Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

viernes, 28 de diciembre de 2018

"Callejón de Dolores"

Hoy rescato una reseña de hace bastante tiempo, concretamente se publicó en abril de 2015, cuando el blog empezaba su andadura. Una reseña que se quedó sin comentarios y que creo que merece otra oportunidad porque se trata de una novela curiosa, muy entretenida y de una enorme calidad.
No está tal cual se publicó en su día, pero los cambios han sido mínimos y afectan levemente a la forma, nunca al contenido.


Ciudad de Guatemala, 28 de septiembre de 1929. Son las 6:45 de la mañana y el inspector Villagrés, "... verbigracia de la honradez policiaca, filósofo del bien y el mal, admirador de Carlos Gardel y adicto a las películas de Fu Manchú", tras quedarse traspuesto y tener un sueño de cuatro cadáveres, sigue repasando informes (crímenes pasionales, narcotraficantes chinos de la mafia de Shangai, bandas de timadores llegadas de Mexico DF) y es en ese momento cuando se recibe la denuncia de una reyerta en el establecimiento de madame Dorothée, Entre jazmines, a la que acude presuroso pues nunca ha tenido la oportunidad de conocer por dentro el burdel más reputado de la ciudad.
El doctor Flavio Salceda se encuentra en casa de "... don Lorenzo Henríquez, prócer del liberalismo y ex tribuno de la Asamblea Nacional" para un reconocimiento rutinario del insomnio, la fiebre y el deterioro general que el tabaco ha originado en la salud del prohombre.
"Bruce McCallister, encargado de negocios de Estados Unidos en Guatemala" se encuentra en su despacho del consulado.
Ciriaco Arroche, alias Divino Rostro y Florinda Solano aprovechan esa hora del amanecer para "una ardorosa batalla cuyo desenlace debería ser la ansiada metástasis carnal". A otra hora, podría estar presente el abogado Cabañas, amante oficial de Florinda.
Así se encuentran algunos de los personajes de la novela cuando un petardeo de motor inquietante seguido de un silencio aún más inquietante les sorprende, y un avión se precipita sobre ellos, más cerca de unos que de otros, para acabar impactando en medio del Callejón de Dolores, entre el consulado de Estados Unidos y la residencia del Cónsul de Méjico; en una casa abandonada situada entre la del Doctor Salceda y la de Florinda.
Así arranca este delicioso libro escrito por Francisco Pérez de Antón, un escritor nacido en Asturias en 1940, pero con domicilio en Guatemala desde 1963. Será por eso por lo que su novela es eminentemente latinomericana y nos deja en los labios y en la imaginación un regusto a terremotos y volcanes; sacos de café aguardando a que los precios suban; huracanes que ensopan los fangos del suelo, arruinan las cosechas y arrancan los mangles de sus lechos salobres; policías y funcionarios corruptos porque si no, se mueren de hambre; políticos corruptos porque sí; caos y anarquía, inteligencia e improvisación, geniales dotes deductivas. En fin, lo puramente español, pero con sabor a melcocha, dulce de leche, y colochos de guayaba. 
Francisco Pérez Antón
Corre además el emblemático año de 1929, falta menos de un mes para que en Nueva York la bolsa se desplome, a Delfina Georgiou los arcanos mayores y menores de las cartas del tarot se le vuelven en contra, en Guatemala preside Lázaro Chacón y gobierna la United Fruit Company.
Y un avión cae del cielo para enredar la existencia de todos estos personajes, llevando a unos la suerte, a otros la desgracia y a todos cambios insoslayables que pondrán su vida del revés o meramente acabarán con ella.
McCallister le ha desaparecido Nunzio Regonese porque lo vieron subir al avión, pero ni está entre los tres cadáveres, ni es el superviviente que permanece en coma en el hospital. Y también le falta el maletín de aluminio que Regonese llevaba por todo equipaje. Y sufre las perentorias presiones del BOI (más tarde, el FBI), para que encuentre a ambos.
Al Dr. Salceda le ha saltado a las manos un sobre con billetes que le puede ayudar a pasar la mala racha de los sacos de café esperando a que suban los precios, y es que el doctor, además de uno de los médicos con más prestigio del país, es cafetalero.
La policía busca los cinco sobres con mil pesos oro cada uno que el piloto, Chinto Rodríguez, llevaba para pagar los sueldos del ejército y otros gastos... o eso dicen.
A Bonifacio Villagrés le falta un  muerto porque él vio cuatro cadáveres en su ensoñación, y solo tienen tres, pero han aparecido rastros de sangre en el patio de la casa sobre la que cayó el avión, y un sombrero, y finalmente un maletín lleno de comida china del que ni siquiera la policía quiere hacerse cargo, pero Villagrés sabe que el maletín, el sombrero y su cuarto cadáver están relacionados, sobre todo cuando descubre que la comida china vale unos veinte mil pesos oro y es china, pero no es comida y puede quedarse con ella porque nadie le ha dado importancia y...
Y en Nueva York, Lucky Luciano y Meyer Lansky están a la espera de ver si es factible el negocio de traer drogas heroicas desde China pasando por Guatemala donde se camuflarían entre bananos y café. Para ello han puesto en marcha una operación de prueba cuyos resultados esperan con impaciencia y es que se rumorea que el Gobierno va a levantar la Prohibición sobre el alcohol y su floreciente negocio se va a pique y hay que buscar sustitutos cuanto antes.

Y en estas complicaciones andaba la historia cuando, definitivamente, la bolsa en Wall Street se desploma y el volcán Santa María erupciona destruyendo vidas y sacos de café y a algún cafetalero le queda el consuelo de que no tiene que pagar su deuda con el Banco, porque el Banco se ha arruinado y no se sabe donde para. 
Pero entre medias, asesinos despiadados van dejando un reguero de cadáveres señalando cual piedrecillas de Pulgarcito el sendero que se supone que ha seguido lo que perdieron y van buscando (maletines, sobres, cadáveres); y hay personas honradas, que se han topado con lo que no esperaban, lo usan para salvar vidas o ayudar a los amigos; y hay un policía que acude al cónsul americano ofreciéndole su colaboración, y, ante el dinero que éste le ofrece, manifiesta que sólo quiere un traje hecho a medida y lecciones sobre los modales que debe tener un caballero, con lo que el cónsul se queda pensando que "si hay algo más bochornoso que pedir mordida es ofrecerla y que te la rechacen". Y es que Bonifacio Villagrés es de una honradez acrisolada, de una honradez que no se merecen ni sus jefes en la policía, ni los políticos que gobiernan el país.  
Y poco a poco, las vidas que se fueron enredando, se van a ir desenredando; las cosas vuelven a su sitio, no al que tenían al principio, sino al que en justicia les corresponde, y no importa saltarse las leyes, las sentencias de los jueces o la intervención de la policía porque la corrupción está donde menos se la espera y como ya ha observado Villagrés "en ocasiones, la única manera de acercarse en Guatemala a la justicia, es alejarse de los jueces"
Chinto Rodríguez, el
piloto del avión.
En Guatemala, muerto Chacón y tras meses de inestabilidad, sube a la presidencia Jorge Ubico, que terminó convirtiéndose en un dictador y como todos los dictadores pone orden en el país y nuestro cónsul McCallister cree que morirá sin poder "dilucidar qué habría hecho, en el caso de haber tenido el poder para hacerlo: si permitir que el desorden continuara o anteponer el orden a la libertad y la justicia, como al cabo dispuso hacer Ubico" porque si hay un término medio, él ignora dónde se encuentra y de lo que está convencido es de que "la política del mal menor, por lo común, solo conduce a males mayores". Y si una no tuviera muy claras las cosas en lo que a dictaduras se refiere, estaría tentada de creerle ante el razonamiento incontestable de que "mal menor fue la Prohibición y los bienes que trajo consigo fueron el contrabando, la corrupción y el crimen organizado".
Y aunque en 1930 los totalitarismos crecen por todas partes y el mundo se dirige hacia algunos de los episodios más deleznables de su historia, Bonifacio Villagrés y Flavio Salceda han conseguido instaurar su propia parcelita de justicia, puede que no muy legal, no muy ortodoxa, pero justicia al fin y al cabo.
Lo más curioso: esta historia disparatada y trepidante está basada en un hecho real y es que lo de ser verosímil se lo dejamos a la ficción, la realidad no necesita verosimilitud. Le basta con ser real.

