Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

sábado, 24 de febrero de 2018

"Blonde" Joyce Carol Oates

Hoy voy a rescatar una reseña antigua. La publiqué  el 28 de febrero de 2015 por lo que en unos días va a hacer tres años.
En aquel momento, el blog no tenía apenas seguidores ni visitantes y esta entrada se quedó con dos comentarios (y uno fue mi respuesta). 
Haré las mínimas modificaciones. Tal vez no debería hacer ninguna, pero soy incapaz de releer un texto sin cambiar alguna cosa. Espero que os guste la reseña una pequeña parte de lo que a mí me gustó la novela.


En el año 2000, la escritora norteamericana Joyce Carol Oates publicó esta novela sobre la vida de Marilyn Monroe. Según dice la propia autora, quien busque datos biográficos de la actriz deberá consultar alguna de las biografías que se han escrito al efecto, porque esto no es una biografía. Esto es una novela y, como tal, solo es fiel a la verdad hasta cierto punto y se toma muchas licencias. Se han resumido algunos de los episodios de la vida de la actriz porque probablemente enumerarlos todos habría añadido poco interés y hubiera lastrado una obra extensa (tiene más de ochocientas páginas) sin añadir nada nuevo al retrato que nos hace del personaje. Y eso es lo que verdaderamente importa, el retrato de una mujer que era, por una parte, como aparecía en las películas: tierna, vulnerable, ingenua, buena... pero por otra parte, era todo lo contrario. No era la tontita guapa e ignorante; rubia y sin cerebro; alocada y un poco casquivana que nos mostraban la mayoría de sus personajes.
Era una mujer sensible que leía y escribía poesía, que asistía a cursos de Poesía Renacentista en la Escuela nocturna de la Universidad de Los Ángeles, que leía a Schopenhauer, a Darwin y a Freud, a Dostoievski y a Chejov; una actriz entregada, con un enorme talento, que intentaba entender a los personajes que interpretaba y siempre estaba dispuesta a repetir las escenas porque "Estoy segura de que lo puedo hacer mejor".
No voy a tratar aquí de la biografía de Marilyn, ni de lo que hay de verídico o de inventado en la novela. Esto es un comentario acerca de un libro y, por lo tanto, del libro, sea o no verídico, va a tratar.
Norma Jeane había nacido con las cartas marcadas en contra y fue incapaz de cambiarlas a lo largo de su corta vida: su madre era una mujer inestable, y enferma; alocada, fantasiosa e irresponsable. Pasó la mitad de su vida en hospitales psiquiátricos. Ni tenía recursos para mantenerla ni tuvo fuerzas para enfrentarse a los problemas sociales de una madre sola en 1926 por lo que dejó a la niña al cuidado de su propia madre, la abuela Della. Solo unos meses vivirían juntas madre e hija. Al tener la primera casa propia, quiso, por fin, hacerse cargo de la niña, pero una crisis nerviosa terminó con ella en el psiquiátrico y con Norma Jeane al cuidado de unos amigos. La abuela había muerto y, ante lo que se presentaba como una ausencia prolongada de la madre, deciden dejarla en un orfanato. Allí pasará varios años hasta pasar a una familia de acogida (sus reiterados sueños de ser adoptada se vieron siempre frustrados ante la negativa de la madre a ceder su custodia).
Aparentemente, comienza una vida normalizada  para la niña: va al colegio y al instituto, hace deporte, sale con amigas y con chicos... hasta que determinadas circunstancias la llevan a casarse a los dieciséis años. El matrimonio es feliz hasta que el marido se alista para luchar en la Segunda Guerra Mundial.
Hasta aquí, la vida de Norma Jeane ha sido la crónica de un abandono proporcionado en pequeñas dosis: abandono por parte de su padre al que nunca conoció ni llegó a saber quien era; el abandono de su madre que deserta de la niña, de sí misma y de la cordura; la dejación, en forma de orfanato, de los amigos que se quedan a su cargo; la expulsión, en forma de matrimonio, de la casa de acogida en la que había conseguido, casi, ser feliz; la huida de su marido, que siente la necesidad de aportar su granito de patriotismo y heroicidad contra los japoneses, pero también, de huir de una mujer que lo asfixia con su exceso de amor y su necesidad de atención y cariño. Demasiados abandonos en diecisiete años de vida.
A partir de la marcha del marido, por primera vez, Norma Jeane toma las riendas de su vida y empieza a ser dueña de su presente y de su futuro.
Vive sola y empieza a trabajar en la cadena de montaje de una fábrica. Por primera vez "¡Era libre! ¡Estaba sola!... No como huérfana. No como hija adoptiva. No como la hija, la nuera o la esposa de alguien"Y Norma Jeane ama la guerra porque "...era tan constante y fiable como el hambre o el sueño. La guerra siempre estaba ahí"Para una joven que ha sido dejada de lado tantas veces, algo inmutable, predecible, tiene que resultar un asidero lo suficientemente deseable como para no desear soltarse jamás. Aunque sea la guerra.
Se sorprende deseando que la guerra dure eternamente ya que su trabajo depende de la escasez de mano de obra masculina: a la guerra le debe su trabajo y su libertad. A su trabajo le deberá todo su futuro cuando aparezca un hombre que la observa desde la puerta, con una cámara de fotos en la mano, mientras vestida con mono trabaja en la cadena de montaje. Y una de las fotos se convierte en portada de un artículo sobre la mujer que trabaja por su patria. La foto llamó la atención y la futura actriz empezó a trabajar como modelo para la Agencia Preene. Era  1945 y Norma Jeane tenía 19 años. 
Por aquella época, de la aspirina Bayer que tomaba para aliviar las molestias de sus dolorosas menstruaciones, pasó a tomar codeína que le recetaba el médico de la Agencia. Así se inicia su idilio con las pastillas. Primero para el dolor; más tarde, para dormir, para tranquilizarse, para estimularse y trabajar más horas y en mejor forma. Un círculo de sensaciones químicas, auspiciado siempre por los médicos de Agencias y Productoras, que la llevaría, intencionadamente o por error, al final que todos conocemos (o puede que no).
De la Agencia de modelos, pasa a trabajar para la Productora y se pone en manos de un agente, I. E. Shinn. De esta manera comienza la carrera de actriz que la llevará a ser conocida por todos.
Se tiñe el pelo y se convierte en Marilyn Monroe, un personaje más, un personaje del que casi nunca estuvo satisfecha; siempre reivindicó su propia identidad de Norma Jeane; siempre se sintió poseída y un poco fagocitada por el personaje de Marilyn ("Marilyn no es más que una carrera. No tiene bienestar" le dice en una ocasión a Shinn cuando éste le recuerda que él se preocupa por la carrera y el bienestar de Marilyn). Siempre... hasta que, en sus últimas películas, se encuentra reivindicando el personaje antes detestado; busca a Marilyn en el espejo a medida que su maquillador va intentando el milagro; quiere ser Marilyn porque Marilyn es hermosa y alegre y querida; Marilyn es, en realidad, lo que ella está dejando se ser.
A lo largo de su carrera, con todos sus personajes se sintió identificada, de todos ellos pretendió conocer las motivaciones de sus actos, su más profunda psicología; a todos intentó darles un toque personal; con todos se implicó más allá de la pura interpretación de un papel. Y todos la fueron poseyendo; poco a poco fue siendo devorada por cada uno de ellos hasta que de ella ya no quedó nada.


