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Mostrando las entradas etiquetadas como Guillermo Galván

"El club de las viudas" e In memoriam Guillermo Galván

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—Es una obsesión de Franco […]  La Ley contra la Masonería y el Comunismo se publicó un año después de acabada la guerra, pero hasta entonces no había necesitado una ley para masacrar a unos y otros. Los que escriben hoy esas barbaridades lo hacen para justificar la sed de sangre del tirano. —Ya lo escribían antes de la guerra —puntualiza el policía recordando a su antiguo colega Mauricio Karl—. Los masones son los culpables de todos los males de la patria en el último siglo y pico. No sé si incluyen también sequías e inundaciones, pero el resto es siempre culpa de los masones. Ellos y los judíos son el chivo expiatorio de cada calamidad, según sus tesis. La cuarta y última entrega protagonizada por Carlos Lombardi trata de masones y comunistas, y trata de soldados del bando golpista que se supone que murieron en Belchite, ¿pero realmente murieron todos lo que figuran como tales muertos? Estamos en mayo de 1943 y muchas cosas van cambiando. En España cambia el sesgo político lo ...

Tres eran tres 44

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La entrega cuarenta y cuatro de Tres eran tres nos trae a tres autores españoles que recomiendo sin dudar. Dos de ellos ya son viejos amigos de este blog y de mis lecturas. Empar Fernández viene con  otra novela policíaca protagonizada por Mauricio Tedesco. Guillermo Galván nos ofrece la tercera entrega de su tetralogía sobre Carlos Lombardi, ambientada en 1942 sigue siendo tan interesante como las novelas anteriores de la serie. Mónica de Cristóbal es la autora desconocida que acabo de descubrir. Esta es su primera novela para adultos, aunque ya tiene un buen bagaje en literatura infantil. En esta novela, la tercera en la que participa, el inspector Mauricio Tedesco adquiere un protagonismo que no había tenido en las dos anteriores, Será nuestro secreto y El miedo en el cuerpo .  Estamos en una noche lluviosa en Barcelona. Hay un accidente de tráfico en el que un coche, a toda velocidad, se salta un semáforo y embiste a un taxi. Después abandona el coche de alta gama que co...

"La virgen de los huesos" Guillermo Galván

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Carlos Lombardi estira los brazos para desperezarse con el viento seco que llega de la sierra mientras el coche de línea del que acaba de apearse reanuda su viaje hacia el norte por la carretera de Francia. Las nubes dispersas no contribuyen a eliminar el vigor del verano; hace menos calor que en Madrid, pero, aun así, el inclemente sol de mediodía pica con saña. O de lo que debería ser el sol de mediodía, porque desde que Franco ordenó ajustar la hora oficial a la de Berlín, las señales del cielo no parecen muy de acuerdo con lo que cuentan los relojes. En una fachada de piedra hay un cartel de fondo blanco con el nombre del pueblo, acompañado por un emblema del yugo y las flechas en madera pintada de rojo, como una araña gigantesca que tiene casi la altura del hombre que se recuesta a su lado, junto a un viejo automóvil detenido. Con andares cansinos, el tipo de camisa azul avanza hacia el policía, que recoge del suelo su pequeña maleta y se cuelga la americana del brazo libre para...

"Vísperas de destrucción" y "Tiempo de siega" Guillermo Galván

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—Mira, Carlos, sabes que hice todo lo posible por evitarte represalias, y que declaré a tu favor. —Pues gracias entonces por los doce años que me cayeron por el crimen de pertenecer a una organización legal y leal. Doce putos años. Y todavía debo estar contento de respirar, de no haber formado parte de las sacas. Desde Santa Rita se oían los fusilamientos en el cementerio de Carabanchel con la misma claridad que su esbirro de la puerta escucha ese timbre que tiene sobre la mesa. Supongo que todavía se oyen, una noche sí y otra también. Lombardi se ahorra, por irrelevantes, las torturas, piojos, chinches, sarna y tuberculosis. Y para qué hablar del hambre y el hacinamiento que obliga a los presos a dormir casi en cuclillas y por turnos. Ulloa traga saliva. —Hace un par de meses —argumenta el secretario con ademán conciliador—, te incluí entre los aspirantes a redención de pena cuando se presentó la oportunidad de Cuelgamuros. —Ya la iba redimiendo a costa de mis huesos en las ...