Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

sábado, 16 de febrero de 2019

"Vida después del suicidio" Xavier Alcover

Portada para la reseña en MoonMagazine de David de la Torre.
Llenar páginas en blanco
Solo para no verlo todo negro.
Ese creo que es el objetivo de Vida después del suicidio: sacar con las palabras, negro sobre blanco, todo el dolor acumulado, toda la rabia, toda la incomprensión. Escribir un libro que redima de la culpa y permita sacar de dentro esa bola de angustia que ahoga y paraliza. Verter sobre la página en blanco toda la negrura que ensombrece el alma y aniquila la alegría.

Así empiezo mi reseña en MoonMagazine de "Vida después del suicidio", la novela, pero también compendio de poemas y de recuerdos, de Xavi Alcover.
Se la dedica a su amigo Manolo, amigo de colegio y de instituto y de parque y de correrías que se suicidó en 2012. 
La protagoniza un fantasma, Lucas Campo de Pablo, que se ha tirado al tren y vaga después de muerto por los escenarios de su vida y entre las personas amadas que formaron parte de ella. En sus paseos se debate entre la culpa, el dolor, el arrepentimiento...
La novela no es fácil ni amable, pero tampoco tan dura como podría suponerse. Xavi ha sabido aplicar un punto de vista positivo y hasta la ha dotado de un cierto sentido del humor.
Pero si quieres saber más acerca de lo que trata esta conmovedora novela y de lo que yo he sentido leyéndola, te dejo el enlace en MoonMagazine. 


Título del libro: Vida después del suicidio
Autor: Xavier Alcover
Editorial: Terra Ignota
Año de publicación: 2018
Nº de páginas: 121

miércoles, 13 de febrero de 2019

"La hoguera de las vanidades" Tom Wolfe

Si hubiera que definir este libro con dos palabras serían estas sátira social. La primera novela del afamado periodista Tom Wolfe, muerto en mayo de 2018, toma como protagonista la ciudad de Nueva York y la retuerce entre la negra tinta de su afilada pluma hasta hacerla sangrar por las deshilachadas costuras que hilvanan sus barrios y distritos. 
De entre los personajes, no se salva ninguno. Ni siquiera la pequeña Campbell McCoy que, entre la espontaneidad e inocencia de sus seis años, deja entrever resabios de los que vienen de casta, de los que, entre lo que se aprende y lo que se hereda, nadie en su mundo puede deshacerse.
"¡Jeh-jeggggggggggjjjjjjjjjjjjjjj!
Es un cacareo demoníaco, emitido por alguien del público. Es un sonido que sale de un lugar tan profundo, de debajo de tantísimas y tan lujosas capas, que él sabe perfectamente el aspecto que tiene esa mujer. Cien kilos, ¡como mínimo! ¡Fuerte y grande como una caldera de calefacción! El cacareo estimula a los hombres. Una erupción de esos ruidos tripudos que tanto detesta él". El inicio de la novela es un prólogo que aunque nada aporta a la trama sirve para introducirnos en el ambiente de enfrentamiento que sufría la ciudad a finales de la década de los ochenta. El alcalde da un mitin en Harlem; los asistentes son en su mayoría negros y protestantes empeñados en no dejarle hablar, en ridiculizarle, en agredirle incluso. El alcalde es blanco y judío. El alcalde sale del lugar sin terminar el mitin, custodiado por sus guardaespaldas y sintiendo que termina de perder una gran batalla. "Me he equivocado. Esa sonrisilla me venció. He dejado que me venciera el pánico. Ahora ya está todo perdido".
Después del prólogo, se nos presentan los personajes y sus situaciones respectivas, metiéndonos poco a poco en una trama que empieza como sin querer y se va convirtiendo en una endiablada trampa en la que algunos quedarán atrapados y de la que se servirán otros para sus fines.
Sherman McCoy es un Amo del Universo. Vive en Park Avenue, en pleno Upper East Side, el barrio más prestigioso de la ciudad. Trabaja en Wall Street y es el mejor vendedor de bonos de la empresa Pierce&Pierce. Gana un millón de dólares al año y vive en un apartamento de 3 millones del que solo la hipoteca le supone veintiún mil dólares al mes. Si se suman todos los gastos adicionales para mantener el nivel de vida que se le supone, el año anterior gastó más de lo ganado. 
Sherman McCoy es un rey del universo que está a punto de ser destronado, porque una noche, volviendo del aeropuerto JFK a donde ha ido a recoger a su amante, María, un tonto despiste hace que se salte la desviación hacia Manhattan y terminen en el Bronx. Allí tendrán un encuentro fortuito con dos muchachos negros; la "tremenda preocupación que ocupa la base misma del cerebro de todos los vecinos de Park Avenue sur y de la calle Noventa y seis: la amenaza que supone para cada uno de ellos un joven negro, un chico alto, fuerte, calzado con zapatillas deportivas de color blanco"; todo ello sumado a la duda de si querían asaltarlos, termina con la huida del Mercedes que conduce María y el atropello de uno de los jóvenes. Pero Henry Lamb, el muchacho atropellado, no es ningún delincuente, sino todo un ejemplo de lo que algunos consiguen cuando se empeñan en superar la difícil situación que les ha caído en suerte. Henry Lamb estaba a punto de ingresar en la universidad.
El asunto pudo quedar como tantos otros: otro chico negro atropellado y abandonado en una esquina del Bronx. Pero hay a quien le interesa que eso no suceda y, enarbolando la bandera del buen chico negro, soporte de su madre viuda, un montón de gente a quienes nada les importa ni el chico ni su madre, verán en el caso la manera de conseguir sus más oscuros intereses.

