Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

sábado, 24 de enero de 2015

"La entrega" Michael R. Roskam & Dennis Lehane

"La entrega" es una película que para muchos de los amantes del cine y de las buenas series, siempre será un referente, algo emotivo, algo sobre lo que volver varias veces a lo largo del tiempo. La tendremos en nuestra videoteca y, de tanto en tanto, en tardes lluviosas y tontas, de esas en que uno no sabe muy bien en qué dar, volveremos a verla, volveremos a disfrutarla y quizás dejemos escapar o contengamos a duras penas (depende de la dureza de cada cual) una lagrimilla... y es que supone el último trabajo, la última aparición en escena de James Gandolfini, el queridísimo Tony Soprano que durante tantos años nos hizo amar a los gangsters; nos hizo sorprendernos con nosotros mismos al ver que, a pesar de sus actos reprobables, de su crueldad y tiranía, de su facilidad para tirar de pistola y quitarse de el medio a cualquier infeliz que se cruzara en su camino, no podían dejar de caernos simpáticos, no podíamos dejar de desear que todo les saliera bien porque eran nuestros amigos de cada semana y eran simpáticos y tenían su corazoncito y sufrían y precisaban de psiquiatras y, en una palabra, eran tan humanos...
James Gandolfini, in memoriam
Tan humano Tony Soprano como James Gandolfini, que necesitaba de estímulos para seguir viviendo y los encontraba en las drogas, el alcohol y la buena comida. Y una noche en Roma, tras una copiosa cena con todos sus complementos, estalló su corazón y se partió el nuestro cuando lo supimos a la mañana siguiente.
Pero la película tiene otros muchos atractivos, aunque la despedida de Gandolfini bastara por si misma. El guión es de Dennis Lehane y obtuvo en San Sebastián el Premio del Jurado al mejor guión. Está basado en una novela corta del mismo Lehane (la he leído recientemente) y, aunque las tiene mucho mejores, esta no deja de estar a la altura de lo que se espera del autor. Ni la novela, ni la película. Se repiten las claves que me han hecho seguir a este escritor desde que lo descubrí como autor de la novela que dio vida a la maravillosa "Mystic river" de Clint Eastwood: malos que no son tan malos; buenos que son menos buenos; crímenes que hacen justicia y son perdonados por el guión y la novela; crímenes injustos que son comprendidos (y también perdonados); en fin, la vida real con sus contradicciones, sus claroscuros, sus mil matices del gris y poco blanco y nada negro. De Dennis Lahane son novelas de las que han salido películas tan excelentes como "Adiós perqueña, adiós", "Shutter Island", y la mencionada "Mystic river".
Dennis Lehane
Como gionista, además de la película que nos ocupa, ha participado en varios episodios de algunas de las mejores series americanas de todos los tiempos como "The wire" y "Boardwalk empire". Como novelista tiene una excelente serie cuyos protagonistas son dos detectives de Boston: Kenzie
& Gennaro, en una de cuyas obras se basa la película "Adiós pequeña, adios", de la que quizás me anime a hablar otro día. En fin, para mi, cualquier cosa en la que este hombre meta la pluma, es garantía de calidad.
En "La entrega", Marv (el primo Marv, nuestro James Gandolfini) es un antihéroe que perdió sus días de gloria en la mafia irlandesa de Brooklyn (en la novela, la acción transcurre en Boston) cuando se achantó ante una banda mafiosa de chechenos, que ahora se han adueñado de su bar (Cousin Marv's), lo utilizan de tapadera para camuflar las ganancias de las apuestas y a él lo tienen de encargado.
Bob Saginowski (Tom Hardy) es el mejor personaje y el protagonista absoluto de la historia. Aparentemente es un pobre hombre solitario, con pocas luces, de esos de los que se dice que de tan buenos, son tontos. Bob atiende la barra, invita a rondas a todo el mundo y le fía las copas a Millie, una anciana que mata el tiempo bebiendo para no volver demasiado pronto al albergue en el que vive y a la que deja fumar después de medianoche (para cabreo y refunfuñe de Marv).
Noomi Rapace y Rocco
El bueno y un poco tonto de Bob, que encuentra un cachorro herido en un cubo de basura y con el cachorro, encuentra a Nadia (Noomi Rapace) y su vida de solitario irredento encuentra compañía, amistad, un poco de amor y un mucho de complicación.  
Pero Bob, que va a misa de siete todas las mañanas y nunca comulga, tiene sus secretos. Poco a poco se va revelando que no es tan tonto, que no es tan bueno, que no es tan indeciso; que en momentos de crisis, actúa con gran eficiencia. Saja, envuelve, corta, limpia, esconde; y todo ello sin mover un músculo, mientras charla o juega con su perro. Sabe qué servir a cada checheno para salvar una situación tensa; sabe qué hacer, qué decir, qué destruir para evitar una tragedia que nada puede evitar porque está cantada; porque ciertos pobres diablos nunca pueden acabar bien en cierta clase de historias; porque se pueden perdonar algunos crímenes, pero no la traición, ni la chapuza, ni la ineptitud.
El papel de Bob está muy bien interpretado por Tom Hardy, un actor inglés, que para algunos críticos es el mayor acierto de la película (considerando buena la película). Su actuación es sencilla, pero intensa. Se mete en el papel con una total economía de gestos, con una impasibilidad que lo expresa todo: empatía, ternura, cariño, rabia...
Tom Hardy
Adora a su perro, por el que está dispuesto a dar 10000 dólares; quiere y respeta a su primo Marv, por cuya integridad teme y a quien intenta alejar de las malas tentaciones; está enamorado de Nadia, por quien sería, por quien es, capaz de cualquier cosa.
Al final, como siempre en las historias de Lehane, puede que a la ley se le escape algún delito, pero de lo que no cabe duda es de que se hace justicia; de que las cosas que quedan, quedan en su sitio porque algunas no se puede evitar que ni siquiera queden. Y hasta los policías lo entienden ("Nadie te ve venir, ¿verdad?" le dice al final a Bob el inspector Torres que se ha percatado de todo) y es que, a veces, la única manera de hacer justicia es cometiendo un delito.

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