Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

jueves, 29 de marzo de 2018

"Tú no eres como otras madres" Angelika Schrobsdorff

"Else se crió, por tanto, como una niña bien de familia judía, en un nido cálido y seguro, vigilada por sus padres con alas desplegadas, ojos agudos y pico afilado, junto a su querido y mimado hermano pequeño, y rodeada de un clan constituido por un sinfín de tíos y tías, de primos y primas. Era y siempre sería una criatura divertida, sana y sin complicaciones, que con su afán de vida y exceso de peso reventaba todas las costuras". Y no solo reventaba las costuras de los vestidos por exceso de peso, sino que pronto empezó a reventar las costuras de la propia vida por falta de conformismo, por exceso de ilusiones, por ansia de libertad. La vida y sus convenciones se le quedaban estrechas. Sobre todo, la vida y las convenciones de su pequeño mundo de judíos burgueses de clase media.
Else Kirschner desde muy pequeña, desde el jardín de infancia en realidad, empezó a tener relación con los círculos cristianos que ella prefería a su propio ambiente familiar, "el mundillo de los denominados judíos de la confección, impresentables en sociedad para la alta burguesía judía y considerados filisteos por los intelectuales judíos". Un ambiente de gente considerada por Else como puros comerciantes toscos e incultos, un ambiente muy proclive a la idea de buscarse un "buen partido" que satisficiera más la parte práctica y social de la vida que la parte sentimental y la pasión amorosa. Eso no iba para nada con Else, quien ansiaba moverse en ambientes artísticos y un poco bohemios y que, cuando a los diecinueve años conoció a Fritz Schwiefert, "un cristiano, un trovador, un hombre joven sin oficio ni beneficio. [...] un hombre para el amor, un artista, pero no un marido. Los maridos tenían un aspecto completamente distinto, eran completamente diferentes, le ofrecían a una cosas completamente diversas: cosas materiales, no intelectuales", cuando le conoció, decía, sintió que había entrado en contacto con cuanto podía esperar y desear. 
Fritz sería su primer amor, su mayor amor, pero tan solo el primer padre de los tres que tendrían respectivamente los tres hijos de Else; el más querido, el más especial de sus innumerables amantes de una noche, de una temporada, de unos meses.
Else se saldría de todas las costuras durante toda su vida. Nunca fue una mujer de su casa como se esperaba de ella y más teniendo en cuenta que estamos en aquellos años tempranos del siglo XX (nació en 1897). No sabía cocinar, ni limpiar, ni tenía las más mínimas dotes de lo que se podía precisar para ponerse al frente de un hogar. Su madre no sintió la necesidad de cuidar ese aspecto de la educación de Else. Seguramente lo confió todo al "buen partido" que encontraría y que la libraría de tan penosos y monótonos trabajos. 
Como madre fue un tanto caótica. Quería a sus hijos, pero no sabía muy bien como tratarlos y nunca dejó sus fiestas, sus salidas al teatro o sus amantes.
Nunca le importó lo que pudieran pensar de ella, ni se preocupó por las murmuraciones (siempre que estas no llegaran a sus padres primero y a sus hijos después), vivió situaciones que aun hoy en día sería tachadas de aberrantes, pero eran los años veinte en Berlín. Una época que ahora nos escandalizaría si la viéramos en todo su esplendor. Una época de apertura artística y sexual en la que los prejuicios, al menos en el mundillo artístico y un poco bohemio que Else frecuentaba, se dejaron de lado, y la gente se entregó a vivir como si le quedaran unas horas de vida, como si presintiera que le quedaban tan solo unos pocos años hasta que todo volviera a derrumbarse como se había derrumbado hacía menos de una década. 
El periodo de entre-guerras fue uno de los más desinhibidos y alegres de la historia del siglo XX, y Berlín fue su corazón palpitante con sus cabarets, sus drogas, su arte, su música, su libertad, su expresionismo y su cine, o su cine expresionista... Los años veinte "fueron fantásticos [...]. El preludio de una época nueva, moderna, emancipada, que no tuvo oportunidad. ¡Una grandiosa danza de la muerte! La cantidad de gigantes del arte y del intelecto que el Berlín de entonces escupió de la noche a la mañana es simplemente increíble. La mitad eran judíos. Y bien, conseguimos matarlo todo: a los judíos, el arte y el intelecto".
Y es que después de los años veinte, inexorablemente, llegaron los años treinta y todo empezó a cambiar, para el arte, para el intelecto y para los judíos. Else fue de los que no supieron o no quisieron verlo a tiempo y el nazismo cayó sobre ella y su familia como una losa, más pesada y penosa por cuanto no fue esperada ni vislumbrada. 
A pesar de estar casada con un cristiano rico e influyente, Else conocerá el exilio, la pérdida, las dificultades y los sinsabores de la escasez. Sobrevivirá, pero para entonces nada de su alegría natural, de su chispa provocativa, de sus ansias de vida, perviven en ella. Se habrá convertido en una mujer enferma, debilitada, y rota por las penalidades de todo tipo que la guerra le deparó

Angelika Schrobsdorff

"Como mujer de mi generación, yo era algo nuevo, insólito y sospechoso. Me salía del marco, por así decir, tenía que ser muy fuerte y hacerme mis propias leyes. Nadie me ayudó, al contrario: se me aceptaba, en el mejor de los casos, como un bicho raro; y en el peor, se me tenía por una degenerada". Esto le escribe a su hija Angelika en 1949, tres meses antes de morir, en una carta en la que le reprocha su propia actitud (la de Angelika) con su marido y que ha llevado a su matrimonio a hacer aguas. Y es que esta historia es una biografía. Angelika Schrobsdorff es la hija pequeña de los tres hijos que tuvo Else. Los otros dos fueron Pete Schwiefert, el hijo de Fritz, su primer y único hijo varón y Bettina Schwiefert, que aunque llevaba el apellido del que por entonces era el marido de Else, en realidad fue hija de Hans Huber, un amante de Else con el que convivió en la misma casa en la que también vivían Fritz y su amante de entonces, Enie. Angelika, la pequeña, era hija del segundo marido de Else, Erich Schrobsdorff. 

