Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

jueves, 18 de enero de 2018

Dos historias de mujeres


Salvo en mi sección "Sin reseña", no suelo hablar de más de un libro a la vez. Lo hice este verano con "Dos nouvelles y un relato" y vuelvo a hacerlo ahora. Pero si en aquella ocasión, ambos textos solo tenían en común la época en que transcurría la acción, en este caso, la relación va mucho más allá.
Se trata de dos novelas no muy largas y ambientadas ambas en el complejo mundo interior de dos mujeres. Se trata de "Apegos feroces" de Vivian Gornick y "Aprender a terminar" de Laurent Mauvignier. 224 páginas tiene la primera (160 en mi ebook) y 125, la segunda (la tengo en papel).
Si una narra las vivencias de una mujer desde su infancia en un barrio de Nueva York, y su conflictivo vínculo con su madre, la otra nos cuenta la ansiosa y dependiente relación de una mujer con su marido. La primera está escrita por una mujer, la segunda, por un hombre, pero en ambas nos encontramos con mujeres dominadas por su necesidad de encontrar afecto y reconocimiento por parte de la persona que las desprecia; ambas deberán recorrer el difícil camino que lleva de la dependencia del otro a la libertad que supone poder vivir fuera de su influjo.  O intentarlo. 
Las dos están contadas en primera persona, pero una es una narración en la que alternan, de manera ordenada y clara, episodios que van desde la niñez, hasta el momento presente (presente en la novela), y la otra es un monólogo obsesivo que salta en el tiempo sin que apenas nos demos cuenta y que hace que tengamos que volver atrás para situarnos de nuevo.

**************

"Apegos feroces". Vivian Gornick.
"La relación con mi madre no es buena y, a medida que nuestras vidas se van acumulando, a menudo tengo la sensación de que empeora. Estamos atrapadas en un estrecho canal de familiaridad, intenso y vinculante: durante años surge por temporadas un agotamiento, una especie de debilitamiento, entre nosotras. Después, la ira brota de nuevo, ardiente y clara, erótica en su habilidad para llamar la atención". La narradora tiene ocho años cuando comienzan estas memorias y vive en el Bronx, un barrio en que coincidían, mezclados que no revueltos, judíos, irlandeses e italianos. Ella pertenece a una familia judía y su madre procede de Ucrania de donde llegó con su familia a principios del siglo veinte.
El pasado nos muestra a una niña que adora y admira a su madre a quien está ansiosa por agradar, pero en la que nunca llega a encontrar el asidero que precisa. Podría haberlo encontrado en Nettie, la vecina viuda y madre de un bebé que supo entenderla y comprender sus necesidades, pero también perdió ese influjo cuando tuvo que tomar partido y se decidió por su madre. Ambas, mujeres, con su influencia contradictoria, irán conformando su mundo y sentando las bases de una educación sentimental que no le ha dado demasiadas satisfacciones.


Vivian Gornick

La muerte prematura del padre de forma inesperada sume a la madre en una profunda depresión de la que le costará años salir. La soledad a la que se ve obligada desde entonces, la hará volverse hacia su hija y buscar refugio en ella, mientras la somete a sus caprichos hasta producirle un tremendo rechazo. "Me hizo dormir con ella durante un año y durante los veinte años siguientes no pude soportar que una mujer me rozara".
Alternando con el relato del pasado se nos van mostrando escenas del "presente" cuando la narradora pasea con su madre anciana por las calles de Manhattan. A pesar de tener cuarenta y cinco años, estar divorciada, tener un buen trabajo y ser totalmente independiente, sigue buscando la aceptación de su madre, pero esta parece estar siempre ajena a las esperanzas y anhelos de su hija. 
No llegará a superar la frustración perpetua que la indiferencia, cuando no hostilidad, de su madre le causa, pero aprenderá a convivir con ella y a hacerla parte de su vivir cotidiano. "La situación entre nosotras es volátil. El cambio constante es nuestra realidad cotidiana. La inestabilidad es un asombro impregnado de misterio y promesa. Ya no andamos a la gresca. Hemos alcanzado un grado de distancia permanente".

Esta novela entra además en el II Reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990, concretamente, "Apegos feroces" es de 1987.


**************

"Aprender a terminar". Laurent Mauvignier.
"La negrura de su mirada era contra mí, me la dedicaba solo a mí, nada más verme la cara. Y, sin embargo, yo siempre llegaba con flores y me decía a mí misma: aunque ya no me quiera, aunque ya no me pueda ni ver". Ella va a visitar a su marido, le lleva flores. Él ha estado a punto de morir tras un grave accidente de coche, pero por fin va a salir del hospital. Por fin ella sabe que va a estar en casa ocupándose de las tareas cotidianas: podar los aligustres, tapar las grietas cuando el yeso se requebraje, poner las trampas para las ratas en el sótano...
Lo espera con impaciencia. Prepara la casa; los hijos pasan a compartir habitación para dejarle al padre un dormitorio en el que nadie le importune, ella se prepara para asistir a la convalecencia, larga, del marido. Y se va recuperando, cada día un poco más. Lentamente, cada vez se va haciendo más independiente, se mueve más y llega un poco más lejos...
Y enredados con las esperanzas de la mujer de recuperar a su marido para siempre, vienen los recuerdos de cómo antes del accidente temía perderle, que la abandonara; de cómo notaba su desprecio, su alejamiento "para él yo estaba muy, muy abajo.Y su voz, que a menudo me decía al oído, que se reía al decirme: apáñatelas con ese nosotros que te preocupa tanto, porque muy pronto ya no estaré aquí, porque ya no puedo más con esto, ya no puedo más, contigo es que no puedo más". Y ella vivía inmersa en la ansiedad porque le quiere, siempre le ha querido, hasta que llegó el accidente y supo que ya nunca podría abandonarla. 
Ahora se la ve loca de alegría, sin nada que temer. Entregada a él noche y día, siendo su soporte, su sustento, mientras él asiste ilusionado a cada progreso de su salud, a cada avance en el camino hacia la normalidad que se ve tan lejana. Ahora él no tiene a donde ir ni tiempo para pensar en escapar porque cada día está ocupado en esperar el mañana y las nuevas  mejoras que traerá. Hasta que esas mejoras son suficientes para que recupere la independencia y el tiempo de volver a pensar en otra cosa que no sea su propia curación.