Joyce Carol Oates

A todos sus personajes se entrega: las jóvenes simplonas y  alegres; tontitas y superficiales; ingenuas y vulnerables que destilan bondad y ternura, sensibilidad y un enorme y frágil corazón; la mujer adúltera, que desprecia a su marido (un héroe de Guerra al que intuimos impotente) y planea matarlo para huir con su amante; la loca niñera; la enternecedora intérprete de ukelele; la corista de viaje en autobús; la maravillosa Roslyn Tabor, su último papel en Vidas rebeldes, escrita por su marido (el Dramaturgo) y que es ella misma... hasta cierto punto; ("¡No una cosa rubia!, una mujer, por fin")
Cuando interpretó a  Lorelei Lee en"Los caballeros las prefieren rubias" (1953), tras leer el guión, insinuó que se le diera más profundidad a su personaje al que veía banal y poco elaborado. No le hicieron caso "...tú eres la rubia, Marilyn. Tú eres Lorelei".  
Y es que la gran desgracia de Marilyn fue ser rubia y tener un cuerpo escultural (el título de la más célebre canción de la película, "Diamonds are a girl's best friends", puede resumir el personaje). Su ignorancia (la de sus personajes) era el motivo cómico de sus comedias. Su belleza fue una cortina demasiado brillante que impidió que se viera lo que había detrás: un enorme talento y una intuición excepcional para entender las dimensiones de sus personajes.
Y qué decir de su vida privada. En la novela se le atribuyen, explícitamente varios amantes, tres maridos y dos abortos, pero se insinúa un sinfín de relaciones y varios abortos. Cada uno de estos episodios la fue dejando más magullada, vulnerable e indefensa. 
Sus otros dos maridos fueron "el ex Deportista" y el "Dramaturgo" (evidentemente Joe DiMaggio y Arthur Miller, aunque en ningún momento se les nombre). El primero la maltrataba físicamente y su matrimonio no dura ni un año. El segundo, un hombre pacífico, casi veinte años mayor que ella, la adoraba y ella a él, pero no pudieron superar la pérdida del hijo que esperaban y se terminan divorciando en 1961, apenas un año y medio antes de la muerte de Marilyn. 
A partir de ahí, la trayectoria de la actriz comienza la caída en picado. Sus amores con el "Presidente" (J. F. Kennedy?) y el trato que recibe de él (vejatorio y humillante hasta escocer el alma del que lo lee), no parecen ser ajenos a su declive psíquico.
El final de la novela es sensacional. Se van dando claves, pinceladas, nada se asegura, pero todo queda abierto: ¿tiene realmente un nuevo aborto de un hijo del Presidente o es solo un sueño? ¿su muerte corre a cargo del Francotirador? de ser así, ¿lo contrató el Ex Deportista, aún enamorado de ella y celoso? ¿lo contrató la Agencia (CIA) para proteger al Presidente? ¿tal vez lo contrató para hacer daño al Presidente una vez se hiciera pública toda la historia? ("Porque el Presidente y la Agencia no siempre eran aliados; la Presidencia era un poder efímero y la Agencia un poder permanente")
O sencillamente se suicidó al no poder soportar la última pérdida, la última traición: su antiguo amigo y amante, Cass Chaplin, muere ahogado en su vómito de borracho y ella descubre, en medio del dolor, lo que el amigo ha sido capaz de hacer por ella, a lo largo de los años: ¿una cruel broma o un acto de compasión mal entendida por parte del amigo?
Aunque puede que todo sea más simple y que en un descuido de alcohol y una sombra de fármacos, se confundiera con la cantidad de Nembutal necesario para conciliar el sueño una noche más.



miércoles, 21 de febrero de 2018

"Madrid: frontera" David Llorente


"Madrid es una ciudad de edificios vacíos. En la ciudad de Madrid (de hecho) hay más edificios vacíos que edificios ocupados. Hay más gente viviendo bajo la lluvia que viviendo bajo techo.
¿Y viviendo bajo las ramas de los árboles?
También".
No sé si "Madrid: frontera" es una distopía o una metáfora, aunque tal vez sea una distopía metafórica. Y es también una novela negra, tan negra como el cielo de Madrid. No sé si me fascina más que me inquieta o me inquieta más que me fascina. Lo que sé es que la he leído extrañada al principio, interesada un poco después y enganchada hasta los tuétanos la mayor parte del tiempo. 
Este libro me llegó porque ganó en 2017 el Premio Dashiell Hammet de la Semana Negra de Gijón. No sabía nada de la novela ni de su autor, pero ya no se me va a olvidar porque esta historia me ha arañado la sensibilidad y me ha dejado con los ojos demasiado abiertos y los sentidos expuestos y doloridos.
Empiezas a leer y te mosqueas porque te encuentras con un diálogo en el que un narrador, que permanece anónimo, le cuenta al protagonista su propia historia (la de este), y responde a las preguntas que sobre sí mismo le hace el protagonista. Un recurso narrativo original donde los haya: la novela está contada en segunda persona a través de una conversación. Sigues leyendo y empiezas a sangrar por las heridas, porque "Madrid: frontera" te agrede; es una novela provocadora, violenta, descarada con la verdad, insolente con lo más oscuro de nuestro mundo feliz, absolutamente intolerante con nuestra tonta complacencia. "Madrid: frontera" es una novela para quienes están dispuestos a darse de bruces con la realidad; no con la que nos cuentan los inanes programas de televisión, cada vez más de moda; no con la que nos cuentan los políticos interesados y estúpidamente satisfechos; no con la que leemos en novelas concebidas para hacernos sentir felices de tan bobos y de tan ignorantes voluntarios, y empeñados en que nadie nos saque de nuestra cómoda ignorancia. "Madrid: frontera" es una novela para los lectores masoquistas que se complacen en que les escupan a la cara las más terribles verdades que les rodean.
En Madrid ya no amanece. Es una noche permanente. En Madrid abundan los pisos vacíos y los bancos y banqueros que los han vaciado con ayuda de la autoridad judicial; abundan los desempleados que se pasean por el Jardín Botánico y abundan los comebasura ("A  los que han perdido la casa los llaman comebasura porque realmente se alimentan de basura") que asaltan los contenedores de los supermercados y restaurantes cuando sacan sus desperdicios desechados por los ricos tras su hartazgo. Los comebasura duermen en cualquier esquina y se tapan con cartones, a poder ser de frigorífico. 
En Madrid abundan también los animales de metal que se fabrican en la empresa Metalfix, porque el ser humano ha expulsado a los animales de verdad. "Los animales han abandonado la ciudad de Madrid. Hace un año que no sale el sol. No para de llover y el mar de Madrid se ha vuelto oscuro como la tinta". Y es que se me olvidaba decir que Madrid tiene mar y plataformas petrolíferas y sirenas que cantan y engañan a los hombres con promesas incumplibles, pero irresistibles.



