Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

lunes, 15 de julio de 2019

"La cordura del idiota" Marto Pariente

"Ascuas crecía entre cerros pelados y secarrales, camino de los pantanos. Apenas una rasgadura. Se conformaba con una docena de calles torcidas que salían de la plaza del pueblo como las venillas rotas de los alcohólicos. [...] A veces me daba por pensar que si el pueblo fuese…, no sé, una persona, alguien como yo, sería un tipo perdido en mitad de ninguna parte con la mano haciendo visera bajo un sol de justicia o bajo la lluvia, según la época del año. En cualquier caso, un fulano desorientado con los zapatos sucios y sin saber muy bien hacia dónde tirar; en fin, ya saben a lo que me refiero, quizá no esté hablando del pueblo".

 Así empieza Marto Pariente su nueva novela, "La cordura del idiota", una historia que, al decir de Sergio Vera Valencia, director de la colección Off Versátil y autor del prólogo, forma parte de esas novelas que él mismo incluye en el country noir y que rompen con la tradición de ubicar las historias negras en grandes ciudades: Los Ángeles, Atenas, Boston, Barcelona, Madrid... "El country noir fue acuñado a finales del siglo XX por el norteamericano Daniel Woodrell, pero ¿realmente es algo tan novedoso como parece? Porque si echamos la vista atrás, los clásicos están repletos de cadáveres silvestres"

Y un cadáver silvestre es lo que nos encontramos al principio de esta novela; colgando de un roble y con un pez asomando por el bolsillo del pantalón. Puede resultar extraño y podría dar a entender muchas cosas raras, pero es que "El Triste era oficialmente el loco del pueblo, y luego…, bueno, luego estábamos todos los demás". Quien así habla es Toni Trinidad, uno de los narradores de esta historia y el policía local de Ascuas. Un personaje peculiar donde los haya. Yo, que tengo relativamente cercana la lectura de Jim Thompson, no he podido dejar de recordar a Nick Corey, el jefe de policía psicópata de Potts County en "1280 almas" o a Lou Ford, el sheriff de "El asesino dentro de mí". Y no es porque se mencione a Jim Thompson en el prólogo como otro de los autores del country noir, es que Toni Trinidad es seguramente un homenaje a Jim Thompson que el autor, Marto Pariente, declara como uno de sus referentes principales. 

Pero Toni Trinidad es mucho más humano y asequible que los personajes de Jim Thompson. Empatizamos con él, cosa que nunca hacemos con Lou Ford o Nick Corey, porque además de ser un adicto a programas de la televisión basura como "La isla" (cosa con la que yo no empatizo para nada), tiene sentimientos y un sentido de la Justicia y de la renuncia a los propios intereses que para nada tienen los psicópatas del autor americano.

Toni es un hombre con un pasado tormentoso y con algunos episodios en su infancia que lo han dejado marcado para siempre. Uno de ellos es el responsable de que no pueda ver una gota de sangre sin caer desvanecido. Se declara tonto e incapaz para el puesto que desempeña, puesto que consiguió por métodos no muy claros, aunque terminarán por aclararse. Nos cuenta cómo disimula y finge que investiga. "A ver, yo quería que pareciera que sabía lo que me traía entre manos". Pero no hay que fiarse de las apariencias, ni siquiera de lo que nos diga él mismo porque un poco antes nos ha ido dando claves que nos han hecho sonreír e intuir que con Toni Trinidad nada va a ser cómo nos lo quiere contar. "Después de dejar atrás los carteles, me fijé en las rodadas. A veces me fijo en esas cosas"

