Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

martes, 19 de marzo de 2019

"Lucía en la noche" Juan Manuel de Prada

"Mientras había luchado por alcanzar el éxito, había escrito con el entusiasmo y el temblor de quien arroja una moneda al aire, ignorando si saldrá cara o cruz. Pero, tras alcanzarlo y probar su sabor, empecé a renegar de mi oficio, [...] Entonces empecé a buscar lenitivos que supliesen su ausencia: [...] empecé a frecuentar los platós televisivos, donde, a cambio de un estipendio siempre generoso, me juntaban con un hatajo de botarates vociferantes que no paraban de proferir barbaridades (pero ninguno profería tantas como yo, más vociferante que ninguno), disputándose la predilección de una audiencia mentecata".

Cuando leo estas líneas pienso que el autor está haciendo autocrítica, tal vez saldando cuentas con su pasado. A ver, entendedme. No quiero decir que Juan Manuel de Prada haya dejado de escribir para dedicarse a saraos televisivos en compañía de botarates vociferantes (y menos que sea el más botarate y el más vociferante) para una audiencia mentecata. Ni mucho menos. Él ha seguido escribiendo. No demasiado. Diez novelas (además de artículos y relatos) en veintitrés años. Él no aparece en esos platós televisivos en los que los tertulianos se gritan unos a otros y se pelean por ser el que más destaca en su afán de ordinariez y falta de civismo. No. Me refiero a otra cosa.

Juan Manuel de Prada no había cumplido veintiséis años cuando escribió "Las máscaras del héroe". Era 1996 y todos los que leímos aquel libro quedamos sobrecogidos y perplejos. Puedo asegurar que es una de las mejores novelas escritas en la segunda mitad del siglo XX. Recuerdo que nos preguntábamos que más se podía escribir después de aquello y si no habría sido un temprano canto de cisne imposible de superar. Pues bien, han pasado como digo veintitrés años y aquella primera novela sigue siendo, con mucho, lo mejor que ha escrito. Tiene más novelas buenas, pero ninguna (y esto no es más que mi opinión personal) está a la altura de aquella primera. Recibió el Premio Planeta con su segunda novela, "La tempestad", tan prescindible como casi todos los Premios Planeta salvo alguna rara excepción. Pasó a ser conocido por sus apariciones en la televisión: recuerdo haberle visto mucho en las tertulias que dirigía José Luis Garciel en elprograma Qué grande es el cine,  antes y después de la película de turno. Pero sobre todo se hizo famoso como columnista de prensa, siempre en publicaciones de tipo conservador.

No es su talante conservador algo que me impida disfrutar de su literatura. Soy bastante hábil a la hora de separar las obras de la ideología de su autor. Durante muchos años, leí todas sus novelas y siempre que cogía una nueva esperaba encontrar al autor de "Las máscaras del héroe". Por supuesto, nunca lo conseguí y creo poder asegurar a estas alturas que nunca lo conseguiré.

"Lucía en la noche" es mi reencuentro con el autor después de haberme saltado sus tres novelas anteriores. Parece ser que en la inmediatamente anterior, "Mirlo blanco, cisne negro", ya aparece el protagonista de esta, Alejandro Ballesteros. Y es también el estudiante que viaja a Venecia en "La tempestad", aunque de eso yo no me acordaba.

"En sueños vuelvo a verla a menudo, tal como la vi por primera vez en aquel desfasado garito para noctámbulos. Suenan los acordes de un piano y Lucía avanza lentamente hacia mí, mientras canta con voz cálida y rota, abriéndose paso entre la clientela beoda o somnolienta, difuminada por una neblina de ultratumba, como si fuese una resucitada, igual que Kim Novak avanzaba hacia James Stewart en aquella célebre secuencia de Vértigo". Un precioso comienzo que me hace albergar esperanzas. Alejandro Ballesteros es, como nos cuenta en las frases con las que inicio esta reseña, un autor sin novela. Hace muchos años que no escribe y que vive la noche y bebe la noche y vocifera en los platós y se acuesta con mujeres a las que lleva a casa y a las que no desea ver a la mañana siguiente. 

