Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

jueves, 20 de julio de 2017

Los libros y la isla desierta.


Hace unos días apareció en "Encantadora de cuentos", el blog de María Campra, una entrada de esas que llaman "tag", no sé muy bien por qué.
Allí María nos planteaba cinco cuestiones relacionadas con la lectura en una isla desierta. Partiendo de la hipótesis de que te invitaran a pasar un mes de vacaciones en una isla donde, lógicamente, ibas a estar solo porque para eso es una isla desierta, responde a las siguientes preguntas:

*¿Qué libro te llevarías para releer?
Me llevaría "Rayuela" de Julio Cortázar, que hace tiempo que quiero releerlo y, como es tan voluminoso, nada mejor que un mes en una isla desierta. Allí sí que tendría tiempo. Como digo, hace bastante que quiero releerlo porque creo que la primera vez era muy joven. Además lo leí por el método de leer todo seguido hasta el capítulo 56 en que se termina la historia, según consejo del propio autor. De esa forma, tan solo leí una tercera parte del los 155 capítulos del libro. Ahora lo leeréía siguiendo el orden de capítulos que marca Cortázar. Así se leen todos, pero desordenados, u ordenados de otra forma. 

*¿Qué libro te llevarías para leer por primera vez?
"Ulises" de James Joyce. Es uno de mis eternos pendientes. Seguro que en la isla conseguiría centrarme y meterme en la historia. Lo empecé estando embarazada y de reposo absoluto en la cama. Fui incapaz de leer cinco páginas. Me imagino que no era el mejor momento. Pensé dejarlo para después de unos meses en que estuviera más tranquila y preparada para enfrentarme a él, pero se ve que ese momento nunca llegó. Y ahí está pendiente del todo. Ahora, un mes en la isla, seguro que daría para disfrutar con la obra.

*Qué serie te llevarías para no aburrirte?
Me llevaría una serie que tengo hace tiempo abandonada. Se trata de la del detective privado y ex policía creado por el autor estadounidense John Connolly. Amante del jazz, su padre hizo que su nombre y apodos fueran Chalie "Bird" Parker. Son como dieciséis novelas de las que solo he leído cinco. Se trata de un personaje atormentado por un terrible pasado que le persigue y del que no puede dejar de sentirse culpable. Tiene que enfrentarse a tramas en que se mezcla lo real con otros sucesos que se presentan como más inverosímiles, pero sin perder nunca el contacto con lo que podría ser... ¿real?



*Qué libro infantil te llevarías?
No sé si se puede considerar infantil, pero creo que en este formato sí. Yo lo leí como mil veces (exagerando) cuando era niña. Me refiero a la edición de Historias Selección de "Mujercitas". ¿Os acordáis? Tenía una colección enorme. cada cuatro páginas, había una con viñetas, tipo cómic. Y en ese cómic se resumía la historia que se contaba en el resto de las hojas. Historia que ya debía de estar muy resumida pues me han dicho que, concretamente "Mujercitas", no tiene nada que ver con la edición normal. Yo creo que estas ediciones estaban basadas en las películas. Tenía varias de Sissi, Heidi y más que ya no recuerdo.

*Opción libre.
Como opción libre, me llevaría "Cumbres borrascosas" ya que se me han cruzado tantas lecturas que tengo un poco olvidado mi reto personal sobre las Brontë. En un mes, me daría tiempo con este que es de los voluminosos. Me llevaré el ejemplar que he leído siempre, uno viejo, de mi padre, del Círculo de Lectores. Es un libro que he leído como tres veces. Dos, siendo muy joven, más bien adolescente y la tercera ya mayor. Todas ellas lo he disfrutado mucho, pero es de los que temo que ahora puedan decepcionarme. Hay gente que me ha dicho que le ha pasado cuando ha vuelto sobre él ya con unos años. Veremos.

