Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

jueves, 28 de junio de 2018

"La mirada de los peces" Sergio del Molino

"Crecí en una casa comunista, de un comunismo ambiental y sin carnet que glorificaba la educación y las buenas notas. Mi madre votó no a la OTAN en el ochenta y seis y mi abuelo era de Carrillo, aunque para entonces ni el propio Carrillo fuera de Carrillo. No te puedo dejar nada, decía mi madre, lo único que tengo para tu futuro es que estudies". Empiezo a verme un poco retratada en el autor, aunque en mi infancia la que era de Carrillo era mi bisabuela; mis padres, aunque de izquierdas, estaban más despolitizados. Toda su vida había transcurrido en plena dictadura y nadie se atrevía a hablar de política. Es lo que tiene ser unos cuantos años mayor que Sergio del Molino.
Difícil me resulta calificar este libro. Lo he visto considerado como novela, aunque no me lo parece. Podría encuadrarse dentro de las memorias o del ensayo, pero no responde al cien por cien a ninguna de las dos descripciones. Y entonces me pregunto (me vuelvo a preguntar como en otras ocasiones) si es necesario clasificarlo, etiquetarlo, asignarle un género para poder entenderlo y disfrutarlo.
Sergio del Molino nos cuenta experiencias propias, la mayoría de ellas centradas alrededor de un antiguo profesor de filosofía que llegó un buen día al instituto público de Zaragoza en que estudiaba a sacarles del aburrimiento. "Nos aburríamos. Me atrevo a usar la primera persona del plural e incluir a todos porque cada vez que levantaba la vista encontraba la misma viscosidad legañosa, las mismas espaldas retorcidas, los mismos intentos desesperados por no bostezar y caer muertos sobre las mesas". Era el año 1996 y Antonio Aramayona llegó a aquel instituto a revolucionar las aulas y el claustro. Venía de otro instituto en el que ya había dejado su huella en forma de alumnos que le seguían de manera incondicional, con los que le uniría la amistad más allá de las aulas. 
Antonio Aramayona era un interino de los que saltaban de un instituto a otro según las necesidades, según las vacantes. Entonces iba con muleta y coche adaptado. Mucho antes de su muerte escogida y programada, el 5 de julio de 2016, se trasladaba permanentemente en silla de ruedas. En la silla de ruedas en que asistía a las manifestaciones por la escuela pública, por un estado laico, por el derecho a una muerte digna, los tres ejes de su ideología que podríamos resumir en uno solo y categórico: libertad. 
Antonio Aramayona a la puerta
 de la Consejera Dolores Serrat
En silla de ruedas y con camiseta verde, la que defendía la educación pública, pasó 23 meses seguidos (desde junio de 2013 hasta abril de 2015) a la puerta de la Consejera de Educación del Gobierno de Aragón protestando por los recortes y exigiendo una educación pública y laica. La  misma silla de ruedas con la que participó en los sucesos del 15M y que le hizo denominarse a sí mismo como "un perroflauta motorizado".
Pero "La mirada de los peces" no es, como yo había pensado antes de leerlo, la historia de Antonio Aramayona y de cómo puso fin a su vida de forma voluntaria y anunciada; no es el relato de las causas que pueden llevar a un hombre a escoger la libertad hasta sus últimas consecuencias. Este libro incalificable es la mirada hacia atrás de un hombre, el autor, que se recuerda hace veinte años y va dando testimonio de lo que le influyó entonces y de cómo fue cambiando, de cómo la vida le fue cambiando y pasó de admirar sin condiciones a su profesor, a ser crítico con muchas de sus actitudes: su afición a llamar la atención, su militancia ideológica que tenía mucho de religioso; su arrogancia impertinente y provocadora "Ni Groucho ni Antonio tenían la seguridad de que no les fueran a partir la cara por sus impertinencias. No se atreverán conmigo, pensaba, pero una parte de él deseaba que se atreviesen". Pasó de admirarle con la rotundidad de la adolescencia, a pensar que había estado obnubilado por él, para volver, al cabo del tiempo, a ser consciente de lo mucho que su formación como persona y como escritor le debía.
Pero también es la historia de una época, de los jóvenes de barrio que escuchaban a Barricada, Radiohead, Iron Maiden; de los que temían, durante una época, encontrarse con los skins. 
A mediados de los noventa San José era un barrio triste, sin glamour, con olor a fritanga a la hora de la cena en los patios de luces, con descampados que daba miedo atravesar, pero que jamás se dejaban de atravesar: estaba en juego el honor. En San José los jóvenes fumaban porros, tomaban tripis, y se preparaban para la FP de la que solo se libraban los más listos y afortunados. Y entre las intenciones del autor (más bien elusiones dice) estaba la de "eludir el centro de FP y alcanzar la universidad, pero no por vocación académica, sino como única escapatoria del centro de FP". Tenía claro que quería escribir, pero aparte de escribir, tal vez pensaba que la universidad le haría conocedor del secreto de la madre de Rafa que se lamentaba de no haber sabido a los veinte años lo que sabía a los cuarenta: ¿qué sabía la madre de Rafa a los cuarenta? 
Y de 1993 y 1996, salta a 2015 y a 2016 y nos cuenta por encima (ya lo contó con profundidad de catarsis en su libro "La hora violeta") cómo se perdió los sucesos del 15M, que le darían fama al maestro Aramayona, porque estaba encerrado en un hospital viendo morir a su hijo. Y nos contará cómo entró en contacto con el periodista Jon Sistiaga que realizó un documental sobre Antonio Aramayona y su suicidio en el que participaron algunos de sus alumnos privilegiados, de los que estaban entre los favoritos, porque como muchas grandes personas, el maestro tenía sus miserias y para los que no formaban parte del grupo de los elegidos, podía ser cruel y puñetero. El documental forma parte de la serie Tabú, dedicada por Jon Sistiaga a la muerte y en la que también hay un episodio en el que se trata la muerte de Pablo, el hijo de Sergio del Molino. 
Dejo el enlace de la primera parte de las tres de que consta el episodio de Tabú dedicado a la muerte de Antonio Aramayona. Las otras dos partes se encuentran con facilidad en youtube.




También en su blog, "La utopía es posible", dejó Antonio Aramayona una entrada póstuma, programada entre las tres que se publicaron el día de su muerte, explicando los motivos que le llevaban a tomar esa decisión. En una de las tres entradas, el texto es leído con su propia voz.
He visto las tres partes del documental (he visto la camisa con avioncitos de la Primera Guerra Mundial de la que nos habla Sergio del Molino). Fue el propio Antonio Aramayona quien quiso que se hiciera, quien eligió a los privilegiados que iban a participar en él, quien quería leer lo que Sergio del Molino iba escribiendo de este libro. 
En el documental se repite la misma escena aunque con distintos interlocutores: Antonio da sus razones para su muerte a quienes tratan de disuadirle.
No quiero juzgar. Cada uno gestiona su vida y su muerte a su manera, pero no puedo dejar de opinar. Demasiado ruido. Como le dice una de las participantes, habla con gran solemnidad y la solemnidad procede del ego. Demasiado ego. Es como si dijera: "Voy a morir, pero os vais a enterar todos". Para mí, tanta publicidad le quita un poco de sentido al hecho. Morir es para mí un acto íntimo, el pudor me impediría airearlo en un blog o un documental. 


