Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

viernes, 22 de marzo de 2019

"Un fin de semana" Peter Cameron

"Si Tony estaba en una fiesta, había algo que terminaba por suceder siempre, de manera invariable: la gente bailaba o cantaba, o se bañaba desnuda o desfilaba, o jugaba a juegos. Se tiraban y se rompían cosas y, en mitad de aquel furor, Tony era capaz de permanecer relajado. Cuando estaba Tony, era fácil desaparecer. Si Tony estuviera abajo también, John no vacilaría en bajar. Pero Tony estaba muerto".

Hay fines de semana en los que cabe toda una vida porque en ellos se resume el pasado y en ellos se anticipa, aunque veladamente, el futuro. Puede que este fin de semana sea uno de ellos porque muchas cosas van a pasar ante los ojos del lector. Cosas veladas entre las actividades cotidianas y normales, casi vulgares, de un fin de semana en el campo en pleno verano. Comidas al aire libre, siestas al sol, baños en el río, paseos entre los árboles al anochecer...

Robert y Lyle se disponen a pasar un fin de semana en casa de Marian y John. Robert y Lyle se han conocido hace poco. Lyle es crítico de arte y su último libro, Neo-esto, neo-aquello: auge y caída de la pintura contemporánea, ha tenido gran éxito. El suficiente como para que le invitaran a impartir unas charlas para artistas emergentes en las que encontró a Robert, un pintor joven que trabaja de camarero. La relación entre ellos está recién empezada y supone para Lyle la esperanza de empezar a pasar página y recuperarse de la muerte de Tony, el hombre con el que compartió nueve años de su vida y que murió el verano anterior. Y es que piensa que no ha hecho "avance alguno en su duelo por la muerte de Tony. Había dado por sentado que el proceso progresaría de manera matemática, como una disminución gradual pero inexorable de la tristeza. Como un viaje lento pero seguro. [...] Sin embargo, el viaje de Lyle no estaba siendo así". Tony seguía siendo una presencia en su vida, nítida y dolorosa.

Marian y John esperan en su casa de campo, al norte del estado de Nueva York, a su amigo Lyle que no los visita hace ya mucho tiempo. Los tres se conocen desde hace más de veinte años, desde la Universidad. Marian ha transitado por los oscuros caminos de la depresión. Ello en parte fue lo que los llevó a vivir al campo, y ahora, lejos del trajín y el gentío de la ciudad y con su hijo de casi un año,  parece haber dejado de lado sus fantasmas más perturbadores. Marian y John esperan a Lyle con ilusión, sobre todo Marian. "Esto de vivir en el campo se hace muy aburrido sin ti por aquí. Cuando nos mudamos me dijiste que vendrías a visitarnos todo el rato". Ilusión que se mezcla con un poco de aprensión porque Lyle viene acompañado de un amigo o, presumen, de algo más que un amigo. Nada del otro mundo si no fuera porque Tony, el antiguo novio de Lyle, era el hermano de John. "—Eran hijos de la misma madre. Los padres de John se divorciaron y su madre se fue a vivir a Italia. Tony nació allí. Suena más complicado de lo que es".

Conocer gente nueva es todo un desafío para algunas personas. Lo es para mí. Cualquier desconocido inesperado que aparece en una reunión en la que no cuento con él se transforma de inmediato en el enemigo. No dura mucho. Lo que tardo en hablar con esa persona y ver que es como todo el mundo. Ahora ya, un conocido. Pero la siguiente vez, me vuelve a pasar lo mismo. La costumbre no me ayuda a acostumbrarme y cada vez, los desconocidos, suponen para mí el mismo trauma mezcla de timidez y miedo a lo desconocido, a desconocerme, porque como dirá Marian "eso es lo interesante de conocer gente nueva: uno se ve a sí mismo de otro modo"

Tal vez es eso lo que me asusta, verme de un modo nuevo, distinto, en el que no me identifico conmigo misma, con quien estoy acostumbrada a quedarme a solas. Un desconocimiento que temo quizás más en los demás. Miedo a que los demás me vean distinta a como yo creo que me ven. 

Me pongo en la piel de Robert y veo que yo no hubiera ido ni loca a esa casa en el campo ese fin de semana, pero Robert tiene esperanzas puestas en Lyle. Tal vez para él conocer a los mejores amigos, a lo más similar a una familia, de su nueva pareja, es todo un reto, algo que le ayudará a afianzar su relación. Hacemos esfuerzos cuando una relación nos interesa que, en cualquier otro caso, serían impensables.

Me pongo en la piel de Marian y John. El amigo esperado y anhelado viene con el enemigo (el desconocido). Aunque seguramente, ellos no padecen mis problemas de timidez. No Marian, desde luego. Un poco más, quizás, John. Quieren alegrarse por Lyle, quieren que supere su pérdida y empiece a ser feliz y recupere las ganas de vivir con una nueva relación. De hecho, se alegran; quieren demasiado al amigo como para que no les haga felices verle sonreír de nuevo esperanzado. Pero al mismo tiempo no pueden evitar, sobre todo Marian, un cierto resquemor ante la suplantación del amigo muerto. Para John y Marian, acostumbrados a ver a Lyle en otra compañía más querida, es extraño verle ahora interpretando con Robert el papel que antes interpretó con Tony "porque ese alguien conocido por ti desaparece y es reemplazado por otra persona diferente, más compleja. Lo ves girar en esa nueva compañía, revelando nuevas facetas, y no hay nada que puedas hacer, salvo desear que esas otras caras te gusten tanto como la que parecía ser la única cuando te miraba solo a ti".

Peter Cameron
El fin de semana transcurre lento, con la desgana perezosa de los días lentos del verano. Intercaladas con los acontecimientos se nos muestran pinceladas del pasado, de un pasado en el que Tony brillaba con su luz alumbrando a todos los que lo rodeaban, porque no solo pasaban cosas en las fiestas en las que él estaba presente. Tony era capaz de inventar mundos en los que yo estaría encantada de vivir; deseaba inventar un país entero, "todas las ciudades y pueblos y restaurantes y hoteles y museos y catedrales. O a lo mejor las catedrales no. No creo que hubiera catedrales en este país. Serían otra cosa, algo más divertido, como garitos. O spas. [...] En ese país siempre estaríamos en el siglo xix, creo. Pero con electricidad y agua corriente. Y sin coches. Habría trenes y barcos, pero coches, no". Sí, yo quería vivir en ese país maravilloso en el maravilloso siglo XIX. Querría vivir allí con Tony que cuando asiste a las fiestas siempre ocurre algo. Creo que con él no me asustaría ir a fiestas llenas de desconocidos porque se hacen cosas impensables por amor y tal vez yo me he enamorado de Tony, aunque sé que él nunca me va a corresponder. 

Tony se quedó prendido en el recuerdo y en el pensamiento y en todas las nostalgias de Lyle que, aunque sabe que tiene que pasar página y recuperar una vida sin duelo, sabe también que "hay cosas que pierdes y que no vuelven. No puedes recuperarlas nunca, salvo en la copia borrosa que preserva la memoria. Hay cosas que parecen irreconciliables con las que, sin embargo, hay que encontrar la forma de reconciliarse. El simple transcurso de los días atenúa la intensidad del dolor, pero nunca lo desgasta del todo: lo que el tiempo se lleva, se lo lleva, pero te deja con el remanente frío y duro de algo, con un recuerdo que no se puede perder. [...] Y aquí, como una piedra que llevo conmigo a todas partes, tengo un pedazo del corazón de otra persona que guardé de un viaje que hice una vez".

Pero la novela es más de lo que podría parecer. Hay más personajes, del pasado y del presente, de los que no he hablado pero que tienen su importancia; hay sátira y humor ante los anhelos de una clase social acomodada, liberal y progresista que no termina de encontrar su cuota de felicidad entre el desarraigo y los miedos; hay situaciones supuestamente sencillas, conversaciones inocuas en apariencia, episodios aparentemente sin importancia. Mucha vida cotidiana que va llevando por caminos que nos hacen vislumbrar que ese fin de semana va a tener mucha importancia en el devenir de las vidas de sus protagonistas.

