Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

martes, 12 de diciembre de 2017

"Taxi" Carlos Zanón

"Le llaman Sandino, pero ése no es su nombre. Es un mote. Fue una broma y hoy es quizá una capa de mago. Sandino es el recuerdo de una lealtad. De una banda, de un disco triple, de tener diecisiete años. Sandino es una torpeza porque él ya sabía que el tiempo no iba a demostrar que ese disco era mejor que su predecesor".
Pero Sandino se llama Jose (no José) y va necesitando (son cosas que se necesitan con la edad) recuperar su nombre verdadero, el que escogieron sus padres, el que se utiliza para amarle e incluso para odiarle y maldecirle.
Sandino es taxista, tiene una mujer, tiene padres y tiene una abuela a la que incinerar. Pasea su insomnio por las calles de Barcelona y se tumba sobre la arena de la playa de El Prat a ver pasar los aviones nocturnos. Todo con tal de no volver a su casa porque Lola le va a dejar, pero para eso tiene que hablar y no podrá hacerlo si él no está presente para escucharla.
Seguiremos a Sandino en esta especie de road movie por las calles de Barcelona, en su deambular con el taxi a lo largo de seis días. Seis días como las seis caras del disco triple, seis días en los que saltará del trabajo a las ocupaciones familiares, seis días en los que transportará las cenizas de su abuela y las llevará de turismo por Barcelona, mientras trabaja, mientras sale de copas, mientras intenta solucionar los problemas de una amiga y se va metiendo cada vez más y más profundamente en un asunto turbio, peligroso, ilegal. Y en sus propios recuerdos, sus añoranzas, sus miedos y su valor.
Porque "Taxi" es una novela negra, con toda la carga social y humana de la novela negra, pero también con toda su negritud; negra como la suerte que se ha ido labrando Sandino a base de no apreciar lo que tiene ni luchar por lo que desea. Sandino quería ser escritor, pero hace ya muchos años que no escribe. Ahora solo lee, continuamente, en cualquier situación. 
Sus dos abuelos, así como su padre y su hermano, fueron taxistas y él quiso huir de ese estigma, quiso librarse de ese destino al que está abocada su familia, una familia  "que nunca ha tomado parte en revoluciones y contrarrevoluciones. Jamás iniciaron o evitaron guerras, pero han ido a todas y han perdido la mayoría y se han pasado de bando a la primera ocasión para comer caliente en casi todas. Ni épica ni galones". Él, por el contrario, es proclive a todo tipo de rebeldías, tal vez no revoluciones, pero sí rebeldías. Por eso es infiel, por eso huye de Lola. Huye porque cree que va a dejarle y él no quiere que le deje, pero tampoco está muy dispuesto a cambiar de vida, ni a dejar de intentar ligar con "llámame Nat", ni a olvidar a Verónica, su gran amor que huyó de él y de su marido y debe de estar por Madrid escondiendo algo que le robó o que le negó o que le escatimó.