Sergio del Molino
Paso las páginas de "La mirada de los peces", leo sobre Antonio Aramayona y un sentimiento de cierto hartazgo me vence. Lo veo con la ingenuidad arrogante de quien empieza a enfrentarse a la vida y aún no le han partido nunca la cara. Lo veo exhibicionista, deseoso de publicidad, casi casi soberbio en sus convicciones sin la menor sombra de duda (a pesar de que son mis propias convicciones). Sus actitudes no me encajan con una persona adulta, rondando los setenta años, una persona que "toma treinta y una pastillas al día, [...] Ha pasado unas cuantas veces por el quirófano. Ha estado a punto de morir sin ayuda en varias ocasiones, entre ellas, en un ictus. Le han abierto el pecho y manoseado el corazón, un corazón que late sin metrónomo. Se le ha apuntado un principio de Parkinson. No tiene setenta años aún, pero está casi roto". Roto el cuerpo, intacto el espíritu como el espíritu sin estrenar y sin mácula de un adolescente. Y entonces pienso que en él persiste el niño que fue, el adolescente que fue. La persona vulnerable que busca amor como manifiesta en las palabras finales del documental: "No quiero en absoluto que me consideren ni loco ni héroe ni mártir. Quiero solamente que se atrevan, que se atrevan. Incluso estando completamente en desacuerdo con mi muerte que piensen, que piensen, que piensen... y si es posible que me quieran un poquito".
La persona sabia que tal vez no aprendió nada nuevo desde los veinte años porque ¿qué se aprende con la madurez? Finalmente, Sergio del Molino, tras pasar por la Universidad, golpeado por la vida en lo más hondo, con unos cuantos libros a sus espaldas, cuando ya anda cerca de los cuarenta años, sigue sin saber el secreto de la madre de Rafa "¿Qué sé yo ahora que no supiese a los veinte? Poco, y nada que me sirviera hace veinte años, que me ayudase a decidir mejor o tan siquiera a comportarme con algo más de elegancia. En veinte años sólo he aprendido a fingir y a disimular, pero se me sigue escapando qué sabía la madre del Rafa".
Antonio Aramayona ni siquiera aprendió a disimular y a fingir, como hacemos los demás. Se olvidó de aprender de modestias y pudores. Él quería amor, quería admiración, siempre quiso que se supiera que vivía y moría como pensaba, quería hacer de su muerte un poco del espectáculo que había hecho también de su vida. Estaba en su derecho y creo que por fin lo he entendido. 

lunes, 25 de junio de 2018

Sin reseña IX



Ya estamos en la novena entrega de Sin reseña. Otros cinco libros a los que, por motivos diversos, he decidido dedicar un comentario algo menos extenso que mis reseñas habituales. Esta vez, como ya ha pasado en otras entradas de esta sección, todo es novela policíaca y, sobre todo, series. Vamos allá.

"Silencios inconfesables". Michael Hjorth & Hans Rosenfeldt. 
Cuarto libro de la serie de Sebastian Bergman. Una familia es asesinada a tiros en Torsby, una pequeña localidad sueca próxima a la frontera con Noruega. Ante la complicación que presenta el caso, el responsable de la policía del pueblo, nombrado recientemente, avisa a la Unidad de Homicidios de Torkel Hölgrund en Estocolmo.
Hacia Torsby se dirige la Brigada a la que esta vez le falta un miembro. Úrsula no estará presente por razones derivadas de la novela anterior que no quiero desvelar. 
La investigación, y el caso en general, resulta menos interesante que las de libros anteriores. La novela en general, me ha gustado menos que las otras tres. Sebastian se debate entre el mal bicho que ha sido siempre y el hombre cariñoso y sensible que vemos aparecer con sorpresa.
Podría decir que esta entrega me ha defraudado ligeramente, aunque sin quitarme las ganas de leer la siguiente y es que si algo bueno tiene es que lo que le puede faltar a lo largo de la trama, lo compensa con creces al final. Un final que nos deja un poco sobrecogidos por lo que descubrimos y expectantes por lo que un miembro de la Brigada está a punto de descubrir.

"El otro lado del silencio". Philip Kerr.
Leyendo esta undécima entrega de la serie de Bernie Gunther, me entero de que su autor ha muerto el pasado 23 de marzo. No tenía ni idea. A veces estas noticias se nos escapan. Tan solo tenía 62 años. Este comentario es por tanto un In memoriam que viene a sumarse al que le hice en una entrada del blog que puedes leer aquí si te interesa y no la leíste en su día.
En esta entrega, Bernie ha sido abandonado por su tercera mujer y trabaja de conserje en el Grand Hôtel de Saint-Jean-Cap-Ferrat, en la Riviera francesa. Allí se mezclará con algún personaje histórico de los que al único que conozco es al escritor inglés William Somerset Maugham. El resto son espías de MI5, el MI6, la KGB, la Stasi... Y es que el tema histórico que trata esta novela  es el del espionaje entre las potencias en la Guerra Fría.
Estamos en 1956 y Bernie es solicitado por el escritor inglés para que le ayude a mediar en un chantaje que está sufriendo por su condición de homosexual. El chantaje por la orientación sexual se complicará con una trama de espionaje y un asesinato ocurrido en la zona.
Es la novela que menos me ha gustado hasta ahora. La parte central se me ha hecho pesada y un tanto increíble. Es cierto que vuelve a ganar en el final, donde la trama de espionaje cobra fuerza y complejidad y salva la novela.
Tras la muerte del autor, aún quedan dos entregas por publicar en español: "Azul de Prusia", que termina de ser publicada en este mes de junio, y "Greeks Bearing Gifts" que se publicará en abril de 2019 en Reino Unido. Después nos tendremos que despedir de Bernie Gunther para siempre... o releer sus novelas.


"La ciudad de la lluvia". Alfonso del Río.
Esta es una de esas novelas que veía en los blogs y de tanto verla, me había empezado a mosquear. Pero me atraía tanto la sinopsis, la mezcla de tiempos y espacios, la ambientación de gran parte de la novela en Bilbao... En fin, que no me pude resistir y me alegro porque la novela me ha resultado muy agradable de leer.
Tres hilos narrativos se van alternando para dar cuerpo a la historia; tres situaciones, en momentos distintos, y aparentemente sin relación entre ellas, al menos en un principio.
En Bilbao en 1983 está Alain Lara, un jugador de fútbol que vive con su abuelo desde que siendo niño murieron sus padres en un accidente de tráfico.
En Berlín en 1941 está el extranjero, intentando hacer negocios con los nazis y sin escrúpulos de ningún tipo a la hora de salirse con la suya.
A la vez, tenemos a David Schaffer, el mejor abogado del mundo o uno de los cien mejores según la prensa especializada. Él nos irá relatando su vida en la única parte escrita en primera persona.
Tres historias sin relación aparente hasta que una foto empieza a poner el denominador común; pero tres historias con tanto interés cada una por su parte, que la falta de conexión inicial ni se nota. Al menos yo no la noté. Empecé a leer este libro una noche en la cama (es donde leo lo negro y policíaco) y menos mal que era fin de semana porque me leí de un tirón ciento cincuenta páginas sin poder parar. Bien escrita, bien ambientada (me encantó la narración de la gota fría en Bilbao y las inundaciones de agosto de 1983 que recordaba perfectamente por los telediarios de la época); con personajes interesantes y bien perfilados.


