"El señor Fox" Joyce Carol Oates
«En una maraña de juncos aplastados
yace la ensangrentada cosa-carne lacerada y desgarrada, un objeto insustancial
en sí mismo, del tamaño de un roedor pequeño, pero sin ojos, en principio sin
visión, sin duda hay más, en algún lugar no muy lejos hay más, pero ella está
tan emocionada de descubrir este bocadito, esta muestra, sus pequeñas
mandíbulas se cierran para reclamar el trofeo, lo menean para romperle el
cuello, para apagar cualquier vida que tuviera si fuese un ser vivo y no
meramente carne, carne humana a juzgar por el olor.
—¡Lady Di! ¡¿Qué es eso que tienes
en la boca?!»
Después vendrán más hallazgos hasta que el día 31 los hermanos Healy, Marcus y Demetrius, encuentran el coche del señor Fox en el fondo de un barranco. Hay también lo que parecen restos humanos inconexos. ¿Trozos de un cadáver desmembrado por los animales?
«Marcus está de pie junto a Demetrius, que señala sin decir nada hacia un barranco de unos nueve metros de profundidad, tiene que aguzar la vista para ver lo que parece… ¿un coche? Un coche blanco volcado en agua poco profunda, con el maletero abierto de par en par, las ruedas traseras y el parachoques trasero salpicado de barro.
¡Un accidente de coche! El coche se había caído al barranco. [...]
Pero Demetrius sigue señalando hacia el barranco, y ahora Marcus ve algo más junto al coche: ¿un brazo? ¿Un brazo humano?
Una mano apenas unida en la muñeca, sin varios dedos, muy mutilada, como si algún animal la hubiera masticado o picoteado».
¿Se trata del cadáver del señor Fox que se supone que ha ido a Nueva York a pasar las vacaciones de otoño? De ser así, la conmoción será intensa porque el señor Fox es el profesor con más carisma, más apreciado por los alumnos de séptimo y octavo a los que da clase de Literatura, apreciado sobre todo por las alumnas, adolescentes de doce y trece años y enamoradas de él casi sin excepción.
Y en eso consiste la primera parte de la novela: en la narración, magistral como suelen ser todas las de la autora, de los distintos encuentros que culminan con el del coche y el cadáver. Pero no, no sólo consiste en eso, porque mientras nos cuenta esos encuentros, nos va dando idea de los distintos personajes que los protagonizan. P. Cady, el señor Pfenning y su hija Eunice, Marcus y Demetrius Healy, todos ellos quedarán ya retratados y sabremos además las circunstancias en que viven y muchas cosas que con cuatro pinceladas quedan claras desde el principio.
«Desde la separación, ha habido cierta incertidumbre económica en la familia. De pronto Pfenning está manteniendo dos hogares con su (limitado) salario.
Eunice en modo interrogante. Fingiendo una ingenuidad que no es genuina, pues Eunice es muy inteligente, al menos de manera intelectual.
Este Papá, cuando está lejos de su hija, su única y adorada hija, suele sentir ansiedad, incluso angustia; pero cuando está con su hija durante un largo rato, enfrentado a la mirada intensa y curiosamente apagada de la niña, que parece penetrarle el alma y verle defectos, se descubre a sí mismo deseando alejarse, escapar».
La mayor parte de la narración va de finales de agosto hasta esas vacaciones de otoño en que aparecen el coche y los restos humanos en el fondo del barranco. Es en agosto cuando P. Cady tiene que cubrir la plaza de una profesora que se jubila. Está dispuesta a contratar a una mujer de alguna minoría étnica. Entre los candidatos hay un solo hombre, blanco para más señas y Cady no tiene la menor intención de decantarse por él... hasta que tienen la primera conversación y Francis Fox la cautiva totalmente hasta el punto de hacerle decir «—Necesitamos hacerle a este candidato, a Francis Fox, una oferta que no pueda rechazar».
Y es así como Francis Fox se convierte en el mejor profesor de la Academia Langhorne, justo dos meses antes de esas fatídicas vacaciones de otoño. Es en ese momento cuando comienza a girar la maquinaria que triturará entre sus ruedecillas implacables a tres alumnas de la academia: la angelical y preciosa Genevieve Chambers; la sensible, terca y escasa de salud, Eunice Pfenning; y la chica becada y un tanto acomplejada por su prematura madurez física, Mary Ann Healy. Tres alumnas muy diferentes, con sus problemas, con las circunstancias familiares que las rodean, con las distintas situaciones de sus parientes más cercanos, pero unidas por los mismos deseos y la misma ilusión.