Cuando conoce a Lucía su vida da un vuelco. Animado por ella comienza a escribir de nuevo. Un año después de su encuentro, tiene lista una nueva novela que su antiguo editor está deseando publicar y él se dispone a tomarse un merecido descanso en las islas Canarias acompañado de Lucía. Pero problemas en la corrección de pruebas de la novela, de inminente publicación, le impiden viajar. La imposibilidad del cambio de fechas en la reserva de hotel, hace que decidan "mantener la reserva y que Lucía me precediese un par de días, mientras yo acababa la corrección".

Y hasta aquí, todo lo que se puede contar de la trama de "Lucía en la noche". Ni un paso más allá se puede avanzar sin dar un exceso de información. Lo que sí se puede es hablar de las cosas de la novela que me han gustado y de las que me han desconcertado o, directamente, me han chirriado.

Encuentro una cita de otro autor. Por dos veces veo la frase "no hallaba cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la muerte". Imagino que es un homenaje a Quevedo y a su soneto "Miré los muros", pero, ¿es necesario repetirlo dos veces? ¿no habría, de alguna manera, que indicar el homenaje, la cita, la obra, el autor de referencia? No sé, igual es una manía mía porque soy muy tiquismiquis

Me sorprenden más cosas. Hay una frase que me llama la atención y me suena a cita, es como muy redonda, como muy  del estilo de San Juan de la Cruz (me equivoqué): "busco su candor de trigo y su dolor de lenta espina" dice refiriéndose a los ojos de Lucía. Meto la frase en Google (no voy a presumir de conocer todas las citas; la de Quevedo sí, porque era uno de los poemas preferidos de mi padre y él me lo descubrió) y encuentro que es de una columna de El Semanal que el propio Juan Manuel de Prada escribió el 25 de julio de 2011 con motivo de la muerte de Amy Winehouse, ocurrida dos días antes. Los ojos que provocaron esa bella frase fueron los de la cantante. No sé qué hubiera pensado Lucía de ello. Sé que es otra manía personal, uno tiene derecho a usar sus propias frases cuando quiera, pero, como mínimo, queda raro. No sé qué otras citas, propias o ajenas al autor, se me habrán escapado.

Juan Manuel de Prada (foto Xavier Cervera para La vanguardia)
En algunos aspectos es muy reiterativo, demasiado, y me recuerda al estilo de Javier Marías. También me lo recuerda en otras cosas como las reflexiones que se cuelan entre la trama; lo leía y no podía dejar de pensar en las similitudes. Varias veces leyendo "Lucía en la noche", me he acordado de Javier Marías. Pero lo que en Marías es estilo propio, originalidad genuina que solo se imita a sí misma y pone el sello del autor en cada libro, en Juan Manuel de Prada me suena impostado, buscado con artificio, reiteración innecesaria (las veces que repite la expresión pijos estresados, doce para ser exactos, en el último tercio del libro no se justifica, desde mi punto de vista, de ninguna manera). No voy a decir que el autor imite a Javier Marías. No lo sé, ni soy quien para juzgarlo. Solo manifiesto la sensación que me transmite.

Me ha gustado el homenaje que hace a la película "Vértigode Alfred Hitchcock. Empieza (el homenaje; luego se alarga a medida que la novela transcurre) en la primera página, en el primer párrafo. Y sigue dando muestra de la habilidad y belleza literaria de las que el autor es capaz. "Pero la neblina que envuelve a Lucía en mis sueños no es verde como la que envuelve a Kim Novak en la película de Hitchcock, sino más bien rojiza, a juego con la decoración del garito, a juego con los divanes de terciopelo raído y mugriento, a juego con el tapizado de las paredes"Es un buen cinéfilo y se le nota, pero si alguien no ha visto la película y quiere disfrutarla en todo su esplendor, que la vea antes de leer este libro porque el destripe de la trama de la película  que el autor hace en esta novela es total y absoluto, sin la más mínima concesión al suspense.

