Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

"El púgil" Javier Gimeno

"Héctor no vio una luz blanca al final del túnel, tampoco una dama pálida vestida de negro le cogió con sus manos gélidas. Pronunció «eran tres» antes de que le introdujeran en la parte trasera de la ambulancia. El personal de limpieza esparcía serrín sobre la oscura mancha que había dejado en el asfalto en el mismo momento en el que una pareja de policías dio la noticia a su madre desolada".
Héctor es un adolescente que empieza a coquetear con el consumo y el trapicheo. Quiere ganar dinero para poder escapar con su novia del barrio, de la casa, de la familia. Pero se ha metido en un terreno vedado; le está invadiendo el negocio a alguien. Es como la invasión de una pulga en un campo de fútbol, pero hay quien siente la necesidad de espantar pulgas a cañonazos y, además, una advertencia a tiempo espantará otras posibles amenazas. Es por eso por lo que nada más empezar la novela Hector, el Rasti, solo podrá recordar que "eran tres". 
A partir de esta introducción, la única que no lleva el nombre de un round (Primer round, Segundo round, Tercer round... y así hasta quince) como el resto de los capítulos, iremos conociendo otros personajes y tramas que nada tienen que ver con Héctor.
También en ese primer capítulo introductorio veremos a Luis que acaba de quedarse viudo, pero Luis sí saldrá a lo largo de los quince rounds que componen la novela. Saldrá Luis y saldrán sus deseos, frustrados a lo largo de toda una vida de casado y que ahora, ya sin trabas, se dispone a poner en práctica.
Conoceremos a Roberto y veremos a un hombre violento, cruel, metido en toda clase de negocios turbios, pero que es capaz de darlo todo, su vida incluida, por su pequeña hija Lucía. 
Sabremos de sus amigos, Marcos y Gavi, con tan dispares destinos en la vida, absoluto triunfador uno, perdedor irredento el otro. Amigos los tres desde la adolescencia, han llegado a ocupar puestos dispares en la sociedad, pero siguen manteniendo una relación llena de sentimientos oscuros (celos, envidia, desprecio, rencor...).
Y presente siempre entre los tres, Ana, la hermana de Marcos, primero, hace ya años, con Roberto, después con Gavi, ausente ahora mientras los dos la buscan porque Marcos ha muerto. 
Marcos fue de los tres amigos el que se quedó en el lado oscuro de la droga, si es que la droga tiene un lado más luminoso; es el que quedó más enganchado y por más que Ana intentó sacarlo de aquel mundo, como ella misma había salido, aquel mundo terminó por derrotarlo. No había "más que ver la bolsita y las rayas blancas de encima de la mesa. [...] O su corazón o su cerebro se cortocircuitaron".
Y está Rebeca que cuida de Lucía cuando su padre tiene que salir, como ahora, hacia donde le llevan las malas noticias que no querría haber recibido nunca, sin saber que aún le esperan noticias mucho peores antes de que pase demasiado tiempo.
Y está Mónica, la ex mujer de Roberto, que le teme lo suficiente como para querer alejarse de él, pero no parece que vaya a conseguirlo y, por si acaso, se ha traído de Cuba un novio tan atractivo, musculoso y mulato como pudiera desear. Enrique nunca le aceptó dinero mientras estuvieron en Cuba, pero aceptó venir con ella a España y vivir en su casa.
Y conoceremos al púgil, porque toda la historia (salvo el primer capítulo, el titulado "Antes") tiene lugar los días previos al combate para el que el púgil se prepara. Preocupado por los gramos que tiene que perder antes del pesaje para poder participar en un combate que puede abrirle las puertas de la fama; tentado por la visita de su novia que amenaza con poner en peligro su concentración en esos momentos críticos y delicados; "Llevaba dos meses con unos horarios propios de un monje de clausura, justamente desde que se había acordado la fecha de la velada. Apenas quedaba tiempo, solo dos días para su gran noche".
Todas estas historias y personajes, y alguno más, irán convergiendo y mezclándose poco a poco; se nos irán mostrando detalles oscuros, iremos viendo como se enredan los hechos para conformar una trama que no se nos desvela en su total significado hasta el final, cuando las piezas encajen, cuando veamos que pocas cosas son lo que parecen, aunque alguna no puede dejar de ser justo lo que parece, y cuando algunos personajes se den cuenta de que a veces los planes los carga el diablo y sirven más bien para posibilitar planes ajenos que no coinciden con los propios.
"El púgil" es una novela en la que no hay héroes, pero sí hay villanos; en la que lo que más abunda son los supervivientes que a veces sobreviven a base de venganza.


Javier Gimeno
Conocí a Javier Gimeno, literariamente hablando, hace algo más de dos años. Su primera novela, "All in", apareció reseñada en blogs a los que sigo y de cuyas opiniones me fío, y me atrajo tanto lo que contaban que me hice con ella en Amazon. Me encontré con una novela que, como en esta, hay muchos personajes y muchas historias que van confluyendo hasta encajar y formar "la historia". "El púgil" se centra más en el tiempo (casi todo transcurre en un par de días), tiene menos personajes y, desde el principio se va viendo hacia dónde van todos. Salvo alguno de ellos que nos reserva alguna sorpresa muy bien llevada.
Si en la anterior novela encontré algunos fallos (algún pequeño error de sintaxis o algún personaje un poco estereotipado) junto a la frescura de una opera prima , todo ello ha desaparecido en "El púgil" que se nos muestra como una obra más madura y más elaborada.
"Javier Gimeno tiene 38 años, es diplomado en Bibloteconomía y Documentación y trabaja en el metro de Madrid. Dedica su tiempo libre a escribir. Ahora está metido en otras dos novelas que yo, desde luego espero con impaciencia".  Esto escribía yo hace dos años y medio en la reseña de "All in". No sé qué habrá sido de una de las dos novelas que, por entonces, escribía Javier Gimeno. Me imagino que la otra es "El púgil". Estaba justificada la impaciencia con la que esperaba sus nuevas publicaciones, porque esta novela me ha gustado mucho. Le agradezco enormemente a Javier que me la haya hecho llegar y me atrevo a insinuarle que no se olvide de mí en sus próximas publicaciones. Las estaré esperando.

Título del libro: El Púgil
Autor: Javier Gimeno
Editorial: Amazon (autoedición)
Año de publicación: 2018
Diseño de la portada: Omar André
Nº de páginas: 208

