Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

miércoles, 30 de agosto de 2017

"Lo que nos queda de la muerte" Jordi Ledesma

«La vida es lo poco que nos sobra de la muerte.» 
Con esta cita de Walt Whitman, comienza el primer capítulo de "Lo que nos queda de la muerte", una novela que tenía pendiente desde que, a mediados de marzo, obtuviera el premio Novelpol. Un premio que compartió con "Manguis" de Paco Gómez Escribano.  Por fin, me he decidido a leerla y me he encontrado con una novela que, como la de Paco Gómez Escribano, merecen pasar a la historia de la novela negra y social (si es que no son lo mismo muchas veces) en España.
Viene muy bien la entrada de Whitman porque lo que nos cuenta Jordi Ledesma en esta novela es lo que va quedando tras la muerte de unos y otros, lo que va quedando a la orilla de la muerte: vida paralizada, aparcada en los recodos del dolor, deshilachada entre los pespuntes de la desconfianza; pudriéndose en el estercolero de la avaricia.
Estamos en un pueblo de la costa catalana en algún momento impreciso de finales de la década de los ochenta o principios de los noventa. Un pueblo que ha crecido empujado por el turismo, y todo lo que trae consigo: la construcción de urbanizaciones que trae trabajo que trae aumento de la población que trae inmigración. Que trae las diferencias: yo, tú; yo de aquí, tú no. "Y para los dueños de los hoteles, de los restaurantes, de las barcas y de las botigas éramos eso, arreplegats, nuestros padres eran eso, «charnegos y castellanada», todos en el mismo saco oscuro". Pero los dueños de los hoteles, de los restaurantes, de las barcas y de las botigas eran hijos de pescadores enriquecidos por el turismo que los convirtió en nuevos ricos y en más explotadores que quienes habían explotado a sus familias durante siglos.
El narrador, del que se sabe muy poco a no ser por esas pinceladas que va dejando como miguitas en el camino, recuerda desde un impreciso presente, un más impreciso pasado (la década de los noventa leo en alguna reseña o sinopsis, pero no encuentro datos en el libro que así lo confirmen, o se me han escapado) y nos recuerda que la nostalgia, a veces, no tiene asideros estables, que el pasado no siempre es digno de un recuerdo benevolente. Y desde este presente, califica aquel pasado de tercermundista.
En sus recuerdos (¿los noventa?) hay urbanizaciones y bloques a la orilla del mar y hay hasta dos lineas de costa. En la segunda vive el narrador y hasta allí, el olor del mar "llegaba a mi nariz por la calle Ramón Llull y me aclamaba, a mí y a otros que, como yo, no sabían ni querían saber que en la esquina, más allá de las pescaderías, empezaba otro mundo". Ese otro mundo era la primera línea, a la que sí llegaron las mañas, y en la que, la más alta, se encontró con que los cuentos de hadas no siempre terminan bien, a veces los príncipes se convierten en ogros cuando los besas y empiezas a echar de menos a los sapos verdes y saltarines.
Pero esa es solo una de las muchas historias que nos cuenta esta novela negra como la noche en que el narrador y sus amigos vieron al Bocachancla discutir con los mellizos. Nadie volvió a verlo con vida. Poco después su cadáver apareció flotando en el mar.
Y es que en el pueblo, no todo es playa y paellas y barcos pesqueros que entran al puerto al anochecer con las bodegas llenas de pescado. En el pueblo están los mellizos que venden cocaína en distinto local según sea verano o invierno. Pero el verdadero negocio de la droga lo llevan los pijos de la urba. La urba es la urbanización Mediterráneo, una urbanización de lujo habitada por extranjeros y por inmigrantes castellanoparlantes con título, nuevos ricos y padres de herederos con suerte. "Allí, en garajes de familia bien, en arcones y en maleteros, en escondites tramados bajo las losas del jardín; allí comenzó todo".  Y el narrador nos va contando también como terminará todo veinte años después, en este presente impreciso desde el que nos habla: Los pijos de la urba se harán mayores y serios y abrirán inmobiliarias, restaurantes y tiendas de telefonía móvil. Negocios para blanquear el dinero de la droga que empezaron vendiendo para pagarse el vicio. Y entre los pijos destaca Carlitos que les vende la droga a los mellizos y a él se la venden los colombianos de Tarragona.
Y está el comandante de la Guardia Civil que cobra su comisión a las putas del bar de los uruguayos, a los pijos y a los mellizos. Así ha pagado su chalet adosado y así mantiene, sin que ella lo sepa, el buen nivel de vida y las cenas en restaurantes caros de su mujer, Lucía Xerinacs, una belleza descomunal con la que sueñan los hombres del pueblo y alguno venido de fuera, como Ignacio Robles que llegó de Reus y se instaló en una inmobiliaria, "que él eligió y que papá pagó al contado", aunque el negocio sea más una excusa para permanecer ocioso en el lugar, beber con el Poeta, comprar cocaína en La Estrella y ver pasar cada mañana a Lucía por delante de la oficina.
Lo malo es que "dormía a pierna suelta, el comandante, mientras Lucía, su mujer, soñaba con Ignacio Robles". Y no es que Lucía no quiera a su marido, no es que no se sienta incómoda y sorprendida al descubrirse soñando con otro, pero es que se casó muy joven y el comandante trabaja demasiado y puede que no le ofrezca toda la atención que ella merece y necesita, aunque eso está a punto de cambiar.
Y está la amiga de Lucía, deseando vivir la aventura de su vida, sin quemarse en ella y, para su desgracia, y la de otros, terminara quemándose sin disfrutar de la aventura, y, resentida y celosa, en su deseo de venganza, se llevará por delante los sueños, esperanzas y deseos de nueva vida que otros han forjado, ignorantes e inocentes de lo que el destino les reservaba. 
Y está la historia del Bocachancla, que fue alumno del Bombilla, el maestro gordo y tercermundista, como todo lo que le rodeaba por otra parte, capaz de adivinar el futuro de sus alumnos y que en el de Bocachancla previó un porvenir accidentado, con una vida atravesada por estrías de abandono, dolor y muerte prematura.  "No era muy listo, el Bocachancla, eso lo sabía el Bombilla, como sé yo que no está bien hablar de los muertos".
Y es que muchas de las personas que cruzan esta historia están muertas cuando la historia termina y el narrador lo sabe y, aunque sabe que no se debe hablar de los muertos, no encuentra otra manera de explicarnos los hechos si no es hablando de muertos y de vivos cuya vida, a partir de los hechos, está rematada sin llegar a terminar.
Jordi Ledesma
Jordi Ledesma ha escrito una novela negra que va mucho más allá de la novela negra; un retrato de una época y de un mundo (¿su Cambrils natal?) que el turismo, escultor eficaz y pertinaz como pocos, se encargó de modelar y transformar hasta dejarlo irreconocible. Una novela que ha sido merecedora, además del Premio Novelpol que menciono al principio, con el V Premio de Novela Pata Negra, creado por  El Congreso de Novela y Cine Negro de la Universidad de Salamanca.
Un autor que, dada su juventud (nació en 1979), es conveniente seguir de cerca porque puede dar muchas gratas sorpresas a la literatura de este país. Yo de momento, ya tengo preparadas sus dos obras anteriores; "Narcolepsia" y "El diablo en cada esquina"
Quiero terminar, como empieza el libro. Antes aún de la cita de Whitman, antes del primer capítulo, sin título - ni prólogo ni prefacio -, aparecen tres párrafos. Unas pocas frases, unas palabras que ya me dejaron enganchada y cosida a las páginas del libro. Tres párrafos que supe, antes de terminar de leerlos, que aparecerían en mi reseña tal cual.
"Nada empezó en aquellos años. Nada que fuera concluyente o incorregible. Nada que nosotros pudiéramos revertir, solo la distancia lo haría. Pero después de aquel tiempo no hubo marcha atrás, las cicatrices acabaron siendo pequeñas manchas en la piel, y las retinas aceptaron el olvido. El regusto amargo de la juventud quedó en los rincones de la memoria.
Decidiremos perdonarnos por todo lo que hicimos, y por lo que no hicimos. Sin dudarlo, dejaremos que los recuerdos perezcan alterados por la indiferencia.
Fue aquí, en esta atarazana; en este conjunto de playas, entre dos faros. Fue aquí donde murieron los sueños y se falsificaron los recuerdos".

