Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

lunes, 18 de junio de 2018

"Zuckerman encadenado" Philip Roth. I

A ver si me explico. Nathan Zuckerman es el protagonista de dos relatos con los que empieza el libro de Philip Roth "Mi vida como un hombre" (1974), concretamente, la primera parte del libro empieza con esos relatos. La segunda parte, titulada "Mi verdadera historia", está contada por un escritor judío llamado Peter Tarnopol que confiesa ser el autor de esos dos relatos iniciales. Por lo tanto, Tarnopol es el autor que creó a Nathan Zuckerman, pero Philip Roth es el autor que creó a Tarnopol por lo que estamos en un laberinto en que un autor crea un personaje que a su vez crea un personaje que a su vez... ¿No es maravilloso?
Sí, el mundo de Natahn Zuckerman es maravilloso, pero el mundo de Zuckerman es el maravilloso mundo creado por Philip Roth en todas y cada una de sus novelas (al menos las que he leído), aparezca en ellas o no aparezca Nathan Zuckerman.
Nathan aparece no obstante en muchas de las novelas de Roth. En la "Trilogía Americana" ("Pastoral Americana" [1997], "Me casé con un  comunista" [1998] y "La mancha humana" [2000]) es un personaje secundario que nos cuenta diferentes historias, pero manteniéndose más al margen que los personajes centrales a los que cede el protagonismo.  
No es el caso de la "Trilogía de Nathan Zuckerman"  en la que Nathan es el total y absoluto protagonista. Tampoco es el caso de la última obra en la que aparece Nathan Zuckerman, "Sale el espectro" de 2007, donde es un hombre de 71 años que vuelve a Nueva York tras vivir más de diez años en Nueva Inglaterra y recupera el protagonismo que ya había tenido en la trilogía que lleva su nombre.
Aunque se la llame trilogía, en realidad consta de tres novelas principales ("La visita al maestro", "Zuckerman desdencadenado" y "La lección de anatomía") y una novela corta que en español casi siempre se ha publicado con la tercera mencionada, y que funciona como epílogo de toda la serie, "La orgía de Praga". 
En 1985 las cuatro novelas se publicaron en un solo volumen con el título de "Zuckerman encadenado" y ese es el libro que yo he leído en una edición de Galaxia Guttemberg, concretamente, la que hizo en 2012 para Círculo de Lectores. 
Empecé la obra con la idea de ir alternando las novelas con otras lecturas. No voy a engañar a nadie: me costó un poco entrarle a la primera, hacerme con ella, empezar a disfrutarla. Desde luego, mi estado de ánimo no era el más adecuado; hay veces en que la incertidumbre de la tristeza presentida agobia más que la propia tristeza cuando llega. Ahora bien, en cuanto la hube asimilado y me hice con la historia, me arrastró de tal manera que he leído las cuatro novelas de un tirón. 
No son novelas que se puedan leer independientemente. Cada una viene de las otras, cada historia sale de la anterior y en realidad, todas las novelas forman una sola historia, la de un escritor judío, crítico con aquellos aspectos de su cultura y su religión que cree que debe criticar, que no es entendido por nadie, y menos aún por su propia familia.

"La visita al maestro" (1979).
(título original "El escritor fantasma") Zuckerman es un muchacho de 23 años que viaja a conocer a un escritor al que admira y que le ha invitado a su casa. Se trata de E. I. Lonoff, y Nathan ha ido a visitarle "para presentarle mi candidatura a hijo espiritual suyo [...]. Ni que decir tiene que ya tenía padre, y bien devoto que era, y bien que podía pedirle cualquier cosa en cualquier momento; pero era podólogo, no artista, y últimamente estábamos teniendo bastantes problemas familiares por culpa de un nuevo relato mío".
Efectivamente, en esta novela aparecen los primeros enfrentamientos entre Nathan y su padre por culpa de un relato, "Enseñanza superior", en el que el joven escritor cuenta una anécdota familiar que a su padre le parece que no deja en muy buen lugar a los judíos que serán vistos por los goyin (gentiles) como perros judíos con su amor al dinero. Lo que Nathan realizó como un homenaje a su familia, su padre lo ve como una afrenta al pueblo judío. Pero es que su padre aún vive lamentando algo que para Nathan ya queda lejano, algo que les ocurrió a los judíos "¡En Europa! ¡No en Newark! Nosotros no somos los condenados de Belsen. Nosotros no somos las víctimas de aquel crimen".
En casa de Lonoff, Zuckerman conoce a una joven que pasa allí unos días, se trata de Amy Bellette, cuya historia nos va dejando alucinados a la vez que la vamos conociendo y nos entra la duda de si está loca y todo se lo ha imaginado, si estamos locos nosotros y todo será cierto, o si todo es un producto de la imaginación de Nathan. No quiero desvelar nada, pero lo que esconde la vida de Amy y las reflexiones a que da lugar, son de lo mejor de toda la novela. Reflexiones que la llevan al punto de darse cuenta de que vale más muerta que viva y es mejor dejarlo estar. "Muerta, en cambio, bien podía ofrecer algo más que sano esparcimiento para jóvenes comprendidos entre los diez y los quince años; muerta había escrito, sin intención o sin proponérselo, un libro con la fuerza de una obra maestra para abrirle por fin los ojos a la gente".
Otra de las derivas argumentales de esta novela es la relación entre Lonoff y su mujer, genialmente expresada en un capítulo cuyo título, "La mujer de Tolstoi", lo dice todo.

