Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

jueves, 22 de agosto de 2019

"Tiempos de esperanza" Emilio Lara

"El mundo estaba en tinieblas. Era la época en que los días se acortaban y las noches se alargaban. Era la temporada de la vendimia, pero el tiempo de hacer vino se había convertido en el de la superstición y de la sangre. [...] Procesiones de flagelantes recorrían el centro de Italia entre gritos, cánticos fúnebres y azotes. Curas y frailes de ojos desorbitados y voces enronquecidas animaban a la gente a unirse para conseguir la salvación y, en un estado de frenesí, untaban sus manos en la sangre sin coagular de los penitentes y las alzaban gritando que el Apocalipsis estaba al llegar".

Este libro comienza en Perugia, en septiembre de 1260. En abril de ese año, un ermitaño de la ciudad, Raniero Fasani, había iniciado la procesión de los Flagelantes. A las hambrunas de 1258 y a la peste de 1259, siguió este año de 1260 que estaba considerado el año del Apocalipsis según algunas profecías. Las procesiones de flagelantes pronto se extendieron por toda Italia afectando a todo tipo de gente y sin dejar de lado a los niños. 

Pero este comienzo es solo un pretexto para presentarnos a un personaje, un hombre mayor dispuesto a salvar al menos a los niños de la ignorancia y el fanatismo de sus mayores; un hombre al que muchos años antes, alguien también había salvado del fanatismo. Muchos años antes, sí, pero es que las historias se repiten y tan solo con retroceder menos de medio siglo sus recuerdos lo llevan y nos llevan a 1212, el año en el que tiene lugar la que se ha llamado La Cruzada de los niños. Y así empieza la historia, el 4 de mayo de 1212, cuando en la Abadía de San Denis, el rey Felipe Augusto, recibe la visita de un pastorcillo, Esteban de Cloyes que, presuntamente, ha recibido la visita de Cristo mientras cuidaba sus ovejas. La aparición, con las llagas en manos y pies que garantizaban su verismo, le entregó a Esteban una carta para que hiciera llegar exclusivamente al rey de Francia. "Todos sabían que el rey había sido uno de los convocantes de la Tercera Cruzada junto a Ricardo Corazón de León y que había participado en el asedio de Acre en el año 1191. En toda Europa era célebre la acometividad del monarca, sus dotes organizativas y su carisma"

Tal vez esas dotes organizativas y su conocimiento de lo que era una cruzada hicieron que Felipe Augusto devolviera al pastorcillo la carta y lo enviara de vuelta a su casa. Una cruzada que se exigía compuesta por niños, en la que los infieles retrocederían aterrados ante la presencia de un ejército infantil desprovisto de armas (sin más armas que las de la fe), que pensaba llegar a Jerusalén desde Marsella caminando sobre el lecho del Mediterráneo cuyas aguas se separarían como las del Mar Rojo ante Moisés y que se alimentaría con el maná que caería del cielo era más de lo que un rey en sus cabales, por mucha fe que tuviera, estaba dispuesto a refrendar con su autorización. 

Cuando Esteban salió de Saint Denis ya le seguían varios cientos de niños y clérigos adultos y aún irá ganando más adeptos en París y en su marcha hacia Marsella. Millares de niños se le irán uniendo en el camino. Unos enviados por sus padres a los que les viene bien deshacerse de alguna boca a la que ya no tendrán que alimentar, otros inflamados de fe y fervor religioso se echarán a los caminos en pos de Esteban de Cloyes y de su delirante Cruzada infantil

La Cruzada de los niños en 1212, (Gustave Doré, 1877) 
Además de esta trama más o menos histórica (invito a quien esté interesado a consultar todo lo que se sabe o se imagina acerca de esta cruzada; ponerme yo a analizarlo es más de lo que le corresponde a esta sencilla opinión sobre una novela), hay otro episodio histórico, este sí más seguro. "Sevilla era la ciudad de las lágrimas. Los viejos lloraban de alegría y de pena. De alegría, porque creían vivir en la ciudad más hermosa del mundo. De pena, porque sabían que no alcanzarían a vivir mucho más en un imperio llamado a durar mil años, en la culminación terrenal de la gloria de Alá". El Príncipe de los Creyentes, el califa Al-Nasir, pretende superar la gloria que su padre, Al-Mansur, obtuvo en la batalla de Alarcos en 1195. Él también planea su particular cruzada en la que piensa llegar hasta Roma y convertir las fuentes del vaticano en abrevaderos para sus caballos, decapitar al Papa y llenar Roma de mujeres cubiertas con velo. Si los viejos de Sevilla lloraban de pena y de alegría, a los comerciantes les bizqueaban los ojos ante la idea de controlar la ruta de las especias y anexionar la República de Venecia al Imperio Almohade.

Paralelamente, el rey Alfonso VIII de Castilla pretende que el Papa autorice y consagre una cruzada contra el Imperio Almohade en tierras de Al-Andalus. Ya sabemos que 1212 fue, además del año de la Cruzada de los niños, el de la famosa batalla de las Navas de Tolosa (quién no se sabe la fecha de tan ilustre batalla).

A estos hechos históricos, unos más y otros menos, se unen otros ficticios que encuentran en la Historia el marco ideal para su ubicación. Una mujer huye de la matanza de judíos llevada a cabo en Narbona y pretende reunirse con su marido que está en Marsella aprendiendo las artes médicas de un maestro de la ciudad. Phillippe es abandonado en medio de la Cruzada infantil. La nueva mujer de su padre, que acaba de darle un hijo, así lo exige. Una embajada del rey Alfonso VIII de Castilla, compuesta por dos nobles y el hijo de uno de ellos, se dirige al condado de Blois para convencer a los nobles de la zona de que se unan a la cruzada que el rey castellano prepara contra los almohades. Francesco Roncalli, un joven sacerdote de los círculos más cercanos al Papa Inocencio III, siente la necesidad de socorrer a los niños cruzados fletando un barco con provisiones y medicinas que llevará hasta Marsella.

Emilio Lara
Todas estas historias, reales o ficticias, se irán cruzando y convergiendo en "Tiempos de esperanza" que termina con un epílogo que nos lleva de nuevo a Perugia en 1260 y sabremos quién, de todos los personajes que hemos ido conociendo a lo largo del libro, es el que salva a los niños flagelantes. "Él sabía bien lo que habían debido soportar durante aquella peregrinación del miedo. Su propia vida lo había escarmentado del fanatismo y de los discursos salvadores de quienes pretendían construir un mundo nuevo exigiendo derramamiento de sangre"

Ya se sabe cómo terminaron los episodios históricos, aunque no voy a contarlo por si alguien que lo desconoce me acusa de destripar los finales. La Cruzada almohade de Al-Nasir y la recíproca de Alfonso VIII están narradas ciñéndose al realismo de los hechos históricos bastante bien documentados de que se dispone. Menos documentos, y menos certeros, son los que tenemos para el episodio de la Cruzada de los niños que parece ser que más que una fueron dos (una con origen en Francia y otra, en Alemania) y hasta hay quien duda de que haya existido y piensa que la traducción de la palabra pueri por niños no se atiene a la realidad de los hechos. Cuanto más he leído acerca del suceso, más confusión me ha creado y más sensación de estar ante una leyenda fabricada por el fanatismo religioso y la moda de la época de montar una cruzada por menos de nada. 

Respecto a los hechos ficticios, como siempre, ayudan a dar a la obra la categoría de novela y a proporcionar vida y emoción a la Historia; permiten que la Historia les sirva de marco. Por otra parte, permiten al autor mostrar realidades, costumbres, fanatismos y todo tipo de prejuicios y comportamientos de la época. Alguno de esos hechos me ha parecido que sobraba, otros me han gustado más. La novela en general, se lee bien y resulta entretenida. Está bien ambientada y narra de forma muy certera las situaciones y de forma muy descriptiva las ciudades y los paisajes. 

Y aun así... no ha terminado de convencerme. Aunque tampoco soy yo experta en novela histórica y creo que el Premio Edhasa de Narrativas Históricas que ha obtenido en 2019 tal vez tenga más razón que yo a la hora de juzgar la novela. En todo caso, no puedo negar que he disfrutado con ella y he aprendido acerca de unos hechos de los que sabía tan solo lo poco que se ve en los libros de texto.