domingo, 27 de agosto de 2017

"Cáscara de nuez" Ian McEwan

"Podría estar encerrado en una cáscara de nuez y sentirme rey de un espacio infinito" (William Shakespeare; Hamlet).
Con esta frase el genial Ian McEwan tiene suficiente para reescribir Hamlet y meter a su protagonista y narrador en una peculiar cáscara de nuez. Desde ella verá pasar el mundo y opinará sobre todo lo que oye en las noticias de la BBC o en los podcats a los que su madre es muy aficionada: las ventajas de nacer en Inglaterra en lugar de Corea del Norte (aunque hubiera preferido Noruega); el deshielo de los polos y la desaparición de los bosques; los conflictos mundiales y las ansias de venganza de los que se sienten, con razón o sin ella, postergados e históricamente humillados. Hasta coquetea con nociones de teorías evolutivas y el gen egoísta.
Pero lo que realmente preocupa a nuestro narrador es todo lo que, desde su cáscara de nuez, va percibiendo de su vida familiar. Y podría intentar no revelar más de la cuenta; lo haría, dificultando así, y mucho, la escritura de este comentario, pero ya que la Editorial Anaya lo hace en su sinopsis y todos los periódicos en sus críticas, y ya que casi todo aparece en la novela desde el principio, voy a hacer un poco de destripatramas y contar lo que se vislumbra desde la cáscara de nuez de nuestro narrador.
Su adorada y angelical madre, Trudy, y su poético y despistado padre, John, viven separados porque se han dado un tiempo de respiro. O eso es lo que cree John porque lo que no sabe es que ha sido desterrado de su casa para siempre y que Trudy ya lo ha sustituido por otro con el que tiene planes muy rentables, "he escuchado atentamente y ahora presumo lo siguiente: que él no sabe nada de Claude, que sigue locamente enamorado de mi madre, que confía en volver a su lado pronto, que cree todavía en la historia que ella le ha contado de que la separación les dará «tiempo y espacio para madurar» y renovar sus lazos".
Claude, el nuevo amante de Trudy, es además el hermano de John y a nuestro narrador no le gusta nada. Es egoísta, aburrido, previsible, poco inteligente, tan estúpido que termina sus frases con un "pero" al que nada sigue más que un punto y aparte... o así lo ve él, aunque nadie vería con muy buenos ojos al amante de su madre y usurpador de su padre. Y menos aún cuando descubre que ambos planean matar a su cándido progenitor. El motivo no es un reino sino una mansión georgiana, sucia y destartalada (pero valorada en ocho millones de libras) que John heredó de su familia y que, a su muerte, heredará Trudy.
Ian McEwan
El narrador asiste impotente a los planes de su madre y su tío Claude; impotente o cobarde cuando piensa en lo que le puede convenir más; culpable cuando, como testigo, se siente cómplice. Menos cobarde, menos cómplice y más impotente cuando sabemos donde se encuentra. Y es que la cáscara de nuez en la que es rey de un espacio infinito, en la que es rey, emperador y hasta dios, no es otra cosa que el vientre de su madre en el que está colocado cabeza abajo, a punto de salir, pero aún confinado en un espacio  cada vez más finito para su cuerpo en crecimiento. Desde allí es desde donde ve el mundo y a "mi risueño padre, [...] La madre a la que estoy atado, y condenado a amar y a aborrecer. El priápico y satánico Claude. [...] Y mi cobarde yo, que se ha eximido a sí mismo de ejercer la venganza, de todo menos del pensamiento. [...] No tengo autoridad para dirigir la acción. Solo puedo observar. Las horas pasan".
Nuestro narrador aún no tiene nombre. No tiene nada porque nadie se preocupa por él. A punto de nacer, nadie ha preparado su habitación, comprado su ropa, decidido su nombre. Tan solo ha escuchado planes que no cuentan con él. Un Hamlet nonato, que no tiene que esperar a que el fantasma de su padre le cuente los hechos porque él está asistiendo a ellos en directo, como testigo olvidado y despreciado por todos.
Ian McEwan ha creado una historia de traición, desamor, codicia, lujuria. También de culpabilidad, pero este sentimiento corre a cargo exclusivamente de quien tiene menos motivos para sentirlo, de quien desde el vientre de su madre solo tiene el recurso de dar patadas cuando quiere interrumpir algo o llamar la atención. Pero su culpabilidad radica en el sentimiento ambivalente de no saber si quiere que les descubran e ir a la cárcel con su madre o seguir en libertad. Su culpabilidad está en su incapacidad para odiar a su madre a pesar de lo que sabe. "Trato de verla y de amarla como debo y luego imagino sus cargas: el granuja que ha tomado como amante, el santo que ha repudiado, el acto al que ha dado su conformidad, el querido niño que piensa entregar a unos extraños. ¿La amas todavía? Si no, no la has amado nunca. Pero sí la he amado. La amo".
Ian McEwan ha creado también una historia divertida porque su feto es un ser culto que entiende de vinos, se emborracha con su madre y con ella padece las resacas; se emociona con el "Ulises" de Joyce, aunque a su madre la duerma; deplora con gracia las escenas sexuales de las que es involuntario testigo: "No todo el mundo sabe lo que es tener a unos centímetros de la nariz el pene del rival de tu padre" (desde luego que no).
Y ha creado una historia de venganza, pues aunque nuestro feto narrador ponga en boca de su avatar que la venganza ya no está de moda en el mundo moderno, que es algo "propio de ancianos albaneses enemistados y de subsecciones del islam tribal", finalmente, la venganza es lo único que le queda, aunque sea comprometiendo su futuro. Tal vez, la honradez, la sinceridad, el heroísmo son, en este mundo decadente, patrimonio de los no nacidos. Tal vez la vida termina con los buenos sentimientos.
Otra vez Ian McEwan, tras la estupenda "La ley del menor", pone el bisturí en el punto justo para hacer una disección certera e incisiva en la condición humana. Otra vez resulta un autor incómodo en esta historia en que se conculcan los sentimientos más atávicos y tradicionales: el amor al hermano, el amor al hijo. Otra vez hace alarde de su genialidad al hacer protagonista y narrador a un feto y llevar a buen puerto, al mejor puerto, una novela con tan inesperado e inusual recurso.
Una novela en la que hay thriller y suspense, pero el interés, en este caso, no está en llegar al final y encontrar un desenlace inesperado o sorprendente. El verdadero interés está en el camino recorrido porque las claves, las sorpresas van apareciendo en cada página, con cada reflexión, con cada escena, porque esta es una novela de aprendizaje. El narrador aprende, desde el vientre de su madre, a enfrentarse al dolor, un dolor que nos hace tener conciencia de nosotros mismos, un dolor que es imprescindible para la supervivencia, aun antes de empezar a vivir. "Dios dijo: Que haya dolor. Y hubo poesía. Al final".

jueves, 24 de agosto de 2017

"Últimos días de maternidad". Montoya Jackson.