"Zuckerman desencadenado" (1981).
Han pasado varios años y estamos en 1969. "Vietnam se había convertido en un matadero, y muchos norteamericanos, tanto en el campo de batalla como fuera de él, se habían vuelto completamente locos. Haría cosa de un año que Martin Luther King y Robert Kennedy habían sido muertos a tiros por asesinos". Nathan tiene ya treinta y seis años, tres divorcios en su biografía y se ha hecho célebre y millonario tras escribir una novela, "Carnovsky", que lo ha catapultado a la fama sin casi tener tiempo a asimilarlo. 
La experiencia se basa en lo que le ocurrió al propio Roth en 1969 a raíz de la publicación de "El lamento de Portnoy". Ambas novelas además son similares pues tratan de la adolescencia de un muchacho judío y sus problemas con el sexo, la culpa y una madre demasiado posesiva. No sé si los problemas posteriores al éxito fueron los mismos en Roth y en Zuckerman o si tan solo comparten la fama que les dieron sus novelas respectivas.


Philip Roth

A Nathan, "Carnovsky" le dio la fama y le permitió mudarse a un caro apartamento en el Upper East Side, tras separarse de Laura, su última mujer, gentil y WASP. Pero no a todo el mundo le ha gustado el libro de Zuckerman. "Ya eran muchos los que le habían escrito echándole la bronca. «Por pintar a los judíos en un ambiente de peep-show de total perversión, por pintar a los judíos cometiendo actos de adulterio, exhibicionismo, masturbación, sodomía, fetichismo y proxenetismo», alguien con más membrete en el papel de cartas que el mismísimo Presidente había llegado a sugerir que «habría que pegarle un tiro». Y eso, en la primavera de 1969, ya no era hablar por hablar".
Nathan se ve perseguido por Alvin Pepler, un hombre sin sentido de la discreción, incontinente verbal y obsesionado por su pasado de campeón de concursos televisivos, de los que tuvo que prescindir para dar paso a concursantes a los que se les daban las respuestas por parte de los productores. Aunque llegamos a dudar de si él no se benefició también de tales prácticas contra las que despotrica pues entre tanta vana palabra cualquier cosa puede ser posible. Tal vez alguien recuerde el caso. A mi me sonaba de una película vista hace unos años e investigando, descubrí que se trata de "Quiz Show" (Robert Redford, 1994).
Por si algo faltaba, el padre de Nathan muere en Florida, a donde se había trasladado el matrimonio tras jubilarse, y al morir dice una última palabra que perseguirá a Nathan durante muchos años y le supondrá la rotura de relaciones con su hermano Henry.
(continuará)

