Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

lunes, 23 de julio de 2018

"Operación Picasso" Pedro Saugar Segarra

Estoy intentando aprovechar el tiempo de vacaciones para ponerme al día con reseñas pendientes desde hace meses de autores que han tenido la amabilidad de confiar en mí y enviarme sus novelas. 
Las primeras noticias de Pedro Saugar Segarra las tuve  a finales de enero. Por medio del formulario de contacto del blog, me llegó un mail de lo más minimalista: Me enviaba un enlace a su página web para que allí me informara de su novela "Operación Picasso". A continuación añadía:
"Si te interesa reseñarlo/publicitarlo/criticalo, dímelo y te mando un ejemplar en pdf , mobi o epub. Quedo a tu disposición. 
Gracias. Un saludo".
Sencillo, me dije, directo y sin circuloquios. Eficaz. Pero lo que ciertamente fue eficaz fue abrir el enlace y darme de morros con una página de cuidado y sencillo diseño (se ve que la sencillez es la marca de la casa) donde junto al título, el autor y un par de fotos, tan solo aparece una frase:  

Encuentra la primera versión perdida de LAS SEÑORITAS D'AVIGNON


¿Quién podría resistirse? Debajo de la portada aparecía también un enlace a la sinopsis que me apresuré a activar:


"Un joven Picasso que se plantea demoler los cimientos del arte con "Les Demoiselles D'Avignon".

Un joven aspirante a bohemio que languidece en provincias abjurando de su destino.

Pasiones ocultas que se entrelazan y estallan desbocadas.

Un crimen que conecta el París de las vanguardias con la Cuenca de principios del siglo XX.

Una sociedad secreta que quiere demoler el orden establecido.

Un descubrimiento que remueve los cimientos del cubismo."

Y decidí que no me iba a resistir. En menos de dos horas desde el primer contacto, tenía el libro en mi ordenador.
Por fin, he leído "Operación Picasso". Es una novela con la que hay que tener un poco de paciencia al principio. Ya me lo advirtió el autor en uno de sus correos. La historia se va contando por diferentes personajes, en diferentes lugares y en diferentes momentos que van de 1897 a 2013, centrándose sobre todo en 1906, 1907 y 2013. Tiempos y personajes se entremezclan formando un puzzle que termina por encajar perfectamente entre las manos de un grupo de amigos que celebra la Semana Santa y su encuentro vacacional en la Cuenca de hace apenas cinco años. 
En Cuenca, en 1964, comienza la novela, que no la historia, de la mano de Macru y su diario: "Me muero. Siempre he sido mujer de impulsos y, la verdad, siempre he acertado al seguirlos con fe ciega, con esa absurda seguridad que da la fe, Nuestro Señor me perdone. Por eso en este momento sé que debo poner punto final, y enterrar tu historia conmigo. Durante veintiocho años, desde que te fuiste, tu recuerdo ha sido la llama que ha prendido mi cuerpo cada amanecer". Macru es la protagonista y narradora de una de las partes de esta novela. Hija de uno de los farmaceúticos de la ciudad, es una chica de la burguesía educada en la religión y las buenas costumbres. Desde Cuenca nos va contando su historia de amor con Deogracias, con sus altibajos, sus ilusiones, la tragedia que estuvo a punto de frustrar para siempre sus deseos.

Picasso en su estudio del Bateau-Lavoir

Al  mismo tiempo, en París, otra mujer nos cuenta su vida y su amor con un Pablo Picasso de veinticuatro años. Fernande Olivier escribe un diario mientras vive con el pintor en su estudio del Bateau-Lavoire, en Montmartre. Fernande es bien distinta de Macru; totalmente opuesta. Ha tenido amantes, ha posado vestida y desnuda para muchos de los pintores de París, tuvo un aborto a los veinte años... nada ni nadie le haría entrar en una iglesia como no sea para admirar alguna obra de arte. Sus religiones son el arte, la libertad, el amor, el sexo, los amigos, las fiestas...
Picasso está en pleno periodo rosa y lleva tiempo obsesionado con un cuadro. "Desde que se obsesionó con “las egipcias” -como llaman a su nuevo cuadro los de la banda-, hasta el punto de volver de cara a la pared los lienzos anteriores para no verlos, no permite que le distraigan de su sagrada labor hasta la hora de cenar". "Las egipcias" es un cuadro en el que Fernande solo ve prostitutas y que la indigna especialmente porque los amigos se empeñan en verla a ella en una de las putas de la pintura. "Las egipcias" puede que termine por llamarse de alguna otra manera porque alguien ha propuesto "El burdel filosófico" y André Salmon es más partidario de "Las señoritas de Aviñón".