Hasta aquí, el equipaje literario que me llevaría a la isla. Ahora solo falta que me llegue la invitación. Espero que sea una isla de clima privilegiado y que el alojamiento sea cómodo, con buenas tumbonas a la sombra de grandes árboles para poder leer a gusto. Me imagino que no habrá ni fieras, ni molestos insectos, ni bichos venenosos.
¿Y vosotros? ¿Qué libros os llevaréis a la isla cuando os inviten? Por lo pronto, estáis todos invitados a seguir la cadena del ¿tag?


lunes, 17 de julio de 2017

"No llorar" Lydie Salvayre

"No llorar" es una novela escrita en "frañol, un híbrido de francés y español del que la escritora se sirve para reproducir el habla de su madre, protagonista de la novela" (Alex Vicente. El País. Cultura)
Con "No llorar" Lydie Salvaire ganó el Premio Goncourt en 2014. 
Lydie Salvayre es hija de refugiados españoles que huyeron a Francia después de la Guerra Civil. Y sobre la Guerra Civil trata este libro, o más bien sobre dos episodios enmarcados en la Guerra Civil. Ambos empiezan con gran ilusión, con nobles ideas para construir un mundo mejor, más amable, más vivible para todos;  ambos acaban en la más terrible decepción, el desengaño más profundo que se puede sufrir porque es el desengaño de las propias ideas, el ver cómo lo que creíamos justo se nos cae de las manos y se nos deshace en charcos de sangre, resentimiento, odio, e incomprensión.
Dos historias se enredan en esta novela, aunque una de ellas tenga más extensión y ocupe más espacio en la pluma de la autora y en la percepción del lector. Esta, la más extensa, trata de los episodios contados a Sylvie por su madre, Montse, "Estamos en España en 1936. La guerra civil está a punto de estallar, y mi madre es una pobre mala. Una pobre mala es una pobre que abre la boca. Mi madre, el 18 de julio de 1936, abre la boca por primera vez en su vida. Tiene quince años. Vive en un pueblo perdido de la Cataluña alta, donde, desde hace siglos, los grandes terratenientes mantienen a familias como la suya en la más extrema pobreza".
Y la madre abre la boca porque se siente insultada, porque cuando va a casa de los señores para ofrecerse como criada, el señor la mira y comenta que parece muy modesta y eso saca de su interior una rabia que no sabía que tenía allí acumulada, una rabia que se ha ido incubando o incrementando cuando volvió su hermano Josep hablando de un mundo nuevo, y es que, cuando Josep llegó a Lérida en mayo, ese año como todos, para la cosecha de la almendra, encontró algo distinto, una alegría que estallaba en las calles y en las tabernas al conjuro de nuevas palabras como fraternidad, libertad, solidaridad, revolución, comunidad... anarquismo, muera la muerte y viva la libertad. Su hermano no es rojo, es rojo y negro.
Casi ochenta años después, Montse, una anciana de noventa, le contará a su hija Lydie lo acontecido en aquel verano del 36, cuando la revolución fue algo más que una esperanza y mucho menos que una promesa cumplida.
En el pueblo, Josep se enciende de revolución y contagia a todo el mundo su fiebre de libertad en un discurso que pronuncia el 23 de julio. "Al día siguiente, todo el pueblo está en efervescencia. [...] Transcurridos dos días, el entusiasmo se mitiga lentamente. [...] Tres días después, totalmente serenos y rabiosos por haberse dejado llevar por el entusiasmo, los campesinos dejan traslucir sus dudas y sus crecientes inquietudes. [...] Cuatro días después, las reticencias medio formuladas se expresan a voz en cuello. El quinto, todos o casi todos han renunciado". Cinco días escasos han servido para que el pueblo pase de la pasión revolucionaria a la suspicacia y la desconfianza porque es un pueblo donde nada cambia, nada ha cambiado en siglos y nada debe cambiar ahora. Los ricos son ricos y deciden el futuro de los pobres que para eso son pobres y siempre lo serán. Desde que naces, según la familia en que naces, se decide tu destino hasta tu muerte.
Josep decepcionado y traicionado, decide irse a Barcelona para unirse a la columna Durruti y reconquistar Zaragoza y allí lo acompaña Montse. Pasarán unas semanas de verdadera catarsis en las que Josep se irá dando cuenta de muchas cosas. En los días de descanso que se permite antes de alistarse, verá la atrocidad y el despropósito de una guerra que es imposible ganar porque los que la dirigen carecen de experiencia, de armas y de formación militar suficiente (de la más mínima formación militar, en la mayoría de los casos). "Siente que le invade lentamente un malestar. No puede evitar oír, tras los discursos que corren, las prédicas de la propaganda revolucionaria que cubre las paredes de la ciudad y que no tiene nada que envidiar a la catequesis de don Miquel, el cura de su infancia", Las frases altisonantes que él mismo pronunciara hace unos días empiezan a sonarle a catecismo, a palabras mendaces improvisadas para engañar a adolescentes ilusos. Su destino lo sellará la conversación escuchada una noche en la terraza de un café donde dos hombres ahítos de aguardiente celebran entre grandes risotadas los dos sacerdotes que han asesinado esa tarde en que "pensaban que iban a volver de vacío". A Josep se le terminan de caer las pocas ilusiones que le quedaban y decide volver al pueblo.