Tiene una prosa que alcanza, como he dicho, momentos de gran belleza, pero en la mayor parte del libro es correcta sin más (ni menos). A eso hay que añadir que toda la historia rezuma un halo de irrealidad forzada, de algo que no llegamos a creernos. Por momentos me llega a parecer la fantasiosa historia de un escritor novel. Hay alguna situación delirante como la amistad que se establece entre Alejandro Ballesteros y el policía Emilio Avendaño que es tan increíble que, de darse, diría muy poco en favor de la profesionalidad de este último. Las cosas que llega a contarle el policía al escritor sobre la investigación en marcha, harían intervenir a los de Asuntos Internos con urgencia y premura.

Me ha gustado la estructura de "Lucía en la noche". En capítulos que se van alternando, unos con números romanos y otros con números arábigos, nos va contando la historia antes y después del viaje a las Canarias. Los números romanos nos van acercando desde el pasado, a través de la relación de Lucía y Alejandro, hasta ese viaje y lo que traerá consigo; nos van prefigurando el viaje y sus consecuencias. Esas consecuencias, el después del viaje, es lo que nos cuentan los números arábigos. Después viene un epílogo y un post scriptum, que dejan la novela bastante cerrada, aunque con un final realmente aceptable para el devenir de la historia.

Resumiendo, no me ha convencido "Lucía en la noche". El autor de "Las máscaras del héroe" no ha vuelto a aparecer en la narrativa de Juan Manuel de Prada, pero es que este libro es, desde mi punto de vista, de los más flojos que le he leído. Disiento de las dos o tres reseñas que he mirado tras terminar la novela y que la ponen por las nubes. No puedo, en absoluto, estar de acuerdo. 

Tan solo (tampoco he buscado mucho), con motivo de su anterior novela que no he leído, "Mirlo blanco, cisne negro", encuentro unas palabras de Guillermo Rodríguez para Huffington post, que se acercan mucho a lo que he comprobado en este libro: "hojas y hojas, y más hojas, que estallan como fuegos artificiales lingüísticos estéticamente impecables pero vacías de fondo. El lenguaje brillante y rebuscado como principio y fin último. No importa lo que se cuenta: lo único relevante es cómo se cuenta. Es sólo forma, porque no hay fondo".

Título del libro: Lucía en la noche
Autor: Juan Manuel de Prada
Editorial: Espasa 
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2019
Nº de páginas: 416

sábado, 16 de marzo de 2019

Sin reseña XIII



Hoy era cuando tocaba publicar "Sin reseña XIII", pero, como sabréis, me equivoqué y la publiqué el mismo día que la anterior, cuando aún estaba sin terminar.

Ahora, ya completa, os aviso por este medio de que ya está lista para ser leída, en el siguiente enlace:


A los que ya la hayáis leído, os doy las gracias y a todos os digo que espero que os guste y os dé una idea de las novelas que en ella trato.

martes, 12 de marzo de 2019

Una equivocación. Ya doble.

Por andar jugando con el móvil he mandado a borrador la edición octava de Sin Reseña*. Al volver a publicarla, no lo ha hecho con la fecha original, sino con la de hoy. Y lo peor es que he perdido todos los comentarios. 
Lo que quiero anunciar con esta entrada es que mi última publicación es "Sangre en los estantes" de Paco Camarasa. 
Es una publicaciónn que me es muy querida, y no quiero que quede camuflada
Olvidaos de esta y de Sin reseña VIII e idos a Sangre en los estantes.

*equivocación sobre equivocación, acabo de descubrir que lo que he publicado no es Sin reseña VIII. Confundí la VIII con la XIII (cosa de los tres palitos, pero la XIII está sin terminar. No la pongo en borrador porque ya hay comentarios, pero cuando la termine con el quinto libro, la anunciaré de nuevo.
Lo bueno es que la entrega VIII de Sin reseña mantiene intactos sus comentarios.
En algún momento tendría que traducirse al blog el despiste monumental que tengo y los líos que me monto yo sola. Bueno, ayudada por el móvil. 

Sin reseña XIII


Y llegamos a la entrega decimotercera de "Sin reseña". Nunca me he creído eso de que el número trece traiga mala suerte. A pesar de que el año 2013 se podría considerar uno de mis annus horribilis, siempre he preferido pensar que es casualidad y no culpa del trece. Tampoco fue bueno 1999, ni lo ha sido 2018.
Sin más rollo, que empiezo y no tengo donde parar, en esta nueva entrega hay un poco de todo y, como siempre, mucha negritud. Es que me encanta.