Título del libro: "Callejón de Dolores"
Autor: Francisco Pérez Antón.
Editorial: Alfaguara
Año de publicación: 2012
Año de publicación original: 2013
Nº de páginas: 407


martes, 25 de diciembre de 2018

Cuento de Navidad.


Ayer fue noche buena. Me gustan mucho la noche buena y la navidad. Pero sobre todo me gustan los reyes majos. 
Anoche en la cama, le pregunté a la abuela Luisa cuánto quedaba para que vinieran los reyes y me ha dicho que quedan muchos días. Tiene que pasar la noche anciana y empezar el año joven que es 1965. Me lo enseñó en un calendario que está sin abrir. 
No sé cuántos días faltan porque no sé contar bien. Llevo poco tiempo en el colegio y solo he aprendido a leer. En las notas me pusieron un 10 en lectura. Dice mi tío que ya era hora de que aprendiera a leer para que los reyes me traigan libros y la novia que tiene ahora le dijo que se deje de libros y que mejor que me traigan juguetes, pero yo prefiero algún libro porque me gusta mucho leer cuentos a la abuela Nati que dice que antes solo hacía que hablar y ahora solo hago que leer y la vuelvo loca con tanta palabrería.
La noche buena cenamos en casa de la abuela Nati donde viven el abuelo Matías, el tío Joseluis y la abuela Luisa. Bueno, la abuela Luisa no es mi abuela de verdad, dicen que es mi bisabuela, pero siempre la llamo abuela. Los hermanos de la abuela Nati y los primos, nunca vienen a cenar. A veces vienen por la tarde, pero son mayores y no juegan conmigo. Mi hermana tampoco juega conmigo porque solo tiene 17 meses. No sé por qué yo tengo años y ella tiene meses, pero es muy pequeña y no habla, ni nada. Solo llora y se arruga mucho y se pone colorada. Es muy fea.
Los hermanos de la abuela Nati no son mis abuelos y no lo entiendo porque creo que también son hijos de la abuela Luisa. Es un lío lo de los abuelos y los tíos que son abuelos pero no son abuelos, y el tío Joseluis que no es nada abuelo y es el hermano de papá.
Cené mucho anoche. Lombarda no, porque no me gusta y quería tener sitio para la bandeja de pescado cocido con mayonesa que había visto en la despensa. Dije que me sirvieran mucho y cuando lo probé, lo escupí en el plato porque no era pescado y me dio mucho asco. La abuela Luisa me riñó y dijo que con cinco años ya era muy mayor para escupir la comida, pero es que era algo muy blandito y con mucha agua un poco ácida y la mayonesa estaba también con agua. Dijo mamá que eran estropajos y me eché a llorar porque me habían dado estropajos para cenar y el abuelo Matías se rió mucho porque no eran estropajos, eran esparrajos. No sé, pero no quiero comerlos nunca más.
El abuelo llegó casi tarde a cenar. Venía del bar de García y estaba muy contento. Le hacía burla a la abuela Luisa cuando estaba de espaldas, le sacaba la lengua y la dentadura (él puede sacarse los dientes y dice que cuando yo sea mayor podré también) y me guiñaba el ojo. Dicen que menos mal que cuando bebe mucho le da por gastar bromas y no se pone violento ni faltoso. Lo de faltoso lo dice mi madre y no sé qué quiere decir porque al abuelo no le falta nada, bueno, un poco de pelo sí le falta, pero como siempre lleva boina no se nota ni nada.
Tampoco sé por qué tenía que ponerse violento por beber mucho porque yo también bebo mucho y dice la abuela Luisa que me van a nacer ranas en la barriga de tanto beber, pero no me pongo violenta y tampoco me falta nada y no me pongo faltosa.
Cordero sí comí porque me gusta mucho y luego llegó el turrón que es lo que más me gusta y me puse un plato con un trozo de cada clase y además polvorones y figuritas. El abuelo Matías me dijo que si me lo comía entero me daba cinco duros, pero la abuela Luisa le dijo que de dónde iba él a sacar cinco duros si se lo habría gastado todo en el bar y él la llamó roja y volvió a sacarle la lengua mientras me guiñaba el ojo y yo me moría de risa.
Pero solo me reía yo. Mi padre le hacía señas al abuelo para que se callara. Mi madre dijo: hala, otra vez, como en todas las celebraciones. Mi abuela Nati se echó las manos a la cabeza. El tío Joseluis se sirvió algo en una copa y dijo: si lo sé me quedo a cenar en casa de mi amigo el Pepe que los gitanos sí que saben celebrar la noche buena. Es que a Joseluis le gusta mucho el flamenco de los gitanos.
La abuela Luisa empezó a decir que claro que era roja y no una fascista, que parecía que ya todos se habían olvidado del abuelo Dionisio y de cuando estuvo en la cárcel y que Franco era un mal nacido. Entonces todos miraron a la ventana y chistaron para que hablara más bajo. En el colegio no nos han dicho que Franco naciera mal, porque además Franco todo lo hace bien y no sé cómo podía nacer mal. También dijo que se habían vuelto todos unos traidores y unos beatos meafregaderos, y miró a la abuela Nati que decía, madre por dios, que nos va a buscar la ruina, y le dijo, sí tú siempre en misa y en novenas y en rosarios, si tu padre levantara la cabeza. Y mi madre decía, abuela no diga eso delante de la niña que lo va a repetir en el colegio y la van a expulsar y van a venir a detenerla a usted o nos van a detener a todos.
Yo no sé por qué a la abuela Luisa le cae tan mal Franco. Nadie más habla mal de él. En una cartilla del colegio dicen que salvó a España de los comunistas en una cruzada y todo el mundo le quiere, pero es que la abuela Luisa le tiene manía porque dice que por su culpa sus hijos tuvieron que ir a una guerra. Aunque he oído que el abuelo Dionisio, que era su marido y murió hace muchos años, era comunista y ella también lo era. O sea que eran de los malos, pero yo no hago caso porque la quiero mucho y me cuenta historias muy bonitas. Mi madre y la abuela Nati le dicen que deje de meterme ideas y bobadas en la cabeza, pero ella dice que con lo que ella ha sufrido en la vida se podría escribir una novela y que a lo mejor yo que leo tan bien, algún día la escribo.
Después de cenar, cantamos villancicos y tío Joseluis tocó la guitarra y la abuela Luisa se sentó en el arcón y decía, beatos que sois todos unos beatos. 
Luego papá y mamá se fueron a casa con mi hermana dormida en el cochecito y a mí me dejaron en casa de los abuelos. Me gusta mucho quedarme a dormir con ellos, pero no sé por qué me gustaba más antes de que naciera mi hermana. Tampoco sé por qué no la dejan a ella también y siempre se la llevan con ellos. Dicen que es muy pequeña para dejarla. No sé, igual la quieren más que a mí porque es menos caprichosa y habla menos y no les marea como yo que dice la vecina que nací hablando. No me importa porque es muy pequeña y muy fea y si no la quieren mucho igual se muere como la niña de la carnicería.
Me voy a ver a la abuela Luisa. Se está peinando y me gusta mucho verla. Se hace una trenza muy larga y muy fina y se la enrosca en la nuca y dice que es una castaña y luego canta "que no hay castaña como la mía y la de mi hermana María" y todos se ríen mucho y la abuela Nati dice, madre, no diga esas cosas delante de la niña. Y no sé qué tiene de malo que la abuela Luisa y su hermana María tengan castañas. Nunca he visto a María y cuando pregunto por ella, todos se ríen.
Dice la abuela que desayune que se me va a juntar con la comida y no me va a quedar sitio para el turrón. Hoy no he visto esparrajos en la despensa. A ver si vuelven a hablar de Franco y me entero de algo.

