Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

viernes, 22 de junio de 2018

"Zuckerman encadenado" Philip Roth. II

Continúa la reseña sobre esta obra de Philip Roth.
Si en la entrada anterior comenté las dos primeras novelas de la "Trilogía (?) de Zuckerman": "La visita al maestro" (The ghost writer) y "Zuckerman desencadenado" (Zuckerman Unbound), en esta segunda trataré de "La lección de anatomía" (The Anatomy Lesson) y "La orgía de Praga" (The Prague Orgy).
Aunque , en principio, esta última, no forma parte de la trilogía, se suelen publicar las cuatro juntas o, de publicarlas por separado, "La orgía de Praga" se añade normalmente al tercer volumen junto a "La lección de anatomía".


"La lección de anatomía" (1983).
En 1973, Nathan sufre de intensos dolores en el cuello y los hombros. Hace dieciocho meses que no consigue espantar el dolor. Hace tres años que murió su madre, justo un año después de su padre, de manera repentina y mucho más rápida de lo que se podía esperar por el diagnóstico. "El neurólogo comunicó a Zuckerman por teléfono que el tumor cerebral podía tardar de dos a cuatro semanas en matarla, pero cuando el hijo entró en la habitación, recién llegado del aeropuerto, la cama ya estaba vacía". Era el 21 de diciembre de 1970. Hacía poco más de un año que había muerto su padre justo después de soltar la palabra maldita. Ahora, Zuckerman había perdido a su madre y, muerta ella, tampoco se mantiene la relación con su hermano, deteriorada sin remedio desde la muerte del padre. Pero la muerte de su madre le deja una orfandad que no había sentido un año antes al morir su padre. Ahora todas las culpas se materializan, porque después de tantas mujeres, esposas y amantes, Nathan se da cuenta de que su madre ha sido el amor de su vida. Y ese ansia de madre que le sigue acometiendo tres años después de su muerte, le sumerge en una duda acuciante ¿se debe dicha ansiedad a la debilidad en que lo tiene sometido su falta de salud y de inspiración literaria? ¿existiría la falta de salud de no ser por la ansiedad que le surge al no poder traer de nuevo a su vida a una madre a la que tanto necesita?
"En diciembre de 1973 ya había perdido toda esperanza de encontrar tratamiento, medicina, médico o cura. Por no encontrar, no encontraba ni siquiera una enfermedad como Dios manda". Además se le cae el pelo. Busca la solución a tanto dolor, tan sostenido en el tiempo. Acude a toda clase de remedios más o menos científicos. Nada le sirve a largo plazo. Sus médicos y su psicoanalista, tras vanos intentos de dar con la solución, lo achacan a un castigo autoinfligido. Tal vez, año y medio después de morir su madre, ha decidido por fin purgar por todas sus culpas: por el triunfo de Carnovsky y su enriquecimiento consecuente que le llevó a vivir a la mejor zona de Manhattan; por haber ofendido a millones de norteamericanos con su mal gusto; por haber avergonzado a su propio pueblo con su desvergüenza. "Si tu mano (escritora) te ofende, córtatela. Bajo el irónico caparazón de un espíritu tolerante, él era, entre todos los Yahvés, el más despiadado. ¿Quién podría haber escrito de un modo tan blasfemo sobre el sofoco moral de los judíos, si no un judío sofocado de sí mismo, como Nathan?".
Y para purgar los pecados cometidos mediante la escritura, Zuckerman se impide a sí mismo seguir escribiendo. O se lo prohíben las circunstancias. O él cree que las circunstancias ya no dan para seguir escribiendo y siente que, además de la salud y el pelo, ha perdido el tema: ni Newark es la ciudad que conoció, invadida por todo tipo de razas; ni existen padres judíos como aquellos padres judíos llenos de prejuicios, tabúes y dolores padecidos vicariamente en Europa más de treinta años antes. A lo largo de los tiempos ha perdido padre, madre, hermano, salud, pelo... "Y también su talento, según el crítico Milton Appel —y tampoco es que nunca hubiera tenido mucho que perder en ese aspecto, siempre según Appel"
Para enfrentarse a su decadencia como escritor y a la decadencia de su salud a los cuarenta años, decide hacerse médico y solicita la admisión en la Universidad de Chicago. Pero antes asistiremos a su enfrentamiento con Appel, el crítico que le consideró un niño prodigio cuando publicó sus primeros relatos y que tras el éxito de "Carnovsky" se ha vuelto contra él con toda la saña de su pluma judía y ofendida.
Y asistiremos a su encuentro con un viejo amigo de la universidad y su padre (de nuevo el padre) recientemente viudo.
"La lección de anatomía" ha sido considerada la novela más floja de la trilogía, sin embargo, no soy capaz de imaginar las otras dos sin las reflexiones que se hacen en esta y que vienen a cerrar la culpa con la expiación. Sentimientos muy judíos, pero también muy cristianos.


