Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

sábado, 22 de septiembre de 2018

"Irreal como la vida misma" Josep María Panadés

"Irreal como la vida misma" es un libro de relatos; concretamente de cincuenta y cinco relatos. Cualquiera que se haya acercado un poco por este blog sabe que el relato no es mi género favorito, pero estos venían con un aval importante: su autor es Josep María Panadès, el administrador del blog "Retales de una vida", donde a base de esos retales que son las historias cortas nos va confeccionando una realidad paralela, a veces más creíble que la propia realidad, a veces tan fantástica que nos obliga a creer en algo más de lo estrictamente razonable, pero siempre desafiando a la imaginación, con unas tramas interesantes que van envolviéndonos e inevitablemente nos van enganchando en las redes de sus personajes y sus peripecias.
Pensé ir leyendo los relatos a ratos sueltos, dos o tres al día, intercalándolos con otras lecturas. Pero al terminar uno, me veía lanzada en pos del siguiente y el caso es que, salvo por un parón de unos días en que he estado liada con familiares y trabajo, la mayor parte de los cincuenta y cinco relatos han caído en cuatro días.
Lo común a todos estos relatos es una característica que me gusta mucho: están siempre rozando el límite que separa lo verosímil de lo decididamente fantástico, y si finalmente se cruza ese límite (no siempre se hace) nos cuesta darnos cuenta de que se ha sobrepasado. Tanta es la naturalidad con la que se hace el tránsito. No voy a decir que todo lo que cuentan tenga cabida en este mundo tal y como lo conocemos, pero ¿y si lo que conocemos no es todo lo que hay? 
"Si la ficción imita o parodia la realidad, no es menos cierto que quien escribe intenta, a veces en vano, superarla" dice Josep María en el prefacio a estos relatos. El tema de la verosimilitud en literatura es algo de lo que ya he hablado en este blog. Siempre he dicho que la vida nos ofrece escenas realmente increíbles, escenas que en una novela tacharíamos de exageradas e inverosímiles. Siempre he dicho que la vida no tiene críticos a los que enfrentarse ni lectores que la juzguen con más o menos severidad. La vida no tiene que demostrar nada; se puede permitir lujos en los que un escritor no puede prodigarse. A la literatura, al contrario que a la vida, se le exige ser verosímil. Salvo en ciertos géneros.
En este libro nos vamos a encontrar relatos decididamente fantásticos. Fantasmas que revisitan su anterior vida o vienen a conversar con sus seres queridos; seres sobrenaturales que se nos aparecen en lo profundo de un bosque; tecnología con sentimientos; un túnel menos inocente de lo que parece... pero también hay historias pegadas a lo más cruel de esta vida: maltrato, egoísmo, culpa, amor, celos, venganza, odio...
La rutina que entontece y aniquila también se nos cuenta en alguno de los relatos "Rodolfo se sienta, cansado ya a las ocho de la mañana, después de más una hora de trayecto, en el cubículo que conforma su reducido espacio de trabajo, en una esquina de la planta de administración, dentro de ese edificio siniestro de aspecto vetusto, construido dos siglos atrás". Aunque sea una rutina con sorpresa.
Abundan los relatos con una trama negra o policíaca: asesinos en serie, espías, mafiosos, asesinatos por celos o por ambición. 
Los hay tiernos como el niño que descubre una amiga muy especial esperándole a la puerta de su casa o el payaso al que los años y la vejez le han ganado la carrera de la vida y la alegría.

Josep María Panadès
Y muchos más, con temas y matices cuya calificación se me escapa porque es muy difícil poner etiquetas a estos relatos, muchos de ellos si no todos, salidos como dice su autor de la vida misma porque "La observación de gentes, hechos y lugares es un inagotable caudal de ideas. Solo es cuestión de saberlas hilvanar y convertirlas en historias amenas y bien escritas, otra de las dificultades para quien se atreve a dar este paso". No sé si para él ese "bien escritas" ha sido una dificultad, pero si lo ha sido la ha superado con notable éxito. Una de las cosas que nos mantiene pegados a la lectura de "Irreal como la vida misma" es una prosa ágil, una escritura sencilla y ligera a la vez que muy precisa; de esas que parece que salen solas, sin esfuerzo, pero que en realidad precisan de toda una labor de depuración y limpieza; todo un trabajo de eliminación de elementos sobrantes y de lastre innecesario hasta quedar lista para que la degustemos, nosotros sí, sin esfuerzo.
Josep María ha contribuido con este libro a que mi rechazo por el relato haya quedado un poco más desdibujado y sin consistencia.


