Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

miércoles, 22 de mayo de 2019

"El gran frío". Rosa Ribas y Sabine Hofmann.

"—Pili, Pili, que no aguantas nada.
Pero no se mueve. Y está muy fría.
—¡Pili!
Ha sido el monstruo. Pero el monstruo no mata a las niñas. Les hace daño, pero no las mata. Les hace daño, por eso todas le tienen miedo, pero no las mata".

La segunda entrega de la serie de Rosa Ribas y Sabine Hofmann que tiene como protagonista a la periodista Ana Martí nos mete de lleno y sin anestesia en un pueblo de la provincia de Teruel en el helador invierno de 1956, un año al que se ha llamado el año del frío. Ese año, la ola de frío duró desde el 1 de febrero hasta el 25 del mismo mes. En la provincia de Teruel, en Monreal del Campo, llegaron a bajar las temperaturas a 28 grados bajo cero. La acción de esta novela transcurre en la comarca del Maestrazgo, en un pueblo imaginario llamado Las Torres, en febrero de 1956, cuando las nevadas se depositaban sobre la helada de la nevada anterior. "Decían los periódicos que las temperaturas de ese invierno estaban siendo las más bajas que se registraban en años. Los más exagerados hablaban de «la nueva glaciación del 56»".

Han pasado cuatro años desde que dejamos a Ana Martí tras resolver el caso anterior en "Don de lenguas". Ahora ya no trabaja para La Vanguardia. "De La Vanguardia se había marchado. [...] Algunos miembros de la redacción no habían visto con buenos ojos la presencia de una mujer entre ellos, pero mientras sus labores se habían limitado a escribir notitas en la sección de ecos de sociedad y a redactar y corregir textos que firmaban otros colegas, la habían tolerado. Sin embargo, el éxito y la notoriedad que le habían deparado sus artículos sobre el caso Sobrerroca, a pesar de que solo se publicó una pequeña parte de ellos, habían despertado recelos y, sobre todo, envidias". Los años cincuenta no son buenos años para las mujeres trabajadoras y menos si se dedican a meter las narices en asuntos reservados exclusivamente a los hombres, y menos aún si resuelven la papeleta más airosamente que ellos.
Ahora escribe para El Caso cuando Enrique Rubio la encarga alguna noticia, eso sí, firmando con seudónimo, y con seudónimo masculino además, y sigue haciendo crónicas de sociedad para la revista femenina Mujer Actual, ahí sí, firmando con su nombre.

"El gran frío" es una crónica de la España más miserable y cutre de los años cincuenta. Una lotera enana y alcahueta que organiza encuentros sexuales entre las trabajadoras de una fábrica de bombillas y los hombres que acuden a unos urinarios públicos, se me presenta como una de las escenas más tristes y mezquinas que alguien se pueda imaginar. Ese es el artículo que está escribiendo Ana para El Caso cuando empieza la novela. Una introducción que nos mete de lleno en la época y sus tristes circunstancias de miseria material y moral.

Mientras, en Las Torres acaba de darse un episodio presuntamente milagroso. Una niña parece tener estigmas en manos y pies, estigmas que sangran y que ya han hecho que la casa familiar se vea convertida en lugar de peregrinación de todos los desafortunados de la comarca que buscan en la niña milagrosa, la santita, cambiar el rumbo de su fortuna. Uno de tantos casos de fraude a base de pintura roja, atrezzo e histeria. O eso es lo que piensan Enrique Rubio y Ana Martí.

Don Benito Tena, el cura de Las Torres, ha llamado a El Caso para dar la noticia. Quiere que toda España se haga eco y que aumenten las peregrinaciones al pueblo y, de paso, su prestigio ante las autoridades eclesiásticas. "Las tiradas de El Caso eran altísimas, de más de cien mil ejemplares, ninguna publicación lograba tanto alcance, se leía en las grandes ciudades y en las aldeas más remotas"Enrique Rubio le encarga a Ana Martí cubrir el suceso porque presiente que es la típica noticia que hará subir la tirada y disparará el número de lectores. 

En Las Torres Ana encontrará un mundo cerrado y fanático; hostil y atrasado. Si toda España estaba un tanto atrasada en aquellos años, prisionera de la iglesia y la dictadura, en los pueblos pequeños y apartados se cruzaban intereses que mantenían a la gente encerrada en un círculo construido a base de incultura y de la más supersticiosa religión. Ana deseará salir de allí nada más llegar. Y más aún cuando vea a la niña y quede perpleja al comprobar que las heridas son de verdad y sangran de verdad, y empiece a no saber qué pensar acerca de lo que ha visto. "Las heridas, la sangre, el dolor… Pero ¿qué significaba? No. La pregunta era todavía más simple. ¿Qué había visto en realidad? Todos reconocían estigmas, llagas milagrosas, que recordaban la Pasión de Jesucristo. ¿Era eso lo que había distinguido ella? ¿O solamente a una niña con unas heridas cuya causa no entendía, mejor dicho, no sabía?".