Una novela que parece hecha a la medida de mis más genuinos gustos literarios, que me ha hecho descubrir un nuevo autor en el que seguiré profundizando y que me reafirma en mi idea de que la literatura actual estadounidense está tocada por la gloria de las musas.

Título del libro: Un fin de semana
Autor: Peter Cameron
Título original: The Weekend
Traducción: Álvaro Marcos
Editorial: Asteroide
Año de publicación: 2018
Año de publicación original: 1994
Nº de páginas: 248

martes, 19 de marzo de 2019

"Lucía en la noche" Juan Manuel de Prada

"Mientras había luchado por alcanzar el éxito, había escrito con el entusiasmo y el temblor de quien arroja una moneda al aire, ignorando si saldrá cara o cruz. Pero, tras alcanzarlo y probar su sabor, empecé a renegar de mi oficio, [...] Entonces empecé a buscar lenitivos que supliesen su ausencia: [...] empecé a frecuentar los platós televisivos, donde, a cambio de un estipendio siempre generoso, me juntaban con un hatajo de botarates vociferantes que no paraban de proferir barbaridades (pero ninguno profería tantas como yo, más vociferante que ninguno), disputándose la predilección de una audiencia mentecata".

Cuando leo estas líneas pienso que el autor está haciendo autocrítica, tal vez saldando cuentas con su pasado. A ver, entendedme. No quiero decir que Juan Manuel de Prada haya dejado de escribir para dedicarse a saraos televisivos en compañía de botarates vociferantes (y menos que sea el más botarate y el más vociferante) para una audiencia mentecata. Ni mucho menos. Él ha seguido escribiendo. No demasiado. Diez novelas (además de artículos y relatos) en veintitrés años. Él no aparece en esos platós televisivos en los que los tertulianos se gritan unos a otros y se pelean por ser el que más destaca en su afán de ordinariez y falta de civismo. No. Me refiero a otra cosa.

Juan Manuel de Prada no había cumplido veintiséis años cuando escribió "Las máscaras del héroe". Era 1996 y todos los que leímos aquel libro quedamos sobrecogidos y perplejos. Puedo asegurar que es una de las mejores novelas escritas en la segunda mitad del siglo XX. Recuerdo que nos preguntábamos que más se podía escribir después de aquello y si no habría sido un temprano canto de cisne imposible de superar. Pues bien, han pasado como digo veintitrés años y aquella primera novela sigue siendo, con mucho, lo mejor que ha escrito. Tiene más novelas buenas, pero ninguna (y esto no es más que mi opinión personal) está a la altura de aquella primera. Recibió el Premio Planeta con su segunda novela, "La tempestad", tan prescindible como casi todos los Premios Planeta salvo alguna rara excepción. Pasó a ser conocido por sus apariciones en la televisión: recuerdo haberle visto mucho en las tertulias que dirigía José Luis Garciel en elprograma Qué grande es el cine,  antes y después de la película de turno. Pero sobre todo se hizo famoso como columnista de prensa, siempre en publicaciones de tipo conservador.

No es su talante conservador algo que me impida disfrutar de su literatura. Soy bastante hábil a la hora de separar las obras de la ideología de su autor. Durante muchos años, leí todas sus novelas y siempre que cogía una nueva esperaba encontrar al autor de "Las máscaras del héroe". Por supuesto, nunca lo conseguí y creo poder asegurar a estas alturas que nunca lo conseguiré.

"Lucía en la noche" es mi reencuentro con el autor después de haberme saltado sus tres novelas anteriores. Parece ser que en la inmediatamente anterior, "Mirlo blanco, cisne negro", ya aparece el protagonista de esta, Alejandro Ballesteros. Y es también el estudiante que viaja a Venecia en "La tempestad", aunque de eso yo no me acordaba.

"En sueños vuelvo a verla a menudo, tal como la vi por primera vez en aquel desfasado garito para noctámbulos. Suenan los acordes de un piano y Lucía avanza lentamente hacia mí, mientras canta con voz cálida y rota, abriéndose paso entre la clientela beoda o somnolienta, difuminada por una neblina de ultratumba, como si fuese una resucitada, igual que Kim Novak avanzaba hacia James Stewart en aquella célebre secuencia de Vértigo". Un precioso comienzo que me hace albergar esperanzas. Alejandro Ballesteros es, como nos cuenta en las frases con las que inicio esta reseña, un autor sin novela. Hace muchos años que no escribe y que vive la noche y bebe la noche y vocifera en los platós y se acuesta con mujeres a las que lleva a casa y a las que no desea ver a la mañana siguiente. 

Cuando conoce a Lucía su vida da un vuelco. Animado por ella comienza a escribir de nuevo. Un año después de su encuentro, tiene lista una nueva novela que su antiguo editor está deseando publicar y él se dispone a tomarse un merecido descanso en las islas Canarias acompañado de Lucía. Pero problemas en la corrección de pruebas de la novela, de inminente publicación, le impiden viajar. La imposibilidad del cambio de fechas en la reserva de hotel, hace que decidan "mantener la reserva y que Lucía me precediese un par de días, mientras yo acababa la corrección".

Y hasta aquí, todo lo que se puede contar de la trama de "Lucía en la noche". Ni un paso más allá se puede avanzar sin dar un exceso de información. Lo que sí se puede es hablar de las cosas de la novela que me han gustado y de las que me han desconcertado o, directamente, me han chirriado.

Encuentro una cita de otro autor. Por dos veces veo la frase "no hallaba cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la muerte". Imagino que es un homenaje a Quevedo y a su soneto "Miré los muros", pero, ¿es necesario repetirlo dos veces? ¿no habría, de alguna manera, que indicar el homenaje, la cita, la obra, el autor de referencia? No sé, igual es una manía mía porque soy muy tiquismiquis

Me sorprenden más cosas. Hay una frase que me llama la atención y me suena a cita, es como muy redonda, como muy  del estilo de San Juan de la Cruz (me equivoqué): "busco su candor de trigo y su dolor de lenta espina" dice refiriéndose a los ojos de Lucía. Meto la frase en Google (no voy a presumir de conocer todas las citas; la de Quevedo sí, porque era uno de los poemas preferidos de mi padre y él me lo descubrió) y encuentro que es de una columna de El Semanal que el propio Juan Manuel de Prada escribió el 25 de julio de 2011 con motivo de la muerte de Amy Winehouse, ocurrida dos días antes. Los ojos que provocaron esa bella frase fueron los de la cantante. No sé qué hubiera pensado Lucía de ello. Sé que es otra manía personal, uno tiene derecho a usar sus propias frases cuando quiera, pero, como mínimo, queda raro. No sé qué otras citas, propias o ajenas al autor, se me habrán escapado.

Juan Manuel de Prada (foto Xavier Cervera para La vanguardia)
En algunos aspectos es muy reiterativo, demasiado, y me recuerda al estilo de Javier Marías. También me lo recuerda en otras cosas como las reflexiones que se cuelan entre la trama; lo leía y no podía dejar de pensar en las similitudes. Varias veces leyendo "Lucía en la noche", me he acordado de Javier Marías. Pero lo que en Marías es estilo propio, originalidad genuina que solo se imita a sí misma y pone el sello del autor en cada libro, en Juan Manuel de Prada me suena impostado, buscado con artificio, reiteración innecesaria (las veces que repite la expresión pijos estresados, doce para ser exactos, en el último tercio del libro no se justifica, desde mi punto de vista, de ninguna manera). No voy a decir que el autor imite a Javier Marías. No lo sé, ni soy quien para juzgarlo. Solo manifiesto la sensación que me transmite.

