Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

viernes, 28 de septiembre de 2018

"No te sientes de espaldas a la puerta" David Verdejo

Imagen para la reseña en la revista MoonMagazine

Esta reseña es mi última contribución a la Revista MoonMagazine.
"No te sientes de espaldas a la puerta" es la segunda novela larga que tiene como protagonista al agente del Departamento de la Policía de Nueva York, Lee Johnson. Aunque eso es un decir porque este Lee Johnson no es el Lee Johnson que protagonizó la primera novela de la serie, "Alma de cobre". 
En "No te sientes de espaldas a la puerta" retrocedemos más de treinta años en el tiempo para situarnos en el difícil Manhattan de los años setenta. 
Si quieres saber todo lo que no se explicó en "Alma de cobre" deberás leer ""No te sientes de espaldas a la puerta", y si quieres saber un poco más  acerca de esta segunda-primera novela de la serie de Lee Johnson lee la reseña completa en la Revista MoonMagazine:



Otras reseñas de novelas de David Verdejo:

Y si queréis leer relatos cortos con este peculiar policía como protagonista, los mismos que me engancharon a mí y me enamoraron del personaje, os dejo los enlaces a los artículos de MoonMagazine donde aparecen:


martes, 25 de septiembre de 2018

"La señora Osmond" John Banville


Este verano, me llamó la atención la sinopsis de "La señora Osmond" leída en una librería mientras hacía tiempo para un encuentro al que llegaba demasiado pronto. 
A pesar de que "El mar", del mismo autor, no había terminado de convencerme (lo prefiero en su faceta de Benjamin Black escribiendo novela negra), no pude resistir la tentación y me llevé el libro. Eso de que la novela tiene "«Retrato de una dama» de Henry James como telón de fondo" me atrajo poderosamente pues Henry James me gusta mucho.
Al final de la novela vuelve a haber numerosas referencias a la novela de Henry James. No sabía yo hasta qué punto Banville se ha inspirado en ella. Aunque no tardé en descubrirlo porque, como no podía ser de otra manera, al terminar el libro de Banville, me he visto arrastrada sin remedio a empezar el de James con el que estoy en estos momentos.


"La señora Osmond" John Banville.
El primo Ralph Touchett acaba de morir en Gardencourt, su casa de Inglaterra, e Isabel  Osmond, ha abandonado su vida familiar en Italia para acudir a su lado y compartir sus últimos días de vida. Tras el entierro viaja a Londres para visitar a algunas amigas y ocuparse de asuntos financieros. 
"La ecuación que se le pedía resolver no era ni más ni menos que encontrar la forma apropiada de llorar el fallecimiento del joven". Aunque, pensándolo bien no sabe si tiene mucho sentido llorar por alguien que vivió toda su vida en brazos de la enfermedad hasta el punto de llegar a dudarse de que lo que ha tenido haya sido en realidad una vida. O tal vez su vida haya sido vicaria y se haya realizado a través de Isabel, pero en ese caso, tal vida no es más que un fracaso. Él esperaba que Isabel paseara por toda Europa su libertad, la que le imponía su carácter y la que le permitía la herencia de su tío, el padre de Ralph. "Lo que él no podría haber esperado, lo que no habría creído posible en alguien tan equilibrado como ella, era la gigantesca y catastrófica caída desde las etéreas alturas que había precipitado su boda con la persona totalmente equivocada"
La herencia que Ralph quiso que su padre le dejara a Isabel, renunciando a una buena parte de la suya propia, finalmente se acabó convirtiendo en un arma de doble filo. Pudo darle la libertad... si no la hubiera convertido en una presa codiciable para los cazadores de fortunas. Eso es lo que, al parecer, terminó en su ahora desgraciado matrimonio con Gilber Osmond. 
Isabel Archer es una joven norteamericana que terminó en Europa cuando, al morir su padre, fue invitada por su tía, la señora Touchett a visitar el viejo continente donde ella y su marido se habían instalado hacía ya muchos años. 
Ahora ha pasado mucho tiempo desde que llegó y ella misma se ha instalado en Italia tras su matrimonio, pero algo ha sucedido, que se nos insinúa desde el principio, y que hace peligrar la estable vida de Isabel
A pesar del tiempo pasado desde que Isabel abandonó América, no faltan sus pensamientos y reflexiones acerca de las distintas costumbres, formas de vida y caracteres de las personas entre ambos mundos. "Los dos eran norteamericanos, pero desde la infancia él había vivido entre los esplendores de la vieja Europa, mientras ella seguía atascada en Albany, como un plato de cerámica en el lanzaplatos, esperando el momento en que la lanzaran para alzarse gloriosamente entre el azul del cielo. Y se había alzado, hasta que oyó el estampido de las escopetas"

John Banville
Empiezo a entender lo que quería decir eso de "Henry James como telón de fondo". El estilo, el ambiente, las reflexiones sobre todo, esos largos análisis de lo que piensan o sienten los personajes, lo encuentro reflejado con gran maestría en la escritura de Banville. Nos encontramos con una novela de corte decimonónico escrita en 2018. Largos párrafos, descripciones minuciosas, profundos razonamientos que desmenuzan comportamientos y formas de ver la vida hasta lo más recóndito de la mente humana. John Banville ha sabido meterse en la literatura del siglo XIX y hacerla suya con gran naturalidad y un dominio total. 
Aunque... por momentos pierdo el hilo, me cuesta concentrarme, lo consigo de nuevo ante una frase brillante, un pensamiento inteligente, o un diálogo chispeante. Su forma es precisa, pero su contenido un tanto brumoso. Tal vez soy yo que no estoy en mi mejor momento, puede que me haya pillado distraída con dificultad para cocentrarme.
No voy a ocultar que hay momentos en que estoy a punto de abandonar. Me pone nerviosa el afán del escritor por alargar la intriga hasta más allá de lo razonable. Se insinúa que algo ha sucedido en el matrimonio de Isabel con Gilbert Osmond, pero cada vez que se va a hablar del asunto, se pospone para más adelante, o se nos oculta la conversación que tiene lugar a espaldas del lector ansioso por enterarse. 
Se van sucediendo los encuentros y las conversaciones: con Henrietta Stackpole, americana como ella, que vino a Europa como periodista, ahora está a punto de casarse a su vez con un inglés y nunca estuvo de acuerdo con el matrimonio de su amiga; La señorita Florence Janeway, "una persona de panfletos, polémicas, desfiles y protestas: en una palabra, un miembro de esa especie, todavía rara en la época, conocida como la Nueva Mujer"
Continuamente se apunta a ese grave suceso que ha tenido lugar entre Isabel y su marido, pero no se termina de concretar. Tengo que avanzar mucho en la lectura para enterarme y entonces, tal vez por tanta demora, me parece que tampoco es para tanto. Termino la novela y la historia se me queda un poco desdibujada. Muy bien escrita, una cuidada y bastante lograda vuelta a la literatura del siglo XIX y a Henry James, pero sobre todo en la forma; el contenido me parece flojo y la historia un poco insustancial. 
Como no conocía "Retrato de una dama", solo a mi ignorancia  se debió el que no reconociera nada de lo que John Banville nos cuenta en "La señora Osmond". Ahora ya sé que esta última obra es ni más ni menos que la continuación de la famosa novela de Henry James. 
La señora Osmond no es otra que Isabel Archer, e Isabel Archer, como cualquiera que haya leído la novela sabe, es la heroína (así la llama Henry James en numerosas ocasiones) de "Retrato de una dama".
Entonces me empiezan a surgir las dudas: ¿cuánto de lo que se insinúa en la secuela, había sido ya contado por Henry James? ¿Hasta dónde presupone John Banville que conocemos la historia de Isabel? ¿Piensa John Banville que todo el mundo ha leído "Retrato de una dama"? ¿Cuál es la necesidad de hacer la continuación de una novela clásica? ¿No supone todo un destripe de la trama para los que no hemos leído la obra de James?
Como digo al principio de la entrada, fue entrarme todas esas dudas y comenzar acto seguido a leer la obra de Henry James. Con ella estoy en estos momentos. Cuando la termine, volveré sobre ambas.