"Solo los muertos". Alexis Ravelo.
Esta es la segunda entrega sobre el investigador aficionado Eladio Monroy. La primera, "Tres funerales para Eladio Monroy", me gustó lo suficiente como para meterme el gusanillo y decidirme a seguirlo.
Hablo de investigador aficionado porque Eladio Monroy es un jubilado de la marina mercante que admite encargos varios para completar su pensión y puede que para matar el aburrimiento que la vida de jubilado podría ocasionar en un hombre activo y lleno de vitalidad como él.
En este caso le encargarán buscar a Héctor Fuentes, un hombre que, supuestamente, ha huido con secretos de su empresa. Se sabe que cogió un avión a Las Palmas y no se volvió a tener noticias suyas.
Pero el encargo esconde cosas mucho más turbias en las que Eladio se verá envuelto sin saberlo ni desearlo. Todo un mundo de intereses que no repara en jugar con las vidas ajenas a cambio de no perder ni un solo euro de beneficio; personajes corruptos dispuestos a todo por mantener ocultos los secretos de sus execrables negocios.
En sus pesquisas, se verá ayudado por Gloria su vecina y pareja que ya conocimos en la entrega anterior, y también por Manolo el viejo comunista propietario de la librería donde trabaja la mujer, porque en esta entrega, más aún que en la anterior, los libros tienen importancia. No hay más que ver la lista de los que Monroy atesora y lee.
Eladio encontrará a Héctor y hasta desarrollará con él una amistad que irá más allá de lo meramente profesional, aprendiendo a valorarlo y a admirar su honradez e integridad.
Una novela que confirma la buena impresión que ya me causó su antecesora y que me mantiene, de momento, como seguidora de Eladio Monroy y de Alexis Ravelo

"El bosque sabe tu nombre". Alaitz Leceaga.
Esta es una de las novelas que más aparecen últimamente por las redes sociales. A medio camino entre varios géneros, resulta entretenida, bien escrita y de fácil y agradable lectura. Solo tengo que achacarle su falta de originalidad, me recordaba continuamente otras historias leídas o vistas en cine. Sobre todo, salvando enormes distancias, no he podido dejar de recordar algunos episodios de "Lo que el viento se llevó", película que creo que también estaba en el imaginario de la autora por cuanto menciona una vez al menos a Vivian Leigh, y en varias ocasiones a Clark Gable.
Podemos incluirla en la novela gótica, con sus mansiones rodeadas de bosques, con pasillos y escaleras y buhardillas que intimidan y sus fantasmas que intimidan aún más. También tiene características del cuento tradicional, con hadas buenas y hadas malas, y con lobo incluido; Tiene suficiente realismo mágico como para que algunos de sus personajes gocen (o padezcan) ciertos poderes sobrenaturales que les permiten hablar con los muertos o controlar a su antojo las leyes de la naturaleza. Transita con timidez por las sendas del realismo social con su crítica a una economía injusta y a una iglesia más preocupada por sus prebendas en manos de los ricos y poderosos que por sus deberes hacia los más desfavorecidos.
La historia empieza a finales de los años veinte del siglo pasado, con Estrella y Alma, dos hermanas gemelas de once años. Alma es capaz de hablar con los muertos, Estrella está a punto de descubrir que ella también tiene poderes ocultos. El día que su abuela Soledad salta por el acantilado dejará un colgante de esmeraldas y un mensaje que sellará el destino de las dos hermanas.
A lo largo de casi veinte años, seguiremos a Estrella y a Alma en su dispar evolución. Las acompañaremos a Inglaterra y a California, las veremos regresar siempre a Villa Soledad, la casona familiar, y luchar por salir adelante a pesar de todas las trabas externas e internas que pretenden doblegarlas.
La parte final de la historia, en la que aparecen por el pueblo y la casa personajes siniestros que terminan de ganar una guerra, y están a punto de perder la de su conciencia y sus fantasmas, me ha traído a la cabeza sin poderlo remediar,otra película: "El laberinto del fauno", aunque esta no tengo tan claro que también esté presente en la autora o solo en mi mente calenturienta.
No hay originalidad en esta novela, pero no se puede negar que constituye una lectura entretenida, fácil y agradable. 