Me ha gustado el homenaje que hace a la película "Vértigode Alfred Hitchcock. Empieza (el homenaje; luego se alarga a medida que la novela transcurre) en la primera página, en el primer párrafo. Y sigue dando muestra de la habilidad y belleza literaria de las que el autor es capaz. "Pero la neblina que envuelve a Lucía en mis sueños no es verde como la que envuelve a Kim Novak en la película de Hitchcock, sino más bien rojiza, a juego con la decoración del garito, a juego con los divanes de terciopelo raído y mugriento, a juego con el tapizado de las paredes"Es un buen cinéfilo y se le nota, pero si alguien no ha visto la película y quiere disfrutarla en todo su esplendor, que la vea antes de leer este libro porque el destripe de la trama de la película  que el autor hace en esta novela es total y absoluto, sin la más mínima concesión al suspense.

Tiene una prosa que alcanza, como he dicho, momentos de gran belleza, pero en la mayor parte del libro es correcta sin más (ni menos). A eso hay que añadir que toda la historia rezuma un halo de irrealidad forzada, de algo que no llegamos a creernos. Por momentos me llega a parecer la fantasiosa historia de un escritor novel. Hay alguna situación delirante como la amistad que se establece entre Alejandro Ballesteros y el policía Emilio Avendaño que es tan increíble que, de darse, diría muy poco en favor de la profesionalidad de este último. Las cosas que llega a contarle el policía al escritor sobre la investigación en marcha, harían intervenir a los de Asuntos Internos con urgencia y premura.

Me ha gustado la estructura de "Lucía en la noche". En capítulos que se van alternando, unos con números romanos y otros con números arábigos, nos va contando la historia antes y después del viaje a las Canarias. Los números romanos nos van acercando desde el pasado, a través de la relación de Lucía y Alejandro, hasta ese viaje y lo que traerá consigo; nos van prefigurando el viaje y sus consecuencias. Esas consecuencias, el después del viaje, es lo que nos cuentan los números arábigos. Después viene un epílogo y un post scriptum, que dejan la novela bastante cerrada, aunque con un final realmente aceptable para el devenir de la historia.

Resumiendo, no me ha convencido "Lucía en la noche". El autor de "Las máscaras del héroe" no ha vuelto a aparecer en la narrativa de Juan Manuel de Prada, pero es que este libro es, desde mi punto de vista, de los más flojos que le he leído. Disiento de las dos o tres reseñas que he mirado tras terminar la novela y que la ponen por las nubes. No puedo, en absoluto, estar de acuerdo. 

Tan solo (tampoco he buscado mucho), con motivo de su anterior novela que no he leído, "Mirlo blanco, cisne negro", encuentro unas palabras de Guillermo Rodríguez para Huffington post, que se acercan mucho a lo que he comprobado en este libro: "hojas y hojas, y más hojas, que estallan como fuegos artificiales lingüísticos estéticamente impecables pero vacías de fondo. El lenguaje brillante y rebuscado como principio y fin último. No importa lo que se cuenta: lo único relevante es cómo se cuenta. Es sólo forma, porque no hay fondo".

Título del libro: Lucía en la noche
Autor: Juan Manuel de Prada
Editorial: Espasa 
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2019
Nº de páginas: 416

sábado, 16 de marzo de 2019

Sin reseña XIII



Hoy era cuando tocaba publicar "Sin reseña XIII", pero, como sabréis, me equivoqué y la publiqué el mismo día que la anterior, cuando aún estaba sin terminar.

Ahora, ya completa, os aviso por este medio de que ya está lista para ser leída, en el siguiente enlace:


A los que ya la hayáis leído, os doy las gracias y a todos os digo que espero que os guste y os dé una idea de las novelas que en ella trato.

martes, 12 de marzo de 2019

Una equivocación. Ya doble.

Por andar jugando con el móvil he mandado a borrador la edición octava de Sin Reseña*. Al volver a publicarla, no lo ha hecho con la fecha original, sino con la de hoy. Y lo peor es que he perdido todos los comentarios. 
Lo que quiero anunciar con esta entrada es que mi última publicación es "Sangre en los estantes" de Paco Camarasa. 
Es una publicaciónn que me es muy querida, y no quiero que quede camuflada
Olvidaos de esta y de Sin reseña VIII e idos a Sangre en los estantes.

*equivocación sobre equivocación, acabo de descubrir que lo que he publicado no es Sin reseña VIII. Confundí la VIII con la XIII (cosa de los tres palitos, pero la XIII está sin terminar. No la pongo en borrador porque ya hay comentarios, pero cuando la termine con el quinto libro, la anunciaré de nuevo.
Lo bueno es que la entrega VIII de Sin reseña mantiene intactos sus comentarios.
En algún momento tendría que traducirse al blog el despiste monumental que tengo y los líos que me monto yo sola. Bueno, ayudada por el móvil. 

Sin reseña XIII


Y llegamos a la entrega decimotercera de "Sin reseña". Nunca me he creído eso de que el número trece traiga mala suerte. A pesar de que el año 2013 se podría considerar uno de mis annus horribilis, siempre he preferido pensar que es casualidad y no culpa del trece. Tampoco fue bueno 1999, ni lo ha sido 2018.
Sin más rollo, que empiezo y no tengo donde parar, en esta nueva entrega hay un poco de todo y, como siempre, mucha negritud. Es que me encanta.


"Solo los muertos". Alexis Ravelo.
Esta es la segunda entrega sobre el investigador aficionado Eladio Monroy. La primera, "Tres funerales para Eladio Monroy", me gustó lo suficiente como para meterme el gusanillo y decidirme a seguirlo.
Hablo de investigador aficionado porque Eladio Monroy es un jubilado de la marina mercante que admite encargos varios para completar su pensión y puede que para matar el aburrimiento que la vida de jubilado podría ocasionar en un hombre activo y lleno de vitalidad como él.
En este caso le encargarán buscar a Héctor Fuentes, un hombre que, supuestamente, ha huido con secretos de su empresa. Se sabe que cogió un avión a Las Palmas y no se volvió a tener noticias suyas.
Pero el encargo esconde cosas mucho más turbias en las que Eladio se verá envuelto sin saberlo ni desearlo. Todo un mundo de intereses que no repara en jugar con las vidas ajenas a cambio de no perder ni un solo euro de beneficio; personajes corruptos dispuestos a todo por mantener ocultos los secretos de sus execrables negocios.
En sus pesquisas, se verá ayudado por Gloria su vecina y pareja que ya conocimos en la entrega anterior, y también por Manolo el viejo comunista propietario de la librería donde trabaja la mujer, porque en esta entrega, más aún que en la anterior, los libros tienen importancia. No hay más que ver la lista de los que Monroy atesora y lee.
Eladio encontrará a Héctor y hasta desarrollará con él una amistad que irá más allá de lo meramente profesional, aprendiendo a valorarlo y a admirar su honradez e integridad.
Una novela que confirma la buena impresión que ya me causó su antecesora y que me mantiene, de momento, como seguidora de Eladio Monroy y de Alexis Ravelo