Descubrí "Últimos días de maternidad" en el blog "Mis lecturas", de Marina Córdoba, en una sección que publica todos los martes, "Promocionando autores". La sinopsis me pareció tan interesante que rápidamente cliqué el enlace de compra y, ante su precio tan asequible en amazon, no dudé en hacer otro click y hacerme con el libro que empecé a leer de inmediato. 
La narradora, Isabel, es una mujer que está terminando su permiso de maternidad. Tiene una niña de cuatro meses y un marido funcionario que intenta escribir novelas en los ratos libres que le deja su trabajo, siempre que no esté reunido con el Círculo Local de Podemos al que pertenece, ese Círculo cuyos miembros "se sienten llamados a regenerar España y a esa ardua tarea dedican la mayor parte de sus energías. Otras, en cambio, combatimos la corrupción esterilizando biberones".
Isabel nos cuenta su prosaica vida de madre primeriza, con marido bien dispuesto, pero un tanto inoperante en lo que al cuidado del bebé se refiere, no se sabe si por pura falta de habilidades o por cierta pereza que le hace poco proclive a adquirirlas. Alex es ese tipo de hombre tontorrón y buenazo, amante de su familia pero más amante aún de sí mismo; un hombre feliz con su hija, pero al que no se le ocurre pensar que sus nuevas responsabilidades tal vez deberían quitarle tiempo para sus aficiones literarias, sus reuniones políticas o las cañas con las que se relaja de la tensión acumulada en su trabajo; un hombre amante de su mujer, pero que no piensa que ella no tiene tiempo de relajarse ni de aficiones porque lo que solo hace ella, lo tiene que hacer ella. Alex es ese tipo de hombre egoísta que detesta su trabajo, que es el centro de su propio mundo y que somete a los demás a sus quejas sin pensar en escuchar las quejas que, tal vez, también tienen los demás.
"Los lunes que han sido menos malos de lo que esperaba le concede una segunda oportunidad a la vida y ya no piensa en arrojarse de un puente. En cambio, durante la comida me taladra con cambiar de trabajo, cambiar de aires, cambiar de país, cambiar de hábitos alimenticios, cambiarnos de piso, cambiarlo todo menos los pañales de su hija".
Isabel es una votante desencantada del PSOE. Ahora, escéptica y desilusionada, mira con cierta condescendencia las ilusiones que su marido tiene puestas en la corriente regeneradora de Podemos. 
La novela se ambienta en una época tan reciente como el otoño de 2016. El PP ha vuelto a ganar las elecciones en Galicia. No se lo puede creer, ni ella, ni sus amigos, ni la prensa de izquierdas, ni, sobre todo, su marido; y es que "Ignoran que la circunscripción no es provincial, sino espiritual. Y España sigue siendo un país católico, se quiera o no"
Pero no acaba ahí lo que Isabel no puede creer ni entender: Pedro Sánchez es obligado a dimitir como Secretario General del PSOE; Trump es elegido presidente de Estados Unidos contra todo pronóstico y, como ella piensa, la frente de Occidente está más arañada que la de su hija. 
Y es que su bebé de cuatro meses se araña la cara. Cada día amanece con un nuevo arañazo por más a ras de piel que le corte las uñas, y ese problema, que para la pediatra es normal (todo es normal para su pediatra), puede traerle a Isabel problemas insospechados porque la vida, las tensiones de madre primeriza, el caos que puede ser la situación para una madre que se enfrenta a los cambios que la maternidad supone, está a punto de dar un vuelco para convertirse en algo más tenso, más caótico, infinitamente más desesperante de lo que nunca pudo imaginar.
Y todo porque Isabel es una mujer cívica, responsable y solidaria; y vive en el quinto B, y el sexto piso, A y B, está deshabitado, y el vecino del séptimo B maltrata a su mujer, y, por tanto, Isabel es la vecina más cercana. Y ahora está a punto de comprobar que el Efecto Espectador definido por la Wikipedia como "fenómeno psicológico por el cual es menos probable que alguien intervenga en una situación de emergencia cuando hay más personas que cuando se está solo". funciona a las mil maravillas. Y puede que lo mismo haya pensado su vecino cuando recibe la visita de la policía y es detenido por violencia de género. "Si vivo en el séptimo B, maltrato a mi mujer, y el siguiente piso habitado es el quinto B, quien ha llamado a la policía son los del quinto B, que por cierto tienen una niña que se araña".
Y no sabemos (Isabel no sabe) si ha sido por el vecino del séptimo, o la asistenta brasileña, o algún otro vecino (la Vieja-Madre y la Vieja-Hija), o alguien de la administración de lotería, o una cliente del súper con la que coincidió en la cola de la carnicería, o la pirada de Julita; pero el caso es que la vida de Isabel parece a punto de derrumbarse y ella se empeña en contárnoslo con los tintes brillantes del humor, sin cargar nuestros hombros con su angustia y su ansiedad, aprovechando su desgracia para hacernos reír, relajarnos, sacarnos del alma nuestras propias angustias y ansiedades a base de carcajadas y sonrisas. Y a base de crítica, porque casi todo lo que se puede criticar del mundo actual aparece aquí; y a base de huir de lo políticamente correcto, porque también lo políticamente correcto se critica aquí. 
Y se empeña en ocultárselo a Alex, porque para qué preocuparle si a lo mejor se resuelve sin necesidad de que se entere y ella, aunque también tiene problemas, sabe guardárselos y no echarlos sobre los hombros de su marido que bastante tiene con lanzar los suyos a cualquiera que se acerque. "Ya queda menos para reincorporarme a mi puesto de trabajo. Aunque es la menor de mis preocupaciones, tampoco puedo dejar de pensar en ello. Mi profesión me deprime, me aburre, me aliena, me fagocita. Mi salud mental está tan torpedeada por los últimos acontecimientos (personales, ibéricos, mundiales), que muerdo a todo el mundo". Pero sigue adelante enfrentándose sola a los acontecimientos.
Imagen sacada del
perfil de Twitter. No he
encontrado otra.
Montoya Jackson es el seudónimo de Óscar Montoya Martínez, nacido en Alicante, licenciado en derecho, residente en Vigo donde trabaja de administrativo en una Agencia Marítima. 
Esta es su primera novela y, además, he encontrado tres micro relatos publicados en "Hablando con letras": "Código Fuente", "Aquello era cultura" y "Una ayuda inesperada". Los datos biográficos los he sacado del blog de Marina porque en la red no he encontrado nada aparte de los micro citados y enlazados. Muy buenos, por cierto.
Montoya Jackson conoce perfectamente la psicología de los hombres, pero es capaz de meterse en la de las mujeres hasta el fondo y, cuando escribe desde la óptica femenina, lo hace con tal verismo, con tal conocimiento de los sentimientos, frustraciones, e inquietudes de una madre primeriza,  que si no hubiera sabido el sexo del autor, hubiera leído la novela convencida de que estaba escrita por una mujer.
La novela es muy crítica, está bien escrita, tiene suspense y, por si todo esto fuera poco, es muy divertida, aunque nada banal. Ideal para leer en verano, pero en cualquier estación del año, de vacaciones o trabajando, os la recomiendo. 



