Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Deconstruyendo París

Esta es una de mis reseñas más antiguas. La publiqué el 4 de noviembre de 2014. Mi blog acababa de cumplir ocho días, nació el 26 de octubre, en los cuales realicé un viaje a París durante el puente del 1 de noviembre. La vuelvo a traer aquí porque hace poco, con motivo de la publicación de un post sobre "Las diez entradas menos leídas de mi blog", descubrí algunas que me resultan especialmente queridas. Esta que publico hoy no entró en esa categoría por poco. Y sin embargo, le tengo un cariño especial; por ser de lo primero que escribí, por tratar de París y por tratar de literatura.
Le he hecho algún cambio, pero en lo sustancial es la misma entrada que escribí hace más de dos años. Lo podéis comprobar visitando la antigua versión.

Plaza de Los Vosgos

He pasado cinco días en París, como ya se ha visto por las fotos (previa a esta entrada había hecho otras dos solo con fotos. Las tenéis aquí y aquí).
Conocí París, como casi todo el mundo, mucho antes de conocer París. Conocí París, como mucha gente, a través de la literatura.
Primero fue el París del siglo XVII, el Louvre y las Tullerías de los Tres Mosqueteros, por cuyos enormes y desangelados pasillos se movían Ana de Austria y el Cardenal Richelieu, con sus intrigas y maquinaciones a espaldas de Luis XIII. 
Más tarde fue el París del siglo XIX con los salones de la mejor sociedad burguesa en los que "El Conde de Montecristo" maquinaba su venganza. También de "El Conde de Montecristo" me salió al paso el cementerio del Pére Lachaise, único cementerio en toda la ciudad (y en todo el mundo) en el que el Señor de Villefort consideraba digno dejar sus despojos; el mismo cementerio donde Víctor Hugo dejó enterrado a Jean Valjean el protagonista de "Los Miserables"; el viejo cementerio con su halo romántico de flores marchitas y lápidas húmedas de moho y sombras.
Unos años más tarde fue el París de los años 50 y 60 del siglo XX, el de los jóvenes estudiantes sudamericanos, el que nos relatan Cortázar y Vargas Llosa y Bryce Echenique; y la Maga llorando por el niño Rocamadour, y "la niña mala" reencontrada por Ricardo Somocurcio, y las tristes aventuras de Martín Romaña, y mayo del 68 y...
El recuerdo más vivo que tengo de cómo una novela me evocó la ciudad y me hizo desear conocerla se debe a "La araña negra" de Blasco Ibáñez. No recuerdo apenas nada de la historia más allá de una serie de intrigas por parte de los Jesuitas que van tejiendo su tela (la tela de la araña negra) para quedarse con la fortuna de una familia adinerada. Hace más de treinta años que la leí, pero nunca olvidé el París del siglo XIX que me evocaba; sus descripciones de la margen izquierda del Sena (la famosa rive gauche) y de la zona de Montmartre. 
No pude olvidar durante mucho tiempo el París de toda mi literatura; el ambiente bohemio de estudiantes y artistas, cabarets y mujeres de mala vida, antros nublados por el humo y los vapores de la absenta, buhardillas heladas de frío y hambre; y puede que mezcle novelas y sensaciones, y puede que lo que recordé durante mucho tiempo, aquel París que permaneció durante años en mi imaginario, fuera un refrito de demasiadas historias, demasiadas novelas, demasiada imaginación.
El caso es que no lo olvidé hasta que conocí París. La decepción de mi primer paseo por la orilla izquierda, la ansiada rive gauche, no fui capaz de confesármela ni a mi misma. París estaba lleno de coches y de turistas, sin humo en los antros porque ya no hay antros (o yo no los encontré) y porque ya no se fuma en ningún sitio; no había absenta (o yo no la vi), ni coches de caballos, ni artistas bohemios, ni gatos en las buhardillas.
Me olvidé de mi París; me resigné a que el París de las novelas es un París de otro tiempo, de otros siglos, de otros estilos de vida. Tuve que deconstruir mi París y construirlo de nuevo a partir de sus propias ruinas y de las ruinas de mi pobre recuerdo malherido. Y me quedó precioso. 
Jane Avril por Toulouse
Lautrec
Ahora mi París es el que he ido descubriendo poco a poco, viaje a viaje. No tiene sabor a boinas negras de estudiantes existecialistas, ni olor a trementina de estudio de pintor en Pigalle. Es un París del siglo XXI, no sé si más vivible, pero sí más claro y luminoso, al que de vez en cuando voy con ilusión, sabiendo lo que voy a encontrar. Sabiendo lo que no voy a encontrar. Ya no me decepciona y las sorpresas que me reserva son siempre agradables... pero me gustaría encontrar a Toulouse-Lautrec haciéndole un retrato a Jane Avril en el Moulin de la Galette (que siempre me ha gustado mucho más que el Moulin Rouge).

