Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

miércoles, 17 de octubre de 2018

"La sociedad literaria y el pastel de piel de patatas de Guernsey" Mary Ann Shaffer y Annie Barrows

"De Dawsey Adams, Guernsey, islas del Canal, a Juliet 
12 de enero de 1946 
Señorita Juliet Ashton 
81 Oakley Street Chelsea 
Londres SW3 
Estimada señorita Ashton:
Me llamo Dawsey Adams y vivo en una granja en la parroquia de St. Martin's Parish en Guernsey. La conozco porque tengo un viejo libro que una vez le perteneció, Ensayos escogidos de Elia, de un autor que en la vida real se llamaba Charles Lamb. Encontré su nombre y dirección escritos en la cubierta interior del libro"
Como a cualquiera de nosotros le sucedería, a Juliet Ashton le hizo muy feliz recibir esta carta. Saber que un libro que se había visto obligada a vender (lo tenía repetido y necesitaba con desesperación más espacio) ha encontrado un nuevo propietario es como un acto de compensación hacia el volumen desechado. Nos quedamos tranquilos, la culpa se relaja y el ánimo se esponja. El objeto querido, a pesar de exiliado, ha encontrado un exilio dorado. Lo que Juliet no entiende es como ha llegado el libro a una de las islas del canal de la Mancha para hacerle la vida feliz durante la ocupación alemana a uno de sus habitantes.
"La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey" es un libro que está escrito en forma epistolar (¿forma epistolar? ¿habla de literatura? ¿a qué me recuerda?). Todo lo que conocemos lo hacemos a través de las cartas que los personajes se van enviando uno a otro. 
Juliet es una escritora en horas bajas aunque aún le quedan remanentes de su pasado éxito. Durante la guerra adquirió notoriedad escribiendo, bajo el seudónimo de Izzy Bickerstaff, una serie de columnas en el Spectator. Con el título de Izzy Bickerstaff va a la guerra, se han recopilado en un solo volumen que se está vendiendo muy bien. Pero su biografía de Anne Brontë resultó un desastre y el nuevo libro en el que está metida, "Debilidades inglesas", no consigue avanzar.
Lo que ella no sabe es que la carta de Dawsey Adams, que acaba de recibir desde Guernsey, está a punto de ponerla en la estela de una nueva y exitosa historia.
Dawsey Adams, en su primera carta, insinúa además algo que Juliet no puede por menos de pedirle que le explique con todo detalle. "Charles Lamb me hizo reír durante la Ocupación alemana, sobre todo cuando escribió eso del cerdo asado. La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey nació por un cerdo asado que tuvimos que esconder de los soldados alemanes"
Tras tan curiosa revelación, Juliet no puede evitar preguntarse y preguntarle a Dawsey a vuelta de correo, acerca de un cerdo asado, su importancia como causante de la creación de un círculo literario, una cena que debe mantenerse en secreto, un pastel de piel de patata y su imposible participación en el nombre del citado club literario.
Comienza así un intercambio de cartas entre Juliet y distintas personas de Guernsey, participantes en el club unas, y ajenas a él otras. Poco a poco, mientras Juliet mantiene correspondencia con otros personajes (su editor, Sidney; la hermana de Sidney, Sophie; amigos y pretendientes) se va cerrando un círculo de simpatía y amistad entre la autora y algunos de los habitantes de la isla.
Carta a carta iremos conociendo el pasado de Juliet; su infancia de huérfana díscola educada por un tío abuelo que se vio obligado a mandarla a un internado; cómo el internado y la gente que allí conoció abrió las puertas a lo que es Juliet en la actualidad; las circunstancias que la llevaron a perder todos sus libros por no dejar que un antiguo novio los metiera en cajas y los relegara al sótano; el acoso floral al que la somete Markham V. Reynolds hijo, un hombre enamorado de ella a cuyas pretensiones matrimoniales tendrá enormes tentaciones de acceder porque es norteamericano, apuesto, millonario y editor. 
Carta a carta iremos sabiendo la historia de "La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey"; su origen, sus pequeñas anécdotas: "Una vez, cuando me tocaba a mí hablar, lo hice sobre las hermanas Bronté. Siento no poder mandarle mis apuntes sobre Charlotte y Emily; los usé para encender el fuego de la cocina, no había más papeles en la casa. Ya he quemado las tablas de mareas, el Apocalipsis y la historia de Job"; las relaciones de amistad, recelos, amor, lealtad que se establecieron entre los miembros de la Sociedad y entre estos y personas ajenas.
Y sabremos de la Guerra y de Guernsey durante la Guerra, de la ocupación alemana, del hambre que afectó por igual a ocupantes y ocupados; de la entrega y amistad que no fueron patrimonio solo de los isleños, porque el enemigo está formado por personas y a veces esas personas están más cerca que las que comparten origen y bando en litigio; se tiene con ellas una comunidad de intereses mayor que con los que se compartió banco en la escuela durante años. Y así nos encontramos con soldados que tiraban al suelo patatas de los camiones que escoltaban para que los niños que los perseguían se fueran un poco menos frustrados. Y encontramos vecinos delatores que con sus palabras consiguieron la detención y deportación de algunos otros. Lo mejor y lo peor del ser humano donde menos se espera encontrar.


