Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

martes, 24 de enero de 2017

"El bar de las grandes esperanzas" J. R. Moehringer

"Cuando me hizo sentir que no había nada malo en que me gustaran los bares, que criarse en un bar no le quitaba a un joven la posibilidad de triunfar, de ser feliz, de amar a alguien como Sidney, me dieron ganas de subir corriendo al estrado y darle un abrazo". Y ese ser maravilloso, al que nuestro protagonista siente ganas de abrazar para manifestarle su inmensa gratitud, no es otro que Frank Sinatra cuyos discos fue lo poco que su padre le dejó cuando desapreció.
J. R. Moehringer ha crecido con muchas carencias, deseando desde muy pequeño muchas cosas de las que, sólo ahora, adulto, al repasar su vida, es capaz de darse cuenta. "Mi lista de necesidades era larga. Hijo único, abandonado por mi padre, necesitaba una familia, un hogar. Y hombres. Sobre todo hombres. Los necesitaba [...] como una especie de contrapeso masculino de mi madre, mi abuela, mi tía y las cinco primas con las que vivía".
Y ¿dónde encontrar mejor ambiente masculino, lleno de mentores sustitutos del padre, que en un bar? Muy pronto la vida de J.R. se verá ligada al Dickens y a sus parroquianos. Allí terminará su infancia y comenzará su adolescencia y tomará, tal vez, más copas de las aconsejables a una edad más temprana de lo aconsejable, y estará a punto de perderse y se encontrará y se volverá a perder varias veces.
Pero eso será más tarde, mucho más tarde, porque, de momento,  no es más que un niño que busca a su padre en las ondas radiofónicas de Nueva York, en las que Johnny Michaels (él sí consiguió cambiarse de nombre) trabaja de D.J. Noche tras noche, el padre de J. R. hablaba "frente a un micrófono situado en algún punto de Nueva York, y su voz redonda, de barítono, viajaba Hudson abajo, cruzaba la bahía de Manhasset, ascendía por Plandome Road y, una fracción de segundo más tarde, salía de la radio verde oliva que reposaba sobre la mesa de la cocina del abuelo".
Plandome Road es la calle en la que vive nuestro narrador y en la que, unos números más abajo, se encuentra el "Dickens", el bar que forjará su futuro. Manhasset es su pueblo. Se encuentra situado en una bahía de Long Island, a veintisiete kilómetros de Manhattan; "es la ciudad de esa pesada mentirosa que es Daisy Buchanan"Y es que Manhasset es el lugar en el que Scott Fitgerald situó los acontecimientos de "El gran Gatsby", aunque él lo llamó East Egg.
Allí, en aquella cocina, en aquella radio verde oliva, J.R. busca a su padre a quien, a imitación de su abuela, llama La Voz (sí, como La Voz que descubrirá más tarde en los discos de su padre y a la que querrá abrazar en la universidad de Yale muchos años después). Busca sentirse cerca de aquella voz que, sintonizada una y otra vez en distintas frecuencias cada vez que cambia de ciudad o de emisora, representa al padre que lo abandonó siendo un bebé. 
Pero los padres no siempre son lo que soñamos, ni siquiera lo que, tímidamente y sin exagerar, nos gustaría que fueran. Desengañado de su padre y dejando de lado de momento, siempre de momento, las expectativas puestas en él, empieza a buscar la figura paterna en otros hombres, y esos hombres son los amigos del tío Charlie a los que conoce en el verano de sus once años y con los que empieza a compartir días de playa en Gilgo Beach, tardes de partidos de los Mets y noches de bar sin alcohol.
Desengañado de su padre, muchos años después de tomar contacto con el Dickens, ya adulto, intentará cambiarse de nombre, tras enterarse de que Moehringer procede de un vecino alemán de su abuelo. "Debía librarme del JR, del Junior, y del Moehringer, dejar a un lado aquellos pesados símbolos, y sustituirlos por algo normal, por un nombre que no proviniera de un vecino alemán que el padre de mi padre había asumido como propio". No fue posible el cambio en aquel momento. Se gastó en una borrachera épica el dinero necesario para el papeleo. No se lo cambiaría nunca, al menos hasta el momento.
El bar es el verdadero protagonista de la novela. Tiene su historia. Siempre había habido un bar en aquella esquina y en otras muchas esquinas de Mahasset porque el pueblo es famoso por dos cosas: el lacrosse y el alcohol. 