Carlos Zanón

Sandino pasea las cenizas de su abuela y mientras las lleva de acá para allá siguiendo los mandados paternos se encontrará con parte de la historia secreta de esa mujer que no supo querer a nadie, pero tal vez le quiso más que a nada. Y nos veremos envueltos en episodios de vodevil un tanto macabros, pero con tal sentido del humor que estallaremos en carcajadas. "No sé cómo decir esto, [...] para que parezca menos gilipollas de lo que es, pero creo que aquí sólo hay un cuarto de mi abuela". Y como no puede presentarse ante su padre con tan solo un cuarto de su abuela, acudirá a que alguien le ayude a corregir el desaguisado y volveremos a soltar la risa explosiva porque... eso lo dejo para que lo disfrutéis cuando os acerquéis a este libro.
Unas pinceladas de humor e ironía que recorren todo el libro y que hacen más manifiesta y descarnada la situación de todos los personajes que pululan alrededor de Sandino: de su amigo Ahmed que sufre por su hermano al que ve perdido en ambientes y actitudes que teme y no comprende; de su amiga Sofía que ha actuado sin pensar y movida por la avaricia y ahora no sabe como salir del atolladero, bastante peligroso, en el que se ha metido; de su mujer Lola que va dejando atrás sus debilidades de las que parece haberse curado, a la vez que recupera la confianza en sí misma, quizás la misma confianza que le impide seguir soportando las mentiras e infidelidades de su marido y le da fuerzas para seguir adelante viviendo y dependiendo únicamente de sí misma.  
Pero sobre todo se necesita humor para enfrentarse a  la situación de Sandino porque es él el que se está perdiendo por momentos. No sabe cómo enfrentar los errores de Sofía, las angustias de Ahmed, la nueva independencia de Lola, sus propias contradicciones; tampoco sabe qué hacer con Jesús, el nuevo amigo que acaba de adoptar o que se le ha añadido sin que nadie le llamara. Todo en la vida de Sandino se va desmoronando día tras día a lo largo de los seis que nos cuenta la novela. Y es que si "Lola intentó suicidarse dos veces antes de los veinte años. Sandino intentó ser David Bowie o Lord Byron mil veces antes de los veinte años. Ambos fracasaron".
Ahora, Sandino, del que lo mejor es que no se droga y sólo se da a innumerables tazas de café, como le dice Ahmed, vuelve a echar de menos sus aficiones juveniles. Tras prometérselo a Lola, a cambio de que ella terminara con las autolesiones, abandonó todo menos la maría para venir, al cabo de los años, a verse tentado por alguna rayita. Y, sobre todo, se ve tentado por las ganas de huir, de salir pitando y poner entre sus problemas y él todo un mundo y alguna frontera. Terminará el libro en su taxi, viajando y sin poder imaginar que lo que  transporta en su es mucho peor que lo que deja a sus espaldas.
Esta novela está llena de guiños; guiños literarios, guiños cinematográficos, guiños, sobre todo, musicales. Descubro algunos, cine y literatura principalmente, imagino que se me escapan otros. Pero descubro el principal porque me doy cuenta de que el título de algunos capítulos carece del número que sí tiene la mayoría. En su lugar, palabras sueltas en inglés con puntos suspensivos delante y puntos suspensivos detrás. Se me ocurre que tal vez... y las uno "In the space no one can hear you Clash" y veo que tiene sentido. Además hay dos capítulos con cabecera ininteligible, en principio, para mí: EPIC E3X 37037FSLN I.
Indago (mi cultura musical es bastante deficiente; cualquiera más experto en la materia, imagino, no hubiera tenido necesidad, y para los que les pase como a mí, les invito a investigar a su vez; no se lo voy a dar todo hecho) y entonces todo empieza a unirse: todos y cada uno de los títulos en inglés de los capítulos, aquel triple disco que no iba a ser mejor que su predecesor, el mote del protagonista, su situación a punto de estallar sin que nadie le oiga, el último párrafo que me pareció maravilloso y decidí, aun antes de saber en profundidad su significado, que sería el cierre de mi reseña: 
"Un día de éstos lo hará. Un día de éstos, un día del mes de mayo, de cielos azules, cuando tenga mucho dinero contratará un avión de esos de propulsión a chorro y dibujará entre las nubes, a la altura del barrio del Guinardó, Sandinista! para que sepan de su lealtad aún inquebrantable, inútil, absurda y hermosa. Que lo vean todos. Que lo vea Nat y le queme lo no vivido con él".
Pero, finalmente, no va a ser el cierre, porque quiero añadir algo. Carlos Zanón me cautivó en "Yo fui Johnny Thunders" y me enamoró en "Marley estaba muerto". Con "Taxi", y era difícil después de las enormes expectativas, no me ha defraudado ni un poquito, porque "Taxi" es su mejor novela hasta la fecha. Taxi es una de las mejores novelas que he leído este año. Y ya lo pensaba antes, pero ahora me reafirmo: Carlos Zanón llegará lejos en la narrativa española porque es muy muy bueno. A las maravillosas historias que nos cuenta, se une una prosa precisa y preciosa; muy bella, pero sencilla y envolvente, de esa que empiezas a subrayar y no paras. Y por si fuera poco con todo ello, la inmensa cultura musical, cinematográfica y literaria del autor llena las novelas de guiños para quien los quiera o sepa o pueda encontrarlos. Yo ya juego a dar con ellos, con todos excepto los musicales, que una llega a donde llega y nada más.


sábado, 9 de diciembre de 2017

"La Carcoma" Daniel Fopiani.