Pronto entra en escena el Inspector Zwender que tendrá que empezar a investigar los hechos. ¿Accidente? ¿Suicidio? ¿Algo más siniestro? Pero nada tan siniestro como lo que Zwender descubrirá a poco de comenzar la investigación y cuando ya se sabe cuál es la identidad del muerto. Nada, ni por asomo tan siniestro, como lo que el lector ha ido intuyendo, imaginando y descubriendo al conocer a Oso de Peluche, al Señor Lengua, a la Pequeña Gatita.
«¿Quién está aquí?… Vaya, ¡el señor Lengua está aquí!
¿Quién viene de visita?… Vaya, ¡el señor Lengua viene de visita!
El señor Lengua dice: ¡Ho-la, ma chère Pequeña Gatita!
El señor Lengua dice: ¡Cierra los ojos, ma chère Pequeña Gatita!
El señor Lengua dice: ¡Cierra los ojos, ma chère Pequeña Gatita, porque el señor Lengua no vendrá de visita a no ser que esos ojos de chocolate Godiva estén cerrados! Bien cerrados».
Estamos ante una de las novelas más perturbadoras de Joyce Carol Oates, y mira que tiene novelas perturbadoras. Estamos ante una obra magnífica, tan magnífica que me he sorprendido pensando que es la mejor novela de la autora, y mira que tiene novelas buenas. Y sé que esto es subjetivo, faltaría más, pero a falta de objetividad, no se me puede reprochar falta de conocimiento de la narrativa de la autora. Subjetivamente, sí, tengo material suficiente para comparar y para decir que, siempre desde mi punto de vista, ésta es, tal vez, la mejor novela que he leído de Joyce Carol Oates peleando el puesto con Un libro de mártires americanos.
Estamos ante una novela compleja, pero como suelo decir no complicada. Es compleja en su estructura porque va y viene en el tiempo, salta del punto de vista de un personaje al de otro, alterna la tercera persona con la segunda y la primera. Utiliza diversos recursos como noticias de prensa, partes de diarios personales, etc. Nos narra episodios muy distintos, acaecidos en distintos sitios y lugares, y protagonizados por distintos personajes, y consigue que todo encaje a la perfección sin que le sobre ni le falte la pieza más minúscula. Es, para mí, una novela extraña, perturbadoramente perfecta.
La lectura de El señor Fox ha sido una lectura conjunta, un Debate a tres con Marian, del blog Marian lee más libros, y con Marianna, del blog Los libros de Mava. En los enlaces correspondientes puedes leer las reseñas respectivas.
Las novelas que he leído de la autora en orden de lectura y con enlace las que aparecen en el blog son:
- "Puro fuego" (2008).
- "A media luz" (2009).
- "Las hermanas Zinn" (2009).
- "La hija del sepulturero" (2010).
- "Ave del paraíso" (2011).
- "Una hermosa doncella" (2012).
- "Mamá" (2013).
- "Bellefleur" (2013).
- "Un jardín de placeres terrenales" (2013).
- "Hermana mía, mi amor" (2014).
- "Mujer de barro" (2014).
- "Blonde" (2015).
- "Carthage" (2015).
- "Infiel" (2016).
- "Rey de picas" (2017).
- "Qué fue de los Mulvaney" (2017).
- "Un libro de mártires americanos" (2018).
- "Persecución" (2020).
- "Mágico, sombrío, impenetrable" (2020).
- "Niágara" (2021).
- "Delatora" (2021).
- "El legado de Maude Donegal/El hijo superviviente" (2022).
- "Marya" (2022).
- "Memorias de una viuda" (2022).
- "Babysitter" (2022).
- "Violación: una historia de amor" (2023).
- "Monstruo de ojos verdes" (2023).
- "Noche. Sueño. Muerte. Las estrellas" (2023).
- "48 pistas sobre la desaparición de mi hermana" (2024).
- "Carnicero" (2025).
- "El señor Fox" (2025).




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