Título del libro: Tiempos de esperanza
Autor: Emilio Lara
Editorial: Edhasa
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2019
Nº de páginas: 474

lunes, 19 de agosto de 2019

Toni Morrison, In memoriam

Toni Morrison
Con retraso llega este In memoriam, pero solo ayer por la noche supe del fallecimiento de la autora. Las vacaciones y el verano son para relajarse y, siempre que puedo suelo relajarme descansando también de las noticias. Es por ello que el día seis de agosto, día en que se dio la noticia de su muerte (murió el cinco por la noche), yo no me enteré.

Había nacido en 1931, en febrero, por lo que ha muerto a la edad de 88 años. No fue una escritora temprana. su primera novela, "Ojos azules", la publicó con 40 años y, sin embargo, aún le dio tiempo a ser la primera mujer negra en ganar el Premio Pulitzer por "Beloved" en 1988 y el Nobel de literatura en 1993.

En sus novelas denuncia la situación de las mujeres negras, doblemente discriminadas por mujeres y por negras. Ninguneadas por el machismo de blancos y negros y despreciadas, cuando no esclavizadas, por el racismo blanco. Mujeres despreciadas por su propia madre, por ser demasiado oscuras o niñas que dan a luz al bebé de su padre, son algunos de los argumentos que podemos encontrar en la obra de Toni Morrison.

Toni Morrison ambientó sus novelas en épocas y ambientes diversos, sus argumentos son variados y muy diferentes, pero poco cambian sus  temas. Esclavas o libres, con estudios o sin ellos, su denuncia es constante ante las diferencias de trato que sufren las mujeres respecto a los hombres, las mujeres negras, respecto a las blancas.

Pero si los temas son interesantes, su forma de escribir engancha desde las primeras líneas. Cuando se empieza una novela de Toni Morrison, la magia de las palabras nos arrastra sin remedio y, aunque la dureza de sus historias nos duele, no podemos dejar de leer hasta llegar al final. "En el 124 había un maleficio: todo el veneno de un bebé. Las mujeres de la casa lo sabían, y también los niños. Durante años, todos aguantaron la malquerencia, cada uno a su manera, pero en 1873 Sethe y su hija Denver eran las únicas víctimas"; o también: "Aunque nadie diga nada, en el otoño de 1941 no hubo caléndulas. Creímos entonces que si las caléndulas no habían crecido era debido a que Pecola iba a tener el bebé de su padre"; o este otro: "No es culpa mía. A mí no pueden acusarme. Yo no hice nada y no tengo ni idea de cómo pasó. Una hora después de que me la sacaran de entre las piernas ya me había dado cuenta de que había un problema. Un problema grave. Era tan negra que me asustó. Un negro medianoche, un negro sudanés. Yo soy de piel clara, con pelo del bueno, lo que se llama «amarillo subido», igual que el padre de Lula Ann. En mi familia no hay nadie que tenga ni remotamente ese color"¿Puede alguien resistirse a esos comienzos?

Poco más de diez novelas escribió de las que solo he leído cuatro: "Beloved", "Sula", "Ojos azules" y "La noche de los niños". Tan solo de las dos últimas he hablado en el blog. Las otras las leí mucho antes de tenerlo. Aún me quedan muchas novelas por leer de la autora y mucho que disfrutar y sufrir con sus personajes.

Sit tibi terra levis.

viernes, 16 de agosto de 2019

"La extraña desaparición de Esme Lennox" Maggie O'Farrell

"Todo empieza con dos chicas en un baile.
Están a un lado de la sala, una de ellas sentada en una silla, abriendo y cerrando el carnet de baile con los dedos enguantados; la otra de pie, contemplando el desarrollo de la danza: las parejas que dan vueltas, las manos agarradas, el taconeo de los zapatos, las faldas al vuelo, la vibración del suelo. Es la última hora del año y la noche tiñe de negro las ventanas. La chica sentada va vestida de un tono pálido, Esme no recuerda cuál; la otra lleva un vestido rojo oscuro que no la favorece. Ha perdido los guantes. Aquí comienza". Así comienza la historia que Esme tiene en su cabeza, aunque ella misma sabe que no es así cómo comienza, que comienza mucho antes, en otro país, en otro continente, en otro mundo, aunque termine sin duda alguna, mirando los recuerdos a través de una rejilla que cubre una ventana. O tal vez no.

Así comienza la historia de Esme Lennox, porque la historia de este libro comienza mucho después. Comienza cuando Iris empieza a recibir cartas y llamadas que pretenden hablarle de una tal Euphemia Lennox de la que ella no ha oído hablar nunca. El centro psiquiátrico Cauldstone, en Edimburgo, está a punto de cerrar y sus dirigentes buscan familiares que puedan hacerse cargo de los internos. Es así como Iris se entera de que tiene una tía abuela de la que nunca ha sabido nada; una hermana de su abuela Kitty que lleva sesenta y un años recluida en Cauldstone, exactamente desde que tenía dieciséis. 

Es desde una rejilla que cubre una ventana en el hospital psiquiátrico de Cauldstone, desde donde Esme recuerda el baile de fin de año al comienzo de la novela. Y recordará muchas más cosas en su afán por saber dónde empezó todo; en qué momento debió dar marcha atrás y revertir el futuro para librarse de Cauldstone y de pasar sesenta y un años, toda una vida,  encerrada tras una rejilla. Llevará sus recuerdos hasta lo más remoto, hasta la India donde ella y Kitty nacieron y donde nació su hermano Hugo y donde eran felices con sus padres y con su ayah, Jamila. ¿Eran felices con sus padres? ¿No eran, tal vez, un poco excesivamente estrictos? "¿Dónde empieza todo? ¿Allí, aquí, en el baile, en la India, antes?
Últimamente no habla con nadie. Quiere concentrarse, no le gusta enturbiar las cosas con la distracción de las palabras. En su cabeza gira un zoótropo y le molesta que la sorprendan cuando se detiene.
Zumba. Zumba. Para.
En la India, pues. El jardín. Ella misma, con cuatro años, en el escalón trasero".

Y mientras tanto, Iris, que termina de descubrir que tiene un pariente cuya existencia desconocía, en un psiquiátrico a punto de cerrar, se pregunta qué puede hacer para no dejar abandonada a la tía Emerencia sin comprometerse tampoco demasiado. Porque Iris ni siquiera sabe si la tía abuela es peligrosa. Su madre, que vive en Australia, no sabe nada; su padre, el hijo de la abuela Kitty murió hace mucho...Y preguntar a la abuela no sirve de mucho porque está enferma de Alzheimer y sus recuerdos son una cuerda caótica enredada y llena de nudos entre los que, solo de cuando en cuando, surge un tramo liso y despejado que enseguida se sumerge de nuevo en la pelota enmarañada que los contiene.  Cuando Iris intenta encontrar un resquicio para acceder a la torturada memoria de la anciana solo encuentra recuerdos inconexos y sin sentido "No había forma de que soltara el bebé —comenta la abuela.
—¿Quién? —salta Iris—. ¿Esme?
La anciana tiene la vista fija en algo más allá de la ventana.
—Tuvieron que sedarla. No lo soltaba". Nosotros, que hemos entrado en los recuerdos de Esme, creemos saber a qué bebé se está refiriendo Kitty. A Iris solo le quedan las dudas y el desconcierto. 

Nosotros sabemos en todo momento más que Iris porque somos testigos de los recuerdos de Esme y también de los de Kitty, entrecortados, disfusos, aparentemente sin sentido, pero que nosotros deberemos ir hilando y desmadejando hasta sacar hilos largos y lisos que le den sentido a la historia. Y se lo iremos dando entre tanta memoria herida por la enfermedad o el encierro. Dos hermanas de familia bien, una dócil y previsible, guapa, con ganas de casarse y tener su propia familia: la perfecta Kitty. Otra rebelde, sin interés por su arreglo personal, sin afán por gustar a los chicos o encontrar un novio, con deseos de estudiar "podría conseguir una beca, y luego tal vez ir a la universidad y...",  hasta que papá lanza su sentencia "No serviría de nada [...] Mis hijas no trabajarán".