sábado, 22 de septiembre de 2018

"Irreal como la vida misma" Josep María Panadés

"Irreal como la vida misma" es un libro de relatos; concretamente de cincuenta y cinco relatos. Cualquiera que se haya acercado un poco por este blog sabe que el relato no es mi género favorito, pero estos venían con un aval importante: su autor es Josep María Panadès, el administrador del blog "Retales de una vida", donde a base de esos retales que son las historias cortas nos va confeccionando una realidad paralela, a veces más creíble que la propia realidad, a veces tan fantástica que nos obliga a creer en algo más de lo estrictamente razonable, pero siempre desafiando a la imaginación, con unas tramas interesantes que van envolviéndonos e inevitablemente nos van enganchando en las redes de sus personajes y sus peripecias.
Pensé ir leyendo los relatos a ratos sueltos, dos o tres al día, intercalándolos con otras lecturas. Pero al terminar uno, me veía lanzada en pos del siguiente y el caso es que, salvo por un parón de unos días en que he estado liada con familiares y trabajo, la mayor parte de los cincuenta y cinco relatos han caído en cuatro días.
Lo común a todos estos relatos es una característica que me gusta mucho: están siempre rozando el límite que separa lo verosímil de lo decididamente fantástico, y si finalmente se cruza ese límite (no siempre se hace) nos cuesta darnos cuenta de que se ha sobrepasado. Tanta es la naturalidad con la que se hace el tránsito. No voy a decir que todo lo que cuentan tenga cabida en este mundo tal y como lo conocemos, pero ¿y si lo que conocemos no es todo lo que hay? 
"Si la ficción imita o parodia la realidad, no es menos cierto que quien escribe intenta, a veces en vano, superarla" dice Josep María en el prefacio a estos relatos. El tema de la verosimilitud en literatura es algo de lo que ya he hablado en este blog. Siempre he dicho que la vida nos ofrece escenas realmente increíbles, escenas que en una novela tacharíamos de exageradas e inverosímiles. Siempre he dicho que la vida no tiene críticos a los que enfrentarse ni lectores que la juzguen con más o menos severidad. La vida no tiene que demostrar nada; se puede permitir lujos en los que un escritor no puede prodigarse. A la literatura, al contrario que a la vida, se le exige ser verosímil. Salvo en ciertos géneros.
En este libro nos vamos a encontrar relatos decididamente fantásticos. Fantasmas que revisitan su anterior vida o vienen a conversar con sus seres queridos; seres sobrenaturales que se nos aparecen en lo profundo de un bosque; tecnología con sentimientos; un túnel menos inocente de lo que parece... pero también hay historias pegadas a lo más cruel de esta vida: maltrato, egoísmo, culpa, amor, celos, venganza, odio...
La rutina que entontece y aniquila también se nos cuenta en alguno de los relatos "Rodolfo se sienta, cansado ya a las ocho de la mañana, después de más una hora de trayecto, en el cubículo que conforma su reducido espacio de trabajo, en una esquina de la planta de administración, dentro de ese edificio siniestro de aspecto vetusto, construido dos siglos atrás". Aunque sea una rutina con sorpresa.
Abundan los relatos con una trama negra o policíaca: asesinos en serie, espías, mafiosos, asesinatos por celos o por ambición. 
Los hay tiernos como el niño que descubre una amiga muy especial esperándole a la puerta de su casa o el payaso al que los años y la vejez le han ganado la carrera de la vida y la alegría.

Josep María Panadès
Y muchos más, con temas y matices cuya calificación se me escapa porque es muy difícil poner etiquetas a estos relatos, muchos de ellos si no todos, salidos como dice su autor de la vida misma porque "La observación de gentes, hechos y lugares es un inagotable caudal de ideas. Solo es cuestión de saberlas hilvanar y convertirlas en historias amenas y bien escritas, otra de las dificultades para quien se atreve a dar este paso". No sé si para él ese "bien escritas" ha sido una dificultad, pero si lo ha sido la ha superado con notable éxito. Una de las cosas que nos mantiene pegados a la lectura de "Irreal como la vida misma" es una prosa ágil, una escritura sencilla y ligera a la vez que muy precisa; de esas que parece que salen solas, sin esfuerzo, pero que en realidad precisan de toda una labor de depuración y limpieza; todo un trabajo de eliminación de elementos sobrantes y de lastre innecesario hasta quedar lista para que la degustemos, nosotros sí, sin esfuerzo.
Josep María ha contribuido con este libro a que mi rechazo por el relato haya quedado un poco más desdibujado y sin consistencia.


