Dos de... Joyce Carol Oates
Y dicho todo esto, sin embargo, Agua negra ha roto la norma. Ha sido descubrir sus existencia, comprarlo y leerlo todo seguido. No fue así con Misterios S. A. que lleva en esa estantería de pendientes desde que lo descubrí hace ya casi un año en el blog de Norah, En el rincón de una cantina.
Aquí os traigo mis impresiones de dos novelas cortas de la autora. La primera es de 1992 y ya hubo una edición en español en 1993, de Ediciones B: la segunda es de 2014 y hasta el pasado 2025 creo que no se había traducido.
"Agua negra". Joyce Carol Oates.
Así empieza Agua negra. De hecho eso constituye todo el primer capítulo. La odisea de Kelly, acompañante del Senador en aquel viaje trágico, desde que el coche se precipita en la marisma hasta el desenlace final, se irá alternando con los hechos acontecidos las horas anteriores y con pasajes de la vida de la joven.
«El Toyota alquilado, conducido con
impaciente euforia por el Senador, corría veloz por la carretera sin nombre, no
asfaltada, derrapando vertiginosamente en las curvas, cuando de repente y sin
previo aviso se salió del camino y se precipitó en la negra corriente de agua
donde, escorándose hacia el costado opuesto al del conductor, procedió a
hundirse con rapidez.
¿Voy a morir? ¿Así… de este modo?».
¿Voy a morir? ¿Así… de este modo?».
Es el Cuatro de Julio y Kelly Kelleher está invitada en casa de su amiga Buffy St. John, en la isla de Grayling. El Senador estaba invitado pues era amigo del novio de Buffy, Ray. «Ray Annick había invitado al Senador a la isla de Grayling, y Buffy se había apresurado a advertir a sus invitados, En realidad yo no lo espero, estoy segura de que no vendrá». Pero fue. Y no es difícil imaginar lo que la presencia del político supuso para Kelly.
«En la Universidad Brown, donde obtuvo summa cum laude su licenciatura en Estudios Americanos, Kelly Kelleher, que en la pila bautismal recibiera el nombre de Elizabeth Anne, había redactado su tesina, de noventa páginas, eligiendo como tema al Senador.
El subtítulo de su trabajo era: "El idealismo jeffersoniano y el pragmatismo del New Deal: Estrategias liberales en la crisis"».
Encontrarte en una fiesta con un personaje al que admiras y ver que él se interesa por ti, es más de lo que Kelly podía imaginar y desear. Por eso se fue de la fiesta con él, aunque pensaba quedarse a pasar la noche en la isla; por eso corrían en el coche, porque ya habían perdido dos ferris y querían llegar al de las 20.20 para pasar la noche en la habitación que el Senador tenía reservada em un motel en el puerto de Boothbay. Pero además de correr, al Senador iba bebiendo y ya había bebido más de lo necesario.
Así que iremos siguiendo los pensamientos de Kelly encerrada en un coche que se inunda a la vez que la fiesta en la casa de la isla. Y si resulta apasionante asistir a ambas cosas, no lo es menos hacerlo a los comentarios políticos. Se supone que estamos en 1988. Kelly es una demócrata convencida y entusiasta.
«Durante las últimas elecciones presidenciales, Kelly había trabajado como voluntaria para la campaña, condenada al fracaso, del gobernador Dukakis. No supo que la campaña estaba condenada al fracaso hasta las postreras semanas de la contienda, ya que cada vez que veía u oía a George Bush le parecía incuestionable que cualquiera que lo viera u oyera habría de rechazarlo: ¡era tan evidente su hipocresía!».
Desde el punto de vista de Kelly se nos hace un interesante retrato de la política del momento. Las críticas afectan a republicanos, pero también a demócratas; se deja de manifiesto la hipocresía de muchas acciones bienintencionadas (e interesadas). Reseñable en este aspecto es la descripción de un amigo republicano del padre de Kelly quien «arremetía despectiva y burlonamente contra todos los aspectos del liberalismo menos contra el aborto… En lo referente al aborto, Ham Hunt se declaraba partidario de la libre elección». Y creía que la salvación del país estaba precisamente en el aborto, en el aborto en los barrios de elevada demografía ocupados por negros e hispanos.