Esas cosas en las que Toni se fija como sin querer, como pretendiendo que piensen que es útil (porque hay quien quiere suprimir su puesto y ahorrarle su sueldo al Ayuntamiento), esas cosas son las que le van a ayudar a resolver la muerte de El Triste porque, además del loco del pueblo, era también uno de los pocos amigos de Toni, tal vez el único. Cuando Toni llega a las tierras de El Triste en las que su cuerpo pende de la rama de un roble, nos muestra los carteles, ya desteñidos por el sol, pero en los que aún se leen los insultos y las presiones para que venda (Vende cabrón, Vende follacabras). Entre eso y las rodadas que Toni fotografía porque lo ha visto en una serie y porque "siempre cabía la posibilidad de que alguien del pueblo estuviese presente y dijese: «Mira, ese Toni sabe lo que se hace», tendrá suficientes datos para empezar a investigar. Eso y una tostada fría y dura abandonada en una tostadora. Y la necesidad de fingir que emplea su tiempo en algo útil para el municipio.

Marto Pariente
Pero no solo la muerte de El Triste ocupará a Toni en su labor de policía. Su hermana Vega, que se encarga de la grúa municipal cuando está sobria y a veces sin estarlo del todo, está a punto de meterse en un lío mucho más peligroso y poco manejable de lo que ella puede controlar. Vega y él han compartido muchas cosas desde que terminaron en la Casa Amarilla tras la muerte de sus padres "En realidad, de amarillo tenía el portón de entrada, la cerca del huerto, las rejas clavadas en la piedra y los dientes del celador jefe, el Avellano". Vega y Toni han vivido muchas cosas juntos y Toni se ha acostumbrado a hacer suyas las cuentas que a Vega le debe la vida. Ya lo hizo de niño y volverá a hacerlo ahora. Vega, por su parte, sabe que le debe mucho a Toni y estará dispuesta a saldar sus deudas con él de una vez y para siempre.

Si con El Triste, nos metemos en una trama de inmobiliarias y bancos, con Vega entraremos en el mundo del narcotráfico y los matones y los sicarios del este y los colombianos. Distintos estilos de mafiosos, con traje y corbata y despachos fríos, asépticos y lujosos, unos; con recortadas, musculatura y aspecto brutal, los otros. Pero el mismo mundo del hampa que bebe de la sangre de sus víctimas más o menos inocentes. Con Vega y sus ansias de resarcimiento conoceremos a personajes extremos como el Colmenero, los Manolos o los Maquénroe, y a Rocha, un inspector de la Policía Nacional que libera tensión y adrenalina imaginando escenas que nunca (no siempre) lleva a cabo más que en sus ensoñaciones.

El caso es que Vega está en peligro y cuando Vega lo necesita, Toni acude. Lo hizo de niños y lo sigue haciendo ahora, "da igual el motivo de la llamada, para Vega siempre es importante. No es muy estable, por decirlo de alguna de manera. Vamos, que no está bien. Claro, que siendo mi hermana como era, en fin…, cuestión de genes, porque eso de los genes, cuando les da por salir revirados, no hay quien los enderece"

Ya con su primera novela, "Una bala para Riley", me sorprendió Marto Pariente. Era su primera novela y me encontré una historia que carecía de todos los vicios y defectos del escritor novel y tenía en cambio muchas de las virtudes de los autores curtidos: trama compleja, pero bien llevada; personajes bien perfilados, que destilan humanidad y viven sus miserias de la mejor forma que saben; muy bien escrita... y, por supuesto, muy entretenida. Con esta segunda historia (totalmente independiente de la primera; se empieza a agradecer que no todo se convierta en series interminables), Marto Pariente me ha convencido de que tiene mucho que contar y sabe hacerlo muy bien. Ni que decir tiene que le seguiré leyendo.

Título del libro: La cordura del idiota
Autor: Marto Pariente
Editorial: Versátil
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2019
Nº de páginas: 288

miércoles, 10 de julio de 2019

De vacaciones, pero activa.

Edward Hopper (Blackwell's Island, 1928)  

Ya sabéis que yo no suelo cerrar por vacaciones, lo que no quiere decir que no me las tome. 

