Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

viernes, 21 de febrero de 2020

"Jauja" Use Lahoz

"Jauja. Su padre y su abuelo utilizaban esa palabra para referirse a la abundancia. Y ella creció con ella, con aquel término, y su contrario, la carencia. Aún recuerda la primera vez que la pronunció en el bar de Montalbán, delante del amigo de su padre, Melchor, aquel hombre chistoso que la invitó a un Kas y a unas patatas". Y que cambiaría su vida para siempre. Si aquel día sintió que Jauja era aquella bolsa de patatas y aquel Kas, anoche se dio cuenta de que era en ese mismo momento, por primera vez, cuando realmente supo lo que era Jauja. Anoche en el escenario, tras el estreno de "El jardín de los cerezos", cuando tuvo ante sí el aplauso y la entrega del público, cuando sintió que había triunfado plenamente en su papel de Liuba, entonces fue cuando sintió realmente lo que era Jauja. Claro que no es lo mismo el país de Jauja a los siete años que a los cuarenta. Los niños se conforman con menos. Una golosina, un sencillo juguete puede resumir el paraíso mejor que los mayores triunfos adultos porque los gozos infantiles lo son plenamente, nada los enturbia. "De niña una sale a la calle y estrena el mundo cada día, [...] ¿Cuándo se deja de estrenar el mundo? Cuando era niña estaba en paz con las costumbres, con la repetición de los días". La infancia le perdona a la vida sus pequeñas ofensas, las olvida. Cualquier logro es la plenitud del gozo, cualquier exceso que rectifique las carencias nos hace felices sin paliativos. Cualquier alegría se convierte en Jauja.  En la infancia de María casi todo era Jauja porque jauja era aquello de lo que se carecía y se carecía de casi todo.

Hace muchos años María consideraba que conseguir un Chejov sería Jauja. Ahora por fin, lo ha conseguido. María ha interpretado a Liuba Andreievna y ante su éxito, por fin, se siente en Jauja. "Ya tenía el Chéjov, ¿pero qué significa ahora jauja? [...] Jauja, otra más de las palabras cuyo significado se transmuta. Mientras sopesa qué hacer enciende el primer cigarro y hace acopio de las palabras que tienen hoy significados distintos a los que tuvieron cuando las estrenaba: amor, libertad, amistad, deseo, pasado...". Y es que María, como Liuba,  ha ido acumulando pérdidas. Anoche mismo, a pocos minutos de los aplausos y el éxito, jauja se transmutó en pura realidad cuando supo que su padre había muerto. 

Y ahora, después de tanto tiempo de haber roto toda relación con su padre, con el pueblo, con los abuelos, se verá en un viaje de ida y vuelta hacia el pasado y hacia el lugar de su infancia. Porque eso es esta novela, un viaje en el espacio y en el tiempo. Un viaje de ida (primera parte) y vuelta (segunda parte) hacia lo desconocido y hacia el desplome de lo que se creía conocer. Rafelín, un antiguo vecino y compañero de correrías infantiles en el pueblo, se ha molestado en buscarla en Barcelona para darle la noticia de la muerte de Teodoro. A pesar del tiempo y de la falta de relación, María decidirá ir al entierro. Y ese viaje relámpago (María tiene función todas las noches) es lo que nos cuenta la novela, y con el viaje, recuerdos, conversaciones, espejismos que nos llevan a través de los años, en saltos hacia atrás y hacia adelante, desde 1955 hasta 2016.