Philip Roth

"La orgía de Praga" (1985)
Esta es una novela corta que, en principio, no formaría parte de la "Trilogía de Zuckerman". Se trata de fragmentos de los cuadernos-diario de Zuckerman, concretamente los comprendidos entre el 11 de enero y el 5 de febrero de 1976. 
La novela cierra perfectamente la trilogía con guiños a la primera novela, "La visita al maestro". Como ella está escrita en primera persona, al contrario que las otras dos que lo están en tercera. Además, Nathan, que ahora tiene tiene cuarenta y dos años, a modo de un nuevo E. I. Lonoff, es el anfitrión que recibe en su casa a un joven escritor checo que lo admira y que ha tenido que huir de Praga donde tiene prohibido publicar sus obras desde la invasión de los rusos en 1968.
Hasta Praga viajará Zuckerman en busca de unos relatos escritos en yiddish por el padre del joven checo. Su estancia en Praga es la parte más disparatada y divertida. La situaciones son cómicas, esperpénticas algunas, rayanas en el surrealismo y la sátira que ya le hemos visto en alguna otra novela al autor. Una sátira surrealista que puede que sea el estilo crítico que más se adapta a aquellos tiempos, en aquellos lugares, bajo aquel régimen esperpéntico. 
Así, en boca de Nathan encontramos el sarcasmo cruel e irónico con que se reflejan las circunstancias (la falta de libertad, las triquiñuelas para saltarse las prohibiciones, las trampas con las que se consigue sobrevivir cada día, el espionajes por parte de vecinos, amigos, amantes...); la sinceridad con la que se critica también la condescendencia paternalista y teñida de superioridad de los escritores estadounidenses frente a sus colegas de más allá del telón de acero.
Un cierre perfecto de ciclo, con un Zuckerman ya maduro que, tratando de congraciarse con el padre, aunque sea reivindicando a otro padre, al padre de otro, vuelve a la Europa donde todo sucedió hace más de treinta años, a una Europa alejada de la cosmopolita, occidental y muy libre Europa; a una Europa donde "la cultura literaria es rehén del Estado, pero florece el arte de la narración oral. En Praga, las historias no son sencillamente historias: es lo que la gente posee en vez de la vida. Aquí, la gente se ha convertido en historias, ya que no tienen permitido ser otra cosa. Contar historias es la forma que ha adoptado su resistencia contra la coerción del poder existente".

Esta novela entra además en el II reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990, concretamente, las novelas que constituyen "Zuckerman encadenado" están escritas entre 1979 y 1985.



