Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

domingo, 8 de noviembre de 2015

"La Oculta" Héctor Abad Faciolince


Héctor Abad Faciolince es un autor al que conocí hace unos cuatro o cinco años leyendo "El olvido que seremos", una preciosa novela dedicada a su padre, un médico colombiano asesinado en Medellín por ser un hombre bueno, un hombre que lo único que había hecho mal fue crearse enemigos por intentar defender los derechos humanos, por denunciar los asesinatos de los paramilitares, por no callar ante la violencia de la guerrilla. Y, como ya esperaba él mismo, la violencia lo calló en forma de sicario enviado por los paramilitares.
"Después de leer hace algún tiempo El olvido que seremos, la más apasionante experiencia de lector de mis últimos años, deseé ardientemente que los dioses o el azar me concedieran el privilegio de conocer a Héctor Abad Faciolince para poder decirle de viva voz lo mucho que le debía"
Estas palabras no son mías, por supuesto, sino del gran Vargas Llosa, pero suscribo hasta la última comilla desde la primera. Solo que a mí ni los dioses, ni el azar me van a permitir conocer al autor colombiano.
Pero ahora quiero hablar de su último libro, "La Oculta". Había leído buenas reseñas de él y no eran engañosas. Se trata de un libro envolvente que te va arrastrando por paisajes atractivos: Antioquia, el departamento colombiano; Medellín, su capital; Jericó, el municipio del que son originarios los personajes; la Oculta, la finca familiar heredada de antepasados lejanos. 
Paisajes en los que viven y sufren sus peripecias tres hermanos que se van turnando en el uso de la palabra para contarnos una historia que se remonta a seis generaciones atrás, cuando Abraham Santángel, un judío de Toledo, llegó a Colombia a hacia 1786, cuando todavía se llamaba Nueva Granada.
Pilar es la mayor y vive en la Oculta. Es una mujer tradicional que lleva casada con su marido desde los dieciocho años y ha tenido cinco hijos. "A veces pienso que yo fui la última de la familia en vivir como mi abuelita Miriam [...] ¿Cómo será mejor la vida: a la antigua como yo o a la moderna como mis hermanos? [...] ¿Quién vivió mejor? Eso no lo sabe nadie, cada cual hace lo que puede y siente. Nunca se sabe nada". Pilar embalsama los muertos de la familia desde que tenía veintiún años. Eso la ha acostumbrado a
Héctor Abad Faciolince en la finca familiar,
su Oculta particular
sobreponerse al dolor y ha hecho de ella una mujer fuerte capaz de sobrellevar desgracias familiares fuera de lo común, no con resignación, sino con el convencimiento de que así son las cosas y no merece la pena rebelarse porque así van a seguir siendo. Pilar es la que más ama la Oculta, la que ha hecho cosas difícilmente aceptables para mantenerla, pero es que prometió a su padre, en su lecho de muerte, que nunca vendería la tierra, ni siquiera si se estuvieran muriendo de hambre porque "si un día nos estábamos muriendo de hambre, nos íbamos a quitar el hambre cultivando la tierra de La Oculta"; ni siquiera para pagar el rescate del hijo secuestrado. 