Nuestro bar, fue un bar más del pueblo durante mucho tiempo. Había cambiado de nombre y dueño varias veces desde el principio de los tiempos. Y el principio de los tiempos en Manhasset coincidía con el final de la Prohibición. Pero eso cambió aproximadamente cuando nosotros lo conocemos, cuando nuestro personaje lo conoce. En la década de los setenta, Steve lo compró, le cambió el nombre y lo llamó Dickens, nombre que situó debajo de la silueta del escritor en caracteres ingleses antiguos. Durante las décadas de los setenta y ochenta, el "Dickens" dejará de ser un bar más. Durante esos años, el Dickens y Steve se convertirán en el referente de Plandome Road. "Steve creía que la barra de un bar era el punto de encuentro más igualitario de todos los que existían en América".  
Hombres, alguna mujer y un niño, encontrarán en los brazos paternales de Steve, en su maravillosa sonrisa de gato Cheshire, entre las mesas del restaurante o la barra del bar, la dosis justa de alcohol, conversación y comprensión que iban buscando noche tras noche. El niño no encontró alcohol, claro, eso sería mucho después. Primero encontró la complicidad y el cariño del tío Charlie, camarero del Dickens, y sus amigos. 
J. R. Moehringer
Y los amigos del tío Charlie, son para J. R. el sustituto del padre que lo ha decepcionado sin llegar a conocerlo. Colt, cuya voz tan semejante a la del oso Yogui dejará hipnotizado a J.R. a quien le parece que siempre está animando a Bubu a robar una cesta de picnic; Joey D, "un gigante con una mata pelirroja en lo alto de una cabeza anaranjada, y con unos rasgos que parecían pegados con cola a la cara en ángulos raros. Parecía hecho con las partes sobrantes de distintos teleñecos" y que cuando hablaba soltaba, como repentinos fogonazos, frases enteras, sin separación entre las palabras y que parecían ir dirigidas al bolsillo derecho de su polo, como si todo lo hablara con algún ratoncito que vivía dentro; Bobo, el más guapo, destilando siempre por sus poros el olor al whisky de la noche anterior y de los litros de aftershave con que intentaba disimularlo. 
Con ellos conoce el Dickens a la temprana edad de once años y solo muy tarde, mucho tiempo después, podrá escapar a su influjo. 
Con ellos tomará muchas cervezas ilegales para su edad adolescente, celebrará su mayoría de edad y beberá sus primeras copas legales, compartirá sus fracasos amorosos y sus ansias por encontrar a su Daisy Buchanan particular, la que todo Gatsby busca a pesar de merecer algo mejor. 
En el Dickens, después rebautizado como El Publicans, buscará refugio a todas sus frustraciones, tristezas y desengaños y será su paraíso desde la infancia hasta bien entrado en la juventud, casi madurez. 
Pero los paraísos siempre acaban por desaparecer.  Los acontecimientos se desencadenan, los lugares amados y amables se pueden transmutar en algo hostil, algo que incomoda e incluso espanta. Llegó un momento en que el Publicans, tal vez, habría podido sobrevivir a pesar de todo, pero lo que ya había muerto era la sensación de que era un refugio para los que así lo habían sentido durante tantos años. De repente, en un momento, una llamada avisa de lo irremediable. "En lo que tardaba un hombre en caerse por las escaleras, el Publicans había pasado de refugio a prisión, como les ocurre tantas veces a los refugios". Y, como J. R. sabe muy bien, en el Publicans se caía mucha gente.
J. R. Moehringer es un periodista galardonado con el Premio Pullitzer de periodismo en el año 2000. Trabaja para Los Angeles Times como corresponsal nacional. 
"El bar de las grandes esperanzas" es su primera novela y es una crónica tierna y sincera de la relación de un niño con un bar y sus parroquianos, de cómo un bar y los hombres que en él consumen sus días pueden ayudar a un niño a superar su necesidad de un padre aun a riesgo de dejarlo atrapado en sus redes de alcohol e indolencia.  Y es la historia del bar, uno de esos bares genuinamente americanos que estamos acostumbrados a ver en series y películas, con su larga barra llena de taburetes y sus reservados alineados en la pared opuesta, en los que todos se conocen, en los que todos encuentran refugio y calor para abrigar sus frustraciones y sus carencias, en los que abundan las risas, la camaradería, las burlas, más o menos bien intencionadas; en los que se fuma en secreto y se bebe en público y, a veces, pero solo a veces, "la tercera copa corre a cuenta de la casa".



