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Mostrando las entradas etiquetadas como Lectura conjunta

"La línea de la venganza" Ángel Osuna

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«Es de noche. Por fin. Dos mujeres yacen en la cama, atrapadas en una quietud que parece haberlas arrancado del tiempo. La primera lleva horas esperando a que la oscuridad tome forma y la muerte le revele su rostro. La otra, más joven —enfermera de profesión, aunque en su mente esa vida parece distante—, ha intentado salvarla. Ha luchado con todo lo que tenía: ha presionado heridas, contado pulsaciones, hablado, gritado, susurrado palabras de consuelo e incluso rezado. Pero al final solo le quedan las manos teñidas de sangre, el sudor abrasándole los ojos y súplicas que ya ni siquiera suenan, ahogadas en la impotencia. Nada». La escena anterior, con la que empieza La línea de la venganza , tiene lugar en París en mayo  de 2024. Después hay un flashback en el que retrocedemos a febrero del mismo año y saltamos a Cádiz. Capítulo a capítulo iremos conociendo a los distintos personajes que van a componer la trama e iremos viendo cómo llegan a relacionarse unos con otros. A Francis...

"La escritora" J. D. Barker & James Patterson

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«La esposa llega a casa y se encuentra la puerta del apartamento abierta y a su esposo muerto. Llama a la poli. Dice que, quienquiera que haya hecho esto, podría seguir en el apartamento. Aparecen mis chicos, y va ella y les dispara cuando intentan franquear la puerta. Les dice que allí no va a entrar nadie que no seas tú: "¡El detective Declan Shaw, el detective Declan Shaw!", dice una y otra vez. Puta chiflada... Ha tenido suerte de que los míos no hayan respondido a los disparos». Eso es Ahora , en noviembre de 2023, pero hubo un antes, un tiempo que se describe en la novela como Entonces y que se remonta a octubre de 2018. Entonces hubo un asesinato, el de  Maggie Marshall, una joven de catorce años que había desaparecido tras salir del colegio. Entonces apareció en Central Park estrangulada y con evidentes signos de agresión sexual. Las pruebas llevaron a un jardinero del parque, Rubén Lucero apodado Lucky, con antecedentes y registrado como agresor sexual. Sin may...

"El señor Fox" Joyce Carol Oates

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«En una maraña de juncos aplastados yace la ensangrentada cosa-carne lacerada y desgarrada, un objeto insustancial en sí mismo, del tamaño de un roedor pequeño, pero sin ojos, en principio sin visión, sin duda hay más, en algún lugar no muy lejos hay más, pero ella está tan emocionada de descubrir este bocadito, esta muestra, sus pequeñas mandíbulas se cierran para reclamar el trofeo, lo menean para romperle el cuello, para apagar cualquier vida que tuviera si fuese un ser vivo y no meramente carne, carne humana a juzgar por el olor. —¡Lady Di! ¡¿Qué es eso que tienes en la boca?!» Ese fue el primer hallazgo. Lo hizo Lady Di, la perrita de P. Cady. P. Cady es la directora de la prestigiosa Academia Langhorne, un colegio privado donde estudian los jóvenes pudientes de la zona y algún que otro alumno menos pudiente, pero bien dotado intelectualmente, que lo hace con beca. Es el 30 de octubre de 2013 y desde el viernes anterior disfrutan de las vacaciones de otoño por lo que P. Cady ha...

"Flores de papel" Ebbaba Hameida

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«Vivías entre dos mares que chocaban en tu mente cándida. La efervescencia del Mediterráneo te animaba a experimentar con tu cuerpo, pero la sobriedad del desierto te obligaba a reprimir el deseo. Italia y el Sáhara, dos mundos incompatibles y tú, desesperada por satisfacerlos. Eras consciente de tus deberes como mujer saharaui y a la vez escuchabas a las italianas con la curiosidad de quien quiere volar. Querías encajar, integrarte en Occidente, pero la arena pesaba demasiado. Una nube de advertencias te decía que no eras como tus amigas, eras la hija de un hombre respetado y cualquier acto, por insignificante que fuera, iba a mancillar el honor de tu linaje. La Ley de Alá te acoge en su seno, sin embargo, es férrea con aquellos que la quebrantan: sufren el repudio, el ostracismo y el exilio. Y de nuevo tus amigas italianas no lo entendían. ¿Quién te va a ver? ¿Qué más dará un beso? Un beso, ¿qué se sentiría al dar un beso? ¿Será como en las películas de amor?». Aisha es el perso...

"La muerte ajena" Claudia Piñeiro

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«Siempre creyó que a cada persona el destino le tiene reservado uno o dos en la vida. Ni más, ni menos. Más sería un exceso. Menos, un tedio. Y a ella no sólo la había abandonado su padre en la adolescencia, sino que un cáncer fulminante se había llevado a su madre, un tiempo después, cuando Verónica tenía apenas veintitrés años. Dos terremotos. Así que, en esta mañana, en la que amanece como cada día, su cuota de catástrofes personales se encuentra cubierta. Y en cuanto al tedio, aburrida no está. O sí, pero no es consciente. Para más confusión, si cabía alguna posibilidad de advertir el peligro, esa posibilidad se termina de esfumar cuando los rayos de sol empiezan a tomar altura y rebotan contra los últimos pisos de los edificios más altos de la ciudad, del otro lado del parque. Esa luminosidad, Verónica cree, le promete un día perfecto». Pero es un día en el que aún le puede caer encima otro terremoto porque aunque ella no lo sepa, la cuota de terremotos a los que está sometida ...

"La cartera" Francesca Giannone

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El autobús de línea azul oscuro, destartalado y oxidado, se detuvo chirriando en el asfalto ardiente de primera hora de la tarde. El viento, húmedo y bochornoso, hacía ondear las hojas de la gran palmera que se alzaba en el centro de la plaza desierta. Los tres únicos pasajeros que había a bordo bajaron: Carlo el primero, con el puro apagado entre los dientes, vestido de punta en blanco con chaleco y los oxford de piel marrón bien lustrados, impolutos después de un viaje que, primero en tren y después en autobús, había durado dos días. […] Se quitó el sombrero de fieltro y lo usó a modo de abanico, pero solo consiguió mover el aire caliente. En verano, el siroco que soplaba de África era tan despiadado como recordaba. Anna lo percibió en cuanto puso un pie en el suelo. Llevaba un vestido negro largo, señal del luto que se obstinaba en mantener desde hacía ya tres años, y sostenía a duras penas a Roberto, un niño de un año de mirada avispada. Era junio de 1934 cuando Carlo Greco, s...