"La tragedia del girasol". Benito Olmo.
Esta es la segunda entrega de Manuel Bianquetti, un policía ahora suspendido de empleo y sueldo, que deambula por Cádiz haciendo trabajos por encargo, mientras recupera su placa y su trabajo. 
Manuel Bianquetti no puede dejar de meterse en problemas. Cuando lo conocimos en la entrega anterior, "La maniobra de la tortuga", estaba sepultado en los archivos de la Comisaría Provincial de Cádiz. Allí lo había llevado un incidente con sus superiores de Madrid. Allí, hace un año, consiguió salir de los archivos solo para meterse en un nuevo lío que lo ha traído a su actual situación.
En esta novela lo vemos inmerso en dos casos. Cuando empieza la historia él busca a una prostituta que responde al nombre de Regina. Alguien se lo ha encargado y a lo largo de toda la novela aparecerá intermitentemente Regina, hasta que por fin sepamos quién es y el porqué de su búsqueda.
El caso principal comienza cuando Silva, un antiguo compañero de la policía no muy apreciado por Bianquetti, le ofrece un trabajo para servir de guardaespaldas a alguien importante que va a visitar Cádiz. Bianquetti, en un principio, piensa rechazar el trabajo, y más le hubiera valido, porque a partir del momento en que acepta, pone en peligro su vida y la de personas inocentes que están a su alrededor.
"La maniobra de la tortuga" me había gustado y cuando vi que salía otra entrega, me apeteció leerla. Los libros están bien escritos y son entretenidos; los personajes son buenos y las tramas interesantes. Pero hay mucho libro similar por ahí y a esta serie le falta ese toque especial que llegue a atraparme.


"Tres funerales para Eladio Monroy". Alexis Ravelo.
Curiosamente, esta novela, cuando la estaba leyendo, me recordaba a la anterior. También se desencadenan los hechos cuando a Eladio Monroy le encargan proteger a alguien importante que va a visitar Las Palmas. 
Eladio Monroy fue jefe de máquinas en la marina mercante de donde está jubilado. Para completar la exigua pensión trabaja en lo que le sale: guardaespaldas, chófer, cobrador de deudas... 
Hacía tiempo que tenía la novela entre mis pendientes y por fin me decidí a leerla. De nuevo lo hice sin saber que era el inicio de una serie y de nuevo me sorprendo inmersa en ¡una más! cuando aún tengo tantas a medias y tantas por empezar. Pero esta no será la única novela que lea de esta serie porque Eladio Monroy me ha sorprendido muy agradablemente. Se trata de un personaje que no se corta a la hora de resolver lo que la Justicia no puede arreglar. Y es que en esta historia, la Justicia brilla por su ausencia. "Tres funerales para Eladio Monroy" es una historia dura, sorprendente, perfectamente contada, con un personaje nada convencional. Lo políticamente correcto, lo justo, lo que es debido,  se deja para historias más complacientes. La justicia, si es que la hay, la poca que hay, no viene como hemos dicho de manos de la Justicia, sino de la voluntad inquebrantable de Eladio que no se deja amilanar por lo legal cuando lo legal no le parece ético.
Más detalles me han recordado a "La tragedia del girasol": aspectos de la biografía del protagonista, de su carácter, de su atracción hacia los líos y su capacidad para meter en problemas a todos los que les rodean.  Pero si la novela de Benito del Olmo está publicada en 2018, la serie sobre Eladio Monroy comenzó en 2006. Además, está mucho mejor escrita, es mucho más dura y, vistas las fechas, me resulta más genuina.
Con esta serie sí seguiré. Y mira que no quería...

viernes, 22 de junio de 2018

"Zuckerman encadenado" Philip Roth. II

Continúa la reseña sobre esta obra de Philip Roth.
Si en la entrada anterior comenté las dos primeras novelas de la "Trilogía (?) de Zuckerman": "La visita al maestro" (The ghost writer) y "Zuckerman desencadenado" (Zuckerman Unbound), en esta segunda trataré de "La lección de anatomía" (The Anatomy Lesson) y "La orgía de Praga" (The Prague Orgy).
Aunque , en principio, esta última, no forma parte de la trilogía, se suelen publicar las cuatro juntas o, de publicarlas por separado, "La orgía de Praga" se añade normalmente al tercer volumen junto a "La lección de anatomía".


"La lección de anatomía" (1983).
En 1973, Nathan sufre de intensos dolores en el cuello y los hombros. Hace dieciocho meses que no consigue espantar el dolor. Hace tres años que murió su madre, justo un año después de su padre, de manera repentina y mucho más rápida de lo que se podía esperar por el diagnóstico. "El neurólogo comunicó a Zuckerman por teléfono que el tumor cerebral podía tardar de dos a cuatro semanas en matarla, pero cuando el hijo entró en la habitación, recién llegado del aeropuerto, la cama ya estaba vacía". Era el 21 de diciembre de 1970. Hacía poco más de un año que había muerto su padre justo después de soltar la palabra maldita. Ahora, Zuckerman había perdido a su madre y, muerta ella, tampoco se mantiene la relación con su hermano, deteriorada sin remedio desde la muerte del padre. Pero la muerte de su madre le deja una orfandad que no había sentido un año antes al morir su padre. Ahora todas las culpas se materializan, porque después de tantas mujeres, esposas y amantes, Nathan se da cuenta de que su madre ha sido el amor de su vida. Y ese ansia de madre que le sigue acometiendo tres años después de su muerte, le sumerge en una duda acuciante ¿se debe dicha ansiedad a la debilidad en que lo tiene sometido su falta de salud y de inspiración literaria? ¿existiría la falta de salud de no ser por la ansiedad que le surge al no poder traer de nuevo a su vida a una madre a la que tanto necesita?
"En diciembre de 1973 ya había perdido toda esperanza de encontrar tratamiento, medicina, médico o cura. Por no encontrar, no encontraba ni siquiera una enfermedad como Dios manda". Además se le cae el pelo. Busca la solución a tanto dolor, tan sostenido en el tiempo. Acude a toda clase de remedios más o menos científicos. Nada le sirve a largo plazo. Sus médicos y su psicoanalista, tras vanos intentos de dar con la solución, lo achacan a un castigo autoinfligido. Tal vez, año y medio después de morir su madre, ha decidido por fin purgar por todas sus culpas: por el triunfo de Carnovsky y su enriquecimiento consecuente que le llevó a vivir a la mejor zona de Manhattan; por haber ofendido a millones de norteamericanos con su mal gusto; por haber avergonzado a su propio pueblo con su desvergüenza. "Si tu mano (escritora) te ofende, córtatela. Bajo el irónico caparazón de un espíritu tolerante, él era, entre todos los Yahvés, el más despiadado. ¿Quién podría haber escrito de un modo tan blasfemo sobre el sofoco moral de los judíos, si no un judío sofocado de sí mismo, como Nathan?".
Y para purgar los pecados cometidos mediante la escritura, Zuckerman se impide a sí mismo seguir escribiendo. O se lo prohíben las circunstancias. O él cree que las circunstancias ya no dan para seguir escribiendo y siente que, además de la salud y el pelo, ha perdido el tema: ni Newark es la ciudad que conoció, invadida por todo tipo de razas; ni existen padres judíos como aquellos padres judíos llenos de prejuicios, tabúes y dolores padecidos vicariamente en Europa más de treinta años antes. A lo largo de los tiempos ha perdido padre, madre, hermano, salud, pelo... "Y también su talento, según el crítico Milton Appel —y tampoco es que nunca hubiera tenido mucho que perder en ese aspecto, siempre según Appel"
Para enfrentarse a su decadencia como escritor y a la decadencia de su salud a los cuarenta años, decide hacerse médico y solicita la admisión en la Universidad de Chicago. Pero antes asistiremos a su enfrentamiento con Appel, el crítico que le consideró un niño prodigio cuando publicó sus primeros relatos y que tras el éxito de "Carnovsky" se ha vuelto contra él con toda la saña de su pluma judía y ofendida.
Y asistiremos a su encuentro con un viejo amigo de la universidad y su padre (de nuevo el padre) recientemente viudo.
"La lección de anatomía" ha sido considerada la novela más floja de la trilogía, sin embargo, no soy capaz de imaginar las otras dos sin las reflexiones que se hacen en esta y que vienen a cerrar la culpa con la expiación. Sentimientos muy judíos, pero también muy cristianos.


