Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

martes, 4 de noviembre de 2014

Deconstruyendo París


He pasado cinco días en París, como ya se ha visto por las fotos.
Conocí París, como casi todo el mundo, mucho antes de conocer París. Conocí París como mucha gente, a través de la literatura.

Primero fue el París del siglo XVII, el Louvre y las Tullerías de los Tres Mosqueteros, por cuyos enormes y desangelados pasillos se movían Ana de Austria y el Cardenal Richelieu, con sus intrigas y maquinaciones a espaldas de Luis XIII; más tarde fue el París del siglo XIX con los salones de la mejor sociedad burguesa en los que el Conde de Montecristo maquinaba su venganza. También del Conde de Montecristo me salió al paso el cementerio del Pére Lachaise, único en el que el Señor deVillefort consideraba digno dejar sus despojos; el mismo cementerio donde Víctor Hugo dejó enterrado a Jean Valjean el protagonista de Los Miserables; el viejo cementerio con su halo romántico de flores marchitas y lápidas húmedas de moho y sombras.
Unos años más tarde fue el París de los años 50 y 60 del siglo XX, el de los jóvenes estudiantes sudamericanos, el que nos relatan Cortázar y Vargas Llosa y Bryce Echenique y mayo del 68 y...
El recuerdo más vivo que tengo de cómo una novela me evocó la ciudad y me hizo desear conocerla se debe a "La araña negra" de Blasco Ibáñez. No recuerdo apenas nada de la historia más allá de una serie de intrigas por parte de los Jesuitas que van tejiendo su tela (la tela de la araña negra) para quedarse con la fortuna de una familia adinerada. Hace más de treinta años que la leí, pero nunca olvidé sus descripciones de la margen izquierda del Sena (la famosa rive gauche) y de la zona de Montmartre. 
No pude olvidar durante mucho tiempo el ambiente bohemio de estudiantes y artistas, cabarets y mujeres de mala vida, antros nublados por el humo y los vapores de la absenta, buhardillas heladas de frío y hambre; y puede que mezcle novelas y sensaciones y lo que recordé durante mucho tiempo, aquel París que permaneció durante años en mi imaginario fuera un refrito de demasiadas historias, demasiadas novelas, demasiada imaginación.
El caso es que no lo olvidé hasta que conocí París. La decepción de mi primer paseo por la orilla izquierda no fui capaz de confesármela ni a mi misma. París lleno de coches y de turistas, sin humo en los antros porque ya no hay antros (o yo no los encontré) y porque ya no se fuma en ningún sitio.
Me olvidé de mi París; me resigné a que el París de las novelas es un París de otro tiempo, de otros siglos, de otros estilos de vida. Tuve que deconstruir París y construirlo de nuevo a partir de sus propias ruinas y de las ruinas de mi pobre recuerdo malherido. Y me quedó precioso. 
Ahora mi París es el que he ido descubriendo poco a poco, viaje a viaje. No tiene sabor a boinas negras de estudiantes existecialistas, ni olor a trementina de estudio de pintor en Pigalle. Es un París del siglo XXI, más vivible, más claro y luminoso, al que, de vez en cuando, voy con ilusión, sabiendo lo que voy a encontrar. Sabiendo lo que no voy a encontrar. Ya no me decepciona y las sorpresas que me reserva son siempre agradables.
Pero me gustaría encontrar a Toulouse-Lautrec haciéndole un retrato a Jane Avril en el Moulin de la Galette que me gusta mucho más que el Moulin Rouge.


8 comentarios:

  1. ¿Estás segura de que no lo has encontrado, a Toulouse-Lautrec haciéndole ese retrato a Jane Avril? Yo, después de leer tu artículo, tengo mis dudas...

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  2. Muchas gracias. Me ha gustado tu comentario. Y gracias, además porque la idea del blog, me la diste tú con el tuyo. Lo que pasa es que hasta ahora, he tenido menos tiempo y no me he decidido.

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  3. Yo también conocí París a través de los libros, y las canciones de Aznavour , Brel y Piaf... La primera vez que estuve fue casi de paso, una escapada, la primera que hacía yo sola lejos de mi familia (con veinte añitos)... y me enamoró aunque no se parecía mucho a lo que yo imaginaba. Supongo que fue el hecho de vivir una aventura lo que me hizo verlo todo como en una nube, era "la vie en rose". Preciosa entrada, Rosa, me ha encantado

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  4. Me alegro de que te haya gustado la entrada. La música parisina es muy bella y hay canciones que son preciosas ("La vie en rose" que mencionas cantada por Edith Piaf es puro París, es París en vena), pero yo soy más de cine y literatura. Para mí es una ciudad muy especial. He estado seis veces, una de ellas con mi madre. Ella tenía la ilusión de conocer París así es que una semana de abril de 2005 me pedí una semana sin sueldo en el trabajo y nos fuimos las dos. Disfrutamos, sobre todo ella, un montón. Hoy me decía que esto que ha pasado le ha quitado la imagen idílica que tenía de la ciudad. Me parece una pena por ella. Es como si le hubieran robado la ciudad y sus recuerdos maravillosos.
    Gracias por tu aportación.

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  5. Una preciosa forma de narrar tu re-enamoramiento de París, una ciudad mágica en cualquier época y momento :)
    Yo estuve allí con 21 años, de viaje de estudios a mediados de carrera. Para mí tuvo muchos alicientes añadidos porque era la primera vez que viajaba a Europa, el primer viaje que hacía con el que hoy es mi marido, la primera vez que mis padres me dejaban hacer un viaje tan lejos. Tengo recuerdos maravillosos de los lugares y de los sentimientos que allí experimenté.
    Ainsss Rosa, ahora me he puesto nostálgica!! jajajjaaja.
    Una entrada preciosa, como siempre. Gracias!! :)
    Un beso!!

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    Respuestas
    1. Yo viajé a París con treinta años por lo que tuve mucho tiempo para desearlo, imaginarlo... y sentirme decepcionada. Ahora, después de volver varias veces, estoy totalmente enamorada de la ciudad. He conocido otras muchas ciudades europeas, pero París sigue ganándolas a todas. A mí siempre me deja nostálgica.
      Besos.

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  6. Bonita entrada, Rosa. Me ha gustado mucho.
    Yo estuve en París en el año 92. Dos veces ese mismo año. No he vuelto a ir, pero siempre planeo hacerlo.
    A mi también me fascina ese París antiguo del que hablas. CIerro los ojos y veo a Catalina de Medicis intrigando en el Louvre y yendo a la margen izquierda en busca de perfumistas que le preparen algún veneno. También puedo ver a Maria Antonieta en Versalles y a todos esos pobres que se morian de hambre mientras ella se divertía...
    Uf, creo que se me ha ido un poco la olla, pero es que me has hecho sentir con este post.
    Gracias.
    Ah, y gracias también por habe creado ese maravilloso premio que tengo la suerte de tener.
    Un abrazo.

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  7. Para mí París primero fue literatura, luego decepción y ahora... es París. No necesita literatura. Es la ciudad por excelencia de la que estoy enamorada. La he visitado seis veces y cada vez descubro más cosas.
    Me alegro muchísimo de que mi premio haya viajado a blogs y personas que no conozco. Es maravilloso. Enhorabuena por su posesión porque eso indica que alguien, desde un blog, te aprecia mucho.
    Un beso y gracias por tu visita y comentario.

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