"Tinta y sangre" Han Kang


«Cada vez que pienso en Kang, aprieto los dientes y reprimo un quejido de dolor; froto la mejilla febril contra la colcha, que noto helada. Él se quedó con todo lo que Inju dejó atrás: sus pinturas, sus escritos e incluso su olor. Como un loco, pasa las noches en vela en ese taller helado. Atribuye la muerte de Inju a un suicidio con una lógica imbatible, convierte su vida en un melodrama y moldea su biografía con palabras como si su espíritu le perteneciera. Todos estarán de acuerdo con lo que diga. Al pasar las páginas de su libro y al mirar las reproducciones de las obras, sentirán compasión y se estremecerán ante esa heroína trágica. Al ver sus ojos tristes en la foto, disfrutarán de una compasión malsana, sentirán una secreta satisfacción. No tengo fuerzas, no tengo fuerzas para frustrar todo esto».

Kang es Kang Seogwon, nada que ver con la autora. Al menos, que yo sepa. Kang Seogwon es un personaje de este libro. Un personaje que la narradora, Lee Cheonghee, no conoce de nada y, sin embargo él es quien parece haber estado más cerca de Seo Inju, amiga desde la infancia de Cheonghee, durante sus últimos meses antes de morir en un accidente de tráfico hace algo más de un año. «[...] parecía conocerla bien. Lo suficientemente bien como para tener una llave del taller de Inju y como para encargarse de ordenar sus pertenencias tras el accidente. ¿Habrían mantenido en verdad una relación íntima, como cabía suponer dadas las circunstancias?»

A retazos y sin seguir una línea temporal, Cheonghee nos irá mezclando el pasado con el presente. El presente consistirá en su investigación sobre los últimos días de Inju antes del accidente, una época en la que las amigas no habían tenido mucha relación. Todo comienza con la llamada de Kang que la cita en un café. Kang ha escrito un libro sobre la pintora y en él plantea que el accidente en el que murió Inju fue en realidad un suicidio, algo que Cheonghee no está dispuesta a admitir de ninguna manera. Como tampoco está dispuesta a permitir qué la vida de su amiga, a la que tan bien conoció, se convierta en un melodrama para lectores morbosos. 

«¿Que Inju se había suicidado? ¿Cómo podía estar tan seguro? ¿Qué sabía él de esas pinturas? ¿Qué buscaba al hablar de cosas de las que nada sabía? Si me contradecía, si insistía en afirmar que Inju había girado el volante para caer adrede por el precipicio cubierto de nieve, si llegaba a decir que estaba seguro de que se había suicidado y que las pinturas encontradas en su taller eran la prueba, me sentía capaz de matarlo allí mismo».

De manera que, espoleada por Kang, Cheonghee comenzará a investigar y sus investigaciones la llevarán, y llevarán al lector, a descubrir aspectos de la vida de la amiga que la narradora desconocía. Buscará y tratará con las últimas personas que frecuentó Inju en una época en que no tuvo mucho trato con Cheonghee. Tratará de contactar con el ex marido y con el hijo de la pintora, y poco a poco, por medio de cartas, entrevistas y conversaciones varias, sabremos de los últimos pasos de la mujer en este mundo antes de que su coche se lanzará al vacío por el precipicio en una noche de nieve en el paso de Misiryeong.

Y, como digo, mientras se desentraña lo más cercano, vamos asistiendo al pasado y Cheonghee nos va narrando su relación con Inju y con el tío de ésta. Ambos eran pintores y también la narradora hizo sus pinitos en ese arte. Y sabremos cómo se gestó la amistad entre ambas jóvenes cuando iban al colegio. 

«El día que la vi por primera vez, Inju corría por la pista de atletismo del colegio después de clase. Tenía trece años, un año más que yo, y era una velocista de la que nadie habría imaginado entonces que más tarde se convertiría en pintora. Cuando estaba en sexto de primaria, había ganado la medalla de plata en la competición de atletismo infantil como representante de Seúl. Alta y con unos rasgos bien definidos y andróginos, era admirada por muchos niños».

Desde que inician su amistad la narradora pasará mucho tiempo en la casa de Inju y su tío con el que establecerá una relación que va más allá de la amistad. Sabremos de los encuentros y desencuentros de las dos jóvenes a lo largo de los años. Desencuentros que siempre eran decididos por Inju y provocados  por causas varias «Creí que sería por uno o dos meses, nunca me imaginé que Inju se alejaría de mí tanto tiempo. Pasó un año»

Pero aún se remontará más al pasado porque mientras investiga el presente se encontrará, sin pretenderlo, con una historia que se remonta muchos años en el tiempo. Ésta nos vendrá en forma de una carta que recibe Cheonghee y que es la que puede tener las claves de lo sucedido. La carta viene además acompañada de un consejo:
 
«Si me lo permite, le daré el único consejo que puedo ofrecerle, el mismo que quise darle a su amiga. No, se lo daré de todos modos, sin pedirle permiso.
Cierre la tapa de los ataúdes de los muertos, séllelos con clavos y entiérrelos para siempre. Deje atrás esos rostros, esas pupilas. Olvídese de los remordimientos y su resolución».