Philip Roth

"La orgía de Praga" (1985)
Esta es una novela corta que, en principio, no formaría parte de la "Trilogía de Zuckerman". Se trata de fragmentos de los cuadernos-diario de Zuckerman, concretamente los comprendidos entre el 11 de enero y el 5 de febrero de 1976. 
La novela cierra perfectamente la trilogía con guiños a la primera novela, "La visita al maestro". Como ella está escrita en primera persona, al contrario que las otras dos que lo están en tercera. Además, Nathan, que ahora tiene tiene cuarenta y dos años, a modo de un nuevo E. I. Lonoff, es el anfitrión que recibe en su casa a un joven escritor checo que lo admira y que ha tenido que huir de Praga donde tiene prohibido publicar sus obras desde la invasión de los rusos en 1968.
Hasta Praga viajará Zuckerman en busca de unos relatos escritos en yiddish por el padre del joven checo. Su estancia en Praga es la parte más disparatada y divertida. La situaciones son cómicas, esperpénticas algunas, rayanas en el surrealismo y la sátira que ya le hemos visto en alguna otra novela al autor. Una sátira surrealista que puede que sea el estilo crítico que más se adapta a aquellos tiempos, en aquellos lugares, bajo aquel régimen esperpéntico. 
Así, en boca de Nathan encontramos el sarcasmo cruel e irónico con que se reflejan las circunstancias (la falta de libertad, las triquiñuelas para saltarse las prohibiciones, las trampas con las que se consigue sobrevivir cada día, el espionajes por parte de vecinos, amigos, amantes...); la sinceridad con la que se critica también la condescendencia paternalista y teñida de superioridad de los escritores estadounidenses frente a sus colegas de más allá del telón de acero.
Un cierre perfecto de ciclo, con un Zuckerman ya maduro que, tratando de congraciarse con el padre, aunque sea reivindicando a otro padre, al padre de otro, vuelve a la Europa donde todo sucedió hace más de treinta años, a una Europa alejada de la cosmopolita, occidental y muy libre Europa; a una Europa donde "la cultura literaria es rehén del Estado, pero florece el arte de la narración oral. En Praga, las historias no son sencillamente historias: es lo que la gente posee en vez de la vida. Aquí, la gente se ha convertido en historias, ya que no tienen permitido ser otra cosa. Contar historias es la forma que ha adoptado su resistencia contra la coerción del poder existente".

Esta novela entra además en el II reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990, concretamente, las novelas que constituyen "Zuckerman encadenado" están escritas entre 1979 y 1985.



lunes, 18 de junio de 2018

"Zuckerman encadenado" Philip Roth. I

A ver si me explico. Nathan Zuckerman es el protagonista de dos relatos con los que empieza el libro de Philip Roth "Mi vida como un hombre" (1974), concretamente, la primera parte del libro empieza con esos relatos. La segunda parte, titulada "Mi verdadera historia", está contada por un escritor judío llamado Peter Tarnopol que confiesa ser el autor de esos dos relatos iniciales. Por lo tanto, Tarnopol es el autor que creó a Nathan Zuckerman, pero Philip Roth es el autor que creó a Tarnopol por lo que estamos en un laberinto en que un autor crea un personaje que a su vez crea un personaje que a su vez... ¿No es maravilloso?
Sí, el mundo de Natahn Zuckerman es maravilloso, pero el mundo de Zuckerman es el maravilloso mundo creado por Philip Roth en todas y cada una de sus novelas (al menos las que he leído), aparezca en ellas o no aparezca Nathan Zuckerman.
Nathan aparece no obstante en muchas de las novelas de Roth. En la "Trilogía Americana" ("Pastoral Americana" [1997], "Me casé con un  comunista" [1998] y "La mancha humana" [2000]) es un personaje secundario que nos cuenta diferentes historias, pero manteniéndose más al margen que los personajes centrales a los que cede el protagonismo.  
No es el caso de la "Trilogía de Nathan Zuckerman"  en la que Nathan es el total y absoluto protagonista. Tampoco es el caso de la última obra en la que aparece Nathan Zuckerman, "Sale el espectro" de 2007, donde es un hombre de 71 años que vuelve a Nueva York tras vivir más de diez años en Nueva Inglaterra y recupera el protagonismo que ya había tenido en la trilogía que lleva su nombre.
Aunque se la llame trilogía, en realidad consta de tres novelas principales ("La visita al maestro", "Zuckerman desdencadenado" y "La lección de anatomía") y una novela corta que en español casi siempre se ha publicado con la tercera mencionada, y que funciona como epílogo de toda la serie, "La orgía de Praga". 
En 1985 las cuatro novelas se publicaron en un solo volumen con el título de "Zuckerman encadenado" y ese es el libro que yo he leído en una edición de Galaxia Guttemberg, concretamente, la que hizo en 2012 para Círculo de Lectores. 
Empecé la obra con la idea de ir alternando las novelas con otras lecturas. No voy a engañar a nadie: me costó un poco entrarle a la primera, hacerme con ella, empezar a disfrutarla. Desde luego, mi estado de ánimo no era el más adecuado; hay veces en que la incertidumbre de la tristeza presentida agobia más que la propia tristeza cuando llega. Ahora bien, en cuanto la hube asimilado y me hice con la historia, me arrastró de tal manera que he leído las cuatro novelas de un tirón. 
No son novelas que se puedan leer independientemente. Cada una viene de las otras, cada historia sale de la anterior y en realidad, todas las novelas forman una sola historia, la de un escritor judío, crítico con aquellos aspectos de su cultura y su religión que cree que debe criticar, que no es entendido por nadie, y menos aún por su propia familia.

