Ristretto 7


¿Qué pueden tener en común las dos novelas de este séptimo Ristretto? Muy poco, pero algo tienen. Y ese algo es que, a partir de un hecho que se nos narra al principio, ambas vuelven la vista atrás para contar el pasado y sólo al final se recupera la narración abandonada tras el primer capítulo. Pero más que esa semejanza, destacan las diferencias. Una está escrita en 1940; la otra, en 1990. Una, en Reino Unido; la otra, en Estados Unidos. Una, por una mujer; la otra, por un hombre. 

Pero hay alguna semejanza más: ambas enganchan desde la primera página y son dos novelas excelentes. Os las recomiendo.


"Mariana". Monica Dickens.

«Apagó la radio; cuando cesaron las palabras, fue como si nunca las hubieran pronunciado. Se quedó sentada bajo la luz amarilla de la lámpara de la mesa, con la taza de café medio vacía en equilibrio en el brazo del sillón. El fuego todavía lamía los bordes del carbón con pequeñas lenguas anaranjadas y amarillas; Bingo seguía tumbado con las patas en posición de galope, la cabeza vuelta hacia un lado y una oreja levantada; el reloj blanco y azul seguía haciendo tictac. Nada había cambiado, pero nada era lo mismo. Una tregua de la tormenta produjo un silencio en el aire, fue como si la habitación guardara un compás de espera conteniendo la respiración hasta ver cómo se lo tomaba Mary. Se quedó en el sillón y, con un escalofrío, empezó a comprender. Aunque cada vez con menos convencimiento siguió diciéndose: "No es verdad, no es verdad"».

Y lo que Mary acaba de oír en la radio es que «el destructor británico Phantom ha chocado con una mina a primera hora de la mañana y se ha hundido». Y en ese destructor británico sirve su marido. La noticia también decía que los familiares de los desaparecidos ya han sido informados. Lo malo es que Mary no está en Londres, en su domicilio habitual. Se ha ido a «Little Creek End para pasar un largo fin de semana en soledad, sin nadie, solo ella, el perro y mil recuerdos de los fines de semana en los que eran dos y un perro en la aislada cabaña de las marismas de Essex»

Sus intentos de llamar por teléfono a su amiga Angela para que pasase por su piso a ver si había algo, tampoco han sido posibles. Una fuerte tormenta tiene cortada la comunicación. Así es que Mary se prepara para pasar una noche de incertidumbre, sin saber si su marido se cuenta entre los «tres de los siete oficiales y veinte miembros de la tripulación» que se cree que han perdido la vida. Como dice el editor en su nota, al final del libro, «cuando se hace tan doloroso "mirar hacia delante", se impone la necesidad de "mirar hacia atrás"»

Y eso es lo que hace Mary a partir del segundo capítulo. Mira hacia atrás y empieza a contarnos sus recuerdos, su vida desde la infancia, cuando todo giraba alrededor de Charbury House, la casa familiar de los Shanon, la familia de su padre. Su padre había muerto cuando ella era muy pequeña, pero su madre, que trabajaba, «estaba libre casi todas las vacaciones escolares, coincidiendo con su hija, y siempre las pasaban juntas en Charbury House en compañía de casi toda la familia Shannon». Y la familia estaba llena de tíos y primos, y había caballos y bosques y una casa enorme llena de lugares maravillosos para recorrer y descubrir. Un verdadero paraíso para una niña.

«A su modo de ver, todo era perfecto en Charbury, sin la menor duda. Incluso los primos más antipáticos le parecían aceptables solo porque estaban allí. No analizaba el encanto del lugar, pero era muy consciente de la magia que irradiaba; años más tarde, se compadeció de los adultos al descubrir inesperadamente que habían desaprovechado el paraíso del que los niños disfrutaban con toda naturalidad».

Y es que, como suele suceder en la vida y en las novelas que narran vidas, el paraíso de la infancia se va perdiendo. También Mary se irá viendo cada vez más alejada de Charbury House, hasta que la desposesión sea definitiva. La desposesión de Charbury Haouse y la de su primo Denys, su primer amor 

Conoceremos a la Mary adolescente y a la Mary joven. Sabremos más de su vida en Londres, con su madre y su tío Geoffrey, el hermano de aquella que era actor. Sabremos del empeño de Mary por ir a la escuela de teatro y seguir los pasos de su tío; de su estancia en París, de sus primeros amores, de los últimos... 

Hasta que se llega al final que vuelve a ser el principio. Amanece esa noche de recuerdos en la que, ante el posible dolor del futuro, se sumerge (y nos sumerge) en el pasado. Por fin, restablecidas las líneas, llegará la llamada y Mary sabrá. 

Monica Dickens era biznieta de Charles Dickens, pero tan solo hay que leer la cita de su libro con la que empiezo para darse cuenta de que el prestigio es sumamente merecido independientemente de sus ancestros. Seguro que el talento literario es hereditario, o la predisposición al mismo, pero lo que está claro es que la autora no le debe su fama a la sombra de su bisabuelo. Más de treinta libros para adultos y varios más para niños, lo confirman. 

Termino con otras palabras de Jan Arimany, el editor, en la nota final. Es una cita un poco larga, pero creo que merece la pena. Las notas finales de Jan Arimany, siempre la merecen.

