión, olvido y todos los sentimientos que acompañan una buena historia de amor. Tras ésta, toda una trama digna del mejor cine negro de los años cuarenta y cincuenta, de esas que recuerdan "El tercer hombre", "Perdición", "Retorno al pasado" o las mencionadas "Laura" y "Casablanca".

En fin, un libro que releído 26 años después, no ha perdido su capacidad de emocionar y, si en algún momento se encuentra algún fallo de principiante, eso solo hace que aumente su frescura, la que proporcionó al mundo de la literatura en aquel final de la década de los 80, cuando obtuvo el Premio Nacional de Narrativa de España en 1988 y el Premio de la Crítica Narrativa Castellana en 1987.




"Como la sombra que se va" es uno de esos libros de Antonio Muñoz Molina que no se sabe muy bien cómo clasificarlo: novela, ensayo, biografía, autobiografía. Y es que de todo ello tiene esta obra que se lee (al menos yo la he leído) con auténtico placer; que es una de esas obras (no la mejor, ni de las mejores, pero sí una de esas) que hacen que leer sea la manera más maravillosa de pasar el rato, de entretener la impaciencia, de perder el tiempo mientras sentimos que no tenemos ni un minuto que perder si queremos leer más y más. Desde luego, ya no se aprecia en ella ningún error. A estas alturas, Muñoz Molina mezcla historias, tiempos y lugares con una maestría asombrosa; hace que sus historias, contadas como piezas sueltas, acaben encajando y formando un maravilloso puzzle. Y lo más sorprendente es que resulta fácil leerlo. A pesar de la falta total de linealidad, a pesar de los saltos continuos temporales y espaciales, las historias van encajando y nos vamos maravillando de cómo lo hacen a medida que avanzamos en su lectura.

"Como la sombra que se va" es el relato de fragmentos de dos vidas. Por una parte, nos muestra al asesino de Martin Luther King, James Earl Ray, durante los diez días que pasó en Lisboa con pasaporte canadiense y bajo el nombre de Ramón George Sneyd; por otra, el autor recuerda algunos pasajes de su vida y algunos de sus viajes a la misma ciudad (en ningún momento dice que haya habido más viajes que los que describe, pero uno se imagina que han tenido que ser muchos más y que estos, los mencionados, son solo los que por unas u otras razones han dejado más huella o son más pertinentes).

Por lo que se refiere al primer apartado, se nos va mostrando a James Earl Ray deambulando por la ciudad portuguesa en su huida descabellada y sin futuro a la vez que se nos va dando a conocer su vida, una vida de pobreza, abandono y desamor; con una madre que bebía hasta desplomarse en el suelo sin sentido, un suelo al que le faltaban las tablas que su padre quemaba para encender la estufa; una vida que comenzó en Illinois, en lo más profundo del medio oeste americano, y que estaba predestinada a la cárcel como la de su padre y hermanos (de hecho, cuando asesina al Dr. King el 4 de Abril de 1968, era un fugitivo que había huido de prisión en un camión escondido entre los restos del pan). 

Y a pesar de todas estas circunstancias en contra, tenía desde pequeño "... desde que tuvo conciencia de que existía un mundo exterior a su familia", tal ansia por saber y por acumular información, que cualquier soporte con letra impresa era un regalo para él: enciclopedias médicas y manuales de derecho; revistas o almanaques con mujeres desnudas y, especialmente, ejemplares de National Geographic o mapas y cualquier cosa en que se mostraran paisajes y gentes exóticas, desde dirigibles aterrizando en el Polo Norte, hasta "... nativos desnudos y pintados que pertenecían a tribus ya extinguidas, habitantes de selvas de las que no quedaban ni los nombres".