La vida de ambas se vio determinada por las costumbres sociales y los preceptos familiares, que no dejan de ser lo mismo. Una por acatarlos y la otra por rebelarse contra ellos, ambas vieron sus vidas edificadas o destruidas por los prejuicios, el qué dirán, lo correcto, lo que deciden otros. La rebeldía de Esme, el resentimiento hacia ella que sus padres no pueden quitarse de encima desde que era una niña, desde la India... todo ello jugará en su contra y será el desencadenante que terminará con sus huesos en un psiquiátrico y con su vejez enfrentándola a la vida que le robaron.

Porque si Iris no sabe que tiene una tía abuela, Esme no tiene ni idea de que esa joven que se hace cargo de ella es Iris, la nieta de su hermana Kitty, pero cuando se entera, se siente maravillada y es que, de toda la familia, sus padres, hermanos (la pobre Kitty viva, pero perdida en los delirios de su enfermedad), de todos los familiares conocidos y desconocidos de Esme, la niña, Iris, es la única que queda. Y la niña que ya no lo es, aunque ella no lo sabe, es el vivo retrato de la madre de Esme. "Sólo somos recipientes a través de los que pasan las identidades, decide la anciana. Somos rasgos prestados, gestos, hábitos, que luego transmitimos a otra persona. Nada es nuestro. Venimos a este mundo como anagramas de nuestros antecesores".

Maggie O'Farrell
Esta es la segunda novela que leo de Maggie O'Farrell. La anterior, "Tiene que ser aquí", me dejó con ganas de seguir profundizando en la autora. Si aquella era su séptima novela, la más reciente (2016), esta es la cuarta (2006) y sigo sin despejar las dudas. Como aquella, es una historia muy bien escrita, y que engancha hasta no poder soltarla de las manos; como aquella, tiene unos personajes muy bien perfilados y descritos y una ambientación muy lograda; como en aquella, salta del pasado al presente y se mueve por los distintos tiempos y lugares con una soltura muy valiosa... pero, como en aquella, el recurso fácil asoma ya al final y me deja con la duda de cómo debo calificar a la autora y a su obra. Duda que solo podré resolver leyendo más novelas, profundizando más, cosa que no me importa porque por ahora disfruto mucho con Maggie O'Farrell y sus historias.

Además de sus novelas, se acaba de publicar en español una obra autobiográfica de 2017 titulada "Sigo aquí" (I Am, I Am, I Am: Seventeen brushes with Death, 2017) en la que se relatan hasta diecisiete experiencias cercanas a la muerte que han vivido ella y sus hijos. Me resulta curiosa tanta experiencia rondando la muerte, pero creo que por ahora, prefiero las novelas.

Título del libro: La extraña desaparición de Esme Lennox
Autora: Maggie O'Farrell
Traducción: Sonia Tapia Sánchez
Título original: The Vanishing Act of Esme Lennox
Editorial: Salamandra
Año de publicación: 2009
Año de publicación original: 2006
Nº de páginas: 224

martes, 13 de agosto de 2019

"Martín Zarza" Tomo 1 Miguel García

A veces los libros se acumulan en la estantería de pendientes. No sé qué es lo que hace que nos decidamos por unos y otros vayan quedando arrumbados en el rincón más profundo, algunos por siempre y para siempre. No ha sido así con "Martín Zarza" afortunadamente. Lo tengo comprado desde hace casi dos años, cuando su autor, Miguel García, me dio noticia de él a través de facebook. Leí una reseña que me envió y como me pareció interesante, lo compré. En mi kindle lleva dos años esperando su turno (con otros que también lo esperan), mientras otros muchos llegan y son leídos, aunque alguno haya sido bastante peor que este.

Porque he de decir que "Martín Zarza" me ha gustado y me ha sorprendido mucho y he recordado lo que en aquella reseña, que Miguel García me envió, me había atraído hasta el punto de animarme a comprar el libro. Un libro que cuenta una historia sin grandes acontecimientos, sin sucesos desgraciados o terriblemente felices o disparatadamente escabrosos. No, este libro solo cuenta la historia de un joven de veintiséis años que abandona Madrid y el mundo del audiovisual en el que vive para trasladarse a Sevilla donde ha heredado un piso de un tío al que casi no conocía. "Solo lo recuerdo de una boda, cuando era niño. Lo recuerdo porque se emborrachó y se cayó de una tapia y tuvo que llevárselo la ambulancia"

Entre todos sus sobrinos le ha elegido a él para dejarle su piso porque ambos fueron dejados de lado por el resto de la familia. Eso es lo que le explica en una carta que Martín descubre entre las sábanas de la cama deshecha que se encuentra cuando llega a Sevilla y al piso.

En el piso además, Martín encuentra algunos tesoros que su tío ha dejado allí. Para empezar, una máquina de escribir, HERMES Baby” rezaba la marca, antigua, vetusta, que pesa más que varios ordenadores juntos, a pesar de no ser de las más grandes que ha visto, y al contrario que estos, solo sirve para escribir, piensa Martín divertido. La máquina le impulsa a escribir un diario. Hace mucho que Martín no escribe diarios. "Los últimos años de mi vida han sido tan monótonos y grises que ya era bastante con tener que vivirlos, como para encima haber escrito sobre ellos"

Harto de la vida en Madrid y de unos trabajos que no le satisfacían, Martín decide vivir en Sevilla dedicado a no hacer nada. Sin preocupación por pagar el alquiler y con algo de dinero ahorrado, se dispone a encarar la vida tal y como le vaya llegando. Por fin vive solo y puede descubrir la intimidad consigo mismo y, aunque teme despertar del sueño y encontrarse de nuevo sumido en el mundo del trabajo y de las responsabilidades, eso no ocurre. Descubre que, a pesar de lo que ha oído muchas veces, el ocio no deprime; no es necesario tener todas las horas del día comprometidas en actividades varias para sentirse pleno y feliz. Ahora que no tiene nada que hacer, prefiere levantarse pronto porque quiere disfrutar de ese no hacer nada. Un no hacer nada que se traduce en estar al tanto de la actualidad escuchando las noticias mientras desayuna y sobre todo leer más que nunca y escuchar música, porque entre los tesoros que le dejó su tío hay una magnífica colección de libros y de vinilos, que ahora él disfruta como nunca hubiera imaginado su tío ni él mismo. "Antes pensaba que esos que decían que el vinilo era mucho mejor eran los típicos pedantes gilipollas, sin saber que era yo el gilipollas. El sonido, con todas sus imperfecciones, se vuelve mucho más humano, más cálido y cargado de profundidad".

Me siento enseguida en sintonía con Martín. Nada me gusta más que despertar por las mañanas pensando que no tengo nada que hacer en todo el día, nada planeado; que el día se extiende ante mí repleto de horas para llenar como mejor me parezca. Sin nada asignado que me robe el tiempo este se dilata en una pura promesa de actividades placenteras que solo yo decido en cada momento. Nunca estoy sin hacer nada, pero nada tengo que hacer, más allá de lo que en cada momento se me antoje: leer, cocinar, pasear, ver cine, escribir... Y siento como Martín que el trabajo quita tiempo de vivir, "por ahora el ocio no me está haciendo ningún daño. Es más, estoy llevando una especie de vida de rey oculto en el exilio. Y aunque sé que es una ingenuidad, puesto que esta ociosidad y esta calma solo son algo coyuntural, me gusta pensar que estoy encaminándome hacia una especie de equilibrio".

Pero Martín no es un rey en el exilio y su situación es más coyuntural de lo que él mismo creía. Pronto se da cuenta de que tener casa no es sinónimo de que se terminen los problemas, el dinero que tenía ahorrado empieza a disminuir y entonces vislumbra con pesar la necesidad de empezar a buscar trabajo. Un trabajo sin complicaciones, que no le robe mucho tiempo y le permita tener ingresos suficientes para mantener su austera forma de vivir. 