miércoles, 19 de septiembre de 2018

"Dios no vive en la Habana" Yasmina Khadra

Cualquiera que siga mi blog sabe que Yasmina Khadra es uno de los escritores que se repiten en él. En sus libros, los lugares de ambientación, la temática e incluso el género, varían bastante, pero todos suelen tener cosas en común: terrorismo, países árabes, gobernantes corruptos, fundamentalismo religioso... Esta novela se sale de todo eso y nos traslada a la Cuba de los últimos años de Fidel, la Cuba de las privatizaciones, la que está saliendo de lo que comenzó como un sueño y que, por obra de propios o extraños, terminó por convertirse en una pesadilla. Eso sí, una pesadilla caribeña, con sol, arroz con fréjoles negros y sones de mambo, charanga y bachata. Un país en el que una vez hubo una revolución que quería justicia para todos y terminar con la opresión y la pobreza; pero un país que merece para el protagonista de esta historia la comparación con el tranvía verde que lleva años "inmovilizado por una avería, como ilustración de lo que son las ideologías. Un bromista lo bautizó «La Revolución». Su impertinencia le costó una larga estancia en prisión".
Cuba empieza a despertar sin saber, tal vez, que lo que le depara la vigilia puede ser peor que los peores sueños. 
Juan del Monte Jonava es un cantante que cada noche actúa en el Buena Vista Café, un local que ha vivido sus distintas épocas a la par que toda la isla. Primero fue el Buena Vista Palace en el que se solazaban los "derrochadores de Cicinnnati"; los que brindaban con Batista, se repartían con él las ganancias de sus negocios y tenían al país como su salón de baile, su prostíbulo particular y el casino donde invertir sus ganancias sin la correspondiente contribución al erario público al norte del Golfo. Con la Revolución, el Bella Vista se vio rebajado a la categoría de café proletario, con su arquitectura tan deslumbrante como decadente y un público, sobre todo de turistas maduros, que acude cada noche para aplaudir a Juan, apodado Don Fuego por su habilidad para incendiar el ánimo y las pasiones en aquellos cabarets en los que actúa.
Ahora el Bella Vista está a punto de conocer otra etapa que puede que vuelva a parecerse a la primera. Ha sido comprado por una señora de Miami. Las nuevas privatizaciones que se van produciendo en la isla han alcanzado también al Bella Vista y todos sus empleados se van a quedar sin trabajo. Cuando Juan recibe la noticia, justo el último día antes de que el café cierre para empezar las obras de restauración, siente que le roban el futuro y hasta el pasado. 
"- El Buena Vista es un bien estatal, es patrimonio nacional...
- Todos pertenecemos al Estado, Juan. Nuestras casas, nuestras carreras, nuestras preocupaciones, nuestro dinero, nuestros perros, nuestras esposas y nuestras putas, hasta las cuerdas con las que nos ahorcarán algún día. Y cuando el Estado decide prescindir de nosotros está en su derecho".
Lo que a Juan más le duele e indigna, no es el hecho de quedarse sin el sueldo que el trabajo supone. La idea con la que no puede reconciliarse es la de estar sin actuar, porque si no canta se muere, porque no puede soportar el pensar que el reguetón, una música "escandalosa y degenerada", una música "para comemierdas" suplante la rumba y el son y las melodías que siempre han sido el orgullo de Cuba y de los cubanos y que él interpreta con éxito y mucho arte.

Septeto Santiaguero.
Las ofertas de hoteles y salas de fiestas que Juan pensaba que le lloverían a Don Fuego dado su prestigio no terminan de llegar y los pocos trabajos que le surgen son de telonero o sustituto por una noche. 
La vida personal de Juan tampoco es algo que vaya a consolarle de sus frustraciones artísticas y profesionales. Separado de su mujer, vive en casa de su hermana Serena, una especie de refugio para toda clase de desposeídos donde se hacinan hijos, cuñados, primos e incluso Ricardo, el hijo de dieciocho años de Juan que, aunque casi no se habla con su padre, ha preferido vivir allí antes que con su madre y su hermana, Isabel.
Once personas en total, a las que pronto se sumará Mayensi. ¿Que quién es Mayensi? Pues Mayensi es el sonido y la furia de esta historia; es el amor y la desesperación; es como una ninfa que sale de las aguas para volver a hundirse en ellas y volver a resurgir, y en cada momento despertará o matará las últimas ilusiones de Juan, trayendo y llevando todo un mundo de pasión y esperanza en el brillo de sus ojos verdes. Mayensi es como una fuerza de la naturaleza. En estado salvaje como son las fuerzas de la naturaleza. "No quiero que me besen los pies. Quiero seguir mi camino sin que nadie me persiga, aislarme en alguna parte sin que me molesten, y cuando algo no me interesa, no quiero que me acosen o me insulten, o que me pongan la mano encima"
Juan cae rendido de amor ante Mayensi. Se erige en su protector primero y en su salvador después; en su padre y en su amante. Por ella está dispuesto a todo; con ella descubre que tiene un corazón además de una voz, y que si su voz es capaz de emitir las más bellas notas, su corazón es capaz de latir con "la más bella de las percusiones". Por ella está dispuesto a renunciar incluso a la música.
Y todo ello en una Cuba que va despertando del letargo revolucionario al suave desengaño del aperturismo. Un país en el que las fiestas más glamurosas y espectaculares de lujo y despilfarro, conviven con la mera superviviencia, con una burocracia tan férrea que para entrar en la Habana cualquier cubano de otro lugar necesita un permiso.
Cuba y Juan sueñan su sueño de redención, pero ningún sueño dura más de lo que se tarda en despertar. Cómo despertará Cuba, aún no lo sabemos. Juan despierta para darse cuenta de que "cuanto más bello es el sueño, mas cruel es la farsa, que los deseos más piadosos suelen acabar en abdicación, y que las cosas de la vida, aunque no tengan por qué conllevar una moral, siempre acarrean un lamento".