También están los "no-gobernables" a los que persigue la policía y a los que golpea sin necesidad de que hayan hecho nada malo solo para desentumecer los músculos. Nuestro protagonista, Igi W. Manchester, es un no-gobernable. Son los únicos que se rebelan contra la autoridad asentada en El Cubo, un edificio sin puertas ni ventanas desde donde se gobierna-domina este mundo solo apto para los que tienen recursos y poder. 
En Madrid hay cadáveres enterrados en las cunetas y cuando se circula por la M-30 las voces de los muertos recuerdan a los conductores en qué clase de mundo podrido viven, por lo que ellos, con la carne de gallina, ponen la radio a todo volumen y se imaginan que nada se oye más que la música.
Ah, y me olvidaba de lo más importante: en Madrid, en la Plaza de Castilla, hay un crematorio de libros. A Igi W. Manchester se lo ha contado Norberto. Norberto, para que nadie la olvide, ha escrito una historia de cuando los tiempos aún eran vivibles en un Madrid con sol y animales cálidos como solo es cálida la vida y pisos habitados y personas con trabajo. Se titula "La crónica de los viejos tiempos" y "es un libro que habla de cómo era el mundo cuando éramos pequeños, ya sabes, antes de la lluvia, antes de la oscuridad, antes de que se marcharan todos los animales". Un libro que, a decir de Norberto cuando se lo regala a Igi, pronto será el único libro y por eso se lo da a él. Norberto se fía de Igi.
En Madrid hay pisos ostentosos y casas enormes con enormes jardines en barrios exclusivos. Estas viviendas sí están habitadas. Allí viven los banqueros y los miembros del Gobierno y los funcionarios que trabajan en El Cubo. Allí viven las familias decentes. Las mismas personas que disfrutan de los restaurantes exclusivos y los prostíbulos de lujo en los que trabajan estudiantes para pagarse los estudios. Y es que siempre hay quien saca provecho de las situaciones críticas y de las desgracias ajenas. La miseria de unos se labra a costa de lo que ellos pierden y otros ganan, por eso hay dos tipos de crisis, las crisis desdichadas y las crisis venturosas. Ambas se dan a la vez, pero en personas distintas.
Igi tiene que huir tras un enfrentamiento con dos agentes del Cubo; al menos, eso le cuenta el narrador que no creemos que tenga motivos para mentirle. Perderá su precaria estabilidad, conocerá personajes extremados y terminará refugiándose en una plataforma petrolífera, aunque pronto regresará. A su vuelta, concibe un plan que llevará a la práctica con enorme eficacia; un plan que, de salir bien (y mejor no le puede salir), dará un vuelco total a la situación en la que se encuentra él y a la de otras tantas personas no tan deseosas de que sus circunstancias cambien como lo está Igi. Llevará a cabo su venganza con perfección milimétrica. Pero en esa venganza, que tal vez no es tal venganza, perderá unas cosas y ganará otras. Si lo que gana compensa lo que pierde es algo en lo que, probablemente, no estaríamos de acuerdo con él, pero quién sabe si en sus mismas circunstancias habríamos hecho lo mismo porque es muy fácil juzgar desde encima del papel a los personajes que se desenvuelven entre sus letras y sus párrafos y sufren las ocurrencias del escritor. "Se dice que la venganza es dulce pero que después deja un sabor amargo. Es mentira. La venganza es dulce y nos deja en la boca un sabor a azúcar que no se nos irá en toda la vida.
Ni aunque vivamos mil años.
Eso es".
"Madrid: frontera" es una novela inquietante hasta la angustia, porque entre el mar de Madrid, las plataformas petrolíferas que rodean la ciudad, las sirenas y sus cantos, los animales de Metalfix y las voces de los muertos de la M-30, descubrimos cosas que nos resultan demasiado conocidas, demasiado cercanas; y esa convivencia de lo que sabemos cierto con la fantasía onírica y angustiosa que en la novela acompaña a lo real, nos resulta amenazante porque nos lleva a imaginar un tiempo, tal vez no demasiado lejano, en que todo se vuelva auténtico y en la novela termine por resultar indistinguible una cosa de la otra.

David Llorente
En su blog, David Llorente nos confiesa sus motivos: "No entiendo cómo se puede escribir desde la neutralidad y desde las manos limpias. Son el dolor y la indignación los que me ponen la mano en el hombro y me sientan a escribir todos los días. Hay, sin embargo, una condición indispensable: la sinceridad: no escribiré una sola frase que no sea susceptible de tatuármela en la piel". O como decía el gran Gabriel Celaya "Maldigo la poesia de quien no toma partido, hasta mancharse". David Llorente toma partido y se mancha y nos mancha y nos deja sangrando y en carne viva,  porque la distopía que nos cuenta nos resulta familiar, la vemos a cada paso y, desde hace años, convivimos a diario con sus macabras consecuencias. Unos más y otros menos.


domingo, 18 de febrero de 2018

"Verano 1993". Carla Simón.

"Verano 1993" es una dura historia totalmente basada en la vida de la directora. Intentaré no contar demasiado acerca de en qué consiste ese relato autobiográfico, porque yo vi la película sin saber apenas nada y creo que la disfruté más por eso. Si alguien aún ignora los hechos, prefiero no ser yo quien se los desvele y dejar esa labor a la propia película.
Debido a ello, en parte, pensé ponerla en una de las entradas con la etiqueta "Sin reseña". El no querer contar demasiado la hace ideal para esa sección. Pero digo "en parte" porque había otra razón. Es una película demasiado centrada en la vida de una niña de seis años y me cuesta mucho penetrar en ese mundo lo que me dificulta el escribir demasiado acerca de ello y hacer una reseña del tamaño que acostumbro.
Empecé a escribir y poco a poco me di cuenta de que la película me había gustado más de lo que creía, me había removido algunas cosas por dentro y me había impactado, como nunca pensé, ese mundo infantil quebrado como un frágil cristal que con sus pedazos afilados pone ese punto de perplejidad en los ojos de Frida, la niña protagonista que es el fiel trasunto de la directora.

Laia Artigas

La película, como podemos deducir por su título, narra el verano de 1993 para una niña que vive en Barcelona. Su madre ha muerto y ella ve como su mundo se trastorna al tener que abandonar todo lo que conoce para ir a vivir al Ampurdán con sus tíos y su prima Anna, una niña más pequeña que ella.
No se nos muestran grandes conflictos, ni grandes acontecimientos; tan solo el difícil y lento encaje de dos realidades que entran en contacto. Por un lado está Frida que tiene que acostumbrase a su nueva familia mientras intenta entender, casi sin saberlo, el porqué de su pérdida y del vuelco que ha ocasionado en su vida; por otro lado está la familia que tiene que incluir en su día a día a un nuevo miembro con todo lo que eso significa de bueno y de malo, sintiendo alternativamente que no puede ser y que tiene que ser.
Los dos personajes clave a la hora de enfrentarse a los dilemas que la historia plantea son Frida y su tía Marga. En ambas se concentra todo el conflicto y ambas están interpretadas con inmejorable resultado por Laia Artigas y Bruna Cusí, respectivamente.

Bruna Cusí y Paula Robles

Frida es una niña de seis años que no es muy consciente de lo que siente, pero en ella se manifiesta la rabia, los celos, el amor, el desamparo... y todo ello mezclado con la alegría espontánea y despreocupada de los niños, con sus enormes ganas de vivir y disfrutar y comerse la existencia a bocados, en un paisaje, por lo demás, totalmente idílico que invita al juego, la aventura y el peligro.
Marga se enfrenta a todas las contradicciones que supone hacerse cargo de la sobrina de su marido. Con rechazo en ocasiones, con total aceptación en otras, pero siempre con amor y entrega aunque a veces parezca que no puede más y que todo va a saltar por los aires.
"Verano 1993" me ha gustado. Me ha parecido un trabajo muy honesto en el que con toda sinceridad, pero con el alejamiento imprescindible para poder contar los hechos con verismo, la directora nos cuenta su propio verano de 1993, aquel verano en que su vida se dio la vuelta como un guante y empezó de nuevo, en otro lugar y con otra familia. Nos cuenta la tragedia de su infancia y cómo se puede superar si se tiene al lado gente empeñada en que se salga adelante, gente con la suficiente generosidad como para alterar su rutina y comprometer su tranquilidad al hacerse cargo de un nuevo miembro que no siempre lo pone fácil. 

