Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

lunes, 6 de junio de 2016

La felicidad de un viaje en tren.


El tren llegó a la estación medio vacío. Antes de cinco minutos todos los pasajeros habían abandonado los vagones con sus equipajes. Sólo la chica del coche 8 asiento 4A permanecía sentada en su lugar. Tenía la cabeza ladeada en una posición extraña, los ojos muy abiertos y la lengua, azul, asomaba por la comisura de unos labios aún más azules. Estaba definitiva e irremediablemente muerta. 
En su cuello destacaban las marcas amoratadas de algo que había servido para estrangularla y, como descubriría el forense horas más tarde, unas fibras negras de seda.
Unas tres hora antes, mantenía con una amiga una conversación por whatsapp. Dictaba silabeando al altavoz a un volumen que casi hacía innecesario el dispositivo; las respuestas se sucedían con una inmediatez asombrosa en una chirriante continuidad que no daba tregua al silencio. 
Había iniciado la comunicación con su amiga tras una conversación tradicional, a voces, esta vez con un amigo que la escuchaba en silencio. Con él estuvo hablando cerca de media hora en la que le dio conversación, consejos, recomendaciones y le organizó la vida para los próximos cinco años.
Había subido al tren en la estación de origen y se había acomodado en su asiento con la alegría, la despreocupación, la brusquedad y los golpes del que está solo en el mundo, justo antes de sacar de su enorme capazo un brillante smartphone rosa fosforito cuyo tamaño casi superaba el límite de lo que se puede uno acercar a la oreja con comodidad y sin riesgo para el pabellón auditivo.
Cuando subió al vagón, lo encontró vacío. Solo el asiento 3A estaba ocupado por una mujer que, encogida en su asiento y retorciendo entre sus dedos de manera inconsciente las puntas del pañuelo de seda negro que llevaba alrededor del cuello, se disponía a pasar las cuatro horas del viaje disfrutando de una novela que acababa de comprar.
Yo no estaba dispuesta a pasar el resto del viaje escuchando la voz estridente y desagradable de aquella chica que, teniendo todo el vagón libre, se había empeñado en sentarse justo delante de mí.



26 comentarios:

  1. Pues aunque su conducta delictiva es reprobable a mí la pasajera del asiento 3A me cae estupendamente. Estoy segura que si la conociera conectaría con ella y tendría muchas cosas en común, sería amiga suya sin dudarlo.
    Un beso grande para ti y otro para esa pasajera amante de la lectura si tienes ocasión de hablar con ella ;)

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    1. Creo que yo también sería amiga suya porque coincidimos en muchas cosas - en demasiadas diría yo - y también me he visto en su situación y me he quedado con las ganas de reaccionar como ella.
      Le transmitiré tu beso a mi personaje si vuelvo a coincidir.
      Otro beso para ti.

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  2. Comprendo a la pasajera del asiento 3A, a veces hay gente muy caprichosa que tiene el vagón entero libre y en cierto modo no le importa invadir la intimidad de otro.
    Un beso y me ha encantado.

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    1. Yo también la comprendo perfectamente. En realidad se basa en hechos reales que me sucedieron este fin de semana cuando, después de casi veinte años, volvía a montar en tren y me disponía a disfrutar de varias horas de lectura. Menos mal que no había más pasajeros en el vagón testigos de los hechos que he narrado.
      Un abrazo.

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  3. ¡Qué risa! Pero tan verdadero a la vez. Besos

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    1. Y tan verdadero Agnieszka. Sólo lo separa de la realidad que una es cobarde o demasiado sensata y se reprime, pero te aseguro que las ganas no me faltaron. Hay gente que no tiene el menor respeto por sus semejantes, les encanta oírse hablar y creen que todo el mundo disfruta escuchándoles tanto como ellos.
      Un abrazo.

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  4. Rosa, eres la mujer que cual esfinge guarda para sí sus múltiples facetas.
    Aquí se vislumbra una que no me resigno a que la reserves solo para grandes ocasiones. Eres buena relatora y eso, hay que compartirlo.
    Creo que yo me hubiera sentado al lado de la asesina para ayudarla a eliminar a la pasajera escandalosa, entre el pañuelo de seda y el extintor hubiéramos acabado con todas las molestias.
    Una anécdota en clave de humor que me ha gustado y hecho reír con complicidad, al conocer ciertos pasajes de la historia de antemano.
    Besos

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    1. Gracias Francisco por lo de la esfinge. Me encanta el toque misterioso que insinúa.
      A mi protagonista no le temblaron ni las pestañas para llevar a cabo su particular ajuste de cuentas. Yo hubiera necesitado toda tu ayuda y la del extintor.
      Me alegro de que te haya gustado a ti que eres el rey del relato con final inesperado. Lo mío ha sido un comienzo inesperado.
      Un beso.

