Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

sábado, 1 de octubre de 2016

Octubre


- No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante.
Doña Rosa va y viene por entre las mesas del Café, tropezando a los clientes con su tremendo trasero. Doña Rosa dice con frecuencia "leñe" y "nos ha merengao". Para doña Rosa, el mundo es su Café, y alrededor de su Café, todo lo demás. Hay quien dice que a doña Rosa le brillan los ojillos cuando viene la primavera y las muchachas empiezan a andar de manga corta. Yo creo que todo eso son habladurías: doña Rosa no hubiera soltado jamás un buen amadeo de plata por nada de este mundo. Ni con primavera ni sin ella. 

Esta novela, a pesar de ser de un escritor español, tan español como las gachas, se publicó antes en Buenos Aires (1951) que en España. La censura no permitió que el libro viera la luz en el suelo patrio de su autor hasta 1955. Cosa curiosa si tenemos en cuenta que Camilo José Cela había sido censor a su vez. 
Nunca he entendido la dualidad de este autor. La personalidad y la ideología que se derivan de su actividad y sus relaciones - confidente del régimen, censor, amigo y protegido de falangistas y franquistas reconocidos - se contradicen totalmente con el hombre que supo captar de una manera tan precisa las miserias de la España de 1943; las miserias a las que había sido conducida por una guerra provocada y una posguerra mantenida por quienes eran sus amigos y protectores. 
Sea como sea, "La colmena", considerada entre las 100 mejores novelas en español del siglo XX por la famosa lista del diario "El Mundo", es un auténtico ejercicio de empatía con las víctimas de aquel desastre.
Alrededor de un café madrileño se va tejiendo una madeja de personajes y situaciones. El núcleo es el café donde, en torno a la partida o a la tertulia de viejas y hambrientas glorias o a los negocios más o menos turbios, se nos van presentando los personajes sentados a unas mesas confeccionadas con lápidas del cementerio que esconden en su reverso los nombres y las fechas de la muerte que en otro tiempo cubrieron, o deambulando entre ellas en su afán por buscarse una vida que cada ves se les da la espalda con más descaro. Aunque no a todos. 
Pero partiendo de ese núcleo que es el café, también se nos muestran las calles de Madrid, los pisos elegantes donde se sitúan las "casas de citas" a las que acuden jóvenes que precisan dinero para su novio enfermo o alcahuetas que venden a muchachas para poder llegar a fin de mes o, simplemente, para seguir engordando sus ahorros a cuenta de la desgracia ajena; los billares donde matan el tiempo, entretienen el hambre o van a ver posturitas unos personajes con más desencanto por el presente que ilusiones en el futuro; unas calles en las que asistimos al mercadeo y a la venta de toda clase de mercancías, porque mientras algunos venden lo que pueden para obtener lo que necesitan, otros se enriquecen controlando el mercado negro y vendiendo lo que roban o lo que obtienen por medios ilícitos.
Cada uno sobrevive como puede o se rinde como sabe. Entre cerca de trescientos personajes y casi otras tantas situaciones, encontramos de todo, pero casi todo se puede resumir en pocas palabras o en muchos sinónimos: miseria, a veces más moral que económica; desesperanza, necesidad, opresión. 
Y todo ello contado con humor, sin juicios de valor, sin victimismos, mostrando una realidad que se juzga a sí misma y se condena sin compasión. Y con un impecable y maravilloso dominio del lenguaje.

*Pido disculpas si alguno de los detalles que indico de la novela se debe más bien a la película que en 1982 hizo Mario Camus. Para estas entradas no releo los libros, pues no son reseñas sino un homenaje a su comienzo. El tiempo transcurrido desde que la leí por última vez puede haberme llevado a esa confusión. De ser así, sirva también de homenaje a la película.



miércoles, 28 de septiembre de 2016

"La maniobra de la tortuga" Benito Olmo

Esta es la novela con la que sigo la iniciativa "Libros encadenados" a la que fui propuesta por Leslie en su blog "Señora Búho". En los dos enlaces que os dejo podéis ver de qué va esta iniciativa.