Lydie Salvayre
Montse resistirá más. Se divertirá como nunca lo había hecho, vivirá la revolución de forma más despreocupada que su hermano, se enamorará una noche y perderá a su amor al día siguiente. Finalmente, también terminará por regresar a la casa paterna y al pueblo. Allí estabilizará su vida como menos hubiera podido imaginarse. Y se sentirá "culpable de estar demasiado cansada y ser demasiado mayor, pensaba, para querer a otro hombre por amor, cuando acababa apenas de cumplir dieciséis años".
En el pueblo asistirán ambos hermanos a las Jornadas de Mayo (de 1937) que supusieron el fin de los sueños revolucionarios cuando los movimientos anarquistas sean barridos por la disciplina sin fisuras y el discurso práctico y perfectamente estructurado de los comunistas. Sin olvidar las acusaciones de traición y connivencia con Hitler y con los nacionales que, de forma injusta y estúpidamente inverosímil, cayeron sobre ellos.
La otra trama argumental que se va entreverando con la anterior se refiere al escritor francés Georges Bernanos y a los hechos que supusieron la génesis de su ensayo "Los grandes cementerios bajo la luna". Bernanos vive en Palma de Mallorca cuando comienza la guerra. Su hijo Yves, con el beneplácito de su padre, viste el uniforme azul de la Falange y se dispone a luchar en la toma de Madrid que se prevé inminente. Él mismo convierte su casa en la Oficina de Prensa de los falangistas en la ciudad mallorquina. Es un hombre conservador, cristiano; un hombre que "tiene las ideas que todo el mundo conoce". Unas ideas que se vendrán abajo cuando asista espeluznado a los crímenes sin justificación, los "paseos" de madrugada, las ejecuciones sin juicio por el hecho de detentar ideas sospechosas... y todo ello legitimado por los representantes de la iglesia que, con el crucifijo en la mano, absuelven los pecados posibles de los ajusticiados y los crímenes seguros de los verdugos. 
También las nobles ideas de Bernanos, como las de Josep en el otro bando, serán traicionadas y él se verá en la situación de denunciarlo aun sabiendo que se pone en contra a muchos intelectuales franceses que han defendido en la prensa las ideas de los nacionalistas españoles. Pero "Bernanos no puede cerrar los ojos ante la evidencia. Y la simpatía que le inspiraba la antigua Falange [...], esa antigua Falange que profesaba en la anteguerra el mismo desprecio hacia el ejército traidor al rey que hacia el clero «dado a componendas y prevaricaciones» y en el que su hijo Yves depositó entusiasmado su simpatía, no puede sustraerse a esa realidad: la depuración emprendida por los nacionales con la inmunda bendición del clero es ciega, sistemática, y comulga con el Terror". Y Bernanos lo contará y se le acusará de connivencia con los comunistas porque los sectarismos de uno y otro lado no entienden ni de matices, ni de reflexiones personales e independientes, ni de conciencias libres. Si no estás conmigo estás contra mí y con mis enemigos. Y se le acusará de catastrofista por parte de esos optimistas que, para no tener que reparar en los sufrimientos, que muchas veces provocan o les son indiferentes, prefieren ver el mundo color de rosa. Aunque tres años después tengan que darle la razón (¿o ni siquiera entonces, camuflados en Vichy, se la darán?). 
Lydie ha contado con testimonios muy valiosos para escribir su novela. Por una parte el relato de su madre que ha vivido setenta años en un pueblo del Languedoc, setenta años que no existen porque han sido borrados por el peso de los recuerdos anteriores. "No persiste en su memoria más que aquel verano del 36, en que la vida y el amor la atornillaron, aquel verano en el que tuvo la sensación de vivir plenamente y acorde con el mundo, aquel verano de juventud total". Por otra, "Los grandes cementerios bajo la luna", el libro en el que Bernanos denunció la impostura, y que Lydie lee paralelamente al relato de su madre. El libro que se fue forjando en las crónicas publicadas con regularidad en la revista católica francesa Sept, dirigida por dominicos (también en la Iglesia hay clases y también los dominicos fueron acusados de cooperar con los comunistas).
Con esos testimonios privilegiados, Lydie escribe una novela original en la forma, aportando a lo escrito sobre la Guerra Civil, esa parte menos trabajada que trata de la desilusión a que son sometidas las ideas cuando se enfrentan con su materialización en la realidad. 
El despertar de los sueños o, lo que es peor, permanecer dormida y anclada en ellos mientras se van transformando en pesadillas es lo que podemos encontrar en estas páginas. "El verano radiante de mi madre, el año lúgubre de Bernanos, cuyo recuerdo quedó hincado en su memoria como una navaja que le abría los ojos: dos escenas de una misma historia, dos experiencias, dos visiones que desde hace unos meses han penetrado en mis noches y mis días, donde, lentamente, reposan como una infusión".