lunes, 21 de agosto de 2017

"Elegía para un americano" Siri Hustvedt

Erik e Inga han perdido a su padre, muerto de enfisema, de cáncer y de años vividos; Inga ha perdido a su esposo, Max, también de cáncer; Sonia, la hija de Inga, ha perdido a su padre y tres años después ha perdido la confianza en el mundo a la vez que el horizonte de Nueva York perdía las Torres Gemelas; Erik perdió a Genie tras su divorcio. 
Erik e Inga están a punto de encontrarse con el pasado y los secretos de su padre; Erik está a punto de encontrar a Miranda y a Eglantine; Inga se va a encontrar con el verdadero Max; Sonia va a encontrarse con su yo adulto, más familia de la que desea y el amor.
Esta es una novela de pérdidas y encuentros, una novela de padres e hijos, una novela que reproduce la vida porque en ella se reproducen algunos hechos de la vida de la escritora. También su padre murió en 2003, también tiene una hija, también está casada con un escritor famoso, vivo por fortuna, también es descendiente de noruegos. Además, ha utilizado los viejos escritos de su padre para dar vida a las memorias de Lars Davidsen en las que Inga y Erik encuentran un secreto que quieren desvelar. Hay mucho de verídico en esta novela, mucho de la propia vida e historia de la autora, pero seguiría siendo real aunque no fuera verídico porque si algo hay en las vidas de todos son encuentros y pérdidas, secretos por descubrir, antepasados pintorescos, ovejas negras en cada familia.
"Una vez muerto mi padre, ya no pude volver a conversar con él en persona, pero continué haciéndolo en mi mente. No dejaba de verlo en sueños ni de oír sus palabras. Sin embargo, lo que habría de mantenerme ocupado durante un largo período de mi vida fue lo que nunca nos dijo, lo que nunca nos contó. Al final resultó que él no era la única persona que guardaba secretos. Fue el seis de enero, cuatro días después de su entierro, cuando Inga y yo encontramos la carta en su estudio". Así nos cuenta Erik el inicio de la búsqueda en el pasado de su padre y, como en un juego de matrioskas, las memorias de su padre, guardan las memorias de su abuelo, porque Lars Davidsen habla en sus memorias de Ivar, su padre y abuelo de Erik, hijo de inmigrantes noruegos. "Al envejecer (Ivar) comenzó a obsesionarse con la desintegración de la sociedad rural que había conocido y llegó a decir que uno de los grandes males de este mundo, así como uno de los más ignorados, era la soledad.
Mi padre (Lars) bien podría haber estado escribiendo sobre sí mismo. Quizás, sin saberlo, eso fue lo que hizo". 
Lars nos cuenta las penurias de la familia en la época de la Depresión y sus encuentros y desencuentros con Ivar, su padre; la ruina que este sufrió en aquellos duros años y el desengaño que ya nunca lo abandonaría. Pero sobre todo, lo que más influirá en la vida de Erik e Inga, es una misteriosa carta que aparece entre las memorias; una breve carta firmada por una tal Lisa en 1937, en la que alude a un secreto del que jamás hablarán porque "lo juramos sobre la BIBLIA"
Inga y Erik comienzan a investigar lo que esconde esa carta, y lo hacen con un cierto temor. Temen lo que puedan encontrar acerca de su padre, temen encontrarse con un delito más grave de lo que pueden ser capaces o estar dispuestos a perdonar y asumir.
Mientras tanto, Erik sigue profundizando en las memorias de su padre y mostrándonos la historia de unas personas que perdieron mucho, Ivar con la Depresión, Lars en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial, pero, tal vez, la más dolorosa de sus pérdidas consistió en perder a sus hijos que huyeron de ellos y de su influjo en cuanto la Universidad les dio la oportunidad. Lars se fue a trabajar para pagarse los estudios en la Universidad de Minesota y Erik huyó a estudiar medicina a Nueva York. Lars se convertiría en catedrático de historia, Erik, en psiquiatra.
Siri Hustvedt
El padre de Eggy también está desaparecido, "Mi papá estaba metido en un gran cajón muy pegajoso y húmedo y entonces des… —hizo una pausa— apareció. Porque es un mago", pero está a punto de aparecer para disgusto de Erik que se hace algo más que ilusiones acerca de Miranda, su vecina jamaicana y madre de Eglantine.
Todos los personajes han perdido el hogar de una u otra forma y viven un poco fuera de sí mismos. La Depresión, la Guerra, la emigración, el divorcio, la muerte, la desafección han ido despojando a los personajes, pasados y presentes, de su paisaje natural. Cada uno sobrevive a ello como puede o sabe, y se apoya en los otros para encontrar o sustituir su paraíso perdido. Inga y Erik se apoyan mutuamente y apoyan a Sonia; Erik, además busca el amor en Miranda y la cordura en la comparación con sus pacientes que no son sino pobres almas doloridas por pérdidas más graves o más patentes o menos asumidas. Miranda solo tiene a Eggy y Eggy busca a su padre en Erik. El padre de Erik, se buscó, y buscó su paisaje de juventud y el paisaje de sus antepasados, en la historia, "Mi padre pareció estar siempre abrumado por sus recuerdos de juventud. Al convertirse en historiador de su propio pasado de inmigrante había encontrado el modo de retornar al hogar una y otra vez".
Pero mientras los hermanos van acercándose al secreto del que su padre y Lisa juraron sobre la biblia no hablar jamás, van sucediendo cosas en sus vidas. Una periodista persigue a Inga con una saña que excede lo razonable, en un intento desproporcionado de sacar a la luz antiguas historias de su difunto marido, un novelista famoso. Un loco de la fotografía acosa a Erik, cámara en mano, buscando cualquier imagen, y encontrando una que pondrá a Erik ante sí mismo. Un antiguo compañero de Erik y enamorado de Inga hará su aparición lanza en ristre, más enamorado que nunca, tratando de proteger a su amada de los peligros que la acechan y ofreciendo a su antiguo compañero una amistad de la que está más necesitado de lo que suponía. 
Y es que todos los personajes están solos. Erik, solo como sus pacientes, cada vez se identifica más con ellos a medida que su soledad le hace perder los soportes del equilibrio emocional. "La soledad había comenzado a alterarme, a convertirme en un hombre que no esperaba ser, una persona más extraña de lo que hubiese imaginado, un hombre que deambulaba por la habitación de una mujer con la respiración entrecortada y los dedos de la mano rondando los tiradores de unos cajones que nunca llegaba a abrir".
La realidad y la ficción se mezclan de nuevo en esta novela (como en tantas leídas en los últimos meses), aunque la autora nos ha dejado, al final del libro, las pistas de lo que se debe a la imaginación y lo que se debe a la vida: "Los pasajes de las memorias de Lars Davidsen que aparecen en el libro están tomados directamente del texto de mi padre, con apenas algunas correcciones y cambios en los nombres que allí aparecen". Tras pedirle su autorización, Siri Hustvedt utiliza, casi al pie de la letra, las memorias que su padre, Lloyd Hustvedt, muerto el 2 de febrero de 2003, escribió acerca de su familia. En "Elegía para un americano", el pasado es verídico, mientras que el presente, con pinceladas de realidad, es pura novela. 



miércoles, 16 de agosto de 2017

Haciendo recuento a mitad de año


Hace unos días apareció en el blog de Ana M, "Devoradora de letras", una de esas entradas llamadas tag, de las que ya he hablado aquí recientemente. Aunque me resisto a utilizar este tipo de palabras, más que nada por no captar muy bien su concepto, la iniciativa me pareció interesante y voy a seguirla yo también.
Se trata de hacer una balance, ya mediado el año, y responder a una serie de preguntas acerca de los libros leídos durante los últimos meses, los que componen el año 2017.
Vamos con las preguntas:

1- Mejor libro que has leído este año.
Me resulta muy difícil decir un solo libro porque está siendo un año de muy buenas lecturas. Diré dos. El primero es "Nada se opone a la noche", todo un descubrimiento de la obra y de su autora, Delphine de Vigan. He leído otras dos novelas suyas y no me han decepcionado en absoluto.
En segundo lugar (pero solo porque hay que citarlas en algún orden), otro descubrimiento ha sido Tom Spanbauer del que he leído "Yo te quise más" que me dejó entusiasmada.