En Las Torres hay también un monstruo al que cantan los niños. Un monstruo que ha matado en el pasado y que puede volver a matar. Un monstruo de ignorancia y atavismo. Tal vez el monstruo sea la propia ignorancia, el atavismo que inunda España en esos años y que en las zonas más apartadas y cerradas se enseñorea de la vida cotidiana de unas gentes a las que solo se les permite trabajar, rezar y tratar de quedar bien con el señor del pueblo. Un monstruo que Ana tendrá que desenmascarar en esta novela, por momentos escalofriante,  y que muestra toda la brutalidad y la violencia a las que puede llevar la avaricia mezclada con el despotismo y la ignorancia. 

Rosa Ribas y Sabine Hofmann
Y como telón de fondo, la guerra. La guerra que terminó ya hace cerca de veinte años, pero que aún sigue muy presente. Aún hay maquis en el monte, aún se recuerdan viejos agravios y viejas rencillas. Todavía sale el somatén a cazar maquis por las noches, todavía el eco de la guerra separa hermanos y antiguos amigos. "El somatén ha salido hace una hora. He tenido que esperar a que madre se durmiera para escaparme. Para seguirlos. Hoy igual cogen al Serafín, el hermano de Domingo. Don Ignacio dice que así es en muchas familias, que hay hermanos buenos y hermanos malos. Domingo es bueno porque ganó la guerra. Serafín es malo porque perdió".

Si ya me había gustado la anterior novela de la "trilogía de los años oscuros" (con ese nombre se recogieron en un volumen los tres libros en 2017), esta me ha gustado aún más. Su visión de la España de la época, el relato del milagro con todas las circunstancias que lo rodean, la hostilidad de un pueblo que ve en la santita la solución a todos sus males y que teme que se la roben ("La santita es nuestra. No todos estamos contentos con que venga gente de las capitales a buscarla, que lo sepa"), el poder de unos, la tolerancia de otros, el miedo de casi todos; todo ello es contado de forma magistral por estas dos autoras que escriben a cuatro manos y que construyen unas historias muy recomendables.

Me queda la tercera entrega, "Azul marino", que no tardaré en leer (hay tantas novelas que digo que no tardaré en leer que en alguna estaré mintiendo. En cuál de ellas, ni yo misma lo sé). Esta última nos lleva a 1959 y al Barrio Chino de Barcelona. A ver qué nos depara.

Título del libro: El gran frío
Autor: Rosa Ribas y Sabine Hofmann
Editorial: Siruela
Año de publicación: 2014
Año de publicación original: 2014
Nº de páginas: 312

domingo, 19 de mayo de 2019

"Los colores del incendio" Pierre Lemaitre

"Aunque las exequias de Marcel Péricourt fueron muy accidentadas, e incluso acabaron de manera francamente caótica, al menos empezaron puntuales". El caos de las exequias de produjo casi antes de que comenzara el sepelio. Bien pudiera ser que la familia estuviera señalada por un negro dedo de infortunio que rodeaba a Marcel Pericourt tanto vivo, como muerto. Si el hijo de Marcel Péricourt, Édouard, que había salvado su vida en la guerra de puro milagro para quedar horriblemente desfigurado, se había suicidado tirándose bajo el coche de su padre siete años antes, ahora su nieto, el único hijo de su hija Madeleine, decide hacerlo estrellándose contra el ataúd de su abuelo desde luna ventana del segundo piso de la mansión. De aquella muerte tuvo tiempo Marcel para sentirse culpable y reprocharse su no siempre cariñoso comportamiento para con su hijo; de esta muerte (frustrada pues se quedó en intento) ya no podrá lamentar nada, afortunadamente para él.

Las exequias de Marcel Péricourt, banquero de pro, "puntal de la economía francesa", empezaron puntuales. A ellas asistió hasta el Presidente de la República porque la muerte del banquero se intuía como el inicio de una época más bien preocupante No eran buenos tiempos para Francia en contra de lo que se hubiera pensado unos años antes. La Guerra había terminado y Francia, que la había ganado, no llevaba camino de volver a ser lo que había sido. "Marcel Péricourt, precisamente, era un representante de la Francia de antes, la que alguna vez había administrado su economía como un buen padre de familia. No estaba del todo claro si lo que se conducía al cementerio eran los restos de un importante banquero francés o la época periclitada que éste había encarnado".

Las exequias de Marcel Péricourt empezaron puntuales y con la presencia del Presidente, pero tuvieron que transcurrir sin la presencia de su nieto Paul y de su hija Madeleine que se debatían en el hospital, uno entre la vida y la muerte y la otra entre la desesperación y el desconcierto. ¿Qué ha podido llevar a Paul, de tan,solo siete años, a saltar aquella ventana para venir a dar con sus huesos en medio del cortejo fúnebre que se estaba formando? ¿Se habrá tirado o le habrán empujado? Estas preguntas se las seguirá haciendo Madeleine aún después de que Paul haya salido del coma y haya regresado a casa en la silla de ruedas en la que tendrá que desplazarse a partir de entonces. Se las seguirá haciendo hasta que descubra las causas y se dé cuenta de que habría querido seguir ignorándolas para siempre.