lunes, 18 de junio de 2018

"Zuckerman encadenado" Philip Roth. I

A ver si me explico. Nathan Zuckerman es el protagonista de dos relatos con los que empieza el libro de Philip Roth "Mi vida como un hombre" (1974), concretamente, la primera parte del libro empieza con esos relatos. La segunda parte, titulada "Mi verdadera historia", está contada por un escritor judío llamado Peter Tarnopol que confiesa ser el autor de esos dos relatos iniciales. Por lo tanto, Tarnopol es el autor que creó a Nathan Zuckerman, pero Philip Roth es el autor que creó a Tarnopol por lo que estamos en un laberinto en que un autor crea un personaje que a su vez crea un personaje que a su vez... ¿No es maravilloso?
Sí, el mundo de Natahn Zuckerman es maravilloso, pero el mundo de Zuckerman es el maravilloso mundo creado por Philip Roth en todas y cada una de sus novelas (al menos las que he leído), aparezca en ellas o no aparezca Nathan Zuckerman.
Nathan aparece no obstante en muchas de las novelas de Roth. En la "Trilogía Americana" ("Pastoral Americana" [1997], "Me casé con un  comunista" [1998] y "La mancha humana" [2000]) es un personaje secundario que nos cuenta diferentes historias, pero manteniéndose más al margen que los personajes centrales a los que cede el protagonismo.  
No es el caso de la "Trilogía de Nathan Zuckerman"  en la que Nathan es el total y absoluto protagonista. Tampoco es el caso de la última obra en la que aparece Nathan Zuckerman, "Sale el espectro" de 2007, donde es un hombre de 71 años que vuelve a Nueva York tras vivir más de diez años en Nueva Inglaterra y recupera el protagonismo que ya había tenido en la trilogía que lleva su nombre.
Aunque se la llame trilogía, en realidad consta de tres novelas principales ("La visita al maestro", "Zuckerman desdencadenado" y "La lección de anatomía") y una novela corta que en español casi siempre se ha publicado con la tercera mencionada, y que funciona como epílogo de toda la serie, "La orgía de Praga". 
En 1985 las cuatro novelas se publicaron en un solo volumen con el título de "Zuckerman encadenado" y ese es el libro que yo he leído en una edición de Galaxia Guttemberg, concretamente, la que hizo en 2012 para Círculo de Lectores. 
Empecé la obra con la idea de ir alternando las novelas con otras lecturas. No voy a engañar a nadie: me costó un poco entrarle a la primera, hacerme con ella, empezar a disfrutarla. Desde luego, mi estado de ánimo no era el más adecuado; hay veces en que la incertidumbre de la tristeza presentida agobia más que la propia tristeza cuando llega. Ahora bien, en cuanto la hube asimilado y me hice con la historia, me arrastró de tal manera que he leído las cuatro novelas de un tirón. 
No son novelas que se puedan leer independientemente. Cada una viene de las otras, cada historia sale de la anterior y en realidad, todas las novelas forman una sola historia, la de un escritor judío, crítico con aquellos aspectos de su cultura y su religión que cree que debe criticar, que no es entendido por nadie, y menos aún por su propia familia.

"La visita al maestro" (1979).
(título original "El escritor fantasma") Zuckerman es un muchacho de 23 años que viaja a conocer a un escritor al que admira y que le ha invitado a su casa. Se trata de E. I. Lonoff, y Nathan ha ido a visitarle "para presentarle mi candidatura a hijo espiritual suyo [...]. Ni que decir tiene que ya tenía padre, y bien devoto que era, y bien que podía pedirle cualquier cosa en cualquier momento; pero era podólogo, no artista, y últimamente estábamos teniendo bastantes problemas familiares por culpa de un nuevo relato mío".
Efectivamente, en esta novela aparecen los primeros enfrentamientos entre Nathan y su padre por culpa de un relato, "Enseñanza superior", en el que el joven escritor cuenta una anécdota familiar que a su padre le parece que no deja en muy buen lugar a los judíos que serán vistos por los goyin (gentiles) como perros judíos con su amor al dinero. Lo que Nathan realizó como un homenaje a su familia, su padre lo ve como una afrenta al pueblo judío. Pero es que su padre aún vive lamentando algo que para Nathan ya queda lejano, algo que les ocurrió a los judíos "¡En Europa! ¡No en Newark! Nosotros no somos los condenados de Belsen. Nosotros no somos las víctimas de aquel crimen".
En casa de Lonoff, Zuckerman conoce a una joven que pasa allí unos días, se trata de Amy Bellette, cuya historia nos va dejando alucinados a la vez que la vamos conociendo y nos entra la duda de si está loca y todo se lo ha imaginado, si estamos locos nosotros y todo será cierto, o si todo es un producto de la imaginación de Nathan. No quiero desvelar nada, pero lo que esconde la vida de Amy y las reflexiones a que da lugar, son de lo mejor de toda la novela. Reflexiones que la llevan al punto de darse cuenta de que vale más muerta que viva y es mejor dejarlo estar. "Muerta, en cambio, bien podía ofrecer algo más que sano esparcimiento para jóvenes comprendidos entre los diez y los quince años; muerta había escrito, sin intención o sin proponérselo, un libro con la fuerza de una obra maestra para abrirle por fin los ojos a la gente".
Otra de las derivas argumentales de esta novela es la relación entre Lonoff y su mujer, genialmente expresada en un capítulo cuyo título, "La mujer de Tolstoi", lo dice todo.