"El bosque sabe tu nombre". Alaitz Leceaga.
Esta es una de las novelas que más aparecen últimamente por las redes sociales. A medio camino entre varios géneros, resulta entretenida, bien escrita y de fácil y agradable lectura. Solo tengo que achacarle su falta de originalidad, me recordaba continuamente otras historias leídas o vistas en cine. Sobre todo, salvando enormes distancias, no he podido dejar de recordar algunos episodios de "Lo que el viento se llevó", película que creo que también estaba en el imaginario de la autora por cuanto menciona una vez al menos a Vivian Leigh, y en varias ocasiones a Clark Gable.
Podemos incluirla en la novela gótica, con sus mansiones rodeadas de bosques, con pasillos y escaleras y buhardillas que intimidan y sus fantasmas que intimidan aún más. También tiene características del cuento tradicional, con hadas buenas y hadas malas, y con lobo incluido; Tiene suficiente realismo mágico como para que algunos de sus personajes gocen (o padezcan) ciertos poderes sobrenaturales que les permiten hablar con los muertos o controlar a su antojo las leyes de la naturaleza. Transita con timidez por las sendas del realismo social con su crítica a una economía injusta y a una iglesia más preocupada por sus prebendas en manos de los ricos y poderosos que por sus deberes hacia los más desfavorecidos.
La historia empieza a finales de los años veinte del siglo pasado, con Estrella y Alma, dos hermanas gemelas de once años. Alma es capaz de hablar con los muertos, Estrella está a punto de descubrir que ella también tiene poderes ocultos. El día que su abuela Soledad salta por el acantilado dejará un colgante de esmeraldas y un mensaje que sellará el destino de las dos hermanas.
A lo largo de casi veinte años, seguiremos a Estrella y a Alma en su dispar evolución. Las acompañaremos a Inglaterra y a California, las veremos regresar siempre a Villa Soledad, la casona familiar, y luchar por salir adelante a pesar de todas las trabas externas e internas que pretenden doblegarlas.
La parte final de la historia, en la que aparecen por el pueblo y la casa personajes siniestros que terminan de ganar una guerra, y están a punto de perder la de su conciencia y sus fantasmas, me ha traído a la cabeza sin poderlo remediar,otra película: "El laberinto del fauno", aunque esta no tengo tan claro que también esté presente en la autora o solo en mi mente calenturienta.
No hay originalidad en esta novela, pero no se puede negar que constituye una lectura entretenida, fácil y agradable. 


"Muertes de sobremesa". David Jiménez, El Tito.
Están muy de moda las novelas policíacas ambientadas en ciudades españolas de tamaño medio que se convierten en el paisaje principal de la trama. Desde Elizondo hasta Cartagena, pasando por Pamplona, Vitoria o Las Palmas de Gran Canaria, por hablar solo de series que he leído, el periplo recorre gran parte de la geografía.
En "Muertes de sobremesa", nos encontramos con el inspector Marcial Lisón enfrentándose a un asesino al que no pudo descubrir hace dieciocho años. Ahora ha vuelto a matar, pero la vida de Marcial ha cambiado mucho. Para empezar, ya no es el agente bisoño de entonces, sino un inspector con mucha experiencia; para continuar, ha perdido a su compañero y amigo, Santi, con el que compartió la investigación hace años. Santi murió a principios de año, repentinamente, de un ataque al corazón. Desde entonces, el comisario le ha asignado varios compañeros, pero con ninguno llega a entenderse. Y es que Marcial es un tipo raro. "Su capacidad para empatizar nunca había sido muy buena: su cerebro tendía a catalogar los actos comprensivos como falsos e interesados".
Ahora el caso se complica mucho porque la asesinada es la esposa del inspector jefe que llevó las investigaciones hace dieciocho años, lo que lo excluye del caso, complicando todo mucho más.
Esta es una novela que me ha sorprendido y me ha enganchado desde el principio. La trama está muy bien estructurada y tiene su complejidad; los personajes están muy bien matizados y resultan creíbles; hay un par de vueltas de tuerca sorprendentes e interesantes. Eso unido a que está bien escrita, hace que me haya enganchado en otra serie, aunque de momento solo hay tres entregas, lo que tampoco la hace muy laboriosa.

"La apariencia de las cosas". Elizabeth Brundage.
Esta es una novela a la que tenía un poco de miedo. Demasiado vista en las redes; demasiados elogios; demasiado mosqueo, como me suele suceder con las historias muy mediáticas. Me animó a leerla una reseña (siento no recordar de quién) que decía que no era un thriller tradicional y que no trataba exactamente de la investigación del asesinato con el que empieza. me pareció un planteamiento original y decidí leerla.
Efectivamente, empieza con el terrible asesinato de Catherine Clare de un hachazo en la cabeza, pero en lugar de asistir a la investigación policial para descubrir al asesino, la autora nos va llevando a lo largo de los meses anteriores, a través de la vida de las personas involucradas, sus relaciones familiares y de amistad; sus anhelos, frustraciones y errores. Más que indagar en la autoría del asesinato, se nos sumerge en las causas que han podido dar lugar a él, porque desde los meses previos al desenlace se nos lleva a los hechos del pasado y veremos a Catherine de estudiante, enamorándose de George, y veremos a los Hale que habitaron antes la granja en la que viven los Clare en el momento del crimen.
Poco a poco nos iremos enterando de muchas cosas ocultas, de secretos de unos y otros y terminaremos por ser nosotros mismos quienes descubramos al asesino. Pero que nadie se asuste, el asesino queda perfectamente identificado.
Recomiendo esta novela tanto a amantes del género negro y policíaco, como a los que no son muy fans del mismo. 
A mí me ha gustado mucho, el último tercio lo he devorado en una tarde y si se ha quedado "sin reseña" es porque poco se puede decir del libro sin destripar más de la cuenta, pero resulta una propuesta realmente original e interesante.

"Si no, lo matamos". Rosa Ribas.
La cuarta y última novela de Rosa Ribas con la inspectora Cornelia Weber-Tejedor como protagonista, sigue la línea de las anteriores. 
En este caso nos mete en una trama de secuestros exprés, algo que en Alemania desprecian como propio de países tercermundistas, sin darse cuenta de que el delito,  como todo los demás, también se globaliza. Como se globaliza la explotación de trabajadores extranjeros y los modos de ganar dinero a costa de lo que sea. "En los edificios que condenaban a muerte y querían vaciar de inquilinos se dejaba de hacer reparaciones, se rompían misteriosamente tuberías e instalaciones, se estropeaban las calefacciones y aparecían inexplicables plagas de ratas". ¿Os suena?
Sí, el mundo se globaliza y todo se reparte, no exactamente de forma equitativa, pero todo se reparte. Los trabajos y la sangre los ponen unos y el dinero se lo embolsan otros.
Además asistimos a los fantasmas del pasado de Cornelia, algo que se remonta a su adolescencia, de lo que no hemos tenido noticia en entregas anteriores, pero que fue lo que hizo que escogiera la policía como su profesión. También sigue su relación con Leo, con sus padres y hermano y con los compañeros de la comisaría, donde algún que otro disgusto amenaza a nuestra inspectora.
Una serie sin pretensiones, más allá de mostrar la realidad de una ciudad y de un país de los ricos, en este inicio del siglo XXI. Muy bien escrita y recomendable. Quedan ganas de seguir con la serie, pero que yo sepa, de momento, no hay más.

"Sangre en los estantes" Paco Camarasa

"Éramos una librería de recomendaciones. Los lectores venían a buscar lo que no encontraban habitualmente en otros lugares. Siempre decíamos irónicamente que teníamos los clientes más queridos por sus amigos. La última novedad de Camilleri o de Mankell, justo se la acababan de regalar el día anterior. Nuestro papel era el de libreros".
Dudé mucho sobre cómo empezar la reseña de Sangre en los estantes. Tenía ese párrafo anotado como posible principio. Me parecía adecuado presentar la librería tal como lo hace el librero en el libro. El librero, la librera, la librería... Paco Camarasa me ha cautivado; Montse Clavé y sus mejillones y su forma de ver la vida y la gastronomía y la amistad, me ha conmovido; la Negra y criminal me ha emocionado hasta las lágrimas. Y alguna de esas lágrimas eran de rabia, de esa imposibilidad de vuelta atrás, de tiempo ido con todas sus oportunidades a cuestas. 

¿Dónde estaba yo antes de 2015 que no supe de la existencia de esta librería? Dos veces fui a Barcelona con la Negra y Criminal en pleno funcionamiento y dos veces pasé por la Barceloneta sin saber que allí, en la calle de la Sal número 5, estaba la librería que podía haber colmado mis ansias de uno de mis géneros favoritos.

