Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

jueves, 13 de diciembre de 2018

"Te veré esta noche" Susana Rodríguez Lezaun

Portada para la reseña en MoonMagazine de David de la Torre.

"«Te veré esta noche» es la tercera entrega de la serie protagonizada por el Inspector de policía de Pamplona, David Vázquez.
Contrariamente a lo que es mi costumbre, no he leído las dos anteriores, pero cuando se me ofreció la oportunidad de hacer la reseña de esta novela, no lo dudé. Me apetecía mucho leer una novela ambientada en Pamplona, ciudad con la que he tenido en el pasado vínculos profesionales y sentimentales"
Así empieza mi reseña de "Te veré esta noche" en la revista MoonMagazine. 
Después de leer la novela me he dado cuenta de que no importa leer esta novela sin haber leído antes las otras dos; me he dado cuenta de que sí importa no haber leído las otras dos cuando se aborda la lectura de esta novela. Y no, no estoy desvariando. Me explico: no importa leer esta novela la primera porque en ella comienza y termina una trama policial que deberá resolver David Vázquez, de la Policía Nacional de Pamplona. Pero sí importa, porque la vida personal del propio David también se nos cuenta en estas novelas y esa vida personal viene de atrás... Pero no quiero adelantar nada sobre la novela.

Susana Rodríguez Lezaun
Susana Rodríguez es una periodista navarra, nacida en Pamplona. En 2015 publicó su primera novela que es también la primera entrega de la serie protagonizada por David Vázquez, "Sin retorno". La segunda, "Deudas del frío", apareció en 2017, y en 2018 se ha publicado la tercera, "Te veré esta noche".
Si quieres saber más sobre esta novela y sobre mi opinión acerca de ella, acércate a la Revista MoonMagazine y podrás leer la reseña entera.

Allí os estaremos esperando.

lunes, 10 de diciembre de 2018

"Después de la caída". Dennis Lehane.

"Un martes de mayo, a los treinta y cinco años de edad, Rachel mató a su marido de un disparo. Él retrocedió tambaleándose con un extraño semblante de aceptación, como si en el fondo siempre hubiera sabido que Rachel acabaría matándolo. Su rostro también reflejaba sorpresa. Rachel dio por hecho que el de ella también. La madre de Rachel no se habría sorprendido. La madre de Rachel, que nunca estuvo casada, era autora de un célebre manual sobre cómo mantener vivo el matrimonio"
Este es el prometedor comienzo de "Después de la caída", la última novela de Dennis Lehane. Después retrocede en el tiempo y nos lleva a la primera parte de la novela en la que se aleja de lo que es el género negro al que el autor nos tiene acostumbrados. En ella trata sobre todo de la infancia y primera juventud de Rachel, y como en la infancia lo más importante son los progenitores también nos hablará de ellos. De la madre, siempre presente, y con gran peso e influencia en la Rachel niña, pero también del padre que, tal vez por ausente y anhelado, termina por ser más presente de lo que cupiera imaginar. Elizabeth Childs, tuvo fama como se ha visto, a raíz de publicar su libro, "La escalera". El manual tuvo dos secuelas, cada una de las cuales con menos éxito que la anterior. Elizabeth, convencida de que sus libros eran pura «charlatanería emocionalmente adolescente», era la primera en no creer en lo que allí contaba. Era escéptica en lo que al amor y al matrimonio se refiere, tal vez haciendo de la necesidad virtud. 
"«Un hombre no es más que la suma de las historias que cuenta sobre sí mismo, y la mayor parte de esas historias son falsas. Nunca hurgues demasiado, porque si sacas a la luz sus mentiras, será humillante para ambos. Más vale vivir con el cuento.»". Dando estos consejos a su hija cuando tenía diez años y tras leer el resto de "Después de la caída" entendemos que su madre no se hubiera extrañado de que Rachel le pegara un tiro a su marido.
Otro de los hilos argumentales de esta primera parte nos muestra el empeño de Rachel por saber quién era su padre, un hombre del que tiene ligeros recuerdos, todos agradables, y que las abandonó cuando la niña era pequeña. Si grande es el deseo de Rachel por saber de su padre, más fuerte aún es el interés de la madre en que dicha identidad se mantenga oculta. Siempre dando largas, siempre prometiendo que se lo contará cuando tenga la madurez necesaria para asimilarlo, pero ese momento se fue demorando hasta que ya todo fue imposible y Rachel se quedó sin saber quién era su padre. Al menos por boca de Elizabeth Childs..
Cuando vio que nada se podía sacar ya de su madre, recurrió a los investigadores privados, pero era como si James, uno de los datos que de él tenía, se empeñara en esconderse entre todos los James que eran profesores, segundo dato conocido, en alguna de las universidades de la "zona al oeste de Massachusetts conocida también como la Región de las Cinco Universidades —Amherst, Hampshire, Mount Holyoke, Smith y la Universidad de Massachusetts— que empleaba a dos mil docentes para impartir clases a veinticinco mil alumnos".
En su búsqueda llegará a encontrar, si no a un padre, al menos un amigo.
Las vivencias de una Rachel ya adulta como periodista, cubriendo los sucesivos desastres de Haití en 2010, primero el terremoto, enseguida la epidemia de cólera, finalmente, antes de que pasara un año, el huracán Tomás, en lugar de suponer su definitiva proyección como periodista, están a punto de terminar con ella y, probablemente, terminen con su carrera.
Asistir a la violencia de la naturaleza ensañándose con los más necesitados fue duro, pero enfrentarse a la brutalidad de los que, dentro de la miseria acumulan un poquito más de poder, aunque solo sea el de portar un arma en la mano, y sentir que tal vez tuviera la culpa de las consecuencias de esa brutalidad, sumió a Rachel en un estado de desequilibrio del que fue testigo medio Estados Unidos. "Su miedo a ciertas personas determinadas, es decir, a las que habían presenciado su desatado ataque de pánico en el informativo de las seis, le había impedido ver el terror que le inspiraba la gente en general, una fobia creciente cuyas dimensiones sólo entonces empezaba a barruntar".
A su vuelta a casa, se va metiendo en una serie de trastornos psicológicos que la impiden conducir, tratar con la gente, tomar un ascensor y, finalmente, salir de casa. Una mezcla de agorafobia, claustrofobia, enoclofobia y puede que alguna fobia más que yo ignoro. 
Con esta situación entramos en la segunda parte de "Después de la caída", la que nos llevará de vuelta al inicio y a ese disparo que ya casi se nos ha olvidado. Si en Haití tuvo que luchar contra sus propios demonios y descubrir con horror que no era ninguna heroína, ahora será su propia vida la que de pronto, sin que nada lo anuncie, se vuelva del revés; tendrá que luchar por saber, por entender, por recuperar; tendrá que ponerse de nuevo a investigar. De hecho, toda su vida la ha pasado investigando. Primero, para descubrir la identidad de su padre, ahora para saber qué es lo que de su vida pude mantener a flote y qué es lo que irremediablemente debe dejar que se hunda. Hasta donde debe luchar y en qué momento debe resignarse a que su vida la vuelva a poner al borde del desastre. Tiene que averiguar donde están los monstruos que la acechan porque "los monstruos, como bien le había dicho su madre y ella misma había aprendido con los años, no van vestidos de monstruos, sino de seres humanos. Y lo que es más curioso, no suelen saber que son monstruos".