A partir del momento en que decide trabajar, sus días comienzan pateando la ciudad y entregando su currículum (que ha maqueado según lo que le parece más apto para ser contratado). "Desayuno sin demorarme mucho y salgo a repartir currículums por ahí hasta las dos o así. Me he puesto esa rutina. Y soy relativamente selectivo. No un sibarita, pero sí selectivo. Las cafeterías y los bares, por ejemplo, valen. Las tiendas, grandes superficies, etc., también valen. Ahora bien, los restaurantes y las tiendas de ropa, ni de coña"Lo malo es que corre el año 2010 y la crisis está en todo su apogeo. Martín pronto tendrá que ampliar su margen de exigencia e ir entregando su currículum en algún restaurante.

A sus veintiséis años, Martín ha perdido la ilusión por lo que puede proporcionarle la vida. Hasta que pasó "lo de Nona" (y advierto que al menos en este volumen no llegamos a saberlo, aunque tampoco es que importe) su vida en Madrid era una continua esperanza en el brillante porvenir. estudiaba Comunicación Audiovisual y era considerado un genio incluso por alguno de sus profesores. Veía ante él un futuro lleno de todo lo que pudiese anhelar. Luego, tras "lo de Nona" abandonó la carrera en cuarto curso y empezó, en una televisión local, un trabajo que le llevó a un callejón sin salida. Ahora solo ve en el futuro una vida anodina, trabajos mediocres para ir saliendo del paso, resignación... y la esperanza de que todo eso sea falso y un día pueda volver a brillar en su afán la esperanza de un futuro prometedor. Añora ese tiempo en que el futuro se abría ante él como un sendero ramificado y todas las decisiones estaban por tomar y todas las oportunidades estaban por vivir. "La añoranza por lo perdido se me traduce entonces como un acto reflejo de resistencia ante la evidencia inevitable de mi fracaso. Porque perder los anhelos es en realidad la culminación del fracaso, el último de todos sus requisitos".

El libro nos cuenta la vida de Martín a lo largo de los tres primeros meses de su estancia en Sevilla. Alterna lo contado por él mismo en su diario y lo narrado en tercera persona por un narrador omnisciente. Vemos así los hechos desde fuera y desde dentro del propio Martín. Veremos su escasa vida social y su nula vida sexual, sus fallidos intentos por buscar trabajo que le llevan a alquilar una habitación de su piso y a conocer a Julia y a recobrar la esperanza en la vida, los trabajos que termina por encontrar y las dificultades con las que se encuentra en ellos. Y veremos además, mediante las noticias que escucha y lee, la situación de un mundo en crisis que se desmorona. 

Un mundo en crisis del que nos dicen que ya hemos salido, pero del que los únicos que han salido en realidad son los dueños del cotarro, porque el resto nos hemos despertado de la pesadilla en un mundo más injusto, con menos esperanzas, con menos oportunidades, con más explotación... "Uno no consigue trabajo porque no tiene experiencia y no tiene experiencia porque no consigue trabajo. Todos son equívocos bien cuidados por unos cuantos, los cabrones que siempre sacan provecho, los que devalúan al ser humano para sacarle luego los higadillos, los que prefieren que la gente no se haga demasiadas ilusiones, los que pagan contratos de prácticas, ese maravilloso ingenio eufemístico, heredero de la esclavitud, los que montan escuelas de la nada para enseñar mierdas inútiles, la mierda de la tierra, en definitiva".

Miguel García
"Martín Zarza" es una novela que engancha desde el principio. Nada más terminar de leerla, me compré el segundo tomo (son tres), porque en realidad, no se trata de una trilogía sino de una extensa novela escrita en tres tomos. Este primero termina abruptamente, pero es que no es el final de una historia es solo el final de uno de los capítulos de la historia. 

"Martín Zarza" es una de esas joyas desconocidas por la mayoría que esperan su turno en el estante o en la lista de pendientes y esperan en vano muchas veces. Yo, afortunadamente, la he rescatado y la he disfrutado, y cuando he querido ponerme en contacto con su autor para pedirle disculpas por el retraso y felicitarle por la buena novela que me había presentado, me he encontrado con que hace casi dos años que tiene paralizado su perfil en facebook. Poco más de un mes después de ponerse en contacto conmigo, en octubre de 2017, desaparece de la red social. No ha respondido al mensaje que le he puesto y me temo que, como Martín Zarza, ha renunciado a Internet, a las redes sociales, al ordenador y hasta a la televisión. "A Martín nunca le entusiasmó Facebook. Desde el principio consideraba que quitaba más de lo que daba, aunque a veces, nunca lo reconocía, dudaba del fundamento de su opinión"

En una de esas dudas compartidas con su personaje puede que Miguel se viera tentado a abrir su cuenta en Facebook y puede que, despejada la duda, igualmente se viera tentado a abandonarla. No sé si se habrá ido a vivir a Sevilla tras heredar un piso de un tío tarambana o si seguirá viviendo en León igual que a finales de 2017, pero si alguien sabe cómo puedo contactar con él, agradecería que me lo hiciera saber. Se merece una felicitación.

Título del libro: "Martín Zarza" Tomo 1
Autor: Miguel García
Editorial: El último Dodo
Año de publicación: 2014
Año de publicación original: 2014
Nº de páginas: 217

sábado, 10 de agosto de 2019

"Celia en la revolución" Elena Fortún

Durante un tiempo, hace ya muchos años, identifiqué a Celia con Mariquita Pérez. Para mí eran dos productos del franquismo. El primero, en forma de libro, para enseñar a las niñas desde pequeñas a ser buenas amas de casa; el segundo, en forma de muñeca, para que fueran ensayando el papel. Tal vez por ello, nunca mostré interés en leer un libro de Celia. Con muñecas creo que no jugué mucho tiempo y, cuando lo hacía, no conocía yo a Mariquita Pérez.

He de disculpar mi ignorancia respecto a Celia (no así respecto a la muñeca, en la que estaba acertada) diciendo que yo era muy joven y que tampoco el personaje era muy famoso en la época. Luego descubrí, aunque no sabría decir exactamente cuándo, mi gran error. Elena Fortún era una mujer republicana, sin adscripciones partidistas y, probablemente, por lo que se cuenta en "Celia en la revolución", cercana a Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña. Nada más alejado del rancio franquismo que llegaría a censurarla y prohibir sus libros.

Se llamaba en realidad Encarnación Aragoneses y tomó su apodo de uno de los personajes de su marido, Eusebio de Gorbea, militar de profesión, que siempre se mantuvo fiel a la República, y autor y actor de teatro por vocación. De un personaje de una de sus obras de teatro tomó Encarnación el nombre de Elena Fortún con el que ha pasado a la historia de la literatura.

Los relatos de Celia se empiezan a publicar en 1928 en el ABC. "Empiezan a aparecer entonces, 1928, sus primeros relatos de Celia en el semanario Gente Menuda, y en muy poco tiempo esos relatos la hacen célebre, al tiempo que la carrera de su marido se oscurece y opaca: «Entonces me empezó a odiar Eusebio, que siempre se había dado mucha importancia conmigo»" (Andrés Trapiello en el magnífico y detallado prólogo de la novela). No obstante, el matrimonio ya había empezado a fracasar a raíz de la muerte de uno de sus hijos en 1920 con diez años de edad.

"Celia en la revolución" es, en palabras de Andrés Trapiello "la novela que hubiera querido escribir Baroja, y no pudo: le faltó conocimiento de primera mano para hacerlo, y la que habría querido escribir Max Aub, y no supo, al estar preso él, como tantos otros, de prejuicios y «razones históricas», ya que al fin y al cabo Max Aub formaba parte de una de las dos Españas. A Elena Fortún ninguna de las dos le servía ni ella les sirvió tampoco, lo que explica en parte que esta obra tardara cincuenta años en editarse: nadie la necesitaba". También en palabras de Trapiello "es la novela de la lucha por la vida en la retaguardia, la gran novela del miedo y del hambre, sus verdaderos personajes, con un único argumento: los desgarros".