"Muertes de sobremesa". David Jiménez, El Tito.
Están muy de moda las novelas policíacas ambientadas en ciudades españolas de tamaño medio que se convierten en el paisaje principal de la trama. Desde Elizondo hasta Cartagena, pasando por Pamplona, Vitoria o Las Palmas de Gran Canaria, por hablar solo de series que he leído, el periplo recorre gran parte de la geografía.
En "Muertes de sobremesa", nos encontramos con el inspector Marcial Lisón enfrentándose a un asesino al que no pudo descubrir hace dieciocho años. Ahora ha vuelto a matar, pero la vida de Marcial ha cambiado mucho. Para empezar, ya no es el agente bisoño de entonces, sino un inspector con mucha experiencia; para continuar, ha perdido a su compañero y amigo, Santi, con el que compartió la investigación hace años. Santi murió a principios de año, repentinamente, de un ataque al corazón. Desde entonces, el comisario le ha asignado varios compañeros, pero con ninguno llega a entenderse. Y es que Marcial es un tipo raro. "Su capacidad para empatizar nunca había sido muy buena: su cerebro tendía a catalogar los actos comprensivos como falsos e interesados".
Ahora el caso se complica mucho porque la asesinada es la esposa del inspector jefe que llevó las investigaciones hace dieciocho años, lo que lo excluye del caso, complicando todo mucho más.
Esta es una novela que me ha sorprendido y me ha enganchado desde el principio. La trama está muy bien estructurada y tiene su complejidad; los personajes están muy bien matizados y resultan creíbles; hay un par de vueltas de tuerca sorprendentes e interesantes. Eso unido a que está bien escrita, hace que me haya enganchado en otra serie, aunque de momento solo hay tres entregas, lo que tampoco la hace muy laboriosa.

"La apariencia de las cosas". Elizabeth Brundage.
Esta es una novela a la que tenía un poco de miedo. Demasiado vista en las redes; demasiados elogios; demasiado mosqueo, como me suele suceder con las historias muy mediáticas. Me animó a leerla una reseña (siento no recordar de quién) que decía que no era un thriller tradicional y que no trataba exactamente de la investigación del asesinato con el que empieza. me pareció un planteamiento original y decidí leerla.
Efectivamente, empieza con el terrible asesinato de Catherine Clare de un hachazo en la cabeza, pero en lugar de asistir a la investigación policial para descubrir al asesino, la autora nos va llevando a lo largo de los meses anteriores, a través de la vida de las personas involucradas, sus relaciones familiares y de amistad; sus anhelos, frustraciones y errores. Más que indagar en la autoría del asesinato, se nos sumerge en las causas que han podido dar lugar a él, porque desde los meses previos al desenlace se nos lleva a los hechos del pasado y veremos a Catherine de estudiante, enamorándose de George, y veremos a los Hale que habitaron antes la granja en la que viven los Clare en el momento del crimen.
Poco a poco nos iremos enterando de muchas cosas ocultas, de secretos de unos y otros y terminaremos por ser nosotros mismos quienes descubramos al asesino. Pero que nadie se asuste, el asesino queda perfectamente identificado.
Recomiendo esta novela tanto a amantes del género negro y policíaco, como a los que no son muy fans del mismo. 
A mí me ha gustado mucho, el último tercio lo he devorado en una tarde y si se ha quedado "sin reseña" es porque poco se puede decir del libro sin destripar más de la cuenta, pero resulta una propuesta realmente original e interesante.