viernes, 15 de junio de 2018

"Babilonia" Yasmina Reza

"¿Qué importa lo que somos, lo que pensamos, lo que será de nosotros? Estamos en algún lugar del paisaje hasta el día en que dejamos de estar en él". Y para demostrarlo, Elisabeth comienza esta historia abstraída en un libro de fotos, "Los americanos" de Robert Frank, de 1958. Allí contempla a un hombre con traje y corbata con orejas de soplillo y un ejemplar de la revista "Awake" en la mano. Estaba vivo en 1955 cuando se sacó la foto. "Murió hace tiempo. Vestía con decoro para repartir sus folletos religiosos. Estaba solo, penetrado de una perseverancia triste y torva". Estaba en aquel rincón del mundo, en Los Ángeles, hasta que dejó de estar. Como muchos de los personajes retratados en el libro del suizo Robert Frank, como todos los personajes de todos los paisajes, de todas las fotos, de todos los tiempos. Antes o después dejamos de estar. 
A veces lo que deja de estar es toda una vida que se trunca y se convierte en otra. Un detalle casual, tan inesperado como innecesario, nos puede cambiar la vida para siempre.
Testigo de Jehová Los Ángeles
Robert Frank
(Los Americanos 1958)
Elisabeth tiene sesenta y dos años y no considera que su vida haya sido muy feliz. Tampoco desgraciada. Si tuviera que calificar su vida, le daría un seis; un seis haciendo trampa para no ser ingrata o herir a alguien. Ahora echa de menos a su madre que murió hace diez días y a su hijo que ya no vive en casa. Es feliz con Pierre su marido, aunque echa algo en falta en su relación de pareja, algo que tal vez siempre ha echado de menos, no solo ahora por la edad y la costumbre. "Estoy bien con mi marido. Pierre es alegre, de fácil convivencia. Nada charlatán, no me gustan los hombres charlatanes. Siempre a mi disposición, sin ser un blandengue ni un calzonazos. Es tierno. Me gusta su piel. Nos conocemos al dedillo. Le reprocho su amor demasiado incondicional. No me pone en peligro. No me magnifica. Le gusto incluso fea, lo cual no resulta nada tranquilizador. No existe electricidad entre nosotros, ¿ha existido alguna vez? ¡Deplorable balance!"
Tiene un vecino, Jean-Lino Manoscrivi, con el que sube las escaleras "los dos subíamos andando, yo para conservar un tipo pasable, él por su fobia a los sitios cerrados", y con el que, escalón a escalón, ha ido tejiendo la amistad suficiente para ir a las carreras o a tomar un café y pasear por las cercanías de su casa. Jean-Lino es nieto de inmigrantes judíos italianos por parte paterna. No es religioso, pero recuerda cuando su padre le leía el Libro de los Salmos, siempre el mismo pasaje inmortalizado por un marcapáginas deshilachado que su padre nunca movía de sitio "A orillas de los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos al acordarnos de Sión". Y Sión no solo es Jerusalén, es la Tierra Prometida de los judíos; el Paraíso, añadiría yo, de los cristianos, y no hay nada peor que vivir con los ojos puestos en un Paraíso que no existe o en una Tierra Prometida que, tal vez, se basa en una promesa falsa. Afortunadamente, ni Jean-Lino, ni su padre según él, entendieron nunca los versos, con lo que no tuvieron sus esperanzas puestas en fantasías inexistentes.


Yasmina Reza

Elisabeth tiene sus ojos en fantasías del pasado. Al menos fueron existentes en el pasado, en forma de Joseph Denner, su enamorado de los diecisiete años, amante de la fotografía y al que recuerda cada vez más. 
Elisabeth se hace mayor y va caminando hacia el final. Cada vez más sola, sin padres que la ayuden a envejecer, (¡ah, si no se llegase huérfano a ese trago! como dice Serrat), sin un hijo con presencia constante, alborotando la casa y conjurando el paso de los años. 
Elisabeth envejece y ha decidido hacer una fiesta de la primavera. Ha decidido invitar a amigos y familiares para levantar el ánimo, para celebrar que sigue viva, para festejar el fin del duro invierno parisino, para no sentir que envejece en soledad. "Así somos, me dije. Tú también vas haciéndote mayor como todos tus conocidos, y sentí que formaba parte de esa multitud en marcha, cogida de la mano, haciéndose mayor hacia algo desconocido".
Una fiesta de primavera a la que acuden dieciocho personas entre compañeros de Elisabeth, amigos de Pierre, familiares... y los vecinos Manoscrivi, Jean-Lino y Lydie; una fiesta que transcurre entre las risas, los cotilleos, las anécdotas relatadas por unos y otros... y es una anécdota relatada por Jean-Lino acerca de Lydie y su manía de no comer pollo que no se haya "encaramado a los árboles", lo que desencadenará los acontecimientos posteriores. Unos acontecimientos que comienzan cuando ya ha terminado la fiesta y Pierre y Elisabeth están en la cama, dormida una, leyendo el otro. Es entonces cuando llaman al timbre y aparece Jean-Lino para darles la noticia que les cambiará la vida a todos.
No había leído nada de Yasmina Reza. La consideraba, sobre todo, una autora de teatro. Esta novela me la recomendó una amiga y me ha gustado tanto, que seguiré con otras novelas de las muchas que he visto que tiene la autora.
Solo conocía a Yasmina Reza, aparte del nombre, por la película "Un dios salvaje", dirigida en 2011 por Roman Polanski y que es adaptación de una de sus obras de teatro. La película consiste en la conversación entre dos parejas cuyos hijos respectivos han tenido una pelea en un parque. En principio, ambos matrimonios se comportan de manera culta y civilizada, pero poco a poco, la conversación comienza a discurrir por caminos insospechados. 