2- Mejor continuación de saga/trilogía.
Yo prefiero llamarlas series y dejar lo de saga para su significado original, sobre todo después de que un autor me echara un bonito rapapolvo en el comentario que me dejó en una reseña que hice de una de sus novelas. ¡Y eso que yo no había empleado la palabra saga ni una sola vez!
He leído muchas continuaciones de series en lo que va de año, pero la continuación que más me ha gustado (en realidad, la trilogía que más me ha gustado) ha sido "Chourmo" la segunda parte de la Trilogía de Marsella de Jean-Claude Izzo. Lei también la tercera, "Solea" y es una trilogía negra que recomiendo a cualquiera porque es muy, muy buena. La primera se titula "Total Khéops".



3- Libro que salió este año y mueres por leer.
Tengo muchas ganas de coger "La cáscara de nuez" de Ian McEwan. Lo tengo en espera y varias veces he querido empezarlo, pero se me han cruzado lecturas conjuntas, compromisos de reseñas, etc y ha ido quedando postergado, pero del año no pasa.

4- Libro más esperado del próximo semestre.
Pues sé que Javier Marías publica nueva novela, "Berta Isla", y me apetece mucho. También Pérez Reverte traerá la segunda entrega de la serie  de Lorenzo Falcó, "Eva". Pero sobre todo me apetece lo que se espera de Paul Auster, "4321", que hace como siete años que no publica nada. Y hay alguno más que no recuerdo.



5- Libro que más te decepcionó.
Decepción ha habido poca este año, pues ya digo que está resultando muy bueno en cuanto a lecturas. Hay uno que venía precedido de muy buenos comentarios y mucho entusiasmo que me ha parecido bastante mediocre y poco original: "El silencio de la ciudad blanca", de Eva García Sáenz de Urturi. Se trata del primero de una serie, de la que, desde luego, no leeré más.

6- Libro que más te sorprendió.
Pues ya está dicho entre los mejores del año: "Nada se opone a la noche". Venía recomendado por gente de la que me fío mucho y, aun así, me sorprendió su excelente calidad. Lo digo porque lo normal es que te lo recomienden tanto que luego te decepciona. Pues este fue todo lo contrario.

7- Nuevo crush literario.
He tenido que buscar en el diccionario qué se entiende por eso de crush (me imaginaba que no sería aplastar) y no sé si lo he entendido bien. Deduzco que es algo así como un flechazo, un enamoramiento repentino. Pues bien, me he enamorado de las literaturas de Delphine de Vigan y de Ton Spanbauer. Y si la pregunta se refiere a un personaje, de Anne Capestan la protagonista de la serie de la escritora Sophie Hénaff, una policía de gatillo fácil, condenada a dirigir una brigada de policías desechables en París. Divertida y muy buena.

8- Nuevo personaje favorito.
Sin duda, Sebastian Bergman. No es para enamorarse de él porque es bastante indeseable, pero como personaje literario es fantástico. Pertenece a la serie de novela policíaca creada por Michael Hjorth & Hans Rosenfeldt, dos escritores suecos que escriben juntos. Solo he leído el primero de la serie, pero me ha gustado mucho y sobre todo me ha gustado el personaje por atípico.



9- Libro que más ta haya hecho sufrir.
"En Gran Central Station me senté y lloré". Es la historia de un amor entregado y decepcionado, contada con un desgarro terrible y, además, es verídica. De hecho, para entender de qué va la novela hay que saber un poco de la biografía de la autora, Elizabeth Smart, porque si no, te cuesta saber lo que estás leyendo.

10- Libro que te dejó feliz.
"La ciudad y los perros" de Vargas Llosa. Hacía muchos años que había intentado leerla y se me había hecho pesadísima, pero como he leído todas las demás novelas del autor y me encanta, tenía esa espinita clavada. Por fin me la he sacado, he disfrutado el libro y me he sentido feliz.
Eso por lo que se refiere a una situación personal. Un libro que me haya dejado feliz por su argumento es "Paradero desconocido" porque, aunque es una historia terrible, al final hay algo que me encanta y es un acto de justicia poética que viene a poner las cosas en su sitio. Al menos, dentro de lo escasamente posible.

11- Mejor adaptación cinematográfica.
Pues así como apunto todos los libros que leo, no sucede lo mismo con las películas por lo que me cuesta mucho saber qué he visto este año y qué puede ser adaptación de novela. He visto "La chica danesa" que me gustó muchísimo y que es adaptación de una novela de David Ebershoff, pero como no la he leído, no puedo opinar acerca de la calidad de la adaptación. También he leído y visto a continuación este año, aunque son ya de hace bastante, "Las vírgenes suicidas", novela de Jeffrey Eugenides y película de Sofia Coppola. Esa sí es una muy buena adaptación, muy valiente y de mucho mérito pues es una historia muy fuerte y la directora tenía apenas veintiocho años. A pesar de su juventud, creo que captó perfectamente la dureza y el sentido de la novela.



12- Reseña o entrada favorita.
He leído reseñas buenísimas, pero no recuerdo ahora todas y no querría pecar de injusta por citar unas y olvidar otras. Hecha esta advertencia citaré la reseña de Juan Carlos Galán sobre el libro de Lorenzo Silva "Recordarán tu nombre", un libro sobre el general Aranguren, un guardia civil que permaneció fiel a la República y cuyo nombre han olvidado unos y otros. Los de derechas, por no haberse puesto de su parte y los de izquierdas, por pertenecer a la Guardia Civil. Una injusticia histórica que el autor pretende compensar con este libro. Juan Carlos, profesor de literatura jubilado, hace un análisis muy completo de la obra y del personaje. Como es habitual en él por otra parte.

13- Libro que quieres leer antes de que termine el año.
Uff, muchos. Las novedades que vienen, un montón de mi lista de pendientes... Por mencionar uno, diré "Cumbres borrascosas". Me había hecho el propósito de leer este año toda la bibliografía de las Brontë, pero se me han cruzado otros proyectos y no hay tiempo para todo. Espero que, poco a poco, si no es este año, el próximo, pueda cumplir también este reto que me he impuesto a mí misma. 