miércoles, 19 de septiembre de 2018

"Dios no vive en la Habana" Yasmina Khadra

Cualquiera que siga mi blog sabe que Yasmina Khadra es uno de los escritores que se repiten en él. En sus libros, los lugares de ambientación, la temática e incluso el género, varían bastante, pero todos suelen tener cosas en común: terrorismo, países árabes, gobernantes corruptos, fundamentalismo religioso... Esta novela se sale de todo eso y nos traslada a la Cuba de los últimos años de Fidel, la Cuba de las privatizaciones, la que está saliendo de lo que comenzó como un sueño y que, por obra de propios o extraños, terminó por convertirse en una pesadilla. Eso sí, una pesadilla caribeña, con sol, arroz con fréjoles negros y sones de mambo, charanga y bachata. Un país en el que una vez hubo una revolución que quería justicia para todos y terminar con la opresión y la pobreza; pero un país que merece para el protagonista de esta historia la comparación con el tranvía verde que lleva años "inmovilizado por una avería, como ilustración de lo que son las ideologías. Un bromista lo bautizó «La Revolución». Su impertinencia le costó una larga estancia en prisión".
Cuba empieza a despertar sin saber, tal vez, que lo que le depara la vigilia puede ser peor que los peores sueños. 
Juan del Monte Jonava es un cantante que cada noche actúa en el Buena Vista Café, un local que ha vivido sus distintas épocas a la par que toda la isla. Primero fue el Buena Vista Palace en el que se solazaban los "derrochadores de Cicinnnati"; los que brindaban con Batista, se repartían con él las ganancias de sus negocios y tenían al país como su salón de baile, su prostíbulo particular y el casino donde invertir sus ganancias sin la correspondiente contribución al erario público al norte del Golfo. Con la Revolución, el Bella Vista se vio rebajado a la categoría de café proletario, con su arquitectura tan deslumbrante como decadente y un público, sobre todo de turistas maduros, que acude cada noche para aplaudir a Juan, apodado Don Fuego por su habilidad para incendiar el ánimo y las pasiones en aquellos cabarets en los que actúa.
Ahora el Bella Vista está a punto de conocer otra etapa que puede que vuelva a parecerse a la primera. Ha sido comprado por una señora de Miami. Las nuevas privatizaciones que se van produciendo en la isla han alcanzado también al Bella Vista y todos sus empleados se van a quedar sin trabajo. Cuando Juan recibe la noticia, justo el último día antes de que el café cierre para empezar las obras de restauración, siente que le roban el futuro y hasta el pasado. 
"- El Buena Vista es un bien estatal, es patrimonio nacional...
- Todos pertenecemos al Estado, Juan. Nuestras casas, nuestras carreras, nuestras preocupaciones, nuestro dinero, nuestros perros, nuestras esposas y nuestras putas, hasta las cuerdas con las que nos ahorcarán algún día. Y cuando el Estado decide prescindir de nosotros está en su derecho".
Lo que a Juan más le duele e indigna, no es el hecho de quedarse sin el sueldo que el trabajo supone. La idea con la que no puede reconciliarse es la de estar sin actuar, porque si no canta se muere, porque no puede soportar el pensar que el reguetón, una música "escandalosa y degenerada", una música "para comemierdas" suplante la rumba y el son y las melodías que siempre han sido el orgullo de Cuba y de los cubanos y que él interpreta con éxito y mucho arte.

Septeto Santiaguero.
Las ofertas de hoteles y salas de fiestas que Juan pensaba que le lloverían a Don Fuego dado su prestigio no terminan de llegar y los pocos trabajos que le surgen son de telonero o sustituto por una noche. 
La vida personal de Juan tampoco es algo que vaya a consolarle de sus frustraciones artísticas y profesionales. Separado de su mujer, vive en casa de su hermana Serena, una especie de refugio para toda clase de desposeídos donde se hacinan hijos, cuñados, primos e incluso Ricardo, el hijo de dieciocho años de Juan que, aunque casi no se habla con su padre, ha preferido vivir allí antes que con su madre y su hermana, Isabel.
Once personas en total, a las que pronto se sumará Mayensi. ¿Que quién es Mayensi? Pues Mayensi es el sonido y la furia de esta historia; es el amor y la desesperación; es como una ninfa que sale de las aguas para volver a hundirse en ellas y volver a resurgir, y en cada momento despertará o matará las últimas ilusiones de Juan, trayendo y llevando todo un mundo de pasión y esperanza en el brillo de sus ojos verdes. Mayensi es como una fuerza de la naturaleza. En estado salvaje como son las fuerzas de la naturaleza. "No quiero que me besen los pies. Quiero seguir mi camino sin que nadie me persiga, aislarme en alguna parte sin que me molesten, y cuando algo no me interesa, no quiero que me acosen o me insulten, o que me pongan la mano encima"
Juan cae rendido de amor ante Mayensi. Se erige en su protector primero y en su salvador después; en su padre y en su amante. Por ella está dispuesto a todo; con ella descubre que tiene un corazón además de una voz, y que si su voz es capaz de emitir las más bellas notas, su corazón es capaz de latir con "la más bella de las percusiones". Por ella está dispuesto a renunciar incluso a la música.
Y todo ello en una Cuba que va despertando del letargo revolucionario al suave desengaño del aperturismo. Un país en el que las fiestas más glamurosas y espectaculares de lujo y despilfarro, conviven con la mera superviviencia, con una burocracia tan férrea que para entrar en la Habana cualquier cubano de otro lugar necesita un permiso.
Cuba y Juan sueñan su sueño de redención, pero ningún sueño dura más de lo que se tarda en despertar. Cómo despertará Cuba, aún no lo sabemos. Juan despierta para darse cuenta de que "cuanto más bello es el sueño, mas cruel es la farsa, que los deseos más piadosos suelen acabar en abdicación, y que las cosas de la vida, aunque no tengan por qué conllevar una moral, siempre acarrean un lamento".

Yasmina Khadra
Yasmina Khadra se sale de los parámetros a los que nos tiene acostumbrados y construye una novela con ritmo de son, guaracha y salsa; a golpe de caribe y trópico, nos regala una novela sobre la Habana, con el sabor inconfundible del ron y el puerco con arroz blanco; con sus taxis de los años cincuenta remendados con piezas de cualquier cosa sacadas de cualquier sitio; con sus palacios coloniales que se caen en pedazos, descascarillándose de moho y tiempo. 
Un Yasmina Khadra alejado de los ambientes que le conocemos, pero sin alejarse demasiado de lo que realmente es la seña de identidad de sus personajes: el ansia por salir a la superficie por encima de todo, en las situaciones más difíciles, aquellas que se empeñan en mostrase mas aptas para la muerte que para la vida, pero en las que siempre terminamos por encontrar, en medio del caos que tan bien sabe narrar, la más pertinaz (tal vez la más ingenua) de las esperanzas. 
Cuba no es más que un trocito del mundo, como Argelia, como Afganistán, como Palestina, como Israel, como Irak, como Siria. Trocitos de ese mundo en el que, en las palabras rotundas y llenas de sabiduría del autor, "la paz equivale a un paro técnico de las finanzas internacionales; para ellas, las guerras son un espacio vital en el que encuentran la dinámica para seguir alimentándose". Yasmina Khadra es mucho Yasmina Khadra.
Por si a alguien le interesa, dejo aquí los enlaces a las otras tres novelas del autor reseñadas en el blog:
"Los corderos del señor"
"A qué esperan los monos
"La última noche del Rais"



