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"Inés y la alegría" Almudena Grandes

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«Sabía que mi prima Carmencita y sus amigas habían sembrado aquella sublevación con alpiste en los bailes del Casino. Sabía que Ricardo y sus amigos la habían organizado en el despacho de mi padre. Sabía que, si triunfaba, se acabarían las mujeres que fumaban y conducían sus propios coches, los poetas guapos y rubios que besaban en la boca a escritoras rubias y guapísimas delante de todo el mundo, los poetas morenos que tocaban el piano, y los dramaturgos de éxito que se emocionaban jugando con unos niños rotos y tiñosos mientras contagiaban sus sonrisas a una cámara» . Ese es el inicio que he escogido para Inés. Ella es la primera que nos habla, que recuerda mientras cocina cinco kilos de rosquillas. Es octubre de 1944 y está en Pont de Suert, un pueblo del pirineo leridano. Desde ahí retrocede en su memoria hasta vísperas del golpe militar de 1936 y recuerda cómo su prima y sus amigas tiraron alpiste a los militares en el Casino para reprocharles su cobardía por permitir que en E...

Almudena Grandes, In memoriam

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A lo largo de estos años se me han muerto varios escritores. A algunos me los ha matado la edad. Los escritores también cumplen años y llega un momento en que es cuestión de tiempo. De más o de menos, según la suerte. Con cierta edad ya no podemos esperar que alguien siga vivo mucho tiempo más, por mucho que nos guste, por mucho que nos duela. Es lo que me sucedió con Harper Lee, Ramiro Pinilla, Philip Roth, Toni Morrison, Amos Oz...  Otros se me han muerto como del rayo ,   que diría el poeta, sin esperarlo, algunos sin saber siquiera que estaban enfermos, como Philip Kerr o Henning Mankell.  Todos ellos han dejado un agujero en mi alma, pero ninguno tan grande como el que Alm udena Grandes me abrió ayer tarde al enterarme de su muerte. Sabía que estaba enferma. Ella misma nos lo había anunciado en su columna de El País del 18 de octubre. Pero anunciaba el buen pronóstico de su enfermedad, hoy día hay mucha gente que supera un cáncer y estaba convencida de que ese iba a ...

"La madre de Frankenstein" Almudena Grandes

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"[...] en los buenos momentos, cuando lograba aproximarse a la mujer que había sido una vez, Aurora Rodríguez Carballeira me devolvía a una mañana calurosa de junio de 1933, al despacho de la consulta, a mi padre. En su altivez y en su desamparo, en la brillantez de sus expresiones, en sus aires de grandeza y la ternura con la que cogía en brazos a alguno de los gatos que pululaban a su aire por el jardín, doña Aurora me regalaba retazos de una alegría pasada, irrecuperable ya. Era la única persona de este mundo con ese poder, yo lo sabía" . Y la mañana calurosa a la que Germán Velázquez se siente devuelto es la mañana del 9 de junio de 1933 cuando aquella mujer, que a aveces vuelve a ser Aurora Rodríguez Carballeira,  entró con su abogado en el despacho de su padre, Andres Velázquez, para decirle que había matado a su hija esa misma mañana,  mientras dormía , hacía poco más de una hora, de cuatro disparos. Y es que a los que no reconozcan el nombre de Aurora Rodríguez Carb...

Septiembre 2018

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Pacita tenía los ojos verdes, siempre abiertos, y labios de india, como los míos, que cerraba rozándolos apenas, entre las comisuras el hueco suficiente para franquear el paso a un delgado hilo de baba blanca que se escurría despacio, estancándose a veces al borde de la barbilla. Era una criatura abrumadoramente hermosa, la más guapa de las hijas de mi abuela, el cabello espeso, castaño y ondulado, una nariz difícil, perfecta en cada perfil, el cuello largo, lujoso, y una línea impecable, de arrogante belleza, uniendo la rígida elegancia de la mandíbula con la tensa blandura de un escote color caramelo, al que aquellos grotescos vestidos de mujer consciente de su cuerpo que ella nunca eligió otorgaban una fabulosa y cruel relevancia. No fue esta la primera novela que leí de su autora, pero sí fue la que me enamoró totalmente de ella. Desde entonces, ni una sola de sus novelas ha dejado de pasar por mis manos. Puede que las tenga mejores; las tiene de hecho, pero ninguna ha vue...

"El corazón helado" Almudena Grandes.

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"Españolito que vienes al mundo, vengas de donde vengas, nunca confíes en que te guarde Dios. Guárdate tú solo de las preguntas, de las respuestas y de sus razones, o una de las dos Españas te helará el corazón" . Esta paráfrasis del famoso verso de Antonio Machado podría ser el resumen de esta novela, al final de la cual, Almudena Grandes agradece al poeta todo y el título del libro. El título del libro por razones obvias; todo por razones que tal vez no sean tan obvias o no sean las mismas para todos, pero que yo entiendo perfectamente porque sin ser una gran amante de la poesía, creo que Machado es la excepción a todas las reglas. A Machado hay que agradecerle haber existido y haberse compartido con todos nosotros en sus escritos y habernos dado los pensamientos de Abel Martín y Juan de Mairena; en una palabra: todo. En esta novela muchos personajes se quedan con el corazón helado; alguna de las dos Españas les hiela el corazón, pero siempre hay una España más capaz de...

"Los pacientes del doctor García" Almudena Grandes

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"...yo no me llamaba Rafael Cuesta Sánchez, sino Guillermo García Medina. [...]  Había ido a buscarla para ayudar a Manuel   Arroyo Benítez, un amigo mío que había suplantado la identidad de Adrián Gallardo Ortega. [...]  Mientras tanto, el verdadero Adrián Gallardo mendigaba en Berlín, y cuando le paraba una patrulla, enseñaba la documentación de un hombre llamado Alfonso Navarro López. Mi historia es la historia de tres impostores" . Y es la historia de una impostura, la que con España y su República cometieron los países "democráticos" de Occidente al mantenerse neutrales en el conflicto español mientras las dictaduras europeas alemana e italiana ayudaban a los rebeldes golpistas de forma evidente. Una impostura que se mantuvo tras la Segunda Guerra Mundial cuando los rusos, hasta entonces amigos, se convirtieron en enemigos y, en aras de la máxima "los enemigos de mis enemigos son mis amigos", Franco, y hasta los nazis, se convirtieron en amigos...

"Los besos en el pan" Almudena Grandes

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" A mis hijos, que nunca han besado el pan " . Esta es la dedicatoria con la que Almudena Grandes inicia este libro, un libro que ha salido de lo más profundo de sus vísceras. Es algo más que haberle salido del alma; le ha salido del cuerpo, de la carne y de la sangre; del alma, también, pero de las lágrimas del alma. No es su mejor libro, pero probablemente sí el más comprometido. Es una crónica de la crisis, de esa que llegó de repente y, aunque venía avisando desde hacía tiempo, nadie pensó que realmente llegara para quedarse. " No será para tanto, se dijeron, pero fue, y nada cambió en apariencia mientras el asfalto de las calles se resquebrajaba y un vapor ardiente, malsano, infectaba el aire. Nadie vio aquellas grietas, pero todos sintieron que a través de ellas se escapaba la tranquilidad, el bienestar, el futuro " . El libro se estructura en tres partes: Antes, ahora, después . Antes Es un corto prólogo de una pocas páginas en las que la autora n...