"Celia en la revolución" se terminó de escribir el 13 de julio de 1943, de lo que deja fe la autora en la última hoja escrita ("«Hoy, 13 de julio de 1943, termino de poner en borrador Celia en la revolución»"). La novela estuvo desaparecida casi hasta su publicación en 1987. Marisol Dorao, la editora del libro, en la introducción que sigue al prólogo de Andrés Trapiello, nos cuenta cómo se hizo con el manuscrito. Había oído hablar de él como algo vago e inconcreto que mencionaba el hijo de la autora y que tal vez estuviera en manos de su viuda. Cuando visitó a la anciana nuera de Elena Fortún, que vivía en Estados Unidos, esta le entregó "un bolsón lleno de papeles. —Haga que se publiquen –me pidió. ¡Y entre ellos estaba el manuscrito!".

Y sí, después del prólogo y la introducción, por fin llega la novela. Se hace esperar, pero no importa porque Andrés Trapiello y Marisol Dorao nos cuentan cosas tan interesantes y hacen un análisis tan certero de la novela y sus circunstancias que los leemos con verdadera atención, sin echar de menos el que se aparten de una vez y den paso a la historia. 
"—Se ha sublevado la guarnición de África. 
—¡Ah, bueno! –digo tranquilizándome–. Eso ha ocurrido siempre. Sublevaciones, motines, revoluciones… La historia de España está llena de… Me callo al ver la indignación del abuelito, que se ha quitado las gafas para mirarme. 
—Pero… ¿pero qué chanfainas de Historia os enseñan en esos Institutos de cuerno? ¿Es que te figuras que el pueblo da armas a sus soldados para que opine, y quite gobiernos, y ponga reyes, y ametralle al mismo pueblo?"

Es Segovia y es julio de 1936. Celia y sus hermanas, Teresina y María Fuencisla, pasan el verano con el abuelito y Valeriana, la criada de la familia. Sabemos ya, por la introducción, que la madre murió y Celia se ocupa de sus hermanas con la ayuda de Valeriana. Cuchifritín, el hermano mayor, al que también conozco por la introducción, está en Londres y el padre trabaja en Madrid. 

Lo que empezó como un verano más para tantas familias, unas vacaciones más, se complicó mucho aquel año de 1936. En Segovia, caída enseguida en manos de los rebeldes, y en casa del abuelito de Celia, las cosas no pintan bien. Acompañadas de Valeriana, las tres niñas se ponen en camino hacia Madrid para reunirse con el padre y la tía Julia. Celia se encuentra con su padre herido en el Hospital y con que la casa de su tía no es muy segura: su primo Gerardo es falangista y en Madrid, en manos del Gobierno legítimo, en julio de 1936, el peligro es evidente para cualquiera sospechoso de pertenecer al otro bando.

El mismo peligro que amenazaba al abuelito en Segovia por ser defensor de la República, amenaza en Madrid al primo Gerardo por no serlo. No se puede acusar a Elena Fortún de equidistancia. Sus simpatías republicanas, liberales y progresistas son más que evidentes. En lo que a política se refiere, basta el diálogo entre Celia y el abuelito al inicio de mi comentario sobre la novela, pero hay otros pasajes que lo ponen de manifiesto: "Quitarle a un Gobierno sus medios de defensa y volverlos contra él y el pueblo, es la más espantosa de las traiciones…". Pero el tener claras las ideas, no le impide ver la realidad y las contradicciones se acumulan ante las barbaridades que tiene que contemplar por parte de los que, en principio, deberían ser "los suyos": "A mí unas veces me parece que tiene razón papá y otras creo que es Gerardo… —Ese pueblo al que defiendes –volvió a decir el primo– está fusilando hombres de ciencia, frailes, bibliotecarios, señores sin otro pecado que ser señores…"; "cualquiera sabe quien tié la razón…! Los de las derechas y los de las izquierdas empeñaos en que tién la receta pa hacernos felices, pero en el entretanto a machacarnos los liendres a los que no sabemos ná de ná…".

El mayor valor del libro es su análisis realista de la situación. Sin dejarse llevar de partidismos, pero teniendo las cosas muy claras y sabiendo muy bien dónde está, la autora es capaz de identificar la crueldad, la violencia gratuita, la agresión injustificada, la represión brutal en uno y otro bando, a diestra y a siniestra (nunca mejor dicho); es capaz de avergonzarse de los que agitan la misma bandera que ella cuando sus actos no están de acuerdo con lo que ella se siente capaz de aplaudir. Bien es cierto, como sabemos, que las barbaridades en un bando fueron rápidamente abortadas desde el poder, mientras que en el otro se alentaron y propiciaron desde el mismo hasta muchos años después de terminada la guerra.

Después de enfrentarse al desbarajuste de Madrid, a las checas, los paseos y los fusilamientos de cada noche, y los cadáveres amontonados de cada amanecer; después de los primeros bombardeos sobre la población civil que el mundo conoció, Celia se trasladará a otras zonas de la España en guerra y será capaz de contarnos la situación en Valencia, Barcelona o Albacete, los mismos lugares que recorrería la autora por las mismas fechas. Volverá a Madrid en la época más dura del hambre, un hambre tal que la llevará a salir a comprar ratas para comer, a pesar de que las ratas andan entre los escombros de los bombardeos, a pesar de que... "Ya no quiero ratas… Claro, están tan gordas… Se habrán comido a todos los que han quedado debajo…".

Elena Fortún
Mucho he subrayado en este libro, hay reflexiones que apuntan a lo más recóndito del alma humana, a eso que no nos atrevemos a mirar de frente y preferimos ignorar, aunque en nuestro más profundo interior sabemos que está ahí agazapado, listo para salir en cualquier circunstancia propicia. Dejo, para terminar, unas muestras:

"somos salvajes… verdaderos salvajes… Todo lo que se llama civilización y cultura es un barniz clarito que se nos cae al menor empellón…".

"¡Nada une a las gentes como el odio!".

"Yo sé que el pueblo es pueblo, que es lo mismo que decir masa, y que la masa necesita unas manos que la modelen para ser algo…".

Y esta, tal vez la que más me duele: "Por saber leer no dejan los pueblos de ser masa…".

Título del libro: Celia en la revolución
Autora: Elena Fortún
Editorial: Renacimiento
Año de publicación: 2016
Año de publicación original: 1987 (terminado de escribir en 1943)
Nº de páginas: 352