SoBro es como muchos llaman actualmente al sur del Bronx. Ahora ha sido rehabilitado y es un barrio recomendado al turismo en el que los apartamentos se han vuelto carísimos, aunque conviven con los edificios destartalados de siempre.
El reverendo Bacon es a la vez un agitador y un estafador. Él fue quien llenó de alborotadores el mitin del alcalde con "la chusma del reverendo Bacon". Capaz de organizar una manifestación en diez minutos y abuchear en cualquier lugar de Nueva York a cualquiera que le interese hundir en el fango, no va a desperdiciar la oportunidad de incendiar el Bronx con la leña del caso Lamb. Atacará al fiscal, a los ricachones de Park Avenue y a los medios de comunicación que no decidan hacer causa con él. Y si de paso puede embolsarse parte de la compensación económica que salga de todo ello, tanto mejor. 
"-¿Y qué saca Bacon de todo este jaleo?
- Él cree que va a sacar millones. No tengo pruebas que lo demuestren, pero yo diría que todo este jaleo está relacionado con la demanda por daños y perjuicios".
Larry Kramer es tan solo un vicefiscal del distrito del Bronx, judío para más señas. Larry tiene muchas ambiciones profesionales y una gran opinión de sí mismo que dista mucho de coincidir con la realidad. Además le tira los tejos a cualquier falda que se menea. La exposición de sus conclusiones suele ir dirigida no solo a conseguir la condena del acusado, sino a conquistar a alguna joven del jurado que se convierte así en la destinataria de su acalorado discurso. "Sus conclusiones tenían, sobre todo, que conmover a esa joven, conmoverla hasta hacer que llorase, que se encogiese de miedo, que se embriagase del mundo de la delincuencia del Bronx, un mundo en el que tenía que descollar la figura de cierto vicefiscal, un tipo duro con pico de oro y valerosa elocuencia, y con un fuerte y musculoso cuello"
Qué mejor heroicidad que doblegar a un ricacho de Park Avenue para reivindicar a una víctima negra, desfavorecida y vecina de las viviendas de protección. Pero, sin testigos (Lamb está en coma y su acompañante no aparece por ningún sitio), Kramer no encuentra fundamentos para abrir un caso.
Peter Fallow es un periodista inglés que trabaja en el City Light, un tabloide sensacionalista en el que todo el personal, incluido el dueño, es británico. Vive en una nube de alcohol y desidia, en una ruina perpetua que tan solo puede conjurar a base de encontrar cada noche algún cretino que pague las rondas. Pasa más tiempo en bares y restaurantes que en la redacción del periódico donde su puesto empieza a estar en peligro. Cuando alguien le habla del caso Lamb y le propone que haga un reportaje, Fallow ve la oportunidad de recuperar la credibilidad perdida y el aprecio de su jefe. Además la propuesta le viene con coartada moral "Tú puedes beneficiarte, y también se beneficiará un montón de gente honrada que en esta jodida ciudad siempre lleva las de perder".
Abe Weissel fiscal del distrito del Bronx, no puede dejar que sobre él planee la menor sombra de racismo o de favorecer a las clases ya de por sí favorecidas. Cuando sale el artículo del City Light y se hacen eco los demás periódicos y las televisiones, tiene que tomar las riendas y ordenar la investigación. Quedar al margen le denotaría como racista, actuar y ganar lo dejará ante la comunidad negra y latina del Bronx como el héroe que no se deja intimidar por la mullida tapicería de un Mercedes de lujo y el presumible ricachón que lo conduce. "Weiss se enfrentaría pronto a la reelección, el Bronx era negro y latino en un setenta por ciento, y quería asegurarse de que sus futuros votantes estaban siendo constantemente bombardeados con el nombre de Abe Weiss". 
Weiss es también judío y es que, en el Bronx, a pesar de que la población es negra y puertoriqueña, las riendas aún están en manos de judíos e italianos, los antiguos habitantes mayoritarios del barrio.