Teodoro huye del pueblo muy joven. Huye de las burlas de sus amigos y de los cuchicheos de los vecinos acerca de su familia, de su hermana... Pablo Peñalver, el ingeniero que vino a construir la presa y que lo acogió como protegido, se lo llevará a Barcelona. Pero Teodoro volverá al pueblo, y lo hará más de una vez, y la última, para quedarse. María no huirá del pueblo por propia voluntad. Para ella perder el pueblo y a los abuelos es la pérdida del paraíso infantil, pero gracias a esa huida involuntaria, su vida se abrirá a nuevos horizontes. Será muy joven cuando decida que no quiere saber nada más de aquellos que hasta entonces habían sido sus familiares más cercanos y queridos, y tendrán que pasar muchos años y tendrá que morir Teodoro para que María regrese al pueblo, pero nunca se planteará quedarse en él. Las cadenas que su padre no logró romper, ella las ha hecho saltar por los aires hace mucho tiempo, aunque se le hayan quedado pegadas a la culpa. "Volveré pronto, volveré pronto a verles [...]Y entonces sí, entonces, sin que se la llegue a entender por culpa del estremecimiento, no puede contenerse y abrazando torpemente a los dos, añade—: Perdón, perdón, lo siento, de verdad que lo siento...".

En este viaje de ida y vuelta sabremos de secretos que se quisieron ocultar y fue imposible y de los que se han mantenido escondidos y solo ahora salen a la luz; las promesas que se hicieron por agradecimiento y le encadenaron a uno para siempre y las que se hicieron por amor y terminaron por romper el corazón de quien las hizo. Y sabremos de la tragedia que supone negarse la felicidad para evitar la frustración de perderla y la tragedia aún mayor de percibir la propia vida como un fracaso total. "el pasado, y ahora no sé si lo he leído o me lo invento yo, es una mina de sorpresas, cada cual lo adorna como quiere, salvo cuando no hay cómo hacerlo, porque todo él ha sido un error".

María, como Liuba, ve desaparecer la felicidad con el pasado. María, como Liuba, ve alejarse su infancia, su pueblo, su jardín "—¡Adiós, casa! ¡Es hora de irnos!... Adiós, vida pasada... ¡Oh, mi querido, mi delicioso, mi bello jardín! Mi vida, mi juventud, mi felicidad... Adiós".

Use Lahoz
"Jauja", la cuarta novela que leo de Use Lahoz, enfrenta como ninguna de las otras tres, la diferencia entre la vida en una gran ciudad y la vida en un pequeño pueblo. Ambas tienen sus ventajas y sus inconvenientes y si bien, es la vida en la ciudad la que puede abrir más posibilidades y anular la opresión de vivir rodeado por gentes que conocen demasiado bien todos los secretos de cada cual, no es menos cierto que la pérdida de esos pueblos familiares y asequibles tiene un algo de expulsión del paraíso a la que nadie que haya vivido en ellos se puede sustraer.  

"Jauja" me ha gustado y creo que es una novela que merece la pena leerse, pero me ha parecido menos original que las otras del autor, con un tipo de historia y una forma de contarla que nos suena a ya leído, con mucho de previsible. Alguna escena me ha parecido un tanto excesiva y alguna otra, folletinesca en parte, pero aun así, no desaconsejaría su lectura.

Título del libro: Jauja 
Autor: Use Lahoz 
Nacionalidad: España 
Editorial: Destino
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2019
Nº de páginas: 464

martes, 18 de febrero de 2020

"El cielo enjaulado" Christine Leunens

"El gran riesgo de mentir no estriba en que las mentiras sean falsedades, y, por tanto, irreales, sino en que se vuelven reales en la mente de los demás [...] Han pasado muchos años desde que sembré las mentiras y, por consiguiente, de las vidas de las que hablo. Pero tendré que separar las ramificaciones con más cuidado que nunca y determinar cuáles brotaron de la verdad y cuáles de la falsedad". Quien así habla es Johannes Betzler, nacido en Viena en 1927 y que se dispone a contarnos una historia en la que, efectivamente, es difícil saber hasta dónde llega la verdad y dónde empieza la mentira, porque los sucesos a los que vamos a asistir tienen mucho de esperpéntico o tal vez lo tienen solo por la forma en que se narran y son todos ciertos. Nos quedaremos con la duda, pero la historia tiene poco desperdicio.