Y algo que puede resultar muy interesante y de lo que me enteré con la novela ya empezada es que parece ser que esta novela se basa en hechos reales, siempre, como suele hacer la autora, trasladados a la ficción con plena libertad. La novela tomaría como inspiración lo que se llamó el escándalo de Chappaquiddick. Dicho acontecimiento tuvo lugar en1969. El senador Ted Kennedy sobrevivió a un accidente automovilístico en el que murió ahogada su asistente. Los hechos se trasladan a 1988, pero la similitud es innegable.
Asistir a los últimos momentos, dilatados en el tiempo y claustrofóbicos en el espacio, de Kelly, a sus pensamientos, recuerdos, alucinaciones y angustia resulta algo estremecedor que Joyce Carol Oates nos hace sentir en lo más profundo.
La novela fue finalista al Pulitzer de ficción en 1992, que ese año fue para Jane Smiley por su fantástica novela Heredarás la tierra. Puedo entender que ese año no lo ganara, pero lo que es increíble (y creo que imperdonable) es que no lo haya ganado jamás, aunque en cinco ocasiones haya sido finalista.
"Misterios S. A.". Joyce Carol Oates.
«¡Estoy muy ilusionado! Porque, al
fin, tras varios comienzos en falso, he elegido el escenario perfecto para mi
bibliomisterio.
Se trata de Misterios, S. A., una
preciosa y antigua librería de Seabrook, Nuevo Hampshire, un pueblo con menos
de dos mil habitantes fijos que se asoma al océano Atlántico entre New Castle y
Portsmouth».
Si Agua negra con sus 152 páginas es una novela corta, Misterios S. A., con sus 96, casi se puede considerar una nouvelle. Una deliciosa, terrible y hasta un poco divertida nouvelle.
La historia nos la cuenta Charles Brockden, quien podría decirse que colecciona librerías. Tiene lo que él considera un «modesto imperio de librerías de misterio en Nueva Inglaterra», pero a su parecer ninguna de ellas posee ni por asomo el encanto de Misterios S. A. Y debe de ser cierto porque a medida que la va describiendo el lector se siente atrapado en la magia del lugar. Algo a lo que tampoco es ajena la portada del libro. Resulta cautivadora la ciudad en la que se encuentra, con sus casitas y establecimientos encantadores, y resulta mágico el paisaje asomado al océano. Pero sobre todo nos atrapa la librería.
«Misterios, S. A. consta de tres plantas, todas ellas con ventanas en voladizo, que se iluminan de manera espectacular cuando la tienda está abierta a última hora de la tarde. En la planta baja, los libros se exponen en el escaparate con un (evidente) buen ojo para las encuadernaciones atractivas: ediciones forradas en cuero de clásicos del siglo XIX como La piedra lunar y La mujer de blanco, de Wilkie Collins; Casa desolada y El misterio de Edwin Drood, de Charles Dickens; Las aventuras de Sherlock Holmes, de A. Conan Doyle; así como clásicos de la novela de misterio del siglo XX escritos por Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Cornell Woolrich, Ross Macdonald y Patricia Highsmith, y unos cuantos contemporáneos populares estadounidenses, británicos y escandinavos».
Algo irresistible para cualquier amante de las novelas de misterio y para un coleccionista de librerías de misterio. Y tiene más atractivos: libros especiales, primeras ediciones, mapas, globos terráqueos y todo tipo de obras de arte antiguas relacionadas con los crímenes y el misterio. El problema es que el actual dueño de la librería, Aaron Neuhaus, también está muy satisfecho y orgulloso con el establecimiento y no piensa deshacerse de él. Tampoco eso es un impedimento para Charles Brockden, quien ya ha tenido que enfrentarse a ese problema y lo ha resuelto con solvencia. Y es que siempre ha pensado que es más fácil convencer a la viuda para que le venda el negocio.