Dennis Lehane
Sigo a Dennis Lehane desde que lo conocí tras ver la película basada en su libro, "Mystic River", y dirigida por Clint Eastwood. Desde entonces, he ido leyendo todas sus novelas pasadas y futuras. Algunas de las últimas han aparecido en este blog. "Vivir de noche" y  "La entrega" aparecieron como películas, aunque también se mencionó al autor y su obra. De su penúltima novela, "Ese mundo desaparecido", se publicó mi reseña en la Revista MoonMagazine. 
Ahora termino de leer su obra más reciente, "Después de la caída", y he de decir que me ha gustado, a pesar de no estar a la altura, o eso me ha parecido, de otras obras suyas, no desde luego de obras tan redondas y maravillosas como la mencionada "Mystic River" o "Shutter Island". 
Puesto que a nadie se le puede exigir que en cada nueva historia se supere a sí mismo y entregue una obra maestra, esto no debe extrañarnos. Por supuesto que le seguiré leyendo y espero que en el futuro vuelva a sorprenderme con alguna de esas historias a las que nos tiene acostumbrados; esas historias en las que los buenos tienen sus miserias y los malos sus grandezas; en las que los delitos quedan sin condena, pero se hace justicia. O no.


Título del libro: Después de la caída
Título original: Since We Fell
Autor: Dennis Lehane
Traducción: Victoria Alonso Blanco
Editorial: Salamandra
Año de publicación: 1918
Año de publicación original: 1917
Nº de páginas: 464

viernes, 7 de diciembre de 2018

"Las posesiones" Llucia Ramis

"El psicólogo analiza almas humanas y el periodista le busca el alma al mundo. Suele ser un alma en pena que arrastra los pies, agarrada a la sombra de la historia o la desmemoria. La vida en sí nos parece poca cosa, si no es para desentrañar vidas ajenas, enseñar los engranajes que harán un poco más comprensible el mecanismo de casi todo. Por eso nos cuesta entender a los desinteresados, a los apáticos, a los que no tienen sed ni olfato, los que se conforman con el reducido espacio de conocimiento que les ofrece la comodidad de un sofá frente a la tele, en la que los informativos ya no saben qué hacer para acaparar su atención.
Hasta que una noticia lo cambia todo".
Una noticia que le llegó mientras veía la televisión con su madre, le cambió la vida a la narradora de "Las posesiones" y la sacó definitivamente de la infancia. Cuando el socio de su abuelo mató a su mujer y a su hijo adolescente y luego se suicidó, nuestra protagonista no sabía que se iniciaba la madurez con todas las pérdidas que supone, una de ellas, aunque diferida en el tiempo, la de una de sus posesiones más queridas, Can Meixura, la casa de sus abuelos belgas, en la que ha vivido los momentos más inolvidables de la infancia: las navidades y los veranos.
Han pasado los años. Ya es adulta con todas las consecuencias, y las pérdidas se han ido sucediendo desde aquella expulsión de la infancia a los dieciséis años. Es adulta porque ya no tiene a donde volver y a donde podría volver, no le apetece demasiado. Y es que, como le dirá su madre, crecer es no tener a donde volver. Otra pérdida inevitable que consiste, sencillamente, en crecer.
Perdió a Marcel, su gran amor, perdió a su abuelo belga, perdió la casa de sus veranos de infancia, está a punto de perder a su padre entre los recovecos de la locura.
Sus padres viven en Mallorca de donde ella salió huyendo con el pretexto de estudiar una carrera inexistente en la isla. Su padre es el hombre de su vida. "Quería jubilarse para hacer todo eso que le apetecía y no podía hacer, y que consistía básicamente en salvar la fauna y flora de Mallorca y dedicarse a su blog. Un blog muy político en el que critica al Partido Popular y el capitalismo norteamericano". El blog de su padre recibía miles de visitas, tenía muchos comentarios y era valorado por reconocidos periodistas. Hasta que publicó aquella entrada titulada "El muro". La publicación a raíz de la cual, ni su padre ni el blog volvieron a ser los mismos.
Hace unos meses, justo después de vender Can Meixura sus abuelos maternos (hasta ahora se ha demorado la pérdida que empezó a fraguarse hace años), su padre heredó Son Cors y, entre las actividades de su jubilación, decidió ponerla de nuevo en situación de ser habitada, pero la corrupción se cruzó en su camino y lo que pensaba que iba a ser una posesión venida de su pasado ("no en vano, Son significa «açò d’en», «esto de», una possessió"), se está convirtiendo en una pesadilla que le obsesiona y le está haciendo perder la cordura hasta el punto de que su hija se preguntará si no tiene alguna enfermedad, algún tipo de demencia, que también podría ser.
Es 2007, la protagonista tiene treinta años y trabaja en un periódico en Barcelona. La crisis sobrevuela la actualidad aunque todavía no asusta demasiado "Las amenazas de crisis suenan a las típicas peroratas apocalípticas de gurús económicos que sin duda están en lo cierto, pero tienen la misma eficacia que los ecologistas cuando alertan sobre los efectos del agujero de la capa de ozono, [...] «De momento, todo va bien», se dice un tipo mientras cae al vacío. Es un chiste de la película La Haine"
Ahora, tras recibir una llamada de su tía, "«A ti te hará caso, siempre te hace caso», insistía mi tía, «tu padre tiene que ir a un especialista»", acaba de llegar a Mallorca sin equipaje, dejando a Iván solo en su piso de Barcelona y encontrando una situación mucho más complicada de lo que pensaba, porque no reconoce a su padre en el hombre que ha ido a recibirla al aeropuerto y al que percibe como un desconocido.
"Las posesiones" es una novela en la que se tratan muchos temas, pero el más importante es el de la pérdida. Se pierden casas, pero con ellas se pierde más, porque con las casas se pierde el pasado y el recuerdo de quienes las habitaron, "¿a quién pertenecen las casas? Siempre siempre, al pasado y sus fantasmas"; no exactamente se pierde el recuerdo, pero sí el escenario en el que tanto nos gusta (o no) situar esos fantasmas.
Se pierden amores que dejarán su huella para siempre, aunque estas pérdidas pueden suponer también ganancias, "estaré enamorada de Marcel hasta la muerte. Ahora lo sé. Pero no por ello —ni por él— sacrificaré mi vida".
A Marcel vino a sustituirle Ivan, periodista como ella, trabaja en el mismo periódico y comparte con ella las investigaciones en las que anda metido, aunque no todas porque algunas podrían ponerla en peligro. Iván la quiere, ella confía en él como nunca pudo confiar en Marcel, a pesar de que este también es periodista, y uno importante en Mallorca, a pesar de que los miembros de la especie de los periodistas están unidos por una profesión que vive para la verdad y "la verdad es maravillosa y repugnante. Nuestra pasión es el trabajo, por eso nos amamos entre nosotros, porque no hacemos más que hablar de ello, nos desvivimos por él. Sin la excusa del periodismo, no nos aguantaríamos. Somos despreciables. Yo lo sé. Marcel lo sabía. El único que lo ignora es Iván, y me ocuparé de que no lo descubra". Aunque quizás Iván sabe más de su profesión de lo que ella cree. O termina descubriéndolo a pesar del empeño de la narradora por evitarlo.
También habla de otras cosas esta novela: la corrupción, el periodismo, las redes sociales... aunque tal vez todo se pueda resumir en lo que se pierde: con la corrupción se pierde la honestidad y la confianza, además de recursos que bien vendrían para resolver una crisis que recién quiere empezar (y no se sabía entonces lo que la corrupción traería consigo en los años más críticos de la crisis que se avecinaba, lo que sigue trayendo consigo); con el cambio del modelo tradicional de periodismo se pierde la garantía de veracidad en noticias que se producen muy rápido, se difunden aún más rápido y desaparecen antes de que lleguemos a digerirlas y asimilarlas; con las redes sociales perdemos intimidad, tolerancia, pudor (es tan fácil decir cualquier cosa, borrar o insultar o amenazar al que no piensa como nosotros, sentirnos borrados, insultados o amenazados por quien no piensa como nosotros).