18 comentarios:

  1. Ayyyyy este sí que me apetece!!!! Menuda pintaza, y las referencias a Gatsby lo hacen ya del todo tentador, jejeje.
    Muchos besos.

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    1. A quien le guste la literatura estadounidense, ha de gustarle este libro. Muy recomendable.
      Un beso.

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  2. Para ser su primera novela me sorprendió gratamente. La lectura de este libro me trajo a la memoria una serie americana, de principios de los noventa, ambientada en un bar de Boston. Hablo de Cheers, una serie donde un grupo de clientes habituales del local se reunían para beber y desconectar de sus complicadas vidas. Besos

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    1. De Cheers solo vi algún capítulo suelto. Por aquella época no era yo mucho de series. A mí me ha recordado al bar de la serie "Shameless" y al de "Empire Falls" y también a muchos de los que se ven n muchas películas.
      Veo que también te gustó la novela. A mí me la recomendó una amiga y ha sido muy de agradecer.
      Un beso.

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  3. Vengo leyendo varias reseñas positivas de esta novela aunque la tuya es la que me ha dado más detalles. Parece una lectura entrañable tanto por el desamparo del chico como por el ambiente de ese bar. Mi duda es si aparte de eso podría ofrecerme algo más. De momento lo sigo dejando en interrogante.
    Besos

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    1. Creo que puede ofrecerte más cosas, no las mismas que a mí, sino otras que solo tú, o tú de distinta manera que los demás, percibes. Cada uno leemos las novelas a nuestra propia manera y desde nuestra situación y circunstancias. Si te animas, espero que te sientas satisfecha.
      Un beso.

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  4. A mí me gustó mucho. Recuerdo especialmente de ella las referencias literarias a Scott Fitzgerald, Hermano Melville y sobre todo Diciendo. Luego está el asunto de la afición a la bebida de los irlandeses y la gran camaradería existente entre ellos. La referencia de Marina Córdoba a Cheetos me parece acertada, ¡y divertida!
    Una reseña excelente, Rosa, como siempre
    Un beso

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    1. Me ha gustado mucho el libro y veo con sorpresa que muchos lo habéis leído. Yo supe de él por una amiga y no he visto ninguna reseña ni más referencias a él.
      Es un libro que, siendo autobiográfico y de manera patente (el autor ni siquiera le cambia el nombre al personaje), destila una enorme sinceridad, y eso que hay cosas que cualquiera querría borrar de la memoria propia y, más aún, de la ajena.
      Como le digo a Marina, no seguí Cheers, pero en el Dickens, veo un montón de bares americanos de series, películas y reales.
      Un beso.

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  5. Pues me sorprendió la destreza narrativa del autor y aunque hubo momentos que tanta anécdota en el bar me saturó un poco, en conjunto me gustó.
    Un beso

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    1. Es para gustos, pero a mí me encantan las escenas que suceden en el bar. En todas las series y películas en que aparecen este tipo de bares, me encanta lo que en ellos ocurre. Y en esta novela especialmente. No obstante, lo que más me gusta es esa vulnerabilidad del niño, cómo el bar y sus clientes lo salvan del abandono y cómo está a punto de naufragar en en los vapores del alcohol. Y cómo, milagrosamente y por pura casualidad, sale de ese mundo y retoma su vida de adulto solo.
      No me enrollo. Ya ves que me ha encantado.
      Un beso.

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  6. Por tu resumen y los comentarios halagüeños de los demás parece bueno. Me llama la atención que el bar se llamara el Dickens y que el título incluyera "grandes esperanzas", como la obra de Charles Dickens. Bueno, otro más que incluir en la lista.
    Muchas gracias, Rosa. Un beso.

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    1. Ángeles, he de decir que pensé mencionar el hecho del título y su relación con el nombre del bar, pero llegó un momento en que me pareció que ya no podía meter más cosas porque la reseña estaba saliendo abultada y diversa, pero sí, tienes razón. Está claro que el autor lo ha hecho con toda intención.
      No lo dejes pasar. Se disfruta mucho.
      Un beso.

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  7. Mira que te dejo este comentario simplemente como cortesía y sin leer la reseña que hiciste. No porque no te quiera o no me interese lo que escribes sino porque el siguiente libro que me voy a leer es el que reseñaste.
    ¿Me sabrás disculpar?
    Besos

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    1. Sé que me quieres y que te interesa lo que escribo. Por eso te disculpo, pero con una condición: cuando hayas leído el libro, te vuelves a pasar por aquí, me lees y me dices lo que te ha parecido, el libro y la reseña. Y si tú pudieras hacer la tuya propia, yo la leería encantada.
      Un beso.

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  8. Ay Rosa, a mí me ha parecido espléndida tu reseña pero no lo voy a anotar porque tengo que seleccionar un poco (o un mucho ya, vaya).
    No conocía el libro pero desde luego el título es acertadísimo y acorde con lo que después nos cuentas respecto a la complicidad y cariño que encuentra J.R. en esa búsqueda de la figura paterna.
    ¡Un besazo!

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    1. Es una pena no poder leer todo lo que se ve por los blogs que tiene buena pinta, pero desde luego, hay que seleccionar.
      Yo tampoco sabía nada del libro ni del autor, pero por lo que comenta Lorena, más arriba, ha debido de ser bastante reseñado.
      Un beso.

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  9. Reconozco que presentas las novelas de tal manera que dan ganas de leerlas. Pero esta la dejo pasar, como estoy dejando pasar muchas otras que me interesan mucho, ahora mismo no puedo concentrarme en casi nada. Llevo con un libro de aventuras (mi género preferido) más de 15 días y no avanzo.
    Un beso.

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    1. Hay años en que una no desenvuelve aficiones y todo se va en obligaciones.
      Yo, por suerte o por desgracia, he pasado, estoy pasando, una época en que lo que falta no es tiempo para leer. En un hospital, de acompañante, es lo que sobra. Lo que falta es ánimo, tranquilidad y buen rollo. Aunque creo que al tema literario, le estoy sacando provecho.
      Ánimo, amiga. Tu agobio pasará y saldrá el sol y brillará la luna y leerás todo lo que te apetezca.
      Un beso.

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