Y hasta aquí, las preguntas de esta iniciativa. Al igual que hace Ana en su entrada, os invito a todos los que queráis a hacer este cuestionario y permitirnos saber como va vuestro año lector a poco de pasar su meridiano.


domingo, 13 de agosto de 2017

"La caída de Madrid" Rafael Chirbes

Con dos meses de retraso llega al blog "La caída de Madrid" que en mi reto sobre Chirbes estaba programada para junio. No me importa. Los plazos eran aproximados, la prisa no tiene sentido cuando se disfruta y yo a Chirbes lo quiero con calma, degustándolo con pereza, diseccionándolo con placer.
En "La caída de Madrid", continúa avanzando la historia de España en la obra del autor. Si en "La larga marcha" nos despedimos a principios de los setenta, ahora nos recibe en un Madrid frío y lluvioso de finales de noviembre, pero no de un noviembre cualquiera ni en un día cualquiera. Estamos a diecinueve y es 1975. Franco agoniza en su habitación de la Paz y no se sabe si está vivo, muerto o medio muerto-medio vivo. Según como se quisiera interpretar el parte "del equipo médico habitual" que informaba de que "Su Excelencia el jefe del Estado, el Generalísimo Franco, seguía presentando signos de vida".
En este día que precede a un día histórico, nada fuera de lo normal sucede, al menos, nada digno de pasar a la historia (salvo los partes del "equipo médico habitual"). José Ricart cumple setenta y cinco años. José Ricart, empresario del mueble, amigo de comisarios y políticos, cumple los mismos años que el siglo y su  hijo Tomás y su nuera Olga le preparan una fiesta para esa noche a la que asistirán unos poco amigos y familiares. Tal vez por eso, José se ha despertado de mal humor a las seis de la mañana. No tiene ganas de fiestas; no ve motivos de celebración. Ante la muerte de Franco siente el temor de lo que ha de venir, y el temor se enreda con el alivio de no tener ya tiempo de presenciarlo. Ante la cercanía del final, vuelve la mirada hacia el pasado y le guiña un ojo a Machado al recordar "los días azules y el sol de su infancia en Valencia". Y es que, mientras Amelia, su mujer, vive un tiempo inconsciente y sin límites precisos, aquejada de una enfermedad que no se nombra, pero que perpetúa a la vez que corroe el pasado y anestesia el presente, él solo tiene el limitado tiempo del futuro y la consciencia del dulce y melancólico pasado. 
José ha vivido bien. Hizo la guerra del lado de los ganadores y supo rodearse de buenos amigos bien situados. Sus negocios han ido evolucionando sin parar, han aumentado  y se han diversificado: Ricartmoble, Exporicart, Servicios Ricart (este último supone la exclusiva en toda España de la contratación de presos que redimen con el trabajo parte de la condena). Sí, sus negocios han sido rentables al amparo de unas relaciones que le han posibilitado contratos suculentos, dentro y fuera de España. Por eso le hubiera gustado que Franco le sobreviviera, porque "«creía que todo iba a ser seguro, para siempre marcado por un orden, y descubro a mi edad que, de repente, cambian las circunstancias y la vida te echa a la orilla aun antes de haberte hecho cruzar las contingencias de la enfermedad y la frontera de la muerte»".
Portada de la edición
alemana de
"La caída de Madrid"
Si en "La larga marcha" se trata un tiempo dilatado, que comienza en la posguerra y llega hasta los primeros setenta, en "La caída de Madrid", todo sucede en un día; con miradas al pasado, sí, pero miradas que viajan desde ese diecinueve de noviembre de 1975. Si en la primera los personajes son dispares en origen geográfico y social, sin relación entre ellos en un principio, en la segunda todos orbitan alrededor de la familia Ricart: familiares, amigos, criados, profesores... todos son como planetas amarrados ineludiblemente por la atracción gravitatoria que sobre ellos ejerce José Ricart. Unos lo quieren, otros lo soportan, algunos lo desprecian, pero ninguno puede sustraerse al hecho de su relación con él.
Por lo demás, también esta novela es coral, con un montón de personajes distintos cuyas vidas pasadas, situación en este día concreto y aspiraciones para el futuro, vamos descubriendo a lo largo de los veinte capítulos de los que consta la novela, diez agrupados en la mañana y otros deiz en la tarde. Personajes que se encuentran a ambos lados de la línea que separa las ideologías, el origen social, las motivaciones, los anhelos. Personajes que se preparan, unos con ilusión y otros con temor, pero todos con ansiedad, para el futuro que la inminente muerte del dictador abre ante ellos como un abanico; aunque los aires que mueva ese abanico no sean igual de refrescantes para todos ellos y algunos sientan, más bien, que son aires asfixiantes. 
Algunas vidas se verán truncadas en este mismo día en que creían que el futuro se extendía ante ellas brillante y esperanzado. Otras se enfrentarán a lo que temen que será una traición, a lo que ya empezó a ser traición hace poco más de un año, cuando el empezar a posicionarse en el lugar que se prevé como más favorable ante lo que se avecina se hace una necesidad para los que siempre juegan a estar bien situados, sople el viento de donde sople.
Y así, los personajes gestionan sus recuerdos y esperanzas, su pasado y su futuro como pueden o saben. Amelia, se enfanga en un pasado del que no puede salir, un pasado feliz que no recuerda sino que está inmersa en él, porque para ella el presente ha claudicado ante el pasado, el futuro es un concepto que no existe y sigue viviendo en "su casa, la casa de sus padres, su padre cantando en el baño, romanzas, arias, o sole mio, una furtiva lacrima, cantaba su padre en casa, Ramón, no des voces que despiertas a la niña, en su casa, que ella conocía bien, y por eso, porque la conocía bien, sabía que al fondo del pasillo oscuro tenía que haber luz, porque el pasillo con el zócalo verde terminaba en el patio". Quini, su nieto pequeño, cifra sus esperanzas en el futuro porque en el presente todo es un marasmo de confusión, de contradicciones que no se explica muy bien y que no entiende. ¿Por qué los obreros de los negocios familiares, a los que quiere hacer dueños de su destino como buen revolucionario, quieren más a su hermano Josemari que es falangista de nuevo cuño? ¿Por qué Josemari es capaz de contemporizar con esa clase a la que siente lejana, ajena e inferior, mejor que él mismo? Y es que Quini, a pesar de sus veleidades de justicia, igualdad y revolución, a pesar de toda su teoría marxista, tiene que admitir y enfrentarse al hecho de que "a él no le gustaban aquellos tipos sebosos o nervudos de ojos huidizos que le hablaban de usted y se reían a carcajadas con los chistes de Josemari, por más que ésa era la clase que él quería que lo salvara de su clase". Sí, su presente es muy confuso, tanto que él no sabe qué es o qué quiere ser. Ni siquiera se identifica con su propio nombre, Joaquín, puesto a imagen de su padrino, un tal Joaquín Ort, socio y amigo del abuelo en el pasado, y luego desaparecido de la familia, no se sabe muy bien por qué.
Y así, entre el miembro, si no más mayor de la familia sí más lejano y deteriorado, y el miembro más joven, ambos exiliados del presente, se mueven todos los demás, de los que no voy a decir nada para dejar a quien quiera acercarse a la novela que los descubra y para no alargar esto más de la cuenta.
Y España, un personaje más, constante en la obra de Chirbes, que avanza inexorable en su historia y seguirá avanzando a lo largo de las novelas que seguirán a esta.
Portada del anuario de la
Fundación Rafael Chirbes
Y ese título enigmático que me hizo creer durante mucho tiempo que la novela trataba del final de la Guerra Civil con la caída de Madrid, pero que no, que se nos viene treinta y cinco años al futuro y no tiene nada que ver con esa caída. Y leo en el fantástico documento que Manolo Micó, de la Fundación Rafael Chirbes, me dejó en su comentario a mi entrada sobre "En la lucha final" y que se titula "Universo Chirbes", que el título "alude a la caída de una célula revolucionaria", pero no me acaba de convencer porque ese pasaje no tiene en el conjunto de la novela entidad suficiente para darle título, aunque bien podría estar yo equivocada y haberle dado al pasaje menos importancia de la que en realidad tiene, y Rafael Chirbes ya no está para sacarnos de dudas porque en tres días, el quince, se cumplirán dos años de su muerte temprana y lamentable. Así es que me quedaré con las ganas de confirmar la teoría del anuario u otra cualquiera. 
Pero leo más cosas en el anuario y esas sí me convencen: leo que Chirbes escarba en el pasado para poder entender el presente. "Chirbes rastrea el pasado porque solo reconociendo la barbarie uno puede volver a levantarse". Y añado yo que escarba en el pasado para, además, poder entender el pasado y entender el por qué de esa barbarie. 
No sé si llegaría a entender la barbarie, pero lo que es seguro es que nunca pudo reconciliarse con ella.
Rafael Chirbes. Ilustración de Luis Longedo