domingo, 25 de noviembre de 2018

"Brújula" Mathias Enard

"Brújula" es una de las novelas más extrañas que he leído en los últimos tiempos. Transcurre durante una noche de insomnio. Transcurre durante una vida, la vida del narrador. Transcurre durante toda una Historia, durante varios siglos, durante más de un milenio.
Está guiada por una brújula, una brújula que, inopinadamente, señala al este, a levante, al sol que despierta. Sí, es una brújula que señala al este y que tiene nombre de mujer: Sarah.
Franz Ritter lucha contra el insomnio una noche de otoño en su piso de Viena. Ha recibido una carta de Sarah con un artículo, "una separata de otra época, un papel grapado en lugar de un PDF acompañado por un mensaje deseando «que te llegue bien»"
Tal vez es la carta de Sarah, o la noche de insomnio, o la enfermedad que le acecha y que presiente grave, lo que le hace recordar, rememorar para nosotros toda su vida entre Oriente y Occidente, toda su vida detrás de Sarah desde que la conoció "en Estiria con motivo de un coloquio, una de esas misas mayores del orientalismo organizadas a intervalos regulares por los tenores de nuestro ramo y en la que, como es debido, habían aceptado a algunos «jóvenes investigadores»"Franz es musicólogo y Sarah estudia las literaturas orientales.
Pero comenzará su recuerdo y comenzará la novela unos años después de haberse conocido, cuando asistió en la Sorbona a la lectura de la tesis de Sarah sobre el escritor iraní Sadeq Hedayat. Y quiero detenerme en el supuesto prólogo de esta tesis, que se nos reproduce entero, porque aparte de ser de gran belleza, se puede decir que resume todo el tono de la novela. Así empieza el prólogo de la tesis de Sarah "«En la vida hay heridas que roen como una lepra el alma en la soledad» escribe el iraní Sadeq Hedayat al principio de su novela La lechuza ciega: ese hombre pequeño de gafas redondas lo sabía mejor que nadie. Fue una de esas heridas la que lo hizo abrir el gas en su apartamento de la calle Championnet de París, precisamente una noche de gran soledad, una noche de abril, muy lejos de Irán, muy lejos, con la única compañía de algunos poemas de Jayam". Y es una herida la que roe el alma de Franz Ritter en esa noche de principios de diciembre en Viena: la herida del amor frustrado y la herida de un Oriente que conoció y que cada vez se desangra más por todas sus grietas, a la vez que se desangra Occidente, porque el mundo es uno y cada parte refleja la otra y sangra por las heridas de la otra y se pierde en la pérdida de la otra: Oriente y Occidente, Norte y Sur: tratando siempre de vivir unos a costa de otros y resolviéndose siempre en fracaso y dolor; en una grieta por la que todos terminamos precipitándonos. 
Termina el prólogo de la tesis de Sarah: "nos proponemos explorar esa fisura, asomarnos a la grieta, introducirnos en la embriaguez de aquellas y aquellos que vacilaron demasiado en la alteridad; vamos a tomar de la mano a este hombre para bajar a observar las heridas que carcomen, las drogas, los más allá, y a explorar ese lapso, ese barzakh, el mundo entre los mundos en que caen los artistas y los viajeros".
Y esa es la grieta en la que quiere meterse Mathias Enard, en la que nos mete a los que nos acercamos a leer "Brújula". Es de artistas y de viajeros de lo que nos habla esta novela. Artistas y viajeros enamorados de Oriente.
Franz era muy joven aún cuando conoció a Sarah. Por datos y fechas que consigo ir extrayendo de la historia, tendría poco más de veinte años, pero su destino no volvió a separarse de la sombra de Sarah y de Oriente. A lo largo de esta noche lluviosa, nos contará sus encuentros con Sarah en Estambul, Damasco, Palmira, Alepo, Teherán... París, Viena. Pero no solo de Sarah nos hablará. En su relato, en su recuerdo, aparecen tantos enamorados de Oriente que una se pierde: músicos conocidos (Lisz, Debussy, Schubert, Mendelssohn, Beethoven, Chopin) y desconocidos; escritores conocidos, leídos, adorados (Balzac, Victor Hugo, Proust, Carson McCullers, Sthendal, Agatha Christie, Thomas Mann) y desconocidos; viajeros, casi todos desconocidos, varias mujeres, pero que terminan por hacerse amigos a medida que las páginas nos introducen en su vida y los vamos conociendo. Jane Digby, Hammer-Purgstall, Marga d’Andurain, Annemarie Schwarzenbach, Alois Musil y muchos más que no menciono porque aparte de no recordar tantos nombres, tampoco es plan de hacer una lista interminable.
Pero también hay personajes de ficción como el "especialista en el coito árabe", Marc Faugier, adicto al opio y que terminó por aficionarse a la heroína; o el loco Michael Bilger, arqueólogo prusiano que "era un leve chalado y ahora es un loco de atar". Ellos, junto a Sarah y Franz y alguno que puedo haber olvidado constituyen el tributo a la ficción de esta novela que de ficción tiene muy poco.
Todos ellos, artistas y viajeros, reales y ficticios,  enamorados de la sensualidad y el erotismo de Oriente, obsesionados por pasar mil y una noches en Oriente, porque "muchos orientalistas y diplomáticos que no lo reconocen tan fácilmente", en realidad se habían sentido atraídos hacia el este "por deseo erótico del cuerpo oriental, una imagen de lascivia, de permisividad" que les fascina desde que entraron en contacto con ese mundo. Tal vez no fue eso lo que encontraron, pero la fascinación continuó y todos permanecieron enamorados de un mundo que vieron desmoronarse ante sus ojos.
Y ese desmoronamiento también se nos cuenta. La revolución en Irán, el devenir de Siria. "Imposible imaginar, en París en 1999, ante una copa de champán, que Siria iba a ser devastada por la peor violencia, que el zoco de Alepo ardería, el alminar de la mezquita de los Omeyas derribado, tantos amigos muertos o condenados al exilio; imposible incluso hoy en día imaginar el alcance de los estragos, el alcance de ese dolor desde un confortable y silencioso apartamento vienés"
El desmantelamiento de un mundo que él había conocido siguiendo a Sarah. Porque a él no le atrajo el erotismo ni la sensualidad de Oriente, sino la atracción por Sarah, el erotismo y la sensualidad que emanaban de Sarah y que le llevaron a buscar su campo de estudio tras los pasos de la mujer.
En "Brújula" encontramos el reflejo de un mundo que es nuestro mundo. En Oriente está nuestro origen. Es la primera tierra que pisaron nuestros ancestros recién salidos de África. Cuando llegaron aquí, era de allí de donde venían. De Oriente llegó una buena parte de la cultura que nos hace más sabios, más sensibles, mejores, porque  su cultura brilló por estos pagos bastante más tiempo del que lleva sin estar presente (¿no lo está realmente?). ¿Cómo renunciar a esa parte de nosotros que viene de Oriente cuando "Don Quijote es la primera novela árabe, ¿sabes? La primera novela europea y la primera novela árabe, fíjate, Cervantes lo atribuye a Sayyid Hamid Ibn Al-Ayyil, que él transcribe Cide Hamete Benengeli. El primer gran loco de la literatura aparece bajo la pluma de un historiador morisco de La Mancha"?
Cada vez con más empeño queremos ver en ellos a "los otros", los distintos, y ellos se empeñan también en vernos como "los otros", pero en ese cultivo de la alteridad nos perdemos a nosotros mismos y se pierden ellos, porque no hay nosotros sin ellos, ni ellos sin nosotros. Porque existe, por encima de todo, "esa aporía —entre el yo y el otro— que es la identidad".

Mathias Enard

Mathias Enard es un escritor francés y un orientalista también enamorado de Oriente. Ha estudiado persa y árabe y ha viajado por todo el Próximo Oriente. "Brújula" obtuvo el Premio Goncourt en 2015. En la novela reivindica lo que de Oriental hay en Europa. En su discurso al recibir el Premio de la Feria de Leipzig recordó qué era Europa, quién era Europa en la mitología, "una princesa libanesa secuestrada en una playa cerca de la actual Argelia por un dios del norte que la deseaba, Zeus; que ella pasó sus días en el Mediterráneo, entre Fenicia y Creta: “Europa es una inmigrante ilegal, una extranjera, el botín de la guerra”, declaró el autor". (Latercera/noticias)
Pero no voy a negar que la fascinación que el libro me ha producido se ha mezclado a veces con el rechazo, un rechazo hacia la erudición del autor, hacia el listado interminable de nombres, hechos, lugares, momentos; un rechazo que me hizo sentir la fugaz (muy fugaz) tentación de abandonar, de dejar de leer y pasar a otra cosa, porque a veces me perdía entre tanto personaje desconocido o conocido. Pero esa tentación enseguida se veía enmascarada por un nuevo acceso de auténtico deslumbramiento, porque me tenía pillada en un tema que me preocupa, colgada de una problemática que me es muy penosa como persona sumamente atraída por la cultura musulmana que soy; me tenía enganchada porque me hablaba "de un siglo XXI en el que, frente a la violencia, necesitábamos más que nunca librarnos de esa absurda idea de la alteridad absoluta del islam y admitir no solo la aterradora violencia del colonialismo, sino todo cuanto Europa le debía a Oriente; de la imposibilidad de separar al uno del otro, de la necesidad de cambiar de perspectiva. Según decía, más allá del estúpido arrepentimiento de unos o de la nostalgia colonial de los otros, había que hallar una nueva visión que incluyese al otro en el yo. Por ambas partes".