miércoles, 7 de agosto de 2019

Sin reseña XV


Y ya van quince 

"Laberinto griego". Philip Kerr.
La entrega número trece de Bernie Gunther, es también la penúltima. Tras la muerte de su autor en marzo de 2018, quedaron por publicar en castellano tres novelas de la serie. Tras esta, ya solo nos quedará "Metrópolis" que se publicará en otoño y nos llevará a un joven Bernie Gunther que trabaja en la Unidad Antivicio de Berlín en 1928. Nos remontaremos a los primeros trabajos de Bernie, muy anteriores a los que le vimos desempeñar en la primera entrega de la serie, "Violetas de marzo", que estaba ambientada en 1936.
En "El laberinto griego", la historia continúa en 1957. Bernie Gunther, con un nombre falso, se ha asentado en Munich y trabaja en el depósito de cadáveres de un hospital, pero un encuentro inesperado y no muy afortunado le dará una oportunidad en una Agencia de Seguros. Su trabajo consiste en investigar los posibles fraudes que pueda sufrir la empresa por parte de los beneficiarios de los seguros. 
El naufragio en Grecia de un barco asegurado por su agencia le llevará a ese país y, en el empeño del autor por llevarnos a distintos escenarios de la Segunda Guerra Mundial y mostrarnos distintas barbaridades que atentaron contra la libertad y la dignidad, se verá metido en un caso que deriva de la deportación de los judíos de Salónica. También se hablará de los malos tratos que los griegos en general sufrieron por parte de los nazis durante la invasión.
Un Bernie Gunther tan cínico como siempre, aunque más mayor, y que suelta prendas como estas: "cualquier cosa puede hacerse legal si se apunta a la cabeza con un arma a un parlamento entero. Incluso el genocidio"; "No me tome nunca por un tipo decente. Nadie más lo hace"; "Cuando la gente es cruel o indiferente, sé a qué atenerme. Eso nunca defrauda. Pero, por el amor de Dios, no sea amable conmigo".
De lo más interesante el análisis del milagro alemán. Poco más de una década después de haber perdido la guerra, el país está a la cabeza de Europa económicamente "Alemania seguirá contribuyendo a gobernar Europa como parte de la nueva CEE"; "Alemania haría todo lo posible por estar a bien con todos y, con el fin de ganar dinero, el resto de los países harían lo que estuviera en su mano para olvidar lo que hizo Alemania durante la guerra. La burocracia y el comercio iban a ser el nuevo subterfugio de mi país para conquistar Europa, y los abogados y funcionarios, sus soldados de infantería".
Como siempre, Bernie Gunther para no perdérselo.
"Margen de error". Berna González Harbour.
La segunda entrega de la serie protagonizada por la inspectora María Ruiz nos introduce de lleno en el mundo de la gran empresa y en la falta de escrúpulos de muchos empresarios a la hora de aumentar sus beneficios y conseguir sus objetivos. "Tienen pasta, millones de beneficios, pero quieren cargarse al veinte por ciento de la plantilla. Y en lugar de plantearlo de frente, con buenas indemnizaciones, acosan y presionan a los empleados. Para que se vayan".
Mientras tanto, los indignados protestan por las calles y acampan en las plazas para denunciar precisamente esos hechos y otros similares. "Al otro lado, los indignados. Las tiendas de campaña y los toldos entrelazados ocultaban la «zona libre de capitalismo» que había nacido en el corazón de Madrid" (no olvidemos que la novela está escrita en 2014).
Una serie de suicidios empieza a tener lugar entre los trabajadores de la empresa Pétrole de France. María tendrá que enfrentarse a ello nada más reincorporarse tras los meses de baja que ha sufrido después del último caso en el que la vimos intervenir. Además nos encontramos con la moda de los secuestros exprés, importados de fuera al calor de la crisis. 
En este caso, María Ruiz verá comprometido algo más que su profesionalidad porque los acontecimientos se mezclan con su vida privada, el nuevo jefe superior de policía tiene asuntos pendientes con ella y su salud aún no está como para permitirle muchos excesos. Veremos a una María Ruiz débil, vulnerable, muy alejada de esos personajes casi totipotentes que siempre triunfan allí donde van. María, en esta historia, tiene mucho que perder y no solo en el terreno laboral.
"Última". Enrique J. Vercher García.
Esta es una novela que no sé si calificar como distópica o de ciencia ficción. 
Recrea un mundo en el que un hombre al que se conoce como Última, con poderes ilimitados, se ha hecho el dueño del mundo y obliga a todas las naciones a pagar un impuesto. Lo curioso es que no ha intervenido en las formas de Gobierno ni ha cambiado a los dirigentes de cada país. Se limita a vivir en la opulencia en Gibraltar y en el resto de los palacios que tiene diseminados por el mundo. Mantiene la amenaza de su poder, aunque dice no ejercerlo por no considerarlo necesario. "La represión es un instrumento necesario de los dictadores porque saben que existe la posibilidad de ser derrocados y como consecuencia más probable de ello ser ejecutados. [...] Puesto que conmigo no puede ocurrir esto, no necesito usar la represión como instrumento". Esta afirmación de Última es cierta en gran medida, pero no en su totalidad como se irá viendo.
El Servicio de Inteligencia Centralizado de los Gobiernos Legítimos, el SICGL, que lucha contra el poder de Última, intenta en vano terminar con él. Es por eso por lo que decide infiltrar en el entorno de Última a Constanza, una joven que hace años escribió una novela que resultó casi profética tras la aparición del personaje. Constanza deberá hacerse pasar por una escritora interesada en escribir la biografía más autorizada de Última al contar con testimonios del mismo. La verdadera misión de Constanza es descubrir el secreto de los poderes de Última. "Última posee todo su poder merced a un gran secreto que no ha revelado y que nadie conoce".
Son interesantes las reflexiones acerca de la democracia y la dictadura; acerca de una dictadura que no reprime y emplea su poder para tratar de establecer la justicia y terminar con la miseria; acerca de si es preferible la libertad con sus desigualdades o una autoridad que trate de minimizar estas. La novela, en general, no ha terminado de convencerme y su final no ha terminado de cuajar.
"Cuatro muertos más para el desierto". Christopher Pollinini.
Esta es una novela que tengo en casa casi desde que se publicó en 2015. Casi cuatro años durmiendo en mi estantería de pendientes y por fin ha encontrado su sitio en mis lecturas.
Se trata de una interesante novela que comienza en Barcelona, una mañana de junio, cuando Alberto Correa despierta herido sobre un charco de su propia sangre en medio de un pinar. A su alrededor, decenas de pancartas colgadas de los árboles con insultos de todo tipo y la frase que terminó por ponerle los pelos de punta: "El Frente nunca olvida". 
A partir de esos hechos encontramos una historia contada en dos tiempos. En el actual, asistimos a los hechos derivados del ataque sufrido por Alberto Correa y a las consecuencias que esos hechos tienen en sus familiares más cercanos: su hijo, su hermano y su mujer. El hijo descubrirá que su padre tiene una vida muy diferente de la que él creía y tendrá que luchar por ponerse a salvo de unos hechos que hasta hace muy poco desconocía.
El otro momento nos lleva a 1975, en vísperas de la muerte de Franco, a una provincia española que vivía su momento más crítico y de la que nadie se acordaba en medio de la vorágine y la incertidumbre que envolvían a España en aquellos momentos tan críticos. Nadie la recuerda, salvo quienes quisieron apropiarse de ella aprovechando las circunstancias y el puñado de hombres que tenían la misión de defenderla y que finalmente la abandonaron a su suerte, como aún permanece en la actualidad, más de cuarenta años después. Me refiero al Sáhara Occidental.
En esa provincia española en África, en los momentos previos y simultáneos a la Marcha Verde, tuvieron lugar unos hechos de los que Alberto Correa fue protagonista y que van avanzando hasta fundirse con su ataque en Barcelona cuarenta años después.
Interesante y bien escrita, aunque podía haber ahorrado páginas (tiene casi cuatrocientas) dejando algunas cosas sin tantas explicaciones. No son necesarias y lastran el conjunto. 

"Lemmings". Jordi Dausà.
Esta, sin embargo, es una de mis últimas adquisiciones. Había leído buenas reseñas y esa portada, con los monitos en fila lanzándose al vacío desde lo que parece el borde de un armario, me tenía muy intrigada. Llegaré a saber que los monitos no son tales, sino lemmings, unos pequeños roedores árticos sobre los que corrió el mito de que se suicidaban tirándose al mar para autorregular sus explosiones demográficas. Hoy se piensa que ese suicidio no existe y que son los depredadores y la propia competencia entre los individuos lo que regula las poblaciones. 
Pero que nadie piense que estamos ante un tratado científico porque estamos más bien ante una metáfora. Un hombre se despierta en una nave de un polígono industrial acompañado de dos cadáveres, herido él mismo y sin tener la menor idea de quién es o qué ha sucedido. La intriga que todo esto provoca se irá resolviendo a medida que el personaje empieza a recordar y nos va metiendo en un ambiente muy poco tratado en nuestra literatura: el de las peleas clandestinas con sus apuestas y toda la actividad mafiosa que las rodea.
La novela está escrita en segunda persona, cosa que tampoco es muy habitual, y dirigida al propio protagonista. Es como si su propia memoria le hablara para contarle todo lo que había olvidado.
Así iremos sabiendo que estamos ante un personaje complejo, con una enfermedad llamada analgesia que le imposibilita para sentir dolor. Eso, que en principio puede parecer una panacea y algo deseable por todos, no deja de ser una condena en poco tiempo "la mayoría de pacientes con esta enfermedad mueren a los pocos años por heridas autoinfligidas, por accidentes domésticos o por infecciones internas que no se han detectado a tiempo. Es prácticamente imposible sobrevivir más allá de la adolescencia. Al doctor le extrañó que tus padres hubieran tardado tanto tiempo en verlo". Pero es que los padres del personaje nunca han estado demasiado pendientes de él.
Una novela interesante y original que trata sobre un mundo de perdedores que, como se decía de los lemmings, saltan al vacío de una vida que proporciona, aunque no siempre, un dinero ganado con sangre y pagado con la propia destrucción.

domingo, 4 de agosto de 2019

"Esperando a René" y "La tragedia de Pompeya" María Delgado.