Laurent Mauvignier

Y con la recuperación del marido vuelven las angustias de la mujer y continúan sus recuerdos que nos van mostrando más de su vida en común y de la dependencia casi enfermiza que ella llegó a desarrollar. "cómo habría podido confesarme el dolor que sentía al verlo ya curado,al saber que estaba ahí arriba, vestido, que se había quitado el pijama él solo y que ahora podía empezar todo de nuevo". Y el miedo es tan grande que empieza a desear que se vaya de veras y así poder dejar de temerlo y, cuando se ve frente al peligro real, cuando la amenaza deja de ser una imagen de su mente para ser una imagen real ante sus ojos, entonces es cuando se empieza a sentir liberada de todo, reconciliada con ella misma y con la idea de la soledad en soledad que, a veces, casi siempre, es mucho mejor que la soledad fría y afilada que se vive en compañía.



martes, 16 de enero de 2018

Tercer premio en "Escribiendo que es gerundio"


Dicen que no hay dos sin tres. Después de haber obtenido ya dos premios en la comunidad, el último relato con el que he concursado en "Escribiendo que es gerundio", ha vuelto a resultar ganador. 
Hace ya bastante que lo supe, exactamente, el día 2, pero alguna reseña pendiente y algún reto que surgió inesperadamente, han hecho que demorara la publicación hasta hoy.
Como es habitual, quiero compartir con vosotros esa alegría. Ha sido un maravilloso comienzo de año y quiero aprovechar para felicitar 2018 a todos los componentes de la comunidad, especialmente a los que han participado en este II reto "Una imagen, un relato". Y como no, también quiero, aunque con retraso, felicitar el año a todos los que estéis leyendo esto. Para mí este premio fue un buen comienzo de 2018
El reto consistía en escribir un relato de 350 palabras como máximo, inspirado en la imagen siguiente:


Estoy muy contenta porque mis relatos obtengan algún reconocimiento por parte de quien los lee porque siempre pensé que carecía de imaginación suficiente como para escribir algo que mereciera la pena.
El relato fue publicado en el blog el día 24 de diciembre por lo que fue incluido en la felicitación navideña que podéis ver aquí.
Esta vez, no repito aquí el relato pues al ser de tema navideño, quedaría un poco anacrónico. Quien tenga interés, que clique en el enlace.
Ah, y quiero dar las gracias a Francisco Moroz por el diseño del diploma que ya he unido a los otros dos en la columna izquierda del blog.


sábado, 13 de enero de 2018

"Francamente, Frank" Richard Ford

La cuarta entrega de la vida de Frank Bascombe, "Francamente, Frank", son cuatro relatos ambientados en los días previos a la Navidad de 2012. El huracán Sandy, el más violento de toda la temporada en 2012 y el segundo en la historia de Estados Unidos después de el Katrina, ha pasado hace tan solo dos meses dejando asolada la costa este. Entre otras calamidades que ha dejado el huracán, también ha derrumbado la casa de Sea-Clift, la mansión en la playa, de cristal y madera de secuoya, ubicada en la costa de New Jersey ante lo que parecía ser un mar benigno y tranquilo; la casa en la que vivió Frank durante años antes de cerrar la agencia inmobiliaria y volver a instalarse en Haddam.
Conocimos a Frank Bascombe hace más de treinta años. Era 1986 y "El periodista deportivo" confirmaba a su autor, Richard Ford, como uno de los grandes escritores estadounidenses. En aquella primera entrega de lo que con el tiempo iba a ser "la trilogía de Frank Bascombe", ahora convertida en tetralogía, el personaje tenía treinta y ocho años y trabajaba como periodista deportivo. Catorce años antes había conseguido un montón de dinero vendiendo un libro de cuentos. A pesar de la prometedora carrera que se presentaba ante él, dos años después aceptó un trabajo como periodista deportivo y dejó de escribir. "Durante estos doce años, mi vida no ha estado nada mal y en muchos aspectos ha estado muy bien. [...]Y no cambiaría muchas cosas, si es que cambiaba alguna. Preferiría no estar divorciado y que mi hijo, Ralph Bascombe, no hubiera muerto, pero eso es lo único"
Cuando volvemos a encontrar a Frank, tan solo han pasado dos años en la vida de Frank (diez desde que se publicó el libro anterior). Sigue viviendo de Haddam, pero ya no escribe crónicas deportivas para el periódico, ahora trabaja en una agencia inmobiliaria y mantiene relaciones con Sally. Estamos en vísperas de "El día de la independencia" (premios Pulitzer y Faulkner; el único libro que ha conseguido ambos premios) y Frank va a pasarlo con su hijo Paul, un adolescente para el que su padre ya hace mucho que dejó de ser el héroe de la infancia. Un encuentro que es fuente de toda clase de desconciertos para Frank que no sabe cómo enfrentarse a un chico de quince años al que recientemente han detenido por robar en una farmacia tres cajas de condones extra largos.
En "Acción de Gracias" han pasado doce años. Frank está casado con Sally, lleva ya un tiempo viviendo en Sea-Clift y tiene una agencia inmobiliaria junto a su socio Mike. Ha pasado un cáncer de próstata y está esperando poder pasar el día de Acción de Gracia junto a sus hijos Clarissa y Paul, aunque no tiene muy claro que eso vaya a ser posible.
"Francamente, Frank" es, por ahora al menos, la última aventura o, mejor dicho, las últimas cuatro aventuras del personaje, porque el libro consta en realidad de cuatro relatos y, siguiendo las fechas memorables del calendario estadounidense a las que el autor nos tiene acostumbrados, lo podría haber titulado "Navidad". Las cuatro historias tienen lugar en las fechas previas a la Navidad de 2012, cuando el huracán Sandy está aún muy presente en los habitantes de la costa Este. "Un segmento bastante grande de la población de Haddam (republicana por tradición y en los últimos tiempos neciamente partidaria del Tea Party) cree que el presidente o bien provocó personalmente el huracán Sandy, o bien, como mínimo, lo dirigió desde su «búnker subterráneo» de Oahu, para conducirlo hasta la costa de Jersey, donde había muchos italoamericanos de derechas (en realidad no los hay) absolutamente decididos a votar por Romney, sólo que sus casas volaron por los aires y ya no pudieron presentar el certificado de residencia". Así es Frank, irónico, crítico, demócrata... Se refiere en este párrafo a las elecciones presidenciales que le dieron a Obama su segunda victoria, frente a Mitt Romney, y que tuvieron lugar apenas dos semanas después del huracán.