Guernsey es una de las islas del Canal de la Mancha. Más próxima a la Normandía francesa que a las costas británicas, fue lo que los alemanes supusieron el trampolín ideal desde el que saltar y conquistar Reino Unido. Poco pensaron que sus planes quedarían frustrados en ese trampolín en el que permanecieron desde que llegaron, poco después de comenzar la guerra, hasta que pudieron regresar una vez concluida. "Llegaron aquí el domingo 30 de junio de 1940, después de habernos bombardeado durante dos días seguidos. [...] Nos bombardearon, y mataron a unos treinta hombres, mujeres y niños, [...] Cuando ya nadie les disparó a ellos, comprobaron que los británicos nos habían abandonado, indefensos. Siguieron sobrevolándonos pacíficamente durante dos días, y nos ocuparon durante cinco años"
Pero cinco años son muchos años. La convivencia y el compartir penurias acercó a algunas buenas personas de ambos bandos, a las que tenían intereses literarios o de cualquier otro tipo en común, despertó amores y amistades, pero también celos y resentimientos. 
Cuando Juliet decide visitar la isla para conocer en persona a las personas con las que ya había establecido amistad por carta, poco podía imaginar que su vida iba a cambiar para siempre. A pesar del ambiente, tan diferente del bullicio de Londres, en la isla encuentra un modo de vivir sencillo, gentes cálidas y acogedoras, remedios insospechados e improbables para curar casi todos los males. Encuentra unas personas heridas por la guerra que curan sus males con amistad y optimismo; se enamora del lugar y de sus gentes.
Aún en Londres, cuando solo eran cartas lo que la unían a la Sociedad Literaria, ya le contaba a Sydney su enamoramiento con las personas y los hechos. "Aparte de mi interés en su «interés» por la lectura, me he enamorado de dos hombres: Eben Ramsey y Dawsey Adams. También me gustan Clovis Fossey y John Booker. Quiero que Amelia Maugery me adopte, y yo quiero adoptar a Isola Pribby". Cuando ahora los conozca a todos, su enamoramiento será total, sobre todo porque aún le faltaba conocer a Kit y todo lo que esta tenía para regalarle: el cariño incondicional de una niña de cuatro años que atienden por turno los miembros de la Sociedad y que irá quedando cada vez más al cuidado exclusivo de Juliet. 
Y a pesar de todo lo dicho, aún no he hablado de quien, para mí, es la protagonista total del libro. Se llama Elizabeth, no llega a aparecer en persona, pero a ella es a quien se debe el origen de la Sociedad Literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, a ella se deben las nostalgias de los tertulianos;  su rastro sobrevuela los relatos de los isleños, representa las heroicidades de los ocupados. Sin ser de la isla, su recuerdo ha quedado imborrable en quienes fueron amigos y compañeros de lecturas. Ahora, terminada la guerra, esperan que regrese.

Mary Ann Shaffer (sentada) y Annie Barrows
La novela aparece firmada por dos mujeres. Mary Anne Shaffer es una escritora norteamericana que con motivo de un viaje a las islas del Canal, supo que habían estado ocupadas por los alemanes y entonces "Sentí la imperiosa necesidad de volar a Guernsey y quedé fascinada por la breve visión que tuve de la historia y de la belleza de la isla. De esa visita nació este libro, aunque muchos años después". Annie Barrows es su sobrina, también escritora, quien ante ciertos problemas de salud de su tía se ocupó de trabajar en el manuscrito que ya estaba comprometido. 
No he podido dejar de ver, planeando sobre esta novela, la sombra alargada de "84, Charing Cross Road" (1970), de Helene Hanff, también sobre literatura y también elaborada a base de cartas, y aunque "La sociedad literaria..." me ha gustado, tiene detalles realmente interesantes y lo he leído con mucho agrado, la novela de Hanff tiene una magia difícil de superar y como digo sobrevuela, a gran altura, "La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey". Que, no obstante, recomiendo.

