Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

jueves, 19 de septiembre de 2019

Sin reseña XVI


Y parece mentira, pero son ya dieciséis entregas de "Sin reseña", ochenta libros comentados en esta sección, de cinco en cinco. Resulta una manera de hablar de todo lo que leo, sin que se me acumulen las reseñas pendientes. Al menos, sin que se me acumulen demasiado, porque algo siempre se acumulan.
Esta vez no todo es negro o policíaco. Hay dos novelas que están aquí sin serlo. Una, "Las deudas del cuerpo", porque forma parte de la serie Las dos amigas y no me apetece hacer una reseña completa de cada una, ya la hice de la primera, "La amiga estupenda"; la otra, "El secreto de mi marido", porque creo que carece de calidad suficiente y para lo que quiero decir de ella, con esto me sobra.

"Justicia uniforme". Dona Leon.
La decimosegunda entrega del comisario Brunetti es una de las que más me han gustado de lo que llevo leído de la serie. En este caso Donna Leon lleva a Brunetti a investigar el supuesto suicidio de un cadete en una academia militar lo que permite a nuestro comisario hacer una dura crítica de ese mundo: "no recordaba haber visto pruebas fehacientes de que la clase militar, italiana o extranjera, fuera muy diferente de la Mafia: mandada por hombres y hostil a las mujeres; incapaz de actuar con honor, o siquiera con simple honradez, con las personas ajenas a sus propias filas; ávida de poder; despectiva con la sociedad civil; violenta y cobarde a la vez". Realmente demoledora.
El joven que aparece ahorcado es hijo de un honrado médico que fue miembro del Parlamento y del que se supone que renunció a la política ante la dificultad de mantenerse en ella y mantener a la vez su honestidad. A pesar de los indicios, Brunetti no termina de convencerse de que el hecho haya sido un suicidio por lo que, en contra de lo que le indica el vicequestore Patta, decide investigar por su cuenta.
Sus pesquisas le llevarán a un mundo de corrupción que no por sabido dejará de sorprenderle y asquearle. "Los fondos públicos estaban ahí para que metiera mano todo el que pudiera, y su saqueo era la suprema prebenda del servidor del Estado". Y lo peor es que se asume, se acepta y pocas veces se llega al fondo de la cuestión y pagan por ello los responsables. Al decir de Brunetti, entre los políticos de los distintos partidos, nadie protesta; hoy se aprovechan unos y mañana les tocará a ellos mismos por lo que conviene que todo siga como está. Entre la población que vota, todo se olvida y/o se perdona porque en Italia, y puede que también en España, por lo que se ha visto, "un escándalo tiene el mismo período de caducidad que el pescado fresco: a los tres días uno y otro están inservibles, el pescado, porque huele mal, y lo otro, porque ha dejado de oler".
Lo que me gusta de esta serie es que, aunque el lector siempre sabe quién es el culpable, pocas veces este encuentra el castigo adecuado. Generalmente se escapa entre los resquicios que la justicia, la política o las influencias y el poder del dinero dejan entre sus tejidos incompletos y defectuosos. Y nuestro querido Brunetti acumula una frustración más, porque él carece de avaricia, carece de ambición, al menos de las típicas ambiciones. Según Paola, su mujer, "él debía de haber venido al mundo sin alguna pieza esencial, porque parecía incapaz de desear algo que no fuera la felicidad".

"Las deudas del cuerpo". Elena Ferrante.
La tercera entrega de la serie "Dos amigas" mantiene el interés y la tensión narrativa que ya se demostró en las dos novelas anteriores: "La amiga estupenda" y "Un mal nombre". En este caso, la narración de Elena Greco nos lleva desde finales de los años sesenta, hasta finales de los setenta; desde su éxito tras la publicación de su libro, hasta su vida de esposa y madre en Florencia, entregada, atareada y sin demasiado tiempo para seguir escribiendo.
Mientras tanto, Lila sigue con su vida de obrera en la fábrica de embutido y entra en contacto con grupos comunistas. Es mayo del sesenta y ocho y parece que el capitalismo y la explotación están a punto de ser vencidos en el mundo. Lila será capaz de vencerlos por sí misma y saldrá de ese mundo sin ayudas revolucionarias. Lila, a ojos de Lenù, se nos muestra como la revolucionaria por antonomasia. Tan revolucionaria que hasta escupe sobre la revolución. Lènu la ve retratada en un libro que lee, "Escupamos sobre Hegel": "Subrayé con fuerza un montón de frases, [...] Escupir sobre la cultura de los hombres, escupir sobre Marx, Engels, Lenin. Y sobre el materialismo histórico. Y sobre Freud. Y sobre el psicoanálisis y la envidia del pene. Y sobre el matrimonio y la familia. [...] Arrancarse del cerebro la inferioridad. Devolverse a sí mismas. No tener antítesis. Moverse en otro plano en nombre de la propia diferencia. La universidad no libera a las mujeres sino que perfecciona su represión. Contra la sabiduría. [...] Liberarse de la sumisión, aquí, ahora, en este presente". Si Lila hubiera estudiado, hubiera sido capaz de pensar de ese modo, reflexiona Lenù.
La relación entre las dos amigas es cada vez más esporádica y difícil. Los mundos de ambas se alejan y cada vez tienen menos en común, pero no dejan de estar pendientes la una de la otra y de prestarse ayuda cuando es necesario. Lenù nos cuenta su vida y la de Lila porque en ese ayudarse se vuelven a encontrar y Lila le contará todo lo que ella ignora y mantendrán sus charlas por teléfono y pocas veces dejarán de saber la una de la otra.
El barrio siempre está presente en sus vidas. Lila vuelve a él, pero a Lenù la persigue en la distancia. Los acontecimientos del barrio le llegan y la trastornan. Tal vez ella está más prisionera del barrio que la propia Lila que vive de nuevo en él.
Una interesante reflexión sobre el papel de la mujer en esos años a caballo entre la década de los sesenta y la de los setenta. 
Una interesante historia que no pierde interés y de la que pronto espero leer la última entrega.

