"La línea de la venganza" Ángel Osuna


«Es de noche. Por fin.

Dos mujeres yacen en la cama, atrapadas en una quietud que parece haberlas arrancado del tiempo. La primera lleva horas esperando a que la oscuridad tome forma y la muerte le revele su rostro. La otra, más joven —enfermera de profesión, aunque en su mente esa vida parece distante—, ha intentado salvarla. Ha luchado con todo lo que tenía: ha presionado heridas, contado pulsaciones, hablado, gritado, susurrado palabras de consuelo e incluso rezado.

Pero al final solo le quedan las manos teñidas de sangre, el sudor abrasándole los ojos y súplicas que ya ni siquiera suenan, ahogadas en la impotencia.

Nada».


La escena anterior, con la que empieza La línea de la venganza, tiene lugar en París en mayo  de 2024. Después hay un flashback en el que retrocedemos a febrero del mismo año y saltamos a Cádiz. Capítulo a capítulo iremos conociendo a los distintos personajes que van a componer la trama e iremos viendo cómo llegan a relacionarse unos con otros.

A Francisco Raíllo, ex legionario y bastante enfermo, lo conocemos en una noche de levante en su casa junto al faro de Trafalgar. «Miembro de la familia de los Osuna, que junto con la de los Palete controlaban el tráfico de costo en Barbate, el chaval había nacido marcado en el amplio sentido de la palabra». Raíllo tiene su venganza pendiente y ahora que ve cercano el momento final, ha decidido llevarse a unos cuantos por delante.

Lola Barco recuerda que hoy hace un año que murió su hermano, Selu. Ella lo encontró muerto en su dormitorio y «el reguero de sangre que le cruzaba la cara [...] sigue fresco en su memoria, como si nunca fuera a secarse». Ella también lleva su venganza a cuestas, pero para poder llevarla a cabo, antes tiene que saber contra quién ejecutarla. 

«Lola se lo había advertido en más de una ocasión. Sabía que Selu estaba metido en asuntos turbios, pero nunca imaginó que fueran de una profundidad tan oscura. Estaba acostumbrada a los rumores que corrían por el barrio. Guillén Moreno es un distrito de gente humilde y trabajadora, un lugar donde la precariedad laboral ha golpeado con crudeza desde siempre. Una barriada de edificios altos de hormigón y ladrillo con cuerdas para tender la ropa y olor a guiso para diez escapando por las ventanas. Entre sus bloques transcurrieron la infancia de Lola y la juventud de Selu. Diez años mayor, su hermano tuvo que enfrentarse a la heroína, el hachís, las jeringuillas en las escaleras y algún que otro ajuste de cuentas». 

«Antonio Pavón, más conocido como el Tanque Pavony», también está a punto de acumular motivos para la venganza, aunque antes de pensar en vengarse tendrá que pensar en cómo sobrevivir, en cómo lograr el perdón de su jefe, el que le ha contratado para transportar el alijo que acaba de ser frustrado por la policía. Si todo hubiera salido bien le hubiera supuesto empezar a jugar con los grandes, pero ahora tendrá que aceptar cualquier cosa si quiere salvar la vida.

El Piraña, Luis Castro Mancheño acaba de salir de la cárcel «Al Piraña lo habían detenido en 2021 por pertenecer, presuntamente, a una organización criminal dedicada al tráfico de cocaína y marihuana. La policía se equivocó: el Piraña no es miembro de la organización; es toda la puñetera organización». Ahora pretende dejar de lado toda actividad delictiva y dedicarse a la familia, su mujer, Ana María, y sus hijos. Pero no será tan fácil dejar el mundo de la droga. Incluso en prisión ha adquirido compromisos ineludibles.

Vázquez Quintana es un comisario de policía incorruptible. O tal vez, es que su deseo de venganza no le permite la corrupción en la que tantos otros han caído. Su celo en perseguir narcotraficantes y en frustrar toda entrada de alijos por la costa le ha generado la animadversión de muchos. 