"Si no, lo matamos". Rosa Ribas.
La cuarta y última novela de Rosa Ribas con la inspectora Cornelia Weber-Tejedor como protagonista, sigue la línea de las anteriores. 
En este caso nos mete en una trama de secuestros exprés, algo que en Alemania desprecian como propio de países tercermundistas, sin darse cuenta de que el delito,  como todo los demás, también se globaliza. Como se globaliza la explotación de trabajadores extranjeros y los modos de ganar dinero a costa de lo que sea. "En los edificios que condenaban a muerte y querían vaciar de inquilinos se dejaba de hacer reparaciones, se rompían misteriosamente tuberías e instalaciones, se estropeaban las calefacciones y aparecían inexplicables plagas de ratas". ¿Os suena?
Sí, el mundo se globaliza y todo se reparte, no exactamente de forma equitativa, pero todo se reparte. Los trabajos y la sangre los ponen unos y el dinero se lo embolsan otros.
Además asistimos a los fantasmas del pasado de Cornelia, algo que se remonta a su adolescencia, de lo que no hemos tenido noticia en entregas anteriores, pero que fue lo que hizo que escogiera la policía como su profesión. También sigue su relación con Leo, con sus padres y hermano y con los compañeros de la comisaría, donde algún que otro disgusto amenaza a nuestra inspectora.
Una serie sin pretensiones, más allá de mostrar la realidad de una ciudad y de un país de los ricos, en este inicio del siglo XXI. Muy bien escrita y recomendable. Quedan ganas de seguir con la serie, pero que yo sepa, de momento, no hay más.

"Sangre en los estantes" Paco Camarasa

"Éramos una librería de recomendaciones. Los lectores venían a buscar lo que no encontraban habitualmente en otros lugares. Siempre decíamos irónicamente que teníamos los clientes más queridos por sus amigos. La última novedad de Camilleri o de Mankell, justo se la acababan de regalar el día anterior. Nuestro papel era el de libreros".
Dudé mucho sobre cómo empezar la reseña de Sangre en los estantes. Tenía ese párrafo anotado como posible principio. Me parecía adecuado presentar la librería tal como lo hace el librero en el libro. El librero, la librera, la librería... Paco Camarasa me ha cautivado; Montse Clavé y sus mejillones y su forma de ver la vida y la gastronomía y la amistad, me ha conmovido; la Negra y criminal me ha emocionado hasta las lágrimas. Y alguna de esas lágrimas eran de rabia, de esa imposibilidad de vuelta atrás, de tiempo ido con todas sus oportunidades a cuestas. 

¿Dónde estaba yo antes de 2015 que no supe de la existencia de esta librería? Dos veces fui a Barcelona con la Negra y Criminal en pleno funcionamiento y dos veces pasé por la Barceloneta sin saber que allí, en la calle de la Sal número 5, estaba la librería que podía haber colmado mis ansias de uno de mis géneros favoritos.

De muchas cosas no he llegado a enterarme hasta que he tenido mi blog y he empezado a moverme por las redes sociales. Por desgracia, menos de un año después de que yo abriera "Cuéntame una historia", cosa que hice el 26 de octubre de 2014, cerraba la librería. Había durado, en contra de los pronósticos más optimistas, casi trece años. Por entonces empezaba mi andadura por las redes. Leí del cierre, pero no fui consciente del significado exacto. No había sido consciente del significado de la vida de la librería y no era consciente del 
significado de su muerte. 

Así se despedía en su propia web, "Negra y criminal", en catalán y en castellano.


El tres d'Octubre la llibrería ha tancat definitivamente les portes
4 de Decembre del 2002
3 d'Octubre del 2015
estaba feta del material amb què es construexen els somnis

**************

El tres de Octubre la librería ha cerrado definitivamente sus puertas.
4 de Diciembre del 2002
3 de Octubre del 2015
"estaba hecha del material con que se construyen los sueños"

Luego supe de Sangre en los estantes y lo apunté y lo compré y no sé cómo he podido tardar tanto tiempo en leerlo. Bueno sí lo sé: mi preferencia por la novela sobre el ensayo fue la causa. A pesar de que hay ensayos que valen todo un mundo de novelas; a pesar de que hay ensayos que me han entusiasmado como pocas novelas lo han hecho; a pesar de todo eso, este ensayo tardó mucho, demasiado, en ser leído. 

Ya lo tenía en mi estantería de pendientes, ya conocía el nombre y la cara de su autor, Paco Camarasa, cuando leí consternada acerca de su muerte hace casi un año, el 2 de abril de 2018. Tenía 67 años y no era un halcón maltés, pero estaba hecho del puritito material del que están forjados nuestros más negros, preciosos y brillantes sueños. 