16 comentarios:

  1. ¡¡¡Hola!!!!
    Me ha encantado la entrada. Adoro París. Lo conocí de una manera que me encanta, en un viaje de estudios, con compañeros de esos que en aquel momento son el centro de la vida, con una adolescencia llena de novelas(al igual que tú)pero en aquel momento me encnató, no me decepcioné en absoluto, era tan feliz...
    Son momentos, yo estaba acostumbrar con mis papis(que me encantaba) pero esa libertad de recorrer la orilla del Sena charlando con amigos, de ir en barco por ese río que tantos relatos y novelas inspiró...cuando veo las fotos con una boina que me compré me da una ternura...
    Con los años he vuelto a Francia unas cuantas veces, me encanta, y París ni te digo, pero claro, es otra cosa, un encanto diferente, no tiene ese sabor de los risas y besos adolescentes, aunque tiene otro sabor, el de la familia, la alegría, la felicidad...
    Me ha encantado este post, ya lo había leído y me gusta mucho.
    Me parece genial esta segunda oportunidad.
    Besos.

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    1. Fuiste más realista que yo. Yo iba enferma de literatura y juro que buscaba el París de "Los Miserables" y de "Rayuela" y, la verdad es que me decepcionó. Tuve que volver a construirlo literalmente. Ahora me encanta y cada vez que voy lo hago con la misma ilusión de conocer sitios nuevos y nunca me defrauda, pero tuve que superar el trauma inicial.
      Una de las visitas que recuerdo con más cariño es cuando fui con mi madre, las dos solas. Lo pasamos de maravilla y quedó encantada de como la llevé por toda la ciudad con la única ayuda de un plano. Para ella era algo alucinante pues siempre ha viajado con guías que te llevan y te traen, en viajes organizados. Vino diciendo que yo era muy lista y mi hermana se mosqueaba y decía que ella también era muy lista. Todavía bromeamos con ello muchas veces.
      Me alegro de que te haya gustado por segunda vez.
      Un beso.

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  2. Mi querida Rosa, siempre quedará París... si ese del siglo XXI. Ese París de los puentes, de los paseos por los márgenes del Sena, esas películas de amor rodadas en París, la dama de hierro (tour Eiffel) las gárgolas de Notre Dame,...yo la conocí y no paré de escribir de ella. Gracias por traerme de nuevo el recuerdo con tus escritores, leyéndote me ha sido fácil transportarme a esos siglos pasados, entonces ¿habrá que ir hacia atrás en el tiempo para que no pierda su magia. Un abrazo

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    1. El tiempo del pasado, sobre todo si nos lo hemos encontrado en novelas geniasle, es mucho más mágico que el actual. pero visto que solo podemos vivir en este que nos ha tocado, como bien dices, siempre nos quedará París, el de ahora, ese que he aprendido a disfrutar sin ningún esfuerzo y que devoro con glotonería cada vez que lo visito.
      Un beso.