Título del libro: Brújula
Título original: Boussole
Autor: Mathias Enard
Traducción: Robert Juan-Cantavella
Editorial: Random House
Año de publicación: 2016
Año de publicación original: 2015
Nº de páginas: 448

jueves, 22 de noviembre de 2018

56 Festival Internacional de Cine de Gijón.

Por tercer año consecutivo he pasado un fin de semana en el Festival Internacional de Cine de Gijón.
La verdad es que se está convirtiendo en una escapada de lo más agradable. Un poco ajetreada, pero que permite cambiar de rollo, ver cine, generalmente bueno, y disfrutar de la gastronomía asturiana que siempre es un aliciente añadido.
Como en años anteriores, ha sido una escapada de poco más de veinticuatro horas que ha dado para tres películas, algún paseo por la ciudad y unas sidrinas.
Llegamos el sábado hacia las doce del mediodía con el tiempo para instalarnos en el hotel, salir a dar un pequeño paseo y comer, y dirigirnos hacia el teatro Jovellanos donde, a las cinco de la tarde, ya teníamos la primera película. Como hay que llegar casi media hora antes para poder coger buen sitio (las butacas no están numeradas), no da tiempo para nada más.
La elección de las películas está muy mediatizada. Primero, por las fechas. Al ir solo un par de días, hay que limitarse a lo que se proyecta en esos días. Como tampoco nos apetece alejarnos del centro ni andar con el coche, solemos ir al teatro Jovellanos.
En esta ocasión, la película que inauguró para nosotros el Festival fue la producción francesa "La prière" de Cédric Kahn.


Se trata de una historia sobre una de esas comunidades que ayudan a salir de la drogadicción a base de trabajo y mucha religión. Siempre he pensado que se trata de sustituir una adicción por otra, pero puestos a escoger yo tengo muy claro que prefiero la religión a la heroína. Por otra parte, no se puede negar la labor social que hacen estas instituciones y a la cantidad de gente a la que han devuelto una vida que estaba a punto de despeñarse por un barranco. 
Dicho esto y dejando clara mi opinión al respecto, he de decir que la película me dejó, cuando menos, desconcertada. No llego a saber qué me han querido contar. No sé si se pretende criticar este tipo de actividades o si, por el contrario, pretende ser un producto propagandístico de las mismas. Vamos que no sé si va por un camino o por el contrario y esa indefinición me resulta tan tibia que me produce rechazo. Aparecen escenas con situaciones que me parecen muy reprobables, pero se pasa por ellas dándolas por válidas e incluso planteándolas como beneficiosas para el protagonista. Puede que sea problema mío, que no haya sabido captar los matices, pero no es algo que me suela pasar. Más bien creo que los matices eran demasiado sutiles.
La película es de gran belleza técnica. Con una fotografía muy cuidada y una interpretación que le valió a su protagonista, Anthony Bajon, el Oso de Plata al Mejor Actor en el 68 festival de Cine de Berlín.

Anthony Bajon
Nuestro primer encuentro con el cine en este Festival no resultó demasiado alentador.
Después de esta primera película lo único que apetecía era ir al hotel, descansar los pies de los zapatos y los ojos de las lentillas, y relajarse un poco porque después, en poco más de una hora, había que salir para la cena y la película de las 10:30. 
La cena fueron dos botellas de sidra con un par de pinchos, que la comida había sido copiosa.
La segunda película fue una coproducción de Francia, Serbia, Croacia, Irán y Qatar  (ahí es nada): "The load", del director serbio Ognjen Glavonić. Se trata de una propuesta interesante y original, pero que creo que no consigue plenamente su objetivo. 
A finales de los noventa, el conflicto de Kosovo hace que la OTAN bombardee Serbia y, especialmente, Belgrado. Un hombre, Vlada, sobrevive como puede. Hace transportes en camión desde Kosovo hasta Belgrado. No sabe lo que lleva, no pregunta. 
La película está estructurada alrededor del viaje, las gentes, las situaciones que se va encontrando Vlada. Nos muestra una situación desesperada, pobreza material y moral, un país y una población víctimas de las guerras en las que sus dirigentes, con engaños, los han metido en los últimos años.
El descubrimiento de su carga le hará a Vlada plantearse su propia culpabilidad en los acontecimientos.
Como digo, interesante y original, pero no terminan de tomar cuerpo la idea central (el viaje de Vlada) y las pequeñas historias que pululan alrededor. No llegan a formar un todo coherente y uniforme. Para alguien que no tenga un conocimiento un poco amplio de lo que fue aquel conflicto, no creo que la película llegue a darle una idea real.

Ognjen Glavonić
Lo más  valioso fue el coloquio posterior con el director. Ognjen Glavonić es un joven serbio que vivió el terror de los bombardeos, pero que no acepta la idea más extendida en su país que es la del victimismo. Un joven tan honrado y valiente como para enfrentarse a la tendencia predominante de que son víctimas del resto del mundo. Ni siquiera admite la postura de sus mayores de que no sabían las barbaridades que Serbia cometió en Kosovo, o en Bosnia, si a eso vamos.
La película se estrena este fin de semana en Serbia. Me gustaría saber como es recibida en ese país. Y me gustaría seguir la carrera de este director porque puede llegar a ser muy interesante con suerte.
El domingo amaneció gris y fresco. Nada que ver con el día primaveral del sábado. Por la mañana dimos un paseo, repetimos un par de botellas de sidra y fuimos a comer. A las cuatro y media estábamos de nuevo a la puerta del Jovellanos para ver un documental español que, en principio, era lo que menos me apetecía de lo que llevábamos planeado. Como pasa muchas veces, lo que en principio parece menos atractivo resulta ser lo mejor y es que no importa lo que te cuenten, sino como te lo cuenten.
"Zaniki", de Gabriel Velázquez, nos cuenta, entre el documental y la ficción, el empeño de Eusebio Mayalde por transmitir su pasión y su  por la música y la danza tradicionales. 
Eusebio Mayalde es el patriarca de los Mayalde, un grupo musical formado por él mismo, su mujer y sus dos hijos. Si alguien piensa, como yo pensaba, que Mayalde es el apellido de la familia, estará equivocado. Eusebio es de La Maya y su mujer, Pilar, de Aldeatejada, lugares ambos de Salamanca y que al fundir sus nombres dieron como resultado Mayalde.
Son un grupo, pero él se come el escenario, la pantalla y todo lo comible. Su fuerza, su voz, su mirada, su personalidad, dejan muy poco espacio para fijarse en alguien o algo más.
Los Mayalde tocan instrumentos tradicionales, pero además tocan cualquier cosa: cucharas, regaderas, sartenes, platos, las tejas de un tejado, las simples manos contra un madero... cualquier objeto capaz de emitir un sonido les sirve para hacer música.