Paula Robles y Laia Artigas

La historia nos entra por los ojos a base de escenas y gestos y comportamientos; no tiene demasiado diálogo y cuando lo tiene es tan natural que no parecen actores, lo que le da a la película un aire de documental que la hace más atractiva.
Sorprende, sobre todo el trabajo de las niñas. Siempre me ha admirado la capacidad de niños relativamente pequeños a la hora de meterse en la piel de un personaje y llevar a cabo una interpretación espontánea y creíble. Mayor mérito tiene en esta ocasión el papel de la prima de Frida interpretada por Paula Robles, una niña de unos cuatro años. Tiene muchos valores el trabajo de Carla Simón en "Verano 1993", pero uno de los más importantes es su trabajo en la dirección de las niñas.
Creo que al final he contado más de lo que pensaba, pero es que me he dejado llevar, porque la película, como digo, me ha gustado mucho, pero creo que para alguien más capaz de entender y de meterse en el mundo de los niños, tiene que ser una historia absolutamente mágica. A mí me cuesta, como he dicho. Es una tara mía (de las muchas que tengo), pero no acabo de estar a gusto con los niños, son seres extraños e incomprensibles para mí. Y, no obstante, llega a conmoverme el personaje y la actriz que lo interpreta. Su desvalimiento, su fragilidad en su situación incierta... su alegría, incomprensible en su desamparo, pero comprensible en el abandono un tanto amnésico de los niños, nos van ganando de principio a fin.
Carla Simón
"Verano 1993" se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Berlín, y su guión lo
escribió la propia directora como trabajo del  III Laboratorio de Escritura de Guion Cinematográfico de la SGAE en el año 2015. Su éxito fue inmediato pues ya en la propia Berlinale fue premiada como mejor opera prima. Cuenta, además, con tres premios Goya: a la mejor actriz revelación para Bruna Cusí; mejor actor masculino de reparto para David Verdaguer, que interpreta al tío Esteve, y a la mejor dirección novel para Carla Simón. En el Festival de Málaga obtuvo la Biznaga de Oro a la mejor película. Eso por nombrar solo los más notables, porque la lista de sus premios es larga y merecida.


jueves, 15 de febrero de 2018

"Bexonte, la aldea sin cobertura" Alicia Lakatos Alonso

Aunque nos parezca mentira, aun hay lugares a los que no llega internet ni hay cobertura para los teléfonos móviles. En esos lugares no existe google, ni facebook, ni twitter, ni Whatsapp, pero en esos lugares vive gente. Y esa gente es como el resto. No tienen antenas ni son verdes. Son como todo el mundo, con las mismas necesidades y los mismo deseos y sentimientos. Bueno, esto no es del todo cierto. No tienen las mismas necesidades porque nadie se las ha creado artificialmente (al menos las tecnológicas) para tenerlos prisioneros de un mercado insaciable; no tienen los mismos deseos porque no mueren por un like ni matan por un + o por un me gusta; no tienen los mismos sentimientos, porque no sienten a golpe de  frivolidad ni de cuatro frases que, casi sin pensar, se escriben y se envían en tres segundos con el valor que tiene lo que se siente sin corazón, se escribe sin reflexión,  y se envía con mucha prisa para pasar a otra historia y poder mandar otra cosa tan poco sentida como la primera.
Bexonte es uno de estos lugares, una aldea donde si quieres hablar con el móvil tienes que ir a "un sitio donde creo que casi siempre se oye [...] Pasado el cementerio, en la roca rota que está subiendo la cuesta a la derecha". Y a Bexonte, una aldea gallega perdida entre las montañas de Ourense, llega Paula con la idea de solucionar el asunto familiar que allí la ha llevado y regresar a Barcelona. Aún no ha tomado el desvío que lleva a Bexonte tras otros siete kilómetros de conducción y ya está deseando desandar el camino y volver a su vida y a su trabajo de abogada. Pero no puede hacerlo. 
En la aldea vive su abuela Balbina y Neves, su tía especial. Allí pasaba ella los veranos con sus padres y sus hermanos hasta que murió el bisabuelo y ya no volvieron. Toda una historia de maltrato y desapego sufrida por su madre, hace que Paula no tenga ningún deseo de visitar el lugar ni a su abuela, una mujer fría y dominante a la que odia. Pero esa mujer ha avisado de que tiene algo que comunicar a sus nietos de Barcelona y a Paula le ha tocado hacer el viaje para enterarse de qué es ese secreto que a ella la incomoda, pero en el que sus hermanos tienen puestas sus esperanzas de futuro para ellos y sus hijos. 
La llegada de Paula a Bexonte no presagia nada bueno. La lluvia le resta visibilidad hasta  no saber por dónde va la carretera, hasta no poder distinguir si aún no ha llegado al pueblo o ya ha salido de él, y es que "las tormentas profundas de la Galicia profunda son demasiado profundas hasta para los que han nacido con ellas". La lluvia incesante hará que sus planes de volver inmediatamente a Barcelona se vean truncados y que tenga que permanecer en la aldea muchos más días de los que hubiera deseado. Pero el encuentro con los escenarios de sus vacaciones infantiles le devolverá sensaciones y gentes que tenía olvidados. 
Descubrirá a su tía especial, Neves, la hermana gemela de su madre que, con sesenta años tiene la mente de una niña de cinco, pero también la ingenuidad y la inocencia que eso significa. Neves la confunde con Blanca, su hermana y madre de Paula, que se fue un día de casa y la dejó abandonada y en manos de una madre cruel y desatenta. Ahora que la ha recuperado, piensa, no volverá a dejar que se marche de nuevo. Y Paula descubrirá que la enfermedad de su tía no es de nacimiento, que nació siendo una niña tan lista y normal como Blanca, su propia madre.
Recuperará a Rosa, su mejor amiga de los veranos. Rosa es una auténtica aldeana que nunca ha salido de Bexonte, pero a pesar de eso Paula descubrirá una complicidad con ella que le cuesta mucho tener con gente de vida más afín e intereses más parejos. Empieza sintiendo lástima por su vida limitada, su falta de amor, su desconocimiento del sexo...
"-¿Qué ha sido de tu vida, Rosa?
-¿Qué vida, Paula? ¿Qué vida?"
para terminar envidiándola, porque a medida que pasan los días se va encontrando más a gusto en la aldea; le va dando más pereza volver al tumulto y a las obligaciones que impone la vida en Barcelona, y cuando, finalmente, llega el momento del regreso, la situación ha cambiado tanto y han sucedido tantas cosas que Rosa es precisamente la persona por la que le gustaría cambiarse para permanecer en Bexonte y sumergirse en su monótono, pero tranquilo y previsible tedio.
No se trata de una novela de esas que caen en el típico menosprecio de corte y alabanza de aldea. Bexonte no es el paraíso. Allí se esconden sombras en las relaciones personales, como en todos los lugares. Suspicacias y envidias están por todas partes, más, si cabe, puesto que el ser pocos y conocerse demasiado permite que los recelos y los rencores se cuezan a fuego lento, atraviesen las generaciones y se hereden junto a las casas y las fincas. Bexonte no es el paraíso, pero a veces el purgatorio es el lugar más indicado para huir del tumulto y descansar del cielo por un rato. O por unos meses. 
Paula también recuperará el pasado y recuperará la historia porque los hechos tienden a repetirse de manera incomprensible. Y en esa repetición de los hechos, encontrará el amor y, como los hechos se repiten, tal vez tenga que renunciar a él. 
Alicia Lakatos Alonso
El secreto que su abuela quería transmitirle resultará un regalo envenenado; le servirá para saber la verdad acerca de muchas cosas, pero la dejará en posesión de unos conocimientos que tendrá que decidir con quién comparte y cómo. Tendrá que decidir cómo gestiona el pasado de sus padres, ya muertos los dos, a raíz de los nuevos hechos que ahora ha conocido y deberá valorar lo que ganan o pierden los demás según ella se decida a hablar o decida mantener el secreto. ¿Pero realmente depende solo de ella? ¿Tiene derecho a ocultar lo que sabe? ¿Beneficiará o perjudicará a las vidas ajenas seguir en la ignorancia? Paula llegó al pueblo con la angustia de enfrentarse a una abuela a la que odiaba por el mal trato al que sometió a su madre. Cuando, por fin se cumpla su sueño de regresar a su vida y a su mundo y volver a sepultar Bexonte en lo más profundo del olvido, se encontrará con que tampoco Bexonte es tan malo, tal vez tiene cosas buenas y la noche anterior a su partida hubiera dado cualquier cosa por poder seguir allí un tiempo más.
De Alicia Lakatos, ya leí hace unos meses "El cascabel", una novela en la que los protagonistas son Capi y Maiá, dos perros que nos van contando las peripecias de la familia en la que viven y las suyas propias. Esta novela era la continuación de "Capi y Maiá" donde comenzaba la historia de la familia y de los perritos. No son novelas infantiles. Se escapan a los intereses y a lo adecuado para niños aunque las puedan leer muy a gusto los adolescentes. Yo, que no soy nada amiga de la literatura juvenil (lo fui en mi juventud, claro, pero ahora creo que ya no me encaja muy bien, por algo es juvenil), leí "El cascabel" y la disfruté. No obstante, tengo que reconocer que prefiero que los protagonistas de las novelas sean más humanos y caminen sobre dos patas, por eso, cuando Alicia me regaló "Bexonte..." estaba casi segura de que la iba a disfrutar aún más. Así ha sido y por ello le doy las gracias y le deseo el mayor éxito con esta novela.



