"Mientras agonizo" William Faulkner
Hay novelas que dejan un poso denso de ambientes perdurables, de esos que se huelen, se tocan, se sienten en el alma, sea ésta lo que sea; de ambientes que te rodean y te enganchan como las ramas tenaces de una enredadera y con el mismo peso de la humedad y el calor. Hay novelas cuyos personajes se te quedan pegados a la memoria como una jalea dulce con un regusto amargo; personajes que enloquecen de realidad o que hacen de la realidad su locura o que se sumergen en la realidad para huir de la locura; personajes cuya realidad es dura como la reseca tierra en la que viven y de la que viven, como los ríos que crecen y se llevan los puentes y las mulas y las escasas esperanzas de unas gentes que viven, tal vez sin saberlo, en la desesperanza. En esta novela, ambientada como muchas del autor en el territorio inventado que es el condado de Yoknapatawpha, Mississippi, la historia es muy simple: tras la muerte de Addie Bundren, su marido e hijos se dirigen con el cadáver a Jeffers...