Else Kirschner con su hija, Angelika Schrobsdorff 
Angelika tomó sobre sí la tarea de escribir sobre su madre. "Conocía a Else como madre; que la llegara a conocer, comprender y querer como mujer se lo debo en primer lugar a Enie, a su sinceridad y franqueza y a las dos cajas de cartón repletas que aquella vez me entregó diciendo: «Toma esto y aprovéchalo»". Sintió la necesidad de escribir sobre la mujer que fue su madre más allá de lo que conocía de ella como mera madre. Ella y su hermana fueron descubriendo la vida de Else, como mujer, como amante, como persona; descubrieron todo aquello de lo que ella había protegido a sus seres más queridos: sus padres y sus hijos. Para ello se sirvieron de diarios, cartas, testimonios de amigas y conocidas y de guiones que Else había escrito y en los que, cambiando levemente los nombres, contaba episodios de su vida; . 
Angelika Schrobsdorff aún me reservaba alguna sorpresa tras leer el libro. Indagando veo que fue (murió en 2016) la esposa de Claude Lanzmann y no puedo soslayar el hecho de lo mucho que me suena este nombre y lo pronuncio mentalmente y, sin darme cuenta, me sale detrás otra palabra, "Shoah", que es el título del que sin duda es el mejor documental que se ha hecho nunca sobre los campos de exterminio nazis. Claude Lanzmann  es su director. Con diez horas de duración hay que echarle tiempo y ganas para verlo completo. Tuve en su día tantas ganas que hice tiempo de donde no lo había. Ni uno solo de los segundos empleados se puede considerar perdido. No tengo más que decir acerca de "Shoah".

Claude Lanzmann

"La tragedia que se abatió sobre Else cual terremoto, sacudiendo su vida como madre y esposa amante y amada, pulverizando su visión del mundo, cuyas raíces aún se anclaban profundamente en la tradición judía, y dejándola emerger de las ruinas y cenizas de sus ilusiones solo meses después y como una mujer completamente transformada". Esas palabras, aunque dichas con otro motivo, bien podrían resumir lo que con Else hicieron los años y la Guerra.
La historia de Else es un trasunto de la historia de Europa durante la primera mitad del siglo XX: la amable y dorada infancia llena de promesas e ilusión (primeros años); el despertar del sueño con las angustias y complicaciones de la adolescencia (Gran Guerra); la locura de la juventud con las ansias de agotar la vida y bebérsela al completo (años veinte); la madurez que va llegando sin que queramos hacerle mucho caso ni ser muy conscientes de ella (años treinta y ascenso del nazismo); la tragedia de hacerse consciente de la propia decadencia, de la pérdida de fuerzas, de la llegada de la enfermedad (Segunda Guerra Mundial e inmediata posguerra).
Una novela notable, una vida rebelde y apasionada y un periodo de la Historia apasionadamente interesante.

lunes, 26 de marzo de 2018

"Muertes pequeñas" Emma Flynt.

Cuando Cindy y Frankie desaparecen, su madre queda destrozada por el dolor. ¿O tal vez no? Ruth Malone es una mujer de vida un tanto relajada. Hace poco más de un año que se ha separado de su marido. Trabaja de camarera y tiene que cuidar de sus dos hijos de cuatro y seis años. Acumula novios y amantes (ya lo hacía antes de separarse), no permite que nadie la vea llorar e incluso en medio del dolor por la pérdida de sus hijos, no le gusta presentarse en ningún sitio sin ir perfectamente arreglada para la ocasión, y el luto requiere un vestido negro.
Tal vez son todas esas circunstancias las que hacen que, cuando empieza la novela, nos encontremos a Ruth en la cárcel. Recordando, tratando de olvidar pero sin poder dejar de recordar el último día feliz de su vida, el último día con sus niños antes de que a la mañana siguiente hubieran desaparecido de su habitación, cerrada por fuera con pestillo, como si se hubieran volatilizado y fundido con el aire rancio y triste de una habitación infantil desolada de tan vacía. 
Ruth es la típica madre candidata a ser sospechosa. ¿Qué madre de dos niños pequeños tiene la casa desordenada y llena de polvo con tazas y platos sucios acumulándose en el fregadero? ¿Qué madre de dos niños pequeños tiene la basura llena de botellas vacías de bebidas alcohólicas de las fuertes? ¿Qué madre de dos niños pequeños sale por la noche y vuelve a casa con hombres distintos mientras sus hijos permanecen en la habitación encerrados por fuera con una falleba?
El sargento Devlin lo tiene claro desde el principio. Ella es la culpable sin lugar a dudas. Los niños eran una molestia y un obstáculo en la vida que Ruth Malone quería llevar. Todo la apunta sin ningún tipo de duda: sus salidas nocturnas, sus continuos amantes, su afición a la bebida, sus escasas aptitudes como ama de casa, escándalos anteriores que ya habían hecho acudir a la policía a su casa en dos ocasiones anteriores por exceso de ruido a horas inadecuadas.
El sargento lo tiene claro y no es él solo. Solo su amiga Gina la defiende con pleno convencimiento. Su marido (aún están casados) está de su parte, pero ante tantas evidencias, su confianza empieza a vacilar. La prensa, la opinión pública, el vecindario... todos desconfían de esta madre tan poco entregada, tan poco hogareña, tan poco madre. 
Hasta el lector desconfía de Ruth, porque a pesar de que a él se le permite entrar en lo más reservado de sus pensamientos y ver el dolor y el orgullo de animal indefenso y herido con el que la mujer se comporta en su estupefacción, el propio lector encuentra tan improcedente el comportamiento de Ruth, su vida tan poco acorde y compatible con el cuidado de dos niños pequeños, que le cuesta creer que sea inocente y se compre un vestido en una boutique de camino al funeral de su hija.
Hasta su propia madre desconfía de ella; ya la culpó en su día de la muerte del padre por su comportamiento inadecuado. "¡Tú lo mataste! Saliendo todo el día, bebiendo y haciendo lo que sea que hagas... ¡lo mataste!". Lo que piensa de la muerte de sus nietos, lo podemos imaginar.
Emma Flint
"Muertes pequeñas" es una novela sobre lo correcto y lo incorrecto, sobre los prejuicios, sobre el papel que se le supone a una madre, a todas las madres, a cualquier madre, sin recordar que hay tantas madres como mujeres, y cada una puede tener su propio estilo y ejercer la maternidad de forma distinta. Cada madre se recrimina sus fallos y torea con la culpabilidad como buenamente puede y sabe, porque si hay algo en lo que seguramente todas las madres coincidimos es en la culpa. Particular, distinta, propia de cada una, real o imaginaria (es tan frágil el convencimiento de una madre y tan grande su temor), pero cada una con una culpa que achacarse, echarse en cara y perdonarse. Y Ruth carga sola con su culpa como carga sola con sus hijos, porque está sola. "Ese hombre, Devlin, no tenía ni idea de eso. Ninguno de ellos, en realidad. Todos tenían sueldos de hombres y contaban con la ayuda de sus esposas para lidiar con el ruido y el desorden, con los problemas de Jimmy en la escuela o con el estrés de la pequeña Susie cuando no quería comer verdura o con el bebé que no paraba de llorar. 
No sabían nada de la culpa. No eran madres".
Devlin se interpone en el camino de Ruth, los hombres juzgan a las mujeres, pero los hombres no saben, no tienen ni idea. Pocos hombres se enfrentan al hecho de cuidar a dos niños pequeños sin ayuda, a prescindir del descanso tras el trabajo, porque entonces empieza el trabajo con los niños, la ducha, la cena, el cuento, los dientes... Los hombres se van y se van solos y las mujeres se quedan con los niños. Y si se quedan los hombres, lo más probable es que tengan una madre, una hermana, una cuñada... una mujer que les amortigua el golpe, que les hace llevadera la rutina y el hartazgo. Solo las mujeres están solas en esa tarea y las juzgan hombres que no tienen ni idea de lo que juzgan porque en casa tienen una mujer cuidándoles los hijos para que mientras, ellos puedan juzgar a otras mujeres.