jueves, 10 de agosto de 2017

Preferencias sobre cine y películas.


El lunes, en el blog de Marigem, "Pequeños trucos para sobrevivir a la crisis", compartió una entrada sobre cine que me ha parecido interesante y apropiada para estos días veraniegos en que parece que apetecen cosas ligeras entre reseña y reseña.
Se trata de una de esas entradas llamadas "tag", palabra que, como ya he dicho, no sé muy bien lo que significa y me resisto a utilizar.
Se trata de responder a una serie de preguntas acerca de nuestros gustos cinematográficos y películas favoritas. 
Y sin más, voy con las preguntas.

1- ¿Cuál es tu película favorita?
Se puede decir que hay tres películas que han marcado distintas etapas de mi vida. 
En la infancia fue "Sonrisas y lágrimas". La vi con seis años y me dejó ya para siempre enamorada del cine. Después, cada verano, solían ponerla y yo iba a verla con quien estuviera dispuesto a llevarme, generalmente mi abuela que fue con quien la vi por primera vez. No sé las veces que la habré visto.
La adolescencia la marcó "Lo que el viento se llevó". Fui con mis padres la primera vez y quedé maravillada. Un par de años después, llevé a mi hermana a un cineclub nocturno de verano al aire libre y la vimos sentadas en el duro suelo sobre un cojín. La he visto tantas veces que me sé de memoria algunas escenas. Creo que es uno de los casos en que la película supera a la novela. Cada vez que la veo, descubro algo nuevo. Creo que no tardaré en reincidir.
Ya de adulta, y definitivamente creo que es mi verdadera favorita, me fascina "Érase una vez en América". Es un peliculón de tres horas (como las dos anteriores, ahora que lo pienso; se ve que soy de obras extensas), de género negro, maravillosamente interpretada por Robert de Niro, James Woods, Jennifer Connelly angelical con catorce años... Y si los actores son buenos, el guión es genial. Por cierto que recientemente he descubierto una versión extendida que dura cuatro horas. Ayer por la noche vi la mitad y esta noche, veré el resto. No me cansaré nunca de verla.

2- Si tienes ganas de llorar, ¿qué película ves?
No suelo tener ganas de llorar, y además me cuesta mucho hacerlo. Normalmente, si me entran ganas, suelo contenerme, pero hay dos películas con las que me desmeleno y lloro hasta moquear. Una es "Cinema paradiso". Al final, cuando se pone a ver la película que Alfredo le ha dejado en herencia, con esa música que es de lo mejor que he visto en música cinematográfica, no puedo contenerme. La otra es "Tierras de penumbra", basada en la historia real del escritor C. S. Lewis, (el autor de "Las crónicas de Narnia") y que recogió él mismo en una obra autobiográfica titulada "Una pena en observación".


3- Si pudieras ser el mejor amigo de un personaje de película ¿cuál serías?
Eso sí que nunca me lo había planteado. Tal vez el mejor amigo de Rick Blaine o la mejor amiga de Ilsa Lund en "Casablanca"; también la mejor amiga de Gilda, en "Gilda". Son personajes tan enigmáticos que de ser su mejor amiga, algún enigma me descubrirían.


4. Si sólo pudieras recomendar tres películas, ¿cuáles serían?
Pues, evidentemente, las tres que aparecen en la primera pregunta. Aunque "Sonrisas y lágrimas" hoy está infravalorada y se la considera un poco lacrimógena, creo que sigue siendo un clásico que merece la pena. Yo la defenderé ante quien sea. Y eso que el cine musical no es de mis favoritos, pero es que tampoco calificaría esta película de musical.

5. ¿Qué personaje de película tiene el mejor sentido de la moda?
No podría hablar de un personaje. La aportación de Marigem que menciona a Grace Kelly en "La ventana indiscreta" ha sido muy acertada. Yo no me hubiera acordado, pero ahora me la estoy imaginando con un vestido blanco y negro que lleva en una escena, que es una maravilla. Yo hablaría, más que de personaje, de película, y se me viene a la cabeza "La chica danesa", con un vestuario de los años veinte que me dejó sin habla. Pero es que a mí la moda de los años veinte me tiene enamorada.

6. ¿Qué película ha sido la que te ha creado mayor impacto?
Ha habido dos películas, las dos españolas por cierto, que me han golpeado hasta tener que controlarme porque el cuerpo me pedía salir gritando del cine. Una fue "El crimen de Cuenca" de Pilar Miró, una directora que me gustaba muchísimo. Hay una escena de tortura que no puedo soportar y tengo que cerrar los ojos. La otra es "La lengua de las mariposas". El final, cuando el niño, dejándose llevar de la masa asustada y descontrolada, apedrea al maestro, creo que es una de las escenas más violentas que he visto nunca. Es una violencia implícita que me supera. Y luego hay otra película americana, "Carrie", pero la versión de 1976, basada en la novela de Stephen King, que también acumula mucha violencia subyacente, no explícita, pero muy fuerte.


7. ¿Qué película te inspiró más?
Curiosamente, entendiendo por inspiración el desear vivir una película o ser un personaje, recuerdo haber salido del cine deseando ser cualquiera de los dos personajes femeninos de "Lunas de hiel", la película de Roman Polansky. Tanto Mimi, el personaje de Emmanuelle Seigner, como Fiona, el de Kristin Scott-Thomas, son mujeres fuertes, capaces de hacer que sus maridos paguen todos los agravios a los que las someten. Sé que soy mala, pero creo que la venganza está infravalorada, jaja.

8. ¿Dónde compras las películas?
Hace mucho que casi no compro porque tengo una colección enorme. Guardo todos los VHS que compré en su día, así como los que grabé, y guardo el reproductor correspondiente (debo de ser de las pocas personas que aún lo usa). También tengo montones de DVD comprados sobre todo en colecciones de periódicos o regalados. La verdad es que últimamente, en casa, cada vez veo más series y menos películas, pero para revisar cuando me apetece tengo de sobra. Ahora estoy cogiendo la colección de El País de las películas de los Oscar.

9. Si pudieras tener una relación con un personaje de película, ¿cuál sería?
Con Rhett Butler, por supuesto. Y yo sería Escarlata y le haría pagar por todas sus arrogancias, pero, al contrario de lo que sucede en la película, en algún momento nuestros sentimientos se encontrarían y podríamos ser felices superando el pasado.

