Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

sábado, 30 de julio de 2016

Reto "Tres días, tres citas" III

Termino ya con este reto en el que me metió María Campra, del blog "Escritora mamá", cosa que le agradezco enormemente porque he disfrutado mucho con él. En entradas anteriores, publiqué la primera parte  y también la segunda parte. 
Para terminar el reto, quiero hacerlo con mi libro fetiche, el que más ha aparecido en este blog de una u otra manera. Sí, seguro que lo habéis adivinado, se trata de "Matar un ruiseñor" de Harper Lee. No es el libro que más me ha gustado, pero tuvo mucha importancia, yo diría que fue decisivo en determinar lo que iba a ser mi vida de lectora compulsiva.  


La lógica rotunda e infantil de Scout Finch la lleva a intuir que la verdad no es un bien absoluto, sino que es algo de lo que se puede prescindir cuando su presencia puede causar más mal que bien. A veces, en según qué circunstancias, una mentira puede ser muy de agradecer.
Paso a nominar a los tres blogs:
"En tus libros me colé" de Irunesa
"El despertar de un libro" de Lourdes ILGR
"Mi mundo y las letras" de Teresa Cloquell

Espero que disfrutéis hojeando libros y buscando citas o, sencillamente, consultando esas libretitas en las que muchos, no yo, recogéis las frases maravillosas de cada lectura.



jueves, 28 de julio de 2016

"El silencio de tu nombre" Andrés Pérez Domínguez

"Una millonaria beata, dos nazis nostálgicos de tiempos mejores y un agente norteamericano que se larga cuando las cosas se ponen feas [...] un español exiliado, un periodista comunista y [a] la viuda de un agente alemán [..] Le había faltado incluir al sevillano con modales de aristócrata". Y es que todo esto tiene esta novela; y una ambientación que salta de Salzburgo a Madrid y de París a Sevilla y Berlín. Los acontecimientos principales ocurren en unos pocos días de Enero de 1950, pero nos llevan a hechos anteriores como el final de la Segunda Guerra Mundial en un Berlín ocupado por las tropas soviéticas. 
Los personajes, esbirros, matones, guardaespaldas y demás acompañantes accesorios al margen, son los resumidos en la cita del principio. 
Herbert Mundt, Alois Becker dos antiguos nazis camuflados y protegidos en la España de Franco con el beneplácito de las autoridades, buscando algo que podría comprometerles, huyendo del agente norteamericano que pretende llevarles ante los tribunales por crímenes de guerra y sin importarles lo que tengan que hacer para conseguir sus objetivos.
Un exiliado español en París, Martín Navarro, antiguo Capitán, tanto del ejército republicano en la Guerra Civil como del ejército soviético en la posterior Guerra Mundial. Comunista desencantado que ha perdido la confianza en y de los suyos. "Él ya tampoco confiaba en la gente de Moscú. Había perdido a unos cuantos amigos, hombres valientes que se merecían el título de héroes de la Unión Soviética [...] Gente a la que habían enviado al Este, a terribles campos de trabajo a miles de kilómetros de Moscú sólo porque alguien del Partido había considerado que fueron impertinentes a la hora de hacer una pregunta". A Martín lo busca, por cuenta del partido, un joven periodista, Gregorio León, un antiguo amigo que no puede creer en la traición que le revelan de su apreciado y querido "Capitán Navarro".
Una mujer austriaca, Erika Walter, viuda de un agente alemán de la Abwehr que escondió algo, algo que ella intenta devolver, porque retenerlo les puede costar la vida a ella y a Navarro de quien es amante desde que se conocieron en Berlín en 1945.
Andrés Pérez Domínguez

Robert Bishop, el agente norteamericano de la CIA (OSS hasta hace muy poco), empeñado en dar caza a los nazis, obsesionado con cumplir su objetivo de manera legal ("para Robert Bishop los cazadores de nazis no eran una opción") y en hacerlo cuanto antes porque si tarda mucho "el gobierno de su país empezaría a tender la mano, cada vez de una manera más abierta, al gobierno de Franco, y entonces quizá su trabajo de los últimos años no habría servido de nada". Y es que, en breve, España va a ser reconocida internacionalmente y admitida en la ONU, con lo que Franco será mantenido en el poder por unas democracias occidentales que tendrán en España una reserva espiritual que lucha ferozmente contra el comunismo. Las democracias traicionan a la democracia si con ello logran contener a una dictadura con la cara menos amable que la del Generalísimo.Y todos contentos.
Y en medio de todo esto, Mercedes Corrientes, una rica heredera vestida de negro como el rosario que gira entre sus dedos, con un papel más importante del que esperábamos, y Artemio Corona Sáez de Artázcoz, un anciano aristócrata sevillano que mata de vez en cuando el aburrimiento, en pequeñas misiones a cargo de distintos enemigos del régimen, y es que "además de sentir el placer de la adrenalina, aunque le costase aceptarlo, lo perdía el idealismo, las causas perdidas. No lo podía evitar". Con un papel tan secundario como aparenta.
Los elementos no son muy originales, pero bien integrados y procesados pueden dar un resultado muy interesante. Con ellos, todos juntos o combinados de distintas maneras, se han gestado buenas e interesantes novelas y películas. Pero lo malo de este libro es que convierte una trama que es interesante, ya que no original, en una historia que llega a hacerse tediosa, que he estado a punto de abandonar en un par de ocasiones. Una novela que, para mí, ha quedado lastrada por las innumerables repeticiones, las vueltas que se les da a los argumentos, a las razones, a las posturas de cada personaje. Esa obsesión (que he querido dejar patente en alguna de las citas que incluyo) porque todo quede explicado hasta el aburrimiento, hasta que uno se sorprende preguntándose si el autor lo habrá tomado por tarado.
Pero lo peor, tal vez, es que tanta explicación no llega a hacerme entender las reacciones o el papel de algún personaje que se comporta de maneras sorprendentes, que no están acordes con lo que se nos ha transmitido de él a lo largo de la novela.
Diré en su favor que me ha gustado el final y cómo éste se enlaza con el prólogo, que yo ya había olvidado, cerrando la historia de una manera cíclica, pero dejando resquicios, dando una oportunidad a nuestros deseos de participación. 
No había leído nada de este autor y me ha sorprendido la cantidad de libros publicados que tiene. He leído buenas reseñas de su última novela "Los dioses cansados" y me ha entrado la curiosidad. Le daré una oportunidad y espero que me guste más que esta.