La autora de estas dos novelas que hoy comparto es María Delgado a la que seguro que muchos conocéis como administradora del blog "Lo que el viento se dejó". Ahora tiene también una página web que dejo aquí por si a alguien le interesa acercarse.

"La tragedia de Pompeya" fue el primero de los dos que María escribió, y lo hizo hace ya doce años, pero yo los he leído en orden inverso. Y en ese orden quiero hacer los comentarios correspondientes.


"Esperando a René" es la historia de Virginia, una joven de treinta años que decide ir en busca de su padre, René Delacroix, un hombre desconocido al que siempre ha estado esperando y que nunca llegó a visitarla. "Siempre había mantenido la esperanza pasiva de los cobardes. Creía que cualquier día, René aparecería en la puerta de casa preguntando por mí. Y así, imaginando, soñando despierta, había pasado la vida esperando a René". Ahora, finalmente, ha decidido ir en su busca a la casa en la que vive en Montpellier. 

La vida de Virginia ha entrado en un periodo de cambio. Ha roto con su novio una relación de diez años, ha tenido que abandonar el piso en el que convivían y ha perdido su trabajo en la editorial. No es que su situación sea todo lo desesperada que los hechos pueden dar a entender. Siempre puede volver al lujoso chalet en el que vive su madre con su nuevo marido y sus dos hijos gemelos. Además, los contactos de Carlos, su padrastro, seguro que no tardarán en proporcionarle un nuevo trabajo.

Una se pregunta leyendo todo esto, qué necesidad puede tener alguien, Virginia en este caso, de buscar a un padre que jamás se ha preocupado de ella, que desapareció antes de que tuviera tiempo de conocerlo y que nunca ha sentido la necesidad de saber cómo es esa hija que tiene perdida por el mundo. Una ve las cosas a este lado de la historia y piensa que Virginia lo tiene todo, a pesar de haberse quedado, aparentemente, sin nada. Carlos ha sido un verdadero padre para ella, tanto en el aspecto material como en el sentimental. No parece que René se merezca sus preocupaciones y atenciones. Pero, una nunca ha sentido que le falta algo, nunca ha sentido que vive una vida prestada. Una siempre tuvo a su verdadero padre pendiente de sus más mínimas necesidades. La visión del mundo por parte de Virginia es muy distinta; "A veces, sentía que vivía una vida que no era la mía, que el camino que transitaba no estaba hecho para mí, que delante iban Carlos y mi madre, con los gemelos de la mano, y detrás los seguía yo. yo. Incluso en las fotografías familiares, sentía que sobraba, como si rompiera la armonía que debe poseer una obra de arte"

Efectivamente, una no sabe lo que es sentirse extraña en su propia vida; sentirse como una distorsión dentro de la que se supone que es la propia familia. Virginia busca su lugar en el mundo y su lugar como parte de la vida de un padre que no parece haberla necesitado hasta el momento. Lo que Virginia no sabe es que en Montpellier va a descubrir muchas más cosas de las que imagina. Descubrirá a su abuelo François y a su tío Denis; descubrirá la avaricia y el interés y descubrirá la entrega y la generosidad; descubrirá la Provenza y allí, invitada por una amiga, aprenderá varias cosas. "En Provenza aprendí que hay cosas que no deben confesarse. Que hay cosas que caen por su propio peso y que, entonces, es mejor guardárselas, porque así siempre mantendremos el recuerdo de un entusiasmo que te hizo palpitar el corazón. Hay cosas que empeoran cuando se esclarecen. Hay verdades que nunca deberían emerger". Y una, que piensa que la verdad está sobrevalorada, se siente muy de acuerdo con las reflexiones de Virginia.

Si en Monpellier descubre una ciudad adorable (otra cosa en la que tengo que estar de acuerdo), en Provenza descubrirá un paisaje subyugante y unos pueblos poderosos de piedras e historia. Todo ello se nos irá descubriendo a nosotros con la escritura sencilla, pero muy descriptiva de María Delgado. Y nos veremos paseando por Gordes y por Avignon y recordando de una antigua visita el Palacio de los Papas ("Sí, la catedral era bonita, pero el palacio le hacía sombra. Era más alto de lo que había imaginado, y grueso, más parecido a una fortaleza que a un palacio") y bailando sur le pont d'Avignon (aunque hay quien piensa que en el original era sous le pont); y oleremos de nuevo el aroma de la lavanda y sentiremos nuestros ojos heridos de su color intenso, más intenso aún por su mezcla con el verde que lo cobija.

María Delgado nos acompaña a través de una historia que, desde el exterior y el conocimiento de personas y lugares, supone un viaje al interior, y al conocimiento de una misma. Virginia se encontrará a sí misma en sus raíces, aunque estas sean un poco distintas a cómo las había imaginado, y encontrará una familia en la que encajar, aunque sea distinta de la que esperaba, porque la novela esconde sorpresas que hay que ir descubriendo poco a poco.

Título del libro: Esperando a René
Autora: María Delgado
Editorial: Caligrama
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 2019
Nº de páginas: 570


"La tragedia de Pompeya" es el escalofriante relato del último día de Pompeya. Se trata de una novela publicada en 2009 en la editorial Éride. Actualmente la autora se ha propuesto corregir los errores que le encuentra y volver a publicarla por lo que la ha retirado de Amazon y será imposible encontrarla durante un tiempo. Yo la tenía comprada hace ya meses por fortuna.

Es cierto que tiene errores, los típicos de un escritor joven que saca a la luz su segunda novela (la primera nunca ha llegado a publicarse). Son sobre todo errores de forma, algún exceso en la redacción que conviene limar y simplificar, algún adjetivo de más, alguna floritura que sobra. Carece de la madurez y sencillez que María Delgado ha alcanzado en "Esperando a René", pero, por otra parte, sorprende la ambientación en unos tiempos tan pretéritos y en un momento tan crítico como la erupción del Vesubio que destruyó Pompeya, Herculano y algún otro enclave de la zona.

La novela comienza con un prólogo en el que Tácito relee una carta que ha recibido de su amigo, Plinio el Joven. Plinio se hallaba en las proximidades de Pompeya en el momento de la catástrofe. De hecho, su tío, Plinio el Viejo, murió a consecuencia de la erupción. Su curiosidad de naturalista y su solidaridad como el humanista que era le hicieron acercarse demasiado y murió en Estabia envenenado por una de las nubes tóxicas que salieron del volcán. Ahora, en el año 106, Tácito con la información de su amigo pretende escribir sobre los sucesos. "Habían pasado veintisiete años desde la catástrofe y, ahora, todos en Roma parecían estar de acuerdo en que le correspondía a él recordar la pesadilla que vivieron aquellos pobres infelices de Campania, [...] Pompeya, una ciudad sureña, radiante y feliz, quedó totalmente sepultada [...] Y no sólo Pompeya se perdió. Herculano, Oplontis y Estabia cayeron con ella, víctimas de la furia del Vesubio, mientras sus gentes perecían y los templos, mercados, tiendas, tabernas y panaderías desaparecían del mundo".

La novela va contando cómo viven ese último día distintas personas. Un día que amanece con un temblor de tierra. Nada raro en la zona. Nada que no haya tenido lugar otras muchas veces. La gente continúa con su vida habitual. Los hechos más o menos cotidianos no suelen causar temor, aunque todos recuerden que un terremoto destruyó gran parte de la ciudad diecisiete años antes. Aún permanecen las ruinas como mudos, pero elocuentes, testigos del siniestro. 