«Monica Dickens solía decir que con sus novelas no quería enseñar nada, solo pretendía entretener; quería que sus lectores percibieran la vida en sus historias. Dicho así puede parecer un propósito humilde, incluso habrá quien tache esta literatura de complaciente, pero a mí me parece una proeza revolucionaria cargada de esa "actitud retadora" de las casas que separan "la plácida intimidad de la salita del aullido chorreante de la oscuridad". Me refiero a hazañas como [...] acometer retos absurdos en las redes sociales cuando estás confinado en casa por una pandemia mundial y no sabes cómo o cuándo se acabará y qué quedará después del mundo que conocías. Me refiero a himnos tales como los villancicos que cantaron alemanes y franceses en un campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial [...] Me refiero a algo tan subversivo como escribir sobre la felicidad en tiempos de tristeza, atreverse a buscar luz en la oscuridad, estrellas en la tempestad, risa en el silencio, compañía en la soledad, belleza en el horror».


"La balada de Holt". Kent Haruf

«Al final, Jack Burdette acabó regresando a Holt. Ninguno de nosotros lo esperaba ya. Se había ausentado por ocho años y nadie en Holt había sabido nada sobre él en ese tiempo. Incluso la policía había dejado de buscarlo. Habían rastreado sus movimientos hasta California, pero después de que llegara a Los Ángeles lo perdieron y finalmente se rindieron. Así, en el otoño de 1985, por lo que cualquiera en Holt sabía, Burdette seguía allí. Seguía en California y casi lo habíamos olvidado.
Entonces, una tarde de sábado a principios de noviembre, apareció otra vez en Holt».

La aparición de Jack Buedette nos deja muy intrigados. ¿Por qué desapareció? ¿Qué fue lo que hizo que le valió la animadversión de todos sus conciudadanos de Holt? ¿Por qué el sheriff lo detiene y lo mete en la cárcel? «Todavía nos molesta un poco cuando alguien nos hace algo malo. Y después decide desaparecer»

Es a partir de esa aparición, que se produce tras ocho años de haberse ido, cuando el narrador vuelve hacia atrás para contarnos toda la historia. El narrador es Pat Arbuckle, y empieza a contarnos desde la infancia. Desde que coincidieron en la escuela en primer grado, aunque Jack era un año mayor que Pat.

«fue por ese rutinario absentismo suyo en primer grado por lo que Jack repetía curso el siguiente año, en 1948, cuando yo entré a la escuela. Y como su apellido venía después del mío en los pases de lista, le asignaron el pupitre detrás de mí. Esa primera mañana, cuando entré él ya estaba ahí».

Así es que, desde el colegio, hasta que Jack desapareció en diciembre de 1976, Pat y Jack habían estado juntos como compañeros de colegio, instituto y de universidad, salvo los cuatro años en que Jack estuvo en el ejército tras abandonar sus estudios universitarios a principios de los sesenta. «[...] sí: yo lo conocía. Habíamos crecido juntos. Durante un tiempo hasta me había caído bien».

El padre de Pat era el dueño y director del Holt Mercury, el periódico local. Tras estudiar periodismo, Pat empezó a trabajar en el periódico ayudando a su padre y, finalmente, se hizo cargo a la jubilación de éste. Es por tanto un narrador enterado, acostumbrado a analizar las situaciones y contárselas a los demás, es el narrador ideal que podríamos desear. 

De su mano, y en primera persona, sabremos de la fuerte y curiosa personalidad de Jack; de su habilidad para el fútbol americano que lo convirtió en la estrella del equipo en el instituto y le valió una beca para la universidad;  de su paso por el ejército; de su noviazgo y su matrimonio, no necesariamente con la misma mujer. La vida, en suma, del personaje hasta su desaparición el 31 de diciembre de 1976. Y, por supuesto, sabremos las causas de esa desaparición y qué fue lo que tanto molestó al pueblo.

Pero también sabremos de la vida de Pat que, por circunstancias, vuelve a cruzarse con la de Jack aun antes de que éste aparezca. Pat es el contrapunto de Jack. Un hombre nada problemático, fiable, trabajador. 

Y mediante sucesos que se nos narran y por comentarios directos de Pat, sabremos también de la vida en el pueblo, un pueblo pequeño del Oeste americano en el que todos se conocen, acumulan resentimientos, con más o menos motivo, no siempre contra quien los merece; un pueblo en el que quien llega de fuera no termina de sentirse integrado porque allí, aunque todo el mundo se conoce, ni se conoce ni se intenta conocer a los extranjeros. «Así que la dejamos casi totalmente sola durante cinco años. Estaba meramente aquí, viviendo en un pueblo de tres mil personas donde todos se conocían. Y nadie la conocía a ella»

La balada de Holt me ha parecido una novela fantástica. Sus personajes, su ambientación, la sencillez del día a día alternando con episodios más truculentos; amor, indiferencia, odio, resentimiento... Una mezcla de sucesos y sentimientos que me ha encantado y me ha hecho conocer a un autor estadounidense más al que añadir a mi lista. No escribió mucha obra. Tan solo seis novelas de las que ésta que nos ocupa es la segunda. Tras ella, vienen otras tres que reunió en la llamada Trilogía de Holt, aunque se pueden leer por separado. No obstante, tras indagar, he comprobado que sus seis novelas tienen como escenario Holt, en el condado de Holt, Colorado, lugar imaginario que se cree que está basado en Yuma. Murió en 2014 y su última novela se publicó de manera póstuma en 2015.

Todo un descubrimiento que le debo a Norah, del blog En el rincón de una cantina y que le agradezco enormemente.

Comentarios

  1. Muchas gracias por tus reseñas. Mariana no conocía la novela y tampoco la autora. La balada de Holt no la conocía, pero el autor sí gracias a la recomendación de un amigo. Lo descubrí con Nosotros en la noche, que me encantó, y luego leí La canción de la llanura y Al final de la tarde, las dos primeras de la trilogía de Holt, tengo en casa pendiente la tercera, Bendición, y esta me la apunto. Un abrazo.

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