"Todo lo mejor". César Pérez Gellida.
Con esta novela he conseguido reconciliarme con César Pérez Gellida, o mejor dicho, él ha conseguido que me reconcilie. La reconciliación hubiera sido total de no tener esta novela una continuación que se publicará en breve. Cuatro son las novelas que he leído de César Pérez Gellida. Las tres de su trilogía Versos, canciones y trocitos de carne me gustaron, si bien cada vez menos que la anterior, y les dediqué una reseña a cada una. La primera novela de su trilogía Refranes, canciones y rastros de sangre me aburrió y me decepcionó. Ahí terminé con el autor. Pero luego vi esta anunciada y leí algunas reseñas. El hecho de estar ambientada en el Berlín dividido de 1980 fue un factor decisivo a la hora de decidirme a leerla. El otro fue pensar que iba a ser una novela independiente, sin continuaciones ni precuelas.
A poco de leer, descubrí que ella misma era una precuela y ya se me arrugó el ceño. Terminada la lectura que es cuando suelo empezar a indagar sobre novelas y autores hice el nuevo descubrimiento: en noviembre se editará "Todo lo peor", la continuación.
Aparte de todo esto,  he de decir que la novela me ha gustado. Su protagonista es Viktor Lavrov, un miembro del KGB enviado a la RDA para colaborar con la Stasi. Pero el KGB, más que colaborar, controla y manipula. La novela cuenta una historia de espías que recuerda a las novelas de John LeCarré (y ya eso es un gran mérito). El doble juego de Viktor para la Stasi y el KGB constituye una trama compleja y muy bien contada. Tiene la complicación de todas las historias de espías, pero con un poco de atención se sigue perfectamente y no he descubierto errores o detalles sueltos. 
Pero, además, paralelamente a su labor en los servicios de inteligencia, Viktor colabora con Otto Bauer, inspector jefe de la KRIPO (la policía criminal), en la investigación de unas misteriosas desapariciones de niños que nadie encuentra y unos cadáveres que encuentran y cuya desaparición nadie ha denunciado. También esta trama es interesante y está muy bien llevada. 
Ni que decir tiene que leeré la continuación. Espero que no me decepcione de nuevo.

"Sin retorno". Susana Rodríguez Lezaun.
A Susana Rodríguez Lezaun la conocí por una novela que reseñé para la Revista MoonMagazine, "Te veré esta noche". Se trataba de la tercera novela de una serie ambientada en Pamplona y protagonizada por David Vázquez, un inspector de la Policía Nacional. La novela me gustó mucho. La trama policial estaba muy bien llevada y muy bien resuelta, pero lo que me hizo sentir la necesidad de leer el resto de la serie, fue lo relativo a la vida personal de David Vázquez que ya venía de las entregas anteriores. Con bastante retraso ("Te veré esta noche" la leí en diciembre de 2018) le he encontrado por fin hueco a la primera novela de la, por ahora, trilogía.
En "Sin retorno" conocemos a David Vázquez, un inspector nacido y criado en un pueblo de lo Picos de Europa leoneses que llegó a Pamplona hace unos diez años y decidió quedarse en la ciudad. Es un hombre soltero y solo, aunque esa condición terminará en esta novela y comenzará una relación que es la que irá arrastrando en toda la serie. 
Dos tramas se entrecruzan en "Sin retorno". La primera es la de una mujer que harta de malos tratos decide asesinar a su marido fingiendo un incendio accidental. No, no destripo nada. Es lo primero que sabemos, en el primer capítulo, antes aún de conocer a David. La segunda comienza con el asesinato de un hombre en un albergue de peregrinos del Camino de Santiago en Roncesvalles. 
David, que ya ha dado carpetazo al asunto del incendio declarándolo un accidente, se verá obligado a enfrentarse a un asesino brutal en los bucólicos parajes del Camino. Pero no todos los inspectores de la policía de Pamplona tienen muy claro que el incendio se haya debido a causas fortuitas con lo que ese caso también se complica.
Una novela con la que he disfrutado mucho y que confirma totalmente mi decisión de leer la serie entera.