Edward Hopper (Lighthouse and building, 1927)

Esta tarde me voy de viaje hasta el día 24 de julio y salvo un par de entradas que dejo programadas, no tengo más que compartir con vosotros, por lo que no me veréis con la frecuencia habitual.

Edward Hopper (Il faro di Two Lights, 1929)
Durante el viaje, si tengo ganas, tiempo y wifi, igual leo alguna cosa de las que publiquéis y puede que hasta comente algo, pero no prometo nada.

Edward Hopper (Lighthhouse Hill, 1927)
El resto del verano, como ya he hecho otros años, apareceré por vuestros blogs para leer y comentar, pero no compartiré en las redes sociales y me lo tomaré con más calma. 

Edward Hopper (“The Cat boat”, 1922)
Y no, no me voy a Estados Unidos a ver faros y paisajes de Hopper. Me voy a Francia, a la zona fronteriza con Alemania y los Países Bajos que también rozaré. De hecho, vuelo al aeropuerto de Bruselas. Aunque sobre todo vamos a conocer Alasacia y Lorena. 

Edward Hopper (Lighthouse Village, Cape Elizabeth,1929)

Y hasta aquí he llegado por hoy. Aún me quedan cosas por preparar y solo quería pasar para compartir con vosotros estas imágenes tan evocadoras y despedirme dejándoos un buen sabor de boca y sensación de verano.

Edward Hopper (The Lighthouse at Two Lights, 1929)


domingo, 7 de julio de 2019

"El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes" Tatiana Ţîbuleac

Muchas cosas suceden en verano. Se me vienen a la cabeza muchas historias transcurridas en verano que han supuesto un antes y un después en la vida de sus personajes. Aleksy había tenido ya momentos críticos en su vida, momentos de esos  que establecen una línea clara y visible entre el antes y el después. Los había tenido y los volvería a tener más adelante, pero aquel verano fue cuando descubrió que su madre, además de tener los ojos verdes, era hermosa.

"El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes" empieza de una forma brutal. Sus palabras nos golpean con esa violencia callada e implícita que es más agresiva que la real. "Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea. Era la madre más inútil que haya existido jamás. Yo la miraba desde la ventana mientras ella esperaba junto a la puerta de la escuela como una pordiosera. La habría matado con medio pensamiento". No hay más que una declaración de intenciones, pero cuesta leer las frases sin sentir que un escalofrío nos recorre desde la nuca hasta el coxis. Todos nuestros sentidos se ponen en alerta. ¿Qué se esconde detrás de un hijo que odia a su madre hasta el punto de desear matarla con "medio pensamiento"? ¿Qué vivencias pueden dar lugar a palabras tan crueles? Desde luego, algo muy turbio se debe de ocultar en el pasado de Aleksy para haber creado en él todo ese resentimiento hacia su madre.

Ese mismo verano en que su madre tuvo los ojos verdes, Aleksy termina la escuela en la que ha estado durante siete años. De nada han servido esos años, según él mismo nos dice: nada ha cambiado el hecho que le llevó allí tras volverse violento; todo sigue igual. La desgracia y la pérdida, como era de esperar, no han revertido y él sigue teniendo ganas de pegar a la gente, pero ahora por fin, termina la escuela. "Era, por fin, libre, pero mi futuro tenía algo de la solemnidad de un cementerio engalanado". Ha estado en una escuela para gente complicada, para gente con problemas, y ahora el futuro se abre ante él con pocas expectativas más allá de la de haber terminado. 

Y, mientras se regodea haciendo esperar a su madre, mira a su alrededor, a los padres de los otros, de sus amigos y compañeros, que han ido a recogerlos, "un triste hatajo de perlas falsas y corbatas baratas, venido a recoger a sus hijos defectuosos, escondidos de los ojos de la gente". Abuso tal vez de las citas. No me importa. Solo mediante las propias palabras de Aleksy, somos capaces de ver su desastrosa visión del mundo, solo a través de sus cínicas y desesperanzadas afirmaciones podemos hacernos una idea de lo herido que está. Poco a poco, a medida que leemos, vamos sabiendo parte e intuyendo el resto del pasado que los ha convertido a él y a su madre de ojos verdes en los seres desasistidos y vulnerados (a la par que vulnerables) que nos encontramos al principio de ese verano. 