Y así, mientras nos cuenta su pasión por los libros, su posición ante el género humano, su visión de sí mismo y otras muchas cosas que nos resultan muy interesantes, nos va preparando para enfrentarnos a los planes que tiene para hacerse con la librería en los que unos bombones van a tener algo que ver.
«Aunque soy una persona del todo racional, me cuento entre los que creen que algunos individuos son tan intrínsecamente viles, tan odiosos, y hacen del mundo un lugar tanto más desagradable que es casi nuestro deber erradicarlos».
Vamos viendo cómo el encuentro entre Aaron y Charles, planteado como un cliente que quiere comprar libros a un librero, se acerca a un desenlace luctuoso. Pero mientras tanto, no solo Charles nos habla de sí mismo y de sus planes presentes y pasados. También Aaron nos irá contando cómo se hizo con la librería al comprársela a Milton Rackham. Y también contará el relato que Rackham le hizo a él mismo de cómo él se la compró a Amos Slater quien la había heredado de su abuelo, Barnabas Slater, «Libros Slater —es Amos Slater el que habla, según me lo relató Milton Rackham— había sido fundada por su abuelo Barnabas en 1912».
Llegamos así, de la mano de lo narrado por Aaron Neuhaus, al origen de Misterios S. A. conociendo de delante hacia atrás la apasionante historia de la librería, en cuyas compras y diferentes propietarios hay coincidencias asombrosas.
Y llegará el final de la novela que nos asalta casi sin darnos tiempo a pensarlo; que nos sorprenderá y que, a pesar de su truculencia, me hizo soltar una carcajada. A veces, la justicia poética se presenta de maneras muy curiosas.
Nunca había leído una novela tan breve de la autora, pero está claro que en amplias extensiones, en extensiones medias y en la brevedad de una nouvelle, casi un relato largo, la autora no tiene rival a la hora de idear tramas y desarrollarlas con una solvencia alucinante. Esta obra pertenece a una colección de RBA llamada Bibliomisterio en la que hay otras tres novelas que espero leer en breve si las encuentro. Sus autores son John Connolly, Ian Rankin y Anne Perry. No hace falta más recomendación. Esa y la preciosidad de las portadas.


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Sé de tu entusiasmo por Joyce Carol Oates. Por tu culpa (ja, ja...), quiero decir, gracias a ti, estoy leyendo como un adicto la de El señor Fox. La verdad es que me está gustando mucho este volver a esta escritora a la que he tenido abandonada durante muchos años.
ResponderEliminarTomo nota de estos dos títulos que hoy incorporas a tu blog, Rosa
Un beso
Estaría feliz de declararme culpable de hacer que todo el mundo lea a Joyce Carol Oates, de momento me conformo con ser culpable de que tú estés leyendo El señor Fox. Para mí es una autora imprescindible. Y mira que ando con cuidado de declarar nada imprescindible en literatura porque creo que de todo se puede prescindir (hay quien hasta prescinde de la literatura), pero leer a esta autora cada poco tiempo y mientras siga habiendo cosas suyas para leer es algo de lo que difícilmente podría prescindir.
EliminarUn beso.
¡Hola Rosa! estas dos novelitas no las he leído y me atrae mucho la segunda que ya vi en el blog de Mar hace unos días. El tema me llama mucho aunque eso de que sea tan cortita me da pereza y me lleva a pensar en leer primero alguna otra de sus novelas que me faltan por leer. Que buena pinta tiene esa colección de RBA de Bibliomisterio y sí, esta cubierta es preciosa. Me encanta ese final que te ha caído así de sopetón y su truculencia, y por esa carcajada que te hizo soltar
ResponderEliminarLa primera me atrae menos como ya habrás intuido por el tema político que me llama menos, aunque pienso que viniendo de esta mujer cualquier cosa podría gustarme de cualquier tema
Un beso.