La vida y la muerte, la vida cuando la muerte nos despoja de los pilares que constituyen nuestro sustento; la soledad, los recuerdos, el arte como expresión de toda una vida, las estrellas... ¿No he hablado de las estrellas? El tío de Inju, y la propia Inju en sus últimos tiempos, pintaban estrellas, brillantes estrellas blancas (salvo una azul) sobre inmensos fondos negros. Todo ello tan solo con tinta y agua. Pero no solo como objetos de arte tienen importancia las estrellas en esta historia. Cheonghee tiene también un libro, un libro que le regaló el tío de Inju, un libro de Astrofísica del que la narradora nos comparte, sobre todo al principio, muchas citas. Sé que hay lectores a los que esas interrupciones acerca del Universo podrían aburrirles, pero a mí me han resultado apasionantes y no obstante reconozco que tal vez son demasiadas, que tal vez sobran o sobra alguna o no deberían ser tan prolijas. 

Creí que Tinta y sangre era una publicación actual y, tras haber leído Imposible decir adiós, me pareció un paso atrás, una novela un tanto caótica y floja para venir justo después de esa fantástica obra y de la obtención del Nobel. Así que fue todo un alivio descubrir que no, no es una nueva, sino la segunda novela de Han Kang, escrita en 2010, justo después de La vegetariana.  Me reconcilio con la autora y además la reconciliación es doble porque aparte de ver que es una publicación antigua y que, por lo tanto, no supone un retroceso en la magnífica calidad de la autora, es que la novela ha ido ganando mucho en el recuerdo. He ido viendo facetas de la obra que hacen que suba muchos puntos en mi valoración de la misma y demuestran que, ya en 2010,  se anunciaba la magnífica autora que terminaría llevándose un Nobel más que merecido.

Termino con una preciosa cita referida a las estrellas porque es justo lo que yo pienso del Universo. Su maravilla no está en que sea algo insólito o divino o milagroso, su maravilla está en ser justamente lo que es: 

«Cuando supe que las estrellas no eran joyas, ni los ojos de los ángeles, ni sal, ni azúcar, ni una Osa Mayor, ni una Osa Menor, sino que eran bolas de fuego en las que se producían reacciones de fusión nuclear a cada instante, sentí una extraña e inexplicable sensación de alivio. Eran hermosas porque no eran joyas, ni ojos de ángeles, ni arqueros, ni escorpiones, ni gemelos. Eran hermosas porque eran bolas de fuego ardiente».

Comentarios

  1. No termina de convencerme, ni por la temática ni por lo que comentas. Muchas gracias por la reseña. Un abrazo.

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  2. Buenas tardes, Rosa.
    Qué rabia haber elegido una obra menor y anterior de la buena eta narrativa de esta Premio Nobel. Yo todavía no la he leído, y, según me han dicho, ya estoy tardando en hacerlo. Gracias por tu reseña.

    Un abrazo.

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  3. ¡Hola!
    Bueno, ya sabes que soy una de esas lectoras a las que el tema "estrellas, planetas y demás" me acabó superando, por más que la trama sí me parecía muy interesante y por supuesto la prosa de la autora. Además me habría gustado saber que cosas descubrió del pasado de Inju y el contenido de esa carta, pero ya sabes, mi falta de paciencia..., entiendo que si hubiera seguido un poco mas habría acabado disfrutándola, seguro.
    Es curioso que esta obra vaya detrás respecto a su concepción de la maravillosa "La vegetariana" que leímos juntas y disfrutamos, menos mal que posteriormente has leído otras que te han gustado tanto o más.
    Magnífica esa última cita sobre el universo
    Un beso.

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  4. Hola Rosa, tengo a la autora apuntada desde tu reseña de Imposible decir adiós, pero aún no he podido leerla.Esta novela que traes hoy, también me me llama, porque soy una apasionada de la Astronomía y he disfrutado en el observatorio de Deva, en Gijón, buscando estrellas y planetas, además la cita con la que finalizas me parece preciosa. Vuelvo a anotarla, aunque desde el Nobel sus novelas siempre están en préstamo. Besos.

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