Eusebio Mayalde
Yo no les conocía de nada, pero Google me dice que tienen discos publicados, han viajado por España y por el extranjero y se dedican a la enseñanza de la música tradicional y la danza.
El documental es todo un espectáculo musical, con una fotografía maravillosa de los campos salmantinos, un Eusebio Mayalde gigante y un niño pequeño, su nieto Beltrán, que a su edad (no calculo bien, pero le echo entre ocho y diez años), ya toca de todo con gran pericia y se ha dejado agujerear por el mismo gusanillo que corroe a su abuelo. 
Después de la proyección, todo el grupo subió al escenario y nos ofreció dos números musicales que fueron todo un regalo. 
Lo mejor del festival terminó resultando algo que cogimos por descarte: el domingo a las cinco, no había otra cosa que nos viniera bien.
A las siete cogimos el coche y volvimos para Santander que el lunes había que trabajar. Volveremos el próximo noviembre si nada lo impide.

Lo que dan de sí dos días a orillas del Cantábrico. 24 horas separan ambas fotografías.

lunes, 19 de noviembre de 2018

"Un mal secreto" Ann-Marie MacDonald

"Ahora mismo daría lo que fuera por ser capaz de sentir —sin el detonante de la rabia— el amor que sabe que siempre ha sentido hacia su hija. Es capaz de ver ese amor. Detrás de un cristal. Dormido. Con un pedazo de manzana envenenada en la boca"
Me encuentro fascinada ante otra novela de las que clavan hondo y sin vacilaciones el bisturí en los tejidos de las relaciones paterno filiales. Me encuentro con una madre que observa a su hija, que sabe que la quiere, que nunca le haría daño; una de esas madres que tienen muy claro que jamás deben levantar la voz, y mucho menos la mano, ante sus hijos; una de esas madres que saben que el amor por los hijos muchas veces se mantiene dormido con un trozo manzana envenenada atravesado en la garganta. Seamos valientes, olvidemos lo políticamente correcto: ¿quién, en un momento dado, no ha deseado ahogar a un niño gritón con la propia almohada de su cuna? ¿quién no se ha visto en la imperiosa necesidad de arrojar a un bebé por la ventana y dormir doce horas seguidas a continuación? Nadie. Ya sé.
Mary Rose tampoco. Ella no es así. Ella es paciente y consecuente. Jamás pegaría a sus hijos y, cuando le hacen perder la paciencia, a lo más que llega es al levantar un poco la voz y sujetarles las manos para no ser ella la agredida, pero incluso eso le causa remordimientos y la obliga a buscar en su pasado. Un pasado en el que no hay nada demasiado duro ni traumático. No más de lo esperable, al menos. Una infancia viajera, "Se crió en una familia que cambiaba de ciudad cada pocos años hasta su adolescencia, y cada vez que se mudaban era como si todo y todos se desvanecieran tras ellos". Pero una infancia que no habría cambiado aun de haber podido. Su madre no siempre estaba en su mejor momento, demasiados hijos perdidos: la primera Mary Rose, muerta antes de nacer; Alexander, muerto a los pocos días; los abortos espontáneos. El factor Rh solo permitió vivir a los hijos que lo heredaron negativo. Y a Maureen. El primer hijo no sufre nunca las consecuencias de un Rh poco propicio. Por lo demás, una familia normal de los años sesenta y setenta. 
Mary Rose MacKinnon salió del armario demasiado pronto. Esto ya fue a principio de los ochenta. Aun para un país moderno como Canadá, era demasiado pronto, y demasiado pronto en todo caso para sus padres, una mujer descendiente de cristianos libaneses y un militar descendiente de escoceses. 
"Salió del armario cuando la homosexualidad todavía era clasificada como enfermedad mental por la Organización Mundial de la Salud, [...] Mary Rose contribuyó a cambiar el mundo hasta el punto de que «mejoró» tanto que ahora puede estar allí, en su propia cocina, con su propia hija, legalmente casada con la mujer a la que ama, y sentirse igual de atrapada que un ama de casa de la década de 1950".
Ahora, tantos años después, todo se ha normalizado hasta tal punto que un lunes por la mañana, mientras su hija se entretiene con un cochecito dejándole libres los minutos justos para revisar su correo electrónico, Mary Rose se encuentra con un mensaje de su padre, con la frase "Algunas cosas pejoran de verdad…" como asunto y escrito en unos términos nada previsibles unos años antes:
"Hola, Míster:
Mamá y yo acabamos de ver vuestro vídeo de «Todo mejora» y se me ha ocurrido estrenar el correo electrónico para decirte lo orgullosos que estamos de que Hilary y tú seáis tan buenos referentes para los jóvenes que tienen que luchar contra los prejuicios.
Con cariño,
Papá".
¿Son estos los mismos padres que cuando les confesó su lesbianismo le soltaron lindezas como "preferiría que tuvieras cáncer" o "ojalá no hubieras nacido nunca"? ¿Son los mismos que estuvieron años sin visitarla en su casa e impidiendo que les visitara acompañada de sus parejas? 
Esta novela nos muestra siete días en la vida de Mary Rose. Siete días normales en los que Hilary está de viaje (¿en Winnipeg? ¿en Calgary?) preparando el estreno de "La importancia de llamarse Ernesto" porque Hilary es directora de teatro. 
Mary Rose se enfrenta a una realidad que no sabe si le gusta. Una realidad de ama de casa de la que siempre pensó que se mantendría alejada. Ella es escritora. Ha publicado dos libros con enorme éxito y la gente le pregunta por la calle cuándo saldrá la tercera entrega de la "Trilogía de Otra Parte". Pero carece de inspiración o de tiempo o de ganas entre tanta tarea doméstica. Y mientras espera el momento propicio, el tiempo suficiente y la inspiración necesaria para volver a escribir, cuida a sus hijos, hace de ama de casa y gestiona su rabia y su frustración como puede y sabe. "Son las cinco de la tarde: la hora de las pataletas para los niños y los cachorros, que suelen ponerse quisquillosos más o menos entonces, la hora de los reniegos para los que quedan atrapados en los atascos al salir del trabajo, la hora de la preocupación para los ancianos a los que inquieta el atardecer. Es el declive primitivo entre el día y la noche que introduce un terror subconsciente en el corazón del Homo sapiens, un resquicio de la época en la que éramos presas de otros animales. Por eso se inventó la hora del cóctel". La hora a la que mueren los toreros y Mary Rose juega con sus hijos para ganarse el privilegio de poder tomar un cóctel y pierde la paciencia y se calma y vuelve la vista atrás y recuerda y descubre o cree descubrir cosas de su pasado.
Y uno de sus primeros recuerdos es colgar en el vacío de un tercer piso, suspendida por fuera del balcón sujeta por las muñecas por su hermana Maureen. Un recuerdo que Maureen no tiene o ha borrado de su memoria. Y recuerda las dos operaciones a las que fue sometida por padecer quistes óseos unicamerales que le producían enorme dolor y roturas frecuentes del húmero. ¿Recuerda o imagina? ¿Puede realmente estar segura de cosas sucedidas hace tantos años, cuando ella era tan pequeña? Pero le vienen a la cabeza cosas que no cuadran demasiado. Descubre en internet detalles que explican algunos recuerdos (?) un tanto oscuros. Preguntar a sus padres no sirve de mucho. Parece que ellos van olvidando a la vez que ella recuerda. Son muy mayores. La memoria les falla. La desmemoria es a veces una gran aliada de la culpa. 
Y ¿merece la pena recordar? Nada demasiado grave, en todo caso, parece haber en su pasado. Quiere a sus padres y sus padres la quieren. Hacerles recordar, hacerse recordar, sirve solo para envenenar el presente con un pasado... pasado. Pero ¿se puede evitar?
Incluso el cambio producido en estas décadas en lo referente al trato a los niños tiene su cara oculta. Por supuesto que el cambio es bueno y no se debe gritar ni pegar ni "maltratar" a los niños, pero "realizar el cambio es experimentar, por contraste, la naturaleza espeluznante de todo lo que lo precedió. Es dejar de considerar que la violencia es normal; dejarla al descubierto como si fuera un regalo peligroso y ver cómo brilla, oír cómo atruena igual que una sirena, notar cómo late igual que un corazón. Para Mary Rose, implica traicionar a su propia madre al criar a sus hijos de un modo diferente".