Paseando bajo el tren elevado de Queens (Julio 2009)

Y si, en nuestra tentadora complacencia, queremos consolarnos pensando que eso fue en los años sesenta, en Queens, Nueva York, no tendremos que pensar mucho para darnos cuenta de que pocas cosas han cambiado desde entonces. Con pocas excepciones (siempre las hay; también las habría en 1965, cuando está ambientada la novela), los patrones se siguen repitiendo: las madres se quedan con los hijos, se les exige un comportamiento intachable, dedicación exclusiva, renuncia a su vida de mujer para entregarlo todo a su vida de madre; los padres se van, nada les impide vivir como quieran, entrar, salir, echarse una amante cada noche, otra pareja... con las debidas excepciones.
"Muertes pequeñas" es una novela que trata de todo esto y lo trata bien; como análisis de prejuicios, como muestra de la situación ante el juicio implacable a que se ven sometidas algunas mujeres, funciona y funciona bien, pero en cuanto a trama policíaca adolece de algún fallo. El principal para mí, aunque no el único, es un final que se precipita en las últimas páginas demasiado abruptamente, por un chispazo de intuición repentina, y que (pero esto es problema mío) no coincide con el que a mí me hubiera gustado o me hubiera parecido mucho mejor literariamente hablando. 
Hay también, creo, un fallo de anacronismo: "Marcó unas comillas en el aire con los dedos". Mi anotación fue inmediata: ¡¿En los años sesenta?! Pero luego me ha entrado la duda: el gesto de las comillas en el aire con los dedos ¿me habrá llegado a mí con décadas de retraso? ¿estaría de moda en Estados Unidos muchos años antes que en España? Como siempre, si alguien me puede resolver la duda le quedaré muy agradecida.
No obstante los fallos, creo que es una novela cuya lectura merece la pena. Nos pone ante nuestros prejuicios, nos atrapa y nos deja enganchados, es muy entretenida y mantiene la intriga. 


viernes, 23 de marzo de 2018

"Ya no quedan junglas adonde regresar" Carlos Augusto Casas

Lo primero que llamó mi atención de esta novela fue su hermoso título. Luego empezaron a llegar los premios:  VI Premio Wilkie Collins de Novela Negra; Premio Novelpol 2018; Premio Tuber melanosporum en las jornadas Gastro-Literarias de Morella Negra Com la Trufa 2018. Pero antes de saber de ellos, ya sabía que tenía que leer "Ya no quedan junglas adonde regresar". 
"Hay que tener un motivo para seguir viviendo. Y la venganza es uno de los mejores que he encontrado". El viejo se llama Mateo, aunque le llaman El Gentleman. Tiene 72 años y vive solo. Viudo y con un hijo que trabaja en Oklahoma y que nunca se acuerda de llamarle, el viejo tiene pocos motivos para seguir viviendo. Pero los jueves tiene a Olga, una puta de la calle Montera, a la que invita a comer y con la que habla. No quiere sexo, ya no le interesa. Tan solo un poco de charla con la que ponerle los cuernos a la soledad un rato cada semana. Tan solo un motivo.
Los jueves son su motivo para seguir viviendo hasta que Olga aparece asesinada. ¿Habrán sido los cuatro abogados que la habían invitado a una fiesta y con los que dijo que iba a ganar lo suficiente como para invitar ella a la siguiente comida? 
Cuando el viejo recibe la noticia, todo su mundo se conmociona. "Sus oídos se cerraron negándose a seguir escuchando [...] Lo único bello que le quedaba, lo único precioso que tenía, también se lo arrebataban. El peso enorme de la desolación descendía sobre sus gastados hombros". Y mientras la desolación lo aplasta, se va levantando en su interior una furia, un deseo de que las cosas no queden así, de ponerse al mando de sus emociones y empeñar la vida que le quede en hacer justicia, en restañar su dolor devolviéndolo multiplicado a los que se lo han causado. 
Una determinación que contrarresta el peso de la pena y lo eleva y lo pone en pie de nuevo, hace que tire del único hilo disponible, que se haga con una pistola y comience su cruzada particular, la que le lleva a recorrer las calles de Madrid, a introducirse en ambientes desconocidos hasta entonces... y a ser perseguido por un matón de apodo Herodes (a qué debe su apodo, es algo que sucedió en Italia, que no se llega a hacer explícito, pero que pone los pelos de punta). Pero no le importa porque "hace ya días que descubrió que el mundo se veía mucho más claro cuando estás detrás de un revólver".


Working girls [en la calle Montera] (Jordan Kevrekidis. 2013)