viernes, 14 de julio de 2017

"El caso de la mano perdida" Fernando Roye

"Aquella mañana de octubre de 1952, tras cuatro días de servicio, los guardias civiles Ambrosio del Val y Ortega Brito regresaron con un asombroso hallazgo a su cuartel de Santa Honorata, situado entre la segunda y la tercera falla al norte de Sierra Morena". Así comienza "El caso de la mano perdida", la primera entrega de la serie del sargento de la Guardia Civil Carmelo Domínguez.
Asombroso hallazgo desde luego, porque lo que Ambrosio y Ortega han encontrado es exactamente una mano. Una mano seccionada a la perfección de un solo tajo. Ahora solo queda encontrar el resto del cuerpo o un manco reciente. Es decir, el resto del cuerpo vivo o muerto.
El año 1952 en un pueblo de la tercera falla al norte de Sierra Morena, se me antoja lo menos parecido a un lugar y un momento serenos y apacibles. Paradisíaco, sí, pero un paraíso del que sus habitantes han sido expulsados sin tener que abandonarlo. No todos, claro. Hay un conde y un alcalde que viven las mieles de la reciente Victoria. Habrá, no salen pero siempre había, señoritos falangistas vestidos de azul añil amedrentando al personal y disfrutando con ello.
El resto vive, malvive o sobrevive como puede: con la caza furtiva, con la generosidad de algún vecino más desahogado o con los malabarismos domésticos en los que tantas amas de casa de la época se hicieron especialistas.
Carmelo tiene seis hijos que no comen lo suficiente. El médico les ha dicho que tienen que comer carne, pero allí, la carne solo se huele y eso gracias al sustanciero que pasa de vez en cuando. "Manuela y el sustanciero se saludaron. Luego ella le pidió diez minutos de hueso y él sumergió el jamón en la olla, esperando que pasara el tiempo mientras consultaba el reloj". Y es que, diez minutos después, el hueso tendría que ser sometido en otra olla por otros diez minutos y algunos céntimos. La quintaesencia de la miseria.
Ortega Brito y su mujer, Elena, sin embargo, tienen la caza furtiva y como no tienen hijos, tras las insinuaciones de Carmelo, que no deja de ser el jefe, empiezan a compartir con ellos los restos que antes tiraban a los gatos.
Benito y Celia no necesitarán presiones por parte del jefe. Ellos lo harán por pura generosidad y porque la amistad en un reducto tan cerrado como la casa cuartel es un don escaso y preciado que bien vale un poco de longaniza para las lentejas.
Carmelo es un hombre peculiar. Con un ojo negro y otro azul, tiene una mirada que, según interpretaciones, puede pertenecer al diablo. Con ella puede ver cosas que permanecen ocultas para el resto de los mortales. Aunque, tal vez, lo que las mantiene ocultas es la ignorancia de gran parte del resto de los mortales. 
Carmelo tiene una mente deductiva y una inteligencia poco común para la época. Además se fija en señales en las que nadie más repara y que nadie más entiende. Es por eso por lo que, después de ver la mano, supo, por el escalofrío que recorrió su cuerpo, que aquella misma noche alguien había sido asesinado. Y también es por eso por lo que adivinó, mirando un gato en el patio, que una visita importante estaba a punto de llegar al cuartel. "Cuando un gato se lame la cara es porque pronto vendrá una visita. Y hay uno que lo está haciendo en la calle, frente a la puerta del cuartel; como lleva tanto tiempo en el mismo sitio, me he figurado que quien venga tiene que ser toda una personalidad".  Y quien vino no fue otro que el conde de Valdeazores que tuvo que ser recibido por Benito Viedma, un tanto contrariado al ver que la señal gatuna interpretada por su jefe, se había cumplido tal como él había predicho. Y el conde viene a anunciar que el Caudillo de España por la Gracia de Dios va a venir al pueblo invitado a una cacería organizada por el propio conde. Y lo que solicita es que sea el cuartel de la Guardia Civil quien se encargue de la seguridad.