Esta novela comienza en 1927. Han pasado varios años desde que dejamos a los personajes de "Nos vemos allá arriba", la fantástica novela de Pierre Lemaitre que le supuso el Premio Goncourt en 2013. Han pasado siete años desde el final de la novela anterior, pero se pueden leer perfectamente de forma independiente. Aunque coinciden algunos personajes, las tramas no tienen nada que ver, salvo por la situación del país, en crisis permanente desde la guerra. "La crisis económica que había seguido a la Gran Guerra no había acabado y la clase política francesa, que había jurado o prometido con la mano en el corazón que la Alemania vencida pagaría hasta el último céntimo de todo lo que había destruido, había quedado desautorizada por los hechos. La población [...] se había resignado: el milagro no se produciría. Francia tendría que arreglárselas sola". Una crisis que se ve incrementa por la corrupción y de la que muchos quieren salvarse con la picaresca. 

Madeleine sufrirá en su propia fortuna las ansias de enriquecimiento ajenas, la traición, el desencanto. Sufrirá por ella y por su hijo y decidirá vengarse, porque además, la sutil estrategia de la que se han servido para despojarla de todo en beneficio de los que tiene más cerca, de los que deberían cuidar por ella, es digna de una venganza tan sofisticada como lo ha sido la afrenta.

Salvando las distancias, esta novela me estaba recordando mucho "El conde de Montecristo", porque igualmente es la crónica de una venganza. Cuando leí en algún sitio unas declaraciones del autor en el sentido de que "Los colores del incendio" era un homenaje a Alejandro Dumas, supe que no andaba desencaminada. Madeleine se venga de todos los que han causado su ruina y han colaborado a que pierda las casa y el banco que fueron de su padre. Puede que ella no haya sido del todo inocente, puede que haya tenido su parte de culpa, que haya despertado suspicacias y resentimientos que han llevado a algunas personas a querer medrar a costa de su ruina.  "Había seguido las recomendaciones sin preguntar lo suficiente y eso sólo podía reprochárselo a sí misma. Había heredado una fortuna que había sido incapaz de conservar, ésa era la verdad. [...] interesarse por los negocios sólo dependía de ella"Pero el hecho es que no solo han acabado con su fortuna, también han dejado empobrecido a su hijo y afrentado la memoria de su padre. La venganza será cuidadosamente planeada y no se verá dificultada por ningún escrúpulo. "Madeleine no era más que un bloque de odio animado por un frío deseo de venganza. Era inhumana".

Poco a poco, con astucia e inteligencia, sin reparos de ningún tipo y demostrando toda la entrega y capacidad que no había demostrado para defender sus bienes, Madeleine irá montando el delicado andamiaje que terminará sepultando a los que la han agraviado. 

Pierre Lemaitre
"Los colores del incendio" no es tan buena como "Nos vemos allá arriba". Al igual que esta describe de maravilla la situación en Europa y, sobre todo en Francia y Alemania en esos años que nos llevan de la década de los veinte a la de los treinta. Vemos la situación económica un tanto agobiada de una Francia que, habiendo ganado la guerra política en las trincheras, no parece haber triunfado en la económica. "En cuatro años, la deuda del país había aumentado en catorce mil millones: había que reflotar las arcas del Estado [...] no había habido más remedio que gravar las rentas, a cambio de lo cual, como todo el mundo creía que pagaba más que el vecino, se había prometido aumentar el control fiscal, con lo que se esperaba ingresar setecientos cincuenta millones".
La estafa tributaria está a la orden del día y los bancos suizos empiezan a hacer su fortuna con la que los más favorecidos escamotean de las arcas públicas de su país. Y es que no todos ven la situación de la misma forma. Los más ricos, los que creen que pagan más que el resto creen que el país se está convirtiendo en una sucursal bolchevique y piensan que "el Estado, sobrecargado de funcionarios, era ineficaz y gravoso, frenaba la iniciativa privada y aplastaba con impuestos cada vez más agobiantes a las empresas y a los particulares acaudalados, que sin embargo enriquecían a un país fuertemente endeudado por el esfuerzo de guerra"

Vemos también el auge del fascismo en Italia, y las simpatías que produce en muchos jóvenes, y sobre todo vemos florecer el nazismo en Alemania. Hitler avanza, despacio pero seguro, hacia la nueva devastación de Europa que terminará por ser su propia devastación.

Sí, es muy interesante la ambientación y los temas de actualidad que trata, pero carece de la chispa de humor que tenía su predecesora, "Nos vemos allá arriba", tal vez porque la picaresca que se trata en la primera, da para más humor que la venganza que es el tema de la segunda. Tiene menos humor y también menos belleza formal, no obstante, no deja de ser una muy buena novela cuya lectura recomiendo. 