Título originalEl silencio de tu nombre, Andrés Pérez Domínguez, 2012
EditorialPlaza & Janés, 2012 



lunes, 25 de julio de 2016

Reto "Tres días, tres citas" II

Hace unos días publiqué la primera parte del reto "Tres días, tres citas", que me propuso María Campra, del blog "Escritora mamá".
Hoy traigo la segunda parte en la que comparto una cita de uno de mis escritores favoritos y de la novela que, entre todas las suyas, es mi favorita. Se trata de John Irving y de "La última noche en Twisted River", una novela que ya he leído dos veces porque me gustó tanto que la propuse para la tertulia del instituto, pero como ya hacía casi un año que la había leído, tuve que refrescarla en mi memoria y lo que creí que iba a ser una lectura rápida, en diagonal, para ponerme al día, se convirtió en una lectura reposada, reflexiva, tomando notas y apuntando frases, cosa que no había hecho la primera vez, y con un placer del que, con haberme gustado mucho, tampoco había disfrutado la primera vez.
Si hay una tercera lectura, no dejaré de hacer una reseña para que los que no la habéis leído os hagáis una idea de lo que trata, y los que ya la conocéis disfrutéis recordándola. Todos os podréis hacer entonces una idea de lo mucho que me gustó a mí. 
Tengo muchas citas apuntadas, pero esta me parece muy buena, con mucha miga y con su punto de humor.
Espero que os guste.


Y ahora, paso a retar a los blogs de hoy y espero que encuentren este reto tan interesante como yo.
"Enredando con las letras" de Conxita Casamitjana.
"Mis lecturas" de Marina Córdoba.
"Si no leo desespero" de Agnieszka Cortázar.


viernes, 22 de julio de 2016

Reto "Tres días, tres citas" I

Este reto me ha sido propuesto por María Campra, del blog "Escritora mamá".
Se trata de hacer tres entradas, en distintos días, poniendo cada día una frase de un libro distinto.
No se especifica si los días tienen que ser seguidos o no por lo que lo haré en días que me sean favorables, dependiendo también de las reseñas y demás.
Aparte, hay que retar a tres blogs distintos cada día.
Vamos con la cita de hoy. Trata de Abderramán III, califa de Córdoba entre enero del año 929 y octubre del 961. Fue el constructor de la ciudad de Medina Azahara y fue uno de los califas con más reponsabilidad en la ampliación y remodelación de la Mezquita de la capital cordobesa.
El historiador Ibn Idari recoge esta frase de los diarios de Abderramán III en una crónica sobre la historia de España que escribió en el siglo XIII.
La frase literal que he escogido yo es la que pone Antonio Gala en boca de Abderramán III en su novela "El manuscrito carmesí", novela que trata sobre la historia de Boabdil y el fin de la Dinastía Nazarí y que recibió el Premio Planeta en 1990.


Los blogs que reto son:
"Leer, el remedio del alma" de Kirke.
"El blog de Chelo" de Chelo, claro.
"El blog de Juan Carlos", de Juan Carlos, como no podía ser de otra manera.


lunes, 18 de julio de 2016

El viejo sillón de mimbre

Esta deliciosa pintura se la robé ayer, con su permiso, a Manuel Casanova, cuyas exposiciones virtuales os aconsejo que visitéis en su blog Equinoccio. Me sugirió demasiadas cosas como para dejarla pasar. Me llevó a la casa de mi abuela paterna (la que sale retratada en la cabecera de este blog), la primera casa, la que recuerdo con más nitidez aunque haga muchos años que sólo la visito en sueños. Tenía balcones, no hacia el campo, sino hacia una calle estrecha y triste de los años sesenta en una pequeña ciudad de provincias oscura y triste. Tenía sillones de mimbre, no en el balcón, no hubieran cabido, sino en la galería acristalada que daba, esta sí, a un patio arbolado. No sé cómo fue, pero la pintura de Manuel me golpeó como un latigazo en la memoria (y en la nostalgia) que aunó en un mismo espacio elementos que se hallaban en esquinas opuestas de la casa.
Y decidí ponerle letra. Podría decirse que mi relato está basado en hechos (o más bien en espacios) reales, pero los acontecimientos que en él suceden nada tienen que ver con la realidad.

Manuel Casanova Gómez. Balcón.

El sillón había estado siempre en la galería acristalada. Era donde se sentaba de niña a leer los cómics que sus primos habían dejado olvidados: "Roberto Alcázar y Pedrín" era su favorito. Más adelante, sacaba de debajo del cojín los ejemplares de "El Caso" que yo iba acumulando y los leía casi a escondidas. Intuía que a sus doce o trece años no era la lectura más adecuada. Cuando fue su momento, era donde se sentaba a leer las cartas que su novio le mandaba desde la mili. Pasaron algunos años y puedo verla sentada en él dando el pecho a su hijo.
En él recibió la triste noticia que nos destrozó la vida y en él la encontré la tarde en que se negó a seguir luchando contra su angustia presente y el recuerdo de la felicidad pasada.
He condenado el sillón al ostracismo. Lo he sacado al balcón delantero y estoy esperando que vengan a tapiarlo. Pondré delante la estantería verde con sus libros favoritos. 