Llucia Ramis
Llucia Ramis construye una novela con muchas caras. Tal vez demasiadas, pienso. Toca muchos temas distintos. Tal vez alguno sobra, me digo. Pero luego analizo un poco más y veo que todas las caras se imbrican perfectamente en sus respectivas aristas y todo cuadra y el poliedro formado es sutil y armonioso. Y me pregunto, pero enseguida me doy cuenta de que no me importa, cuánto habrá de autobiográfico en esta novela escrita por una periodista mallorquina, que trabaja en Barcelona, que tenía 30 años en 2007, que se parece mucho a la narradora sin nombre de "Las posesiones".
Y me doy cuenta de que en su novela también habla de mí porque yo también siento esas pérdidas que se acumulan, y habla de todos porque nadie puede sustraerse a la tragedia de ir dejando jirones de vida, pedazos de posesiones a lo largo del camino. Y lo dice con frases tan rotundas y hermosas que, sin ser una obra maestra, tiene mucho de universal en el contenido y mucho de poesía en la forma. 
Y si no, sirvan estas muestras por si con lo ya mostrado no es suficiente.
"La culpa es el dolor de la memoria".
"Escribir es despertar el miedo a nuestro futuro".
"También somos lo que perdimos. O quizá somos sobre todo eso".

Título del libro: Las posesiones
Autor: Llucia Ramis
Editorial: Libros El Asteroide
Año de publicación: 2018
Nº de páginas: 240

martes, 4 de diciembre de 2018

"Tres mil noches con Marga". Pedro Ramos

"La familia Durán García es una de esas familias en las que nunca pasa nada porque nadie dice lo que piensa. Y en familias así es donde mejor viven los secretos".
No es el comienzo de la novela, pero es una descripción de lo que quiere ser esta historia: una historia de secretos familiares, de familias con relaciones complicadas y un pasado que se adivina tortuoso; una historia que se nos va revelando poco a poco, a medida que los tres tiempos en los que está contada van entregando lo que esconden, lentamente, quedando los capítulos cortados a la espera de que vuelva ese momento, esa peripecia vital de la protagonista.
Hay, como digo, tres tiempos: el que podemos llamar actual (2006) que lleva en todos los capítulos el título de "Navidad"; el más pretérito que conoceremos por "Heroína" y el intermedio, "Matrimonio". 
Navidad:
"Nieve. Todo está cubierto de nieve. M avanza con precaución por una carretera helada y oscura. Hay poco tráfico. El poco tráfico de una mañana de diciembre de 2006 en Fairbanks, Alaska. Ya se ha acostumbrado a las escasas horas de luz. Y al frío. Al principio miraba el termómetro antes de vestirse, pero cuando la temperatura media es de veintiún grados bajo cero, poco importa que suba o baje unos grados"
Este sí es el comienzo de la novela y de la narración de la época actual: 2006. Marga Durán, M, tiene treina y cinco años, es bióloga y vive en Fairbanks en cuya Universidad trabaja. Está a punto de recibir una llamada de su madre desde España que le hará plantearse la vuelta aunque solo sea a modo de visita para pasar la Navidad en familia. 
Hace años, unos nueve, que su madre le pide que vuelva casi sin pedírselo, petición que de nada le ha servido, aunque esta vez puede que las circunstancias obliguen a M a poner rumbo a España. 
Heroína:
"Donde terminan las casas, empiezan las huertas y luego la arboleda. Una arboleda que sigue el arroyo que atraviesa el pueblo y, en agosto, es un cauce casi seco que una niña mujer —tiene quince años, ¿cómo referirse a ella?, ¿cómo acertar?— consigue atravesar de tres saltos"
En 1986 se sitúa el verano que resumirá todos los veranos de Marga, que todavía es Margarita, en el pueblo de su abuela. Estamos en un lugar de la provincia de Lugo, un lugar de viñedos aterrazados en laderas escarpadas en las riberas del Miño y el Sil. No recuerdo si se menciona el nombre del pueblo, pero mi imaginación lo ubica en la Ribeira Sacra. En los agradecimientos del autor, veré que no estaba desencaminada.
Allí convive con sus primos y hermanos, así como con los chicos del pueblo, sobre todo con Fernando, el hijo del alcalde. Tiene quince años y es la época de la rebeldía, del primer amor, de escaquearse de castigos y exigencias para ir a la disco o al bosque o a la cantera. Para coquetear con sustancias prohibidas... 
Su madre oculta al padre las escapadas de Margarita que a todas partes tiene que ir escoltada por su hermano Carlos, a pesar de que es más joven que ella. El padre se nos muestra tirano, egoísta, autoritario y rozando el maltrato con su mujer, machista irredento. Un personaje sin matices y tan estereotipado que parece una caricatura.
Matrimonio:
"La futura doctora Durán termina su exposición y sale del aula para que el tribunal pueda deliberar. La duda está entre sobresaliente o sobresaliente cum laude, las dos únicas opciones después de cuatro años impartiendo clases, trabajo de campo, investigación y escritura de una tesis doctoral".
En junio de 1997 Marga (ya es adulta y ha ganado el derecho a no ser más Margarita) se doctora en Biología con su madre como única representación de la familia por testigo. 
Después de leer la tesis asistirá en el pueblo a la boda de su hermano Carlos. Una boda que traerá consecuencias que se nos insinúan, pero de las que solo sabemos, de momento, que nueve años después aún siguen sobrevolando y torturando los recuerdos de Marga y las relaciones familiares. 
Sabremos más cosas que sucedieron fuera de esas tres ubicaciones temporales. Sabremos algunas cosas y se nos irán insinuando, a la vez que ocultando, otras que adivinamos importantes y que constituyen la base del terrible desencuentro que ha terminado por presidir las relaciones entre Marga y su familia.
Esos secretos de familia, ese estar narrada en tres tiempos distintos que se entremezclan, los estudios de la protagonista, bióloga como yo, y, en definitiva, las muchas y buenas críticas de esta novela fue lo que me llevó a leerla. La empecé con muchas ganas y empezó gustándome mucho, para resultar finalmente mucho más floja de lo que prometía. 
Poco a poco, empecé a encontrarle fallos. El primero, muy pronto, cuando hablando de los trabajadores que vendimian en las empinadas terrazas gallegas dice: "Sucesores de aquellos migrantes que no tenían nada, sólo el trabajo de sus manos, cuando se instalaron en uno de estos montes". Desde que se puso de moda llamar migrantes a las personas que viajan por el mundo yendo de un sitio a otro, todos se han convertido en "migrantes". Pues no, no todos son migrantes, hay también inmigrantes y emigrantes, y estos concretamente serían inmigrantes. 
No le di mucha importancia, pero cuando se llama familia García Durán a la formada por los padres y hermanos del progenitor de la familia Durán García, algo me chirría mucho y por más que monto y desmonto genealogías y parentescos y perpetro algún incesto, no me cuadra.
A eso le tengo que sumar el nerviosismo que me ataca cuando veo que no hay manera de saber por qué el padre y la hija no se hablan, que fue lo tan terrible que ocurrió entre ellos porque sinceramente no se llega a saber o yo no lo llego a ver o lo que veo no me parece para tanto. Los diálogos entre ellos, que deberían aclarar las cosas, se hacen difusos cuando no confusos, son poco naturales y hay momentos en que no llego a saber de lo que hablan.
Todo esto y el mencionado estereotipo en el que caen algunos personajes, aparte de alguna trampa de argumento que no me ha gustado nada y me ha parecido un recurso facilón, hace que esta novela sea de lo más flojo que he leído en los últimos tiempos.