Comienzo a leer el prólogo de "La Carcoma" y me llevo la primera sorpresa. Está escrito por Benito Olmo, un autor que ya pasó por este blog, cuando hice la reseña de su interesante novela "La maniobra de la tortuga". No es extraño que a un escritor de novela negra, le haga el prólogo otro escritor, del mismo género o de uno distinto. De hecho, a la mencionada novela de Benito Olmo se lo hacía César Pérez Gellida y, a este, le han prologado sus libros escritores como Jon Sistiaga o  Lorenzo Silva. Lo novedoso del prólogo de "La Carcoma" es que es en sí mismo una pequeña muestra del más puro género negro. Es un relato negro en el que se nos presenta la novela y se nos presenta, incluso, la Editorial, Versatil ediciones, "gente que no se andaba con lindezas, y que si no hubieran tenido la certeza de que aquel tal Fopiani era un caballo ganador, jamás habrían apostado por él". Un presunto diálogo del más genuino género negro entre Benito Olmo y Daniel Heredia.
Ya metida en la novela, con el buen sabor de boca prendido al paladar y la sonrisa de satisfacción dejada por la grata sorpresa del prólogo todavía colgando de los labios, me encuentro con un personaje que "vivía deambulando por las tascas en busca de la cerveza elegida, de la birra milagrosa que le diese la respuesta que tanto necesitaba. Como si la solución a todos sus problemas se encontrase en el fondo de un vaso de tubo. Como si de un sorbo pudiese agarrar al cosmos por los cojones y adquirir sabiduría repentina". Y este personaje es Ramsés Espinosa, un escritor en horas bajas. Ha escrito un par de novelas de éxito y ha conseguido firmar con Black Tower, una prestigiosa editorial muy eficaz en su labor de vender libros; la más eficaz del continente, de hecho. Y ha conseguido un adelanto sobre su tercera novela antes de empezar a escribirla. Claro que si no, no sería un adelanto. 
Lo malo es que, a dos meses de cumplirse el plazo del contrato, no tiene nada que presentar a la editorial; ni una línea ha salido de su mano ni de su cabeza después de año y medio, cuando aún hubiera sido tiempo de aprovechar la fama y el tirón de sus anteriores novelas que, poco a poco van perdiendo vigencia.
Por eso deambula por Cádiz, la ciudad en la que vive, y busca una tasca, una cerveza, un autobús que se lo lleve y le aleje de casa y del ordenador, y de la terrible evidencia que supone enfrentarse al hecho de que no escribe, de que no tienen nada que escribir, de que se le echa el tiempo encima y se verá abocado a la demanda judicial y a la ruina.
Ramsés se siente fracasado en todos los aspectos, no solo en el laboral. Tampoco ha sido capaz de formar una familia como sí ha hecho Juaje, su amigo (casi un hermano) Juan Jesús, que ya tiene un hijo con su novia del instituto y ahora esposa. Y no le sirve de excusa ser dos años más joven porque no tiene ninguna pinta de fabricar en dos años una novia del instituto y una estabilidad de la que siempre ha carecido.
Cuando acepta el ofrecimiento de Juaje de irse a pasar una temporada en la cabaña que éste heredó de un tío en La Carcoma, un pueblo de la sierra de Cádiz, no sabe que las cosas aún pueden empeorar más y que su estancia en el pueblo aún puede abocarle a una situación más penosa, una de esas a las que, por más que lo intentas, no les encuentras la salida, ni la marcha atrás.