Son geniales las dos. Te diré que la política tampoco tiene tanta importancia en Agua negra. Creo que no te resultaría pesado de ninguna manera. Sí que me hubiera gustado que Misterios S. A. fuera un poco más larga, pero también hay que reconocer que muchas veces menos es más y tal vez esta novela tiene la extensión perfecta para que la historia adquiera toda su contundencia. El final me sorprendió y me gustó mucho. Lo de la carcajada puede que solo me pase a mí que soy un poco rara para el sentido del humor.
EliminarUn beso.
Hola, Rosa.
ResponderEliminarEl primero no lo conocía. Tengo unos cuantos pendientes de la autora todavía y eso es bueno, queda mucha Oates por disfrutar.
Incomprensible que no tenga el premio,ni ese ni el Nobel, que sin tener yo autoridad ninguna, creo que se lo merece.
Me parece muy interesante Aguas Negras y aunque la política es un tema que se me hace bola, si ella me monta una buena historia, yo voy.
De Misterios S.A. qué te voy a decir. Que da muchísima rabia que esa librería no exista porque no saldríamos de ella. Y que me parece magistral la resolución. Creo que el apellido del personaje no es casualidad, jeje.
También quiero leer los otros de esa peculiar colección, en especial el de Connolly.
Besos
Agua negra se reeditó en 2025. Hubo una edición de 1993, pero me imagino que estará más que descatalogada. Yo la descubrí por casualidad en algún lugar de Google que ni recuerdo y rápidamente me hice con ella y me la leí.
EliminarYo también estaría encantada con que esa librería, Misterios S. A., existiera. La está describiendo y se me hace la boca agua. El final me pareció magnífico. Y tan inesperado, ja, ja. Lo recuerdo y me vuelve a salir la carcajada.
Un beso.
¡Hola, Rosa!
ResponderEliminarVolver a Joyce Carol Oates es siempre un placer, veo que no has tardado en sumergirte en la prosa cautivadora e implacable de esta autora :)
El primer libro no lo conocía, pero ""Misterios S. A." lo tengo en mi Kobo desde que leí la reseña de Norah y parece que va siendo hora de leerlo, así que ya te contaré.
Tomo nota de "Agua negra", a ver si me animo también con ese.
Pues a cruzar los dedos para que esta maravillosa autora siga escribiendo obras tan buenas ;)
Un abrazo.
No he tardado, no y creo que no tardaré en volver a hacerlo porque tengo varios libros suyos y quiero ir leyéndolos. Son libros que me dan un poco de pereza como su ensayo sobre el boxeo o una novela que tiene un tanto de fantasía distópica (por lo que he visto en la sinopsis) y un par de libros de relatos, pero que por supuesto quiero leer.
EliminarSí ojalá Joyce Carol Oates siga por mucho tiempo dándonos novelas tan buenísimas. Y ojalá le dieran el Nobel o el Pulitzer, aunque me temo que se va a quedar sin ellos, sobre todo sin ellos.
Un beso.
Anotadas, Rosa. A ver si me pongo con ella porque tengo un montón en la lista por tus recomendaciones. Me ha encantado lo que dices al principio sobre las necesidades lectoras porque a mí me pasa un poco lo mismo. Emociona saber que tienes algo pendiente que te va a gustar mucho, ¿verdad? Ayyyy... Besos.
ResponderEliminarSí, es como cuando tienes un pastel exquisito y te da pena comerlo porque te quedas sin él. Un libro de Joyce Carol Oates es mejor que el mejor pastel (y encima no engorda ni sube el colesterol o el azúcar, ja, ja). Menos mal que tengo muchos pastelitos y espero que vengan más, nuevos o antiguos, y como no se estropean...
EliminarUn beso.
Qué abandonada tengo a esta autora. Tengo que ponerle remedio. Y desde estas dos novelas, tan cortitas, son muy tentadoras, en especial, la segunda. El tema me llama más. De la política estoy ya más aburrida, pero también pinta interesante. A ver si me animo.
ResponderEliminarBesotes!!!
Es muy interesante esa primera novela que traigo y no es que tenga mucha política, es que los comentarios y las críticas que tiene al respecto son un plus añadido para mí, pero la historia tiene otras cosas muy buenas.