También tenía anotado este otro párrafo para comenzar la reseña. Un auténtico dilema:
"En ocasiones, en la librería nos encontrábamos con lectores o lectoras que proclamaban, casi con orgullo, que no leían novelas negrocriminales, que ellos leían Literatura. Lo pronunciaban así, con mayúsculas, con voz más o menos engolada, pero siempre en un tono pedante. Nunca he entendido vanagloriarse de no leer o no conocer un género o un autor".

Yo tampoco lo entiendo. Hay géneros que gustan más que otros. Yo no tengo mucha simpatía por la ciencia ficción, la novela romántica, el terror... pero en todos esos géneros he encontrado maravillosas obras y sé que el que me gusten más o menos, es solo una cuestión personal de gustos. Jamás se me ocurriría despreciar ningún género. Pero el desprecio del negro-criminal-policíaco-thriller (no la preferencia o la no preferencia) viene del desconocimiento, de pensar que es mero entretenimiento, que no aporta nada a los problemas del ser humano. Craso error. Pocos géneros bucean en la condición humana hasta pringarse de miseria y dolor como el negro. En pocos se ponen de manifiesto las contradicciones de las sociedades, las injusticias y los abusos del poder como en el criminal. Puedo entender que no guste, pero nunca que se considere un género menor.

Desde 1841, cuando comienza el género con Edgar Allan Poe y "Los crímenes de la calle Morgue", hasta los más jóvenes autores españoles, Paco Camarasa nos hace un recorrido, por orden alfabético, por lo mejor del género. Tras 1841 y Poe vendrá 1887 con "Estudio en escarlata" de "Arthur Conan Doyle, antes de ser Sir", la primera vez que Sherlock Holmes asoma entre las páginas de un libro; y 1920, en que  Agatha Christie publica "El misterioso caso de Styles" y nos da a conocer a otro clasico: Hercule Poirot, el detective belga.

A partir de esos inicios, Sangre en los estantes nos irá contando la historia del género, o los géneros, porque es difícil de acotar todo lo que puede caber en un género demasiado grande para caber dentro de sus propias costuras. "En la librería, [...] queríamos señalar la máxima amplitud del género, y acoger incluso novelas que están en la frontera, pero que amplían los límites y los puntos de vista y sensibilidades acerca del crimen y los criminales".

Veremos los nacidos en la frontera de los siglos XIX y XX: Dashiell Hammett y  Raymond Chandler, y el tercero de la trinidad, discutido, pero que para el autor es Jim Thompson y yo no puedo dejar de estar de acuerdo; James McCain y su cartero que siempre llamaba dos veces, y hasta Borges que hizo sus pinitos en el género y con Bioy Casares dirigió "El Séptimo Círculo, la mejor colección de novela detectivesca o policial en castellano que ha habido hasta ahora"

No quiero hacer esta entrada eterna, pero en Sangre en los estantes se habla de mis autores favoritos del género: los europeos, Jean Claude Izzo, Henning Mankell, Philip Kerr (todos muertos de forma prematura), Petros Márkaris, Pierre Lemaitre; los americanos, Chester Hymes, James Ellroy, Michael Connelly, John Connolly, Dennis Lehane, la trinidad mencionada más arriba (todos ellos están en mi blog); los españoles, Manuel Vázquez Montalbán, Francisco González Ledesma, Francisco García Pavón, Lorenzo Silva, Alicia Giménez Bartlett. Menciono solo los que conozco y he leído. Hay muchos más: los que conozco y no he leído; los que ni siquiera conocía hasta verlos aquí nombrados. Muchos de ellos ya han entrado en mi lista de pendientes.

