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"Vínculos de sangre" Amalia Hoya

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La escarcha me cubría los hombros y el intenso frío me obligaba a tiritar. Uno de los soldados me regaló su capote, todavía recuerdo el tacto áspero de la tela cuando mi madre me envolvió en él. En cambio, mis pies no tenían remedio; llevaba unas zapatillas poco adecuadas para caminar por el terreno pedregoso, el barro y los charcos. Y los gruesos calcetines hacía rato que se habían empapado. Mis padres y yo huíamos de la guerra. Él era un capitán del ejército republicano que había luchado en la batalla de Santander a las órdenes del general Mariano Gamir Ulibarri, responsable militar de las Vascongadas, Asturias y Santander. Y mi madre, una maestra y activista republicana que escribía artículos en El Diario Montañés y, más tarde, en La República. Dos años antes, las tropas de Franco habían conquistado toda la franja norte de España, por lo que, perdida la zona, mi padre decidió llevarnos con él a Zaragoza con intención de unirse a las tropas que libraban la batalla en el Ebro....

"Obsesión en Venecia" Amalia Hoya

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«El amanecer iluminaba las cúpulas de San Giorgio Maggiore cuando, en el gueto de Venecia, un hombre llegaba a la casa de Eliezer Stuitz, el artesano que fabricaba máscaras y marionetas. − Buenos días. Soy un criado del palacio Labia; me envía su propietario, el señor Biagoitia, le pide que me acompañe porque quiere encargarle un trabajo. − Pase, favor. Me visto y enseguida voy con usted.  − No debe tardar demasiado; el señor Biagoitia tiene poca paciencia. Trabajar para alguien importante podía ser un buen negocio, pero a Eliezer le preocupaba no causar buena impresión debido al aspecto descuidado que tenía desde que murió su esposa. Buscó en el armario una camisa limpia y la mejor chaqueta, la que se puso el día de su boda y nunca más usó, peinó con cuidado la barba y el pelo y, satisfecho de su imagen, volvió junto al recién llegado, que esperaba impaciente» . El señor Biagoitia va a celebrar un baile y quiere que Eliecer, el mejor artesano de Venecia según la fama que lo acompa...