Ann-Marie MacDonald

Ann-Marie MacDonald es una escritora canadiense que sabe bien de lo que habla en esta novela. Como Mary Rose, es hija de un militar canadiense y nació en una base militar en Alemania Occidental; como Mary Rose es lesbiana y vive con su mujer, Alisa Palmer, en Toronto. Alisa, como Hilary, es directora de teatro. No sé si la pareja tiene hijos, pero hay mucho de autobiográfico en esta novela independientemente de ello. Seguro que no fue fácil para ella salir del armario (nunca debe de serlo) y seguro que como hija tiene recuerdos que confunde con sueños y sueños que imagina reales y realidades que le gustaría que fueran sueños. ¿Quién que pasara su infancia en la década de los sesenta no los tiene?
Pero, como Mary Rose, como casi todos los niños que fuimos niños en aquellos años, el presente redime el pasado, nos hemos reencontrado con la felicidad y, como Mary Rose, todos podríamos responder al correo electrónico de nuestro padre.
"RE: Algunas cosas pejoran de verdad
Querido papá:
A veces las cosas tienen que empeorar para poder mejorar luego.
Con cariño, Mary Rose".

Título del libro: Un mal secreto
Título original: Adult Onset
Autora: Ann-Marie MacDonald
Traducción: Ana Mata Buil
Editorial: Lumen
Año de publicación: 2017
Año de publicación original: 2014
Nº de páginas: 536

viernes, 16 de noviembre de 2018

"Violación" Chester Himes

"Es evidente ante la ley que la violación y el asesinato han sido cometidos por los cuatro acusados, fueran los que fuesen los móviles. En esta jungla inexplorada que es la oscura patología del deseo y del odio que motivan las relaciones entre las razas, podríamos fácilmente encontrar numerosos móviles". Así termina el alegato de la acusación en este juicio que Chester Himes nos relata en "Violación", una de sus novelas más emblemáticas.
Elizabeth Hancock es la víctima. Los supuestos asesinos, cuatro hombres negros que se encontraban con ella en la habitación de un hotel. El lugar, París en 1956. Las circunstancias, turbias: la autopsia determina que la mujer ha muerto por una sobredosis de polvo de cantárida, un poderoso afrodisíaco, unido a un enorme agotamiento físico causado por una excesiva actividad sexual.
A pesar de que no hay pruebas concluyentes, de que no se puede demostrar si la sustancia se administró a la fuerza o fue ingerida voluntariamente; a pesar de no saber si la toma fue anterior a posterior a los contactos sexuales y de no poderse demostrar que estos hubieran sido mantenidos con los cuatro acusados; a pesar de todo ello y de la falta de móviles, el veredicto es claro: "El jurado pronunció el veredicto de culpabilidad para los dos cargos de la acusación". La sentencia, también: "La pena de muerte, solicitada habitualmente en estos casos pero no obligatoria, fue descartada en razón de la raza y nacionalidad de los acusados. Fueron condenados a cadena perpetua"
Pero esto no es una novela negra de esas que son más conocidas en la bibliografía de Chester Himes. No vamos a ver a Coffin Ed Johnson (Ataud Ed Johnson) y Digger Grave Jones (Sepulturero Jones) en su comisaría de Harlem intentando averiguar quién violó y mató a Elizabeth Hancock. Esto es una anatomía del racismo. Un tratado de todo lo que constituye el racismo. Lo que lo constituía en 1956, cuando está ambientada la novela; lo que lo constituía en 1980, cuando está escrita y lo que lo constituye en 2018, cuando la lacra sigue presente y gana fuerza a medida que la movilidad personal, voluntaria u obligada por las circunstancias, hace que cada vez sea más cotidiana la convivencia entre distintas razas.
La novela está estructurada, primero como un juicio. Cada capítulo de lo que podríamos llamar primera parte (en ningún sitio se divide la novela en partes) constituye una de las etapas del juicio: El sumario, La defensa, El alegato, El veredicto, La sentencia... En esta "primera parte" se nos expone la narración del juicio que terminó con la sentencia a cadena perpetua para los cuatro acusados. 
Pero lo más importante para mí, viene después. En los capítulos siguientes. Esos capítulos que van desgranando  y analizando minuciosamente los componentes del racismo. Se nos cuenta el papel de la prensa de la época según la cual ni la víctima respondía al estereotipo de mujer blanca ninfómana arrastrada por su deseo sexual hacia los negros, ni los acusados respondían al aun más extendido estereotipo de hombres violentos y obsesionados por poseer a una mujer blanca. La prensa de los distintos países tuvo reacciones distintas, y aquí viene la vertiente política del racismo que es asumido o repudiado según los intereses de cada país. 
"La prensa británica publicó editoriales acerca de la tragedia de la gente de color, prisionera de una cultura europea que le es ajena. [...] 
La prensa soviética anatematizó el proceso como un ejemplo escandaloso de cómo se violaban los derechos humanos en la sociedad capitalista. [...]
La prensa de la República Popular de China hizo una guerra sin cuartel contra las brutalidades del imperialismo, englobando el crimen, el juicio y el veredicto en una misma condena. [...] 
La prensa sudafricana blanca se felicitó por la sentencia, deplorando la clemencia de la condena, que habría tenido que ser la pena de muerte. [...] 
Únicamente la prensa negra de América manifestó sus dudas sobre la culpabilidad de los acusados"
Y no obstante, la opinión pública siguió convencida de lo acertado del veredicto. Incluso personas que deploraban el racismo, personas que se ponían de parte de los pertenecientes a otras razas discriminadas, lo aceptaron sin rechistar porque cuando cuatro hombres negros están en una habitación de hotel con una mujer blanca y esta muere con elevadas dosis de afrodisíaco en su sangre y muestras evidentes de reciente y reiterado contacto sexual "en la mente de la mayoría de las personas de ese mundo civilizado, los cuatro negros eran culpables y esto desde que Cam, el segundo hijo de Noé, había sido desterrado" dando origen a todos los pobladores de África.
Y aún más importante si cabe es la parte que viene a continuación, en la que un escritor negro norteamericano, casado con una mujer blanca y residente en París, Roger Garrison, decide investigar por su cuenta al encuadrar todo el caso en una política racista en la que la condena de negros por violar a mujeres blancas se utiliza para seguir estableciendo y demostrando la inferioridad de la raza negra. En una época de reveses políticos para Francia, el racismo crece y se extiende. Como en cualquier época de crisis, el buscar en los otros, en los distintos, a los responsables de los propios males aleja el fantasma de la culpabilidad o de la impericia o de la propia inferioridad presentida, pero no asumida. Es la alteridad como solución a todos los males que el ser humano se niega a sumar en la lista de sus propias miserias. 
Pero Chester Himes no solo culpa de racismo a los blancos. Hay una actitud que el autor llama tiotomismo propia de negros que aceptan su condición de negros de manera servil y resignada. Tíos Tom que ejercen de tales profesionalmente con grandes beneficios, Tíos Tom  a los que no les queda otro remedio que actuar como tales para poder ganarse la vida, Tíos Tom porque no sabrían ser de otra manera y hasta Tíos Tom para ganarse la simpatía y el aprecio de los blancos, sin otra necesidad, sin más estímulos, tal vez, que el de ser considerados o considerarse a sí mismos, un poco más blanco por ser "amigos" de los blancos.
Tesis y antítesis, razonamientos y contra razonamientos, argumentos en un sentido y argumentos en el contrario, el libro se convierte casi en un tratado filosófico sobre la discriminación en el que se demuestra que incluso la mujer blanca es una víctima de la supremacía blanca por cuanto víctima del machismo que no es más que otra representación de dicha supremacía.
Ni siquiera Garrison se libra de caer en sus propios prejuicios por lo que parte de lo que nos cuenta el libro son los errores cometidos por el escritor que fue incapaz de encontrar la prueba "para confirmar su hipótesis, según la cual toda condena de un negro por violación de una mujer blanca forma parte de un plan destinado a mantener la supremacía blanca".