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  3. Me ha gustado mucho este post, es interesante ese conflicto entre la ciudad imaginada, que te evocaron tus lecturas y la ciudad real. El estilo es magnífico, se lee con verdadero deleite.
    Uno no sabe si de verdad ha existo el París de Víctor Hugo o Cortázar, si no es también una ficción. Supongo que nuestras ciudades históricas europeas se han convertido básicamente en lugares turísticos o centros de negocios. Es muy graciosa la anécdota de tu madre, jaja.
    Un abrazo.

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    1. Me imagino que el París de Víctor Hugo, Dumas, Cortázar... además de ser distinto del nuestro, es también distinto del que ellos conocieron. Es un París que pasó por el filtro de su fantasía y sus deseos y regresó a nosotros convertido en escenario de historias maravillosas que, a su vez, independientemente del autor, le dieron su parte de leyenda y magia.
      Ni en el siglo XIX hubiera encontrado la rive gauche de "La aranña negra". Seguro que solo existió en la imaginación de Blasco Ibáñez, pero me hizo soñar durante muchos años.
      Gracias por tus palabras. Me alegro de que te haya gustado.
      Un beso.

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  4. Con este post me has hecho recordar cuando fuí a Paris por primera vez y no he vuelto desde entonces allá por el año 77, fue al bautizo de mi primo hermano, ya que la hermana de mi madre esta casada con mi tío que es de París precisamente, y me encanto, sobre todo guardo grato recuerdo de cuando mi abuelo, mi madre mi hermana, mi tía y yo, subimos a la Torre Eifel y divisamos la ciudad, es un recuerdo maravilloso. Me gustaría alguna vez volver y pasear otra vez por los campos eliseos, volver a subir a la Torre Eifel y visitar de nuevo el Louvre, aunque solo vi las salas principales ya que es tan grande, pero lo disfrute muchìsimo. Gracias por traernos París una de las capitales mas bonitas del mundo. TERE.

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    1. Pues fuiste muy pronto. Yo fui en la Semana Santa del 91. Es decir que tuve mucho tiempo para crear ciudad a partir de la literatura. Después he vuelto varias veces y he tenido tiempo de superar aquella primera decepción. Ahora estoy de acuerdo contigo: es una de las ciudades más bonitas del mundo, al menos del mundo que yo conozco. La única ciudad a la que volveré con más ganas que a París es Nueva York.
      Un beso.

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  5. Leo esta publicación, que acertadamente rescatas, con consternación porque cuando yo visité París no sentí ni la mitad de las cosas que tú, ni siquiera utilizando la imaginación como tú haces. En lugar de deconstruir París yo me quedé con lo que vi, quizás porque mi cultura literaria no es tan vasta como la tuya o porque me falta la sensibilidad necesaria.
    Me gustó mucho la ciudad, de hecho tengo pensado volver aunque no sé cuándo, pero salvo algunas callejuelas por las que me perdí en Montmartre, me pareció una ciudad fría y eso que la visité en junio.
    No sé, los franceses y yo no nos llevamos bien (literalmente, porque he tenido que tratar con muchos durante unos años laborales en una clínica francesa) y creo que me predispuse negativamente a valorar la ciudad.
    Genial esta entrada, gracias por traerla de nuevo.
    Un beso.

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    1. A mí me encanta Francia y me encantan los franceses. Sí ya sé que algunos se creen superiores a nosotros, pero qué le vamos a hacer. Nosotros nos creemos superiores a los portugueses o a los marroquíes. Todo el mundos e cree superior a alguien.
      Los admiro porque, siendo un país muy católico (tienen a la entrada de los pueblos el horario de misas, cosa que jamás he visto en España), jamás permitirían que la Iglesia se inmiscuyera en el Estado o en las leyes; porque leen infinitamente más que nosotros; porque han sabido mantener sus tradiciones, sus granjas, sus puestos con la fruta en las aceras, un modo de vida que nosotros hemos desechado por creerlo anticuado, demostrando con ello que somos unos snobs papanatas. Es cierto que nunca he tratado con ellos más allá de lo que se trata cuando vas de turista, y que puede que si alguna vez tengo una relación más profunda acabe pensando lo mismo que tú, pero, de momento, prefiero permanecer inocente e ingenua.
      Me alegro de que te haya gustado la entrada. Le tengo un cariño especial.
      Un beso.