sábado, 16 de julio de 2016

"Rosy&John" Pierre Lemaitre

Esta es la tercera entrega de la serie dedicada al coronel Camille Verhoeven de la que ya se han publicado en este blog las dos anteriores, "Irène" y "Alex". Esta tercera novela salió publicada a modo de folletín para smatphone (jamás había oído hablar de algo así y me ha resultado muy curioso) a instancias de la la editorial SmartNovel. En ese formato se tituló "Les Grands Moyens". Cuando, ya liberada de los compromisos a que estuviera sujeta, pasó a publicarse en papel, apareció con el título que se la conoce. Esto es lo que cuenta el autor en una nota añadida al final de la novela.
Se trata de un libro muy cortito, poco más de cien páginas, pero con una trama que aunque recién leída pueda parecer sencilla, una mirada que profundice un poco más y se adentre en el tuétano de los acontecimientos, nos descubrirá una escalofriante historia de celos y dominación, en la que las cosas y las personas se van revelando distintas a lo que pudieran parecer, y que nos sorprende con un final de esos a los que 
Pierre Lemaitre nos tiene acostumbrados, aunque en esta ocasión, tal final nos deja aliviados y con la sensación de que, sin terminar bien, no ha terminado mal.
El comandante de la Brigada Criminal de la policía de París, Camille Verhoeven, intenta durante dos días pasar la noche con su amante Anne, pero el caso que acaba de explotarle entre las manos, nunca mejor dicho, lo tiene confinado en la comisaría con escasos intermedios que le permiten ir a casa a dar de comer a Doudouche, su gata atigrada. 
Una bomba ha estallado en el centro de París, en el distrito XVIII. No ha habido muertos, y el responsable se ha entregado en la comisaría y exige la presencia de Camille, el único con quien está dispuesto a hablar. "Es la primera vez que ven a un asesino traer las facturas para demostrar que es el culpable", pero es que John Garnier, o Jean como insiste en ser llamado, tiene un plan muy siniestro para conseguir sus objetivos y necesita convencer a las autoridades de que, efectivamente, él es el autor del atentado y de lo que venga. Su madre es Rosie Garnier ("su padre le dio ese nombre en 1964, el año en que Gilbert Bécaud, su ídolo, cantaba Rosy and John. Rosie, emocionada, siguió la tradición y le puso a su hijo «John»") y se encuentra en prisión por asesinato. Mató a la novia de John. "Eso nos da una idea del entorno familiar" comentará Louis, el ayudante guapo, culto y rico de Camille. ¿Está John más loco de lo que el atentado perpetrado da a entender? ¿Por qué pide como condición para librarles de sus amenazas que pongan a su madre en libertad? Camille Verhoeven, alternando con los miembros de la Brigada Antiterrorista, intentará durante dos días y medio, descubrir los objetivos de John o convencerlo para que desista de su actitud.
Pierre Lemaitre
Los miembros de la Brigada Antiterrorista son mucho menos amables que Camille. Sus órdenes son tajantes aunque veladas:
"En cuanto a usted —se dirige al tipo de la Brigada Antiterrorista—, bueno…, hagan lo que tengan que hacer.
Cuando está a punto de irse, se gira.
—Terminen con esta estupidez.
Justo después de su salida, el jefe de gabinete traduce:
—Cojan a Jean Garnier por los cojones. Y aprieten fuerte".
Una muestra de que en la civilizada y democrática Europa del siglo XXI, en uno de sus países más civilizados y democráticos, los derechos civiles de las personas se respetan por encima de todo... a no ser que algo urgente aconseje lo contrario. Pero John o Jean resiste y aunque "sus hematomas están volviéndose violáceos, solo se le ve la cara, tumefacta, pero se intuye que le duele todo el cuerpo", no dirá nada porque su determinación es firme. Tiene que conseguir como sea que se atiendan sus exigencias. Se juega demasiado en lograrlo; otras personas se juegan mucho en que lo logre, personas que, sin saberlo, sin haber entrado aún en la rueda fatal del destino de John, podrían ver su futuro seriamente comprometido si no lo consigue. Pero eso, Camille Verhoeven, que puede llegar a convertirse en " un metro cuarenta y cinco de cólera", no lo sabe. Ni siquiera los sospecha. Tan sólo empieza a intuir que John Garnier no es lo que parece ser, ni tan cruel, ni tan despiadado, ni tan loco como podría parecer, pero tiene que convencer a todo un Gabinete de Crisis, presidido por el primer ministro, de algo que él mismo no tiene muy claro.
La novela, en su corta extensión, tiene espacio para dar varios giros sorprendentes, para alterarnos los nervios y devolvernos la tranquilidad y volver a ponernos los pelos de punta hasta desembocar en un final sorprendente, pero lógico y hasta justo si no fuera porque el verdugo se manifiesta como víctima y tan sólo es culpable de tratar de poner fin a la situación.
Creo que Pierre Lemaitre es uno de los mejores autores de novela negra de los últimos tiempos. Es la cuarta que leo y cada una me ha sorprendido, ninguna me ha defraudado o ha resultado perjudicada por no poder igualar la sorpresa de la primera. Todas han sido sorprendentes y me han aportado algo nuevo sobre este autor. Además de las dos mencionadas de la serie Camille Verhoeven, también he leído, y tengo en este blog comentada, "Vestido de novia".


Pero Pierre Lemaitre no sólo cultiva el género policíaco. En el año 2013 obtuvo el prestigioso Premio Goncourt por su novela "Nos vemos allá arriba", una historia de héroes derrotados y miserables carroñeros ambientada en la Primera Guerra Mundial que recomiendo de manera especial porque su lenguaje, lo que cuenta y el humor con que lo hace, no tienen desperdicio.




jueves, 14 de julio de 2016

"Sobre Grace" Anthony Doerr

David Winkler soñó con la que iba a ser su mujer antes de conocerla. La soñó delante de un expositor ojeando una revista, de modo que cuando aquel mediodía, cuatro o cinco noches después del sueño, la vio acercarse al expositor desde la cola en la que esperaba para pagar el sandwich de su almuerzo, "supo lo que iba a ocurrir[...]. A la mujer se le caería una revista; él se acercaría, la cogería y se la daría". Supo también que aquél había sido otro de los sueños premonitorios que tenía desde niño, desde que, a los nueve años, vio a George DelPrete, comerciante de salmón de Juneau, ir al encuentro del autobús que le iba a partir a la mitad tal como el pequeño David había soñado unas noches antes. Estos sueños premonitorios iban a determinar toda la vida de David y son el eje central de esta novela. Porque la historia que nos cuenta Anthony Doerr en "Sobre Grace", primera obra del autor que fue premiado este año con el Premio Pulitzer de novela por "La luz que no puedes ver", es la crónica de una huida y de un regreso. Una huida provocada por un sueño que por nada del mundo debe cumplirse y un regreso necesario porque, tras veinticinco años de huida, David, por fin, se siente con fuerzas para enfrentarse a la verdad, para saber si el destino, o su sueño, se cumplió de manera inevitable aún sin estar él presente.
David Winkler ha nacido y vivido toda su vida (hasta la huida fatal) en Anchorage, Alaska. Allí se enamoró de los cristales de nieve al ver las fotografías de un libro que su madre, finlandesa de nacimiento, guardaba como un tesoro: "Cristales de nieve, de W. A. Bentley. Dentro había miles de micrografías de copos de nieve cuidadosamente presentadas, cada imagen reproducida en un cuadrado de cinco centímetros, los cristales blancos contra un fondo negro, dispuestos en retícula, cuatro por tres, doce por página". Este libro es todo lo que David conserva de su madre, muerta de repente, sin avisos que prepararan o que atenuaran la pérdida, cuando él tenía trece años. Enamorado de la nieve y, por lo tanto del agua, David se hizo Hidrólogo y trabajaba en el Servicio Nacional de Meteorología cuando conoció a Sandy. Huyendo de sus compromisos, sobre todo los de Sandy, escapan a Cleveland, Ohio y de allí escapará David huyendo de sus premoniciones, preservando el futuro de su hija, Grace, que se le escapaba de las manos en un
sueño, pensando que si sus manos están lejos, el futuro de Grace estará a salvo. 
Recorre todo Estados Unidos en diagonal, atraviesa el Caribe y recala en la isla de SanVicente, en el archipiélago de Las Granadinas, Venezuela. Allí pasará los siguientes veintisiete años, conocerá a una familia que también ha huido, éstos de la dictadura de Pinochet en Chile, y los adoptará, o se dejará adoptar, como familia propia y de allí retornará a Alaska, casi tres décadas después, ante la necesidad de saber qué ocurrió con Grace, de la que no ha vuelto a tener noticias: todo lo que ha conseguido de Sandy en estos años es un paquete con todas las cartas que le ha enviado y una escueta nota "No vuelvas. No escribas. Ni se te ocurra. Estás muerto". Tras veintisiete años, necesita saber si Grace sucumbió a pesar del alejamiento de su padre o si la falta de éste como factor necesario logró torcer finalmente el destino.
Y a todo lo dicho hay que añadir los paisajes, el entorno que, del frío glacial y el blanco cegador del norte, se traslada al trópico azul y verde, a los mares luminosos, transparentes y de color esmeralda; de las noches casi permanentes, pero iluminadas por la nieve que refleja cualquier atisbo de luz, a las noches repentinas de las bajas latitudes en noches de luna nueva, negras como el carbón y oscuras como los malos sueños.
Las descripciones son de una belleza tan absoluta y conmovedora que no me puedo resistir a dejar aquí una pequeña muestra.