Título del libro: Tres mil noches con Marga
Autor: Pedro Ramos
Editorial: Destino
Año de publicación: 2018
Nº de páginas: 304

sábado, 1 de diciembre de 2018

Diciembre 2018


Como había avisado, he estado a punto de suprimir esta sección, pero he decidido modificarla y cambiar un poco su formato. Os explico.
Ya no se trata de adivinar el comienzo. Desde el principio daré el título y el nombre del autor Además del principio, pondré el final, siempre que no se adivine quién es el asesino o no suponga un destripe de la trama, porque otra novedad es que a partir de ahora me dedicaré sobre todo, aunque no en exclusiva, a la novela negra, que creo que ha tenido muy poca cabida en este apartado. 
Trataré de hablar menos de la novela en sí y más de lo que ha supuesto para mí, cómo me llegó, por qué me gusta... Si hay película, trataré sobre ella más de lo que lo hacía hasta ahora.
Como veis, no he podido eliminar la idea, solo cambiarle un poco el formato. En lugar de matar al hijo he preferido peinarle las guedejas.




Cuando Sean Devine y Jimmy Marcus eran niños, sus padres trabajaban juntos en la fábrica de golosinas Coleman; al llegar a casa, aún llevaban impregnado el hedor de chocolate caliente. Se convirtió en una característica permanente de su ropa, de la cama donde dormían y del respaldo de vinilo del asiento de sus coches. La cocina de Sean olía a crema de cacao, y el cuarto de baño a barrita de chocolate Coleman. AI cumplir los once años, Sean y Jimmy habían llegado a odiar tanto los dulces que durante el resto de su vida, nunca volvieron a añadir azúcar al café ni a tomar postres.
Los sábados, el padre de Jimmy se dejaba caer por casa de los Devine a tomarse una cerveza con el padre de Sean. Solía llevarse a Jimmy y, cuando lo que en principio debía ser una cerveza se convertía en seis, más dos o tres chupitos de Dewar's, Jimmy y Sean se iban a jugar al patio de atrás; a veces, también se les unía Dave Boyle, un niño corto de vista y con muñecas de chica que siempre contaba chistes que había aprendido de sus tíos. Desde el otro lado del cristal de la ventana de la cocina solían oír el siseo de las latas de cerveza al abrirse, estallidos de súbitas carcajadas y los fuertes chasquidos de los Zippos cuando el señor Devine y el señor Marcus encendían sus Lucky.

Así empieza "Mystic River", la  primera novela que viene a abrir esta nueva etapa. Su autor es el escritor norteamericano Dennis Lehane.
Yo conocí primero la película, dirigida maravillosamente por un director que con esta obra se ganó mi respeto y admiración para siempre, aunque últimamente, a raíz de lo más reciente de su filmografía, empiece a pensar que se le va un poco la cabeza. 
Clint Eastwood, llevó esta obra al cine en 2003 y yo me quedé totalmente subyugada por una historia que huye de lo políticamente correcto hasta hacer que nos sintamos incómodos en nuestra condición de prisioneros de lo justo; en esa necesidad que sentimos de purgar el pecado, de deshacernos de la culpa por el método de ser castigados y ganar con el castigo o con los remordimientos el perdón. Nada de eso hay en esta película, ni culpa, ni perdón, ni arrepentimiento; solo venganza; la dura realidad con los duros sentimientos reales; algo que se ve poco (y por entonces aún menos) en el cine americano, siempre propenso a poner las cosas en su sitio y castigar a los malos. Y todo eso me entusiasmó hasta el punto de que, todavía hoy, para mí, esta sigue siendo la mejor película del director.
Pero más importante aún fue que gracias a ella conocí al autor de la novela en la que se basaba. Dennis Lehane era desconocido para mí, pero cuando supe de la existencia de un libro que inspiraba la película, lo busqué. Entre que me enteré de su existencia y conseguí hacerme con él, pasaron aún tres años, de manera que cuando lo leí era ya 2006.
Desde entonces, otros once libros del autor han caído. Algunos de ellos son más famosos por sus respectivas películas. ¿Quién no conoce "Shutter Island", "Adiós, pequeña, adiós" (basada en "Desapareció una noche", cuarta entrega de su serie sobre los detectives Kenzie y Gennaro) o, menos conocidas, "La entrega" o "Vivir de noche"?

De "Mystic River". Clint Estwood (2003)
Dennis Lehane nació en Boston y es de ascendencia irlandesa. Sus novelas suelen transcurrir en esa ciudad y sobre todo en la zona irlandesa, que es la que mejor retrata, aunque también salen el barrio italiano y otros. Nos muestra los problemas entre distintos grupos de inmigrantes en la ciudad y entre distintos grupos sociales. Nos habla de perdedores, de buscavidas, de corrupciones, de víctimas.
Boston es una ciudad rodeada de ríos: el Charles, el Malden, el Chelsea, el Neponset, el Mystic. Y lo sé porque cuando estuve en la ciudad en 2009, había dos cosas que quería visitar sin ninguna duda: el MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets) y el Mystic River. Pero con una estancia de tan solo un día completo, el río queda demasiado lejos y ya empleamos casi una tarde para acercarnos hasta Cambridge, atravesando el Charles, y ver la Universidad de Harvard y el, para mí mítico, MIT (tal vez otro día os cuente el porqué de este mito). El Mystic tendrá que ser visitado en otra ocasión.


Alrededor de este río, en el North End, uno de los barrios más antiguos de la ciudad, se desarrolla esta historia de amistad que empieza con tres niños jugando al béisbol en la calle; una amistad destrozada por unos hechos terribles y tres vidas que se reencuentran muchos años después para ser víctimas de otros hechos tan terribles como los primeros.

Y así termina "Mystic River"

Y le vino a la cabeza Dave Boyle, y deseó haberle invitado a una cerveza, tal y como le había prometido el segundo día de la investigación. Deseó haber sido más amable con él cuando eran niños, que su padre no les hubiera abandonado, que su madre no se hubiera vuelto loca y que no le hubieran sucedido tantas cosas malas. Allí de pie, junto al desfile con su mujer y su hija, deseó un montón de cosas para Dave Boyle. Pero, principalmente, paz. Más que nada en el mundo, esperaba que Dave, dondequiera que se encontrara, consiguiera un poco de paz.

Las novelas que aparecen en esta sección, "Bienvenido nuevo mes literario", no están recién leídas, pero están leídas. Se trata de novelas con las que quiero comenzar cada mes, Cada entrada comienza con el principio del libro y termina con su final. No pretende ser una reseña, sino el comentario sobre una historia que me marcó lo suficiente como para poder hablar de ella aunque haga ya muchos años que la leí. Por ello, espero que me perdonéis si incurro en algún error.

Título del libro: "Mystic River"
Título original: "Mystic River"
Autor: Dennis Lehane
Traducción: Maria Via
Editorial: RBA
Año de publicación: 2006
Año de publicación original: 2001
Nº de páginas: 576