domingo, 16 de septiembre de 2018

"Tarde, mal y nunca" Carlos Zanón

"Una eminencia de una universidad lejana asevera ahora en la pantalla que si nadie te mira no vales nada. Menuda perogrullada. Tienes un saco en la cabeza. No importa qué hagas ni para qué sirvas. Sin ojos que te enfoquen no hay historia. Ni un antes ni un después. No hay regreso a ningún sitio porque nadie recuerda que estuvieras allí"
¿Es cierto que solo existimos a través de lo que los demás perciben de nosotros (en las redes sociales por ejemplo)? ¿O es más cierto que eso es lo que alguien quiere que creamos? Las personas anónimas para todo el mundo, las que no brillan socialmente, las que no reciben likes, ni cuelgan sus fotos, ni publican sus estados de ánimo, ¿carecen de existencia? ¿carecen de historia o es su historia más real y verdadera en tanto que no es susceptible de ser manoseada, tergiversada, malinterpretada por los demás?
No sé por qué decidí empezar esta reseña con esa frase. Tal vez porque me sorprendió mucho cuando la leí y me paré a reflexionar en esas cosas. Tal vez porque así veo a Epi, como un ser anónimo que quiere dejar de serlo, aunque solo sea para su chica, Tiffany, que ya no es su chica y cuya atención tiene que conseguir atraer de nuevo. Tal vez porque es lo que está apareciendo en la pantalla de la tele del bar de Salva cuando Tanveer y Epi entran a poco de amanecer. 
En el bar está Alex, el hermano mayor de Epi y sabe que nada bueno puede salir de que esos dos vuelvan a estar juntos. Alex y Epi son autóctonos, nacidos en el barrio, blancos y catalanes. Ya quedan pocos porque el barrio ya no es lo que era. Tanveer es marroquí, y hay argelinos, paquistaníes, sudamericanos... hay gentes venidas de todas partes... de todas partes donde sobrevivir es un arte al que cada vez cuesta más trabajo dedicarse. 
Todas esas personas de piel más o menos oscura, llegaron de fuera hace un tiempo, cuando casi de manera imperceptible el barrio empezó a cambiar y cada vez había más gente extraña, más gente de tez morena, ojos oscuros y habla más o menos ininteligible; Todas esas personas, casi sin darse uno cuenta, eran cada vez más abundantes, empezaban a ser mayoría allí a donde uno iba, hasta que llenaron el barrio de "músicas extrañas, palabras nuevas y ese desagradable tesón en querer conquistar el nuevo mundo para sí. Y es que, cuando un buen día los aborígenes del barrio que quedaban por aquí pasaron revista, se dieron cuenta de que les habían abandonado a su suerte. Que otros muchos, los listos, con hijos fuera del barrio, habían escapado a las montañas y habían dejado atrás todo aquello que fuera inservible, lento o torpe. Y que en el vecindario sólo quedaban tarados, pobres, yonquis, borrachos y viejos". Y todo ello repartido entre propios y extraños.
Epi ha decidido hacerse visible porque sigue enamorado de Tiffany y porque ya está harto de las barbaridades que cada noche lleva a cabo en compañía de Tanveer que es quien ahora se acuesta con la joven a la que además maltrata. Epi ha decidido recuperar a Tiffany y para ello solo se le ha ocurrido sacar un martillo de la bolsa de deporte con la leyenda Moscú 1980 y destrozarle la cabeza al marroquí en el bar de Salva, delante de su hermano Alex, mientras un paquistaní se alivia en el baño y en la tele "una eminencia de una universidad lejana asevera ahora en la pantalla que si nadie te mira no vales nada"
A partir de ese momento, toda la novela transcurre en un día. El que utiliza Epi para ponerse en contacto con Tiffany y tratar de convencerla de que están hechos el uno para el otro y además la ha librado de la mala bestia de Tanveer; el que necesitan Alex y Allaoui, el barbero argelino del barrio, para encontrar a Epi y tratar de sacarle del atolladero en el que se ha metido y del que no sabemos muy bien si quiere salir. 
Alex ha tenido que sobrepasar la dosis de su medicación para la esquizofrenia porque los mossos le van detrás y no puede permitirse el lujo de esas visiones y esas voces que le sorprenden y que tan veraces parecen aunque él sabe que son producto de su mente enferma. Alex se ha puesto de acuerdo con Salva para señalar a otro culpable y dejar a Epi libre. No importa la mentira, lo que importa es obedecer lo que su madre siempre le pedía: cuida de tu hermano. No importa si la mentira le ayuda a cumplir la promesa hecha a su madre. Además, de qué sirve la verdad, "una vez llegas a la verdad, ¿qué se puede hacer con ella? No sirve para borrar ni esconder lo que ha pasado y tampoco para edificar nada firme encima"
Alex y Epi conocieron tiempos mejores, antes de los abandonos, mucho antes de las muertes y del derrumbe de las vidas que suele suceder a la infancia alegre e inocente de pura inconsciencia; cuando eran una familia normal y los niños iban con el padre a cambiar cromos en el Mercat de Sant Antoni y la madre, joven y hermosa, iba a buscarles al colegio y los sábados por la noche veían películas los cuatro juntos en la tele. Pero luego vino la deserción del padre y las drogas y la esquizofrenia y la muerte de la madre... 

Carlos Zanón
"Tarde, mal y nunca" es como una broma macabra, como la broma macabra en que se puede convertir cualquier vida. Como esa broma macabra que te deja, como dice el gran Serrat, "chupando un palo sentado sobre una calabaza".
Los personajes de esta historia terminan burlados por el destino y Epi no conseguirá salir del anonimato, no al menos como se lo había imaginado, no por el tiempo suficiente para conseguir sus objetivos. Epi es de esas personas a las que la suerte no les sonríe ni cuando se empeña en salvarlos de ellos mismos.
"Tarde, mal y nunca" consiguió el Premio Brigada 21 a la Mejor Primera Novela Negra 2010. Me gusta mucho Carlos Zanón como novelista (lo digo porque también es poeta, aunque en esa faceta no lo conozco). Sus novelas han sido para mí todo un descubrimiento y una muestra de lo mucho y muy bueno que se está haciendo en España en el género negro. De todas las que he leído esta es la primera que escribió y ya tiene una calidad que hacía suponer lo que iba a venir después. 
Por si a alguien le interesa leer mis reseñas a las otras novelas del autor, aquí  dejo los enlace. Pero lo que sobre todo recomiendo es leer los libros del propio Carlos Zanón.
"Yo fui Johnny Thunders"
"Marley estaba muerto"
"Taxi"

jueves, 13 de septiembre de 2018

"Duelo" Eduardo Halfon

"Se llamaba Salomón. Murió cuando tenía cinco años, ahogado en el lago de Amatitlán. Así me decían de niño, en Guatemala. Que el hermano mayor de mi padre, el hijo primogénito de mis abuelos, el que hubiese sido mi tío Salomón, había muerto ahogado en el lago de Amatitlán, en un accidente, cuando tenía mi misma edad, y que jamás habían encontrado su cuerpo. [...] yo no podía ver ese lago sin imaginarme que de pronto aparecía el cuerpo sin vida del niño Salomón".
"Duelo" es una preciosa novela que indaga en el pasado del autor, de sus ancestros y de alguna que otra ficción con la que creo que se mezcla la realidad. Aunque a lo mejor estoy equivocada y todo es escrupulosamente cierto.
Tras la muerte del tío Salomón de niño, muerto antes incluso de que el padre del autor hubiera nacido, Eduardo Halfon (¿o Hofmann?) nos irá haciendo partícipes de su propia búsqueda, a lo largo de la infancia, de todos los rastros y documentos que va encontrando acerca del suceso. Y así, algo tan claro como un niño que se ahoga en un lago en Guatemala, se irá mostrando cada vez más enigmático a medida que el narrador va sabiendo más, y en lugar de aclarar las dudas que pudiera tener, con cada nuevo conocimiento nuevas dudas van surgiendo haciéndole pensar que no todo es cómo el lo había creído.
Acompañaremos al autor/narrador en su infancia en una Guatemala herida casi de muerte por el terrorismo y la guerra civil y la oligarquía; "Yo no terminaba de entender eso de la situación política del país, pese a estar ya acostumbrado a dormirme con el sonido de bombas y tiroteos en las noches; y pese a los escombros que había visto con un amigo en el terreno detrás de la casa de mis abuelos, escombros de lo que había sido la embajada de España, me explicó mi amigo, al ser ésta incendiada con fósforo blanco por las fuerzas del gobierno, matando a treinta y siete funcionarios y campesinos que estaban dentro.