"Los mosquitos desaparecieron por completo y el abedul y el alerce renunciaron a sus hojas de una sola vez, las soltaron al viento como desesperados por deshacerse de ellas".
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"Durante todo el mes el hielo murmuró y aulló y silbó. Los árboles se devolvían el eco los unos a los otros. En conjunto, el sonido era el de una herida profunda, el del invierno arrebatando inexorable la vida a las cosas".
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"Las palmeras se agitaban. Sonidos minúsculos adquirían una importancia distorsionada: un guijarro cascabeleó bajo su suela; algo susurró en la maleza. En las ramas croaban ranas. Se preguntó si no solo habría huido de Nueva York, sino también del presente".
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"Ahora me doy cuenta de que no sabía nada de la nieve. No es blanca. Es de mil colores, los colores del cielo o de lo que hay debajo de la nieve, o los rosas de las algas que viven en su interior, pero ninguno de esos colores es, en realidad, blanco".


Anthony Doerr
Tras leer "La luz que no puedes ver" tenía ganas de leer esta novela, anterior, de Anthony Doerr. No me ha defraudado en absoluto. Es sencillamente lo que me podía esperar: la primera novela del autor, escrita diez años antes que la mencionada ganadora del Pulitzer; una opera prima que revela el gran escritor que es, pero que también manifiesta algunos de los errores del escritor novel: demasiada extensión que resulta superflua ya que se debe al excesivo desarrollo de algunos pasajes, de algunos detalles que deberían haberse solventado en muchas menos páginas y que hacen que la novela se ralentice y se vuelva un tanto pesada en algunas ocasiones. Nada que no se haya superado con creces en su segunda obra, quedando solo el gran inventor de historias y el escritor pulcro y detallista que ya se había manifestado en esta primera.


martes, 12 de julio de 2016

"El cascabel" Alicia Lakatos Alonso

Estamos ante una rara novela. Por momentos puede parecer un libro para niños, hasta que vemos que los temas que trata poco pueden interesarles. O sí, pero no sólo a los niños. Estamos ante una novela que trata de las vivencias normales de una familia normal: sus amores y desamores, sus achaques, sus alegrías y disgustos, sus pérdidas, su avanzar día a día poniendo cada uno de su parte lo necesario para hacer que la vida propia y las ajenas sean lo más agradables, lo más llevaderas, lo más felices (sí, por qué no) posible. Tal vez para ello, cada noche se deberá pensar en cinco cosas buenas que hayan sucedido durante el día, y si no salen las cinco cosas (hay días que salen torcidos y ni siquiera tenemos cinco buenas cosas reseñables), entonces habrá que pensar "que, por ejemplo… a ver, lo típico, que estás vivo, que podés oír, sentir, oler, andar y pensar, [...] pensemos que podemos ir por la calle, o estar simplemente en casa tranquilos,  sin miedo a escuchar horrorizados el ruido de una bomba o de un disparo".
Estamos ante una familia normal formada por el abuelo Don Ismael, el yayo, su hijo Leo y su nieta Sofía; están además la tieta Concha, hermana del abuelo; Sergio, el mejor amigo de Sofía; Katia, la nueva y reciente pareja de Leo; Lucía, el antiguo amor del abuelo, que regresó de Argentina hace unos meses, y Marisol, la asistenta que ayuda en casa. 
Pero lo extraño de la novela, lo que hace que pueda parecer una historia para niños, es que a todos estos personajes tenemos que añadir a Capi y Maià, los dos perritos de la familia, y a Wendy, la perrita de Sergio. Ellos, sobre todos los dos primeros, forman parte de los personajes en igualdad de condiciones con los humanos; todo lo observan, todo lo interpretan, sobre todo opinan... con su particular y perruno punto de vista, reposado y reflexivo el de Capi, alocado y espontáneo el de Maià; con un lenguaje tierno y muy divertido, unas ocurrencias deliciosas y una lógica rotunda "No sé cómo les puede caber tanta comida dentro. Hala, comer, comer, comer. Y luego a veces dicen ¡uffff, no puedo más! Pues…   no haber comido tanto! Si es que es de cajón. Si
Esta podría ser Maià
 dice Maià refiriéndose a los humanos.
En esta novela se nos muestra la interacción que se establece entre las personas y los animales que viven con ellas; los problemas de humanos y perros se mezclan, se hacen uno, porque el cariño y la dependencia de unos respecto a otros hace que nada resulte ajeno, que todo les afecte, lo propio y lo del resto porque todos son, al fin y al cabo, componentes de la misma familia. 
Don Ismael no puede recuperar su amor de juventud porque para todo hay un momento y a veces, éste se pasa. Además tiene que asumir que, atado a su silla de ruedas, su vida y sus relaciones se vean muy limitadas. Sofía se tiene que resignar a su amistad asumida con Sergio, aunque ella desearía algo más, otro tipo de relación, pero sabe que es imposible. Leo se va recuperando de la muerte de su mujer y empieza a ver salir de nuevo la sonrisa y la ilusión del armario ante su nueva
Alicia Lakatos
relación con Katia. La tieta envejece lejos de sus hijos, en San Francisco uno y en Toulouse la otra, no se sabe muy bien si por no molestar, por no perder independencia o porque no quiere separase de su hermano. 