Título del libro: Los colores del incendio
Autor: Pierre Lemaitre
Título original: Couleurs de l'incendie
Traducción: José Antonio Soriano Marco
Editorial: Salamandra
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2018
Nº de páginas: 432

jueves, 16 de mayo de 2019

"Carvalho: problemas de identidad" Carlos Zanón

Si no hubiera conocido a Carlos Zanón, literariamente hablando, las primeras palabras que me habrían venido a la mente al saber que pensaba rescatar al personaje de Pepe Carvalho en una de sus novelas, hubieran sido "pero qué valor". Pero conociendo al autor y habiendo leído ya cuatro de sus obras, supe que si alguien era capaz de superar tal hazaña con toda la dignidad que merece, ese era justamente Carlos Zanón.

Esta novela supone un homenaje, varios homenajes mejor dicho: al personaje de Carvallo que encontramos mayor y más desengañado que nunca; a Manuel Vázquez Montalbán, al que no se llega a nombrar, pero que se muestra siempre presente de muchas formas y sobre todo como un personaje recordado y añorado: El Escritor; a la librería Negra y Criminal y a su alma, Paco Camarasa; a la novela negra, a la más negra, a la clásica que representan Sam Spade y Philip Marlowe y Bogart. Y, finalmente, es un homenaje a las mujeres. 

Carvalho está mayor, está solo. Charo ha desparecido de su vida "¿Qué si la traté mal? Hice lo que pude. Lo que supe. A veces, tratar mal es la última manera digna de conseguir que alguien se aleje de ti y no se hunda contigo". Biscuter se le pierde por los entresijos del Master Chef y eso es más de lo que Carvalho puede soportar sin perder la calma.  Además, hace años que perdió un amigo en el aeropuerto de Bangkok (todos perdimos algo en el aeropuerto de Bangkok hace unos años). 

Últimamente cocina y tira  seguidamente a la basura todo lo cocinado porque ya no puede comer sin que su estómago se queje y para eso, prefiere que se queje de un buen escocés como le enseñó El Escritor. Carvalho está enfermo o muestra síntomas de estarlo. "Igual son piedras, igual es úlcera, igual es extirpable, igual es miedo, igual es quimio, igual radio, igual es nada", se dice a sí mismo, porque es un Carvalho que habla en primera persona, más cínico, pero también más quejica, con un punto de autocompasión que nos lo hace parecer más derrotado, más mayor. Las derrotas vienen a menudo de uno mismo y de la propia capacidad de auto compadecerse.

Carvalho recuerda a su amigo Escritor hace muchos años, cuando "había alquilado el piso debajo del nuestro hacía un mes y Biscúter y yo no llevábamos ni un año en aquella ganga de renta baja. Creo que ya había escrito libros. [...] Él se mostró muy interesado con que yo fuera investigador privado, detective, y le agradecí que no sacara a las primeras ni la gabardina ni el sombrero de Bogart ni lo de Marlowe y Spade. Le confesé que ni yo sabía si iba a seguir mucho tiempo con aquello". El caso es que El Escritor decidió tomarlos a él y a Biscuter como personajes e inspiración para sus novelas de detectives. Ahora hace ya mucho tiempo que el Escritor murió y Carvalho no es protagonista de ningún libro, nadie lo escribe y aunque trata de parecerse al mismo personaje que el escritor narraba, cada vez le cuesta más y tiene que vivir con más realidad y menos literatura. 

Sin su Escritor se siente solo, pero no  como personaje sin autor, sino como amigo que ha perdido a un compañero de cenas y borracheras.
Carvalho ya no sabe cuanto se parece al personaje y puede que se parezca más de lo que piensa. Como dice el propio Carlos Zanón, Carvalho no sabe si actúa como él siente o si es así por cómo le han escrito”, un guiño continuo que hace al personaje mirarse en el espejo de otro personaje. 

Y Carvalho, fiel al personaje, sigue quemando libros, aunque también podría ser que el personaje los queme para ser fiel al Carvalho real, un Carvalho real, este personaje de Zanón, que enciende con libros su chimenea de Vallvidrera, la misma que encendía el personaje de El Escritor, la misma que arde ahora en las noches de verano, con las ventanas abiertas de par en par para no asfixiarse en el calor de Barcelona. Por quemar, quema hasta un libro de El Escritor que él mismo protagoniza y que nunca le gustó, "Asesinato en el Comité Central". Nunca ha tenido techos de cristal a la hora de quemar libros. Eso sí, antes de quemarlos los ha leído. Se puede pasar página y hasta quemar la página, pero nunca antes de leerla.

En esta novela Carvalho se encontrará frente a varios casos, algunos por simple mención (los narcopisos y los pisos patera); en otros, se ve implicado de forma tangencial (el bullying, la violencia policial contra los inmigrantes) y en otros, se verá metido de lleno. Tres casos serán los más importantes, los que el investigador tendrá que resolver, y en los tres hay mujeres que son víctimas de una u otra manera de la locura, la avaricia o el despotismo de los hombres.