Philip Kerr con la camiseta de la Negra y Criminal
Casi todos ellos estuvieron en la librería y se hicieron la foto con la camiseta, y algunos tenían una botella de su bebida favorita en el mueble negro de la Negra y Criminal"Philip Kerr ha venido algunas veces por la librería. Siempre sonriente, muy elegante y muy bien acompañado. Tiene una botella de Talisker esperándolo en el mueble negro". Philip Kerr murió unos diez días antes que Paco Camarasa, el 23 de marzo. No sé si Paco llegó a enterarse. El libro, naturalmente, no lo recoge. En la nota sobre el autor escocés, creador de Bernie Gunther, solo aparece su fecha de nacimiento. Jaen-Claude Izzo tenía su botella de Lavagulin en el mueble negro.

Casi todos se hicieron la foto con la camiseta. No así Vázquez Montalbán "«Bajo un día, cuando vuelva de Australia». Casi siempre cumplía lo que decía. Pero esta vez nos falló". No volvió vivo de Australia. No se lo perdonaron nunca. No se lo perdonaremos nunca.

Encuentro en Sangre en los estantes detalles que me tocan la fibra y la nostalgia y casi me sacan las lágrimas, como la mención a "Manuel Vázquez Montalbán, que fue el primero, eso sí, en narrarnos una receta de principio a final de manera que cualquiera que tenga hábito de acercarse a los fogones pueda hacerla: la caldeirada gallega en Tatuaje". Esa maravillosa caldeirada de rape, langostinos, almejas y patatas que yo hice varias veces hace muchos años y que todavía mi marido me pide de vez en cuando, aunque yo me resisto. Tengo que complacerle y resucitar viejas y buenas costumbres. Mi ejemplar de "Tatuaje" se abre de manera natural por las páginas en las que se describe la receta. 

Paco Camarasa y Montse Clavé, en la puerta de Negra y Criminal (Antonio Moreno)
Tan solo una objeción puedo hacerle al libro de Paco Camarasa: mi lista de pendientes ha engrosado de manera alarmante. Las notas que más se repiten en este libro son: "buscar",  "leer" y "releer". Demasiada tarea incluso para varias vidas. Creo que no me moriré nunca. No tengo tiempo.

Varias vidas parece que hubiera vivido Paco Camarasa porque además de librero, tal vez lo que más le gustaba, y mantener viva la librería con sus firmas de libros y sus presentaciones, fue comisario de BCNegra hasta 2017, era constante en la Semana Negra de Gijón, sabía más que nadie de novela negra y criminal, sabía tanto que no sabe una por donde empezar a seguir sus recomendaciones. Y lo más importante, era, según todos los que le conocieron, un buen hombre. Era, "en el buen sentido de la palabra, bueno".

Termina Paco Camarasa aconsejando los nueve novísimos (nunca le gustaron los números redondos) de la literatura negra y criminal española; los nacidos entre 1963 y 1973, los que publicaron su primera novela entre 2005 y 2014. A la mayoría los he leído y comparto la recomendación: Víctor del Árbol, David Llorente, 
Alexis Ravelo, Rosa Ribas (sola o con Sabine Hofmann), Carlos Zanón (mi favorito entre todos ellos). A algunos no los he leído aunque los conozco de nombre como Tony Hill y Berna González Harbour. Otros sí, y no termino de tenerlo claro. De Dolores Redondo leí la Trilogía del Baztán. Me gustó porque además yo viví un año en Elizondo, pero con el tiempo ha ido perdiendo en el recuerdo. De Juan Ramón Biedma he leído una única novela y no me convenció mucho. Tendré que leer su Premio Dashiell Hammett, "El imán y la brújula".

Esos son los nueve novísimos de Paco Camarasa que termina la recomendación y "Sangre en los estantes" diciendo: "Decía Groucho Marx: «Estos son mis principios, pero, si no les gustan, no se preocupen, tengo otros». Soy un ferviente marxista, pero en este caso no estoy de acuerdo con Groucho. Estos son mis nueve novísimos. Si no les gustan, lo siento, pero no tengo otros; no pienso cambiarlos.
Compruebe la riqueza de lo que se está escribiendo en el género negrocriminal. Aquí y ahora. Decir que siempre escriben lo mismo, que todas las novelas se parecen es, simplemente, una necedad".

Título del libro: Sangre en los estantes
Autor: Paco Camarasa
Editorial: Destino
Año de publicación: 2016
Año de publicación original: 2016
Nº de páginas: 464

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