lunes, 12 de febrero de 2018

"Perfectos desconocidos" Alex de la Iglesia

Con Alex de la Iglesia tengo una relación amor/odio que se remonta a los orígenes de su cine. No soporto películas como "Acción mutante" o "El día de la bestia". He intentado verlas (a mi marido le gustan y me ha insistido alguna vez), pero me producen un aburrimiento mortal. Me encanta, como a casi todo el mundo, "La comunidad", y también "Crimen ferpecto" y "800 balas". Hay muchas de sus películas que no he visto. Empecé a ver "Balada triste de trompeta" y era tal el ruido que salía de mi televisor que salí corriendo hacia la tranquilidad y el silencio de mi cama y mi libro.
Y ahora viene "Perfectos desconocidos" y no me queda otro remedio que quitarme el sombrero y decir "chapeau, maestro". Y es que me gusten o no me gusten algunas sus películas; me aturdan o no algunos de sus ambientes; me parezcan una patochada o una sesuda reflexión sus argumentos, lo que no se puede negar es que Alex de la Iglesia sabe hacer cine, sabe contar historias y maneja el medio con soltura y naturalidad, pero...
Es esta además una de esas historias que me encantan; de las que yo llamo "de reunión", es decir, una reunión de amigos o familiares donde poco a poco va saliendo de todo. Comienzan en buen tono y armonía, pero a medida que avanza el tiempo y las mentes se caldean con el vino y la charla surgen los rencores, las deudas sin cobrar, las envidias, los complejos... y acaba aquello como el rosario de la aurora (que alguna vez me gustaría que alguien me contara cómo acabó). 
Ya hablé de este tipo de cine en mi reseña de "Felices 140" de Gracia Querejeta. Allí decía "no me importa si no son originales estos temas. Me entusiasman, me dejan pendiente de cada palabra que se dice, de cada gesto que se oculta. Me basta con que estén bien contados y bien interpretados". Sigo diciendo lo mismo, pero es que además esta película aporta su propio punto de originalidad, porque el tema que desencadena el conflicto es el de la indiscreción que suponen los teléfonos móviles en cuya memoria queda todo grabado en sms, correos, whatsapp, imágenes y demás chivatos escondidos entre sus circuitos.
¿Cuántos de nosotros nos atreveríamos a dejar nuestro móvil en manos de nuestra pareja para que lo fisgonee a su gusto? ¿Quién puede decir que en su móvil no se esconde absolutamente nada que desee ocultar a alguien? En principio a muchos nos parecerá que ese es nuestro caso. Somos fieles a nuestra pareja y no tenemos mensajes comprometedores... hasta que recordamos aquel día en que hablando con un amigo dijimos algo no muy favorecedor de otro,  pusimos a caldo a la suegra, criticamos a conciencia al cuñado y hasta fuimos poco amables con cierto comportamiento de nuestro chico/a. ¿Dejaríamos tranquilamente que el amigo, la suegra, el cuñado o la pareja leyeran esos comentarios?

Alex de la Iglesia con los actores en el escenario en que se desarrolla la casi
totalidad de la película.

En la película la cosa es aún peor porque todos tienen algo que ocultar. Algunos guardan secretos realmente graves, otros, detalles de esos que, sin tener importancia, es mejor que no se sepan. ¿Qué sucede entonces cuando es imposible mantener la privacidad del aparatito? ¿Cuando alguien te reta a dejar el teléfono abierto en medio de la mesa para que todos lean los mensajes que entren o escuchen la conversación que se mantiene? 
Ese es el planteamiento de la película. Cuatro parejas se han citado para cenar en casa de una de ellas. Todos se conocen desde hace años con dos excepciones.Una es Blanca, que tan solo lleva un año casada con Eduardo y se siente un poco fuera de lugar y con complejo de recién llegada al grupo. La otra es la nueva novia de Pepe que es quien más expectación crea porque nadie la conoce aún y todos se preguntan cómo puede ser la mujer capaz de enamorarse de Pepe.
Comienza la cena en un ambiente un tanto onírico. Se avecina una luna de sangre con eclipse incluido; una luna enorme que, por momentos, se va tiñendo de rojo a medida que la noche avanza y la tensión aumenta. Una luna que veremos en los pocos momentos en que se nos saca del comedor y se nos sitúa en la enorme terraza del maravilloso ático en que viven Alfonso y Eva, los anfitriones.

Edourad Fernández (Alfonso) y Belén Rueda (Eva)

Cuando Blanca propone dejar todos los móviles en el centro de la mesa, las reticencias disimuladas como bromas; las bromas que esconden verdadero terror por lo que pueda pasar; el tener que responder al reto para no parecer culpable; todo ello se mezcla en el centro de la mesa junto con los siete dispositivos que, con aspecto inocente, constituyen un arma letal para amores y amistades.
Según van llegando los mensajes y las llamadas vamos conociendo los secretos de cada uno y cada uno va mostrando su personalidad oculta a la vez que se van manifestando las grietas que amenazan la relación entre los amigos y los resentimientos de años. Las que amenazan a las parejas se van viendo mucho antes, pero lo que los móviles ponen de manifiesto termina resultando el final para alguna y la salvación de alguna otra. 
Y es que las nuevas tecnologías han cambiado, si no las relaciones, sí la manera de relacionarse. Antes era más fácil mantener parcelas de privacidad. Cada uno estaba más "protegido" de las infidelidades de la pareja o las traiciones de los amigos. Antes se dependía de muchos factores que podían dejarte al descubierto. Ahora, a todos ellos que ahí siguen para dejarnos en evidencia, se unen los mensajes del whatsapp (con foto o sin foto) para dejarnos con el culo al aire, a poco que nos descuidemos.

Juana Acosta (Ana) y Ernesto Alterio (Antonio)

Se trata de una película muy teatral, que transcurre en su mayor parte en el comedor, excepto unas pocas escenas que se trasladan a la terraza, una comedia en la que toda la importancia está en los diálogos y, lógicamente, en la interpretación. 
El reparto está hecho a base de actores demasiado conocidos. Poco que objetar porque me gustan todos y están estupendos, como acostumbran, aunque a veces se agradece la frescura que supone ver a actores desconocidos. El que más me ha gustado, Edouard Fernández; su naturalidad me conquista en cada ocasión. El que menos, Ernesto Alterio; está gracioso, pero últimamente tiene unos tics que siempre son los mismos y no sé de dónde le vienen, pero creo que antes, hace mucho, no los tenía. 