La Niñata está muerta y enterrada en la montaña de Montjuïc, nos lo ha contado ella misma en un capítulo tan estremecedor como brillante. nadie más lo sabe. También nos ha contado quién la mató. "Si pudiera moverme, cambiaría de posición porque tengo los brazos hacia atrás y es raro, claro que es raro, todo lo es incluso para una muerta como yo, pero los muertos también pensamos y hablamos por lo bajini". Las grúas han encontrado otros cadáveres de prostitutas asesinadas y enterradas en la misma montaña, pero aún no han encontrado a La Niñata. La madre le encargará su búsqueda al señorpepecarvalho. En persecución de quien seguramente sabe dónde está y lo que le ha pasado, se meterá "en algo parecido a una sinagoga, dado que hay gente sentada en sillas en círculo, está todo a media luz, pero veo que hay libros y reconozco al librero Camarasa". También verá a Montse, "la otra dueña de la librería". Lo que Carvalho no sabe, se lo dirá el librero, es que la librería Negra y criminal cerró hace dos años.

Amèlia cena con Max. "Examantes adúlteros, camaradas ahora y, a ratos, cuerpos en la misma cama". Cenan y Max pretende que pasen la noche juntos, pero Amèlia anda pendiente de un mensaje del móvil que no termina de llegar y decidirá ir a dormir a su casa donde se encontrará con un extraño robo y dos asesinatos. A Carvalho le encargarán investigar el asunto desde diferentes frentes además del encargo de su propia curiosidad.


La Novia Zombie vive en Madrid. Carvalho está enamorado de ella aunque no le causa más que problemas. Va y viene a Madrid en busca de su Novia Zombie, recibe las palizas y las amenazas de los sicarios del marido, termina por descubrir que no ha llegado a entender a su Novia Zombie, que no todo lo que le contaba era cierto, que no todo era mentira. 

Tres mujeres en manos de los hombres, explotada, protegida, dominada. "Mujeres que se pierden, brutos que las buscan para retenerlas, matarlas, convertirlas en hijas, madres, muebles, amantes, cadenas y fantasías de destrucción.
Mujeres que han de escapar.
Mujeres que vuelven, que se van, mujeres a las que no sabes convencer de que se queden a tu lado, Carvalho.
Mujeres que con su silencio te señalan y te dicen algo que no sabes descifrar.
Niñata, Amèlia, Novia Zombie.
El Gueño, Max, Carbonell.
Y Carvalho.
Carvalho también, claro que sí, Carvalho también en el grupo de las bestias".

Carlos Zanón
Termina Carvalho quemando un ejemplar de la Constitución, ese libro a cuyo servicio parecemos estar todos cuando es el libro el que debería estar al servicio de todos. Tal vez sea por el trabajo que costó conseguirla por lo que se ha sacralizado, pero el caso es que desde los que votaron en contra porque les parecía mucho, hasta los que se abstuvieron porque les parecía poco, todos se arrodillan ente ella y tiene que venir Carvalho a quemarla, y tiene que venir a criticar a un lado y a otro, a tirios y a troyannos, a independentistas catalanes y a españolistas adoradores de la Constitución. Es septiembre de 2017 y las urnas y las papeletas andan escondidas no se sabe dónde. "Orwell —que es algo más que una plaza que anda por el Raval— dejó escrito que los catalanes eran profundamente antifascistas en la misma medida que simpatizantes de lo totalitario: no cabe disidencia en la tribu, la paranoia del enemigo interior y exterior. Espero que todo reviente de una vez, pero que no haya ni un solo muerto. Pero me temo que unos y otros esperan que los haya para conseguir argumentos en esta tabla de ajedrez". Así piensa Carvalho, y es que unos y otros se preocupan de lo contingente y olvidan lo necesario (alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario), y se necesita más sentido del humor, menos trascendencia, menos banderas y que El Escritor nos explique "qué está pasando, qué va a pasar a continuación".

"El Escritor. Ojalá estuviera aquí ahora. Ojalá me dijera qué hacer con mi vida. Ojalá hiciera con mi vida una novela que yo pudiera entender y que, al cabo de trescientas páginas, se resolviera con algo de verosimilitud, entrando al poco en el olvido, sin cicatrices".

Esta es una gran novela de las grandes novelas de Carlos Zanón. Solo él podía conseguirlo y lo ha conseguido. Un Carvalho digno sucesor del original, Vázquez Montalbán se sentiría orgulloso del devenir de su personaje; una novela de detectives que nadie debería comprar para entretenerse en un aeropuerto. Para entretenerse con ella hay que esforzarse, leer varias veces las mismas frases, sacarles todo el jugo, porque tienen mucho y no sale de repente. No, no es una novela para leer de corrido y pasar a otra cosa. Paco Camarasa nombra a Zanón como uno de sus nueve novísimos y yo, que conozco ya a ocho de los nueve y al que más he leído es a Carlos Zanón, creo que es el primero de los nueve. 

Título del libro: Carvalho: problemas de identidad
Autor: Carlos Zanón
Editorial: Planeta
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2019
Nº de páginas: 352


lunes, 13 de mayo de 2019

"Lluvia fina" Luis Landero

Siempre he pensado que hay gente débil que vive a base de absorber fortalezas ajenas; gente vulnerable, sensible, sufriente; gente a la que no se puede herir con verdades absolutas o sinceridades crueles. Los fuertes los protegen, les crean un mundo a la medida de sus debilidades, sirven de contenedor de todo lo que les preocupa, intentan mantenerlos a flote y poco a poco van sumiéndose en el cansancio, sucumbiendo a la desilusión, perdiendo su fortaleza en el titánico empeño de evitar que se ahogue ese ser débil que patalea y se revuelve  amenazando con hundirlos a ambos en las profundidades. 