Manuel Bianquetti es un policía sepultado en los archivos de la Comisaría Provincial de Cádiz. Un lugar tranquilo, tal vez el lugar más tranquilo y oscuro en el que "después del incidente, sus superiores habían decidido sepultarle"; un "destino discreto y aburrido donde era poco probable que se metiera en líos". Y es que Manuel Bianquetti es especialista en meterse en problemas, en decidir cuál es la justicia adecuada a cada caso y aplicarla. Por si acaso es la única oportunidad que hay de que se aplique. Hace un año tuvo un problema en Madrid, donde vivía con su mujer y su hija. Se extralimitó en sus atribuciones de guardián del orden y terminó en esta hermosa punta del mundo rodeada de agua y de cielos resplandecientes. Su mujer se negó a acompañarle y ahora está solo, sin familia ni amigos, ni siquiera un compañero con el que simpatice.
La novela empieza a saco en un puticlub de Jerez de la Frontera donde Manuel está a punto de recibir una paliza por parte de cuatro tipos malencarados y de aspecto patibulario. "Manuel se desplazó hasta el grupo con una rapidez que nunca habrían atribuido a alguien de su tamaño. Se plantó ante el más gracioso de los cuatro y le soltó un manotazo en la mejilla que sonó como si una corriente de aire hubiera cerrado de golpe las puertas del infierno. Blam". En ese momento Manuel se da cuenta de que cada vez está más cerca de dar con el asesino de Clara Vidal "«Si salgo de esta, claro», pensó".
Clara Vidal, colombiana de dieciséis años, había aparecido muerta dos días antes tras ser golpeada, violada y estrangulada. En ese momento, todo lo vivido en Madrid vuelve a tomar forma en su recuerdo y siente que tiene que implicarse porque "Cádiz no era Madrid y un homicidio no era algo con lo que estuvieran precisamente acostumbrados a lidiar en comisaría". Así es que contra todo pronóstico y contra las órdenes de su jefe y la opinión de sus compañeros, se mete de lleno en la investigación, por cuenta propia y abandonando sus labores de archivo en manos de Morgado su compañero entre los papeles.
Cristina vive cerca de Cádiz, en Puerto Real, allí ha llegado procedente de Granada, víctima de la violencia machista de un marido que a punto estuvo de matarla justo antes de que se decidiera a denunciarlo. Él ahora está en la cárcel y ella se oculta, protegida su identidad y su destino tras pasar más de tres años en un casa de acogida. "Gracias a la formación que había recibido durante su estancia en la casa de acogida había logrado un empleo como auxiliar de enfermería en el hospital de Puerto Real" y así vive, tranquila por primera vez en mucho tiempo. 
Pero la tranquilidad puede durar poco cuando no depende exclusivamente de uno mismo y, aunque eso es lo que los terapeutas intentan enseñarla, a ser auto suficiente, no siempre el serlo es algo que uno
Benito Olmo
pueda conseguir cuando circunstancias externas se confabulan para impedirlo.

Cristina y Manuel se van a encontrar. Ella huyendo de un maltratador violento y asesino en potencia; él persiguiendo a un violador y asesino que, tras las investigaciones pertinentes, no parece ser la primera vez que actúa.
No se trata de una novela muy original. Los temas son recurrentes: las altas jerarquías policiales corruptas, los ricos que se libran de la justicia a base de dinero e influencias, los pobres y extranjeros injustamente acusados, el policía incorruptible y justiciero que se enfrenta a todo y a todos para conseguir que se haga justicia. No es muy original, pero está bien escrita y guarda alguna sorpresa para el final, la información se va dando en las dosis adecuadas y Manuel Bianquetti es un hombre alto, muy alto y fuerte, que nos hace sentir como, cuando de niños, en el cine, llegaba el Séptimo de Caballería y espantaba (más bien masacraba) a los indios. Manuel no es tan infalible y corre el peligro de acabar como el general Custer, pero reparte mandobles adecuados a sus dos metros de estatura y a sus manos como palas y, en algunos momentos, nos reconcilia con la maravillosa idea de que ganen los buenos porque, a veces, ya lo vamos necesitando. 
No es muy original, pero se moja en algunos temas de importancia - el maltrato machista, la impunidad de los poderosos con la aquiescencia de los que, por interés, por miedo o por ambas cosas, se pliegan a ellos y a sus chequeras - y lo hace bien.
Se trata de una novela policíaca clásica - tal vez con la falta de originalidad que tienen algunos clásicos - y, en resumen, he de decir que me ha gustado. No es lo mejor que he leído del género, pero la he disfrutado y seguiré la trayectoria del autor y de Manuel Bianquetti si se vuelve a cruzar en mi camino. 
Ah, para quien le pueda interesar, la historia viene precedida por un prólogo muy hermoso y literario de César Pérez Gellida en el que apadrina autor y novela y se deshace en alabanzas. 