Un verano para el que Aleksy tiene planes. Quiere viajar con sus amigos Jim y Kalo. Jim es su mejor amigo, otro desecho de la escuela para locos, y a los ojos de Aleksy, poco dado a interpretar los sentimientos paterno filiales, sus padres "lo habrían vendido por sus órganos en un abrir y cerrar de ojos si no les hubieran importado los comentarios de la gente". Kalo, su otro amigo, es "retrasado, pero majo", tan majo que nadie ha querido decirle a qué se dedica en realidad su madre, aunque todos lo saben (lo sabe al menos Aleksy o lo imagina). Los tres tienen planeado viajar a Ámsterdam en unos días para dejar de ser vírgenes y pasar las mejores vacaciones de su vida, porque unas buenas vacaciones es algo que está muy lejos de los alumnos de su escuela de deteriorados.

Pero los planes de la madre de ojos verdes de Aleksy son muy distintos, y el muchacho se verá en un pueblo francés, lejos de sus amigos y de Ámsterdam, de Londres y de la abuela; viviendo solo con su madre, comprando fruta y verdura en el mercado de los domingos, o tazas amarillas, una lámpara con forma de tulipán o un cántaro de barro en el mercadillo de antigüedades. Conocerá a gente que marcará su vida y con la que seguirá en contacto muchos años después, cuando escribe esta historia por prescripción de un psiquiatra y ya se ha convertido en un pintor famoso y nuevamente herido. Conocerá a Karim, el dueño de la tienda, a John, que les ha alquilado la casa y, sobre todo, a Moira.

Tatiana Ţîbuleac
Ese verano empieza pensando "Mi madre tenía unos ojos verdes tan bonitos que parecía un despropósito malgastarlos en un rostro fermentado como el suyo" y termina con la idea de que "Los ojos de mi madre eran cicatrices en el rostro del verano". Es un verano lleno de nuevas experiencias en el que encontrará a su madre y se encontrará a sí mismo en ella. Un verano que quedará tan marcado en su vida que, años después, seguirá ligado al pueblo y a la casa que constituyeron su escenario durante aquellos tres meses. Cuando Aleksy se nos muestre en el presente en el que escribe la historia, veremos que el pueblo no salió de su vida después de aquel verano, como no lo hicieron tampoco sus habitantes que siguen jugando papeles importantes en su nueva vida.

Las heridas de Aleksy empezaron en su infancia, cuando la madre, rota de dolor, estuvo siete meses sin hablarle ni hacerle caso. Ni siquiera tuvo el consuelo de unas palabras duras por su parte, un rechazo, un decirle que no le podía atender y que esperara unos meses y ya se vería. Ni una palabra recibió de su madre en aquellos meses en que se sintió invadido por el abandono y la culpa. La herida de sentirse prescindible lo persigue sin tregua "he estado siempre de más, no he sido nunca necesario, el triste resultado de un regateo momentáneo y el borrador amarillento del que sería, algún día, el Hijo [...] Ni amado, ni deseado, ni desechable, una especie de lámpara en forma de tulipán en casa de unos ciegos. Un frasco de perfume vacío. Un jarrón de cristal con palomas en la mesa de una muerta. Si hubieran existido mercadillos de personas, mi madre y mi padre me habrían cambiado por un pulverizador o, simplemente, me habrían abandonado debajo de un tenderete y habrían salido corriendo".