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  5. "Buenísimo, Rosa, lo de "le organizó la vida para los próximos cinco años". Muy bien escrito, con todas las descripciones necesarias para poder comprender bien a esa pasajera que, como también dijo Kirke, tan bien me cae.
    Cualquiera diría que parece real y todo, ¿verdad?
    Un besazo
    Pd: Por cierto, ¿hubo testigos 'de lo tuyo', aunque fuera a través de mensajes escritos de teléfono? ;-)"

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    1. Mi personaje asesino es tan real porque soy yo misma con menos escrúpulos y más decisión.
      Testigos no hubo porque solo íbamos ella y yo en el vagón de ficción. Y no le di tiempo a enviar mensajes de móvil pidiendo ayuda. Ya bastante móvil habíamos tenido previamente.
      Un beso.

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  6. Con pañuelos de seda negra no, pero si las miradas asesinas realmente mataran a más de una y uno ya me habría cargado yo. Ya que te has tenido que reprimir en la realidad, al menos en tu relato te has quedado a gusto.
    Besos

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    1. Eso me pasa a mí también, que me quedo en la mirada asesina y con las ganas de pasar a mayores. Por eso, como bien dices, me desahogo en la ficción y me quedo un poco, solo un poco, más a gusto.
      Un beso.

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  7. La vociferante chica del smartphone rosa fosforito me cae fatal, me parece un engendro de mujer. A la pobre mujer del asiento 3A la comprendo perfectamente, entiendo su reacción y me alegro de la soledad del wagon. Sin testigos, quién podrá acusarla de nada, a no ser que un policía perspicaz empiece a tirar de las fibras de seda negra, de ahí llegue a un pañuelo y de éste salte a su portadora. Pero para eso necesitaríamos a un perspicaz Bevilacqua o a una Chamorro entregada a la investigación, aunque creo que ahora están metidos en otro asunto, ¿no es verdad esto último, amigo Francisco Moroz?

    Tras esta lectura pienso, Rosa, que en un futuro próximo estaremos de nuevo en la Feria del Libro, pero tú encerrada en una caseta a la que acudiremos para que nos firmes tus relatos. ¿Por qué no?

    Un beso

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    1. Esperemos que ningún detective de ficción se cuele en mi ficción y me chafe la historia y acabe con mis huesos en la más lúgubre mazmorra. Dejemos a Bevilacqua y Chamorro en Afganistán, resolviendo un caso que lo merece más que el de la chica del smartphone fosforito que yo creo que está muy bien muerta y en silencio. Y esperemos que Francisco disfrute de los guardias civiles de Lorenzo Silva y su caso, que con la cola que hizo para conseguirlo, y conseguirlo firmado, bien lo merece.
      Un beso.

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  8. Oh, pues con toda la razón del mundo. ¡Tiene el vagón libre y se empeña en molestar sentándose cerca para importunar a la equilibrada lectora! Es que hay gente que se merece eso y más, como la que coloca en la playa casi desierta la toalla pagada a la de una o se sienta en la mesa de al lado, casi apoyando la cesta del pan en la mía, estando el restaurante vacío. Nada, un diez y toda mi comprensión para esa atribulada mujer que solo pretendía leer tranquila. Buenísimo relato, me ha gustado muchísimo, y encantado la fina ironía. Felicidades, Rosa.

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    1. Yo, con los desconocidos soy un poco especial y odio que invadan mi espacio y mi intimidad. No te digo cuando encima me dificultan la lectura que tan feliz me había prometido.
      Ya que no me atreví en la realidad, me he desahogado de esta manera. me alegro de que te haya gustado y de que hayas pasado un buen rato.
      Un beso.

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  9. Rosa,
    Me ha gustado esa pasajera discreta, a la que vislumbro perfectamente, que solo quiere leer su novela y a la que la chica del rosa chillón no deja, he entendido perfectamente que coja el foulard de seda y acabe con su voz que, hasta imagino de pito y deje en paz al prójimo, porque hay personas que no saben comportarse en ningún lugar.

    Excelente manera de relatar la anécdota y esas ganas que, algunas veces, tenemos más de uno de hacer callar a los que no callan. Me ha hecho sonreír porque no podía dejar de imaginarte aguantando a la arregladora del mundo mundial chillona mientras imaginabas maneras de acallarla. Jajaja

    Muy bien contado.
    Un beso

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    1. Sí. Una pasajera callada que sólo quiere que la dejen pasar las horas de viaje leyendo tranquila y se encuentra con un ser gritón indiscreto y grosero; una pasajera que no entiende por qué aquella mujer se empeña en que todo el vagón se entere de su estúpida conversación. La verdad es que hay asesinatos llenos de razones con los que deberíamos ser muy indulgentes.
      Gracias, Conxita. Un beso.