Yasmina Khadra
Yasmina Khadra se sale de los parámetros a los que nos tiene acostumbrados y construye una novela con ritmo de son, guaracha y salsa; a golpe de caribe y trópico, nos regala una novela sobre la Habana, con el sabor inconfundible del ron y el puerco con arroz blanco; con sus taxis de los años cincuenta remendados con piezas de cualquier cosa sacadas de cualquier sitio; con sus palacios coloniales que se caen en pedazos, descascarillándose de moho y tiempo. 
Un Yasmina Khadra alejado de los ambientes que le conocemos, pero sin alejarse demasiado de lo que realmente es la seña de identidad de sus personajes: el ansia por salir a la superficie por encima de todo, en las situaciones más difíciles, aquellas que se empeñan en mostrase mas aptas para la muerte que para la vida, pero en las que siempre terminamos por encontrar, en medio del caos que tan bien sabe narrar, la más pertinaz (tal vez la más ingenua) de las esperanzas. 
Cuba no es más que un trocito del mundo, como Argelia, como Afganistán, como Palestina, como Israel, como Irak, como Siria. Trocitos de ese mundo en el que, en las palabras rotundas y llenas de sabiduría del autor, "la paz equivale a un paro técnico de las finanzas internacionales; para ellas, las guerras son un espacio vital en el que encuentran la dinámica para seguir alimentándose". Yasmina Khadra es mucho Yasmina Khadra.
Por si a alguien le interesa, dejo aquí los enlaces a las otras tres novelas del autor reseñadas en el blog:
"Los corderos del señor"
"A qué esperan los monos
"La última noche del Rais"