Discurso con motivo de la entrega del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2016

Frank ha vuelto a vivir a Haddam tras cerrar la agencia inmobiliaria y vender su casa de Sea-Clift. Tiene ya sesenta y ocho años y está jubilado. Sigue casado con Sally y sigue siendo ese personaje incómodo que ha sido a lo largo de toda la serie; el personaje del que se vale Richard Ford para decir lo que muchos querrían y no se atreven. Todo encuentra lugar en el afilado espíritu crítico de Frank, todo lo ve a su manera, no siempre políticamente correcta, y de todo hace burla; de sí mismo para empezar, porque como ha dicho el autor en varias ocasiones "si las cosas no resultan graciosas, no son realmente serias". Y Frank, siguiendo la máxima, lleva riéndose de todo y de sus más tristes experiencias desde hace veintisiete años. 
Ahora hace la vida propia de un jubilado. Lee todas las semanas para los ciegos en una emisora local y "viajo una vez a la semana al aeropuerto Liberty de Newark con un grupo de veteranos, para dar la bienvenida a los soldados que, cansados y perplejos, vuelven a casa de Irak y Afganistán después de su periodo de servicio", mientras Sally, su mujer, se vuelca en la ayuda a los más afectados por el huracán. 
Para él el huracán no es un desastre, o no solo un desastre. Es también una manera que tiene el mundo de cobrarse lo que es suyo, de volver a su ser, de ponerlo todo en cuestión y demostrarnos la poca importancia que tiene una casa una vez desaparece. Una vez desaparecida su vivienda, o mejor dicho, la que le vendió a Arnie hace ocho años, y las que la rodeaban, el espacio se vuelve a configurar como siempre deparando un hermoso panorama y el mar se vuelve a enseñorear de todo, vuelve a ser el señor del espacio como lo fue desde el principio de todas las cosas. "Hay argumentos en favor de un buen huracán que no se anda con chiquitas, arrasando la vida para ponerla de nuevo en perspectiva".
Frank es un adorable tocapelotas, un ingenuo malicioso, un escéptico optimista, un ser dotado de una especial clarividencia para observar y juzgar a sus conciudadanos y a su país. Viene haciéndolo desde 1986 y lo hace con gran precisión, sin concesiones, pero con simpatía. Él ama a su país y, porque lo ama, se siente en la obligación de ponerlo ante sus miserias y sus contradicciones. Es algo que hacen de maravilla los escritores estadounidense. Ya lo he dicho en este blog: pocos escritores aman tanto a su país y pocos son tan crueles en sus críticas hacia el mismo como los de Estados Unidos. La complacencia nunca es un acto de amor.


Habitación en Nueva York (Edward Hopper. 1932)

Frank vive rodeado de gente. Está su mujer y están sus hijos. Ahora también está su ex mujer, pero fundamentalmente, está solo. A lo largo de las cuatro novelas citadas, las personas que lo rodean no dejan de ser detalles accidentales en su vida que vemos como transcurre en soledad; como, por otra parte, mal que nos pese, transcurre la vida de todos. Una inmensa soledad, más o menos compartida con otras soledades, pero soledad en el amplio sentido de la palabra. 
Frank ha superado el cáncer de próstata, pero tiene ya una edad en la que hay que evitar riesgos y entre los más evidentes están las caídas; gente mayor que no se recupera de una caída, que se rompió la cadera y no volvió a ser el mismo, que se murió poco después de caerse en el jardín. Y Frank se pregunta "pero ¿de qué altura se cae esa gente, coño? ¿De la azotea de un edificio? ¿De espumeantes cataratas? ¿Por una alcantarilla? ¿Está el suelo más lejos que antes?". Simplemente, Frank.
También se verá enfrentado al deterioro y a las frustraciones de otros. Arnie, el hombre que compró su antigua, y ahora destruida casa en Sea-Clift, quiere que le aconseje acerca de qué hacer con la ruina en que se ha convertido el edificio; su ex-mujer y madre de sus hijos, Anne, con un principio de Parkinson, se ha trasladado a vivir a una residencia muy moderna, y que proporciona cuidados especiales, muy cerca del domicilio de Frank en Haddam; un amigo al que no ve hace años se pone en contacto con él para hacerle partícipe de su muerte inminente; una antigua inquilina de la casa en la que ahora vive con Sally le visita y le pide pasear por la que fue su antigua morada para terminar contándole la historia de lo que había sucedido en aquel espacio, ahora el espacio familiar de Frank, hace ya mucho tiempo. Todo el mundo pretende compartir con Frank sus propias cuitas. Parece que todos necesitan testigos que den fe de que lo que les ocurre, o les ha ocurrido, ha sucedido en realidad. "Es lo que los meapilas están deseando, de la mañana a la noche. Por eso hay cosas tales como «padrinos de boda», «portadores del féretro», «madrinas», «invitados a la ejecución». Todo es más auténtico si lo ven dos".
"Francamente, Frank" podría ser el epílogo de esta historia que es la historia cotidiana de Estados Unidos, la  "istoria sin h" que diría un amigo bloguero, la del hombre de la calle. Esa historia que no es más que "la cotidianidad de un individuo pensante, inmerso en las contradicciones que distinguen a un país espacialmente inabarcable como Estados Unidos. Edward Hopper pintó su soledad resignada, Bruce Springsteen le ha puesto música y, de vez en cuando, los hermanos Coen son capaces de filmarla. Richard Ford le ha dado la voz y el nombre de Frank Bascombe" (de la página Anaqueles abarrotados)
No me resisto a la tentación de dejaros aquí algunas citas de la novela que constituyen un ejemplo de la clarividencia de Frank Bascombe que no es otra que la de Richard Ford. Uno de los mejores escritores estadounidenses del momento.