miércoles, 28 de noviembre de 2018

"El púgil" Javier Gimeno

"Héctor no vio una luz blanca al final del túnel, tampoco una dama pálida vestida de negro le cogió con sus manos gélidas. Pronunció «eran tres» antes de que le introdujeran en la parte trasera de la ambulancia. El personal de limpieza esparcía serrín sobre la oscura mancha que había dejado en el asfalto en el mismo momento en el que una pareja de policías dio la noticia a su madre desolada".
Héctor es un adolescente que empieza a coquetear con el consumo y el trapicheo. Quiere ganar dinero para poder escapar con su novia del barrio, de la casa, de la familia. Pero se ha metido en un terreno vedado; le está invadiendo el negocio a alguien. Es como la invasión de una pulga en un campo de fútbol, pero hay quien siente la necesidad de espantar pulgas a cañonazos y, además, una advertencia a tiempo espantará otras posibles amenazas. Es por eso por lo que nada más empezar la novela Hector, el Rasti, solo podrá recordar que "eran tres". 
A partir de esta introducción, la única que no lleva el nombre de un round (Primer round, Segundo round, Tercer round... y así hasta quince) como el resto de los capítulos, iremos conociendo otros personajes y tramas que nada tienen que ver con Héctor.
También en ese primer capítulo introductorio veremos a Luis que acaba de quedarse viudo, pero Luis sí saldrá a lo largo de los quince rounds que componen la novela. Saldrá Luis y saldrán sus deseos, frustrados a lo largo de toda una vida de casado y que ahora, ya sin trabas, se dispone a poner en práctica.
Conoceremos a Roberto y veremos a un hombre violento, cruel, metido en toda clase de negocios turbios, pero que es capaz de darlo todo, su vida incluida, por su pequeña hija Lucía. 
Sabremos de sus amigos, Marcos y Gavi, con tan dispares destinos en la vida, absoluto triunfador uno, perdedor irredento el otro. Amigos los tres desde la adolescencia, han llegado a ocupar puestos dispares en la sociedad, pero siguen manteniendo una relación llena de sentimientos oscuros (celos, envidia, desprecio, rencor...).
Y presente siempre entre los tres, Ana, la hermana de Marcos, primero, hace ya años, con Roberto, después con Gavi, ausente ahora mientras los dos la buscan porque Marcos ha muerto. 
Marcos fue de los tres amigos el que se quedó en el lado oscuro de la droga, si es que la droga tiene un lado más luminoso; es el que quedó más enganchado y por más que Ana intentó sacarlo de aquel mundo, como ella misma había salido, aquel mundo terminó por derrotarlo. No había "más que ver la bolsita y las rayas blancas de encima de la mesa. [...] O su corazón o su cerebro se cortocircuitaron".
Y está Rebeca que cuida de Lucía cuando su padre tiene que salir, como ahora, hacia donde le llevan las malas noticias que no querría haber recibido nunca, sin saber que aún le esperan noticias mucho peores antes de que pase demasiado tiempo.
Y está Mónica, la ex mujer de Roberto, que le teme lo suficiente como para querer alejarse de él, pero no parece que vaya a conseguirlo y, por si acaso, se ha traído de Cuba un novio tan atractivo, musculoso y mulato como pudiera desear. Enrique nunca le aceptó dinero mientras estuvieron en Cuba, pero aceptó venir con ella a España y vivir en su casa.
Y conoceremos al púgil, porque toda la historia (salvo el primer capítulo, el titulado "Antes") tiene lugar los días previos al combate para el que el púgil se prepara. Preocupado por los gramos que tiene que perder antes del pesaje para poder participar en un combate que puede abrirle las puertas de la fama; tentado por la visita de su novia que amenaza con poner en peligro su concentración en esos momentos críticos y delicados; "Llevaba dos meses con unos horarios propios de un monje de clausura, justamente desde que se había acordado la fecha de la velada. Apenas quedaba tiempo, solo dos días para su gran noche".
Todas estas historias y personajes, y alguno más, irán convergiendo y mezclándose poco a poco; se nos irán mostrando detalles oscuros, iremos viendo como se enredan los hechos para conformar una trama que no se nos desvela en su total significado hasta el final, cuando las piezas encajen, cuando veamos que pocas cosas son lo que parecen, aunque alguna no puede dejar de ser justo lo que parece, y cuando algunos personajes se den cuenta de que a veces los planes los carga el diablo y sirven más bien para posibilitar planes ajenos que no coinciden con los propios.
"El púgil" es una novela en la que no hay héroes, pero sí hay villanos; en la que lo que más abunda son los supervivientes que a veces sobreviven a base de venganza.


Javier Gimeno
Conocí a Javier Gimeno, literariamente hablando, hace algo más de dos años. Su primera novela, "All in", apareció reseñada en blogs a los que sigo y de cuyas opiniones me fío, y me atrajo tanto lo que contaban que me hice con ella en Amazon. Me encontré con una novela que, como en esta, hay muchos personajes y muchas historias que van confluyendo hasta encajar y formar "la historia". "El púgil" se centra más en el tiempo (casi todo transcurre en un par de días), tiene menos personajes y, desde el principio se va viendo hacia dónde van todos. Salvo alguno de ellos que nos reserva alguna sorpresa muy bien llevada.
Si en la anterior novela encontré algunos fallos (algún pequeño error de sintaxis o algún personaje un poco estereotipado) junto a la frescura de una opera prima , todo ello ha desaparecido en "El púgil" que se nos muestra como una obra más madura y más elaborada.
"Javier Gimeno tiene 38 años, es diplomado en Bibloteconomía y Documentación y trabaja en el metro de Madrid. Dedica su tiempo libre a escribir. Ahora está metido en otras dos novelas que yo, desde luego espero con impaciencia".  Esto escribía yo hace dos años y medio en la reseña de "All in". No sé qué habrá sido de una de las dos novelas que, por entonces, escribía Javier Gimeno. Me imagino que la otra es "El púgil". Estaba justificada la impaciencia con la que esperaba sus nuevas publicaciones, porque esta novela me ha gustado mucho. Le agradezco enormemente a Javier que me la haya hecho llegar y me atrevo a insinuarle que no se olvide de mí en sus próximas publicaciones. Las estaré esperando.

Título del libro: El Púgil
Autor: Javier Gimeno
Editorial: Amazon (autoedición)
Año de publicación: 2018
Diseño de la portada: Omar André
Nº de páginas: 208

