Ristretto 5


Un Ristretto muy variado, con una novela y un libro de memorias que también podría ser un ensayo. El primero, narrado a tres tiempos, analiza la situación de los emigrantes en Alemania en los años sesenta, la historia de una serie de agresiones sexuales a niñas en Valladolid, en los setenta, y el empeño de una mujer por rescatar sus recuerdos de la infancia. Tres historias que, como es de esperar, se relacionan.

El segundo, escrito por el que fuera director de la cárcel de Nanclares de la Oca, nos cuenta, aparte de muchas anécdotas y experiencias vividas en su paso por diferentes cárceles españolas, cómo se sacaron a la luz las primeras discrepancias de presos de ETA con las decisiones de la cúpula del grupo terrorista. Unas memorias de lo más interesantes.



"La educación del monstruo". Elvira Mínguez.
 
«No, por ella no hubiera seguido a Manolo. Águeda no pensaba en esta experiencia como una aventura de la que solo fueran a sacar provecho. Le gustaba su trabajo en Sigma, y le preocupaba dejar solos a sus padres, pero, en realidad, fue su madre la que le recordó la obligación de toda mujer de acompañar a su marido en lo bueno y en lo malo, y Manolo "llevaba en lo malo" desde que la empresa para la que trabajaba tuvo que despedir a gran parte de sus trabajadores. Tampoco ayudaba a su marido el hecho de que fuera ella la que mantuviera el matrimonio con su escaso sueldo».

Así es que en 1964 Águeda, reclamada por Manolo y animada por sus padres, se pone en camino hacia Alemania a donde ya había viajado su marido. Y no lo hace sola, la acompaña su hermana, Teresa, de diecisiete años. La estancia de Águeda en Düsseldorf, va a ser determinante para el futuro de varios personajes que aún tardarán en nacer y para el de alguno ya nacido.

En la ciudad alemana el matrimonio y Teresa comparten piso con Felipe, el hombre que ha acogido a Manolo y le ha encontrado trabajo, y su hijo, Javier, de unos doce años. Es sobre todo la convivencia con el padre y el hijo lo que hace que Águeda y Teresa se vuelvan a España al cabo de unos meses. Para entonces Águeda está embarazada. «Es cierto que hemos podido ahorrar algo de dinero y nos vendrá muy bien para cuando llegue el niño, pero ¡allí! No quiero tener a mi hijo en este país, quiero estar en mi casa»

En 1976, en Valladolid, Mati estudia sexto de EGB en el colegio de la Anunciación. Se enfrenta a la enfermedad de su madre que terminará con su vida pocos meses después. Además en la ciudad han empezado a ser atacadas niñas de su edad, que son drogadas y violadas. 

«Marina García era el nombre de la segunda víctima del violador. El ataque y rapto se produjo en septiembre de 1976, cuatro meses después del de Lucía y dos meses antes del sufrido por Nieves a principios de noviembre. La chica vivía en el barrio de La Rubia y no era alumna del colegio de la Anunciación».

A la vez que Mati vive con angustia estos hechos que coartan su libertad y hacen que su madre casi no la deje salir de casa, el comisario Gutiérrez, ayudado por la hermana Olvido, la directora del colegio, trata de investigar para poner entre rejas al agresor. 

En 2014, en Madrid, Matilde tiene un hijo, Hugo, y es sobreprotectora hasta límites que rayan la patología. Trata de desenterrar recuerdos de su infancia que empiezan a aflorar, pero que tan solo ella tiene. Recuerda el caso de un agresor de niñas, pero no lo recuerda como el resto de sus amigas, ni como lo relata la historia oficial. Sea como sea, cree que aquellos recuerdos tienen la clave de su excesiva preocupación por su hijo que está llegando a crearle problemas con su marido. Matilde se empeñará en rescatar la historia para saber la verdad de lo que sucedió y ver si lo puede hacer encajar con sus recuerdos. 

La educación del monstruo ha obtenido el Premio Primavera de Novela 2026. Es una novela que narra muchas cosas, pero, sobre todo, la influencia de las vivencias infantiles en los comportamientos adultos. Un niño abandonado por su madre y criado por un padre bastante siniestro; una niña que tiene que renunciar a sus impulsos infantiles porque se siente responsable del bienestar de su madre a la que nunca ha visto contenta. Dos infancias marcadas que marcarán las vidas adultas, muy diferentes, de los dos personajes. 

El miedo y la violencia, lo que se percibe como una traición, el abandono de la persona que se admira; infancias que no han sido todo lo alegres, desenfadadas y protegidas que requiere una infancia; adultos con sus taras, sus traumas, sus heridas que no han llegado a cicatrizar y que pueden fabricar monstruos.

Una novela que he leído muy a gusto y que resulta entretenida, aunque tiene, desde mi punto de vista, algún detalle un poco inverosímil como el hecho de que una monja se una a una investigación policial. Nada importante o que quite interés a la historia que, sin ser original (¿otro fallo?, no lo tengo muy claro), no deja de ser interesante, entretenida y muy bien escrita. 

Imagino que todos los lectores hayan reconocido el nombre de la autora como una de las actrices más carismáticas de la actualidad. Al menos a mí me lo parece. No es esta su primera novela. La anterior, La sombra de la tierra, ya figura entre mis lecturas pendientes. 



"De prisiones, putas y pistolas". Manuel Avilés Gómez.
  