De muchas cosas no he llegado a enterarme hasta que he tenido mi blog y he empezado a moverme por las redes sociales. Por desgracia, menos de un año después de que yo abriera "Cuéntame una historia", cosa que hice el 26 de octubre de 2014, cerraba la librería. Había durado, en contra de los pronósticos más optimistas, casi trece años. Por entonces empezaba mi andadura por las redes. Leí del cierre, pero no fui consciente del significado exacto. No había sido consciente del significado de la vida de la librería y no era consciente del 
significado de su muerte. 

Así se despedía en su propia web, "Negra y criminal", en catalán y en castellano.


El tres d'Octubre la llibrería ha tancat definitivamente les portes
4 de Decembre del 2002
3 d'Octubre del 2015
estaba feta del material amb què es construexen els somnis

**************

El tres de Octubre la librería ha cerrado definitivamente sus puertas.
4 de Diciembre del 2002
3 de Octubre del 2015
"estaba hecha del material con que se construyen los sueños"

Luego supe de Sangre en los estantes y lo apunté y lo compré y no sé cómo he podido tardar tanto tiempo en leerlo. Bueno sí lo sé: mi preferencia por la novela sobre el ensayo fue la causa. A pesar de que hay ensayos que valen todo un mundo de novelas; a pesar de que hay ensayos que me han entusiasmado como pocas novelas lo han hecho; a pesar de todo eso, este ensayo tardó mucho, demasiado, en ser leído. 

Ya lo tenía en mi estantería de pendientes, ya conocía el nombre y la cara de su autor, Paco Camarasa, cuando leí consternada acerca de su muerte hace casi un año, el 2 de abril de 2018. Tenía 67 años y no era un halcón maltés, pero estaba hecho del puritito material del que están forjados nuestros más negros, preciosos y brillantes sueños. 

También tenía anotado este otro párrafo para comenzar la reseña. Un auténtico dilema:
"En ocasiones, en la librería nos encontrábamos con lectores o lectoras que proclamaban, casi con orgullo, que no leían novelas negrocriminales, que ellos leían Literatura. Lo pronunciaban así, con mayúsculas, con voz más o menos engolada, pero siempre en un tono pedante. Nunca he entendido vanagloriarse de no leer o no conocer un género o un autor".

Yo tampoco lo entiendo. Hay géneros que gustan más que otros. Yo no tengo mucha simpatía por la ciencia ficción, la novela romántica, el terror... pero en todos esos géneros he encontrado maravillosas obras y sé que el que me gusten más o menos, es solo una cuestión personal de gustos. Jamás se me ocurriría despreciar ningún género. Pero el desprecio del negro-criminal-policíaco-thriller (no la preferencia o la no preferencia) viene del desconocimiento, de pensar que es mero entretenimiento, que no aporta nada a los problemas del ser humano. Craso error. Pocos géneros bucean en la condición humana hasta pringarse de miseria y dolor como el negro. En pocos se ponen de manifiesto las contradicciones de las sociedades, las injusticias y los abusos del poder como en el criminal. Puedo entender que no guste, pero nunca que se considere un género menor.

Desde 1841, cuando comienza el género con Edgar Allan Poe y "Los crímenes de la calle Morgue", hasta los más jóvenes autores españoles, Paco Camarasa nos hace un recorrido, por orden alfabético, por lo mejor del género. Tras 1841 y Poe vendrá 1887 con "Estudio en escarlata" de "Arthur Conan Doyle, antes de ser Sir", la primera vez que Sherlock Holmes asoma entre las páginas de un libro; y 1920, en que  Agatha Christie publica "El misterioso caso de Styles" y nos da a conocer a otro clasico: Hercule Poirot, el detective belga.

A partir de esos inicios, Sangre en los estantes nos irá contando la historia del género, o los géneros, porque es difícil de acotar todo lo que puede caber en un género demasiado grande para caber dentro de sus propias costuras. "En la librería, [...] queríamos señalar la máxima amplitud del género, y acoger incluso novelas que están en la frontera, pero que amplían los límites y los puntos de vista y sensibilidades acerca del crimen y los criminales".

Veremos los nacidos en la frontera de los siglos XIX y XX: Dashiell Hammett y  Raymond Chandler, y el tercero de la trinidad, discutido, pero que para el autor es Jim Thompson y yo no puedo dejar de estar de acuerdo; James McCain y su cartero que siempre llamaba dos veces, y hasta Borges que hizo sus pinitos en el género y con Bioy Casares dirigió "El Séptimo Círculo, la mejor colección de novela detectivesca o policial en castellano que ha habido hasta ahora"

No quiero hacer esta entrada eterna, pero en Sangre en los estantes se habla de mis autores favoritos del género: los europeos, Jean Claude Izzo, Henning Mankell, Philip Kerr (todos muertos de forma prematura), Petros Márkaris, Pierre Lemaitre; los americanos, Chester Hymes, James Ellroy, Michael Connelly, John Connolly, Dennis Lehane, la trinidad mencionada más arriba (todos ellos están en mi blog); los españoles, Manuel Vázquez Montalbán, Francisco González Ledesma, Francisco García Pavón, Lorenzo Silva, Alicia Giménez Bartlett. Menciono solo los que conozco y he leído. Hay muchos más: los que conozco y no he leído; los que ni siquiera conocía hasta verlos aquí nombrados. Muchos de ellos ya han entrado en mi lista de pendientes.

Philip Kerr con la camiseta de la Negra y Criminal
Casi todos ellos estuvieron en la librería y se hicieron la foto con la camiseta, y algunos tenían una botella de su bebida favorita en el mueble negro de la Negra y Criminal"Philip Kerr ha venido algunas veces por la librería. Siempre sonriente, muy elegante y muy bien acompañado. Tiene una botella de Talisker esperándolo en el mueble negro". Philip Kerr murió unos diez días antes que Paco Camarasa, el 23 de marzo. No sé si Paco llegó a enterarse. El libro, naturalmente, no lo recoge. En la nota sobre el autor escocés, creador de Bernie Gunther, solo aparece su fecha de nacimiento. Jaen-Claude Izzo tenía su botella de Lavagulin en el mueble negro.

Casi todos se hicieron la foto con la camiseta. No así Vázquez Montalbán "«Bajo un día, cuando vuelva de Australia». Casi siempre cumplía lo que decía. Pero esta vez nos falló". No volvió vivo de Australia. No se lo perdonaron nunca. No se lo perdonaremos nunca.

Encuentro en Sangre en los estantes detalles que me tocan la fibra y la nostalgia y casi me sacan las lágrimas, como la mención a "Manuel Vázquez Montalbán, que fue el primero, eso sí, en narrarnos una receta de principio a final de manera que cualquiera que tenga hábito de acercarse a los fogones pueda hacerla: la caldeirada gallega en Tatuaje". Esa maravillosa caldeirada de rape, langostinos, almejas y patatas que yo hice varias veces hace muchos años y que todavía mi marido me pide de vez en cuando, aunque yo me resisto. Tengo que complacerle y resucitar viejas y buenas costumbres. Mi ejemplar de "Tatuaje" se abre de manera natural por las páginas en las que se describe la receta. 

Paco Camarasa y Montse Clavé, en la puerta de Negra y Criminal (Antonio Moreno)
Tan solo una objeción puedo hacerle al libro de Paco Camarasa: mi lista de pendientes ha engrosado de manera alarmante. Las notas que más se repiten en este libro son: "buscar",  "leer" y "releer". Demasiada tarea incluso para varias vidas. Creo que no me moriré nunca. No tengo tiempo.

Varias vidas parece que hubiera vivido Paco Camarasa porque además de librero, tal vez lo que más le gustaba, y mantener viva la librería con sus firmas de libros y sus presentaciones, fue comisario de BCNegra hasta 2017, era constante en la Semana Negra de Gijón, sabía más que nadie de novela negra y criminal, sabía tanto que no sabe una por donde empezar a seguir sus recomendaciones. Y lo más importante, era, según todos los que le conocieron, un buen hombre. Era, "en el buen sentido de la palabra, bueno".