Eva es la segunda hermana. Si Pilar fue la última en vivir como su abuela, Eva fue "la primera en vivir como mis hijas". Se pierde la cuenta de los maridos y amantes que ha tenido. Es una mujer libre que vive sola en Medellín, tiene un hijo, Benjamín, al que tuvo "con uno de sus maridos, sí, con el segundo, pero mucho después de haberse separado de él, [...] Eva se limitó a pedirle la fecundación y el apellido, como un favor especial"
Eva no ama La Oculta. Eva no quiere propiedades, que atan y molestan y lastran la vida: Sólo quiere tener una habitación donde dormir y la plata justa para comer. Piensa que debería regalar su parte a sus hermanos y si no lo hace es por su hijo "quizá sean los hijos lo que nos hace egoístas, lo que nos hace pensar en la propiedad, cuidar la propiedad como si fuera comida para el hijo"  
Antonio es el pequeño. Vive en Nueva York donde es el último violinista, pero en una gran orquesta, y está casado con Jon, un pintor negro con el que vive en Harlem, porque Antonio es homosexual y, al igual que Abraham, su antepasado judío, huyó de Toledo dos siglos antes, él huyó de Colombia buscando tierras donde su condición no fuera un estigma. De manera que después de vivir la primera mitad de su vida como Eva, buscando hombres y probando distintas parejas, de pronto conoció a Jon y, desde entonces vive como Pilar, aunque "con ciertas breves aventuras" porque nadie es perfecto y porque "el Dios de los creyentes es un exagerado. La moral aprendida es muchísimo más rígida que las inclinaciones del cuerpo"
La relación de Antonio con la finca es ambigua. Añora el lugar, su tranquilidad, su historia. Añora la añoranza, las visitas de infancia a los abuelos, las vacaciones, el primer amor. Quiere volver, pero algo le dice que aquel no es su sitio, que allí echaría de menos el bullicio, el ruido y las mil actividades de la ciudad. O eso quizás lo saben el lector y Jon, y Antonio no se ha dado cuenta aún.
Antonio es el historiador de la familia. Quiere apoderarse del pasado puesto que su condición de homosexual y el no poder tener hijos propios, le impide proyectarse en el futuro. Indaga en un pasado que se remonta al primer Santángel, Abraham, venido de Toledo, buscando una tierra en que su nombre "no fuera un estigma, y allí, algunos años después de llegar a Antioquia, del vientre de su mujer, Betsabé, nació Ismael, el quinto de sus hijos. Ismael con Sara engendró a Isaías, que con su esposa Raquel engendró a Elías, quien con su esposa Isabel tuvo un hijo de nombre José Antonio, del cual con Mercedes nació Josué, quien se casó con Miriam, que parió a Jacobo, mi padre, que con mi madre, Ana, tuvo también a mis dos hermanas, Pilar y Eva, y me tuvo a mí". Con este estilo bíblico, nos cuenta Antonio toda la genealogía hasta llegar a su propia generación.
Desde que llegaron, los Santángel trabajaron duro ganando espacio a la selva, desbrozando laderas y allanando pendientes, y recibieron en pago a su ayuda unas tierras que, poco a poco, generación tras generación, se fueron vendiendo y repartiendo hasta no quedar más que esta finca, la Oculta, en manos de la familia.
Es Antonio el que nos va contando la historia familiar a lo largo de los dos siglos que los Ángel (así quedó reducido el apellido del patriarca Abraham) llevan en el país.
Eva y Pilar nos cuentan la historia más reciente, la que entronca directamente con la Oculta porque
la Oculta es la verdadera protagonista de la historia. Es la finca que a todos amalgama y reúne, donde pasaban Navidades y Semana Santa hasta que murió Ana, la madre de los tres hermanos. Es la finca en la que casi matan a Eva los paramilitares; la misma finca a la que unos años antes habían llegado los de la guerrilla y se habían llevado a Lucas, el hijo mayor de Pilar, al que tuvieron secuestrado nueve meses. Y es que la finca es un resumen de Colombia, una metáfora del país. La finca como el país sufrió "primero los guerrilleros, dizque para devolverles la tierra al pueblo, a los pobres, [...] Mentirosos. Para quedarse ellos con la plata de los secuestros, [...] Y después los paramilitares, dizque para protegernos de los guerrilleros. Embusteros: para apoderarse ellos también de la tierra, por las buenas o por las malas [...]Para entregar esa tierra a los mineros y a los narcos, sus aliados más cercanos"
Una historia dura, con la dureza que la Historia ha arrojado sobre algunos países, pero una historia que destila belleza y sentimientos, olor a sancocho y a cafetales húmedos, donde se cultiva teca y café y se hace siesta en una hamaca y las noches son cálidas y aromáticas. Donde hay una selva amazónica que es un resto de la "Amazonia antiquísima, lo único que queda de la Amazonia antigua, la primordial, cuando el río Amazonas desembocaba en el Pacífico. Luego los Andes se habían elevado cerca del océano, y al río Amazonas le había tocado invertir su curso, por todo el continente americano, hacia el otro lado por planicies interminables, hacia el Atlántico. Del lado occidental había quedado un solo pedazo intacto de la selva amazónica primordial, la original, pues aquí la cordillera de los Andes se había levantado un poco más tierra adentro: y ahí estaba, impenetrable, con plantas amazónicas más antiguas que las de la otra Amazonia, una foresta única, húmeda y dura, impenetrable, antigua como la selva más antigua del planeta, lluviosa como la zona más lluviosa de la Tierra"
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13 comentarios:

  1. Mi (mala) memoria me indica que aún no he leído nada de este autor, pero anoto tu recomendación, sin duda. Dime, Rosa, ¿escribe con ese español maravilloso que es habitual en Colombia?

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  2. Quizás un poco suavizado, pero sí, su lenguaje tiene música colombiana. Cualquiera de las dos novelas es muy recomendable.
    Un beso.

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  3. Buena recomendación. tuve este libro en mis manos y ¡Fíjate no me la atención! Ahora con esta reseña lo tengo más claro, ¡No sé porqué me suena al estilo de La casa de los espíritus, naturalmente con otra temática.
    A lo mejor es, por la forma de narrar como dice Carmen. Con esa "Lengua-melodía" que tienen en común muchos países hispanos.
    Agradecido.
    Besos

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  4. Respuestas
    1. No te preocupes, Francisco. A mí también se me escapan las letras, las palabras y las ideas. Pues es una lástima que no te decidieras a comprarla porque merece la pena. No tiene tanta magia como "La casa de los espíritus" y sí mucha más dureza. Es otro estilo.
      Un abrazo.

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  5. Como a Carmen es un auténtico desconocido para mi. Me gustan las sagas familiares de las que entrocan con pasados muy remotos. La apunto.

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    1. Pues la saga familiar se remonta a dos siglos y seis generaciones. Y la historia actual se remonta a toda la dureza imaginable en Colombia durante los peores años de la guerrilla y los paramilitares. Y muy bien escrita.

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  6. Rosa, no he leído el libro (claro), pero tu reseña sí ha conseguido que imaginase ese ambiente, por lo demás, duro, porque es esto lo que iba pensando a medida que te leía, y con lo que tú has concluído.

    Como siempre, el post está escrito fenomenal, con nueva letrita y todo, qué artista eres ;-)

    ¡Besos!

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  7. Me alegro de que te haya gustado la reseña. Desde luego, para ser en un ambiente tan duro y contar situaciones límites, lo resuelve con poco dramatismo y mucha ternura y sentimiento. Se trata de un gran escritor del que pienso leer más cosas.
    He probado con varias letras y esta me ha gustado, pero... igual la cambio aún.
    Besos.

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  8. Esas sagas familiares y esa forma de contarlo que nos describes ya me llama mucho la atención. No conocía ni al autor ni el libro pero esto ya no es nada raro en mí si se trata de los libros que lees.
    Gracias Rosa por abrirme horizontes en lecturas que ni siquiera sabía que existen. Te avanzo que el próximo libro que leeré en cuanto termine el que está en curso es "Callejón de Dolores" que lo tengo en espera desde que leí tu reseña correspondiente (otro autor y otro título que desconocía completamente)
    Un beso

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    1. Pues nada, a apuntar. también tú me has mostrado cosas que desconocía y me has animado a leer otras ya conocidas. tengo mucha curiosidad por saber qué te parece "Callejón de Dolores". A mí, ya sabes que me gustó mucho.
      Un beso.

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  9. No he leìdo nada de este señor, pero en general tengo muy buena percepciòn de los autores colombianos. Su estilo en muy colorido y por ser literatura hispana, asemeja sus parajes y sus estancias a los de mi paìs por lo que me resulta una lectura amena y muy familiar.

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    1. Pues, aunque es un libro un poco duro, como la historia de Colombia, está escrito con mucha sensibilidad y no llega a hacerse muy agobiante. Merece la pena.
      Un abrazo.

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