Título del libro: "La sociedad literaria y el pastel de piel de patatas de Guernsey"
Título original: "The Guernsey Literary and Potato Peel Pie Society".
Autor: Mary Ann Shaffer y Annie Barrows
Traducción: Sandra Campos
Editorial: RBA 
Año de publicación: 2010
Año de publicación original: 2008
Nº de páginas: 303

domingo, 14 de octubre de 2018

"El fin de los buenos tiempos" Ignacio Martínez de Pisón

"El fin de los buenos tiempos" es uno de los primeros libros de Ignacio Martínez de Pisón. Sigo al autor desde que leí su novela "Enterrar a los muertos". Me gustó tanto que desde entonces, he leído todas las novelas que ha publicado y alguna de las anteriores que, de tiempo en tiempo, rescato de entre mis lecturas pendientes. 
Aunque antes de leer sus libros, lo conocía por ser el autor de "Carreteras secundarias", una película que vi una tarde de Navidad y que me gustó mucho.
Este libro que hoy me ocupa no es una novela, sino tres relatos un poco largos o puede que tres novelas cortas. Las tres, unidas por las relaciones entre padres e hijos y por la culpa. La culpa siempre presente entre padres e hijos. ¿Quién no se ha sentido culpable como hijo? Culpable de no haber sido suficientemente cariñoso con los padres, de no haberles reconocido lo mucho que nos entregaron, de no haberles tratado con la debida consideración, de no... Y ¿quién no se ha sentido culpable como padre? culpable de no haber dado más, de haber exigido demasiado, de haber escatimado aquel capricho tan demandado...
Como siempre digo, las relaciones familiares, sobre todo las que van de padres a hijos, mezclan de manera sorprendente el amor con el resentimiento, el egoísmo con la más absoluta entrega, el deseo de morir y el deseo de matar.
En este libro tenemos tres historias, tres padres, alguna madre, dos hijos, una hija, un perro, culpa, resentimiento, dolor.
"Siempre hay un perro al acecho" es la primera historia. Los padres de una niña que padecía una grave enfermedad reciben la feliz noticia de su curación total. "Aún no han pasado tres meses desde el día en que la doctora Rubio nos dijo que Marta estaba totalmente curada. Recuerdo que nos miró a través de sus gafas de montura de carey y nosotros contuvimos el aliento, temiendo que fuera a anunciarnos la posibilidad de una recaída. Pero se quitó las gafas, las sostuvo un instante ante la cara como en un movimiento congelado por una cámara fotográfica y sonrió con una sonrisa que lo decía todo: «Está totalmente curada.» Giovanna me cogió una mano y exhaló un largo suspiro". Así empieza este primer relato. Una entrada en la que ya se nos transmite todo el dolor y la desesperación pasados, todo el inmenso alivio que esos padres sienten. Les oímos soltar el aire que llevaban meses, tal vez años, conteniendo en el interior de sus pulmones. Sentimos la ligereza que el enorme peso del que terminan de despojarse ha dejado sobre sus hombros físicos y mentales.
Para celebrar la buena noticia, el padre decide realizar el viaje a Lisboa que le había prometido a su mujer desde antes de casarse. Ahora podrán ir los tres y comenzar a retomar proyectos que la enfermedad de la niña había hecho posponer. Pero Gandul, el perro de la familia, no puede acompañarlos.
El viaje se verá enturbiado por la ausencia de Gandul y por los perros que, como una premonición del desastre, aparecerán atropellados en distintos puntos de la carretera.
Estos hechos, intrascendentes en apariencia, desencadenan unos acontecimientos insospechados que recaen sobre la conciencia del padre en forma de una culpa ni buscada ni merecida, pero de la que ya nunca podrá desprenderse.