Algo similar le sucede a Aurora con la familia de Gabriel, su marido. Porque además de ser fuerte tiene algo que la hace merecedora de las más íntimas confianzas. "¿Qué habrá en Aurora que despierta enseguida la confianza de la gente y las ganas de sincerarse con ella y de contarle fragmentos antológicos de su vida, secretos que acaso el narrador no ha revelado nunca a nadie? Pero a ella sí. A ella todos le cuentan, todos la quieren, todos le agradecen su comprensión, su manera tan dulce, tan consoladora de escuchar". Desde que se casó con Gabriel, las hermanas de este, Sonia y Andrea, y la madre la han tomado como recipiente de todas las  frustraciones y los resentimientos que arrastran desde la infancia. Y son muchos, porque parece que la felicidad y el equilibrio era patrimonio de los hombres de la familia. El padre y Gabriel. Pero el padre murió pronto dejando a las niños huérfanos con 12, 10 y 7 años respectivamente. La casa se hundió en la tristeza. Nadie les volvió a contar las historias de su ilustre antepasado el Gran Pentapolín, llamado Gabriel, como el pequeño de la familia, nadie volvería a llevar a Andrea al zoo y a montarse con ella en un camello. 

Bajo la tutela de una madre severa, poco dada a las risas y caricias, las niñas se vieron expulsadas del paraíso de la infancia para entrar en una triste edad adulta muy alejada de todas sus aspiraciones y esperanzas. "Clausurada aquella época hecha de juegos y de ensueños, ahora comenzaba otra, les vino a decir: la de ver cómo entre todos se las ingeniaban para salir adelante [...] Y a esa aventura, a esa nueva épica, se entregaron desde el primer momento. Como le gustaba decir a Andrea, salieron huyendo hacia el futuro como una estampida de ganado que agita los cencerros".

Tan solo Gabriel seguía siendo feliz. Con su infancia sostenida por las tres mujeres, con su cochecito rojo y su vaquero de plástico con los que jugaba con la dedicación de quien desempeña un oficio, parecía que había nacido para ser feliz. Según sus hermanas, ya había nacido filósofo y estoico. Y le quieren mucho, por supuesto, pero las suspicacias, las deudas sin cobrar que tienen acumuladas contra él desde la infancia, no se les han olvidado y entre quejas y reproches, como sin querer, no dejan de sugerir "siempre bajo la protección y la coartada de la sinceridad, que acaso Gabriel no era lo que parecía, no del todo, sino que había en él como un fondo de falsedad, de artificio, e incluso de impostura".

Ahora, con motivo del ochenta cumpleaños de la madre, Gabriel ha decidido celebrar una fiesta para que vuelvan a reunirse todos juntos. Una tarea peligrosa de la que Aurora intenta disuadirle. Pretende que se lo piense, que no marque el teléfono de Sonia y después el de Andrea para comunicarles sus proyectos, que lo consulte con la almohada. Y es que hace diez años que la familia no se reúne, desde una cena de Navidad en la que Andrea dejó salir todos los demonios que arrastra y "ya desatada, perdió el control y se puso a injuriarlos a voces, a Gabriel y a la madre. Los llamó egoístas, asquerosos, déspotas, cabrones, que le habían arruinado la vida entre los dos, y lo mismo a Sonia, y la señaló con el dedo como si descubriese un punto insólito en el horizonte, porque los dos eran seres destructivos".

La novela se desarrolla sobre todo a base de las conversaciones de las dos hermanas, que hablan con Gabriel o con Aurora, o entre la propia pareja. Conversaciones que dan cuenta de otras conversaciones, mezclándose una y otra, la que tiene lugar y la que en ella se cuenta, con una continuidad que despista, pero muy poco porque el autor con su facilidad narrativa no deja que nos perdamos en la palabrería de las hermanas, la atención resignada de Aurora, y el optimismo un poco bobalicón de Gabriel.

Se van desgranando episodios antiguos o más recientes, afrentas reales o imaginadas, resentimientos que se tienen guardados desde hace tanto que se han enquistado y salen a relucir cuando menos se espera. Historias que cada uno ve a su manera e interpreta de modo distinto e incluso inverso. Sonia y Andrea se sienten agraviadas por Gabriel. Sienten que siempre ha sido el favorito de la madre, el que recibió todas las ventajas de las que carecieron ellas. El resentimiento destila en todas sus conversaciones. "A Gabriel lo querían y lo admiraban mucho, desde luego, eso ante todo, pero una vez proclamado solemnemente este principio, no tardaban en intercalar aquí y allá un comentario reticente, una frase que en el camino se desmayaba arrepentida y dejaba en el silencio el eco de un reproche, un episodio trivial aunque ambiguo o extrañamente revelador".

