"La víspera" Manuel Jabois
«Quebró las patas del conejo con las manos y los chasquidos la hicieron retroceder al día en que apretó un gatillo dos veces, muerta de risa, creyendo que la pistola era de juguete. Aquel suceso hizo estallar su vida para siempre, pero apenas reparaba en él. ¿A qué edad sabe un niño cuándo acaba el juego y por qué? […] Cuando creció, se preguntó si el hecho de no haber sentido nunca una poca lástima tenía que ver con que solo era una niña y desconocía, aún, las instrucciones básicas de la vida y la muerte, dónde acababa una y empezaba otra, ni siquiera si había algo en la frontera de las dos. Creía recordar que aquellos dos niños salieron de la casa en dos camillas. Le pareció entonces oír el ruido de las ambulancias y los gritos y urgencias que rodean a un grave accidente, no el silencio helado que cubre todo cuando se produce una muerte. Pero en realidad ella no vio nada, porque en cuanto sonaron las detonaciones su padre apareció corriendo en la cocina y se la llevó en volandas ...