Y leemos y  nos sentimos invadidos por un desasosiego que se nos queda pegado. Aleksy me causa una desazón que es la mezcla de pena y compasión y rechazo. Rechazo sus lamentos y sus quejas, pero entiendo su dolor. Un dolor que se concentra en aquel verano en el que las heridas del pasado y las que aún vendrían en el futuro confluyeron y se mezclaron para cristalizar en la propia herida de ese verano. Es como si todo el dolor de Aleksy viajara en el tiempo y confluyera en el dolor de aquel verano, pero sin curarle ni librarle del de el pasado y del de el futuro. Y nos invade la necesidad de aliviarle, de corregir el pasado y anular el futuro y "rebobinar ese verano como una cinta y volver al día en que vino —gorda y bajita— a recogerme en la escuela por su cumpleaños. Desodiarla y decirle que tenía unos ojos preciosos antes de que ella me lo preguntara"

Título del libro: El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes
Autor: Tatiana Țîbuleac,
Título original: Vara în care mama a avut ochii verzi
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Editorial: Impedimenta
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2019
Nº de páginas: 256

jueves, 4 de julio de 2019

"Las hermanas Bunner" Edith Wharton

Abrimos el libro y leemos el prólogo de Soledad Puértolas. Leemos entre otras cosas: "alrededor de un personaje de Wharton se crea siempre un paisaje". Y lo comprobamos nada más empezar la novela. Las hermanas Bunner viven y trabajan en una tienda de su propiedad, "una tienda muy pequeña en un destartalado semisótano de una calle tranquila ya condenada a la decadencia; a tenor del carácter misceláneo de lo expuesto detrás del cristal y de la parquedad del cartel que lo coronaba (un mero «Hermanas Bunner» en borrosas letras de oro sobre un fondo negro), para un no iniciado habría sido difícil adivinar la naturaleza exacta del negocio que se desarrollaba en el interior".

En esa tienda, no solo pero casi, se va a desarrollar la historia de estas dos hermanas que viven ajustadamente del producto de sus ventas. Se trata de una novela que no se aventura en las clases altas de Nueva York, sino en una clase media que lucha por sobrevivir de trabajos modestos y negocios que dan para subsistir y poco más. Ya nos advierte Puértolas de que esta novela se sale un poco de las obras posteriores de Edith Wharton, en las que se dedica a esos ambientes aristocráticos que conoce mejor por ser los mismos en los que nació y se educó. En esta novela, escrita en 1892 (aunque no se publicó hasta 1916) Edith Wharton habla de un mundo que no es el suyo, no es el de su acomodada familia y el que le ha proporcionado una educación esmerada, pero es un mundo que se ve obligada a describir, a no dejar que quede en el olvido: "un barrio y una sociedad caracterizados por la modestia, la mediocridad, la precariedad. Es también un mundo sofocante", nos dice también Soledad Puértolas.

El mundo de las hermanas Bunner es ordenado y previsible. Atienden su tiendecita de clientas conocidas y se retiran a su vivienda, en la trastienda, cuando termina el horario laboral. Allí se sientan en sus mecedoras y charlan después de cenar mientras la mayor, Ann Eliza, realiza labores de costura y Evelina confecciona las flores artificiales que luce su escaparate y que ponen la nota de color a la mediocridad de la calle. Las hermanas Bunner están orgullosas de su tienda "pese a que no constituía sino una imagen reducida de sus primeras ambiciones, les permitía pagar el alquiler, ganarse la vida y no contraer deudas: sus esperanzas no habían volado más alto desde hacía mucho tiempo". Una vida tranquila, sin grandes emociones, pero sin molestos sobresaltos. Sus relaciones sociales se limitan a sus vecinas, y clientes: la modista que vive en el piso superior, la señorita Mellins; la señora Hawkins, para quien Ann Eliza ha cosido la canastilla de su bebé; la dama de mangas abullonadas que vive en la plaza, a quien Evelina le vendió un sombrero y que "constituía el personaje más distinguido e interesante de su entorno".