Y está, lógicamente, el Francés. El malo de la película por así  decir. De padres argelinos, nació en Kalliste, un barrio chungo de Marsella. «Sin embargo, apenas conserva recuerdos de la infancia. En parte, porque fue muy breve: terminó el día en que le metió una bala en la cabeza a Ahmed». Era aún un niño, pero junto a su amigo Nasser estaban a punto de ser asesinados y aprovechando que no le habían cacheado decidió ser él el asesino. Cuarenta años después, Pierre, el Francés, es el mayor capo de la droga en la costa sur de España. Su amigo Nasser es su mano derecha y Karim, el ejecutor de todos los escarmientos, advertencias y ajustes de cuentas.

Y está toda la caterva de personajes corruptos que por dinero o prebendas de cualquier tipo trabajan para el Francés, cada uno de la forma en que su puesto se lo permite. Y viendo cuáles son esos puestos, se entiende que la ayuda es fundamental para que el negocio de la droga se lleve a cabo con la precisión de una sofisticada máquina bien engrasada: el comandante jefe de la Policía Judicial, que dirige y coordina al EDOA de la provincia de Cádiz; el inspector jefe de la UDYCO en la Bahía de Cádiz; capitanes y sargentos de la Guardia Civil. Una red perfectamente tejida para mayor gloria del narcotráfico de la zona.

Y hay un periodista que va a tener su importancia. Pepe Carbonell, conocido en el gremio como el Quitapenas, trabaja en el Diario de Cádiz. Su apodo ha dado lugar a infinitas teorías, pero nadie sabe con certeza su verdadero origen.

«Es el primero en entrar en el rotativo y el último en irse. Pertenece a esa clase de periodistas que aún consideran que su profesión es la mejor del mundo. Es también uno de esos que el Diario querría apartar, pero el peso económico de la indemnización correspondiente impide el despido. Demasiados trienios acumulados engordan la cifra. Es, en definitiva, un periodista de otra época. Así que, en este momento, le pagan por beber, fumar y tocarse los huevos. Sin embargo, el Quitapenas no pierde la fe; anhela encontrar esa última historia que lo lleve de nuevo a la cresta de la ola antes de que un infarto lo conduzca al cementerio».

El Quitapenas cubrió la muerte de Selu mostrándolo como un importante capo de la droga. Su afán por destacar hizo que le diera al personaje una importancia que no tenía. Lola no lo puede soportar, pero ahora será la clave para que la mujer descubra definitivamente lo que sucedió con su hermano.

Con todos estos personajes, el autor monta una trama compleja, completa y tan bien estructurada que no deja cabo suelto. O yo no lo he apreciado, a pesar de que he leído el libro con suma atención. 
Una novela muy negra, con muy pocas luces, por no decir ninguna, en lo que a la trama se refiere. Con una prosa sencilla, pero depurada; trabajada para dotarla, precisamente, de esa sencillez. Con una estructura también un tanto compleja en la que, tras el primer capítulo, el que sucede en París en mayo de 2024, se vuelve a febrero del mismo año para contar la historia que desembocará en esa noche fatídica en la que dos mujeres, una moribunda y otra viva, permanecen en un hotel de París. La viva es Lola, lo sabemos enseguida. Pero ¿quién es la mujer a punto de morir? ¿Cómo y por qué han llegado allí? ¿Logrará escapar Lola? ¿Qué pasará después? Porque sí, cuando la historia de febrero se encuentra con la de mayo continúa hasta un final... que tendrá que descubrir quien esté interesado leyendo esta magnífica novela. Una novela que me ha sorprendido muy gratamente y me ha descubierto a un autor del que nada sabía, pero con el que espero tener buenos momentos en el futuro. Tiene otras tres novelas publicadas y habrá que estar atenta a las que vayan viniendo.

La lectura de La línea de la venganza ha sido una lectura conjunta, un Debate a tres con Marian, del blog Marian lee más libros, y con Marianna, del blog Los libros de Mava. En los enlaces correspondientes puedes leer las reseñas respectivas.

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