Este es un cuento de Navidad en el que hay mucho de verdad y bastante imaginado. Casi ni yo sé lo que pertenece a una u otra categoría. Todos los personajes son rigurosamente verídicos, al menos, tan verídicos como yo los recuerdo y tan falsos como los personajes de un cuento. Porque esto, al fin y al cabo, no es más que un cuento de Navidad. 
¡¡Felices fiestas a todos!!



sábado, 22 de diciembre de 2018

Sin reseña XII


De nuevo una entrada de "Sin reseña" en la que todas las novelas son policíacas y casi todas pertenecientes a diferentes series que estoy siguiendo. Todas, salvo "El hombre de tiza" que de momento no forma parte de ninguna serie y, de hacerlo, tampoco sería de las que me animaría a seguir.



"Malas artes". Donna Leon.
Últimamente le he dado un pequeño empujón a esta serie y esta de la undécima entrega del comisario Guido Brunetti que leo, aunque teniendo en cuenta que ya suman veintisiete las novelas publicadas, aún me queda mucho Brunetti.
En este caso, y por primera vez, en lo que yo recuerdo al menos, Donna Leon nos traslada a acontecimientos sucedidos en la época de la Segunda Guerra Mundial para hablarnos de unos "hombres que, sin el menor esfuerzo, habían pasado de lucrarse con la guerra a encumbrarse con la posguerra"
Obras de arte robadas, obras de arte vendidas, ventas que se quieren hacer pasar por expolios y expolios que se camuflan como ventas; los que se hicieron ricos a costa del mal equipamiento de los soldados a los que enviaron, sin casi preparación, a las campañas de África, Grecia o Albania; los que se siguen haciendo ricos en un país en el que, no en vano, nació la mafia y sus derivaciones: "Si presento una demanda contra funcionarios municipales por poner trabas a la lícita explotación de mi negocio o por lo que a mi abogado se le ocurra imputarles, me saldrá aún más caro, el asunto se alargará durante años y al final me quedaré como antes". Y Brunetti, todo un comisario de policía, sabe que lo que tiene que aconsejar a su amigo es que pague el soborno correspondiente.
Novela a novela, seguimos viendo en esta serie, de la mano de Guido Brunetti y de Donna Leon el retrato, amargo pero realista, de una Italia que se mueve entre 1992 y, de momento, 2018.


"Serpientes en el paraíso". Alicia Giménez Bartlett.
En esta quinta entrega de la serie, la inspectora Petra Delicado y el subinspector Garzón, se meten en el mundo privilegiado de las urbanizaciones de lujo, "un pequeño paraíso para jóvenes patricios. Mucho lujo, más del que usted y yo podremos disfrutar nunca".
Petra acaba de llegar de unas vacaciones en una cabaña perdida en los parajes agrestes de Suecia, al lado de un lago. La vuelta, antes de poder deshacer las maletas, la sorprende con un curioso suceso en la urbanización «El Paradís». Un hombre que cenaba con unos amigos en un chalet vecino ha sido asesinado en el escaso trayecto hasta su coche al que salió por una botella de bourbon comprada para la sobremesa y que había olvidado. 
La urbanización se muestra como un paraíso evidente para las parejas treintaañeras con hijos pequeños que la habitan. Todos allí parecen felices, encantados con su situación, su trabajo, su casa. Menos evidente es el paraíso para los sirvientes que lo hacen posible, niñeras, guardas, sirvientes de todo tipo, muchos de ellos extranjeros sin una situación muy clara en al país. Pero de una u otra forma, no hay paraíso libre de serpientes y alguna se ha colado también en este.
Para complicar la situación, la próxima visita del Papa a Barcelona tiene a la policía más pendiente de garantizar su seguridad que de resolver otros casos, para indignación de Petra.


"El hombre de tiza".  C. J. Tudor.
Esta es una novela que promete en sus inicios, va cansando en su transcurrir y se convierte en un sinsentido en un final que la autora quiere hacer epatante y lo que hace es espantar y convertir la historia, ya bastante deteriorada, en un total sinsentido. 
La novela está narrada en primera persona por uno de los protagonistas de los hechos y está ambientada en dos tiempos separados por treinta años. Los que van desde 1986 y lo que le sucedió a una pandilla de amigos de doce años, hasta la situación de los personajes y los sucesos de 2016. Los capítulos se van alternando para llevarnos de uno a otro año. 
Pero los sucesos del pasado, la referencia a cosas que no parece que nunca se van a terminar de contar, hace que el lector (esta lectora al menos) se impaciente, que los propios sucesos se descuelguen unos de otros y toda la trama pierda coherencia. 
El supuesto planteamiento de las consecuencias insospechadas que pueden tener pequeños sucesos, aparentemente sin importancia, no deja de tener interés, pero se hace sin ningún tipo de originalidad y contándonos la moraleja. "Gav tampoco habría podido prever las consecuencias de robarle la bici a Sean. Y yo no habría podido prever lo que pasaría una vez que dejara el anillo en casa del señor Halloran". Ni siquiera eso nos deja la autora descubrir por nosotros mismos. 
Pero con todo, es el final... ese final sin el cual la novela se me hubiera quedado en algo flojo y medianamente entretenido, es ese final digo, que sobra, que no viene a cuento, que quita sentido a algunas de las cosas que se nos han relatado, lo que me inclina a calificar la novela de mala.