"Zuckerman desencadenado" (1981).
Han pasado varios años y estamos en 1969. "Vietnam se había convertido en un matadero, y muchos norteamericanos, tanto en el campo de batalla como fuera de él, se habían vuelto completamente locos. Haría cosa de un año que Martin Luther King y Robert Kennedy habían sido muertos a tiros por asesinos". Nathan tiene ya treinta y seis años, tres divorcios en su biografía y se ha hecho célebre y millonario tras escribir una novela, "Carnovsky", que lo ha catapultado a la fama sin casi tener tiempo a asimilarlo. 
La experiencia se basa en lo que le ocurrió al propio Roth en 1969 a raíz de la publicación de "El lamento de Portnoy". Ambas novelas además son similares pues tratan de la adolescencia de un muchacho judío y sus problemas con el sexo, la culpa y una madre demasiado posesiva. No sé si los problemas posteriores al éxito fueron los mismos en Roth y en Zuckerman o si tan solo comparten la fama que les dieron sus novelas respectivas.


Philip Roth

A Nathan, "Carnovsky" le dio la fama y le permitió mudarse a un caro apartamento en el Upper East Side, tras separarse de Laura, su última mujer, gentil y WASP. Pero no a todo el mundo le ha gustado el libro de Zuckerman. "Ya eran muchos los que le habían escrito echándole la bronca. «Por pintar a los judíos en un ambiente de peep-show de total perversión, por pintar a los judíos cometiendo actos de adulterio, exhibicionismo, masturbación, sodomía, fetichismo y proxenetismo», alguien con más membrete en el papel de cartas que el mismísimo Presidente había llegado a sugerir que «habría que pegarle un tiro». Y eso, en la primavera de 1969, ya no era hablar por hablar".
Nathan se ve perseguido por Alvin Pepler, un hombre sin sentido de la discreción, incontinente verbal y obsesionado por su pasado de campeón de concursos televisivos, de los que tuvo que prescindir para dar paso a concursantes a los que se les daban las respuestas por parte de los productores. Aunque llegamos a dudar de si él no se benefició también de tales prácticas contra las que despotrica pues entre tanta vana palabra cualquier cosa puede ser posible. Tal vez alguien recuerde el caso. A mi me sonaba de una película vista hace unos años e investigando, descubrí que se trata de "Quiz Show" (Robert Redford, 1994).
Por si algo faltaba, el padre de Nathan muere en Florida, a donde se había trasladado el matrimonio tras jubilarse, y al morir dice una última palabra que perseguirá a Nathan durante muchos años y le supondrá la rotura de relaciones con su hermano Henry.
(continuará)

viernes, 15 de junio de 2018

"Babilonia" Yasmina Reza

"¿Qué importa lo que somos, lo que pensamos, lo que será de nosotros? Estamos en algún lugar del paisaje hasta el día en que dejamos de estar en él". Y para demostrarlo, Elisabeth comienza esta historia abstraída en un libro de fotos, "Los americanos" de Robert Frank, de 1958. Allí contempla a un hombre con traje y corbata con orejas de soplillo y un ejemplar de la revista "Awake" en la mano. Estaba vivo en 1955 cuando se sacó la foto. "Murió hace tiempo. Vestía con decoro para repartir sus folletos religiosos. Estaba solo, penetrado de una perseverancia triste y torva". Estaba en aquel rincón del mundo, en Los Ángeles, hasta que dejó de estar. Como muchos de los personajes retratados en el libro del suizo Robert Frank, como todos los personajes de todos los paisajes, de todas las fotos, de todos los tiempos. Antes o después dejamos de estar. 
A veces lo que deja de estar es toda una vida que se trunca y se convierte en otra. Un detalle casual, tan inesperado como innecesario, nos puede cambiar la vida para siempre.
Testigo de Jehová Los Ángeles
Robert Frank
(Los Americanos 1958)
Elisabeth tiene sesenta y dos años y no considera que su vida haya sido muy feliz. Tampoco desgraciada. Si tuviera que calificar su vida, le daría un seis; un seis haciendo trampa para no ser ingrata o herir a alguien. Ahora echa de menos a su madre que murió hace diez días y a su hijo que ya no vive en casa. Es feliz con Pierre su marido, aunque echa algo en falta en su relación de pareja, algo que tal vez siempre ha echado de menos, no solo ahora por la edad y la costumbre. "Estoy bien con mi marido. Pierre es alegre, de fácil convivencia. Nada charlatán, no me gustan los hombres charlatanes. Siempre a mi disposición, sin ser un blandengue ni un calzonazos. Es tierno. Me gusta su piel. Nos conocemos al dedillo. Le reprocho su amor demasiado incondicional. No me pone en peligro. No me magnifica. Le gusto incluso fea, lo cual no resulta nada tranquilizador. No existe electricidad entre nosotros, ¿ha existido alguna vez? ¡Deplorable balance!"
Tiene un vecino, Jean-Lino Manoscrivi, con el que sube las escaleras "los dos subíamos andando, yo para conservar un tipo pasable, él por su fobia a los sitios cerrados", y con el que, escalón a escalón, ha ido tejiendo la amistad suficiente para ir a las carreras o a tomar un café y pasear por las cercanías de su casa. Jean-Lino es nieto de inmigrantes judíos italianos por parte paterna. No es religioso, pero recuerda cuando su padre le leía el Libro de los Salmos, siempre el mismo pasaje inmortalizado por un marcapáginas deshilachado que su padre nunca movía de sitio "A orillas de los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos al acordarnos de Sión". Y Sión no solo es Jerusalén, es la Tierra Prometida de los judíos; el Paraíso, añadiría yo, de los cristianos, y no hay nada peor que vivir con los ojos puestos en un Paraíso que no existe o en una Tierra Prometida que, tal vez, se basa en una promesa falsa. Afortunadamente, ni Jean-Lino, ni su padre según él, entendieron nunca los versos, con lo que no tuvieron sus esperanzas puestas en fantasías inexistentes.