10. ¿Qué película representa la vida que te gustaría vivir?
Eso es muy difícil porque en todas suele haber episodios que por nada me gustaría experimentar, pero por ambiente y época, tal vez la vida que hubieran llevado en "Memorias de África" Karen Blixen y Denys Finch-Hatton si este no hubiera terminado como terminó.

11. ¿Cuál es la película más mala que has visto?
Hay muchas, pero por el delito que supone destrozar una gran novela, hecha casi para el cine, que respira cine negro por todos sus poros, yo diría "El invierno en Lisboa". Le hace la música, se la interpreta y sale como personaje Dizzy Gillespie y ni así la puede salvar de la más absoluta mediocridad. No sé qué pensará Muñoz Molina, pero su maravillosa novela quedó destrozada.


12. ¿Qué película podrías ver una y otra vez sin cansarte?
Cualquiera de las tres de la primera pregunta además de "Cinema Paradiso", "Memorias de África", "Casablanca", "Gilda"...

Espero que os haya resultado interesante y si os animáis a hacerlo, estaré encantada de conocer vuestros gustos cinematográficos.


lunes, 7 de agosto de 2017

Sin reseña III



Y vamos ya por la tercera entrega de libros sin reseña o, como lo habéis calificado ya muchos y me habéis contagiado, con minireseña.
Aquí os dejo otros cinco.

"No está solo". Sandrone Dazieri.
Se trata de una interesante novela policíaca con unos personajes atormentados que cargan con un pasado traumático del que les resulta imposible liberarse. 
Una policía, Colomba Caselli, en excedencia tras ser víctima de unos hechos que la han dejado herida física y psicológicamente, y un hombre que pasó once años secuestrado en su infancia y adolescencia, Dante Torre, se ven unidos para investigar, al margen de los cauces policiales al uso, un nuevo caso de secuestro. 
La pesadilla de Dante no ha terminado. Su pasado le persigue cuando pensaba que, salvo los previsibles traumas, lo había dejado atrás. La pesadilla de Colomba que empezó hace unos meses, ahora está a punto de terminar con ella. La realidad que van a descubrir, contra lo que se podía esperar, es aún peor de lo que imaginaban.
Esta es la primera novela de la serie de Colomba Caselli y Dante Torre. Se lee muy bien, está bien construida y tien giros inteligentes y bien resueltos. Leeré la segunda parte.

"El peso de los muertos". Víctor del Árbol.
Víctor del Árbol es un autor que me atrapa y hace que esté deseando poder leer cuando tengo una de sus novelas entre manos. Me pasó con "La víspera de casi todo" y con "Un millón de gotas". Me ha pasado también, aunque menos, con "El peso de los muertos". 
Y, sin embargo, todas sus novelas han tenido un pero. Esta es su primera obra y eso se nota. Se trata de una historia excesiva ambientada en dos épocas fundamentalmente (1945 y 1975), pero con historias que vienen de un pasado más antiguo. 
Muy bien escrita y capaz de mantenernos pegados a la trama, pero como buen principiante, Víctor del Árbol siente la necesidad de dejarlo todo atado y bien atado y alarga demasiado un final en el que sobran revelaciones y falta dejar algo a la capacidad imaginativa del lector. 
No he hecho reseña porque se me acumulan, pero seguiré leyendo al autor del que me faltan aún su segunda y tercera novelas.

"Tres días de agosto". Jordi Sierra i Fabra.
Esta es una de las series de policías que leo con más agrado. ya le dediqué una entrada cuando leí el sexto libro de la serie dedicada al exinspector de la policía de Barcelona Miquel MascarellEl retrato que se hace en estos libros de la España surgida del desastre que supuso la Guerra Civil es de lo más gráfico e ilustrativo. Una Barcelona triste que distrae el hambre como puede y la tristeza como buenamente sabe. Repleta de oportunistas de los que siempre salen adelante y de víctimas que siempre pagan culpas, tanto si son propias como si son ajenas. 
Miquel, poco a poco, tras ocho años de esclavo en la construcción de El Valle de los Caídos, va recuperando la salud, la alegría y casi la juventud. En este libro tendrá que reabrir y resolver un caso del que no pudo ocuparse en 1934 por un inoportuno ataque de apendicitis. Se juega en ello más que la curiosidad o el saldar deudas con el pasado. Se juega el futuro y la felicidad para siempre. Imprescindible para los que seguimos la serie.

"Nobleza obliga". Donna Leon.
Este es el séptimo libro de la serie del comisario Brunetti que realiza sus pesquisas en la pintoresca ciudad de Venecia. Brunetti nunca deja cabos sueltos. Por muy cerrado que esté un caso y por mucho que se le ordene darlo por concluido, si no le cuadra algún detalle, no cejará hasta resolverlo del todo. Lo malo es que tan solo queda resuelto para él y para el lector. Los culpables rara vez terminan pagando por sus actos. Hay cosas que no convienen por diversos motivos y siempre hay alguien con intereses suficientes que está dispuesto a taparlas.
En este caso tendrá que resolver el secuestro de un joven de la nobleza veneciana ocurrido dos años antes. 
Son novelas muy sencillas de leer, con tramas bastante clásicas en su desarrollo, pero no en su resolución. Tal vez ese punto de realismo es lo que más me gusta de esta serie. Sabemos quien es el asesino, pero casi nunca lo vemos condenado por asesinato. Hay reputaciones que no conviene manchar.
Lo peor de la serie: ya va por la entrega 26. No sé si algún día la terminaré, pero por ahora, de vez en cuando, me leo uno y lo disfruto.

"La brigada de Anne Capestan". Sophie Hénaff.
Mucho me ha gustado esta primera entrega de la serie basada en Anne Capestan. "La brillantísima comisaria Capestan, estrella de su generación, campeona de todas las categorías de ascensos fulgurantes, había disparado una bala de más". Y esa bala de más, mortal, innecesaria (?) le supone varias amonestaciones y seis meses de suspensión de empleo y sueldo, tras los cuales, y cuando pensaba que la iban a expulsar del cuerpo, la nombran jefa de una brigada muy especial. Una brigada formada por todos los deshechos de la policía de París; todo lo que las autoridades policiales consideran la morralla del departamento: alcohólicos, jugadores, gafes, gays, guionistas de series de éxito... Sólo se pretende aparcarlos, se les provee de carpetas donde están todos los expedientes de casos sin solucionar, se les coloca en una oficina amueblada con los restos inservibles sacados de todas las comisarías de la capital y nada se espera de ellos. Pero la brigada no está dispuesta a ser humillada y, a medida que avanzamos en la lectura, veremos que tampoco era ese el objetivo real de su formación. Dos asesinatos antiguos estaban esperando a los hombres de Capestan para abrirse como hojas en primavera y dejar al descubierto los secretos que escondían. 
Es la primera de una serie. Yo la seguiré con fidelidad, pero ya solo esta novela merece la pena y se lee sin problemas porque tiene vida propia. Lo digo para los que no sois amigos de las series.

En resumen, otra entrada de libros a los que no he hecho reseña y ya veo que estas entradas van a constar, sobre todo, de novelas policíacas. No es que no me gusten o me gusten menos. Lo que pasa es que estoy leyendo novelas muy buenas, aparte de las policíacas, que me motivan más para hacer reseñas de las mías y como no hay tiempo para todo, creo que las policíacas, de las que se puede hablar menos por razones obvias, van mejor para esta sección. Aunque alguna tendrá su reseña completa.

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