"Castigos justificados". Michael Hjorth & Hans Rosenfeldt.
La quinta entrega de Sebastian Bergman sigue deparando, como la cuarta, menos alegrías que las tres primeras. 
La trama, el asesinato de personas famosas por sus redes sociales o sus intervenciones en los reality televisivos, a manos de un individuo con formación, culto y resentido, que considera una injusticia que acumulen más fama que los hombres realmente valiosos de ciencias o de letras, no deja de ser original. "¿en qué momento se decidió que la más absoluta estupidez iba a ser destacada y convertida no sólo en norma, sino, además, en algo deseable y envidiable?".
Tampoco deja de plantear reflexiones interesantes, pero creo que no profundiza lo suficiente o no de la forma que a mí me gustaría. Se apunta el peligro de que algunas personas lleguen a pensar que el asesino es un justiciero repartiendo castigos merecidos. Se analiza el hecho de que se esté utilizando un mal método para denunciar algo que realmente está sucediendo: "Sólo porque alguien recurra a métodos terribles e imperdonables para llevar a cabo su cometido el mensaje no tiene por qué ser erróneo". Pero creo que la forma de la denuncia debería ser más sutil, sin tener que expresarla de forma tan explícita, aunque para eso la trama debería cambiar en su desarrollo. Pero eso no es más que una opinión personal.
Por lo que se refiere a la vida privada de los personajes de la Unidad de Homicidios, se muestra muy repetitiva. En esta entrega todos ellos se encuentran en la misma situación anímica que nos llega a aburrir por reiterativa. Eso sí, los autores saben como hacer que nos quedemos deseando la próxima entrega con un final de los que exigen seguir leyendo.
Aunque creo que la serie empieza a flojear (pocos autores son capaces de mantener una serie de más de tres entregas en un nivel de calidad alto, aunque desde luego los hay), no me ha desagradado tanto como para no esperar la sexta novela. Además siempre queda la esperanza de que remonte y si no, tiempo hay de dejarla.


"Azul de Prusia". Philip Kerr.
Esta es la entrada número doce de la serie del detective Bernie Gunther. En España se publicó en 2018, tras el fallecimiento del autor en marzo con tan solo sesenta y dos años. En esta duodécima entrega se irán alternando dos momentos en la vida de Bernie. Comienza a poco de terminar la entrega anterior "El otro lado del silencio". Estamos en octubre de 1956 y Bernie se prepara para unas vacaciones forzosas. "Era final de temporada y la mayoría de los hoteles de la Riviera, incluido el Grand Hôtel Cap Ferrat, donde yo trabajaba, habían cerrado por el parón invernal".  
Hasta la Riviera francesa viene a buscarle su pasado en la persona de Friedrich Korsch, un antiguo colega y amigo; un pasado evocado por un encargo que le hace la Stasi, la policía política de la RDA, y que no tiene ninguna pinta de ir a terminar bien para Bernie. Empieza así una huida en solitario por la zona oriental de Francia y los recuerdos de otro encargo hecho casi veinte años antes, en 1939, y que le llevó al Nido del Águila, el refugio de Hitler en Berchtesgaden, en los Alpes Bávaros.
En el refugio alpino de Hitler, Bernie Gunther, acompañado de su por entonces amigo, Friedrich Korsch, investigará un asesinato que se irá complicando y nos mostrará toda una trama de corrupción en las más altas esferas de las autoridades nazis.
Si la novela anterior me pareció la más floja de la serie, con esta vuelve a recuperar el tono al que nos tiene habituados. Volvemos a encontrarnos con un Bernie Gunther que da a diestra y a siniestra, nunca mejor dicho, "La idea de que la Stasi —los auténticos herederos de la Gestapo— se sirviera de la policía francesa para hacerle el trabajo sucio se me antojó una repetición histórica en el sentido marxista, es decir, primero como tragedia y luego como farsa".
Una novela en la que se analiza la locura que llegó a dominar uno de los países más cultos de la Europa de los años treinta, una novela con la que Philip Kerr contribuye a mi empeño por entender un poquito más toda esa página de la historia que se escribió en Alemania entre 1933 y 1945. Y lo voy entendiendo (solo un poquito más) a la vez que el bueno de Bernie, al que, como alemán, aún debía costarle y dolerle más dicho entendimiento. "Ahora ya entendía un poco mejor por qué la gente se hacía nazi. Quizá era como él decía: querían alejarse de lugares olvidados y carentes de porvenir como Saarbrücken, querían alcanzar alguna clase de posición entre sus semejantes, querían que sus insignificantes vidas de mierda tuvieran algún sentido, aunque solo pudieran encontrarlo siendo crueles con los demás, los judíos sobre todo, pero también con cualquiera que no se mostrara de acuerdo con ellos".