Dafne Fernández (Blanca) y Eduardo Noriega (Eduardo)

Me ha sorprendido Juana Acosta con su gran naturalidad. La manera en que se le va notando la ebriedad, a medida que la ingesta de vino se incrementa, está tan lograda que una creería que realmente, se ha ido achispando poco a poco para interpretar las escenas. 
Creo que me había dejado un pero por el camino. Volvamos a él. La película es un remake de otra italiana, "Perfetti sconosciuti", del director Paolo Genovese.. Yo pensaba (culpa mía por entero; nadie me dijo que así fuera) que esta película italiana tenía ya unos cuantos años y que era anterior a la explosión y el auge del smartphone; me había hecho a la idea  de que en ella la trama estaba ocasionada por algo distinto al uso del móvil y su relación con la privacidad de las personas, pero he aquí que empiezo a indagar un poco para escribir esta reseña (año de estreno de la película original, un poco del argumento...) y me encuentro que la película italiana es de 2016, estrenada en España en 2017, y descubro que también está todo provocado por la idea de dejar los móviles sobre la mesa y compartir en vivo y en directo (y en abierto) todo lo que a cada uno le vaya entrando. Luego ya no es una interpretación distinta de la historia que da lugar a la película italiana, es la misma película con otros actores y en castellano.

Pepón Nieto (Pepe)

No he visto "Perfetti sconosciuti", aunque la veré. No sé si es mejor o peor que la versión de Alex de la Iglesia, pero tras saber de ella lo que ahora sé, me vuelvo a poner el sombrero y retiro lo de "chapeau, maestro". No es que "Perfectos desconocidos" me guste menos ahora que antes, es que ahora no le veo el sentido, ni la necesidad, ni la más mínima originalidad. 
Hace ya mucho que se habla de la cantidad de adaptaciones cinematográficas que se basan en novelas, y se acusa al mundo del cine, y más concretamente a directores y guionistas, de estar perdiendo la capacidad de parir ideas originales. Pero hacer una película que, por las fotos de escenas que he visto, es casi  una copia perfecta de otra estrenada hace menos de dos años, me parece que el único sentido que puede tener es el comercial. 
Sigo indagando y por fin lo entiendo. Pocos meses después de su estreno en Italia, la comedia de Paolo Genovese ya había recaudado unos veinte millones de dólares. Demasiada tentación. Tele 5 compró los derechos y contrató a Alex de la Iglesia para dirigir la cinta. La película es un encargo y poco hay que añadir.
Alex de la Iglesia ha hecho una película buena, que me ha gustado mucho, pero... me hubiera parecido mucho más digna de alabanza de haber sido original o, al menos, de haber aportado algo de originalidad cosa que, a falta de ver la película italiana y juzgando solo por sinopsis y escenas, creo que no se da.
Aquí dejo dos escenas de cada película (arriba la italiana y abajo la española) para que podáis juzgar. 





viernes, 9 de febrero de 2018

"4 3 2 1" Paul Auster

Paul Auster (junto a Philip Roth y John Irving) fue el autor que me puso, hace ya muchos años, en la pista de la maravillosa novela norteamericana que se estaba escribiendo en aquel momento y que yo tenía un poco abandonada en beneficio de la europea en general y de la española en particular. Antes había leído a los clásicos, Scott Fitgerald, William Faulkner John Steimbeck, por poner ejemplos que me vienen ahora a la cabeza (nunca he llegado a pillarle el punto a Ernest Hemingway).
"Leviatán", "La mancha humana" y "Una mujer difícil" fueron las tres novelas respectivas de esos tres autores que lograron adentrarme en la novela estadounidense; en el cine ya lo estaba desde hacía mucho tiempo. Después vendrían Richard Ford, Richard Russo, Joyce Carol Oates, Marilynne Robinson, Richard Yates, Michael Cunningham... por nombrar solo algunos de los que más he leído y más me gustan. Pero esos tres seguirán siendo los que me abrieron las enormes y suntuosas puertas de la literatura norteamericana actual.
De Paul Auster, después de aquel "Leviatán" que tanto me sorprendió y cuya relectura tengo pendiente desde hace tiempo, leí casi todo. Desde luego, todas sus novelas, pero también muchos de sus libros de relatos y los autobiográficos. Aún no ha aparecido en mi blog porque hace mucho que no publica nada y hace mucho, por lo tanto, que nada he leído de él. Han pasado siete años desde su última novela, "Sunset Park", y ahora el autor se reencuentra con sus lectores con un libro de cerca de mil páginas y una historia que encierra varias a la vez. 
"Según la leyenda familiar, el abuelo de Ferguson salió a pie de Minsk, su ciudad natal, con cien rublos cosidos en el forro de la chaqueta, y pasando por Varsovia y Berlín viajó en dirección oeste hasta Hamburgo, donde sacó billete en un buque llamado The Empress of China, que cruzó el Atlántico entre agitadas tormentas invernales y entró en el puerto de Nueva York el primer día del siglo XX"
Pero el abuelo, que todavía no era abuelo y tenía diecinueve años, no se llamaba Ferguson, como ya hemos podido imaginar teniendo en cuenta que venía de Minsk. El abuelo era judío y se llamaba  Isaac Reznikoff. Alguien le recomendó cambiar el apellido por otro menos complicado antes de que el agente de inmigración de la isla de Ellis le tomara los datos. Ese alguien también le recomendó que dijera que se llamaba Rockefeller, una forma segura de no equivocarse. Muchos años después su nieto Archie se preguntará cómo habría sido su vida si su abuelo se hubiera declarado un Rockefeller, en lugar de contestar en yidis "Ikh hob fargessen! (¡Se me ha olvidado!)" cuando fue preguntado por su nombre, lo que llevó al agente a escribir lo que buenamente entendió, y es que si Isaac no tenía aún ni idea de inglés el 1 de enero de 1900, el funcionario que le atendió en la isla de Ellis no tenía, y seguramente nunca tendría, idea de yidis. De manera que entró en Nueva York con el sonoro nombre de Ichabod Ferguson.