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  6. Me ha encantado Rosa que recuperes esta entrada que no había leído y esa acertada reflexión sobre la deconstrucción (bien escogido el término jajaja) de aquellos lugares que hemos visitado a través de la literatura.

    Me ha gustado visitarlo a través de tus letras, aunque tuvieras que hacer un acomodo entre lo imaginado y lo real. Hace poco he leído que hay preocupación por un movimiento que se va extendiendo en ciudades excesivamente turistizadas, me parece que me acabo de inventar la palabra, pero son esas ciudades que están muriendo de éxito, entre las que incluyo a Barcelona, donde a veces tienes la sensación de que a los pocos lugareños que resisten nos están haciendo vivir en un parque temático dedicado al turismo, que es muy bueno, que genera mucho trabajo pero que se debe dosificar porque se pierde la esencia de la ciudad, y hay gente diciendo basta, que se busque un turismo más racional.

    Yo tengo recuerdos muy bonitos de ese viaje de fin de estudios a Paris, en mi caso del BUP, con los compañeros a los que en muchos casos dejé de ver. Recuerdo aquellos escenarios de nuestras clases de francés buscando al pobre Quasimodo en Notre Dame y Montmartre, y miles de lugares que me parecieron preciosos.

    Ui que ganas me han entradoo de volver prontito a Paris, eso sí cuando no haga tanto frío.
    Un beso guapa

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    1. Hace poco, hablando de Barcelona en relación a este tema, hizo Iñaki el mismo cometario: que Barcelona iba a morir de éxito. Es una ciudad preciosa y muy interesante, pero lo malo es que la masa de turistas, los turistas masivos, no aprecian lo mejor de la ciudad. Por cierto ¿creéis en Barcelona que la película de Woody Allen ha tenido algo que ver en ese repunte del turismo?
      Yo he ido muchas veces a París. A partir de la segunda, en que ya superé la decepción, me enamoré de la ciudad. Ahora cada vez que voy, la disfruto mucho porque siempre me quedan sitios nuevos por conocer y sitios conocidos a los que volver.
      Un beso.

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  7. Preciosa tu deconstrucción y precioso tu post, Rosa. Para ser de los primeros, chapeau! (y nunca mejor dicho).
    Bueno, pues voy a ser probablemente la única persona que no ha estado en París, y eso que domino (dominaba, más bien) el idioma. Cuando lo estudiaba no encontré la ocasión, y luego, en dos ocasiones que estuve a punto, se torció el viaje. O sea, que se me pasaron un poco las ganas de ir con tanto handicap.
    Pero 'tu' París te ha quedado de libro, me ha maravillado.

    ¡Un beso!

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    1. Chelo, ¡¡tienes que ir a París!! Con lo bonito que me ha quedado tras la "reconstrucción" no te lo puedes perder. La llaman la ciudad de la luz, pero para mí es la ciudad del espacio. Los espacios en París son grandiosos. Es una ciudad inmensamente generosa con el espacio; plazas, avenidas, puentes en los que la vista se te pierde en horizontes casi infinitos. Una ciudad imprescindible.
      Un beso.

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  8. Gracias por tu viaje literario por París en busca de personajes carismáticos de novela de ficción.
    ¿Y esta era de la entradas menos leídas de tu blog?
    Feliz navidad amiga y si no nos volvemos a ver: "Siempre nos quedará parís"
    Un besazo.

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    1. Es que cuando la escribí, mi blog tenía ocho días el pobre y no me conocía ni yo misma. Además tampoco salió en las 10 entradas menos leídas por poco, con lo que no ahí se la vio. Por eso quería volver a sacarla a la luz. Para darle otra oportunidad. Lo voy a hacer con alguna más que me gusta y que está por ahí perdida y olvidada.
      Un beso.

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