"Precioso veneno" Mary Webb
Ahora quiero contar la historia de todos los habitantes de Sarn, de madre, Gideon y yo misma, de Jancis —que era tan bonita—, del brujo Beguildy y de las dos o tres personas que vivían por ahí. Siempre hubo poca gente, y a lo mejor seguirá siempre así, pues es un sitio un poco triste. Quizás sea por el rumor del agua, año tras año: mires donde mires, oigas lo que oigas, el agua está siempre presente; o quizás sea por los grandes árboles que esperan y meditan a izquierda y derecha; o por la imperturbable calma del lugar, como si lo hubieran creado para tiempos pasados y no para nosotros. O quizás se deba a que la tierra es pobre y pantanosa, con hierba escasa y poco nutritiva, como suele suceder ahí donde los juncos, las cañas y las primaveras crecen en abundancia. Quizás las conozcan con el nombre de prímulas, pero aquí siempre las hemos llamado primaveras. Es empezar Precioso veneno y verme asaltada por recuerdos de otros libros y otros autores. Primero las hermanas Brontë, Emily ...