Johannes tiene casi once años (le faltan trece días para cumplirlos) cuando tiene lugar el Anschluss, la anexión de Austria a la Alemania nazi como una provincia más del Reich, el 12 de marzo de 1938. A Johannes le fascina toda la parafernalia nazi sin saber lo que es. La primera vez que se encuentra con ella es aquel día, poco antes de su cumpleaños, en que salía del zapatero con su padre. En la Heldenplatz ve más gente de la que ha visto nunca en su vida y a un hombre gritando a voz en cuello desde un balcón. Aquel hombre le impresiona enormemente y le impresiona su furia, que compartía con la masa, a la vez que su entusiasmo. Pero cuando le pregunta a su padre quién es ese hombre, su padre, pensativo y ensimismado, no satisface su curiosidad. "Ese hombre —me contestó, mientras me rodeaba con un brazo y me estrechaba afectuosamente, sin mirarme— es alguien que no le concierne a un niñito como tú, Johannes".

Los padres de Johannes son de los pocos vieneses que están en contra del Anschluss. Hasta su abuela paterna es favorable pensando que la anexión de Austria a Alemania le dará a Viena la grandeza perdida que tuvo como capital del imperio Austro húngaro. Con un "noventa y nueve coma treinta por ciento" a favor de la anexión, los cambios se suceden rápidamente. Cambian los profesores, cambian los libros de Historia, cambia el mapa y "Austria fue borrada y convertida en Ostmark, una provincia del Reich".

A pesar de la oposición de sus padres, Johannes se deja fascinar por la nueva ideología que le enseñan en la escuela. Se entera de que su raza es la más selecta y pura y de que no tiene suficientes tierras para expandirse; no tiene suficiente Lebensraum, "espacio vital". Su padre estaba equivocado y aquel hombre que vio en la Heldenplatz sí que les concierne y les necesita a todos, incluso a los niñitos como él. Y aprende más cosas como que los negroides están más cerca de los simios que de los hombres y que la raza más temible de todas es la llamada judisch. "Empecé a sentir un temor clínico a los judíos. Eran como los virus que nunca había visto, pero causaban la gripe y otros padecimientos, según me habían enseñado". A pesar de sus padres que abogan por la diferencia y la mezcla, Johannes ingresa en la Jungvolk, la sección infantil de las Hitlerjugend o Juventudes Hitlerianas.

La guerra supone para Johannes, dedicado a la defensa antiaérea, un campo de juegos interminable . Cada vez vuelve menos a casa para alivio de sus padres que no consiguen conectar con el nazi en miniatura en que se ha convertido su hijo. Hasta que el juego se manifiesta realidad y la realidad de una guerra deja claro que no es tiempo de juegos. Despierta en un hospital con su madre llorando a su lado y heridas mucho más graves de lo que puede suponer en un principio. "Había perdido el pómulo bajo el ojo izquierdo, y me faltaba parte del brazo del mismo lado, que no podía mover por el hombro ni por el codo".

A partir de ese momento, Johhannes pasará mucho tiempo en casa. El suficiente como para darse cuenta de que algo raro sucede y descubrir que su madre esconde a una chica judía, Elsa Kor. A partir de ese momento, y durante muchos años, la vida de Johannes estará vinculada a la de Elsa. Al primer momento de temor, pensando que Elsa pueda pertenecer a su familia, "¿sería quizá que alguno de mis antepasados, uno solo, era judío? La idea de no ser ario puro fue lo más devastador", se sucede un trato con la chica que le lleva a enamorarse de ella, pero con un amor tan tóxico, posesivo y egoísta que se apodera de ambos. Johannes se convierte en el guardián, protector y amo de Elsa y el sentimiento egoísta y emponzoñado que tiene hacia ella, se apodera del propio Johannes que terminará tan encerrado y prisionero como ella.

La vida de Johannes y Elsa avanza a lo largo de los años con una dependencia total entre ambos. Si Elsa necesita a Johannes para sobrevivir, Johannes necesita a Elsa para no perder el sentido de su vida ni los amarres que lo anclan al mundo. Si en un principio se planteó denunciar a sus padres "no por la gloria de mi acción, sino porque al oponerse al Führer, se estaban oponiendo a lo que era bueno y correcto. Sentía que mi deber era proteger al Führer de sus enemigos", pronto esa idea quedó descartada y se vio él mismo contribuyendo a la supervivencia y ocultamiento de la joven judía.