Las señoritas de Avignon, Pablo Picasso (1907)

Longinos es el tercer personaje en contarnos sus andanzas. Y nos las cuenta en varias etapas que terminan por confluir. En 1897 es un joven que con dieciocho años abandona Cuenca por primera vez y se traslada a estudiar a Madrid a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Le acompaña su amigo Deogracias. Allí conocen a un trío de artistas bullangueros y extravagantes, tabernarios y puteros, excluidos de todo lo que se podía considerar correcto en la época. Pronto dan en llamarles "La Santísima Trinidad". "[...] el más joven y bajito, fue investido de la categoría de Padre, por una extraña autoridad que emanaba de sus ojos inquietantes y de sus ademanes serenos aunque enérgicos, impropios de sus dieciséis años". Y el más joven no es otro que nuestro ya conocido, aunque un poco mayor, Pablo Picasso.
Años después, en 1907, Longinos y Deogracias están de vuelta en Cuenca. Uno, con sus estudios terminados, se dedicará a dar clase en un instituto de la ciudad; el otro, perdido en Madrid en la compañía bohemia y revulsiva de todo lo establecido del joven Pablo, no ha llegado a terminar sus estudios de arte. 
Tras la vida en Madrid con sus locuras, tabernas y burdeles, el tiempo en Cuenca se entretiene entre las piedras y discurre lentamente de Navidad a Semana Santa y de Pascua a las Fiestas patronales. "Hay veces en que pasa tan lento el tiempo que te inundan los días con sus minutos estúpidos y te agobias de la pura inanidad". Para desterrar el aburrimiento, ambos, junto con otros amigos, intentarán remover las burguesas conciencias de sus conciudadanos, olvidando que no todo vale, ni siquiera cuando de hacer avanzar al mundo se trata.
Todas estas vivencias, dispares aunque no tanto, aparte de mezclarse en algún momento de ese pasado, confluirán en 2013, en Cuenca, en otra Semana Santa, con otro grupo de amigos que se junta en vacaciones y que también cree necesario aniquilar prejuicios y estimular voluntades para que el mundo siga avanzando. Y entre tanto, intrigas, celos, un asesinato, una sociedad secreta, el negocio del arte...
Pedro Saugar Segar
Esta es la primera novela que leo ambientada en Cuenca. Y muy bien ambientada además. Tanto los principios del siglo XX como los del siglo XXI transmiten a la perfección lo que es una ciudad de provincias pequeña y muy marcada por la religión y sus derivados. El ambiente de Semana Santa, que tanto me ha recordado al de León, muestra perfectamente ese marcaje religioso que afecta a toda la población, creyente o no, con simpatía o rechazo (y no siempre este último procede de los ateos), con emoción o con indiferencia (y la emoción no siempre la sienten los creyentes), pero que llena las calles y los bares y que solo se da en algunas ciudades, curiosamente, cada vez más abundantes. 
No me engañó la sensación que tuve al leer la sinopsis en la página del autor. La pequeña confusión inicial que puede derivarse de los saltos en el tiempo y espacio, y de la que advierte el autor, se disipa rápidamente en cuanto nos hacemos con el ritmo de la narración y, a partir de ese momento, la lectura atrapa realmente.




viernes, 20 de julio de 2018

¡¡Ay, ay, ay qué equivocación!!