Tom Wolfe 
El drama está servido y el drama le sirve a Ton Wolfe para bucear en las cloacas de Nueva York, unas cloacas que a veces se muestran rodeadas de lujo y otras veces, de viviendas miserables de protección oficial. No importa, las cloacas son cloacas y en ellas florecen la mentira, el disimulo, los intereses. Nadie se salva en esta novela: ni los negros (Bacon), ni los judíos (Weiss y Kramer), ni las mujeres (Judy y María), ni los blancos anglosajones protestantes (Sherman), ni las fiestas de sociedad, ni la prensa... Toso lo critica el autor; todo pasa por su ágil y perversa mirada, afilada como un bisturí; de todo se burla, de todo hace una parodia, con todo nos impresiona y nos conmueve y nos indigna. 
Sherman termina siendo una víctima que llega a darnos pena. Es una víctima de sí mismo y de su situación de Amo del Universo que se revela más precaria de lo que parecía; es una víctima de su inseguridad que le lleva a buscar una mujer joven que le dé lo que ya no le puede dar su escuálida mujer. Porque él quiere a su mujer y a su hija y su vida privilegiada de Park Avenue, pero, ¡por Dios! es un Amo del Universo y tiene derecho a sus esparcimientos y diversiones. Sherman será víctima de los intereses de unos y otros que solo podrán ser satisfechos si él entra en prisión y es tratado como cualquier traficante negro de las viviendas de protección.
Sherman es una fruta vana, que diría el poeta, de una sociedad que, a finales de los ochenta, empieza a convertirse en pura mercadotecnia hasta llegar a lo que ahora conocemos. Pero Sherman proviene de unos padres que lo educaron para algo muy distinto y aún mantiene una cierta pulsión de honradez y vergüenza. Tal vez por eso, termina siendo víctima de unos y de otros. Termina siendo incluso su propia víctima. 
¿Y el ganador? Pues Peter Fallow que, de resultas de tanto interés cruzado, termina por obtener el Pulitzer a cuenta de esta historia que él mismo había forjado entre nubes de alcohol e indolencia. 

Título del libro: La hoguera de las vanidades
Autor: Tom Wolfe
Título original: The bonfire of the vanities
Traducción: Enrique Murillo Fort
Editorial: Anagrama
Año de publicación: 1988
Año de publicación original: 1987
Nº de páginas: 636