«Corrían tiempos aún difíciles, donde la historia de España continuaba escribiendo renglones torcidos, pese a estar ya en democracia. La lacra de la violencia terrorista permanecía entre nosotros. Y parecía que no existía el camino por donde cortarle el paso a los violentos. Pero lo había. Dos hombres, dos funcionarios de prisiones, uno secretario general de instituciones penitenciarias y otro director de una cárcel, planearon llevar a cabo una de las mejores estrategias de batalla, recogidas por la sabiduría popular durante siglos: divide y vencerás. Y así, un buen día, de pronto, por sorpresa, nos asaltó la noticia de que, entre las filas de ETA, existían voces discordantes, que mostraban su más flagrante desacuerdo, respecto a muchas de las más pavorosas atrocidades que la banda armada seguía perpetrando contra civiles. Y por esa rendija entró la luz. Y comenzó a obrarse el milagro».

Por primera vez desde que abro las reseñas con una cita, escojo una que no es de la obra en sí, sino del prólogo que la precede. Está escrito por Marta Robles, la directora de la colección Sin ficción de la Editorial Alrevés. Esta colección recopila ensayos sobre crímenes reales escritos por quienes estuvieron relacionados con los hechos: periodistas, criminólogos, policías, criminalistas... etc. El director de la cárcel al que se refiere la autora del prólogo es Manuel Avilés, un funcionario de prisiones que nos cuenta en este libro, del que es autor, vivencias y anécdotas de distintas prisiones por las que pasó con distintos cargos. El secretario general de instituciones penitenciarias es Antonio Asunción. 

«En los locutorios de la prisión de Alcalá Meco, en enero de 1993, descubren que tres presos etarras —Iñaki de Juana Chaos, Esteban Nieto y Joseba Artola Ibarretxe— junto con sus dos abogados, tan etarras como los anteriores por lo que oí en las cintas —Txemi Gorostiza y Arantza Zulueta—, han planeado y ordenado la muerte del director de la cárcel de Nanclares de la Oca, mi muerte».

Así sí es como empieza De prisiones, putas y pistolas, un libro de memorias, pero un libro  especial, porque son las memorias del autor, pero también las de este país en lo que se refiere a los años más duros del terrorismo de ETA, los años ochenta y los primeros noventa. Así empieza al menos la Introducción, aunque si nos fijamos en el primer capítulo hay una vuelta atrás, un flashback que nos lleva a varios años antes y que empieza con una explicación del título:

«Las putas, las prisiones y las pistolas han influido en mi vida en buena medida. En el título tendría que haber incluido también el calor, las cucarachas, las chinches y los olores nauseabundos, pero el nombre se alargaba demasiado».

Y empieza a desgranar su paso por distintas cárceles en las que vivió anécdotas curiosas, pero también situaciones críticas, hasta que en noviembre de 1990 Antonio Asunción, secretario general de instituciones penitenciarias, lo escoge para dirigir la prisión de Nanclares de la Oca en Álava. 

Manuel Avilés llega a Nanclares de la Oca a finales de 1990. Allí había un grupo de presos etarras que vivían un tanto apartados del resto. Perfectamente organizados, se encargaban eficientemente del economato, tenían sus mesas aparte en el comedor que organizaban y montaban ellos mismos y en las que a nadie se le hubiera ocurrido sentarse. Eran un mundo aparte poco proclive a mezclarse con el resto.

Allí descubrirá, poco después, que algunos presos etarras están disconformes con la cúpula.  Se lo confiesan a sus familiares, pero jamás se atreverían a hacerlo público. Los atentados, cada vez más indiscriminados, empiezan a cobrarse víctimas demasiado inocentes, niños como Irene Villa de doce años, con amputación de ambas piernas, o como Fabio Moreno de dos años, muerto por una bomba puesta en el coche de su padre. Dos atentados perpetrados respectivamente en octubre y noviembre de 1991, un año después de la llegada del nuevo director y que avivaron el descontento de muchos presos que no estaban de acuerdo con unas actividades que tenían como resultado la muerte o las graves heridas en niños. 

Manuel Avilés se empeña en que esas críticas se hagan públicas y sean conocidas por todos en el país. «
¡Hay que tener cojones! ¿Y quién sabe eso de que ustedes no están de acuerdo? En la calle, la noticia que da la prensa es que piden langostinos y champán para celebrar el éxito de esos atentados». Y Manuel Avilés, arropado por Antonio Asunción, hará todo lo posible para que dichas discrepancias, convenientemente grabadas, lleguen a la Cadena Ser. Era el principio del fin de ETA. Tal vez fuera solo el fin del principio, pero marcó un antes y un después.

No fue tarea sencilla y todos los entresijos de cómo se consiguió, algo desconocido hasta la publicación del libro, están contadas con todo detalle.

De prisiones, putas y pistolas es un libro que me ha resultado apasionante. Aún faltaban veinte años para que ETA anunciara el fin de la lucha armada, en octubre de 2011, pero el conocimiento público de que en la banda había disidencias empezó a poner las primeras piedras en la construcción de lo que llevaría a ese anuncio.

El libro termina en 2016 con un encuentro entre Manuel Avilés y Antonio Asunción, este ya muy enfermo, en el que ambos recuerdan aquellos tiempos. Dos hombres se empeñaron en una labor histórica, muy desconocida y que nadie les ha reconocido ni agradecido, al menos oficialmente. Muy recomendable, sobre todo para los que vivimos aquellos momentos históricos con interés.

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