"Los secretos de mi marido". Liane Moriarty.
Tras "Pequeñas mentiras", la novela de la que parte la serie "Big little lies", decidí leer otra novela de su autora, la australiana Liane Moriarty. Alguien que había leído "Lo que Alice olvidó", también de la autora, me había dicho que repetía el esquema de "Pequeñas mentiras": familias de clase media alta, preciosas casas al borde del mar, colegios en los que estudian sus encantadores hijos y padres (más bien madres) muy preocupados por la educación y muy implicados en las actividades escolares. Quería ver si era casualidad o si todas sus novelas son similares. Pues bien, me encuentro en "El secreto de mi marido" con más de los mismo, pero con mucha menos calidad que "Pequeñas mentiras"; incluso esta pierde calidad al ver que, siendo posterior a las dos citadas, sigue siendo más de lo mismo. 
Tres mujeres y sus hijos, cuyas circunstancias se empiezan narrando de forma independiente, terminan confluyendo alrededor del colegio Santa Ángela. Un asesinato sin resolver, ocurrido hace más de veinte años, mantiene visible su estela sobre todos los que conocieron a la víctima.
Visto lo visto, es una autora de la que prescindir, aunque entiendo que sus tramas puedan resultar adictivas por el morbo que destilan. Amor, desgracias y lujo; cuernos, pasiones, accidentes, casualidades y muchos secretos. Y, para colmo, con un capítulo final que reflexiona sobre lo que habría pasado en caso de que... y que pretende darle profundidad a la historia con reflexiones filosóficas del tipo "Ninguno de nosotros sabe los posibles derroteros que nuestras vidas podrían, y quizá deberían, haber tomado. Probablemente esté bien así. Hay secretos que deben permanecer ocultos para siempre. Si no, preguntad a Pandora". No se priva ni de utilizar la mitología.
Best seller en el peor sentido de la palabra.


lunes, 16 de septiembre de 2019

"Claus y Lucas" Agota Kristof

"Venimos de la ciudad. Hemos viajado toda la noche. Nuestra madre tiene los ojos rojos. Lleva una caja de cartón grande, y nosotros dos una maleta pequeña cada uno con su ropa, y además el diccionario grande de nuestro padre, que nos vamos pasando cuando tenemos los brazos cansados.
Andamos mucho rato. La casa de la abuela está lejos de la estación, en la otra punta del pueblo. Aquí no hay tranvía, ni autobús, ni coches. Sólo circulan algunos camiones militares".
Así empieza esta novela, o mejor, así empieza la primera novela de esta trilogía, "El gran cuaderno". Cómo me cuesta llamarla trilogía. No soy capaz de considerarla tal. Las trilogías las suelo leer a saltos, con semanas o meses entre una entrega y la siguiente. Había leído en Facebook opiniones encontradas acerca de este asunto. Algunos recomendaban leerlas de seguido y había quien prefería una lectura salteada con otras cosas. Yo supe desde el principio que la leería toda seguida. La experiencia me ha dado la razón. Ahora no concibo otra manera de hacerlo.

"El gran cuaderno" está escrita en primera persona del plural. Lo cuentan Claus y Lucas como un ente indivisible. De hecho en ningún momento de la novela se les nombra. Si no fuera por el título dado a la trilogía no sabríamos sus nombres. La madre se marcha y deja a los niños a cargo de una abuela que no los conoce. Algo en la relación de la madre y la abuela se rompió hace años y ahora, con el padre en la guerra, cuando en la ciudad ya no hay nada con lo que alimentar a los niños y los bombardeos son constantes, la madre ha pensado que la abuela bien puede ocuparse de sus nietos hasta que la situación mejore.

Y allí se quedan los niños, con una abuela a la que en el pueblo llaman La bruja y que tiene detrás un pasado que se sospecha tenebroso, en una casa que supone un fin y un principio: el fin de la infancia y el principio de todo lo demás; la necesidad de sobrevivir sin volverse loco; el fin de un país y el principio del otro; el fin de la guerra y el comienzo del desencanto. "La casa de la abuela está a cinco minutos andando de las últimas casas del pueblo. Después ya no queda más que la carretera polvorienta, pronto cortada por una barrera. Está prohibido ir más lejos, un soldado monta guardia allí. Tiene una metralleta y unos prismáticos, y cuando llueve se mete dentro de una garita. Sabemos que más allá de la barrera, oculta entre los árboles, hay una base militar secreta, y detrás de la base la frontera y otro país".

Para Claus y Lucas, a los aproximadamente ocho años que les calculo cuando llegan a casa de la abuela, el hambre se ha terminado, pero también la infancia. Allí hay un huerto lleno de verduras y árboles frutales. También hay conejos y gallinas y cerdos y cabras. Nada les va a faltar, salvo su vida y su madre. Enseguida comprenden la necesidad de ayudar a la abuela con todas las labores del huerto y los animales, así como de traer leña del bosque y pescar en el río. No les queda tiempo para juegos. Los ratos libres los emplean en sus "ejercicios", esos que les van a servir para sobrevivir, para soportar las vivencias que una guerra y la soledad pueden acarrear. Ejercicios para soportar el hambre, el dolor, la necesidad de no moverse ni hablar... 