Ignacio Martínez de Pisón
"El fin de los buenos tiempos" es el segundo relato y el que da título al libro. Un equipo de fútbol local, de una ciudad pequeña, está pasando por sus mejores momentos. "El pueblo no había tenido un equipo tan brillante y luchador desde hacía muchos años, desde aquella temporada gloriosa en que se alcanzaron los octavos de final en la Copa. Había algunos jugadores que destacaban sobre los demás —el portero, uno o dos de los defensas y, desde luego, Bellido, el goleador—, pero lo que de verdad funcionaba era el conjunto". Sí, desde hace dieciocho años, cuando el club local hizo la mejor temporada de su historia, no había vuelto el pueblo a gozar de los triunfos continuados de su equipo. 
Cuando el entrenador sufre un accidente y tiene que ser sustituido, nadie mejor que Silvestre,  uno de aquellos jugadores de aquella otra alineación histórica de hace tantos años.
La euforia en el pueblo se desata y el ascenso, al final de la temporada, se contempla como algo incuestionable. El segundo mejor equipo de la historia (cronológicamente hablando) entrenado por un jugador del primer mejor equipo.
Pero en el pueblo no contaban con lo impensable. Asuntos sin resolver que dejó Silvestre cuando se fue del pueblo hace ya muchos años, están esperando su vuelta para cobrarse la deuda que dejó impagada. Y el pago de la deuda pasa por Bellido, el goleador del equipo, que dejará de jugar presionado por su madre. Todo se trastoca y lo que parecía que iba a ser una época de gloria deportiva para el pueblo y para el club se convierte, de nuevo, en el fin de los buenos tiempos, porque los buenos tiempos vienen cuando vienen, nunca muy a menudo, pero siempre tienen su fin más cercano de lo que a todos nos gustaría.
"La ley de la gravedad" pone el final a este libro de relatos. Si en el primero nos encontramos a una niña y en el segundo a un adolescente en sus complicadas relaciones paternofiliales, en este caso es ya un hombre maduro quien toma la palabra para hablarnos del regreso. El regreso a la casa familiar (aunque ya no sea la misma casa) y al padre enfermo, y el regreso a los escenarios y amistades de la juventud. Y también el regreso a los recuerdos, a lo que estableció la distancia que lo ha mantenido alejado hasta recibir una carta de su tío que le anuncia la enfermedad del padre.
La madre murió hace veintiún años, cuando el hijo tenía doce. El padre fue militar, y fue el centro de la vida familiar la ley de la gravedad hacia la que todo convergía. "Durante mi adolescencia creí firmemente que la ausencia de mi madre no había dejado ninguna huella en mí. Y en el fondo, no era tan ilógico que pensara así: en todos los recuerdos de mis primeros doce años me veo como el astro principal que gira en torno a mi padre, y ella queda siempre relegada a esa amplísima zona de sombra que ha de compartir con otras figuras igualmente borrosas y secundarias, prescindibles casi. De carácter apocado y salud quebradiza, su influencia en la vida doméstica era poco menos que nula"
Pero de eso hace ya mucho tiempo y los desencuentros vinieron a crear distancias entre padre e hijo. Unas distancias que ahora deberán ser acortadas para volver a recuperar, antes de que sea tarde, el pulso de los afectos, la cercanía final que conjura la culpa y el tiempo perdido. A base de cafés, partidas de ajedrez y fotos familiares, irán dando de lado los años de separación y resentimiento... aunque nada es tan fácil al fin y al cabo.
Un relato, el mejor desde mi punto de vista, con un final espeluznante, que nos inquieta y nos deja un regusto a frustración ante la idea de no poder dar marcha atrás, de que la vida no da segundas oportunidades y las marcas de lo que hicimos y de lo que nos faltó quedan indelebles como huellas de ave en el cemento.