Titular del periódico "Prensa Libre" el 1-2-1980

Es esa situación de inseguridad política y social lo que hará que en 1981, a punto de cumplir diez años, el narrador se traslade a Estados Unidos con sus padres y su hermano, concretamente a Florida.
En Estados Unidos, le seguirán llegando datos de aquel posible tío que nunca llegó a serlo y que se llamaba Salomón. Fotos, comentarios, palabras cazadas al vuelo, como cazan los niños las palabras; mientras juegan al doble juego de jugar y hacerse los despistados, mientras los mayores se confían y se dejan llevar de sus deseos de hablar, más poderosos que la cautela debida a la presencia de oídos inadecuados
Así va recabando informaciones que muchos años después, ya adulto, lo llevarán al presente de la novela, a un viaje al chalet del lago Amatitlán en el que hace ya mucho que no viven sus abuelos, pero en el que tal vez pueda encontrar a don Isidoro, un trabajador de la casa, guardián, jardinero, niñero... un poco empleado para todo y "se me ocurrió que ese chalet habría tenido ya varios dueños, vaya uno a saber cuántos dueños desde que mis abuelos lo habían vendido a finales de los años setenta, pero siempre con don Isidoro ahí para todos, al servicio de todos. Como si don Isidoro, más que un hombre o un empleado, fuese un mueble del chalet, incluido en el precio". Tal vez don Isidoro, que solía salir en barca por el lago con el autor y su hermano, pueda aclarar algo del niño Salomón y su muerte siempre imaginada en el lago.
Las poco más de cien páginas de la novela irán alternando esa vuelta a los paisajes de la infancia del narrador en una búsqueda imposible, con las historias de su pasado y las de sus abuelos y hasta bisabuelos. Así sabremos cómo su padre le explicó que sus dos abuelos (del padre) se habían llamado Salomón. De ahí el nombre de ese hermano primogénito nacido y muerto antes que el propio padre. "Me explicó por encima del periódico que su abuelo paterno, de Beirut, se había llamado Salomón, y que su abuelo materno, de Alepo, también se había llamado Salomón".
El abuelo paterno del narrador, sin embargo, no se llama Salomón, sino Eduardo, como el propio autor, aunque le llamen Edouard; reminiscencias de la lengua francesa que la familia había aprendido en Beirut de donde procedían y donde vivieron hasta 1919, cuando el abuelo emigró con dieciséis años, su madre y sus hermanos.
También de origen judío es la familia materna, pero en este caso de Polonia, concretamente de  Łódź. Su abuelo era un superviviente del genocidio nazi y "al llegar a Guatemala en 1946, cuando tenía apenas veinticinco años, después de la guerra, después de ser prisionero en distintos campos de concentración, mi abuelo polaco había perdido ya todos sus dientes". De su paso por Auschwitz le había quedado un número grabado en su antebrazo izquierdo que él contaba a sus nietos que era el número de teléfono que se había hecho tatuar para no olvidarlo. Tras las huellas de su abuelo polaco también nos llevará el autor por varios escenarios europeos que él mismo hubiera preferido no visitar.
Y tras las huellas de Salomón, el niño muerto, nos iremos adentrando en las sospechas, la culpa, el remordimiento, la curiosidad (a cada uno lo suyo le sugiere el episodio); en ese duelo que parece que no ha abandonado a la familia desde la muerte pretérita de un niño cuyo nombre duele tanto que nadie más en la familia ha vuelto a llevarlo. Y tras las huellas de Salomón, seguiremos al autor en una vuelta a pesar de sí mismo a los fantasmas de la infancia, en un capítulo final lleno de poesía y belleza, medio real, medio soñado, pero que le reconcilia con los recuerdos y da sentido al rezo secreto de tanto baño. "Mi hermano y yo hasta nos habíamos inventado un rezo secreto que susurrábamos en el muelle —y que aún recuerdo— antes de lanzarnos al lago. Como una especie de conjuro. Como para ahuyentar al fantasma del niño Salomón, por si acaso el fantasma del niño Salomón aún estaba nadando por ahí". Un rezo pertinente para aplacar la rabia y la frustración fantasmales de tantos niños ahogados en el lago. Aunque ninguno de ellos se llamara Salomón. 

Eduardo Halfon
"Duelo" y Eduardo Halfon, al que no conocía, han sido todo un descubrimiento que le debo a Kirke del blog "Leer, el remedio del alma". Como ya comenté allí, he aprendido aunque me ha costado, a leer sin preocuparme demasiado por lo que de real o ficticio tienen este tipo de novelas. No voy a negar que tengo curiosidad, pero creo que la labor literaria es una tarea basada en la mentira. Por muy autobiográfico que sea un texto, no es más que lo que el autor recuerda, lo que siente, lo que cree que vivió, lo que está dispuesto a compartir... Que me engañen con ficción o que me engañen con las percepciones subjetivas de la realidad, no tiene para mí importancia; solo quiero que me engañen con belleza y sentimiento. Me comprometo a creérmelo todo.

lunes, 10 de septiembre de 2018

"Tiene que ser aquí" Maggie O'Farrell

Fue la buena reseña de @latitaquelee para "Abrir un libro", y también, no voy a negarlo, la garantía que Libros El Asteroide me proporciona, lo que hizo que me acercara a esta autora con su última novela, "Tiene que ser aquí". "Una" compleja historia de amor y desamor, que se escapa del género romántico" dice Noemí (la tita que lee) en dicha reseña. Me convence, a medias, que se escape de lo puramente romántico, pero solo a medias. No me gustan las novelas románticas, a no ser que sean muy buenas y vengan precedidas del prestigio de la historia. ¿Es Jane Austen una escritora romántica? ¿Lo son las Brontë? Pues sí, seguro que sí, pero no solo románticas; pero precedidas por el aura de lo clásico y consagrado. Pero ¿quién consagra a Maggie Farrell? Y ahí es donde cobra importancia el papel de la editorial, porque de los muchos libros de Libros El Asteroide que he leído, falta aún el primero del que pueda decir que me ha defraudado. Y conste que no tengo ningún trato con la Editorial, pero lo que es cierto, es cierto y hay que decirlo. Ya me gustaría tener algún acuerdo y que me enviase libros para reseñar (si alguien por ahí tiene influencias que las mueva, porfa), pero puedo asegurar que no es así.
Estamos en 2010. David Sullivan y Claudette Wells viven con sus dos hijos en Donegal, en el corazón de Irlanda. Él es estadounidense de ascendencia irlandesa, ella medio inglesa, medio francesa. Él es profesor de Lingüistica en la Universidad en Belfast. "Enseño a los futuros graduados a diseccionar lo que oyen por ahí, a preguntarse cómo se construyen las oraciones, de qué manera se usan las palabras, y a intentar averiguar por qué es así". Ella es... eso es algo complejo que tendremos que ir averiguando poco a poco.
Ahora los cuatro van hacia el tren que llevará a David a impartir su clase, tras la cual tendrá que ir al aeropuerto para volar a Estados Unidos. Hace unos diez años que no visita su país, pero ahora su padre va a cumplir noventa años y después de unas tomentosas relaciones y mucha distancia teme que si no lo ve una última vez pueda arrepentirse toda una vida. 

