Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Elif Shafak

"Hay ríos en el cielo" Elif Shafak

Imagen
   «Los ríos son puentes líquidos, canales de comunicación entre mundos separados. Unen una orilla con la otra, el pasado con el futuro, la fuente con el delta, a los terrícolas con los seres celestes, lo visible con lo invisible y, por último, a los vivos con los muertos. Transportan al otro mundo las almas de los que se van y, alguna que otra vez, las traen de vuelta. Las corrientes anchas y las pozas de marea albergan los secretos de siglos pretéritos. Las ondas en la superficie del agua son las cicatrices de un río. En sus sombrías profundidades hay heridas que ni siquiera el tiempo puede curar. El acervo popular mesopotámico sabe que el agua es la fuerza determinante de la vida. Los árboles son "agua con raíces", los ríos "agua que fluye", las aves "agua que vuela", las montañas "agua que se eleva"; en cuanto a los humanos, son y siempre serán "agua guerrera", nunca en paz. El agua tiene memoria. A los ríos se les da muy bien rec...

"El fruto del honor" Elif Shafak

Imagen
«M i madre murió dos veces. Me prometí que no permitiría que su historia se olvidara, pero nunca encontré el tiempo, la voluntad o el valor para escribirla. Es decir, hasta hace poco. No creo que jamás llegue a ser una escritora de verdad, y ahora lo tengo asumido. He alcanzado una edad en la que acepto mis limitaciones y mis fracasos. Pero tenía que contar esta historia, aunque solo fuera a una persona. Tenía que enviarla a un rincón del universo donde pudiera flotar libremente, lejos de nosotros. Se la debía a mamá, esa libertad. Y tenía que terminarla este año. Antes de que él saliera de la cárcel ». Así empieza este libro. Este primer capítulo nos lo cuenta Esma, la hija de esa madre que murió dos veces, y que espera a que su asesino salga de la cárcel. De hecho se está preparando para ir a recogerlo y está preparando su postre favorito,  halva  de sésamo. Y se pregunta cuándo estará preparada para contarles la verdad a sus hijas gemelas de siete años. Y, tras dejarlas en...

"La bastarda de Estambul" Elif Shafak

Imagen
Últimamente había decidido eliminar de su vocabulario ciertas palabras, y ahora que recordaba aquella decisión, ¿por qué no empezar por la palabra «vergüenza»? Aun así no tuvo la sangre fría de pronunciar en voz alta lo que a esas alturas sabían ya todas las presentes: que no había marido que pudiera dar consentimiento a aquel aborto. El feto no tenía padre. En lugar de un BA-BA, un padre, lo que había era NADA. Por suerte para Zeliha, el hecho de no tener marido resultó ser una ventaja en lo que a las formalidades se refiere. Por lo visto, no necesitaba la aprobación escrita de nadie. Las normas burocráticas ponían menos empeño en rescatar a los niños nacidos fuera del matrimonio que a los de parejas casadas. En Estambul, un niño sin padre no era más que otro bastardo, y un bastardo no era más que otro diente podrido en las fauces de la ciudad, listo para caerse en cualquier momento. Y por suerte para Asya, su madre se arrepintió en el último momento. Así llegó ella al mundo, una...

"La isla del árbol perdido" Elif Shafak

Imagen
No es mi intención menospreciar a una colega, pero ¿qué posibilidades tiene una manzana desabrida al lado de un exquisito higo que aun hoy, eones después del pecado original, sabe al paraíso perdido?  Con todo el respeto debido a los creyentes, no tiene ningún sentido asumir que el primer hombre y la primera mujer se viesen tentados al pecado por comerse una sencilla y familiar manzana y que, al verse desnudos, temblorosos y mortificados y a pesar de temer que Dios los pillara en cualquier momento, se diesen sin embargo un paseo por el jardín encantado hasta que se toparon con una higuera y decidieron cubrirse con sus hojas. Es una historia interesante, pero algo no cuadra en ella y sé lo que es: ¡yo! Porque desde el principio fui yo el árbol del bien y del mal, de la luz y de la oscuridad, de la vida y la muerte, del amor y el desamor. ¡¡Cómo comprendo a la higuera!! Yo no soy creyente, aunque me encanta el mito de la mujer que desafía a todo un dios para comer un fruto prohibid...