Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

jueves, 23 de julio de 2015

"Carthage" Joyce Carol Oates


Cuando hice la reseña de "Mujer de barro" de Joyce Carol Oates ya dije que no era su novela más reciente, que tenía otra posterior, y citaba una entrevista hecha a la autora con motivo de esta última publicación que no es otra que "Carthage". 
Por fin le ha llegado su momento, la he leído y debo decir que, como siempre, ha cubierto todas mis expectativas y es que Joyce Carol Oates nunca me ha defraudado. Incluso en sus incursiones por el mundo de la fantasía, como en su "Saga gótica" de la que sólo he leído "Bellefleur" y "Las hermanas Zinn", reconozco que el hecho de que me hayan resultado un poco pesadas, es más bien culpa mía: no me gusta la fantasía gótica; pero la autora demuestra en cada línea de cada página su maestría para crear mundos y personajes exclusivos y maravillosos.
Si "Mujer de barro" estaba ambientada en Ithaca, ésta lo está en Carthage, aún más al norte (unos 275 kilómetros), aún más cerca de la frontera con Canadá, al oeste y mucho más cerca de los montes Adirondack que ya habíamos conocido allí. Son ciudades con nombres míticos que parecen sacados de historias del pasado. Se prestarían mucho a ser invenciones de la autora, pero existen. Están al norte del estado de Nueva York, entre bosques verdes y lagos azules o grises de un tamaño tan inmenso que no tienen fin, su horizonte carece de accidentes, recuerdan vastos océanos, pero sólo son lagos, los lagos que separan estados Unidos de Canadá. Los mismos lagos que se irán secando a medida que la zona se eleve (si el cambio climático no lo impide).
Son ciudades pequeñas, donde se conoce todo el mundo, donde cualquier suceso que se salga de lo normal, por poco que sea, cobra carácter de acontecimiento, de noticia para comentar en cualquier lugar donde se reúnan dos o más personas, y más aún si el suceso es la desaparición de la hija pequeña de los Mayfield, Cressida. Porque Zeno Mayfield, el padre, es un abogado muy conocido en la ciudad, de la que fue alcalde, y Cressida es la hija menor, "la lista", en contraposición a su hermana Juliet que es "la guapa"; porque enseguida se baraja como causa más probable el asesinato por parte de Brett Kincaid, veterano de la guerra de Irak de donde volvió mutilado física y psíquicamente y, lo más morboso, ex prometido de Juliet. Y contado así, puede parecer una novela rosa con tintes truculentos, una mala novela de asesinatos, traiciones y envidias, pero en manos de un buen escritor, puede ser también una novela sobre la soledad humana, sobre la frustración, sobre el miedo al rechazo, sobre la envidia y la traición, sobre el perdón o su imposibilidad (o su inutilidad)... sobre el ser humano, en una palabra. Y es la novela que Joyce Carol Oates escribe cada vez que escribe una novela, o la novela que va construyendo con todas sus novelas. Y no hay nada que me guste más que esos escritores que nos cuentan siempre la misma historia disfrazada de diferentes argumentos; la misma historia en la que profundizan con cada nuevo libro y de la que van sacando hasta el matiz más nimio y recóndito.
Esta novela trata de personajes atrapados en su propia realidad hecha de inseguridades y frustraciones y celos y soledad. Cressida vive tensa y acomplejada. Se siente poco querida y se refugia en el sarcasmo, el cinismo e incluso la crueldad. Cressida desea huir de sí misma y de su familia y de su ciudad y finalmente lo consigue... aunque, tal vez, solo tal vez, no como esperaba.
Brett Kincaid tal vez no se habría alistado de no ser por su padre, pero "el sargento de primera clase Graham Kincaid había luchado en la primera guerra del Golfo, desde agosto de 1990 hasta marzo de 1991" y aunque había abandonado a su mujer y a su hijo cuando Brett era un niño, éste tiene la necesidad de que su padre se sienta orgulloso de él. Brett Kincaid asistió en Irak a demasiada violencia y no siempre en actos de guerra, y no siempre causada por "los malos"; Brett Kincaid esconde algún secreto, vio algo que no debía haber visto y en el suceso que le causó las heridas y lo devolvió a su casa herido y trastornado hay algo turbio, algo de lo que no se habla, algo que ni él mismo conoce bien. Brett Kincaid también desea huir de sí mismo y pagar deudas reales o imaginarias. Se siente culpable de un asesinato y en su cabeza, uno se mezcla con otro y los medicamentos y el alcohol no ayudan. 