De todas estas situaciones participan los perros y las sufren y las gozan y nos ofrecen sus comentarios porque en esta novela las mascotas tienen su parte en la historia, pero también son protagonistas de sus propias historias; del susto que se llevó Maià cuando pensó que ya nunca iba a volver a ver a la familia, o sus celos cuando los dejaron solos en casa con Wendy, o el trauma de Capi cuando se vio ante los restos de su desgraciado pasado del que no quiere tener ni el más mínimo recuerdo. 
Las aventuras de la familia y sus mascotas, comenzaron en una novela anterior, "Maià y Capi", en la que se presentan los personajes y sabemos que ambos perritos fueron rescatados de la perrera por Sofía. Y sabemos de la anterior vida de Capi con unos dueños que lo maltrataban y lo tenían encerrado.
Alicia Lakatos, riojana de madre catalana y padre húngaro, ha conseguido con esta novela que los perros hablen y piensen y sean protagonistas sin hacer una obra para niños. Ha escrito una obra que puede leer y disfrutar cualquiera y sobre todo, ha escrito unas historias que nos harán empatizar con los animales y ser conscientes de que, además de compartir nuestras vidas, comparten nuestras alegrías y nuestros disgustos haciéndolos suyos y dándonos su cariño; preocupándose de  nuestros estados de ánimo "a ver si el yayo está bien. Si me sube a la silla, le voy a dar muchos lametoncitos. Hoy creo que el hombre lo necesita", intentando alegrarnos esa vida que a veces se torna difícil y hace que volvamos a casa sin ganas de nada. Lo sabe bien la autora puesto que los dos perros son los únicos personajes reales de la novela; son sus propios perros que, según cuenta, tienen una historia muy similar a la de los perros de la historia y, como ellos, se desviven por hacer feliz a su dueña y es que "Las mascotas son seres puros. No tienen malicia, ni rencores, ni envidias. La alegría con la que te recibe un animal cuando llegas del trabajo, o del colegio o de ir a comprar el pan, es impagable. Para ellos no ha habido días malos, ni estreses, ni jefes insoportables, ni depresiones" ha declarado Alicia Lakatos en una entrevista hecha por "Universo la Maga". Todos los que tenemos animales sabemos hasta qué punto son ciertas estas palabras.
La recaudación de estas novelas se destina a la ayuda de animales abandonados y maltratados con lo que, además de enseñarnos a querer y a respetar a nuestras mascotas, la autora quiere paliar de alguna manera los actos desalmados de los que son incapaces de hacerlo, tal vez porque en su alma no hay espacio para el cariño de ningún tipo.




viernes, 8 de julio de 2016

"La víspera de casi todo" Víctor del Árbol


Esta novela fue escogida en el blog "El club de los 1001 lectores" como lectura del mes de mayo. Tuve el honor de ser invitada a hacer la reseña que se publicó en dicho blog  el 1 de Junio.
Con permiso del administrador de "El Club de los 1001 lectores" la publico ahora en mi blog.


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"No solía nevar tan cerca del mar. Pero aquella nevada de diez años atrás fue antológica. Los niños y los adultos de Punta Caliente amontonaban la nieve recién caída como si quisieran acapararla para llevársela a casa".
Fue entonces, hace diez años, cuando cayó aquella terrible nevada a orillas del mar, cuando tal vez empezó todo. O empezó una parte. O quizás fue antes, en los años cincuenta, cuando una pareja argentina emigró a Alemania. O años después, cuando volvió de nuevo a la Argentina para encontrarse con la traición y el destino.
No lo sabemos, pero para el inspector Germinal Ibarra todo pudo haber comenzado en Málaga en el verano de 2007, cuando tuvo que investigar la desaparición de Amanda, una niña de diez años a la que terminó por encontrar muerta y violada y cuando, preso de la rabia y la impotencia, mató a su asesino a golpes de pistola "Sacó la Beretta y golpeó con la culata al hombrecillo en la cabeza. Una, dos, tres, cinco veces consecutivas… pero la rabia no aflojaba. Así que siguió golpeándolo una y otra vez, con saña, como si se tratara de una venganza. No pensaba ya en esa niña asesinada. Pensaba en otro niño, en otro lugar y en otro tiempo. Un tiempo lejano pero que lo atormentaba cada día de su vida"
Pudo haber comenzado entonces, pero en realidad empezó mucho antes, en un bosque gallego cuando el ahora inspector no era más que un niño, también de diez años, también asesinado y herido y renacido del dolor para volver a recaer en él tantos años después.
Para Germinal Ibarra todo pudo terminar esta madrugada del 20 de agosto de 2010 en que, como tantas otras noches, "abre la boca y abraza el estremecimiento que provoca el metal al entrar en contacto con la lengua. Muerde el cañón para que no tiemble e inclina la mano que sujeta el arma. Un disparo, un fulgor y el fundido al negro". Pero, también esta, como todas las noches, acaba por soltar la pistola e increparse a sí mismo su cobardía.
Ahora Germinal Ibarra lleva tres años en una comisaría de A Coruña a donde pidió el traslado tras el caso de Amanda.
La novela sigue una técnica similar a la de otra que reseñé hace poco, "La luz que no puedes ver" de Anthony Doerr. En unos capítulos se va narrando el presente que transcurre todo en una noche, la del 20 de agosto de 2010. En otros, se cuentan unos hechos que comenzaron tres meses antes, a principios de junio en Punta Caliente, un pueblo de la Costa da morte, y que, poco a poco, irán avanzando hasta llegar al amanecer de dicho viernes 20 de agosto. La distribución de dichos capítulos es aquí más aleatoria que en la novela de Doerr donde se alternaban rigurosamente. 
Los acontecimientos de Junio nada tienen que ver, en apariencia, con los de agosto. En esa noche de finales de verano Germinal Ibarra  se encuentra
Faro de Cabo Touriñan
con una mujer herida que es como un fantasma de su pasado. Averiguar lo que le ha sucedido a la mujer, le enredará con un asesinato cometido esa mañana en Barcelona.