"La visita al maestro" (1979).
(título original "El escritor fantasma") Zuckerman es un muchacho de 23 años que viaja a conocer a un escritor al que admira y que le ha invitado a su casa. Se trata de E. I. Lonoff, y Nathan ha ido a visitarle "para presentarle mi candidatura a hijo espiritual suyo [...]. Ni que decir tiene que ya tenía padre, y bien devoto que era, y bien que podía pedirle cualquier cosa en cualquier momento; pero era podólogo, no artista, y últimamente estábamos teniendo bastantes problemas familiares por culpa de un nuevo relato mío".
Efectivamente, en esta novela aparecen los primeros enfrentamientos entre Nathan y su padre por culpa de un relato, "Enseñanza superior", en el que el joven escritor cuenta una anécdota familiar que a su padre le parece que no deja en muy buen lugar a los judíos que serán vistos por los goyin (gentiles) como perros judíos con su amor al dinero. Lo que Nathan realizó como un homenaje a su familia, su padre lo ve como una afrenta al pueblo judío. Pero es que su padre aún vive lamentando algo que para Nathan ya queda lejano, algo que les ocurrió a los judíos "¡En Europa! ¡No en Newark! Nosotros no somos los condenados de Belsen. Nosotros no somos las víctimas de aquel crimen".
En casa de Lonoff, Zuckerman conoce a una joven que pasa allí unos días, se trata de Amy Bellette, cuya historia nos va dejando alucinados a la vez que la vamos conociendo y nos entra la duda de si está loca y todo se lo ha imaginado, si estamos locos nosotros y todo será cierto, o si todo es un producto de la imaginación de Nathan. No quiero desvelar nada, pero lo que esconde la vida de Amy y las reflexiones a que da lugar, son de lo mejor de toda la novela. Reflexiones que la llevan al punto de darse cuenta de que vale más muerta que viva y es mejor dejarlo estar. "Muerta, en cambio, bien podía ofrecer algo más que sano esparcimiento para jóvenes comprendidos entre los diez y los quince años; muerta había escrito, sin intención o sin proponérselo, un libro con la fuerza de una obra maestra para abrirle por fin los ojos a la gente".
Otra de las derivas argumentales de esta novela es la relación entre Lonoff y su mujer, genialmente expresada en un capítulo cuyo título, "La mujer de Tolstoi", lo dice todo.

"Zuckerman desencadenado" (1981).
Han pasado varios años y estamos en 1969. "Vietnam se había convertido en un matadero, y muchos norteamericanos, tanto en el campo de batalla como fuera de él, se habían vuelto completamente locos. Haría cosa de un año que Martin Luther King y Robert Kennedy habían sido muertos a tiros por asesinos". Nathan tiene ya treinta y seis años, tres divorcios en su biografía y se ha hecho célebre y millonario tras escribir una novela, "Carnovsky", que lo ha catapultado a la fama sin casi tener tiempo a asimilarlo. 
La experiencia se basa en lo que le ocurrió al propio Roth en 1969 a raíz de la publicación de "El lamento de Portnoy". Ambas novelas además son similares pues tratan de la adolescencia de un muchacho judío y sus problemas con el sexo, la culpa y una madre demasiado posesiva. No sé si los problemas posteriores al éxito fueron los mismos en Roth y en Zuckerman o si tan solo comparten la fama que les dieron sus novelas respectivas.


Philip Roth

A Nathan, "Carnovsky" le dio la fama y le permitió mudarse a un caro apartamento en el Upper East Side, tras separarse de Laura, su última mujer, gentil y WASP. Pero no a todo el mundo le ha gustado el libro de Zuckerman. "Ya eran muchos los que le habían escrito echándole la bronca. «Por pintar a los judíos en un ambiente de peep-show de total perversión, por pintar a los judíos cometiendo actos de adulterio, exhibicionismo, masturbación, sodomía, fetichismo y proxenetismo», alguien con más membrete en el papel de cartas que el mismísimo Presidente había llegado a sugerir que «habría que pegarle un tiro». Y eso, en la primavera de 1969, ya no era hablar por hablar".
Nathan se ve perseguido por Alvin Pepler, un hombre sin sentido de la discreción, incontinente verbal y obsesionado por su pasado de campeón de concursos televisivos, de los que tuvo que prescindir para dar paso a concursantes a los que se les daban las respuestas por parte de los productores. Aunque llegamos a dudar de si él no se benefició también de tales prácticas contra las que despotrica pues entre tanta vana palabra cualquier cosa puede ser posible. Tal vez alguien recuerde el caso. A mi me sonaba de una película vista hace unos años e investigando, descubrí que se trata de "Quiz Show" (Robert Redford, 1994).
Por si algo faltaba, el padre de Nathan muere en Florida, a donde se había trasladado el matrimonio tras jubilarse, y al morir dice una última palabra que perseguirá a Nathan durante muchos años y le supondrá la rotura de relaciones con su hermano Henry.
(continuará)

viernes, 15 de junio de 2018

"Babilonia" Yasmina Reza

"¿Qué importa lo que somos, lo que pensamos, lo que será de nosotros? Estamos en algún lugar del paisaje hasta el día en que dejamos de estar en él". Y para demostrarlo, Elisabeth comienza esta historia abstraída en un libro de fotos, "Los americanos" de Robert Frank, de 1958. Allí contempla a un hombre con traje y corbata con orejas de soplillo y un ejemplar de la revista "Awake" en la mano. Estaba vivo en 1955 cuando se sacó la foto. "Murió hace tiempo. Vestía con decoro para repartir sus folletos religiosos. Estaba solo, penetrado de una perseverancia triste y torva". Estaba en aquel rincón del mundo, en Los Ángeles, hasta que dejó de estar. Como muchos de los personajes retratados en el libro del suizo Robert Frank, como todos los personajes de todos los paisajes, de todas las fotos, de todos los tiempos. Antes o después dejamos de estar. 
A veces lo que deja de estar es toda una vida que se trunca y se convierte en otra. Un detalle casual, tan inesperado como innecesario, nos puede cambiar la vida para siempre.
Testigo de Jehová Los Ángeles
Robert Frank
(Los Americanos 1958)
Elisabeth tiene sesenta y dos años y no considera que su vida haya sido muy feliz. Tampoco desgraciada. Si tuviera que calificar su vida, le daría un seis; un seis haciendo trampa para no ser ingrata o herir a alguien. Ahora echa de menos a su madre que murió hace diez días y a su hijo que ya no vive en casa. Es feliz con Pierre su marido, aunque echa algo en falta en su relación de pareja, algo que tal vez siempre ha echado de menos, no solo ahora por la edad y la costumbre. "Estoy bien con mi marido. Pierre es alegre, de fácil convivencia. Nada charlatán, no me gustan los hombres charlatanes. Siempre a mi disposición, sin ser un blandengue ni un calzonazos. Es tierno. Me gusta su piel. Nos conocemos al dedillo. Le reprocho su amor demasiado incondicional. No me pone en peligro. No me magnifica. Le gusto incluso fea, lo cual no resulta nada tranquilizador. No existe electricidad entre nosotros, ¿ha existido alguna vez? ¡Deplorable balance!"
Tiene un vecino, Jean-Lino Manoscrivi, con el que sube las escaleras "los dos subíamos andando, yo para conservar un tipo pasable, él por su fobia a los sitios cerrados", y con el que, escalón a escalón, ha ido tejiendo la amistad suficiente para ir a las carreras o a tomar un café y pasear por las cercanías de su casa. Jean-Lino es nieto de inmigrantes judíos italianos por parte paterna. No es religioso, pero recuerda cuando su padre le leía el Libro de los Salmos, siempre el mismo pasaje inmortalizado por un marcapáginas deshilachado que su padre nunca movía de sitio "A orillas de los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos al acordarnos de Sión". Y Sión no solo es Jerusalén, es la Tierra Prometida de los judíos; el Paraíso, añadiría yo, de los cristianos, y no hay nada peor que vivir con los ojos puestos en un Paraíso que no existe o en una Tierra Prometida que, tal vez, se basa en una promesa falsa. Afortunadamente, ni Jean-Lino, ni su padre según él, entendieron nunca los versos, con lo que no tuvieron sus esperanzas puestas en fantasías inexistentes.