Durante mucho tiempo me he preguntado cómo puede vivir la gente tranquila en lugares que ya han sido arrasados por catástrofes naturales años antes. Cómo pueden vivir en San Francisco, en Lisboa, en Japón... Después lo he entendido. Lo entiendes cuando visitas alguna de esas ciudades y no piensas ni por lo más remoto que te pueda suceder algo. Estás allí por unos días, de la misma forma que sus habitantes están allí todos y cada uno de los días: sin pensar que algo terrible pueda cambiar el estado de tranquilidad que todo lo envuelve; sin pensar que en cualquier momento la tierra puede temblar o el volcán puede enfadarse y expulsar todos los fuegos del infierno por la boca de su cráter. Estás allí plenamente tranquila porque piensas que nada puede pasar. "¡Los dioses adoran Campania! No se perdonarían a ellos mismos permitir que algo malo ocurriese. Lo que pasó, pasó, y no se puede vivir con miedo".

Así se levantaron aquella mañana los personajes de esta historia: Livia que vive en la zona por su matrimonio con Decimo Valerio, ya que ella es romana, y que se muestra un tanto intranquila (en Roma no suceden esas cosas); Brod, Estefanía e Idalia, las esclavas de Livia; Mir y el Numídico, dos gladiadores que luchan en el foro para ganar fama y, a poder ser, la libertad, en ascenso la gloria de uno, en notable decadencia la del otro; Marco Dalmacio, el dueño de los gladiadores y amigo de Decimo Valerio, que vive un matrimonio hundido en el dolor desde que perdiera a sus hijos de bronquitis, algo que su esposa no ha podido perdonarle; Lucio Belo, el zapatero que perdió a sus padres en el terremoto de hace diecisiete años y que vive con su tía y su abuela y ha cometido el error de enamorarse de quien menos debía; Cornelio, el campesino que ha perdido sus viñas y se ve en la necesidad de abandonar sus tierras para intentar sobrevivir en Roma con su hija Abrilia; Plinio el Viejo que con su hermana y su sobrino, al que ya se conoce como Plinio el Joven, pasan los días en su residencia de Miseno, al otro lado de la bahía de Nápoles.


Todos estos personajes se enfrentan de manera distinta a los primeros indicios del desastre, pero, a pesar de que las fuentes se han secado, las aguas de los ríos se han envenenado hasta matar a los peces y los suelos se han contaminado destruyendo las cosechas, nadie imagina lo que realmente se les viene encima. A medida que avanza el día y se suceden los acontecimientos, cada vez más graves, va aumentando la tensión de la historia, una tensión que la autora sabe dosificar e ir proporcionando en su justa medida.

Una historia que ha tenido que suponer una gran labor de documentación, no solo de los acontecimientos geológicos que sucedieron, sino de todo lo que constituye el ambiente de la época, que está narrado y descrito a la perfección. Las casas, los ropajes, los mercados, las calles, las comidas, todo contribuye a hacernos sentir inmersos en lo que fue Pompeya en el siglo I.

No se pueden negar los fallos que tiene, pero mucho menos el interés que supone al recrear unos hechos tan notables y recrearlos muy bien.

Título del libro: La tragedia de Pompeya
Autora: María Delgado
Editorial: Éride
Año de publicación: 2009
Año de publicación original: 2009
Nº de páginas: 280

jueves, 1 de agosto de 2019

Agosto 2019

No he tenido tiempo de preparar la entrada correspondiente al 1 de agosto, pero echando la vista atrás, me he dado cuenta de que la primera entrega de esta serie, "Bienvenido nuevo mes literario", que empezó hace ya más de cuatro años, concretamente la correspondiente a mayo de 2015, carecía de comentarios y casi no tenía visitas. Dado que para mí es tal vez la más importante, he decidido rescatarla ahora.
Los cambios con respecto a entonces, son mínimos y solo afectan a la imagen del principio y al hecho de que ahora, además, añado el final de la novela y hablo de las adaptaciones cinematográficas si las hay.
Dejo el tipo de letra original para que se note lo que es añadido.


Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

Estas son las primeras palabras, como todos sabréis, de "Cien años de soledad", la que se podría considerar la mejor novela, al menos del siglo XX. 

Habrá quien me acuse de saludar el primer mes con el inicio de novela más gastado, el más trivial, el más citado, pero ¿quién puede resistirse a este comienzo? Es quizás el más famoso, un lugar común, un tópico el hecho de mencionarlo, pero a veces los tópicos se han ganado a pulso el derecho a entrar en el reino de los mitos.

Cómo no empezar con Gabriel García Márquez, el maestro,  que nos dejó hace un año y trece días*, dejando la literatura huérfana y carente de un importante asidero; huérfana de quien mejor supo transmitir la magia del más genuino realismo mágico de todo un continente; el autor de tantas novelas que figuran entre mis favoritas; el inventor de esos comienzos que hacían que pudieras volver a leer la novela entera nada más terminarla si caías en la tentación de releer de nuevo su primera frase (cuánto costaba dejarla).

Otras tendré que repasarlas de nuevo si las quiero escribir de manera literal, pero esta no me hace falta. Es tal su belleza, la he leído tantas veces, que me la sé de memoria y muchas veces me la repito en voz baja por el simple placer de recordarla, de oírla de nuevo aunque sea de mis propios labios. Y es que lo tiene todo: la promesa de una historia contada desde el principio, el adelanto de todas las peripecias que tienen que venir, fusilamiento incluido; el maravilloso nombre del protagonista que iba a hacerse inmortal a partir de esta novela; la situación temporal y espacial que hace que un niño conozca el hielo y sea capaz de recordarlo años después (¿recuerda alguno de vosotros cuándo conoció el hielo?). 

Pero con todo y con eso, lo que más me fascina de la frase es su ritmo. Todo contribuye a él; todo hace que suene como la más perfecta y armoniosa frase musical; todo, pero por encima de todo ese tiempo verbal, perífrasis más bien, un poco extraña ("había de recordar"), forzada se podría pensar en un principio, pero que es lo que consigue que cada nota encaje a la perfección en la melodía. Probad a cambiarla por otra forma verbal más común y esa maravillosa frase perderá una gran parte de su encanto, una gran parte de su maravilla; se nos desmoronará ante la vista y el oído y se convertirá en una frase igual de correcta, igual de inteligible, pero infinitamente menos hermosa. 


A pesar de la imagen de entrada nunca
tuve otra edición más que esta y
ni siquiera es mía, es la de mi padre.
Nadie todavía se ha atrevido a hacer una adaptación cinematográfica de esta novela. Buscando por la red por si en realidad existe alguna que se me ha perdido, descubro que Netflix prepara una serie que se estrenará en 2020 y en la que participan Rodrigo y Gonzalo García, hijos del autor, y que serán productores ejecutivos. 

Poco más he podido saber del proyecto, pero creo que debiera haberse respetado la decisión del autor que nunca encontró un proyecto adecuado o que le convenciese lo suficiente como para dar su aprobación y consentir la adaptación de la novela. Me parece muy osado intentarlo y creo que los riesgos son enormes, no obstante, estaré pendiente del estreno.

Y así termina "Cien años de soledad". Pongo más del final que del principio porque he querido ser fiel a la publicación original en la que solo mencioné la primera frase de la novela. Hoy hubiera puesto algo más, pero por entonces, pretendía hacerlo solo con una frase. Si el inicio es hermoso, el final te lleva de nuevo al principio y entras en modo bucle y te trasladas a Macondo y ya no te vuelves a mover y te quedas allí para siempre.

Antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

*Gabriel García Márquez murió el 17 de abril de 2014 y esta entrada se publicó en 1 de mayo de 2015.

Las novelas que aparecen en esta sección, "Bienvenido nuevo mes literario", no están recién leídas*, pero están leídas. Se trata de novelas con las que quiero comenzar cada mes. Cada entrada comienza con el principio del libro y termina con su final. No pretende ser una reseña, sino el comentario sobre una historia que me marcó lo suficiente como para poder hablar de ella aunque haga ya muchos años que la leí. Por ello, espero que me perdonéis si incurro en algún error.

Título del libro: Cien años de soledad
Autor: Gabriel García Márquez
Editorial: Círculo de lectores
Año de publicación: 1970
Año de publicación original: 1967
Nº de páginas: 348
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