"La vida ya vivida, en especial cuando se llega a la edad adulta, siempre es una cuestión de sobreabundancia que va menguando cada vez más. Sólo que (en mi opinión) esa mengua es tan buena como cualquier cosa que haya ocurrido con anterioridad, además de mucho más sencilla".

"¿Qué no está causado por el estrés? A los veinte años ni siquiera sabía que existía el estrés. ¿Qué ha pasado para que apareciera en este mundo? ¿Por dónde andaba antes? Yo creo que estaba latente en lo que generaciones anteriores consideraban placer pero que ahora ha trastornado todo el vecindario psíquico".

"¿Qué coño tiene de malo sufrir el dolor uno mismo? Cuando murió mi hijo, logré vivir con mi propio dolor".

"Todo el mundo lo sabe todo pero nadie sabe qué hacer con ello".

"No hay una forma adecuada de planificar la vida ni tampoco de vivirla: sólo un montón de formas inadecuadas".

"¿Soy el único ser humano que de vez en cuando piensa que está soñando? Cada vez estoy más convencido".

"La plena revelación es el mito de las clases inquietas. Los que ignoran la historia no están más condenados a repetirla que los enterados, pero es más probable que se sientan más a gusto sobre muchas cosas".

"Lo que no te mata, te hace más fuerte, ¿verdad? Yo no creo en eso, desde luego. La mayor parte de las cosas que no nos matan en el acto nos matan después".



jueves, 11 de enero de 2018

Reto "Serendipia recomienda 2018"


He sabido de este reto por primera vez este año, aunque ya es la quinta edición. La iniciativa parte de Mónica Gutiérrez Artero (Serendipia) y consiste en que cada participante recomiende tres libros de los que tenga reseña en su blog. No deben ser libros muy famosos ya que se trata de dar a conocer autores y libros a otros lectores que pudieran estar interesados, cosa que no se consigue recomendando "El Quijote" o "Crimen y castigo", ya de sobra célebres y que no necesitan recomendación.
El reto consta de dos fases. En la primera se hará una entrada como esta en la que se recomendarán los tres libros y se enlazarán las reseñas correspondientes. La segunda fase consistirá en escoger tres de los libros recomendados por otros participantes del reto, leerlos y reseñarlos también en el blog de cada uno.
Pero será mejor que leáis las bases en la propia iniciativa original de Serendipia.
De momento, yo recomiendo estas tres novelas:
  • "Taxi" de Carlos Zanón. Una novela que narra las andanzas de un taxista por Barcelona durante una semana en la que huye de un futuro que no desea 
  • "Yo te quise más" Tom Spanbauer. Una novela de amor en el Nueva York de los años setenta y ochenta. Hank, Ben y Ruth viven su amor y su amistad, sus decepciones y la enfermedad sin eufemismos de ningún tipo.
  • "Nada se opone a la noche" Delphine de Vigan. A raíz del encuentro de su madre muerta, la autora decide preguntar a amigos y familiares y reconstruir para nosotros la vida de su madre; una vida dura y difícil como pocas.
Son tres de las novelas que más me han impresionado este año. Espero que a alguien le sirva alguna para descubrir a un gran autor. Para mi fueron dos hermosos descubrimientos (segundo y tercera) y una maravillosa recaída (el primero)



