Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

sábado, 14 de julio de 2018

"Un amor imposible" Christine Angot

"Mi padre y mi madre se conocieron en Châteauroux, cerca de la avenida de la Gare, en la cantina que ella frecuentaba; a sus veintiséis años llevaba ya varios trabajando en la Seguridad Social, [...] en cuanto a él, tras largos estudios, con treinta años, ése era su primer empleo. Era traductor en la base americana de La Martinerie".
A partir del momento en que empezaron a salir juntos, todo un mundo se abrió ante los ojos alucinados de Rachel Schwartz, porque Pierre Angot no era un hombre como los demás. Era amable, cariñoso y divertido, pero además le hizo descubrir un mundo nuevo; un mundo en el que nada era como parecía, donde todo debía ser pasado por el filtro de la reflexión y de las palabras; donde todo se convertía en preguntas que requerían una respuesta: la gente, los paisajes, las situaciones; todo era descrito y analizado de una forma que Rachel no imaginaba que se pudiera hacer, todo escapaba a lo formalmente admitido, a los convencionalismos. "Él barría los convencionalismos con naturalidad. [...] Le contaba que había optado por la libertad, no criticaba la forma de vivir de los demás, pero se mantenía al margen". 
Rachel se enamoró de él y probablemente siguió enamorada de él toda su vida, a pesar del abandono, del alejamiento, de la traición.
A pesar de todo menos del engaño, porque Pierre Angot jamás (?) engañó a Rachel. Desde el principio le dijo que no se casaría con ella, ni la presentaría a su familia ni le haría subir en el escalafón social introduciéndola en su mundo. Rachel era una judía de clase media baja. Pierre pertenecía a una familia católica de la alta burguesía de París a la que no iba a afrentar con un matrimonio tan desigual en todos los aspectos. Él quería (?) a Rachel, le gustaba estar con ella, se divertían juntos, le hacía ver lo especial y rara que era la pareja que formaban, la suerte que tenían... pero a la vez, se sentía muy por encima de ella, le avergonzaba su ignorancia, su forma de hablar: 
"–Para ti, nuestro encuentro ¿a qué categoría pertenece éste?
–Rachel, no vuelvas a decir: «Nuestro encuentro, éste.» Nuestro encuentro. A qué categoría. Pertenece. No tienes que repetir el sujeto, lo has mencionado, se ha entendido".
Así es que le proporcionó a Rachel los momentos más felices de su vida y el hijo que estaba dispuesto a tener con ella aunque nunca pensara reconocerlo ni darle su nombre. Y de esa manera nace Christine y de esa manera él va desapareciendo de la vida de ambas. 
Por segunda vez Rachel se siente rechazada. Ya la había rechazado su padre tras volver de Egipto, a donde había huido en 1935, y hacerle ver lo insignificante que era: "«Tus primos son guapos. ¡Tú eres fea!» «Son inteligentes. ¡Tú eres tonta!» «Son instruidos. ¡Tú eres ignorante!» [...] «En conclusión, me daría vergüenza presentarte a mi madre.»"
Christine y Rachel tendrán que vivir solas y hacerse un mundo a su medida en el que el padre es solo una referencia a la que acude la madre para recordar a la niña que todo el mundo "tiene un padre"; es una presencia efímera y esporádica que aparece muy de vez en cuando haciendo llorar a Christine de emoción abrazada a él o una voz que sale de un teléfono causando en la hija idéntica emoción.
Christine sabe que tiene un padre, aunque sea pequeñito, aunque en su vida tenga un papel secundario, aunque en el dibujo de la familia que le manda dibujar una psicóloga, sea un padre diminuto en una esquina de la hoja. "Has hecho el padre muy pequeño. [...] Has hecho una niña que tiene más o menos el tamaño del padre. [...] Y has hecho una madre... Eso sí, una madre..., pero una madre, has hecho una madre, en fin... Una madre... enorme. Que ocupa toda la hoja"
Y es que para Christine su madre es tan enorme que resume el mundo. Su madre es todo su mundo una vez muerta su abuela. Sabe que tiene un padre, pero es un padre ausente. En su casa, cuando vuelve del colegio, está su madre. Con ella juega y pasea y toma helados; de ella son los golpecitos que siente en el tabique que separa sus cuartos antes de dormir; de ella recibe los besos y los abrazos y las regañinas. Su madre es la medida de todas las cosas. Dedica poemas a su belleza, planea viajar con ella, vivir con ella toda la vida... hasta que Pierre decidió robarle a Rachel eso también.