Por primera vez en muchos años, el viejo se siente vivo, dotado de un poder que le confiere autoridad para repartir justicia, para no dejarse avasallar por los indeseables que pueblan el mundo y que, por una vez, se encuentran con la horma de su zapato. No se ha sentido mejor en toda su vida porque "eso que dicen de que la venganza no sirve de nada. Pues es una gran mentira. Sirve para recuperar tu amor propio, para sentir que has hecho justicia"
Pero no solo Herodes persigue al viejo. La policía también le sigue la pista, y al frente está la Inspectora Iborra, una mujer atormentada que deja continuos mensajes de voz en el móvil de su marido quien, por enésima vez, hace días que no da señales de vida. Una mujer que disimula en su aliento el olor del alcohol, consumiendo ingentes cantidades de caramelos de menta. Una hija de puta, al decir del subinspector Puertas, que sobrevive en el mundo machista que la rodea a base de no pasar una y de crearse enemigos. "No se puede ser honesta sin crearse enemigos. Yo soy una hija de puta y tú un vago. Por eso nos han puesto juntos. Porque nadie nos traga"
La inspectora sigue bebiendo y comiendo caramelos Fisherman's Friend, sigue investigando y sigue dejando mensajes de voz a su marido. Y sigue tan enamorada de él que perfuma con su colonia su hueco en la cama y lo echa de menos... y sigue bebiendo. Pero la Inspectora oculta mucho más de lo que muestra y guarda sorpresas escondidas y también puede saltarse las normas, siempre que no sean las del respeto debido a su condición de mujer, a cualquier mujer.
De ella huye también el viejo que sigue por las calles de Madrid su particular cruzada contra los cabrones infames del mundo, esos de los que dice Tarantino que hay que ahorcarlos. El viejo, más moderno, quiere meterles una bala en el cuerpo y, de paso, hacerles sufrir un poco para aderezar la venganza y que no lo tengan tan fácil.
El viejo sigue adelante, saltando obstáculos, convencido de lo que quiere hacer y sin dejar que nada lo disuada de ello. Ni siquiera la falta de esperanza. No, no hay ninguna esperanza en su cruzada. La esperanza no existe para él porque es consciente de que "no hay esperanza en esta eterna insatisfacción que llamamos vida. Estos últimos días me he sentido libre por primera vez en mucho tiempo, y ha sido cuando no he seguido sus reglas. Cuando me he convertido en un salvaje"
Carlos Augusto Casas
"Ya no quedan junglas adonde regresar" es la primera novela de Carlos Augusto Casas, un hombre que sabe de lo que escribe pues en su labor de periodista de investigación ha trabajado cerca y conoce bien la calle Montera. Aunque trabaja para la editorial Cuadernos del Laberinto dirigiendo su colección de novela negra "Estrella Negra", no ha querido publicar en esa editorial su primer trabajo "por elegancia", según él mismo confiesa.
Una primera novela que seguirá recogiendo premios (justo antes de publicar esta entrada me entero de que también ha conseguido el IV Premio Ciudad de Santa Cruz en el Festival Atlántico de Género Negro Tenerife Noir 2018) y que recomiendo leer porque tiene todos los ingredientes del género y además tiene sentido del humor, que no sé si forma ya parte de esos ingredientes negros, pero si no lo hace debería hacerlo porque ser capaz de reírse de las propias miserias pone un gris contrapunto y un toque más de realidad a cualquier historia. Y también la recomiendo porque es muy buena.


miércoles, 21 de marzo de 2018

"Cuando gritan los muertos" Paco Gómez Escribano


Cuando Paco Gómez Escribano me ofreció "Cuando gritan los muertos" para que le hiciera una reseña, me hizo mucha ilusión. Esta es la cuarta que hago de una de sus novelas, cuatro reseñas que ha publicado la Revista MoonMagazine
Es también la cuarta historia que nos sumerge en el mundo de Canillejas, y de sus habitantes,  de los que cada vez vamos conociendo más porque  aunque "las enciclopedias de historia de los barrios no existen", Paco Gómez Escribano ya lleva escritos varios tomos de esta enciclopedia que no existe (hay un quinto tomo titulado "Madrid Prisión", solo disponible en "Black & Noir", una aplicación para móvil de la que tengo pendiente mirar cómo funciona).
La reseña de "Cuando gritan los muertos" está, como todas las de Canillejas, en la Revista MoonMagazine por lo que si quieres saber algo más acerca del Cuqui, el Tente, el Mochuelo, el Elena y otros personajes, tendrás que ir hasta allí y leer la reseña completa.


Os invito a que paséis por allí y os animéis a leer, en estas cuatro novelas, la historia de este barrio. Una historia que Paco nos cuenta desde que "era un pueblo que fue anexionado a Madrid el 30 de marzo de 1950", hasta casi la actualidad. En este libro en  concreto, gobierna Zapatero (o ha gobernado; a él se le echa la culpa de no poder fumar en los bares) y la crisis ya se ha instalado entre nosotros.
A los no muy amantes de la novela negra y policíaca, he de decirles que estas son sobre todo novelas sociales. Negras, porque negra es la sociedad en la que se desarrollan, pero sociales como toda novela negra.
Dejo los enlaces a las reseñas de las cuatro novelas, en su orden de publicación. Son novelas que se pueden leer en cualquier orden o por separado pues tienen distintos protagonistas y cuentan historias diferentes.
Os espero en MoonMagazine, una revista para lunáticos de todo pelaje, hombres y mujeres lobo incluidos, eso sí, interesados por el arte y la cultura.

domingo, 18 de marzo de 2018

"Un libro de mártires americanos" Joyce Carol Oates

En esta ocasión, al placer de leer otra novela de Joyce Carol Oates, se ha unido un estímulo más: la preciosa portada que ilustra la edición de Alfaguara. Según la vi, pensé en Edward Hopper, uno de mis pintores favoritos, pero algo no terminada de cuadrarme. Era Hopper, pero no era Hopper. En cuanto tuve el libro en mis manos, busqué información acerca de la imagen y me encontré con que pertenece a Laetitia Molenaar, una fotógrafa holandesa. Confieso mi ignorancia, no la conocía. Menos mal que Google nos salva del desconocimiento si sabemos utilizarlo. 
Laetitia Molenaar es como yo amante de Hopper, pero, al contrario que yo, es una artista y se ha dedicado a recrear el mundo del pintor estadounidense... ¡¡en fotografía!! O sea que la imagen de la cubierta de "Un libro de mártires americanos" no es un cuadro, es una foto. La fotógrafa reinterpreta el mundo de Hopper recreando espacios y luces en maquetas de madera tridimensionales. Su serie Here Comes The Sun [It is alright] está formada por un  conjunto de fotografías que no copian las pinturas de Hopper, recrean el mundo de Hopper.