lunes, 8 de enero de 2018

"Buenos días, me voy a dormir" Estefanía Farias Martínez

"15 de junio de 2009 11:06
¡Buenos días!
Hoy empiezo a trabajar en la biblioteca.
Salgo de casa en media hora.
No me da tiempo a comer, así que me llevaré el sandwich.
También me llevo el teléfono.
Ya te iré contando cómo me va".
Esta es una novela curiosa. Está escrita como si se tratara de un diario, aunque va más bien por horas que por días. La narradora le cuenta sus vivencias diarias a alguien muy cercano y querido que vive en España. Se lo cuenta por el móvil, posiblemente en mensajes de texto SMS pues en el año en que transcurre la acción, 2009, WhatsApp empezaba a dar sus tímidos pasos en Estados Unidos.
La protagonista, posiblemente la propia autora o, en todo caso, muy inspirada en sus vivencias personales, nos hace partícipes de sus impresiones acerca de Holanda, un país al que llegó un año antes. Con idea de practicar  el idioma para un examen, solicita entrar a trabajar en una biblioteca. Entre que la solicitud fue hecha hace dos meses, y que el examen no se esperaba hasta agosto, nuestra narradora pensaba tener un largo periodo de prácticas, pero la entrada en la biblioteca se retrasó, el examen se adelantó y, a mediados de junio, tan solo le queda una semana de prácticas en la biblioteca antes de tener que presentarse a su examen. No obstante "Llevo un mes haciendo prácticas por mi cuenta para el examen del lunes, veo mucha tele en holandés, programas de noticias y debates para hacer oído"
Es esa semana, su encuentro con el trabajo en la biblioteca a la vez que la fecha del examen se va acercando, lo que nos cuenta Estefanía en el libro. Trabajar en una Biblioteca era algo que, en principio, le hacía mucha ilusión como buena lectora que es y doctorada en Lengua, pero pronto ve que allí es solo un peón: descarga y coloca carros de libros, sirve y limpia en la cafetería, saca la basura... y realiza toda clase de trabajos para los que no se precisa ninguna preparación. Ni en labores tan sencillas puede poner en práctica la más mínima iniciativa. Es un país donde todo se hace en un orden concreto, no hay lugar para la improvisación o la innovación. 
Se trata de una biblioteca curiosa, más parecida a lo que aquí entendemos por librería-cafetería. En ella se sirve café y bollería, se prestan libros, claro, pero también se sacan fondos que se dedican a la venta. "Cuando los libros ya no se mueven los quitan de las estanterías y los sustituyen por nuevos. [...] La semana que viene tenemos mercado de descuento de libros".
Estefanía Farias Martínez
Muchas son las cosas que le chocan de este país en el que lleva viviendo un año: un sistema educativo en el que la Formación Profesional es la opción más normal, mientras que la Universidad, cara y con un nivel elevado de exigencia, es minoritaria y no mucha gente debe de ir a ella pues hay muchos médicos extranjeros; una cultura que es otro bien de consumo más, con museos de todo en cualquier lugar y unas librerías que "son papelerías con una sección de libros de oferta, sobre todo bestsellers, guías y literatura infantil. A veces encuentras algunos de arte. La literatura de verdad es un bien escaso. Los libros no se leen, se consumen".
Holanda se convierte en este libro en el país moderno y evolucionado que nos han contado y que, poco a poco, va mostrando una cara menos amable, más ajustada a la realidad porque si la puntualidad es un objetivo insoslayable y "siete minutos son siete minutos" cuando de un viaje en autobús se trata, esa misma máxima, aplicada a otras facetas de la vida, hace que todo sea demasiado exacto, demasiado rígido, demasiado alejado de la espontaneidad y con pocas concesiones a la imaginación. 
La obsesión del personaje es la comunicación que se ve dificultada, no solo por el diferente idioma, sino también, y sobre todo, por la diferente visión del mundo. Como buena española, ella posee todo lo bueno y lo malo del carácter latino: tendencia a la ensoñación, a la improvisación, a salir de cualquier atolladero con las armas que en cada momento nos salgan al paso o seamos capaces de desarrollar. Sus compañeras están muy alejadas de todo esto. En el país en que "siete minutos son siete minutos", no hay lugar para ocurrencias de última hora por muy eficaces que se manifiesten. Todo está ordenado y debe hacerse de formas establecidas y precisas porque "alterar el orden natural de las cosas podría provocar el caos".
Esa dificultad en la comunicación, agotadora de por sí, hace que la narradora llegue cada día a su casa extenuada y con pocas ganas de seguir, en este caso, con su vida familiar y personal: estudiar holandés, hacer de canguro de su sobrino o su último empeño que la cansa solo con pensarlo: enseñar holandés a sus padres. Porque obsesionada con la necesidad de comunicarse, quiere facilitar también a sus padres la tarea.
Menos mal que siempre la puede estar esperando un baño de espuma en forma de cine clásico "poco antes de venir me compré una lata de Bette Davis con cinco películas y sólo pude ver “Amarga victoria”. Sin embargo, esta tarde encontré “Eva al desnudo”, una de mis favoritas" (también es una de mis favoritas); o una siesta reparadora en forma de cine... menos clasico "pondré una de esas películas que me dan sueño y será siesta segura. “Forrest Gump”, por ejemplo" (también yo siento un profundo sopor de pensar en Forrest Gump).
La ciudad en la que vive es Almere, a treinta minutos de Ámsterdam en tren, en una zona que, como muchas otras en Holanda, antes no existía "¿Te he contado que donde vivo no existía antes de los setenta? Era un lago de agua dulce, en la desembocadura del Rhin. Dentro del lago hicieron varios diques y drenaron el agua.[...]Vivimos a tres metros debajo del nivel del mar. El drenaje tiene que ser continuo si no el agua llegaría hasta el primer piso". Y es que como dicen en el país: "Dios hizo el mundo y los holandeses hicieron Holanda"´.
Estefanía Farias Martínez nos entrega con "Buenos días, me voy a dormir" una novela fresca, de fácil lectura, irónica y con un sentido crítico muy afilado. Una novela en la que todo se analiza con incisiones profundas, pero con un humor que amortigua el dolor del corte y hace que sangre menos. Una novela que se lee con gran facilidad porque el estilo directo mediante mensajes de texto huye justo de esa incomunicación que a la autora tanto le preocupa y hace que el intercambio de información sea fluido y sencillo y se establezca entre escritora y lector con asombrosa facilidad. 
En palabras de la autora para periódico irreverentes.org. "necesitaba hablar de cómo fue mi llegada a Holanda. Lo tenía pendiente. Pero no encontraba la forma de hacerlo. Hasta que un día me di cuenta de que la clave era la naturalidad. Desnudarme ante alguien muy cercano. De ahí nació la idea de contar en primera persona una historia de ayer como si hubiera ocurrido hoy".