domingo, 16 de septiembre de 2018

"Tarde, mal y nunca" Carlos Zanón

"Una eminencia de una universidad lejana asevera ahora en la pantalla que si nadie te mira no vales nada. Menuda perogrullada. Tienes un saco en la cabeza. No importa qué hagas ni para qué sirvas. Sin ojos que te enfoquen no hay historia. Ni un antes ni un después. No hay regreso a ningún sitio porque nadie recuerda que estuvieras allí"
¿Es cierto que solo existimos a través de lo que los demás perciben de nosotros (en las redes sociales por ejemplo)? ¿O es más cierto que eso es lo que alguien quiere que creamos? Las personas anónimas para todo el mundo, las que no brillan socialmente, las que no reciben likes, ni cuelgan sus fotos, ni publican sus estados de ánimo, ¿carecen de existencia? ¿carecen de historia o es su historia más real y verdadera en tanto que no es susceptible de ser manoseada, tergiversada, malinterpretada por los demás?
No sé por qué decidí empezar esta reseña con esa frase. Tal vez porque me sorprendió mucho cuando la leí y me paré a reflexionar en esas cosas. Tal vez porque así veo a Epi, como un ser anónimo que quiere dejar de serlo, aunque solo sea para su chica, Tiffany, que ya no es su chica y cuya atención tiene que conseguir atraer de nuevo. Tal vez porque es lo que está apareciendo en la pantalla de la tele del bar de Salva cuando Tanveer y Epi entran a poco de amanecer. 
En el bar está Alex, el hermano mayor de Epi y sabe que nada bueno puede salir de que esos dos vuelvan a estar juntos. Alex y Epi son autóctonos, nacidos en el barrio, blancos y catalanes. Ya quedan pocos porque el barrio ya no es lo que era. Tanveer es marroquí, y hay argelinos, paquistaníes, sudamericanos... hay gentes venidas de todas partes... de todas partes donde sobrevivir es un arte al que cada vez cuesta más trabajo dedicarse. 
Todas esas personas de piel más o menos oscura, llegaron de fuera hace un tiempo, cuando casi de manera imperceptible el barrio empezó a cambiar y cada vez había más gente extraña, más gente de tez morena, ojos oscuros y habla más o menos ininteligible; Todas esas personas, casi sin darse uno cuenta, eran cada vez más abundantes, empezaban a ser mayoría allí a donde uno iba, hasta que llenaron el barrio de "músicas extrañas, palabras nuevas y ese desagradable tesón en querer conquistar el nuevo mundo para sí. Y es que, cuando un buen día los aborígenes del barrio que quedaban por aquí pasaron revista, se dieron cuenta de que les habían abandonado a su suerte. Que otros muchos, los listos, con hijos fuera del barrio, habían escapado a las montañas y habían dejado atrás todo aquello que fuera inservible, lento o torpe. Y que en el vecindario sólo quedaban tarados, pobres, yonquis, borrachos y viejos". Y todo ello repartido entre propios y extraños.
Epi ha decidido hacerse visible porque sigue enamorado de Tiffany y porque ya está harto de las barbaridades que cada noche lleva a cabo en compañía de Tanveer que es quien ahora se acuesta con la joven a la que además maltrata. Epi ha decidido recuperar a Tiffany y para ello solo se le ha ocurrido sacar un martillo de la bolsa de deporte con la leyenda Moscú 1980 y destrozarle la cabeza al marroquí en el bar de Salva, delante de su hermano Alex, mientras un paquistaní se alivia en el baño y en la tele "una eminencia de una universidad lejana asevera ahora en la pantalla que si nadie te mira no vales nada"
A partir de ese momento, toda la novela transcurre en un día. El que utiliza Epi para ponerse en contacto con Tiffany y tratar de convencerla de que están hechos el uno para el otro y además la ha librado de la mala bestia de Tanveer; el que necesitan Alex y Allaoui, el barbero argelino del barrio, para encontrar a Epi y tratar de sacarle del atolladero en el que se ha metido y del que no sabemos muy bien si quiere salir. 
Alex ha tenido que sobrepasar la dosis de su medicación para la esquizofrenia porque los mossos le van detrás y no puede permitirse el lujo de esas visiones y esas voces que le sorprenden y que tan veraces parecen aunque él sabe que son producto de su mente enferma. Alex se ha puesto de acuerdo con Salva para señalar a otro culpable y dejar a Epi libre. No importa la mentira, lo que importa es obedecer lo que su madre siempre le pedía: cuida de tu hermano. No importa si la mentira le ayuda a cumplir la promesa hecha a su madre. Además, de qué sirve la verdad, "una vez llegas a la verdad, ¿qué se puede hacer con ella? No sirve para borrar ni esconder lo que ha pasado y tampoco para edificar nada firme encima"
Alex y Epi conocieron tiempos mejores, antes de los abandonos, mucho antes de las muertes y del derrumbe de las vidas que suele suceder a la infancia alegre e inocente de pura inconsciencia; cuando eran una familia normal y los niños iban con el padre a cambiar cromos en el Mercat de Sant Antoni y la madre, joven y hermosa, iba a buscarles al colegio y los sábados por la noche veían películas los cuatro juntos en la tele. Pero luego vino la deserción del padre y las drogas y la esquizofrenia y la muerte de la madre... 

Carlos Zanón
"Tarde, mal y nunca" es como una broma macabra, como la broma macabra en que se puede convertir cualquier vida. Como esa broma macabra que te deja, como dice el gran Serrat, "chupando un palo sentado sobre una calabaza".
Los personajes de esta historia terminan burlados por el destino y Epi no conseguirá salir del anonimato, no al menos como se lo había imaginado, no por el tiempo suficiente para conseguir sus objetivos. Epi es de esas personas a las que la suerte no les sonríe ni cuando se empeña en salvarlos de ellos mismos.
"Tarde, mal y nunca" consiguió el Premio Brigada 21 a la Mejor Primera Novela Negra 2010. Me gusta mucho Carlos Zanón como novelista (lo digo porque también es poeta, aunque en esa faceta no lo conozco). Sus novelas han sido para mí todo un descubrimiento y una muestra de lo mucho y muy bueno que se está haciendo en España en el género negro. De todas las que he leído esta es la primera que escribió y ya tiene una calidad que hacía suponer lo que iba a venir después. 
Por si a alguien le interesa leer mis reseñas a las otras novelas del autor, aquí  dejo los enlace. Pero lo que sobre todo recomiendo es leer los libros del propio Carlos Zanón.
"Yo fui Johnny Thunders"
"Marley estaba muerto"
"Taxi"
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