Yasmina Reza

Elisabeth tiene sus ojos en fantasías del pasado. Al menos fueron existentes en el pasado, en forma de Joseph Denner, su enamorado de los diecisiete años, amante de la fotografía y al que recuerda cada vez más. 
Elisabeth se hace mayor y va caminando hacia el final. Cada vez más sola, sin padres que la ayuden a envejecer, (¡ah, si no se llegase huérfano a ese trago! como dice Serrat), sin un hijo con presencia constante, alborotando la casa y conjurando el paso de los años. 
Elisabeth envejece y ha decidido hacer una fiesta de la primavera. Ha decidido invitar a amigos y familiares para levantar el ánimo, para celebrar que sigue viva, para festejar el fin del duro invierno parisino, para no sentir que envejece en soledad. "Así somos, me dije. Tú también vas haciéndote mayor como todos tus conocidos, y sentí que formaba parte de esa multitud en marcha, cogida de la mano, haciéndose mayor hacia algo desconocido".
Una fiesta de primavera a la que acuden dieciocho personas entre compañeros de Elisabeth, amigos de Pierre, familiares... y los vecinos Manoscrivi, Jean-Lino y Lydie; una fiesta que transcurre entre las risas, los cotilleos, las anécdotas relatadas por unos y otros... y es una anécdota relatada por Jean-Lino acerca de Lydie y su manía de no comer pollo que no se haya "encaramado a los árboles", lo que desencadenará los acontecimientos posteriores. Unos acontecimientos que comienzan cuando ya ha terminado la fiesta y Pierre y Elisabeth están en la cama, dormida una, leyendo el otro. Es entonces cuando llaman al timbre y aparece Jean-Lino para darles la noticia que les cambiará la vida a todos.
No había leído nada de Yasmina Reza. La consideraba, sobre todo, una autora de teatro. Esta novela me la recomendó una amiga y me ha gustado tanto, que seguiré con otras novelas de las muchas que he visto que tiene la autora.
Solo conocía a Yasmina Reza, aparte del nombre, por la película "Un dios salvaje", dirigida en 2011 por Roman Polanski y que es adaptación de una de sus obras de teatro. La película consiste en la conversación entre dos parejas cuyos hijos respectivos han tenido una pelea en un parque. En principio, ambos matrimonios se comportan de manera culta y civilizada, pero poco a poco, la conversación comienza a discurrir por caminos insospechados. 


Una escena de "Un dios salvaje". Roman Polanski 2011

Eso es también lo que sucede en esta novela: una desafortunada anécdota contada en una fiesta, una conversación que comienza cuando la mujer se queja de esa indiscreción por parte del marido, una charla de la que se va perdiendo el control y que conduce a hechos inesperados. Y todo porque, tal vez, ese diálogo entre marido y mujer responde a esa mutación minúscula que según Svante Pääbo, profesor de Biología de Elisabeth, nos separa de los neandertales y nos lanza hacia un mundo de aventura que no sabemos controlar, "una mutación insólita del genoma que al parecer permitió el lanzamiento a lo desconocido, la travesía de los mares sin ninguna certeza de tierra en el horizonte, toda la fiebre humana de exploración, de creatividad y de destrucción. En suma, un gen de la locura".

martes, 12 de junio de 2018

"Frente al abismo" Lucas Berruezo

"Si seguía así, iba a terminar de almorzar para la hora de merendar. Pendeja de mierda, siempre lo mismo, con sus caprichos y sus « yo quiero hacer lo que quiera». Obvio que no decía eso, tenía sólo siete meses y no pronunciaba más que algunas sílabas sin sentido, pero detrás de su llanto, de su correr la cabeza cuando la cuchara se acercaba, estaba esa postura egoísta y malcriada".
Así comienza el primer relato de Lucas Berruezo en "Frente al abismo". Se trata de un libro que me llegó a través de la editorial: Ediciones Erradícame. Cuando la editora, Estefanía Farias, me ofreció este libro, el hecho de ser de relatos me resultó un poco disuasorio, pero que el escritor fuera argentino y la descripción de Estefanía como "15 relatos inquietantes que te enfrentan a situaciones que bien podían ser reales por muy aterradoras que parezcan", me animaron a aceptarlo junto con el libro de la propia Estefanía Farias, "Buenos días, me voy a dormir", sobre sus aventuras en Holanda durante su primer año de estancia en ese país. De ese último libro ya hice la reseña hace unos meses y tenía pendiente la de "Frente al abismo" que hago ahora.
Se trata, como dice Estefanía, de quince relatos estremecedores; se trata de llevarnos a esas situaciones límite en las que nunca creemos que podemos llegar a encontrarnos, pero en las que se ven inmersos personajes tan ingenuos y confiados como nosotros mismos, personajes que confían en no encontrase nunca ante situaciones en las que se entra sin darse cuenta y se sale... como se puede y ya es bastante. 
Personajes inmersos en situaciones como las que muchos hemos vivido; situaciones que, en manos de según quién, devienen en auténticos desastres, en escenarios de las más negras historias: una madre que se siente superada por el hecho de tener que cuidar sola a su bebé; un padre que se siente obligado a asistir a un cumpleaños infantil; una despedida de soltero que empieza feliz entre cuatro amigos... hasta que uno bebe más de la cuenta; una hija que teme la llegada de su padre a casa por las noches; una niña que quiere ser hada siguiendo las instrucciones de un vídeo infantil en Youtube; una inocente tradición navideña; un escarmiento que se nos escapó de las manos... 
Muchos personajes y muchas situaciones para estos estos quince relatos vertebrados sobre todo por el miedo: "Lo malo del miedo a enfermarse es que uno, después de haber estado en contacto con un posible foco infeccioso, lleva la marca en sí mismo. El miedo a ser asaltado por un ladrón se termina cuando uno, sano y salvo, se encierra en su casa; el miedo a volar se acaba cuando apoyamos el pie en tierra; pero el miedo a enfermarse no se termina ni aun alejándonos del enfermo que pudiera habernos contagiado".

Lucas Berruezo
Miedo a enfermarse, sí, pero también miedo a ser descubierto, al desamor, a la soledad, a la agresión, a descubrir que el sentido de la vida es que no tiene sentido. 

