Febrero 2019
En el hospital del orfanato —la sección niños de St. Cloud’s , en Maine— dos enfermeras eran las encargadas de dar nombre a los nuevos bebés y de verificar que sus pequeños penes cicatrizaran después de la obligada circuncisión. En aquellos tiempos (192-), se circuncidaba a todos los niños nacidos en St. Cloud’s porque durante la primera guerra mundial el médico del orfanato había tenido dificultades, por un motivo u otro, en el tratamiento de soldados no circuncisos. El médico, que también ocupaba el cargo de director de la sección niños, no era un hombre religioso; para él la circuncisión no era tanto un rito como un acto estrictamente clínico que se ejecutaba por razones higiénicas. Se llamaba Wilbur Larch y siempre evocaba en una de las enfermeras —si exceptuamos el aroma a éter que constantemente lo acompañaba— la madera resistente y perdurable de la conífera del mismo nombre. Sin embargo, la enfermera detestaba el ridículo nombre de Wilbur y se horrorizaba ante l...