Yasmina Reza

Elisabeth tiene sus ojos en fantasías del pasado. Al menos fueron existentes en el pasado, en forma de Joseph Denner, su enamorado de los diecisiete años, amante de la fotografía y al que recuerda cada vez más. 
Elisabeth se hace mayor y va caminando hacia el final. Cada vez más sola, sin padres que la ayuden a envejecer, (¡ah, si no se llegase huérfano a ese trago! como dice Serrat), sin un hijo con presencia constante, alborotando la casa y conjurando el paso de los años. 
Elisabeth envejece y ha decidido hacer una fiesta de la primavera. Ha decidido invitar a amigos y familiares para levantar el ánimo, para celebrar que sigue viva, para festejar el fin del duro invierno parisino, para no sentir que envejece en soledad. "Así somos, me dije. Tú también vas haciéndote mayor como todos tus conocidos, y sentí que formaba parte de esa multitud en marcha, cogida de la mano, haciéndose mayor hacia algo desconocido".
Una fiesta de primavera a la que acuden dieciocho personas entre compañeros de Elisabeth, amigos de Pierre, familiares... y los vecinos Manoscrivi, Jean-Lino y Lydie; una fiesta que transcurre entre las risas, los cotilleos, las anécdotas relatadas por unos y otros... y es una anécdota relatada por Jean-Lino acerca de Lydie y su manía de no comer pollo que no se haya "encaramado a los árboles", lo que desencadenará los acontecimientos posteriores. Unos acontecimientos que comienzan cuando ya ha terminado la fiesta y Pierre y Elisabeth están en la cama, dormida una, leyendo el otro. Es entonces cuando llaman al timbre y aparece Jean-Lino para darles la noticia que les cambiará la vida a todos.
No había leído nada de Yasmina Reza. La consideraba, sobre todo, una autora de teatro. Esta novela me la recomendó una amiga y me ha gustado tanto, que seguiré con otras novelas de las muchas que he visto que tiene la autora.
Solo conocía a Yasmina Reza, aparte del nombre, por la película "Un dios salvaje", dirigida en 2011 por Roman Polanski y que es adaptación de una de sus obras de teatro. La película consiste en la conversación entre dos parejas cuyos hijos respectivos han tenido una pelea en un parque. En principio, ambos matrimonios se comportan de manera culta y civilizada, pero poco a poco, la conversación comienza a discurrir por caminos insospechados. 


Una escena de "Un dios salvaje". Roman Polanski 2011

Eso es también lo que sucede en esta novela: una desafortunada anécdota contada en una fiesta, una conversación que comienza cuando la mujer se queja de esa indiscreción por parte del marido, una charla de la que se va perdiendo el control y que conduce a hechos inesperados. Y todo porque, tal vez, ese diálogo entre marido y mujer responde a esa mutación minúscula que según Svante Pääbo, profesor de Biología de Elisabeth, nos separa de los neandertales y nos lanza hacia un mundo de aventura que no sabemos controlar, "una mutación insólita del genoma que al parecer permitió el lanzamiento a lo desconocido, la travesía de los mares sin ninguna certeza de tierra en el horizonte, toda la fiebre humana de exploración, de creatividad y de destrucción. En suma, un gen de la locura".

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