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Mostrando las entradas etiquetadas como Alicia Lakatos

"La señora Dalton" Alicia Lakatos

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Conseguir llegar hasta el tercer piso de la calle Rivera número 125 era ya un éxito. De allí habían salido las grandes voces que en la actualidad llenaban los mejores coliseos de ópera. Fiorenza Dalton fue, en su juventud, una mediocre cantante que nunca llegó a actuar más allá de su ciudad y alrededores. Cantante con enormes dificultades vocales, que suplía gracias a su temperamento y dotes de actriz. ¿Cómo es posible que una persona así pudiera llegar a convertirse en la mejor maestra de canto de Italia? Gracias a su humildad. Una humildad que la ayudó a reconocer todos sus errores y defectos y, lo más importante, la ayudó (aunque ya demasiado tarde para ella) a aprender de dónde derivaban todos ellos, consiguiendo solucionarlos. Por eso, cuando se encontraba frente a frente con algún nuevo estudiante, enseguida veía cuáles iban a ser sus luchas si quería alcanzar aquello que tanto anhelaba. Fiorenza Dalton no triunfó como cantante de ópera, pero como profesora de canto no le pued...

"El secreto de Maximilian" Alicia Lakatos

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«Llegado este punto, y confiado en que ya se ha roto un poco el hielo entre el lector y un servidor, creo que es hora de ponerle nombre y apellidos a quien nos va a acompañar durante el trascurso de toda esta novela, y que no es otro que: Federico Gutiérrez Salvavidas. «Fede», para la familia y amigos más allegados; «Gutiérrez», para sus profesores desde primaria hasta la universidad, y «Flota» (de flotador), para sus compañeros de clase, desde que alguien tuvo la genial ocurrencia de cambiarle su segundo apellido por un sinónimo. ¡Cosas de niños!» . Federico (nosotros, como el narrador, no somos ni familiares ni profesores ni compañeros de clase) es un escritor de novela erótica y un escritor famoso además con sus libros traducidos a varios idiomas y haciendo las delicias de millones de lectores en casi todo el mundo. Pero sin embargo, nadie conoce a Federico porque es de esos escritores anónimos, que publican con seudónimo. Concretamente, Federico firma sus novelas como Maxi...

"¿Te acuerdas, Candela?" Alicia Lakatos

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Candela está muerta. Ahora permanece en un portarretratos en la habitación de su hermano Andrés Cabañas y en la memoria de este. Andrés le habla, le cuenta las novedades de la familia. «¿Te he dado los buenos días, Candela? Me he levantado un poco azorado, y no lo recuerdo. Si no es así perdóname, querida hermana. Hoy es uno de esos días en que vamos todos un poco como vaca sin cencerro, si me permites la expresión.» . Hoy es cuando Inés vuelve a África. Pronto pasaron los meses de recuperación que ha pasado superando la malaria. Ahora, ya curada del todo, debe dejar a la familia en Zamora y regresar a su misión en Zambia.  Su tío Andrés, hermano de su madre Nela, su padre Pepe y el tío Gonzalo, primo de su madre y de Andrés son los más afectados por el regreso a África de Inés. Pasados los ochenta de largo, temen que sea la última vez que la ven. Pepe además arrastra dolores y pérdidas, «desde lo de nuestra querida Nela, ha dado un gran bajón. Su muerte sigue teniéndola agarrada a...

"Un espíritu en mi sofá" Alicia Lakatos Alonso

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"La muerte nos da miedo, entre otras cosas, por el dolor físico que la acompaña; pero no es cierto. El dolor, el sufrimiento, va antes que la muerte. La muerte no duele. El verdadero dolor de la muerte es la terrible sensación de soledad. ¿Por qué nos da pánico que muera alguien a quién queremos? Porque nos va a dejar solos; sin su compañía, sin su voz, sin su presencia" . Sí, la muerte ajena nos da miedo por el despojo al que nos somete, por la pérdida, por la ausencia, por la soledad que se incrementa, por el desgarro. Pero ¿por qué nos da miedo la propia muerte? Presentimos la soledad al otro lado. Uno se muere siempre solo, nadie nos ayuda en ese paseo, aunque muramos muchos a la vez, aunque caigamos víctimas de una accidente de avión y muramos rodeados de otros muertos tan asustados y solos como nosotros.  Nos asusta la soledad y nos asusta el desconocimiento. Nadie sabe lo que hay allí, nadie ha venido nunca a contarlo. Incluso aquellos que han estado muertos unos s...

"Bexonte, la aldea sin cobertura" Alicia Lakatos Alonso

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Aunque nos parezca mentira, aun hay lugares a los que no llega internet ni hay cobertura para los teléfonos móviles. En esos lugares no existe google, ni facebook, ni twitter, ni Whatsapp, pero en esos lugares vive gente. Y esa gente es como el resto. No tienen antenas ni son verdes. Son como todo el mundo, con las mismas necesidades y los mismo deseos y sentimientos. Bueno, esto no es del todo cierto. No tienen las mismas necesidades porque nadie se las ha creado artificialmente (al menos las tecnológicas) para tenerlos prisioneros de un mercado insaciable; no tienen los mismos deseos porque no mueren por un like ni matan por un  + o por un me gusta ; no tienen los mismos sentimientos, porque no sienten a golpe de  frivolidad ni de cuatro frases que, casi sin pensar, se escriben y se envían en tres segundos con el valor que tiene lo que  se siente sin corazón,  se escribe sin reflexión,  y se envía con mucha prisa para pasar a otra historia y poder mandar o...

"El cascabel" Alicia Lakatos Alonso

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Estamos ante una rara novela. Por momentos puede parecer un libro para niños, hasta que vemos que los temas que trata poco pueden interesarles. O sí, pero no sólo a los niños. Estamos ante una novela que trata de las vivencias normales de una familia normal: sus amores y desamores, sus achaques, sus alegrías y disgustos, sus pérdidas, su avanzar día a día poniendo cada uno de su parte lo necesario para hacer que la vida propia y las ajenas sean lo más agradables, lo más llevaderas, lo más felices (sí, por qué no) posible. Tal vez para ello, cada noche se deberá pensar en cinco cosas buenas que hayan sucedido durante el día, y si no salen las cinco cosas (hay días que salen torcidos y ni siquiera tenemos cinco buenas cosas reseñables), entonces habrá que pensar " que, por ejemplo… a ver, lo típico, que estás vivo, que podés oír, sentir, oler, andar y pensar, [...] pensemos que podemos ir por la calle, o estar simplemente en casa tranquilos,  sin miedo a escuchar horrorizados el r...