Y a eso se dedicará durante muchos años, a "amar", a su manera, a Elsa, a sentirse amado y odiado por ella, a no saber al final quién ha tenido a quién prisionero, porque si ella no podía salir a la calle, él tampoco ha podido hacer una vida alejado de ella. Johannes no sabe si ella ha vuelto en contra de él sus propias mentiras o si ha sucumbido a ellas totalmente engañada. "Ella me había tenido encerrado todos esos años, ¡era ella quién me había aprisionado y torturado! ¡Se había concedido el placer de contemplar la verdad fermentando en mi interior, hasta que me brotó como espuma por los labios y la piel!". Pero el resultado es el mismo: dos personas prisioneras de sus mentiras o de sus verdades, engañadas o que se han dejado engañar. Y es que, como dice Johannes al inicio de la novela, palabras con las que abro esta entrada, las mentiras escapan de la voluntad de quien las emite, toman vida propia y son como semillas que germinan y crecen y cuyas ramas envuelven, aprisionan y ahogan incluso a su emisor. 

Christine Leunens
Christine Leunens es una autora curiosa. Nacida en Estados Unidos, de padre belga y madre italiana, ha pasado casi toda su vida entre Francia y Nueva Zelanda. Ha trabajado como modelo para firmas conocidas como Givenchy o Paco Rabanne y ha posado para Marie Claire y Vogue. Ha vivido en una granja criando caballos. En 1999, con más de treinta años, publicó su primera novela, "Sopa primordial". También ha escrito guiones.

Conocí "El cielo enjaulado" gracias a la reseña de la película "Jojo Rabbit" en el blog de Miguel Pina "Cine y críticas marcianas". Me interesó mucho el tema de la película y cuando vi que estaba basada en un libro, quise leerlo antes de verla. Por lo que nos cuenta Miguel, veo que muchos detalles del libro han sido cambiados. Es algo que no me importa. Si la película es buena y transmite la mitad de sensaciones que me ha transmitido el libro, los cambios los acepto alegremente.

Título del libro: El cielo enjaulado
Autora: Christine Leunens
Nacionalidad: Estados Unidos
Título original: Caging skies
Traducción: Claudia Conde
Editorial: Espasa
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2004
Nº de páginas: 368

sábado, 15 de febrero de 2020

"Las hijas de otros hombres" Richard Stern

"Hasta el día en que el señor Merriwether se marchó de casa —un mes después de su divorcio—, los Merriwether parecían una familia serena e ideal. Padres e hijos se reunían con frecuencia en el salón para leer en sus rincones preferidos: Priscilla, junto al resplandor del fuego, y los otros a la luz de viejas lámparas de bombillas protegidas por pantallas de cristal rosa y ámbar. Con el paso de los años, el calor del fuego había abombado el papel pintado a rayas de la pared, y, junto con otras presiones, había formado bultos en los sillones y sofás de velludillo". La casa de los Merriwether nos envuelve en su muelle calor de hogar. Dan ganas de encerrarse en ella, dejarse mecer por la dorada caricia del fuego y leer a la luz rosa y ambarina de sus antiguas lámparas. La casa de los Merriwether nos podría engañar si no fuera porque desde la primera página sabemos que todo termina cuando el señor Merriwether abandona la casa un mes después de su divorcio.

Robert Merriwether proviene de una familia en la que jamás ha habido un divorcio y la idea de hacer daño a sus hijos, sobre todo a los dos pequeños que aún viven en casa, se le hace insoportable, pero también piensa "que quizá su vida de casado los estuviese envenenando". Y es que la relación entre Sarah y Robert hace ya mucho tiempo que en nada se parece a una relación de pareja y Robert ha empezado a manifestar tendencias sospechosas. "Sarah llevaba meses especializándose en los movimientos de su marido. Clasificaba sus gestos, comprobaba sus facturas, tomaba nota del traje nuevo, de las corbatas más brillantes, de las nuevas capas del peinado. Hacía quince años que Merriwether no pasaba tanto rato «en el laboratorio»". Y, lo que resultaba más sospechoso "hacía tiempo que él había dejado de pedirle lo que hace aún más tiempo ella empezó a negarle".

