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Mostrando las entradas etiquetadas como Pedro Simón

"Peligro de derrumbe" Pedro Simón

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«Cuando el Señor Director General de Recursos Humanos aparece con la corbata de tulipanes rojos es que va a haber matanza en la oficina. […] Llevaba su corbata de tulipanes rojos el día en que llamó a su despacho a Sonia, la comercial, y le dijo que ya no valía ni para mamarla (literal, que yo lo oí), que cogiera sus cosas y se fuera a tomar por culo. Como si la pobre no hubiera estado tomando por culo todos estos años. Llevaba su corbata de tulipanes rojos cuando preguntó en voz alta que si alguien había visto su tableta digital. Y no le sirvió que los empleados nos encogiéramos de hombros o dijéramos que no o contestáramos que «ni idea». Mandó que abriésemos todos los cajones, uno por uno, dijo que no iba a salir nadie hasta que no apareciera: la tableta estaba en su despacho, debajo de un cojín». Y llevaba su corbata de tulipanes rojos el día que en la sala de espera había nueve personas esperando. Es lo que se hace en la sala de espera, pero hay esperas más tensas, más acuci...

"Los siguientes" Pedro Simón

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El padre niño empezó con la muerte de mamá. Si hoy me preguntaran que cuándo arrancó la cuenta atrás, diría que fue justo entonces. Fue morirse mamá hace ya ocho años y comenzar a hacerlo papá. Como si en el viejo dique se hubiese abierto una vía de agua y algo se resquebrajara sin remedio. Poco a poco. Rendija a rendija. Gota a gota. Chop-chop-chop. Gotas que iban haciendo gotera. Gotera que iba haciendo charco pequeño. Charco pequeño que iba haciendo charco grande. Así, hasta empantanarlo todo: su forma de manejarse en el día a día, la alimentación, la manera de vestirse, el aseo más básico, la memoria […] Dejó hasta de leer, ese hombre que tragaba libros como si fueran polvorones dejó de abrirlos. Se quedó sin ventanas por las que asomarse. Mi madre niña también empezó con la muerte de papá. En realidad, ya había empezado antes, pero la presencia de mi padre era como un muro de contención que ayudaba a enmascarar los hechos. Eso y el que él no nos contara nada, discreto y calla...

"Los incomprendidos" Pedro Simón

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«Lo que pasa es que existe un día definitivo en tu vida en que ya no puedes subirte a la hija a los hombros. Porque pesa demasiado, porque su tamaño no te alcanza, por lo maltrechas que están tu espalda o tus cervicales. Y entonces le dices que no, que no puedes más, y la bajas al suelo, y es como si le cortaras un poco las alas, como si le hicieras ver que el vuelo se acabó, que toca pisar tierra, que lo que sea que venga a partir de entonces será por separado, cada uno con su propio camino» . Para Javier ese día definitivo llegó. Llegó en la realidad cuando Inés ya era demasiado grande para cargarla a hombros. Eso es normal pasa siempre con los hijos. Llegó metafóricamente cuando Inés se desprendió de ellos y dejó da hablarles y dejó de sonreír y se convirtió en un ser silencioso y huraño, un ser que solo habla para discutir, para echar en cara, para reprochar.  Una gárgola de rostro malhumorado.  Lo que Javier no sabe es que Inés guarda dentro de sí mucho dolor, mucha culpa...

"Los ingratos" Pedro Simón

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«Cuando por fin se despierta, nota el bulto tibio. Se gira en un duermevela, palpa, duda, entonces sobreviene el horror. Se da cuenta de dónde está y de lo que ha pasado: lo que está ahí es el cuerpo sin vida del hijo único, blando como un peluche. Aplastado mientras dormía. Los gritos salvajes de después no se entienden nada. O se entienden mucho. —Ay, mi Currete —dice ahora.  [...] Hace casi un año que a la mujer se le ahogó el marido en un pozo y esta tarde acaba de perder al hijo que llevaban buscando desde que se casó. Nadie, nunca, bajo ninguna circunstancia, debería ver a una madre despertando así de una siesta» . Comienza fuerte Los ingratos . Comienza en 1961, en un lugar de la Mancha cuyo nombre en ningún momento se menciona. Comienza arrugándonos el alma hasta extraernos un aullido de terror, y salta sin solución de continuidad a 1975, a un coche en el que viaja una familia escuchando canciones de  Víctor Jara, de Atahualpa Yupanqui. No lo menciona, pero imagin...