Chester Himes

Chester Himes luchó siempre contra el racismo. Desde sus novelas y con su propia vida. Tal vez nunca hubiera llegado a escribir de no ser por los años que pasó en la cárcel a donde fue a parar por atraco a mano armada cuando apenas contaba diecinueve años. Allí empezó a escribir y a publicar relatos en revistas. En 1945, diez años después de ser puesto en libertad, publica "Si grita, déjalo ir", su primera novela que obtendrá el éxito suficiente como para que pueda dedicarse en exclusiva a la literatura. En 1956 se instala definitivamente en París como protesta ante el racismo imperante en estados Unidos. 
La mayoría de sus novelas pertenecen al género negro y están protagonizadas por Ataud Johnson y Sepulturero Jones, dos policías de Harlem. Pero todas ellas, de uno u otro género, con unos u otros protagonistas, está dedicadas a mostrar el tremendo racismo existente en Estados Unidos contra la población negra. Tal vez Chester Himes buscó toda su vida la prueba que no encontró Roger Garrison.
Si Roger Garrison hubiera encontrado la prueba y hubiera conseguido que se realizara un nuevo juicio, independientemente de cuál hubiera sido su veredicto, "esto habría hecho progresar, sin duda, el concepto de que todos los hombres, de la raza que sean, deben reivindicar su parte de culpabilidad en el mayor crimen de la humanidad: la falta de humanidad del hombre por el hombre. Pues ésta es la verdad: todos somos culpables".

Título del libro: Violación
Título original: A case of rape
Autor: Chester Himes
Traducción: Lourdes Pérez González
Editorial: Júcar
Año de publicación:1986
Año de publicación original: 1980
Nº de páginas: 97

Esta novela la he leído como recomendación de Juan Carlos Galán del blog "El blog de Juan Carlos". Dicha recomendación me llegó a través de El Reto Serendipia Recomienda 2018. Esta es la segunda novela que leo de las tres que supone el reto. Si queréis saber cuáles son las otras dos podéis verlo en esta entrada de mi blog.

Esta novela entra además en el II reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990. "Violación" está publicada en 1980.


martes, 13 de noviembre de 2018

"El chal" Cynthia Ozick

"Estamos heridos. Nuestras heridas no se ven. Nos desangramos por dentro..." Así empieza el prólogo  de Berta Vías Mahou con el que se abre esta edición de "El chal", de Cynthia Ozick. Pero estas tres frases no son suyas. La prologuista comienza citando a Hans Reichmann en cuyo libro  "Ciudadano alemán y judío perseguido" aparecen. Y termina: "Este prólogo no pretendía ser más que un nuevo grito de cólera y de tristeza. El alarido que tantos no pudieron proferir, el que parecemos condenados a ahogar una y otra vez en nuestra garganta. El alarido al que Cynthia Ozick prestó voz en El chal".
Sí, "El chal" es un pequeño gran grito. Pequeño por su extensión, pero grande, inmenso, por su contenido. Es el mismo grito que ahogamos reiteradamente los que nos acercamos a ese episodio de la historia que, por mucho que se quiera equiparar a otros, por mucho que se apele a otras barbaridades cometidas en otras guerras, en otras épocas, en otros lugares, no admite la comparación; se nos agranda cada vez que lo intentamos, se nos escapa de los parámetros medidores dejando cualquier otro hecho por doloroso que sea, muy pequeño en comparación. Porque por primera vez en la historia, por una sola vez de momento, se mató sin pasión, con eficiencia; se hicieron estudios de cómo matar a millones de seres humanos y cómo deshacerse de los cuerpos; se utilizó la producción en cadena para producir la muerte, el horror. Fue el asesinato sistematizado, hecho ciencia, pasado por el tamiz del trabajo bien hecho.
Sabía lo que hacía Hannah Arendt cuando acompañó el título de su controvertido, pero interesantísimo libro, "Eichmann en Jerusalen", con el subtítulo "Sobre la banalización del mal". No fue bien interpretada Hannah Arendt y concitó muchas críticas de asociaciones judías y de intelectuales al trasladar la idea de que Eichmann no era un monstruo de maldad, era sencillamente un hombre con un elevado sentido del deber y del trabajo bien hecho, un simpatizante nazi al que le tocó poner en práctica una de las premisas de dicha ideología que era terminar con los judíos, y se puso a la obra con la manera pulcra y eficaz con la que lo hacía todo.  
No, el holocausto judío perpetrado por los nazis no resiste la comparación con ninguna otra de las muchas aberraciones cometidas por el ser humano a lo largo de su tormentosa historia. Sacaron el mal del contexto de lo monstruoso para meterlo en el de lo banal. Esa es la mayor falta de respeto hacia las víctimas y lo que hace el hecho realmente algo único, de momento irrepetido y espero que irrepetible.
Cynthia Ozick escribió los dos cuentos que componen esta obra como sendos relatos independientes en 1977. Se publicaron años después. "El chal" en 1980 y "Rosa" en 1983. Finalmente, en 1989, los publicó en un solo volumen y es que, aunque concebidos como tales relatos independientes, bien podrían ser los dos capítulos de una novela, más bien nouvelle.
Ilustración de Oscar Astromujoff
"Stella, fría, fría, la frialdad del infierno. Cómo anduvieron juntas por los caminos, Rosa, con Magda acurrucada entre sus pechos doloridos, Magda envuelta en el chal... A veces Stella llevaba a Magda en brazos, pero estaba celosa de ella. Una niña flaca de catorce años, demasiado pequeña, con unos pechos menudos, Stella quería ir arropada en un chal, oculta, dormida, mecida por la marcha, ser un bebé, una criatura rolliza en brazos. Magda se agarraba al pezón de Rosa, y Rosa nunca dejaba de caminar, una cuna andante".
"El chal" es el más corto de los dos relatos. Nos cuenta la experiencia vivida por Rosa, su sobrina Stella y su hija Magda transportadas y ubicadas en un campo, que no llega a nombrarse, en Polonia. Con un terrible final, podemos imaginar cómo queda Rosa retorciendo entre sus manos el chal al que se aferraba Magda como si fuera la última hebra del cordón umbilical que la ata a lo único confortable que ha conocido en su vida, y Rosa mira en silencio porque "si dejaba salir el aullido de lobo que le subía ahora por la escalera del esqueleto, dispararían; así que agarró el chal de Magda y se lo metió en la boca, poco a poco, hasta que se pudo tragar el aullido de lobo y sintió el regusto a canela y almendras de la saliva de Magda; y Rosa bebió el chal de Magda hasta que se secó".
Años después, muchos años después, Rosa vive donde puede. Y donde puede es en Miami, en un mal llamado hotel, entre ancianos que empiezan a olvidar a sus hijos y sus nietos para convertirse en lo único realmente importante para sí mismos. Allí a ido a para Rosa que no olvida nada de lo importante y mucho menos a su hija Magda. Ha destrozado su almacén de antigüedades (más bien cahamarilería) de Nueva York y se ha ido a vivir a Miami dependiendo de su sobrina Stella. Desde allí escribe cartas, se ocupa de sus tareas cotidianas y espera a que Stella le envíe por fin el chal. No le importa vivir en un sitio u otro porque su vida se perdió hace mucho tiempo y, sin una vida, "vives donde puedes. Si todo lo que tienes son pensamientos, es ahí donde vives"
Hace ya mucho tiempo que Rosa vive en el recuerdo (de lo pasado, del entonces); vive en sus cartas, que escribe en polaco y en inglés; en inglés a Stella que ha olvidado el polaco, pero a Magda le escribe siempre en polaco más excelso y literario. A Stella le hace reproches y le pide el chal. A Magda le cuenta historias del pasado, de la vida de antes, de su vida en Polonia antes de que todo se derrumbara, y así nos va contando también a nosotros una infancia acomodada, con padres cultos poco dados a manifestaciones religiosas. Su padre "se definía como un patriota polaco a título provisional, hasta que las naciones coexistieran una junto a la otra como el lirio y el loto". Leía en varios idiomas. La madre publicaba poesía.
No se puede decir que Rosa sea una mujer equilibrada mentalmente. Muchas nociones le bailan en el tiempo y vive prendida de sus obsesiones. Al fin y al cabo, destrozó su negocio en Nueva York y solo sacándola de la ciudad, consiguió Stella que no la encerraran. Pero, ¿podría ser de otra manera cuando se ha vivido lo que ella ha vivido? ¿Se puede mantener la cordura tras años en el gueto de Varsovia y más años en un campo, en algún lugar frío y perdido de Polonia? ¿Se puede seguir estando lúcido cuando se ha presenciado lo que ella vio en el campo cuando se bebió el chal de Magda hasta dejarlo seco? 
Ha perdido, hasta cierto punto, la noción de presente, pasado y futuro. Como le explica al señor Persky, los humanos somos menos que los gatos, porque en América los gatos tienen nueve vidas (son dos vidas más afortunados que en España), pero los humanos solo tenemos tres: 
"—La vida de antes, la vida de durante, la vida de después. —Vio que Persky no la seguía. Añadió—: La vida de después es ahora. La vida de antes es nuestra vida real, en casa, donde nacimos.
—¿Y el durante?
—Eso fue Hitler".
Ilustración de Oscar Astromujoff
Pero puesto que el antes fue un sueño y el después una broma, lo único verdaderamente real es el durante y no se puede llamar vida a ese durante. Definitivamente, Rosa ha perdido su vida.
No está muy en sus cabales, pero mantiene la cordura suficiente como para distinguir entre seres humanos y supervivientes, una palabra que Rosa odia porque supone una etiqueta que deshumaniza, que mueve a la compasión y a la condescendencia. Además ¿de qué puede ser considerado superviviente alguien que ha perdido su vida?
Conserva suficiente lucidez como para distinguir entre alambradas para no salir y alambradas para no entrar, pero estas no deberían ser de alambre de espino "en América las vallas no deberían tener alambre de espino". Y tal vez no entiende, pero le explican que hay alambradas para mantener a la chusma dentro y otras para impedir que la chusma entre.