Los Merriwether viven en Cambridge, Massachusetts, a finales de los años sesenta y Robert da clases de fisiología en la Universidad de Harvard. Y sí, desde el verano Robert tiene una amante. Una amante muy joven, una estudiante llamada Cynthia Ryder que pasó por su consulta en la Universidad una semana antes de que el hombre pusiera los pies en la Luna. Una semana antes de que tres astronautas conquistasen el satélite como culminación de una década de descubrimientos sociales y culturales, Cynthia Ryder conquistó a Robert Merriwether mientras Sarah y los niños estaban en la casa de verano de los padres de ella en Maine y él mataba el tiempo en Cambridge, ausentes los amigos, frecuentando el laboratorio donde investiga sobre la neurofisiología de la sed y actuando tres veces por semana como médico para los estudiantes del curso de verano. 

Y podría parecer que la novela trata del típico amor adúltero entre un cuarentón y una joven casi adolescente, pero no es de eso de lo que trata. Y no lo es por una doble razón. Primero, porque de típico no tiene nada este amor. Ni Merriwether es un pervertidor o un conquistador al uso, ni Cynthia es una inocente jovencita atrapada en las redes de un hombre más viejo y más sabio que ella. Más bien se podría decir que es Robert quien cae en las insistentes y poco sutiles trampas de Cynthia. Aunque puede que Cynthia a quien busca en los brazos de Robert sea a su padre. Un señor Ryder más cercano y asumible que el verdadero. Segundo, porque además más que del amor adúltero y desigual entre ambos, de lo que trata esta novela es del final de una relación, es del final del amor entre Robert y Sarah tras más de veinte años de matrimonio y con cuatro hijos. 

A pesar de Cynthia, a pesar de su alejamiento de años, Robert no se ha planteado romper con Sarah. Sarah es la estabilidad, el bienestar de sus hijos, el reparto del trabajo en pareja. Siempre le queda volver a "a Sarah, a la Sarah prefuriosa, decente, directa, generosa; a la idea de envejecer junto a ella, de ver cada acontecimiento empapado en recuerdos. Los sentimientos más profundos crecían donde enrojecía el follaje nervioso, en la espesura de las dendritas. Ninguna relación nueva podría disfrutar de aquello. Tardaría veinte años en llegar a eso con Cynthia". Pero cuando la relación con Cynthia se hace de dominio público, nunca mejor dicho, cualquier vuelta a sus recuerdos y a la idea de un matrimonio estable aunque no muy apasionado salta por los aires. La sociedad de Cambridge es capaz de ser muy solidaria y presumir de votos muy elevados de solidaridad, honor, nobleza y caridad, pero su moral colectiva es mucho más ancha que la moral individual de cada uno de sus miembros capaces de no estar a la altura cuando de infidelidades y adulterios se trata. Y aunque Robert sería capaz de renunciar a Cynthia y quedarse con la seguridad añeja pero conocida de su hogar y su familia, Sarah no va a perdonar un delito que ha quedado a la vista de todos. Sobre todo cuando ya la relación lleva tiempo haciendo aguas.

Sarah siente que ha renunciado a muchas cosas para entregarse a veinte años de matrimonio y cuatro hijos. Renunció a su trabajo para encerrarse en una casa que odia, cuidando niños, manteniendo las vetustas estructuras de la casa familiar heredada por su marido; con este siempre ausente, en su laboratorio, en sus clases, en sus congresos, en su propia vida que cada vez se ha ido alejando más de ella. Ahora, con su infidelidad, el espacio, vacío entre ambos hasta hace poco, se ha llenado de cristal, de esquirlas de cristal que se clavan y duelen. "Aquella vieja división del trabajo o del amor se había convertido en cristal y clavos. Todo lo que los había unido ahora los separaba. Allí, en la rinconera que quedaba junto a la iluminada cocina, que quedaba junto al comedor con revestimiento de madera, que quedaba junto al vestíbulo, que quedaba junto al salón, que quedaba junto al salón acristalado, que quedaba junto a la planta baja de la vieja casa, allí, en aquel rincón seguro, frío y cristal". Una maravillosa descripción de los espacios cotidianos que se van llenado de un vacío afilado y lesivo.