Pero además deciden continuar con su educación para lo que cuentan con el diccionario de su padre  y la biblia  de la abuela. Comprarán un cuaderno en la librería y lápices y papel cuadriculado y empezarán a escribir redacciones que se corrigen uno a otro. "Para decidir si algo está «bien» o «mal» tenemos una regla muy sencilla: la redacción debe ser verdadera. Debemos escribir lo que es, lo que vemos, lo que oímos, lo que hacemos.
Por ejemplo, está prohibido escribir: «la abuela se parece a una bruja». Pero sí está permitido escribir: «la gente llama a la abuela "la Bruja"».
Está prohibido escribir: «el pueblo es bonito», porque el pueblo puede ser bonito para nosotros y feo para otras personas".

Poco a poco, vamos descubriendo en los niños facetas inesperadas, un tanto inquietantes, como inquietante es el final de "El gran cuaderno", pocos años después de terminada la guerra, que nos deja sobrecogidos y abre la puerta de lo que será el resto de la obra. Podría quedar así. Una de esas novelas con un final abierto y estremecedor. Hay muchas. Pero la autora decide darle una entidad nueva y escribe "La prueba".

En "La prueba", con los hermano ya separados, empezará a invadirnos la incertidumbre, la sensación de trampantojo, de que algo no es lo que parece. Ya desde el principio, al menos en mi caso, se empieza a poner en tela de juicio todo lo que leímos en "El gran cuaderno". Y en "La tercera mentira" se cuestiona aún lo contado en "La prueba". La obra es como un palimpsesto sobre otro. Cuando vamos despejando de pintura lo conocido, vamos dejando al descubierto lo desconocido. Tendremos que terminar de leer la totalidad de "Claus y Lucas" para hacernos una idea de lo que sucede, pero mientras tanto, la historia nos atrapará sin remedio.

Agota Kristof
No puedo imaginarme en 1987, habiendo leído "El gran cuaderno" y sin haberse aún publicado "La prueba". Aunque menos aún me imagino tras haber leído esta segunda parte sin tener disponible la tercera. Si la primera coloca las piezas y la segunda hace saltar por los aires el conjunto, la tercera las coloca definitivamente, aunque con otra forma totalmente distinta a lo que hubiéramos esperado. Y es que con "Claus y Lucas", permítaseme que la trate como una sola obra, Agota Kristof construye un edificio y lo sustenta en una base que por momentos se nos vuelve endeble. Es el final, la tercera parte, la que da entidad al conjunto y lo mantiene como un todo firme y bien asentado. Es como un juego malabar en el que continuamente parece que todo se desmorona y se nos viene al suelo, pero el artista sabe lo que hace y mantiene controlado el espejismo continuamente. Se puede concebir la primera parte sola, pero una vez escrita la segunda, la tercera es inevitable.

Y qué decir del momento y el lugar en el que transcurre la historia. Nada se menciona explícitamente, nada nos facilita la ubicación, pero se nos dan pistas. Una guerra, una frontera, unos invasores que para unos son invasores y para otros son amigos; un final de guerra con unos liberadores que para los primeros son liberadores y para los segundos son los verdaderos invasores. "Durante unas semanas vemos desfilar ante la casa de la abuela al ejército victorioso de los nuevos extranjeros, a los que ahora se llama el ejército liberador". Tan extranjeros unos como otros, a los primeros se les saludaba extendiendo la mano derecha, los segundos han separado la iglesia del estado y ya no pagan al cura del pueblo. Tras la marcha de los primeros extramjeros, los niños se dirigen al emplazamiento del campo, de donde ha salido humo y se han oído explosiones durante la noche "Entramos en el campo. Está vacío. No hay nadie por ninguna parte. Algunos edificios siguen ardiendo. El hedor es insoportable. [...] encontramos la entrada. Es una puerta grande de hierro, abierta. Encima está escrito, en lengua extranjera: «campo de tránsito». Entramos. 
Las piras negras que habíamos visto desde arriba son cadáveres carbonizados. Algunos han ardido bien, no quedan más que los huesos. Otros apenas están ennegrecidos. Hay muchos. Grandes y pequeños. Adultos y niños".

Antes de la guerra, la frontera estaba abierta y venían los turistas en verano, había muchos estudiantes y se podía viajar sin problemas al extranjero y a otras partes del país. Después de la guerra ya no hay juventud ni estudiantes en la ciudad y nadie puede entrar o salir de la zona fronteriza sin un permiso especial; nadie puede entrar o salir del país sin un permiso especial. Los cargos políticos están todos al servicio del partido revolucionario y unos años después de la guerra "Se prepara una insurrección en nuestro país. Una contrarrevolución". Pero "algunos meses más tarde reinan de nuevo el silencio, la calma, el orden"

A poca cultura histórica que se tenga, se sabe dónde estamos, cuándo estamos, en qué clase de pesadilla estamos. Y más sabiendo que la autora es húngara. Y sabiendo un poco de la historia de Hungría durante y después de la Segunda Guerra Mundial.