Here Comes The Sun [It is allright] Laetitia Molenaar (2010)

Pero ya me he emocionado y se me ha ido la mente por vericuetos inesperados, porque de lo que quiero hablar aquí es de la última novela de Joyce Carol Oates. 
"Un libro de mártires americanos" es la historia de dos hombres, de dos familias, de dos mujeres. 
Dos hombres: Augustus Voorhees y Luther Dunphy. 
Augustus Voorhees fue un hombre entregado a sus profundas convicciones sociales. Para él "una mujer debe tener control sobre su cuerpo: se trata de un derecho humano fundamental". Era un hombre muy progresista que pudo aspirar a un puesto bien pagado en algún hospital, pero prefirió dedicarse a la medicina social y a ayudar a las mujeres a decidir por ellas mismas. En esa empresa sacrificó también a su familia, siempre temerosa de lo que pudiera pasarle, de lo que finalmente le pasó.
Luther Dunphy quiso ser ministro de la Iglesia de San Pablo Misionero, pero no tuvo paciencia para soportar las clases necesarias y se quedó en ministro seglar, un simple ayudante del pastor. La asistencia a una charla del profesor Wohlman dio un nuevo sentido a su vida. "Declaramos nuestra adhesión a la Palabra de Jesús y no a la Ley del Hombre. Declaramos que no renunciaremos a emprender todas las acciones concretas que sean necesarias para defender vidas humanas inocentes, incluido el uso de la fuerza". Estas palabras le dieron a Luther un nuevo objetivo, un objetivo que determinaría la vida de las dos familias.
Ambos hombres morirán de forma violenta y traumática. El 2 de noviembre de 1999, cuando llegaba con su coche al Centro para Mujeres de Broome County en Muskegee Falls, Ohio, Voorhees y su chófer fueron asesinados por Luther Dunphy quien después de abatirles se quedó de rodillas esperando a que la policía viniera a detenerle. Años después, Dunphy sería ejecutado mediante inyección letal, condenado por dos homicidios. 
Las familias son los Voorhees y los Dunphy, dos familias despojadas del marido y padre, dos familias destruidas. 
Los Voorhees eran una familia feliz hasta noviembre de 1999.  Padres liberales y  con estudios (la madre, Jenna, es abogada), muy progresistas y muy comprometidos con los derechos civiles, especialmente los de las mujeres, especialmente su derecho a disponer de su propio cuerpo. Eso fue lo que llevó a Gus Voorhees a dedicarse a trabajar en Centros de Planificación Familiar interrumpiendo embarazos no deseados y ayudando a conseguir embarazos a gente que lo tenía difícil. La vida de la familia se configuró alrededor del trabajo del padre y de las distintas ciudades en las que fueron solicitando sus servicios. A su último destino Jenna se negó a seguirle y a seguir poniendo en peligro a la familia. Las amenazas eran constantes; los ataques a clínicas donde se practicaban abortos, cada vez más frecuentes; el número de médicos asesinados, en aumento.
"—¿Por qué no podemos vivir con papá?
Porque vivir con papá es peligroso.
—¿Es que no quieres a papá? ¿Estás enfadada con él?
Sí. Estoy enfadada con papá. Pero sí, le quiero".
Joyce Carol Oates (Claire Delfino)
Los Dunphy son una familia profundamente religiosa del Medio Oeste. El matrimonio, Luther y Edna Mae, viven con sus cuatro hijos en Ohio, donde él trabaja de techador. La religión lo impregna todo en la familia Dunphy. No hay música, salvo los salmos religiosos; no hay maquillaje, ni escotes, ni libros, salvo la Biblia. Nada de abortos aunque venga una criatura con síndrome de Down; nada de métodos anticonceptivos aunque los hijos se acumulen y a duras penas se les pueda dar lo necesario. 
De estas dos familias salieron dos hijas: Naomi Voorhees y Dawn Dunphy. Muy diferentes, pero más parecidas de lo que se podría imaginar. Ambas desarraigadas, ambas resentidas, ambas rotas y reconstruidas a base de pura necesidad de supervivencia. Han perdido a sus padres, pero también a las madres que, aturdidas por el dolor, se han visto incapaces de seguir haciéndose cargo de sus hijos. Los hermanos mayores se han buscado la propia salida al caos y se han ido 
de casa. Las dos muchachas saldrán adelante con esfuerzo, por sí mismas; odiándose sin conocerse para llegar a encontrarse y darse cuenta de que la desgracia se abatió sobre ellas sin sentido y sin culpa, haciéndolas herederas de causas ajenas que las han marcado para siempre. 
"Un libro de mártires americanos" es la historia de dos mártires, dos víctimas inmoladas en aras de sus ideologías, unas ideologías al servicio de las cuales se creyeron imprescindibles; con la soberbia de los elegidos, sometieron a su causa cualquier otra consideración: bienestar, familia, vida.
A lo largo de 824 páginas, Joyce Carol Oates se mete en la piel de un médico que practica abortos y de un hombre que ve en ellos una agresión homicida a un ser indefenso. Durante 824 páginas la autora nos habla con las palabras de estos dos personajes y sus familias, y lo hace con gran profundidad... y he terminado el libro sin saber si ella misma es partidaria del aborto o no lo es (tal vez sí, pero no; un tema espinoso para tomar partido al cien por cien). Lo que me ha quedado más claro es que no es partidaria de la pena de muerte. 
Y es que esta novela no es una novela neutral aunque la autora no tome partido (al menos de manera explícita). El sueño americano, los fanatismos (el religioso y el laico), las relaciones familiares, el dolor, el abandono, la violencia... son diseccionados y echados sobre la conciencia del lector para que sea él quien les ponga nombre y los califique. 
"Un libro de mártires americanos" es una novela sobre la vida y la muerte y sobre el hecho de que alguien pueda, en un momento dado, arrogarse el derecho a decidir sobre ellas, porque "una vez que se acepta que una clase de seres humanos tiene derecho a juzgar a todos los demás, a decidir quiénes son «personas» y quiénes no, se ha abierto la puerta para el Holocausto nazi, para el genocidio, para que el Estado pueda decidir sobre nuestra vida. No se puede permitir que suceda algo así" (confieso que estoy siendo maniquea con esta frase. No puedo ni quiero decir más, pero si alguien lee la novela sabrá a qué me refiero).
Con "Un libro de mártires americanos", una de las mejores novelas que he leído de ella, Joyce Carol Oates nos sumerge, con escenas a veces muy duras (las palabras pueden sugerir mil imágenes), en dos temas muy candentes: el aborto y la pena de muerte, "dos cuestiones que generan esa violencia que obsesionó a su admirado Norman Mailer y a otros narradores americanos como Don DeLillo o Cormac McCarthy, que tiñe de sangre la bandera americana y que tarde o temprano conduce a una forma de martirio sin redención" (El País, Babelia. Javier Aparicio Maydeu)


jueves, 15 de marzo de 2018

Sin reseña VII


Hace menos de un año que inauguré esta sección y ya estamos en la séptima entrada. A cinco libros y/o películas en cada una, llevamos ya 35 obras que se han quedado sin reseña en el blog, o sin entrada (hay quien dice que lo que yo hago no son reseñas), al menos sin lo que yo considero una de mis típicas entradas, de esas en las que me dejo llevar por las impresiones y nunca sé dónde voy a terminar ni en qué aguas turbias o claras terminaré buceando. 
Como veis en la imagen de cabecera, he cambiado la idea para que quien se acerque, sepa lo que se va a encontrar sin tener que avanzar por la entrada. Así, sin más pérdida de tiempo, sabrá si le interesa seguir o dejarlo ahí mismo.