Richard Stern
No conocía de nada a Richard Stern. "Las hijas de otros hombres" recién editada por Siruela en 2019 es su primera obra traducida al castellano. También está considerada su obra maestra. A pesar de que siempre dio clases de Literatura inglesa y estadounidense, se mete de maravilla en la piel de un médico, profesor de fisiología, preocupado por la Ciencia como no podría ser de otra manera, preocupado por el origen, el devenir, el escenario, el destino, todo lo que constituye la esencia del ser humano y sus sentimientos. "Para la claridad hace falta oscuridad [...] La luz y el sonido salen juntos, pero se registran por separado. La profundidad del amor tras la pérdida. Lo que hacen los seres humanos. Formas autocatalíticas, alimentadas por errores y perpetuadas de ese modo. Amor, familia, Cambridge, mentalidad. Conexión. Transmisión. Evolución"

En palabras de Phillip Roth, "Las hijas de otros hombres" es como una versión de "Lolita" escrita por Chejov. "Las hijas de otros hombres" es otra de esas historias que yo llamo sin aspavientos, sin grandes sucesos, una historia que cuenta la vida tal como va pasando, una vida que le puede suceder, que de hecho le sucede, a mucha gente.  Una vida que continúa, después de que termine la novela, como continúan todas las vidas, deudora de lo sucedido, sin un destino muy claro, pagando el precio de lo vivido y teniendo a la vez una deuda que cobrarle al pasado. 

Esta novela entra en el IV reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1980. "Las hijas de otros hombres" está publicada en 1973.

Título del libro: Las hijas de otros hombres 
Autor: Richard Stern 
Nacionalidad: Estados Unidos 
Título original: Other Men’s Daughters
Traducción: Laura Salas
Editorial: Siruela
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 1973
Nº de páginas: 248

miércoles, 12 de febrero de 2020

Sin reseña XIX


Unas series policiacas se terminan, como la de María Ruiz de Berna González Harbour (al menos, por ahora) y otras empiezan. Este año me he propuesto leer series de autores españoles que conozco de otras novelas y que me proporcionan suficiente garantía como para meterme con su faceta de serie negra y policial. Es el caso de Toni Hill y de Carlos Bassas del Rey. Y ya adelanto que ambas primeras entregas de sendas series me han dejado con muchas ganas de más por lo que seguirán apareciendo por aquí.
Este año he empezado con la salud un poco complicada. Nada serio, pero sí latoso, pues entre gripes, infecciones de garganta y de muelas, llevo casi dos meses de antibióticos y bajón físico y moral. Ello ha hecho que me haya costado bastante concentrarme en la lectura y que haya preferido leer bastante novela policíaca que siempre nos mantiene más en vilo y más entretenidos, que es justo lo que yo precisaba.
En esta decimonovena entrega de Sin reseña, hay cuatro novelas que pertenecen a series. Tan solo "El adulto" de Gillian Flynn se sale de esa norma.