Kathleen Mackie  (Cerca de Dufanaghy Condado de Donegal, Irlanda)

Así es que Daniel y Claudette con sus hijos, Marithe y Calvin, dos niños de escasa edad, hacen el viaje desde la casa hasta el tren. Pero antes de llegar a la carretera tienen que recorrer el sendero en el que Cludette se apea para abrir las cancillas, esperar a que pase el coche y volver a cerrarlas. "H
ay doce cancillas entre la casa y la carretera. Doce. Eso significa que tiene que salir del coche doce veces, abrir y cerrar esas malditas cosas y montar otra vez. La carretera está a algo menos de un kilómetro, a vuelo de pájaro, pero se tarda una eternidad en llegar. Y si vas solo, es un esfuerzo ímprobo, y normalmente bajo la lluvia". Y es mientras Claudette está abriendo una de esas cancillas cuando Daniel oye en la radio la noticia que pondrá en marcha toda la historia futura y una de las historias del pasado, de ese pasado que ha llevado todo hasta este presente; una de las muchas historias del pasado de las que nos iremos enterando hasta conseguir que todo encaje.
Porque esta novela, como muchas que he leído últimamente - debe de estar de moda, pero es una moda que me encanta -, salta del pasado al presente y del presente al pasado para contarnos la historia de David y de Claudette; primero cada una por separado y luego, a partir de 2000 en que se conocen, la historia de ambos. Y lo hará por medio de distintos personajes y de distintas situaciones y recursos, incluso por medio del catálogo de una casa de subastas. Así sabremos todo de ambos entre los años 1986 y 2010. Tan solo un capítulo comienza en 1944 y avanza en el tiempo hasta... 
Pero si consideramos que 2010 es el presente, también nos llevará al futuro. Los últimos capítulos van de 2013 a 2016, ahora ya de manera lineal, aunque también con diferentes escenarios y personajes. En ellos veremos lo que sucedió a partir de 2010. Veremos las consecuencias de aquellos hechos de 2010 que, a su vez, fueron consecuencia de los años anteriores y es que  "¡Qué diferente podría haber sido todo, qué minúsculas las causas y qué devastadoras las consecuencias!". Aunque tampoco son minúsculas las causas. Y de nada sirve pensar qué hubiera pasado si... o qué hubiera pasado si no... Todos tenemos esas tentaciones de vez en cuando, pero no son más que una manera de querer dar importancia a los hechos cotidianos y fútiles, casi mezquinos en lo que tienen de exiguos y poco trascendentes; tratar de enmendar la historia pasada, es como jugar con hielo entre las brasas, nos quemaremos y nos quedaremos con las manos vacías. "Hay que buscar lo que tenemos delante, no lo que nos es inalcanzable ni lo que hemos perdido. Hay que agarrarse a lo que tenemos a mano y sujetarlo con fuerza".

Maggie O'Farrell

No conocía de nada a la autora irlandesa nacida en 1972, y sin embargo esta es ya su séptima novela. Me ha gustado, a pesar de algún pequeño fallo que le he notado, nada de importancia: en un determinado momento recurre a una estrategia un tanto facilona para resumir acontecimientos que no se han contado: "le gustaría decirle: «Dejé preñada a una chica del instituto, ¿te enteras? Se nos rompió el condón, mala suerte, una posibilidad entre un millón, puede pasarle a cualquiera, elija usted el cliché que más rabia le dé. La chica era católica, una inglesa de esas pijas, así que no quiso abortar y aquí nos tiene. ¿Quiere sacarnos una foto, o qué?»". Y poco más. Poco fallo para una historia que me ha enganchado desde el principio y que me ha costado despegar de las manos; que está muy bien escrita y tiene recursos originales. 
Indagaré algo más en la autora a ver qué me depara, aunque, y espero equivocarme en este caso, algún otro autor de este estilo ha llegado a cansarme tras tenerme enganchada durante dos o tres novelas. Cuando la temática o el estilo se repiten en exceso, por mucho que guste, termina por resultar repetitivo. En literatura, o se evoluciona, aunque sea alrededor de lo mismo, o se decae hasta perderse en lo banal. Veremos.



viernes, 7 de septiembre de 2018

"Todos nuestros ayeres" Natalia Ginzburg

"El retrato de la madre estaba colgado en el comedor: una señora sentada con sombrero de plumas y una cara larga y cansada con gesto de susto. Siempre había tenido mala salud, le daban mareos y palpitaciones, y cuatro hijos habían sido demasiados para ella. Murió poco después de que naciera Anna".
Por eso Ann a y Giustino van al cementerio algunos domingos. Concettina e Ippolito no, porque si una detesta salir de casa los domingos, el otro tiene que acompañar al padre y ayudarle con sus memorias. Así es que Anna y Giustino van al cementerio acompañados de la señora María, una señora para todo que se trasladó a vivir con ellos cuando murió la madre y antes vivía con la abuela paterna y la acompañaba en sus viajes. 
En el cementerio solo María reza ante la tumba de la madre porque el padre siempre ha dicho que rezar es una estupidez y los niños obedecen al padre que también les ha dicho "que Dios a lo mejor existe pero no hace falta rezarle, es Dios y ya sabe por sí mismo cómo anda todo".
Como vemos, el padre es agnóstico. También es antifascista. Está escribiendo unas memorias desde hace muchos años tituladas "Y nada más que la verdad" donde habla en contra de Mussolini y del rey y siente un gran regocijo al pensar que ambos viven ajenos al hecho de que cerca de Turín, en una pequeña ciudad de Italia, alguien escribe sobre ellos y contra ellos.
Anna descubrió la casa de enfrente y con Anna la descubrieron todos los de la familia. Nunca hubieran pensado que en la casa de enfrente se escondía, haciendo burla tras las cortinas, el destino de algunos de ellos. De Anna, desde luego, pero también de Ippolito y hasta de algún personaje que tardará un tiempo en aparecer, porque pocas cosas en esta novela serían lo que son de no ser por la familia de la casa de enfrente.
El padre no les conoció ni su destino se vio influido por ellos. Su muerte fue la causa de que Anna los descubriera. El padre murió tras meterse en la cama, poco después de haber quemado todos los folios de sus memorias en la chimenea, diciendo que había que reescribirlo todo. "Se metió en la cama y ya no se pudo levantar. Cada vez se ponía un poco peor, se estaba muriendo, y todos lo sabían, él el primero, por supuesto, pero hacía como que no, él que antes de ponerse malo de verdad siempre estaba hablando de la muerte".

