Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

domingo, 1 de febrero de 2015

"Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia" Alejandro González Iñárritu

Aunque no puedo negar que otras obras del director ("Amores perros" o "21 gramos") me han gustado más, no se puede negar que esta impacta de principio a fin. Acostumbrada a esas otras películas que González Iñárritu nos sirve desmembradas, cortadas en pedazos de tiempo y espacio y que, poco a poco se van reconstruyendo ante nuestros ojos asombrados, ésta resulta demasiado lineal para lo que me esperaba. Pero salvo ese detalle, que yo aprecio mucho, la película tiene un gran valor. 
Está considerada como una comedia de humor negro, pero, si bien es cierto que dicho humor no falta, yo la clasificaría como un drama con tintes de tragedia.

Nada me hace reír en Riggan Thomson que se hizo famoso interpretando a Birdman, un héroe volador, y que ahora pretende triunfar como actor serio en Broadway con una obra de Raymond Carver, "De qué hablamos cuando hablamos de amor", adaptada por él mismo y que dirige e interpreta; nada me hace reír en ese hombre atrapado en un personaje que lo domina, en busca de una gloria honorable, harto ya, quizás, de una fama que no le satisface y le resulta un poco artificial. No me hacen gracia sus arrebatos de telequinesis, sus levitaciones, la voz grave del héroe pajarraco que lo mantiene prisionero con sus ensoñaciones de grandeza. No me hacen gracia porque asistir al enorme empeño de un actor por aprovechar una última oportunidad que por momentos se le escapa de las manos, verlo pelear con sus demonios que por momentos lo derrotan sin piedad, ver como todo se confabula contra él (desde el nuevo actor superestrella, hasta Dickinson, la crítica más reputada del mundillo), no tiene ninguna gracia y llega a ser un tanto agobiante porque, como espectadora, me siento atrapada en su, al parecer, inevitable fracaso. Un fracaso que es doble porque en él se materializa aquello a lo que el actor tiene más miedo (como bien le recuerda su hija): a no importar, a no ser nadie, a no ser relevante. Como todos los demás, por otra parte.
Michael Keaton en "Birdman" (y Birdman)
Michael Keaton es el actor que da vida a Riggan Thomson. Siempre me ha parecido un buen actor. En esta película está grandioso. Y, teniendo en cuenta sus interpretaciones de Batman, podría decirse que se produce una especie de transferencia entre el actor y el personaje (no me consta que haya tenido problemas similares a los de Riggan, pero bien podría estar, en cierta medida, interpretándose a sí mismo). Ya ha obtenido por ella el Globo de Oro a mejor actor y está nominado al Óscar. Puede que él, con muchos premios, aunque ninguno reseñable desde el punto de vista mediático, al contrario que su personaje, consiga por fin un Óscar y un merecido reconocimiento porque con este papel se lo ha ganado. 
Con una genial caracterización que hace que nos cueste reconocerlo al primer golpe de vista; una impecable interpretación en la que nos transmite todo sus miedos, todas sus angustias, toda su esquizofrenia entre Birdman y el pobre mortal que es Riggan Thomson, se enfrenta a uno de los papeles más honestos, creíbles y emotivos que he visto en los últimos tiempos.


Y si de actores hablamos, Edward Norton está, como siempre, formidable, y supone otro guiño de auto interpretación, en el personaje de Mike Shiner, la estrella que llega en el último momento para salvar la obra y se convierte en la pesadilla del director por su peculiar manera de entender la interpretación (parece ser que Norton es temido por los problemas que plantea en los rodajes)Mike, aparentemente pretende robar protagonismo a Riggan y acaba saboteando los preestrenos y poniéndonos de los nervios porque nosotros queremos por encima de todo que Riggan triunfe, que se reconcilie consigo mismo y con sus ansias de ser, por fin, un actor serio, algo más que "una respuesta del Trivial". Pero Mike en realidad respeta a Riggan y da la cara por él ante Dickinson de la que es amigo ("Mañana a las ocho va a salir a escena a arriesgarlo todo, le dice en la barra de un bar, ¿qué vas a hacer tú?")
Michael Keaton y Edward Norton

Agobia un poco también el contexto. Creo que en ninguna película del mundo teatral se ha sentido como en esta el ambiente inhóspito que se esconde detrás de las bambalinas, la estrechez entre bastidores, lo cutre de los camerinos, lo angosto de los interminables pasillos que recorren las tripas de esa hermosa apariencia que solo se nos manifiesta en el escenario, los palcos y el patio de butacas.
Con esa admirable capacidad de autocrítica que tienen los narradores americanos (escritores, cineastas o dramaturgos), aunque el que nos ocupa es mejicano, esta película es cine hablando del cine y del teatro; es escena criticando los entresijos y los pecados más arraigados de la escena: el papel de los críticos de teatro que hacen y deshacen y crean opinión ("Se hace uno crítico cuando no sabe hacer arte" le dice Mike a Dickinson que está dispuesta a destrozar la obra antes de verla porque detesta lo que Riggan representa); el daño que algunos papeles mediáticos, de excesivo y tal vez poco merecido éxito, hacen a los actores; el ego que les impide conformarse con ser prescindibles, que les lleva a abandonarlo todo para dedicarse a lo único que les puede sacar del anonimato y la irrelevancia; el ansia de triunfar que les hace arriesgar fortuna, familia e incluso la vida para salvar la obra y, con ella, la fama.
La fotografía es insuperable (cámara en mano persiguiendo la escena por pasillos, camerinos, escenario, cuartos repletos de atrezzo, Boadway y sus callejones aledaños); la ambientación, espléndida; los diálogos, inteligentes; los actores secundarios (Emma Stone, Naomi Watts, y el resto), formidables; el guión, impecable.
Al final, lo que prevalece es un deseo tan acuciante de salvar la obra, que lleva a Riggan a arriesgarlo todo (en el sentido más amplio de la palabra "todo") para asegurarse de que, a pesar de la opinión negativa de Dickinson, su obra será recordada durante mucho tiempo. Y lo consigue. Y, de propina, consigue la mejor crítica que podía desear: bajo el título "La inesperada virtud de la ignorancia" Dickinson califica la obra de superrealista y de inyectar sangre en las venas de Broadway. Una de esas críticas, como dice el abogado y amigo de Riggan, que lo convierten a uno en leyenda.
Emma Stone
¿Humor? Sí, podría tener humor la soberbia escena de Riggan en calzoncillos, corriendo por el Broadway de los teatros, formando una fila de gente tras de sí que le reconoce como el gran Birdman, y que termina con su entrada en escena desde el patio de butacas, de esa guisa e improvisando; tendría humor si no fuera porque vemos que, de nuevo en el segundo preestreno, el fiasco está servido y el triunfo, un poco más lejos.
Quizás el final sí resulte un poco cómico, cuando nuestro anti héroe sale volando literalmente mientras su hija le contempla desde abajo con un gesto en la cara de perfecta ambigüedad entre la sonrisa complaciente y la mirada sorprendida de unos ojos confundidos.


Óscar a los que está nominada la película.
  • Mejor película
  • Mejor director   (Alejandro Gonzáles Iñárritu)
  • Mejor actor       (Michael Keaton)
  • Mejor actor de reparto       (Edward Norton)
  • Mejor actriz de reparto     (Emma Stone)
  • Mejor edición de sonido
  • Mejor fotografía      (Emmanuel Lubezki)
  • Mejor sonido
  • Mejor guión original     

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