viernes, 5 de enero de 2018

"Por encima de la lluvia" Víctor del Árbol

Esta es la historia de Helena  cuya madre se volvió loca cuando su padre las abandonó. Era Tánger y era 1955. Thelma, la madre de Helena, no es capaz de enfrentarse a la vida en la ciudad una vez  que su marido se ha ido. "Semana tras semana el ambiente se hacía más irrespirable para los europeos. Todos sus amigos se estaban marchando, incluso los que habían resistido hasta el final. Y ella también tendría que marcharse, todo el mundo se lo aconsejaba. Tánger ya no era lugar seguro para una mujer sola con una hija de once años"Los mismos once años que tenía Helena cuando tuvo que trasladarse a vivir a Londres con sus abuelos maternos tras los acontecimientos que la dejaron sola y con un pánico casi insuperable a meterse en el agua. 
Y es la historia de Miguel, cuya madre también enloqueció cuando su padre fue apresado y condenado a trabajos forzados en Cuelgamuros como uno más de los muchos trabajadores esclavos que allí levantaron ese monumento a la soberbia de los vencedores y al mal gusto que es "El Valle de los Caídos". Pero él no se quedó solo. Su madre siguió siendo una presencia en su vida. Y no precisamente una presencia edificante de las que llenan de cariño a un hijo único y suplen con su ternura y dedicación la falta del padre. Miguel la recuerda paseando desnuda por casa y escribiendo en las paredes con sus propios excrementos. Él tenía ocho años y ya sabía que para ella, tan solo existía el recuerdo fantasmal del marido, preso primero y muerto después. Tal vez hubiera sido mejor que también ella desapareciera como la madre de Helena, pero "ella se pasó la vida muriéndose, primero por dentro y después por fuera, incluso tuvo tiempo de sobra para ser consciente de su declive y, al final, cuando más falta le hacía la locura, recobró la lucidez para saber que se iba". Pero Miguel se empeñó en amarla y, aunque era muy pequeño para entenderlo, fue totalmente consciente de lo agotador que puede ser amar a alguien que se empeña en ponerlo difícil.
Ahora Miguel guarda las cenizas de su madre en una urna que llevará con él a todas partes hasta que encuentre el momento y el lugar para aventarlas y devolver por fin al polvo lo que es del polvo. 
Helena y Miguel se conocen en una residencia de ancianos en Tarifa cuando su vida está a punto de doblar el último recodo del sendero y encontrarse con el destino definitivo. Allí compartirán recuerdos del pasado y frustraciones del presente. Los hijos no siempre resultan tan gratificantes como nos gustaría. Tanto Helena como Miguel sienten que sus hijos son más motivo de preocupación que de alegrías.

Víctor del Árbol

"La pobre Helena, la niña traumatizada, abandonada, creció creyendo ser la más desgraciada de todas las desgraciadas y, por ello, merecedora de toda clase de consuelos y caprichos. El mundo se lo debía a modo de compensación. Pero el mundo no le debía nada". Y Helena, sin querer, inconscientemente, pretendió cobrarse su deuda con el mundo. Su vida, y el rastro que ha dejado en la vida de su hijo, es particularmente trágica. Trágica en el sentido clásico del término. El destino imprimiendo en los hijos las marcas de las desgracias que ya dibujaron las vidas de los padres. La repetición de acontecimientos que pasan de una generación a otra hace que Helena pase de víctima a victimario cuando hace sufrir a su hijo, de manera muy similar, acontecimientos que ya vivió y padeció ella.
Entremezclada con las vidas de Helena y Miguel, vamos conociendo otra historia, esta vez en Malmö, Suecia. Allí vive David, el hijo de Helena, pero no es su historia a la que me refiero, sino otra que nada tiene que ver, al menos de momento. Se trata de las vidas de Yasmina, su madre y su abuelo. Una familia de origen marroquí que emigró a Suecia, donde la madre de Yasmina, Fátima, trabaja de asistenta para una familia acomodada, mientras la joven anda metida en asuntos turbios y es amante de un policía, el  subcomisario Gövan. 
A Yasmina de niña le gustaba bailar y cantar. "A los trece años le prometió a su padre que sería famosa y su padre la miró con aquella mirada tan suya, carente de ambición y de deseos. «Me conformo con que seas feliz», le respondió". No llegó a ser famosa. Tampoco feliz. Y es que a su padre se le olvidó advertirle que la felicidad está llena de oportunidades desaprovechadas. Esas que su padre vio pasar sin amarrarlas y a ella le pasarán sin que las note.
Mientras Miguel y Helena van compartiendo, y dándonos a conocer, sus recuerdos, Yasmina irá metiéndose en un camino sin retorno y también iremos sabiendo de su pasado y de la deuda que su familia adquirió con "el turco" y que a ella le toca saldar. La terminará saldando con creces antes de saber realmente en qué consiste.
Esta es la cuarta novela que leo del autor después de "La víspera de casi todo", "Un millón de gotas" y "El peso de los muertos". Las dos primeras merecieron su reseña en el blog. La tercera se quedó en la sección "Sin reseña" que mis seguidores ya conocéis. 
"Por encima de la lluvia", tiene el mismo pero que le suelo poner a la literatura del autor, si bien, en este caso, lo va moderando y se nota menos. Ese pero es el hecho de mezclar demasiadas historias y hablar de demasiadas cosas. En este caso trata el Alzheimer, la homosexualidad, la violencia machista, la inmigración de personas de origen magrebí en el mundo occidental, la delincuencia de bajos fondos y crimen organizado, la soledad de la vejez... Pero, como digo, no se nota tanto como en novelas anteriores. Puede que si hubiera sido la primera novela leída del autor, ni lo hubiera mencionado, pero al estar ya sobre aviso, no me ha pasado inadvertido. Cada novela de Víctor del Árbol da por lo menos para dos novelas, pero bueno, ya es marca del autor y me voy acostumbrando. 
La parte que considero positiva de sus novelas es la manera que tienen de engancharme y hacérseme adictivas. Esa parte positiva, sin embargo, en esta novela ha sido menor. No es que no me haya gustado, pero no me ha atrapado como otras. Aunque quiero remarcar que ese detalle es puramente subjetivo. Tal vez el tema me ha resultado menos atractivo que otros. Cuestión sumamente personal. 
Tampoco me he sentido tan subyugada por la prosa del autor como en otras de sus novelas. Esa es la otra vertiente positiva de Víctor del Árbol. En este caso, la novela está perfectamente escrita, pero esas frases tan hermosas que caracterizaban otras obras del autor, en este caso son más caras y difíciles de encontrar. Tal vez está depurando su estilo y prescinde de preciosismos.
Dos errores creo haber encontrado, ambos de tipo cosmológico. Los dejo aquí para que alguien me lo confirme o me lo desmienta. Para una persona tan despistada como yo y que confunde la derecha con la izquierda (soy ambidiestra) es mucha osadía pretender tener razón en estas cuestiones. "La luna se había desplazado hacia el este y la intensidad del cielo parecía mucho más viva". Es cierto que la Luna se desplaza hacia el este, pero ¿no es también cierto que la rotación de la Tierra hace que nosotros la veamos desplazarse hacia el oeste? Ahí dejo la pregunta. Un poco antes había escrito: "La noche avanzaba más rápido que ellos en dirección al noreste". ¿La noche no avanza hacia el Oeste? Si ellos van en dirección noreste, ¿no sería más bien que la noche viene hacia ellos, cruzándose en sentidos opuestos?
Aún me queda por leer alguna de sus novelas antiguas; aún seguiré leyendo sus nuevas novelas. Hasta que empiecen a pesar más los peros que los aun así. En ese momento, pasaré a otra cosa. Avisaré.