domingo, 25 de noviembre de 2018

"Brújula" Mathias Enard

"Brújula" es una de las novelas más extrañas que he leído en los últimos tiempos. Transcurre durante una noche de insomnio. Transcurre durante una vida, la vida del narrador. Transcurre durante toda una Historia, durante varios siglos, durante más de un milenio.
Está guiada por una brújula, una brújula que, inopinadamente, señala al este, a levante, al sol que despierta. Sí, es una brújula que señala al este y que tiene nombre de mujer: Sarah.
Franz Ritter lucha contra el insomnio una noche de otoño en su piso de Viena. Ha recibido una carta de Sarah con un artículo, "una separata de otra época, un papel grapado en lugar de un PDF acompañado por un mensaje deseando «que te llegue bien»"
Tal vez es la carta de Sarah, o la noche de insomnio, o la enfermedad que le acecha y que presiente grave, lo que le hace recordar, rememorar para nosotros toda su vida entre Oriente y Occidente, toda su vida detrás de Sarah desde que la conoció "en Estiria con motivo de un coloquio, una de esas misas mayores del orientalismo organizadas a intervalos regulares por los tenores de nuestro ramo y en la que, como es debido, habían aceptado a algunos «jóvenes investigadores»"Franz es musicólogo y Sarah estudia las literaturas orientales.
Pero comenzará su recuerdo y comenzará la novela unos años después de haberse conocido, cuando asistió en la Sorbona a la lectura de la tesis de Sarah sobre el escritor iraní Sadeq Hedayat. Y quiero detenerme en el supuesto prólogo de esta tesis, que se nos reproduce entero, porque aparte de ser de gran belleza, se puede decir que resume todo el tono de la novela. Así empieza el prólogo de la tesis de Sarah "«En la vida hay heridas que roen como una lepra el alma en la soledad» escribe el iraní Sadeq Hedayat al principio de su novela La lechuza ciega: ese hombre pequeño de gafas redondas lo sabía mejor que nadie. Fue una de esas heridas la que lo hizo abrir el gas en su apartamento de la calle Championnet de París, precisamente una noche de gran soledad, una noche de abril, muy lejos de Irán, muy lejos, con la única compañía de algunos poemas de Jayam". Y es una herida la que roe el alma de Franz Ritter en esa noche de principios de diciembre en Viena: la herida del amor frustrado y la herida de un Oriente que conoció y que cada vez se desangra más por todas sus grietas, a la vez que se desangra Occidente, porque el mundo es uno y cada parte refleja la otra y sangra por las heridas de la otra y se pierde en la pérdida de la otra: Oriente y Occidente, Norte y Sur: tratando siempre de vivir unos a costa de otros y resolviéndose siempre en fracaso y dolor; en una grieta por la que todos terminamos precipitándonos. 
Termina el prólogo de la tesis de Sarah: "nos proponemos explorar esa fisura, asomarnos a la grieta, introducirnos en la embriaguez de aquellas y aquellos que vacilaron demasiado en la alteridad; vamos a tomar de la mano a este hombre para bajar a observar las heridas que carcomen, las drogas, los más allá, y a explorar ese lapso, ese barzakh, el mundo entre los mundos en que caen los artistas y los viajeros".
Y esa es la grieta en la que quiere meterse Mathias Enard, en la que nos mete a los que nos acercamos a leer "Brújula". Es de artistas y de viajeros de lo que nos habla esta novela. Artistas y viajeros enamorados de Oriente.
Franz era muy joven aún cuando conoció a Sarah. Por datos y fechas que consigo ir extrayendo de la historia, tendría poco más de veinte años, pero su destino no volvió a separarse de la sombra de Sarah y de Oriente. A lo largo de esta noche lluviosa, nos contará sus encuentros con Sarah en Estambul, Damasco, Palmira, Alepo, Teherán... París, Viena. Pero no solo de Sarah nos hablará. En su relato, en su recuerdo, aparecen tantos enamorados de Oriente que una se pierde: músicos conocidos (Lisz, Debussy, Schubert, Mendelssohn, Beethoven, Chopin) y desconocidos; escritores conocidos, leídos, adorados (Balzac, Victor Hugo, Proust, Carson McCullers, Sthendal, Agatha Christie, Thomas Mann) y desconocidos; viajeros, casi todos desconocidos, varias mujeres, pero que terminan por hacerse amigos a medida que las páginas nos introducen en su vida y los vamos conociendo. Jane Digby, Hammer-Purgstall, Marga d’Andurain, Annemarie Schwarzenbach, Alois Musil y muchos más que no menciono porque aparte de no recordar tantos nombres, tampoco es plan de hacer una lista interminable.
Pero también hay personajes de ficción como el "especialista en el coito árabe", Marc Faugier, adicto al opio y que terminó por aficionarse a la heroína; o el loco Michael Bilger, arqueólogo prusiano que "era un leve chalado y ahora es un loco de atar". Ellos, junto a Sarah y Franz y alguno que puedo haber olvidado constituyen el tributo a la ficción de esta novela que de ficción tiene muy poco.
Todos ellos, artistas y viajeros, reales y ficticios,  enamorados de la sensualidad y el erotismo de Oriente, obsesionados por pasar mil y una noches en Oriente, porque "muchos orientalistas y diplomáticos que no lo reconocen tan fácilmente", en realidad se habían sentido atraídos hacia el este "por deseo erótico del cuerpo oriental, una imagen de lascivia, de permisividad" que les fascina desde que entraron en contacto con ese mundo. Tal vez no fue eso lo que encontraron, pero la fascinación continuó y todos permanecieron enamorados de un mundo que vieron desmoronarse ante sus ojos.
Y ese desmoronamiento también se nos cuenta. La revolución en Irán, el devenir de Siria. "Imposible imaginar, en París en 1999, ante una copa de champán, que Siria iba a ser devastada por la peor violencia, que el zoco de Alepo ardería, el alminar de la mezquita de los Omeyas derribado, tantos amigos muertos o condenados al exilio; imposible incluso hoy en día imaginar el alcance de los estragos, el alcance de ese dolor desde un confortable y silencioso apartamento vienés"
El desmantelamiento de un mundo que él había conocido siguiendo a Sarah. Porque a él no le atrajo el erotismo ni la sensualidad de Oriente, sino la atracción por Sarah, el erotismo y la sensualidad que emanaban de Sarah y que le llevaron a buscar su campo de estudio tras los pasos de la mujer.
En "Brújula" encontramos el reflejo de un mundo que es nuestro mundo. En Oriente está nuestro origen. Es la primera tierra que pisaron nuestros ancestros recién salidos de África. Cuando llegaron aquí, era de allí de donde venían. De Oriente llegó una buena parte de la cultura que nos hace más sabios, más sensibles, mejores, porque  su cultura brilló por estos pagos bastante más tiempo del que lleva sin estar presente (¿no lo está realmente?). ¿Cómo renunciar a esa parte de nosotros que viene de Oriente cuando "Don Quijote es la primera novela árabe, ¿sabes? La primera novela europea y la primera novela árabe, fíjate, Cervantes lo atribuye a Sayyid Hamid Ibn Al-Ayyil, que él transcribe Cide Hamete Benengeli. El primer gran loco de la literatura aparece bajo la pluma de un historiador morisco de La Mancha"?
Cada vez con más empeño queremos ver en ellos a "los otros", los distintos, y ellos se empeñan también en vernos como "los otros", pero en ese cultivo de la alteridad nos perdemos a nosotros mismos y se pierden ellos, porque no hay nosotros sin ellos, ni ellos sin nosotros. Porque existe, por encima de todo, "esa aporía —entre el yo y el otro— que es la identidad".

Mathias Enard

Mathias Enard es un escritor francés y un orientalista también enamorado de Oriente. Ha estudiado persa y árabe y ha viajado por todo el Próximo Oriente. "Brújula" obtuvo el Premio Goncourt en 2015. En la novela reivindica lo que de Oriental hay en Europa. En su discurso al recibir el Premio de la Feria de Leipzig recordó qué era Europa, quién era Europa en la mitología, "una princesa libanesa secuestrada en una playa cerca de la actual Argelia por un dios del norte que la deseaba, Zeus; que ella pasó sus días en el Mediterráneo, entre Fenicia y Creta: “Europa es una inmigrante ilegal, una extranjera, el botín de la guerra”, declaró el autor". (Latercera/noticias)
Pero no voy a negar que la fascinación que el libro me ha producido se ha mezclado a veces con el rechazo, un rechazo hacia la erudición del autor, hacia el listado interminable de nombres, hechos, lugares, momentos; un rechazo que me hizo sentir la fugaz (muy fugaz) tentación de abandonar, de dejar de leer y pasar a otra cosa, porque a veces me perdía entre tanto personaje desconocido o conocido. Pero esa tentación enseguida se veía enmascarada por un nuevo acceso de auténtico deslumbramiento, porque me tenía pillada en un tema que me preocupa, colgada de una problemática que me es muy penosa como persona sumamente atraída por la cultura musulmana que soy; me tenía enganchada porque me hablaba "de un siglo XXI en el que, frente a la violencia, necesitábamos más que nunca librarnos de esa absurda idea de la alteridad absoluta del islam y admitir no solo la aterradora violencia del colonialismo, sino todo cuanto Europa le debía a Oriente; de la imposibilidad de separar al uno del otro, de la necesidad de cambiar de perspectiva. Según decía, más allá del estúpido arrepentimiento de unos o de la nostalgia colonial de los otros, había que hallar una nueva visión que incluyese al otro en el yo. Por ambas partes".

Título del libro: Brújula
Título original: Boussole
Autor: Mathias Enard
Traducción: Robert Juan-Cantavella
Editorial: Random House
Año de publicación: 2016
Año de publicación original: 2015
Nº de páginas: 448

jueves, 22 de noviembre de 2018

56 Festival Internacional de Cine de Gijón.

Por tercer año consecutivo he pasado un fin de semana en el Festival Internacional de Cine de Gijón.
La verdad es que se está convirtiendo en una escapada de lo más agradable. Un poco ajetreada, pero que permite cambiar de rollo, ver cine, generalmente bueno, y disfrutar de la gastronomía asturiana que siempre es un aliciente añadido.
Como en años anteriores, ha sido una escapada de poco más de veinticuatro horas que ha dado para tres películas, algún paseo por la ciudad y unas sidrinas.
Llegamos el sábado hacia las doce del mediodía con el tiempo para instalarnos en el hotel, salir a dar un pequeño paseo y comer, y dirigirnos hacia el teatro Jovellanos donde, a las cinco de la tarde, ya teníamos la primera película. Como hay que llegar casi media hora antes para poder coger buen sitio (las butacas no están numeradas), no da tiempo para nada más.
La elección de las películas está muy mediatizada. Primero, por las fechas. Al ir solo un par de días, hay que limitarse a lo que se proyecta en esos días. Como tampoco nos apetece alejarnos del centro ni andar con el coche, solemos ir al teatro Jovellanos.
En esta ocasión, la película que inauguró para nosotros el Festival fue la producción francesa "La prière" de Cédric Kahn.