Termina Paco Camarasa aconsejando los nueve novísimos (nunca le gustaron los números redondos) de la literatura negra y criminal española; los nacidos entre 1963 y 1973, los que publicaron su primera novela entre 2005 y 2014. A la mayoría los he leído y comparto la recomendación: Víctor del Árbol, David Llorente, 
Alexis Ravelo, Rosa Ribas (sola o con Sabine Hofmann), Carlos Zanón (mi favorito entre todos ellos). A algunos no los he leído aunque los conozco de nombre como Tony Hill y Berna González Harbour. Otros sí, y no termino de tenerlo claro. De Dolores Redondo leí la Trilogía del Baztán. Me gustó porque además yo viví un año en Elizondo, pero con el tiempo ha ido perdiendo en el recuerdo. De Juan Ramón Biedma he leído una única novela y no me convenció mucho. Tendré que leer su Premio Dashiell Hammett, "El imán y la brújula".

Esos son los nueve novísimos de Paco Camarasa que termina la recomendación y "Sangre en los estantes" diciendo: "Decía Groucho Marx: «Estos son mis principios, pero, si no les gustan, no se preocupen, tengo otros». Soy un ferviente marxista, pero en este caso no estoy de acuerdo con Groucho. Estos son mis nueve novísimos. Si no les gustan, lo siento, pero no tengo otros; no pienso cambiarlos.
Compruebe la riqueza de lo que se está escribiendo en el género negrocriminal. Aquí y ahora. Decir que siempre escriben lo mismo, que todas las novelas se parecen es, simplemente, una necedad".

Título del libro: Sangre en los estantes
Autor: Paco Camarasa
Editorial: Destino
Año de publicación: 2016
Año de publicación original: 2016
Nº de páginas: 464

domingo, 10 de marzo de 2019

"Los caminos de la luz" Coia Valls

Portada para la reseña en MoonMagazine de David de la Torre.

"Revisar las lecciones del día antes de bajar a la sala del piano; sobre todo meditar detenidamente cómo explicar en mis clases de música la ejecución del martelé, ese movimiento que a los estudiantes les resulta tan difícil en cuanto perciben la proximidad del teclado. También podría examinar a fondo la máquina de escribir de Thurber, por si ha logrado superar la que construyó Foucault hace unos años, cosa que dudo. Después, idear la manera de ayudar al nuevo alumno que ha llegado al Instituto Nacional de Jóvenes Ciegos, que se pasa el día haciendo preguntas y que tanto me recuerda a…"

Así empieza "Los caminos de la luz", de Coia Valls. Estamos en Vichy en 1848. Louis Braille escribe en su diario mientras descansa del trajín de París y de su trabajo, para tratar de detener el avance de una tuberculosis que lo matará tres años y medio después, el 6 de enero de 1953, dos días después de cumplir los 43 años.

Todos hemos oído hablar del método Braille de lectura para ciegos y, mea culpa de ignorancia, nunca se me había ocurrido pararme a pensar de dónde vendría el nombre del método. He tenido que transitar por "Los caminos de la luz" para enterarme de que procede de un hombre, un hombre ciego que fue el que lo desarrolló. Y ha tenido que llegar este libro, para llegar a saber que no solo las letras y los números están al alcance de los invidentes gracias a Louis Braille, sino también las notas musicales. Un libro que, para mí, ha sido todo un descubrimiento. 

Esta es mi última colaboración con la Revista MoonMagazine. Allí puedes seguir leyendo mi reseña y saber más acerca de la historia de este hombre singular y de esta novela que me lo ha descubierto.


Título del libro: Los caminos de la luz
Autora: Coia Valls
Editorial: Ediciones B
Año de publicación: 2018
Año de publicación original: 2018
Nº de páginas: 416

jueves, 7 de marzo de 2019

"Mamá" Jorge Fernández Díaz

"Mimí cosía en el área de los sacos y mi madre en el sector de los pantalones. Se conocieron a la salida y descubrieron que tenían muchas cosas en común. Las dos eran jóvenes, solteras, españolas y sirvientas de sus tíos. Sospechaban ya que sus familias no terminarían de cruzar el mar, que ellas quedarían atrapadas al otro lado del abismo, que la puerta se había cerrado y que el destino estaba jugado y perdido. Se hicieron íntimas amigas. Se confesaron desgarros e ilusiones. Se conjuraron una y otra vez para olvidar lo que no podía olvidarse y para salir de la melancolía. Compraron con gran esfuerzo vestidos y zapatos nuevos, y bailaron pasodobles y valsecitos en el Cangas de Narcea".

Mimí y mamá, son las dos primeras personas conjuradas por el autor para contarnos esta historia verídica de emigración y desarraigo. Cuando empieza la novela, Jorge Fernández Díaz nos habla de su madre que ya no llora al leer las cartas de Mimí, que ni siquiera recuerda ya dónde guardó esas cartas provenientes de "Ingeniero Lartigue, una aldea de treinta casas y cien labriegos, que alguien olvidó en Asturias, muy cerca y muy lejos de León". Y busco la aldea (google maps, wikipedia) y no la encuentro por parte alguna, ni lejos ni cerca de León donde me encuentro en ese momento,  y deduzco que será un retazo de la imaginación del autor, pero bien podría estar equivocada y haber buscado mal.

Mimí es la amiga que conoció mamá al poco de llegar a la Argentina, con la que compartió penas y anhelos, nostalgias y desgarros por la tierra dejada al otro lado de un mar inmenso; por esas aldeas de Asturias donde el hambre era compañera y amiga de días más seguidos que alternos y la necesidad un estado normal al que no hay que acostumbrarse porque no se conoce otro cuando se ha nacido en según qué tiempos de mala fortuna.

Mimí y su hermano, con el que había emigrado en 1948, volvieron a Asturias, y desde allí le escribía a mamá esas cartas que ya no recuerda donde guardó y que ya casi da por perdidas. Pero antes del regreso, vivieron con comodidad sus últimos años en Argentina donde, con los ahorros de toda una vida, "Mimí regenteaba un «hotel de mujeres»: habitaciones consecutivas, con baño y cocina al fondo, trabajadoras pobres y decentes, y sobre todo putas". Y entiendo que no albergaba a mujeres decentes y a putas, sino a putas que eran mujeres decentes. Casi nunca una cosa está reñida con la otra, y mucho menos en aquellos tiempos.

Mimí y mamá tenían muchas cosas en común. Ambas huyeron del hambre asturiana de los años cuarenta y fueron a refugiarse en Buenos Aires, en casa de sendas tías paternas que no podían tener hijos. Mimí regresó a España porque "se quedó para vestir santos y cuidar putas", pero mamá construyó una familia, tuvo dos hijos argentinos y allí sigue, hecha a su nueva patria a la que ha aprendido a amar y a la que añoraría, si la abandonara, tanto como añoró a la que dejó atrás hace ya tantos años. 

La novela está dividida en diez capítulos y cada uno tiene un protagonista cuyas andanzas nos cuenta el narrador/autor en primera persona aunque "no estoy contando la pura verdad, sino la verdad contaminada que mi madre narró a su psiquiatra, los monólogos que pude anotar en mi cuaderno, la tradición oral de mi familia y los recuerdos de mi infancia. Trozos descompuestos de verdad, reconstrucción periodística de la vida".

Por las páginas del libro pasan, por supuesto, mamá y Mimí, pero también otros personajes inolvidables como María del Escalón, la abuela materna, que se quedó en Vigo viendo como el barco que se llevaba a su hija se alejaba del muelle, mientras ella articulaba un grito desgarrador con su voz desesperada. Un grito que mamá no supo interpretar en aquel momento.

Y pasa Carmina, que es mamá cuando aún no era mamá, sino una niña que vivía en Asturias las estrecheces debidas al abandono del padre y a tener que atender a muchos hermanos. Carmina fue también la joven de quince años que se subió al barco y la que llegó a Buenos Aires con idea de ser la avanzadilla de la llegada del resto de la familia, una llegada que nunca llegó a producirse.