Ann Eliza y Evelina tienen repartido el trabajo con absoluta eficiencia. Evelina se encarga de las actividades que obligan a salir de la tienda, mientras que Ann Eliza tan solo abandona su lugar detrás del mostrador si tiene alguna excusa. Y más le hubiera valido no tenerla el día que decidió salir a comprar un regalo para Evelina por su cumpleaños. Como la joven era la encargada de acercarse a la plaza para mirar la hora desde que se vieron obligadas a vender el reloj de la madre, Ann Eliza decide regalarle uno por su cumpleaños.

Con el reloj entró en la casa la percepción: la percepción de la soledad y la monotonía que ha impregnado sus vidas sin que apenas se hayan dado cuenta. "Todos los pequeños acontecimientos cotidianos que hasta entonces habían bastado para llenar el tiempo le revelaban ahora su tediosa insignificancia, y, por primera vez en tantos años de trabajo pesado, se rebeló contra la monotonía de su vida". Ello no se debió lógicamente a la presencia del reloj sobre la estantería de palisandro, sino a que, por primera vez, un hombre entró en su pequeño mundo. Herman Ramy es el relojero que le ha vendido el reloj a Ann Eliza y al que llegarán a tener las hermanas entre sus pocas personas cercanas.

Ann Eliza se enamora, o cree que se enamora que para el caso es lo mismo. Se enamora de la idea del amor, de la idea de terminar con su soledad, de la idea maternal de poner orden en la vida del señor Ramy que, no sabe si soltero o viudo, vive solo y tiene una tienda similar a su propia mercería, pero más sucia y desastrada, cosa que tampoco le pareció rara porque ya se sabe que los hombre solos no saben limpiar el polvo.

Ann Eliza es una mujer que ha vivido entregada a su hermana, pendiente más de las necesidades de la joven que de las propias. Nunca se ha permitido soñar con algo que verdaderamente deseara hasta ahora. Ahora una ilusión ha venido a iluminar su vida... hasta que la débil lucecita se extinga con un sutil aleteo. De nuevo Ann Eliza, como siempre, cederá sus ilusiones y hará renuncia de lo que desea, pero por primera vez, se permitirá tener un poco de piedad por sí misma, "Ann Eliza, en aquella época, nunca había soñado con permitirse el lujo de la autocompasión: le parecía un derecho personal de Evelina, tanto como el cabello elaboradamente ondulado. Pero ahora empezó a dirigir hacia sí misma una parte de la compasión con que antes había contemplado a Evelina".

Edith Wharton
Con "Las hermanas Bunner", Edith Wharton nos entrega una novela de sentimientos: amor romántico y amor fraternal, renuncia, rabia, soledad, arrepentimiento. En palabras de Soledad Puértolas se trata de "una novela de amor. Un amor confesado y admitido a solas. Un amor al que se renuncia. Las razones de este silencio van más allá de las meras convenciones sociales. Se trata de una renuncia más profunda. [...] Hay renuncia y espíritu de sacrificio"

Lo malo es que el sacrificio no sirve de nada. Las cosas no suelen salir como se espera y, a veces, lo que creemos que puede revertir en un beneficio para alguien termina resultando un desastre y fuente de más dolor que el que se quiso evitar. Ann Eliza, "por primera vez en la vida atisbaba la horrible cuestión de la inutilidad de los sacrificios personales. [...] Pensar en el beneficio de los demás antes que en el suyo propio le había parecido natural y necesario, porque había asumido que eso implicaba la consecución de ese beneficio. Ahora se daba cuenta de que renunciar a las alegrías de la vida no garantiza la transmisión de estas a aquellos por quienes se ha renunciado a ellas; su paraíso familiar estaba deshabitado. Sintió que ya no podía confiar ni siquiera en la bondad ni en Dios".