Pero no solo contra Gabriel se dirigen las palabras de las hermanas. Entre ellas también hay agravios, malentendidos, deudas impagadas que envenenan la relación. Y las dos tienen reproches hacia la madre a la que juzgan la causante de todos sus fracasos en la vida, y la madre... lo ve todo de otra manera y lo disculpa todo con el pretexto de que tenía que salir adelante. 

Muchas cosas se descubrirán en estas conversaciones cruzadas que se inician a partir de la iniciativa de la fiesta de cumpleaños. Secretos de familia que llevan años encerrados se liberarán y empezarán a recorrer los cables del teléfono entre una y otra casa dejando al descubierto muchas cosas que Aurora hubiera preferido no saber nunca.

Y es que Aurora también tiene sus secretos y no desea ser la depositaria de los ajenos. Finalmente también Aurora hablará. Dejará de ser el recipiente en que se vierten las quejas ajenas y empezará a lanzar sus propias quejas, al lector, al aire, a sí misma. Ella no hará partícipes a sus cuñadas ni a su suegra, ni siquiera a Gabriel, de las muchas desilusiones, de los engaños y desengaños que también ella sufre y ha sufrido. Aurora también tiene su historia, aunque no haga a nadie partícipe de ella, aunque la guarde tras un muro de silencio, ese silencio piadoso que los demás no le conceden y es que Aurora "sabe con certeza que los relatos no son inocentes, no del todo inocentes, y que no es verdad que a las palabras se las lleve tan fácilmente el viento. No es verdad. Todo cuanto se dice queda ya dicho para siempre, y solo con la muerte se consuma por completo el olvido y se logra el silencio y, con él, la paz definitiva". 


Luis Landero
Hacía mucho que no leía un libro de Luis Landero. Lo conocí hace muchos años con "Caballeros de fortuna" que curiosamente leí antes que su primera novela, "Juegos de la edad tardía". Después fui leyendo todos sus libros según los publicaba hasta que me empecé a agobiar con sus ambientes deprimentes y sus grises personajes, y me vi de pronto sin ganas de comprar el siguiente y así son ya dos las novelas que me he saltado y además hay una autobiografía que me está llamando con insistencia. Le pondré remedio al abandono, porque con esta "Lluvia fina" me he reconciliado con Landero. Me he vuelto a sentir a gusto en su mundo, que ya no es tan tétrico, aunque sigue siendo pesimista, y he visto que este autor, que escribe de maravilla, aún tiene muchas cosas que decirme.

Título del libro: Lluvia fina
Autor: Luis Landero
Editorial: Tusquets
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2019
Nº de páginas: 272

viernes, 10 de mayo de 2019

"Tus pasos en la escalera" Antonio Muñoz Molina.

Empecé a leer este libro con una idea equivocada. Pensaba que era una especie de historia de dos ciudades. Pensaba que eran reflexiones sobre Nueva York, que el autor compaginó con Madrid durante varios años, y reflexiones sobre Lisboa, que compagina con Madrid en la actualidad. Pero a poco de empezar a leer me di cuenta de que, si bien con geografías y recuerdos sacados de sus vivencias, estaba en realidad ante una novela, con todo lo que de ficción puede tener una novela.

Bruno, cuyo nombre no sabremos hasta casi el final del libro, ha llegado a Lisboa hace poco tiempo y está preparando la casa para recibir a su mujer, Cecilia, que llegará un poco después. Él se encarga de preparar la casa, de sacar de cajas todo lo que ha venido en barco desde el piso de Nueva York donde han vivido hasta entonces, de ir dejando la casa lo más parecida a aquella en la que vivieron a orillas del Hudson y que tantas similitudes tiene con esta otra a orillas del Tajo. Si desde aquella se veía el puente Gorge Washington, desde esta se ve el 25 de Abril. Por ambas pasan los aviones, intermitente, pero casi ininterrumpidamente, allí hacia el aeropuerto de La Guardia aquí hacia el de Lisboa. En ambas se oyen las campanadas de una iglesia dando la hora; ambas casas tienen una disposición muy parecida. "Estábamos en Nueva York y ahora vamos a estar en Lisboa. Estoy yo, por lo pronto. Aprovecho el tiempo para tenerlo todo listo cuando llegue Cecilia. En uno de esos cargueros gigantes que suben por el Tajo vino un contenedor con todas nuestras cosas, tantos años, nuestras dos vidas, los libros de cada uno y los libros comunes, los cedés anticuados que nos regalábamos el uno al otro al principio de estar juntos".

Bruno, aún no sabemos que se llama Bruno, nos va contando su vida pasada y sus expectativas presentes. Lo echaron del trabajo en Nueva York, de la misma forma en que él se había encargado de echar antes a otros, con los mismos pretextos, con la misma cicatería para escatimar la mayor parte de la compensación económica. Decidió que no volvería a trabajar. Ahora piensa cuidar un huerto en la terraza de la cocina, comprar y cocinar para Cecilia, ordenar los libros y las películas, pasear a Luria, leer... 