"El adulto". Gillian Flynn.
"El adulto" es un relato largo, más que una novela corta. Se lee en un par de horas y atrapa y, cuando se termina, una se queda con un regusto entre sorprendido e inquieto. 
La protagonista de esta historia trabajaba haciendo pajas, (sí, habéis leído bien), hasta que lo dejó debido al síndrome del túnel carpiano. Ahora trabaja en una tienda "Palmas Espirituales (a mí no me miréis, no fui yo quien le puso nombre al negocio) [...] Cartas de tarot y bolas de cristal en el escaparate, sexo suave en la parte de atrás. Me presenté allí en respuesta a un anuncio donde pedían una recepcionista. Resultó que «recepcionista» significaba «prostituta»". Allí llegó un día Susan Burke buscando ayuda para su vida que se desmoronaba, entre un hijastro inquietante y una vieja mansión victoriana que tal vez necesita un exorcismo.
Pero como en todo buen relato de terror que se precie, las cosas no siempre son lo que en principio parecían y de la mano de obras clásicas a las que el relato o la novela rinde homenaje: "La dama de blanco", "Otra vuelta de tuerca", "La maldición de Hill House", nos iremos dando cuenta con horror de que las vueltas de tuerca de una historia pueden superar todo lo imaginable.

"El sueño de la razón". Berna González Harbour.
Esta es la cuarta entrega, y última por ahora, sobre la comisaria María Ruiz. En ella vemos a la policía en sus horas más bajas. Está suspendida de empleo y sueldo tras su desacato en el caso anterior que la llevó a abandonar sus obligaciones en Soria para acudir a Santander en ayuda de su amigo Carlos. Ahora ha venido a Madrid para preparar su defensa en el juicio que se avecina. 
Esa misma proximidad del juicio, en el que podría perder su placa para siempre, hace que sea necesario su total alejamiento de investigaciones policiales, pero María no se caracteriza por hacer lo más conveniente para ella sino lo que en cada momento cree que debe hacer y ahora, una serie de acontecimientos raros, relacionados con unos pavos y un perro, han comenzado a suceder y como dando la razón al barman alemán de las rastas sobre que "«Quien puede matar animales, puede matar personas.»", una chica aparece asesinada en circunstancias de lo más extrañas.
Las muertes, tanto las que afectan a animales como a personas nos van llevando a un mundo antiguo, un mundo que podemos encontrar en el museo del Prado y en las páginas de un blog que como una profecía va anticipando las muertes. Nos llevará también a los mundos alternativos de los okupas y la cultura vegana.
En la vida privada de María, vuelve a aparecer Rodrigo Tesón, el subdelegado del Gobierno en Soria, con el que intentará conjurar su soledad y la necesidad de afecto que la huida de Tomás, ya repuesto del coma pero atado a una silla de ruedas, ha dejado en su vida.
Una buena novela que sigue manteniendo el ritmo y el interés de las entregas anteriores.

"El engaño". Charlotte Link.
Hace unos meses, el padre de Kate Linville, Richard, antiguo jefe de policía de Scarborough, fue asesinado de manera brutal. Ahora Kate, que trabaja en Londres en Scotland Yard, donde desempeña un papel más bien mediocre, ha decidido alargar sus vacaciones y volver a la casa familiar para investigar un poco por su cuenta pues el inspector encargado del asesinato de su padre, Caleb Hale, no le inspira demasiada confianza en cuanto al interés que se toma en el caso.Y es que Caleb se hizo cargo del caso con un mes de retraso, cuando salió de la clínica de desintoxicación alcohólica en la que permaneció mientras la mayoría de la gente pensaba que se recuperaba de un bypass. O al menos eso es lo que él cree porque el mundo policial en Reino Unido es como un patio de vecinos y hasta Scotland Yard en Londres han llegado los rumores de la desintoxicación.
Kete empezará a investigar y lo que se irá encontrando romperá sus recuerdos y le mostrará una imagen del padre menos idílica de la que tenía. Descubrirá con sorpresa que la vida familiar que se truncó con la muerte de su madre tras una lucha de años con el cáncer; la vida posterior sustentada por la figura siempre firme y sin fisuras del padre, todo ello no ha sido más que un engaño. Aunque tal vez no sea a ese engaño al que se refiere el título de la novela.
Me dejé tentar para meterme en otra nueva serie y veo que el instinto no suele fallarme. No tardaré en leer la segunda entrega.