EliminarMisterios S. A. es una delicia que da pena que sea tan corta, pero que adquiere mucha contundencia con esa brevedad.
Un beso.
Tengo tantas novelas en lista de espera que no sé en qué lugar quedarían estas dos, que me han parecido muy interesantes. Pero antes tengo que leer el Sr. Fox, a instancias tuyas, je, je.
ResponderEliminarTambién suelo comprar algunas novelas llevado por el entusiamo provocado por alguna reseña, especialmente las tuyas, y luego tengo que establecer un orden de lectura. Ahora mismo, estoy leyendo El ardor de la sangre, de Irène Némirovsky, que me está gustando mucho, y acto seguido le tocará el turno a El caso Kurilov, de la misma autora, que acabo de comprar y que también recomendaste.
Así que todo a su tiempo, je, je.
Un beso.
De Irène Némirovsky recomiendo todo lo que leo porque me parece fantástica y todo me gusta muchísimo. Te pasa como a mí, que veo reseñas y compro libros a más velocidad que los leo. Aunque siempre que puedo tiro de ebiblio. No hay demasiado, pero se van encontrando cosas.
EliminarEspero que te guste El señor Fox y que te aficiones a la autora porque proporciona muy buenos momentos lectores.
Un beso.
Hola Rosa, cuando empecé tu reseña de la primera novela ya me sonaba a un escándalo real aunque no recordaba que fuera Ted Kennedy. ¡ Que manía tiene los norteamericanos de ir bebiendo alcohol mientras conducen!, yo aquí nunca lo he visto, aunque es posible que sea cosa de las películas y series. Esta me la llevo apuntada que no la conocía.
ResponderEliminarMISTERIOS S.A la leí este mes y me gustó muchísimo, a mí el final me sorprendió, aunque la verdad no sabía cómo iba a terminar pero al mismo tiempo me hubiera gustado que fuera más explícito y que recogiera la respuesta a algunos preguntas que me surgieron tras terminarla, pero la autora no quiso o no pudo por la brevedad de la historia. A mí también me gustaría leer las otras novelas de la colección porque todas son de autores que frecuento. Espero encontrarlas si se las pido a mí librero porque verlas no las he visto
Besos.
El Senador de esta novela llevaba una copa en la mano de la que iba bebiendo y le mandó a Kelly que cogiera otra de repuesto que llevaba ella. No me extraña que se fueran contra la marisma. Yo tampoco conocía esta novela. La vi en Amazon o en La casa del libro, donde de vez en cuando me meto a buscar libros de la autora y de vez en cuando me encuentro con una sorpresa como esta.
EliminarMieterios S. A., como te dije en tu reseña, me gustó mucho. Tan solo se me hizo un poco corta, aunque reconozco que en esa brevedad está la intensidad de la historia y es que, para ser tan poco extensa, es muy intensa.
Un beso.
Hola Rosaaaa.. Leí el segundo y la verdad, el final no me chifló. A mí me faltó algo. Trataré de ponerme con la primera. Besos
ResponderEliminarNo eres la única a la que le ha pasado eso con el final de Misterios S. A. A mí me gustó mucho, tanto la forma en que se cuenta, como lo que sucede, pero reconozco que soy rara para los finales, ja, ja.
EliminarUn beso.
Buenas tardes, rosa.
ResponderEliminarNo sabes cómo me apetece leer Agua negra, una novela que desconocía completamente, y que suena muy interesante en manos de Oates. Misterios S.A. ya la he leído, como pequeño bocado está fenomenal. Seguiremos atendiendo la narrativa de esta grande de las letras internacionales.
Un abrazo.
Buenos días, Undine.
EliminarMisterios S. A. es un pequeño bocado que se desearía que fuera más grande, pero creo que, de serlo, perdería eficacia. No dejes de leer Agua negra. Es magnífica la forma que tiene de meterse en la piel de alguien que está atrapada en un coche que se llena de agua. Aunque solo fuera por eso, ya merecería la pena.
Un beso.