domingo, 10 de febrero de 2019

"Cancan" Jon Lauko

Monsieur Cambremer es Cancan. Monsieur Cambremer, llamado Cancan, es un personaje de "En busca del tiempo perdido" que recuerdo levemente de cuando leí esa obra. Un marqués del círculo de aristócratas, cercanos a los Guermantes, con los que entra en relación el narrador de la enorme (en todos los sentidos) novela francesa; un hombre muy feo, con una madre fea, pero buena y amante de la música, y una esposa muy remilgada. Un homenaje de Jon Lauko a la maravillosa novela de Proust, porque, además, este Cambremer actual se llama Marcel.
Marcel Cambremer, el Cambremer de este "Cancan" de Jon Lauko, nada tiene que ver con el marqués proustiano, salvo, tal vez, una aire de caballero atildado y coqueto, o así me lo he imaginado yo al menos. "―Andrés Morales Valle, alias Ahmed, Alfredo, Gustavo, Alberto, Marcel ―hizo una pausa, sonrió para añadir―: ¡Cancan! ―prosiguió―: cincuenta y dos años, murciano, carpintero; con pasaportes español, francés y argelino; cuatro heridas de bala, condenado a pena de muerte en Francia, media docena de cortes en la cabeza; experto en asaltar bancos, cruzar clandestinamente las fronteras, falsificar documentos, entrevistarse con los traficantes de armas de media Europa, organizar grupos terroristas que dirige, entrena y sirve en bandeja a la policía…". Todo un pájaro al que veremos atravesar las tres novelas de esta trilogía en situaciones muy diversas y jugando papeles dispares, pero siempre turbios.
Estamos ante una historia que mancha. No se puede salir limpio después de casi cuatrocientas páginas caminando a través de las cloacas de un estado y una sociedad que recién salían de una de sus más negras etapas para entrar en la luz resplandeciente de una ilusoria democracia que a muchos ya se nos ha apagado; una democracia que tras brillar con fuerza pero efímeramente como una supernova, finalmente, como algunas supernovas, ha devenido en agujero negro del que no se llega a vislumbrar la salida.
La primera novela, "Donostia", nos lleva al verano-otoño de 1977. En ella se nos presenta a Marcel Cambremer como uno de los socios franceses en una empresa  del imperio de la hamburguesa que se quiere implantar en la zona norte de España, concretamente en el País Vasco. Pero la historia de Cambremer, que se nos resume al comienzo, esconde algo más turbio que un simple capitalista del incipiente boom de la comida rápida. 
"En 1926 nace en San Javier, Murcia, Andrés Morales Valle en el seno de una familia acomodada pero de izquierdas. Llega la guerra y su padre, militante del PCE, es inspector de policía de San Pedro de Pinatar. Al acabar la contienda tiene que exiliarse en Argel y su madre es encarcelada. El niño, con diez años, se queda solo en el mundo y es recogido por el Auxilio Social". Terminará en Argel después pasar por varios orfanatos españoles y allí entrará en contacto con exiliados republicanos. Tras llevar a cabo actos de sabotaje y conspirar para la implantación de la III República, Andrés Morales (alias Cambremer, entre otros muchos alias) obtiene la inmunidad a cambio de aceptar trabajar para los servicios secretos del régimen franquista.
Con Monsieur Cambremer, sin pretenderlo, se topará Kepa Gabarain, un hijo de buena familia de Donostia, que ha quedado en simple empleado de banca por la muerte prematura de su padre y porque tampoco quiere algo que requiera más esfuerzo.
Su vida está a punto de cambiar y, para empezar, tendrá que luchar por mantenerla. Mientras lo hace, entrará en contacto con gente a la que jamás se imaginó que frecuentaría: un senador de Euskadiko Ezkerra, etarras huidos en el vecino País Vasco francés, infiltrados, asesinos, una ex amante a la que no veía hacía años; todo un mundo que tenía muy cerca, pero del que no era muy consciente hasta que no se vio plenamente involucrado. 
Esta primera novela, más corta que las otras dos, se puede leer de manera independiente, pues tampoco guarda en su trama mucha relación con ellas. Solo la de los lazos que la propia Historia anuda alrededor de algunos hechos.
"Estación París", la segunda novela de la trilogía, comienza la noche del 23 de febrero de 1981. En el Congreso de los Diputados, la sesión de investidura del nuevo presidente del Gobierno ha sido interrumpida por un grupo de guardias civiles que al grito de "todo el mundo al suelo" han puesto a sus señorías tumbados sobre el pavimento (con las excepciones que todos sabemos). Mientras tanto, un misterioso hombre con un maletín va recogiendo documentos en distintas "estaciones" y desaparece en un avión que se lo lleva al extranjero.
Tres meses después, el 23 de mayo, un extraño atraco en el Banco Central de Barcelona deja un muerto, un herido y más preguntas que respuestas. Los que lo recordamos sabemos que se habló del hecho de que los ladrones no se llevaran dinero, de que pidieran la liberación de los principales cabecillas del intento de golpe de estado, de que el objetivo real era hacerse con unos documentos desaparecidos el 23 F...
Todo quedó como algo turbio y Jon Lauko lo resuelve de la única manera posible, por medio de la ficción que es el único género en el que nadie puede pedir cuentas de la veracidad de los hechos. Basta con suponer, con novelar y hacer argumento de lo que creemos que fue la realidad. En el mundo de la ficción todo cabe, sobre todo cuando todo se parece tanto a lo que se sospecha y a lo que, con mayor o menor fortuna, se comentó a raíz de los hechos de mayo del 81. 

Jon Lauko
Lo terrible es que, leyendo la novela, todo parece tan lógico, tan verosímil, tan... espeluznante, porque lo que se insinúa que esconden esos documentos podría poner patas arriba los cimientos sobre los que se sustenta la Transición. Y lo que se insinúa, no es pura ficción porque es lo que también cuenta tantos años después, el principal superviviente del extraño atraco.
Como apreció el sargento de la Guardia Civil Juan Manso, puesto (en la ficción) al frente del robo del banco, "No solo había una intención política, había algo más, algo turbio y misterioso ―inconfesable― que emanaba de las alcantarillas, de las cloacas del Estado". 
De nuevo aparece nuestro amigo Cancan, Monsieur Cambremer, Andrés Morales. Ahora con un papel mucho más decisivo y determinante, más siniestro también.
"El parque de Cişmigiu", es la tercera novela de la serie. No ha llegado a publicarse en solitario (al menos que yo sepa) sino formando parte de "Cancan", el libro que recopila la trilogía completa. En ella, algunos de los perjudicados por los hechos anteriores, tres años después, tratarán de poner las cosas en su sitio y de vengarse o de vengar a sus amigos.
Comienza cuando el capitán Lorenzo, de la Guardia Civil, sale de la cárcel donde ha estado condenado por el Golpe del 23 F. "Era el día anterior a la Navidad de 1983 y habían transcurrido dos años, cinco meses y diez días privado de libertad en aquella prisión militar de Alcalá. Ahora, deshonrado, vestido de paisano, llevando con desgana aquella maleta, olvidado de todos y abandonado por los más cercanos que ni siquiera se habían dignado ir a recibirlo, caminaba taciturno hacia la estación". Volverá a la casa de su infancia y desde allí intentará encontrar gente de la que pueda fiarse y montar una operación para, como digo, poner las cosas en su sitio, porque algunos de los responsables del intento de golpe en el 81 se libraron de la condena gracias a la traición y a la posible posesión de los misteriosos documentos, mientras que otros, como él, pagaron con la cárcel o con la vida el haberse mantenido fieles a aquello en lo que creían.
Las dos últimas novelas no se pueden leer por separado porque la tercera se puede considerar continuación de la segunda. Encontramos en ellas lo mejor de la novela negra y de espías, no en vano, el autor se declara deudor, sobre todo, de John Le Carré, aunque también de Patricia Higsmith. Con Le Carré hace un guiño cuando el narrador de "Donostia" hablando de Cambremer declara "David John Moore Cornwel se hubiera dado con un canto en los dientes si hubiese podido contar con un tipo así como personaje de sus novelas". David John Moore Cornwel, como cualquier amante del autor sabe (y yo lo adoro) es el nombre real de John Le Carré. Incluso viajaremos, en la tercera novela, al otro lado del telón de acero, a Bucarest, y pasearemos por el parque de Cişmigiu. También asistiremos a una escena, en el puente de Behobia, digna de la que aparece al final de "El espía que surgió del frío", en el muro de Berlín. 
Tres novelas apasionantes y muy bien escritas, con  posibles soluciones para problemas de la Historia que siguen sin resolver; con historias adictivas, con enigmas que quedan a la imaginación del lector, sumamente cinematográficas y de una calidad notable dentro de la narrativa española del género. 
Una trilogía que bucea en las aguas pútridas de las cloacas de la historia y de la política. Cloacas de ETA que buscaba la vuelta a una Arcadia que nunca existió; cloacas de unas fuerzas de seguridad que querían la vuelta a un infierno que sí existió, pero que para ellos era un paraíso; cloacas de algunos personajes que solo buscaban el interés personal a cambio de lo que fuera. Unas cloacas en las que Jon Lauko se mueve con suma naturalidad porque conoce la Historia como pocos. Un autor al que seguir de cerca.