En Punta Caliente, en junio, se dan cita Paula, una mujer que viene huyendo de algo y de alguien, conduciendo desde muy lejos; Dolores la dueña de la Pensión donde se aloja Paula, una mujer con un pasado triste que se inicia en Portugal y un presente más triste aún que tendremos que descubrir; Martina, la hija de Dolores, una extraña muchacha; Daniel Luján, un joven cuyos padres y hermano murieron hace dos años en el incendio de su casa; Mauricio, el abuelo de Daniel que vino desde Argentina para hacerse cargo del menor, al que no conocía, cuando éste abandonó la clínica "La primera imagen que tenía de su abuelo era la del día que este vino a buscarlo a la clínica. Un asistente social le comunicó a Daniel que aquel hombre con un sombrero de película era su único pariente vivo y que, en adelante, sería también su tutor. Hasta entonces, Daniel apenas había oído hablar de él".
Con estos personajes iniciaremos una historia que irá avanzando hasta encontrarse con la noche del 20 de agosto. Iniciaremos una historia hecha de muchas historias, cada una con su herida, su dolor, sus deudas que cobrarle a un pasado más o menos lejano. Varias décadas, en el caso de Mauricio, una década, dos años... Historias con sus paralelismos, con sus simetrías; pérdidas que se repiten como en un espejo, dolores simétricos de otros dolores.
Además de los acontecimientos del 20 de agosto y de los que se suceden a partir de junio, de cada personaje se nos va contando su pasado, las peripecias que los han arrastrado hasta el punto en el que los encontramos, remontándonos a hechos sucedidos hace veinte, treinta, cuarenta años. Todas las historias acaban encajando en el mismo puzzle  porque todas son parte de una historia más grande que las comprende y las engloba a todas.
La novela se lee casi sin poder desprenderla de las manos. Ya lo dije en la reseña de "La luz que no puedes ver": me encantan esos saltos en el tiempo, esas novelas en las que el pasado avanza hacia un presente conocido con el que tiene que encajar y al que tiene que explicar. La he leído muy a gusto y me he sentido enganchada desde el
Víctor del Árbol
principio. Está muy bien escrita, con un lenguaje que por momentos se hace poético, que añade belleza a la desolación y a la violencia con una naturalidad pasmosa, relajando el espíritu y aislándolo, parcialmente de la catástrofe y la angustia. Las tramas pasada (los cuatro meses), pasadísima (los episodios que vienen de más atrás) y presente van encajando perfectamente sin dejar cabos sueltos, imbricando todas las piezas en su lugar hasta constituir el mosaico total de la historia con sus luces y sus sombras (más sombras que luces)

Y sin embargo... no sé, pero hay algo que no me ha acabado de convencer en esta novela. Quizás la enorme cantidad de cosas que pasan, quizás las similitudes de algunos episodios que superan lo que se le puede permitir a la casualidad; quizás la coincidencia de tantos personajes enfermos, locos, asesinos, traumatizados. Y a la vez todas esas cosas, son las que hacen que la novela resulte apasionante. Me cuesta calificarla. ¿Cómo poner pegas a algo que me ha proporcionado tanto placer y disfrute?
Con esta novela, Víctor del Árbol, nacido en Barcelona en 1968, obtuvo el Premio Nadal 2016. Yo no lo conocía de nada y puede que hubiera seguido sin conocerle de no ser por este premio y, sin embargo su obra, sin ser demasiado extensa, tampoco es escueta. Otras cinco novelas han sido publicadas por el autor desde 2006. Tiene además el Premio Tiflos de Literatura de la ONCE 2006 por su primera novela, "El peso de los muertos". Con su segunda obra, "El abismo de los sueños" (que permanece sin publicar), quedó finalista del Premio Fernando Lara.




martes, 5 de julio de 2016

"Omertà" Mario Puzo

De Mario Puzo no había vuelto a leer nada desde que hace muchos años leyera "El padrino" tras ver las dos primeras películas de la serie. El libro es bueno, pero las películas - las dos primeras, la tercera es mejor obviarla - tienen algo de lo que carece la novela. Tal vez sean las inigualables interpretaciones de Marlon Brando, Al Pacino, Robert de Niro, Robert Duval...; las escenas de violencia, algunas con vocación de obras de arte, de cuadros de perfectas geometrías y pinceladas precisas; de fotografías de maravillosa composición y luces inigualables. Sí, algo tienen esas películas que no veo en el libro.
Pero hoy quiero hablar de otra novela del autor, novela póstuma en este caso, ya que se publicó en 2000 y su autor había fallecido en 1999. Se trata de "Omertà". Es la segunda novela de Mario Puzo que leo por tanto, y se la debo a un buen amigo que me la regaló hace un mes.
Omertà sifnifica "silencio" en el código de honor siciliano. Significa que nadie debe hablar con nadie de los asesinatos cometidos, te puedes vengar, pero jamás lo denunciarás porque romper el juramento de silencio te puede costar la vida. 
Agradezco enormemente a mi amigo este regalo porque he vuelto a reencontrarme con la mafia en estado puro, con los paisajes amarillentos, cegados por el sol inclemente de Sicilia, con sus Don vestidos de traje negro, camisa blanca y corbata oscura; me he reencontrado con la Nueva York de los años noventa donde campan a sus anchas los mafiosos venidos de Italia y sus descendientes, los narcotraficantes sudamericanos, los agentes del Departamento de Policía de Nueva York y los agentes del FBI corruptos, unos más que otros, unos con mejores intenciones que otros, si es que en la corrupción puede haber buenas intenciones más allá de la limpieza personal de la conciencia de cada uno. Y siempre, como telón de
fondo, la traición, el abrazo que se convierte en tiro por la espalda, en coche que vuela por los aires, en ojos perplejos de sorpresa y terror ante la inevitable, inesperada agresión.
Me he vuelto a encontrar con "El Padrino", pero también con "Érase una vez en América" y "Uno de los nuestros"... y he disfrutado mucho.
He encontrado cosas en común con "El Padrino", la historia del cine pues la novela la leí hace ya suficientes años como para haberla olvidado, oculta tras las sucesivas revisiones de las películas que arrastran con la fuerza de sus imágenes lo que pudiera quedar del libro en la memoria. 
Don Raymonde Aprile, llegado de Sicilia hace muchos años, tiene tres hijos y un "sobrino" al que ha criado con sus hijos y tratado como a uno más de la familia (cómo olvidar al hermano adoptivo de los Corleone, Tom Hagen, magníficamente interpretado por Robert Duval y cómo no compararlo con Astorre, hijo del Don Vincenzo Zeno, que es confiado por su padre al cuidado de Raymonde Aprile, desde su lecho de muerte en Sicilia cuando el niño contaba dos años). 
"Don Zeno era el último de los verdaderos jefes de la Mafia [...] era un hombre de honor que a lo largo de toda su vida había sido apreciado por su justicia e imparcialidad, su ayuda a los menesterosos y su implacable castigo de todos aquellos que se atrevían a oponerse a su voluntad". Eran los años en que los jefes mafiosos repartían justicia por encima de los más altos jueces. Defendían a las muchachas deshonradas, impedían que los bancos desahuciaran a las familias que no podían pagar las hipotecas, posibilitaban los estudios superiores a cualquier joven que los deseara aunque no tuviera medios... y pegaban, o mandaban pegar, cuatro tiros a cualquiera que se opusiera a sus designios sin que les temblara una pestaña.
Astorre vivirá en Nueva York como hijo de los Viola, un matrimonio a quien Raymonde Aprile se lo confía. Poco tiempo después, muerta la esposa del Don, éste se vuelve a hacer cargo de Astorre incluyéndolo ya en su familia. Casi treinta años después, muerto Raymonde, Astorre tendrá que proteger el legado que le dejó su "tío", y tendrá que proteger a sus "primos", a los que su padre quiso dejar fuera de toda acción ilegal; y tendrá que desentrañar las circunstancias que rodearon la muerte de Don y vengar su asesinato, pero para entonces "La vieja Mafia había muerto. Los grandes dones habían alcanzado sus objetivos y se habían mezclado hábilmente con la sociedad, tal como hacen siempre los mejores criminales. Los pocos aspirantes que todavía quedaban constituían un lamentable surtido de delincuentes de segunda fila y ladronzuelos de pacotilla, ¿Por qué se iba uno a molestar en montar negocios ilegales, siendo así que resultaba mucho más fácil robar millones creando tu propia empresa y vendiendo acciones a la gente?"
La vieja Mafia había muerto y se había llevado consigo todo el romanticismo y el glamour. Los nuevos "padrinos" ya no tienen empacho en dedicarse al tráfico de drogas, y la palabra honor ya no cabe en su vocabulario. La novela y el cine, cuando quieren recuperar el carisma elegante de los mafiosos de toda la vida, tienen que volver la mirada a los años sesenta del siglo XX y ambientar allí sus inolvidables historias, de las cuales Mario Puzo será siempre el Padrino.
Parece ser que está previsto hacer una miniserie sobre este libro en la que Silvester Stallone hará el papel de Raymonde Aprile. Habrá que estar atentos. Yo no me la quiero perder.





