"Las hijas de otros hombres" Richard Stern
"Hasta el día en que el señor Merriwether se marchó de casa —un mes después de su divorcio—, los Merriwether parecían una familia serena e ideal. Padres e hijos se reunían con frecuencia en el salón para leer en sus rincones preferidos: Priscilla, junto al resplandor del fuego, y los otros a la luz de viejas lámparas de bombillas protegidas por pantallas de cristal rosa y ámbar. Con el paso de los años, el calor del fuego había abombado el papel pintado a rayas de la pared, y, junto con otras presiones, había formado bultos en los sillones y sofás de velludillo" . La casa de los Merriwether nos envuelve en su muelle calor de hogar. Dan ganas de encerrarse en ella, dejarse mecer por la dorada caricia del fuego y leer a la luz rosa y ambarina de sus antiguas lámparas. La casa de los Merriwether nos podría engañar si no fuera porque desde la primera página sabemos que todo termina cuando el señor Merriwether abandona la casa un mes después de su divorcio. Robert Merriwether ...