Benito Mussolini en su época de esplendor
A partir de entonces, la vida de los hermanos y de la propia María se verá mezclada con la de Emmanuele y su hermano, Giuma, y su medio hermana, Amalia, y mammina y el señor mayor, que era el padre y era muy viejo, y el invitado que no se entendía muy bien quién era, pero tampoco debía de ser invitado porque llevaba zapatillas. Esos son los habitantes de la casa de enfrente.
Aunque estos no son los únicos personajes que influirán en la vida de la familia. También están los novios de Concettina que rondan la casa a todas horas, sobre todo Danilo, y el viejo amigo del padre que manda cartas y chocolatinas, y les invita a visitarle en su castillo, "pero el padre no quería ni oír hablar de Cenzo Rena, porque aunque habían sido muy amigos luego terminaron fatal, y cuando veía llegar los paquetes de chocolatinas, se encogía de hombros y daba un bufido, así que Ippolito tenía que contestar a escondidas a Cenzo Rena para darle las gracias y mandarle noticias de su padre"Cenzo Rena que pronto ganará protagonismo y conseguirá que alguno de ellos, efectivamente, conozca su castillo del sur, pero es un castillo sin torres ni glamour, aunque sea cálido y protector. 
Mientras tanto pasan los veranos en Los Guindos, la finca familiar donde está el perro. Y es que el perro también tiene su papel en el destino de algunos personajes.
Leo que la protagonista es Anna; que todo se ve a través de los ojos de Anna. No me lo parece, o tal vez sí y lo que pasa es que es una protagonista discreta, tanto que a veces ni aparece, tanto que algunos de los sucesos que se narran ocurren lejos de ella, sin su conocimiento. Pero puede que lo que sucede es que Anna, como le dice Cenzo Rena, ha sido siempre un insecto silente y perezoso, un bicho que no conoce el mundo más allá de la hoja a la que ha vivido aferrada con miedo a caerse y quedarse sin apoyo y sustento, pero ahora necesita soltarse y emprender su vida "ella ahora tenía que desprenderse de la hoja, a las hojas se agarraban los insectos con sus ojillos penetrantes y tristes, las patitas inmóviles y su jadeo leve y triste". Era una oruga comiendo de la hoja, pero ahora la metamorfosis la va a convertir en mariposa y deberá alzar el vuelo y soltarse para siempre. Lo que pasa es que la metamorfosis le ha venido muy pronto y, con dieciséis años, aún debería seguir un tiempo más de oruga silenciosa. Y tal vez es por eso por lo que siempre volverá a su silencio de insecto, a no soltar una hoja hasta haberse aferrado a otra.
Pero ese insecto tiene sueños, sueños de revolución, desde que asistió a la quema de periódicos clandestinos "habían detenido a Danilo y la policía no tardaría en acudir a detenerlos a ellos también, así que había mucho material que quemar y cuanto antes se pusieran manos a la obra, mejor. Ippolito había abierto la estufa y empezó a echar dentro periódicos, como había hecho el padre con el libro de memorias". Los sueños de revolución acompañarán a Anna durante toda la novela; una revolución de pegar tiros y escapar por los tejados, una revolución romántica y no la revolución más prosaíca, pero más práctica, que planea Cenzo Rena para después de la guerra "suponiendo que hubiera un después, quién sabe si lo habría, tal vez no".
Cenzo Rena da mejor el papel de protagonista. Tarda en tener peso en la historia, pero cuando lo tiene, ante la mirada de insecto de Anna, irá siendo determinante en la vida de todos. Ay, Cenzo Rena; un personaje sobre el que no supe muy bien qué opinar hasta bien avanzada la novela; nos sorprende, nos mosquea, no sabemos muy bien de qué va, pero cuando lo descubrimos... Dejaré que lo descubra quien se acerque al libro.
Parece que pasaran decenios por todo lo que se vive en esta historia, pero al terminarla nos damos cuenta de que apenas han pasado unos años; los cinco de la guerra y unos pocos antes de ella. Porque en esta novela otro personaje, aunque lejano, es la Guerra. Como dice en su fantástico prólogo Elena Medel, "A Natalia Ginzburg le salió una novela sobre la guerra, aunque sin la guerra. No del todo: una novela sobre aquello que late antes del horror, la sensación de que algo grave nos destrozará, y ese miedo atraviesa su escritura"
La guerra se teme, se malinterpreta cuando llega porque "seguía estando lejos, en Polonia, Italia no se movía"; se sufre cuando por fin aparece en el horizonte más próximo. La Guerra y el fascismo dejan su impronta en la vida de todos y en la muerte de algunos.

Leone y Natalia Ginzburg
La prosa de Natalia Ginzburg es de una sencillez que emociona. Aparentemente, porque es una sencillez llena de matices, de detalles semiocultos que hacen que la novela tenga espacio suficiente para bucear en ella y sumergirse más o menos en sus profundidades. Podemos apenas meter la cabeza y merodear por la superficie, y disfrutaremos mucho; podemos hundirnos y disfrutar y sufrir y compartir sus esperanzas y miedos y sentimientos con los maravillosos personajes que nos describe.
Natalia Ginburg vivió algunas de las cosas que cuenta en "Todos nuestros ayeres". Su padre pertenecía a una familia judía y antifascista. Su primer marido, Leone Ginzburg, también antifascista y de origen judío, estuvo en la cárcel varias veces y  fue desterrado a un pueblo de los Abruzzos al que le siguió Natalia. Finalmente en 1944 murió en Roma tras ser detenido y torturado por la Gestapo.
Y, sin embargo, la historia de "Todos nuestros ayeres" no es la historia de Natalia, o no solo su historia. En "Todos nuestros ayeres" nos podemos encontrar todos porque sus sueños y esperanzas y miedos son de todos y porque ese pasado que determinó el presente de Europa también determinó nuestra vida, así es que retomando las palabras de Elena Medel en el prólogo, que por cierto recomiendo leer después de la novela, "Natalia Ginzburg nos devuelve página a página los gestos de su gente y los años que cambiaron para siempre el destino de Europa: en la mirada de Anna está nuestro pasado".

Esta novela entra además en el II reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990. "Todos nuestros ayeres" está publicada en 1952.

martes, 4 de septiembre de 2018

"Siempre hemos vivido en el castillo" Shirley Jackson.