Relatos vertebrados por el miedo, aunque no solo por el miedo: la obsesión, la desesperanza, los deseos frustrados... son otros de los sentimientos que pueden provocar esas situaciones inesperadas y, a veces, irremediables. 
En estos relatos hay de todo. Hay quien se inventa su vida y los personajes con los que la comparte; hay quien se esconde de la realidad con juegos y tradiciones; hay quien intenta salvarse de la cárcel haciendo lo posible por terminar en ella. Hay muchas cosas en estos quince relatos, inquietantes como dice Estefanía, negros y macabros, pero que ponen los pelos de punta por lo reales que, por otra parte, llegan a resultar. 
Y es que como dice el propio autor: "Me gustan los personajes normales, corrientes, como cualquiera de nosotros, y para lograr plantear personajes semejantes mi vida cotidiana es una fuente inagotable de inspiración". Sus personajes son, efectivamente, normales, como muchos de nosotros y por eso sus relatos resultan tan escalofriantes, porque nos vemos retratados en ellos, porque por terribles que sean, unos en uno y otros en otro, todos nos reconocemos en alguno de los protagonistas y todos sentimos que en determinadas circunstancias, su tragedia podría ser la nuestra.
Y de ahí el miedo que nos asalta como asalta a los personajes en sus relatos. Un miedo que es consustancial a la vida y que se hace más abrumador cuando no se espera que nada ni nadie venga a mitigarlo. "Replantéese sus creencias. Un Dios que no le sirve para perder el miedo es un Dios que no sirve para mucho".


viernes, 8 de junio de 2018

"Postales de invierno" Ann Beattie

Hace unos días publiqué la reseña de "La reina de las nieves", una novela que transcurría en una Nueva York cubierta de la quietud y paz que transmite la nieve; una Nueva York blanca y mullida. 
Hoy traigo una novela que tiene algunas semejanzas con ella. "Postales de invierno" transcurre en "una ciudad a la que nunca se nombra (pero que es Washington)" dice Rodrigo Fresán en el prólogo que acompaña a la edición  El Asteroide, confuso por el estilo, pero interesante por el contenido; una ciudad igualmente cubierta por la nieve que bloquea las cerraduras de los coches y hiela los deseos de supervivencia de unos jóvenes que se quedaron en tierra de nadie tras la revolución, el amor libre y el LSD de los sesenta, y se ven de pronto en los setenta, perdidos y desengañados; con treinta años, amores fallidos en los bolsillos, trabajos que no son lo que esperaban y un mundo que para nada ha cumplido sus promesas. 
"Susan: paso cinco días a la semana en un trabajo de mierda y por las noches me acuerdo de mi amante. El fin de semana salgo a emborracharme con Sam y luego me encuentro mal. Tu madre también se encuentra mal y me llama en plena noche, y también al trabajo. No estoy de muy buen humor, eso es todo". Esas palabras que le dice Charles a Susan, su hermana,  a poco de iniciarse la novela, revelan con claridad cuál es su situación. 
Está a punto de empezar 1975. Charles vive solo aunque ahora su hermana Susan ha venido de visita para pasar la Navidad y el Año Nuevo. Charles ha perdido a su amante, Laura, que ha decidido volver con su marido y con la hija del anterior matrimonio de él a la que quiere como propia. Para él Laura es una obsesión que le lleva a recorrer su calle de madrugada tan solo para ver la luz en las ventanas de su casa e imaginarla en el interior.



Susan estudia en la universidad. Ella no está desengañada ni frustrada, o al menos no lo sabe. Se muestra segura y aspira a casarse con su novio estudiante de medicina y tener una vida fácil. Ella no recuerda con nostalgia la década anterior. Es demasiado práctica para enredarse en nostalgias que no conducen a ninguna parte.
Por allí anda también Sam, amigo de Charles desde primaria, que recién ha perdido a su perra y pasa más tiempo en la confortable casa que Charles heredó de su abuela que en su destartalado y frío apartamento. "Sam está de pie en la entrada con una caja de cervezas. Desde que su perra murió, Sam bebe mucha cerveza. Llueve y el cabello de Sam le chorrea sobre la cara". Sam quería ser abogado, pero no tiene dinero y los padres no se lo van a proporcionar porque lo necesitan para mantener las dos viviendas, casa y apartamento, que utilizan cuando están separados, aunque la mayor parte del tiempo están juntos y si vendieran la casa podrían costear la carrera de Sam "pero ni el uno ni el otro quieren a Sam tanto como para hacerlo" y Sam malvive vendiendo chaquetas para hombre.
También está Clara, la madre de Charles y Susan. Clara está trastornada. Pasa el día desnuda en la bañera rodeada de mantas eléctricas enchufadas. Es una hipocondríaca que mantiene en vilo y pendientes de ella a todos los que la rodean, sobre todo a Pete su segundo marido. Pero ahora Pete está de viaje en Chicago y son Charles y Susan los que se tienen que hacer cargo de su vulnerable madre hasta que llegue Pete y tome el relevo.
Pete solo aspira a que Charles y Susan lo quieran como a un padre, pero eso nunca sucederá. "A Charles le gustaba su padre. Se murió de repente, a los treinta y nueve años, volviendo del trabajo a casa en autobús. Charles recuerda vagamente a Pete en el funeral: Pete trabajaba con su padre. Cuando su padre murió, Pete apareció en casa una noche con una bolsa de naranjas. Volvió a aparecer otras noches, invitado por su madre; traía manzanas, pomelos, peras y, al final, cajas de bombones Whitman’s, flores y una maletita con el pijama y el cepillo de dientes"


Ann Beattie

"Postales de invierno" es una preciosa novela sobre la perplejidad y el desencanto. Con treinta años, nuestros personajes se sienten expulsados del pasado y y con un futuro que se presenta hostil ante ellos. Resignados a pasar por el aro del matrimonio, "El matrimonio es la muerte. No dejamos de esparcir las cenizas de la institución, pero el viento vuelve a echárnoslas a la cara. Al final lograremos arrojar este atavismo al viento"; incluso deseándolo aunque no encuentren con quién llevarlo a efecto; temerosos de su futura vejez sin unos hijos en los que apoyarse o que les acompañen, aunque solo sea por Navidad. 
"Postales de invierno" está llena de referencias literarias, musicales y cinematográficas. Pasear por sus páginas es meterse en el mundo de "El Graduado" y "2001, una odisea del espacio" y "Jules et Jim" y "El último tango en París"; en el mundo de gran Jay Gatsby que esperó a Daisy Buchanan toda su vida y la perdió, de "El guardián entre el centeno", de Austen, Pynchon, el Humbert Humbert que sedujo a Lolita; de las canciones de John Lenon y Bob Dylan y Lou Reed y George Harrison... y Janis Joplin.
Termino con unas palabras de Rodrigo Fresán para el prólogo mencionado al principio. Creo que son bastante descriptivas de lo que puede ser la novela leída en estos días, más de cuarenta años después de su publicación. "Vuelvo a leer en estos días Postales de invierno después de tanto tiempo. La leo —para escribir este prólogo— en el aire, en un par de aviones que hacen la ruta Barcelona-Newark-Barcelona y descubro que —tanto tiempo después, aunque yo ya esté tan lejos de todo eso y de esto— Postales de invierno sigue siendo una gran novela.
   Y me sigue haciendo temblar de emoción y de risa y de frío"

