Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

sábado, 28 de febrero de 2015

"Blonde" Joyce Carol Oates


En el año 2000, la escritora norteamericana Joyce Carol Oates publicó esta novela sobre la vida de Marilyn Monroe. Según dice la propia autora, quien busque datos biográficos de la actriz deberá consultar alguna de las biografías que se han escrito al efecto porque esto no es una biografía. Esto es una novela y, como tal, solo es fiel a la verdad hasta un cierto punto y se toma muchas licencias. Se han resumido algunos de los episodios de su vida porque probablemente enumerarlos todos habría añadido poco interés y hubiera lastrado una obra extensa (tiene más de ochocientas páginas) sin añadir nada nuevo al retrato que nos hace del personaje. Y eso es lo que verdaderamente importa, el retrato de una mujer que era, por una parte, como aparecía en las películas: tierna, vulnerable, ingenua, buena... pero, por otra parte, era todo lo contrario: no era la tontita guapa e ignorante; rubia y sin cerebro; alocada y un poco casquivana que nos mostraban la mayoría de sus personajes.

Era una mujer sensible que leía y escribía poesía, ansiosa por aprender y saber; que asistía a cursos de Poesía Renacentista en la Escuela nocturna de la Universidad de Los Ángeles; que leía a Schopenhauer, a Darwin y a Freud; a Dostoievski y a Chejov; una actriz entregada, con un enorme talento, que intentaba entender a los personajes que interpretaba y siempre estaba dispuesta a repetir las escenas porque "Estoy segura de que lo puedo hacer mejor".
No voy a tratar aquí de la biografía de Marilyn, ni de lo que hay de verídico o de inventado en la novela. Esto es un comentario acerca de un libro y, por lo tanto, del libro sea o no verídico va a tratar.
Norma Jeane había nacido con las cartas marcadas en contra y fue incapaz de cambiarlas a lo largo de su corta vida: su madre era una mujer inestable y enferma; alocada, fantasiosa e irresponsable; que pasó la mitad de su vida en hospitales psiquiátricos. Ni tenía recursos para mantenerla ni tuvo fuerzas para enfrentarse a los problemas sociales de una madre sola en 1926 por lo que dejó a la niña al cuidado de su propia madre, la abuela Della. Solo unos meses vivirían juntas madre e hija. Al tener la primera casa propia, quiso, por fin, hacerse cargo de la niña, pero una crisis nerviosa terminó con ella en el psiquiátrico y con Norma Jeane al cuidado de unos amigos. La abuela había muerto y, ante lo que se presentaba como una ausencia prolongada de la madre, deciden dejarla en un orfanato. Allí pasará varios años hasta pasar a una familia de acogida (sus reiterados sueños de ser adoptada se vieron siempre frustrados ante la negativa de la madre a ceder su custodia).
Aparentemente, comienza una vida normalizada  para la niña: va al colegio y al instituto, hace deporte, sale con amigas y con chicos... hasta que la madre de acogida, temerosa de las intenciones de su marido hacia la adolescente, la convence para que se case lo que hace a los dieciseis años profundamente enamorada. El matrimonio es feliz hasta que el marido se alista para luchar en la Segunda Guerra Mundial.
Hasta aquí, la vida de Norma Jeane ha sido la crónica de un abandono proporcionado en pequeñas dosis: abandono por parte de su padre al que nunca conoció ni llegó a saber quien era; el abandono de su madre que deserta de la niña, de sí misma y de la cordura; la dejación, en forma de orfanato, de los amigos que se quedan a su cargo; la expulsión, en forma de matrimonio, de la casa de acogida en la que había conseguido, casi, ser feliz; la huida de su marido, que siente la necesidad de aportar su granito de patriotismo y heroicidad contra los japoneses, pero también, de huir de una mujer que lo asfixia con su exceso de amor y su necesidad de atención y cariño. Demasiados abandonos en diecisiete años de vida.
A partir de la marcha del marido, por primera vez, Norma Jeane toma las riendas de su vida y empieza a ser dueña de su presente y de su futuro.