"Más allá del ayuntamiento, a la izquierda, está Blackwood Road, que conduce a nuestra casa. La Blackwood Road rodea las tierras de los Blackwood y a lo largo de toda la Blackwood Road hay una alambrada que colocó nuestro padre. Poco después de pasar el ayuntamiento, una gran roca negra indica la entrada al sendero donde está la puerta que abro y cierro con llave tras de mí; luego cruzo el bosque y ya estoy en casa.
La gente del pueblo siempre nos ha odiado".
Quien así habla es Mary Katherine Blackwood (Merricat), una joven de dieciocho años. Vive con su hermana Constance (Connie) y su tío Julian porque, desde el primer párrafo lo sabemos, el resto de la familia ha muerto. Viven en una de las pocas casas bonitas del pueblo. Las otras son las de los Clark, los Carrington y, por supuesto, la casa Rochester, la más bonita del pueblo, en la que había nacido la madre de Merricat y de Connie. Pero la madre de las muchachas se casó con John Blackwood y se trasladó a vivir a la casa Blackwood y ahora está muerta como el resto de la familia.
Por lo demás, el pueblo es un pueblo más, en el que la gente vive "en pequeñas casas sucias en la carretera principal o en las afueras" y en el que los hombres pasan las horas muertas sentados a la puerta de la tienda, esos hombres que "se mantenían jóvenes y se dedicaban al chismorreo, mientras que las mujeres envejecían con un maligno cansancio gris esperando en silencio a que los hombres se levantasen y regresaran a casa".
Cuando empieza la narración de Merricat, tras el primer párrafo, sabemos ya muchas cosas, algunas inquietantes, como su amor por la Amanita phalloides o su rechazo a lavarse o su deseo de haber sido mujer lobo. También sabremos pronto que es el único miembro de la amputada familia que sale de casa. Dos veces por semana, martes y viernes, se dirige al pueblo donde se surte de comida en el colmado y libros en la biblioteca.
Aunque parece que hace meses que ni siquiera Merricat sale de casa porque los libros de la biblioteca que reposan en el estante de la cocina debieron ser devueltos cinco meses atrás. Puede que desde hace cinco meses Merricat ya no tenga que enfrentarse dos veces por semana a las burlas, el desprecio y las coplas siniestras de niños y mayores:
"Merricat, dijo Connie, ¿una taza de té, querrás?
Oh, no, dijo Merricat, me envenenarás.
Merricat, dijo Connie, ¿quieres ir a dormir?
¡Bajo tierra te vas a pudrir!"
Unas coplas que dan idea del terrible secreto que se esconde en la casa Blackwood. Unas coplas de cuento de hadas, de esos en los que siempre hay brujas (brujas buenas, brujas malas), aunque tardemos en identificarlas y para ello tengamos que leer entre líneas, porque si es cierto que las cosas no siempre son lo que parecen, eso es especialmente cierto en esta fascinante historia.
Del terrible secreto iremos sabiendo cada vez más hasta saberlo todo, hasta saber qué fue lo que sucedió hace seis años alrededor de la mesa del comedor en la que "la familia se reunió para cenar [...]. Nunca hubiéramos imaginado que iba a ser la última vez". Sin ninguna dificultad sabremos lo que sucedió. Lo que nos exigirá un poco más de perspicacia y atención es saber por qué sucedió y quién fue el culpable. Los ojos se nos irán hacia una u otra de las hermanas, hacia el tío Julian e incluso hacia Jonas (¿que no te he dicho aún quién es Jonas? Bueno no es posible imaginar ciertas historias sin un gato).
Connie es buena, amable y un poco bobalicona... Bastante ingenua para los veintiocho años con los que ya cuenta, aunque a veces la bondad puede esconder altas dosis de perversidad e hipocresía, sobre todo si tienes que proteger a alguien a quien amas. Merricat es espontánea, decidida, capaz de vencer sus temores y aguantar un poco más, una burla más, una insinuación maliciosa más; pero destila una cierta perversidad que nos desconcierta porque no le pega. "Desearía que estuvierais todos muertos, pensé, y me sentí tentada de decirlo en voz alta. «Nunca dejes que vean que te afecta —me decía Constance y añadía—: Si les haces caso, será peor». Y probablemente tenía razón pero yo deseé que estuvieran muertos. Me habría gustado llegar al colmado una mañana y verlos a todos, incluso a los Elbert y a los niños, agonizando en el suelo entre gritos de dolor". ¿Protege también a alguien?
El tío Julian consume sus días y la vida que le queda en una crónica exhaustiva de los hechos de hace seis años, demasiado exhaustiva pretende que sea teniendo en cuenta que su estado mental está un poco deteriorado y ni siquiera tiene muy claro quién vive y quién pereció aquella última noche.
Y Jonas... Jonas es el gato de Merricat.
Y la comida, siempre la comida. La que elabora Connie, la que les da el huerto, las compotas y conservas de generaciones de mujeres Blackwood acumuladas en el sótano, la que llevan los vecinos, el niño que Merricat se pregunta si sería capaz de comerse al final de la novela y que Connie no sabe si sería capaz de cocinar... pero esto de la comida no es cosa mía. Esto es cosa de otra bruja, en este caso buena, que asoma sus artes una vez terminada la novela y de la que hablaré en breve.
Este libro me llegó a través de dos amigas blogueras a las que ya he mencionado en más ocasiones, pero es que ellas son "culpables" de una buena proporción de lo que leo y jamás me he equivocado siguiendo sus directrices. Son Lorena, que se rindió a Merricat, y Ana, quien no se atrevió a tanto aunque le faltó muy poco. Yo no sé a qué carta quedarme porque Merricat me fascina a la vez que me asusta, y he decidido rendirme a Shirley Jackson.

Shirley Jackson
Shirley Jackson murió en 1965 a la edad de 49 años. Yo no la conocía hasta esta novela, pero ya tengo echado el ojo a alguna más porque su forma de escribir me ha fascinado y sus personajes me parecen formidables. Su Merricat tiene el gran mérito de producirnos ternura a la vez que un escalofrío nos recorre la espalda, y Connie nos da grima de tan ingenua y fácil de manejar y nos cautiva con su bondad a pesar de que...
Mientras leía las reseñas, primero de Ana y después de Lorena, no podía dejar de pensar en otra bruja ante la que estoy rendida sin condiciones: Joyce Carol Oates, que me parecía que bien podría haber sido la autora de "Siempre hemos vivido en el castillo", pues lo que leía acerca de esa novela me traía a la cabeza muchos de los libros de la autora. Cuando por fin tuve mi ejemplar de la novela, vi esto en la parte de abajo de la portada:




Y no me lo podía creer. A veces las casualidades... aunque no, seguro que no es una casualidad. Quién mejor para hacer un comentario final a la novela que una autora que también cultiva el género y el estilo. 
Y en ese comentario, en ese posfacio descubro cosas que no sabía. Descubro que el pueblo que aparece en la novela es un pueblo situado en Nueva Inglaterra. O eso dice Oates, aunque no sé muy bien por qué. Pero sobre todo descubro (podía haberme dado cuenta yo misma, pero no ha sido el caso) la importancia de la comida "Nos tragamos el año. Nos comemos la primavera y el verano y el otoño. Estamos esperando a que crezca algo para luego comérnoslo". Así empieza el posfacio. Y luego lo analiza como analiza a Merricat y a Connie y todo el libro, porque como ya lo hemos leído, no hay miedo al destripe ni al revelado indiscreto de la trama o del final. Y entiendo el porqué de un posfacio en lugar de un prefacio. Que nadie ose leerlo antes de adentrase en el mundo mágico de "Siempre hemos vivido en el castillo".

Esta novela entra además en el II reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990. "Siempre hemos vivido en el castillo" está publicada en 1962.

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