Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

martes, 6 de diciembre de 2016

"Puente de los suspiros" Richard Russo

"Me llamo Louis Charles Lynch. Tengo sesenta años y casi cuarenta de esos años he sido un marido cariñoso, aunque no tremendamente interesante, de la misma mujer encantadora [...] Puede que lo más notable de mi vida sea que la he pasado toda en el mismo pueblo pequeño del norte del estado de Nueva York, algo inaudito estos tiempos".
Así comienza "Puente de los Suspiros", con la narración de Lou cuando se dispone a contarnos su vida. Tiene sesenta años y está a punto de viajar con Sarah, su mujer, para ir a Italia. Una salida de tal envergadura tiene muy nervioso a Lou quien es feliz sin moverse de Thomaston, el pueblo en el que ha vivido toda su vida, excepto una pequeña temporada en que residió en Albany para ir a la Universidad; el pueblo en el cual las "estadísticas del cáncer están muy por encima de cualquiera de las habituales. El culpable principal de eso fue, como sospechamos todos, la antigua curtiduría, cerrada estos últimos cuarenta años, que vertía sus tintes y productos químicos al río Cayoga", un río que aparecía cada día de la juventud de Lou teñido de un color distinto según el tinte que se utilizara aquel día en la curtiduría; el pueblo dividido en tres barrios que ejemplificaban la división social de sus habitantes y el ascenso social de Lou con el paso de los años. El Lado Oeste es industrial y pobre. Allí pasó Lou su infancia. El Lado Este es de clase media baja y allí vivió su adolescencia y la mayor parte de su juventud. El Burgo es la zona donde se concentra la riqueza de Thomaston, la gente más acomodada, y donde vive Lou a los sesenta años, donde ha vivido su vida adulta. Pero aún hay otra zona en Thomaston. Incrustada en el Lado Oeste, pero sin mezclarse con él, está La Loma, donde viven los más pobres, los que, no solo son pobres, sino que además, son negros. 
Este no es el río Cayoga que creo que es ficticio
(al menos, en el estado de Nueva York),
pero bien podría serlo.

A Louis Charles Lynch, una profesora de la guardería lo nombró el primer día de clase como Lou C. Lynch, creando de esta manera el apodo que le perseguiría y atormentaría durante gran parte de su infancia y adolescencia: Lucy. Pasado el tiempo, cuando Lou andaba ya por los diecisiete años, "los chicos le seguían llamando Lucy, pero ahora con afecto, y muchos parecían haber olvidado que el objetivo inicial había sido molestarle"
Muchas cosas han podido marcar la vida de Lou, además de su apodo. Tal vez cuando lo encerraron en el baúl y simularon serrarle por la mitad; tal vez las ausencias que tiene desde entonces y que hacen que, tras ver el mundo desenfocado y sin perfiles, pierda la conciencia de todo hasta que vuelve de nuevo en sí y solo su padre es capaz de traerle de vuelta totalmente y hacer que recupere el dominio de la palabra; tal vez su amor incondicional a su padre, un buen hombre para el que "los días serían buenos la mayor parte de las veces" y que contrastaba con su madre, una buena mujer, pragmática y realista para la que "un día bueno era algo raro. Mañana sería un día malo, y la única cuestión era lo malo que iba a ser".
Tal vez todo eso hizo que mientras sus amigos jugaban y alborotaban, él prefiriera quedarse en casa leyendo libros, algo que solo a su padre llenaba de orgullo. Todo eso le pudo marcar, y el hecho de que Bobby, su único amigo desde muy niño, aparece y desaparece de su infancia causándole un vacío difícil de llenar... hasta que conoció a Sarah.
A Bobby Marconi le marcó una infancia dominada por un padre brutal y autoritario y una madre que solo parecía existir para quedarse embarazada, escapar de casa y volver de nuevo traída por su marido para parir y volver a empezar, hasta que su vida y su cordura dependieron de unas pastillas que la dejaban atontada.
Richard Russo rodeado de sus "libros"