Vive sola y empieza a trabajar en la cadena de montaje de una fábrica. Por primera vez "¡Era libre! ¡Estaba sola!... No como huérfana. No como hija adoptiva. No como la hija, la nuera o la esposa de alguien". Y Norma Jeane ama la guerra porque "...era tan constante y fiable como el hambre o el sueño. La guerra siempre estaba ahí". Para una joven que ha sido dejada de lado tantas veces, algo inmutable, predecible, tiene que resultar un asidero lo suficientemente deseable como para no desear soltarse jamás.
Se sorprende deseando que la guerra dure eternamente ya que su trabajo depende de la escasez de mano de obra masculina: a la guerra le debe su trabajo y su libertad. A su trabajo le deberá todo su futuro cuando aparezca un hombre que la observa desde la puerta, con una cámara de fotos en la mano, mientras vestida con mono trabaja en la cadena de montaje. Y una de las fotos se convierte en portada de un artículo sobre la mujer que trabaja por su patria. La foto llamó la atención y la futura actriz empezó a trabajar como modelo para la Agencia Preene. Era el año 1945 y Norma Jeane tenía 19 años. 
Por aquella época, de la aspirina Bayer que tomaba para aliviar las molestias de sus dolorosas menstruaciones pasó   a tomar codeína que le recetaba el médico de la Agencia. Así se inicia su idilio con las pastillas. Primero para el dolor; más tarde, para dormir, para tranquilizarse, para estimularse y trabajar más horas y en mejor forma. Un círculo de sensaciones químicas, auspiciado siempre por los médicos de Agencias y Productoras, que la llevaría, intencionadamente o por error, al final que todos conocemos (o puede que no).
Pero no es cuestión de adelantarse a lo que tiene que venir. Estábamos en 1945. La guerra termina y el marido regresa, pero ya no volverán a vivir juntos. Ella ha comenzado su carrera de modelo y no está dispuesta a ser de nuevo la perfecta ama de casa. De la Agencia de modelos, pasa a trabajar para la Productora (curiosamente la misma para la que había trabajado su madre como montadora, cortando y ensamblando negativos) y se pone en manos de un agente: I. E. Shinn.
Se tiñe el pelo y se convierte en Marilyn Monroe (tomando el apellido de soltera de su madre), un personaje más, un personaje del que casi nunca estuvo satisfecha: siempre reivindicó su propia identidad de Norma Jeane; siempre se sintió poseída y un poco fagocitada por el personaje de Marilyn ("Marilyn no es más que una carrera. No tiene bienestar" le dice en una ocasión a Shinn cuando éste le recuerda que él se preocupa por la carrera y el bienestar de Marilyn). Siempre... hasta que, en sus últimas películas, reivindica el personaje; busca a Marilyn en el espejo a medida que su maquillador va intentando el milagro; quiere ser Marilyn porque Marilyn es hermosa y alegre y querida; Marilyn es, en realidad, lo que ella está dejando se ser.
Con todos sus personajes se sintió identificada, de todos ellos pretendió conocer las motivaciones de sus actos, su más profunda psicología; a todos intentó darles un toque personal; con todos se implicó más allá de la pura interpretación de un papel. Y todos la fueron poseyendo; poco a poco fue siendo devorada por cada uno de ellos hasta que de ella ya no quedó nada.
A todos sus personajes se entrega: las jóvenes simplonas y  alegres; tontitas y superficiales; ingenuas y vulnerables que destilan bondad y ternura, sensibilidad y un enorme y frágil corazón; la mujer adúltera, que desprecia a su marido (un héroe de Guerra al que intuimos impotente) y planea matarlo para huir con su amante; la loca niñera; la enternecedora intérprete de ukelele; la corista de viaje en autobús; la maravillosa Roslyn Tabor, su último papel en Vidas rebeldes, escrita por su marido (el Dramaturgo) y que es ella misma... hasta cierto punto; ("¡No una cosa rubia! Una mujer, por fin").
Cuando interpretó a  Lorelei Lee en"Los caballeros las prefieren rubias" (1953), tras leer el guión, insinuó que se le diera más profundidad a su personaje al que veía banal y poco elaborado. No le hicieron caso "...tú eres la rubia, Marilyn. Tú eres Lorelei".  