Esta novela entra además en el II reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990, concretamente, "Postales de invierno" es de 1976.



miércoles, 6 de junio de 2018

"Filek. El estafador que engañó a Franco". Ignacio Martínez de Pisón

De Ignacio Martínez de Pisón solo había leído novelas y siempre me habían gustado mucho. Creo que es un gran narrador. Cuando vi su nuevo libro, he de confesar que pensé que se trataba de otra obra de ficción. El nombre del personaje del título y el episodio en sí, son tan poco conocidos que no me sonaban de nada. Enseguida descubrí que era un ensayo en el que se contaba la historia de lo que pudo ser una de las mayores estafas en que hubiera caído todo un Gobierno y todo un Jefe de Estado. 
Albert Eduard Wladimir Fülek Edler von Wittinghausen había nacido en 1889 en Carintia una región situada al sur de Austria. Su partida de nacimiento también revela otra cosa; al dejar en blanco la casilla correspondiente al progenitor, nos informa de que a pesar de aparecer en su documentación española como hijo de Vladimiro y María, Filek era hijo ilegítimo. A esa vergüenza (lo fue para él y puede que nunca llegara a superarla) añade la de haber perdido la Gran Guerra sin haber caído en combate. "Hasta sus parientes más cercanos le desdeñan porque no ha cumplido con el deber de ganar la guerra o al menos de caer en combate: mientras un hijo muerto siempre habría sido el orgullo de la familia, un teniente desmovilizado no es más que un lastre...".
Cuando Albert von Filek llegó a España en 1931 ya venía huyendo de toda una serie de robos, mentiras y timos en Austria y no fue menos en España. 
Poco después de llegar, en septiembre de 1931, ya tenía una denuncia por estafa y a ella siguió un puñado más. Lo que le pondría en camino de hacerse famoso fueron sus intentos de patentes para un "«procedimiento para la obtención de gasolina sintética»". En cada intento se presentaba con un socio distinto y de cada uno se olvidaba de pagar los derechos de inscripción, con lo que poco después, las patentes quedaban anuladas... hasta que volvía a intentarlo con otro socio.
Políticamente estaría más cerca de los enemigos del Régimen que de las autoridades republicanas del bienio reformista de Azaña. No debemos olvidar que había sido militar durante la Gran Guerra, componente del ejército de un gran imperio que el Tratado de Versalles había finiquitado. Por todo ello es lógico pensar que buscaría la compañía de los militares que suspiraban por ese otro gran imperio, un poco más antiguo pero también más glorioso, que había sido el español. De hecho, poco después del intento de golpe militar de Sanjurjo (la sanjurjada), Filek se movía en círculos próximos al militar golpista encarcelado. Incluso intentó hacer negocios con ellos. Queda así probado que Filek buscaba sus amistades entre los "militares que se mantenían leales a la fenecida monarquía, muchos de ellos apartados del ejército por la llamada Ley Azaña, que había enviado a la reserva a casi nueve mil oficiales".
Pero sus lealtades no le impiden renunciar al trato con personas menos afines si con ello consigue algún beneficio. En su afán de grandeza y en su avaricia, le pareció poco la estafa a particulares y lo intentó con el Gobierno de la República. No se sabe muy bien con cual de sus inventos porque no solo intentó patentar la gasolina. "¿Cuál de sus inventos intentó venderle? ¿El procedimiento químico de soldadura de metales? ¿La tan traída y llevada gasolina sintética? ¿El sistema para la obtención de líquido gaseoso?". Como vemos ingenio no le faltaba. Ni osadía.


Ignacio Martínez de Pisón
No lo logró con el gobierno de la república con quien lo intentó en 1932. A poco que Joaquín Fanjul, subsecretario del Ministerio de la Guerra, con el que intentó negociar, conociera sus antecedentes no estaría muy dispuesto a fiarse del austriaco. O tal vez fue por falta de tiempo: tanto Gil Robles, ministro de la Guerra, como Fanjul, no duraron mucho tiempo en sus cargos. Poco más de seis meses. 
En 1936 lo volvió a intentar con Largo Caballero, pero en aquellos momentos el ministro estaba ocupado y preocupado con la Guerra Civil que había empezado tres meses antes y no le hizo demasiado caso. Eso además de que si con Gil Robles y Fanjul le podía unir alguna afinidad ideológica, ninguna tenía en común con el socialista Largo Caballero. Es extraño por eso que, tan solo cinco días después de ser nombrado para el ministerio, Filek se atreviera a presentarse en su despacho con pretensiones fraudulentas. No podía salir bien. "O confiaba mucho Filek en su capacidad de persuasión o estaba verdaderamente desesperado, porque un movimiento como ése entrañaba riesgos muy serios y ofrecía muy escasas perspectivas de éxito. La mejor prueba de que estaba arriesgándose demasiado es que fue detenido allí mismo, en la entrada del ministerio".
No podía salir bien y no salió bien, pero unos años más tarde, con Franco estuvo a punto de conseguirlo.
Sus credenciales eran impecables. Había pasado la guerra prisionero de los republicanos en distintas cárceles. Desde que fue detenido tras intentar estafar a Largo Caballero, no volvería a salir en libertad hasta terminada la Guerra Civil. 
Cuando se produjo la entrada de los sublevados en Madrid, en marzo de 1939, se mostró como el más fiel seguidor de la causa franquista. 
No voy a contar más. A partir de aquí, vienen los hechos que realmente le hicieron conocido y que han llevado a Ignacio Martínez de Pisón a indagar en su historia y escribir este ensayo biográfico, pero esos hechos los dejo para que cada lector los descubra por sí mismo. También hay mucho que descubrir en la época a la que me he referido y de la que he contado sucesos y aventuras de Filek, un personaje sin duda muy interesante y que da mucho juego literario, tal vez porque su vida es muy literaria. Si bien nada heroica: Filek llega a manifestarse como un ser bastante miserable, pero habrá que acercarse a este libro para descubrir el porqué.
Este es el octavo libro que leo de Martínez de Pisón, aunque solo uno haya aparecido en mi blog, concretamente su última novela "Derecho Natural". Supe de él a raíz de ver una película que me gustó mucho. Era la tarde de Navidad de 1997 y, aunque no suelo ir al cine en esas fechas, quería ver "Carreteras secundarias" estrenada con éxito hacía poco tiempo y de la que se hablaba mucho. Luego supe que se basaba en una novela de un autor del que nunca había oído hablar. Es extraño, pero tuvieron que pasar aún nueve años para que me decidiera a leer un libro de Ignacio Martínez de Pisón y, curiosamente, no fue "Carreteras secundarias", de hecho nunca lo he leído, aunque forma parte de mi montón de pendientes desde hace más años de los que puedo recordar.
Hace ya tiempo que le sigo y leo todo lo que publica y "Filek. El estafador que engañó a Franco", tal vez hubiera quedado fuera de ese seguimiento de haber sabido que era un ensayo, pero no lo sabía cuando compré el libro y me alegro porque una vez en casa, no podía dejar de leerlo. Como sé que no puedo dejar de leer todos los que aún me faltan del autor, entre ellos, claro está, "Carreteras secundarias"



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