La Sierra de Cádiz

Todo comenzará con un número, un 12 requemado sobre la madera del techo del salón. Aunque quizás todo empieza antes, con la disimulada o manifiesta (según los casos) antipatía que parece generar en los habitantes del pueblo; desde el tendero, Don Ernesto, y la dueña del bar, Dolores, hasta el sargento Loredo, el jefe del puesto de la Guardia Civil en el pueblo, que tampoco parece hacerle mucho caso cuando va a poner la denuncia. 
Porque después del 12, justo al día siguiente, hacia el amanecer, apareció un 11 junto a la cortina del baño, y un 10 en la fachada trasera de la cabaña y un 9... y así día tras día. Y Ramsés, después de llamar a Juaje, intenta abandonar el pueblo, pero como una tela de araña de cuyos pegajosos hilos no pudiera deshacerse; como una pesadilla de la que por más que lo intentara no pudiera despertar, algo, alguien, el pueblo al completo, pone todas las trabas posibles para que no lo consiga.
Y, como decíamos, ni siquiera Loredo, el sargento Lodedo de la Gurdia Civil, parece hacerle mucho caso; ni siquiera parece confiar en él. "Amigo, vedá. No sé si me ha visto usted cada de gilipollas o si se piensa que soy tonto porque hablo como un idiota. [...]. Un hombre de su edad y que vive solo, va a pasar los días de vedano a la costa, a Madrid, Barcelona, Mallorca o a Ibiza. Va a un lugar donde pueda disfrutar y pegarse unas fiestas del copón. Aquí no hay nada de eso. De hecho, aquí no hay nada. [...] Sus ojos me dicen que ha venido a buscar algo, solo que no le apetece decírmelo". Desde luego, el sargento Loredo no es tonto, aunque hable como un idiota porque no puede pronunciar la "r".
"La Carcoma" es una novela y es un lugar maldito. La Carcoma es un pueblo habitado por unos personajes malos, inocentes, vengativos, rencorosos, desesperanzados, solos, desconfiados, tristes... hay de todo en La Carcoma, pero todo rodeado de un aura de misterio que, por momentos, lo hace parecer irreal. Como irreal nos llega a parecer el final de la novela que nos deja, de repente confusos y nos hace volver al principio y casi nos la volvemos a leer entera y la confusión se transforma en satisfacción porque además de haber leído una buena novela, vemos que tiene un final aún mejor.
Daniel Fopiani
Con esta novela Daniel Fopiani ha conseguido el Premio Valencia Nova de Narrativa 2017 que concede la Institució Alfons el Magnànim. Dada su juventud (nació en Cádiz en 1990), será toda una curiosidad estar pendiente de la evolución de su carrera literaria. La profesional, también es curiosa para un escritor: es Sargento de Infantería de Marina y confiesa que escribió la mayor parte de este libro navegando por el norte de Europa.
La Carcoma, el mundo inventado por Daniel Fopiani, es como un lugar imaginario habitado por fantasmas hostiles en el que Ramsés ha caído sin habérselo propuesto, al que ha acudido para salir del bloqueo, descansar y poder escribir la novela que ha prometido, pero en el que se irá viendo atrapado sin remedio y sin la menor esperanza de cumplir su objetivo. "No, no se podía caer más bajo Y lo que más le aprisionaba de todos estos asuntos era la certeza contundente de no tener solución para enderezarse. Era demasiado tarde. No sería capaz de escribir nada en el poco tiempo que le quedaba de contrato. No volvería a escribir nada más en la vida. Su existencia había terminado. Solo le quedaba volver a su apartamento y tirarse en el sofá a ver la televisión, dejar pasar los días hasta que su casero le tirase a la calle por impago, hasta que la editorial se le echase encima legalmente". Pero por fortuna...



miércoles, 6 de diciembre de 2017

"El corazón helado" Almudena Grandes.