Inmigrantes en Ellis Island, 1892 - Foto: Wiki Commons

No sabemos cómo hubiera sido la vida de Archie de haber sido otro el nombre con el que su abuelo entró en Nueva York y comenzó la dinastía, pero Archie (Archibald) Isaac Ferguson no puede quejarse de no haber tenido oportunidades de vidas distintas. Cuatro nada menos le ha dado Paul Auster en esta novela. Cuatro historias para Archie Ferguson, el nieto de Ichabod Ferguson y el hijo de Stanley, el pequeño de los tres niños Ferguson que Ichabod y su mujer, Fanny, de soltera Grossman, tuvieron en Estados Unidos.
Archie fue el hijo un poco tardío y casi desesperado de Stanley Ferguson y Rose Adler, hija también de padres inmigrantes  (padre y madre procedían de Varsovia y Odesa, respectivamente, y de allí habían salido cuando contaban tres años aunque no se conocerían hasta coincidir en Nueva York). Archie nacería el 3 de marzo de 1947, casi tres años después de la boda de sus padres, después de tres abortos y dejando a su madre incapacitada para tener más hijos. Hasta ahí la primera parte de la novela. A partir de ese momento, se abre como una flor de cuatro pétalos y cada uno comienza a despedir su aroma particular.
¿Qué es lo que puede hacer que una persona viva de una forma u otra? Muchas veces nos hemos preguntado qué hubiera pasado si en vez de esto, hubiéramos hecho aquello; si hubiera estudiado otra carrera; si no hubiera ido a aquella fiesta; si no hubiera cogido aquel avión; si hubiera hecho aquel viaje... Nos imaginamos vidas sumamente distintas y, sin embargo, puede que no lo fueran tanto. Puede que en nuestra vida influya más el tipo de persona que somos que las contingencias que nos han ido acompañando a través de los años. La novela nos cuenta cuatro vidas diferentes para Archie; cuatro vidas diferentes, pero tampoco demasiado, porque en todas ellas encontramos un niño solitario, curioso, inteligente, que reparte sus aficiones entre la literatura y el cine; cuyas inquietudes le llevan por la rebeldía y la defensa de los derechos civiles; se espanta ante la ejecución de los Rosenberg cuando aún es muy pequeño, protesta contra la guerra de Vietnam y contra la segregación que mantiene sometida a la injusticia a toda la población negra del país. 
¿Por qué ese Archie va a llevar distintas vidas? Y ¿son realmente tan distintas las experiencias vitales que le vemos acometer? ¿No está en todas, más o menos enamorado de la misma mujer? ¿No es su destino dedicarse a la literatura, bien como novelista o bien como periodista? ¿No resulta en todas ellas un muchacho liberal tendente a la izquierda, rebelde y partidario de las libertades y de vivir a su aire?
Los cambios existen; no es lo mismo un padre que muere cuando Archie tiene ocho años, que un padre que se divorcia de su madre cuando es adolescente o un padre que vive siempre con la familia. Eso influye en las distintas vidas de Archie, hace que otras personas se crucen en su camino o que permanezcan al margen; que viva en ciudades distintas; que disponga de más medios económicos o que se encuentre en una situación más ajustada. 
Creo que el gran acierto de la novela es que las distintas circunstancias no cambian drásticamente las historias. No encontramos personajes sumamente distintos ni experiencias contrapuestas. Archie no cambia tanto; cambian ciertos hechos puntuales, algunas situaciones accesorias, algunos contextos sin demasiada importancia. Se viven distintos acontecimientos más o menos traumáticos; la orfandad en la infancia, la muerte de un amigo adolescente, pero nada que trastoque la vida del personaje o lo lleve por caminos muy distintos. A veces tenía que recapitular porque no tenía muy claro si estaba con Archie 1 o con Archie 4; si había empezado ya con Archie 3 o aún seguía con Archie 2. Nada, en todo caso, que llegue a complicar la lectura.
Y es que, como siempre he creído, somos más fruto de la genética que de las circunstancias; circunstancias que no voy a negar que influyen, pero salvo que sean tan opuestas como nacer en la opulencia en un país desarrollado o nacer en la miseria en un país pobre (o en el mismo país desarrollado), poco pueden hacer para cambiar las tendencias y las inclinaciones que tenemos desde la cuna. Los cuatro Archie son hijos de los mismos padres, se crían en el mismo lugar, tendrán vidas similares y destinos parejos, al menos, los destinos que a cada uno le dé tiempo a forjarse con la vida que se le otorga. Esa es la diferencia mayor entre todos ellos.

Paul Auster

El otro gran acierto es el final. Creo que, sin ser espectacular, le da cuerpo a toda la novela y proporciona sentido a estas cuatro ocurrencias de Paul Auster. Ocurrencias basadas en su propia vida porque en cada uno de los Archie se esconde algún dato autobiográfico del autor, alguna experiencia más o menos dolorosa, más o menos  satisfactoria, más o menos representativa de su infancia o de su juventud, porque me olvidaba decir que en estas cuatro historias de Archie tan solo llegamos hasta su primera juventud, hasta los veintidós años en que lo dejamos preparado para seguir su camino y escribir la gran novela americana que, tal vez, él sí consiga dar a las letras de su país.
Cuando Archie se entera de dónde proviene el nombre familiar, reflexiona acerca de todo lo que esa anécdota ha podido acarrear en su vida. 
"En la historia, acaba siendo Ferguson porque el agente de inmigración no entiende la lengua en que le hablan. [...] Un judío ruso transformado en presbiteriano escocés con quince trazos de la pluma de otro hombre. Y si en la Norteamérica blanca toman a un judío por protestante, si cada persona que conoce supone automáticamente que es un individuo diferente del que es, ¿cómo afectará eso a su futura vida en Norteamérica? [...]¿y qué habría pasado si ese nombre le hubiese venido a la memoria en vez de írsele de la cabeza? Se habría llamado Rockefeller, y a partir de ese día la gente le habría supuesto miembro de la familia más acaudalada de Norteamérica"
Tal vez, con algún otro pretexto, Paul Auster se hizo una pregunta similar acerca de su vida y decidió bucear en las respuestas a la eterna ¿qué hubiera pasado si...?
Una muy buena novela. Me ha gustado y la he disfrutado. Pero he de reconocer que, mientras la leía, en algunos momentos, pensaba que lo que me estaba gustando no compensaba el tiempo empleado en la lectura. Son cerca de mil páginas bien aprovechadas (los puntos y aparte, así como los diálogos escasean). Pero al terminar la novela me he reconciliado con la historia y he de decir que el balance es positivo. También ha influido en ello el final que, como ya he dicho, es lo suficientemente bueno como para cerrar un círculo que, por momentos se puede creer que va a quedar inconcluso.


miércoles, 7 de febrero de 2018

II Reto Nos gustan los clásicos



Este reto tuvo su primera edición el año pasado como iniciativa del blog "Un lector indiscreto".
Consistió en leer y reseñar cinco libros "clásicos". En opinión de Francisco, administrador del blog y promotor de la iniciativa, por literatura clásica "entiendo que es aquella que pervive a lo largo del tiempo desde su publicación y es releída por generaciones de lectores". Y como pretende que el término clásico sea lo más amplio posible, nos lo pone fácil y mete en él cualquier libro "que se haya publicado por primera vez antes de 1990".
Me pareció un reto fácil pues en todo lo que leería en 2017, era imposible que no hubiera al menos cinco novelas que cumplieran con ese requisito. Al final, efectivamente, han sido trece las publicaciones anteriores a 1990 que leí durante el año (y puede que se me haya escapado alguna). Aquí podéis ver la lista y los enlaces a las reseñas correspondientes por si os apetece leer alguna.
Para esta segunda edición, las condiciones son las mismas, pero se amplía el número de novelas que hay que leer para cumplir el reto y sube a siete. Tampoco creo que haya ningún problema. De hecho, ya he leído una que cumple el requisito.
Quien esté interesado deberá pasar por el blog "Un lector indiscreto" para apuntarse. Y tened en cuenta que el plazo finaliza el 28 de febrero (aunque se podrá hacer a lo largo del año). No hay condiciones raras ni complicadas. Solo leer y reseñar las siete novelas. Pero mejor os pasáis por "Un lector indiscreto" y lo leéis vosotros mismos.
Yo iré actualizando este post con las novelas que vaya leyendo y que se adapten al reto. 