domingo, 3 de julio de 2016

"Las efímeras" Pilar Adón

Leer "Las efímeras" es sumergirse en un mundo de musgo y tierra, de humedad y hojas tiernas, de lluvia que gotea de los árboles teñida de verde y lo pinta todo de un verdor acuoso; un mundo de personas que viven rodeadas de un vaho viscoso de niebla densa y opresiva, donde juegan con la naturaleza a hacerla suya, a enlatarla en botes o pegarla sobre cartulina, pero no pueden porque la naturaleza les engaña con la ilusión de dejarse dominar, y al final todos están sometidos a ella de manera inexorable. 
Leer "Las efímeras" es entrar en un mundo medio cruel, medio mágico, medio oculto, medio onírico, y conocer a personajes que viven en mundos propios y cerrados, que casi no tratan con nadie más, pero con las pocas personas con las que lo hacen (las hermanas Oliver entre ellas, Anita con Tom, las hermanas con Tom y con Anita, Denis con Violeta, ... y Denis con Denis y con su propio pasado), establecen una relación de resentimiento, de amor-odio, no del todo sana, en la que uno domina y otro soporta con una resignación masoquista casi adictiva, dicha dominación. Aunque no siempre esté claro quién domina a quién porque a veces no hay mayor dominación que la vulnerabilidad, la sumisión figurada, el victimismo. Pero también hay amor de muchos tipos mezclados y confundidos: amor fraterno, maternal, amistad, amor de pareja no siempre admitido, amor.
Estamos ante los restos de La Ruche, una comunidad cuyo origen se remonta a 1923 "cuando la casa sirvió de colegio para niños huérfanos. Su fundador, un hombre culto llegado de París, la concibió en forma de polígono [...]. Su estructura había semejado siempre la de una colmena, y de ahí su nombre". Ahora ya no hay niños y de la comunidad sólo quedan, repartidos por el bosque que rodea la casa principal, los descendientes de "los profesores y los hijos de los profesores que hubieran decidido quedarse en las casas repartidas por los alrededores".
Dos de estos habitantes son las hermanas Oliver, Dora y Violeta, unidas por una nociva relación, por "algo que formaba parte de sus hábitos" y que sólo levemente se nos insinúa: nosotros pondremos el resto salido de nuestra imaginación. 
También está Anita, la descendiente del fundador y de su mujer, hija de una niña adoptada por ellos. Ahora es la que organiza y decide quien se va y quien se queda; quien puede acondicionar una de las casas abandonadas y unirse a la comunidad, "una mujer de equinoccios, como le gustaba aclarar".
Y está Tom, recién llegado en busca de un mundo acogedor a la vez que salvaje e inclemente; Tom que se tiró del tren en marcha para empezar a caminar "en dirección al monte, aquel elemento sólido y protector que le resguardaría, que le ampararía y que marcaría, con la mayor
La Ruche. Cerca de Rambouillet.
precisión, una clara línea divisoria entre lo que quedaba atrás, distante y pasado, y lo que descubriría a partir de entonces cada mañana"
.

Y finalmente nos vamos a encontrar con Denis, un muchacho que es el desencadenante de todo. O tal vez lo fueron sus antepasados o la incomprensión con que las habilidades de sus antepasados fueron acogidas en la comunidad. Y es que ellos tenían, tiene Denis, capacidades que su madre le descubrió de niño, 
"—No sé si quiero repetirlo.
—Lo harás. No podrás evitarlo. Para vosotros cada muerte es un fracaso, así que volverás a hacerlo".
Estos son los cinco personajes que, a través del bosque, entre helechos y animales y pasiones y resentimientos, van construyendo una historia o se encuentran siendo víctimas de una historia que comenzó a forjarse muchos años antes. Antes de que todos ellos nacieran porque las historias que se precipitan en unos cuantos episodios finales y en un corto espacio de tiempo, suelen haberse larvado durante años o siglos. Al igual que en las efímeras, esos animalillos diminutos, insectos alados ancestrales, tenues y gráciles, cuya vida se precipita en las dos o tres horas que viven y copulan y ponen sus huevos, antes de morir. Pero no es esa toda su vida. Para llegar a ese final, han tenido que pasar varios años en estado larvario,
Una efímera adulta
acuático, preparando su desenlace, "larvando" su historia.