"Españolito que vienes al mundo, vengas de donde vengas, nunca confíes en que te guarde Dios. Guárdate tú solo de las preguntas, de las respuestas y de sus razones, o una de las dos Españas te helará el corazón". Esta paráfrasis del famoso verso de Antonio Machado podría ser el resumen de esta novela, al final de la cual, Almudena Grandes agradece al poeta todo y el título del libro. El título del libro por razones obvias; todo por razones que tal vez no sean tan obvias o no sean las mismas para todos, pero que yo entiendo perfectamente porque sin ser una gran amante de la poesía, creo que Machado es la excepción a todas las reglas. A Machado hay que agradecerle haber existido y haberse compartido con todos nosotros en sus escritos y habernos dado los pensamientos de Abel Martín y Juan de Mairena; en una palabra: todo.
En esta novela muchos personajes se quedan con el corazón helado; alguna de las dos Españas les hiela el corazón, pero siempre hay una España más capaz de dejar corazones como témpanos, más capaz de helar hasta paralizar corazones, cabezas, sentimientos, emociones... vidas: la misma España que heló el corazón de Machado, la misma que se lo hiela a la autora, la misma que me lo hiela a mí. 



Es difícil hablar de la estructura de "El corazón helado". Se habla del presente y del pasado. El presente nos lo cuenta en primera persona Álvaro Carrión Otero y comienza con la muerte de su padre, Julio Carrión González, y con la presencia en el entierro de una misteriosa joven que se queda apartada de la familia y solo es vista por Álvaro.
El pasado nos lo cuenta un narrador omnisciente y se reparte en dos historias de dos familias. Por una parte, están los Fernández Muñoz que aparecen viviendo su exilio en París, manteniendo "conversaciones fabricadas con todos los tiempos, modos y perífrasis posibles del verbo volver, [...] Los franceses se mudaban, se iban o se quedaban. Los españoles no. Los españoles volvían o no volvían". Pero sus peripecias no se quedan en París, viajan hacia atrás y hacia adelante en el tiempo y de un lugar a otro en el espacio; desde principios del siglo XX, con los bisabuelos, hasta un siglo después con los biznietos; desde la vida acomodada de un ingeniero republicano y su familia en el Madrid de los años treinta, pasando por el exilio y la pérdida de todas sus posesiones (la vida de algunos familiares entre otras cosas), hasta el regreso y la lenta recuperación de aquello que puede recuperarse, porque hay cosas que se pierden para siempre. 
Por la otra parte está la familia Carrión González, la del hombre que acaba de morir y a cuyo entierro asistimos al comienzo de la novela. Julio Carrión supo desde muy joven que él quería estar del lado de los vencedores y siempre se equivocó. Pero por muy equivocado que estuviera, siempre supo corregir sus errores y salir adelante. Por eso después de "perder" la guerra de España tras apostar al bando derrotado, decidió ganar la europea, "los alemanes eran más, mucho más poderosos, más fuertes, y ricos, y mejor armados que las tropas en gran parte extranjeras, mercenarias, de un general español y canijo que tenía en contra a la mayoría de los habitantes de su país y que, así y todo, había ganado la guerra. Y Julio Carrión González, que una vez se había prometido a sí mismo no volver a ir jamás con los que pierden, la había perdido. Ahora parecía mucho más fácil acertar". Y no obstante, volvió a equivocarse. Pero no le importó porque hay gente que siempre nace para ganar, aunque pierda, y Julio Carrión González tenía alma de ganador y murió rico y rodeado de su hermosa mujer y sus sanos y felices cinco hijos.
"Sólo podemos afirmar con certeza que el todo es igual a la suma de las partes cuando las partes se ignoran entre sí". Esto nos enseña Álvaro Carrión Otero que es físico y sabe mucho de los todos y las partes. Lo bueno es que en esta novela, las partes no se ignoran entre sí por lo que el todo es mucho más que la suma de las partes y cuando las partes  establecen relación entre ellas se produce una propiedad emergente, en este caso, en forma de una maravillosa historia.