Cynthia Ozick
Cynthia Ozick nació en Nueva York en 1928, por lo que cuenta en la actualidad con noventa años. Sus padres eran judíos rusos que se establecieron en la ciudad tras los pogromos que se produjeron a la muerte de Alejandro II de la que fueron acusados los judíos. Aunque no padeció el holocausto ni estuvo en Europa durante la Guerra, sabe lo que es ser judío en Estados Unidos. Sabe lo que es sentir la burla, y hasta las pedradas, por no celebrar la Navidad. "Esa hostilidad, de la que en parte la salvaron los libros que pronto se aficionó a leer, hizo que fuera especialmente sensible a la cuestión de la identidad judía y al Holocausto, temas en torno a los cuales gira la mayor parte de sus ensayos y narraciones"
Esa hostilidad es, tal vez, la que sigue sintiendo Rosa muchos años después de haber llegado a Nueva York con todo su bagaje a cuestas; la que siguen sintiendo los muchos supervivientes (seres humanos) que siguen llegando a lo que sueñan como mundo libre. Un sueño del que despiertan (les despertamos) nada más llegar.  

Título del libro: El chal
Título original: The sawl
Autor: Cynthia Ozick
Ilustrador: Oscar Astromujoff 
Traducción: Eugenia Vázquez Nacarino
Editorial: Lumen
Año de publicación: 2016
Año de publicación original: 1980 y 1983 (cada relato)
Nº de páginas: 104

Esta novela entra además en el II reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990. Los dos relatos que componen "El chal" se escribieron en 1977, aunque se publicaron en 1980 y 1983 respectivamente.


sábado, 10 de noviembre de 2018

Tertulia literaria en "Amigos a los que les gusta Cuéntame una historia".


Hace unos días, con motivo del cuarto cumpleaños del blog, hacía una entrada en la que daba noticia de que  en el grupo de Facebook "Amigos a los que les gusta Cuéntame una historia" había un anuncio. 
Ese anuncio era la convocatoria de una tertulia literaria para realizar por Facebook en el mismo grupo y pedía la colaboración de todos para que sugirieran libros para la tertulia. Yo me reservaba el derecho a elegir, entre todos, el que definitivamente se leería para comentar y debatir en la tertulia.
Se propusieron cinco libros y os confieso que no tuve que pensar mucho porque ya el primero de ellos, sugerido por José María Pastor Gil, me pareció una propuesta perfecta. Primero porque su autora, Sara Mañero, es miembro del grupo y me pareció genial la posibilidad de poder contar con ella en la tertulia y que pudiera contestar preguntas y/o resolver dudas acerca de la novela. Segundo y más importante, porque tuve la suerte de leer el libro hace unos meses y me gustó mucho. 
Se trata de "Atrapando la luz", una novela que tiene una hermosa historia mezclada con mucha Historia; una novela de mujeres pioneras y valientes, en una época (de finales del siglo XIX a mediados del XX) en la que, aunque había más de las que podemos pensar hoy en día, no abundaban  y, en todo caso, lo tenían muy difícil. Además trata del mundo fascinante de los albores de la fotografía y de los primeros fotógrafos de guerra. 
En fin, creo que es una novela magnífica. Os dejo el enlace a la reseña que hice en su día por si alguien quiere saber más sobre ella. Como siempre he procurado no destripar la trama, al menos, no más de lo razonable:
Para que nadie se asuste por falta de tiempo, he creído que sería buena fecha realizar la tertulia entre los días 7 y 11 de enero de 2019. Faltan aún dos meses y, al no convocar la tertulia un día a una hora concreta, no se dará el caso de que a alguien le resulte imposible estar presente. En esos días, a las horas que cada uno tenga disponibles, podemos pasar por el grupo a dejar nuestros comentarios sobre la novela y a leer y opinar sobre los que dejen los demás.
Todo ello se hará en un hilo que abriré a tal efecto.
Por cierto, he convocado un evento de esos de facebook que nos lo recordará una vez a la semana. Lo he hecho más que nada porque, aparte de parecerme útil como recordatorio (mi memoria ya no es lo que era y nunca fue gran cosa), me hacía ilusión. Nunca he hecho nada similar y una guarda ciertas dosis de infantilismo, reminiscencias de algún trauma de la susodicha infancia.