lunes, 26 de septiembre de 2016

"Tarde para la ira" Raúl Arévalo

No sé qué decir de esta película. Bueno, saber sí lo sé. Lo que pasa es que destriparía el guión. No sé qué es lo que puedo contar de esta película para dejar el guión a salvo y mantener las sorpresas que esconde.
Estamos ante una película negra que empieza con un robo y termina... como termina que es lo que no puedo contar.
Hace ocho años, Curro participó como conductor en un robo a una joyería del que resultó el único encarcelado. Mantuvo la boca cerrada y sus cómplices pudieron continuar con sus vidas más o menos acertadas. 
Hace ocho años que Ana espera a que Curro, su novio, salga de la cárcel trabajando en el bar que su hermano tiene en un barrio de Madrid. Mientras tanto ha tenido un hijo concebido en un vis a vis.
No sabemos qué hacía Jose hace ocho años, pero ahora es un participante asíduo de charlas y partidas de mus en el bar de Juanjo, donde se come con los ojos a Ana y casi se ha convertido en un miembro más de la familia.
Y Curro sale de la cárcel y comienza la historia. Una historia de determinación y venganza; una historia de mucha ira. Y no es que yo tenga nada en contra de la venganza, ni de la ira, pero es que, como nos dice el título de la película, hay venganzas que llegan muy tarde, hay iras que no deberían prolongarse tanto tiempo porque cuando se materializan ya nada es lo que fue y nadie es el que era.
Jose es un hombre con una misión. Desde el principio, sabemos que esconde más de lo que aparenta, pero no sabemos lo que es y tardaremos en saberlo.
Curro también tiene una misión y un carácter endiablado que nos asusta y nos hace temer la tragedia que puede provocar.
Ellos son los protagonistas principales de la película, ellos y su antagonismo centrado alrededor de Ana.
Antonio de la Torre (José) y Luis Callejo (Curro)
Ana es una mujer dividida. Dividida entre su supuesto amor por Curro, al que lleva años esperando, y su atracción por Jose, más cálido, más reciente, con un carácter más asequible; que la halaga con sus atenciones y la cuida y la protege.
Se trata de una historia que va evolucionando ante nuestros ojos y nos va cambiando la percepción de todo lo que en un principio habíamos prejuzgado. Es una película para romper con los prejuicios y los esquemas y es que los personajes van evolucionando ante nuestros ojos y cuando la película termina parece que nos los han cambiado.
Siempre me ha gustado Antonio de la Torre y en esta película hace un papel excelente porque dota al personaje de una impasibilidad asombrosa. Habla más con sus silencios que con sus palabras, se expresa con la mirada sin expresarse porque nunca se sabe lo que está pensando Jose, pero actúa con una determinación apabullante; cumple su empeño con la ineludible obstinación de una tragedia griega. Me han fascinado tanto el personaje como su identificación con el actor.
A Luis Callejo debí de verlo en "Las aventuras del Capitán Alatriste", única película de su filmografía que he visto, pero no lo recuerdo. Da vida a un Curro tan violento y con tan mala leche que realmente da miedo... pero, a veces, con su fea cara llena de cicatrices o marcas de viruela o lo que sea, tan feo él, transmite ternura, y empatía y espanto ante lo que acontece y entonces te reconcilias con él y le quieres un poco.
Ruth Díaz (Ana)
Ruth Díaz es Ana y nos muestra toda la vulnerabilidad de una mujer que quiere ser feliz de una vez y no sabe muy bien cómo conseguirlo. Tampoco habla mucho, pero sus gestos nos transmiten toda su indecisión, su dolor, su ilusión por unos sueños que no sabemos si se van a cumplir. Una actriz no demasiado conocida pero con mucho bagaje tras ella en televisión, cine y teatro.
Con esta su opera prima, Raúl Arévalo ha añadido una página a la historia del cine negro español. Escribió una como actor con "La isla mínima", de Alberto Rodríguez, y ahora, como director, añade un hito más. Y no pequeño. Y con la humildad que caracteriza a los hombres que realmente saben hacer grandes obras, en los títulos de crédito agradece a todos los directores con los que ha trabajado por lo que le han enseñado. Elegancia natural.
Una película imprescindible para los amantes del cine español. Una película imprescindible para que los que no aman el cine español aprendan a hacerlo.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...