Mis clásicos de 2018:

  • "Apegos feroces". Vivian Gornick (1987) Leer
  • "Bartleby, el escribiente". Herman Melville (1853) Leer
  • "El revés de la trama". Graham Greene. (1948) Leer
  • "Vinieron como golondrinas". William Maxwell. (1937) Leer
  • "Postales de invierno". Anne Beattie. (1976) Leer
  • "Zuckerman encadenado". Philip Roth
    • "La visita al maestro" (1979) Leer
    • "Zuckerman desencadenado" (1981) Leer
    • "La lección de anatomía" (1983) Leer
    • "La orgía de Praga" (1985) Leer
  • "La chica de Kyushu". Seicho Matsumoto (1961) Leer
  • "Adiós, hasta mañana". William Maxwell (1979) Leer
  • "Llamada para el muerto". John Le Carré (1961) Leer
  • "Vidas minúsculas". Pierre Michon (1984) Leer
  • "Siempre hemos vivido en el castillo". Shirley Jackson (1962) Leer
  • "Retrato de una dama". Henry James (1881) Leer
  • "¡Así de grande!". Edna Ferber (1924) Leer
  • "Violación". Chester Himes (1980) Leer



domingo, 4 de febrero de 2018

"Alcohol de 99º" Manu López Marañón

"Una desolación envenenada bullía por sus venas mientras los años, siempre inclementes, mellaban su carácter con las muescas de la pubertad. Y es que a diferencia de su amigo Asís, y a diferencia también del resto de la humanidad, pensaba sintiéndose un marciano, él no sabía quién era su padre". La madre de Artur, Estrella, huyó a Londres en los primeros años sesenta del pasado siglo. Allí pensaba aprender inglés para, a su vuelta a Bilbao, encontrar trabajo en una naviera. Allí cayó en las redes del LSD, las minifaldas minúsculas, las botas altas y los suéteres pop art imposiblemente ceñidos; allí sufrió un desengaño amoroso que la lanzó en brazos de la más promiscua concupiscencia, y como no eran épocas de píldoras ni anticonceptivos fiables, quedó embarazada del pobre Artur que viviría toda su infancia y gran parte de la adolescencia preguntándose quien sería su padre. 
Tuvo que esperar a tener diecisiete años y a que muriera su madre de una sobredosis (el LSD de Londres se convirtió en heroína una vez regresados a Bilbao madre e hijo), para recibir unas fotos y unas cartas que su supuesto padre había enviado a su madre por la época en que se había quedado embarazada y que ella guardaba en una caja como su bien más preciado. Pero la mala suerte persigue a Artur porque cuando está a punto de conocer a su padre y cobrarse todas las pagas que le debe, muere su progenitor a cinco mil kilómetros y un océano de distancia sin saber de tal hijo y dejándolo tan huérfano a los diecisiete años como irreconocido lo había tenido hasta entonces. "Fue capaz de confesarse que lo que más le hubiera gustado del mundo era abrazar a su progenitor. Se había quedado solo en la vida, deshonrado, huérfano entero y más pobre que las ratas".
El problema de Asís no es la falta de padre, sino su presencia. Un borracho pendenciero que maltrata a la madre y contra el que Asís no puede hacer nada, primero, porque le puede y segundo, porque siendo su padre policía, tampoco es cuestión de denunciarlo. Policía en Bilbao en la peor época del terrorismo. "No era malo, lo que pasa es que enfermó del síndrome que les da aquí a los policías. La culpa la tiene el terrorismo, que los caza como a conejos y así, claro, empezar a beber… No, el pobre no era malo, tenía miedo y no se fiaba de nadie, con la bebida…";
Y así viven los dos amigos, envidiando uno el padre del otro y el otro la orfandad del uno, hasta que ambos quedan huérfanos de verdad, uno de su padre real y conocido y el otro de su padre imaginario y no sabemos si también real. 
La vida de ambos amigos comienza a discurrir por caminos paralelos a la legalidad, vamos que no llegan a cruzarse con ella. Engañados y abandonados tras el robo a una joyería, terminarán en la cárcel. Asís, mayor de edad, en Basauri; Artur, aún con diecisiete años, tendrá que pasar casi un año en Santander cuya cárcel tiene plazas para menores, aunque esos menores estén en todo momento mezclados con delincuentes de cualquier edad en una cárcel considerada como peligrosa; aunque esos menores sirvan para entretener las más libidinosas aficiones de los presos más curtidos. 
Han comenzado su vida al margen de la ley, que no al margen de la época y la sociedad que les ha tocado vivir. Empieza la novela en Bilbao y transcurre a caballo entre dos décadas, los setenta y ochenta del siglo pasado. España se debate en los brazos poco amantes de una crisis económica que afectó a todo el mundo, que se inició con la crisis del petróleo de 1973 y continuó y se agravó con la segunda crisis del petróleo en 1979. Pero en España, las crisis, como todas las desgracias, tienen características propias, y estas nos pillaron clausurando el franquismo y con el país necesitado de una reconversión económica que sumió en el paro y la desesperanza a aquellas zonas industriales que, por haber vivido sin saber lo que era el desempleo, se vieron más vulnerables para enfrentarse a algo que desconocían.

Manu López Marañón

Bilbao y Barcelona, los escenarios de esta novela, son también los escenarios devastados por los que se moverán nuestros protagonistas acompañados de Fredi, un amigo al que conocieron en uno de sus pasos por alguna de las cárceles que les han hospedado desde demasiado jóvenes.

Fredi viaja buscando a Dora, la mujer de la que está enamorado y que lo ha abandonado mientras él estaba en la cárcel, sin ir a visitarle ni una sola vez, para buscarse la vida, según cree él, en algún puticlub del barrio chino barcelonés, al que ahora quieren llamar Raval. Luego resultará que su trabajo está muy lejos de los puticlubs y, aunque  igualmente marginal, muy bien disfrazado de trabajo decente. 
Asís y Artur huyen de un traficante al que no pueden pagar el dinero de un negocio por habérselo gastado sin pensar demasiado en lo que se les venía encima después "—Estamos a prueba, idiota —dice Asís—. ¿Te da el pellejo para plantarte delante del Faenas y decirle que nos hemos fundido más de cien mil pelas a cuenta?"
En Barcelona termina la amistad de los tres jóvenes. Se separarán para seguir caminos e intereses diferentes. Asís perseguido por el recuerdo de una puta a la que conoció en el camino y por las consecuencias de algunos hechos que le salen al paso cuando menos lo espera. Fredi, tras las andanzas de Dora, se terminará encontrando con Luli, con el Flaco y con un negocio que quizás le quede un poco grande. Artur se encontrará con el Piro, al que conoció en la cárcel de Santander, y con la posibilidad de tomarse por su mano la Justicia que se niega a los que están acogidos a la tutela de la propia Justicia.
"Alcohol de 99º" es una novela picaresca. Lo es por su trama y lo es por su lenguaje. Mientras la estaba leyendo y disfrutando, no podía dejar de pensar que es la novela picaresca del siglo XX escrita en el siglo XXI. Es un homenaje a los que vivieron, como yo viví, la adolescencia y la primera juventud en las décadas setenta y ochenta del pasado siglo; las vivieron como yo, pero para su desgracia, ellos fueron víctimas de lo peor que dichas décadas tuvieron para ofrecer a una juventud que se quedó atrapada entre la movida, las drogas, el sexo, el SIDA y la propia necesidad de sobrevivir por encima de cualquier situación por jodida que se presentase.
Quiero recomendar esta novela, pero no con mis palabras, porque he encontrado otras que me parece que saben recomendar mucho mejor que yo, y como creo que la novela de Manu López Marañón lo merece, la recomiendo con las palabras de Ricardo Bosque en la reseña que hizo de "Alcohol de 99º" para la revista Calibre. 38: "Novela pues muy recomendable en la que la esperanza es lo primero que se pierde y que viene a demostrar aquello que cantaba el bueno de Rubén Blades a finales de los setenta y que popularizó en España la Orquesta Platería con su versión de 1979: “si naciste pa martillo, del cielo te caen los clavos”". Nuestros tres amigos nacieron con destino de martillo y a lo largo de su vida, los clavos les fueron saliendo al paso en cada vuelta del camino.



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