"Amigos en las altas esferas". Donna Leon.
Vamos ya por la novena entrega del comisario Brunetti y, como siempre, el pobre se las ve y se las desea para descubrir a los malos.
El apartamento en el que viven Guido y Paola con sus hijos no parece contar con todos los permisos necesarios. Al haber sido construido como ampliación sobre un palacio histórico, precisa de una serie de planos y permisos que no aparecen. El funcionario del catastro encargado de llevar adelante su caso cree haber descubierto algo que pretende denunciar, cuando se entera de que Brunetti es policía. 
El asesinato hace un mes en Ferrara de un abogado parece estar relacionado con lo que el funcionario le quería denunciar a Brunetti y así, se nos va mostrando una trama en la que se mezcla la corrupción, el tráfico de drogas, la miseria física y moral de la usura, la locura... 
Brunetti se tendrá que enfrentar a la indolencia propia del funcionariado de la ciudad, la histórica costumbre de resolver los problemas, no por la vía de la legalidad sino de los conocimientos en las altas esferas de cada cual, con la capacidad de los poderosos para tapar sus faltas y las de sus allegados... Se tendrá que enfrentar a la desconfianza y a la zozobra que le lleva a pensar en sus momentos más bajos si sus colegas, la "mayoría de ellos no estarían a sueldo de la mafia", aunque en momentos menos bajos se ha dado cuenta de que ciertos episodios no son más que "otro ejemplo de una endémica incompetencia y falta de interés" propia de los venecianos. De nuevo veremos, a la vez que él, que "toda tentativa para prevenir, impedir o castigar el crimen estaba condenada al fracaso".

"Muertos prescindibles". Michael Hjorth & Hans Rosenfeldt.
Esta tercera entrega de las protagonizadas por Sebastian Bergman resulta tan adictiva como las otras dos. Y como en las otras dos se mezcla una trama compleja, y con varios aspectos que terminan encajando a la perfección, con las vidas personales de los integrantes de la Brigada de Homicidios. La trama policial parte del macabro hallazgo de seis cadáveres en las montañas de Jämtland. A la vez asistimos a los intentos de una mujer de origen afgano por conseguir que alguien le haga caso y la ayude a descubrir lo sucedido a su marido desaparecido hace diez años. Ambas historias, poco a poco, se van mostrando relacionadas, como no podría ser de otra manera, pero hasta el final no sabremos hasta qué punto y qué significan todas las trabas que se ponen en el camino de los investigadores.
Por lo que se refiere a los miembros de la brigada, continúan sus relaciones tormentosas. Vanja y Billy no terminan de solucionar sus diferencias desde que Vanja le ofendió gravemente en la entrega anterior. Su amistad se ha visto seriamente dañada y no parece que vayan a recuperarla ahora que Vanja está a punto de irse a Estados Unidos a seguir un curso de formación en Quantico, la sede del FBI, durante tres años. 
Ursula y Torkel tampoco lo tienen fácil para mantener su relación sin compromiso, la que les lleva a ser amantes solo durante el trabajo, solo fuera de Estocolmo. Algo se ha estropeado e impide mantener la cómoda y satisfactoria relación que daba un aliciente más a sus trabajos por toda la geografía sueca.
Y finalmente está Sebastian, más Sebastian que nunca. Capaz de poner su egoísmo por delante de todo, capaz de herir a quien más ama con tal de no tener que prescindir del objeto de sus amores, tan atormentado como siempre por el pasado y por esas pesadillas que se lo rememoran cada poco tiempo con toda la crudeza de los hechos.

"Tantos lobos". Lorenzo Silva.
La décima entrega de Bevilacqua y Chamorro consta de cuatro relatos independientes, pero unidos por un tema común: en todos ellos los muertos, las muertas mejor dicho, son menores. Jóvenes o niñas que han tenido la mala suerte de caer en las fauces del lobo, de uno de esos lobos que acechan en busca de una oportunidad para hincar sus dientes en la vida de un ser que no llegará a terminar de formarse y a completar su ciclo vital; en una familia que jamás podrá recuperarse de la pérdida y nunca volverá a vivir de manera desenfadada, tal vez, la única forma de felicidad que existe. Es por eso, por esa sensación de proyecto incompleto y frustrado, por lo que los crímenes cuando las víctimas son niños o adolescentes, resultan especialmente repugnantes y dolorosos.
Son cuatro relatos "escritos entre 2010 y 2017 (de ahí la evolución en la graduación de los personajes), dos se publicaron en prensa, aunque han sido revisados para esta edición, y los otros dos son rigurosamente inéditos"
La otra característica que tienen en común los cuatro relatos es que todos transcurren en verano; unos veranos que se van haciendo asfixiantes a medida que el cambio climático reseca el aire que respiramos y deja nuestros suelos reducidos a un rojo montón de polvo, al menos de la cordillera Cantábrica hacia abajo.
En estos relatos veremos modos de matar y causas para hacerlo de las que han sucedido toda la vida, pero también aparecen las redes sociales que, como todo lo que nos rodea (cualquier cosa es susceptible de transformarse en un arma letal) se pueden convertir en instrumentos que facilitan los crímenes, aunque también son mecanismos eficaces para ayudar a su resolución. 
Hay móviles variados para estos cuatro asesinatos; las víctimas son más uniformes pues excepto la última que es una niña de cinco años, las otras tres son adolescentes o jóvenes entre catorce y dieciocho años. Esos móviles variados son tan mezquinos e incomprensibles que Rubén Bevilacqua no puede por menos que compartir con los lectores una reflexión desesperada: "Antes que tirar así a una chica, un hombre que de verdad lo sea, un hombre que no sea una escoria humana, debe dejarse encarcelar. Como poco". Claro que un hombre que de verdad es un hombre o una mujer que de verdad es una mujer, un ser humano en definitiva, que merezca tal nombre, jamás sería capaz de hacerle algo así a una chica. Ni a nadie si a eso vamos.