Christine Angot

A partir de un cierto momento, Pierre empieza a interesarse por Christine. La reconoce, le da su apellido y empieza a pasar con ella fines de semana y vacaciones. La presencia del padre en la vida de la niña le abre un mundo similar al que le había abierto a su madre unos años antes. Un mundo más culto, más rico y confortable, más interesante en suma. Un mundo del que volvía triste y malhumorada por tener que regresar a su vulgar vida y a su vulgar madre. O eso pensaba Rachel al menos. Con su padre las conversaciones eran más elevadas, el lenguaje más correcto, los modales más exquisitos. El amor hacia su madre se iba diluyendo ante el glamour paterno como una acuarela expuesta a los rayos deslumbrantes del sol del verano. "Si alguien nos hubiera visto por la noche en la cocina, no habría podido imaginar hasta qué punto la había querido. Ya no había intimidad entre nosotras. Éramos como el perro y el gato. Si cometía un error gramatical, yo apretaba los labios y me ponía tiesa en la silla. Si cometía un segundo, la corregía en tono cortante".
Pero el glamour escondía un mundo que encerraba sus demonios. Su padre no siempre era el padre protector y amable que ella había imaginado. Su padre era (perdónese la expresión) el auténtico cabrón despiadado que hemos intuido tras su simpatía y savoir faire. Un ser despreciable - no encuentro detalles que introduzcan la contradicción, el punto positivo que lo redima aun mínimamente -, un ser que destruyó la unión entre madre e hija, le destrozó la vida a Christine y aun después de muerto siguió envenenando la relación entre las dos mujeres. 
Rachel, rechazada por su padre y rechazada por su amante, se verá también, al cabo de los años, rechazada por su hija que le reprocha el haber estado ciega a todo lo que no era ella misma y su dolor.
La relación volverá a recuperarse y en una conversación final entre madre e hija, ambas analizarán los hechos, se culparán y se perdonarán. Cada una perdonará, o tal vez sencillamente entenderá (¿no es la mejor forma de perdonar?), a la otra. "Pertenecíais a dos mundos diferentes, ajenos el uno al otro; en cualquier caso, así fue como se establecieron las cosas desde el principio. Y tú aceptaste que fuera así. Porque estabas sola, porque eras pobre, porque eras judía". Pero Rachel no podrá perdonarse ni curarse porque el dolor infligido a un hijo, trasciende la culpabilidad que se pueda entender o perdonar. El hijo podrá hacerlo, lo hará sin duda a poca oportunidad que se le dé, pero ¿cómo puede perdonarse la madre de haberle fallado a quien era su obligación amar, cuidar, proteger y mantener alejado de todo mal? "Jamás me curaré, hasta el día de mi muerte, de no haber dicho nada, de no haber hecho nada, de no haber visto nada. ¡Menuda ceguera, Dios mío! ¡Menuda ceguera!". 
No quiero contar más. Aunque cualquiera que se acerque a la sinopsis de Anagrama o sepa algo de la autora sabrá lo que oculto, yo prefiero parar aquí.
No sé cuánto de ficción y cuánto de realidad hay en esta novela. Parece ser que todas las de la autora encierran gran parte de autobiografía, pero no toda. Christine Angot siempre pone cuidado en querer separarse de sus personajes lo que me resulta contradictorio con el hecho de ponerles nombres reales. «Yo nunca he hablado de lo que me ocurrió con mi padre. Todo lo que he relatado está situado en el lugar protegido de la literatura, que no tiene nada que ver con el espacio social» ¿Por qué entonces no ponerles nombres ficticios?
He leído críticas que la cuestionan como persona y como escritora. Solo he leído este libro suyo y a mí me ha gustado. Es cierto que en algunos momentos me ha parecido que pecaba un tanto de afán de protagonismo, de excesiva necesidad de martirologio, de pretender culpar de todos sus males a la madre y de no estar dispuesta a permitirle olvidar en ningún momento, en sus ansias por mortificarla, lo que le había sucedido. Tal vez, si en todos sus libros trata el mismo tema, pueda llegar a cansar y a justificar esta impresión mía que de momento no tengo muy clara. Tendré que leer alguno más para tomar una decisión al respecto.