lunes, 1 de enero de 2018

Feliz y literario 2018



Una vez más, y van cuatro, os quiero felicitar el nuevo año. y por tercera vez, lo hago con un recuento de las lecturas que por mí han pasado a lo largo de 2017.
Este año ha habido novedades en el blog. Ha aparecido una nueva sección a la que he llamado "Sin reseña". La idea inicial era meter en ella aquellas lecturas que no me habían gustado, o no lo suficiente, como para dedicarles una reseña completa. Después terminaron por ser mayoritarias las novelas negras o policíacas que, o bien por no poder decir mucho de ellas (intento no destripar tramas ni finales) o bien por formar parte de series y, por tanto, resultar un poco excesiva una reseña completa para una sola entrega, han sido incluidas en esa sección aunque me hayan gustado. Y algunas, mucho.
Recientemente, empezaron a aparecer películas en esta sección. En este caso, sí han sido películas que no me han atraído mucho, sin poder decir tampoco que sean malas, en cuyo caso no les hubiera dedicado ni una palabra en el blog.
Otra novedad ha sido que todos y cada uno de los libros que he leído (y como veréis son bastantes más que en años anteriores; por fin he superado la barrera psicológica de los cien) tienen su espacio en el blog. Además, han sido casi todas muy buenas lecturas. Ha sido un año de descubrir autores: Delphine de Vigan,  Ton Spanbauer, Marilyne Robinson, Jordi Ledesma, ... y de seguir con otros recién descubiertos en 2016: Carlos Zanón, Paco Gómez Escribano, Jean Claude Izzo (por mencionar solo algunos). Creo que no he leído nada de lo que pueda decir que sea una mala novela. Y si alguna empecé, la abandoné enseguida.
Este año, además, he participado en Tarro-Libros 2017,  una iniciativa de Facebook que se debe a Carmen Forján, la administradora del blog "Carmen y amig@s" y de la página de Facebook "Los libros de Carmen y amig@s" en la que se organizan lecturas conjuntas. 
En Tarro-Libros se van anunciando en la página  los libros que se leen y por cada libro se pone un euro en el tarro que cada uno ha dedicado al efecto. Ese dinero ha de gastarse en libros una vez finalizado el año. Como cada mes se hace recuento de todo lo leído a lo largo del mismo, he aprovechado las imágenes que utilicé allí y las he puesto en esta entrada.
El reto Chirbes, aunque no se ha cumplido al cien por cien, he de decir que está a falta de una novela por lo que tampoco creo que haya ido tan mal.
Como veis, cada lectura tiene el enlace a su reseña. Algunas aparecen en "Sin reseña", sección en la que publico de cinco en cinco. Las que carecen de enlace o bién irán en "Sin reseña VI"  (hasta que no complete cinco lecturas o películas no la publico) o bien tendrán su propia entrada, aun pendiente de publicar.
Pongo un asterisco en las que considero mejores lecturas del año. Y serán bastantes.
  1. "Cuernos". Joe Hill.
  2. *"El bar de las grandes esperanzas". J. R. Moehringer.
  3. *"En la lucha final". Rafael Chirbes.
  4. "Sarna con gusto" César Pérez Gellida.
  5. *"Rey de picas". Joyce Carol Oates.
  6. "Secretos imperfectos". Michael Hjorth & Hans Rosenfeldt.
  7. "La última llamada". Empar Fernández.
  8. *"Persuasión". Jane Austen.
  9. "Woods Lane". David Verdejo.
  10. *"Reencuentro". Fred Uhlman.
  11. "La última salida". Federico Axat.
  12. "Manguis". Paco Gómez Escribano.
  13. *"Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado". Maya Angelou.
  14. *"Mimoun". Rafael Chirbes.
  15. *"Nada se opone a la noche". Delphine de Vigan.
  16. "La ciudad de la memoria". Santiago Álvarez.
  17. "Ese mundo desaparecido". Dennis Lehane.
  18. *"Shirley". Charlotte Brontë.
  19. *"La buena letra". Rafael Chirbes.
  20. "El número de la traición". Karin Slaughter.
  21. "Todo ese fuego". Ángeles Caso.
  22. "El monarca de las sombras". Javier Cercas.
  23. "Media vida". Care Santos.
  24. *"Días sin hambre". Delphine de Vigan.
  25. *"Marley estaba muerto". Carlos Zanón.
  26. *"Agnes Grey". Anne Brontë.
  27. "La dama de Zagreb". Philip Kerr
  28. "Las vírgenes suicidas". Jeffrey Eugenides.
  29. "Offshore". Petros Márkaris.
  30. "La viuda". Fiona Barton.
  31. "Derecho natural". Ignacio Martínez e Pisón.
  32. "El silencio de la ciudad blanca" Eva Gª Sáenz de Urturi.
  33. *"Los disparos del cazador". Rafael Chirbes.
  34. *"Norte y sur". Elizabeth Gaskell.
  35. "Y yo a ti más". Lisa Gardner.
  36. *"En Gran Central Station me senté y lloré". Elizabeth Smart.
  37. "Recursos inhumanos". Pierre Lemaitre.
  38. "No está solo". Sandrone Dazieri.
  39. *"Chourmo". Jean-Claude Izzo.
  40. *"Basada en hechos reales". Delphine de Vigan.
  41. "Cinco esquinas". Mario Vargas Llosa.
  42. "El peso de los muertos". Víctor del Árbol.
  43. *"Vida hogareña". Marilynne Robinson.
  44. "El pensionado de Neuwelke". José C. Vales.
  45. *"Solea". Jean-Claude Izzo. 
  46. *"La larga marcha". Rafael Chirbes.
  47. "Tres días de agosto". Jordi Sierra i Fabra.
  48. *"La ciudad y los perros". Mario Vargas Llosa.
  49. "Alma de cobre". David Verdejo.
  50. *"Yo te quise más". Ton Spanbauer.
  51. *"Paradero desconocido". Kressmann Taylor.
  52. "Un amor que destruye ciudades". Eileen Chang.
  53. "Nobleza obliga". Donna Leon.
  54. "No llorar". Lydie Salvayre.
  55. "El caso de la mano perdida". Fernando Roye.
  56. "La vida invisible de Eurídice Gusmão". Martha Batalha.
  57. "La brigada de Anne Capestan". Sofie Hénaff.
  58. "Disparen sobre Errol Flynn". Stuart Kaminsky.
  59. *"Tonto de remate". Richard Russo.
  60. "El peor remedio". Donna Leon.
  61. "La tierra dormida". Joaquín M Barrero.
  62. "A cada uno su propia muerte". Veit Heinichen.
  63. "El ángel negro". John Connolly.