Una escena de "Un dios salvaje". Roman Polanski 2011

Eso es también lo que sucede en esta novela: una desafortunada anécdota contada en una fiesta, una conversación que comienza cuando la mujer se queja de esa indiscreción por parte del marido, una charla de la que se va perdiendo el control y que conduce a hechos inesperados. Y todo porque, tal vez, ese diálogo entre marido y mujer responde a esa mutación minúscula que según Svante Pääbo, profesor de Biología de Elisabeth, nos separa de los neandertales y nos lanza hacia un mundo de aventura que no sabemos controlar, "una mutación insólita del genoma que al parecer permitió el lanzamiento a lo desconocido, la travesía de los mares sin ninguna certeza de tierra en el horizonte, toda la fiebre humana de exploración, de creatividad y de destrucción. En suma, un gen de la locura".

martes, 12 de junio de 2018

"Frente al abismo" Lucas Berruezo

"Si seguía así, iba a terminar de almorzar para la hora de merendar. Pendeja de mierda, siempre lo mismo, con sus caprichos y sus « yo quiero hacer lo que quiera». Obvio que no decía eso, tenía sólo siete meses y no pronunciaba más que algunas sílabas sin sentido, pero detrás de su llanto, de su correr la cabeza cuando la cuchara se acercaba, estaba esa postura egoísta y malcriada".
Así comienza el primer relato de Lucas Berruezo en "Frente al abismo". Se trata de un libro que me llegó a través de la editorial: Ediciones Erradícame. Cuando la editora, Estefanía Farias, me ofreció este libro, el hecho de ser de relatos me resultó un poco disuasorio, pero que el escritor fuera argentino y la descripción de Estefanía como "15 relatos inquietantes que te enfrentan a situaciones que bien podían ser reales por muy aterradoras que parezcan", me animaron a aceptarlo junto con el libro de la propia Estefanía Farias, "Buenos días, me voy a dormir", sobre sus aventuras en Holanda durante su primer año de estancia en ese país. De ese último libro ya hice la reseña hace unos meses y tenía pendiente la de "Frente al abismo" que hago ahora.
Se trata, como dice Estefanía, de quince relatos estremecedores; se trata de llevarnos a esas situaciones límite en las que nunca creemos que podemos llegar a encontrarnos, pero en las que se ven inmersos personajes tan ingenuos y confiados como nosotros mismos, personajes que confían en no encontrase nunca ante situaciones en las que se entra sin darse cuenta y se sale... como se puede y ya es bastante. 
Personajes inmersos en situaciones como las que muchos hemos vivido; situaciones que, en manos de según quién, devienen en auténticos desastres, en escenarios de las más negras historias: una madre que se siente superada por el hecho de tener que cuidar sola a su bebé; un padre que se siente obligado a asistir a un cumpleaños infantil; una despedida de soltero que empieza feliz entre cuatro amigos... hasta que uno bebe más de la cuenta; una hija que teme la llegada de su padre a casa por las noches; una niña que quiere ser hada siguiendo las instrucciones de un vídeo infantil en Youtube; una inocente tradición navideña; un escarmiento que se nos escapó de las manos... 
Muchos personajes y muchas situaciones para estos estos quince relatos vertebrados sobre todo por el miedo: "Lo malo del miedo a enfermarse es que uno, después de haber estado en contacto con un posible foco infeccioso, lleva la marca en sí mismo. El miedo a ser asaltado por un ladrón se termina cuando uno, sano y salvo, se encierra en su casa; el miedo a volar se acaba cuando apoyamos el pie en tierra; pero el miedo a enfermarse no se termina ni aun alejándonos del enfermo que pudiera habernos contagiado".

Lucas Berruezo
Miedo a enfermarse, sí, pero también miedo a ser descubierto, al desamor, a la soledad, a la agresión, a descubrir que el sentido de la vida es que no tiene sentido. 

Relatos vertebrados por el miedo, aunque no solo por el miedo: la obsesión, la desesperanza, los deseos frustrados... son otros de los sentimientos que pueden provocar esas situaciones inesperadas y, a veces, irremediables. 
En estos relatos hay de todo. Hay quien se inventa su vida y los personajes con los que la comparte; hay quien se esconde de la realidad con juegos y tradiciones; hay quien intenta salvarse de la cárcel haciendo lo posible por terminar en ella. Hay muchas cosas en estos quince relatos, inquietantes como dice Estefanía, negros y macabros, pero que ponen los pelos de punta por lo reales que, por otra parte, llegan a resultar. 
Y es que como dice el propio autor: "Me gustan los personajes normales, corrientes, como cualquiera de nosotros, y para lograr plantear personajes semejantes mi vida cotidiana es una fuente inagotable de inspiración". Sus personajes son, efectivamente, normales, como muchos de nosotros y por eso sus relatos resultan tan escalofriantes, porque nos vemos retratados en ellos, porque por terribles que sean, unos en uno y otros en otro, todos nos reconocemos en alguno de los protagonistas y todos sentimos que en determinadas circunstancias, su tragedia podría ser la nuestra.
Y de ahí el miedo que nos asalta como asalta a los personajes en sus relatos. Un miedo que es consustancial a la vida y que se hace más abrumador cuando no se espera que nada ni nadie venga a mitigarlo. "Replantéese sus creencias. Un Dios que no le sirve para perder el miedo es un Dios que no sirve para mucho".


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