18 comentarios:

  1. Otra amiga también buena lectora me recomendó este libro. Tu reseña refuerza la recomendación, Rosa. Esa amiga me habló también de otra escritora que aborda el tema de las relaciones entre madre e hija: Vivian Gornick. ¿Has leído Apegos feroces? Me gustó. Gracias, Rosa. Abrazo grande.

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    1. Sí, he leído “Apegos feroces” y me gustó mucho. Las relaciones familiares, pero sobre todo entre madres e hijas, me apasionan como recurso literario o cinematográfico. Es mucho lo que pueden dar de sí. Esas relaciones que parece que deberían estar marcadas por el amor y la entrega suelen mezclar a esos sentimientos el egoísmo, el resentimiento, los celos y hasta un poquito de odio reprimido.
      En esta “Un amor imposible” hay mucho de eso y alguna cosa más. Te la recomiendo.
      Un beso.

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  2. hola! otro apuntado y otra autora para conocer, gracias! saludosbuhos

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    1. Me alegro de que os haya gustado. Una autora interesante en verdad.
      Un beso.

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  3. Hola Rosa, el recurso materno filial tanto en la literatura como en el cine siempre ha funcionado. Pienso que cuando hablamos de relaciones personales, podemos encontrar algo de lo vivido, sentido o experimentando en nuestras propias carnes, o bien lo encontramos cercano por casos que hemos conocido. Pero lo llamativo de este libro es ese desprecio y ese aire de superioridad moral en el marido que según como este tratado en la novela, puede provocar bastante rechazo hacia el personaje. Abrazos y buen fin de semana.

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    1. Pierre es de esos personajes que aparecen mucho también en cine. Son, divertidos, amables, cariñosos, auténticos encantadores de serpientes que cuando sacan las uñas te puedes quedar alucinado de lo que esconden.
      No obstante, las relaciones familiares (¡cuántas buenas películas hay sobre eso!), se basan en sentimientos sumamente contradictorios que hacen los argumentos muy interesantes.
      Un beso.

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  4. Hola Rosa.

    Aparte de que una madre no pueda perdonarse así misma haber fallado a su hija, dentro de una familia también habrá cosas que una madre no pueda perdonar a su hija, o la hija a su madre, o la hija al padre y viceversa… o lo que sea. Obviamente existirán cuestiones que, aunque se hayan perdonado de palabra, no ha sucedido así en tu fuero interno, íntimamente sabes que no puedes hacerlo, pero te limitas a vivir resignado con esa condena secreta, reprimiendo tu sentimiento condenatorio…

    La relación en familia, o amorosa, siempre consiste en intentar que todas las contradicciones que confluyen convivan en armonía, lo que a priori parece condenado al fracaso, pero luego, en los más de los casos, se sostienen en un equilibrio milagroso… se va cediendo terreno en unas cosas con la secreta convicción de ganarlo en otras.

    Ahora bien, si existe una persona tóxica o destructiva, como parece ser el padre en esta novela… ese equilibrio milagroso acabará desmoronándose. Un “auténtico cabrón” vive para eso, para joder la vida ajena.

    Muy interesante todo lo que cuentas acerca de esta novela.

    Cuídate, Rosa. Abrazos!!

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    1. Lo has expresado perfectamente. Si no fuera por ese ceder terreno, perdonar (o olvidar), las familias se desmoronarían como un montón de arena que se seca.
      Hay muchos sentimientos que se mezclan en personas que tanto comparten y que por tanto compiten. Hay amor y hay resentimiento; hay generosidad y grandes dosis de egoísmo; hay cariño y rencor. Todo eso, dentro de unos límites razonables, se lleva adelante toda la vida. Hasta que la situación se sale de los límites, como en este caso, por un personaje que se salta todo lo correcto y es muy tóxico, como dices.
      Un beso.