Título del libro: Cancan
Autor: Jon Lauko
Editorial: Goodbooks
Año de publicación: 2018
Año de publicación original: Donostia 2011
Nº de páginas: 368

jueves, 7 de febrero de 2019

"El asesino dentro de mí" Jim Thompson

"Aquí todos dicen «si, señora» y «no, señora» a cualquier persona que lleve faldas; a cualquiera mientras sea blanca, se entiende. Aquí, si se pilla a un sujeto con los pantalones bajados, se le piden excusas… aunque inmediatamente después haya que detenerle. Aquí se es hombre, hombre y caballero, o no se es nada. Y al que no lo sea, que Dios le ampare".
Aquí es Central City, Texas. Un pueblucho fundado en 1870 que debía al boom del petróleo su conversión en una ciudad de 48000 habitantes. En Central City vive Lou Ford, sheriff adjunto. 
La novela está contada por el propio Lou en primera persona. Se nos manifiesta como un hombre educado, tolerante, comprensivo. ¿Cómo si no, se describiría al hombre capaz de decir estas palabras? "Aquí, en Central City, no hay muchos maleantes, señorita —expliqué—. Y además también son personas, aunque no actúen bien del todo. Si uno no les hace nada, ellos tampoco. Se avienen a razones"
Pero Lou está aquejado de la enfermedad, algo le pasa a su mente, algo que no puede controlar y que a veces se apodera de él cuando menos se lo espera. Aunque, a veces, tampoco parece que sea tan incontrolado y, en ocasiones, le sirve muy bien para sus intereses.
Lou es hijo de un médico. Su padre quería que él también lo fuera y que no se convirtiera en uno más de los paletos del lugar, pero cuando fue consciente de la enfermedad, decidió que lo mejor que podía hacer era dejar que se transformara en un paleto más y que nunca saliera de la ciudad. Con su problema no podía aspirar más que a un trabajo estable y poco cualificado. Y así llegó a sheriff adjunto. 
Lou tenía un hermano adoptivo que murió en un accidente hace seis años. Mike era un buen chico, pero había estado en la cárcel por algún asunto turbio con una niña de tres años, aunque Lou y su padre sabían que era inocente. Cuando salió de la cárcel, el padre "se pasó meses revolviendo cielo y tierra hasta que le consiguió a Mike ese puesto de inspector municipal de la construcción. No fue nada fácil conseguirlo, dada la reputación de Mike, a pesar de lo popular e influyente que era mi padre". Fue en el desempeño de ese trabajo donde Mike encontró la muerte y parece ser que no fue tan accidental, y aunque Lou ya lo sospechaba, algo ahora le hace pensar en la venganza. 
Portada del cómic basado
en esta novela
La oportunidad para ello se la dará Joyce Lakeland, una hermosa mujer que vive a las afueras y que ejerce la prostitución. Además de ser amante de Lou, tiene enamorado a Elmer Conway, hijo del que Lou considera responsable de la muerte de Mike, Chester Conway. Lou empezará a planear su venganza y no dejará que nada ni nadie se interponga en su camino.
Lo que Lou no sabe es que , aunque él así lo crea, no toda la ciudad está convencida de su educación, amabilidad y honradez y hay algunos que ya le tienen bastante calado.
La novela está perfectamente ambientada en una de esas ciudades que tuvieron su florecer con el boom del petróleo y sufrieron después el fin del mismo, quedando para siempre arrasadas y desprovistas, además, del recurso que las había hecho prósperas. "En otro tiempo eran ranchos o casas solariegas, pero habían sido invadidas por los pozos de petróleo, a veces hasta el mismo umbral, y ahora todos los aledaños eran una cloaca de petróleo, agua sulfurosa, y barro recocido por el sol. Los pastos se secaban. Los arroyos y las fuentes desaparecían. Y luego se acabó a su vez el petróleo, y las casas permanecieron, ennegrecidas y abandonadas, perdidas y solitarias entre una maraña de girasoles, salvias y hierbas de toda especie"
Maravillosa y certera descripción.