miércoles, 19 de diciembre de 2018

"Reikiavik" Pablo Sebastiá Tirado

"Los hermanos Ferruti, Roberto y Alberto, regentaban el mayor negocio de juego clandestino, tráfico de drogas y trata de blancas de la ciudad. Tanto los Mossos D'Esquadra como la Guardia Urbana les dejaban actuar a cambio de que mantuvieran bien lejos a la mafia rusa". Preferían que los bajos fondos estuvieran en manos de los napolitanos, pero también influía en favor de los Ferruti el dinero con que sobornaban a unos y otros en los distintos estamentos de las autoridades que velaban por la paz y la legalidad en Barcelona.
Lo que terminó con ellos fue que Hannu y Reikiavik eran insobornables. ¿Cómo y con qué se puede comprar a un gigantesco rottweiler negro y a un humano asocial y carente de empatía cuyo único objetivo es eliminar escoria de la faz de la tierra sin dejar cabos sueltos? 
Pero esta vez, Hannu sí dejó un cabo suelto. "Notó la atmósfera enrarecida en cuanto entró en el local de los Ferruti. [...] Aun así, llegado el momento, no dudó en sacar su revólver y volarle la tapa de los sesos al mayor de los hermanos". Después terminó con el otro hermano y con el guardaespaldas. Y puede que fuera la incomodidad intranquila que el local le produjo o que Reikiavik se empeñó en ello, pero esta vez un cabo quedó suelto. Al otro lado de un portón de metal, que abrió tras encontrar la llave en el cadáver de uno de los Ferruti, una joven con un bebé de días en brazos lo miraba aterrada. Quiso disparar y terminar con todo, pero Reikiavik se puso delante y protegió con su enorme cuerpo a la madre y al niño. Es difícil entender los deseos de un rotweiler gigante y más difícil aún, oponerse a ellos.
A partir de ese momento, Hannu, Reikiavik, Bianca y el bebé emprenderán su huida por Barcelona tratando de escapar de lo que queda de la banda de los Ferruti: Francesco, el padre mortalmente enfermo de los dos hermanos, y los sicarios que mantiene a su lado. Pero la huida será casi imposible porque los tentáculos de los mafiosos alcanzan a policías locales y autonómicas, y quienes deberían velar por la seguridad de las víctimas no dudarán en entregarlas a quien tiene el poder para exigirlo.
Paralelamente a esta historia, ambientada en el verano de 2016, se desarrolla otra que comienza en 2005 y se extiende hasta 2010. Esta segunda historia comienza en Caserta, Sicilia, donde un mafioso, Pietro, que cumple condena, es liberado por métodos drásticos a cambio de participar en un experimento científico secreto que se está llevando a cabo en Islandia: será el primer hombre teleportado; desaparecerá y volverá a aparecer unos segundos después a escasos centímetros de donde estaba antes. Un primer ensayo antes de teleportar seres a kilómetros de distancia. 
El gato de Schröedinger vivo y
muerto a la vez.
"Es decir, que al copiarme acabarán conmigo y después me resucitarán". Los miedos de Pietro son comprensibles, son los que tendríamos cualquiera de nosotros ante algo tan inimaginable, tan incomprensible. Pero nuestros miedos nada tienen que ver con la realidad de una física cuántica que se nos escapa por todas las costuras, al menos a mí se me escapa, y en realidad, "Pietro no dejaría de estar presente en los tres campos (el de salida, el de tránsito y el de llegada) hasta que no concluyera el proceso de teleportación, por lo que su material genético siempre se hallaría en perfecto estado de revista, como en el supuesto caso del gato de Schröedinger, que permanecía vivo mientras no se abriera la caja". Lo que nadie le ha dicho a Pietro es que en realidad, mientras no se abra la caja, el gato estará vivo y muerto a la vez y cuando la caja se abra... se habrá interferido en el sistema y a saber cómo estará el gato, o sea, Pietro.
A lo largo de la novela, las dos historias se van desarrollando en una mezcla de género negro y ciencia ficción que resulta interesante. Como también me han interesado los dilemas derivados del experimento para el que se está preparando Pietro, porque si la Ciencia tiene unas exigencias, estas, muchas veces, discurren paralelas a las exigencias de la propia vida y de la propia identidad a las que llegan a poner en peligro. "Seré yo mismo para ustedes [...], pero tal vez no para mí. Tal vez muera en esa máquina y una réplica mía vague por el mundo después, creyendo ser yo. Y esa réplica tal vez no sienta lo que yo". Demasiadas incógnitas se abren ante la mente humana cuando de Mecánica Cuántica y de universos múltiples se trata. Demasiadas incógnitas que no se despejan resolviendo dudas científicas porque "a fin de cuentas, sus temores no tenían nada que ver con la ciencia, sino con algo más primitivo: el instinto de supervivencia".
Instinto de supervivencia de Pietro en Islandia; instinto de supervivencia de Francesco en su chalet de la Costa Brava, y de Bianca que además tiene que luchar por la supervivencia de su hijo. Tan solo Hannu y Reikiavik parecen libres de tal instinto y luchan por terminar con el mal y poner a salvo a la joven a despecho de su propia seguridad. Un hombre que parece carecer de empatía y sentimientos, y un perro que es algo más que un perro, al conjuro de las frases más amenazantes de la Biblia, irán sembrando de sangre y muerte los más bajos fondos de la ciudad, aquellos en los que la desvergüenza, la corrupción y la crueldad hacen a quienes las detentan acreedores de su final. 
Paso a paso, la novela avanza. Los capítulos se alternan con absoluta exactitud, uno en Islandia y el otro en Cataluña, uno entre 2005 y 2010 y el siguiente, en el verano de 2016. Poco a poco veremos cómo, tras muchas páginas en que transcurren de forma paralela y sin rozarse, las dos historias y sus personajes van confluyendo y juntándose para formar una única historia que, tal vez, se ve llegar demasiado pronto.
Pablo Sebastiá Tirado.
Una novela que se lee de un tirón, en la que sorprende más la parte científica que la de género negro. Otra novela (casualmente se me han juntado varias en estas semanas) que anticipa la crisis que, en 2007, se nos venía encima sin que fuéramos conscientes en nuestra tonta autocomplacencia de lo que tendríamos que enfrentar en unos meses. "Vende activos, recoge efectivo y se prepara para sobrevivir. Lo normal cuando alguien hace eso es que tenga información privilegiada, que sepa algo que los demás no conocen y que, por lo general, es malo para el negocio. Y si lo hace todo un pull regional [...] entonces es que la cosa se va a poner muy fea"
Una novela en la que destaca la preciosa edición de Reino de Cordelia, con una sobrecubierta muy bonita que esconde una cubierta más bonita aún. Un buen libro para regalar porque además de una novela entretenida e interesante, da gusto tenerla entre las manos y tocar su agradable papel e ir descubriendo los detalles estéticos que esconde.
En la misma edición, Pablo Sebastiá Tirado, el autor de "Reikiavik", tiene publicada "La sonrisa de las iguanas".

La preciosa cubierta que esconde la sobrecubierta
Título del libro: Reikiavik
Autor: Pablo Sebastiá Tirado
Editorial: Reino de Cordelia
Año de publicación: 2018
Año de publicación original: 2018
Nº de páginas: 296

domingo, 16 de diciembre de 2018

"En la orilla" Rafael Chirbes


Hace casi dos años, el 6 de febrero de 2017, publiqué una entrada anunciando que ese sería "mi particular año Chirbes". En enero había leído la segunda novela del autor y en 2016, la última. Como además tenía la primera en mi estantería de pendientes, me entraron muchas ganas de leer todas sus novelas en orden de publicación.
En aquella entrada, me proponía un calendario para leer una al mes y publicar la reseña. Los pronósticos se fueron retrasando, aunque no demasiado, y "Crematorio" se publicó en noviembre, con tres meses de retraso.
Después vino un parón de más de un año y hoy, por fin, publico la reseña de "En la orilla" que debió aparecer en septiembre de 2017.  
Como su última novela, "París-Austerlitz", se publicó póstumamente en 2016 y ya está publicada la reseña, de momento doy por terminado este reto de Chirbes, más de un año después de lo debido.