"El verano de los juguetes muertos". Toni Hill.
Tras haber leído y disfrutado "Tigres de cristal" de Toni Hill, tenía ganas de leer alguna novela de su serie sobre el inspector de los Mossos d'Esquadra de Barcelona, Héctor Salgado. Se trata de un policía al que su padre, un emigrante español en Argentina, mandó de vuelta a la madre patria con diecinueve años para evitar que se metiera demasiado en su vida y en su manía de maltratar a los más débiles, ahora que Héctor había manifestado haber dejado de serlo y no parecía estar dispuesto a consentir más abusos. "Héctor comprendió que era la mejor solución: empezar de nuevo, no mirar atrás".
Y en Barcelona sigue veinticuatro años después, igual de reacio a consentir abusos, igual de dispuesto a evitarlos, lo que le ha supuesto más de un problema el último de los cuales lo tiene un poco apartado de los casos más importantes y gracias a que se retiraron los cargos, ha podido seguir con su trabajo con la única condición de visitar al psiquiatra.
Para mantenerlo entretenido le han dado el caso de un chico que se tiró por la ventana la noche de San Juan. Todo indica que fue un suicidio, pero la madre insiste en que se investigue y Héctor, encargado de hacerlo, más para tranquilizar a la mujer que para otra cosa, se encontrará con demasiada basura debajo de las alfombras, una basura que se acumula desde hace demasiados años, una basura que ensucia a muchas personas alrededor del chico muerto.
Una novela interesante y bien escrita que confirma el buen hacer de su autor en cualquier género que decida tratar. Seguiré con Toni Hill y seguiré con Héctor Salgado.

"El honor es una mortaja". Carlos Bassas del Rey.
Lo mismo que me sucedió con Toni Hill, me pasó con Carlos Bassas del Rey. Después de sus novelas "Justo" y "Soledad", tenía que conocer a su inspector de la Policía Nacional en la ciudad imaginaria de Ofidia, Herodoto Corominas. Herodoto debe su estrambótico nombre a su padre, un catedrático de Historia Antigua que quiso homenajear al padre de la Historia dándole su nombre a su único hijo. Aunque no es esa la razón por la que Herodoto lleva años sin hablarse con su ilustre progenitor.
El caso que ahora tiene que investigar es la muerte de un rumano asesinado de forma eficaz, pero bastante chapucera con el cubo de una fregona. Enseguida se da cuenta de que el asesino no es un profesional. El lector lo sabe ya porque ha asistido al asesinato como testigo presencial y, desde el principio, tiene más información sobre el caso que el propio inspector. 
Tras el primer muerto, empezarán a aparecer otros y enseguida la policía se dará cuenta de lo que ya el lector está viendo a medida que lo presencia, y es que hay dos tipos de asesinos en este caso, los verdaderos profesionales y el chapuzas de siempre.
Una interesante y curiosa novela en la que a un caso en el que casi nada es lo que parecía al principio, se une la vida privada de Herodoto Corominas y su conflicto, ya antiguo, con su padre. 
También he quedado enganchada a Herodoto Corominas. A Carlos Bassas del Rey, ya lo estaba antes.


lunes, 10 de febrero de 2020

IV Reto Nos gustan los clásicos


Por cuarto año consecutivo, participo en esta iniciativa del blog "Un lector indiscreto" de Francisco Jesús Portela. 
Este año de nuevo se puede escoger entre leer siete u ocho libros para completar el reto y yo elijo leer ocho libros que la única condición que deben tener para cumplir el reto es que deben haber sido publicados originalmente antes de 1980. 
El año pasado cumplí el reto con creces pues leí 11 libros publicados antes de 1980. Si quieres saber cuales fueron, puedes verlos aquí.
Por si te interesa participar, te dejo aquí el enlace a la convocatoria de Francisco para la cuarta edición del reto cuya inscripción finaliza el 29 de febrero:


Mis lecturas para este cuarto reto, que me fijo en ocho libros, son (iré actualizando esta entrada a medida que vaya leyendo los libros y publicando las reseñas):
  1. "Rebelión en la granja". (1945). Leer.
  2. "Las hijas de otros hombres". Richard Stern. (1973). Leer.
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