  64. *"La caída de Madrid". Rafael Chirbes. 
  65. "Elegía para un americano". Siri Hustvedt.
  66. "Últimos días de maternidad". Montoya Jackson.
  67. "Cáscara de nuez". Ian McEwan.
  68. *"Lo que nos queda de la muerte". Jordi Ledesma.
  69. "Mis amigos". Emmanuel Bove.
  70. "El ángel rojo". Franckz Thilliez.
  71. "El corto tiempo de las cerezas". Manuel Cerdá.
  72. "La amiga estupenda". Elena Ferrante.
  73. "Crímenes duplicados". Michael Hjorth y Hans Rosenfeldt.
  74. "Aguacero". Luis Roso.
  75. "Recordarán tu nombre". Lorenzo Silva.
  76. *"Los viejos amigos". Rafael Chirbes.
  77. *"Los demonios exteriores". David Rubio.
  78. *"Qué fue de los Mulvaney". Joyce Carol Oates.
  79. "Donde los escorpiones". Lorenzo Silva.
  80. *"Lila". Marilynne Robinson.
  81. "La señal". Ruy Vega.
  82. "Aviso de muerte". Sophie Hénaff.
  83. *"Berta Isla". Javier Marías.
  84. "Chocolat". Joanne Harris.
  85. "La lluvia en la Mazmorra". Juan Ramón Biedma.
  86. *"Los pacientes del doctor García". Almudena Grandes.
  87. "Madrid 1987". David Trueba.
  88. "Almas grises". Paul Claudel.
  89. *"Crematorio". Rafael Chirbes.
  90. "Renacer de la cenizas". Akiko Mikamo.
  91. "La librería". Penelope Fitzgerald.
  92. "El final del hombre". Antonio Mercero. (Sin reseña VI)
  93. "El gigante enterrado". Kazuo Ishiguro.
  94. *"El corazón helado". Almudena Grandes.
  95. "La Carcoma". Daniel Fopiani.
  96. *"Taxi". Carlos Zanón.
  97. *"La uruguaya". Pedro Mairal.
  98. *"Un hombre soltero". Christopher Isherwood.
  99. "La cajita de rapé". Javier Alonso García-Pozuelo.
  100. "Los crímenes azules". Enrique Laso. (Sin reseña VI)
  101. "Por encima de la lluvia". Víctor del Árbol.
  102. "Buenos días, me voy a dormir". Estefanía Farias Martínez.
  103. "Muertos de papel". Alicia Jiménez Bartlett. (Sin reseña VI)
  104. "Francamente, Frank". Richard Ford.
Y ya solo me queda desearos a todos un feliz 2018. Espero que seáis muy felices y tengáis la suficiente tranquilidad de espíritu como para poder leer mucho. Yo me conformaré con no bajar de los cien, aunque si me quedo por debajo, tampoco pasa nada (salvo que sea por causas tristes) el caso es disfrutar de lo leído y eso siempre lo hago.




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...