"Cómo se te va a ocurrir que tu infierno pueda ser quedarte fuera de la maldición de Yahvé, en un lugar que está en el exterior de las páginas del libro de anotaciones de pedidos, del bloc de albaranes, lejos de las máquinas y las herramientas, y que es inversa expresión contemporánea de la maldición bíblica: No podrás ganarte el pan con el sudor de tu frente. Un pliegue diabólico e inesperado"
"En la orilla" es la última novela publicada en vida por Rafael Chirbes, concretamente en 2013. Dos años después, el 15 de agosto de 2015, murió de un cáncer de pulmón del que, al parecer, ni él mismo supo nada hasta unos días antes. 
En esta novela sigue avanzando por la historia de España y nos sitúa en diciembre de 2010 para contarnos una historia más, otra historia que es la historia de unos personajes, pero a la vez es la historia de España, la misma que nos viene contando muy claramente desde "La buena letra"; a partir de ella, en cada una, un tiempo distinto que nos hace avanzar a través de un siglo que de XX se convirtió en XXI sin que casi nos diéramos cuenta.
Esta empieza el 26 de diciembre de 2010, cuando Ahmed encontró los restos en el marjal. "El primero en ver la carroña es Ahmed Ouallahi. Desde que Esteban cerró la carpintería hace más de un mes, Ahmed pasea todas las mañanas por La Marina. Su amigo Rachid lo lleva en el coche hasta el restaurante en que trabaja como pinche de cocina, y Ahmed camina desde allí hasta el rincón del pantano donde planta la caña y echa la red". Aunque esta mañana, la siguiente de una navidad que él no celebra, no es pescado lo que va a llevarse del marjal, porque, tras encontrar los cuerpos, tirará los peces cobrados y huirá por miedo a que alguien le culpe de la muerte de aquellos restos, ya carroña y alimento para las criaturas del pantano. Cualquier marroquí puede ser culpable de cualquier cosa en esta España posterior a marzo de 2004 y él lo sabe, y hasta piensa que sus propios compatriotas alimentan las sospechas.
Con este comienzo podríamos pensar que estamos ante una novela negra, y no es que no lo sea, pero desde luego, no es una novela negra al uso. Lo es porque hay algo muy negro en la España de la corrupción y de la crisis (o de la crisis por la corrupción), como lo hubo en la España del pelotazo y en la del auge de la construcción, y lo había habido en la de la guerra y en la de la posguerra; y, de esa forma, las novelas de Chirbes se fueron volviendo negras en su afán por hacerse el cronista de esa historia que decíamos antes que nos ha ido dejando bien contada y bien analizada a lo largo de sus diez novelas.
Y es que si "Crematorio", publicada en 2007, fue la novela del pelotazo de la construcción, "En la orilla" es la novela de la crisis; de esa crisis que vino a enseñarnos que si pensábamos que la democracia había terminado con la lucha de clases, estábamos muy equivocados; tan solo había conseguido dejarla en letargo, someterla a una espera que la hizo renacer con más fuerza y con más ganas. "Es visible el nuevo orden, arriba y abajo bien claros: unos cargan orgullosos con las repletas bolsas de la compra [...] otros registran los contenedores en los que los empleados del supermercado han tirado las bandejas de carne pasadas de fecha, las frutas y verduras maceradas, la bollería industrial caducada". Así habla Esteban, el empresario que hace más de un mes cerró la carpintería dejando en el paro a Ahmed y a otros cuatro trabajadores más. 
Portada de la edición alemana
Y Esteban no sabe muy bien donde está porque de empresario ha pasado a arruinado y embargado. Un Esteban que es el narrador principal de la novela y que a lo largo de un día, un 14 de diciembre (la misma fecha, casualmente, en que escribo esto), nos hablará del presente (el paseo de la mañana por el pantano y la partida de cartas por la tarde, en el café, con los amigos, disimulando y tratando de que no se sepa de su ruina, de su batacazo financiero) y del pasado. Nos contará de su padre y de su tío (más padre que tío; más padre que el verdadero padre) y de su abuelo y de su propia juventud que casi le llevó a labrarse un futuro lejos del pueblo, pero que tan solo le dio un respiro de estancias en París, en Londres, en Ibiza, "durante los meses que duró mi gran escapada, mi fascinante otoño indio que terminó atrapado entre las redes de Leonor. Luego, estos cuarenta largos años de invierno". Y sí, nos contará de Leonor, en cuyas redes quiso enredarse para permanecer en Olba, y de Francisco, su mejor amigo, el que sí consiguió escapar y dirigir en Madrid la revista Vinofórum y ser copropietario junto a su mujer de un restaurante con dos estrellas Michelín. Y veo las similitudes con Chirbes, que trabajó en la revista Sobremesa y fue un gran entendido en vinos y gastronomía, y pienso si Francisco será un alter ego del autor, aunque un alter ego con el que el autor no está muy de acuerdo; y me pregunto si Francisco le sirve para hacer autocrítica (tal vez ajustar cuentas con quien él mismo fue en su juventud), o sencillamente un personaje que se le parece, pero poco, y le sirve para hacer crítica sin más. Y consulto el anuario de la Fundación Rafael Chirbes, "Universo Chirbes", cuyo enlace me dejó amablemente Manolo Micó, miembro de la Fundación en un comentario que hizo en mi reseña de "En la lucha final". Y en el anuario encuentro esta frase del propio Chirbes: "«En la orilla, sale un gastrónomo que es un hijo de puta, que es un poco chirbesco»". Y lo entiendo todo. O lo interpreto.
La novela es un largo monólogo de Esteban, intercalado con otros, mucho más cortos, de personajes a los que el cierre de la carpintería y la ruina de Esteban, que ellos no saben, les ha cambiado la vida. Sus trabajadores despedidos, pero también sus familias y la chica colombiana que le ayudaba con su padre y a la que ya no puede pagar. Con todos esos monólogos se nos cuenta, no la historia de la crisis, pues la historia tiene que referirse a hechos pasados (no lo eran en 2013), sino una crónica de la crisis en el mismo momento en que se estaba viviendo. No eran hechos pasados en 2013 y nos equivocamos de nuevo si pensamos que lo son ahora. 
El monólogo de Esteban va precedido de una presentación, el encuentro de la carroña por Ahmed, y de un final que pone el broche de realismo y desesperanza, el broche que cierra un gran libro haciéndolo un libro casi perfecto.
"En torno a la mesa, albañiles convertidos en promotores, propietarios de prósperos negocios [...] reunidos en armónica convivencia, buenas gentes que comen mientras reciben —como dorada lluvia de maquinita tragaperras— las plusvalías que va dejando caer, [...] cada jilguero —español, peruano, colombiano, marroquí, búlgaro o rumano— que se afana en colocar ladrillos colgado en un andamio". Que pierda toda esperanza quien cruce la puerta del mundo cruel del Capitalismo Feroz. 
Vuelvo a citar el anuario de la Fundación Chirbes
"Crematorio y En la orilla son modélicas para analizar la situación crítica en que la sociedad española se halla, tan tocada por la deslegitimación del sistema democrático e infectada por el virus virulento de la corrupción, mas también por su pasado, su desmemoria, y, claro, su condición humana". La condición humana es tal vez de lo que Chirbes nos habla en todas sus novelas. Y quizás por eso, ha alcanzado la grandeza de los clásicos. La condición humana y sus miserias es, tal vez, de lo único que debería hablar la literatura.

Rafael Chirbes
"En la orilla", volvió a recibir el Premio de la Crítica que ya le había sido concedido siete años antes a "Crematorio", pero además consiguió también el Premio Nacional de Literatura Narrativa en Castellano en 2014.

Título del libro: En la orilla
Autor: Rafael Chirbes
Editorial: Anagrama
Año de publicación: 2013
Año de publicación original: 2013
Nº de páginas: 440

jueves, 13 de diciembre de 2018

"Te veré esta noche" Susana Rodríguez Lezaun

Portada para la reseña en MoonMagazine de David de la Torre.

"«Te veré esta noche» es la tercera entrega de la serie protagonizada por el Inspector de policía de Pamplona, David Vázquez.
Contrariamente a lo que es mi costumbre, no he leído las dos anteriores, pero cuando se me ofreció la oportunidad de hacer la reseña de esta novela, no lo dudé. Me apetecía mucho leer una novela ambientada en Pamplona, ciudad con la que he tenido en el pasado vínculos profesionales y sentimentales"
Así empieza mi reseña de "Te veré esta noche" en la revista MoonMagazine. 
Después de leer la novela me he dado cuenta de que no importa leer esta novela sin haber leído antes las otras dos; me he dado cuenta de que sí importa no haber leído las otras dos cuando se aborda la lectura de esta novela. Y no, no estoy desvariando. Me explico: no importa leer esta novela la primera porque en ella comienza y termina una trama policial que deberá resolver David Vázquez, de la Policía Nacional de Pamplona. Pero sí importa, porque la vida personal del propio David también se nos cuenta en estas novelas y esa vida personal viene de atrás... Pero no quiero adelantar nada sobre la novela.

Susana Rodríguez Lezaun
Susana Rodríguez es una periodista navarra, nacida en Pamplona. En 2015 publicó su primera novela que es también la primera entrega de la serie protagonizada por David Vázquez, "Sin retorno". La segunda, "Deudas del frío", apareció en 2017, y en 2018 se ha publicado la tercera, "Te veré esta noche".
Si quieres saber más sobre esta novela y sobre mi opinión acerca de ella, acércate a la Revista MoonMagazine y podrás leer la reseña entera.

Allí os estaremos esperando.

lunes, 10 de diciembre de 2018

"Después de la caída". Dennis Lehane.

