Estamos ante dos novelas negras, aunque muy distintas. En la primera asistimos al pasado y al presente de una mujer aquejada por algún trastorno del comportamiento que le impide manifestar emociones. ¿Estará el origen de su anomalía en algún trauma de su pasado? La segunda se basa casi solo en el presente, aunque el pasado sobrevuela constantemente la memoria de los protagonistas. Dos novelas duras, pero con las que he disfrutado... sufriendo.


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La extraña Sally Diamond". Liz Nugent.
«–Tírame con la basura –solía
decir–. Cuando me muera, me tiras con la basura. Estaré muerto, así que me dará
igual. Y tú estarás llorando a moco tendido.Y entonces se reía y yo también me
reía, porque ambos sabíamos que yo no estaría llorando a moco tendido. Yo nunca
lloro.
Cuando llegó el momento, el
miércoles 29 de noviembre de 2017, seguí sus instrucciones. Para entonces era
pequeño y frágil y tenía ochenta y dos años, de modo que resultó fácil meterlo
en una gran bolsa de basura para jardinería».
Y metió cuidadosamente la bolsa en el incinerador de basura, echó gasolina y lo prendió. Sally no entiende mucho de bromas ni de ironías. Se toma las cosas como le vienen y al pie de la letra. La madre murió hace unos años y Sally se quedó sola con su padre viviendo en una casa un tanto aislada «la última casa de un callejón, a poca distancia de una carretera secundaria», cerca del pueblo de Carricksheedy, pero no en el pueblo. Ahora, a los ochenta y dos años, el padre también ha muerto.
El padre de Sally era psiquiatra.
«Me explicó que mi mente funcionaba perfectamente, pero que en lo emocional estaba desconectada. Yo era el trabajo de su vida, dijo. Le pregunté si podía reconectar las emociones y me respondió que lo único que mi madre y él podían hacer era quererme y esperar que, algún día, yo aprendiera a devolverles ese amor».
Sally sabe desde siempre que es adoptada. La adoptaron cuando tenía siete años y no recuerda nada antes de su séptimo cumpleaños, el primero que vivió con su nueva familia. Ahora Sally tiene cuarenta y dos años, se ha quedado sola y va a tener que luchar para salir adelante y el primer problema será policial. Sally no entiende de matices, pero la sociedad sí y no se puede quemar un cadáver. Muchos en el pueblo se preguntan si lo habrá asesinado también. Al fin y al cabo es el bicho raro, la extraña Sally Diamond.
Peter vive en Nueva Zelanda. Su historia empieza en 1974 y como la de Sally está narrada en primera persona. Entonces él tiene siete años. No puede salir de casa ni ver a nadie. Según su padre, con el que vive, padece una enfermedad y no puede relacionarse con otras personas.
«Se llama contagio necrótico hominoide. Si tocaras a cualquier otra persona, te pondrías malo y podrías morirte, de una muerte dolorosa. ¿Te acuerdas de cuando fuimos al zoo? Nunca te solté la mano. Es demasiado peligroso para ti. Nunca debes mezclarte con otras personas. Es la única forma de que pueda salvarte la vida».
A partir de la segunda parte del libro, las historias de Sally y de Peter se alternan ante los ojos espantados del lector que poco a poco irá viendo venir de qué manera van a terminar coincidiendo.
Tras leer hace varios años El bueno de Oliver, tenía ganas de volver sobre esta autora. Ha sido la reseña de esta última novela, publicada hace unos días por Juan Carlos Galán, la que me recordó que tenía La extraña Sally Diamond en mi lista de pendientes. No recuerdo demasiado de la historia de Oliver, leída en 2016, pero creo que la de Sally me ha gustando más aún.
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El rey de las cenizas". S. A. Cosby.
«Sueña con su madre.La piel caoba se ve más intensa y
oscura bañada por el tono sepia que tamiza la cinematografía de su sueño. Los
ojos, profundos y almendrados, centellean como luciérnagas al mirarlo. El pelo,
corto por detrás y ensortijado por arriba, también parece refulgir. Lleva
puesto el mismo pijama de enfermera que vestía el último día que la vio. El
dobladillo de la pernera izquierda del pantalón está salpicado de gotitas de
sangre que recuerdan un tatuaje de henna abstracto.
En el sueño, él alarga la mano en
su dirección —no la mano que luce el reloj de doce mil dólares, sino la de su
yo de dieciséis años—, pero, antes incluso de rozarla, su madre se desvanece
como una polaroid inversa».
Pero la madre de Roman hace muchos años que desapareció dejando solos a su marido, Keith, y a sus tres hijos, Neveah, Roman y Dante. En el pueblo se rumorea desde siempre que Keith la hizo desaparecer en uno de los hornos de su negocio, Servicios Crematorios Carruthers, aunque los hermanos nunca han dado credibilidad a tal rumor. Sólo ellos saben lo que su padre quería a su madre y cuánto la ha echado de menos.
Han pasado los años. Neveah se encarga del crematorio junto a su padre. Roman vive en Atlanta y se dedica a hacer ricos a famosos, y a hacerse rico él mismo, mediante prácticas que rozan la ilegalidad y Dante... Dante es la oveja negra de la familia y está a punto de enredar a su hermano en la peor aventura de su vida.
Hace cinco años que Roman no visita a su familia en Jefferson Run, Virginia, pero ahora su padre ha tenido un accidente con el coche que lo ha dejado en coma.
«Mientras el avión enfilaba la pista de aterrizaje, Roman pensó [que] el universo era tan malvado como indiferente. Era cruel y estúpidamente insensible a la vez, como un dios que surcara el tiempo y el espacio rebosante de ira y desprovisto de compasión.
Bajo sus párpados cerrados se proyectaba una película protagonizada por su madre, que llevaba diecinueve años desaparecida, y por su padre. Los vio desvanecerse, reducidos a polvo y barridos por el viento, mientras el universo se encogía de hombros y seguía su camino».
Lo peor que Roman espera de ese viaje es la posible muerte de su padre si no supera el coma. Poco se imagina lo que le espera. Dante se ha metido en un negocio de tráfico de drogas con dos de los matones más peligrosos y violentos de la ciudad, los hermanos Gilchrist. La deuda que Dante ha contraído con los Gilchrist asciende a trescientos mil dólares. Roman se hará cargo del problema y tratará por todos los medios de salvar a su familia pues las amenazas de los dos hermanos se extienden a toda ella. De hecho puede que lo del padre no haya sido un accidente.
El rey de las cenizas en una novela muy negra que no tiene piedad con el lector. Nada se suaviza. La violencia lo domina todo: las relaciones entre los miembros de la banda, las rivalidades entre bandas, la crueldad de los matones con sus subordinados o con los que han contraído deudas con ellos, el resentimiento tras una relación. Secretos del presente y secretos del pasado que iremos descubriendo en una historia muy buena, muy recomendable, pero apta para sensibilidades a prueba de sangre, sudor y lágrimas.
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