Jim Thompson
Me ha recordado este personaje a Dexter, el forense asesino de la famosa y genial serie de televisión. Ambos tienen un padre consciente de sus problemas, a ambos su padre intenta canalizarles la psicopatía hacia otras actividades que no supongan atentar contra vidas humanas, y ambos fracasan. Pero mientras Dexter mata para que se haga justicia y evitar males mayores, Lou Ford lo hace por venganza y en su propio interés. Hasta entre los psicópatas hay clases, y si Dexter es un personaje que llega a hacerse entrañable y al que queremos que nada le suceda, Lou llega a darnos mucho miedo y a causarnos cierto rechazo, porque al contrario que Dexter carece por completo de una moral y unas intenciones que seamos capaces de comprender y aceptar. Al menos, hasta el final de la novela, que termina con estos maravillosos párrafos. 
"Sí, creo que eso es todo, a no ser que la gente como nosotros tenga otra oportunidad en el otro mundo. Nosotros, la gente como nosotros.
Todos nosotros, que debutamos en la vida con una tara irremediable, que deseábamos tanto y habíamos obtenido tan poco, que con tan buenas intenciones acabamos tan mal… Todos nosotros: Yo y Joyce Lakeland, Johnnie Pappas y Bob Maples, el bueno de Elmer Conway y la pequeña Amy Stanton. Todos nosotros".
Jim Thompson fue un escritor que tardó en ser reconocido. Hoy es considerado, junto a Chandler y Hammett, la tercera figura más importante en lo que a género negro se refiere en Estados Unidos. Pero no siempre fue así. Cuando murió, con 71 años, le había pedido a su mujer que guardara sus obras manuscritas porque en algún momento, antes de diez años, valdrían mucho dinero. No se equivocó.
Esta, junto a "1280 almas", está considerada de lo mejor de su obra. Existen al menos dos versiones cinematográficas de la novela. Una de 1976, dirigida por Burt Kennedy, y la más reciente, "El demonio bajo la piel", de 2010, dirigida por Michael Winterbottom y protagonizada por Casey Affleck. Intentaré ver alguna próximamente.

Esta novela entra en el III reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1980. "El asesino dentro de mí" está publicada en 1952.

Esta novela entra también en el I reto "Cabalgando entre clasicospor estar publicada antes de 1970. 

Título del libro: El asesino dentro de mí
Autor: Jim Thompson
Título original: The killer inside me
Traducción: Galvarino Plaza
Editorial: RBA
Año de publicación: 2010
Año de publicación original: 1952
Nº de páginas: 227

lunes, 4 de febrero de 2019

"Reina roja" Juan Gómez-Jurado.

Esta es otra novela que viene recomendada por el entusiasmo general que provoca en las redes sociales. Pues a pesar de todo, no me ha llegado a convencer.
Entiendo el por qué de su éxito porque tiene cosas buenas, pero no puedo obviar las malas que también las tiene.
Tiene una trama original que nos lleva a toparnos con una serie de asesinatos, secuestros y peticiones de rescate que se pueden considerar novedosos; tiene un personaje, Antonia Scott, cuya extraordinaria inteligencia la lleva a ser seleccionada por un grupo de gente muy especial, que pretende resolver ciertos casos criminales de una forma más especial aún. "Antonia Scott sólo se permite pensar en el suicidio tres minutos al día. Para otras personas, tres minutos pueden ser un período minúsculo de tiempo. No para Antonia. [...] La mente de Antonia Scott es más bien como una jungla, una jungla llena de monos que saltan a toda velocidad de liana en liana llevando cosas. Muchos monos y muchas cosas, cruzándose en el aire y enseñándose los colmillos.".
Tiene otro personaje, Jon Gutiérrez, expedientado por pensar que con tal de castigar a un culpable cualquier método puede ser válido. "Jon no está tan gordo como para que su jefe le regañe, y el comisario tiene mejores motivos por los que echarle la bronca, además. Para echarle la bronca y para echarle del cuerpo. De hecho, Jon está suspendido de empleo y sueldo, oficialmente".
Ambos personajes serán sacados de su realidad atormentada, más o menos convencidos, más o menos presionados, para resolver un caso que afecta a las más altas esferas de la sociedad de consumo: la directora del banco más prestigioso del país (que recuerda mucho a Ana Patricia Botín) y el empresario estrella de la industria textil, uno de los hombres más ricos del mundo (que no puede dejar de traer a nuestra mente a Amancio Ortega). 

