Ristretto 6


En este Ristretto, curiosamente, por pura casualidad, se han unido dos novelas de la editorial Alba, de su preciosa colección Rara avis. Preciosa por la belleza de sus portadas, pero, sobre todo, por la calidad de su selección de novelas. He leído varias y todas ellas me han parecido de lo más estimulante, fresco y agradable de leer, incluso cuando hay muertes, odio y ánimo de venganza. Como dice la descripción de la colección: «Rara Avis es una una colección de clásicos no canónicos especialmente del siglo XX, rarezas inéditas que responden al gusto de hoy». Pues sí, son clásicos, pero de los que enganchan e interesan hoy igual que hace cien años. 



"Mi prima Rachel". Daphne du Maurier

«Hace dieciocho años Ambrose se fue a pasos largos por la avenida y yo lo seguí. Es posible que llevara puesta la chaqueta que llevo yo ahora. Esta cazadora verde con coderas de cuero. Me parezco tanto a él que podría ser su fantasma. Tengo los mismos ojos, las mismas facciones. El hombre que llamó a los perros con un silbido [...] podría ser yo. Bueno, es lo que siempre quise, ser como él, igual de alto, tener los mismos hombros y la misma forma de agacharme, incluso sus largos brazos, sus manos aparentemente torpes, su sonrisa siempre a punto, su timidez en el primer encuentro con desconocidos, lo poco que le gustaban el alboroto y la ceremoniosidad; lo fácil de trato que era con quienes lo servían y lo querían: me halagan los que dicen que yo también soy así; y la fuerza que resultó ser ilusoria, y por eso caímos en el mismo desastre».

Ambrose se fue a pasos largos por la avenida y Philip se quedó en la casa que ambos compartían.  Se quedó a cargo de las tierras, los arrendatarios, el servicio doméstico y todas las tareas propias de un terrateniente de Reino Unido. Salvo sus estancias de interno en el colegio y después en Oxford, Philip no había vivido en otro sitio que la casa solariega de su primo Ambrose «a la que había llegado a los dieciocho meses, cuando mis jóvenes padres murieron. Ambrose, con su extravagante generosidad, se apiadó del primito huérfano y me crio personalmente como si fuera un perrito, un gatito o cualquier otro animalillo frágil y abandonado que necesitaba protección». Ahora, cuando Philip acababa de entrar en la veintena,  se veían obligados a separarse durante la mitad del tiempo.

Desde hacía un par de años la salud de Ambrose le obligaba a pasar el invierno lejos de la humedad y la lluvia incesante de Cornualles, donde vivían. La recomendación médica fue buscar el sol del Mediterráneo, así es que Ambrose viajaba a distintos sitios del sur de Europa cada año, al comenzar el tiempo desapacible, y no regresaba hasta la primavera. Así fue los dos primeros años, pero el tercero, sencillamente, no regresó. 

Tras avisar de que había conocido a Rachel, descendiente de una rama de la familia que se fue a vivir a Italia,  llegaron varias cartas, cada vez más espaciadas, en las que daba noticia de sus citas con la mujer. Finalmente, avisó de que se habían casado y, tras unos tiempos de felicidad, sus cartas cambiaron de cariz, su salud se deterioró y mostraba sospechas que apuntaban a Rachel. Hasta que llegó la última «Por el amor de Dios ven enseguida. Por fin ha podido conmigo, Rachel, mi tormento. Si te retrasas, tal vez sea tarde». Y, efectivamente, Philip llegó tarde. En la villa de Florencia que Rachel había heredado de su primer marido, unos criados, únicos habitantes de la mansión, le comunicaron la muerte de Ambrose.

Cuando meses después, la prima Rachel avisó de su llegada, Philip sintió que el odio que le provocaba la que consideraba responsable más o menos directa de la muerte de su primo iba en aumento. No obstante, convencido por el señor Kendall, su padrino y también su tutor hasta que cumpla los veinticinco años, decidió alojarla en su casa,

«[...] la casa que sería suya si Ambrose viviera. ¿Te das cuenta de que el viaje que ha hecho lo habrían hecho juntos, si las cosas hubieran sido de otra forma? Habría tenido un recibimiento por todo lo alto. Menuda diferencia, ¿eh? Todo el mundo habría acudido a saludarla; los criados, impacientes y emocionados; los vecinos llamando… Pero no: una hospedería solitaria en Plymouth. No sé si será simpática o antipática… cómo voy a saberlo si no la conozco. Pero la cuestión es que no pide nada, no exige nada. Sin embargo, es la señora Ashley. Lo siento Philip».