De mayor admiraba a Joe McCarthy y despreciaba a los negros, musulmanes, indios y todo lo que no fuera claramente WASP. Despreciaba especialmente a Martin Luther King "...el negro de raza tan turbia que tenía boca y nariz de negro de África y ojos de asiático, ... el profeta de los trajes de seda cortados a medida y los gemelos de oro y los alfileres de corbata de oro..." y quizás era esto lo que menos podía soportar, que un negro vistiera con elegancia y hubiera disfrutado desde la infancia de todos los lujos que él nunca había conocido.

La segunda parte, cuyos capítulos se van alternando con los de la anterior, llegando a compartir capítulo en algunas ocasiones, nos muestra al propio Muñoz Molina joven, viviendo en Granada dos vidas, la que transcurre entre semana, de trabajo, escritura y farras nocturnas y la de los fines de semana en que viene su mujer (maestra en otra ciudad) con su niño de tres años y embarazada del segundo. 

Nos lo muestra en su primer viaje a Lisboa, desertando de su oficio de padre y marido y dejando a su familia el día de Año Nuevo, en plenas vacaciones y con un hijo de un mes. Sale huyendo hacia Lisboa porque "Tenía esa convicción enfermiza... de que la vida verdadera estaba en alguna otra parte". Se va en busca de sus personajes y de sus escenarios y los va encontrando poco a poco, a medida que deambula por la ciudad, pisando, sin saberlo, los mismos adoquines que veinte años antes habían pisado los pies de un asesino.

Nos va contando sus estados de ánimo (tanto los provocados por su situación personal y familiar, como los que se desprenden del hecho de escribir una novela, una determinada novela), peripecias personales (su nueva vida cuatro años después de escribir "El invierno en Lisboa", cuando ya es famoso y se dedica a la escritura por completo y tiene otra hija; su encuentro con su actual pareja, a la vuelta de su segundo viaje a Lisboa) y, en fin, episodios de su vida relacionados con la ciudad en la que acabó viviendo su hijo pequeño y a la que vuelve varias veces, la última cuando escribía el libro que el lector tiene entre las manos. 

Pero en el libro también aparece el Dr. Martin Luther King como un personaje más en un capítulo memorable que recrea los minutos previos a su muerte, cuando acodado sobre la barandilla en la que le sorprenderá el disparo hace recuento de su vida y de su cansancio, y uno piensa que está escuchando a un hombre viejo, en el final de la vida, no porque sepamos que está a punto de morir, sino porque parece un anciano acabado y agotado, y entonces nos sorprendemos porque se nos recuerda que solo tiene 39 años.

También se nos cuenta un viaje del autor con su pareja a Memphis, Tennessee, buscando los escenarios del crimen, el ambiente húmedo y caluroso a orillas del Misisipi, en otro atardecer, más de 40 años después del asesinato.

Se nos cuentan muchas cosas y al final se confunden en la mente del autor que, de vuelta en Lisboa en 2014, ahora sí consciente de estar en la misma ciudad que su personaje asesino, nos confiesa "...vivo en dos mundos y en dos tiempos, en la misma ciudad... podría ser él... en esa Lisboa conjetural de ahora mismo y de hace cuarenta y seis años en la que tengo atrapada la imaginación"en la que nos tiene atrapados a todos nosotros pues si él, va escribiendo una novela a la vez que descubre una ciudad, nosotros vamos descubriendo una ciudad a la vez que leemos una novela. 

Aunque, como en mi caso, ya se conozca la ciudad, es otra la Lisboa que descubrimos, esa en la que se le iba acabando el dinero a un asesino que no conseguía su visado para Angola o Sudáfrica; esa en la que un escritor, subido a un tranvía en el que ha encontrado asiento, llega a una conclusión definitiva "Sentarse en un tranvía en Lisboa y acodarse en el marco de la ventanilla es uno de los placeres en prosa que le da a uno la vida"


Título del libro: El invierno en Lisboa / Como la sombra que se va
Autor: Antonio Muñoz Molina
Editorial: Seix Barral
Año de publicación: 1990 2014
Año de publicación original: 1987 / 2014
Nº de páginas: 187 / 536

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