Agota Kristof no tiene una obra extensa y esta trilogía es lo más conocido de ella. Puede que sea ese libro que justifica su nacimiento, el libro del que le hablaba el librero a Lucas cuando le decía: "Estoy convencido, Lucas, de que todo ser humano ha nacido para escribir un libro, y sólo para eso. Un libro genial o un libro mediocre, poco importa, pero el que no escriba nada es un ser perdido, no ha hecho más que pasar por la tierra sin dejar huella alguna". Un libro genial, en este caso, desde mi punto de vista.

Título del libro: Claus y Lucas
Autora: Agota Kristof
Título original: Le grand cahier, La preuve, Le troisième mensonge
Traducción: Ana Herrera y Roser Berdagué
Editorial: El Asteroide
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: El gran cuaderno, 1986; La prueba, 1988; La tercera mentira, 1991
Nº de páginas: 472

viernes, 13 de septiembre de 2019

"Herederos del universo" Ruy Vega

Si en "El proyecto Dream" Ruy Vega nos ponía ante los peligros que podían derivarse de encontrar vida extraterrestre (y no me refiero, ni se refiere Ruy Vega, a la simpleza de encontrar seres hostiles, verdes y con antenas, sino a algo mucho más sutil y verosímil); si en "La señal" abre el camino a lo que podía significar la mítica señal Wow de 1977, fuera de las explicaciones científicas, en "Herederos del universo", son el Proyecto Rosetta y las esferas de Klerksdorp los que reciben un tratamiento especial que también se sale de lo que la Ciencia nos dice de ellos.

Si en "El proyecto Dream" se analizaba el grado de sinceridad para con sus habitantes a la hora de enfrentarse a los problemas los diferentes estados de la Tierra dependiendo de su nivel económico y democrático; si en "La señal" se dirime la conveniencia de poner ciertas realidades en conocimiento del público o mantenerlas en secreto como mal menor, en "Herederos del universo" se puede decir aquello de con la Iglesia hemos topado y nos encontramos con algo que preocupa a la cúspide católica desde hace siglos: demasiada ciencia puede hacer innecesaria le existencia de un Dios que explique lo que ha dejado de ser inexplicable y puede que se les derrumbe el chiringuito por lo que es mejor que las cosas estén lo más ocultas posible. "Lo han ocultado porque temen por los cimientos de la religión. Si se demostrase que la vida llegó a lomos de una civilización extraterrestre, sus creencias se tambalearían. ¿Cómo creer en un Dios que lo creó todo cuando la vida vino gracias a seres de otros mundos?".

En 2023 cuando contratan al psiquiatra James Douglas para tratar a Mark Patinson en el Centro psiquiátrico de alta seguridad de Washington, le dicen que él es el primero que va a tratar al paciente, un antiguo trabajador de la NASA. Pronto empiezan las presiones para que se olvide del encargo y, finalmente, James se entera de que, antes que él, otra psiquiatra, Helena Ford, atendió a Patinson. También se entera de que Helena Ford murió en un accidente de tráfico hace dos meses.

Alrededor de James Douglas empiezan a sucederse las presiones y las muertes, y hasta su presunto paciente, Mark Patinson, trata de convencerle de que se olvide del caso por su propio bien. "Escuche, esta no es su guerra. Si tiene aprecio por su carrera y por usted mismo, hágase cargo de otro paciente [...] Yo no necesito nada de todo esto. Mi caso solo le traerá desgracias". Pero el doctor Douglas no es un hombre que abandone a sus pacientes. Ya lo hizo una vez hace años y no ha dejado de arrepentirse. Además es demasiado tozudo como para que alguien le obligue a hacer algo en contra de su voluntad. 

Con muchas trabas y poca ayuda, James Douglas continúa su ardua labor para sacar algo en limpio de Patinson que se muestra muy poco colaborador y llega a creer que el psiquiatra trabaja para los mismos que le han encerrado. Y es que enseguida vemos que hay un complot para que nadie llegue a saber nada real de las actividades de Patinson: la gerente del psiquiátrico, Elena Sawvert, trata de convencer a Douglas de que se encargue de otro paciente y abandone a Patinson. El comisario de policía, Sam Rakitic, que aparece a partir del primer asesinato que se produce, pone toda clase de trabas e intenta culpar del crimen al psiquiatra. 
"Diario del psiquiatra james Douglas
12 de junio de 2023
23:13 h
Hoy me ha llamado el comisario Rakitic. Es policía, pero no es de fiar. No, no lo es. Cada vez que hablo con él tengo la sensación de que me está amenazando. Creo que está metido en todo esto".