Ilustración de Fran Ferriz para "Reina roja"
La novela está bien escrita y tiene un montón de frases muy buenas, lo que, junto a lo entretenida que es, ayuda mucho a que se lea con suma facilidad. Las ilustraciones, de Fran Ferriz, sencillas y en blanco y negro, son hermosas e inquietantes. Y debo decir que mi trabajo me ha costado averiguar la autoría, porque en ningún lugar del libro aparece mención ni de las imágenes ni de su autor.
Sí aparece en los agradecimientos Joaquín Sabina, de cuyas canciones el autor entremezcla frases a lo largo de toda la novela. Conozco la obra de Sabina creo que en su totalidad por lo que no es probable que se me haya escapado ninguna de las citas. "Casi todos se miran al espejo por las mañanas, sin reconocer la cara que les devuelve el reflejo y se preguntan quién les ha robado el mes de abril, cómo ha podido sucederles a ellos"Siempre es un aliciente añadido encontrar por ahí diseminados los versos del cantautor. 

Juan Gómez-Jurado
Hasta aquí la parte buena que, no cabe duda,la tiene. Vamos ahora con los fallos, o lo que para mí constituye los fallos.
Tanto Antonia como Jon son personajes que viven atormentados por episodios de su pasado más o menos reciente. Y ya me voy cansando de protagonistas de series policíacas que viven en el infierno de sus culpas y desgracias personales, familiares o profesionales. Se han puesto de moda estos personajes a modo de anti héroes y, si al principio resultaban conmovedores y originales, terminan resultando un tostón, y una añora a los detectives guapos, honrados y con éxito profesional y sentimental. 
He dicho ya que la novela está bien escrita, pero de repente, entre acierto y acierto sintáctico, surge el fallo que chirría, el que me pone los ojos atravesados y hasta el oído siento que se me queja: una serie de leísmos que, desde mi punto de vista, son imperdonables en un autor que tiene tal cantidad de obra escrita y publicada. 
Y ya, el colmo en un escritor de novela negra que degüella, apuñala y exanguina sin recato a sus personajes ha sido situar la aorta en el cuello. Me ha conmovido hasta las lágrimas, pero de estupefacción. Alguien a quien clavan un objeto punzante en la aorta, intenta quitarse del cuello el objeto extraño. No pongo la cita literal por miedo al destripe. ¿Habrá confundido la aorta con la carótida? Si es así, el error debió subsanarse en la primera corrección, porque no solo es de cultura general conocer las arterias más importantes del cuerpo, es que hay que tener unas mínimas nociones de anatomía cuando se pretende escribir acerca de traumatismos de todo tipo sobre cuerpos humanos.
Y ya, para terminar, aunque el autor nos ruega encarecidamente que no hablemos con nadie del final de la obra, no dice nada de hablar del futuro de la obra, y sí, habrá una segunda parte y a saber cuántas más. No me cabe duda de que tendrán el éxito asegurado

Título del libro: Reina roja
Autor: Juan Gómez-Jurado
Editorial: Ediciones B
Año de publicación: 2018
Año de publicación original: 2018
Nº de páginas: 568

viernes, 1 de febrero de 2019

Febrero 2019


En el hospital del orfanato —la sección niños de St. Cloud’s, en Maine— dos enfermeras eran las encargadas de dar nombre a los nuevos bebés y de verificar que sus pequeños penes cicatrizaran después de la obligada circuncisión. En aquellos tiempos (192-), se circuncidaba a todos los niños nacidos en St. Cloud’s porque durante la primera guerra mundial el médico del orfanato había tenido dificultades, por un motivo u otro, en el tratamiento de soldados no circuncisos. El médico, que también ocupaba el cargo de director de la sección niños, no era un hombre religioso; para él la circuncisión no era tanto un rito como un acto estrictamente clínico que se ejecutaba por razones higiénicas. Se llamaba Wilbur Larch y siempre evocaba en una de las enfermeras —si exceptuamos el aroma a éter que constantemente lo acompañaba— la madera resistente y perdurable de la conífera del mismo nombre. Sin embargo, la enfermera detestaba el ridículo nombre de Wilbur y se horrorizaba ante la estupidez de haber combinado semejante nombre con algo tan sólido como un alerce.

"Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra", de John Irving, es una de las historias más emotivas y hermosas que he leído o visto en cine.
Homer Wells nació en St. Cloud's, un pueblo de Maine, en Nueva Inglaterra, en la costa este de Estados Unidos. Y nació en el orfanato que dirigía Wilbur Larch. No estaba solo el doctor en esa tarea. Le acompañaban "Enfermera Edna (que estaba enamorada [del doctor]) y Enfermera Angela (que no lo estaba)", y lo consideraban tan buena persona que entre ellas, cariñosamente, le llamaban San Larch.
Aunque la huella de Dickens está muy presente en la novela, nada que ver este refugio de niños huérfanos con los que se describen en las obras del escritor inglés.
Wilbur Larch quiere a sus niños, les lee por la noche "Grandes esperanzas" y "David Copperfield" y, cuando se despide de ellos, siempre lo hace con las mismas palabras: ¡Buenas noches, príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra! Y es que para él, sus niños, y sobre todo Homer, son reyes y príncipes por derecho propio y con todos los derechos. "A veinte minutos por noche, al Dr. Larch le llevó varios meses leer Las grandes esperanzas y más de un año la lectura de David Copperfield, momento en que San Larch anunció a Homer que empezaría otra vez por el principio de Las grandes esperanzas. A excepción de Homer, los huérfanos que habían escuchado la primera versión de Las grandes esperanzas ya no estaban en St. Cloud’s"
No, Homer Wells nunca consiguió ser adoptado por lo que toda su infancia y gran parte de su juventud la pasó en el orfanato escuchando "David Copperfield" y "Las grandes esperanzas", y aprendiendo de Wilbur las técnicas quirúrgicas cuando tuvo edad para ello, porque el doctor, fiel a su máxima de que en cualquier situación hay que ser útil, sin demasiadas preguntas, sin demasiados remilgos, sin plantearse nada más allá que aquello que se debe hacer para ser útil, tiene una actividad secundaria en su institución.
Wilbur no solo acoge en su orfanato a los niños que allí son abandonados, también libera a las madres de sus embarazos no deseados porque cree que es mejor cortar los males de raíz que acumular en su institución niños que nadie quiere y que siempre se sentirán, de alguna manera, rechazados.
Cuando Homer se entere de esta faceta del trabajo de su mentor, tendrá dudas y escrúpulos, y decidirá abandonar el orfanato para descubrir qué hay más allá de aquellos muros vetustos y de las alas protectoras de Wilbur y de las enfermeras.
John Irving siempre trata de huir de lo políticamente correcto y sabe dar a los temas que trata una profundidad que nos hace pensar mucho. No defiende ni condena el aborto, porque el aborto no es algo de lo que se pueda estar a favor, pero tampoco se puede estar en contra, salvo por sectarismos religiosos o ideológicos que a ninguna parte llevan. El aborto solo es algo que en algunas ocasiones, es útil, es práctico, es el mal menor.

Michael Caine como Wilbur Larch
En 1999, Lasse Hallström, llevó esta novela al cine con el título de "Las normas de la casa de la sidra" que es la traducción literal del título original de la novela. El guión lo escribió el propio John Irving y le valió el Oscar al Mejor Guión Adaptado. El otro Oscar de la película fue para Michael Caine como Mejor Actor Secundario por su grandioso papel de Wilbur Larch, un despliegue de bondad y humanidad, sin ñoñerías (nada más lejos de la realidad), que para mí ha pasado a formar parte de lo mejor de toda mi historia del cine.
Cuando vi la película conocía muy poco al autor. Había leído "Una mujer difícil" y "El mundo según Garp", pero me gustó tanto la película, sin saber que estaba basada en una de las obras de John Irving, que cuando lo descubrí, con motivo del Oscar, la compré y ya me hice adicta al autor al que he seguido y del que he leído casi toda su obra.

Tobey Maguire en el papel de Homer Wells


Cualquiera de los dos formatos, novela o película, es de lo más recomendables, por si alguien aún no conoce esta obra, pero como tampoco obliga nadie a elegir, yo me quedo con los dos y los dos recomiendo.
Y así termina "Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra"

Con excepción del éter, Homer Wells sabía que el corazón de Wilbur Larch tenía muy pocos defectos.
Para Enfermera Edna, que estaba enamorada, y para Enfermera Angela, que no lo estaba (pero que en su sabiduría había dado nombre tanto a Homer Wells como a Fuzzy Stone), no había defectos en el corazón del Dr. Stone ni en el del Dr. Larch, que eran —si alguna vez los hubo— príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra.

Las novelas que aparecen en esta sección, "Bienvenido nuevo mes literario", no están recién leídas, pero están leídas. Se trata de novelas con las que quiero comenzar cada mes, Cada entrada comienza con el principio del libro y termina con su final. No pretende ser una reseña, sino el comentario sobre una historia que me marcó lo suficiente como para poder hablar de ella aunque haga ya muchos años que la leí. Por ello, espero que me perdonéis si incurro en algún error.

Título del libro: "Príncipes de Maine. Reyes de Nueva Inglaterra"
Título original: "The cider house rules"
Autor: John Irving
Traducción: Iris Menéndez Sallés
Editorial: Tusquets
Año de publicación: 1985
Año de publicación original: 2000
Nº de páginas: 628
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