Estoy programando entradas para que se publiquen mientras estoy de viaje y para organizar un poco todo el trabajo que voy adelantando.
Sin querer me he confundido y le he dado a publicar a la reseña que debe serlo el 4 de agosto. Veo que en los blogs que me tienen en la lista de blogs seguidos, ha desaparecido la entrada que publiqué esta mañana y aparece esta última que por supuesto no encontrareis
Si sois como yo, que me entero de vuestras publicaciones por esa lista de blogs seguidos, no encontraréis la última sino una que no existe. Por eso he decidido hacer esta entrada. Para anunciaros que lo que he publicado hoy es una reseña de la genial novela de William Maxwell "Adiós, hasta mañana". Espero que la disfrutéis.


"Adiós, hasta mañana" William Maxwell

Hace mucho tiempo vi por primera vez una película de esas que no se olvidan, sobre todo porque se vuelven a ver una y otra vez a lo largo de los años. Voy a dejar que adivinéis cuál es. En ella, un entrañable personaje pregunta varias veces: ¿te ha picado alguna vez una abeja muerta? Pues bien, a mí sí me ha picado una abeja muerta, pero aún me ha pasado otra cosa más extraña si cabe: me he enamorado varias veces de un hombre (o una mujer) muerto. Lo bueno de enamorarse de una mujer (o un hombre) muerta es que no exige fidelidad. Se puede estar enamorada de varios a la vez. No de demasiados, porque solo algunos lo merecen, pero sí de los suficientes. Uno de los últimos hombres muertos de los que me he enamorado es William Maxwell. 
Cuando leí "Vinieron como golondrinas", no pude evitar caer rendida a sus pies y, ahora, tras leer "Adiós, hasta mañana", el amor se ha confirmado. Leeré todo lo que haya escrito y se haya traducido (tampoco es mucho) porque pocos autores me enganchan desde el principio y me sumergen en un estado de placidez y satisfacción intelectual, pero este es uno de los que mejor sabe tocarme la fibra. "Adiós, hasta mañana" está considerada su mejor novela y obtuvo el American Book Award en 1980
"Una mañana de invierno, poco antes del amanecer, tres hombres que estaban allí cargando grava oyeron algo que sonó como un disparo. O tal vez, dijeron, había sido la explosión del motor de un coche. [...]  El ruido no procedía del motor de un coche; un granjero llamado Lloyd Wilson acababa de morir de un disparo, y lo que oyeron fue el sonido del arma que lo mató".
Este es el segundo párrafo de "Adiós, hasta mañana". Desde el principio sabemos que hay un muerto que se lama Lloyd Wilson y sabemos que hay un asesino que era su vecino y amigo, Clarence Smith, y sabemos que el crimen estuvo motivado por la relación entre Fren Smith, la mujer de Clarence, y Lloyd, a quien su propia mujer había abandonado unas semanas antes, llevándose a sus cuatro hijas y dejándole a los dos hijos. Y lo sabemos porque en esta novela no hay intriga, ni finales inesperados, ni investigaciones policiales. En "Adiós, hasta mañana" hay dos niños que son amigos y que de pronto dejan de serlo porque uno de ellos desaparece de la vida del otro. Y hay un intento por recuperar la memoria sin confiar demasiado en ella, porque ¿cuanto de lo que recordamos sucedió así en realidad? "Tengo el vago recuerdo, en el cual no confío, de estar en clase sentado, mirando el pupitre vacío de Cletus. Alguien [...] dijo que su abuela vino a buscarlo y se lo llevó. No pudo ser cierto; sólo tenía una abuela y ésta vivía en la ciudad. Lo que probablemente pasó fue que su madre lo sacó del instituto y, cuando se fue de Lincoln, se lo llevó con ella".
Cletus es Cletus Smith y es el hijo de Clarence, el asesino. El que cuenta la historia, el narrador, fue su amigo durante un tiempo. Es alguien muy similar a William Maxwell, pero que estoy segura de que no es exactamente William Maxwell. Cletus se mudó con su madre y su hermano a Lincoln desde la granja cuando su madre dejó a su padre, porque también Fern Smith terminó por dejar a su marido. En Lincoln conoció al narrador y trabó con él una amistad singular echa de sobreentendidos y pocas palabras, y desapareció de Lincoln justo después del asesinato.