La ayuda es escasa y con pocos recursos. Victoria Muller, otra psiquiatra que tuvo en el pasado una relación con James Douglas, ya está acostumbrada a que este solo se ponga en contacto con ella cuando la necesita y aun así, no duda en ayudarle poniendo en peligro su propia vida y llegando incluso a cometer chantaje. El padre de la desparecida Helena Ford, se resistirá hasta que James le convence con argumentos que le tocan la fibra sentimental y se persuade de las buenas intenciones del psiquiatra que ha sustituido a su hija en el tratamiento de Mark Patinson. 

Pero la verdadera ayuda vendrá de una fuente anónima que se cuela en el teléfono y en el correo electrónico de James y le va dando datos que le ponen en la pista de varios asuntos, algunos reales, históricos, como el Proyecto Rosetta o las esferas de Kerksdorp, pero otros que se nos escapan y que no dejan de ser la parte de ficción de la novela, como el Proyecto Vitae.

Refresco mi memoria sobre el Proyecto Rosetta que me suena mucho de informativos pretéritos (tampoco tanto) y recuerdo que fue una sonda que la Agencia Espacial Europea envió a un cometa, el 67P/Churiumov-Guerasimenko, resumido, 67P. El largo nombre se debe a su descubridor,  Churiumov, y a que lo descubrió utilizando imágenes de Guerasimenko que, por cierto, era una mujer de nombre Svetlana. La sonda envió al cometa un módulo de aterrizaje provisto de toda clase de aparatos para un estudio minucioso del mismo.

Esferas de Klerksdorp
Sobre las esferas de Klerksdorp no tenía ni idea por lo que me informo por primera vez. Son unas esferas metálicas, de pirita, de un diámetro de entre 2 y 10 centímetros, que se encontraron en Sudáfrica, en estratos de hace 2800 millones de años. Son de esos objetos clasificados como Oopart (Out of place artifact) es decir, objetos que contradicen la edad que los estratos en que se han hallado les adjudican, en este caso 2800 millones de años. Los científicos las atribuyen a nódulos metamórficos de pirita de origen totalmente natural, pero su forma y los surcos perfectos de su perímetro, así como otros datos que se leen por la red y que no sé si son ciertos (como el hecho de que "albergan en su interior un material esponjoso que al entrar en contacto con el oxígeno del aire, se desvanece rápidamente"), hace que se desaten toda clase de teorías en el sentido de que no pueden ser de origen natural por lo que habrían sido formadas por vida inteligente. 

Con estos mimbres y mucha imaginación, Ruy Vega fabrica una historia intrigante por momentos. De Washington nos llevará a París y al Vaticano, porque la Iglesia aparece como parte interesada en que las cosas sigan como están y en que nada de lo sucedido en el Proyecto Vitae (parte secreta del Rosetta) vea la luz. Y es que los planteamientos de Ruy Vega nunca son inocentes. No se conforma con entretener e intrigar al lector. Va más allá. En este caso, plantea la polémica histórica entre Ciencia y Religión: la Ciencia necesita saber y mostrar lo que se descubre, "No les entiendo. permitan que se conozca la verdad, entonces la gente podrá optar por el camino que desean ir"; la Religión necesita ocultar, necesita misterios que mantengan la fe y la necesidad de un Dios que por momentos se difumina sumido en la más absoluta inanidad. Y necesita convencer y convencerse de que lo hace por el bien de las personas. "Las cosas están bien así, no las compliquemos. Ofrecer caminos que son falsos, creo que me entiende, no es ayudar a la sociedad"

Y sin embargo, no debería haber esa dicotomía. Y lo digo yo, que soy agnóstica total. Cuando en clase explico el origen del universo o de la vida, si algún alumno me habla de la creación y de Dios, siempre les digo lo mismo. "Yo no creo, pero estas teorías no se contradicen con Dios y su creación. Se puede pensar que Dios ha permitido la evolución hacia el ser humano o que él hizo explotar el huevo primigenio". Veo que Ruy Vega tiene una idea muy similar, o al menos la tiene uno de sus personajes, "La teoría del Big Bang no la niego, pero dígame, ¿acaso no debió alguien crear lo que dio origen a todo? [...] y ese alguien, como sabe, es Dios"

Ruy Vega
Como en sus anteriores novelas, la forma narrativa se construye en capítulos muy cortos, a base de llamadas de teléfono, correos electrónicos, mensajes de voz, noticias de prensa y radio, diarios personales, etc. Estos medios se detallan en el título del capítulo junto a la fecha y la hora.
"Correo del psiquiatra James Douglas
18 de junio de 2023
9:10 h"
Pero cada vez más, utiliza como título una ubicación en la que se desarrollará una conversación entre distintos personajes. Va abundando también más en sus novelas, la narración en tercera persona. 
"Hotel San Gotier-París
8 de julio de 2023
11:15 h (horario de París)"

Y así se construyen las historias de Ruy Vega, poco a poco, con retazos de todo tipo de información, avanzando lento, pero seguro. Como seguro es que ya estará preparando la siguiente. Y yo, esperándola.