Son personajes sumidos en el dolor de la pérdida, divididos entre el perdón necesario a la conciencia cristiana y la imposibilidad del perdón ante la magnitud del perjuicio y la traición. 
Para Zeno, no hay perdón posible. Él no es religioso y ni siquiera se lo plantea. No puede perdonar al asesino de su hija y la condena de "diez a quince años" le parece insuficiente. No querría la pena de muerte "porque Zeno no creía en la pena de muerte. Ni siquiera para el brutal y despiadado asesino de su hija". Se hubiera conformado con la cadena perpetua.
Arlette busca consuelo a la desaparición de su hija en la ayuda a los demás, a pesar de que Cressida se burlaba, con su cinismo habitual, de esa necesidad de altruismo "parafraseando una observación de W. H. Auden: «Estamos en la tierra para ayudar a otras personas. Pero para qué están aquí las otras personas, eso no lo sabe nadie»". Su generosidad y entrega encuentran su culminación perdonando a Brett y yendo a visitarlo a la cárcel.
Juliet es, quizás, el personaje más trágico de la novela. No solo ha perdido a su hermana, sino también a su prometido. ha perdido los hijos que hubiera tenido con él y aunque se ha casado y es aceptablemente feliz, es incapaz de perdonar a su propia hermana; no puede dejar de pensar que le ha arruinado la vida, la ha obligado a una vida de parche que tapa malamente las heridas, sin curarlas ni aliviarlas. Y es que no puede dejar de pensar, y con ella tal vez los lectores, que su hermana es la culpable de todo lo sucedido, y los demás, el cabo Brett incluido, sus víctimas.
Y también es una novela contra la guerra; contra la necesidad de patriotismo que sienten muchos jóvenes, que sintieron tras el 11 de Septiembre de 2001, y que les llevó, en muchos casos, a entregar su juventud, su salud mental y su vida por su país, pero, "¿Qué país? Casi ninguno de los hijos e hijas de los dirigentes políticos se alistaban en las fuerzas armadas. Ni los jóvenes con estudios universitarios. Ya en 2002 cualquiera se daba cuenta de que en la guerra pelearían los miembros de una clase de marginados, supervisados por el Ministerio de Defensa" Así es que cuando Zeno ve a Brett Kincaid con su uniforme de gala, apuesto y feliz del brazo de su hija, en la fiesta de despedida para los chicos que se van a Irak, no puede dejar de pensar "Dios del cielo. No dejes de tu mano a este pobre chico, tan buena persona y tan bobo. [...] Se paga un precio demasiado alto por ser estúpido"


2 comentarios:

  1. Qué gran verdad, Rosa, cuando dices que un argumento que puede resultar folletinesco si lo desarrolla un buen escritor se convierte en una estupenda novela.
    Me atrae el tema de los soldados que van a Irak, eso de que 'se paga un precio demasiado alto por ser estúpido' creo que es una definición cruel pero real. En cambio los que se benefician del negocio de la guerra, esos, no pagan nada.
    Fenomenal reseña, como nos tienes acostumbrados ya.
    Un beso

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    Respuestas
    1. Gracias, guapa. Es un honor que desde tu maravilloso balcón decidas leerme. Sí, la guerra (y las del Golfo todos sabíamos que eran puro negocio) las pagan los ilusos (soldados patriotas) y los pobres desgraciados a los que pilla dentro (las poblaciones autóctonas de los lugares en conflicto) y las cobran los que nos convencen de que hay armas de destrucción masiva y los que tienen fábricas de armamento, que en muchas ocasiones son los mismos. Un asco.
      Un beso.

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