El placer que supone asistir al relato de la vida de estas dos familias, ver cómo se van cruzando y tropezando, hasta llegar a la última generación, la que sufrirá las consecuencias de algo que desconoce o de lo que, en ningún caso es culpable, es algo que me ha mantenido prendida de las páginas de esta extensa novela por segunda vez.

Cuando terminé de leer "Los pacientes del doctor Gracía", alguien me dijo que "El corazón helado" era el inicio, no oficial, de la serie "Episodios de una guerra interminable". Ya lo había leído, concretamente en 2007, pero apenas recordaba nada de él por lo que, a pesar de sus más de novecientas páginas, o tal vez por ello, decidí abordar su relectura. 
Una gran decisión porque es un novela que, a pesar de un fallo que le he encontrado y que comentaré luego, me ha parecido de lo mejor de la autora, y mira que tiene cosas buenas, y mira que me gusta Almudena Grandes, pero esta historia formada por dos historias que, a su vez, se forman con más historias; la forma en que van confluyendo poco a poco para ir encajando; el dejar adivinar para ir revelando con cuidado, dejando entrever, pero sin abrir del todo la puerta a la curiosidad, a la sospecha, mientras no llega el momento adecuado y justo; ese saltar por la Historia y por las historias de atrás a adelante y luego más atrás aún, del pasado al presente y luego al pasado remoto y después al pasado cercano y de nuevo al presente; todo eso, decía, me ha resultado realmente apasionante, un ejercicio de buena construcción narrativa a la altura de escritores excepcionales, porque además Almudena Grandes lo hace con la sencillez de los grandes, de los que no necesitan demostrar lo geniales que son, lo bien que escriben, lo complejas que son sus historias, lo rebuscado de su lenguaje, lo profundo de sus pensamientos. Nada resulta complejo en esta novela, ni la trama, ni la forma de contarla, ni el vocabulario, ni la sintaxis; por si fuera poco todo lo dicho, los episodios históricos que recrea son tratados con sensibilidad, sin sectarismos, pero dejando claro lo que piensa, lo que pensamos muchos. 

Almudena Grandes en su casa (Jorge París para 20minutos)
Pero... he dicho que tiene un fallo, sí, esta vez he sido muy consciente. Hay reflexiones en las que se reitera demasiado; hay episodios que se cuentan más de una vez; hay sentimientos en los que se insiste innecesariamente. Hay ocasiones en que se justifica, no en vano la reiteración es una figura literaria y la autora la usa y cuando la usa se nota y es eficaz en su papel de refuerzo, de insistencia. Pero hay otras ocasiones en las que no es cuestión de figuras narrativas y una tiene la sensación de que la autora está cayendo en una redundancia que lastra la narración y la priva de agilidad. Tal vez hubiera podido escribir la misma novela con unas cuantas páginas menos, haberla escrito más ligera. Es un fallo que no se ha repetido, al menos no lo he notado, en las novelas de la serie. Es un fallo que para nada me ha molestado porque la novela me ha gustado tanto que he sentido que se terminara y esas páginas de más han prolongado el placer de su lectura. Es un fallo que no me ha molestado porque en algunas cosas de la vida, en algunos episodios de la historia, no queda más remedio que repetirse para dejar las cosas bien claras. Como ejemplo, esta insistencia de uno de los personajes de "El corazón helado" que, casi treinta años después de la guerra cuenta entre lágrimas: "Yo me visto de negro, me compro un ramo de flores bien grande, con lo poco que gano, pero me lo compro, y a la hora de comer, me voy al cementerio, dejo las flores en la tapia y me estoy allí un rato, hasta que me echan, porque antes o después viene un guardia a echarme, circule, señora, circule... Eso dice, y sé que las flores no duran nada, que se las llevan ellos. Se las regalarán a sus mujeres, me imagino, a sus novias, pero a mí me da igual. Yo sigo comprando flores, para que se jodan, y las sigo dejando en la pared donde lo fusilaron, para que se jodan, y me sigo vistiendo de negro para que se jodan, para que se jodan, para que se jodan...".


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