Título del libro: Herederos del universo
Autor: Ruy Vega
Editorial: Atlantis
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2019
Nº de páginas: 360


martes, 10 de septiembre de 2019

"Una bala con mi nombre" Susana Rodríguez Lezaun


Mi primer encuentro con Susana Rodríguez Lezaun fue también para una reseña para la Revista MoonMagazine. Se trataba de "Te veré esta noche", la tercera entrega de su serie sobre el inspector David Vázquez de la Policía Nacional de Pamplona. Me gustó mucho la novela y me quedé con muchas ganas de seguir con la trilogía. Justo cuando terminaba de leer la primera entrega de la serie, "Sin retorno", me llegó la última novela de la autora que nada tiene que ver con David Vázquez y cuya reseña ha publicado también la Revista MoonMagazine hace unos días.

En dicha reseña, entre otras muchas cosas digo: "Con Una bala con mi nombre, novela que está maravillosamente escrita además, Susana Rodríguez Lezaun cambia el registro al que nos tenía acostumbrados. Deja atrás a David Vázquez, el inspector de policía de Pamplona y deja atrás el género policíaco y la tercera persona y hasta deja atrás España para adentrarse en la novela negra, en el thriller con reminiscencias de cine negro en el más puro blanco y negro de la costa este americana; para adentrarse en la narración en primera persona, la que no admite distancias ni objetividad, la que es capaz de mostrarnos, sin eufemismos ni desapegos, en lo que se convierten las personas cuando lo único que les queda por perder es la vida y están empeñadas en mantenerla".

Y es que, además de una trama compleja y que engancha desde el principio, trata de la evolución de un personaje en principio gris, tranquilo y anodino, cuando se ve en una situación límite.

No voy a adelantar más. Quien quiera saber algo más de esta sorprendente novela tendrá que leer la reseña en la Revista MoonMagazine:




Título del libro: Una bala con mi nombre
Autora: Susana Rodríguez Lezaun
Editorial: Harpercollins
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2019
Nº de páginas: 304

sábado, 7 de septiembre de 2019

"Querido Miguel" Natalia Ginzburg

"Una mujer llamada Adriana se levantó de la cama en su nueva casa. Estaba nevando. Aquel día era su cumpleaños. Cumplía cuarenta y tres. La casa estaba en pleno campo. A lo lejos se veía el pueblo sobre una pequeña colina. El pueblo estaba a dos kilómetros. La ciudad a quince. Hacía diez días que la mujer se había venido a vivir a esta casa. Se puso una bata de encaje color tabaco". Pero esta no es la historia de Adriana. O sí, porque Adriana nos cuenta su historia a través de Miguel, y a través de Miguel nos cuentan su historia y la historia de Adriana el propio Miguel y Angélica y Osvaldo y Mara. Y nos cuentan sobre todo la historia de Miguel, al que todos escriben y al que todos se refieren. Y es también la historia del padre de Miguel y de sus hermanas y de su tía. Es, en definitiva, la historia de una familia (y algún amigo especial) que gira en torno a Miguel, el único varón, el hijo y hermano perdido primero en su sótano, después en Londres y finalmente en una calle de Brujas.

La novela está escrita en forma de cartas, pero no solo. Comienza, como se ve en el fragmento citado, con un narrador en tercera persona, pero enseguida el narrador nos cuenta la primera carta de Adriana a Miguel: "Luego se sentó delante del buró y se puso a escribir una carta al único hijo varón que tenía. Querido Miguel —decía—. Te escribo sobre todo para decirte que tu padre no está nada bien. Vete a verlo. Dice que hace mucho que no te ve. Yo estuve ayer. Era primer jueves de mes. Le estuve esperando en el café Canova y me telefoneó allí su criado para decirme que se encontraba mal".

Por la fecha de las cartas sabemos que estamos entre 1970 y 1971. En diciembre de 1970, recién empezada la novela, Miguel sale huyendo para Londres por cuestiones políticas. La época y alguna referencia de su madre y de él mismo nos hacen pensar que pueda colaborar con las Brigadas Rojas. Pero no es un tema importante en la novela. Esta es más bien una historia de relaciones entre unas cuantas personas contadas sobre todo por medio de cartas. Unas relaciones o unas no-relaciones que transmiten, sobre todo, mucha soledad. Todos los personajes están solos, aunque se relacionen unos con otros. Tal vez por eso se emplean las cartas para relacionarse unos con otros. Tal vez por eso lo que se cuentan unos a otros en esas cartas son desencuentros y relaciones frustradas 

Adriana está tan sola que se ha llevado a vivir con ella a Matilde, la hermana de su marido del que lleva años separada. Con ella viven también sus dos hijas gemelas, pero ellas, como adolescentes que son, no le hacen mucho caso. Acaba de mudarse de casa porque en la antigua le termina de sobrevenir el último abandono, la última renuncia a la que se ha visto obligada.