Marcial, que es el padre, también pasa. Ahora es un jubilado que "se considera a sí mismo un millonario sin plata". Pero para llegar a ese grado de felicidad y aceptación ha tenido que sufrir y trabajar mucho, y poner en marcha negocios que nunca salieron, "y todo lo que obtuvo fue con tracción a sangre, sosteniendo el dogma de que el sacrificio es lo más grande que hay"

Y pasa Mary, la mujer del autor, con la que emigró al sur argentino haciendo de la emigración una tradición familiar y rompiendo el corazón de mamá que no quería ver a su hijo sufrir de añoranza y lejanía como ella misma había sufrido. 

Jorge Fernández Díaz
Y hasta pasa el propio Jorge, que se cuenta a sí mismo, y Consuelo y Gabi. Todos ellos para conformar una novela que pone ante nosotros la tragedia de la emigración; la tragedia de albergar durante décadas el sueño de la nostalgia, el anhelo del regreso para volver a ver los paisajes y los afectos que se dejaron atrás. Mamá volvió en varias ocasiones a Asturias, volvió a ver a su madre y a sus hermanos, volvió a Almurfe, la aldea en la que nació; todo estaba cambiado e irreconocible. Al poco de llegar echaba de menos Buenos Aires y lo que había dejado allí. 

Los sueños, a veces, se tienen y se mantienen, y cuando se llegan a cumplir, se descubre que el verdadero sueño es lo que se deja atrás mientras se huye en busca de una quimera que ya no existe. La quimera que buscaba Mimí cuando regresó a Asturias y que le hace decir años después a mamá atenazándole la muñeca y taladrándole el oído:
"—Nunca permitas que tus hijos se vayan, Carmina. ¡Nunca!
—Y yo qué puedo hacer para que se queden.
—Lo que sea —dijo mi madrina—. Lo que sea".

Pero un día, también la hermana del narrador con su familia empezó a pensar en volver a España. la crisis argentina hacía dura la vida allí y en España todo era confort y buen vivir. Solo la madre con la perspectiva de los años, con las vueltas veleidosas que había visto dar a la Historia y a la Economía se pregunta qué pasará en el futuro y si merece la pena hacer lo mismo que hizo ella y acumular todo el sentir y el dolor que ha acumulado ella porque "hace cincuenta años España estaba destrozada y la Argentina era pujante —gritó—. La tortilla se dio vuelta, ¿pero quién de ustedes puede asegurar que no volverá a pasar, quién puede garantizar que no hará la misma cagada que hice yo y arruinará de paso a toda su familia? ¿Quién ha visto el día de mañana? Nos miramos los pies, en silencio, y ella fue a la cocina, se sirvió un vaso de «seven» y dijo: Qué mierda saben ustedes, la puta madre".

Título del libro: Mamá
Autor: Jorge Fernández Díaz
Editorial: Alfaguara
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2002
Nº de páginas: 288

lunes, 4 de marzo de 2019

"Las cicatrices de la tormenta" Octavi Franch

"Después de mucho sopesarlo con Aina he decidido escribirlo, desatascarme la garganta, contárselo a unos lectores que no existen, intentar estucharlo en un lugar lo bastante escondido como para no comerme la cabeza durante una buena temporada. Si la mejor terapia de mi vida ha sido el hecho de escribir historias de terror, no sé por qué ahora, que he vivido una tan rebuscada e inverosímil, no puedo hacer lo mismo, lo único que he sabido llevar a cabo, medianamente bien y con cierto éxito —a parte de conocer, enamorarme y amar a Aina— con este argumento, tan real como la vida misma; o como la muerte".

Jofre Isern es un afamado escritor de novelas de terror. Nueve meses antes del inicio de la historia, la terrible historia que ha decidido compartir con los lectores, Jofre estaba en lo más alto. Acababa de ganar los premios más prestigiosos en 2008 (Planeta, Fernando Lara y Azorín), y había encontrado en Aina Munner a la mujer de su vida.
Coincidieron en una entrega de premios de las Artes en la que a él le premiaban por escritor y a ella por pintora y llevaban catorce meses de idílica convivencia cuando los hechos los precipitaron en una vorágine de crueldad y violencia, en una "truculenta historia de locos que nadie creería si yo mismo la hubiera firmado en la solapa". Y es que Jofre escribe novelas de terror moderno ambientadas en el Eixample barcelonés y su entorno, pero lo que está a punto de vivir y nosotros a compartir con él, supera las más tétricas historias que a él se le haya ocurrido trasladar en tinta sobre papel.

Todo comienza con un burofax de un bufete de abogados del paseo de Gràcia. La noticia que iba a recibir en aquel bufete no solo era sorprendente y abría una brecha en su pasado y un trastoque de su futuro, es que iba a ser el preludio de la mayor pesadilla que la pareja se podía imaginar que iba a vivir.
"—Como entiendo que no tiene ni idea del motivo de nuestro aviso, iré al grano, porque interpreto que lo que ahora le revelaré le sorprenderá; estoy convencido.
—Pues usted dirá...
—Verá, señor Isern, su padre...
—... Disculpe, ¿ha dicho «mi padre»?
—Exacto. Su padre, el señor Ladislau Raurell, y créame que lo siento mucho, acaba de morir".

La noticia puede sorprender a quien tiene un padre perdido en las brumas del tiempo o del espacio (se fue a por tabaco y no volvió, trabaja en una plataforma petrolífera en el Ártico, está en la cárcel, desapareció sin más), pero es que el padre de Jofre, o eso cree él, murió hace más de treinta años. Muerta también la madre siendo él muy pequeño, toda la familia que le queda es la abuela Amparo, que cobrará importancia al poder poner en contacto a Jofre con su pasado y permitirle escarbar en la solución de los enigmas y dar luz a sus zonas de sombra.

Por expreso deseo de su supuesto padre, que le deja en herencia un contenedor en el puerto de Barcelona con un curioso contenido, Jofre se verá envuelto en una vorágine de violencia que nos enganchará desde el principio. Su vida y la de todos los que le rodean se verá amenazada y él tendrá que enfrentarse a los hechos de cara, con ayuda de "Pau Galera, sargento de los Mossos d’Esquadra dentro del cuerpo especial de asuntos marinos, la Guàrdia Naval", con quien llegará a unirle una amistad más allá de las circunstancias que investigan.

A la vez, irá descubriendo que en su pasado hay más puertas selladas de las que nunca imaginó; verá con verdadero espanto cómo las más espeluznantes pesadillas que ideó para sus novelas de terror se hacen reales ante sus ojos y pasan a formar parte de su vida cotidiana. Una serie de crímenes se irán sucediendo y en cada uno aparecerá un mensaje para Jofre, un mensaje que será cada vez más amenazante.

Octavi Franch
La novela empieza como una novela a medio camino entre negra y policíaca y llena de intriga. En ese momento me enganchó y ya no la pude soltar, pero a medida que avanza la trama, la violencia y las escenas truculentas van siendo cada vez más frecuentes hasta desembocar más en el género de terror que en el propiamente negro y de intriga (aunque la hay hasta el final).

Yo calificaría finalmente la novela entre el terror y el gore, géneros de los que no soy muy fan y que no me creo capaz de juzgar o analizar con destreza por cuanto me son bastante desconocidos. Lo que no se puede negar es que la historia atrapa y se lee muy bien si, como es mi caso, no se tienen demasiados escrúpulos a la hora de asistir a escenas un poco truculentas y despiadadas. El ritmo in crescendo de la novela, incrementa nuestro ritmo lector que irá siguiendo los derroteros acelerados de la trama, con velocidad igualmente acelerada y respiración entrecortada. 

Tal vez de haber sabido de qué iba la historia más en profundidad nunca me hubiera decidido a leerla, pero me alegro de no haberlo sabido. La lectura de la novela ha sido gratificante aunque un poco sanguinolenta.