"Las hermanas Bunner" es la primera novela que aparece en la bibliografía de Edith Wharton, ya que, aunque no se publicó hasta 1916 en un recopilatorio de historias cortas, "Xingu y otras historias", en realidad se escribió en 1892, cuando la autora tenía treinta años. Es la tercera novela que leo de la autora después de "La edad de la inocencia" y "La solterona". Con la gran cantidad de obra publicada que tiene, sé que no es mucho, pero iré poniéndole remedio poco a poco.

Esta novela entra en el III reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1980. "Las hermanas Bunner" está publicada en 1916, aunque se había escrito en 1892.

Esta novela entra también en el I reto "Cabalgando entre clasicospor estar publicada antes de 1970. 

Título del libro: Las hermanas Bunner
Autor: Edith Wharton
Título original: Bunner Sisters
Traducción: Ismael Attrache
Editorial: Contraseña
Año de publicación: 2011
Año de publicación original: 1916
Nº de páginas: 160

lunes, 1 de julio de 2019

Julio 2019


A ese sentimiento desconocido cuyo tedio, cuya dulzura me obsesionan, dudo en darle el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza. Es un sentimiento tan total, tan egoísta, que casi me produce vergüenza, cuando la tristeza siempre me ha parecido honrosa. No la conocía, tan sólo el tedio, el pesar, más raramente el remordimiento. Hoy, algo me envuelve como una seda, inquietante y dulce, separándome de los demás.
Aquel verano yo tenía diecisiete años y era completamente feliz. Los «demás» eran mi padre y Elsa, su amante. Antes que nada quiero explicar esa situación, que puede parecer falsa. Mi padre tenía cuarenta años y era viudo desde hacía quince. Era un hombre todavía joven, lleno de vitalidad, de posibilidades, y, al salir yo del internado, dos años antes, no me costó entender que viviese con una mujer. Más difícil me resultó aceptar que tuviese una distinta ¡cada seis meses! Pero pronto su encanto, esa vida novedosa y fácil, y mi propia predisposición me hicieron adaptarme. Era un hombre despreocupado, hábil en los negocios, siempre curioso y enseguida cansado, que gustaba a las mujeres. Lo quise de inmediato, y de todo corazón, porque era bueno, generoso, alegre y cariñosísimo conmigo. No cabía imaginar mejor amigo ni más jovial.

Para este  mes de julio quería una novela que transcurra en verano, que nos haga sentir el calor sobre la piel y esa sensación de molicie y tedio que contagian las historias a la orilla del mar o al borde de una piscina. "Buenos días tristeza", de Françoise Sagan, transcurre durante un verano y, aunque no hay piscina, o no se menciona, está ambientada a orillas del Mediterráneo, en "una gran casa con jardín, blanca, apartada, preciosa, con la que soñábamos desde los primeros calores de junio. Se alzaba sobre un promontorio, dominando el mar, rodeada por un bosque de pinos que la ocultaba desde la carretera. Un sendero descendía hasta una cala dorada, bordeada de rocas rojizas, donde se mecía el mar". Un paraíso en el que se disponen a pasar sus vacaciones familiares Cécile, una joven de diecisiete años que es quien nos cuenta la historia, y Raymond, su padre, un hombre seductor y adorable al que acompaña su amante actual, Elsa.  

El verano discurre con la lenta somnolencia del ocio veraniego: horas de playa y sol, noches en los casinos, viajes a distintos lugares. Despreocupación e indolencia a las que colabora el no tener nada que hacer y el tener un lugar maravilloso para (no) hacerlo. Las relaciones de los tres ocupantes de la casa son cordiales, y divertidas. La vida y el verano les sonríen.