"Un martes de mayo, a los treinta y cinco años de edad, Rachel mató a su marido de un disparo. Él retrocedió tambaleándose con un extraño semblante de aceptación, como si en el fondo siempre hubiera sabido que Rachel acabaría matándolo. Su rostro también reflejaba sorpresa. Rachel dio por hecho que el de ella también. La madre de Rachel no se habría sorprendido. La madre de Rachel, que nunca estuvo casada, era autora de un célebre manual sobre cómo mantener vivo el matrimonio"
Este es el prometedor comienzo de "Después de la caída", la última novela de Dennis Lehane. Después retrocede en el tiempo y nos lleva a la primera parte de la novela en la que se aleja de lo que es el género negro al que el autor nos tiene acostumbrados. En ella trata sobre todo de la infancia y primera juventud de Rachel, y como en la infancia lo más importante son los progenitores también nos hablará de ellos. De la madre, siempre presente, y con gran peso e influencia en la Rachel niña, pero también del padre que, tal vez por ausente y anhelado, termina por ser más presente de lo que cupiera imaginar. Elizabeth Childs, tuvo fama como se ha visto, a raíz de publicar su libro, "La escalera". El manual tuvo dos secuelas, cada una de las cuales con menos éxito que la anterior. Elizabeth, convencida de que sus libros eran pura «charlatanería emocionalmente adolescente», era la primera en no creer en lo que allí contaba. Era escéptica en lo que al amor y al matrimonio se refiere, tal vez haciendo de la necesidad virtud. 
"«Un hombre no es más que la suma de las historias que cuenta sobre sí mismo, y la mayor parte de esas historias son falsas. Nunca hurgues demasiado, porque si sacas a la luz sus mentiras, será humillante para ambos. Más vale vivir con el cuento.»". Dando estos consejos a su hija cuando tenía diez años y tras leer el resto de "Después de la caída" entendemos que su madre no se hubiera extrañado de que Rachel le pegara un tiro a su marido.
Otro de los hilos argumentales de esta primera parte nos muestra el empeño de Rachel por saber quién era su padre, un hombre del que tiene ligeros recuerdos, todos agradables, y que las abandonó cuando la niña era pequeña. Si grande es el deseo de Rachel por saber de su padre, más fuerte aún es el interés de la madre en que dicha identidad se mantenga oculta. Siempre dando largas, siempre prometiendo que se lo contará cuando tenga la madurez necesaria para asimilarlo, pero ese momento se fue demorando hasta que ya todo fue imposible y Rachel se quedó sin saber quién era su padre. Al menos por boca de Elizabeth Childs..
Cuando vio que nada se podía sacar ya de su madre, recurrió a los investigadores privados, pero era como si James, uno de los datos que de él tenía, se empeñara en esconderse entre todos los James que eran profesores, segundo dato conocido, en alguna de las universidades de la "zona al oeste de Massachusetts conocida también como la Región de las Cinco Universidades —Amherst, Hampshire, Mount Holyoke, Smith y la Universidad de Massachusetts— que empleaba a dos mil docentes para impartir clases a veinticinco mil alumnos".
En su búsqueda llegará a encontrar, si no a un padre, al menos un amigo.
Las vivencias de una Rachel ya adulta como periodista, cubriendo los sucesivos desastres de Haití en 2010, primero el terremoto, enseguida la epidemia de cólera, finalmente, antes de que pasara un año, el huracán Tomás, en lugar de suponer su definitiva proyección como periodista, están a punto de terminar con ella y, probablemente, terminen con su carrera.
Asistir a la violencia de la naturaleza ensañándose con los más necesitados fue duro, pero enfrentarse a la brutalidad de los que, dentro de la miseria acumulan un poquito más de poder, aunque solo sea el de portar un arma en la mano, y sentir que tal vez tuviera la culpa de las consecuencias de esa brutalidad, sumió a Rachel en un estado de desequilibrio del que fue testigo medio Estados Unidos. "Su miedo a ciertas personas determinadas, es decir, a las que habían presenciado su desatado ataque de pánico en el informativo de las seis, le había impedido ver el terror que le inspiraba la gente en general, una fobia creciente cuyas dimensiones sólo entonces empezaba a barruntar".
A su vuelta a casa, se va metiendo en una serie de trastornos psicológicos que la impiden conducir, tratar con la gente, tomar un ascensor y, finalmente, salir de casa. Una mezcla de agorafobia, claustrofobia, enoclofobia y puede que alguna fobia más que yo ignoro. 
Con esta situación entramos en la segunda parte de "Después de la caída", la que nos llevará de vuelta al inicio y a ese disparo que ya casi se nos ha olvidado. Si en Haití tuvo que luchar contra sus propios demonios y descubrir con horror que no era ninguna heroína, ahora será su propia vida la que de pronto, sin que nada lo anuncie, se vuelva del revés; tendrá que luchar por saber, por entender, por recuperar; tendrá que ponerse de nuevo a investigar. De hecho, toda su vida la ha pasado investigando. Primero, para descubrir la identidad de su padre, ahora para saber qué es lo que de su vida pude mantener a flote y qué es lo que irremediablemente debe dejar que se hunda. Hasta donde debe luchar y en qué momento debe resignarse a que su vida la vuelva a poner al borde del desastre. Tiene que averiguar donde están los monstruos que la acechan porque "los monstruos, como bien le había dicho su madre y ella misma había aprendido con los años, no van vestidos de monstruos, sino de seres humanos. Y lo que es más curioso, no suelen saber que son monstruos".

Dennis Lehane
Sigo a Dennis Lehane desde que lo conocí tras ver la película basada en su libro, "Mystic River", y dirigida por Clint Eastwood. Desde entonces, he ido leyendo todas sus novelas pasadas y futuras. Algunas de las últimas han aparecido en este blog. "Vivir de noche" y  "La entrega" aparecieron como películas, aunque también se mencionó al autor y su obra. De su penúltima novela, "Ese mundo desaparecido", se publicó mi reseña en la Revista MoonMagazine. 
Ahora termino de leer su obra más reciente, "Después de la caída", y he de decir que me ha gustado, a pesar de no estar a la altura, o eso me ha parecido, de otras obras suyas, no desde luego de obras tan redondas y maravillosas como la mencionada "Mystic River" o "Shutter Island". 
Puesto que a nadie se le puede exigir que en cada nueva historia se supere a sí mismo y entregue una obra maestra, esto no debe extrañarnos. Por supuesto que le seguiré leyendo y espero que en el futuro vuelva a sorprenderme con alguna de esas historias a las que nos tiene acostumbrados; esas historias en las que los buenos tienen sus miserias y los malos sus grandezas; en las que los delitos quedan sin condena, pero se hace justicia. O no.