Octavi Franch es un autor que me era totalmente desconocido hasta que se puso en contacto conmigo para ofrecerme esta novela. Al informarme sobre él, cosa que hago siempre después de la lectura del libro, he visto que es un autor sumamente prolífico, si bien toda su obra está escrita en catalán. Tiene poesía, teatro, novelas, relatos, literatura infantil y juvenil. Además es músico, actor y locutor de radio, o lo fue antes de dedicarse profesionalmente a la escritura. También es autor de varias series de televisión y de algunos guiones cinematográficos.

"Las cicatrices de la tormenta" es su primera novela traducida al castellano.

Título del libro: Las cicatrices de la tormenta
Autor: Octavi Franch
Título original: Les cicatrius de la tempesta
Editorial: Dédalo
Año de publicación: 2017
Año de publicación original: 2008
Nº de páginas: 156

viernes, 1 de marzo de 2019

Marzo 2019


Arrodillado en la cuneta, Márquez tomó foco en la nariz del cadáver antes de abrir a plano general. Tenía el ojo derecho pegado al visor de la Betacam, y el izquierdo entornado, entre las espirales de humo del cigarrillo que conservaba a un lado de la boca. Siempre que podía, Márquez tomaba foco en cosas quietas antes de hacer un plano, y aquel muerto estaba perfectamente quieto. En realidad no hay nada tan quieto como los muertos. Cuando tenía que hacerle un plano a uno, Márquez siempre accionaba el zoom para enfocar a partir de la nariz. Era una costumbre como otra cualquiera, igual que las maquilladoras de estudio empiezan siempre por la misma ceja. En Torrespaña eran famosas las tomas de foco de Márquez; los montadores de video, que suelen ser callados y cínicos como las putas viejas, se las mostraban unos a otros al editar en las cabinas. No te pierdas esta, etcétera. Junto a ellos, los redactores becarios palidecían en silencio.

Cuando yo conocí a Arturo Pérez-Reverte era corresponsal de guerra para Televisión Española y desde la pantalla, durante los telediarios que siempre han acompañado en mi casa a las comidas y a las cenas, nos relataba los hechos terribles de la guerra en la antigua Yugoslavia. 

Luego supe que además había publicado varios libros y comencé a leer sus novelas ("La tabla de Flandes", la primera) que me atraparon hasta el punto de que hasta la fecha, creo solo he dejado de leer dos, "Cabo Trafalgar" y "Un día de cólera" porque los sucesos tratados ya los conocía por los Episodios Nacionales de Galdós y porque la temática tampoco me atrae mucho.

Todo el resto de sus novelas las he leído y alguna incluso releído y he de decir que, unas más y otras menos, todas me han gustado excepto "El francotirador paciente".

Pero hoy quería hablar de un libro concreto que es una novela, pero que además es como un libro de memorias, porque en "Territorio comanche" el autor, con el pretexto de la trama y los personajes, nos cuenta su experiencia como reportero de guerra. Territorio comanche es para un reportero en una guerra, "el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta. El lugar donde los caminos están desiertos y las casas son ruinas chamuscadas; donde siempre parece a punto de anochecer y caminas pegado a las paredes, hacia los tiros que suenan a lo lejos, mientras escuchas el ruido de tus pasos sobre los cristales rotos. El suelo de las guerras esta siempre cubierto de cristales rotos. Territorio comanche es allí donde los oyes crujir bajo tus botas, y aunque no ves a nadie sabes que te están mirando. Donde no ves los fusiles, pero los fusiles sí te ven a ti". No me creeréis, pero tanta belleza literaria es lo que a mí puede ponerme los pelos de punta y mojarme los ojos más de la cuenta. 

La novela es corta y sencilla. Al menos en apariencia. Un reportero, Barlés, y un fotógrafo, Márquez, esperan la voladura del puente de Bijelo Polje. Los croatas van a volarlo en su retroceso para evitar el avance de los musulmanes de la Armija. El fotógrafo quiere fotos de ese puente saltando por los aires. El fotógrafo está enamorado de los puentes sobre todo cuando vuelan por lo aires.

Mientras esperan, Barlés recordará otras guerras, otros episodios, y mezclará en su relato hechos reales y personas igual de reales que forman parte de las memorias de guerra del autor. "En realidad era siempre la misma barbarie: desde Troya a Mostar, o Sarajevo, siempre la misma guerra".

Un relato impactante de la barbarie, una crítica despiadada de los que diseñan las guerras, de los que las ven de lejos, de los que las usan para su propio beneficio del tipo que sea.
"Hemos parado la guerra, decían ahora que todo parecía cerca de acabar, y se empujaban unos a otros para salir en la foto, presentándose en el cementerio a pintar de azul las cruces. Cuarenta y ocho de esas cruces correspondían a reporteros, muchos de ellos viejos amigos de Márquez y Barlés. Y ojalá los ministros y los generales y los gobiernos hubiesen hecho su trabajo como todos ellos: con el mismo pundonor y con la misma vergüenza".

Imanol Arias, Carmelo Gómez y Cecilia Dopazo en "Territorio Comanche"
Gerardo Herrero, 1996
Dos años después de publicarse la novela, en 1996, Gerardo Herrero estrenó una película basada en ella. No es una gran película, tampoco es mala. (Arturo Pérez-Reverte no ha tenido suerte con las adaptaciones al cine de sus novelas; las he visto casi todas y creo que no hay ninguna buena). 

De "Territorio comanche" solo recuerdo con especial entusiasmo las interpretaciones, siempre geniales, de Carmelo Gómez y de Imanol Arias (cuando aún era un gran actor llamado Imanol Arias y no había sido fagocitado por Antonio Alcántara). Ya ni siquiera recordaba qué papel hacía cada uno, pero viendo fotos de la película deduzco que Carmelo Gómez es Márquez.

En este caso, al revés de lo sucedido en meses anteriores, la película es prescindible, la novela es muy buena. Tan buena es, que cuando leí el inicio para ponerlo al comienzo de esta entrada, me pilló de tal forma que he seguido leyendo la novela, por lo que en esta ocasión el párrafo que va siempre al final de estas entradas, no es estrictamente cierto: hace años que la leí, pero la estoy releyendo.

Y algo que no recordaba es el maravilloso final de "Territorio comanche", que también he rememorado al leerlo para ponerlo aquí, un final en el que cualquier cosa puede pasar, porque así es la guerra, "un par de desgraciados con distinto uniforme que se pegan tiros el uno al otro, muertos de miedo en un agujero lleno de barro, y un cabrón con pintas fumándose un puro en un despacho climatizado, muy lejos, que diseña banderas, himnos nacionales y monumentos al soldado desconocido mientras se forra con la sangre y con la mierda. La guerra es un negocio de tenderos y de generales, hijos míos. Y lo demás es filfa". Y cuando pegan tiros o caen granadas nunca sabes si la próxima te va a atravesar o a caer encima mientras corres por una carretera. 

Así termina Territorio comache

Estalló otro mortero: cuarenta y nueve segundos. Aún volaban por el aire los últimos cascotes cuando Barlés le puso una mano en el hombro a Márquez.
—Nos veremos allí —dijo.
—¿Dónde es allí?
—No sé. Allí.

Márquez se echó a reír con su risa de carraca vieja. Entonces se pusieron en pie y echaron a correr por la carretera.

Las novelas que aparecen en esta sección, "Bienvenido nuevo mes literario", no están recién leídas, pero están leídas. Se trata de novelas con las que quiero comenzar cada mes. Cada entrada comienza con el principio del libro y termina con su final. No pretende ser una reseña, sino el comentario sobre una historia que me marcó lo suficiente como para poder hablar de ella aunque haga ya muchos años que la leí. Por ello, espero que me perdonéis si incurro en algún error.

Título del libro: Territorio comanche
Autor: Arturo Pérez-Reverte
Editorial: Ollero & Ramos
Año de publicación: 1994
Año de publicación original: 1994
Nº de páginas: 138

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...