Estamos ante una novela que es como un cuento. Un maravilloso y terrible cuento de hadas con los típicos personajes que no son nada típicos en este cuento: la bruja mala que acaba siendo víctima de su propia maldad o del hecho de no ser tan mala; el hada buena que no todo lo puede, aunque intenta ser omnipotente, al menos en lo que atañe a su propia vida; el príncipe, que no sabemos si es guapo o bueno, pero no podrá salvar a la niña inocente; el lobo feroz que, ademas de feroz puede ser tierno y cariñoso y sólo necesita un poco de comprensión, unas palabras amables... aunque siempre volverá su parte fiera; la niña buena e inocente que de inocente tiene poco y de buena, puede que menos, pero que es una víctima, víctima y victimario confundidos en la inocencia de la juventud. Claro que ¿quién no es víctima en este cuento de hadas? Pues el último personaje: el bosque húmedo y oscuro y hostil y agresivo y acogedor y tierno como solo puede serlo un bosque húmedo y oscuro y hostil y agresivo y acogedor y tierno. Al resto de los personajes os dejo que los identifiquéis vosotros si os decidís a leer este libro.
Pilar Adón
Esta es la primera novela que leo de Pilar Adón, una escritora madrileña nacida en 1971 y licenciada en Derecho. Tiene varios libros de relatos y poesía y dos novelas anteriores a esta: "Las hijas de Sara" y "El hombre de espaldas". Una autora para mí desconocida que me ha sorprendido mucho y muy agradablemente. Una escritora a la que hay que leer despacio y degustar con calma porque en sus frases esconde mucho más de lo que aparenta; una novela con varios niveles en los que profundizar o en los que quedarse. Cada uno que elija hasta donde quiere llegar. Lo que es seguro es que esta no será la última novela que lea de Pilar Adón.

viernes, 1 de julio de 2016

Julio 2016


"Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada.
En casa de los Oblonsky andaba todo trastrocado. La esposa acababa de enterarse de que su marido mantenía relaciones con la institutriz francesa y se había apresurado a declararle que no podía seguir viviendo con él. Semejante situación duraba ya tres días y era tan dolorosa para los esposos como para los demás miembros de la familia"

Hace unos días, en dos blogs amigos, se reseñaba una novela (Leer, el remedio del alma) y la película correspondiente (El blog de Chelo). Se trataba de la novela "La elegancia del erizo" de Muriel Barbery y "El erizo" de Mona Achache, respectivamente. En la historia que cuentan novela y película hay una mujer que oculta su cultura y sensibilidad disfrazada de portera en un bloque de pisos en un barrio exclusivo de París. Una niña, Paloma, y un vecino japonés, el señor Ozu, la desenmascaran. Ante la pregunta del vecino de si conoce a una de las familias del bloque, responde: "Sí, una familia feliz [...] ¿Sabe?, todas las familias felices se parecen [...] no hay nada que decir de ellas". Asombrado, el vecino, sin poder resistirse responde: "Pero las familias desdichadas lo son cada una a su manera". Ahí se da cuenta Renée, la portera, de que ha sido descubierta y es que lo que menos se esperaba ella es que el recién llegado vecino japonés fuera un amante de "Anna Karenina", el mismo libro que ella tiene como lectura de cabecera.
Decidí aprovechar la idea para esta sección de mi blog y dudé entre hacer el comienzo de "La elegancia del erizo" o de "Anna Karenina" de León Tolstói. Puesto que en los dos blogs citados se habla de la obra de Muriel Barbery, he decidido hacerlo sobre la de Toslstói.
No debió caer Renée en el desliz si no quería ser descubierta porque estamos ante una de las novelas cumbre de la literatura universal conocida y leída en todos los lugares del mundo. Comenzó a publicarse en forma de folletín, aunque algún tipo de desencuentro entre el autor y el editor, hizo que la publicación se interrumpiera. La novela se publicó como tal, definitivamente, en 1877.
Muestra, mediante los amores adúlteros de Anna con Vronky, la hipocresía de la aristocracia rusa que hará pagar a Anna su pecado hasta empujarla a la desesperación y la muerte. La misma aristocracia que no dará ninguna importancia al adulterio de Stiva, el hermano de Anna, al que su mujer, Dolly, perdonará a instancias de la propia Anna ante el argumento de evitar la deshonra de la familia, deshonra que no vendría del adulterio en sí, sino de la separación de la pareja.
Paralelamente a los amores de Anna y Vronsky, se nos cuenta, entre otras muchas, la historia de Liovin, un terrateniente y filósofo preocupado por la situación de sus campesinos que intenta mejorar de todas las maneras posibles y que se supone el alter ego del autor.
Poco se puede decir en esta sección acerca de una novela de más de mil páginas, en la que se suceden personajes y situaciones dispares, distintos tipos de relaciones de pareja, aristócratas y su vida en las ciudades, terratenientes en el campo, militares, políticos: todas las variantes de la sociedad acomodada rusa en el siglo XIX; todas ellas cerrando filas en contra de Anna, a la que condenarán al ostracismo y a la que harán enloquecer de celos y angustia, hasta conseguir que Vronsky, cansado de escenas irracionales, realmente se aleje de ella. 
Anna lo ha dejado todo por Alexei; un matrimonio estable y tan cómodo como aburrido; a su hijo Seriozha a quién Karenin le ha prohibido visitar y a quien ha dicho que su madre ha muerto; la vida social en la que siempre ha brillado y que ahora le da la espalda y la mantiene alejada y sola.
Finalmente, termina la historia donde empezó: en la estación de Moscú donde Anna y Vronsky se conocieron; en la misma estación donde al principio de la novela un trabajador cayó a las vías y fue destrozado por un convoy; en la misma estación donde Anna, loca de celos, desesperación y, tal vez, arrepentimiento, buscará la huida de su infelicidad entre las ruedas de un tren que es el destino que la aguarda desde el principio, desde que se atrevió a desafiar las leyes de las buenas costumbres, no por ser adúltera, sino por serlo a la vista de todos. Y es que no es el pecado lo que no se perdona, sino su ostentación. 




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