"El poeta". Michael Connelly.
Esta es la primera entrega de la serie protagonizada por el periodista Jack McEvoy. De Michael Connelly, sobre todo he leído novelas de la serie de Harry Bosch, un policía de Homicidios en Los Ángeles. 
También leí "El inocente", la primera entrega de le serie protagonizada por Mickey Haller, abogado y hermanastro de Harry Bosch. De esta novela, además hay una película muy buena protagonizada por el genial Matthew McConaughey. 
De forma que solo me quedaba conocer esta otra serie del autor, la protagonizada por el periodista Jack McEvoy y de la que solo hay dos entregas.
Estamos ante una novela apasionante, con una trama compleja, pero magníficamente estructurada y narrada, en la que en ningún momento nos perdemos. 
Está en su mayoría narrada en primera persona por el propio Jack McEvoy, periodista en Denver, que se ve envuelto en un complicado caso de asesinatos en serie a raíz del presunto suicidio de su hermano gemelo, policía de homicidios en la misma ciudad. Entre los capítulos contados por el periodista, se van intercalando otros en los que asistimos a las andanzas de un inquietante personaje que pronto vamos intuyendo que es el asesino.
Me ha gustado mucho, aunque he de decir que el final me ha resultado un tanto excesivo. No es como para no leerla, pero le hace perder un poco respecto a lo bien que se había desarrollado hasta el momento. 

"Los atormentados". John Connolly.
En mi empeño por avanzar un poco con estas series que tenía un tanto olvidadas, y como ya anuncié en "Sin reseña IV" cuando comenté la entrega anterior, "El ángel negro", he decidido seguir también con al serie de Charlie "Bird" Parker del escritor irlandés John Connolly. Sigo, por lo tanto, con la séptima novela protagonizada por este detective privado, antiguo policía en Brooklyn que ahora vive en Sacrborough, Maine, en la casa familiar que heredó de su abuelo y donde pasó parte de su juventud con su madre, tras morir su padre.
En esta nueva entrega, Charlie tendrá que proteger a Rebecca Clay del acoso de un peligroso individuo que pretende saber el paradero del padre de la mujer. 
Unos seres pálidos, los atormentados "hombres huecos", deambulan por la historia dando ese toque de misterio y fantasía que tanto le gusta al autor. Tampoco faltan en esta ocasión los fantasmas ausentes del pasado de Charlie que se empeñan en perseguirle y que se suman a los fantasmas de su presente que se vuelven más fantasmales por momentos. Como ha dicho el propio autor acerca de sus detalles irreales:  "Sé que eso molesta a muchos críticos. Debo mantener un equilibrio. Sería peligroso que los culpables fueran unos fantasmas. Describo edificios, calles, ciudades, para que la intrusión de lo sobrenatural sea algo sorprendente porque sucede en un mundo cotidiano y muy creíble"
En esta entrega nos introduce en uno de los delitos más odiosos y despreciables (qué difícil es encontrar calificativos para algunas cosas), los abusos sexuales a los niños. Hay que tener en cuenta que la novela está escrita en 2007 por lo que era un tema menos de moda y por lo tanto, la novela menos oportunista como hubiera podido parecer de ser actual.


domingo, 11 de marzo de 2018

"Medianoche sobre las ruinas" Pablo José Barrecheguren

Los dioses griegos han bajado del Olimpo y se mueven entre nosotros sin levantar la más mínima sospecha acerca de su divina naturaleza. Son mortales, aunque su ciclo vital excede con mucho el de cualquier humano gracias a la ingestión  de la ambrosía, de la que cada vez quedan menos existencias. Han perdido alguno de sus poderes, pero conservan otros muchos. Viven diseminados por el mundo desde que, en la época de La caída, perdieron sus poderes y su paraíso, se secó el río Estigia y tuvieron que abandonar sus dominios. Se camuflan entre nosotros con nombres falsos y con trabajos tradicionales e incluso vulgares.
Hace un par de meses, Pablo Barrecheguren se puso en contacto conmigo y me ofreció su novela "Medianoche sobre las ruinas" para que le hiciera una reseña en el blog. "Es una novela de ficción contemporánea con elementos de mitología y fantasía ambientada en la Barcelona actual". Así me describía Pablo su novela en el correo que me envió.
No soy muy dada a la mitología en novela. Sí me atraen los ensayos en los que se cuentan los mitos y su relación con los distintos dioses. Aún recuerdo que, a pesar de su densidad y del esfuerzo que me costó, no fui capaz de abandonar los dos tomos de "Los mitos griegos" de Robert Graves. Pero las novelas con esa temática no me gustan. Prefiero, como sabéis, temáticas verosímiles. No obstante, algo me llamó la atención de esta novela y me dio buen rollo. Probablemente el hecho de que estuviera ambientada en Barcelona en la época actual. Barcelona es una ciudad ideal para ambientar una novela y si tiene tintes negros, como no sé por qué (el autor no me dijo nada al respecto) intuí de esta,  mucho mejor.
"Sobre el escenario, Gabriel se está ahogando pero nadie se ha dado cuenta.
Su ayudante, Elsa, no deja de mirar hacia el público y oculta por delante el tanque de agua con una cortina. Ella sonríe y los focos iluminan su escotado vestido de lentejuelas esmeralda mientras Gabriel, colgado boca abajo y metido dentro de un saco, forcejea con las cadenas en el interior del tanque". Gabriel no solo trabaja de mago en el Mercurio, su local de espectáculos varios en el centro de Barcelona. Como enseguida sabremos, Gabriel es el Dios Hermes que lleva vagando por la Tierra desde hace siglos. Ahora vive con María, una humana que nada sabe de la verdadera naturaleza de su compañero.
Al inicio de la novela Yolanda discute con su madre y se marcha de casa una madrugada. Se refugia en el Mercurio donde su amiga María y Gabriel le dan cobijo y trabajo como camarera. 
A partir de ese momento, una serie de hechos van a sucederse y se nos irán mostrando personajes muy variados, humanos y divinos. De algunos sabemos su divina correspondencia (Gabriel, Hermes; Peter, Prometeo; Fontaine, Hades; Marcus, Ares; Pamela, Perséfone. Incluso el mismísimo Zeus al que nadie se ha atrevido por ahora a ponerle nombre humano), pero de otros, tendremos que intentar adivinarla (Alan, ¿Apolo?; Damien, ¿Hefesto?; Vanessa ¿Afrodita?). Ruego que alguien me corrija si he adivinado mal.
Por su parte Yokasta, la madre de Yolanda, es la representación de las moiras (tal vez más conocidas como parcas por el nombre que se les da en la mitología romana). Yokasta se desdobla en las tres moiras, Cloto, Lákesis y Atropos, cuando se refleja en los espejos de la sala en la que ejerce el papel de vidente con el que se camufla en el mundo actual  "Hubo un tiempo en el que ella misma tejía las telas que formaban las vidas de dioses y hombres. Pero tras La Caída todo cambió. Las Tres Hermanas perdieron el pulso firme para enhebrar la aguja y su vista se deterioró rápidamente. Entonces, algunos dioses se rebelaron contra el destino, las acusaron de haber presagiado La Caída y así, indirectamente, haberla causado"Pero por aquí siguen las tres tejiendo, midiendo y cortando respectivamente, el hilo de la vida de los humanos mortales. 