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  5. Pues yo no estoy muy segura de volver a leer a Christine Angot, a pesar de que me gustó mucho este libro. Es tentador por ese tema autobiográfico que está presente en toda su bibliografía. Me gusta leer sobre temas así para intentar comprender lo incomprensible. Pero tengo también mis dudas respecto a la autora. Entiendo su necesidad de escribir acerca de ello, como a modo de catarsis, pero, por otra parte, ¿a partir de qué punto se puede considerar que está explotando el tema? No sabría responder.
    Yo también evité hablar sobre lo mismo que tú callas porque al final pienso que esta novela no va de eso, sino de rechazo, de la relación entre madre e hija y de cómo con el tiempo aprenden a conciliar todo lo que les pasó.
    Esos (?) que dejas son muy significativos, al menos para los que ya hemos leído el libro. Pero mejor dejarlo ahí, al fin y al cabo ese personaje no merece que dediquemos nuestro tiempo a hablar de él.
    Besos

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    1. Veo que nuestra visión del libro y de la autora no difiere mucho.
      Yo, más que querer explotar el tema, la veo con muchas ganas de no olvidarlo, de hacer de él motivo de queja con afán de protagonismo y para hacérselo pagar a su madre, pero esa conclusión la saqué cuando supe que en todos sus libros trata el mismo asunto, aunque de diferentes maneras. Por este único libro no hubiera sido tan suspicaz y me hubiera quedado con que me ha gustado mucho y cuenta una historia muy interesante. Pero cuando te enteras de que insiste tanto en ella, te empieza a entrar la duda. Por eso creo que me apetece leer algo más para saber a qué atenderme.
      Un beso.

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  6. es precisamente este tipo de novela la que me engacho a este gran vicio! besitos!

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  7. Leída tu impecable reseña, me temo que, de leer este libro, acabaría odiando tanto al padre como a la hija, uno por su clasismo, egoísmo y prepotencia, y la otra por alinearse al lado de quien tan mal se portó con quien cuidó de ella y siempre estuvo a su lado, posicionándose al lado del "abandonador" por admirar su cultura e inteligencia (?). Parecerá un infantilismo por mi parte, pero cuando detesto el comportamiento de unos personajes que (se supone) existieron, la lectura de su biografía me resulta desagradable, o cuando menos poco atractiva. Otra cosa es la pura ficción, donde uno espera el arrepentimiento, conversión o castigo del malo de la historia, jeje. Como no he leído esta obra no puedo saber si al final hay algún tipo de moraleja o enseñanza que redima a quienes actuaron de forma tan negativa.
    Un abrazo.

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    1. La hija era una adolescente de unos catorce años cuando esas cosas ocurrieron. Yo creo que cualquiera a esa edad nos habríamos dejado deslumbrar por un padre al que apenas conocemos (ya sabemos que los hijos, en principio y hasta que entienden bien las cosas, siempre culpan al progenitor con el que se quedan en caso de separación (o de falta de proximidad como en este caso). Era un padre añorado frente a una madre siempre presente; un padre con glamour frente a una madre normal... Yo no la culpo por eso. Más bien la podría culpar por su afán, ya adulta, de escarbar en sus desdichas y hacer responsable a su madre, y aun para eso, tendría que leer más libros para saber si es así.
      El padre... eso ya es otra cosa.
      Un beso.

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  8. Vaya, hola Rosa, el tema me llama la atención, bueno creo que todos curioseamos en las relaciones paterno-filiales, de hecho buscamos una relación que se parezca a la nuestra, ya sea con la madre, el padre, la hermana, el hermano...nos justifica tal vez nuestros comportamientos pasados y los presentes. La reseña muy interesante y los comentarios de los compañeros, un aderezo fantástico. Me quedo con esto que comentas de que convivimos a límites razonables con amor, generosidad y cariño y sus antagónicos, hágase la luz a la controvertida existencia nuestra, la mía claro. Gracias compañera, un beso, no, dos veraniegos.

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    1. No puede ser de otra manera. Si no consiguiéramos ese equilibrio, las familias se desmoronarían entre gritos, llantos, rencores y celos. Afortunadamente, hay también mucho amor que amalgama todo el resto y hace que la mezcla se mantenga coherente... aunque hay situaciones que se saltan toda norma y entonces se rompe el equilibrio y viene el derrumbe.
      Un beso.

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  9. No hace mucho leí sobre este libro en el blog de Lorena que sé tú también sigues Rosa, y lo acabé comprando. Compleja la relación madre-hija, una historia muy personal, tengo verdaderas ganas de comenzarlo, ya te contaré Rosa.

    Abrazos.

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    1. Lorena fue la que me tentó para leerlo. Últimamente he leido varias cosas por su "culpa" y de ninguna me he arrepentido.
      Un beso.

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