La novela está dividida en dos partes aunque en ningún momento ni lugar se indique. En la primera me llevo una gran sorpresa a poco de empezar a leer porque me encuentro con que es como la continuación de "Vinieron como golondrinas". El narrador resume en una pocas páginas lo que allí se nos cuenta, para continuar desarrollando con más profundidad lo que allí se nos niega: lo sucedido tras la muerte de la madre, el padre distante, las tías y abuelas que les cuidan, la madrastra, el cambio de casa y finalmente el traslado a Chicago. Tal vez los más de cuarenta años pasados desde la publicación de "Vinieron como..." le dio al autor la distancia suficiente como para poder enfrentarse a la verdadera muerte de su madre cuando él era un niño.
El Palacio a las 4 de la madrugada
Alberto Giacometti (1932)
Es en la nueva casa a la que van a mudarse en Lincoln, cuando aún es una casa en construcción que al autor le recuerda la escultura de Giacometti, «El Palacio a las 4 de la mañana», donde conoce a Cletus y donde establecerán el escenario de su amistad. Allí, entre aquellas vigas que dejaban ver el cielo con su luz cambiante y sus nubes y la tierra con las vidas alegres, penosas o inciertas de los habitantes del vecindario, se fue labrando una amistad con pocas palabras, como ya he dicho, una amistad hecha de compañía, del calor del otro ser junto a uno mismo, de saber que volverá al día siguiente y volverá a calentarnos con su simple presencia. Hasta que ya no vuelva más. "Cuando el color del cielo nos indicaba que se acercaba la hora de cenar, bajábamos y decíamos «Adiós» y «Hasta mañana», y emprendíamos nuestros caminos por separado bajo el crepúsculo. Y una tarde, esta despedida informal resultó ser la última. Aquel disparo nos separó para siempre".
En la segunda parte, la narración se centra en Clarence y en Lloyd y en la amistad más allá de la amistad, más allá de la fraternidad, que se fue fraguando entre ellos desde que Clarence llegó a la granja vecina de la que Lloyd habitaba desde que nació. "A pesar de que tenía hermanos con los que se llevaba bien, cuando quería compañía o cuando algo le preocupaba recurría al circunspecto hombre de la granja vecina"
Una amistad que se desploman cuando Fern y Lloyd empiezan a mirarse con una intención distinta a la que debe existir entre un hombre y la mujer de su mejor amigo. Puede que fuera el hartazgo de la rutina arrastrada por muchos años; el desconsuelo de ver siempre al lado a la misma persona con la misma cara del mismo hartazgo y con las mismas gracias que ya no nos hacen gracia; la pereza del sexo, tan familiar que se vuelve mecánico, cuando no un deber ingrato; la misma casa, el mismo establo, los mismos niños, la misma cocina, las mismas vacas, el mismo lodo que viene de los mismos polvos. Y un día algo les hace temblar al ver al otro, al ajeno, al prohibido, y les eriza la piel, y algo se estremece en el centro mismo de sus anhelos, y se olvidan del marido y la mujer, del amigo y de los hijos... y se pone el primer ladrillo de la tragedia.

William Maxwell

Y cincuenta años después, un niño, nuestro narrador, recuerda todo aquello, aquella tragedia con tintes lorquianos que sucedió cerca de su ciudad y que afectó tan de lleno al padre de su amigo, y recuerda algo de lo que siempre se ha arrepentido, algo que siempre le ha estado rondando en la cabeza, que fue involuntario, pero que se pudo interpretar como una traición a la amistad. Y se arrepiente de no haber hablado, de no haberlo aclarado cuando aún era tiempo, y ese arrepentimiento que ha almacenado durante cincuenta años tal vez sea realmente de lo que trata esta novela.
"Lo que podemos exigirle a nuestro ser adolescente tiene sin duda un límite. Y seguir sintiéndose culpable por algo que ocurrió hace tanto tiempo difícilmente resulta comprensible. Pero, a pesar de todo, me siento culpable. Un poco. Y tal vez siempre me sienta culpable".

Esta novela entra además en el II reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990. "Adiós, hasta mañana" está escrita en 1979.


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