Título del libro: "Atrapando la luz"
Autora: Sara Mañero
Editorial: Verbum
Año de publicación: 2018
Nº de páginas: 396



miércoles, 7 de noviembre de 2018

"¡Así de grande!" Edna Ferber

"Se quedó con el nombre hasta que casi cumplió los diez años. Tuvo, literalmente, que pelear para librarse de él. El So Big inicial (por una derivación cariñosa e infantil) se condensó en Sobig. Y el niño se quedó como Sobig DeJong, con toda su disarmonía consonántica, hasta que se convirtió en un escolar de diez años en aquel distrito increíblemente holandés al suroeste de Chicago, conocido primero como Nueva Holanda y luego como High Prairie".
Sobig se llamaba en realidad Dirk DeJong y era hijo de Selina DeJong, antes Selina Peake. Ella fue la causante del apodo del niño. Ella, agotada por el trabajo en la granja, miraba a aquel niño sucio, golpeado, afeado por moretones, desastrado por todo tipo de contusiones y agresiones que la tierra prodiga al hijo de una granjera que no tiene mucho tiempo para librarle de la dureza del campo, y preguntaba arrobada de amor, "¿Cómo de grande es mi niño? [...] ¿Cómo de grande es mi hombrecito? El niño dejaba por un momento de meter los dedos regordetes en el fértil y cálido légamo, esbozaba una sonrisa gozosa aunque algo cansada y abría mucho los brazos. [...] ¡Así-í-í de grande!". Así de grande, So big, Sobig.
Selina no había nacido en aquella colonia holandesa del sur de Chicago, ni había crecido como una campesina con las manos callosas. Cuando Selina llegó a High Prairie había vivido ya en muchos lugares. Los tres años pasados en Vermont tras morir su madre, en casa de dos tías, típicas solteronas de Nueva Inglaterra, son el único recuerdo oscuro que Selina querría borrar. Después, al cumplir los doce años, su padre la rescató, y el mundo se abrió ante la niña como un fruto dulce y maduro, interminable, del que disfrutar a placer. Vivieron en muchas ciudades antes de instalarse en Chicago en 1885 cuando Selina tenía dieciséis años. 
En todas esas ciudades vivieron con lujo cuando se podía, humildemente cuando no había para más. El padre tenía negocios que a veces salían bien y a veces salían mal. Y siempre había algún asunto "en juego". "Ella nunca supo hasta el día en que murió su padre que el término «juego» podía aplicarse literalmente a sus transacciones comerciales. Simeon Peake, que viajaba por el país con su hija pequeña, era jugador profesional por temperamento y talento naturales".
Pero si pudiera parecer que una niña educada por un jugador de fortuna, iba a ver seriamente comprometida su educación, nada más lejos de la realidad. Pasaba mucho tiempo sola en habitaciones de hoteles lujosos o de pensiones mediocres en cuyos salones la niña encontraba libros con los que matar el aburrimiento, luego los buscaba en las bibliotecas y, finalmente, su padre se los proporcionaba en grandes cantidades. A los quince años leía a Byron, Jane Austen, Dickens, las Brontë... También se aficionó muy pronto al teatro a donde acompañaba a su padre y donde terminó de ejercitar su imaginación si los libros no hubieran sido ya suficiente adiestramiento. Tenía una vida mucho más variada e intensa que cualquier adolescente de su edad. 
Dependía de un padre moderno para la época, que pretendía abrirle la mente a todas las maravilla que el mundo puede ofrecer; un padre que la llevaba al teatro y después le prometía toda una vida de aventura y belleza.
"—Lo que me gusta del teatro y de los libros es que puede pasar cualquier cosa. ¡Lo que sea! Nunca se sabe —dijo Selina tras una de esas veladas.
—La vida es igual —le aseguró Simeon Peake—. No te imaginas las cosas que te ocurren si simplemente te relajas y las tomas como vienen".
¿La había engañado su padre? ¿Había ella equivocado el camino? ¿En qué momento su vida se había torcido y había entrado en una vía muerta de surcos por arar, tierras estériles, trabajo y más trabajo?
Aquella jovencita que con diecinueve años llegó a High Prairie diciendo que los repollos verdes y rojos eran bonitos como el jade y el burdeos, como el crisopacio y el pórfido, era la representación viva de una mujer imaginativa, fuerte y triunfadora. "La vida no tenía armas contra una mujer así".
Aquella jovencita que llevaba en su baúl un vestido de cachemir color burdeos (hermoso como un repollo); que pretendía enseñar en una escuela rural como paso previo a enseñar en colegios públicos de una ciudad; aquella jovencita que buscaba la belleza por encima de todo, unos pocos años después se quemaba al sol intentando sacar adelante una granja, un hijo, una vida que ya no le sonreía ni hacía excesos con ella, y cómo su vida ya no le sonreía, se volvió hacia la de su hijo y luchó como una leona para que fuera su hijo el que viviera rodeado de belleza, para que fuera su hijo el que se librara de aquel destino de agricultor pobre y prematuramente envejecido o muerto. "Sentir pasión por las cosas y desarrollar esa pasión para…, para producir algo bonito a partir de ella. [...] Eso es lo que entiendo por belleza. Y quiero que Dirk la consiga".
Pero, como suele suceder, la vida no siempre discurre por donde nos gustaría por mucho que la planeemos. Y menos aún si lo que planeamos es una vida ajena, que no nos pertenece aunque la hayamos creado, y que, en el mejor de los casos, discurrirá conforme a los planes que su dueño haya hacho a su gusto particular. 
¿Se torció la vida de Selina? ¿Se esfumaron sus ansias de belleza? ¿O, tal vez, lo que se torció fue la mirada que su padre le aconsejó? Selina siguió esperando que en la vida, como en el teatro y los libros, surgieran cosas maravillosas. Olvidó que lo que Simon Peake le había dicho es que hay que relajarse y dejar que sucedan las cosas y entregarse a ellas sean cuáles sean y tomarlas como vienen. Selina era una mujer fuerte, el mundo no tenía armas contra una mujer así, pero una mujer así es capaz de afilar sus propias armas y después utilizarlas contra sí misma.

Edna Ferber
Edna Ferber publicó esta novela en 1924 y con ella obtuvo el Premio Pulitzer en 1925. Es autora de novelas que han tenido más éxito en el cine que en las novelas, como "Gigante" (George Stevens, 1956), una de las tres míticas películas protagonizadas por James Dean, o "Cimarrón" (Anthony Mann, 1960). También "¡Así de grande!" se ha llevado al cine en tres ocasiones. La primera fue una versión muda en 1925; la siguieron dos películas, ya habladas: una de  William A. Wellman en 1932, y la más famosa, de Robert Wise titulada "Trigo y esmeralda" en 1953.
Con una prosa hermosa y muy directa, la novela pone ante nuestros ojos la lucha entre la vida en una ciudad urbana y moderna y la mucho más dura en sus alrededores, cercanos en distancia, próximos a ser absorbidos dentro de la urbe, pero muy lejanos en cuanto a modo de vida y desarrollo; entre la búsqueda del arte, la belleza, el espíritu en una palabra, y la ambición de cosas más pragmáticas como el éxito profesional en una profesión capaz de dar dinero; entre el ser humano y las condiciones de vida a finales del siglo XIX.
Pero si el transcurrir de la novela, su principio adelantado a la trama que ha de retroceder y después volver para encontrase y seguir avanzando, es realmente brillante, el final es de los que a mí me parecen perfectos. No voy a adelantar nada. Dejo que quien quiera acercarse a este libro lo descubra por sí mismo.

Título del libro: ¡Así de grande!
Título original: So big
Autora: Edna Ferber
Traducción: Iñigo Jaúregui
Editorial: Nórdica
Año de publicación: 2015
Año de publicación original: 1924
Nº de páginas: 304

Esta novela entra además en el II reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990. "¡Así de grande!" está publicada en 1924.


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