Se trata de una historia sobre una de esas comunidades que ayudan a salir de la drogadicción a base de trabajo y mucha religión. Siempre he pensado que se trata de sustituir una adicción por otra, pero puestos a escoger yo tengo muy claro que prefiero la religión a la heroína. Por otra parte, no se puede negar la labor social que hacen estas instituciones y a la cantidad de gente a la que han devuelto una vida que estaba a punto de despeñarse por un barranco. 
Dicho esto y dejando clara mi opinión al respecto, he de decir que la película me dejó, cuando menos, desconcertada. No llego a saber qué me han querido contar. No sé si se pretende criticar este tipo de actividades o si, por el contrario, pretende ser un producto propagandístico de las mismas. Vamos que no sé si va por un camino o por el contrario y esa indefinición me resulta tan tibia que me produce rechazo. Aparecen escenas con situaciones que me parecen muy reprobables, pero se pasa por ellas dándolas por válidas e incluso planteándolas como beneficiosas para el protagonista. Puede que sea problema mío, que no haya sabido captar los matices, pero no es algo que me suela pasar. Más bien creo que los matices eran demasiado sutiles.
La película es de gran belleza técnica. Con una fotografía muy cuidada y una interpretación que le valió a su protagonista, Anthony Bajon, el Oso de Plata al Mejor Actor en el 68 festival de Cine de Berlín.

Anthony Bajon
Nuestro primer encuentro con el cine en este Festival no resultó demasiado alentador.
Después de esta primera película lo único que apetecía era ir al hotel, descansar los pies de los zapatos y los ojos de las lentillas, y relajarse un poco porque después, en poco más de una hora, había que salir para la cena y la película de las 10:30. 
La cena fueron dos botellas de sidra con un par de pinchos, que la comida había sido copiosa.
La segunda película fue una coproducción de Francia, Serbia, Croacia, Irán y Qatar  (ahí es nada): "The load", del director serbio Ognjen Glavonić. Se trata de una propuesta interesante y original, pero que creo que no consigue plenamente su objetivo. 
A finales de los noventa, el conflicto de Kosovo hace que la OTAN bombardee Serbia y, especialmente, Belgrado. Un hombre, Vlada, sobrevive como puede. Hace transportes en camión desde Kosovo hasta Belgrado. No sabe lo que lleva, no pregunta. 
La película está estructurada alrededor del viaje, las gentes, las situaciones que se va encontrando Vlada. Nos muestra una situación desesperada, pobreza material y moral, un país y una población víctimas de las guerras en las que sus dirigentes, con engaños, los han metido en los últimos años.
El descubrimiento de su carga le hará a Vlada plantearse su propia culpabilidad en los acontecimientos.
Como digo, interesante y original, pero no terminan de tomar cuerpo la idea central (el viaje de Vlada) y las pequeñas historias que pululan alrededor. No llegan a formar un todo coherente y uniforme. Para alguien que no tenga un conocimiento un poco amplio de lo que fue aquel conflicto, no creo que la película llegue a darle una idea real.

Ognjen Glavonić
Lo más  valioso fue el coloquio posterior con el director. Ognjen Glavonić es un joven serbio que vivió el terror de los bombardeos, pero que no acepta la idea más extendida en su país que es la del victimismo. Un joven tan honrado y valiente como para enfrentarse a la tendencia predominante de que son víctimas del resto del mundo. Ni siquiera admite la postura de sus mayores de que no sabían las barbaridades que Serbia cometió en Kosovo, o en Bosnia, si a eso vamos.
La película se estrena este fin de semana en Serbia. Me gustaría saber como es recibida en ese país. Y me gustaría seguir la carrera de este director porque puede llegar a ser muy interesante con suerte.
El domingo amaneció gris y fresco. Nada que ver con el día primaveral del sábado. Por la mañana dimos un paseo, repetimos un par de botellas de sidra y fuimos a comer. A las cuatro y media estábamos de nuevo a la puerta del Jovellanos para ver un documental español que, en principio, era lo que menos me apetecía de lo que llevábamos planeado. Como pasa muchas veces, lo que en principio parece menos atractivo resulta ser lo mejor y es que no importa lo que te cuenten, sino como te lo cuenten.
"Zaniki", de Gabriel Velázquez, nos cuenta, entre el documental y la ficción, el empeño de Eusebio Mayalde por transmitir su pasión y su  por la música y la danza tradicionales. 
Eusebio Mayalde es el patriarca de los Mayalde, un grupo musical formado por él mismo, su mujer y sus dos hijos. Si alguien piensa, como yo pensaba, que Mayalde es el apellido de la familia, estará equivocado. Eusebio es de La Maya y su mujer, Pilar, de Aldeatejada, lugares ambos de Salamanca y que al fundir sus nombres dieron como resultado Mayalde.
Son un grupo, pero él se come el escenario, la pantalla y todo lo comible. Su fuerza, su voz, su mirada, su personalidad, dejan muy poco espacio para fijarse en alguien o algo más.
Los Mayalde tocan instrumentos tradicionales, pero además tocan cualquier cosa: cucharas, regaderas, sartenes, platos, las tejas de un tejado, las simples manos contra un madero... cualquier objeto capaz de emitir un sonido les sirve para hacer música.

Eusebio Mayalde
Yo no les conocía de nada, pero Google me dice que tienen discos publicados, han viajado por España y por el extranjero y se dedican a la enseñanza de la música tradicional y la danza.
El documental es todo un espectáculo musical, con una fotografía maravillosa de los campos salmantinos, un Eusebio Mayalde gigante y un niño pequeño, su nieto Beltrán, que a su edad (no calculo bien, pero le echo entre ocho y diez años), ya toca de todo con gran pericia y se ha dejado agujerear por el mismo gusanillo que corroe a su abuelo. 
Después de la proyección, todo el grupo subió al escenario y nos ofreció dos números musicales que fueron todo un regalo. 
Lo mejor del festival terminó resultando algo que cogimos por descarte: el domingo a las cinco, no había otra cosa que nos viniera bien.
A las siete cogimos el coche y volvimos para Santander que el lunes había que trabajar. Volveremos el próximo noviembre si nada lo impide.