Para sorpresa de Philip, la prima Rachel no es para nada como se la había figurado, hasta el punto de que, poco a poco, se va sintiendo cada vez más atraído por ella, hasta sentirse totalmente enamorado. Rachel es capaz de cautivar a su primo Philip; al lector, no tanto. La duda entre la inocencia y la culpabilidad de Rachel sobrevuela toda la novela. A pesar de que la primera persona, por parte de Philip, en que está narrada hace que sólo veamos la historia desde el punto de vista de éste, el enamoramiento que sufre no se nos contagia y la duda permanece durante toda la lectura. ¿Estaba realmente Ambrose afectado de una enfermedad que le atacaba al cerebro y que era la missna que ya había terminado con la vida de su propio padre? ¿Eran sus miedos y sospechas fruto del deterioro mental que dicha enfermedad le habría producido? ¿Es Rachel una viuda (por segunda vez) desgraciada o una oportunista que pretende hacerse con la fortuna de Ambrose que ha heredado
Philip íntegramente?

El final se precipita de manera inesperada (o puede que no tanto). He leído en alguna reseña que es un final abierto que no resuelve las dudas. No se hace como crítica sino casi como valor añadido. Todos sabéis que para mí los finales abiertos tampoco son merecedores de crítica, pero el de Mi prima Rachel, desde mi punto de vista, ha quedado perfectamente cerrado. 

La tercera novela que leo de Daphne du Maurier ha sido el tercer acierto con esta autora de la que ya estoy tardando en leer más novelas porque siempre sorprende, entretiene, intriga, interesa y... en fin, que merece mucho la pena.



 "Flores para la señora Harris". Paul Gallico.

«La mujer menuda y delgada de mejillas sonrosadas, cabello canoso y ojos sagaces, casi traviesos, tenía la cara apoyada en una ventanilla del avión Viscount de British European Airways, en el vuelo matutino de Londres a París. Mientras el aparato, con un rugido repentino, despegaba de la pista, a ella también se le levantó el ánimo. Se notaba nerviosa, pero en absoluto asustada, porque estaba convencida de que ya no le podía pasar nada. Sentía la felicidad de quien sabe que al fin se ha embarcado en una aventura al final de la cual le aguarda lo que más desea».

¿Y qué es lo que más desea la señora Harris? La señora Harris desea belleza a su alrededor. «El mundo que frecuentaba la señora Harris, a quien le faltaba poco para cumplir los sesenta, lo caracterizaban un desorden perpetuo, la porquería y el caos». La señora Harris es señora de la limpieza. De la mañana a la noche va de un piso a otro, de un apartamento a una casa, hasta seis veces al día. Le gusta encontrar el caos y dejar el orden tras de sí. 
«Por muy anodina y gris que pareciera su existencia, la señora Harris siempre había deseado verse rodeada de belleza y color, algo que hasta el momento se había manifestado en una gran afición a las flores. Tenía muy buena mano para la jardinería, así como unos conocimientos nada desdeñables sobre la materia, y lograba que las plantas le florecieran allí donde le resultaba prácticamente imposible a otra persona».

No tenía mucho dinero para flores, pero las personas para las que trabajaba le daban las que ya se habían quedado un poco marchitas y que ella era capaz de revivir. También se permitía el lujo de comprarse alguna maceta en primavera. En la lobreguez de su semisótano y de su vida, «Mientras tuviera flores, la vida que llevaba no le inspiraba grandes quejas a la señora Harris». No, al menos, hasta que descubrió que había una belleza mucho más intensa que la del orden o las flores. 

Varios años antes de su viaje a París, trabajando en casa de lady Dant,  la señora Harris abrió un armario para ordenarlo sin saber que aquel anodino gesto iba a cambiar su vida para siempre. De aquel armario salió la belleza en su más pura esencia., «una explosión de satén y tafetán carmesí, adornado con grandes lazos rojos y una enorme flor también roja. Dejó de moverse, como si se hubiera quedado sin habla, porque en toda su vida nunca había visto algo tan emocionante ni tan bonito». Era un vestido de Dior que lady Dant tenía junto a otro a la espera de decidir cuál  se ponía. Era un vestido que costaba cuatrocientas cincuenta libras y cuando la señora Harris se preguntó de dónde sacaba la gente tanto dinero, en realidad se estaba preguntando de dónde iba a sacar ella tanto dinero, porque ya había decidido que ella necesitaba un vestido de Dior.

Y sabemos que, de una forma u otra, lo consiguió porque la conocemos viajando en avión hacia París. Pero saber exactamente cómo lo hizo es una de las delicias de este libro. Como también lo es ver su relación con su única amiga, la señora Butterfield, otra mujer de la limpieza con la que comparte la ilusión semanal por las quinielas; con la que se reúne para tomar el té después del trabajo y quien se ocupará de limpiar las casas de la señora Harris mientras ésta esté en París. Una estancia que iba a durar un día, pero que se alargó una semana.