Hasta que esa calma se ve interrumpida por la llegada de Anne, una atractiva y elegante mujer, amiga de la madre de Cécile y una madre sustituta para la propia Cécile que le debe en gran parte lo que es. "Anne Larsen era una antigua amiga de mi pobre madre y tenía escaso trato con mi padre. Sin embargo, dos años atrás, al salir yo del internado, mi padre, que no sabía qué hacer conmigo, me había enviado a vivir con ella. Y ella, en una semana, me había vestido con gusto y me había enseñado a vivir". La admiración de la joven por la bella y elegante Anne se cambiará en resentimiento cuando ve que la relación de la mujer con el padre va más allá de la que corresponde a un hombre y la amiga de su difunta mujer. Desde ese momento, Cécile empieza a verla como una intrusa que se entromete en todos los asuntos del trío inicial. 

Entre los pinos, a la orilla del mar, bajo el tórrido calor del verano, comienza a dibujarse un escanario que nada tiene que ver con el original. Los celos, las suspicacias, los intentos por parte de Cécile por recuperar la alegría y la serenidad del principio, llevarán la estancia del grupo a transurrir por un sendero inesperado con un final más inesperado aún.

Se trata de una historia de iniciación, una educación sentimental que marcará a la protagonista para toda su vida. La narración la hace Cécile al año siguiente, al final del invierno. La acción transcurre en la misma época en la que el libro fue publicado, a mediados de la década de los cincuenta del siglo XX y es una novela de poca extensión, pero muy intensa. 


Antes de leer el libro, había visto la película dirigida por Otto Preminger en 1958. David Niven interpreta a un Raymond seductor, siempre rodeado de mujeres que no le duran demasiado, como la que ocupa su vida cuando empiezan las vacaciones, Elsa, una mujer tan divertida y despreocupada como él mismo, interpretada por Mylène Demongeot. Anne es una mujer elegante como solo Deborah Kerr sabía serlo: con su exclusiva presencia serena y rubia. Y, por último, Cécile es una jovéncisima Jean Seberg que destila inocencia, pero también determinación para conseguir llevar a cabo sus planes, aunque terminen por no salir cómo ella hubiera deseado.

Mylène Demongeot, David Niven, Jean Seberg y Deborah Kerr
Hace ya mucho que vi la película y que leí el libro (no estoy muy segura, pero creo que lo he leído dos veces; la última en todo caso fue en 2002), pero nunca he olvidado la historia terrible que nos cuenta y cómo unas perfectas vacaciones se pueden venir abajo por unos hechos que debieron evitarse y que marcaron la vida de sus protagonistas para siempre. 

Y así termina "Buenos días, tristeza":

Cuando nos vemos, mi padre y yo nos reímos, hablamos de nuestras conquistas. Seguro que le consta que mis relaciones con Philippe no son platónicas, y a mí me consta que su nueva amiga le sale muy cara. Pero somos felices. El invierno toca a su fin, no alquilaremos la misma casa, sino otra, cerca de JuanlesPinsPero cuando estoy en la cama, al amanecer, sin más ruido que el tráfico de París, a veces me traiciona la memoria: vuelve el verano con todos sus recuerdos. ¡Anne, Anne! Repito ese nombre muy quedo y durante mucho rato en la oscuridad. Entonces algo sube por mi interior y lo recibo llamándolo por su nombre, con los ojos cerrados:

Buenos días, Tristeza.

Las novelas que aparecen en esta sección, "Bienvenido nuevo mes literario", no están recién leídas*, pero están leídas. Se trata de novelas con las que quiero comenzar cada mes. Cada entrada comienza con el principio del libro y termina con su final. No pretende ser una reseña, sino el comentario sobre una historia que me marcó lo suficiente como para poder hablar de ella aunque haga ya muchos años que la leí. Por ello, espero que me perdonéis si incurro en algún error.

*las citas están sacadas de las que anoté en el momento de la lectura y que me ayudan mucho a recordar.

Fecha de lectura: 2002
Título del libro: Buenos días, tristeza
Autora: Françoise Sagan
Título original: Bonjour tristesse
Traducción: Javier Albiñana
Editorial: Tusquets
Año de publicación: 1995
Año de publicación original: 1954
Nº de páginas: 184

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