Por si alguien quiere leer mis otras reseñas sobre libros de Martínez de Pisón, dejo los enlaces.
"Derecho natural"
"Filek: El estafador que engañó a Franco"

Título del libro: El fin de los buenos tiempos

Autor: Ignacio Martínez de Pisón
Editorial: Anagrama
Año de publicación: 1994
Año de publicación original: 1994
Nº de páginas: 160



jueves, 11 de octubre de 2018

"Retrato de una dama" Henry James


Tras publicar hace unos días una entrada sobre "La señora Osmond", de John Banville, quiero ahora, como prometí allí, hablar de la novela que da origen a ella y de la que la obra de Banville no es más que una continuación. Se trata, de "Retrato de una dama", de Henry James, que yo no había leído, y como no la había leído no supe reconocer lo que "La señora Osmond" me estaba contando.
"Retrato de una dama" junto a "Otra vuelta de tuerca" fueron  mis libros pendientes de James durante muchos años. Curiosamente, cuando me inicié en la lectura del autor lo hice con otros títulos: "Washington Square" y "La figura en el tapiz" fueron mis primeras novelas de Henry James. Aunque "Otra vuelta de tuerca" no tardó en sumarse a los leídos, "Retrato de una dama" se me resistía y aún no había abandonado la estantería de pendientes. Por fin lo ha hecho arrastrada por su secuela. Me alegro de haberme visto empujada a ello, pero poco más le tengo que agradecer a John Banville. Me atrevo, por el contrario a decir que alguna cosa le tengo que reprochar.


"Retrato de una dama" Henry James
"Cuando concurren ciertas circunstancias, pocos momentos hay en la vida que resulten más gratos que esa hora que se dedica a la ceremonia conocida como el té de la tarde. Hay circunstancias en las que, tanto si uno toma té como si no —y, por supuesto, hay gente que jamás lo hace—, la situación resulta placentera por sí misma. Aquellas que tengo en la mente al iniciar la narración de esta sencilla historia hacían que el escenario de tan inocente pasatiempo resultase digno de admiración". Estamos en Gardencourt en una tarde de verano, a esa hora en que los crepúsculos se hacen esperar y las tardes son eternas. Ralph Touchett se dispone a tomar el té en compañía de su padre y de su buen amigo, lord Warburton. Ellos no lo saben, pero algo está a punto de cambiar sus vidas para siempre. La señora Touchett acaba de regresar de Estados Unidos de donde se ha traído a Isabel, una sobrina, hija de su fallecida hermana, y que acaba de quedar también huérfana de padre.
Isabel Archer es una joven impetuosa, independiente, con gran imaginación y que ha leído mucho. Si a ella se le abre todo un mundo con la oportunidad de visitar Europa que le ofrece su tía, ella a su vez será un hálito de vida e ilusión para varias de las personas que se crucen en su camino.
Lord Warburton quedará enamorado de Isabel y no tardará en declararse. Nadie, salvo Ralph, entiende que lo rechace y que además rechace con él la oportunidad de convertirse en lady, ascender de categoría social y vivir en un mundo con el que jamás habría soñado.
Ralph no solo lo entiende, sino que la admira por ello. Ralph está enfermo. Podemos creer que está enamorado de su prima. Nunca nos lo dirá, o tal vez, lo haga de forma velada. Enamorado o no, la quiere lo suficiente como para no hacerla cargar con un enfermo y como para darle los medios que la liberen de caer en un matrimonio de conveniencia. Por eso le hace a su padre una original propuesta "Dices que yo tendré dinero suficiente para dos. Lo que yo quiero es que tengas la bondad de librarme del superfluo y se lo dejes a Isabel. Que dividas mi herencia en dos partes iguales y le des la otra a ella. [...]Si te hago esta propuesta es precisamente para librarla de ese tipo de cosas. Si cuenta con ingresos suficientes, nunca se verá obligada a casarse para que la mantengan. Eso es lo que yo quiero astutamente evitar. Ella desea ser libre, y tu herencia le dará la libertad". 
Lo que Ralph desea es sentarse y ver a su prima vivir con libertad. Y es que para Ralph una persona es rica cuando tiene lo suficiente como para dejar volar su imaginación y satisfacer los caprichos que su fantasía le imponga. Y lo que Ralph piensa obtener a cambio es disfrutar al ver como se cumplen los proyectos que su propia imaginación pone en la mente de Isabel: ver mundo, conocer gente y no atarse a nada ni a nadie.
Pero a veces los regalos están envenenados aun sin conocimiento de quien los otorga, y Ralph verá a su prima evolucionar de forma muy distinta a como él había imaginado. 
Disponemos de más de ochocientas páginas para acompañar a Isabel y ser testigos de sus errores, de su arrogancia de mujer joven que se cree invencible y que termina claudicando donde menos se podría esperar; y también asistiremos a la desilusión de Ralph y a su, a pesar de todo, cariño inquebrantable por su prima.

