"Lecciones" Ian McEwan
El infierno alcanzado por esfuerzos propios era una construcción interesante. Nadie se libraba de fabricar uno, al menos uno, en toda una vida. Algunas vidas no eran más que eso. Era una tautología, que la desdicha infligida a uno mismo constituía una extensión del carácter. Pero Roland pensaba a menudo en ello. Uno construía una máquina de tortura y se metía dentro. Encajaba a la perfección, con diversos grados de dolor a elegir: desde ciertos empleos, o el gusto por la bebida, la droga, por el delito unido al don de que te acabaran pillando. La religión austera era otra opción. Todo un sistema político podía optar por la aflicción autoimpuesta: él había pasado una temporada en Berlín Oriental. El matrimonio, una máquina para dos, presentaba posibilidades de tamaño familiar, todas las variantes de la folie à deux. Todo el mundo conocía ejemplos y la edificación de Roland era de lo más ingeniosa. Lecciones es una novela grande, muy grande. Y no por su extensión; cerca de seisci...