Lo que dan de sí dos días a orillas del Cantábrico. 24 horas separan ambas fotografías.

lunes, 19 de noviembre de 2018

"Un mal secreto" Ann-Marie MacDonald

"Ahora mismo daría lo que fuera por ser capaz de sentir —sin el detonante de la rabia— el amor que sabe que siempre ha sentido hacia su hija. Es capaz de ver ese amor. Detrás de un cristal. Dormido. Con un pedazo de manzana envenenada en la boca"
Me encuentro fascinada ante otra novela de las que clavan hondo y sin vacilaciones el bisturí en los tejidos de las relaciones paterno filiales. Me encuentro con una madre que observa a su hija, que sabe que la quiere, que nunca le haría daño; una de esas madres que tienen muy claro que jamás deben levantar la voz, y mucho menos la mano, ante sus hijos; una de esas madres que saben que el amor por los hijos muchas veces se mantiene dormido con un trozo manzana envenenada atravesado en la garganta. Seamos valientes, olvidemos lo políticamente correcto: ¿quién, en un momento dado, no ha deseado ahogar a un niño gritón con la propia almohada de su cuna? ¿quién no se ha visto en la imperiosa necesidad de arrojar a un bebé por la ventana y dormir doce horas seguidas a continuación? Nadie. Ya sé.
Mary Rose tampoco. Ella no es así. Ella es paciente y consecuente. Jamás pegaría a sus hijos y, cuando le hacen perder la paciencia, a lo más que llega es al levantar un poco la voz y sujetarles las manos para no ser ella la agredida, pero incluso eso le causa remordimientos y la obliga a buscar en su pasado. Un pasado en el que no hay nada demasiado duro ni traumático. No más de lo esperable, al menos. Una infancia viajera, "Se crió en una familia que cambiaba de ciudad cada pocos años hasta su adolescencia, y cada vez que se mudaban era como si todo y todos se desvanecieran tras ellos". Pero una infancia que no habría cambiado aun de haber podido. Su madre no siempre estaba en su mejor momento, demasiados hijos perdidos: la primera Mary Rose, muerta antes de nacer; Alexander, muerto a los pocos días; los abortos espontáneos. El factor Rh solo permitió vivir a los hijos que lo heredaron negativo. Y a Maureen. El primer hijo no sufre nunca las consecuencias de un Rh poco propicio. Por lo demás, una familia normal de los años sesenta y setenta. 
Mary Rose MacKinnon salió del armario demasiado pronto. Esto ya fue a principio de los ochenta. Aun para un país moderno como Canadá, era demasiado pronto, y demasiado pronto en todo caso para sus padres, una mujer descendiente de cristianos libaneses y un militar descendiente de escoceses. 
"Salió del armario cuando la homosexualidad todavía era clasificada como enfermedad mental por la Organización Mundial de la Salud, [...] Mary Rose contribuyó a cambiar el mundo hasta el punto de que «mejoró» tanto que ahora puede estar allí, en su propia cocina, con su propia hija, legalmente casada con la mujer a la que ama, y sentirse igual de atrapada que un ama de casa de la década de 1950".
Ahora, tantos años después, todo se ha normalizado hasta tal punto que un lunes por la mañana, mientras su hija se entretiene con un cochecito dejándole libres los minutos justos para revisar su correo electrónico, Mary Rose se encuentra con un mensaje de su padre, con la frase "Algunas cosas pejoran de verdad…" como asunto y escrito en unos términos nada previsibles unos años antes:
"Hola, Míster:
Mamá y yo acabamos de ver vuestro vídeo de «Todo mejora» y se me ha ocurrido estrenar el correo electrónico para decirte lo orgullosos que estamos de que Hilary y tú seáis tan buenos referentes para los jóvenes que tienen que luchar contra los prejuicios.
Con cariño,
Papá".
¿Son estos los mismos padres que cuando les confesó su lesbianismo le soltaron lindezas como "preferiría que tuvieras cáncer" o "ojalá no hubieras nacido nunca"? ¿Son los mismos que estuvieron años sin visitarla en su casa e impidiendo que les visitara acompañada de sus parejas? 
Esta novela nos muestra siete días en la vida de Mary Rose. Siete días normales en los que Hilary está de viaje (¿en Winnipeg? ¿en Calgary?) preparando el estreno de "La importancia de llamarse Ernesto" porque Hilary es directora de teatro. 
Mary Rose se enfrenta a una realidad que no sabe si le gusta. Una realidad de ama de casa de la que siempre pensó que se mantendría alejada. Ella es escritora. Ha publicado dos libros con enorme éxito y la gente le pregunta por la calle cuándo saldrá la tercera entrega de la "Trilogía de Otra Parte". Pero carece de inspiración o de tiempo o de ganas entre tanta tarea doméstica. Y mientras espera el momento propicio, el tiempo suficiente y la inspiración necesaria para volver a escribir, cuida a sus hijos, hace de ama de casa y gestiona su rabia y su frustración como puede y sabe. "Son las cinco de la tarde: la hora de las pataletas para los niños y los cachorros, que suelen ponerse quisquillosos más o menos entonces, la hora de los reniegos para los que quedan atrapados en los atascos al salir del trabajo, la hora de la preocupación para los ancianos a los que inquieta el atardecer. Es el declive primitivo entre el día y la noche que introduce un terror subconsciente en el corazón del Homo sapiens, un resquicio de la época en la que éramos presas de otros animales. Por eso se inventó la hora del cóctel". La hora a la que mueren los toreros y Mary Rose juega con sus hijos para ganarse el privilegio de poder tomar un cóctel y pierde la paciencia y se calma y vuelve la vista atrás y recuerda y descubre o cree descubrir cosas de su pasado.
Y uno de sus primeros recuerdos es colgar en el vacío de un tercer piso, suspendida por fuera del balcón sujeta por las muñecas por su hermana Maureen. Un recuerdo que Maureen no tiene o ha borrado de su memoria. Y recuerda las dos operaciones a las que fue sometida por padecer quistes óseos unicamerales que le producían enorme dolor y roturas frecuentes del húmero. ¿Recuerda o imagina? ¿Puede realmente estar segura de cosas sucedidas hace tantos años, cuando ella era tan pequeña? Pero le vienen a la cabeza cosas que no cuadran demasiado. Descubre en internet detalles que explican algunos recuerdos (?) un tanto oscuros. Preguntar a sus padres no sirve de mucho. Parece que ellos van olvidando a la vez que ella recuerda. Son muy mayores. La memoria les falla. La desmemoria es a veces una gran aliada de la culpa. 
Y ¿merece la pena recordar? Nada demasiado grave, en todo caso, parece haber en su pasado. Quiere a sus padres y sus padres la quieren. Hacerles recordar, hacerse recordar, sirve solo para envenenar el presente con un pasado... pasado. Pero ¿se puede evitar?
Incluso el cambio producido en estas décadas en lo referente al trato a los niños tiene su cara oculta. Por supuesto que el cambio es bueno y no se debe gritar ni pegar ni "maltratar" a los niños, pero "realizar el cambio es experimentar, por contraste, la naturaleza espeluznante de todo lo que lo precedió. Es dejar de considerar que la violencia es normal; dejarla al descubierto como si fuera un regalo peligroso y ver cómo brilla, oír cómo atruena igual que una sirena, notar cómo late igual que un corazón. Para Mary Rose, implica traicionar a su propia madre al criar a sus hijos de un modo diferente".

Ann-Marie MacDonald

Ann-Marie MacDonald es una escritora canadiense que sabe bien de lo que habla en esta novela. Como Mary Rose, es hija de un militar canadiense y nació en una base militar en Alemania Occidental; como Mary Rose es lesbiana y vive con su mujer, Alisa Palmer, en Toronto. Alisa, como Hilary, es directora de teatro. No sé si la pareja tiene hijos, pero hay mucho de autobiográfico en esta novela independientemente de ello. Seguro que no fue fácil para ella salir del armario (nunca debe de serlo) y seguro que como hija tiene recuerdos que confunde con sueños y sueños que imagina reales y realidades que le gustaría que fueran sueños. ¿Quién que pasara su infancia en la década de los sesenta no los tiene?
Pero, como Mary Rose, como casi todos los niños que fuimos niños en aquellos años, el presente redime el pasado, nos hemos reencontrado con la felicidad y, como Mary Rose, todos podríamos responder al correo electrónico de nuestro padre.
"RE: Algunas cosas pejoran de verdad
Querido papá:
A veces las cosas tienen que empeorar para poder mejorar luego.
Con cariño, Mary Rose".

Título del libro: Un mal secreto
Título original: Adult Onset
Autora: Ann-Marie MacDonald
Traducción: Ana Mata Buil
Editorial: Lumen
Año de publicación: 2017
Año de publicación original: 2014
Nº de páginas: 536
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