"La escritora" J. D. Barker & James Patterson


«La esposa llega a casa y se encuentra la puerta del apartamento abierta y a su esposo muerto. Llama a la poli. Dice que, quienquiera que haya hecho esto, podría seguir en el apartamento. Aparecen mis chicos, y va ella y les dispara cuando intentan franquear la puerta. Les dice que allí no va a entrar nadie que no seas tú: "¡El detective Declan Shaw, el detective Declan Shaw!", dice una y otra vez. Puta chiflada... Ha tenido suerte de que los míos no hayan respondido a los disparos».

Eso es Ahora, en noviembre de 2023, pero hubo un antes, un tiempo que se describe en la novela como Entonces y que se remonta a octubre de 2018.

Entonces hubo un asesinato, el de Maggie Marshall, una joven de catorce años que había desaparecido tras salir del colegio. Entonces apareció en Central Park estrangulada y con evidentes signos de agresión sexual. Las pruebas llevaron a un jardinero del parque, Rubén Lucero apodado Lucky, con antecedentes y registrado como agresor sexual. Sin mayores dudas Lucky fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de revisión.

Ahora han asesinado a David Morrow, el marido de la famosa escritora Denise Morrow. Y todas las pruebas apuntan a ella. Aparece junto al cadáver del marido empapada en sangre y con un cuchillo al lado. Por si eso fuera poco, desde que las cámaras de seguridad de entrada al edificio la muestran llegando a casa, hasta que llamó a la policía pasaron once minutos. Además «La mujer aún no ha mostrado el menor atisbo de remordimiento. Su actitud engreída, indiferente [...] no ayuda a que parezca inocente». Y sin embargo... 

Es la ocupación de la mujer, autora de libros sobre crímenes reales, lo que no encaja con las pruebas tan contundentes que hay en su contra. 

«No solo ha estudiado a algunos de los asesinos más infames del mundo, sino también a personas que sostuvieron falsas acusaciones. Y lo que es más importante, ha diseccionado el trabajo policial en todos los casos. En sus libros demuestra tener una habilidad increíble para meterse en la cabeza de todos los implicados —no solo en la de los acusados, sino también en la de las víctimas y en la de los investigadores—. [...] El hecho de que la encontraran como la encontraron tendría que haber provocado que [...] saltaran todas las alarmas. La escritora sabe muy bien cómo esconder un crimen, pero, en lugar de hacerlo, se quedó sentada en mitad de todo aquel caos y esperó a que todos la señalaran con el dedo».

¿Y qué es lo que une el Entonces y el Ahora? Pues Declan Shaw, un detective del Departamento de Policía de Nueva York. Él fue, junto a Jarod Cordova, el principal investigador del asesinato de Maggie Marshall y a él ha pedido ver Denise Morrow, quien ha recibido a tiros a los policías que han intentado entrar en la casa tras el asesinato de su marido. Declan aún no lo sabe, pero el último libro, el que tiene ocupada en el momento actual a la escritora, es precisamente el asesinato de Maggie Marshall. Un caso que ya le está creando al detective suficientes quebraderos de cabeza pues Asuntos Internos le está investigando por la supuesta introducción de pruebas falsas para condenar a Lucky, la misma hipótesis que maneja Denise Morrow en su libro. 

Así es que cuando las pruebas empiezan a contradecirse, cuando no parece tan seguro que Denise haya asesinado a su marido a pesar de que en principio todo apuntaba a ella, Declan empieza a pensar que la mujer está jugando con ellos. 

«Un juego de trileros».
Mezclar las pruebas.
Embarrar el caso.
Es muy probable que Declan tenga razón.
De hecho, puede que Declan tenga razón en todo [...] Si las pruebas no están claras, no hay forma de que te lleven a juicio, y este caso es un pozo de barro. Las pruebas son tan enrevesadas que es prácticamente imposible que prospere cualquier acusación».

Pero la historia aún tiene que dar muchas vueltas. Como los tres cubiletes de los trileros. Siempre creemos saber dónde está la bolita, pero siempre nos sorprende con una ubicación inesperada. Estamos ante una novela llena de giros sorprendentes que  llevan a pensar en culpables increíbles, giros que despistan, que marean, cubiletes que dan vueltas y más vueltas y uno ya no sabe si lo que busca es la bolita o al trilero. Las sorpresas son constantes y lo que iremos descubriendo de cada personaje, asombroso. El asesino, sea éste el que sea, se las arregla para desviar las sospechas hacia las personas más inesperadas ¿O será una de esas personas inesperadas el verdadero asesino? ¿Quién es el verdadero trilero? ¿Es el lector la ingenua víctima de un juego orquestado por los personajes de la novela? 

Y hacia la mitad, ante el giro crucial, esta lectora se siente justo así. Como si los autores y los personajes jugaran con ella al despiste, a embarrar la cancha y dejarlo todo turbio para que no sepa lo que cree ni lo que está leyendo. No  se puede negar que el juego funciona. El lector nunca sería capaz de adivinar dónde está la bolita si no fuera porque los autores se lo cuentan al final. Un final que está perfectamente explicado y hace que todo, o casi todo, termine de encajar. Un final que es bueno (a pesar de que algún hilo menor queda suelto), inesperado y que aún va acompañado de un giro finalísimo que lo hace mejor. 

No, no se puede negar que el juego funciona... hasta que deja de funcionar. Porque, a partir de un cierto momento, concretamente el del giro maestro, lo nuevo no cuadra con lo anterior. Los pensamientos anteriores de algún personaje no concuerdan con los hechos recién descubiertos. Uno puede mentir y disimular cuando habla con los demás, pero no tiene sentido que piense, en la estricta intimidad de su mente, ciertas cosas cuando sabe que la verdad va por caminos muy distintos Aunque es tal el lío en el que para entonces se encuentra el lector que tampoco eso puede asegurarlo. ¿Juegan con ello los dos autores del libro? Esta lectora ha tenido la santa paciencia de repasar la historia para asegurarse y, en efecto, las dos mitades del libro no cuadran. ¿Ha escrito una mitad cada uno y no se han preocupado lo suficiente de hacer que encajen como un todo? El final es bueno, como dije, pero... ¿no se ven demasiado desviadas las bisagras que tratan de enlazar las dos mitades del libro? 

Y es que, a pesar de que la historia es muy entretenida, a pesar de que, al igual que se termina pensando  de Denise, los autores han estado a punto de escribir el crimen perfecto; a pesar de todo eso, es excesivo el nivel de confusión al que conducen con tanta sorpresa, tanto giro, tanto jugar con la bolita. Y si para más delito añadimos esa falta de encaje en la trama, la novela se me queda como un producto que trata de disimular con el exceso de ruido que hay pocas nueces en este cesto. En fin, una novela más de las que levantan pasiones y que se me queda corta, muy corta. Ahora, si buscas algo entretenido, que te mantenga la adrenalina a buen nivel, y no te preocupa mayormente el rigor de la trama, puede que ésta sea tu novela para el verano.

La lectura de La escritora ha sido una lectura conjunta, un Debate a tres con Marian, del blog Marian lee más libros, y con Marianna, del blog Los libros de Mava. En los enlaces correspondientes puedes leer las reseñas respectivas.

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