Benito es el ilustrado del puesto. Aficionado a las novelas policíacas que le envía su madre una vez al mes (su sueldo no da para tales dislates), es el único agente que lee. Como además es un recién llegado, es el raro del lugar. Proviene de una familia acomodada, "cristianos viejos y falangistas de pura cepa", lo mismo que la de Celia, su mujer. Pero él no cree en las consignas de Sánchez Mazas, en uno de cuyos mítines se conoció la pareja. Él cree que "la culpa de todos los males no la tienen los judíos, ni los socialistas, ni los comunistas, ni los masones, ni los anarquistas, ni aún menos los campesinos y obreros. La culpa de todo la tiene la ignorancia. Ese es el mal de este país". El mal de siempre; el mal de todos los males. La mala ignorancia que hace a los hombres malos y que, más de setenta años después, sigue muy lejos de solucionarse. En este país y en el resto de la vieja Europa.
Fue su afición a la literatura policíaca (Conan Doyle, Agatha Christie, George Simenon) lo que hizo a Benito ingresar en la Guardia Civil, decepcionando todas las expectativas de su mujer y de sus suegros. Sus padres, como era el último hijo, no habían creado demasiadas ilusiones respecto a él.
En la novela hay dos lineas argumentales que se entremezclan. Por una parte, las investigaciones que Carmelo lleva a cabo para descubrir el cadáver - que él está seguro de que existe - del dueño de la mano. Por otra, la visita de Franco cuya seguridad debería estar preparando el sargento en lugar de correr tras muertos improbables. Pero a Carmelo la visita del Caudillo de España por la Gracia de Dios no es algo que le impresione. Ni siquiera le parece importante, al menos no tanto como sus investigaciones que pronto se enredan con otro asesinato ocurrido años antes.
Creo que la novela es un homenaje a los autores clásicos citados, sobre todo a Connan Doyle. Carmelo, a pesar de que parece creer en hechizos y supersticiones, es sagaz, intuitivo y analítico como Sherlock Holmes, aunque más indolente (o no?). Benito le da la réplica como un Watson, más leído e ilustrado, pero, al igual que el doctor, mucho menos perspicaz y menos proclive a analizar las pistas que se va encontrando. Ni siquiera, a veces, sabe reconocer esas pistas. Es más pragmático, menos imaginativo y dispuesto a dejarse llevar por los indicios.
Fernando Roye
Estamos ante una novela en la que lo importante, no es tanto la resolución del asesinato, como los caminos por los que se transita a lo largo de sus páginas. Sus personajes, su ambientación, sus reflexiones, los acontecimientos que se van sucediendo; todo ello nos envuelve y nos arrastra y hace que la identidad del asesino no capte toda la atención y las expectativas del lector. 
Es además una novela con un fino sentido del humor, un agrio sentido del humor, pero que a algunos, nos reconcilia con algún fantasma y alguna frustración del pasado por medio de una pequeña venganza que nadie pudo nunca materializar. Tendrá que leer la novela quien quiera saber a qué me refiero y andar listo como Carmelo para poder identificarlo.
Esta es la primera novela de la serie (sí ya dije que es una serie. Ya sé que muchos huis de ellas, pero yo, desde luego, me leeré el resto) protagonizada por Carmelo Domínguez. Hay ya una segunda entrega "El alcornoque de los muertos".
Fernando Roye es un autor al que yo desconocía. He sabido de él, gracias a la Editorial "Sinerrata" que me hizo llegar "El caso de la mano perdida", un regalo por el que estoy muy agradecida. Era, además, un regalo sin compromiso. Si no me hubiera gustado, no lo hubiera traído al blog. Pero me gustó y mucho. 
Fernando Roye tiene además otras dos novelas: "Tres ancianos sin ruta" y "I love F-150". Además participa como coautor en un ensayo publicado este mismo año: "El género negro. La globalización del crimen", título sugerente donde los haya para los que amamos el género.
Si más información acerca de la novela, aquí os dejo su enlace en la editorial.


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