Sarah Berg ha vivido y cuidado de su padre desde que la madre los dejó para irse a vivir y disfrutar de lo que su serio e intelectual marido no era capaz de darle... y para superar una terrible pérdida. Sarah la visita los veranos y pasa con ella las vacaciones mientras su padre, profesor, aprovecha esas mismas vacaciones para encerrarse a escribir su interminable novela. Sarah decidió quedarse con él y lo cuida con la misma solícita amabilidad con que se cuida a los hijos que no saben desenvolverse muy bien en el mundo.
Nan Beverly es la hija del dueño de la curtiduría. Ha vivido siempre en el Burgo y no sabe de necesidades, frustraciones o carencias. Mimada por sus padres y objeto de deseo de todos los chicos de instituto, no está preparada para enfrentarse al hecho de que, a veces, las cosas no salen como tú quieres y la vida te deja con los ojos muy abiertos preguntándote por qué nadie te dijo que no todo era tan fácil. "Los Marconi, los Lynch, los Beverly y los Berg. Ninguna de esas familias saldría ilesa del choque. Sólo una sobreviviría intacta".
"Puente de los Suspiros" nos cuenta la vida de estos cuatro jóvenes, la infancia de algunos, la adolescencia de todos que pasó y superó muchas dificultades al abrigo de los Lynch y del Ike Lubin, el supermercado que compró el padre de Lou, en contra de la opinión de su madre y que terminó siendo el refugio de todos ellos y es que huyendo de sus familias que se desmoronan, Sarah, Bobby y Nan buscan cobijo con los Lynch, la familia que "parecía la más estable de las cuatro familias, y el Ikey Lubin una prolongación de aquella estabilidad, lo que quizá explicara por qué pasaban tanto tiempo allí Noonan y sus amigos". ¿Que aún no os he hablado de Noonan? Tendréis que leer la novela para averiguar quien es. 
Pero también nos cuenta la historia de una familia negra o más bien de tres hombres de tres generaciones de dicha familia, Gabriel Mock, Gabriel Mock Júnior y Gabriel Mock Tercero. Los dos últimos se han atrevido a desafiar las leyes raciales no escritas y han intentado materializar su amor por una chica blanca. Ambos lo pagaron en exceso y las chicas se sintieron culpables por no haber visto el peligro que acechaba y es que entre los blancos de Thomaston, también hubo quien a mediados del siglo XX quiso desafiar los prejuicios y el racismo imperantes.
"Puente de los Suspiros" está narrada en parte por Lou que, en primera persona, nos va contando su vida pasada y presente, nos va desvelando los secretos que él guarda y creando expectativas sobre los secretos que él no conoce. Un narrador omnisciente, en tercera persona, nos irá contando el resto de la historia, lo que Lou desconoce o conoce a medias o conoce erróneamente; lo que pasó en el pasado, lo que acontece en el presente, lo que sueñan, desean, ocultan e imaginan los personajes. 
El Puente de los Suspiros (Venecia)
Todos los misterios se irán desvelando, mientras paralelamente, en Venecia y en Thomaston, dos pintores reflejan en el lienzo su particular visión del Puente de los Suspiros. Un puente que Lou estuvo a punto de cruzar sin retorno y del que le salvó Sarah, como tantas otras veces.
No es la mejor novela de Russo y seguro que mucha gente piensa que le sobran páginas. Puede que sea cierto, pero ese es un asunto que nunca me ha importado siempre que los que se cuenta en ese exceso de páginas, me guste y atrape lo suficiente.
Richard Russo, Premio Pulitzer en 2002 por su novela "Empire falls", de la que él mismo hizo el guión para una miniserie de cuatro capítulos muy recomendable, es uno de los autores más reseñados en este blog. Os dejo el enlace por si os apetece leer acerca de algún otro de sus libros.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Lecciones para escribir una novela. Quinta: El desencadenante


Como ya sabemos, una novela tiene tres unidades dramáticas y la primera de ellas es el planteamiento. Este a su vez consta de varios elementos. El primero de ellos es la situación de equilibrio inicial del que hablamos en la cuarta lección de este curso de Ana Bolox que os estoy contando con permiso de la Revista MoonMagazine donde se publicó y de Txaro Cárdenas, su directora.
Ahora vamos a hablar del segundo elemento, el que tiene que venir poquito después de la situación de equilibrio inicial, y este segundo elemento no es otro que:
Este elemento es, según Ana Bolox, "un elemento que el escritor ha de cuidar con especial esmero si no quiere perder a su lector ya en los primeros compases de la melodía con que desea hipnotizarlo"Es el elemento que rompe con la situación de equilibrio inicial y pone en marcha (desencadena) la trama de la novela.
Se nos mostrarán las dos funciones principales del desencadenante; como debe ser y cuando debe suceder y las excepciones a la norma, que las tiene como toda norma; se nos pondrán ejemplos concretos y hasta un esquema. Incluso se nos advierte sobre los falsos desencadenantes.
Un capítulo muy interesante pues este elemento hará que la novela que está comenzando tenga donde anclarse y cimentarse o empiece ya a zozobrar desde el principio.
Aquí tenéis la quinta entrega de este curso. Os invito además a pasar por la Revista MoonMagazine en cualquier momento. Siempre encontrareis algo que os guste y os aporte algo. 
Y si os interesa algún otro curso o taller o las claves para escribir una novela policíaca, en Ateneo Literario, de Ana Bolox, tenéis vuestra página. 
Y si os apetece una novela elegante como el té de las cinco, policíaca al estilo clásico y que la propia Agatha Christie firmaría encantada, os recomiendo "Carter & West" de la propia Ana Bolox. Os dejo en el título el enlace a la reseña que le hice.