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  10. Por los comentarios que he leído tu pasajera del asiento 3A es la heroína de más de uno, incluída yo misma. Suerte que solo en la ficción literaria tiene lugar ese tipo de desenlace, porque de lo contrario muchos estaríamos ya en prisión, ji, ji.

    Me pregunto por qué hay personas tan poco amantes de su intimidad, por qué no tienen ni el pudor ni la educación necesarias para mantener su vida privada como privada y la tienen que publicar a los cuatro vientos a la menor ocasión. ¡Me ponen de los nervios!.

    En fin, reflexiones personales aparte, el relato me ha gustado mucho. Quiero pensar que te vas animando a hacernos este tipo de regalos :))

    Un beso grande, Rosa.

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    1. Sí, Julia. Está basado en un hecho tan real que me sucedió este viernes cuando me dirigía a Madrid al encuentro con los amigos blogueros. Cuando se lo estaba contando, se me ocurrió la idea de escribirlo y así resarcirme, aunque fuera en ficción, del mal rollo que me produjo aquella mujer. menos mal que tras la conversación, se puso a ver la peli y, tras unas carcajadas histéricas (la película debía de ser de risa), quedó muda el resto del viaje y yo disfrutando de mi novela.
      Que te haya gustado es un honor para mí.
      Un beso.

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  11. Yo hubiera tomado la misma decisión. Nunca se debe interrumpir al determinados lectores. Muy bueno. Un saludo

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    1. Determinados lectores tenemos muy mala leche, pero nos reprimimos por timidez (o miedo a la cárcel), pero que a gusto cuando vives en ficción lo que no te atreves a vivir en la realidad.
      Un beso.

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  12. Como muchos compañeros han tenido a bien recomendar este relato tuyo, Rosa, he venido a leerte, y quiero decirte que realmente está muy bien narrado y que tiene además por virtud describir fehacientemente una realidad que muchos desearíamos tener las agallas de plasmar cuando suceden estas cosas en el transporte público. La primera es lo que yo he dado en llamar el Síndrome de Bristol (Bristol, aquí en mi país, es el nombre de una popular y muy populosa playa atlántica). De acuerdo a cómo lo veo, la mayoría de los humanos (y no me incluyo) sufren de Síndrome de Bristol, es decir, que dados a elegir dónde posar sus posaderas en algún espacio público, lo harán lo más cerca posible de aquel humano que haya posado las propias justo antes que ellos. Y la segunda es la irrefrenable pasión posmoderna de muchos por comunicarse con algún amigo íntimo públicamente y de hacer de su intimidad un asunto público, cosa que sí, como bien describes aquí, nos hace asesinos en potencia a algunos que somos incapaces de invadir el espacio con nuestros propios ruidos comunicativos y siempre preferimos el bendito silencio que proporciona la valiosa compañía de un libro.
    Ha sido un placer leerte ;)!

    Te dejo mis más cordiales saludos desde Buenos Aires en un día muy frío.

    Fer

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    1. Es que ahí está empezando el invierno. Aquí, por el contrario, empieza el verano. Esperemos que venga calentito y poco lluvioso. Vivo en una zona de costa donde puede pasarse el verano nublado, lloviendo y con 18 grados de máxima.
      El problema es que hay gente muy maleducada, que se debe de creer tan importante como para que a todo el mundo le interese lo que dice o piensa.
      Gracias por visitarme. Espero que el invierno no os sea muy duro.
      Un abrazo y bienvenida.

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  13. Me parece que la protagonista de tu relato genera empatía automática en cualquier lector. Eso sí, que poca paciencia. Sale uno a tomarse un café y ya se cansará, jaja. Me ha gustado el regusto a novela negra de la historia; te manejas muy bien en esos entornos, deberías seguir por ahí.
    Un abrazo.

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    1. ¿Verdad que todos conocemos ese tipo de personajes que a donde llegan lo invaden con sus ruidos y gritos como si el espacio fuera de su exclusiva propiedad? Pues he querido vengarme en nombre de todos los que amamos el silencio y, sobre todo, en mi propio nombre ya que tuve que soportar el viernes, un ratito todo hay que decirlo, una mujer así. Yo iba a Madrid en el tren y quería leer y cuando aquélla empezó a hablar a voces, me temí que se fuera a pasar así todo el viaje y empecé a imaginar formas de hacerla callar. Lo que relato aquí, fue solo una de esas formas.
      Un beso.

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