Y es que la gran desgracia de Marilyn fue ser rubia y tener un cuerpo escultural (el título de la más célebre canción de la película, "Diamonds are a girl's best friends", puede resumir el personaje); su ignorancia (la de sus personajes) era el motivo cómico de sus comedias. Su belleza fue una cortina demasiado brillante que impidió que se viera lo que había detrás: un enorme talento y una intuición excepcional para entender las dimensiones de sus personajes.
Y qué decir de su vida privada. En la novela se le atribuyen, explícitamente varios amantes, tres maridos y dos abortos, pero se insinúa un sinfín de relaciones y varios abortos. Cada uno de estos episodios la fue dejando más magullada, vulnerable e indefensa. Sus amores a tres bandas en el grupo de los Dióscuros, como se llamaban a sí mismos, con Cass Chaplin y Edward G. Robinson Jr. (otros dos hijos abandonados y resentidos contra sus padres), pareja a su vez, de los que acaba separándose cuando decide abortar al hijo de uno de ellos (no se sabe cuál); sus siguientes maridos, "el ex Deportista" y el "Dramaturgo" (evidentemente Joe DiMaggio y Arthur Miller, aunque en ningún momento se les nombre). El primero la maltrataba físicamente y su matrimonio no dura ni un año. El segundo, un hombre pacífico, casi veinte años mayor que ella, la adoraba y ella a él, pero no pudieron superar la pérdida del hijo que esperaban y se terminan divorciando en 1961, apenas un año y medio antes de la muerte de Marilyn. 
A partir de ahí, la trayectoria de la actriz comienza la caída en picado. Sus amores con el "Presidente" (J. F. Kennedy?) y el trato que recibe de él (vejatorio y humillante hasta escocer el alma del que lo lee), no parecen ser ajenos a su declive psíquico.
El final de la novela es sensacional. Se van dando claves, pinceladas, nada se asegura, pero todo queda abierto: ¿tiene realmente un nuevo aborto de un hijo del Presidente o es solo un sueño? ¿su muerte corre a cargo del Francotirador? de ser así, ¿lo contrató el Ex Deportista, aún enamorado de ella y celoso? ¿lo contrató la Agencia (CIA) para proteger al Presidente? ¿tal vez lo contrató para hacer daño al Presidente una vez se hiciera pública toda la historia? ("Porque el Presidente y la Agencia no siempre eran aliados; la Presidencia era un poder efímero y la Agencia un poder permanente")
O sencillamente se suicidó al no poder soportar la última pérdida, la última traición: Cass Chaplin muere ahogado en su vómito de borracho y ella descubre, en medio del dolor, que ha sido él quién, durante años, se ha hecho pasar por el padre que le escribe cariñosas cartas y al que, aunque nunca le ha visto, sueña con llevar a vivir a su casa con ella y con su madre a la que sacará del psiquiátrico y, por fin, podrán vivir juntos como la familia que nunca llegaron ser.
Aunque puede que todo sea más simple y que en un descuido de alcohol y una sombra de fármacos, se confundiera con la cantidad de Nembutal necesario para conciliar el sueño una noche más.

2 comentarios:

  1. Estupenda reseña, Rosa. Ambas, la tuya y la mía, demuestran cómo un libro acaba (o continúa) en su receptor o en sus respectivos lectores. Me ha gustado la tuya, porque resumes muy bien la novela. Es verdad que yo le di una lectura e interpretación más crítica, del personaje y del libro en general. Un beso, Rosa (te respondo en un escape de mis vacaciones, ahora en el País Vasco).

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tomarte un tiempo de tus vacaciones para leerme y comentar. ¡¡Sí que te has ido lejos!! Hasta la otra punta de España.
      Tienes razón en que el lector continúa la novela y la termina cuando la lee y, así, hay tantas versiones de la misma novela como lectores. No es la novela que más me ha gustado de la autora, pero me gustó mucho.
      Un beso y disfruta de tus vacaciones.

      Eliminar

Puedes dejar un comentario si quieres. No es obligatorio, pero hace una ilusión...

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...