jueves, 1 de diciembre de 2016

Diciembre


Desde hacía muchos años deseaba escribir sobre los Finzi-ContiniMicòl y Alberto, el profesor Ermanno y la señora Olga— y sobre todos los que habitaban o, como yo, frecuentaban la casa de Corso Ercole I d’Este, en Ferrara, poco antes de que estallara la última guerra. Pero el impulso, la incitación para hacerlo de verdad, no los sentí hasta hace un año, un domingo de abril de 1957.
Y es que en abril de 1957, el narrador de esta historia se encontró, tras la visita a una necrópolis etrusca, cuando volvía en coche a Roma, con su recuerdo varado en el cementerio judío de Ferrara ante la tumba de Alberto, la única tumba en la que reposaba un Finzi-Contini, porque, "muerto en 1942 de un linfogranuloma, fue enterrado en ella, mientras que Micòl, la hija segundogénita, y el padre, el profesor Ermanno, y la madre, la señora Olga, y la señora Regina, la muy anciana madre paralítica de la señora Olga, deportados todos a Alemania en otoño de 1943, quién sabe si encontrarían sepultura alguna"
Este mes de diciembre he escogido para su comienzo literario el inicio de "El jardín de los Finzi-Contini", la preciosa novela de Giorgio Bassani. Una hermosa y terrible novela en la que vemos, de forma casi gráfica, como se accede al paraíso, como se siente uno cuando lo expulsan de él y como a veces se desmorona sin dejar más rastros que una tumba y mil recuerdos. 
El narrador accede al paraíso a finales de la década de los veinte del pasado siglo. Tiene trece años y, por primera vez, Micòl, la hija pequeña de los Finzi-Contini, le invita a entrar en su casa, o más bien, en el parque inmenso que rodea la casa. Comienza a frecuentar a la familia y su amistad con los hermanos (y algo más que amistad con Micòl) comienza a partir de entonces.
Los Finzi-Contini son una de las familias judías más ricas de Ferrara. El protagonista también es judío, pero su familia pertenece a una clase media, acomodada, pero lejos de la riqueza suntuosa que rodea a los Finzi-Contini en su magnífica casa del corso Ercole I D'Este. 
Diez años más tarde, con el fascismo en pleno auge en Italia, y los judíos cada vez más postergados por las leyes y la sociedad, la familia no será consciente aún de lo que se le viene encima. Como muchos judíos cultos y acomodados en toda Europa, no pueden siquiera imaginar la posibilidad de tanta barbarie como les espera.
Corso Ercole I D’Este 
Ferrara
El narrador, del que no llegamos a saber el nombre, nos cuenta como era la comunidad judía de Ferrara en los años previos al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Nos mostrará la ciudad y su evolución desde el fin de la Gran Guerra hasta finales de los años treinta. Nos irá introduciendo en un ambiente culto y refinado que está llegando a su fin sin siquiera sospecharlo; en el devenir de las familias judías de Ferrara, la suya propia y la de los Finzi-Contini; en la felicidad despreocupada de unos estudiantes jóvenes y alocados, una felicidad a la que solo ensombrece algún tropiezo amoroso mientras, inconscientemente, se precipita hacia los campos de exterminio. 
Poco después de leer el libro por segunda vez, visité Ferrara. Era el verano de 2004 y, plano mediante, busqué el corso Ercole I D'Este. La calle sigue siendo lo que debió de ser cuando nuestros amigos la habitaban, un remanso de paz bordeado de antiguos palacios y respetado por el tráfico excesivo, no así por el inclemente sol de las cuatro de la tarde; la misma calle que sirvió de escenario a los amores no correspondidos del narrador por Mìcol; el lugar en el que murió Alberto, librándose así de la deportación y el incierto aunque probable final que aguardaba a toda su familia. Allí seguía, allí sigue la calle más de sesenta años después de que finalizasen los hechos narrados en esta novela hermosa e imprescindible. Allí seguía y me llenó de emoción pasear por ella como unos meses antes me había emocionado pasear por las páginas del libro. La calle formaba parte del futuro de los Finzi Contini, de ese futuro del que Mìcol había dicho que "le importaba un bledo, que el futuro, en sí, lo aborrecía, ya que prefería con mucho «*le vierge, le vivace et le bel aujourd’hui» y el pasado, aún más, «el querido, el dulce, el pío pasado»". Un triste futuro que Mìcol, sin saberlo, presentía.
*el virgen, vivo y hermoso presente.



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