Le ha quedado una pensión exigua; la mínima que han podido dejarle en la empresa. Tiene ahorrado lo suficiente para vivir sin lujos. La ropa le puede durar toda la vida, hasta el fin del mundo. Tiene una biblioteca bien surtida de todos los libros que ha ido comprando que siempre son más de los que se pueden leer. Eso hace que pueda vivir de la lectura de los libros comprados en Nueva York, sin volver a entrar en una librería. Su biblioteca es una biblioteca "como para un viaje al espacio exterior, como para una reclusión indefinida". Como para esperar el fin del mundo.

Tal vez la expresión más repetida en "Tus pasos en la escalera" sea esta de "el fin del mundo". Desde la primera línea: "Me he instalado en esta ciudad para esperar en ella el fin del mundo. [...] En Siberia hay ahora mismo temperaturas de cuarenta grados. En Suecia el fuego alimentado por un calor inaudito arrasa los bosques que se extienden más allá del Círculo Polar Ártico. En California incendios que abarcan centenares de miles de hectáreas llevan ardiendo varios meses seguidos y reciben nombres propios, como los huracanes del Caribe"

Nos cuenta el fin de varios mundos. El de nuestro mundo, el que conocimos hasta 2001 y que saltó hacho pedazos cuando unos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas en vivo y en directo ante los ojos espantados de casi todo el mundo y los alborozados del resto. ¿Tuvimos la sensación de que el mundo iba a cambiar? ¿De que una era había terminado y empezaba otra más violenta, más desconfiada, más injusta? ¿Somos hoy realmente conscientes de lo que aquella mañana de septiembre en Nueva York ha supuesto para la convivencia?

También nos habla de mundos que desaparecieron en el pasado. Nativos exterminados por epidemias llevadas por los invasores para las que ellos no tenían defensas. "Los exploradores no llegaban a orillas y a bosques vírgenes no habitados nunca por nadie. Llegaban a territorios que habían sido poblados y cultivados durante siglos y que estaban volviendo a un estado salvaje por la desaparición de seres humanos incapaces de sobreponerse a las epidemias europeas. El paraíso originario que creían haber encontrado los viajeros era el paisaje de una extinción que desataban ellos mismos con su sola presencia, con sus bacterias y virus para los que no tenían defensas los nativos".

Pero, sin duda el fin del mundo que más preocupa a Bruno es el que se está produciendo ahora mismo, ante nuestros ojos, el que se deriva del cambio climático. Una preocupación que tiene el personaje y que no puede ser ajena al propio autor. Hay multitud de referencias a ella a lo largo de la novela. Se habla de la extinción de unas especies y de la proliferación de otras («Hay especies que proliferan con el cambio climático y especies que declinan muy rápido y se extinguen —dijo Cecilia—: cada vez más garrapatas, cada vez menos luciérnagas.»); de las sequías y de los grandes huracanes, de la subida del nivel del mar y de las islas que se hunden sin remedio. Pero en lo que tal vez, se piense menos y asuste más es en los movimientos humanos a lo que todo esto obligará. En un programa de la BBC Bruno ve una entrevista a Antony Beevor en la que el historiador habla precisamente de la vertiente más humana del Cambio Climático. "El cambio climático va a acabar en este siglo con la democracia en Europa. [...] el cambio climático lleva años provocando una sequía irreversible en los países africanos al sur del Sahara: el desierto se extiende haciendo imposibles la agricultura y la ganadería y la gente joven tiene que emigrar. [...] Hay ahora mismo cincuenta mil subsaharianos en el norte de Marruecos esperando a saltar la valla o a encontrar contrabandistas que les aseguren una travesía del Estrecho. La Europa envejecida y asustada no querrá aceptar a tantos emigrantes".

Antonio Muñoz Molina
Parece mentira que un libro que habla de una mudanza, de una espera, del acondicionamiento de una casa, de la ciudad que se deja y de la que provoca esperanzas y expectativas pueda resultar tan interesante y enganchar de tal manera. Pero es que Muñoz Molina es un genio de la narrativa y solo con su forma de contar y con su clarividencia para saber lo que tiene que contar, lo que le va a interesar al lector, es capaz de atraparnos en sus páginas como ranas en una charca en verano, y encima, hacernos croar de satisfacción. Pero es que además la novela no solo es eso, porque cuando creemos que con un solo cambio de domicilio el autor nos ha enganchado, empezamos a ver cosas, empezamos a intuir que no todo es lo que parece, empezamos a sospechar y al placer original de la lectura, se une el placer de asistir a una trama que va más allá de lo esperado. Las ciudades se mezclan en la mente de Bruno. "El puente que distingo al final de la perspectiva sombría de los almacenes no es el Manhattan ni el George Washington sino el 25 de Abril. 
El ahora se me ha vuelto lejano. El pasado de entonces tiene una consistencia más poderosa que el presente". No puedo contar más. Me gustaría, pero no debo. Descubridlo por vosotros mismos. 

Título del libro: Tus pasos en la escalera
Autor: Antonio Muñoz Molina
Editorial: Seix Barral
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2019
Nº de páginas: 320

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