Título del libro: Después de la caída
Título original: Since We Fell
Autor: Dennis Lehane
Traducción: Victoria Alonso Blanco
Editorial: Salamandra
Año de publicación: 1918
Año de publicación original: 1917
Nº de páginas: 464

viernes, 7 de diciembre de 2018

"Las posesiones" Llucia Ramis

"El psicólogo analiza almas humanas y el periodista le busca el alma al mundo. Suele ser un alma en pena que arrastra los pies, agarrada a la sombra de la historia o la desmemoria. La vida en sí nos parece poca cosa, si no es para desentrañar vidas ajenas, enseñar los engranajes que harán un poco más comprensible el mecanismo de casi todo. Por eso nos cuesta entender a los desinteresados, a los apáticos, a los que no tienen sed ni olfato, los que se conforman con el reducido espacio de conocimiento que les ofrece la comodidad de un sofá frente a la tele, en la que los informativos ya no saben qué hacer para acaparar su atención.
Hasta que una noticia lo cambia todo".
Una noticia que le llegó mientras veía la televisión con su madre, le cambió la vida a la narradora de "Las posesiones" y la sacó definitivamente de la infancia. Cuando el socio de su abuelo mató a su mujer y a su hijo adolescente y luego se suicidó, nuestra protagonista no sabía que se iniciaba la madurez con todas las pérdidas que supone, una de ellas, aunque diferida en el tiempo, la de una de sus posesiones más queridas, Can Meixura, la casa de sus abuelos belgas, en la que ha vivido los momentos más inolvidables de la infancia: las navidades y los veranos.
Han pasado los años. Ya es adulta con todas las consecuencias, y las pérdidas se han ido sucediendo desde aquella expulsión de la infancia a los dieciséis años. Es adulta porque ya no tiene a donde volver y a donde podría volver, no le apetece demasiado. Y es que, como le dirá su madre, crecer es no tener a donde volver. Otra pérdida inevitable que consiste, sencillamente, en crecer.
Perdió a Marcel, su gran amor, perdió a su abuelo belga, perdió la casa de sus veranos de infancia, está a punto de perder a su padre entre los recovecos de la locura.
Sus padres viven en Mallorca de donde ella salió huyendo con el pretexto de estudiar una carrera inexistente en la isla. Su padre es el hombre de su vida. "Quería jubilarse para hacer todo eso que le apetecía y no podía hacer, y que consistía básicamente en salvar la fauna y flora de Mallorca y dedicarse a su blog. Un blog muy político en el que critica al Partido Popular y el capitalismo norteamericano". El blog de su padre recibía miles de visitas, tenía muchos comentarios y era valorado por reconocidos periodistas. Hasta que publicó aquella entrada titulada "El muro". La publicación a raíz de la cual, ni su padre ni el blog volvieron a ser los mismos.
Hace unos meses, justo después de vender Can Meixura sus abuelos maternos (hasta ahora se ha demorado la pérdida que empezó a fraguarse hace años), su padre heredó Son Cors y, entre las actividades de su jubilación, decidió ponerla de nuevo en situación de ser habitada, pero la corrupción se cruzó en su camino y lo que pensaba que iba a ser una posesión venida de su pasado ("no en vano, Son significa «açò d’en», «esto de», una possessió"), se está convirtiendo en una pesadilla que le obsesiona y le está haciendo perder la cordura hasta el punto de que su hija se preguntará si no tiene alguna enfermedad, algún tipo de demencia, que también podría ser.
Es 2007, la protagonista tiene treinta años y trabaja en un periódico en Barcelona. La crisis sobrevuela la actualidad aunque todavía no asusta demasiado "Las amenazas de crisis suenan a las típicas peroratas apocalípticas de gurús económicos que sin duda están en lo cierto, pero tienen la misma eficacia que los ecologistas cuando alertan sobre los efectos del agujero de la capa de ozono, [...] «De momento, todo va bien», se dice un tipo mientras cae al vacío. Es un chiste de la película La Haine"
Ahora, tras recibir una llamada de su tía, "«A ti te hará caso, siempre te hace caso», insistía mi tía, «tu padre tiene que ir a un especialista»", acaba de llegar a Mallorca sin equipaje, dejando a Iván solo en su piso de Barcelona y encontrando una situación mucho más complicada de lo que pensaba, porque no reconoce a su padre en el hombre que ha ido a recibirla al aeropuerto y al que percibe como un desconocido.
"Las posesiones" es una novela en la que se tratan muchos temas, pero el más importante es el de la pérdida. Se pierden casas, pero con ellas se pierde más, porque con las casas se pierde el pasado y el recuerdo de quienes las habitaron, "¿a quién pertenecen las casas? Siempre siempre, al pasado y sus fantasmas"; no exactamente se pierde el recuerdo, pero sí el escenario en el que tanto nos gusta (o no) situar esos fantasmas.
Se pierden amores que dejarán su huella para siempre, aunque estas pérdidas pueden suponer también ganancias, "estaré enamorada de Marcel hasta la muerte. Ahora lo sé. Pero no por ello —ni por él— sacrificaré mi vida".
A Marcel vino a sustituirle Ivan, periodista como ella, trabaja en el mismo periódico y comparte con ella las investigaciones en las que anda metido, aunque no todas porque algunas podrían ponerla en peligro. Iván la quiere, ella confía en él como nunca pudo confiar en Marcel, a pesar de que este también es periodista, y uno importante en Mallorca, a pesar de que los miembros de la especie de los periodistas están unidos por una profesión que vive para la verdad y "la verdad es maravillosa y repugnante. Nuestra pasión es el trabajo, por eso nos amamos entre nosotros, porque no hacemos más que hablar de ello, nos desvivimos por él. Sin la excusa del periodismo, no nos aguantaríamos. Somos despreciables. Yo lo sé. Marcel lo sabía. El único que lo ignora es Iván, y me ocuparé de que no lo descubra". Aunque quizás Iván sabe más de su profesión de lo que ella cree. O termina descubriéndolo a pesar del empeño de la narradora por evitarlo.
También habla de otras cosas esta novela: la corrupción, el periodismo, las redes sociales... aunque tal vez todo se pueda resumir en lo que se pierde: con la corrupción se pierde la honestidad y la confianza, además de recursos que bien vendrían para resolver una crisis que recién quiere empezar (y no se sabía entonces lo que la corrupción traería consigo en los años más críticos de la crisis que se avecinaba, lo que sigue trayendo consigo); con el cambio del modelo tradicional de periodismo se pierde la garantía de veracidad en noticias que se producen muy rápido, se difunden aún más rápido y desaparecen antes de que lleguemos a digerirlas y asimilarlas; con las redes sociales perdemos intimidad, tolerancia, pudor (es tan fácil decir cualquier cosa, borrar o insultar o amenazar al que no piensa como nosotros, sentirnos borrados, insultados o amenazados por quien no piensa como nosotros).

Llucia Ramis
Llucia Ramis construye una novela con muchas caras. Tal vez demasiadas, pienso. Toca muchos temas distintos. Tal vez alguno sobra, me digo. Pero luego analizo un poco más y veo que todas las caras se imbrican perfectamente en sus respectivas aristas y todo cuadra y el poliedro formado es sutil y armonioso. Y me pregunto, pero enseguida me doy cuenta de que no me importa, cuánto habrá de autobiográfico en esta novela escrita por una periodista mallorquina, que trabaja en Barcelona, que tenía 30 años en 2007, que se parece mucho a la narradora sin nombre de "Las posesiones".
Y me doy cuenta de que en su novela también habla de mí porque yo también siento esas pérdidas que se acumulan, y habla de todos porque nadie puede sustraerse a la tragedia de ir dejando jirones de vida, pedazos de posesiones a lo largo del camino. Y lo dice con frases tan rotundas y hermosas que, sin ser una obra maestra, tiene mucho de universal en el contenido y mucho de poesía en la forma. 
Y si no, sirvan estas muestras por si con lo ya mostrado no es suficiente.
"La culpa es el dolor de la memoria".
"Escribir es despertar el miedo a nuestro futuro".
"También somos lo que perdimos. O quizá somos sobre todo eso".

Título del libro: Las posesiones
Autor: Llucia Ramis
Editorial: Libros El Asteroide
Año de publicación: 2018
Nº de páginas: 240

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...