Durante esa semana conoceremos a nuevos personajes con los que entablará amistad en París, porque la señora Harris es de tal condición que allí donde va deja su huella y hace amigos, da buenos consejos y mejora la vida de los que la rodean. 

El final es  inesperado y lo que podría haber terminado en desastre se convierte, gracias a la buena disposición y al optimismo inquebrantable de la señora Harris, en una maravillosa lección de vida. El libro termina con un abrazo, un abrazo con el que «los estaba abrazando a todos, a madame Colbert, a Natasha, a André Fauvel, hasta a la última costurera y cortadora y al último trabajador anónimo, así como a la ciudad que le había regalado un recuerdo tan inestimable, un tesoro de comprensión, amistad y humanidad».

Flores para la señora Harris es un libro delicioso, con una protagonista que se nos pega a la piel. Ada Harris (¿no había dicho que se llamaba Ada?), debería haberse llamado Hada porque todo lo que toca a su alrededor brilla como si lo hubieran rozado con una varita mágica. Aunque se publicó en 1958, la historia, como es la marca de la colección, sigue vigente, totalmente actual, porque su personaje es universal en el tiempo y en el espacio,  es de esos que mejoran todo  y a todos los que lo rodean. Hay una segunda novela protagonizada por la señora Harris y publicada en la misma colección, La señora Harris en Nueva York, que leeré antes o después, y además hay una tercera y una cuarta entregas sin traducir al español. 

Recomendable para los que gusten de historias frescas, entre la comedia y el feelgood, que sí, que ya sé que no son géneros que me gusten especialmente, pero cuando se tratan bien, y el autor lo hace de maravilla, cualquier género me encandila.

Comentarios

  1. Hola, Rosa. Completamente de acuerdo con lo que dices al final, aunque un género no sea de tus favoritos, siempre encuentras libros que llegan directamente al corazón o a las emociones del lector y siempre merece la pena.
    Coincido por eso también en todo lo que dices de la señora Harris, es un personaje de los que devuelven la fe en el ser humano y en la vida. También he leído el de Nuevs York, me gustó un poco menos pero suele pasar cuando viene detrás de uno que te impacta tanto.
    Y a ver si traducen los que faltan.
    A la prima la tenía apuntada pero andaba con recelo por lo del final que se solía calificar como ambiguo. Hace poco vi al película, que tengo que decir que está muy bien, y me pasó como a ti con el libro, aunque parece que deja duda, el final se ve cuál es. Igual me animo a leerla ahora porque por lo demás me parece una historia muy interesante sobre todo por las intenciones de los personajes.
    Besotes

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  2. Muchas gracias por tus reseñas. No he leído nada de la editorial, así que no conocía ni estos libros ni la colección. Parecen un buen descubrimiento. Un abrazo.

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  3. Buenas tardes, Rosa.
    Hoy traes al blog dos títulos de una de mis colección favoritas: Rara Avis de Alba. Las dos las he leído y he disfrutado, aunque solo he reseñado Mi prima Rachel. Evidentemente, es mi favorita y su autora que me fascina profundamente. No da una puntada sin hilo. En cuanto al final de la novela, esa ambigüedad es marca de la casa (Daphne du Maurier). A mí me parece sugerente pero es cierto que no a todo el mundo gusta por igual.

    Un abrazo, y feliz comienzo de semana!!

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  4. ¡Hola Rosa! sin duda dos delicias que nos reseñas hoy en tu blog y por mas que yo no suela leer clásicos, me dejas con ganas de ambos, quizás más ganas del primero que del segundo. Algunas editoriales son geniales publicando colecciones muy especiales y esta es el caso. La prima Rachel augura ser un personaje de esos que no se olvidan, seguramente de esos oscuros que por fuera parecen ser de una manera y por debajo...
    No prometo animarme porque ya sabes que me cuesta elegir este tipo de lecturas, pero no las doy por imposibles ¿quien sabe? a veces soy muy imprevisible hasta para mi misma, jeje
    Un beso.

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  5. Hola, Rosa. Me encantan las dos recomendaciones. También yo estoy siempre pendiente de lo que publica Alba en sus Rara Avis porque suelen ser cosas muy especiales. Mi prima Rachel no lo he leído todavía pero lo tenía en mente. La señora Harris, sí. He leído los dos que están traducidos y la verdad es que es un personaje que enamora. Un cuento optimista y lleno de bondad que deja una sensación muy agradable. Fantástico este ristretto. Un beso.

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