Henry James
"Retrato de una dama" es tal vez la novela más célebre de Henry James. Se publicó originariamente por fascículos entre 1880 y 1881, año en que salió en forma de libro. Es la cuarta novela que leo del autor y si bien, junto a "Washington Square", es la de más fácil lectura, también he de decir que de todas las leídas es la que menos me ha impactado. Y es que Henry James es un autor que impacta, que te deja imaginar (se ve que lo de la imaginación es para él un asunto muy serio y digno de respeto), te permite terminar de escribir sus libros y a veces te ves con las manos llenas de datos que te empujan hacia un final tan inquietante como incómodo.
Es tanto lo que James empuja a sus lectores a completar sus historias que John Banville se ha atrevido a continuar "Retrato de una dama" en el mismo sitio en que lo deja James. Ahora, con ambos libros leídos, me veo en condiciones de opinar y completar la reseña de "La señora Osmond". 
Como dije en ella, Banville se mimetiza a la perfección con el estilo de Henry James, pero solo en la forma: la sintaxis, las frases largas, las descripciones minuciosas, los análisis pormenorizados de sentimientos, pensamientos y actitudes, todo ello nos recuerda mucho lo salido de la pluma de James. En cuanto a la forma, nada que objetar y hasta puedo decir "chapeau".
Por lo que al contenido se refiere, ya es otra cosa. Las largas reflexiones y análisis de James nos obligan a seguir leyendo, queremos saber más, queremos ver a dónde le llevan (nos llevan) sus razonamientos, las conclusiones de sus silogismos; nos arrastra en un torrente de palabras e ideas que queremos saber en qué mar desembocan. Los largos párrafos de Banville me hacen perder la atención, me aburren, me entran enormes tentaciones de abandonar.
Si hubiera leído primero la novela de James, me hubiera interesado más la de Banville, hubiera tenido interés por ver lo que les sucedía a los personajes una vez abandonados por el autor; unos personajes a los que Henry James me ha hecho querer y desear saber de su vida. 
Se debería avisar de que por nada del mundo se debe leer "La señora Osmond" sin antes haber leído "Retrato de una dama". Porque no es solo que me hubiera interesado más la secuela, es que además no hubiera servido para destriparme la trama de la magnífica novela de Henry James haciendo que la haya disfrutado mucho menos que si hubiera llegado "virgen" a ella. Cuando la empecé, ya sabía todo lo que iba a pasar, nada me pilló por sorpresa, nada pude imaginar.
Quiero destacar además en esta novela, los interesantes comentarios con los que Henry James, por boca de sus personajes (casi todos estadounidenses afincados en Europa), compara actitudes y formas de ver la vida entre Estados Unidos y Europa, sobre todo, Reino Unido.
Y quiero terminar hablando de los maravillosos diálogos que es capaz de construir, algo que John Banville no consigue ni de lejos. Es largo, pero no quiero privaros de esta maravilla (hablan la señorita Stackpole, periodista del Interviewer de Nueva York en busca de crónicas de la vieja Europa, y Ralph Touchett):
"—No comprendo cómo no le remuerde la conciencia.
—¡Mi querida señorita, yo no tengo conciencia!
—Pues le aconsejo que se la procure. La va a necesitar la próxima vez que vaya a Estados Unidos.
—Lo más probable es que no vuelva jamás.
—¿Es que tiene vergüenza de dejarse ver?
Ralph meditó la respuesta con una leve sonrisa.
—Supongo que si uno no tiene conciencia, también carece de vergüenza.
—De lo que no carece usted es de gran aplomo —declaró Henrietta—. ¿Le parece bien renunciar a su país?
—Uno no puede renunciar a su país, de la misma forma que uno no puede renunciar a su abuela. Ambos preceden a toda elección… son elementos de la propia esencia que no pueden eliminarse.
—Supongo que eso quiere decir que lo ha intentado y ha fracasado. ¿Qué piensan aquí de usted?
—Me adoran.
—Eso será porque cede ante ellos.
—Bueno… ¡atribuya también algo a mi encanto natural!"

Título del libro: Retrato de una dama
Autor: Henry James
Traducción: Ana Eiroa Guillén
Editorial: Penguin clásicos
Año de publicación: 2015
Año de publicación original: 1881
Nº de páginas: 832

Esta novela entra además en el II reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990. "Retrato de una dama" está publicada en 1881.

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