Cloto, Átropos y Láquesis, las moiras de la mitología griega.
Cuando Yokasta muere, todos los dioses se reúnen para su entierro. Una curiosa escena en la que los veremos a (casi) todos en acción. A partir de ese momento, iremos conociéndoles a ellos y sus ocupaciones actuales y veremos que algunas de sus vidas tienen cierta relación con las que llevaban en el Olimpo. Siguen siendo crueles, envidiosos, rencorosos y vengativos. Siguen representando sus papeles y sufriendo y gozando con las mismas cosas que lo hacían en su época de mayor esplendor, cuando formaban parte del panteón griego.
Poco a poco, la novela se va convirtiendo en una novela negra cuando varias muertes, aparentemente accidentales, se van sucediendo de forma sospechosa. Los dioses empezarán a manifestar sus poderes y asistiremos a sus suspicacias y luchas de poder. Veremos una pelea realmente mítica en la que las distintas habilidades de los dos contendientes se enfrentan para defender lo que a cada uno más le importa: la vida propia y la vida ajena, respectivamente. Difícil saber quien va a salir vencedor. Puede que nadie.
Pablo Barrecheguren
Pablo Barrecheguren es licenciado en Bioquímica y doctor en Biomedicina. Además es, como él mismo se define, "doctor en Neurocosas y divulgador científico". Ha publicado artículos de divulgación científica en varias plataformas digitales como Principia, Naukas y Esfera Magazine. También participa en "Big van ciencia", donde forma parte de un grupo de monologuistas científicos.
"Media noche sobre las ruinas" es una novela original, que nos engancha sin que nos demos cuenta porque la curiosidad nos va arrastrando y supera con mucho los fallos del libro, que también los tiene: alguna expresión gramatical incorrecta (delante suyo) y algún fallo de corrección (modificación de una frase sin terminar de anular parte de la anterior) que se deberían tener en cuenta para futuras ediciones. No obstante, nada que impida leer la novela con gusto y disfrutarla. 




jueves, 8 de marzo de 2018

Lecturas en femenino


El grupo Tarro-Libros 2018celebra el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, con recomendaciones de libros que tengan que ver de alguna manera, con las mujeres.
He recordado una novela que leí hace más de un año y cuya reseña publiqué junto con otra, ambas escritas por mujeres, en una entrada llamada "Dos nouvelles y un relato". Dejo el enlace para quien le interese leer aquella entrada, pero para quien no desee moverse de aquí, repito a continuación la reseña de la novela que quiero recomendar.
Se titula "Paradero desconocido" y su autora es Kressmann Taylor. El argumento no es especialmente feminista (tampoco lo contrario, por supuesto) y el tema tampoco son las mujeres. ¿Por qué la recomiendas entonces? me preguntaréis. Pues si la traigo aquí es por otra causa relacionada con la autora.
"Paradero desconocido" fue publicada en 1938 por la escritora estadounidense, Katherine Kressmann Taylor quien utilizó el seudónimo de Kressmann Taylor. Parece ser que el editor de la revista en la que se publicó originalmente pensó que era una historia demasiado dura para ser firmada por una mujer (yo opino que pensó que era una historia demasiado buena para que resultara patente que la había escrito una mujer). Semejante papanatismo se solucionó suprimiendo el nombre de pila de la autora y dejando que cada cual especulara acerca del sexo del escritor. Seguro que a nadie se le ocurrió que pudiera ser una mujer. 
Afortunadamente (creo o quiero creer), estas cosas ya no pasan (¿o siguen pasando si a alguna editorial le parece que puede ser más rentable?). Algo se ha avanzado desde 1938. Mucho queda por avanzar.
Os dejo la reseña. En ella he hecho algunas  modificaciones mínimas respecto a la que escribí anteriormente.


**************

"Paradero desconocido" de Kressmann Taylor.
"Paradero desconocido" es una joya literaria condensada en pocas páginas: 44 en mi ebook, 88 en la edición en papel.
Es 1932. Martin Schulse, alemán, y Max Eisenstein,  judío norteamericano, son amigos y socios en una galería de arte en California. Schulse, además es pintor. Su amistad está por encima de toda duda: son, más que amigos, como hermanos. Martin decide regresar a Alemania con su familia y Max quedará en California a cargo de la Galería.
"Querido Martin:
¡De vuelta en Alemania! ¡Cómo te envidio! Aunque no la he visto desde que era un niño de escuela, escribir Unter den Linden todavía me conmueve... La amplitud de horizontes de la libertad intelectual, las discusiones, la música, el desenfado de la camaradería".
Así comienza la novela que, a base de cartas entre los dos amigos, nos irá mostrando los cambios que se van produciendo en Alemania en esos meses críticos, entre finales de 1932 y principios de 1934, que vieron subir a Hitler al poder y a Alemania caer en manos de la intolerancia, el racismo y el horror para muchos de sus ciudadanos.
Con el paso del tiempo, Max irá manifestando su preocupación por las noticias que llegan y que van transformando Alemania, de una tierra "democrática, [...] profundamente culta, donde la preciosa libertad política está en sus comienzos", en un lugar hostil en el que se pueden ver episodios violentos contra algunas personas, "gente apaleada, gente forzada a tragar con los dientes apretados un litro de aceite de ricino y a sufrir con las tripas retorcidas horas mortales de lenta agonía".
A la vez que cambia el país, también veremos como cambia Martin. Su carácter liberal, que tanto admiraba Max, se ira tornando en entusiasmo hacia el führer y hacia el orgullo recobrado por Alemania tras las humillaciones derivadas del Pacto de Versalles con que se dio fin, tal vez de manera poco acertada, a la Gran Guerra.
La novela, las cartas intercambiadas entre los dos amigos, va subiendo de tono y, finalmente, se cierra de una forma audaz, sorprendente y haciendo justicia. Una justicia muy poética a la vez que muy real.
Procuro leer mucho sobre la Segunda Guerra Mundial, las atrocidades del Holocausto, la Guerra Civil y la represión posterior... Procuro leer acerca de esos episodios históricos de estúpida e injustificable crueldad por parte del ser humano, de difícil encaje en mi inteligencia y en lo que debería ser, aunque sea todo lo contrario, la lógica de la historia. Intento entender, aunque sé que es imposible. Hay cosas que nunca llegarán a ser inteligibles, pero, al menos, intento intuirlas; que las dudas y el estupor vayan siendo menores cada vez. Este pequeño libro, esta nouvelle, me ha dado más pistas que muchos voluminosos tratados de historia. 

Un libro más que recomendable que se lee en una tarde y se recuerda durante mucho tiempo.

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