Miguel, está tan solo en su exilio londinense que se casa por sorpresa con una mujer bastante mayor que él. Miguel escribe alguna carta, pero sobre todo lo conocemos por referencias del resto. Miguel es el astro a cuyo alrededor giran todos y gira esta historia, como no podía ser de otra manera y así lo percibimos ya en el título. Miguel es el ser al que todos quieren, el nexo entre todos, el que los reúne en su ausencia para combatir su ausencia.

Osvaldo está separado de su mujer, pero sin llegar a desvincularse de ella, tan solo que visita todas las tardes a Adriana, tal vez para compartir la añoranza de Miguel que es mucha según su hermana Angélica, "no creo que a Osvaldo le interesen las mujeres. Me da la impresión de que es un homosexual reprimido. También me da la impresión de que está enamorado de ti, aunque sea de forma oscura e inconsciente", le dice a Miguel en una de sus cartas.

El padre está solo y enfermo en manos de un criado un tanto inepto. Echando de menos a Miguel, el único hijo que consideró merecedor de vivir con él cuando se separó de Adriana, seguramente por ser el varón. De las hijas poco quiere saber "a las gemelas no las aguanta; y tampoco creas que aguanta mucho a Viola ni a Angélica". Las gemelas y Viola, tres personajes con poca voz, una carta de Viola a Mara, nada de las gemelas. Tan solo se las conoce por las referencias en las cartas y por el narrador. 

Mara... menudo personaje. Egoísta, caprichosa, quejica. Se considera merecedora de toda clase de favores y dádivas. La conocemos nada más empezar la novela por boca de Adriana en su primera carta a Miguel: "he recibido una carta de una persona que dice llamarse Mara Castorelli y haberme conocido el año pasado en una fiesta que diste en tu sótano. [...] La tal Mara me pide que la ayude a encontrar un trabajo. Me escribe desde una pensión en la cual, no obstante, no puede quedarse porque le sale muy cara. Dice que ha tenido un niño y que le gustaría venir a visitarme y traerme esa hermosa criatura para enseñármela". Mara siempre está viviendo de prestado, en casas que le dejan, en trabajos que le consiguen, con dinero que le dan unos y otros. Y siempre se está quejando: las casas son invivibles, los trabajos malos y mal pagados, las donaciones económicas, escasas. Llega a cansarme, a aburrirme su dependencia, su continuo desagrado ante todo lo que obtiene sin merecerlo ni haberlo ganado y sin embargo no se puede negar que Mara es honrada. 

Empiezo a pensar y veo que Mara es la única que se comporta con naturalidad. Aunque eso sí, con una naturalidad a la que no estamos acostumbrados. No se resigna a la soledad ni a la pobreza; lucha como puede y sabe para salir adelante; ante lo que cualquiera pensaría y se callaría, ella se manifiesta, manifiesta su descontento. Nos cansa y satura, pero si algo se le tiene que admitir es que no miente. Ni sobre el origen de su hijo, ni sobre sus sentimientos, ni sobre sus anhelos. En medio de sus exigencias, Mara es honrada. Finalmente, llego a sentir por ella una confusa ternura que nunca hubiera imaginado.

Natalia Ginzburg
Toda la novela destila nostalgia; nostalgia de un pasado que se fue, nostalgia de un hijo y hermano al que se ha conocido poco, pero del que Adriana y Angélica se han creado una imagen, distinta cada una, y que poco o nada tiene que ver con la realidad. Miguel es para ellas el mayor de sus enigmas. Pero añoran esa imagen que se han creado. "Yo no te he educado. Cómo te iba a educar si no estaba. [...] Tu padre, por supuesto, tampoco te educaba, porque se le había metido en la cabeza que eras educadísimo de nacimiento. Con lo cual a ti no te ha educado nadie". Y Miguel vive así, un poco dando tumbos, revolucionario, pero no demasiado; pintor a medias; tal vez, padre; casado, muy poco; hijo y hermano, en ausencia.

Natalia Ginzburg, a la que solo conocía de "Todos nuestros ayeres", nos regala una historia muy sencilla en la forma, con esa sencillez que se utiliza en las cartas a personas cercanas; y muy sencilla  aparentemente en el fondo, pero con mucho más contenido y más complejo de lo que parece en principio. Una novela que rezuma tanta añoranza que nos araña el alma y nos regala frases repetidas con distintas palabras maravillosas, en boca de distintos personajes, pero que transmiten de forma rotunda el desarraigo, la soledad y la desolación de los personajes:
"Se acostumbra uno a todo —dijo Angélica—. Cuando ya nos hemos quedado sin nada".
"[...] nos consolamos con nada, cuando ya no tenemos nada". En palabras de Osvaldo.

Esta novela entra en el III reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1980. "Querido Miguel" está publicada en 1973. 


Título del libro: Querido Miguel
Autora: Natalia Ginzburg
Título original: Caro Michele
Traducción: Carmen Martín Gaite
Editorial: Acantilado
Año de publicación: 2003
Año de publicación original: 1973
Nº de páginas: 224

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